Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 23 de julio de 2016

El candidato que llegó de Siberia

La actitud de Trump y de sus colegas hacia Putin supera la admiración y se acerca a la sumisión


Donald Trump, en la convención republicana de Cleveland. JONATHAN ERNST


Si resulta elegido, ¿se convertirá Donald Trump en el hombre de Vladímir Putinen la Casa Blanca? Esta pregunta debería parecer ridícula e indignante. Después de todo, debe de ser un patriota; hasta lleva sombreros en los que se promete devolver a Estados Unidos su grandeza.

Pero estamos hablando de un candidato ridículo e indignante. Y la trayectoria reciente de la campaña de Trump ha llevado a bastantes expertos en política exterior a preguntarse por la clase de dominio que ejerce Putin sobre el candidato republicano, y si seguirá teniendo esa influencia en caso de que este gane.

No hablo simplemente de admirar los logros de Putin, de sentirse impresionado por la "fuerza" de este dictador de facto y querer emular sus actos. Hablo más bien de indicios que apuntan a que, una vez en el cargo, Trump tendría una política exterior favorable a Putin, a costa de los aliados de Estados Unidos y de los propios intereses del país.

Lo que no significa que Trump no admire realmente a Putin. Al contrario, ha elogiado una y otra vez al déspota ruso, a menudo en términos extravagantes. Por ejemplo, cuando Putin publicó un artículo en el que criticaba la excepcionalidad estadounidense, Trump lo llamó "obra maestra".

Pero la admiración por el putinismo no es rara en el partido de Trump. Mucho antes de la candidatura de Trump, la envidia de la derecha hacia Putin ya era habitual.

Por un lado, Putin es alguien que no se preocupa por insignificancias como las leyes internacionales cuando decide invadir un país. Es "lo que se dice un líder", declaraba Rudy Giuliani después de que Rusia invadiera Ucrania.

También está claro que la gente que coreaba alegremente "Enciérrenla" —por no mencionar al asesor de Trump que pidió la ejecución de Hillary Clinton— encuentran mucho que admirar en el modo en que Putin trata a sus críticos y rivales políticos. Por cierto, mientras el servicio secreto investiga los comentarios sobre la ejecución de Clinton, lo único que se les ha ocurrido decir a los responsables de la campaña de Trump es que "no están de acuerdo con esas afirmaciones".

Y, en la derecha, hay muchos que también parecen sentir una extraña y un tanto espeluznante admiración por el estilo personal de Putin. Rush Limbaugh, por ejemplo, comentaba que, mientras habla con el presidente Obama, "es probable que Putin esté sin camisa, practicando taichí".

Todo esto es, o debería ser, tremendamente inquietante; ¿qué dirían los medios de comunicación si figuras destacadas del Partido Demócrata elogiasen de forma habitual a dictadores de izquierdas? Pero lo que vemos ahora en Trump y sus compañeros va más allá de la emulación y empieza a parecerse a la sumisión.

Primero, el conflicto de Ucrania, respecto al que los dirigentes republicanos han adoptado siempre una postura inflexible y criticado a Obama por su inacción; John McCain, por ejemplo, acusaba al presidente de "debilidad". Y la plataforma del Partido Republicano iba a incluir una declaración reafirmando esa postura, pero acabó diluida y convertida en algo anodino por la insistencia de los representantes de Trump.

Luego llegó la entrevista de Trump con el New York Times, en la que, entre otras cosas, declaró que aunque Rusia atacase a miembros de la OTAN, él sólo acudiría en su ayuda si esos aliados —a los que estamos obligados a defender a causa del tratado— hubiesen "cumplido con sus obligaciones hacia nosotros".

Ahora bien, parte de esto se debe a la profunda ignorancia política de Trump, a su aparente incapacidad para entender que no se puede dirigir el Gobierno de Estados Unidos de la misma manera en que ha dirigido su ruinoso imperio empresarial. Sabemos, por multitud de relatos, de sus impagos a proveedores, de su costumbre de aprovecharse de las empresas aunque estén a punto de quebrar, que para él los contratos son sugerencias, y las obligaciones financieras claras, puntos de partida para la negociación. Y sabemos que no tiene una opinión diferente de la política fiscal; ya ha hablado de renegociar la deuda de Estados Unidos. Así que ¿por qué iba a sorprendernos que viera las obligaciones diplomáticas de la misma manera?

¿Pero hay algo más en esta historia? ¿Existe algún canal específico de influencia?

Se sabe que Paul Manafort, el director de campaña de Trump, ha trabajado como asesor para distintos dictadores, y que durante años estuvo a sueldo de Viktor Yanukóvich, expresidente de Ucrania y aliado de Putin.

Y hay motivos para preguntarse por los propios intereses financieros de Trump. Recuerden que no sabemos nada de la verdadera situación de su imperio empresarial y se ha negado a publicar sus declaraciones de la renta, que nos darían más información. Sí sabemos que tiene mucha relación, aunque sea turbia, con empresas rusas y rusos adinerados. Se podría argumentar que es el sector privado, no el Gobierno, pero en el paraíso de amigotes capitalistas de Putin, esa distinción carece de significado.

