Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 13 de julio de 2026

Cuba: Eliminan límites de hectáreas y simplifican trámites para la entrega de tierras en usufructo

 

En este artículo: Cooperativas, Economía, Gobierno cubano, Jorge Luis Tapia Fonseca, Tierra

 


Un requisito es que quien solicite más tierras debe tener explotadas las que ya posee. Foto: Juvenal Balán/Granma.

Sobre la implementación de las Transformaciones Económicas y Sociales, con énfasis en las medidas vinculadas a la producción de alimentos, prioridad establecida en el Programa Económico y Social de Gobierno 2026, dialogó el vice primer ministro, Jorge Luis Tapia Fonseca, con cooperativistas y productores de municipios del oeste de la capital.

Tapia Fonseca significó que estas transformaciones no pueden verse únicamente desde el eje agroalimentario, sino desde la integralidad de los 23 ejes que componen el programa, donde los campesinos participan como actores económicos de la sociedad.

“Las transformaciones no podemos verlas solo en un eje, sino en la integralidad de cada uno que tiene el programa para su implementación”, enfatizó.

Una de las medidas más significativas consiste en simplificar el proceso de entrega de tierras en usufructo. Ahora, las empresas del Sistema de Agricultura podrán entregar directamente las tierras a quienes las soliciten, en coordinación con las cooperativas. El solicitante deberá presentar un proyecto productivo que especifique el destino de la tierra: ganadería, frutales, cultivos varios u otros fines.

El tiempo estimado para la entrega no superará los 15 o 20 días, agilizando significativamente un proceso que anteriormente podía extenderse considerablemente.

“No hay que esperar que todas las normas estén listas, sino en la medida en que se va presentando el respaldo jurídico, se van implementando”, explicó el vice primer ministro.

Eliminación de límites y nuevos actores económicos

Por su parte, el titular de la Agricultura, Ydael Pérez Brito, explicó que se eliminan los límites de hectáreas para la entrega de tierras en usufructo, así como el tiempo de explotación. Ahora, el área será determinada según el proyecto productivo presentado y los programas priorizados. Un requisito esencial: quien solicite nuevas tierras debe tener explotadas las que ya posee.

Todos los actores económicos pueden solicitar tierras: cuentapropistas, mipymes, empresas mixtas e inversión extranjera, siempre que quieran estar vinculados a la producción de alimentos o a la exportación. “Actores económicos, no importa de qué sectores. Quien quiera ir para la tierra a trabajar, puede hacerlo”, precisó Tapia Fonseca.

En el caso de las CPA (Cooperativas de Producción Agropecuaria), al ser propiedad privada, la aprobación de entrega de tierras corresponde a la asamblea de socios, aclaró.

Novedades en procesos jurídicos

Las reclamaciones sobre herencias y procesos jurídicos vinculados a la tierra ya no serán competencia del Ministerio de la Agricultura, sino de los tribunales y las direcciones de Justicia municipales y provinciales.

Una modificación trascendental: las tierras entregadas en usufructo ahora podrán ser heredadas, incluyendo aquellas de personas que emigraron del país. Quienes salieron de Cuba, pero conservan su ciudadanía efectiva, también podrán solicitar tierras en usufructo.

Tapia Fonseca explicó que, en respuesta a uno de los planteamientos más realizados por los agricultores durante años, el relacionado con la bienhechuría, “en este caso se crece el área de bienhechuría hasta un 5 % del área total de la tierra que dispone”.

En el caso de la vivienda, comentó, “cuando el productor lleva más de cinco años con resultados positivos, se autoriza que la vivienda pase a ser propiedad del productor”. Tenemos ejemplos de personas con resultados sostenidos por diez y 15 años y eso es un gran beneficio.

Pablo Palermo, presidente de una CCS, destacó la importancia de que las cooperativas sean decisoras en la entrega de tierras:

“La cooperativa sabe cuál es su mejor productor, quién se la merece, quién no. Que seamos partícipes tanto en la posible extinción por indisciplina como en la explotación eficiente de la tierra, eso es lo más importante que ha pasado. Llevamos años luchando en esto”.

Tapia Fonseca concluyó que estas transformaciones responden a la necesidad de poner en producción las tierras ociosas o deficientemente explotadas en el país.

“Si nosotros no producimos más, si no ponemos más personas en la tierra, entonces no avanzamos”, sentenció.

(Tomado de Granma)

domingo, 12 de julio de 2026

La crisis en Cuba a través de una familia que sobrevive con 60 dólares al mes. Comentario HHC


El bloqueo petrolero estadounidense ha agravado la crisis humanitaria, lo que ha obligado a los cubanos a recurrir a la larga tradición de solidaridad comunitaria de la isla para salir adelante.




Analeidis Arias Marín prepara a sus hijos para ir a la escuela en Santiago de Cuba, en mayo.Credit...


Por Ed Augustin, New Yok Times

Fotografías por Lisette Poole González


Ed Augustin y Lisette Poole González viajaron a Santiago de Cuba para documentar la crisis humanitaria que se agrava en el país.
7 de julio de 2026

Adrián Silva Guerra vio que la farola de la calle se encendió con un parpadeo. Eran las 2:08 a. m. de un jueves. Silva Guerra, electricista, rápidamente se levantó del portal, entró a la casa y dejó la puerta entreabierta para que el aire de la madrugada llegara a su hijo de 7 años, quien dormía en un colchón de espuma.

Entró en su taller, se sentó junto a una pila de televisores descompuestos que desmontaba para sacarles piezas de repuesto y empezó a soldar. Una voluta de humo salía de una placa de circuitos verde y cobriza en la que estaba trabajando para reparar un aparato. Hizo todo lo que pudo hasta que, dos horas más tarde, volvió a quedar sumido en la oscuridad.

“Soy esclavo de la corriente”, dijo Silva Guerra, de 32 años, ojeroso y sin haber dormido.

Poco antes de que se fuera la luz, su madre, Zucel Guerra Brise, de 52 años, salió de su casa en Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande del país, en su costa sureste. Gracias al pequeño destello de suministro eléctrico, los hornos de una panadería privada pudieron hacer pan esa noche.

The map locates Santiago de Cuba, a city on the southeastern coast of Cuba.



Ella hizo fila para comprar 100 panecillos y se preparó para recorrer las calles de la ciudad y revenderlos para que su familia tuviera dinero para comer. Pagó 7 centavos por panecillo y los vendió a 9 centavos cada uno.

Silva Guerra, su madre y su padre, Luis Silva Aldana, de 64 años, maestro de primaria, juntan a duras penas el equivalente a menos de 60 dólares al mes. Con eso tienen que mantener a su familia de cuatro generaciones, que también incluye a la esposa de Silva Guerra, Analeidis, a sus dos hijos pequeños y a Zoe, su abuela.




Adrián Silva Guerra, de 32 años, y su hijo, Alejandro, de 6, en su habitación en Santiago en mayo. Silva Guerra, su madre y su padre se las arreglan para ganar menos de 60 dólares al mes.



