Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 11 de abril de 2018

Mujeres cubanas, protagonistas de la Cumbre Empresarial de Lima (+Fotos)

Creado el Miércoles, 11 Abril 2018 08:53 | Jorge Legañoa Alonso, enviado especial | Foto Internet



Lima, Perú 11 abr (ACN) A la III Cumbre Empresarial Hecho en las Américas que acontecerá este jueves en Lima, Perú, Cuba asiste con cinco participantes, entre ellos tres mujeres que ocupan importantes cargos en el sector de la Isla, una muestra del protagonismo de las féminas en la economía antillana.

El evento que tendrá lugar en el Hotel Westin Lima de la capital peruana es, según los organizadores, el más importante de su tipo en las Américas y reunirá a Jefes de Estado y a los principales empresarios del hemisferio.

Uno de los ejes de debate es precisamente el protagonismo de la mujer en la economía del siglo XXI, en el que tienen experiencias para compartir Ana Teresa Igarza Martínez, directora general de la oficina de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), Teresita Rodríguez Cabrera, vicepresidenta primera de BioCubafarma y la doctora Vania Rodríguez Cortés, directora de la sucursal de Servicios Médicos de La Habana.


Igarza Martínez comentó el especial interés de asistir a la III Cumbre empresarial que se realiza en el marco de la VIII cita de las Américas, porque entre sus objetivos está precisamente el empoderamiento de la mujer que va en ascenso dentro de la esfera empresarial.

La directora de la ZEDM agregó que el foro tiene significación particular porque además de contactar con empresarios, se recibe información que es útil para contrastar el trabajo que se realiza.

Hay temas importantes que serán abordados como el desarrollo de infraestructuras, las asociaciones público-privadas y que están presentes en la ZEDM, además de facilitar aquí el diálogo con empresas interesadas en el funcionamiento de la zona de desarrollo cubana.

Comentó que siete empresas de Latinoamérica están presentes en el Mariel, dos de México, una de Puerto Rico, tres de Brasil y una de El Salvador, y a finales del mes de abril se espera que se sume una de Chile que sería la número 36 que ya opera en la zona de desarrollo.

Paulatinamente ha aumentado la presencia hemisférica en la ZEDM, con oportunidades no solo para grandes empresas, sino también para pequeñas y medianas interesadas fundamentalmente en las industrias pilares, identificadas para el desarrollo del país, puntualizó.

Dijo que el reto más importante para este año es lograr que la mayor parte de las empresas que operan en el Mariel comiencen a producir, sobre todo las primeras que se aprobaron y que están en la fase inversionista.



Teresita Rodríguez Cabrera, vicepresidenta primera de BioCubafarma, igualmente apuntó que es muy importante como cubana participar en esta III Cumbre de Empresarial porque su organización abarca a 34 organizaciones de la industria biofarmacéutica y vino a mostrar las capacidades de investigación, producción y de comercialización de productos.

En Cuba tenemos un desarrollo importante en temas biofarmacéuticos, en especial los medicamentos y los productos biotecnológicos que impactan en la salud de los pueblos de Nuestra América y contribuyen a elevar la calidad de vida, subrayó.

Aseveró igualmente que compartir la misma zona geográfica nos hace víctimas de enfermedades similares, por lo que es un imperativo trabajar de conjunto en la búsqueda de soluciones.

Para ello espera que la cumbre empresarial facilite contactos con otras organizaciones de la industria biotecnológica regional, en la que Cuba tiene negocios en más de 10 países del hemisferio para la comercialización de medicamentos.

BioCubafarma busca ampliar la cartera de clientes y diversificar los productos exportables que hoy salen de nueve líneas de productos genéricos, naturales, biotecnológicos, entre otros.



Otra de las asistentes al foro de hombres y mujeres de negocios es la doctora Vania Rodríguez Cortés, directora de la sucursal de Servicios Médicos de La Habana, quien corroboró es una gran oportunidad la III Cumbre para mostrar a los empresarios de la región las ofertas exportables asociadas a la salud, misión que tiene su comercializadora dentro del Ministerio de Salud Pública.

Informó que pretenden presentar siete modalidades de servicios, con productos atractivos y propiciar el intercambio sobre las facilidades en la rama asistencial en Cuba y en el exterior, y ya conocidos en algunos países de la región, así como la esfera académica, los referidos al bienestar y calidad de vida, de eventos, la medicina natural y tradicional y los de salud en frontera.

Como un producto estrella mostrará el tratamiento antiadicción que se ofrece en Cuba, una oportunidad única por la seguridad que brinda la nación caribeña, además de contar con profesionales de alta calificación ética y humanista, e instalaciones modernas con alta tecnología, entre las más avanzadas en el mundo.

La III Cumbre Empresarial, Hecho en las Américas permitirá visualizar durante dos días los avances en materia de salud de Cuba, en espacial lo alcanzado en países como Ecuador, Bolivia y Brasil, con los que la mayor de las Antillas tiene convenios sobre servicios de salud desde hace varios años.

Antes de concluir dijo que los servicios médicos que ofrecen no están ajenos al impacto del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra la Isla que dificulta el flujo financiero hacia la empresa, el pago de los servicios, y frena que los profesionales cubanos brinden servicios en otros países de la región.

