"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR
Fidel
domingo, 29 de noviembre de 2020
Esclarece vicepresidente cubano conceptos y estrategias en la contextualización del nuevo modelo económico en el país
sábado, 28 de noviembre de 2020
El "testamento" político de Friedrich Engels. 200 aniversario de su natalicio
Hoy se cumplen 200 años del natalicio
de Federico Engels, el 2do violín según se autocalifico después de Marx.
Un hombre proveniente de familia rica, con gran pragmatismo en su actuar, tanto en la vida privada como pública, poseedor de una amplia cultura y gran poder de análisis para desentrañar las esencias de la sociedad y la naturaleza, con esto le bastaba para ser una figura de primer nivel independientemente de Marx.
Sus obras en solitario , como Dialéctica de la Naturaleza, Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico, el conocido como el Anti-Dühring y El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, por solo mencionar cuatro de las más importantes, según mi criterio, lamentablemente no han sido suficientemente estudiadas "concienzudamente" como les gustaba decir a ambos clásicos.
Es seguro que, con tal análisis, nos hubiéramos ahorrado errores y experimentos fallidos en la construcción socialista. Teníamos todo el conocimiento antes que todos para lograrlo, y no lo hemos aprovechado. Profundizar en el proceso que explica Engels en el Socialismo Utópico...de cómo se hace y lo más importante, qué condiciones deben existir para transformar y construir el socialismo, nos hubiera ahorrado con ello, por decirlo suave, las marchas y contramarchas realizadas como si se tratara de un "experimento" de laboratorio, en el cual además caminábamos a tientas, y no teniendo en cuenta que se trataba y trata de una evolución compleja y multisistémica que constituye la sociedad y su desarrollo.
Aceptar hoy en día como válidas, muchas cosas que se negaban y se consideraban inadmisibles hasta apenas 30 años, es prueba de esa falta de rigor apuntada.
Engels como hombre de su tiempo y de todos los tiempos, nos invita a releerlo, estudiarlo y atemperarlo a nuestros días., y complementarlo con la experiencia de los intentos de la puesta en prácticas de los socialismos, incluyendo sobre todo el nuestro y lo que podamos aprovechar del capitalismo como pedía necesariamente Lenin.
Hagámoslo, en ello las ciencias
sociales pueden ayudar a nuestro gobierno a trazar la mejor de las estrategias.
No es crear teorías para complacer a nadie, es señalar el camino correcto y
viable de la construcción socialista en nuestro país desde el conocimiento cientifico, es “montarnos en el tren”
pensando en el presente y las futuras generaciones.
P.D He publicado hoy cuatro artículos para acercarnos al gigante del pensamiento que fue Engels.
Michael R. Krätke , Sin Permiso
17/11/2020
Cualquiera que haya sido puesto a prueba por su lealtad a la constitución en los años 70 y siguientes en la antigua República Federal y haya sido sospechoso de ser un "enemigo de la constitución" probablemente se acordará del "último Engels". Desear un orden económico y social diferente está permitido en la constitución; el derrocamiento violento del orden político no. Como joven de izquierda uno podía remitirse al "último Engels" para pasar como amigo de la constitución, aunque con opiniones radicales.
Con el "último Engels"
se hace referencia, ante todo, a un texto que Friedrich Engels escribió a
principios de 1895, pocos meses antes de su muerte: una introducción a la nueva
edición de "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850" de Karl
Marx. Casualmente, este fue el último gran texto que escribió y publicó antes
de su muerte. No pretendía ser su "testamento político". Recibió este
dudoso estatus por una serie de coincidencias.
Engels nunca había estado tan
cerca del SPD y sus partidos hermanos europeos como en los últimos cinco años
de su vida. Sin Engels, difícilmente hubiera sido posible -contrariamente a lo
esperado- la exitosa refundación de una Internacional de partidos socialistas y
socialdemócratas en el verano de 1889. En los primeros años de la llamada
"segunda" Internacional, antes de que existiera una organización
formal y un buró conjunto en Bruselas, muchos de los contactos entre los
partidos socialistas de Europa y América del Norte pasaban por Engels. Mantenía
correspondencia con todos los que tenían rango y nombre en el movimiento
socialista, con Kautsky, con Bernstein, con August Bebel y otros miembros del
ejecutivo del SPD, con Viktor Adler, con Domela Nieuwenhuis, con Filippo
Turati, con Pablo Iglesias, con Paul Lafargue y muchos otros.
En 1890 cayó la Ley Socialista
(Sozialistengesetz), y el SPD pudo operar legalmente de nuevo en el Reich
alemán. Engels estaba entusiasmado. Vio el comienzo de una nueva época política
en Alemania, que requería un lenguaje político diferente y una estrategia y
táctica políticas diferente. Con el congreso del partido de Erfurt de 1891,
logró una obra maestra: por primera vez, un partido de masas europeo con
cientos de miles de miembros y votantes, el SPD, había adoptado un programa
decididamente socialista que estaba claramente determinado por el
"socialismo científico" de Marx y Engels. Engels consideraba al SPD
como el centro, el núcleo central más importante del movimiento obrero europeo
e internacional; por lo tanto, le dedicó toda su atención. Para atraer a
socialistas y marxistas, era necesario no sólo completar el tan esperado tercer
volumen de El Capital, sino también reeditar muchos de los escritos
marxistas que estaban agotados y eran apenas conocidos.
Las luchas de clases en Francia
de Marx
Por eso estuvo encantado cuando
Richard Fischer, el director de la editorial del Vorwärts, le
preguntó si estaba dispuesto a publicar una edición separada de la serie de
artículos de Marx, originalmente titulada "1848 a 1849" en la Neue
Rheinische Zeitung. Politisch ökonomische Revue y escribir un prólogo.
Engels estuvo de acuerdo y escribió el texto, una introducción extensa en lugar
de un breve prefacio, entre el 14 de febrero y el 8 de marzo de 1895. Para la
reedición de los tres artículos originales en la Revue. Mai bis Oktober
1850, que había escrito junto con Marx, elaboró una cuarta parte y la
incluyó al final. El resultado fue, como escribió a Richard Fischer, un
"capítulo correcto y decente" y una "conclusión objetiva del
conjunto, sin la cual permanecería como un fragmento"(1). Propuso para
este texto el título que se usa hoy en día, "Las luchas de clases en
Francia de 1848 a 1850" (2). Bajo este título también se publicó en abril
de 1895 como un folleto con la introducción de Engels, en una edición de 3.000 ejemplares.
A principios de diciembre de
1894, el Canciller del Reich, el Príncipe von Hohenlohe-Schillingfürst,
introdujo un nuevo proyecto de ley contra la subversión (Umsturzvorlage) en el
Reichstag, dirigido contra la agitación socialdemócrata. En consecuencia, la
dirección del SPD reaccionó nerviosamente a todo lo que pudiera aumentar el
peligro de una nueva edición de la Ley Socialista. Engels estaba dispuesto a
ceder a las propuestas de cambio del ejecutivo del partido. Consideró que
algunas de ellas eran exageradas, y advirtió que no se debían subordinar por
puro miedo a una línea de "legalidad absoluta, legalidad a cualquier
precio", incluso frente a violaciones claras de la constitución y a actos
de golpe de estado; nadie creía en tales declaraciones. Se quejó a Kautsky de
que su texto había "sufrido bastante por las temibles reservas de nuestros
amigos de Berlín sobre el golpe, que tuve que tener en cuenta dadas las
circunstancias" (3). Wilhelm Liebknecht, sin embargo, cogió el texto de
Engels, lo adaptó por su cuenta y lo publicó en Vorwärts. Engels
protestó firmemente contra esta versión no autorizada y abreviada de su texto:
el texto fue "tan recortado que parezco un pacífico adorador de la
ley quand même" (4). Kautsky se aseguró de que la introducción
de Engels, en la versión que autorizó, también se publicara en la Neue
Zeit. Así, en muy poco tiempo, se distribuyó ampliamente entre la opinión
pública socialista internacional (5).
Así pues, había tres versiones
del texto de Engels: la versión original, la versión editada, en la que se
habían suprimido algunos pasajes con el conocimiento y el consentimiento de
Engels, y la versión no autorizada, recortada, de Wilhelm Liebknecht. El asunto
se volvió explosivo cuando, después de la muerte de Engels, su introducción fue
citada por algunos partidarios del revisionismo como prueba de que incluso
Engels, en sus días de vejez, se había despedido de las fantasías
revolucionarias de su juventud. Kautsky y otros estaban en desacuerdo con esta
osada interpretación, que sólo podía basarse en el recorte de Liebknecht, pero
no en el texto publicado con el consentimiento de Engels. La disputa volvió a
estallar cuando David Riazanov, el director del Instituto Marx-Engels de Moscú,
encontró el manuscrito original en el legado de Engels y lo publicó en 1925.
Esto permitió reconstruir las partes suprimidas que el mismo Engels había hecho
o, en parte, aceptado a regañadientes (6). Sin embargo, las críticas que los
revisionistas del SPD habían falseado deliberadamente de las palabras de
Engels, pudieron ser fácilmente refutadas por Kautsky (7).
Engels después de Marx
¿Cómo pudo un texto relativamente
corto de Engels convertirse en la manzana de la discordia? En 1895 el viejo
Engels era una leyenda, el puente viviente hacia Marx, el único que, a pesar de
su "impertinente modestia", podía hablar con plena autoridad en
nombre de Marx, la instancia suprema en asuntos de "marxismo", que
sin él no hubieran existido (8). Desde el verano de 1844 había sido el más
estrecho amigo y colaborador de Marx, ambos habían perseguido muchos proyectos
juntos hasta el final. El gestor y capitalista, el erudito privado sin título
académico se había formado un gran nombre como escritor y periodista. El
"General", como lo llamaban sus amigos, era considerado una autoridad
destacada en todo lo militar (9). Pero se veía sobre todo como albacea de su
amigo fallecido, y la publicación de los volúmenes segundo y tercero de El
Capital (1885 y 1894) como su trabajo más importante. Dado que no
había un texto comparablemente extenso de los escritos de Marx sobre política y
estado, fue Engels quien, en su extensa correspondencia y en muchos pequeños
textos, a menudo introducciones a nuevas ediciones de viejos escritos de Marx y
de él mismo, contribuyó decisivamente para aclarar cuestiones centrales del
movimiento socialista en Europa.
La introducción de Engels de 1895
Inicialmente este texto no
trataba en absoluto de política, sino de ciencia: la serie de artículos de Marx
fue la prueba de fuego, el primer intento "de explicar, a partir de una
situación económica determinada, una parte de la historia contemporánea
mediante su [es decir, marxista] modo materialista". Aquí se trataba de
“demostrar la relación causa-efecto interna de un proceso de varios años, tanto
crítico como típico para toda Europa… es decir, atribuir los acontecimientos
políticos a los efectos de causas, en última instancia, económicas (10). Esto
no era fácil, porque "una visión clara de la historia económica de un
período determinado nunca se consigue de forma simultánea, sólo puede obtenerse
retrospectivamente, después de que el material se haya recogido y
examinado". En consecuencia, para Engels, el "método
materialista" debía limitarse a los análisis históricos contemporáneos.