En cierto sentido, los motivos de Trump no deberían importarnos. Debería horrorizarnos el espectáculo del candidato de un partido importante insinuando con toda tranquilidad que podría abandonar a los aliados de Estados Unidos, igual que debería horrorizarnos que el mismo candidato insinúe que podría incumplir las obligaciones financieras de Estados Unidos. Pero aquí pasa algo muy extraño e inquietante, y no deberíamos pasarlo por alto.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2016.

Traducción de News Clips.

Mano de obra de la India ayuda en la construcción de hoteles en Cuba







Trabajadores indios a las afueras de un hotel en construcción en La Habana, jul 18, 2016. El grupo francés Bouygues ha empleado a más de 100 indios para trabajar en un hotel que construye en Cuba, rompiendo el tabú en el país de gobierno comunista sobre la contratación de mano de obra extranjera. REUTERS/Alexandre Meneghini(reuters_tickers)

Por Marc Frank

LA HABANA (Reuters) - El grupo francés Bouygues ha empleado a más de 100 indios para trabajar en un hotel que construye en Cuba, rompiendo el tabú en el país de gobierno comunista sobre la contratación de mano de obra extranjera.

Dada la necesidad de satisfacer la creciente demanda turística, la constructora se ha beneficiado de la ley de inversión extranjera aprobada por el Gobierno cubano en el 2014 que autorizó "normas especiales" relativas a obreros extranjeros bajo "circunstancias excepcionales".

Funcionarios del Gobierno cubano no respondieron de inmediato a las solicitudes para comentar sobre la afluencia de trabajadores extranjeros, varias decenas de los cuales dialogaron con Reuters en La Habana.

Las contrataciones hechas por Bouygues, que también fueron confirmadas por un portavoz de la compañía, representan la primera vez que una empresa deja de lado a los obreros estatales cubanos para emplear masivamente a extranjeros.

Aunque ya era popular entre europeos y canadienses como un destino turístico de playa de bajo costo, ahora Cuba vive un auge por el aumento de los visitantes estadounidenses desde que Washington y La Habana anunciaron en diciembre del 2014 que trabajarían por normalizar sus relaciones diplomáticas.

El turismo creció en el 2015 en un 17 por ciento y acumula una expansión del 11 por ciento hasta junio de este año, según datos oficiales. La actividad generó 2.800 millones de dólares en ingresos el año pasado.

En tanto, el déficit comercial de bienes se amplió en 1.500 millones de dólares en el 2015.

Al menos tres nuevos hoteles están en construcción en La Habana y son los primeros cinco estrellas que se edifican en la capital cubana después de varios años. Otra decena está en proceso de negociación con potenciales inversionistas, según la industria turística cubana.

"POCA MOTIVACIÓN" PARA CUBANOS

Una de las razones por las que Bouygues busca mano de obra fuera de Cuba es porque los trabajadores en la isla están optando por brindar sus servicios más en el sector privado, donde pueden ganar mucho más que si lo hacen para el Estado.

Bouygues ya tiene contratados a 200 trabajadores indios en Cuba y los planes son traer más en los próximos meses, comentaron diplomáticos conocedores de la situación y un empleado de la compañía en La Habana que prefirió el anonimato.

"Es cierto que el grupo está trayendo trabajadores de la India formados en diferentes partes donde opera Bouygues (...) en todo el mundo", dijo un portavoz de la compañía constructora desde su oficina en París.

Los indios entrenan a los cubanos en la isla y también trabajan directamente en los propios proyectos, agregó. Ellos están ejerciendo en dos hoteles en La Habana y en otro en el balneario de Varadero, dijeron las fuentes.

"Los trabajadores cubanos no son bien pagados por lo que hay poca motivación", dijo un diplomático occidental familiarizado con las diferencias salariales y quien prefirió el anonimato.

"Los trabajadores de la India están recibiendo un pago de alrededor de 1.500 euros al mes, más de 10 veces por encima de lo que reciben sus contrapartes cubanos", agregó.

"NOS GUSTA LA COMIDA PICANTE"

Cuadrillas de varias decenas de obreros especializados, que exhibían trajes de color naranja, dijeron que estaban felices de haber permanecido en Cuba durante al menos un año.

En un receso por el horario de almuerzo en la Manzana de Gómez, un edificio que se convertirá en un lujoso hotel en el centro de La Habana, Inderjeet Singh Chopra, un electricista con turbante y barba, dijo que un centenar de compatriotas electricistas, fontaneros, carpinteros y albañiles trabajan en el proyecto. No mencionó entrenamiento de locales.

Los trabajadores de la India consultados dijeron que recibían salarios de acuerdo a sus habilidades, pero no revelaron cuánto.

"Hasta el momento, la mayor queja ha sido que quieren algo de comida india y un cocinero está en camino", dijo la fuente de Bouygues.

Singh, quien llegó hace dos meses a Cuba, sonrió cuando se le hizo el comentario. "Sí, ese ha sido un problema. Nos gusta la comida picante", dijo.