Corrupción continental y la Cumbre de la Américas

Por Oscar Ugarteche, Armando Negrete, Alai

Perú seguirá en la mira del escenario económico mundial. Esta vez no por los actos de corrupción de su expresidente Pedro Pablo Kuczynski, sino por lo que aparenta ser lo contrario. Entre el 13 y 14 de abril, se celebrará la Octava Cumbre de las Américas, en Lima. El tema a tratar será, paradójicamente, la “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción” y los invitados: 22 presidentes y 12 primeros ministros del continente. Cabe recordar que el país sede tiene a dos de sus expresidentes presos Alberto Fujimori (recién indultado por otro presidente acusado de corrupción) y Ollanta Humala; otro en trámite de extradición de EEUU, Alejandro Toledo, e investigaciones abiertas a otros dos expresidentes: Alan García y Pedro Pablo Kuczynski; a la candidata Keiko Fujimori y la exalcaldesa Susana Villarán.

El prólogo que acompaña a esta reunión de mandatarios es el capítulo Odebrecht, el caso más grande de corrupción en la historia del continente. Destapado por el departamento de Justicia de EEUU, en diciembre de 2016,1 el conglomerado constructor fue acusado de implementar un complejo esquema de sobornos y compra de favores. Se estimó que la empresa pagó, entre 2001 y 2016, 788 millones de dólares a presidentes, representantes políticos y altos funcionarios, de izquierda y derecha, en Brasil, Argentina, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, Venezuela, con el objetivo de asegurar negocios y ganar licitaciones.2 La investigación, motivada por autoridades estadounidenses, obligó a que algunos países, ¡no todos!, condujeran investigaciones y aplicaran la ley a los involucrados.

Entre los invitados a la cumbre de Lima se puede destacar, por su participación en actos de corrupción: Mauricio Macri, envuelto en el escándalo de corrupción por la asociación con el fondo de inversión Blackwood Group, a partir de un holding familiar, que recibiera pagos a cambio de preferencias3; Michel Temer, actualmente investigado por aceptación de sobornos a cambio de favores políticos4; Juan Manuel Santos Calderón, investigado por recibir pagos durante su campaña de reelección presidencial en 20145; y Enrique Peña Nieto, señalado por el exdirector de Odebrecht-México, aunque sin investigación abierta, por recepción de dinero durante la campaña presidencial y conocido por protección a altos funcionarios acusados de corrupción, desviación de recursos y recepción de dinero a cambio de favores.6

Salvo las honrosas excepciones de Brasil, Ecuador y el Perú, la experiencia latinoamericana en el combate a la corrupción ha seguido, más o menos, el siguiente ciclo: actos de corrupción  destape y escándalo  masificación y mediatización  persecución, castigo y expiación  censura, desinformación y olvido  actos de corrupción. El caso Odebrecht es emblemático y corresponde a la estampa más actualizada, pero la anteceden: Lava Jato en Brasil; la Casa Blanca y la Estafa Maestra en México; los Panamá Papers en Panamá; el Caso Caval en Chile; el Cementazo en Costa Rica, los Paradise Papers; un largo y conocido etcétera, y otro más largo y desconocido aún.

La cuestión es por qué la Cumbre de las Américas ha decidido realizar una reunión sobre corrupción y democracia, dadas la poca calidad de los invitados y las condiciones políticas actuales. Por qué ahora y no antes, cuando parecía igual de urgente, o incluso por qué no después, dado que la situación es básicamente la misma. Sobra recordar que la Cumbre fue impulsada por EEUU en 1994, el mismo año que firma el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), para promover el libre mercado en el continente; en particular, la conformación del Área de Libre Comercio de América (ALCA). Desde entonces, salvo las últimas reuniones en Trinidad y Tobago (2009) y Colombia (2012), la Cumbre se ha alineado a la agenda del Consenso de Washington y ha gestionado la apertura comercial de los países latinoamericanos.

La respuesta es simple: el libre mercado necesita grados de legalidad y un Estado de derecho suficiente que asegure el movimiento de los capitales. La necesidad no es sólo de los gobiernos, sino principalmente de los capitales menos favorecidos, o más alejados a las élites políticas. Aunque los grandes capitales son cómplices y promotores de la corrupción alrededor del mundo, en América Latina la corrupción ha sido, también, una fuente de encarecimiento de la producción, de baja de productividad, de fuga de recursos públicos y privados, de incremento de la incertidumbre, de freno de la inversión y, por lo tanto, de estancamiento económico.7 La corrupción expresa: a) que no hay Estado de derecho y que el poder Judicial está interferido por el poder Ejecutivo; y b) que el poder Legislativo o está intervenido por el Ejecutivo o está sin poderes de investigación efectivas.

En Brasil ha sido el poder Judicial el que investiga, en el Perú regularmente es el Legislativo que le pasa al Judicial lo evaluado en sus comisiones investigadoras. En México no se investiga en ninguna parte, hay protección a los investigados, y a los periodistas que buscan y encuentran, son acosados e incluso asesinados, como recientemente a Miroslava Breach y Javier Valdez. En la Argentina, el tema parece ser irrelevante y configura otra expresión de la cara dura del poder Ejecutivo8. Ya nos habíamos preguntado por la naturaleza democrática de la Cumbre de la OMC en Buenos Aires, en diciembre del 2017, cuando deportaron a 60 personas acreditadas ante la OMC. En este país las formas democráticas del partido en el poder no parecen importarle a nadie salvo a los opositores.

