Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 9 de junio de 2018

Sobre el sector privado en Cuba. Tres opiniones

I - ¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?
 La economía reclama mayor dinamismo, eficiencia, pero sin entregar el país a las leyes del mercado.

Foto: Cubadebate
Tales reacciones no salen del aire. Restablecer formas de propiedad privada como las interrumpidas aquel año, y acaso otras, se ha considerado insoslayable para evitar el agotamiento de una centralización que se había valorado como necesaria. La economía reclama mayor dinamismo, eficiencia, pero sin entregar el país a las leyes del mercado. Estas, dejadas de la mano, conducirían a un tipo de sociedad que ni de lejos sería la equitativa por la que Cuba ha hecho grandes esfuerzos y sacrificios.
Todo eso estará claro en el pensamiento con que —Partido, Estado, participación popular mediante— la nación se ha planteado alcanzar la solvencia necesaria para que el país sea vivible y no se asfixie en una resistencia sin salida. No obstante, si se pone el oído a la vida, se perciben señales o pruebas de que alcanzar ese logro vital sin sucumbir al pragmatismo economicista del capitalismo puede ser un deseo mayoritario, pero no necesariamente unánime, ni tendría por qué serlo.
El asunto es complejo, y Cuba no puede ni ha de aislarse del mundo; pero ¿debe por eso confiar el futuro socialista que busca a formas de capitalismo de Estado o del modo de producción asiático? En el nombre del primero el núcleo es capitalismo, y el segundo, aunque se actualice, es tan ajeno a la cultura del país como la realidad sueca u otras marcadas por una socialdemocracia que se concibió para cerrar puertas al socialismo que parecía erigirse en la euroasiática URSS y en algunos territorios europeos.
Acaso conceptos claros y controles eficaces no sean suficientes, pero sí indispensables si se quiere edificar un socialismo plenamente participativo, con el pueblo en el centro de las decisiones, para no perder el rumbo de una Revolución cuya esencia radica en haber sido y ser hecha por los humildes, con los humildes y para los humildes. Las excepciones pueden ser luminosas, pero son minoritarias.
Que lo planeado como una cooperativa municipal pase a ser una empresa privada con sucursales desde Guantánamo hasta Pinar del Río puede acarrear males de difícil reversión, o sin retorno. La influencia del despropósito aumenta si la entidad no produce presillas para tendederas, sino algo tan vital como viviendas, tarea con serios déficits acumulados y de la cual el Estado no debe desentenderse. Siempre serán útiles las rectificaciones necesarias. Pero frente a males mayúsculos poco valdrían autocríticas y lamentaciones. El dueño de la exitosa empresa se las arreglaría, y recursos no le faltarán, para tener testaferros que, enmascarados como presidentes de cooperativas territoriales más o menos “modestas”, den la cara por él.
¿Es fácil lograr controles perfectos, invulnerables, e impedir que surjan millonarios? Cabe suponer que no lo es. Por eso mismo se requiere aplicar las medidas prácticas más eficaces, no solo para que no surjan monstruos, sino incluso para que también los réditos de las entidades que cumplan las leyes se reviertan de veras en la sociedad, según lo establecido. Con ese fin se ha creado un sistema de impuestos que seguramente podrá perfeccionarse. Pero sería ingenuo imaginar que quienes se hagan de negocios particulares estarán pensando primordialmente en asegurar la construcción del socialismo, y no en fomentar sus ingresos personales, o familiares.
Como en otros tiempos, en el nuevo sector privado puede haber y habrá patriotas que no han renunciado ni renunciarán a los grandes ideales de la Revolución, y estén dispuestos a seguir defendiéndola hasta con las armas si fuera necesario. Ahora bien, no hace falta negar esa posibilidad, o realidad, para saber que la base del proyecto socialista radica en la propiedad social bien entendida, ni para saber por qué el imperio como sistema —no solo un “mago” suyo como el “encantador” Barack Obama— apuesta por ese sector y proclama que únicamente en él tiene Cuba personas emprendedoras, y soluciones.
Para impedir descarrilamientos no basta la propaganda enfilada a sustentar valores y a decir que aquí el socialismo —aún en construcción, y con tremendos obstáculos que vencer— es irreversible, y el capitalismo no podrá volver jamás. Aunque todo eso está muy bien como reclamo de rumbo y defensa del deber ser, la experiencia internacional muestra que no cabe confiar en supuestas irreversibilidades como si fueran un hecho fatal, inevitable, designio de dioses. Junto con la propaganda bien intencionada, y sustentaciones de los más altos ideales, se requieren mecanismos que de veras funcionen como se desea y se necesita que hagan.
Lucidez y prevención resultan indispensables, pero estarán inseguras si entre los seres humanos encargados de cuidarlas no priman la ética, la disciplina y la honradez. Sería incauto suponer que estas se hallan del todo garantizadas cuando no faltan indicios de desorden y comportamientos aberrantes, para no hablar de escandalosos actos delictivos probados. Estos, aunque no suela informarse sobre ellos en la prensa tanto como se debería, son la expresión más ostensible de violaciones desarrolladas al amparo de una insuficiente asunción de lo que significa la propiedad social, a veces entendida como una entelequia que no le pertenece a nadie o es patrimonio del Estado, no del pueblo.
Para que la redistribución social de las ganancias se distorsione, o naufrague, basta el relajamiento más o menos generalizado, aunque fuese a bajos niveles, del orden, la convivencia y la legalidad. El mal se agrava si actúan unos cuantos —¿pocos?— inspectores venales y otros agentes del orden que, en lugar de cumplir sus funciones, las supediten al logro de ganancias y prebendas inmorales. Por ese camino proliferan la defraudación del fisco y pueden darse casos en que, si lo establecido y legal es, digamos, la tenencia de un solo restaurante, alguien se las amañe para ser dueño de varios establecimientos de ese tipo, y de otros, como hoteles, y quién sabe cuántos más.
Pensar que no se debe poner límites al enriquecimiento, o al menos controlarlo, supone abogar por una libertad de empresa que no llevaría a tener un sector privado que, además de obtener sus ganancias, sirva al desarrollo del país con afán socialista. Se fomentarían propietarios privados que acabarían teniendo una influencia social y económica contraria al fin de construir el socialismo. Ese es un propósito para el cual no basta que numéricamente la propiedad social sea básica: es indispensable que resulte eficiente y que la privada no le pase por encima ni en los hechos ni a nivel simbólico.
La escasa o nula inclinación de Fidel Castro a la aparición de ricos —no ya de millonarios como los que van surgiendo— no era cuestión de manual, sino voluntad práctica de prevenir males. Uno de ellos, y no el menor, sería la imagen de prosperidad dable a la vía privada en menoscabo de la social, vistos los hechos desde el egoísmo. A lo que el desequilibrio representaría simbólicamente, se añadiría en los hechos el influjo deformante de lo que puede recibir distintos nombres, pero equivaldría a comprar conciencias, por los “favores” que el rico puede prestar a quienes le rodean, y por el deseo de emularle que su nivel de vida incentive en otros que no han llegado a ser ricos, pero lo añoran. Máxime si los salarios en el sector social son insolventes.
Hace poco, de visita el autor de este artículo en un pueblo de cuyo nombre sí quiere acordarse, pero no viene al caso mencionarlo porque tal vez no sería un caso aislado, los candidatos a diputados por el territorio al Poder Popular fueron recibidos con cordialidad, esperanzas y euforia justificadas. La mayor aportación para el recibimiento —un lechón asado— no fue obra del colectivo, sino de un propietario rico que, a su vez, es delegado de su circunscripción. No hay por qué negarle el derecho a serlo, y llevar a cabo en ello una buena labor, ni escatimarle el reconocimiento de buenas intenciones; pero hechos e imágenes tienen su propio valor en la realidad, en la vida.
A lo largo del país el enriquecimiento de un propietario de finca—terrateniente, aunque no sea latifundista— puede haber venido de tierras otorgadas por el Estado, incluso por la vía de la fundacional Reforma Agraria, que no se concibió para fomentar desigualdades, sino para erradicar o mermar las que existían, y prevenir otras. Además, no todos los ricos se hallan en el sector agrícola, que tampoco se libra forzosamente de las generalidades, y el enriquecimiento puede proceder de varias fuentes, no siempre de la consagración al trabajo y de ganancias bien habidas.
Entre dichas fuentes figura la explotación de unos seres humanos por otros, realidad medularmente opuesta a los ideales socialistas, pero que ocurre siempre que alguien medra con la plusvalía extraída del trabajo ajeno. Eso no lo impide el mero hecho de que alguien entusiasta y bien intencionado quiera suponer que Cuba es un caso tan particular que en ella no funcionan las leyes de la historia y de la economía. Estas son palmarias y actúan aunque no se les quiera tener en cuenta ni se mencione el marxismo. Acaso operen con mayor fuerza cuando se incurre en omisiones tales.
Y hay otras fuentes posibles, o comprobadas, de enriquecimiento. Dos pueden guardar especial relación entre sí: una, aludida ya, es la ineficiencia —que no es inevitable, sino a menudo fruto de errores y desidias— de la propiedad social; otra, la corrupción, las malversaciones, la pérdida de lo que debería llegar al erario público para beneficio ciudadano, y toma otro camino. Como si todo eso fuera poco, nada autoriza a ignorar que entre las vías para hacerse rico en Cuba puede hallarse el dinero recibido del exterior, y no precisamente de un reservorio creado, en Marte, para financiar la equidad en el planeta Tierra.
Vale recordar lo sucedido en lo que fueron la Unión Soviética y el campo socialista europeo. De la corrupción surgieron en esos lares mafias que calzaron fruitivamente —ni siquiera furtivamente en todos los casos, sino quizás ante la vista pública— el desmontaje del socialismo y la suplantación de este, desde dentro, por la maquinaria capitalista. En ningún lugar se debe decretar que tales deformaciones sean imposibles. Tampoco en Cuba, aunque exista el firme propósito de impedir que ocurran.
Este país, que está rodeado por un entorno mundial capitalista, viene de un capitalismo dependiente contra el cual unas décadas de afán socialista pueden no blindar lo bastante el triunfo deseado. Téngase especialmente en cuenta que sus relaciones con el exterior incluyen de manera descollante, y traumática, la hostilidad de una potencia imperialista vecina que apuesta por aplastarlo y borrar de la faz de la tierra el “mal ejemplo” que él viene dando al mundo desde 1959.
Nada de eso puede desconocer Cuba, ni siquiera por la creencia de que esta nación ha tomado un camino del cual no hay fuerza alguna capaz de desviarla. Salvo que, por su excepcionalidad, real o supuesta, le nazcan millonarios y millonarias que, dados con vehemencia a estudiar a fondo El manifiesto comunistaLa historia me absolverá y los documentos del Partido, abracen como la pasión de su vida construir el socialismo. Pero ¿hay por qué contar con que así sea? ¿No sería aconsejable más bien tener presente la propia historia de la nación, en caso de que no se quisiera mirar al mundo?
Cuba viene de una trayectoria en la cual el independentismo halló inicialmente líderes surgidos del seno de la opulencia, con mayor o menor grado de crisis, o sin ella, y al final de la Guerra de los Diez Años lo representaban y defendían básicamente patriotas ubicados en sectores de menos recursos económicos, pobres incluso. Así, radicalizándose, llegó esta nación a la gesta de 1895, y a la etapa de luchas que, iniciada en 1953, le abrió en 1959 el rumbo que la ha traído hasta hoy.
Si para la Cuba de su tiempo halló Martí la palabra de pase en crear, José Carlos Mariátegui entendió el socialismo como un acto de creación heroica. Que los toros sean indóciles, no será razón para ignorarlos, sino para agarrarlos por los cuernos y tratar de que no funcionen como bombas de tiempo contra el socialismo.


