Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 2 de mayo de 2017

Los economistas entre el “qué” y el “cómo” del desarrollo


En abril de 2016 parecía estar definido el “qué” de la “actualización”, sabiéndose desde antes que existía un enfoque pragmático del “cómo”. El año transcurrido desde entonces ha servido para constatar que el tiempo pasa demasiado rápido y que lo que entonces se pensó respecto al “qué” y al “cómo” parece necesitar una reconsideración.

Existirían varias razones para ello, pero al menos hay una que es fácil de entender: con su actual trayectoria económica, el país no alcanzaría las tasas de crecimiento promedio anuales, superiores al 5 por ciento, que le permitirían llegar a 2030 con un estatus de país desarrollado, o próximo a ese objetivo.

Las cuentas simplemente no salen. Asumiendo un crecimiento anual de 3 por ciento anual (mejor que el promedio real de años recientes) para 2030 el Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita de Cuba habría crecido desde los 7,455 USD actuales hasta aproximadamente 11,000 USD per cápita, o sea, un incremento muy modesto del INB para un periodo relativamente tan largo.

Sería, el de 2030, un INB per cápita muy parecido al que ya tiene hoy San Vicente y las Granadinas, e inferior al nivel actual que registran Barbados, Costa Rica y Granada.

Una causa central de tal incapacidad también estaría clara: la imposibilidad de cerrar el “boquete” de inversión de aproximadamente 10 mil millones anuales de pesos que se necesita para crecer económicamente a un 5 por ciento anual, o superior.

La implicación, en términos del “qué”, parecería desembocar en tres posibles opciones:
  1. Ajustar el “qué” actual, que plantea la factibilidad de una aproximación al estatus de país desarrollado para 2030, para pasar a reconocer –en su lugar- que el “qué” no podría consistir en alcanzar el desarrollo (“sincerar” la narrativa)
  2. Mantener el “qué” actual, asumiendo que se trata de un discurso alejado de la realidad (“desconectar” la narrativa respecto a los hechos)

Ajustar el “qué” y el “cómo” (“reformar” la narrativa)

He afirmado, al principio, que el “cómo” de la “actualización” -que ya había sido expresado con mucha anterioridad a los documentos de 2016 sobre la “conceptualización” y el “plan de desarrollo hasta 2030″- expresa un enfoque esencialmente pragmático, en el sentido de representar una exploración práctica de los medios para transformar la economía que incluye la experimentación, la retroalimentación y la adaptación.

En este punto difiero de otros análisis que consideran que el “cómo” –cuya mejor síntesis quizás sea la expresión “de prisa, pero sin pausa”- es un enfoque ideológico. En mi opinión no lo es; para nada.

Esa es una visión pragmática del cambio, que de hecho refleja un proceso relativamente reciente y compartido ampliamente a nivel mundial, que ha relegado el concepto de “mejores prácticas” (imitar a otros) y de “grandes planes maestros”, que se sabe que no funcionan bien debido a la existencia de causalidades no lineales (A no es el resultado de B, sino de B, de C, de D, de E. etc.) en el marco de los sistemas sociales complejos que se intentan transformar.

Este enfoque pragmático coloca el acento de las políticas públicas en el cambio “incremental”, tratando de alcanzar cambios modestos que pudieran resolver problemas específicos, y tomando el conjunto de las instituciones existentes como restricciones para el cambio que desea hacerse, y no tanto esas instituciones como objetivos priorizados del cambio. Esto no es incompatible con una visión global del cambio, pero el énfasis no consiste en las “grandes promesas”.

Una importante expectativa del “incrementalismo” consiste en asumir que cada avance –por modesto que sea- es valioso en sí mismo. Quizás más importante aún, se considera que esos pequeños avances pudieran funcionar como catalizadores de cambios mayores.

La literatura reciente sobre el tema es variada y recoge diversos términos para este tipo de enfoque “incrementalista” en el campo de desarrollo. Los interesados en leer más sobre el tema pudieran hacer “click” en los vínculos correspondientes a los siguientes términos: “trabajando con el grano” (Brian Levy); “haciendo el desarrollo de manera diferente” (Matt Andrews, Leni Wild, Marta Foresti y Salimah Samji); “adaptación iterativa empujada por los problemas” ( Matt Andrews, Lant Pritchett y Michael Woolcock); y “desarrollo local políticamente astuto” (David Booth y Sue Unsworth).

Algunos pudieran decir que nada de esto totalmente es nuevo y supongo que sería cierto, pero trato de llamar la atención acerca de que el “cómo” incrementalista de la “actualización” está en sintonía con maneras actuales y relativamente populares de concebir la operación de las políticas públicas en el contexto de los procesos de desarrollo.

Añado una aclaración importante: una vez que se acepta esta variante de pragmatismo, pudieran existir criterios divergentes al interior de ese enfoque, los cuales pudieran incluir los ritmos, la amplitud y la profundidad de las acciones “incrementalistas”. Tengo la impresión, pero quizás me equivoco, de que a veces se considera erróneamente, en los debates en Cuba, que las críticas al ritmo y a la radicalidad relativa de medidas de la “actualización” son una crítica esencial al “cómo”.

En realidad, creo que muchas veces esa percepción de las cosas es exagerada. La mayoría de los comentarios críticos que se hacen a las medidas de la “actualización” se refieren a acciones para resolver aspectos específicos y, en ese sentido, se comparte el enfoque básico “incrementalista” de la “actualización”. Creo, por el contrario, que las discrepancias mayores se refieren al “qué”.

En cualquier caso, considero que hemos llegado a un momento en que las formas específicas en que funciona el pragmatismo del “cómo” y las definiciones que existen sobre el “qué” pudieran necesitar una revisión.

Para empezar, creo que pudieran haberse idealizado las posibilidades ofrecidas al pragmatismo por el marco institucional existente en Cuba. Es decir, parece haber sucedido que en realidad el contexto institucional hubiese restringido –más de lo que se pensó al inicio- la efectividad de las medidas pragmáticas para el cambio. Probablemente me equivoco, pero es lo que creo interpretar de las críticas que Raúl Castro ha hecho a la existencia de las viejas mentalidades y a la incapacidad –o intencionalidad- de asumir la realidad, por parte de funcionarios, a lo que yo agregaría también de parte de instituciones (entendidas ampliamente como “reglas del juego” y no solamente como organizaciones).