(Reporte de Marc Frank. Traducido por Nelson Acosta; Editado en español por Silene Ramírez)

El Banco ofrece créditos a emprendedores tecnológicos, pero…



La Unión de Informáticos de Cuba (UIC) organizó un seminario, y los puso frente a frente. En primera instancia, el hecho de que el Banco Metropolitano se siente con sus actuales y posibles clientes cuentapropistas para explicarles cómo funcionan sus servicios, denota interés por no dejarlos a su suerte; y más que eso, por atraerlos, “enamorarlos”. Sin embargo, la pobre asistencia de los emprendedores al encuentro demuestra que no bastan las buenas intenciones.
Las prestaciones bancarias para el sector privado parecen bastante atractivas, en principio. Por ejemplo, disponer de una cuenta corriente permite administrar mejor los ingresos, efectuar transferencias y tener garantías para diversos objetivos.
Quienes posean tarjeta magnética pueden utilizar la telebanca, y con ello, pagar impuestos, electricidad, agua y teléfono. Además, el banco ofrece financiamiento para costear insumos, equipos, reparaciones y materiales de construcción.
El monto total a otorgar no tiene límite máximo, y ha disminuido el importe mínimo para conceder el crédito (de 3000 a 1000 pesos cubanos) y aumentó el plazo de pago (de 5 a 10 años, en el caso de financiamiento para inversiones). Aquellos que recién comienzan en su negocio, contarán con un período de gracia de hasta 12 meses. Not bad.
Aun así, los cuentapropistas deben enfrentarse a las mismas calamidades que el resto de la población: colas sempiternas, burocracia, inconvenientes técnicos del tipo “se cayó el servidor” o “no hay conexión”, e incluso obstáculos de los más pedestres, como el día de la fumigación, roturas del aire acondicionado, o de un cajero automático.
“No se puede ser eficiente teniendo que ir al banco”, confiesa resignado un emprendedor habanero, relacionado con la producción de software y soluciones tecnológicas. Y la tendencia le da la razón.
En 2013 existían 444 109 trabajadores por cuenta propia, y solo se habían concedido 550 créditos. Si bien en 2014 ocurrió un alza en los otorgamientos, la cantidad que accede a financiamiento todavía no es representativa del total inscrito, reconoció Francisco Mayobre Lence, vicepresidente del Banco Central de Cuba (BCC).
El uso indistinto de efectivo, cheques y tarjetas magnéticas complica más el asunto, porque con cada modalidad no se pueden realizar todo tipo de operaciones. Una solución sería Metropolitano en línea, servicio que –como su nombre lo indica– permite al cliente utilizar su cuenta desde una computadora.
En estos momentos, “por problemas tecnológicos que tuvimos, se está empleando solo con entidades, pero estamos trabajando sobre una nueva plataforma para incorporar a todo el segmento de clientes no estatales, en un futuro no muy lejano”, explicó Evelyn González Senande, de la Dirección de Banca Corporativa del Banco Metropolitano.
Por otra parte, una investigación del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC)[1], indica que lo legislado e implementado por las instituciones bancarias, significan prácticas y tratamientos bastante homogéneos a los diferentes actores. O sea, a los efectos, se procede igual –o casi igual– con un programador que con el dueño de un restaurante.
De tal modo, medir con la misma vara negocios esencialmente distintos, implica desconocer sus diferentes impactos en cuanto a capacidad exportadora, producciones que involucren procesos tecnológicos de creciente complejidad, aporte a la sustitución de importaciones, aprovechamiento de la fuerza de trabajo calificada, contribución al territorio, entre otros elementos citados por los investigadores.
Puesto al derecho: un escenario ideal sería aquel donde, mediante mecanismos financieros y otros, se estimulara las actividades con alto valor agregado, que generen mayor crecimiento y desarrollo.
Sucede que algunas normas estatales, por las que el Banco Metropolitano se rige, parecen concebidas para un movimiento rectilíneo uniforme, en “condiciones de laboratorio”, en una suerte de divorcio entre las demandas y realidad del sector emprendedor y la legislación vigente en el país. Por ejemplo, los créditos facilitados se deben destinar a comprar o hacer contrataciones en el mercado nacional. Si, como suele suceder, un emprendedor necesita adquirir productos en Panamá, Ecuador o Miami (porque aquí no hay, o porque allá tienen más calidad o son más baratos), el banco no puede otorgar financiamiento para ello.
Incluso si se actualizaran las disposiciones comerciales, aún quedarían por superar el desconocimiento sobre la importancia estratégica de estos negocios (muchas veces necesitados de capitales de riesgo); y la falta de modelos propios de desarrollo y éxito de emprendimientos tecnológicos. El criterio de González Senande lo confirma: “para una cosa que se vea prácticamente oscura, no se puede dar financiamiento. Los ingresos proyectados, la actividad que se realice, deben tener cierta credibilidad”.
Otra situación: si un cuentapropista ofrece sus productos o servicios a un cliente en el extranjero, le es imposible recibir pagos por ello desde una cuenta fuera de Cuba; a menos que le llegue como remesa, a título personal; pero no como resultado de su trabajo. Ello implica un falseamiento de las ganancias reales, lo cual conlleva, entre otras consecuencias, que las autoridades puedan cobrar menos impuestos.
La funcionaria del Banco Metropolitano dijo no conocer acerca de la plataformaStripe Atlas, abierta para la Isla desde marzo pasado. Mediante Atlas, startups de varios países pueden –técnicamente– crear una cuenta de negocios en Estados Unidos, captar las transferencias de pagos, y automatizar el proceso para establecer una presencia legal allí (hasta el momento ningún proyecto cubano ha sido aprobado).
Téngase en cuenta, además, que las iniciativas asociadas a la tecnología, muchas veces se caracterizan por su pequeña escala y alto riesgo. El estudio del CEEC concluye que la propia concepción de la política crediticia reduce los potenciales interesados, pues el beneficiario tiene que estar ya operando formalmente un negocio con cierto grado de consolidación, que permita revisar su historial y predecir ingresos.
“De esta manera, aquellas personas con un proyecto de emprendimiento, e incluso uno de reciente apertura, quedan marginados de esta vía de financiamiento y desviados a otras fuentes, o simplemente condenados a renunciar a la posibilidad de concretar su proyecto o rebasar los umbrales de precariedad”.
La típica vía de pedir dinero prestado a familiares y amigos, de aquí o de allá, resulta más expedita. Aunque será siempre una alternativa insegura y excluyente. Un eslogan del Banco Metropolitano dice: “Abra su cuenta, solicite su financiamiento, desarrolle su negocio”. Quizás muchos emprendedores tecnológicos prefieran ir directo al tercer paso.
Notas
[1]“Política crediticia en Cuba: evolución reciente y efectos sobre el sector no estatal”. Jessica León Mundul y David J. Pajón Espina. En: Miradas a la economía cubana, Análisis del sector no estatal. Editorial Caminos, La Habana, 2015.
(Tomado de Cachivache Media)