Difícilmente se puede superar la evidencia de que los "conflictos
políticos" están relacionados con "conflictos de interés de las
clases sociales y fracciones de clase determinadas por el desarrollo
económico" y los actores políticos (como los partidos) son la
"expresión más o menos adecuada de estas... clases y fracciones de
clase". Gracias a su conocimiento preciso de la historia económica y
política de Francia, Marx había logrado dar "una descripción de los
acontecimientos que revela su coherencia interna de una manera que nunca antes
se había logrado" (11). Engels se refería a la posterior obra de Marx,
el 18º Brumario de Luis Bonaparte de 1852, en el que continuó
este análisis del curso de los acontecimientos hasta el golpe de Estado de
Napoleón III y la caída de la Segunda República francesa (12).
El análisis de la historia
contemporánea no es una teoría general, sólo tiene una validez histórica
limitada. Engels expuso, de forma totalmente autocrítica, la perspectiva
histórica que Marx y él compartían en 1850. Como los demócratas radicales y
comunistas que eran, tenían la historia de la Revolución Francesa en sus
mentes. Estaban completamente hechizados por este gran modelo y esperaban que
la revolución europea, que comenzó con la Revolución de febrero de 1848 en París,
siguiera un curso muy similar. Estaban completamente equivocados. Engels quiso
explicar a los lectores de 1895 por qué "en aquella época estábamos
autorizados a contar con una victoria inminente y definitiva del proletariado,
por qué no se produjo y en qué medida los acontecimientos contribuyeron a que
hoy viéramos las cosas de manera diferente a como las veíamos entonces"
(13). En el otoño de 1850 habían comprendido que el período revolucionario
había terminado; pero esperaban una continuación, una nueva ola de revolución
en la línea de la anterior, desencadenada por una nueva "crisis económica
mundial" (14).
Pero, continuó Engels, "la
historia no nos ha dado la razón, a nosotros y a todos los que pensaban de
manera similar" (15). En 1848, el estado de desarrollo económico en
Europa, especialmente industrial, estaba lejos de estar tan avanzado en ese
momento como ellos pensaban. El rápido desarrollo del capitalismo industrial
que tuvo lugar después de 1848, la revolución económica y sobre todo industrial
que se extendió por todo el continente europeo, demostró que el capitalismo
moderno estaba lejos de estar al final de su desarrollo, más bien se encontraba
al principio. El desarrollo hacia las formas políticas modernas, hacia el
estado nacional y la república, también estaba lejos de ser completo. El breve
episodio de la Comuna de París de 1871 demostró una vez más como de imposible
era el dominio de la clase obrera en Europa por entonces (16).
Por consiguiente, estaba claro
para Engels que "el modo de lucha de 1848 está hoy anticuado en todos los
aspectos", especialmente la "rebelión a la vieja usanza, las luchas
callejeras (Straβenkampf) con barricadas, que se producían por todas partes
hasta 1848"; las condiciones completamente cambiadas permitían y requerían
hoy un "modo de lucha del proletariado totalmente nuevo" (17). Los
modelos de 1789, 1830 y 1848 ya no servían como orientación (18).
La nueva estrategia y táctica.
¿Cómo vencerá la socialdemocracia?
En sólo unas pocas páginas,
Engels desarrolló la estrategia que hoy, con Gramsci, llamaríamos "guerra
de posiciones" (Stellungskrieg), la estrategia de una lenta conquista del
poder, parte por parte, posición a posición, con tiempo por delante (19). Esta
estrategia se hizo posible y necesaria porque se juntaron algunos elementos
nuevos: el ascenso de los partidos socialistas de masas, la introducción del
sufragio universal (masculino) en diferentes países europeos y los cambios en
la tecnología militar. Para Engels era crucial el hecho de que los partidos
obreros habían aprendido a utilizar el sufragio universal, a participar en las
elecciones a todos los niveles, en los parlamentos nacionales, en los
"parlamentos estatales, consejos locales, tribunales laborales", a
dirigir campañas electorales, a "disputar cualquier puesto" a la
burguesía, a hacerse oír en la opinión pública política con sus propios órganos
de prensa, también a utilizar el parlamento para trabajar en la opinión pública
política, en resumen, a llevar a cabo luchas políticas legalmente, dentro del
marco de las leyes y la constitución. Engels confió en que los grandes partidos
obreros desarrollarían esta estrategia cada vez más, todos los socialistas
aprenderían que el "trabajo largo y perseverante", el "trabajo
lento de la propaganda", la continua "actividad parlamentaria"
serían necesarios para alcanzar el objetivo. Esta prolongada labor era
necesaria porque la revolución socialista no podía ser una sorpresa, una toma
del poder por una pequeña minoría "a la cabeza de masas inconscientes",
sino una gran revolución, el “completo cambio radical de la organización
social". Aquí "las masas" (es decir, en primera línea, la clase
obrera) debían participar activamente, y por lo tanto habrían comprendido por
sí mismas de qué tipo de revolución se trata; finalmente debían llevarla a cabo
(20).
Engels se opuso claramente a las
tácticas dirigidas a la toma del poder mediante insurrección o golpe de estado,
y de ninguna manera sólo por razones militares. También le preocupaba el
argumento ético y moral contra una táctica que tomara la masa de trabajadores
sólo como infantería y carne de cañón de la revolución. De todos modos, en el
estado actual de la tecnología militar, los intentos de insurrección tendrían
pocas posibilidades de éxito, en tanto el ejército estuviera intacto y los
soldados obedecieran a sus oficiales. Advirtió a todos los partidos socialistas
que no se dejaran convencer para provocar actos violentos o lo que sólo podría
terminar en derrotas sangrientas, en derramamiento de sangre como en París en
1871, que haría retroceder décadas el movimiento obrero. Las organizaciones de
masas socialistas, el movimiento obrero, como mejor se conducen es cuando se
mueven dentro del marco legal, usan sus derechos sabiamente y construyen sus
posiciones en el estado y la sociedad paso a paso. La "tarea
principal" del SPD en particular es mantenerse intacto, que el movimiento
y sus organizaciones de masas se cuenten por millones, no dejar que se desgaste
en escaramuzas, continuar el crecimiento de su propio poder político con medios
legales y pacíficos hasta que haya crecido "el poder decisivo del
país", un poder que "crece por encima del sistema político
existente" (21). Engels dejó aquí abierto lo que sucedería si el
movimiento socialista de la clase trabajadora se convirtiera un día en el poder
más grande en el estado. Terminó su introducción con una analogía histórica y
se refirió al ascenso de los cristianos en el Imperio Romano, de ser una secta
a ser la religión del estado (22). Hay que destacar esta analogía, porque
muestra muy claramente que Engels imaginó la lucha política de la
socialdemocracia como una lucha prolongada por la hegemonía en el estado y la
sociedad. Al final, el movimiento obrero ganaría porque sus pensamientos, sus
valores, sus objetivos serían los pensamientos, valores y objetivos dominantes.
En los pasajes borrados de su
manuscrito, también habló de un posible futuro de Straβenkämpfen:
todavía podrían ocurrir, pero las condiciones serían mucho menos favorables que
antes. Algo muy diferente a eso era crucial: si el movimiento socialista
continuaba creciendo como lo había hecho hasta ahora, entonces, en un futuro
previsible, la mayoría de los soldados de leva consistirían, en gran mayoría,
en jóvenes socialistas, y por lo tanto ya no serían utilizables contra su
propio pueblo. Por supuesto, Engels, como buen demócrata, no renunciaba al
derecho a resistir en situaciones que consideraba probables: violaciones
abiertas de la constitución, golpes de estado por parte de los poderes
dominantes, que no veían otra manera de controlar el exitoso movimiento legal
de masas de los socialistas. Pero mejor no hablar hoy de lo que uno habría
hecho entonces (23).
El "revisionismo" de
Engels: ¿Cambió Engels su concepción política?
Esta era la opinión de muchos que
consideraban a Engels y especialmente a Marx como revolucionarios peligrosos.
Los partidarios en el SPD de la táctica de quedarse quieto y esperar se
sintieron confirmados. Sin embargo, Engels subrayó que consideraba que las
tácticas pacíficas y legales de las campañas electorales y la labor
parlamentaria sólo eran útiles para ciertos países y en ciertas condiciones
(24). Por supuesto, sólo entonces y únicamente allí donde había sufragio
universal y donde las reglas democráticas del juego fueran respetadas por los
poderes dominantes. Pero eso no lo harían siempre, Engels estaba convencido de
ello. La estrategia de Stellungskriegs y las tácticas de
acción legal y pacífica, según las reglas de juego democráticas, llegarían a su
fin porque los gobernantes recurrirían a la violencia mucho antes de que el
partido socialista pudiera lograr una mayoría y llegar legalmente al poder. Y
esto los conduciría "del terreno de la mayoría de los votos al terreno de
la revolución" (25).
Esta posición no era nueva. Las revoluciones
pacíficas, de forma legal y democrática, eran probablemente concebibles en
algunos países (Francia, EE.UU., Gran Bretaña), había escrito Engels en 1891.
En los países "donde la representación del pueblo concentra todo el poder
en sí mismo, donde se puede hacer lo que se quiera de forma constitucional tan
pronto como se tenga a la mayoría del pueblo detrás de sí" (26). Marx
había dicho públicamente exactamente lo mismo en Ámsterdam en 1872: en algunos
países como los EE.UU., Gran Bretaña, tal vez también Holanda, es posible que
"los trabajadores puedan alcanzar su objetivo por medios pacíficos";
esto depende de las "instituciones... costumbres y tradiciones de los
diferentes países" (27). Y veinte años antes, en 1852, Marx había escrito
que la implantación del sufragio universal en Inglaterra sería un "logro
de contenido socialista" porque conduciría inevitablemente a un
"gobierno político de la clase obrera" (28).
Tanto Marx como Engels estaban
convencidos de que la república democrática era la más alta y última forma
política de la sociedad burguesa, a la que se podía combatir definitivamente en
la moderna lucha de clases. Está claro, dijo Engels en 1891, "que nuestro
partido y la clase obrera sólo pueden llegar al poder bajo la forma de la república
democrática" (29). En su texto de 1895, Engels elogió el enorme progreso
que tanto el partido como el mismo movimiento socialdemócrata habían sido
capaces de llevar a cabo bajo las restrictivas condiciones del aún entonces
Imperio Alemán. ¡Qué avances no habrían logrado en las condiciones de una
república democrática! Tanto Engels como Marx se habían opuesto repetida y
firmemente a las frases y jugueteos revolucionarios; este fue el núcleo de sus
discusiones con los anarquistas.
No hay ruptura entre el viejo
Engels, asesor de un movimiento internacional de masas que ya era una potencia
en Europa, y el joven revolucionario que participó en el levantamiento de Baden
de 1848/49. Ambos, tanto el viejo como el joven, insisten en el histórico
"derecho a la revolución", ya que todos los estados del presente (así
como del pasado) han surgido de revoluciones. Bismarck fue, como Robespierre,
un revolucionario; nuevas formas políticas pueden surgir de "revoluciones
desde abajo" así como de "revoluciones desde arriba". Todo
pueblo tiene derecho a cambiar la forma de estado y de gobierno, de dotarse de
una nueva constitución o de otra república, e incluso pretender e instaurar una
nueva forma de democracia política. Tanto el viejo como el joven Engels
insisten en el primordial "derecho a la resistencia" democrática
contra los actos violentos de los respectivos gobernantes. Y tanto el joven
como el viejo se vuelven decididamente contra los "alquimistas de la
revolución" que juegan con el levantamiento y con las vidas de decenas de
miles. Incluso la huelga general, una de las ideas favoritas de los
anarquistas, fue considerada un disparate por el viejo Engels.
Notas
1. Friedrich Engels, Carta a
Richard Fischer del 13 de febrero de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 410.