En ese tipo de entorno, se necesitaría un nuevo tipo de balance entre el “qué” y el “cómo”. No se trataría de renunciar al enfoque pragmático antes mencionado, que considero que ha demostrado ser capaz de ser sincronizado con la realidad del cambio de una manera superior a como tienden a funcionar los “grandes planes” y la “copiadera”.

De lo que se trata es de entender que un funcionamiento demasiado preocupado por el incrementalismo pudiera descuidar importantes componentes del “qué”, especialmente la identificación de aspectos claves del funcionamiento de la esfera pública (de la existente y de la que se aspira, como pudieran ser los intereses), de cuáles son las expectativas razonables de modificar la realidad (margen de maniobra que permiten las instituciones), y de cómo involucrar la mayor cantidad de actores sociales en el cambio.

Renunciar a una definición activa del “qué” pudiera conducir a ceder ese importante componente de la explicación de la transformación a los ideólogos de varios puntos del espectro: los de “izquierda”, de “centro”, los de “derecha”, o los de cualquier otro tipo. No tengo nada contra los ideólogos. De hecho, encuentro inspiración en los grandes, pero esos no participan hoy en el debate del desarrollo cubano.

Simplemente expreso mi criterio de que muchas veces las visiones maniqueas ideologizadas del “bien y el mal” muy poco tienen que ver con el interés real de gestionar con efectividad el desarrollo en un lugar concreto y en un momento especifico.

https://elestadocomotal.com/2017/05/02/los-economistas-entre-el-que-y-el-como-del-desarrollo/

¿Reciben los cubanos un salario de 25 dólares al mes?

Ernesto Escobar Soto

En un artículo que leí hace poco, el autor trataba el tema de las enormes desigualdades económicas existentes en el mundo. La información publicada en un video por Yahoo.com, se basaba en los datos estadísticos recopilados en el 2014 por la página digital Nationmaster.com (una empresa especializada en estadísticas) la que comparaba los sueldos mensuales netos de la población mundial tomando como divisa principal el dólar. De acuerdo a esta investigación, Suiza con 6.300 dólares mensuales, es el país donde se devengaban superiores salarios, seguida por Luxemburgo (4.479 dólares). Estados Unidos ocupaba el lugar 13 con 3.258 dólares. El informe se convierte en caricaturesco al señalar que Cuba era la nación del mundo donde menos salario se recibía cada mes. En ese escalafón, la Isla, con el número 176, ocupaba el último lugar del mundo al presentar un salario mensual de 25 dólares.

Al comparar a Cuba con sus vecinos caribeños se señalaba a Haití. De acuerdo al artículo los haitianos ganaban 712 dólares anuales, para una mensualidad media de 59,33 dólares. Con marcada intención agregaban que en “Angola, en cuya guerra civil murieron más de 2.000 soldados cubanos, el ingreso promedio por mes era de 2.650”. A todas luces con estas comparaciones se quería denigrar a Cuba y a su sistema socialista. Cualquiera, sin ser un especialista en economía, de inmediato se percata de que esta información era falsa. El paralelo con la hermana Haití es irracional. Este pequeño y heroico país, sumido en la mayor miseria, es el más pobre del continente americano. El mundo desarrollado, comenzando por Francia (su ex metrópoli) y los Estados Unidos le hicieron y le hacen pagar muy caro la hazaña de haber realizado la primera y única revolución en la historia triunfante de esclavos, y de negros por añadidura.

Las estadísticas que muestran los salarios per cápita de las naciones capitalistas no reflejan la realidad. Desconocen la dispar distribución de la riqueza entre la población, en la que unos pocos poseen amplias riquezas y la generalidad no. En estas estadísticas anuales, se suman los ingresos que reciben los más privilegiados económicamente, con los salarios de todos los trabajadores del país, y el resultado se divide entre el número de habitantes. Con este engañoso promedio se oculta el bajo nivel de las entradas salariales de los más desfavorecidos. 

Para un observador juicioso las pruebas evidentes de la miseria de la población de una nación son, entre otras, el hambre y la pobreza, visibles en ciudades en los que deambulan ancianos, mujeres y niños descalzos, con ropas raídas y a veces sin siquiera un sitio modesto para dormir; un analfabetismo generalizado y niños que no tienen escuelas; la falta de atención médica y las aterradoras epidemias que matan impunemente a miles de personas desvalidas; poblaciones enteras que sin protección estatal, caen en la indigencia más espantosa cuando ocurren graves fenómenos climáticos, sísmicos o de otra índole; los hombres y mujeres sin trabajo; la baja esperanza de vida de la población y la elevada mortalidad infantil. Este triste escenario de la sufrida Haití y el de muchos otros países, no es el de Cuba.

Estas comparaciones con la que intentan demeritar a Cuba y a su sistema social, forman parte de la permanente campaña contra nuestro país. Estas supuestas investigaciones son disparatadas y difamatorias, pues establecen paralelos sin explicar las diferencias que existen entre lo que se denomina como el salario nominal y el salario real. 

En primer término, no negaré el bajo nivel salarial de los trabajadores cubanos, ni tampoco los elevados precios de los productos del campo y los de las tiendas de divisas (CUC) (1), muchos de ellos gravados exageradamente por las grandes empresas comercializadoras cubanas. Son patentes las insuficiencias, falta de organización y la no generalización del inmenso caudal de innovaciones tecnológicas que ofrece la ciencia cubana, para que la agricultura produzca más. Igualmente es preciso perfeccionar el control del trasiego de los intermediarios, mejorar el mercadeo de los productos y abaratar los precios. Pese las amplias subvenciones estatales, un segmento de la población cubana no logra satisfacer convenientemente sus necesidades. Los Lineamientos del 7mo Congreso del PCC van dirigidos a corregir y a enmendar estos problemas. Solo pretendo ser objetivo, e intentar mostrar cuales son las indudables particularidades que nos desigualan en relación a las naciones del resto del planeta.

El mundo actual se compone de casi una treintena de países capitalistas ricos integrados por Estados Unidos, Canadá, la mayoría de los europeos, Japón, Australia, cuyos PIB nacional y per cápita son altos. En los últimos años se les han incorporado varios estados, casi todos asiáticos. En el otro extremo se hallan más de 150 países también capitalistas–salvo las conocidas excepciones–cuyos PIB en general son mucho más bajos. Estas naciones que algunos denominan como países en desarrollo, emergentes o subdesarrollados, casi siempre han sufrido históricamente el colonialismo, la explotación y el saqueo, primero por parte de los imperios colonialistas y ahora por los estados capitalistas hegemónicos.