Hay tres países latinoamericanos hasta ahora a prueba de escándalos de esta naturaleza: Bolivia, Chile y Uruguay. Sin embargo, en Chile fue donde se inventó la llamada república de los empresarios, entendida como los gobiernos liderados por empresarios que, en general, tienen actividades económicas propias y son beneficiadas por las políticas del Estado. José Piñera y su hermano Sebastián son considerados los artífices, junto con el grupo del El Ladrillo de los Chicago Boys, de esta estructura corrupta. Quizás el caso Odebrecht no los involucró, pero sí posiblemente otras actividades extracurriculares de los altos funcionarios chilenos.9 Bolivia y Uruguay, por su parte, son también a prueba de escándalos, a pesar de algunos intentos fallidos de la oposición en Bolivia. La diferencia fundamental es que en ninguno de estos países está presente la república de los empresarios.

Actualmente, existe un fuerte interés del capital internacional por recuperar a América Latina como el espacio de acumulación y reserva de capital que ha sido para las economías centrales en general, y para la economía estadounidense en particular, independientemente de la constitución del ALCA. En el imaginario liberal, la participación en el mercado debía definirse por la concurrencia de los capitales, la carrera del desarrollo tecnológico y búsqueda de mayores niveles de productividad, no por el diezmo político, el clientelismo corporativo y el lavado de dinero. De ahí que el objetivo real de la Cumbre sea reconstruir, aunque con bandidos en los gobiernos, condiciones políticas y económicas para los negocios o, en otras palabras, combatir la corrupción y promover la democracia. La buena noticia es que EEUU permitió la invitación por primera vez a Cuba (¿Trump?), que por cierto no tienen acusaciones de corrupción de Odebrecht, ¡enhorabuena!

martes, 10 de abril de 2018

Senador de EE.UU. llama a expandir exportaciones agrícolas a Cuba

Cuba. Por un socialismo sin miedo (III)



Christine Arnaud: El 7º congreso del PCC en 2016 señaló la necesidad de perfeccionar la democracia socialista, mejorando la participación de los ciudadanos, así como el control popular. Tú mismo, hace diez años, decía en una entrevista publicada en El viejo topo que había que reinventar el socialismo y la democracia para el siglo XXI. ¿Cuáles son los elementos que favorecerían – a tu entender – la aparición de un salto cualitativo en ese proceso democratizador? ¿Cómo definir los parámetros de los cambios democráticos que requiere el país e implementar los mecanismos que conduzcan a esa nueva democracia y garantizar su viabilidad?

Rafael Hernández : La promesa de elevar el bienestar es inseparable de la agenda del socialismo. El apoyo masivo a la Revolución en los años 59-60-61 fue el de las personas humildes, que habían sido inoculadas con el virus del anti-comunismo, porque de pronto sus vidas mejoraron. La idea de que todos nos fuimos detrás de un bello ideal, del sueño de Martí finalmente realizado, encarnado por los barbudos que bajaron de la Sierra Maestra, envueltos en un halo de gloria, es una parte de la verdad. La otra, la decisiva, es que la población humilde de Cuba, de los más jodidos de la tierra, vieron por primera vez que el bienestar también les tocaba a ellos. El socialismo demostró su capacidad, no solamente para desafiar a los poderosos, a los norteamericanos, a los dueños, a los ricos, sino para que eso se tradujera en empleo, salario digno, acceso a la canasta básica de alimentos y hasta algo más, a la educación, la salud, la seguridad social, comprar lo necesario para vivir; pero también disfrutar de vacaciones pagadas, e irse unos días a la playa, o a bailar, o a un restaurante. Todo formaba parte de las cosas por las que se luchaba y se mantenía la bandera del socialismo en Cuba. Y por esa vida digna para todos valía la pena hacer sacrificios, incluso sacrificios muy grandes.

Por consiguiente, lo primero es no olvidar que el bienestar repartido y el nivel de vida están en el pacto social de la Revolución, por decirlo así, desde sus orígenes, y que resulta inseparable de la idea democrática. Pues si la gente está preocupada por cómo va a resolver sus necesidades básicas para su familia el día de mañana, la posibilidad de que sea un ciudadano pleno y participativo está muy limitada.

La cuestión de la democracia socialista conlleva al menos tres nudos de problemas, que es necesario entender antes de poder concebir soluciones.


La primera es la centralización del sistema. Este socialismo hipercentralizado y de estilo político verticalista nos ha acompañado todos estos años, desde los 60 –o sea, antes, durante y después de la Unión Soviética. Pero realmente es un problema tan viejo como nuestra historia. El régimen colonial español imperante cuatrocientos años era altamente centralizado, verticalista y muy burocratizado. Su herencia marcó nuestra cultura cívica con rasgos como el que recogía aquella frase de “se acata, pero no se cumple”, reveladora de una actitud medio cínica frente a las leyes, a la pretensión de controlarlo todo desde un poder central. Las dos repúblicas capitalistas dependientes pre-revolucionarias, a pesar de sus sucesivas modernizaciones, no cambiaron sustancialmente ese orden central. Finalmente, el socialismo le aportó lo suyo a esa cultura centralizadora, y hasta la convirtió en un rasgo virtuoso del sistema político y partidista.