2. En 1850, mientras estaban en
el exilio británico, Marx y Engels habían iniciado inmediatamente un nuevo
proyecto de revista, la continuación de la Neue Rheinische Zeitung, esta vez
como una revista político-económica. En cada número analizaban y comentaban los
principales acontecimientos económicos y políticos de los meses anteriores.
3. Friedrich Engels, Carta a
Richard Fischer del 8 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 424; Friedrich
Engels, Carta a Karl Kautsky del 25 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 446.
4. Friedrich Engels, Carta a Karl
Kautsky del 1 de abril de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 452.
5.La introducción de Engels tuvo
un efecto directo en los debates durante la segunda discusión del proyecto de
ley de subversión en el Reichstag. Los parlamentarios liberales como Theodor
Barth lo citaron como prueba de que la socialdemocracia de hoy no sigue ninguna
"política de violencia". En los discursos del Reichstag, Ignaz Auer y
August Bebel también se refirieron con aprobación al texto de Engels y lo
citaron (véase Informes taquigráficos sobre las negociaciones del Reichstag.
novena legislatura, tercer período de sesiones, 1894/1895, volumen 1, Berlín
1895, págs. 2143, 2149/2150, 2227). El proyecto de ley fue rechazado.
6. En la edición de MEW, los
pasajes eliminados se indican en el texto mediante corchetes angulares.
7.Karl Kautsky, El testamento
político de Engels, en: Der Kampf, vol. 18, 1925, no. 12, pp. 472 - 478.
8. Sin embargo, Engels no estaba
en absoluto contento con el término "marxismo" inventado por los
bakuninistas y otros oponentes de Marx. Sabía muy bien que Marx se había
resistido fuertemente a ser visto como un "marxista".
9.Cf. por ejemplo su folleto de
1893 "¿Puede Europa desarmarse?" (en: MEW Vol. 22, pp. 371 - 399).
10. Friedrich Engels, Introducción
[a "Klassenkämpfe in Frankreich 1848 bis 1850" de Karl Marx], en: MEW
Vol. 22, p. 509.
11.Friedrich Engels, ibíd., págs.
509, 510. Se puede ver que Engels, a diferencia de los filósofos marxistas, vio
la prueba de la utilidad de la nueva teoría no en las reflexiones generales
sobre el concepto de práctica o historia, sino en las investigaciones empíricas
e históricas (contemporáneas) de las luchas políticas y sociales reales en los
países capitalistas. La falta total de tales investigaciones históricas
contemporáneas, combinada con la simultánea abundancia de reflexiones puramente
filosóficas sobre la teoría marxista como tal, es la carencia básica de todos
los "marxismos" actuales.
12.Friedrich Engels, ibíd., pág.
511.
13.Friedrich Engels, Carta a Paul
Lafargue del 26 de febrero de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 412.
14.cf. Friedrich Engels,
Introducción ..., p. 513. Desde la crisis económica mundial de 1857/58, Marx y
Engels vieron la conexión entre crisis económica y revolución con creciente
escepticismo.
15. Friedrich Engels,
Introducción [a Karl Marx "Luchas de clases en Francia 1848 a 1850"],
en: MEW Vol. 22, S. 515.
16. Cf. Engels, ibid., pp. 516,
517.
17.Engels, ibíd., págs. 513, 519.
18. "La era de las
barricadas y las peleas callejeras se ha acabado para siempre... Así que uno
está obligado a encontrar una nueva táctica revolucionaria. He estado pensando
en esto durante algún tiempo, pero aún no he llegado a ninguna
conclusión", escribió Engels a Paul Lafargue en 1892 (Friedrich Engels, Carta
a Paul Lafargue del 3 de noviembre de 1892, en: MEW Vol. 38, p. 505).
19. La distinción entre
"guerra de posiciones" y "guerra de movimiento", que hoy en
día se asocia con el nombre de Gramsci, había sido décadas antes desarrollada
por Engels y otros. Gramsci es muy poco original en este sentido (como en
muchos otros).
20. Friedrich Engels,
Introducción [a Karl Marx "Klassenkämpfe in Frankreich 1848 bis
1850"], en: MEW Vol. 22, p. 519, 523.
21.Engels, ibíd., págs. 523, 524,
525 y ss.
22. Engels, ibíd., págs. 526,
527. En una carta privada, sin embargo, habló del momento "en que seríamos
lo suficientemente fuertes para dar el paso a la legislación positiva",
por lo que no descartó en absoluto una labor parlamentaria y legislativa (véase
Friedrich Engels, Carta a Edouard Vaillaint de 5 de marzo de 1895, en: MEW Vol.
39, pág. 420).
23. Cf. Engels, ibíd., págs. 522,
525, 526.
24." Predico esta táctica
solo para la Alemania actual, y con no pocas considerables reservas. Para
Francia, Bélgica, Italia, Austria, esta táctica no sirve en su totalidad, y
para Alemania puede llegar a ser inaplicable mañana mismo" (Friedrich
Engels, Carta a Paul Lafargue del 3 de abril de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 458).
25. Friedrich Engels, Respuesta
al Honorable Giovanni Bovio, en: MEW Vol. 22, p. 580. En su artículo "Der
Sozialismus in Deutschland" (El socialismo en Alemania), que apareció en
1892 en la Neue Zeit, había expresado esta expectativa de manera inequívoca:
Los "burgueses y su gobierno" serán los primeros en violar la ley y
el derecho en el Reich alemán para detener el ascenso de la socialdemocracia:
"Sin duda, dispararán primero" (Friedrich Engels, Der Sozialismus in
Deutschland, en: MEW Vol. 22, p. 251).
26. Friedrich Engels, Zur Kritik
des sozialdemokratischen Programmentwurfs, en: MEW Vol. 22, p. 234.
27.Karl Marx, Discurso sobre el
Congreso de La Haya, en: MEW Vol. 18, p. 160.
28.Karl Marx, Los Cartistas, en:
MEW vol. 8, p. 344.
29. Friedrich Engels, Zur Kritik
des sozialdemokratischen Programmentwurfs, en: MEW Bd. 22, S. 235.
Michael R. Krätke es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, profesor de economía política en la Universidad de Lancaster y colaborador asiduo de Der Freitag. Meses atrás publicó el libro "Friedrich Engels oder: Wie ein Cotton-Lord" den Marxismus erfand (Friedrich Engels o cómo un "señor del algodón" inventó el marxismo) en la editorial Karl Dietz de Berlin.
Fuente:
www.researchgate.net/publication/331498100_Friedrich_Engels'_politisches_Testament
Traducción:
Jaume Raventós
FEDERICO ENGELS, “EL GENERAL”. 200 aniversario de su natalicio .
Por Gustavo Placer Cervera
Presentación, Estudio introductorio, Traducción, Notas y Selección de Imágenes
UNA APROXIMACIÓN A SU OBRA COMO HISTORIADOR Y TEÓRICO MILITAR
PRESENTACIÓN
Engels fue un hombre de
múltiples facetas. Durante más de veinte años se ganó la vida como comerciante
en Inglaterra y contribuía significativamente al sostenimiento de la familia de
su entrañable amigo Marx. Al mismo tiempo, escribía con regularidad artículos
para el New York Daily Tribune y
otros periódicos de los Estados Unidos y de Europa sobre los más diversos
tópicos y mantenía una correspondencia asidua con Marx en la que discutían,
hasta el detalle, asuntos de política, economía y filosofía. Escribió numerosos
libros y folletos
Engels se mantenía en
permanente contacto con revolucionarios de muchos países. Poseía una vasta
cultura y podía leer y comunicarse en varios idiomas.
Entre los temas a los
cuales Federico Engels dedicó una especial atención están el Arte Militar y
Estas líneas están
dedicadas a estudiar esta significativa faceta del genial pensador y dirigente
revolucionario la cual, aunque conocida, es quizás de las menos divulgadas.
Este trabajo está
estructurado en tres partes. La primera de ellas, titulada La obra de Federico Engels en la Historia y Teoría Militar es un
ensayo histórico en el que, siguiendo un orden cronológico, nos acercaremos a
la formación y desarrollo de Federico Engels como historiador, cronista,
analista y teórico militar, a partir de sus primeras experiencias en el
servicio militar, continuando como combatiente de línea en la insurrección de
1848-1849 en Alemania, sus estudios de la historia y teoría militares y sus
escritos en estas esferas a través de casi cinco décadas.
En la segunda parte de aparecen,
traducidos al español, cinco de los más de 60 artículos de contenido militar
escritos por Engels en inglés para la The New American Cyclopaedia (La Nueva Enciclopedia Americana) entre
1857 y 1861. Dada su importancia y representatividad se han seleccionado los ensayos
Ejército,
Artillería,
Fortificaciones,
Infantería
y Marina
de Guerra, expuestos en el mismo orden en que fueron publicados
siguiendo el alfabeto inglés (Army, Artillery, Fortification, Infantry, Navy). A los textos originales se le han
añadido notas aclaratorias e imágenes.
En la tercera parte se exponen,
como anexos:
- La carta de Federico
Engels a Jenny Marx de fecha 25 de julio de 1849 en la cual se refiere a
sus experiencias combativas
- La carta de Federico
Engels a Joseph Weydemayer de fecha 19 de Junio de 1851 en la cual expone
su propósito de estudiar a fondo la historia y ciencia militar, sus
objetivos y metodología.
- Una relación de los escritos de contenido militar escritos por Engels a través de vida y que han sido ubicados por el autor de estas líneas en la colección de obras publicadas en inglés por la Editorial Progreso de Moscú (URSS) bajo el título de MARX, Karl y ENGELS, Friedrich: COLLECTED WORKS, Progress Publishers, Moscow, 50 Vol., 1975-1986.
Sirvan estas líneas como
modesto homenaje a Federico Engels en el año en que se cumplen 200 años de su
nacimiento, ocurrido el 28 de noviembre de 1820 en Barmen, Alemania y 125 de su
fallecimiento, el 5 de agosto de 1895,
en Londres, Inglaterra.
Gustavo Placer Cervera
La Habana, Noviembre
de 2020
A fines de 1841, próximo a
cumplir 21 años de edad, marchó Engels a Berlín para cumplir, por un año, su servicio
militar. Fue asignado, como voluntario, a la 12ª Compañía de Guardia de
artillería de sitio la cual tenía su cuartel en
Engels no estaba de ninguna
manera feliz con el hecho de tener que servir en el ejército de la monarquía
prusiana, a la cual detestaba. Así, de la misma manera que esquivaba la
asistencia mensual a misa evadía, en todo lo que podía, la rígida instrucción militar prusiana, para
lo cual no vaciló inclusive en fingir en una ocasión un fuerte dolor de muelas
para no participar en una marcha nocturna, según le confesó en una carta a su
hermana María[iii]. No
obstante, asimiló conocimientos
militares y fue ascendido a bombardier[iv].
Engels aprovechó su
estancia en Berlín para asistir, en calidad de oyente, a clases en
A comienzos de Octubre de
1842, terminado su servicio militar, Engels regresó a su ciudad natal y con
posterioridad viajó a Inglaterra para perfeccionar su formación como empresario
en la fábrica de hilados de la cual su padre era copropietario. Comenzó, casi
de inmediato, a realizar una intensa actividad política y llevó a cabo estudios
sobre las relaciones sociales y política.
En esta época, inicia sus relaciones de amistad y colaboración con Karl
Marx.