Ropa tendida en el patio trasero de los Silva Guerra.


Zucel Guerra Brise, de 52 años, se prepara para salir a vender pan.

Durante casi dos días en mayo, vimos cómo la familia se las ingeniaba en unas de las condiciones más difíciles que, según ellos, habían vivido.

Sus circunstancias son un microcosmos de las dificultades a las que se enfrenta Cuba, que está viviendo su peor crisis humanitaria desde que, hace casi siete décadas, una revolución allanó el camino a un régimen comunista.

El gobierno de Donald Trump ha impuesto limitaciones a Cuba y ha exigido a sus líderes cambios políticos y económicos. La represión del gobierno cubano y su fallido sistema económico han profundizado las consecuencias de un embargo comercial estadounidense que ya se ha prolongado por décadas.

Desde principios del año, un bloqueo petrolero de facto de Estados Unidos y una oleada de nuevas sanciones, que se sumaron a las que ya había, han paralizado al Estado cubano y lo han dejado sin el combustible necesario para que el país funcione. (Cuba experimentó un apagón a nivel nacional el lunes).

Estas circunstancias han hecho que Silva Guerra y su familia extendida vivan al límite: se ganan la vida con ingresos míseros, no han podido comer adecuadamente y están a merced de breves periodos de luz en momentos impredecibles.

Las bodegas, un sistema estatal que en su día garantizaba alimentos básicos a precios extremadamente bajos, empezaron a fallar porque al gobierno le falta dinero para importar comida. Ahora, prácticamente han desaparecido.

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Paseando por Santiago para vender pan en la calle.

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Se dice que el barrio de Chicharrones, donde vive la familia Silva Guerra, recibió su nombre de los vendedores que, en la época colonial española, vendían chicharrones a la gente que escuchaba a los trovadores.



Silva Aldana, a la derecha, y Guerra Brise en Santiago en mayo.

Hay meses en los que la familia Silva Guerra no recibe arroz, frijoles, huevos ni pollo del Estado, solo un panecillo para cada uno cada tres días. El gobierno dice que se quedó sin el combustible necesario para transportar alimentos. Los precios de la comida en los mercados han aumentado casi un 20 por ciento este año, según cifras oficiales.

Ya que la luz eléctrica está disponible apenas cuatro horas al día, sus ingresos se han reducido: aunque trabaje lo más rápido que puede por la noche, cuando suele haber corriente, Silva Guerra, que antes era el principal sostén de la familia, ahora apenas aporta algo al presupuesto familiar.

La familia extraña el chorote, una bebida espesa típica del este de Cuba que se toma en el desayuno y se hace con harina de maíz tostada, azúcar y leche. En su lugar, por la mañana, Silva Guerra rebanó las barras de pan blanco en cuartos y mezcló un poco de agua con un sobre de polvo blanco para preparar una bebida con sabor a mango.

Eso era el desayuno. Y no solo para la familia.

“Si no desayuno aquí, no desayuno”, dijo Lázaro Figueroa Tamayo, de 52 años, un viejo amigo de la familia que antes cortaba caña de azúcar, pero ahora es cocinero en un hospital.

En la mesa también estaban otro amigo de la familia, Rolando Galán Labrada, de 59 años, y su hija de 6, además del hijo de 7 años de un vecino que viene cada mañana a comer.

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Lázaro Figueroa Tamayo saca a Zoe Brise del baño. Ella no puede caminar tras una lesión reciente.



Las calles a oscuras de Santiago por un corte de corriente en mayo.

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Silva Guerra trabaja en el taller que tiene en casa para arreglar un reproductor de DVD a sus vecinos mientras esperan. Aprovecha al máximo cuando hay luz para hacer todo lo que puede.


Después, Silva Guerra acompañó a sus hijos —Alejandro, de 6 años, y Anna Jeline, de 4— para subir las lomas empinadas hasta la escuela. Cuenta la leyenda que su barrio, Chicharrones, debe su nombre a los vendedores ambulantes que, en la época colonial española, vendían chicharrones a la gente que iba a ver a los trovadores.

A finales de la década de 1950, los residentes de aquí —entre ellos el bisabuelo de Silva Guerra— ayudaron a los rebeldes de Fidel Castro a librar una guerra de guerrillas urbana, y los escondían de la policía controlada por un dictador aliado con Estados Unidos.

En esta comunidad tan unida, parece que todo el mundo se conoce. Las puertas dan directamente a la calle. Los vendedores se sientan en banquitos y ofrecen detergente, café y chambelonas. La gente lleva cubos con agua de las casas que tienen agua a las que no tienen, ya sea por escasez o por tuberías rotas.

La mayor parte de la comida que se consume aquí ahora viene del sector privado. Con el dinero que envía la diáspora cubana desde Florida y España se compra pollo, arroz y frijoles.

El gobierno mexicano, que dejó de enviar petróleo a Cuba después de que el gobierno de Trump amenazara con imponer aranceles a los países que siguieran suministrando combustible, está enviando paquetes de arroz, bolsas de chícharos partidos y botellas de aceite vegetal a niños menores de 4 años y a los adultos mayores de 65.

La gente del barrio que tiene la suerte de tener suficiente para comer comparte lo que le sobra —una pata de pollo, unos gramos de arroz, una taza de azúcar— con quienes lo están pasando peor, sobre todo las familias con niños.

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Analeidis Silva Guerra prepara a su hijo, Alejandro, para ir a la escuela.

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Alejandro vuelve a casa después de comprar un sobre de bebida en polvo.

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Luis Silva Aldana, de 64 años, padre de Silva Guerra, enciende el fuego para preparar café antes de ir a trabajar, en su casa de Santiago.


Estos gestos humildes de generosidad, multiplicados y combinados con los programas estatales de alimentación dirigidos a los grupos vulnerables, “es lo que mantiene viva a la gente”, dijo Walter Mondelo, profesor de derecho en la Universidad de Oriente —la principal universidad de Santiago—, quien sufre las mismas penurias que muchos otros cubanos.

Los analistas dicen que el modelo socialista de Cuba, aunque coartaba las libertades individuales, impulsaba a la gente a cuidarse unos a otros, a través de una ideología igualitaria y movilizaciones masivas que redujeron el analfabetismo, vacunaron a la población y enviaron médicos al extranjero.

Mondelo dijo que, a pesar de los fracasos de la Revolución cubana, le enseñó a la gente a compartir y a ayudarse, y, afirmó, parte de eso continuaba: quienes menos tienen son quienes apoyan más a los otros.

Esta solidaridad a pie de calle persiste porque funciona: la gente da por altruismo, pero también sabiendo que quizá necesite algo en el futuro.

Silva Guerra dijo que estas prácticas son una forma de convivir. Él, por ejemplo, arregla gratis las herramientas de trabajo de algunos de sus vecinos.