Naturalmente, un sistema de toma de decisiones descentralizado es la premisa de un sistema más democrático. La solución no consiste simplemente en desconcentrar el orden centralizado, sino en horizontalizar el proceso de toma de decisiones, así como el del control y participación ciudadana en las políticas. Se dice fácil. Pero llevamos casi ocho años desde el 6º Congreso del Partido, hasta se ha celebrado un 7º Congreso hace dos años, y ambos han aprobado lineamientos que insisten en la descentralización. Sigue formando parte de las políticas de la Actualización del modelo, hasta el propio Raúl Castro ha dicho que no habrá reformas económicas exitosas si no hay descentralización. ¿Cuánto ha avanzado la descentralización en Cuba? ¿En qué provincia, territorio, municipio o localidad, a nivel de las bases, hasta qué punto las decisiones se han transferido, los gobiernos locales tienen más control y capacidad de decisión sobre los recursos que tienen a su alcance y sobre las políticas que pueden implementar? Probablemente no hay política más atrasada que esta.

No se puede avanzar en la descentralización económica si no se logra hacerlo en la descentralización política, porque son lo mismo. En este socialismo no es posible modificar la economía sin cambiar el proceso de toma de decisiones políticas, pues se trata de una economía mayoritariamente estatal, sujeta a políticas, que si se deciden arriba, no se toman abajo.

El segundo nudo es la falta de reflejo de la diversidad de la sociedad en el sistema de dirección de la economía y el sistema político. Somos una sociedad más heterogénea que nunca en el último medio siglo. A reserva de examinar los defectos que trae la mayor desigualdad, los grupos sociales existentes con un perfil bien marcado tienen conciencia de sí, incluidos sus intereses, que deberían ser recogidos por la política. En cambio, muchos discursos todavía parecen corresponder a la dictadura del proletariado. Para que exista un socialismo democrático, esos intereses deben ser ventilados por las instituciones del sistema político, incluidas las representativas de la ciudadanía. No me refiero a un sistema multipartidista, sino a hacer que el sistema político y sus organizaciones se hagan cargo de esta diversidad de intereses no solo legalmente reconocidos, sino legitimados por el nuevo discurso socialista.

Esa rectificación del funcionamiento de los órganos políticos también es parte de la agenda de la Actualización del modelo. Dice Raúl que, para ser partido único, el PCC tiene que ser el más democrático del mundo. Hay mucho, sin embargo, que enmendar en el funcionamiento real del sistema político. La Asamblea Nacional, que es el máximo órgano del poder del Estado según la Constitución vigente, es un coro de voces coincidentes. Así no es la sociedad cubana.


La solución no es tan simple como establecer un sistema multipartidista, porque ningún caso nacional enseña que, por su obra y gracia, se alcance una democracia entendida como el gobierno de los ciudadanos, por los ciudadanos, para los ciudadanos, sino más bien una partidocracia. A veces esa autocracia de los aparatos partidarios se rompe; pero casi nunca lo hace por la izquierda. Cuando sale por la derecha, podemos tener a Donald Trump.

El sistema del Poder Popular en Cuba se basa en un proceso electoral muy democrático y transparente, del cual se parte a nivel de base. Y que se va haciendo menos transparente y abierto a medida que sube. Si las reglas que gobiernan la participación ciudadana en el proceso de candidaturas y libre sufragio popular en las circunscripciones electorales se aplicaran no solo a nivel de base, sino de abajo arriba, estaríamos más cerca que nadie de alcanzar una democracia plena. Si nosotros lográramos tener las mismas reglas de democracia y transparencia arriba, tendríamos la Asamblea Nacional más democrática que existe en el universo.

Pensando en las experiencias políticas que podríamos aprovechar de otros, como por ejemplo, las de Vietnam, allá existe un partido comunista que no permite la competencia de otros. Ahora bien, las sesiones de su Asamblea nacional duran 90 días al año (45 y 45 cada una). Mientras que las nuestras ocupan solo seis (3 y 3). ¿Cómo puede ser que con tan poco tiempo, la Asamblea Nacional del Poder Popular alcance alguna capacidad de discernimiento sobre nada –menos aún poder de decisión? En cambio, en esos 90 días los vietnamitas interpelan y cuestionan a los ministros, de manera que hasta al Primer ministro lo ponen contra la pared, por decirlo así. Aunque la experiencia histórica tiende a sugerir que un sistema político encabezado por un partido comunista no puede ser así, los vietnamitas lo hacen. Sin lograr esa participación ciudadana en un sistema transparente y abierto, desde la circunscripción hasta la Asamblea, no vamos a tener jamás ese socialismo democrático nuevo.

El tercer nudo es el de la ley. En los años 60, incluso cuando tú llegaste a Cuba, casi ninguno de nosotros estaba estudiando derecho. Porque se percibía como un oficio propio del orden burgués. Las revoluciones se hacen contra ese orden, de manera que “los revolucionarios se cagan en la ley.” Sin embargo, cuando avanzamos en los 70, el reordenamiento y la institucionalización demandaron juristas, así que las facultades de derecho se llenaron otra vez. La ley se fortaleció como expresión de un orden institucional nuevo y de sus reglas de funcionamiento, pero su alcance estuvo determinado a la larga por los ciclos de la política imperante, una especie de herramienta subordinada a las necesidades de cada momento, con un poder real disminuido frente al arbitrio de la burocracia.