Entre 1843 y 1849, Engels
publicó artículos en varios periódicos de Francia, Alemania e Inglaterra. En
1845, publica su libro La situación de la
clase obrera en Inglaterra y en colaboración con Marx,
En 1847, Engels ingresa en
En 1849, Engels participó
en las insurrecciones revolucionarias que tuvieron lugar en las regiones
alemanas del Palatinado y Baden para defender
El mismo día de su llegada,
Engels organizó una compañía de zapadores y la terminación de barricadas en las
diferentes entradas de la ciudad. Asimismo, dirigió personalmente el emplazamiento
de varias piezas de artillería. Asistió además a todas las sesiones de la
comisión militar y a propuesta suya se designó a un antiguo oficial del ejército como jefe de
la plaza. Esta incansable actividad de Engels le granjeó la simpatía y
confianza de los trabajadores armados y de los cuerpos de voluntarios. Pero la
burguesía de Elberfeld estaba muy alarmada con la presencia allí de un
comunista tan notorio y presionó a los dirigentes de la insurrección para que
lo sacaran de su puesto.
Antes de marcharse de
Elberfeld, Engels, al frente de un destacamento de unos 30 hombres llevó a cabo
un asalto al arsenal de Gräfrath[vii].
Gracias a la sorpresa, la operación se realizó exitosamente sin disparar un
tiro y los asaltantes se apoderaron de armas y vestuario. Con posterioridad,
Engels partió de Elberfeld y se dirigió a la ciudad de Colonia donde se reunió
con Marx, saliendo ambos hacia el suroeste de Alemania vía Francfort del Meno.
Allí, ambos amigos se separaron. Marx se trasladó a París mientras Engels permaneció
en la región del Palatinado.
Tal y como Engels lo había
pronosticado, la indecisión de los dirigentes pequeñoburgueses de la
insurrección permitió a la contrarrevolución prepararse para extinguir el
último foco revolucionario en Alemania. Una vez más el papel de verdugos
correspondió a los militaristas prusianos. Movilizaron contra los
revolucionarios del sur de Alemania una impresionante fuerza militar. Tres
cuerpos de ejército fueron destinados a cercar a los insurrectos en el
Palatinado y las llanuras de Baden. El mando de las operaciones fue asumido por
el príncipe Guillermo de Prusia, el tristemente célebre “Príncipe de la
metralla”.
Cuando el 13 de junio llegó
a la ciudad de Kaiserlautern[viii],
donde se encontraba Engels, la noticia de que los prusianos estaban penetrando
en el Palatinado por la zona de Saarbrücken[ix],
este tomó la decisión de ingresar en las filas del cuerpo de voluntarios al
mando de August Willich[x],
quien había sido teniente prusiano y era miembro de
De manera análoga a Engels
se habían incorporado al ejército insurgente numerosos revolucionarios
procedentes de las filas del proletariado. La mayoría de los seis mil
combatientes de los destacamentos voluntarios eran obreros y artesanos. El
cuerpo mandado por Willich, formado por 800 hombres, en su inmensa mayoría
trabajadores fue el más distinguido de esos destacamentos.
El oficial adjunto Federico Engels dio pruebas de su capacidad como organizador y su valentía como combatiente. En todo momento hizo frente a la situación y durante los combates en que tuvo participación se le vio siempre en primera línea.
Bautizo de fuego
A los pocos días de haberse
incorporado a las filas, tuvo Engels su bautizo de fuego. El comandante supremo
del ejército revolucionario, el general polaco Ludwick Mierolawski[xi],
planeó efectuar una operación defensiva desde el ángulo que forman los ríos
Rhin y Neckar y para ello dio órdenes de trasladar las tropas del Palatinado
hacia Baden. Le correspondió al cuerpo de voluntarios mandado por Willich,
junto a otros destacamentos, cubrir ese movimiento enfrentándose a los
prusianos. El 17 de junio de 1849, cerca de Rhintal, el cuerpo de Willich chocó
con la vanguardia de una división enemiga. En el combate, que se prolongó
durante varias horas, Engels actuó como jefe de una pequeña unidad ubicada en
el flanco izquierdo y que se mantuvo durante gran parte del tiempo en lo más
denso del fuego. “Su diligencia y valentía fueron elogiadas por sus compañeros
de combate” escribiría más tarde una de las participantes en la revolución
quien poco después se encontró con la pequeña unidad.
Al día siguiente, 18 de
junio, el cuerpo de Willich, una vez que hubo asegurado el paso de las fuerzas
procedentes del Palatinado a través del Rhin, se trasladó al territorio de
Baden y se dirigió a Karlsruhe[xii].
Cuando los prusianos
cruzaron el Rhin, el cuerpo de Willich se colocó a la vanguardia de las tropas
palatinas con el fin de impedir que el enemigo aislara a las tropas badenses
que luchaban a orillas del río Neckar. El 21 de junio, los voluntarios entraron
en combate, sorpresivamente, frente a Karlsdorf[xiii],
con un batallón de fuerzas prusianas. Engels, también esta vez en primera línea, se destacó notablemente en la acción.
Muchos de sus compañeros lo elogiaban, pero para él la valentía frente al
enemigo resultaba algo muy natural. “He
descubierto”, -escribió más tarde- “que
la alabada valentía bajo el fuego es una de las cualidades más triviales que
puede uno poseer. El silbido de las balas es cosa de muy poca importancia, y
durante toda la campaña, pese a la mucha cobardía que presencié, no he visto ni
a una docena de hombres que en pleno combate se hubiesen mostrado cobardes,
aunque sí, con demasiada frecuencia me encontré con la “valentía estúpida” de
los que se exponen innecesariamente”[xiv].
Los voluntarios
avanzaron valientemente para cumplir su
objetivo. Mieroslawski logró, después de duros contraataques a orillas del
Neckar, sacar al ejército revolucionario badense de las tenazas del enemigo,
muy superior en fuerzas. En las nuevas condiciones, los hombres de Willich lo
seguían como retaguardia acosados constantemente por el ejército prusiano.
Frente a la fortaleza de
Rastatt[xv],
situada en la ribera del río Murg, el ejército revolucionario, de cuyos 30 mil
hombres sólo quedaban unos 13 mil, se aprestó a presentar combate contra un
enemigo que lo superaba en proporción de
El 29 de junio, los
prusianos se lanzaron a la ofensiva. El ejército revolucionario respondió con
contraataques en todo el frente. La división a la que pertenecía Engels se
enfrentó al 1er. Cuerpo del ejército prusiano cerca de Bischweir, a orillas del
río Murg. Engels estaba al frente de la vanguardia de los voluntarios de
Willich. El combate se prolongó varias horas, hasta que fuerzas enemigas, desde
territorio neutral del vecino estado Württemberg, irrumpieron en la retaguardia
revolucionaria. Las pérdidas fueron cuantiosas.
Las diezmadas fuerzas
revolucionarias tuvieron que retirarse hacia la región montañosa de Baden. Tocó
de nuevo a los hombres de Willich cubrir
la retirada de los restos del ejército revolucionario. En agotadoras
marchas ascendieron las montañas de
El cuerpo de voluntarios de
Willich, al cual pertenecía Federico Engels, fue el último destacamento de las
tropas palatinas que cruzó la frontera Suiza, haciéndolo el 12 de julio. Engels
había cumplido honrosamente sus responsabilidades como oficial. Participó, como
hemos visto en varios combates “y durante mucho tiempo los que le vieron
combatiendo bajo el fuego, elogiaron su extraordinaria sangre fría y su
absoluto desdén por el peligro”[xvi]
Con la represión de la
insurrección de Baden y el Palatinado terminó la revolución democrática
burguesa en Alemania. Triunfó la contrarrevolución. Cientos de combatientes
fueron fusilados por los pelotones de ejecución prusianos o murieron de hambre
o de tifus en las mazmorras de la fortaleza de Rastatt. Miles fueron detenidos
y decenas de miles de revolucionarios se vieron obligados a tomar el camino del
exilio.
A instancias de Marx, al
poco tiempo de haber llegado a Suiza, Engels comenzó a escribir sobre sus
experiencias en la insurrección de Baden y el Palatinado en lo que podemos
considerar su primer trabajo de historia militar, que denominó La campaña por
En el verano de 1850,
Engels redactó en Londres, su trabajo
Una de las preocupaciones
de Engels era comprobar la importancia decisiva de la alianza entre obreros y
campesinos. Por ello, hizo énfasis en las enseñanzas que en este sentido podían
obtenerse de las revoluciones de 1525 y 1848, respecto a que en esas luchas
llevadas a cabo, respectivamente, contra el feudalismo y el capitalismo,
obreros campesinos tenían que unirse para asegurar el triunfo del progreso
histórico. Gracias a su concepción dialéctico materialista de la historia pudo
Engels superar las interpretaciones de la historiografía burguesas sobre los
acontecimientos de 1525 y revelar sus verdaderas causas y carácter.
A fines de 1850, tras
largos debates con su familia, Federico Engels decidió trasladarse a
Manchester, ciudad industrial situada a unos
Desde su llegada a
Manchester, Engels se dedicó de manera sistemática y tenaz al estudio de la
ciencia militar. Estos estudios no eran un fin en sí mismo, su objetivo era el
de elaborar científicamente una teoría militar que fuera útil a los futuros movimientos revolucionarios de la clase
obrera.
La polémica ideológica
sostenida con una fracción surgida dentro de
Engels consideró que, en
primer lugar, era necesario investigar las condiciones concretas para el empleo
de la lucha armada por el partido revolucionario. Esto le resultaba difícil
hacerlo en Manchester pues allí no existían grandes bibliotecas donde pudiera
encontrar el material que la hacía falta para realizar las investigaciones. En
vista de ello, apremiaba a Marx y a otros amigos para que le enviaran desde
Londres y otros lugares diferentes obras y publicaciones. En una carta a su
amigo Joseph Weidemeyer, de fecha 16 de junio de 1851[xviii],
le pide que le indique fuentes para la obtención de información, porque,
“…… Lo que necesito, ante todo, son libros por los cuales, de una parte, pueda formarme una idea de la situación general actual de ciertas ramas del arte militar, y de otra, conocer las diferencias entre los diversos ejércitos modernos; por ejemplo, desearía conocer las diferentes construcciones de cañones de campaña y otras cosas semejantes; la organización y las diferentes unidades que componen una división, un cuerpo de ejército, etc. Desearía obtener, especialmente, toda la información posible sobre la organización de los ejércitos, el abastecimiento, la sanidad y todo lo necesario para el equipamiento de cualquier ejército….”
y más adelante le explica que todos esos detalles le eran necesarios
“para comprender y apreciar
exactamente los hechos militares históricos”
Histórica y lógicamente,
Engels demostró que el arte de hacer la guerra y la organización del ejército
moderno de la época tenían un carácter clasista y encarnaban los intereses de
la burguesía. Consecuentemente, se planteaba la interrogante de si “una nueva
revolución que eleve al poder a una clase totalmente nueva no producirá, como
la anterior, nuevos medios de guerra y una nueva estrategia y táctica”[xix]
frente a los cuales la forma actual de conducir la guerra aparecerá caduca e
impotente. Como respuesta a esa interrogante, Engels formuló la tesis de que el
proletariado tendría también “una expresión militar particular”[xx]
y de ello resultará un nuevo modo de conducir la guerra que será “un producto
necesario de las nuevas relaciones sociales”[xxi].