En ese pequeño grupo de naciones del 1er Mundo, los salarios son altos, lo que les permite a sus habitantes en general, recibir diversos beneficios (2). Por supuesto, la población del resto del planeta mayoritariamente pobre no los puede disfrutar. Son significativos los gastos en que incurren los ciudadanos de las capas medias y pobres de esos países ricos para pagar los alquileres de sus viviendas, y los servicios (privados) de educación de sus hijos y los de salud de la familia. La suma de los tres egresos antes señalados, puede representar para un habitante promedio la mitad o más de sus ingresos mensuales.

En Cuba a diferencia de la generalidad de las naciones del planeta, más del 85 % de las viviendas habitadas pertenecen a sus propietarios, o sea, los que viven en sus casas son dueños de ellas y no pagan ningún alquiler, ni impuesto sobre ellas, ni tampoco sobre el suelo en que están asentadas. Y los que no son propietarios de sus inmuebles le pagan al Estado no más de un 10% de sus ingresos. En Cuba no ocurren los inhumanos “desalojos” por no pago de los alquileres de las viviendas tan comunes en el resto del mundo.

La salud, uno de los Derechos Humanos esenciales, en Cuba es pública y gratuita, tiene cobertura universal, y algo primordial, en contraste con la generalidad de los sistemas de salud en el mundo, el de Cuba prioriza la “prevención” de las enfermedades por medio de campañas médicas contra numerosas enfermedades, lo que incluye la vacunación masiva de la ciudadanía. El sistema de salud pública cubana contempla la atención primaria, el ingreso y permanencia en hospitales, las operaciones quirúrgicas y todos los tratamientos posteriores sin excepción. Decenas de miles de médicos cubanos han prestado y prestan servicios en más de 60 países, en la mayoría de ellos de manera gratuita. Aunque la salud pública cubana se ha visto dañada por espacio de más de 25 años a causa de la severa crisis económica (Periodo Especial) y del bloqueo por parte de Estados Unidos, cuenta con médicos, enfermeros y personal técnico muy capacitados y una alta sensibilidad humana, en los últimos años ha comenzado a reactivarse el sistema con nuevas inversiones y equipos de última generación, remozamiento de locales, etc.

En otros países existen conjuntamente la salud privada y la pública (la tendencia neoliberal imperante en el mundo es relegar a esta a un segundo plano), por ello, para muchos, resultan muy costosos los servicios médicos. En los Estados Unidos, con la comercialización de la salud, no tener un seguro médico es una verdadera tragedia para la familia. Podemos resaltar que aún para no pocos de los “asegurados”, ese convenio no cubre todo tipo de enfermedades y a veces las empresas aseguradoras con argucias legales tratan de evadir responsabilizarse cuando las dolencias son muy graves y requieren gastos superiores. Una muestra gráfica e irrebatible de esto, es el gran número de cubanos con residencia permanente en el exterior que aprovechan sus visitas a Cuba para recibir atención médica.

La educación, otro de los obligatorios Derechos Humanos, en nuestro país es también pública y gratuita para todo tipo de instrucción hasta el nivel universitario. Es sabido que se requiere pagar elevadas sumas de dinero para cursar una carrera universitaria en el resto del mundo. De igual forma el sistema de enseñanza fue seriamente dañado en estos años de severa crisis económica en Cuba y ahora se realiza un intenso trabajo de revisión y reordenamiento para elevar su calidad. El país presenta uno de los niveles de escolaridad e instrucción más altos del mundo. Cuba ha ofrecido y ofrece becas gratuitas a miles de jóvenes de otros países para cursar diferentes estudios. 

Nuestra Isla es una de las naciones del orbe que mayor por ciento de su presupuesto invierte en los sectores de la salud y la educación. Pese a las reconocidas deficiencias en los sistemas públicos de salud y educación cubana, causadas principalmente por la intensa crisis económica padecida por espacio de más de dos decenas de años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas (UNESCO), en reiteradas ocasiones los han valorado altamente como ejemplos a seguir.

En otros países, los trabajadores sujetos a la “precariedad laboral” y los denominados como “informales” no tienen el derecho a pensiones. En contraste, los trabajadores cubanos, tanto los de las entidades estatales, como los de las privadas, al alcanzar la vejez pueden, debido a este sistema público, beneficiarse de la Seguridad Social con pensiones y aquellos que por diversas razones nunca trabajaron o se encuentran desamparados reciben atención por la Asistencia Social. Es preciso señalar que las actuales pensiones no garantizan todas las necesidades de los jubilados, lo que se prevé atender en la medida que se fortalezca la economía. En cuanto a la Asistencia Social, unas 80 mil familias con situación precaria reciben ayuda económica. Solo una veintena de los estados desarrollados puede enorgullecerse de contar con un sistema así, pese a las limitaciones lógicas, dada la difícil situación económica de nuestra nación.

De igual manera esta implementado desde los primeros años de la Revolución el sistema que le garantiza a cada familia al mes una cuota alimenticia. El Estado gasta miles de millones de dólares para comprar parte de esos alimentos en el extranjero y ofrecerlos a la población a precios ínfimos. Los alimentos que se ofrecen subvencionados, si bien significan una manera innegable de recibir ingresos (en productos) para la familia cubana, solo satisfacen un por ciento del consumo lo que obliga a comprar la otra parte más caros, en las tiendas que venden en la moneda convertible (CUC) y en los mercados creados para la venta de productos liberados en la llamada moneda nacional (MN). Se ha planteado que cuando las condiciones económicas lo permitan se eliminará este sistema y la ayuda económica se realizará de modo directo a las familias más desfavorecidas.

Debemos referirnos también a la importante subvención por el Estado de un alto por ciento de los gastos que realiza cada familia en: la electricidad, el teléfono, el agua, el gas, el transporte público, los círculos infantiles, los asilos para ancianos, los servicios fúnebres…Son también gastos en que incurre el Estado para beneficiar a la población cubana los realizados en el amplio desarrollo de la cultura, el deporte y la ciencia, así como en la oferta de eventos y espectáculos artísticos, recreativos y deportivos con entradas a precios muy bajos (comparados con otros países).