Es decir, que la toma de decisiones en los diversos sectores e instancias del gobierno, el funcionariado que las administra se ha acostumbrado a generar reglas particulares que pueden alejarse incluso de las leyes y también de la Constitución. Así que, por ejemplo, una norma dictada por un ministro no se aviene con enunciados constitucionales. Y no pasa nada. Esa falta de conciencia sobre la importancia de un ordenamiento legal que se respete, y que le permita a los ciudadanos cuestionar las instituciones; que le entregue, a través de la ley, de manera real y eficaz, no solo formal, la capacidad para disputarle a cualquier organismo sus decisiones, ahora mismo descansa más en el Partido que en los órganos que administran justicia. De manera que se recurre más al PCC que a los tribunales para zanjar problemas o reparar arbitrariedades. Y no es por falta de leyes, fiscalías, bufetes de abogados que defiendan a los ciudadanos, sistema de tribunales de abajo arriba, códigos de todo tipo, concepciones avanzadas sobre el castigo, la rehabilitación de sancionados y su reincorporación social, muy escasas en otras partes.


Lo paradójico es que se trata de una ciudadanía más preparada en su conjunto para actuar dentro de un estado de derecho que en la mayoría de los países, en el sentido de autoconciencia ciudadana sobre sus derechos y deberes ante la sociedad. Por demás, se trata de un nudo central en las políticas de la Actualización [1], respecto a las de cualquier momento anterior. En ninguna otra etapa, ni Fidel ni ninguno de sus “primeros ministros”, los más altos dirigentes, que dejaron huella en cada etapa de la historia revolucionaria, el uso de la ley como instrumento central de cambio social, económico, político, ha tenido tanto relieve y significación como ahora para construir un orden socialista nuevo y estable, y al mismo tiempo abierto a una matriz de cambio, que permita renovar conceptos y políticas a medida que se avance. Se trata de que tanto la cultura cívica como la de las instituciones asuman realmente el papel fundamental de la ley.

¿Qué pasa con las leyes que deben acompañar la actualización del modelo, que casi sin excepción están atrasadas? La demora en formular, implementar y aplicar las leyes que respondan a las políticas vertebrales aprobadas y declaradas por la Actualización es uno de los fenómenos políticos más difíciles de entender, y al mismo tiempo, más reveladores sobre los problemas de la transición. Hablamos no de meses, sino de años. Lo mismo ocurre con la aplicación de los reglamentos establecidos por las leyes (casi siempre, decretos-leyes, dictados por el gobierno central), que permitan avanzar sin desorden, sin incoherencia, sin corrupción, sin relajo. Se toman decisiones, se aprueban regulaciones, se colegian proyectos de ley, se aprueban decretos de consejos de ministros, y finalmente, donde se poner en práctica, que es abajo, no se controla su aplicación. La carencia de mecanismos que eviten la demora innecesaria de las políticas, e imponga la aplicación de medidas y controles que han sido adoptados, y los complemente, provoca una especie de trabazón. Trabados, no encuentro otra palabra. Esta trabazón es muy costosa, sobre todo porque tiene un efecto de desgaste en la ciudadanía. Ocurre con el estatus de la pequeña y mediana empresa en el sector privado, el funcionamiento y extensión de las cooperativas, las atribuciones de los poderes municipales, la anunciada extensión de las experiencias pilotos de provincias como Mayabeque y Artemisa, en relación con un sistema más descentralizado a nivel territorial, o una nueva ley electoral. Pero también con un nuevo Código de la familia, una Ley de asociaciones, de Cultos religiosos, y una larga lista de otras cosas.

P: A lo largo del siglo XX ha existido en Europa una corriente marxista heterodoxa. Esa corriente estuvo también presente en Cuba, en la facultad de filosofía de la Universidad de La Habana, a finales de los años 60 y principios de los 70 y se expresó a través de la revista Pensamiento crítico. En la década de los años 60, en sus Apuntes críticos a la economía política, el Che desarrolló una concepción teórica que se apartaba del modelo ortodoxo imperante en aquellos años. ¿En qué medida una corriente heterodoxa, no dogmática, ha estado siempre presente en la Revolución cubana?


R: Entre los máximos dirigentes de la Revolución cubana, la heterodoxia sobre el socialismo y sus ideas centrales ha sido parte central de un legado que sigue vivo. Ese legado no se ha caracterizado por copiar a nadie, ni por asumir ideas aceptadas, aquello que Flaubert llamaba idées reçues. En los últimos días de su vida, Fidel, ya anciano, y a fin de cuentas un ser sujeto a la condición humana, sin embargo seguía siendo muy heterodoxo en numerosas ocasiones. Lo era hasta el punto de decir: nosotros creíamos saber que existía una ciencia del socialismo y la verdad es que después de todos estos años nos hemos dado cuenta de que nadie tiene realmente dominio de esa ciencia. O cuando afirmó que la Revolución no la puede destruir el imperialismo, pero sí nosotros mismos. En los últimos años de su vida, esas eran aún las ideas de un hombre acostumbrado a pensar a contra corriente, no según la lógica de los apotegmas aceptados y de los dogmas.