Pero ello –enfatizaba-, no significaría despreciar los métodos y reglas de la
estrategia y la táctica creadas por la burguesía, del mismo modo –decía-, “que
el proletariado triunfante no tiene por qué eliminar las máquinas de vapor si
no que las multiplicará”. Por eso, -planteaba- que sería tarea de la clase
obrera, en su modo de conducir la guerra, multiplicar “el carácter masivo y la movilidad”[xxii]
alcanzados por la burguesía y elaborar una nueva ciencia militar tanto en el
curso como después de la revolución proletaria.
En sus estudios militares
Engels se planteó a si mismo elevadas exigencias en cuanto a la exactitud de
todos los detalles, esforzándose por investigar todas las fuentes disponibles y
criticaba, de manera mordaz, la superficialidad de algunos analistas militares
que estaban siempre prestos a hacer alabanzas a sus propios ejércitos y
generales. “En nada es tan fácil hacer el
ridículo como en la historia militar, cuando se quiere opinar sin tener un
conocimiento completo de los datos relativos a los efectivos, avituallamiento,
cantidad de municiones, etc., etc., de que se dispone”[xxiii],
escribía a Marx cuando este le sugirió, a fines de marzo de 1851 escribir la
historia de la guerra de Hungría de 1848-1849. De esa manera, Engels vinculaba
el partidismo revolucionario con la exactitud científica cuando analizaba los
acontecimientos militares y generalizaba los resultados de su investigación.
En el verano de 1851,
Engels confeccionó un programa de lecturas concernientes a la ciencia militar y
comenzó a cumplirlo metódicamente. Su objetivo desde un principio no fue sólo
el de conocer los elementos básicos de la ciencia militar, sino también
estudiar, con profundidad y detalle, las fuentes más importantes de la teoría
militar. Al respecto, decía a su amigo Joseph Weydemeyer: “El autodidactismo, practicado de un modo general es un disparate.
Cuando el asunto no se lleva a cabo sistemáticamente, no se llega a nada que
valga”[xxiv].
Aproximadamente un año después comentaba, en una carta a Marx, que estaba muy
contento por haber logrado adquirir la biblioteca militar de un antiguo oficial
residente en Colonia. Aunque no disponía de mucho tiempo, gracias a su férrea
autodisciplina, Engels comenzó a familiarizarse a fondo con los conocimientos
relativos a la táctica de empleo de las diferentes armas, a la estrategia, a la
organización del ejército y la estructura de los mandos, a las cuestiones de
los aseguramientos, la técnica del armamento y otros asuntos especiales.
En 1852 Engels elaboró el
último de sus trabajos en que analiza la s experiencias de la revolución de
1848-1849. Fue una relación histórica de los acontecimientos en Alemania y
Austria desde las vísperas de la revolución hasta el final de la insurrección
de Baden. Redactado como una serie de artículos para el periódico New York Daily Tribune y publicados bajo
la firma de Marx, fue conocido posteriormente con el nombre de “Revolución y contrarrevolución en Alemania”.
En este trabajo Engels demostró que las revoluciones forman parte objetiva del
decursar histórico. Sobre la base de un análisis de los antecedentes de las
fuerzas motrices y del curso de la revolución burguesa en Alemania explicó como
en la historia se alternan fases de evolución y revolución y que durante estas
últimas los acontecimientos y en especial, la polarización de las fuerzas de
clase, se producen con gran rapidez, de manera que una revolución permite a una
nación avanzar “…en cinco años más que en condiciones normales en todo un
siglo”.
Los artículos de Engels
sobre política militar e historia de las guerras escritos para el New York Daily Tribune, periódico que
con una tirada diaria de más de 200 mil ejemplares era uno de los de mayor
influencia en los Estados Unidos, hicieron que sus estudios militares ganaran
en significación política. En 1852 una cuestión que despertaba mucho interés
era la denominada crisis oriental y las tensiones que esta acarreó en Europa.
En el otoño de 1853 estalló la guerra entre Rusia y Turquía, que es conocida a
partir de 1854 como Guerra de Crimea, después de la intervención en ella de
Inglaterra, Francia y Piamonte-Cerdeña. Era tal la expectación y el interés que
para el gran público tenían los acontecimientos bélico que algunos órganos de
prensa burgueses estaban dispuestos a publicar artículos sobre los aspectos
político-militares, estratégicos y tácticos concernientes al desarrollo de la
guerra en la región del Danubio, en Crimea y en el Mar Báltico, aún cuando las
opiniones expresadas no correspondiesen siempre con las suyas.
Engels hizo uso de esa
posibilidad. Comprendió que, para el partido, la utilidad de sus estudios
militares sólo podía ser mediata pero consideró, coincidiendo en ello con Marx,
en nombre de la democracia revolucionaria, la opinión de los comunistas
respecto a los acontecimientos de la guerra, utilizando para ello toda
oportunidad que se presentase. Desde su primer artículo sobre
Pero Engels se ocupaba no
sólo de las cuestiones militares que le eran contemporáneas. En el verano de
1855 comenzó a escribir para la revista norteamericana Putnam`s Monthly una serie de artículos sobre los ejércitos
europeos y su potencia militar. Engels aprovechó esta oportunidad para explicar
coherentemente las cuestiones metodológicas de una historiografía militar
materialista y el condicionamiento social de la conducción de la guerra y del
sistema militar.
Dado el hecho de que Marx y
Engels habían escrito para el New York
Daily Tribune durante varios años no es sorprendente que cuando, en 1857,
Charles A. Dana y George Ripley decidieran publicar
En estos trabajos Engels analizó
el desarrollo histórico de las fuerzas armadas corrigiendo en muchas cuestiones
importantes la imagen tradicional de la historia militar vigente hasta
entonces. Con gran fuerza de convicción explicó como la dialéctica de la lucha
de clases y la aparición de nuevas armas había influido en la organización de
las fuerzas armadas y en la conducción de la guerra.
Como las fuentes de
información que le era accesible a Engels en Manchester no eran, por lo
general, suficientes, a solicitud suya Marx reunía muchos de los datos
necesarios en la biblioteca y archivo del Museo Británico de Londres o
elaboraba resúmenes de la literatura allí existente. El intercambio epistolar
que ambos mantuvieron con ese propósito movió a Marx, quien había hablado antes
con orgullo de su “Ministerio de
El trabajo que realizaba
Engels como historiador y teórico militar exigía mucho tiempo y energías.
Cumplía estas tareas con una dedicación y tenacidad asombrosas, sin descuidar
por ello sus otros intereses políticos y científicos ni sus obligaciones
comerciales. Fue un rasgo característico suyo el ocuparse de la teoría militar
con estricta objetividad, pero siempre en estrecha relación con las demás ramas
de la ciencia de las que había adquirido un profundo conocimiento. En febrero
de 1858 reconocía en una carta a Marx lo útil que había sido para él lo que
denominaba “curso enciclopédico”[xxviii].
Cuando a fines de la década
de los años cincuenta del siglo XIX maduraron nuevas crisis revolucionarias,
Engels consideró que se acercaba el momento en que sus conocimientos militares
pudieran ser útiles a la revolución que avizoraba. Y aunque esas esperanzas no
se cumplieron, siguió atentamente el desarrollo militar. La penetración de la
industria capitalista en el sistema militar y los nuevos elementos producidos
por ello en la conducción de la guerra despertaron en él un vivo interés.
La tensión internacional
que en 1859 hizo crisis en la guerra italiana motivó a Engels a concentrar su
atención en los problemas militares de su actualidad, particularmente en la
cuestión de cuan afectada estaba la seguridad de Alemania con la amenaza de
hostilidades entre Francia y Austria. En ese momento parecía que las fuerzas
reaccionarias perdían terreno en su país natal. Engels esperaba ganar de nuevo
el oído de la opinión pública alemana. Y tuvo éxito en su empeño. Su folleto El Po y el Rhin fue publicado
anónimamente en Berlín en 1859, pero el nombre del autor fue revelado poco
tiempo después en el periódico Das Volk
que Marx publicaba en Londres. En una carta de enero de 1860[xxix],
Marx congratulaba a Engels por la aparición de una crítica muy favorable para
su folleto en una importante revista militar alemana,
Enfocando la guerra
italiana desde el ángulo político, Engels destacaba la razón que asistía al
movimiento nacional italiano que desde 1820 estaba luchando por alcanzar la
unidad de su país, superando los numerosos reveses y fortaleciéndose cada vez
más. Y mantenía que el Valle del Po era parte integrante de
Otro folleto de Engels
titulado Saboya, Niza y el Rhin,
continuación del anterior, apareció en Berlín en 1860. En él, Engels
pronosticaba la agudización de las contradicciones entre Austria y Prusia por
el dominio del centro de Europa[xxx].
Los acontecimientos que se
sucedían en el continente europeo durante 1858-1859 causaron alarma en
Inglaterra. Era opinión generalizada que Napoleón III estaba proyectando la
invasión de ese país. En mayo de 1859, el secretario de Estado para
Además de los cuerpos
organizados sobre la base territorial se organizó en 1865 el Cuerpo de
Ingenieros y Ferrocarriles para movilizar el transporte ferroviario en tiempo
de guerra[xxxii]. En
noviembre de 1859, Marx escribió a Engels, recordándole la promesa que había
hecho en un artículo para el New York Daily
Tribune de hacer en una ocasión futura un balance del Movimiento Voluntario
Inglés[xxxiii].
Un artículo de Engels reseñando una revista militar de voluntarios que había
tenido lugar en Lancashire en agosto de 1860, apareció en Allgemeine Militär Zeitung de Darmstadt, en su edición de
Septiembre. Este artículo, traducido al inglés, fue reimpreso por el semanario Volunteer Journal for Lancashire bajo el
título de “A Review of English Volunteer
Riflemen” (“Una revista de fusileros
voluntarios ingleses”).
El artículo de Engels causó
gran impacto en la opinión pública inglesa. El 2 de octubre de 1860, Marx le
escribía: “Tu artículo sobre los
fusileros ha sido comentada por toda la prensa de Londres y ha sido objeto de
una crónica en el pro-gubernamental Observer. Fue sensacional”[xxxiv].
Engels, satisfecho, le contestó que esto no había sido fortuito puesto que
había enviado copias del Volunteer
Journal a todos los periódicos de Londres con su artículo enmarcado en
lápiz rojo y en una nota, dirigida a los diferentes editores, subrayaba que “esta es la primera opinión profesional de un
periódico militar extranjero sobre el movimiento voluntario. Puede ser de
interés”[xxxv].
El artículo mencionado fue
el primero de 29 artículos escritos para el Volunteer
Journal entre septiembre de 1860 y marzo de 1862. Catorce de ellos
–incluyendo ocho sobre la historia del fusil- fueron reimpresos en Manchester
en 1861, en forma de folleto, bajo el título Ensayos para los Voluntarios. En el prólogo de dicho folleto,
fechado el 9 de marzo de 1861, Engels señala que aunque los hechos que el
expone “no son ni novedosos ni originales”, sus conclusiones y opiniones son
propias. Estos artículos escritos para el Volunteer
Journal no tratan sólo del movimiento voluntario en Inglaterra y de la
historia del fusil sino que abordan otros tópicos de militares tales como el
ejército francés y
Marx y Engels siguieron con
gran interés los acontecimientos que tuvieron lugar en los Estados Unidos desde
“En realidad, el modo de conducir la guerra que se desarrolla en la actualidad en Norteamérica no tiene precedentes. Desde el Missouri hasta la bahía de Chesapeake un millón de soldados, divididos casi por igual en dos campos hostiles, están enfrentados hace ya casi seis meses sin tomar ninguna medida decisiva.”