II- El sector privado, ¿enemigo?




Cuentapropista en Santa Clara, Cuba. Foto: Desmond Boylan / AP.


Hace unos días, la revista de cultura cubana La Jiribilla publicó el artículo “¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?” firmado por Luis Toledo Sande. En este material, el autor abordó el peligro que puede representar para la Revolución y la construcción del socialismo en Cuba la existencia de un sector privado sin regulaciones ni control de algún tipo.

Esta cita del texto en cuestión resume su tesis central: “Pensar que no se debe poner límites al enriquecimiento, o al menos controlarlo, supone abogar por una libertad de empresa que no llevaría a tener un sector privado que, además de obtener sus ganancias, sirva al desarrollo del país con afán socialista”.

Si bien esta preocupación es totalmente verídica, discrepo en varias cuestiones argumentadas por el autor. La fórmula “control, exigencia y disciplina”, única opción de política hacia el trabajo por cuenta propia, que se repite hasta el cansancio y que se asume en la publicación, ha demostrado su insuficiencia para hacer que el país se ponga en la línea de arrancada de la carrera hacia el desarrollo.


Negocio privado en La Habana. Foto: Roby Gallego.


Abordar el fenómeno del sector privado en Cuba desde una arista política, requiere considerar adecuadamente las condiciones reales del mundo en que vivimos y no de aquel en el que creemos vivir.

Insistir a esta altura en desconocer la aspiración de las personas a prosperar y a tener mejores condiciones de vida, es, precisamente, un craso error político. El artículo falla en ese sentido al afirmar que “…sería ingenuo imaginar que quienes se hagan de negocios particulares estarán pensando primordialmente en asegurar la construcción del socialismo y no en fomentar sus ingresos personales o familiares”.

La preocupación de asegurarse la vida y prosperar está presente en todos y cada uno de los habitantes de este planeta. ¿O los trabajadores de nuestras empresas estatales concurren a sus deberes laborales únicamente por vocación socialista? ¿Optaría entonces el autor por eliminar los salarios para contribuir al ahorro nacional? Estoy seguro de que no. Es hora de que, sin convertirlos en nuestro credo, se acepte que el interés y las necesidades materiales de las personas son fuerzas que operan en nuestra sociedad.


Restaurante privado en La Habana, enero de 2018. Foto: Ramón Espinosa / AP.


El problema a enfrentar en Cuba en cuanto a la economía de mercado no es la existencia de un sector privado que haya copado los espacios políticos imponiendo su agenda por encima de intereses nacionales ni que conspire con intereses foráneos para subvertir el orden interno. Mucho menos que haya ocurrido un proceso de privatizaciones al mejor estilo neoliberal. Si tenemos un sector privado con los defectos que todos conocemos es porque no hemos sido capaces de garantizarle un marco legal y condiciones que, además de establecer las lógicas restricciones, defina reglas de juego claras y que fomenten su desempeño saludable.

Por supuesto que las cosas no son tan sencillas; persisten contradicciones reales de la economía nacional que son difíciles de resolver. Pero en el fondo yace un hecho: no se termina de asumir al sector privado como un actor económico de grandes potencialidades y que tiene que mucho por aportar.

Mientras no se supere el criterio de que el cuentapropismo es válido únicamente como mecanismo para generar empleo y para liberar al Estado de cuestiones de importancia menor, no podremos avanzar.


La Guarida, en La Habana. Foto: Gabriel Guerra Bianchini.


La toxicidad de una economía de mercado libérrima está más que demostrada. Pero igualar en el debate a las gigantescas transnacionales con las pequeñas empresas y los cuentapropistas es una exageración. Las últimas siguen siendo las fórmulas organizativas de producción más extendidas, y son protegidas en varios países. Se pueden mencionar como ejemplos, además de China y Vietnam, no pocas naciones de nuestra área e incluso con gobiernos progresistas o de izquierda.

La CEPAL, organismo internacional que Cuba preside desde hace unas semanas, tiene investigaciones y recomendaciones políticas claras de cuánto pueden las pequeñas empresas y los trabajadores autónomos contribuir al desarrollo, la prosperidad, y cómo emplearlas para disminuir brechas de desigualdad.

Hay que saber mirar hacia el exterior sin complejos y estar dispuestos a aprender de cualquier experiencia valiosa. Contrario a esto, Toledo Sande no reconoce los resultados de China y Vietnam en su tratamiento a la economía de mercado ya que el modo de producción asiático “es tan ajeno a la cultura del país como la realidad sueca (…)”.

¿De dónde salió el socialismo que adoptó como modelo este país? ¿Acaso tenía Cuba en 1961 alguna similitud con la Alemania del siglo XIX o la Rusia zarista? El conocimiento humano, la mayor riqueza que hemos creado como especie, se construyó sumando e integrando los aportes de las diferentes civilizaciones que han poblado el planeta a lo largo de su historia.

En cambio, en el debate se prefiere oponer al sector estatal y el privado al afirmar que “…no basta que numéricamente la propiedad social sea básica: es indispensable que resulte eficiente y que la privada no le pase por encima ni en los hechos ni a nivel simbólico”.


Tienda de souvenirs en La Habana, enero de 2018. Foto: Ramón Espinosa / AP.


Esta filosofía de la “competencia” no es saludable para Cuba y resulta totalmente estéril. Ni la empresa estatal es necesariamente igual a socialismo, ni la empresa privada es el epítome del mal.

Que las industrias estratégicas permanezcan en manos del Estado no contradice la necesidad de que ambos sectores se integren para impactar en el crecimiento y desarrollo de este. Esa debería ser la principal preocupación, cuidando especialmente que los grupos sociales más desfavorecidos se beneficien también.

Un elemento inexacto de los críticos cubanos del papel del mercado, y que emplea Toledo Sande en su análisis, es vincular la desaparición de la URSS a las reformas orientadas hacia el mercado que se realizaron en ese país durante la Perestroika. Ese proceso no puede simplificarse de esa manera. Las causas del desastre fueron más diversas, algunas de las cuales, por cierto, también llevan años reproduciéndose lentamente en nuestro país.

Sin apego a lo sucedido en la URSS, se intenta establecer que los pequeños empresarios fueron los que se repartieron el enorme aparato empresarial soviético y causaron el derrumbe. Nada más lejos de la verdad.

Quienes se erigieron de un día para otro como poderosos empresarios multimillonarios fueron los burócratas, los directivos “socialistas” y toda una pléyade de funcionarios que de ser defensores de una sociedad proletaria pasaron a ser típicos capitalistas. De este hecho, el autor extrae una conclusión incorrecta. Al sector privado no hay que controlarlo por este motivo, porque los que se repartirían el país si se diera una transición capitalista en Cuba no están en la paladar de la esquina, ni detrás del volante de un almendrón. Esto es algo que el autor de “Bombas…” sabe muy bien.


Un semáforo en La Habana, mayo de 2018. Foto: Desmond Boylan / AP.