El principal peligro de la Revolución hoy no son los dogmas. Claro que hay gente dogmática, con una mente cerrada, resistente al pensamiento crítico y al conocimiento –aunque también hemos tenido ejemplos de dogmatismo ilustrado, algunos de los cuales escriben en el periódico. A quienes piensan que el socialismo es esto, y no lo otro, no se les acusa hoy de “antimarxistas”, “revisionistas” y otras etiquetas de aquellos 70. A mí juicio la peor enfermedad infantil del socialismo sigue siendo el sectarismo, consistente en calificar a los que no piensan dentro de cierta línea que es supuestamente la de la Revolución, como enemigos, influidos por la mentalidad del capitalismo y del imperialismo, agentes diversionistas a su servicio, de manera consciente o inconsciente. Esas divisiones discriminatorias en las filas de la Revolución se emplazaron públicamente por Fidel y el Che en el año 62, y volvieron a emerger en un juicio público en 1964, y en una conspiración vinculada a la URSS en 1968, todas relacionados con figuras y estilos presentes en una parte de la antigua dirigencia comunista, la del Partido Socialista Popular.

Más allá de aquellos eventos remotos, se trata de una mentalidad, presente en la cultura política socialista cubana, que tilda de desviados ideológicos y quintacolumnistas a los que no piensan como los sectarios, quienes ya no suelen tener que ver con ningún viejo partido o corriente ideológica particular. Dedicarse a poner etiquetas a todos los que critican o simplemente no replican el discurso conservador es muy peligroso, porque provoca fisuras dentro de las filas de la Revolución. Porque los sectarios son más celosos con los que no piensan como ellos dentro de las filas que con el enemigo real. Cuando digo que es una enfermedad infantil, no se vaya a pensar en una fiebre puerperal o un sarampión, sino una especie de cáncer, que ataca uno de los pilares fundamentales de la ideología revolucionaria, recurrente antes y ahora en el discurso fidelista y raulista, la unidad de los revolucionarios.

Aun después de toda esta experiencia traumática de la crisis del período especial, y de las últimas ideas de Fidel sobre el socialismo y el futuro del país, el dogmatismo y el sectarismo debieron darse por erradicados. Si revisas la definición que hace Fidel de la Revolución en 2000, compuesta por catorce cualidades o aspectos, fíjate en la primera de todas: “Revolución es sentido del momento histórico.” Luego agrega que es “Luchar con audacia, inteligencia y realismo”. Eso es lo contrario del dogma. Luchar por “la unidad, la independencia, nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo” es lo contrario de descalificar como enemigos a los que piensan diferente. A pesar de Fidel, y del discurso del propio Raúl, quien como presidente ha contribuido a ese legado heterodoxo, calificando como “vieja mentalidad” y “tonto” el apego a las definiciones y los esquemas del pasado, la veta sectaria no se ha agotado entre nosotros, ni se mantiene asociada a las viejas generaciones, nada de eso. En lugar de rechazar como traición al ideal socialista todo lo diferente, se ha convocado al debate de ideas. Y debatir es lo contrario de martillar, de pensar y educarnos a martillazos.

El debate de ideas requiere hoy más que nunca de un pensamiento creativo, que identifique los problemas reales de la sociedad cubana, asuma la necesidad vital del pensamiento crítico para investigar y entender esos problemas, de ventilarlos públicamente, para que sirva a todos, no solo a los decisores, y se convierta en un instrumento de cambio, porque la sociedad se apropie de él. Rescatar la cultura heterodoxa de los padres fundadores es imprescindible para el socialismo cubano. Como ocurre con la herejía religiosa, aunque la propia iglesia la anatematice, la herejía socialista resulta ser la fuente de renovación de la doctrina.


P: Estos días Cuba fue azotada por el ciclón Irma. Pude observar a la población volcarse espontáneamente en la recogida de ramas y de árboles caídos, hasta bajo la lluvia. Hubo hace unos días una concentración masiva en Cienfuegos para celebrar el 60 aniversario del levantamiento popular del 5 de septiembre contra la dictadura de Batista. Se percibe una gran energía que recorre la sociedad y hay algo que une a los cubanos, más allá de las vicisitudes. ¿Quedan reservas subjetivas importantes en el país? ¿De qué está hecho el cemento que une a los cubanos?

R: A lo largo de nuestra conversación, hemos tocado el tema de alguna manera. Está claro que bajo una amenaza externa, la tendencia a la unificación, a la defensa nacional, que es la defensa de la sociedad y de nuestra vida como cubanos, del pueblo, lógicamente se refuerza. Incluso los cubanos que critican fuertemente el sistema y también a nuestro liderazgo, cuando se miran en el espejo que nos rodea, en el de América Latina y el resto del mundo, pueden apreciar nuestros problemas desde otra perspectiva. Cuando alguien sale de Cuba de manera temporal, a explorar otras regiones, en busca de oportunidades que no se le presentan aquí; cuando sale, regresa, vuelve a salir y a regresar, según mi experiencia personal con ellos, han profundizado su mirada sobre la realidad cubana y de verse a sí mismo en relación con esa realidad. O sea, que incluso cuando no quisiéramos que la gente se fuera, que lamentamos la salida de jóvenes a trabajar o a emplear sus conocimientos en otra parte -y lo lamentamos realmente-, si uno se fija bien, no existe educación política como la de viajar y vivir en otra parte. Paradójicamente, ese desprendimiento, aunque a menudo doloroso, nos permite a los cubanos reencontrarnos a nosotros mismos en relación con el resto del mundo, lo que por sí mismo no perjudica, sino enriquece a la larga la unidad nacional, y eso que Fernando Ortiz llamaba la cubanía. Y muchas veces regresan a Cuba pensando también que las cosas que han aprendido afuera les ayudan para poder aplicarlas aquí.