Y al analizar esta situación, expresaba:
“Ningún ejército recién organizado con civiles podrá jamás existir en
estado activo hasta que sea instruido y apoyado por los enormes recursos
intelectuales y materiales de un poderoso Ejército regular, y fundamentalmente,
por la organización que constituye la fuerza esencial de ese Ejército”[xxxix].
Son particularmente
interesantes los artículos relacionados con la defensa confederada de Kentucky
y el denominado “Plan Anaconda” de envolvimiento, propuesto por el general
norteño McClellan:
“De acuerdo con él, una inmensa línea de ejércitos rodeará a los rebeldes,
apretará gradualmente su cerco y terminará por estrangularlos. Eso es puro
infantilismo. Es la rehabilitación del llamado “sistema de cordón”, inventado
en Austria hacia 1770 y empleado contra los franceses de
Resulta significativo que
dos años antes de que el alto mando de
“….Georgia es la llave de
Engels continuó prestando
una gran atención a las cuestiones militares. Durante la guerra que Austria y
Prusia libraron contra Dinamarca en 1864, recuperando el territorio de
Schleswig-Holstein, escribió una carta al periódico Manchester Guardian
en la que analizaba la correlación de fuerzas entre ambos bandos contendientes.
La carta fue publicada, el 16 de febrero de 1864, firmada sólo con las
iniciales “F.E.”[xliv]. En
septiembre de ese propio año Engels realizó un viaje por los territorios recién
conquistados por Prusia para conocer por sí mismo la situación política y el
estado de ánimo reinante entre las tropas de ocupación. Su apreciación sobre el
ejército prusiano fue muy contradictoria. La susceptibilidad de algunos
oficiales de artillería, de origen burgués y otros jóvenes oficiales no
pudieron ocultarle los infames métodos de instrucción militar aún vigentes[xlv].
En 1865 Engels escribió el
folleto La cuestión militar prusiana y el Partido Obrero Alemán, uno de
los documentos que preparó ideológicamente la formación de un partido obrero
revolucionario independiente en Alemania. En el folleto explicaba al
proletariado alemán la estrategia y la táctica a seguir para resolver por la
vía democrática y revolucionaria la cuestión apremiante de la creación de un
estado nacional burgués. Partió para ello, del análisis de la reorganización
del ejército que el gobierno prusiano estaba tratando de imponer desde 1859
habiendo chocado en sus intentos con la enérgica resistencia de la oposición
liberal burguesa. Con toda objetividad, Engels hizo un balance de la
correlación de fuerzas entre las clases y no dejó dudas sobre el fin que se
perseguía con la reorganización del ejército: con un ejército moderno, fuerte
en efectivos y armamentos, el Primer Ministro prusiano, Bismarck, quería
unificar por la fuerza todos los principados alemanes en una sola Alemania
dominada por Prusia y, al mismo tiempo, reprimir al movimiento democrático.
Además, con pleno
conocimiento de causa, Engels emitió su juicio sobre las exigencias que de
hecho planteaba la organización de un ejército moderno y se expresó
resueltamente contra el entusiasmo por las milicias que reinaba en vastos
sectores de la democracia pequeñoburguesa. Haciendo énfasis en el aspecto político
de la reorganización del ejército Engels analizó la relación de la clase obrera
con las dos clases dominantes en Prusia: los junkers y su gobierno, y la
burguesía liberal que pugnaba por obtener influencia política decisiva en el
poder estatal y demostró que la contradicción principal en
Pero la influencia del folleto de Engels no se limitó a los obreros con conciencia de clase. Los pasajes relativos a la teoría militar contenidos en el trabajo despertaron vivo interés en revistas especializadas, y el conocimiento riguroso de la materia que tenía el autor, así como sus sólidos argumentos, expuestos de manera clara y precisa, dieron a conocer su nombre entre los militares cultos de Alemania[xlvi].
Hasta que punto eran
necesarios los esfuerzos de Marx y de Engels, instando a la clase obrera de los
diferentes países para que organizasen partidos revolucionarios independientes,
lo demuestran palpablemente los sucesos de Alemania. Allí Bismarck –tal como lo
había pronosticado Engels en una carta a Marx el 2 de abril de 1866- preparaba
una guerra contra Austria con el fin de asegurar y consolidar a “sangre y
hierro” la hegemonía de Prusia en Alemania. Engels percibió la táctica política
de Bismarck de anticiparse, mediante una rápida acción militar, al movimiento
de unificación democrática de Alemania, paralizar la oposición de la burguesía
liberal y tomar a su cargo “la dirección del Estado y la sociedad en interés de
la burguesía, a cambio de un buen pago”.
La guerra austro-prusiana
(también conocida como la “Guerra de las Siete Semanas”) estalló en el mes de
junio y fue seguida de cerca por Engels quien escribió cinco artículos sobre el
conflicto bajo el título de “Notas sobre
Engels no tardó en reconocer el error que había cometido y corregirlo. Aún cuando lo había sorprendido el rápido triunfo de los ejércitos prusianos, no tardó en formarse una apreciación realista de la nueva situación que se presentaba. “La historia de Alemania me parece ahora bastante sencilla”, escribió a Marx el 25 de julio, “Desde el momento en que Bismarck realizó con éxito tan colosal el plan burgués de una Pequeña Alemania con los ejércitos prusianos, el desarrollo de Alemania ha tenido esa dirección de modo tan decisivo que nosotros, como todos los demás, debemos reconocerlo como hecho consumado nos guste o no nos guste”[xlix].
Hacia fines de la década de
los años 70 del siglo XIX, los acontecimientos políticos se precipitaban en el
continente europeo. Las tensiones crecían en Europa Central y tuvieron un
desenlace cuando el 19 de julio de 1870, el emperador francés, Napoleón III,
provocado por las intrigas diplomáticas de Bismarck, declaró la guerra a Prusia.
Después de un profundo
análisis, Marx y Engels llegaron a la conclusión de que, por parte de Francia
se trataba de una guerra dinástica que tenía el fin de asegurar y, si fuera
posible, engrandecer, el poder del emperador francés. Ante este hecho Alemania
tenía que llevar a cabo una guerra defensiva, en interés de la defensa
nacional. “Pero, ¿Quién colocó a Alemania
en el trance de tener que defenderse? ¿Quién permitió a Luís Bonaparte guerrear
contra ella? ¡Prusia! Fue Bismarck quien conspiró con el mismísimo Bonaparte
con el propósito de aplastar la oposición popular de su país y poner a Alemania
bajo la dinastía de los Hohenzollern”[l].
Por esa razón, Marx y
Engels se dieron a la tarea de elaborar la alternativa de paz que la clase
obrera alemana debía oponer a la política de guerra antinacional de las clases
dominantes. Los obreros alemanes tenían que apoyar la guerra mientras fuera una
guerra justa, una guerra contra Napoleón III. Sin embargo, debían combatirla
con toda energía tan pronto Bismarck intentara continuarla como una guerra
contra el pueblo francés.
Pocas semanas después
Engels, a quien Marx pidió opinión,
resumió sus ideas en cinco breves tesis. Sus recomendaciones respecto a la
táctica a seguir por los obreros alemanes conscientes de su clase fueron:
“1.-
Unirse al movimiento nacional (…) en tanto y hasta donde este se limite a la
defensa de Alemania (lo que en determinadas circunstancias no excluye la
ofensiva hasta lograr la paz);
2.-
Subrayar la diferencia entre los intereses de la nación alemana y los de la
dinastía prusiana;
3.-
Oponerse a toda anexión de Alsacia y Lorena.
4.-
Abogar por una paz honrosa tan pronto tome el poder en París un gobierno
republicano, no chovinista;
5.-
Destacar en todo momento la unidad de intereses entre los trabajadores alemanes
y franceses que no aprobaron la guerra y no se combaten entre sí”[li].
Una circunstancia favorable
le permitió a Engels expresar sus ideas respecto a la guerra no sólo en cartas
a amigos y camaradas, sino también en la prensa. La redacción del Pall Mall Gazette que se publicaba en
Londres había propuesto a Marx colaborar con el diario en calidad de
corresponsal de guerra. Marx se vio imposibilitado de hacerlo. Pero
inmediatamente trasladó la propuesta a Engels, quien aceptó escribir dos
artículos semanales sobre el desarrollo de las operaciones militares.
Fue así, como a partir del
29 de julio Engels comenzó a enviar regularmente sus artículos al Pall Mall Gazette. Hasta el fin de la
guerra escribió un total de 58 artículos, en la mayoría de los casos bajo el
título de “Notas sobre
A fines de julio de 1870,
la opinión pública inglesa esperaba con impaciencia el inicio de una ofensiva
francesa. Incluso círculos bien informados consideraban posible la victoria de
Francia. Engels se mostraba escéptico al respecto. Subrayó el hecho de que
Bonaparte, inesperadamente para él, no enfrentaba sólo a las tropas del rey
Guillermo, sino al pueblo alemán y explicaba, con sólidos argumentos, que en
vez de lanzar una audaz ofensiva a través del Rhin, se vería obligado a tomar
medidas muy complicadas para sostener una campaña prolongada. Con ello, opinaba
Engels, Francia había perdido casi completamente las reducidas posibilidades de
alcanzar la victoria. Era de esperar, por tanto, que el mando militar prusiano
avanzara hacia Francia con un ejército “que
tendrá que derrumbar todo lo que Bonaparte le oponga, aunque a costa de
reiterados y duros combates”[liv].
El acuerdo de Engels con el
Pall Mall Gazette se limitaba al
tratamiento de los aspectos militares de la guerra. Instado por el jefe de
redacción del periódico a escribir cuantos artículos fuera posible, pero al
mismo tiempo visto con suspicacia, Engels se las ingeniaba para analizar los
acontecimientos del conflicto con un sentido más amplio, dentro de sus nexos
histórico-políticos e histórico-militares. Recurriendo a ejemplos históricos,
le fue posible, en muchas ocasiones, llevar a un primer plano los intereses de
las masas populares de los países beligerantes, tomando partido a favor de
aquellos que luchaban en los campos de batalla por la independencia nacional y
las libertades democráticas, y rechazaban el saqueo y la opresión. Engels
sospechaba que tras la fraseología patriotera de Bismarck se ocultaban otras
intenciones además del rechazo a la intervención francesa en los asuntos
internos alemanes, pero no por ello dejó de reconocer la superior capacidad del
mando prusiano encabezado por Moltke. Frente al proceder metódico que
caracterizaba la estrategia y el ímpetu de ofensiva de las fuerzas alemanas,
Engels criticó la incapacidad de los generales de Bonaparte, causa de la
debilidad del ejército francés.
Engels pudo acreditar a su
haber el descubrimiento con antelación del plan secreto de Moltke que consistía
en envolver y derrotar los principales contingentes de tropas francesas
ubicados a orillas del Mosela. Con igual seguridad pronosticó pocas semanas
después, con gran exactitud, el objetivo de Moltke de encerrar y aniquilar el
último ejército francés que aún operaba bajo el mando del mariscal MacMahon[lv].
Y efectivamente, el 1º de septiembre tuvo lugar la batalla de Sedán[lvi]
que condujo a la rendición de las tropas de Mac-Mahon y a la captura de
Napoleón III con lo que se consumó la derrota militar francesa.
Entre los amigos de
Londres, hallaron pleno reconocimiento los artículos de Engels. El 3 de agosto,
Marx había escrito que Engels “estaba a
punto de ser reconocido como la primera autoridad militar en Londres” y la
esposa de Marx le escribió a Engels sobre sus artículos: “Ud. no se imagina cuanto furor causan aquí. En verdad están escritos en
forma maravillosamente clara e ilustrativa y no puedo menos que llamarle el
joven Moltke”[lvii].