Espero que una afirmación tan inexacta no tenga la intención de levantar sospechas contra las personas de altos ingresos. Este es otro camino políticamente errado. Visibiliza además una contradicción: ¿Preferimos a los “ricos” extranjeros? ¿A ellos sí les damos garantías y condiciones para abrir sus negocios? ¿Acaso no opera en esos casos la plusvalía extraída del trabajo de sus empleados cubanos? ¿El sector privado cubano es una bomba de tiempo contra el socialismo, y a nuestros capitalistas proveedores extranjeros les agradecemos la confianza cada año en la Asamblea Nacional por esperar a que cumplamos el pago de nuestras deudas?

Es antipatriótico y un motivo de vergüenza nacional que se prefiera contratar a una empresa extranjera cuando se puede obtener el mismo servicio a través de un cubano trabajando por su cuenta, o incluso mediante otra empresa estatal. Hay casos de sobra para sostener esta afirmación.



Turistas en La Habana pasan por delante de un crucero atracado en el puerto de la capital cubana. Foto: Ramón Espinosa / AP.


Urgen coherencia y pragmatismo en Cuba. No hablo de dirigir el país con parámetros técnicos como si fuera una empresa. Pero hay que desterrar el “subjetivismo politicista” como refiriera el Dr. Oscar Fernández en un comentario enviado a La Jiribilla con motivo de “Bombas…” para referirse al daño que nos ha hecho y nos sigue haciendo la subestimación de las ciencias y realidades económicas.

Tal parece que ha surgido en el último año un miedo atroz al desarrollo del sector privado y cooperativo en Cuba. Quienes los critican como herramientas ineficaces para Cuba, ¿qué tienen que ofrecer como alternativa? ¿Cincuenta años más de centralización excesiva y tirar por la borda los lineamientos y la conceptualización del modelo económico que le ha costado años de discusión a este país? ¿Ampliar con fuerza el experimento de las cooperativas no agropecuarias? ¿Propondrán fórmulas que vayan en la dirección de socializar verdaderamente las empresas estatales, donde los trabajadores elijan a sus directivos y puedan decidir realmente sobre todos los asuntos de las empresas?

La hora de los debates se está acabando.


Cooperativa de manicure en La Habana. Foto: Ramón Espinosa / AP.


No se trata de entregar el país a las leyes del mercado, sino de usarlas. Si Toledo Sande dice con razón que las leyes de la plusvalía existen en Cuba y que no se pueden ignorar, hacerlo con las leyes del mercado puede tener también consecuencias catastróficas.

Si queremos sacar a Cuba del hoyo económico en el que está, tendremos que aprender a dominar las fuerzas del mercado de la misma manera en que los humanos aprendieron a dominar el fuego hace millones de años.


III - Oscar Fernández Estrada. Comentarios sobre el economicismo en el debate en Cuba. El Estado como Tal 


El Dr. Oscar Fernández Estrada, colega economista invitado de este blog, comparte un breve comentario a propósito del artículo de Luis Toledo Sande “¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?, específicamente en relación con lo que se ha llamado el “economicismo”.


Estimado autor, partiendo de un inobjetable respeto a su trayectoria y solidez intelectual y respetando aún más su opinión como individuo, deseo sumar al debate sobre su artículo algunos breves elementos, tal vez discrepantes, que me he animado a escribirlos desde el móvil sin tiempo para revisar y resumir (ruego se me perdone por ello).

Muchas veces cuando se enarbola al supuesto “pragmatismo economicista” como peligrosa tendencia que intenta imponerse en Cuba desde algunas esferas, se parte desde un profundo desconocimiento o subestimación de la ciencia económica.

Podría decirse de igual forma (y no recuerdo haber leído esta alerta) de los peligros y las nefastas consecuencias de un “subjetivismo politicista” que hemos padecido durante muchos años que ha borrado, desconocido y estereotipado muchas propuestas rigurosas y audaces desde la ciencia económica realizada por nuestros académicos cubanos (por cierto, de una vocación socialista tan indiscutible como la de los médicos que van al África o los linieros que se movilizan con los huracanes).

Las opciones, por lo tanto, no pueden reducirse a una simplificación tan superficial: lo que existe hoy en materia de sistema económico -como quiera que se le llame- vs la opción capitalista privatizadora de las conquistas de nuestro socialismo que vendería el país a las trasnacionales y dejaría desamparado a nuestro pueblo trabajador.

No es riguroso plantear el problema con esa simpleza. Hay muchos muchos espacios de transformación de nuestra totalmente disfuncional concepción económica (disfuncional sobre todo para desarrollar las conquistas socialistas), muchas opciones para transformar una muy mala forma de administrar nuestra economía (y no me refiero a los funcionarios consagrados del MEP sino al modelo en el que están entrampados) sin que a nadie se le ocurra entregar las riquezas del país a las manos del gran capital.

El socialismo en la URSS no lo destruyeron los cuentapropistas devenidos en empresarios millonarios, sino que fueron los funcionarios del Estado y el Partido -promovidos a sus puestos durante años por un sistema muy parecido al nuestro y con opciones casi nulas de escrutar su gestión muy parecidas a las nuestras- los que se empoderaron y de hecho empujaron el socialismo por el caño.

Siguiendo esa comprobada experiencia diría que todas las alertas de nuestra intelectualidad socialista deberían centrarse mucho más en denunciar peligros potenciales más tenebrosos como la inverosímil y ascendente concentración de poder en el Grupo Empresarial GAESA, de la cual el pueblo trabajador no tiene ni la más mínima idea, pues los medios no hacen la más mínima referencia y sus máximos directivos, a diferencia de los  restantes sectores, no figuran como diputados en la Asamblea Nacional, y ni siquiera son nómina del Comité Central del Partido.

El sector privado en el socialismo cubano debe tener su espacio y el cooperativo más. Y el Estado Socialista cubano tiene que transformarse para adaptarse a su existencia, aprender a encaminarlos, a influir sobre ellos, y a establecer alianzas estratégicas de largo alcance.

El sector empresarial estatal tiene que mantener su espacio. No tiene por qué preocuparnos tanto la amenaza de una eventual privatización en un contexto en el cual en 8 años de reforma económica -que pasó ya su momento de mayor entusiasmo y audacia- absolutamente ninguna instalación estatal ha pasado ni siquiera a la gestión privada -más allá de un puñado de restaurantes y barberías- y mucho menos cambió de propiedad.

Pero el Estado Socialista cubano tiene que transformarse y de una vez entender que las empresas tienen que ser empresas y no departamentos del nivel central, que tienen que tomar decisiones, invertir, asumir riesgos, crecer, fracasar, pagar a sus empleados lo suficiente para garantizar su sostenibilidad. Pero el Estado no sabe cómo lidiar con actores autónomos, cómo controlar e influir en sus comportamientos porque siempre los ha dirigido directamente.

Por último, preferiría que evitáramos el superficial modo de referirnos al mercado como un asesino de niños. El mercado es una institución objetivada hace muchos muchos años, incluso previo a que el capitalismo lo acogiera y lo convirtiera en súmmum. Es la tecnología conocida hasta el momento más eficaz para ordenar un mundo de mercancías del cual Cubita la bella forma parte indiscutiblemente. El desprecio que nos han enseñado a profesarle nos aleja del necesario estudio de sus leyes y de los modos en los que se le puede emplear para fines nobles.

No son las leyes del mercado las que traen tanto desastre y desigualdad en este mundo. Son las leyes del capitalismo aplicadas por los capitalistas.

Construir mercados justos que equilibren la balanza a favor de los consumidores en lugar de entregar poder absoluto a los productores como ocurre en Cuba en la actualidad podría ser también una fuente de equidad social y sobre todo el único camino para combatir al tan estructurado mercado subterráneo, activista principal en la corrosión de valores a nivel social.

Hay mucho por donde aproximarnos a la compleja realidad cubana de hoy. Pero la intención tiene que ser aglutinante y no descalificadora. Personalmente quisiera dejar claro, en resumen, que:

– Comparto los peligros que entraña para la sociedad cubana el desarrollo del sector privado, pero aceptaría el reto. No veo otra opción que intentar el socialismo de este tiempo desde la heterogeneidad. Por supuesto que implica rediseñar el Estado no solo en el ámbito de sus mecanismos económicos. Pero no es posible dar marcha atrás ni desconectarnos totalmente de procesos globales que estamos lejos de controlar.

– El peligro mayor de reversión sistémica radica en el poder incontestable que descansa en empresas, grupos de empresas, supragrupos de empresas, megagrupos de empresas, así como en organismos e instituciones, que al final termina en la mesa de un mortal con nombre y apellidos, con virtudes y debilidades, con aspiraciones ideológicamente correctas o con ambiciones perversas, que requieren urgentemente ser puestas bajo profundo escrutinio público.

Perdone la improvisación y la extensión. Muchas gracias por el interés y la paciencia.

Oscar Fernández Estrada
Doctor en Ciencias Económicas
Profesor Titular de La Universidad de La Habana




En el camino de la innovación

Sobre el suministro de medicamentos y el proceso inversionista conversó Granma con el director de BioCubaFarma

Autor: Orfilio Peláez | orfilio@granma.cu


El Centro de Inmunología Molecular figura entre las instituciones con mayores resultados científicos dentro de BioCubaFarmanuestro canotaje. Foto: Archivo

Creado en el 2012, como parte del proceso de implementación de los Lineamientos aprobados en el 6to. Congreso del Partido, el Grupo Empresarial de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica (BioCubaFarma) tiene la función principal de suministrar medicamentos, equipos, sistemas diagnósticos y tecnologías al sistema nacional de salud y la exportación de bienes y servicios.