Este es el contexto social del socialismo y de cualquier unidad posible dentro de la sociedad cubana: contribuir al desarrollo del país sobre reglas que faciliten la participación de todos, desde sus experiencias diversas, trayendo consigo las cosas que hayan aprendido y que los acompañan. Carece de fundamento la afirmación de que la mayor parte de los jóvenes se quiera ir de Cuba, aunque a muchos la idea de viajar y probar fuerzas en otra parte les haya pasado por la mente, porque casi todos tienen un amigo o muchos que han tenido esa experiencia. Yo me pregunto: ¿es maligno ese sentimiento? ¿Indica que nos estamos desintegrando como sociedad o como nación? Cuando yo tenía 20 años, en la Cuba de 1968, mi sueño era viajar por América Latina, hacer lo que luego supe que había hecho el Che, recorrer por tierra cada país, y compartir directamente la vida de la gente. No tuve otro proyecto más acariciado que ese. Así que entiendo bien por qué la gente joven, y aún menos joven, quiere viajar y conocer el mundo desde adentro.

Nuestra historia muestra que la conciencia nacional cubana, y también el socialismo, surgieron en una interacción con el mundo, en un diálogo con otros. Aunque muchos crean que los cubanos vivimos en otro planeta, aislados del mundo, en un estado de desconexión, lo cierto es que las ideas, las mentalidades y las conductas de los ciudadanos reales indican otra cosa –incluidos aquellos que repiten esa misma idea. Esa cultura abierta hacia afuera de los cubanos, su capacidad para captar el polen de las cosas que lo rodean, e incorporarlo al torrente sanguíneo del país, esa es una inmensa fortaleza de la cultura nacional. Se trata del funcionamiento de esa cultura, que rebasa el alcance de la ideología, consistente en la capacidad de metabolizarlo todo.

Esa capacidad de metabolizar resulta esencial para pensar y practicar la unidad nacional. De manera que temerle a la cultura norteamericana, porque nos va a tragar, ya que son un país más grande y poderoso militar y económicamente es un error. O peor, una debilidad estratégica. Claro que hay que estar alerta, vigilar las intenciones del gobierno y los otros poderes americanos, sobre todo cuando quieren traernos la libertad y la democracia. Pero no hay que temer el contacto con ninguna cultura externa, ni con la de esos americanos que nos visitan. Nuestra cultura nacional no es más débil que la de ellos de ninguna manera. En mi experiencia de hablarles casi cada semana a un grupo de visitantes de Estados Unidos, a lo largo de los últimos diez años, lo que más me impresiona es que quedan hechizados por Cuba y los cubanos, mucho más que el embeleso de algunos de nosotros con la cultura de los Estados Unidos.

P: ¿Qué es lo mejor y qué es lo peor que podría pasarle a Cuba en los años venideros?


R: Lo mejor que podría pasar es que los americanos nos dejaran en paz. Pero no tengo ninguna razón para pensar que ocurrirá, pues difícilmente el gobierno de los EEUU renunciará a meter la cuchara en las cosas nuestras. Seguirá siendo un factor de nuestra vida política, como en los últimos 200 años. Ellos no van a dejar que nos olvidemos de su antigua vocación de meter la cuchara, para enseñarnos cómo debemos gobernarnos. Históricamente, ese factor ha incidido en intensificar la conciencia nacional. Pero también ha alimentado el síndrome de fortaleza sitiada, que no facilita aperturas, ni favorece cambios, espacios de deliberación, o la naturalización del disentimiento.

En consecuencia, lo mejor que nos puede pasar es precisamente tomar conciencia de nuestras fortalezas culturales, que no son inferiores a las de la cultura de la dominación que ellos ejercen, y a sus valores ajenos a los nuestros, como dejó dicho y demostrado José Martí. Solo así podemos contrabalancear la asimetría de poder económico y militar con ellos mediante la la activación inteligente de nuestras riquezas, que siempre han sido las de la cultura, incluida la resiliencia de lo cubano en nosotros, nuestra capacidad probada para prevalecer, y la determinación de hacerlo. La raíz de esa cultura nacional, y de la conciencia de la cubanía, predata la ideología socialista, y es más honda que ninguna otra. Si el socialismo pudo germinar, crecer y fortalecerse como para aguantar las ventoleras del Norte, y las que se generaron aquí dentro, no fue sino porque se arraigó en esa cultura.