viernes, 22 de julio de 2016

Holanda lidera la innovación mundial en agricultura . !! Atención Cuba !!


Este pequeño país de apenas 33.894 km2 consigue superar en exportaciones a otros que cuentan con millones de hectáreas cultivables como Rusia, India o Brasil. ¿Cuál es el secreto de este éxito?


El pasado 12 de julio el ministro de Asuntos Exteriores de los Países Bajos, Bert Koenders, comenzaba su visita a Argentina para estrechar lazos con el nuevo gobierno presidido por Mauricio Macri. Como afirmó el propio ministro, el país ofrece grandes oportunidades para las empresas holandesas, especialmente en el sector agrícola.

Argentina, por su parte, busca atraer nuevos inversores internacionales después de años de aislamiento, y considera la modernización de su sector agroganadero como uno de los ejes del giro en la política económica desde las elecciones de 2015. Por otra parte, la elección de Holanda como socio no es casual: el año pasado los Países Bajos se convirtieron en el segundo exportador mundial de productos agrícolas.

Según los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, las exportaciones del sector agroganadero holandés llegaron a los 80.700 millones de euros, mientras que las importaciones sumaron solamente 52.400, dejando un superávit comercial de 28.300 millones. A su vez, los productos relacionados con la agricultura y la ganadería suponían un 18,8% de las exportaciones totales. La mayor parte de las ventas fueron de vegetables, carne, flores y plantas vivas (en cuyo caso Holanda acapara más de dos tercios del mercado mundial) y productos lácteos, aunque también destacan las exportaciones industriales ligadas al sector primario (siendo el primer exportador mundial de robots para la extracción de leche bovina). En cifras absolutas, el auge de las exportaciones agrícolas holandesas coincide con un aumento continuo de la producción en las últimas décadas, pero contrasta con la reducción progresiva de la superficie cultivable (-4% entre 1996 y 2010) en favor del suelo para usos residenciales y forestales.

Nos encontramos por tanto ante un país de reducido tamaño (de los cuales una gran parte está ganada al mar y solo el 27% tiene uso agrícola, ocupando en tamaño el puesto 134 entre los 196 países del mundo) y en cambio exporta más que otros países que cuentan con millones de hectáreas cultivables como Rusia, India o Brasil. ¿Cuál es el secreto de este éxito?


La primera clave es entender que Holanda ocupa la segunda posición mundial por el valor (no el volumen) de sus exportaciones, lo cual nos indica que los productos holandeses son relativamente más caros que los de sus competidores, y sin embargo, son más competitivos y mantienen su posición de liderazgo. Esta realidad rompe con la tendencia en el sector primario, tradicionalmente dominado por países con abundantes recursos naturales abocados a una producción masiva y compitiendo entre sí por ofrecer los precios más bajos del mercado. La vía holandesa, en cambio, demuestra que un país con recursos mucho más escasos y costes de producción más elevados puede mejorar los resultados de sus competidores, planteando una visión radicalmente diferente del mercado.