Es indiscutible que el salario de una parte considerable de los cubanos no satisface todas sus necesidades y existe un reclamo general por elevarlos. Pero no se puede olvidar y echar a un lado lo antes señalado. A precios medios de países subdesarrollados, los ingresos salariales y los servicios que reciben los cubanos equivaldrían a varias veces la supuesta paga mensual de 25 dólares. Si al “salario nominal” que reciben directamente los trabajadores cubanos por su labor realizada en un año, le sumáramos todos los servicios subvencionados por el Estado que la población recibe y a esta suma la dividiéramos entre los 11 millones de cubanos, nos daría, para sorpresa de muchos, un per cápita de ingresos o sea un “salario real” mucho más alto. Faltaría por agregar, que la inmensa mayoría de los cubanos, como son dueños de sus viviendas no pagan alquileres.

Por estas razones se puede asegurar con absoluta certeza que los cubanos no ganan solamente los 25 dólares mensuales que señala el escalafón antes nombrado. Si esto fuera así, imperaría una miseria más atroz que la sufrida actualmente por Haití, cuyos trabajadores reciben 59,33 dólares cada mes, o sea, 34,33 dólares más que los cubanos. ¿Cómo explicar entonces que con un salario de solo 25 dólares mensuales, existan en Cuba, sobre una población de unos 11 millones de habitantes, más de un millón y medio de graduados universitarios y casi 2 millones de técnicos medios? Cualquier familia cubana cuenta entre sus hijos a ingenieros, médicos, científicos. ¿Cómo explicar qué todos los niños, jóvenes (sin tener en cuenta su raza, sexo, posiciones políticas, ideológicas o religiosas de ellos o de sus familias) tienen garantizados la enseñanza y la atención medica? ¿Cómo explicar el alto número de intelectuales, artistas y una intensa y variada vida cultural? ¿Cómo explicar que no hay un solo niño cubano sin maestro o un rincón de la Isla que no cuente con una escuela? ¿Cómo explicar que toda la población cubana reciba atención médica y como consecuencia de ello haya alcanzado un promedio de 78 años de vida? ¿Cómo explicar que Cuba muestra uno de los más bajos índices de mortalidad infantil y materna del mundo? ¿Cómo explicar el extraordinario nivel alcanzado por la ciencia cubana, especialmente en la esfera de la ingeniería genética y la biotecnología? ¿Cómo explicar que por las calles cubanas no vagan ancianos, niños, mujeres y enfermos pidiendo limosnas, como sucede en casi todos los países del orbe, incluyendo a los más desarrollados?

El respetado Silvio Rodríguez en su blogs Segunda Cita señaló unos años atrás: «En los 65 barrios “jodidos” de Cuba en los que he actuado, aún no he visto a un sólo niño sin escuela, zapatos o asistencia médica.» Y todo esto ocurre en un pequeño país pobre, sin recursos naturales, sometido al bloqueo más largo de la historia por la nación más poderosa del mundo.

Para tratar de comprender la situación actual de Cuba hay que valorar entre otros aspectos, la enorme crisis económica a partir de 1990, provocada por la desaparición de la URSS, al tiempo que Estados Unidos de manera paralela redobló su inhumano bloqueo, a los que se le añadieron los errores y las faltas que se cometieron. Ha sido una dilatada etapa casi apocalíptica, de épica resistencia. El objetivo esencial de la sociedad socialista cubana es lograr el mayor bienestar posible, tanto material como espiritual de la población. Los Lineamientos de la política económica y social del Séptimo Congreso del PCC, han proyectado restituirle a los salarios su valor como instrumento motivador para el desarrollo de una economía sana.

Está previsto que el crecimiento de los ingresos de los trabajadores de las nuevas empresas estatales estará en proporción directa y proporcional a las utilidades que alcancen cada año esas entidades. Se requiere que echen a un lado todo aquello que las frena y se conviertan lo más rápidamente posible, en empresas de nuevo tipo, capaces de obtener óptimos resultados económicos. El desarrollo integral de las cooperativas (de todo tipo), debe permitir el acrecentamiento progresivo de los ingresos de sus miembros. En el caso de los “cuentapropistas” sus entradas financieras, dependerán de las ganancias obtenidas en el desempeño de sus oficios, rentas o pequeños negocios. En el caso de los empleados que laboran en este sector, sus salarios obedecerán a los resultados económicos del centro en que se hallen y de las regulaciones que se establezcan.

El ansiado e imprescindible aumento de los salarios del amplio sector administrativo público, así como de las pensiones, en general, deberá seguir al acrecentamiento de la producción y los servicios del país y al mejoramiento de las finanzas internas. De todos, el crecimiento de los ingresos en este segmento laboral constituye el más complejo a solucionar, pues incluye, entre otros, a los sectores de la administración pública, a los de la salud, y educación, a los de orden interior y defensa.

Elevar la masa salarial de todo el sector público sin un correspondiente respaldo productivo en el país, provocaría la subida de la inflación con graves consecuencias. La ineludible disminución del excesivo número de trabajadores de la administración pública cubana, podría permitir el aumento de los salarios de los que permanezcan en estos centros. Por otra parte, el Estado, con la disminución del número de funcionarios administrativos y una mejor organización, podría ser menos burocrático, más ágil y eficiente, y contribuiría a eliminar las muchas trabas burocráticas centralizadoras que impiden acelerar el desarrollo del país, así como enfrentar de manera resuelta la corrupción y evitar su crecimiento.

Notas:

(1) Es criterio general que sobrepasadas las circunstancias que obligaron a imponer los gravámenes a las -mercancías de vital importancia para la canasta familiar- en las tiendas de divisas (CUC), se debe aprobar una nueva y mayor rebaja de esos precios, permitiendo un acertado margen de ganancia a las empresas estatales. Esto contribuiría a mejorar el nivel adquisitivo de la población y a motivar el espíritu de trabajo. Esta rebaja de precios en las tiendas que venden en CUC, podría contribuir, cuando ocurra la “unificación de las monedas”, a aliviar posibles fenómenos como el de la inflación, que afectaría a las capas más vulnerables de nuestra sociedad. Por otra parte es indispensable el aumento de la producción agropecuaria, la eliminación de la generalizada extensión del monopolio ejercido por los intermediarios y la consiguiente rebaja de sus precios en el mercado.

(2) Muchos observadores consideran que “el sueño americano” de los estadounidenses y “el estado de bienestar social” de los europeos occidentales que imperó en estos países a partir de la culminación de la II Guerra Mundial, parecen haber llegado a su fin a causa de las políticas neoliberales de sus gobiernos, sometidos al sector financiero mundial. Se advierte un paulatino e irreversible retroceso de las conquistas sociales y los derechos civiles logrados por sus pueblos a través de cientos de años de luchas.