Jenny, la hija mayor de
Carlos Marx, expresó su entusiasmo por el amigo de la familia llamándolo en
broma “general staff” (estado mayor
general). El apodo de “general” lo llevó Engels hasta su
muerte.
Cuando las fuerzas
republicanas y democráticas de Francia, después de la derrota y captura de
Napoleón III, proclamaron, el 4 de Septiembre, la República Francesa, no
existía para el bando alemán motivos para continuar la guerra. Ese mismo día,
Engels escribió a Marx que de hecho, la guerra había terminado. Pero el mando
prusiano, que al estallar el conflicto había proclamado que haría la guerra
sólo al emperador y no al pueblo francés, contrariando esas palabras, continuó
las operaciones ofensivas con el objetivo de humillar aún más a Francia y
dejarla completamente impotente. En ese momento, la guerra cambió de carácter;
lo que había sido un acto de defensa nacional, se convirtió en una guerra de
rapiña.
En sus artículos para el Pall Mall Gazette, Engels demostró que
el pueblo alemán no necesitaba, para su seguridad exterior, de la posesión de
territorios franceses, tales como Estrasburgo y Metz, ya que una Alemania unida
sería capaz, en cualquier momento, de rechazar cualquier ofensiva a través del
Rhin. “Si en la primera fase de la guerra
Alemania se había defendido contra el chovinismo francés ahora la guerra se
convertía lenta pero seguramente en una guerra por los intereses de un nuevo
chovinismo alemán”[lviii].
En sus “Notas sobre
Desde el punto de vista
militar, Engels esperaba que los guerrilleros lograran un palpable
debilitamiento material y moral del adversario. “La constante acción erosiva de las olas de la resistencia popular
socava poco a poco al ejército más fuerte y lo desmorona pedazo a pedazo”
escribió en diciembre de 1870[lx].
Pero también opinaba que un viraje definitivo de la guerra sólo sería posible
si entraban en acción grandes agrupaciones de tropas regulares en los puntos
decisivos de las operaciones militares. Pero esto fue impedido por las clases
dominantes de Francia, que más temerosas del pueblo que del adversario
extranjero, pactaron abiertamente con Bismarck.
El 12 de febrero de 1871, después del armisticio, Federico Engels escribió la última de sus colaboraciones sobre la guerra franco-prusiana, la mayoría de las cuales las había escrito en Londres, ciudad a la que se había trasladado desde el 20 de Septiembre de 1870.
El 18 de marzo tuvieron
lugar acontecimientos trascendentales en París. Ese día el pueblo de la capital
francesa se alzó contra la traición de los burgueses y terratenientes dirigidos
por Thiers y proclamó
Todos estos acontecimientos
fueron seguidos de cerca por Engels quien prestó gran atención al análisis de
la experiencia militar de
“La violencia es hoy día el ejército y la marina de guerra, y ambos cuestan, como sabemos por experiencia propia, “montones de dinero” (….) En última instancia, siempre será, pues, la producción económica la que suministre el dinero, volvemos a encontrarnos, pues, con que la violencia está condicionada por la situación económica, que es la que tiene que dotarla de los medios necesarios para equiparse con instrumentos y conservarlos. Pero no termina aquí la cosa. Nada hay que tanto dependa de las condiciones económicas previas como, precisamente, el ejército y la marina. El armamento, la composición del ejército, la organización, la táctica y la estrategia dependen, ante todo, del modo de producción imperante y del sistema de comunicaciones. No fue la “libre creación de la inteligencia de jefes militares geniales lo que provocó una revolución en este terreno sino la invención de armas más perfectas y los cambios experimentados por el material-soldado; la influencia de los jefe geniales se redujo, en el mejor de los casos, a la adaptación de los métodos de lucha a las nuevas armas y a los nuevos combatientes”[lxvi].
Al proseguir en su
análisis, Engels hizo un esbozo del desarrollo del armamento y cómo este ha
influido en los cambios en la táctica y no se detiene en las tropas terrestres
sino que pasa a analizar también el desarrollo de las marinas de guerra:
“Si pasamos de los ejércitos de tierra a las
marinas, sólo en los últimos veinte años podemos observar aquí una revolución
mucho más radical (…) Los modernos buques de guerra no son sólo un producto,
sino también una muestra de la gran industria; son todos ellos fábricas
flotantes, destinadas preferentemente a la dilapidación de dinero”[lxvii].
Engels
concluye su análisis sobre la violencia con un concepto que ha devenido piedra
angular de la doctrina marxista sobre la guerra:
“…la violencia desempeña asimismo en la historia un papel muy distinto, un papel revolucionario, y, para decirlo con las palabras de Marx, el papel de comadrona de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva, de instrumento por medio del cual el movimiento social se abre camino y hace saltar, hecha añicos, las formas políticas fosilizadas y muertas…”[lxviii].3
De
aquí se deduce que en la historia hay, no solamente guerras reaccionarias, injustas, que las clases dominantes llevan a
cabo para consolidar su dominio, sino que hay también guerras justas,
liberadoras, que los oprimidos libran contra los opresores para impulsar el
progreso humano. Y consecuentemente con ello advertía Engels que, junto a las
grandes potencias de su tiempo había también otra gran potencia:
“Durante largo tiempo se mantuvo quieta,
callada, pero ahora la crisis y el hambre la llaman de nuevo al campo de
batalla. Veremos de nuevo las barricadas inexpugnables, victoriosas (…) Se hace
posible una nueva era revolucionaria”…[lxix]
Las guerras imperialistas, el militarismo
Federico
Engels continuó ocupándose de cuestiones militares aún cuando después de la
muerte de Carlos Marx, ocurrida en 1883, tuvo que asumir la tarea de darle
continuidad a la obra de su genial amigo y compañero así como responsabilidades
de carácter político que le ocupaban tiempo y energías.
En
un artículo aparecido en Londres en 1887 pronosticaba Engels el carácter, los
rasgos y las consecuencias de las guerras mundiales imperialistas que veía
avecinarse:
“….millones de soldados se matarán unos a
otros y asolarán Europa entera hasta tal grado de voracidad como jamás alcanzó
ninguna plaga de langosta. Las devastaciones causadas por la “Guerra de los
Treinta Años” (1618-1648) condensadas en el curso de tres a cuatro años y
extendidas a todo el continente, hambre, epidemias, el embrutecimiento de las
tropas y de las masas populares provocado por la miseria, el caos de todo ese
mecanismo artificial en el comercio, la industria y el crédito; todo esto
terminará en una bancarrota general, el derrumbamiento de los viejos Estados
con su rutinaria sapiencia estatal, un desmoronamiento tal que las coronas
rodarán por las calles sin que nadie las quiera; la imposibilidad absoluta de
prever en qué terminará todo eso y quien saldrá vencedor en semejante lucha….”
Partiendo
del análisis de los acontecimientos ocurridos en los años que siguieron a las
guerras napoleónicas, advertía Engels el vertiginoso desarrollo del capital
industrial primero y del capital financiero después, el crecimiento y la
agudización de las contradicciones entre los países capitalistas, habían
fomentado una expansión colosal del militarismo:
“El ejército se convirtió en el fin principal
del Estado [….] los pueblos existen sólo para proporcionar soldados y
alimentarlos […] el militarismo domina a Europa y la devora”
En
los primeros meses de 1888 Engels escribe su proyectado folleto “El papel de la violencia en la historia”
que queda inconcluso y en marzo de 1891, con motivo del vigésimo aniversario de
la obra de Marx
Últimos trabajos sobre
temas militares
En 1893, Engels publicó en
el periódico Vorwärts de Berlín, una serie de ocho artículos bajo el título “¿Puede desarmarse Europa?” en los que
planteaba una alternativa socialista a la política armamentista del militarismo
alemán. Partiendo de la idea de que la clase obrera está profundamente
interesada en el mantenimiento de la paz, pero también en la independencia
nacional, Engels sugirió que por medio de un
acuerdo internacional entre las potencias militares se redujesen
progresivamente los ejércitos regulares y que gradualmente se crease un sistema
de milicias basado en el equipamiento y entrenamiento militar del pueblo. Puede
considerarse que estas propuestas de Engels fueron las primeras en pro del
desarme que hizo el movimiento socialista[lxxi].
A comienzos de 1895, apenas
unos meses antes de su fallecimiento, ocurrido el 5 de agosto de 1895, Federico
Engels escribió su último trabajo de contenido histórico-militar, una
introducción[lxxii] a la
obra de Marx La lucha de clases en
Francia de
Algunos estudiosos,
críticos de la obra de Engels en la esfera de lo militar, han señalado que su
cubrimiento de las experiencias militares de los países orientales y Rusia es
incompleto y que ignora las de las guerras por la independencia de los países
de América Latina. Esto puede ser atribuido a la inadecuada presentación de la
historia militar de esos países en las fuentes publicisticas que estaban al
alcance de Engels, las cuales además frecuentemente sufrían de nociones
preconcebidas sobre el pasado militar de esos países y regiones.
Desde los tiempos en que Engels escribió sus trabajos militares ha transcurrido más de un siglo. El mundo de hoy es muy distinto al que él conoció y sería irracional trasladar algunas de sus apreciaciones particulares a la actualidad aunque no por ello dejan de tener un importante valor historiográfico y metodológico. Por otra parte las tesis fundamentales que conforman su doctrina en la esfera militar, las conclusiones que expuso sobre las leyes objetivas del desarrollo de la ciencia militar, las causas de la guerra y el ejército y sobre el papel de los factores económicos, militares y morales así como sobre el que desempeñan las masas populares en las guerras tienen una importancia teórica, política y militar que conserva su vigencia.
[i] Desde 1930 el conjunto de las ciudades de Barmen y Elberfeld
recibe el nombre de Wuppertal.
[ii] En Alemania y Suiza se conocía como Gimnasio a la escuela media
superior (bachillerato).
[iii]Carta de Federico Engels a su hermana María, Agosto 2- 8 de
1842. (Marie Engels (1824-1901)).
[iv] Carta de Federico Engels a su hermana María, Abril 14-16 de 1842.
“Bombardier”:
Suboficial de Artillería en los ejércitos británico y alemán se de esa época.
[v] Carta de Federico Engels a su hermana María, Enero 5-6 de 1842.
[vi]Solingen, ciudad al oeste del centro de Alemania, a orillas del río Wupper, en el
estado de Renania Septentrional-Westfalia. Es célebre por sus productos de
hierro y acero; antiguamente estos productos se dedicaban a la fabricación de
espadas. Solingen recibió los derechos de ciudad en 1374 y pasó a formar parte
de Prusia en 1815.
[vii] Gräfrath.- Localidad situada entre Wuppertal y Solingen
[viii] Kaiserslautern.- Ciudad del suroeste de Alemania, en Renania-Palatinado, a orillas del río
Lauter. Es un importante centro industrial metalúrgico (hierro y acero),
textil, y de maquinaria. La ciudad, fundada en el siglo IX, fue residencia real
de Carlomagno, y permaneció como ciudad imperial hasta 1357. La ciudad ha sido
escenario de muchos enfrentamientos bélicos, entre ellos, la victoria de los
prusianos sobre el ejército francés en 1793, durante las guerras que provocó la
Revolución Francesa.