En este sentido, los holandeses han sabido entender que comerciar en el sector primario no significa necesariamente vender materias primas. De hecho, el sector agroganadero de los Países Bajos exporta principalmente productos ya elaborados y destinados al consumo final (como el queso), mientras que sus competidores todavía apuestan por las materias primas (leche, en este caso). Esto supone un proceso de elaboración dentro del país que aumenta sensiblemente el valor añadido de los productos de exportación, lo cual a su vez se traduce en precios de venta más elevados. De hecho, un 24% de las exportaciones actuales consisten en reshipping, es decir, la exportación de productos agrícolas previamente importados a granel y preparados en Holanda para su consumo final. Gracias a este fenómeno, un pequeño país de Europa del Norte es capaz de exportar frutas tropicales y oleaginosas, propias de climas mucho más cálidos.

Por otra parte, los productores holandeses parecen haber tenido éxito a la hora de diferenciar sus productos, reduciendo así el margen de maniobra de la competencia. Esta diferenciación, facilitada por la larga tradición agrícola del país, es mucho menor en los mercados de materias primas, lo cual los hace también más volátiles. Es así como Brasil o Cuba podrían verse muy afectados si un nuevo productor de azúcar entra en el mercado a precios más bajos (ya que básicamente todos ofrecen el mismo producto), mientras que los quesos Gouda sufrirán un impacto mucho menor ante la competencia de una nueva denominación de origen (al ser productos que el público percibe como diferentes).

Otro factor que aumenta la competitividad holandesa es su larga tradición exportadora: después de siglos entre los protagonistas del comercio internacional, las empresas holandesas pueden disfrutar de una infraestructura logística inmejorable (con Rotterdam como mayor puerto de Europa) y de una extensa red de distribución de alcance mundial. De esta manera, los empresarios del país pueden abastecerse en los mercados más baratos, vender en otros con más potencial de crecimiento e incluso actuar como intermediarios, todo ello con unos costes logísticos mínimos.

Esta ventaja comparativa en distribución, sumada a los factores ya mencionados, ha permitido que los empresarios holandeses puedan vender productos agrícolas incluso a países cuyas economías aún son en parte rurales y con costes de producción mucho más bajos. Es así como en los últimos años han aumentado las ventas de pollos a Sudáfrica, de peras y manzanas a Vietnam y de cebollas a Indonesia y Panamá. Y aunque las ventas exteriores todavía presentan una notable concentración geográfica (el 80% de las exportaciones del sector se dirigen a la Unión Europea) la tendencia a la diversificación puede ser muy importante a la hora de reducir el riesgo de mercado, especialmente si la recuperación europea sigue retrasándose.

Sin embargo, todos estos factores no hubieran sido capaces por sí solos de generar un aumento exponencial de la producción, menos aún en un sector donde tanto los recursos naturales (la tierra cultivable) como humanos (mano de obra) no han dejado de reducirse. Por el contrario la clave reside en la innovación y en la introducción masiva de tecnología a lo largo de todo el proceso productivo, lo cual ha contribuido a aumentar notablemente la productividad. El resultado es un nivel de output mayor por cada unidad de tierra o trabajo empleada, lo cual ha repercutido muy positivamente en la competitividad y en el valor añadido. Como ejemplo, la introducción de granjas con cultivos acuapónicos ha dado lugar en algunos casos a una producción 10 veces mayor, pero el uso de tecnología en la agricultura holandesa no es algo nuevo: en la industria lechera, por ejemplo, la inseminación artificial en los animales para mejorar la calidad del ganado ya se utilizaba en los años 60, y en el último lustro del siglo XX ya se habían introducido los primeros robots para la extracción de leche. Actualmente el liderazgo en tecnología se mantiene, con actividades (como la recogida de frutas), que aún en los países desarrollados se hacen todavía manualmente y que en Holanda están cada día más robotizadas.


El resultado de todos los factores mencionados anteriormente (elaboración, diferenciación, distribución, innovación y tecnología) es un aumento continuo del valor añadido en las últimas décadas. La evolución es especialmente positiva en términos de valor por hora trabajada, lo cual nos permite deducir que la mejora en la productividad ha compensado con creces la reducción de mano de obra. Y posiblemente esta conclusión resume el éxito de la agricultura holandesa: no se trata de producir más, sino de sacar el máximo rendimiento posible a cada unidad de factores invertida.


Por otra parte, el caso holandés adquiere una especial relevancia si consideramos la pervivencia del malthusianismo en parte del pensamiento económico actual. Según esta teoría, el crecimiento de la producción de alimentos solamente podría seguir una tendencia aritmética ya que la agregación de factores (como la tierra, el trabajo y el capital) solamente podrían dar lugar a un aumento lineal en el tiempo. La población, por otra parte, crecería de forma geométrica, desbordando las posibilidades de abastecimiento y generando escasez a largo plazo. Estas teorías, aunque actualizadas, están aún presentes entre los economistas que alertan del inminente agotamiento de los recursos y quienes señalan al crecimiento demográfico como el principal responsable de la pobreza en el mundo, mientras recomiendan políticas de corte antinatalista como único remedio posible para revertir esta tendencia.