Figueroa Tamayo, el vecino de la familia, tiene una relación muy cariñosa con Zoe Brise, de 73 años, la abuela de Silva Guerra, que ha estado postrada en cama y con escayola desde que se fracturó la cadera tras una caída.

Él la levanta de la cama —que está en la cocina, ya que no hay sitio en ningún otro lugar de la casa— y la lleva al baño y al salón para que pueda estar acompañada. Brise dijo entre risas que Figueroa Tamayo la trata así porque quiere casarse con ella.

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Adrián Silva Guerra, de 32 años, en su casa de Santiago. Hace un mes, la familia Silva Guerra no recibió arroz, frijoles, huevos ni pollo del Estado, solo un panecillo para cada uno cada tres días.



Los hijos de Adrián y Analeidi, Alejandro y Anna Jeline, en su casa familiar.



Zoe Brise está en cama, recuperándose de una lesión en casa de su hija.


Cuando las luces volvieron a encenderse a la 1:23 p. m. de esa tarde, todos los que estaban en la casa se emocionaron. Más allá de la puerta principal, la calle se quedó vacía mientras la gente se apresuraba a entrar para lavar la ropa y cargar sus dispositivos.

“¡Corriente!”, gritó Zucel Guerra Brise, la madre de Silva Guerra. Enchufó una placa eléctrica que su hijo había improvisado con un taburete de madera, una lámina de zinc y la bobina de una vieja olla arrocera, y empezó a hervir pollo.

Desde los altavoces del taller de Silva Guerra sonaba salsa. En cuestión de minutos, llegaron dos mujeres con un reproductor de DVD que no funcionaba.

Él sonrió por primera vez ese día, y dijo que cuando volvía la luz, podía poner en práctica sus habilidades.

Pero no duró mucho. Cincuenta y siete minutos después, la música se apagó. No tuvo tiempo suficiente para arreglar el reproductor de DVD y fue otro día en el que Silva Guerra no ganó nada.

Silva Guerra dijo que la falta de corriente lo atormentaba y que lo ponía a pensar en qué podía vender para comprar un paquete de pasta.

Dijo que ha empezado a tener migrañas por el estrés.

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El puerto de Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande del país, situada en la costa sureste.



Lázaro Figueroa Tamayo, de 52 años, a la izquierda, y Luis Silva Aldana, el padre de Silva Guerra. Figueroa Tamayo se pasa por la casa de la familia cada mañana para comer.


Guerra Brise, al centro, hace fila para comprar pan en una panadería privada. Paga 7 centavos por cada panecillo y los vende a 9 centavos cada uno.


Sin transporte público ni dinero para salir y teniendo que asegurarse de que haya alguien en casa cuando vuelva la luz, el mundo de la gente se ha reducido. Los días son monótonos y predecibles.

Al día siguiente, los hijos de Silva Guerra se quedaron en casa sin ir a la escuela. La familia no tenía dinero para prepararles comida. Silva Guerra dijo que no tenía nada que darles.

Por la tarde, estaba arreglando un televisor. Justo cuando quitaba la carcasa de plástico, se volvió a ir la luz.

Sin dinero para la comida, le pidió prestados 80 centavos a un vecino para comprar unos gramos de arroz y un cubito de puré de tomate.

De vuelta en casa, él y Figueroa Tamayo empezaron a desmontar la cama plegable de madera que le había dado el Estado y en la que dormía su hija de 3 años.

Mientras separaba las tablas de la cama, dijo que sus opciones eran esperar a que volviera la luz o improvisar.

Ni siquiera durante el llamado “periodo especial” de la década de 1990, cuando colapsó la Unión Soviética —el mayor benefactor de Cuba— y el país se sumió en la miseria, la familia tuvo que improvisar para cocinar.

Ahora sí que tenían que hacerlo.

Analeidis Silva Guerra puso una rejilla de su refrigerador descompuesto sobre dos bloques en su pequeño patio trasero, montó las tablitas de madera de la cama entre los bloques y arriba colocó una cacerola llena de hollín con agua, arroz y puré de tomate.

Luego prendió el fuego.


Silva Aldana en la cama en la casa de la familia Silva Guerra. Trabaja como profesor de primaria.


Comentario HHC:  Se percibe algo de exageracion y dramatismo en algunas partes del texto, en los hechos narrados por el New York Times ,  y la mano peluda de intentar compartir  la responsabilidad  de ambas orillas por la situación existente hoy en día. 

Lo importante es que no se puede negar la crisis humanitaria cada vez mas profunda en una parte cada vez mas amplia de la población cubana como consecuencias de las medidas fascistoides del gobierno de los EEUU, y eso sbyace en el texto. Ningun pais en el mundo puede vivir con normalidad, con algo similar.  

Nuestra prensa debería tambien realizar  articulos con los efectos del bloqueo de los EEUU, por ejemplo: en nuestros hospitales, y las dificiles condiciones de algunas familias y todo lo que se esta haciendo para contrarrestar este genocidio.

Breve análisis del Índice de Precios al Consumidor (IPC) – Cuba, Junio de 2026


Por Humberto Herrera Carlés




1. Panorama General: Inflación Acelerada y Presión en Alimentos

El IPC general de Cuba se situó en 567,03 en junio de 2026 (base diciembre 2010=100), lo que refleja un crecimiento acumulado de precios de más de 5 veces y media en casi 16 años. La inflación no muestra signos de desaceleración, con una variación mensual del 2,82% y una interanual del 18,27%. La variación acumulada en lo que va de año alcanza el 12,24%, lo que proyecta un cierre de año con una inflación muy elevada si la tendencia se mantiene.

El principal motor de esta inflación sigue siendo la división de Alimentos y bebidas no alcohólicas, que concentra el 66,24% del efecto total sobre la variación mensual del IPC. Esto evidencia que el aumento del costo de la vida está profundamente vinculado a la incapacidad de controlar los precios de la canasta básica, como consecuencia ademas, de un deficit de oferta amplia.

2. Análisis por Divisiones de Consumo

Alimentos y bebidas no alcohólicas: Es, con diferencia, la división más crítica. Su índice supera por primera vez el umbral de los 1.000 puntos, lo que significa que, en promedio, esta canasta cuesta más de 10 veces lo que costaba en 2010. Su alta ponderación en el gasto de los hogares hace que su inflación sea especialmente dañina para el poder adquisitivo.  A lo anterior, hay que hacer notar que el salario medio en el sector estatal  en el 2010 era de 627 pesos, y actualmente es de 7 074 pesos, es decir ha crecido mas 11.3 veces, y " debería alcanzar " al menos para adquirir alimentos, sin embargo, algunos calculos independendientes lo situan en 41 705 CUP mensuales satisfacer plenamente estas necesidades.

En el 2024 el comercio minorista estaba ya dominado por el sector privado, un sector que no tiene la " responsabilidad" y ni le interesa,  garantizar los alimentos a la población, acorde al poder adquisitivo de la misma.  Esto que tiene implicaciones politicas en todos los paises, hay que garantizarlo en Cuba a pesar  de los EEUU. 