La materialización de tan vitales objetivos está sustentada en tres pilares básicos: la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación, para lo cual la entidad dispone de recursos humanos altamente calificados.

Tras poco más de cinco años de surgida la organización superior de dirección empresarial, su presidente, el doctor Eduardo Martínez Díaz, dialogó con Granma.

–¿Qué características distinguen el trabajo de BioCubaFarma en su primer lustro?

–En primer lugar se trabajó en la armonización de las dos grandes entidades que constituyeron el Grupo Empresarial (Quimefa y el Polo Científico del oeste de la capital), con condiciones diferentes en cuanto a estándar regulatorio, conocimiento empresarial y desarrollo científico-técnico.

«Fueron establecidos igualmente los procedimientos, políticas y normas para la gestión de los procesos de la nueva organización y hubo una labor muy fuerte centrada en lograr una mayor disciplina y cultura económica, financiera y contable.

«Heredera de un desarrollo previo de más de tres décadas en el sector de la biotecnología y la industria médico farmacéutica cubana, reconocido mundialmente, en los cinco años transcurridos BioCubaFarma, compuesta hoy por 34 empresas y más de 20 000 trabajadores, ha tenido aciertos y desaciertos. Pienso que son más los logros, pero existen deficiencias y nos falta mucho por hacer».

–¿Cómo se ha comportado el suministro de medicamentos al sistema nacional de salud?

–Entre el 2015 y el 2017 hubo reiterados problemas con el abastecimiento de varios grupos de fármacos a la población, causados entre otros factores, por ineficiencias internas, inestabilidad en el funcionamiento de varias líneas productivas debido a la falta de piezas de repuesto, y no contar con las materias primas requeridas para la producción, debido a dificultades financieras.

«Dentro de los medicamentos que más faltaron el año pasado figuran los cardiovasculares como antihipertensivos, antianginosos y antitrombóticos; anticonvulsivos y antiepilépticos; sicofármacos y analgésicos.

«No puedo dejar de mencionar también el efecto del bloqueo económico impuesto por el Gobierno de Estados Unidos, pues varias empresas foráneas que habitualmente nos vendían materias primas dejaron de hacerlo por esa causa.

«Ante cada una de las situaciones presentadas, específicamente las relacionadas con el financiamiento, la máxima dirección del país tomó las acciones correspondientes para minimizar las afectaciones, además de darle un seguimiento permanente al tema, con la participación del Ministerio de Economía y Planificación, el Ministerio de Salud Pública y otras entidades involucradas. Justo reconocer, asimismo, el esfuerzo del personal de BioCubaFarma para mantener las fábricas en funcionamiento.

«Como nos enseñó Fidel, el artífice de este estratégico y pujante sector de la ciencia cubana, lo esencial es buscarle solución a los problemas que vayan apareciendo, evitar que los mismos nos sorprendan y tener siempre alternativas.

«El 2018 lo comenzamos con un aseguramiento de materias primas superior al de los dos años precedentes, están llegando piezas de repuesto y las plantas funcionan de manera más estable. Aunque las perspectivas son alentadoras, ello no implica la inexistencia de tensiones con algunos productos, ni que dejen de presentarse dificultades para adquirir determinados renglones. 

«BioCubaFarma entrega hoy al sistema nacional de salud más de mil productos, de ellos 482 fármacos que cubren el 62 % del cuadro básico de medicamentos. Durante el último lustro logramos introducir un total de 86 nuevos productos, lista donde figuran varios patentados por nuestros científicos que son únicos a nivel mundial y con posibilidades de convertirse en importantes rubros exportables.

«La actividad investigativa e innovadora desarrollada propició obtener 31 nuevos objetos de patentes, mientras ya ascienden a más de 2 400 los registros de patentes alcanzados por la industria biotecnológica y farmacéutica en Cuba y en el mundo.

«Varios de los proyectos en ejecución muestran en las primeras fases de estudios clínicos resultados muy prometedores para combatir las primeras causas de muerte en el país y a nivel internacional».

–¿Cuál ha sido el comportamiento del proceso inversionista? 

–El monto invertido del 2013 al 2017 superó en un 56 % la cifra destinada al sector durante el quinquenio anterior. Tales inversiones incrementaron las capacidades productivas y mejoraron el estándar regulatorio de nuestras instalaciones, acorde con los requisitos establecidos en las normas de Buenas Prácticas de Fabricación. 

«Una de las más prominentes es la referida a la construcción del gran complejo biotecnológico en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, concebido para una amplia línea de productos ya obtenidos y validados, y otros que se encuentran en su fase final de desarrollo.

«Hasta el 2030 prevemos el incremento de las capacidades productivas, a fin de sustituir la importación de una gama de medicamentos. Por ejemplo, la Dipirona utilizada en los centros hospitalarios es fabricada en la actualidad por el Grupo Empresarial, pero los 84 millones de tabletas vendidas en las farmacias son importadas. Más allá de lograr el enunciado propósito, las inversiones previstas también favorecerán el aumento de las exportaciones.

«Actualmente, BioCubaFarma llega con sus productos a más de 40 naciones y dispone de un programa para continuar diversificando mercados y crecer en los que ya tiene presencia.

Dispone Holguín de unas 200 plantas para la producción de biogás


Por | Eileen Molina Fernández | Foto: ACN
Biogas Energia Renovable
Holguín, jun (ACN) La provincia de Holguín cuenta actualmente con cerca de 200 plantas para la producción de biogás como combustible, insertadas dentro los programas para ampliar el uso de fuentes renovables de energía.
Este gas es una herramienta para el tratamiento de los residuos biodegradables, considerados altamente nocivos para el medio ambiente y la salud humana, entre ellos el metano.
Alexander Leyva, especialista de la Empresa Eléctrica Holguín, señaló a la ACN que los biodigestores se dirigen fundamentalmente al procesamiento de los desechos sólidos generados por la cría de animales como cerdos y reses.
Leyva, también responsable de la actividad de Fuentes Renovables de Energía (FRE), subrayó que las unidades poseen capacidades de almacenamiento desde 16 hasta 80 metros cúbicos y reportan entre sus beneficios la obtención de energía expresada en calor, luz y electricidad.
Estos biodigestores, mejoran también las condiciones higiénicas y contribuyen a la conversión del excremento en biofertilizantes, con el objetivo de fomentar la agricultura ecológica, indicó.
Como parte de los proyectos para ampliar el uso del combustible, existe actualmente una investigación para monitorear a la vez las condiciones estructurales y de funcionamiento de unas 54 plantas pertenecientes a trabajadores por cuenta propia.
Janet Soberats, coordinadora de la iniciativa, destacó que en este frente se establecen parámetros que posibilitan aplicar pruebas de laboratorio para determinar la acidez del suelo y la calidad del combustible generado en el proceso, lo cual contribuye además a la protección de las fuentes de agua subterránea.
La extensión y perfeccionamiento del biogás, se ajusta al Lineamiento 253 aprobado en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba,  el cual establece el desarrollo de las fuentes renovables de energía como una prioridad del Estado cubano.

Bernanke alerta de que la economía de EEUU se acerca al 'Momento Coyote'


Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal de EEUU, ha criticado con severidad las políticas fiscales de Donald Trump, que llegan en una parte del ciclo en la que pueden hacer más daño que beneficio. La economía y los mercados financieros van mantener el impulso gracias a un mayor endeudamiento fruto de los estímulos, pero llegará un momento en el que los agentes mirarán hacia abajo y verán que no hay nada más que deuda que refinanciar a unos tipos superiores, se asustarán y llegará el Momento Coyote.

Los estímulos "van a influir en la economía a lo grande este año y el próximo, y después en 2020 el Coyote se va a caer por el precipicio", haciendo referencia al desventurado personaje de los dibujos animados de la Warner Brothers. Bernanke cree que el recorte del Impuesto de Sociedades hasta el 21% (desde el 35%) y la reducción del IRPF diseñados por el equipo de Donald Trump "hacen el trabajo de la Reserva Federal más difícil". "Lo que estamos obteniendo es un estímulo en un momento que no es nada adecuado... la economía se encuentra ahora mismo en situación de pleno empleo", asegura Bernanke.

La tasa de desempleo en Estados Unidos cayó en mayo hasta el 3,8% (6,1 millones de parados), una cifra que no se alcanzaba desde mayo del año 2000, después de bajar al 3,9% en abril tras seis meses estancada. La economía ya está funcionando a toda máquina y no necesita más gasolina, para Bernanke esos estímulos fiscales deben guardarse como munición para contrarrestar próximas recesiones.

¿Qué es el Momento Coyote?

El economista jefe de ING para Bélgica, Peter Vanden, hizo referencia a esta situación hace aproximadamente un año al llamar 'Momento Coyote' a lo que tradicionalmente se ha conocido como 'Momento Minsky', por su parecido con la escena más famosa del cómico personaje de los Looney Tunes, que cuando mira bajo sus pies observa que no hay nada que los sostenga y es entonces cuando da comienzo su caída en picado. Los largos periodos de estabilidad fomentan el endeudamiento de empresas y hogares, lo que a la postre hace más vulnerable el sistema, explicaba Vanden.