Ernesto Escobar Soto. Escritor y periodista cubano. Autor de la novela El largo regreso de José publicada por la editorial Letras Cubanas en 2014. 


Fuente: La Polilla Cubana

Proyecto para emprendedores privados de Cuba cumple cinco años

Es Cuba Emprende, una iniciativa de la Iglesia Católica en la isla caribeña, que ha beneficiado a casi 2.000 personas.



Cuba Emprende surgió tras la implementación de reformas económicas por parte del gobierno del presidente, Raúl Castro, entre ellas, una mayor flexibilidad para el fomento de la pequeña y media empresa privada. Foto: Print screen del sitio web

La Habana, 2 may.- Miles de personas y más de un centenar de negocios privados han emergido en Cuba con el acompañamiento y asesoría del Proyecto Cuba Emprende (PCE), una iniciativa de la Iglesia Católica que celebra sus primeros cinco años de creada.

Desde su surgimiento, el 30 de abril de 2012, PCE ha desarrollado cursos de larga duración, talleres, encuentros y expoferias con énfasis en temas como desarrollo humano, administración, finanzas y contabilidad, marketing, aspectos legales y fiscales, ventas y planes de negocio.

En la actualidad cuenta con tres sedes, ubicadas en el Centro Cultural Padre Félix Varela en el Casco Histórico de La Habana y en parroquias católicas en las provincias de Cienfuegos y Camagüey, a 232 y 534 kilómetros al este de la capital respectivamente.

Para festejar su primer lustro, sus organizadores programaron actividades durante el presente mes de mayo, que tendrán como momento más importante la Expoemprendimiento V Aniversario, prevista del 24 al 26 de mayo, en el Centro Cultural Padre Félix Varela.

La primera jornada contará con la participación exclusiva de las empresas acreditadas y los días restantes estarán abiertos al público, según informó PCE en su sitio web.

Precisó, además, que el objetivo del intercambio es “propiciar un espacio de interrelación y promoción, donde los asistentes podrán constatar cuántas buenas ideas están floreciendo en el ecosistema del emprendimiento en Cuba”.

También conciben a la feria como “un espacio fértil para promover iniciativas, establecer alianzas, encontrar clientes y proveedores”.

“Quizás para esta ocasión el tiempo no será medido por el dios Cronos, sino por el impacto que el proyecto ha tenido en la vida de quienes le han dado vida”, afirmaron en la nota prensa.

Asimismo, el comunicado resaltó que hasta febrero de 2017, el PCE ha asesorado a 141 pequeñas empresas y la cifra de personas graduadas en sus talleres asciende a 1.958, “de las cuales 52 por ciento se encuentra en el rango de edad comprendido entre 26 y 45 años, un grupo etario que transita por los años más productivos de su vida laboral”.

De igual modo, destacaron la importancia de continuar con la celebración de las ferias anuales y del encuentro llamado Noviembre de emprendedores, “ambos pensados en función de propiciar espacios para la promoción de los negocios y la retroalimentación entre los empresarios”.

La feria del pasado año contó con la participación de unas 40 empresas acreditadas y una asistencia superior a las 1.500 personas, quienes apreciaron el montaje y gestión de stands, el lanzamiento de nuevos productos y acudieron a talleres especializados.

Además, en cada edición se otorgan reconocimientos al mejor diseño de stand y la empresa más popular.

Para este año la Expoemprendimiento presenta como novedad la entrega del premio Oasis de Responsabilidad Social Empresarial, cuya convocatoria se realizó en enero último.

El galardón pretende visibilizar a aquellas personas “que trabajen y promuevan una gestión socialmente responsable de su negocio”, a partir de la búsqueda de espacios de diálogo, la promoción del desarrollo de su comunidad, la protección del medio ambiente, el desarrollo del capital humano, entre otras acciones. (2017)

lunes, 1 de mayo de 2017

Desigualdad global: ¿Dónde se ubica Cuba?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal.

El indicador de igualdad de Cuba empeoró 85% en poco más de una década. A nivel mundial, pasó de la “punta” al “pelotón”. La desigualdad no se ha medido oficialmente en casi veinte años y pudiera haber empeorado, pero no podemos estar seguros de esto.


Cuando Cuba registró un coeficiente de Gini de 0,2200 en 1986, el país estaba firmemente instalado en la vanguardia internacional de la distribución equitativa del ingreso. De hecho, la cifra cubana de 1986 es mejor que la que hoy presenta Ucrania (0.2409), actual líder global del coeficiente de Gini.
No existen razones para asumir que el coeficiente de Gini haya mejorado en Cuba desde 1999 ya que –entre otros factores- la dispersión de ingresos ha aumentado incluso dentro del conjunto de los salarios estatales, la mayor fuente de ingresos personales legales en Cuba.
Es probable que, como mínimo, el coeficiente de Gini se haya mantenido al mismo nivel de 1999. Sin embargo, no es implausible asumir que hubiese incrementado, es decir, que hubiese ocurrido un empeoramiento adicional de la desigualdad, aunque no es posible precisar una cifra.
¿Dónde se ubicaría Cuba hoy a nivel internacional en términos de distribución equitativa del ingreso?
La plataforma online The Inequality Project estrenada hace poco por el diario británico The Guardian pudiera ayudar a visualizar una respuesta a esa pregunta.
Para empezar, es interesante darle una rápida mirada al mapamundi de la desigualdad donde se representan en colores los distintos rangos  del índice de Gini, o sea, el coeficiente llevado a una escala de 1 a 100.
Mapamundi desigualdad
La mayor intensidad del color identifica una mayor desigualdad, que es muy visible en la sub-región del cono sur africano. Cuba, en color gris, se encuentra entre los países sin medición reciente del coeficiente de Gini.
La plataforma online de The Guardian ofrece también un gráfico que representa los cinco países con mejor índice de Gini y los cinco países con el peor registro.
GRÁFICO  1
Guardian-inequality-fig-2
Hacia 1999, última medición conocida del Gini en Cuba (0,407), el retroceso había sido considerable en relación con la década previa  Como consuelo quedaban dos circunstancias: ese es un dato “medio” a nivel mundial y “muy bueno” en el contexto regional.
Un nivel de 0,407 se ubica aproximadamente en el registro medio internacional donde se concentran muchos países. Si se agrega al gráfico # 1 el caso de Cuba –asumiendo que se ha mantenido el índice de Gini de 40,70 de hace dos décadas- se obtiene el siguiente gráfico modificado:
GRÁFICO  2
Grafico Cuba y Topy top
Por otra parte, si se asume que el Gini actual de Cuba es de 40,70, esa sería la mejor cifra a nivel de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con la mayor desigualdad en la distribución del ingreso.
GRÁFICO  3
Gini LAC
Si se asume que el índice de Gini registrado por Cuba en 1999 (40,70) hubiese tenido una oscilación en un rango estrecho, por ejemplo, entre 37,0 y 43,0, Cuba tendría el registro de desigualdad aproximado de los países representados en el grafico siguiente:
GRÁFICO  4
Grafico rango medio
Obviamente, la explicación de los resultados de ese gráfico representa un reto analítico. Explicar por qué países como Tanzania, Sri Lanka o Senegal pudieran tener un índice de Gini mejor que el de Cuba, o que el índice de Uganda fuese solamente ligeramente peor, parece estar en contradicción con muchos análisis que se hacen sobre esos países.
Pudiera ser también, como se ha señalado en otras notas de este blog, que el coeficiente de Gini presenta limitaciones para poder avanzar en determinados aspectos de los análisis de desigualdad y que por esa razón sería conveniente emplear el índice de Palma, el cual ha adquirido una rápida aceptación entre los economistas.
En ese sentido, cabe puntualizar que parece no existir estimación alguna del índice de Palma para el caso de Cuba.
Dejo a los lectores con el gráfico de la plataforma online de The Guardian.