Transporte y Restaurantes/Hoteles: Estas divisiones presentan las mayores variaciones acumuladas e interanuales, impulsadas por los ajustes en los precios del combustible, el transporte público y los servicios de comidas fuera del hogar. El alto efecto de Restaurantes y Hoteles (12,81%) indica que los hogares están destinando una parte creciente de su ingreso a la alimentación fuera del hogar, probablemente por la escasez o los altos costos de los alimentos para cocinar en casa.

Bebidas Alcohólicas y Tabaco: Su alta variación mensual (6,11%) es un dato aislado pero significativo, que puede deberse a ajustes impositivos o de oferta en estos productos.

Servicios regulados (Vivienda, Comunicaciones, Salud): Muestran variaciones moderadas, lo que sugiere que los precios de estos servicios (agua, electricidad, telecomunicaciones, salud pública) continúan siendo subsidiados o controlados, aunque la vivienda empieza a mostrar un alza más pronunciada (2,05% mensual).

3. Análisis de los Artículos con Mayor Impacto

3.1. Alimentos y bebidas no alcohólicas (Efecto: 66,24)

El aumento de esta división está liderado por productos de primera necesidad:

Carne de cerdo (Var. Mensual: 6,76% | Efecto: 34,35): Es el principal responsable de la inflación del mes. Su precio es muy sensible a la oferta y los costos de producción.

Arroz (2,33% | 2,87): El alimento base de la dieta cubana sigue encareciéndose.

Aves vivas de consumo (4,95% | 1,75) y Jamón (3,28% | 1,23): Complementan la presión alcista en las proteínas.

Aceite comestible (14,79% | 1,18): Un incremento muy pronunciado en un producto básico para la cocina, lo que refleja la dependencia de las importaciones y la volatilidad de los precios internacionales.

Conclusión: La inflación en alimentos es generalizada y afecta a todos los grupos de productos, pero las proteínas de origen animal y los carbohidratos básicos son los que más presionan el bolsillo de las familias. 

3.2. Restaurantes y Hoteles (Efecto: 12,81)

El incremento en esta división confirma que comer fuera de casa es cada vez más caro.

Merienda (3,62% | 5,36), Almuerzo/Comida (2,53% | 2,81) y Desayuno (3,06% | 0,38): Todos los tipos de comidas fuera del hogar han subido de precio, reflejando el traslado del aumento de los alimentos a los precios finales en el sector servicios.

3.3. Transporte (Efecto: 7,12)

El encarecimiento del transporte es severo, especialmente en el transporte privado y alternativo, que es el que utiliza una gran parte de la población ante las deficiencias del transporte estatal.

Taxi urbano/bicitaxi (8,03% | 6,00) y Taxi interurbano (8,29% | 5,87): Subidas de dos dígitos que encarecen significativamente la movilidad diaria y los viajes entre provincias.

Otro tipo de transporte interurbano (10,97% | 5,72): Camiones y camionetas, que son un recurso vital para el transporte de mercancías y personas, muestran la mayor subida mensual, lo que impacta directamente en la cadena de suministro y el costo final de todos los bienes.

4. Análisis de Contexto y Estructura

Cobertura Nacional: El IPC refleja la realidad de 18 municipios y 7.761 establecimientos. Es importante recordar que no hay índices regionales, por lo que la inflación en provincias como La Habana podría ser aún mayor que el promedio nacional.

Canasta de 298 Artículos: La canasta representa más del 90% del gasto de los hogares, lo que la hace muy representativa. La alta ponderación de Alimentos y Restaurantes (que juntos suman un efecto de 79,05 puntos sobre 100) confirma la vulnerabilidad de los hogares cubanos ante las alzas de precios en estos rubros.

Metodología: La publicación incluye detalles metodológicos y precios mínimos/máximos, lo que permite un análisis más fino. La ONEI invita a recibir sugerencias, lo que es un buen indicador de transparencia en la medición.

5. Conclusión y Perspectivas

El IPC de junio de 2026 pinta un panorama de inflación galopante y generalizada, centrada en los alimentos y el transporte. La economía cubana enfrenta un entorno de alta inflación que erosiona rápidamente el salario real y el poder de compra de la población.

Perspectivas a corto plazo:

Sin cambios estructurales, la inflación continuará alta. La acumulada a junio (12,24%) sugiere que la inflación anual podría superar el 20-25% si no se toman medidas drásticas.

Los precios de los alimentos, especialmente la carne y el aceite, seguirán siendo el principal foco de atención, muy influenciados por la disponibilidad de divisas para importar y la producción nacional.

El incremento en el transporte es un síntoma de los problemas energéticos y de mantenimiento del parque automotor, y es un factor que retroalimenta la inflación al encarecer la distribución de todos los bienes.

La tasa de cambio informal, la emisión monetaria y las políticas de precios del gobierno serán determinantes para la evolución futura del IPC.

En resumen, la inflación en Cuba no es un fenómeno transitorio, sino un problema estructural profundo que requiere de soluciones de fondo para estabilizar los precios y proteger el bienestar de la población. 


Rudd, el marxismo de Xi Jinping y Palantir



El pensamiento de Xi Jinping, leído incluso por observadores anticomunistas como Kevin Rudd y los estrategas tecnológicos de Palantir, muestra la centralidad del marxismo como clave para la planificación y la dirección política en el éxito histórico de la China contemporánea.



Por Daniele Burgio, Giulio Chinappi, Massimo Leoni y Roberto Sidoli, Mondo Rosso

Kevin Rudd es un político australiano que se desempeñó como Primer Ministro de 2007 a 2010 y nuevamente en 2013. Abiertamente anticomunista, es en todo caso lúcido e inteligente y, por tanto, capaz tanto de leer atentamente el informe presentado por Xi Jinping, secretario general del Partido Comunista de China, en el XX Congreso del Partido celebrado en octubre de 2022, como de analizarlo honestamente, a diferencia de los falsos tontos de la izquierda occidental anti-China [1].

En esa ocasión, Rudd había destacado, entre otras cosas, que el término “lucha” aparecía unas decenas de veces en el informe de Xi Jinping, y a su correcta observación se puede añadir inmediatamente que también hay una docena de referencias abiertas, también en el informe del secretario del Partido Comunista Chino, con respecto al marxismo, el materialismo dialéctico y el materialismo histórico: extractos que destruyen aún más el cuento de hadas sobre el Partido Comunista Chino “que se hace pasar” por comunista y marxista.

Citemos algunas de estas citas del informe del Congreso de Xi Jinping, para no dejar lugar a dudas:

“Hemos establecido y apoyado un sistema fundamental para asegurar el papel protagónico del marxismo en la esfera ideológica.”

“El marxismo es la ideología fundamental sobre la que se fundan y prosperan nuestro Partido y nuestro país.”