En este contexto, el banco central puede terminar subiendo tipos (como está ahora haciendo la Fed), poniendo en problemas a las partes más endeudadas de la economía, y finalmente llevando a los mercados financieros a corregir... uno podría comparar esto con el Coyote en su afán por atrapar al Correcaminos, cuando el primero corre sobre un acantilado y sólo se cae cuando mira hacia abajo y ve que sólo hay vacío.

Por su parte, el Momento Minsky es el suceso bautizado con el nombre del prestigioso economista Hyman Minsky, que se produce cuando los mercados colapsan tras un periodo de excesivo optimismo. Este 'momento' llega cuando los inversores sobreendeudados se ven obligados a vender incluso sus inversiones más sólidas para poder pagar sus préstamos, lo que provoca grandes pérdidas en todos los mercados y una ingente demanda de liquidez que obliga a los bancos centrales a prestar dinero a manos llenas.

Indicadores que apuntan a que EEUU no va tan bien como se dice



Las portadas de los principales medios económicos de todo el mundo vienen mostrando desde hace trimestres indicadores económicos estadounidenses que les llevan a teñir de color optimismo sus columnas salmón cuando hablan del desempeño de la economía de EEUU.

Pero lo cierto es que la economía es uno de los sistemas más complejos conocidos por el hombre, y su medición, diagnóstico y dirección ha sido objeto de la ciencia económica desde que existe como tal. Otro tema es cuántas veces lo hace con éxito. Una de las claves para conseguirlo está en qué, cómo y para qué se utiliza cada indicador económico, y hay unos cuántos en EEUU que muestran una realidad muy diferente.

Del catálogo elegido depende la imagen que se quiere mostrar

Los indicadores son eso, simples indicadores. No sólo depende su fiabilidad de la calidad del dato que muestran, cosa ya matizable según analizamos en “¿Econometría o economentira? La realidad económica que se esconde tras la cocina, sino que la dependencia también viene por el lado de qué indicadores se eligen para diagnosticar qué mal económico. Y claro, con tanta opción y tanto “oído, cocina”, muchas veces hay un indicador que, tras pasar por la sartén, consigue dar la imagen que persigue el que lo publica.

Hemos oído por activa y por pasiva que la economía de EEUU ya se ha recuperado de la última crisis y goza de buena salud. Bueno, lo que deberíamos sacar en claro de esos titulares es que los indicadores tradicionales de EEUU apuntan a que se ha dejado atrás la crisis. Pero la realidad económica, al igual que el mundo en sí, es siempre cambiante, y por lo tanto también cambiante debe ser el modo de medirla.

Deberían estar también en el radar de los dirigentes que dictan la política económica estadounidense otros indicadores que, o bien son de nueva creación, o bien hasta el momento no se consideraban tan relevantes como ahora a la hora de medir la economía del pasado. Y sí, estos indicadores son relevantes y muestran una realidad económica paralela mucho menos boyante que la habitualmente divulgada.

Los indicadores de la discordia


Pues estos indicadores de la discordia ni son pocos, ni son poco importantes. Y esto ocurre para desgracia de todos, porque al fin y al cabo Estados Unidos es la primera economía del planeta, y recuerden aquello de que “Cuando Estados Unidos estornuda, Europa se resfría”. Una serie de ellos fueron publicados recientemente por el Washington Post, y no se centran tanto en rimbombantes cifras macroeconómicas, como más bien en cómo es la economía del día a día de los ciudadanos de a pie.

La fiabilidad de estos indicadores alternativos está fuera de toda cuestión, puesto que vienen precisamente de la propia Reserva Federal, que ha optado por analizar nuevos datos, consciente desde hace tiempo (al igual que nosotros) de que la forma actual de medir el desempeño de la economía se está quedando obsoleta. Los datos están basados en encuestas que la institución ha realizado entre más de 12.000 estadounidenses, y las preguntas tratan de poner el dedo en la llaga económica de la era del bajo desempleo pero con ciudadanos que no llegan a fin de mes.

El primero de los datos apócrifos es que nada más y nada menos que un 40% de los estadounidenses adultos no tienen suficiente colchón económico para poder permitirse un gasto inesperado de tan sólo 400$, como puede ser una factura médica de urgencias, una avería del coche, o una reparación en casa. La verdad es que poder atender este tipo de necesidades imprevistas y urgentes no parece ningún lujo, sino más bien una necesidad básica que muchos ciudadanos de aquel país no pueden cubrir. Y lo que llama especialmente la atención es que el importe incluido en la encuesta no es para nada desorbitado, sino todo lo contrario.

El segundo dato de la re(quete)velación es que un chocante 43% de los hogares estadounidenses no pueden permitirse un modo de vida básico. Es decir, casi la mitad de los ciudadanos de la primera economía del planeta no puede afrontar de forma conjunta los gastos de vivienda, comida, gastos infantiles, sanidad, transporte y telecomunicaciones, y eso que los datos fueron pertinentemente ajustados a los diferentes costes en cada condado.

Seguimos de revelaciones que hacen la luz con un tercer dato apócrifo: el año pasado, más de uno de cada cuatro adultos dejó de acudir a recibir asistencia sanitaria que necesitaba porque no se la podía permitir.

Y finalizamos con una traca final de la muerte (socioeconómica). Un 22% de los adultos no son capaces de pagar todas sus facturas a final de mes. Sólo un 38% de los trabajadores en activo piensan que sus ahorros para la jubilación (esenciales en EEUU para sobrevivir llegado el momento) están en línea con lo que necesitan tener ahorrado. Y para echar más leña al fuego en un país cuyas tensiones raciales siempre han sido un talón de Aquiles: sólo un 65% de los afroamericanos y un 66% de los hispanos afirman estar en buena salud económica, frente a un 77% de los blancos.

La realidad que se esconde tras estos datos


Como pueden observar, parece bastante evidente que la economía estadounidense no goza precisamente de buena salud (al menos no tan buena como anuncian los titulares de los medios "commodity"). ¿O más bien deberíamos decir que son sus ciudadanos los que no gozan de buena salud económica? Porque las cifras macroeconómicas, como un desempleo en mínimos y un crecimiento boyante, muestran una realidad económica nacional diametralmente opuesta. Main Street y Wall Street no son ya calles separadas por una gran manzana, sino calles situadas una en una barriada deprimida y otra en un elitista barrio residencial.

Los dirigentes económicos norteamericanos deben fijarse un poco menos en los actuales indicadores macroeconómicos, y mucho más en las economías de los ciudadanos de a pie de calle. Además de medir así más fidedignamente el latido económico del país, deben tener en cuenta que son los ciudadanos los que en su desesperación votan a cualquiera que les prometa lo imposible y les haga ver una salida (independientemente de que luego les dirija a ella o no).

Es fácil acusar de populista a alguien al que difícilmente le llega para comer cuando tú no pasas sus mismas penurias. La desesperación (y también la manipulación, todo hay que decirlo) son muy malas compañeras de viaje de la democracia, y siempre acaban dejándola "colgada" (y tanto). Pero la gracia de la democracia también hace que esos votos depauperados cuenten tanto como el de los que viven holgadamente: si la mayoría del país no puede cubrir sus gastos más básicos, eso tiene su fiel reflejo (con destellos amarillistas) en unas urnas que acaban por regir el destino de todos. El algodón no engaña, y el recuento de votos tampoco (dependiendo del caso).

La situación no debería cogernos por sorpresa: estábamos avisados


Lo cierto es que la conclusión debería ser que medio Estados Unidos está pasando serias dificultades económicas, mientras que el otro medio país vive con holgura. Sería cuestión de prestar más atención a las medianas y menos a las medias. Y en todo caso esto no es más que la demostración de que ya está aquí aquella sociedad dicotómica que les adelantamos en el análisis "Cuando la economía digital trae desigualdad y precariedad".

Ya entonces retratábamos el futuro digital de un mercado laboral dividido entre la precariedad de los empleos sin valor añadido, y los empleos que siguen demandados y gozando de buenas retribuciones en la nueva economía. Pues bien, ese futuro parece que está ya empezando a llegar, y como todo en esta sociedad técnica de progreso exponencial, llega antes de lo que se le esperaba.

De igual manera, esta realidad económica también refleja la creciente brecha salarial existente en las sociedades desarrolladas entre las clases dirigentes y el ciudadano medio. Ya analizamos este tema detalladamente en el artículo "En unos años el 1% más rico del planeta poseerá dos tercios de la riqueza global", y en él ya llegamos a la conclusión y aportamos datos objetivos que muestran cómo las desigualdades intra-nacionales (ojo, que no a nivel global, donde están en claro retroceso) están entrando ya en el terreno de lo (muy) excesivo.

Ahora también hemos podido leer en el excelente The Economist cómo, al contrario que los ejecutivos, la clase media ha sufrido una importante merma de su poder adquisitivo. Mientras los sueldos directivos muchas veces seguían una tendencia fuertemente alcista, mientras la inflación era contenida pero horadaba año a año ahorros y poder de compra, resulta que los salarios medios reales en la mayor parte de los países desarrollados han crecido desde el año 2000 un escuálido 1% anual de media (y en el mejor de los casos). Y esto no es cosa del pasado, pues parece que hoy por hoy hay renovadas e incrementales presiones deflacionarias influyendo en la evolución de los salarios

Incluso el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mostrado su preocupación por el hecho de que la creciente desigualdad está perjudicando al crecimiento económico. Otros organismos internacionales se han manifestado también respecto a la desigualdad en EEUU, y el ponente especial de las Naciones Unidas para la pobreza y los derechos humanos ha puesto de relieve que las políticas económicas estadounidenses benefician a los más ricos, mientras que castigan a los más desfavorecidos

Y por si las dos noticias anteriores fueran poco, además está el hecho de que la percepción de esta desigualdad también cotiza al alza, y está contribuyendo de forma determinante al claro auge de populismos y nacionalismos que venden soluciones fáciles, con el gran riesgo que ello supone de desestabilización socioeconómica en muchos países.