El libro prohibido de la economía (V)

Por Fernando Trias de Bes


SERVICIO TÉCNICO


Versión oficial:

Servicio que ofrecen las marcas para la reparación de sus productos por parte de técnicos oficiales y autorizados.

Versión prohibida:

Proceso disuasorio que le convence de reponer antes que reparar.

Desde un punto de vista ecológico esto es evidentemente un despropósito porque estamos convirtiendo el planeta en un basurero de electrodomésticos y aparatos relacionados con la tecnología.


Pero, además, supone meter al cliente en una rueda de la que es muy difícil escapar.

La obsolescencia no es terreno exclusivo de la electrónica de consumo. Se hacen obsoletos los productos también con el diseño. Así, la ropa, gafas, muebles, iluminación del hogar, accesorios deportivos, juguetes… Todo caduca a una velocidad de vértigo. La dinámica competitiva es buena, obviamente, así como la mejora continua. Pero una cosa es que la actividad competitiva acelere el ciclo de vida de los productos y otra bien distinta que las marcas programen la obsolescencia de sus propios productos, que es una degeneración absoluta del concepto y que va contra toda la lógica de la calidad y durabilidad de los bienes.

¿Cómo defenderse de ello? Hay varias formas.

En determinados sectores, las marcas han acelerado tanto los plazos de obsolescencia programada que se han cargado su propia gallina de los huevos de oro. Al imprimir demasiada velocidad a la obsolescencia programada se ha creado un mercado de ocasión alternativo que les quita a las marcas más negocio del que generan. Esto ha sucedido en equipamiento deportivo, por ejemplo. Tomemos el ejemplo de las bicicletas de montaña, mercado que conozco bien por ser un gran aficionado al ciclismo. Durante mucho tiempo, años, se vendieron como lo mejor del mundo mundial las bicicletas con ruedas de 26 pulgadas. Les hablo de verdaderas máquinas con una cantidad de tecnología e I+D increíble. Hechas de carbono, con componentes ligeros y automatismos de alta precisión; bicicletas ligeras, de apenas diez kilogramos de peso y una flexibilidad extraordinaria para poder descender por caminos, senderos o torrentes. Hablamos de bicicletas que pueden costar entre 3000 y 7000 euros.

Pues   bien,   cuando   el   parque     de bicicletas dejó de crecer, las marcas decidieron convertir en obsoletas estas fabulosas bicicletas a base de lanzar bicicletas con ruedas de 29 pulgadas en lugar de 26. Corrió la voz de que eran mucho más rápidas y seguras, que no tenían nada que ver con las otras. ¡Por tres pulgadas! Miles y miles de aficionados decidieron que sus impresionantes máquinas de carbono de 3000 euros eran insuficientes, cuando durante años estuvieron consideradas por todo el mundo como lo mejor de lo mejor para bajar montañas y, más absurdo aún, les iban perfectamente.

¿Qué han logrado las marcas? Por un lado han conseguido que mucha gente renovara una bicicleta que todavía podía ejercer su función, y a la vez han creado un mercado de ocasión y de segunda mano impresionante, pues esas bicicletas no eran en realidad obsoletas. En estos momentos se venden más bicicletas de segunda mano que nuevas. Todos los aficionados que empiezan, y que en circunstancias normales hubieran comprado una bicicleta nueva (el mercado de ocasión era reducido hasta la aparición de las de 29 pulgadas), están adquiriendo a 800 euros las máquinas por las que solo cuatro años atrás se pagaban 3000. Esto, contra lo que pueda pensarse, ha disgustado a muchos aficionados, pues por estar a la última, han visto depreciarse sus bicicletas.

Las marcas no tuvieron suficiente y se les ha ocurrido lanzar ahora las de 27,5 pulgadas, aduciendo que las de 26 eran muy pequeñas y que tal vez las de 29 pulgadas eran demasiado grandes, y que ahora han perfeccionado el diseño y la medida: las mejores son las de 27 pulgadas y media.

Esta vez la gente no se lo ha creído.

Han quemado al cliente y al mercado.

Un ejemplo parecido es el del esquí. Hay establecimientos donde por una cuota anual reducida te van dando material usado solo un año. Pertenece a gente que cae en la trampa de la obsolescencia programada y que repone a los ritmos que las marcas imponen.

Por fortuna, emprendedores y distribuidores que se han dado cuenta de ello están haciendo un negocio a base de reciclar lo que en realidad aún podría ser utilizado.

Estos dos ejemplos en que la obsolescencia programada se ha vuelto contra las propias marcas nos dan una pista de cómo defenderse de estas políticas abusivas: la primera es funcionar en el mercado de segunda mano o de ocasión. Dado que la obsolescencia es tan rápida, le recomiendo minimizar los costes de reposición, y la mejor forma de hacerlo es comprando producto usado. Irá ligeramente por detrás de las novedades, pero podrá seguir la estela de innovaciones del mercado a un coste mucho menor.