“La sólida orientación teórica del marxismo es la fuente de la que nuestro Partido extrae su firme convicción y que le permite captar la iniciativa histórica.”

“Adaptar el marxismo al contexto chino y a las necesidades de la época es un proceso de búsqueda, revelación y aplicación de la verdad.”

“Los comunistas chinos son profundamente conscientes de que sólo integrando los principios fundamentales del marxismo con las realidades específicas y la refinada cultura tradicional de China, y sólo aplicando el marxismo dialéctico e histórico, podemos proporcionar respuestas concretas a las grandes preguntas planteadas por los tiempos y descubiertas a través de la práctica, y podemos garantizar que el marxismo conserve siempre su vigor y vitalidad.”

“Es responsabilidad histórica solemne de los comunistas chinos de hoy continuar abriendo nuevos capítulos en la adaptación del marxismo al contexto chino y a las necesidades de los tiempos.”

“Debemos poner a la gente primero. La orientación hacia el pueblo es un atributo esencial del marxismo”.

“Con un mayor sentido de responsabilidad histórica y creatividad, deberíamos hacer una mayor contribución al desarrollo del marxismo.”

“Lanzaremos programas para que los miembros del Partido estudien la nueva teoría del Partido y transformen el Partido en un partido marxista dedicado a la formación.”

“Seremos firmes partidarios y practicantes leales del noble ideal del comunismo y del ideal común del socialismo con características chinas.”

Volviendo a Rudd y su interesante libro publicado en 2024 bajo el título Sobre Xi Jinping: cómo el nacionalismo marxista de Xi está dando forma a China y al mundo, dada su indiscutible elección de campo, es aún más significativo que el autor australiano tome en serio la dimensión ideológica del pensamiento de Xi Jinping [2]. Rudd ciertamente no pertenece al campo comunista, ni se puede sospechar que simpatice con el socialismo chino. Precisamente por esta razón, su reconocimiento de la centralidad del marxismo en la visión política del Secretario General del Partido Comunista Chino adquiere un valor particular: demuestra que sólo una lectura superficial, o deliberadamente propagandística, puede reducir el socialismo con características chinas a una fórmula vacía o a una simple cobertura retórica del capitalismo.

El libro de Rudd, si bien se mueve dentro de un marco político hostil a la República Popular China, captura un punto esencial: Xi Jinping no utiliza el marxismo como un ornamento ideológico, sino como una gramática política a través de la cual interpretar la historia, la lucha de clases, el papel del Partido, la soberanía nacional y la relación entre Estado, mercado y desarrollo. La definición de Rudd de “nacionalismo marxista” naturalmente sigue siendo interna a una perspectiva occidental anticomunista, pero sin querer confirma lo que gran parte de la izquierda occidental anti-China se niega siquiera a discutir: la continuidad teórica y política entre el marxismo, el liderazgo del Partido Comunista Chino y el proyecto histórico de la modernización socialista de China.

Es precisamente a partir de este punto que el discurso puede vincularse al manifiesto de Karp y Zamiska. Si Rudd reconoce, al criticarlo, la función del marxismo en la construcción de la visión política de Xi Jinping, los autores de La República Tecnológica reconocen, también desde una posición orgánicamente occidental y estadounidense, otro aspecto decisivo del modelo chino: la capacidad de subordinar el capital, la tecnología y la innovación a una dirección política general. En ambos casos, dos voces muy alejadas del comunismo se ven obligadas a afrontar la misma realidad: China es incomprensible a través de las categorías perezosas del liberalismo occidental, porque su desarrollo se basa en una relación entre ideología, Estado, partido, planificación y fuerzas productivas que Occidente ha desaprendido incluso nombrar.

La sombra producida ahora a escala planetaria por Pekín y la alteridad radical del modelo chino en sus diversos aspectos ideológicos, culturales y económico-sociales respecto del capitalismo de Estado real que reina en el mundo occidental, con su privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas de los monopolios privados, se reflejan, aunque con diferentes categorías teóricas y planificación disímil, en el libro titulado La República Tecnológica: Poder Duro, Creencia blanda y el futuro de Occidente, obra firmada conjuntamente por Alexander C. Karp, director ejecutivo del gigante tecnológico Palantir, y Nicholas W. Zamiska [3].

El núcleo y el marco general del libro consisten en una evaluación abierta de la existencia de una amenaza sistémica china contra el poder estadounidense, junto con una admisión renuente de la eficacia socioproductiva del uso a gran escala de herramientas de planificación por parte del Partido Comunista Chino en el proceso de reproducción del gigantesco país asiático.

Y el hecho de que la China Popular actual sea una amenaza sistémica pacífica al capitalismo de Estado de Washington es reconocido incluso por una académica tan alejada de las tentaciones pro chinas como Margherita Furlan.

Admitió que, mucho antes de la cumbre de Beijing entre Xi Jinping y Trump, celebrada en mayo de 2026, había quedado claro que el Partido Comunista Chino “reafirma la primacía de la política sobre los gigantes digitales, impidiendo que Jack Ma se retire del control estatal como lo hizo Elon Musk en Washington y manteniendo los algoritmos dentro del perímetro de la autoridad política”. Además, Furlan señaló acertadamente que es precisamente “Karp y Zamiska, además, construyen su manifiesto contra China: es el rival el que justifica el nuevo Proyecto Manhattan, el adversario sistémico cuya eficacia autoritaria es en conjunto temida e, implícitamente, admirada” [4].

Pero pasemos ahora al análisis del manifiesto de Karp y Zamiska.

El primer elemento que ataca, en La República Tecnológica, es el tono abiertamente manifiesto de la obra. Karp y Zamiska no escriben un libro neutral sobre inteligencia artificial, ni una simple reflexión sobre la relación entre tecnología y sociedad. En lugar de ello, escriben un texto de batalla, un llamado a la élite empresarial y de ingeniería de Estados Unidos a abandonar la ilusión de que pueden vivir separados del Estado, la guerra, la seguridad nacional y la competencia geopolítica. La tesis subyacente es simple: Silicon Valley ha perdido su misión histórica porque, en lugar de poner sus capacidades al servicio de los principales objetivos nacionales, se ha centrado en aplicaciones de consumo, plataformas publicitarias, redes sociales, servicios y herramientas de entretenimiento capaces de monetizar la vida cotidiana de los usuarios sin abordar las grandes contradicciones estratégicas del presente [5].

Desde este punto de vista, el libro tiene un valor documental considerable, porque muestra cómo una parte de la clase dominante tecnológica estadounidense ha comprendido ahora el agotamiento ideológico del viejo mito neoliberal. Durante décadas, Occidente ha celebrado el mercado como un mecanismo autosostenible, capaz de guiar espontáneamente la innovación, el progreso, la inversión y la asignación de recursos. Karp y Zamiska, aunque se mueven dentro de un horizonte político enteramente occidental, estadounidense y anticomunista, reconocen en cambio que el mercado, dejado a su suerte, tiende a recompensar lo que es inmediatamente rentable, no lo que es históricamente necesario. En esta admisión se encuentra uno de los aspectos más interesantes del volumen: los autores ciertamente no se vuelven socialistas, pero se ven obligados a reconocer que la racionalidad mercantil no es suficiente para garantizar el poder general de una sociedad.