Y mientras tanto, en un recóndito rincón de algún gris edificio gubernamental o corporativo...


Sorprendentemente, en vez de verle las largas orejas a este lobo de fauces prominentes, no son pocos los jugadores del sistema, públicos y privados, que se muestran confiados (diría que casi desesperadamente) con que el bajo desempleo existente, en conjunción con el gran número de empresas quejándose de que no pueden encontrar suficientes trabajadores, sólo pueden llevar a que finalmente los salarios medios acaben por repuntar.

Puede ser que un servidor se equivoque, al fin y al cabo ni siquiera tengo una "bola de cristal" en casa (más allá de un recopilatorio musical del programa de los 80), pero mucho me temo que esta forma de ver las cosas recuerda demasiado a la del avestruz que mete la cabeza bajo tierra.

No es la primera vez que afirmamos desde estas líneas que el mercado laboral ha cambiado (como casi todo), y que el progreso tecnológico trepidante ha hecho que, en ese cambio, la demanda de trabajadores haya cambiado a mucha más velocidad que la fuerza laboral, que no puede seguir el ritmo y adaptarse a los nuevos perfiles demandados. De hecho, hay mercados como por ejemplo el de la Intelidencia Artificial que están al rojo vivo por falta de profesionales.

Y mientras los afortunados que saben (o han sabido ver la importancia de) programar inteligencia sintética nadan en la abundancia, gran parte del resto del país no llega a fin de mes. No es cuestión de no reconocer ni la visión ni la capacidad de los profesionales de mundos como el de la Inteligencia Artificial, sino de reconocer también que, cuando la mitad del pais más rico del planeta no puede apenas pagar las facturas básicas, tienen un problema económico y socioeconómico muy grave.


Al otro lado del Atlántico deben ver que tienen que resolver esta situación insostenible con algo más que dádivas y cupones de bancos de alimentos, y que la salida menos traumática es afrontar un cambio de paradigma socioeconómico que, si no lo cogen por los cuernos desde ya, se nos acabará llevando a todos por delante.

Que azuzen sólo al toro de Wall Street, que lo azuzen: no deben olvidar que ese toro cornea para que los índices salgan al alza, y si el gran público no está en el burladero y cubierto económicamente, sino que está expuesto en medio de la plaza, será uno de esos toros el que se acabará llevando a medio país por delante, dando paso al desgarrador zarpazo bajista del oso. Y el resto de países desarrollados llevamos el mismo camino...

Comentario de HHC: Deberíamos mirarnos en el espejo y ver en Cuba estos mismos indicadores socio-económicos.

viernes, 8 de junio de 2018

CAPACIDAD REDISTRIBUTIVA: EL TAMAÑO IMPORTA, PERO EL MODELO TAMBIÉN

Hace no mucho, Olga Cantó publicó un excelente artículo en este mismo medio explicando que, como ocurre en todos los ámbitos de la vida, en el de las políticas públicas el tamaño también importa, y mucho. Nuestro objetivo en este post no es responder a aquel post, porque estamos de acuerdo con todo lo que dice. Es más bien dar continuidad a un debate sobre la agenda de la socialdemocracia que dejamos apuntado aquí y que tiene que ver con los modelos de Estados de Bienestar (y su evolución). El texto se divide en dos partes. La primera caracteriza los dos grandes modelos y traza brevemente sus orígenes históricos. En la segunda, analizamos sus efectos en dos áreas: la eficacia contra la pobreza y la justicia intergeneracional.

Como ocurre con la libertad, hablar del Estado de Bienestar así en general es poco informativo porque existen diversos modelos. Pero en lugar de fijarnos en la clasificación canónica de los tres mundos (Esping-Andersen), lo vamos a hacer en dos personajes: Otto von Bismark y William Henry Beveridge. En lo que aquí nos interesa, Bismarck introdujo en Alemania una serie de leyes a lo largo de la década de 1880 que tendrían como resultado el primer sistema completo de lo que hoy conocemos como Seguridad Social. Los sistemas bismarckianos se caracterizan por financiarse con cargo a cotizaciones sociales que, a su vez, se basan en los salarios de los trabajadores. El objetivo del modelo es asegurar así cierto nivel de vida ante determinadas contingencias que nos impiden obtener rentas en el mercado laboral (rompernos una pierna, cumplir la edad de jubilación), que el sistema ajustará en función del que nos procura nuestro sueldo. Este modelo tiene una cara y una cruz. La cara es para aquellos que tienen un buen empleo; la cruz, para quienes los que no lo tienen o, teniéndolo, es muy precario. En efecto, el modelo ‘bismarckiano’ actúa como un espejo, reproduciendo todas las (des)igualdades de los mercados laborales.
El sistema de William H. Beveridge es aún más moderno y tiene su origen en un informe que éste presentó al Parlamento en 1942, donde fijó las bases del Estado de Bienestar británico que se construye tras la Segunda Guerra Mundial. Los sistemas ‘à la Beveridge’ se caracterizan por financiarse con cargo a impuestos, no a contribuciones, por lo que típicamente cubren (de manera potencial) a toda la población. El objetivo no es garantizar cierto nivel de vida acorde con la posición que tuvimos en el mercado de trabajo, sino garantizar un mínimo vital a todo el mundo, y quizá incluso algo más.
Tras esta introducción a la arqueología del bienestar, volvamos a 2018.
Hoy, ningún país desarrollado responde al 100% a esos dos modelos aunque es cierto que países como Alemania, Austria y Francia se parecen más al modelo de Bismarck, otros como Reino Unido e Irlanda encajan mejor en el de Beveridge. Pero entonces, ¿dónde quedan España y los países nórdicos, por ejemplo? ¿No habría sido mejor seguir a Esping-Andersen y dejarse de historia(s)? La Tabla 1 resume las fuentes de financiación de la protección social de una muestra de países europeos.
Tabla 1. Fuentes de financiación de la protección social. Porcentaje sobre el total de recursos
Pueden extraerse dos conclusiones. La primera es que, aun sin ser un caso puro,  España responde razonablemente al modelo ‘bismarckiano’ –más de un 50% de los recursos provienen de contribuciones sociales–. La segunda es que los países nórdicos, aun no siendo tampoco casos puros, responden razonablemente al modelo de Beveridge –los porcentajes son muy similares a los de Reino Unido e Irlanda–. ¿Qué consecuencias tiene esto? El gráfico siguiente muestra la eficacia de los Estados de Bienestar europeos al reducir la pobreza.
Gráfico 1. Impacto de las transferencias sociales en la reducción de pobreza. Total de la población. En porcentaje
El gráfico muestra que en la lucha contra la pobreza sí hay ‘tres mundos’. El primero está conformado por los Islandia, Finlandia, Dinamarca, Noruega e Irlanda, todos ellos con valores superiores al 50%. Esto es escasamente sorprendente porque, como decíamos, el objetivo del modelo de Beveridge es garantizar que nadie se quede (demasiado) atrás, con independencia de su situación laboral. El segundo lo forman Alemania, Bélgica, Francia, Holanda y, en general, la mayoría de países continentales europeos, con valores de entre el 40% y 45%. El tercer grupo está compuesto por Grecia, España, Portugal e Italia, con valores muy inferiores que en ningún caso sobrepasan el 25%.
Como decía Olga Cantó en su artículo, el tamaño importa. El diseño del bienestar francés no es muy distinto del español, pero su mayor tamaño hace que sea más eficaz a la hora de combatir la pobreza. Pero siendo importante, no es todo lo que importa. Irlanda es uno de los países que más pobreza elimina, y su gasto social no es que no sea comparable al danés, es que es (bastante) inferior a la media europea y de la OCDE.
Pero adoptar un modelo u otro no tiene implicaciones sólo en términos de lo eficaz que sea un Estado de Bienestar en lograr uno de sus objetivos esenciales –erradicar o, al menos, mitigar la pobreza–, sino también en términos de justicia intergeneracional.
Es precisamente en esos términos donde la fractura se ha hecho más latente en la mayoría de países europeos. Por un lado, como hemos visto arriba, los recursos necesarios para financiar el Estado de Bienestar ahora provienen en mayor medida de la parte impositiva que de la contributiva. Es decir, se han hecho más beveridgianos por el lado de los ingresos. ¿Cuál es el problema? Pues que de alguna forma se produce una descompensación de objetivos entre los ingresos –recursos– y los gastos –transferencias–. En un sistema con un claro sesgo bismarckiano (sí, como el español), una buena parte de las transferencias monetarias que realiza el Estado las reciben aquéllos que durante su vida laboral ya han tenido más suerte. Pero la otra parte de la población que no logra esa estabilidad, y que cada vez parece más numerosa, se queda fuera. Es ahí donde quizá deba entrar, en la práctica, la concepción teórica del modelo de Beveridge para evitar que nadie se quede atrás.
Para ver las consecuencias de tener un sistema poco asistencial nos puede ayudar el segundo gráfico. Aquí hemos representado las diferencias relativas en las tasas de riesgo de pobreza por grupos de edad y países entre 2007 y 2016. Están ordenadas de mayor a menor incremento sobre el grupo de menor edad para facilitar su visualización. Hay dos cosas que destacar.
Gráfico 2. Diferencia en las tasas de riesgo de pobreza entre 2007 y 2016 después de transferencias sociales por grupo de edad. En porcentaje.
Lo primero que podemos ver es que existe un patrón común en todos los países hacia un incremento del riesgo de pobreza de los jóvenes (barra más clara) y un descenso de la de los mayores (barra más oscura) durante la última década. Ya, pero es que esos años son los de la crisis. Sí y no. La crisis es una de las causas, seguro, pero no la única. Si miramos el conjunto de países de la OCDE, el riesgo de pobreza desde los años 80 del siglo pasado ha virado de los mayores a los jóvenes.
La segunda apreciación, aunque menos directa, es que los países en los que las transferencias provenientes del Estado de Bienestar son más contributivas han sufrido un incremento mayor de la tasa de riesgo de pobreza de los jóvenes. En un contexto de caída de rentas y desempleo como el que ha supuesto la crisis, tener una pensión contributiva ha servido como seguro de vida y de estabilidad; lo contrario a tener un empleo y ser joven. El caso español es el ejemplo perfecto para ilustrar esto: la tasa de pobreza de los jóvenes ha aumentado un 80%, mientras la de los mayores se reducía a la mitad. El corolario es sencillo: protegemos mucho a algunos y desprotegemos mucho a otros. Tendremos que buscar un equilibrio.
De cualquier forma, nuestra intención con estos datos no es fomentar ningún conflicto intergeneracional. Es una muy buena noticia que tengamos un Estado de Bienestar que proteja de forma tan efectiva a nuestros mayores; sólo queremos que proteja igual de bien a la población más joven. Al mismo tiempo, defender un aumento de las pensiones (que, por lo que hemos visto, no son los más vulnerables en la actualidad) porque muchos pensionistas “han sostenido a familias enteras con su pensión y han evitado más pobreza”, aunque tenga algo de cierto, no debería suponer un argumento válido para ningún político. Ni la razón de ser ni el objetivo de las pensiones es proteger a familias enteras. Además, esa afirmación evita abordar el problema real, que implica mayores recursos y la creación de nuevos instrumentos contra la pobreza. Las carencias de todo tipo que sufren, y han sufrido, muchos niños durante los últimos años pueden tener repercusiones importantes para su desarrollo personal, psicológico y profesional a largo plazo. Y eso es algo que exige una intervención rápida y efectiva por parte de los poderes públicos.
Vamos concluyendo. En un informe publicado en octubre de 2017 y titulado Preventing Ageing Unequally, la OCDE afirmaba que en sus países el sistema de pensiones reproduce, en promedio, dos terceras partes de la desigualdad salarial. En España, esa transmisión es casi perfecta –se transmite un 95%– por dos motivos. Primero, por el estrecho vínculo entre cotizaciones y prestaciones. Segundo, porque España –dice la OCDE– no tiene un sistema de garantía de ingresos mínimos (safety net) fuerte y con capacidad para redistribuir, al contrario de lo que ocurre en muchos países de la OCDE. A diferencia de las pensiones, las rentas mínimas sí redistribuyen rentas desde la parte superior a la inferior de la distribución, con el objetivo de garantizar una calidad de vida mínima. Si queremos un Estado de Bienestar que proteja a todo el mundo, y no sólo a quienes han tenido la suerte de tener una carrera laboral larga y estable, necesitamos una última red que aporte la seguridad que algunos no encuentran ni en el mercado laboral ni en unos estados de Bienestar que funcionan como una empresa pública de seguros (y donde si no has pagado la prima/cotización, no hay protección). Pero de eso os hablaremos otro día.
Autores