La otra solución es prescindir de modas y diseños y sencillamente renovar cuando el producto esté funcionalmente obsoleto sin prestar atención a la imagen que proyectamos o a su estética desfasada. Además, las modas van y vuelven tan deprisa que cada vez es menos problemático y evidente no ir a la última.

De hecho, haciendo de la necesidad virtud, la mayor empresa de España, Zara, ha desarrollado el eje de su estrategia en la obsolescencia. ¿Cuál era el principal problema del sector textil? Los excedentes. A las empresas les era muy difícil calcular cuántas unidades de cada talla y modelo confeccionar o solicitar y, acabada la temporada, se veían obligadas a tirarlas de precio (de ahí las típicas liquidaciones de final de temporada) para sacárselas de encima. Si no las vendían, se las tenían que «comer». Zara llevó la obsolescencia programada a los trapitos, pero a lo bestia. Decidió tener muy pocas unidades de cada modelo y pasar a treinta diseños por temporada cuando lo habitual eran dos, a lo sumo. Diseñar nuevos              modelos              continuamente convertiría al producto en tienda en un perecedero. La idea era además realizar tiradas muy cortas. Y si se terminaba, pues mala suerte. Los clientes de Zara aprendieron aprisa que, si un modelo te gustaba, no podías decir aquello de: «Ya me lo pensaré», porque en apenas cuatro o cinco días, cuando regresabas para adquirirlo, ya no quedaba y, para sorpresa del comprador, no iban a recibir más ni iban a fabricarlo. Ese modelo ya había muerto. De este modo lograron tres efectos mágicos que eran impensables hasta el momento. El primero es que el comprador no dude. Si le gusta algo, sabe que ha de comprarlo o lo pierde. En moda, las mujeres (y muchos hombres) tendemos a dudar. Zara no te permite dudar porque, si te lo piensas, te quedas sin la posibilidad. Es decir, aceleraron las decisiones de compra (¿recuerda cuando le hablé del proceso de compra?). En segundo lugar, provocaron que los clientes se interesaran por revisitar las tiendas cada dos semanas para verificar qué habían recibido de nuevo. Treinta diseños por temporada implica muchos diseños, algunos de los cuales pueden gustarnos mucho y, además, habrá pocos. A través de la obsolescencia programada Zara fue capaz de crear sed por el producto y rapidez en la decisión de compra. En tercer y último lugar, acabó con los excedentes o quedaron muy minimizados. Te puedes equivocar mucho si las tiradas son largas. Pero en tiradas cortas, para equivocarte mucho te has de equivocar en muchos diseños, lo cual es ya más difícil. La reducción de excedentes ha supuesto para Zara un ahorro de costes descomunal.

¿Es esto bueno o malo? Simplemente es. Y lo importante es que lo sepa. ¿Compra usted más o menos ropa que antes debido a la obsolescencia programada del sector moda? No tengo ni idea, pero lo que sí puedo decirle es que la obsolescencia programada es una moneda de dos caras. Si bien, por un lado, acelera la compra (como hemos visto en moda), la reposición del parque (como hemos visto en material deportivo) o el afán por no quedarse atrás (como hemos visto en electrónica de consumo); por otro lado, brinda una excelente oportunidad al cliente: no tienes por qué tener prisa. Si las marcas corren mucho, en realidad los clientes podemos permitirnos el lujo de ir despacio. ¿Que se ha acabado este modelo? No hay que angustiarse porque faltan aún una veintena de colecciones por aparecer esta temporada, algo saldrá que me guste igual o más. ¿Que resulta que el último móvil que compré ya no es el último modelo? Esperándonos un poco más tendremos un móvil dos versiones por encima del actual. La obsolescencia programada, en teoría, acelera la compra, pero en el límite, cuando las marcas abusan de él, se convierte en una tranquilidad para nosotros. ¿Por qué vamos a sustituir un producto obsoleto cuando la novedad que lo ha provocado va a quedar también obsoleta en breve? Al final, lo que hacemos es desentendernos y pasar. Cuando me haga falta, me lo cambio. Esa es mi recomendación. Como he dicho anteriormente, céntrese en la obsolescencia física o funcional del producto. El resto es prescindible.


OBSOLESCENCIA


Versión oficial:

Se llama obsolescencia a la situación en que un producto ha dejado de ser demandado por el público por ser viejo, porque ha dejado de ser útil o porque ha pasado de moda.

Versión prohibida:

Obsolescencia es la estrategia de fijar premeditadamente la fecha de defunción de un producto en el momento de ser lanzado.

 Dentro del capítulo de obsolescencias, sin lugar a dudas hemos de reservar un espacio a las fechas de caducidad de los productos de alimentación. Corresponde a cada marca fijar la denominada fecha de consumo preferente o fecha de caducidad según una serie de análisis que está obligada a realizar. Tradicionalmente, las marcas luchaban por fechas de caducidad lo más largas posible, pues así minimizaban las devoluciones de productos no vendidos. Sin embargo, siguiendo la tendencia de la obsolescencia programada, las marcas de mayor rotación se dieron cuenta de las ventajas que obtendrían si sus productos caducasen pronto.

Reproduzco a continuación una situación que le resultará familiar. Es la hora de la cena. Se encuentra en su casa con la familia. Llega el momento del postre. Abre la nevera y comprueba que tiene un pack de ocho yogures por estrenar. Mira la fecha de caducidad: ¡tres días! ¡Faltan tres días para que caduquen los ocho yogures! ¿Qué hace? Pedir a toda la familia que, por favor, en la medida de lo posible esa noche y los dos días siguientes tomen yogur de postre o para desayunar. Rápidamente, la familia, concienciada, consume los ocho yogures antes de que caduquen. Es importante no tirar comida a la basura.

Llega el sábado. Lista de la compra. Productos básicos que hay que tener en la nevera: leche, huevos, queso, mantequilla y… yogur. «No quedan. Se terminaron ayer. Apunta: yogures».

Y volvemos a llenar la nevera de un pack de ocho yogures que, antes de que se dé cuenta, se hallará consumiendo en tropel de nuevo con los suyos.

Las fechas de caducidad breves son la versión alimenticia de la obsolescencia programada del mundo de la electrónica y la moda. Los antaño objetivos industriales de lograr fechas de caducidad lejanas se ha invertido en determinados sectores y productos, especialmente en los denominados productos de consumo básico y alta rotación.

La forma de defenderse de esta estrategia es bien sencilla. Comprar pocas unidades y reponer solo cuando sea estrictamente necesario. Y, sobre todo, en los puntos de venta, compruebe las unidades del fondo de la estantería o las que estén en pisos inferiores. Las más alejadas del alcance de la mano suelen ser las que caducan más tarde.