Lo cierto es que no son pocos los datos que fundamentan esta teoría: en los últimos 50 años la población mundial se ha duplicado, pasando de 3.420 millones en 1966 a 7.256 en 2016 (United States Census Bureau). Mientras tanto, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estima que unas 1.750 millones de personas viven en la pobreza y 800 sufren de malnutrición. La lógica parece clara: el crecimiento demográfico ha superado con creces el aumento de la producción de alimentos y así se han rebasado las posibilidades de abastecimiento en nuestras sociedades. Al no existir fórmulas para lograr incrementos similares en el output, es necesario moderar el crecimiento poblacional.

El caso de Holanda, sin embargo, parece demostrar lo contrario: a pesar de contar con una demografía dinámica (la población aumentó un 44% en los últimos 50 años), la acumulación de capital y la aplicación de tecnología permitieron un crecimiento exponencial de la producción de alimentos, a pesar de haber reducido los factores de tierra y trabajo. Como se ha comentado anteriormente, la clave no está en una mayor producción total sino en un aumento de la productividad y del valor añadido. De esta manera, un país de apenas 33.894 km2 se ha convertido en el segundo exportador mundial de productos agroganaderos. ¿Qué podríamos esperar entonces de un país casi 88 veces más grande, como la India? ¿Podremos seguir culpando al crecimiento demográfico de su pobreza?

El shock venezolano y Cuba: crónica de una crisis anunciada.

Por Pavel Vidal Alejandro, Cuba Posible

Desde el fallecimiento de Hugo Chávez, en marzo de 2013, comenzaron a sonar las primeras alarmas sobre la sostenibilidad de los acuerdos económicos y financieros entre los gobiernos de Cuba y Venezuela. Luego, el menor respaldo y consenso político alrededor del nuevo presidente Nicolás Maduro, unido al estancamiento de la economía venezolana, llamaban aún más la atención sobre lo que podría suceder con la economía cubana si se veían afectados los acuerdos con el principal aliado económico. A finales del año 2014, tras la estrepitosa caída del precio del petróleo, ya el asunto solo parecía tratarse de una cuestión de tiempo, de estimar cuándo ocurriría la inevitable caída de estos flujos comerciales y financieros.   

A finales de 2015, el ministro de Economía y Planificación presentó un plan indicando que sería un “año tenso en la disponibilidad de divisas”. A su vez, el presidente Raúl Castro en su discurso explicaba que: “… no es menos cierto que se han generado desde este propio año 2015 afectaciones en las relaciones de cooperación mutuamente ventajosas existentes con varios países, en particular con la República Bolivariana de Venezuela…” Así y todo, el gobierno planificó un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2 por ciento para 2016.

Finalmente, en la sesión de la Asamblea Nacional en el mes de julio del presente año, se confirmaba que ya ocurre una contracción en los suministros de combustible pactados con Venezuela. El propio Presidente revelaba que para el segundo semestre del año 2016 la situación implicaba un ajuste significativo de gastos en la economía, recortes en la disponibilidad de combustibles para el sector empresarial y el incumplimiento de algunos compromisos de pagos internacionales, y que no se alcanzaría el crecimiento planificado del PIB. 

¿Cuáles serán los principales impactos del shock?

Ante estos anuncios, a la mente de los cubanos no viene otra cosa que los recuerdos de la crisis económica de inicio de los años noventa, conocida como Período Especial, y que se derivó como consecuencia de la caída del campo socialista y la desaparición de la URSS. Ello obligó al presidente Raúl Castro a afirmar, en la Asamblea Nacional, que el país no regresaría al Período Especial. 
  
La comparación del escenario que enfrentará Cuba a partir de este año con lo sucedido a comienzo de los años noventa, cuando tuvo lugar la crisis económica conocida como Período Especial, para nada es espuria. La vulnerabilidad ante la caída de los vínculos con Venezuela es muy parecida a la que existía en relación con la caída de la URSS. En ambos casos se ha tratado de relaciones formadas bajo acuerdos y alianzas políticas entre los gobiernos, con precios y condiciones financieras que distan de los estándares en los mercados internacionales. Por tanto, ello genera una vulnerabilidad adicional dada las características de esos flujos comerciales, financieros y de inversión, que resultan de muy difícil relocalización en otros países. Es decir, no se trata solo de perder el principal mercado, que ya de por sí es un choque tremendo para cualquier economía, sino que obliga al país a buscar nuevas formas de inserción en la economía internacional, y esto es algo que demanda tiempo y requiere una transformación productiva.

No obstante, en principio, el choque no será de la misma magnitud que el experimentado a partir del año 1991. El intercambio comercial con la URSS, como porcentaje del PIB, representaba casi el doble de lo que representa hoy el intercambio comercial con Venezuela. Por otra parte, el desplome del intercambio comercial con la URSS desde 1991 fue mucho más drástico que lo que sugieren las informaciones disponibles hasta el momento con respecto al caso venezolano. Hasta el momento, las cifras indican que el intercambio con Venezuela disminuirá alrededor de un 20 por ciento, debido a la reducción de los despachos de petróleo, porque se han detenido las operaciones de la refinería de Cienfuegos, y también porque ello implica una disminución de los ingresos por la exportación de servicios médicos (dado que existe un mecanismo de indexación entre ambos flujos).