Profesor de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Madrid....


Economista

Licenciado y doctorando en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, y máster en International trade, Finance and...

Cuba y la UE escriben una nueva página en sus relaciones

La Habana y Bruselas firmaron, en diciembre de 2016, el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, lo cual permitió la eliminación de la posición común, que durante dos décadas dificultó los vínculos cubano-europeos.



Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, se da la mano con Rodrigo Malmierca , ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba, en un encuentro en La Habana en enero de este año.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

LA HABANA, 7 jun 2018 (IPS) – Cuba y la Unión Europea (UE) avanzan en sus relaciones políticas y de cooperación, en una nueva etapa que podría llevar a esta nación caribeña a repensar su ingreso al Acuerdo de Cotonou, eje de la colaboración entre Bruselas y la Asociación de países de África, Caribe, Pacífico (ACP).

En entrevista con IPS, el embajador de la UE ante La Habana, Alberto Navarro, dijo que este país puede solicitar su incorporación a esa asociación y beneficiarse de sus ventajas comerciales. “Hay tiempo todavía para que Cuba lo piense. El nuevo convenio debe estar en vigor para febrero 2020, que es cuando termina el actual”, señaló.

Sin embargo, especialistas cubanos desestiman que el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre La Habana y el bloque comunitario, vigente desde noviembre de 2017, abra el paso per se a la perspectiva de una adhesión de Cuba a ese convenio, ni está entre las prioridades bilaterales locales.

El Acuerdo de Cotonou, suscrito en esa ciudad de Benín en 2000, enmarca el intercambio comercial y de asistencia al desarrollo, en especial en la reducción de la pobreza, entre la UE y 79 Estados de la ACP. El acuerdo reemplazó a la Convención de Lomé, vigente entre 1975 y 2000 entre Bruselas y antiguas colonias anglófonas y francófonas en el Sur en desarrollo.

“En cualquier caso, no se conoce ninguna disposición expresa del gobierno cubano de adherirse a la Convención de Cotonou, un asunto que, repito, parece estar fuera de agenda por el momento, a la vez que no parece existir tampoco una propuesta oficial concreta por parte de la UE”, opinó a IPS el investigador y experto en el tema Eduardo Perera.


Alberto Navarro, embajador de La Unión Europea ante La Habana, durante una entrevista exclusiva con IPS en la delegación del bloque europeo en la capital de Cuba.

Foto: Cortesía de la UE/Cuba

Reconoció que esa asociación traería a la isla varias ventajas, entre otras, negociar con la UE como parte del Caribe, cuyos Estados insistieron particularmente en la incorporación cubana al proceso original a fines de la década de los 90, frustrado por presiones adversas de algunos Estados miembros de la UE.

Cuba retiró su solicitud de ingreso en esa época, tras la amenaza de algunos países miembros de la UE de aplicar la cláusula democrática. En 1996, el gobierno español del derechista José María Aznar (1996-2004) logró imponer la llamada posición común, que condicionaba la cooperación a cambios políticos que La Habana rechazó.

Entre los inconvenientes, Perera mencionó que la forma de organización de este convenio a través de los llamados Acuerdos de Asociación Económica, esquemas de libre comercio que “entrañan complejidades y desventajas para las economías ACP debido a las asimetrías entre sus mercados y los de la UE”.

“Queremos acompañar, en la medida en que así lo desee el pueblo y gobierno cubano, sin ningún tipo de interferencia y siempre desde la base del respeto mutuo, su marcha para una mejora de las condiciones de vida y su plan para avanzar en los objetivos de desarrollo sostenible”: Alberto Navarro.

El embajador Navarro insistió en que Cuba “ha comenzado a hablar de una posible liberalización comercial o de cooperación y sin dudas la UE estaría encantada de apoyar”. Pero “lo ideal sería que entrara en el Acuerdo de Cotonou, porque ahí lo tiene todo”, incluido el acceso al Fondo Europeo de Desarrollo (FED)”, indicó.

Perera, especialista en las relaciones cubano-europeas, consideró ventajoso que a diferencia de los acuerdos bilaterales, el convenio de Cotonou “dispone de un protocolo financiero cuya ejecución puede mejorar las condiciones de acceso”. El FED es el instrumento de financiación de la UE con los países de ACP.

La Habana y Bruselas firmaron en diciembre de 2016 el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, lo cual permitió la eliminación de la posición común, que durante dos décadas dificultó los vínculos cubano-europeos.

La primera reunión del Consejo Conjunto UE-Cuba, celebrada el 15 de mayo en Bruselas, dio luz verde a la agenda de trabajo de los próximos meses, que incluye el inicio de cinco diálogos políticos sobre áreas de interés mutuo: la no proliferación de las armas de destrucción masiva y el control de las armas convencionales.

Abarcan además la solución a las medidas coercitivas unilaterales, la aplicación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y los derechos humanos. Se realizarán de manera alterna en La Habana o Bruselas entre octubre de 2018 y marzo de 2019. “Hemos acordado fechas y sitios, pero aún no las modalidades”, dijo Navarro.


Un hombre fotografía un modelo a escala de un generador de energía eólica durante la inauguración de las Ferias Energías Renovables, en La Habana, en enero de este año. El desarrollo de energías limpias en el país caribeño es uno de los sectores de cooperación de la Unión Europea con Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

“Queremos acompañar, en la medida en que así lo desee el pueblo y gobierno cubano, sin ningún tipo de interferencia y siempre desde la base del respeto mutuo, su marcha para una mejora de las condiciones de vida y su plan para avanzar en los objetivos de desarrollo sostenible”: Alberto Navarro.