El objetivo polémico inmediato es el Silicon Valley contemporáneo, acusado de haber abandonado la dimensión pública y nacional de la tecnología. Los autores contrastan la cultura de las aplicaciones de la luz, el consumo individual y la fragmentación social con la época en la que la investigación científica, la industria, las universidades y el Estado cooperaban en torno a grandes proyectos estratégicos. La referencia implícita y a menudo explícita es al complejo científico-militar estadounidense del siglo XX, desde el Proyecto Manhattan hasta la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, pasando por la carrera espacial y la construcción de la infraestructura tecnológica de la Guerra Fría. En esta nostalgia no hay nada progresista: no se trata de recuperar la planificación democrática al servicio de las necesidades populares, pero reconstruir una movilización tecnológica nacional al servicio del poder imperial estadounidense [6].

Es precisamente aquí donde surge la contradicción central del libro. Karp y Zamiska reprochan a Silicon Valley haber traicionado al Estado, pero nunca cuestionan realmente la naturaleza de clase de ese Estado. Estos no exigen que la tecnología sea retirada del dominio de los monopolios privados y puesta al servicio de la comunidad. Más bien, exigen que los monopolios tecnológicos asuman plenamente su función orgánica dentro del aparato estatal, militar y de inteligencia de Estados Unidos. Su “república tecnológica” no es una república popular ni una forma de control público sobre las grandes empresas digitales. Se trata, por el contrario, de la propuesta de una unión aún más estrecha entre el capital privado, el aparato de seguridad, la industria bélica, la inteligencia artificial y la proyección global del poder estadounidense.

China ocupa una función decisiva en este plan. No es sólo un competidor económico ni simplemente un adversario diplomático. Es el término de comparación el que obliga a los autores a reconocer la insuficiencia del modelo occidental contemporáneo. La República Popular China aparece, en su reconstrucción, como el rival sistémico capaz de movilizar recursos, dirigir inversiones, disciplinar el capital privado y subordinar el desarrollo tecnológico a objetivos políticos de largo plazo. Lo que en el libro de Karp y Zamiska se descarta como autoritarismo para la propaganda occidental ordinaria se convierte en algo más inquietante para la clase dominante estadounidense: una forma eficaz de organizar el poder nacional.

Por supuesto, los autores nunca concluyen que la planificación socialista pueda representar una forma superior de racionalidad histórica a la anarquía del mercado. Sin embargo, su razonamiento gira continuamente en torno a este punto sin querer nombrarlo. Entienden que una gran potencia no puede confiar sus opciones estratégicas a la suma caótica de intereses privados; entienden que la inteligencia artificial, el software avanzado, los semiconductores, la defensa, la logística, la vigilancia y la infraestructura digital no son sectores como cualquier otro; finalmente, entienden que la primacía tecnológica requiere dirección política, selección de prioridades, concentración de recursos y la capacidad de imponer una jerarquía a intereses particulares. En otras palabras, entienden a regañadientes parte de la lección china, pero intentan traducirla al idioma de la restauración imperial estadounidense.

De ahí también la ambigüedad de su ataque a la “débil” cultura de Occidente. Karp y Zamiska denuncian la pérdida de creencias fuertes, la disolución del sentido de pertenencia, la incapacidad de las élites para proponer un proyecto colectivo y la transformación de la tecnología en un conjunto de productos diseñados para satisfacer deseos individuales cada vez más superficiales. Pero la solución que proponen no es la reconstrucción de una comunidad política fundada en la igualdad, la participación democrática o la justicia social. Es la reconstrucción de una comunidad nacional gobernada por la competencia geopolítica, el miedo al enemigo y la necesidad de prepararse para la guerra tecnológica del siglo XXI.

El llamado a la “creencia suave” debe leerse en este sentido. Los autores no reprochan a Occidente haber abandonado el colonialismo, el imperialismo o la lógica de la dominación. En todo caso, le reprochan no creer lo suficiente en su misión histórica. La debilidad de Occidente, en su perspectiva, no consiste en la explotación, la desigualdad, la financiarización, la subordinación del trabajo al capital o la devastación social producida por el neoliberalismo. Consiste en la incapacidad de sus élites para reconocerse abiertamente como la clase dominante de un bloque de poder y actuar en consecuencia. Por esta razón, el libro es valioso: porque afirma explícitamente lo que una parte de la ideología liberal prefiere esconder detrás del lenguaje de los derechos, la innovación y la libertad individual.

La comparación con el informe de Xi Jinping al XX Congreso del Partido Comunista Chino se vuelve entonces aún más reveladora. Por un lado, Xi habla del marxismo, del socialismo con características chinas, de la centralidad del pueblo y de la adaptación creativa del materialismo dialéctico e histórico a las condiciones concretas de China. Por otro lado, Karp y Zamiska hablan de dominación occidental, poder, seguridad, aparato militar y la necesidad de devolver a la élite tecnológica al perímetro estratégico del Estado. Ambos discursos reconocen que el mercado no es suficiente. Pero la diferencia radica en el tema político y el propósito histórico: en el caso chino, la subordinación del capital y la tecnología a un proyecto socialista de desarrollo nacional; en el caso estadounidense, la subordinación selectiva del capital tecnológico a las exigencias de la supremacía geopolítica y militar del imperialismo.

También por esta razón La República Tecnológica puede leerse como una confesión involuntaria. Karp y Zamiska quieren denunciar la debilidad de Occidente, pero acaban certificando la fortaleza del modelo chino. Quieren defender la superioridad estadounidense, pero se ven obligados a admitir que dicha superioridad ya no puede basarse en el cuento de hadas del libre mercado, la espontaneidad empresarial y la innovación individualista. Quieren revivir el capitalismo tecnológico occidental, pero para ello deben invocar herramientas que contradicen su propia mitología: coordinación estatal, prioridades estratégicas, movilización colectiva, disciplina política, subordinación de intereses particulares a un proyecto general.

El punto decisivo es que, mientras en China el Partido Comunista mantiene la primacía de la política sobre los grandes grupos económicos y digitales, en el proyecto de Karp y Zamiska la relación tiende a revertirse hacia una forma más sofisticada: no es el Estado popular el que controla el capital, sino el capital tecnológico más avanzado el que se ofrece como brazo operativo del Estado imperial. Palantir se convierte así no sólo en una empresa, sino en un modelo político. No se limita a vender software; propone una visión del mundo en la que el conocimiento de datos, la inteligencia artificial y el poder predictivo se integran en los dispositivos de comando, vigilancia y guerra de Occidente.