[ix]Saarbrücken .- Ciudad situada al suroeste de Alemania, a orillas del río Saar, capital
del estado del Sarre (en alemán, Saarland). La ciudad es un centro
industrial y de transporte, ubicada en grandes cuencas carboníferas; sus
manufacturas fabrican hierro y acero, azúcar, cerveza, cerámica, instrumentos
ópticos, maquinaria y material de construcción. Entre sus monumentos históricos
destacan un puente de piedra sobre el río Saar (1546), la iglesia gótica de San
Arnual y un castillo del siglo XVIII. En 1815 Prusia controló Sarrebruck.
[x] WILLICH, August.-
(1810-1878) Oficial prusiano, expulsado del ejército a consecuencia de su
actividad política. Fue miembro de la Liga de los Comunistas y participante en
el levantamiento de 1849 en Baden-Palatinado. Fue posteriormente líder de un
grupo sectario que se separó de la Liga de los Comunistas en 1850.
[xi] MIEROLAWSKI, Ludwig.- (1814-1878) Figura prominente del movimiento de
liberación nacional polaco; tomó parte en la insurrección polaca de 1830-31, y
en la preparación y levantamiento revolucionario de 1848-49 en Alemania.
Posteriormente encabezó el ala moderadas de la emigración democrática polaca
simpatizante de los bonapartistas.
[xii] Karlsruhe (también llamada Carlsruhe).-
Ciudad del suroeste de Alemania, en el estado Baden-Württemberg, comunicada
mediante un canal con el río Rin. El antiguo palacio ducal —empezó a
construirse a comienzos del XVIII alberga en la actualidad un museo. Carlos
Guillermo, duque de Baden-Durlach, fundó la ciudad en 1715, de ahí que su
nombre signifique, literalmente, el ‘retiro de Carlos’. El diseño de la ciudad
data de mediados del siglo XVIII y presenta una estructura radial, con el
palacio en el centro y las calles alrededor del mismo en forma de estrella. En
1806 se convirtió en la capital del Gran Ducado de Baden.
[xiii] Karlsdorf.- Localidad
de Baden- Wurtember situada al noreste de Karlsruhe.
[xiv] Carta de Federico Engels a Jenny Marx, Vevey, cantón Vaud, Suiza,
Julio 25 de 1849.
(puede verse, en el Anexo 1
traducida al español y en inglés en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 38, pp. 202-204).
[xv] Rastatt.- Localidad de
Baden-Württemberg situada al sur de
Karslruhe
[xvi] Marx-Aveling, Eleanor: Friederich Engels
en “Mohr und General”, citado en Friederich Engels (Biografía)
[xvii] SCHAPPER, Karl (c.1812-1870).- Figura prominente de la clase obrera alemana y del movimiento
obrero internacional, uno de los líderes de la Liga de los Justos; miembro de
la Autoridad Central de la Liga de los Comunistas; líder (1848-49) y presidente
(Febrero-Mayo de 1849) de la Asociación Obrera de Colonia. Después de la Revolución
de 1848-49 fue líder de un grupo sectario dentro de la Liga de los Comunistas.
Tiempo después fue miembro del Consejo General de la I Internacional.
[xviii] Carta de
Federico Engels a Joseph Weidemeyer, Manchester, Junio 16 de 1851. (puede
verse, traducida al español en el Anexo II y en inglés, en Karl Marx y
Friederich Engels, Collected Works,
Progress Publishers, Moscú, Vol. 38, pp. 370-373)
[xix] Engels, F: “Condiciones y perspectivas de una guerra de
[xx] Ibídem.
[xxi] Ibídem.
[xxii] Ibídem.
[xxiii] Carta de Federico Engels a Carlos Marx, Manchester, Abril 3,
1851(puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 38, p. 326).
[xxiv] OpCit (xviii).
[xxv] Dana, Charles Anderson (1819-1897):
Periodista y editor norteamericano. Abolicionista. Adquirió fama al reportar
desde Europa para el New York Daily
Tribune los acontecimientos revolucionarios de
[xxvi] Carta de Carlos Marx a Federico Engels, Londres, Diciembre 2,
1853 (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 39, pp. 400-401).
[xxvii] Carta de Carlos Marx a Federico Engels, Londres, 30 de Septiembre
de 1853 (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 39, pp. 375-376).
[xxviii] Carta de Federico Engels a Carlos Marx, Manchester, 24 de Febrero
de 1858 (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 40, pp. 274-275).
[xxix] Carta de Carlos Marx a Federico Engels, Londres, 11 de enero de
1860 (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 41, pp. 3-5).
[xxx] Estos pronósticos se cumplirían en 1866 con el estallido de la
guerra austro-prusiana, conocida por “Guerra de las Siete Semanas”.
[xxxi] Lord Lieutenant.- Représentante de la Corona Británica en un condado.
[xxxiii] Carta de Carlos Marx a Federico Engels, Londres, 26 de Noviembre,
1859 (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 40, pp. 542-544).
[xxxiv] Carta de Carlos Marx a Federico Engels, Londres, 2 de Octubre de
1860 (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 41, pp. 201-203).
[xxxv] Carta de Federico Engels a Carlos Marx, Manchester, 5 de Octubre
5 de 1860 (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 41, pp. 204-206).
[xxxvi]Editada por Richard Enmale, fue traducida al español y publicada
en 1964 por Editorial Lautaro, Buenos Aires.
[xxxvii] Engels, Federico: “Enseñanzas de
[xxxviii] Ibídem. , p. 134.
[xxxix] Ibídem., p. 137.
[xl] Carta de Federico Engels a Carlos Marx, Manchester, 9 de Septiembre de 1862, (puede verse, en
inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected
Works, Progress Publishers, Moscú, Vol. 41, pp. 414-415).
[xli] Carta de Carlos Marx a Federico Engels, Londres, 10 de Septiembre
de 1862, (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 41, pp. 415-417).
[xlii] Op.Cit (xxxvi), p. 148.
[xliii] Op. Cit.(xxxvi), p. 149.
[xliv] CHALONER, W.H. y HENDERSON, W.O., (comp.): Engels
as military critic, Manchester University Press, 1959, pp. 118-120.
[xlv] Colectivo de autores: Friedrich Engels (Biografía), Dresden,
Verlag Zeit im Bild, 1973, pp- 287-288.
[xlvii] Pueden verse, en inglés, en Karl Marx y
Friederich Engels, Collected Works,
Progress Publishers, Moscú, Vol.20, pp. 164-179.
[xlviii] Helmuth von Moltke (1800-1891), mariscal alemán cuya actividad fue decisiva para convertir a Prusia en el Estado principal de Alemania. Nació en Parchim (Mecklenburg) y estudió en la Real Academia Militar de Copenhague. Se alistó en la infantería danesa, pero en 1822 pasó al ejército prusiano con la graduación de teniente. Fue asignado al Estado Mayor prusiano en 1832 y fue enviado a Turquía en 1835, donde colaboró en la reorganización de su ejército. Regresó a Prusia en 1839 y sirvió en diversos destinos hasta que fue nombrado jefe del Estado Mayor del IV Cuerpo en 1858. Durante los treinta años que se mantuvo en este cargo, modernizó el ejército prusiano y dirigió con éxito las operaciones estratégicas de la guerra de los ducados contra Dinamarca (1863-1864), la Guerra Austro-prusiana (1866) y la Guerra Franco-prusiana (1870- 1871), tras la cual se creó el II Imperio (Reich) alemán. Recibió el título de conde en 1870 y fue ascendido a mariscal de campo en 1871. Falleció en Berlín. Moltke publicó varios libros sobre temas militares en los que explicó sus estrategias y su concepción de la guerra como algo necesario.
[xlix] Op. Cit. (xliv)
p. 303.
[l] Marx, Carlos: “Primer
Comunicado al Consejo General de
[li] Carta de Federico Engels a Carlos Marx, Manchester, 15 de Agosto
de 1870, (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 44, pp. 45-48).
[lii] Pueden verse,
en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers, Moscú, Vol. 22, pp. 9-258.
[liii] Op. Cit.
(xliv), p. 349.
[liv] Carta de Federico Engels a Carlos Marx, Manchester, 22 de Julio
de 1870, (puede verse, en inglés, en Karl Marx y Friederich Engels, Collected Works, Progress Publishers,
Moscú, Vol. 44, pp. 6-8).
[lv] Edme Patrice Maurice Mac-Mahon (1808-1893).- Militar y político francés. Nació en Sully y estudió en la academia militar de Saint-Cyr. Su desempeño en las campañas de Argelia le valió el ascenso a general de brigada en 1848. Estuvo al mando de una división durante la guerra de Crimea y la campaña argelina de 1857-1858. Después de vencer a los austriacos en la batalla de Magenta en 1859 fue nombrado mariscal de Francia y duque de Magenta. Pasó a ser gobernador general de Argelia en 1864, cargo que ocupó hasta 1870, año en que le fue asignado el mando del I Ejército del Rin durante la Guerra Franco-prusiana. Desempeñó un papel fundamental en la disolución de la Comuna de París en 1871. Fue elegido presidente de la III República en 1873 gracias al apoyo de los monárquicos, desarrollando una política clerical y reaccionaria. Disolvió la Cámara de Diputados por sus diferencias con los republicanos en 1877. Cuando éstos ganaron las elecciones en 1879, Mac-Mahon se vio obligado a dimitir y se retiró de la vida pública.
[lvi] Batalla de Sedan.- Batalla que tuvo lugar el 1 de septiembre de 1870, cerca de la ciudad de Sedan, en el norte de Francia, y que decidió la Guerra Franco-prusiana. La batalla se libró entre un ejército francés a las órdenes del conde Patrice Maurice Mac-Mahon hasta que fue herido y sustituido por el general Manuel Félix de Wimpffen, y un ejército prusiano a las órdenes del conde Helmuth von Moltke. Acabó con la victoria aplastante de Prusia. El emperador francés Napoleón III, que se había unido a las fuerzas francesas por la tarde, fue hecho prisionero, por lo que en París se proclamó la III República. Las bajas francesas fueron unas 17.000 y unas 9.000 las prusianas.
[lvii] Carta de Jenny Marx a Federico Engels, Londres, 10 de Agosto de
1870.
[lviii] ENGELS, Federico: “Notas sobre la guerra”
[lix] Engels, Federico: “Los
combate en Francia” en Temas
Militares, San Sebastián, Equipo Editorial, 1968, pp. 261-266. [Este
artículo fue escrito por Engels en inglés el 10 de noviembre de 1870 y
publicado por primera vez en el Pall Mall
Gazette el 11 de noviembre de 1870].
[lx] ENGELS, Federico: “Notas sobre
[lxi] Op. Cit. (lviii), p. 288.
[lxii] Op. Cit.
(lviii), p. 283-284.
[lxiii] Borkheim, Segismund Ludwig
(1826-1886). Demócrata alemán, publicista, participante en la revolución de
1848-1849 en Alemania; más tarde emigró a Suiza y a Inglaterra.
[lxiv] Op. Cit. (lviii),
pp. 284-287.
[lxv] Op. Cit. (lviii), pp. 7-41. Fue escrito por Engels en alemán. Publicado por
primera vez como artículo en el diario Worwärts, Leipzig en 1878.
[lxvi] Op. Cit.
(lviii), p. 18.
[lxvii] Op. Cit.
(lviii), pp. 25-26.
[lxviii] Op. Cit.
(lviii), p. 40.
[lxix] ENGELS,
Federico: Anti-Dúhring, p. 203.
[lxx] Op. Cit.
(lviii), pp.288-289.
[lxxi] Op. Cit.
(lxiv), pp. 545-548.
[lxxii] Op.Cit.
(lviii), pp. 290-295.