Las estimaciones sugieren que, por ahora, no vendrá un nuevo Período Especial. Sin embargo, sí es muy probable que la economía entre en una recesión; es decir, que decrezca el PIB y obviamente ello tendrá un impacto negativo en los diferentes sectores económicos, el comercio externo, los equilibrios macroeconómicos, las finanzas internacionales y el bienestar de los cubanos. 

A continuación mostramos algunos de los pronósticos macroeconómicos bajo este escenario de reducción del intercambio comercial con Venezuela, en 20 por ciento, en el año 2016 (suponiendo que en el año 2017 no ocurra otra contracción en este intercambio) (1). El pronóstico se puede tomar como un escenario base del menor impacto; si Venezuela continúa reduciendo el envío de petróleo, los efectos entonces serían mayores.

El crecimiento del PIB quedaría muy cercano a cero o ligeramente negativo este año. Lo peor vendría el próximo año. En el año 2016 las empresas cubanas pueden atenuar el shock con los inventarios y los contratos que ya se han firmado con los proveedores, pero en el próximo año 2017 tendrán que hacer un ajuste mucho más grande de gastos. La caída del PIB en 2017 sería de 2,9 por ciento; sería la primera disminución del PIB en 24 años.

La agricultura y la industria sufrirán ambas una contracción, mucho más marcada en 2017 con registros de -9 por ciento y -7,3 por ciento, respectivamente. La agricultura tendrá mayor resiliencia que en el año 1991 cuando se contrajo un 23,9% por ciento, dada las transformaciones que se han aplicado en el sector; pero así y todo es un reglón que, al igual que la industria, sufrirá los recortes en los suministros de petróleo y las restricciones de divisas para adquirir insumos. El turismo, en cambio, seguirá creciendo y siendo una fuente importante de ingresos de divisas para el sector empresarial estatal y mixto, y para los negocios privados.

Se pronostica que la inversión caiga en una proporción similar a la registrada en el año 1991. Se puede esperar una contracción de 17 por ciento y 20 por ciento para los años 2016 y 2017. Ello se explica, en primer lugar, por los menores ingresos en divisas por exportaciones y por las mayores restricciones financieras. 

Dado que las autoridades tratarán de evitar hacer recaer el peso del ajuste en el consumo, las inversiones serían las más penalizadas. Sin embargo, la caída en las inversiones pudiera aliviarse parcialmente si el gobierno cubano comienza a dar luz verde a los proyectos de inversión extranjera que están pendientes de aprobación.

Se espera una disminución de las exportaciones corrientes mayor que de las importaciones corrientes (lo que tiene como trasfondo una caída en los términos de intercambio), por tanto se prevé un déficit en el balance comercial de bienes y servicios. En los últimos años el balance positivo de bienes y servicios en la balanza de pagos le ha servido al país para poner en orden sus compromisos financieros internacionales. Pero, un cambio de signo en este balance, pondrá en riesgo los pagos a los acreedores internacionales, el respaldo a las monedas nacionales y la estabilidad del sistema bancario. 
    
También se prevé un incremento del déficit fiscal como proporción del PIB, que pudiera superar el 9 por ciento en el año 2017. Este desequilibrio estaría lejos del déficit del 22,2 por ciento registrado en el año 1991. Por tanto, es probable un incremento de la inflación cercano al 10 por ciento en 2017. No obstante, ello implicará una disminución del poder adquisitivo de los salarios promedios, en similar o mayor proporción.

Las familias también se verán afectadas por una disminución del consumo de 2,8 por ciento este año y de 7,5 por ciento el año próximo, así como por un ligero aumento de la tasa de desempleo. En comparación con el año 1991, las familias hoy en día tienen fuentes de ingresos más diversificadas que le permitirán resistir mejor la crisis que a inicios de los años noventa; cuentan con remesas, con los ingresos derivados de las actividades vinculadas al turismo y con los ingresos provenientes del sector privado y cooperativo.
Sin embargo, hay una gran cantidad de familias (la mayoría), que aún mantiene una alta dependencia de los salarios estatales del consumo racionado de alimentos y de los diferentes subsidios. Y lo más preocupante es que hoy en día el valor real de estos ingresos se encuentra sumamente deprimido, representan una tercera parte del valor real que ostentaban en el año 1989. En consecuencia, existe una alta proporción de la población en situación de extrema vulnerabilidad ante la llegada de una nueva crisis económica. El reto, por tanto, para la política social, y en el orden político, será enorme para el gobierno cubano.

El antes y el después del shock.

Lo más llamativo es que este es un shock que se veía llegar. Se sabía que la crisis venezolana en algún momento tendría un efecto negativo sobre la economía cubana. Sin embargo, la dependencia comercial y financiera con Venezuela se mantuvo alta y no se ha hecho lo suficiente para buscar alternativas. 