En conclusión, el libro de Karp y Zamiska confirma indirectamente la tesis de la que partimos. El marxismo de Xi Jinping, lejos de ser una tapadera retórica, representa uno de los fundamentos teóricos a través de los cuales China interpreta su propio desarrollo, disciplina las fuerzas productivas y guía la modernización socialista. El manifiesto de Palantir, por otro lado, representa una respuesta occidental a la crisis de su hegemonía: una respuesta agresiva, militarizada y tecnocrática, que no pretende superar la dominación del capital, sino hacerlo más eficiente en la competencia global contra China. Precisamente por eso, el interés del libro no reside tanto en las soluciones que propone, sino en el miedo que revela. Si incluso uno de los protagonistas más conscientes del capitalismo tecnológico estadounidense se ve obligado a admitir que Occidente necesita planificación colectiva, dirección política y propósito, entonces significa que la larga temporada de arrogancia neoliberal ha entrado en una profunda crisis. Y también significa que China, con su socialismo con características chinas, ya no es sólo un objeto de propaganda occidental, sino el verdadero término de confrontación que obliga a los propios estrategas del imperio a repensar los fundamentos de su poder.

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Notas:Xi Jinping, “Texto completo del informe al XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China”, 25 de octubre de 2022, en inglés. www.gov.cn.
K. Rudd, Sobre Xi Jinping: Cómo el nacionalismo marxista de Xi está dando forma a China y al mundo, Oxford University Press, Oxford-Nueva York, 2024.
A. C. Karp y N. W. Zamiska, La República Tecnológica: Poder Duro, Creencia Suave y el Futuro de Occidente, Crown Currency, Nueva York, 2025.
M. Furlan, “De Schwab a Karp: Los escribas del Apocalipsis”, 22 de mayo de 2026, en lafionda.org.
A. C. Karp y N. W. Zamiska, “Por qué Silicon Valley perdió su patriotismo”, 12 de febrero de 2025, en The Atlantic.
Penguin Random House, “Alexander C. Karp y Nicolás W. Zamiska se dispone a publicar una ‘acusación generalizada’ de Silicon Valley ante The Technological Republic”, comunicado editorial, 18 de febrero de 2025.
J. Hofer, “Reseña del libro: La República Tecnológica: Poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente”, 2025, en The Independent Review.

sábado, 11 de julio de 2026

Marx y la economía circular


Hoy en día, muchos utilizan el término "economía circular" para describir un cambio en el uso de residuos industriales sin cuestionar el modo de producción actual. Basándose en Marx, Benjamin Selwyn demuestra que este uso del término está diseñado para dar cabida a las necesidades de acumulación de la economía capitalista, más que para indicar un cambio radical en el uso de los recursos.


Por Benjamín Selwyn, Monthly Review

La economía circular, que alguna vez fue un concepto de nicho, se ha convertido en una palabra de moda, impulsada por la ansiedad climática y por políticos y empresarios ansiosos por fortalecer sus credenciales ecológicas. Se presenta como un nuevo paradigma empresarial.[1] Expresiones como “Reducir, reutilizar, reciclar” ahora están muy extendidas en todas partes.

Mientras que el modelo de negocio tradicional “lineal” se basa en: extracción → producción → uso → eliminación, la economía circular promete algo radicalmente diferente. La Fundación Ellen MacArthur, su más destacada defensora, lo define como: «un sistema en el que los materiales nunca se convierten en residuos y la naturaleza se regenera... Los productos y materiales se mantienen en circulación mediante procesos como mantenimiento, reutilización, reacondicionamiento, regeneración, reciclaje y compostaje.»[2]

La Fundación, como muchos defensores de la economía circular, la presenta como un sistema en el que todos ganan: bueno para el planeta y bueno para las ganancias corporativas. Su novedad es parte de su atractivo: una ruptura con la normalidad.

Entre estas empresas se encuentra BASF, una multinacional alemana y el mayor fabricante de productos químicos del mundo, que ha lanzado su proyecto ChemCycling. Los residuos plásticos se reciclan en una materia prima industrial, el aceite de pirólisis, que luego se reutiliza para fabricar nuevos productos plásticos. Otro ejemplo, de la industria de la moda, es el programa de retiro de Primark, en el que los clientes donan su ropa no utilizada y el minorista la recicla en materiales como aislamiento y acolchado.

Como gran parte del pensamiento ecomodernista, las concepciones dominantes de la economía circular apuntan a revivir el crecimiento capitalista en esta época de crisis ecológica. No mencionan, discuten ni buscan superar las relaciones sociales constitutivas del capitalismo –la acumulación competitiva y la explotación del trabajo por el capital– que aceleran la apropiación cada vez mayor de la naturaleza por parte del sistema. Por el contrario, los nuevos modelos de negocio se presentan como herramientas capaces de asegurar un crecimiento renovado a través de la sostenibilidad.

Sin embargo, lejos de ofrecer un nuevo escape del ataque del capitalismo a la naturaleza, Karl Marx –escribiendo hace más de 150 años– ya había identificado estrategias de producción capitalista que guardan un sorprendente parecido con la concepción actual de la economía circular. Estos conocimientos nos permiten situar el discurso y la práctica de la economía circular dentro de un camino más amplio de innovación dentro del capitalismo industrial.

En una sección del tercer volumen de El Capital titulada “Uso de los residuos de la producción”, Marx describió en detalle cómo «con el modo de producción capitalista se expanden las posibilidades de uso de los residuos de la producción y el consumo» Estos residuos incluyen residuos industriales y bienes de consumo desgastados. «En la industria química, productos auxiliares que se pierden en una organización de producción de tamaño modesto; limaduras que resultan de la fabricación mecánica y se introducen nuevamente en la producción de hierro.»[3] La competencia empuja al capital a buscar soluciones innovadoras para reducir costos, pero también requiere una inversión significativa y conocimientos científicos ya consolidados para hacer posible dicho reciclaje/reutilización:

Por supuesto, el aumento de los precios de las materias primas es el estímulo para el uso de residuos. En general, las condiciones necesarias para dicha reutilización pueden indicarse de la siguiente manera: la presencia de residuos en grandes masas, que se obtienen únicamente de la organización de trabajos a gran escala; mejora de la maquinaria, mediante la cual materiales inutilizables en su forma original pueden transformarse útilmente para nuevas producciones; avances en la ciencia, especialmente en la química, de los que depende la determinación de las propiedades útiles de los distintos residuos.[4]Además: «El ejemplo más notable en términos de uso de residuos lo ofrece la industria química. Que consume no sólo sus propias sobras, encontrándoles nuevas formas de uso, sino también las de otras industrias del más variado tipo, y por ejemplo transforma el alquitrán gaseoso, antes casi inútil, en colorantes de anilina, en alizarina y recientemente incluso en medicamentos.»[5]