Lo peor que nos podría pasar es que en lugar de pensar así, nos metiéramos en una trinchera y nos pusiéramos una máscara antigás, como si enfrentáramos una guerra biológica, y con eso evitáramos que sus valores y artefactos nos infecten. Si en lugar de reconocer que la cultura de ellos también está en nosotros, y que esta opera como una vacuna, de manera que tenemos más anticuerpos que, por ejemplo, los ciudadanos de la URSS, donde ni de casualidad se ponía cine norteamericano en la tele; si en vez de hacer uso de esos anticuerpos, y nos defendiéramos sobre el principio de inmunidad, creyéramos en el poder aislante del condón, eso también sería lo peor que nos podría pasar. Porque en materia de valores y productos culturales, no hay condones que valgan. Más bien será contraproducente, pues no distraerá de invertir en el desarrollo de un mayor conocimiento y acercamiento crítico a las cosas malas y buenas de esa sociedad norteamericana que tenemos al lado. Recuerdo ahora a un astrofísico alemán, al que conocí después de la reunificación, un hombre de izquierda, quien me explicaba el derrumbe del socialismo en la RDA a causa, decía él, no de ninguna situación económica o de falta de convicciones, sino de la ideología del miedo. No se refería a la Stasi, sino a la otra Alemania, cuya amenaza penetró el sistema hasta los huesos, y entorpeció el desarrollo de una cultura política socialista sana, porque estaba pendiente de la competencia con la otra cultura, todavía más cercana que la cultura americana de la nuestra, pues era también alemana. Esa es una lección que no debemos ignorar.

Por suerte, hoy hay bastante conciencia de esta situación, no solo en el mundo cultural, académico, intelectual, y en la esfera pública cubana, sino también en el gobierno, que se da cuenta de que la estrategia de la guerra biológica no nos lleva a ninguna parte. En vez de estar poniéndonos máscaras y cavando trincheras inútiles, para cuando vengan los americanos, deberíamos percatarnos de que no están desembarcando de portaaviones, sino de cruceros, y de que ahora mismo se sientan en el borde de nuestra trinchera, con un mojito en la mano. Así que más vale avanzar hacia la retaguardia de ellos, seguros de que no nos van a lavar el cerebro, buscando todo lo aprovechable, y lo utilizable, para asociarnos con quienes podamos, no solo con nuestros viejos amigos de la solidaridad. Porque entre las muchas cosas que nos legó Fidel es el sentido político de buscar alianzas con todos aquellos con quienes tengamos intereses comunes, aun cuando no compartamos muchas otras cosas. La fortaleza de la Revolución a nivel internacional se consiguió precisamente así, porque su liderazgo, Fidel Castro y el Che Guevara, fueron capaces de encontrar aliados entre aquellos que no compartían nuestra ideología, en la medida en que teníamos intereses comunes. Aparecieron esos intereses en todas partes, en Asia, Oriente Medio, América Latina y Caribe, África, gente que pensaba muy distinto de los revolucionarios cubanos y se convirtieron, gracias a una sabia estrategia política sostenida en principios, no en puro pragmatismo u oportunismo, en aliados de la Revolución cubana, y esta en su aliada.

Ese principio estratégico es válido de cara a la sociedad norteamericana. Claro que existen peligros y problemas. Te podría hacer una lista de veinte o más. Pero ninguno de ellos está asociado a la endeblez cultural y social de Cuba. Se trata de algo que los propios doctrinarios de la política norteamericana advierten, y que expresan a su manera limitada en la idea del soft power. Entre los cuales uno es el desafío de una relación diferente con los EEUU.

La capacidad de lidiar con esos riesgos y peligros no se limita a fomentar una conciencia política, sino es eminentemente cultural. Al desarrollo de esa cultura pueden contribuir hoy más que nunca el pensamiento de las ciencias sociales y las humanidades, que son también patrimonio de una política ilustrada. La política puede hacer cosas muy por encima de lo que está haciendo, nada más que aprovechando más los resultados del conocimiento. Creo que el nuevo liderazgo cubano tiene más conciencia que en ningún momento anterior del valor del conocimiento para la eficacia de una política socialista.

[1] Título otorgado por el gobierno cubano a la política de reformas aprobada por el VI Congreso del PCC en abril de 2011.

Tercera parte de la entrevista realizada por Christine Arnaud en La Habana, septiembre 2017. Editada por Alejandro García Arnaud y revisada por el entrevistado

Mercado turístico cubano cautiva a viajeros británicos

LA HABANA (Sputnik) — La llegada de turistas británicos a C
uba mantiene su tendencia de crecimiento, después que más de 200.000 viajeros de ese país europeo visitaron en 2017 la isla, atraídos por el buen clima y la vida cultural, dijo este 10 de abril el embajador de Reino Unido en La Habana, Anthony Stokes.
"Cuba es un país muy seguro y bello, con mucho para ofrecer a los visitantes, cautivados sobre todo por el espíritu de su gente", comentó Stokes en entrevista con la emisora Radio Reloj.
Asimismo el diplomático dijo que se trabaja en la promoción del mercado turístico cubano y confirmó que existen varios proyectos en marcha con participación de empresas británicas.
"Son muchas las oportunidades para trabajar de forma conjunta en el desarrollo turístico de la isla", precisó.
Reino Unido será el invitado de honor de la próxima 38 Feria Internacional de Turismo de Cuba, que se celebrará del 2 al 5 de mayo en Cayo Santa María, una pequeña isla de 21 kilómetros cuadrados ubicada en la costa de la provincia de Villaclara (centro). 

"Compañeros ricos": los grupos de altos ingresos en Cuba

Ernel González, Oniel Díaz, José Luis Rodríguez, Juan Carlos Albizu-Campos y Rafael Hernández  intentaron aclarar las numerosas interrogantes de los asistentes.
29 - Marzo 2018
Centro Cultural Fresa y Chocolate
"Reto de los grandes significó para el panel abordar una problemática ante la cual las indagaciones se ven obligadas a seguir caminos tangenciales y hasta tortuosos". Lea aquí la reseña detallada acerca del Último