Si bien la diplomacia cubana y su política exterior, se ha movido con rapidez y toma riesgos en el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos, en la firma de nuevos acuerdos con la Unión Europea, y en las negociaciones con el Club de París, la política económica no ha marchado al mismo ritmo; su rezago y excesiva precaución siguen sin ofrecer resultados y no ha preparado la economía para enfrentar el shock venezolano. 

La diplomacia cubana ha abierto nuevos espacios de integración internacional como alternativas a Venezuela, pero hasta el momento no se traducen en mayores flujos comerciales, financieros y de inversiones. Hay un gran interés internacional por Cuba, pero la burocracia sigue inmóvil y la preferencia por cambios graduales sigue dejando pasar importantes oportunidades.

El ajuste ante la crisis que se avecina se lo han dejado a un nuevo ministro de economía. Marino Murillo ha sido movido a su posición anterior de jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos. En su lugar, se nombra a Ricardo Cabrisas, artífice de las negociaciones de la deuda externa cubana y persona más familiarizada con el comercio externo y la inversión extranjera que con los asuntos de política económica doméstica. En tanto, su aporte principal podría ser precisamente impulsar ambos elementos en momentos en que Cuba requiere buscar nuevas formas de inserción en la economía internacional.

Por ahora, la primera respuesta de la política económica al shock ha sido aplicar recortes en los gastos y en los suministros de combustibles, y fijar topes a los precios en los mercados agrícolas y en el transporte privado. La contracción de gastos es inevitable e indispensable para sostener los equilibrios macroeconómicos y financieros, pero deben acompañarse con cambios estructurales.

La peor respuesta sería aplicar solo recortes, conservar el lento ritmo de las reformas estructurales y esperar a ver si Venezuela vuelve a cumplir los acuerdos en el suministro de petróleo. En un horizonte de corto y mediano plazo, la salida de la crisis venezolana se ve con muchísimas complicaciones. Los analistas internacionales prevén una caída de 8 por ciento en el PIB de Venezuela en 2016, una inflación de 700 por ciento, una tasa de desempleo de 17 por ciento, un déficit fiscal de más del 20 por ciento del PIB y un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de más del 6 por ciento del PIB.

Las autoridades cubanas requieren acelerar y profundizar los Lineamientos aprobados en los Congresos del PCC y diseñar novedosos cambios a la luz del nuevo escenario internacional que enfrentará el país en los próximos años. En un entorno externo menos complicado, los Lineamientos han resultado insuficientes, se han quedado cortos en alcanzar la transformación productiva que requiere el país y las metas que se fijaron para el crecimiento del PIB. La confirmación de que Venezuela no podrá cumplir todos los acuerdos, y la agudización de su crisis económica y financiera, obligan a pensar y acelerar una nueva estrategia de inserción internacional para el país. Sin embargo, esta estrategia no está definida completamente ni en los Lineamientos, ni en los nuevos documentos aprobados en el pasado Congreso.  

La velocidad de la reforma nunca llegó a convencer; a muchos nos resultaba incompatible con la urgencia de cambios que vive el país después de más de veinte años cargando con las consecuencias de la caída del campo socialista y sin poder encontrar un modelo económico alternativo que promoviera progreso económico y bienestar. En muchas áreas de la economía se podían haber aplicado cambios más drásticos con grandes posibilidades de obtener resultados netos, suficientes y positivos. Si antes la velocidad de la reforma parecía excesivamente lenta, ahora ese ritmo resultaría un inmovilismo autodestructivo. 
   
De inmediato, las autoridades podrían comenzar por acelerar la aprobación de los proyectos de inversión extranjera pendientes, expandir la pequeña y mediana empresa y las cooperativas con nuevos tipos de licencias y participación de los profesionales, y con la apertura de un mercado competitivo y sin restricciones para el acceso a insumos y bienes de capital físico. La devaluación del peso convertible podría ser también una medida a considerar con vistas a sostener la competitividad del sector turístico, ayudar al ajuste de los equilibrios de la balanza de pagos y evitar un nuevo “corralito financiero” en los bancos cubanos. Asimismo, muchas otras propuestas de política y trasformaciones que han realizado los economistas cubanos y expertos internacionales, deberían revalorizarse en las nuevas circunstancias.

Es evidente que no se preparó de manera suficiente la economía para el escenario que se avecinaba. Toca ahora ver si las autoridades logran aplicar las medidas más inteligentes y audaces para amortiguar el shock, recuperar lo antes posible la senda del crecimiento económico, e insertar definitivamente la economía, de una manera sostenible, en los mercados globales. Si existe algún lado positivo en las difíciles circunstancias actuales sería que, al igual que en los años noventa, la crisis podría ser una oportunidad para sumar consensos hacia cambios estructurales más profundos y más acelerados. 


Nota

1. Los pronósticos se apoyan en modelos econométricos que estiman las relaciones entre un grupo de indicadores macroeconómicos en los últimos 30 años. Para más detalles de los pronósticos ver Cuba Standard Economic Trend Report, segundo trimestre, 2016.