Además de la reutilización de materiales por parte de la industria, también se reutilizaron prendas y tejidos viejos. Marx cita un informe del inspector de fábrica sobre la industria lanera británica:
Antes era costumbre descartar y por tanto prohibir la preparación de sobras y trapos de lana para su posterior procesamiento; pero este prejuicio ha desaparecido por completo ante el auge del comercio de mala calidad (industria de la lana artificial)… La demanda ha aumentado tanto que también se utilizan tejidos mixtos de lana y algodón, ya que se ha encontrado una forma de eliminar el algodón, sin dañar la lana; y hoy en día miles de trabajadores trabajan en la fabricación de productos de mala calidad, en gran beneficio del consumidor, que ahora puede comprar telas de buena calidad media a un precio muy moderado. [6]Marx también distinguió entre el uso y la reducción de residuos en la producción industrial: «de esta economía de residuos de producción, lograda a través de su reutilización, debemos distinguir la economía que se obtiene en la producción de los propios residuos, es decir, la minimización de los residuos de producción y la utilización inmediata, al máximo, de todas las materias primas y materiales subsidiarios que entran en producción».[7]Sin embargo, «tal resultado depende en última instancia de la calidad de la propia materia prima… de la mejora de los tratamientos a los que se somete la materia prima antes de su entrada en la fabricación».[8]

Marx concluyó su análisis sobre el uso de los residuos de producción observando que «se necesita la experiencia del trabajador combinado para descubrir y señalar cómo y dónde se puede economizar, cuáles son los medios más simples para traducir en realidad las invenciones ya realizadas, qué dificultades prácticas deben superarse para realizar la teoría – es decir, hacerla aplicada en el proceso productivo»[9]

¿Cuál es la importancia de la identificación que hace Marx de la dinámica de la economía circular en la industria capitalista temprana? En primer lugar, esto refuta muchas de las afirmaciones sobre la novedad de la economía circular. En segundo lugar, destaca la relativa flexibilidad de la acumulación capitalista donde, a través de innovaciones competitivas, los residuos se convierten en un recurso productivo. Marx enfatiza las enormes inversiones -por parte de los capitalistas individuales en sus fábricas y del Estado en el apoyo a la investigación científica- necesarias para que tal dinámica ocurra. Por último, destaca cómo, si bien muchas de estas innovaciones surgen del ingenio de los trabajadores, estos últimos no se benefician en absoluto de ellas. Más profundamente, Marx dejó claro que si bien las innovaciones industriales generan dinámicas de "economía circular", la continua expansión del capitalismo conduce a un uso cada vez mayor de los recursos. En el contexto de la acumulación competitiva, las ganancias se garantizan mediante la explotación del trabajo y la expropiación de la naturaleza como «fuerza libre» del capital.[10]

El análisis que Marx hace de estas dinámicas como partes integrales de la innovación y la expansión capitalistas nos advierte contra el aumento de nuestras esperanzas de una verdadera sostenibilidad ambiental en la economía circular. De hecho, si bien el interés en la economía circular se ha disparado en la última década, la destrucción del medio ambiente natural por parte del capitalismo también ha aumentado, a través del uso creciente de recursos. La huella material mundial –es decir, las materias primas extraídas para el consumo final– aumentó un 113%, de 43 mil millones a 92 mil millones de toneladas entre 1990 y 2017, y se espera que alcance los 190 mil millones de toneladas en 2060.[11]

Según el Informe sobre la brecha de circularidad entre 2018 y 2023, la proporción de materiales primarios [de primer uso] que ingresaron a la economía mundial aumentó, mientras que la proporción de materiales secundarios (reciclados) cayó del 9,1% al 7,2%.[12] ¿Significa esto que todas las concepciones de la economía circular son miopes (presentándola como algo nuevo cuando no lo es) o apologéticas (promoviendo la perpetuación de la competencia capitalista)? No necesariamente.

Aunque el desarrollo tecnológico bajo el capitalismo está diseñado para facilitar la acumulación expansiva, Andrea Genovese y Mario Pansera identifican un enfoque ecosocialista alternativo a las innovaciones tecnológicas.[13]

Las concepciones dominantes de la economía circular suponen que el ingenio productivo de los trabajadores se convierte en propiedad privada de sus empleadores. Un enfoque ecosocialista sitúa la democracia económica –cuestiones de quién es dueño de qué, quién hace qué y quién obtiene qué– en el centro de su análisis.

El concepto de instrumentos de convivencia indica que el desarrollo tecnológico debe ser diseñado por los trabajadores y para los trabajadores y debe estar orientado a mejorar las relaciones sociales humanas (facilitando el trabajo y reduciendo la jornada laboral), en lugar de apoyar la acumulación competitiva. Debería ser de libre acceso (código abierto) y construirse para durar (eliminando la obsolescencia programada). Debería basarse en la bioextracción: sistemas de producción diseñados para facilitar la reproducción de los ciclos restauradores de la naturaleza (como un sistema alimentario cada vez más basado en plantas).[14]

Al reducir, y en última instancia eliminar, [el proceso de] extracción-producción-consumo-eliminación/residuos impuesto por la acumulación competitiva, sería posible planificar racionalmente la producción para satisfacer las necesidades humanas y ambientales de nuestro planeta.


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Notas:
Mattias Lindahl and Carl Dalhammar, The Circular Economy: Towards a New Business Paradigm with Support from Public Policy, Stockholm Environment Institute, May 2022, sei.org.
What Is the Meaning of a Circular Economy and What Are the Main Principles?, Ellen MacArthur Foundation, s.d., ellenmacarthurfoundation.org.
Karl Marx and Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, International Publishers, New York 1975, p. 103; Karl Marx, Il Capitale, Libro terzo, in Marx Engels, Opere, vol. 32, Edizioni Lotta Comunista, Sesto San Giovanni (MI) 2022, p. 132.
Karl Marx e Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, op. cit., p. 103;
Karl Marx e Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, op. cit., vol. 37, p. 104;
Reports of Insp. of Factories, Oct. 1863, citato in Karl Marx e Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, op. cit., vol. 37, p. 104; tr. it., Karl Marx, Il Capitale, Libro terzo, op. cit., pp. 133-134.
Karl Marx e Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, op. cit., p. 104;
Karl Marx e Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, op. cit., pp. 104-105;
Karl Marx e Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, op. cit., pp. 106;
Karl Marx e Friedrich Engels, Collected Works, vol. 37, op. cit., pp. 732-737
UN Statistics Division, Sustainable Development Goal 12: Responsible Consumption and Production, s.d., unstats.un.org.
The Circularity Gap Report, Circle Economy, 2023, p. 9.
Andrea Genovese e Mario Pansera, The Circular Economy at a Crossroads: Technocratic Eco-Modernism or Convivial Technology for Social Revolution?, in “Capitalism Nature Socialism”, 32, n. 2, 2021, pp. 95-113.
Benjamin Selwyn and Charis Davis, The Case for Socialist Veganism: A Political-Economic Approach, “Monthly Review”, 75, n.9, February 2024, pp. 36-51