Al anunciar en Bruselas la realización de estos diálogos, la alta representante de Relaciones Exteriores y Seguridad de la UE, Federica Mogherini, explicó que se acordó institucionalizar el diálogo sobre derechos humanos, “como un pilar clave de nuestra relación. Nos basaremos en nuestras consultas informales, iniciadas en 2015 en esta área”.

Al respecto, el embajador Navarro amplió que se discuten tres aspectos “fundamentales”, elevar el nivel de los jefes de las delegaciones, la presencia de los estados miembros de la UE y las modalidades de participación de la sociedad civil, “algo complicado en Cuba donde hay una tolerada y otra que no”.

El diplomático descartó que la diferencia de enfoques en el tema de los derechos humanos y frente a Venezuela, puedan poner en riesgo las relaciones mutuas. “No tenemos las mismas posturas, pero eso no impide que sigamos hablando de todo y tener excelentes relaciones”, aseguró.

“Nos centramos con Cuba en las cosas en que tenemos la misma línea, apoyo a Naciones Unidas, al desarrollo sostenible, energías renovables, el apoyo al sistema multilateral y a la integración regional en América Latina, buscar los puntos de encuentros más que los de desencuentro”, agregó.

En la actualidad, la UE es el primer socio comercial de Cuba, el primer inversor y su principal socio de desarrollo. Se espera por ello que el Acuerdo base aporte nuevas oportunidades para más inversión y mayor intercambio comercial, que en 2017 superó los 2.500 millones de euros (2.850 millones de dólares).

Como parte del apoyo europeo al proceso cubano de reformas económicas y sociales y contribución a su desarrollo sostenible, en la primera reunión del Consejo Conjunto UE-Cuba se firmó un nuevo programa de cooperación en energías renovables, por un valor de 18 millones de euros (20,5 millones de dólares).

Con ese financiamiento, la UE contribuye a los planes cubanos de elevar sostenidamente el uso de portadores renovables de energía. También se financiará un proyecto de 21 millones de euros (23,9 millones de dólares) sobre seguridad alimentaria y agricultura sostenible, otro de los programas gubernamentales priorizados.

“Queremos acompañar, en la medida en que así lo desee el pueblo y gobierno cubano, sin ningún tipo de interferencia y siempre desde la base del respeto mutuo, su marcha para una mejora de las condiciones de vida y su plan para avanzar en los objetivos de desarrollo sostenible”, indicó Navarro.

“Cuando decimos acompañar lo hacemos con asistencia técnica, proyectos, financiación”, remarcó el embajador, para quien “hay muchos puntos de coincidencia con Cuba para avanzar en una cooperación y diálogo político reforzado”. No obstante, ese camino no está exento de riesgos, sobre todo externos.

En ese sentido, admitió que el retroceso en las relaciones de Cuba con Estados Unidos, bajo la presidencia del republicado Donald Trump, impone nuevos desafíos al reacercamiento de los 28 con La Habana. “El embargo sigue vigente y complica en muchas ocasiones las operaciones comerciales y de inversión”, comentó.

La crisis de la globalización: ¿una guerra inevitable?

La falsa ilusión de la globalización tal y como la concibió hace veinte años gente muy insensata es insostenible

James K. Galbraith, CTXT

En su libro más reciente, Kari Polanyi Levitt señala que la palabra “globalización” no aparece en los diccionarios de lengua inglesa Oxford Shorter English anteriores a 1994 ni en los programas correctores ortográficos de la época. Surgió de la nada en ese momento por una razón: para arrojar cierta luz de benigna inevitabilidad sobre el proyecto de hegemonía occidental que se ofrecía como futuro tras la disolución de la URSS.

Hoy, mientras escribo en el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, este proyecto no ha estado a la altura, y quizá se tambalee y esté a punto de sufrir su propia disolución. Hay tres motivos principales: uno es China; el segundo es Rusia; y el tercero, y más importante, es la mala gestión financiera de Estados Unidos y Europa.

La gran idea de la década de 1990 era que un orden mundial liberal, abierto y unificado, dominado por los bancos, podría llevar democracia y prosperidad al Este. Esta idea, ciertamente, se había puesto a prueba en el hemisferio sur desde comienzos de la década de 1980 y la experiencia se denominó la “Década Perdida”. Sin embargo, en el Este era novedoso –además de ser, hasta cierto punto, algo en lo que se confiaba fielmente en los vertiginosos momentos en que se producía la desaparición de un socialismo mediocre en Europa.

La ilusión no duró mucho tiempo. En Rusia se vio frustrada por los tanques de Yeltsin en 1993 y después por la descarada corrupción de su reelección en 1996. Entretanto, la promesa de la prosperidad se desvaneció en una orgía de privatizaciones, alzamientos de bienes, sustracción de salarios y pensiones y desastres demográficos. A finales de la década de 1990, el engaño había quedado totalmente al descubierto, había que tomar medidas correctivas y el coqueteo ruso con la democracia “occidental” llegó a su fin.

China, entretanto, escogió un camino distinto: un kadarismo de dimensiones épicas. Recordemos al primer ministro húngaro que instalaron los soviéticos tras la derrota de la revolución de 1956, que entonces declaró: “Si no estáis contra nosotros, estáis con nosotros” y encontró el modo de lograr una liberalización social y cultural y una economía basada en el consumo sin llevar a cabo una reforma política. Elevémoslo a una escala exponencial y tenemos a China. Una prudencia crucial impidió, a mediados de la década de 1990, la liberalización de los controles del capital, de modo que en 1997 China se libró de la crisis financiera asiática. Posteriormente, el crecimiento chino de la década de 2000 provocó un boom mundial de los productos básicos que hizo posible el verano sudamericano y que llevó cierto grado de democracia social sostenible a dicho continente por primera vez.

Cimientos vacíos

En Occidente, George W. Bush y Dick Cheney demostraron la obsolescencia y futilidad del poder militar moderno en Afganistán e Iraq. Al mismo tiempo, tras la ampliación de la OTAN y Kosovo, agotaron lo poco que quedaba de respeto en el Este –así como entre una parte importante de la opinión europea– por la idea de que los valores occidentales eran un principio rector en vez de un eslogan vacío. La globalización se convirtió en sinónimo de la aceptación de que un país, que funcionaba por su propio interés y sin tener en cuenta a nadie más, establecería los términos por los que se gobernaba el mundo, lanzando su fuerza militar incluso mucho después de que se hiciera evidente, a ojos de cualquier observador imparcial, hasta qué punto los beneficios eran inferiores a los costes.

Así, al final de la era Bush, la gran crisis mostró al mundo entero los cimientos vacíos de las finanzas de Occidente. En la década posterior, la consecuencia derivada de las doctrinas económicas reaccionarias y de unos legisladores obstinados e incompetentes ha sido hacer trizas el gran proyecto constructivo de la era neoliberal, concretamente la Unión Europea. De este modo, una década después de que Wall Street siguiera el camino de la URSS –aunque fue rescatado y apuntalado, a diferencia de los soviéticos, manteniéndolo en modo zombi bajo la administración de Obama–, tenemos un mundo envejecido, una potencia hegemónica cansada y una alianza tambaleante que provoca peleas y que, de repente, se sorprende al comprobar que en realidad no puede ganar una guerra nuclear.

En Siria, Rusia ha puesto fin al proyecto de cambio de régimen, cuyos efectos se extenderán a Ucrania, el Cáucaso y finalmente al corazón de Europa. En África y Asia occidental, China está al frente de la ingeniería de desarrollo. Estos fenómenos carecen de contenido ideológico; no tienen nada que ver con Marx, Lenin o incluso el socialismo –únicamente con la consolidación de una política de interés nacional no dominada por Estados Unidos–. En Sudamérica, por el momento, los regímenes neofascistas enfocados hacia EE.UU. van en aumento, pero no pueden durar mucho. Y cuando los oprimidos se rebelan de nuevo, los líderes de esos países tendrán que cuestionarse quién interfiere en sus asuntos políticos y quién no.

Guerra o depresión

De modo que sí, crisis de globalización. Una crisis con una posibilidad razonable de acabar mal, bien en una catastrófica guerra o –más probablemente– en una Gran Depresión en Occidente, junto con una consolidación de estrategias de desarrollo nacional en el continente euroasiático. Al fin y al cabo, China realmente no necesita a Estados Unidos. Y, al fin y al cabo, Rusia, puede forjar las alianzas que necesita con sus vecinos geográficos cercanos, incluidas algunas zonas de lo que alguna vez se consideró Europa “occidental”. Estos procesos, a menos que se vean interrumpidos por una guerra o revueltas internas, probablemente se opondrán a una ruptura procedente del exterior.

Para Occidente todo esto plantea una cuestión profunda y difícil. Si has dilapidado la reputación de poseer valores superiores, si has degradado la democracia a favor de las finanzas, si has mostrado desprecio por las estructuras del derecho internacional de posguerra y, al mismo tiempo, has demostrado que Mao no iba desencaminado cuando acuñó el logrado “tigre de papel”; después de hacer todo eso, ¿cómo restituyes tu reputación y posición en el mundo?

Un poco de humildad, de reconocer que la falsa ilusión de la “globalización” tal y como la concibió hace veinte años gente muy insensata es insostenible, y que la creación de un programa de reconstrucción nacional y regional centrado en los problemas más urgentes –sociales y los derivados del cambio climático– podría ser la forma correcta de empezar.
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Este artículo se publicó en inglés en Social Europe. Jaque al Neoliberalismo
Traducción: Paloma Farré.