FECHA DE CADUCIDAD

Versión oficial:

La fecha de caducidad de un alimento, un medicamento, un producto químico o un cosmético es el día límite para un consumo óptimo desde el punto de vista sanitario. Es la fecha a partir de la cual, según el fabricante, el producto ya no es seguro para la salud del consumidor.

Versión prohibida:

Fechas utilizadas estratégicamente en algunos productos como aceleradores de reposición.

Ahora que mencionaba el pack de ocho yogures, me gustaría dedicar un espacio al patético espectáculo de las políticas de envases. Este es uno de los más lamentables despropósitos de los departamentos de marketing. ¿Para qué se concibieron los tamaños de envase? Muy sencillo. Para adaptar la cantidad a la venta de un producto envasado en función del tamaño de la unidad familiar, la persona o de la situación de consumo.

Así, una botella de dos litros de un refresco está pensada para ocasiones especiales en que hay invitados en casa, o bien para familias de varios miembros. Una lata de treinta y tres centilitros, en cambio, está pensada para consumir de forma aislada. Hay categorías donde las cantidades están bastante determinadas por los usos y costumbres. No hay botellas de refresco de 147 ml. Sería una cantidad demasiado extraña. Son de 50 ml, 100 ml, 125 ml, 250 ml, etc.

Sin embargo, hay toda una serie de productos donde esto es mucho más anárquico y desorganizado debido a la ausencia de unos estándares claros. Es por ejemplo el caso de los frutos secos, aperitivos salados, patatas fritas, golosinas, cereales, embutidos, quesos y, en general, cualquier producto embolsado o empaquetado.

¿A  qué  se  han  dedicado  aquí   las marcas? Pues a probar de entre todas las posibles combinatorias aquellas que maximizan el precio por unidad de medida que paga el consumidor. A las marcas les importa un rábano si, por ejemplo, la bolsa de patatas pequeña y dirigida a un niño contiene 50 g, 60 g o 75 g. Lo que le obsesiona y le quita el sueño es cómo combinar la apariencia de la bolsa, los gramos y el desembolso que el niño —con su limitado presupuesto— puede comprar, de modo que el beneficio por gramo sea el más elevado posible.

Les aseguro que he presenciado en mi vida profesional experimentos a caballo entre lo kafkiano y lo maléfico para determinar si una bolsita de cacahuetes de 35 g a 20 céntimos se puede pasar a 30 g, cobrando 18 céntimos y manteniendo la apariencia de la bolsa, bajar de 35 a 30 g supone una reducción del 14%, mientras que pasar de 20 a 18 céntimos es una bajada de precio del 10%. Como resultado, en el primer caso el gramo de cacahuetes sale a 0,57 céntimos y, en el segundo, a 0,60 céntimos. Claro, para un niño esta diferencia es insignificante, pero póngase en la piel del fabricante. Si usted vende mil toneladas de cacahuetes al año, esta pequeña variación le supone 30 millones de euros adicionales.

Por   si   fuera   poco,   la   marca  se devanea los sesos para saber si, con esta triquiñuela, además de ganar más por gramo de cacahuete vendido, los niños comprarán más bolsas. Las de 35 gramos costaban 20 céntimos, pero las de 30 céntimos que, no les quepa duda alguna, gracias a un brillante diseñador industrial, parecerán iguales o más grandes que las anteriores, cuestan 18 céntimos. Esto significa que tal vez haya un porcentaje pequeño de niños que, donde antes adquirían una bolsa, ahora les llegue para dos bolsas. De nuevo, este incremento de unidades producirá mayores ingresos para la marca.

Lo del diseñador es importante. No pueden ustedes ni imaginarse la cantidad  
de tiempo que se destina a estudiar cómo disimular que se ha reducido la cantidad a la venta o a aparentar que un envase de menor contenido es tan grande como los demás. Bolsas con aire, bolsas que no se ensanchan para que puedan ser más grandes, botellas tan delgadas que se tambalean encima de las mesas y que parecen más tentetiesos que envases, cajas con hendiduras en la base para que la parte superior parezca más grande…

Hemos llegado a un grado tal de absurdo que prácticamente se han perdido de vista las verdaderas funciones de un tamaño de envase, bolsa o pack. A las marcas que así actúan les da ya lo mismo si un envase está o no adaptado a una unidad familiar, momento de consumo o tipología de consumidor. Las políticas de envase y pack se han convertido en complicadas ecuaciones donde hay que conseguir que la derivada sea máxima.

Algunos puntos de venta, tratando de que el cliente sepa cuánto paga realmente por lo que compra, han introducido en algunas etiquetas de precio de las estanterías el dato de precio por gramo resultante junto al precio de venta del producto. Así, todos hemos visto una etiqueta como esta:



  
Fijémonos que nos informan, muy en pequeño, pero nos lo proporcionan, el precio por mililitro, de modo que podamos compararlo con el de otras marcas. ¿Cuál es el problema? Primero, el tamaño con que se imprime ese dato. Para muchas personas resulta difícil verlo sin gafas. Pero aun viéndolo, lo complicado es que a la hora de decidir nos han introducido tres variables cuantitativas: (1) el peso, volumen o gramaje del producto, (2) el desembolso total a realizar o precio y (3) el precio por unidad de medida. A eso añadamos la marca, que es una cuarta variable, en este caso cualitativa.

Así, un cliente encuentra una pasta dentífrica de Colgate, de 100 ml, que cuesta 3,20 euros y que sale a 3,2 céntimos el mililitro. Y debe decidirse entre esta y la de la marca Eroski que es de 200 ml, cuesta 5,90 euros y que sale a 2,95 céntimos el mililitro.

Claro, la de Eroski presenta un precio por mililitro menor, es una compra en realidad más barata, pero hay que desembolsar casi seis euros contra los tres y pico de la marca conocida. Es cierto que tengo el doble de tamaño, pero es más desembolso. ¡La decisión es complicadísima para el consumidor!

Este galimatías es absolutamente deliberado y por eso digo que es patético y es una deformación más de las herramientas comerciales que economistas y teóricos del marketing han desarrollado. ¡Jamás inventamos las políticas de envase para complicar la toma de decisiones ni para maximizar el precio por gramo! ¿Acaso alguien en su sano juicio piensa que un autor de gestión empresarial concebiría una teoría que tuviese este malicioso objetivo?

Continuará