Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 25 de julio de 2015

Libro " Socialismo y Mercado" de Fidel Vascos. Las ideas de Marx y Engels. Capitulo I

Por Fidel Vascos. Capitulo I.

Las relaciones mercantiles existen en la medida en que hay mercancías. La mercancía es una categoría económica que define el carácter adquirido por un producto del trabajo cuan-do éste no solamente es apto para satisfacer necesidades hu-manas de cualquier clase que ellas sean, sino cuando dicho producto del trabajo, a su vez, no constituye un valor de uso para quien lo produce, sino para otros, los cuales lo adquieren por medio de un acto de cambio donde se miden entre sí cantidades de valor materializadas en productos con valor de uso distintos. 

En El Capital, Carlos Marx expone estas consideraciones: “La mercancía es en primer término, un objeto externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean”.2 

“Un objeto puede ser valor de uso sin ser valor (...)”. “Para producir mercancías, no basta producir valores de uso, sino que es menester producir valores de uso para otros, valores de uso sociales”.3 

“Para ser mercancía, el producto ha de pasar a manos de otro, del que lo consume, por medio de un acto de cambio”.4 

Las relaciones mercantiles surgen de la economía mercantil en la cual los productos del trabajo que satisfacen necesidades humanas adquieren el carácter de mercancías. La esencia de la economía mercantil no es la circulación de mercancías, sino la producción de mercancías. 

En la esfera de la producción es donde está la raíz de la economía mercantil y por tanto, la producción mercantil no define las relaciones de producción de un régimen social dado sino que, al contrario, el contenido de estas relaciones de producción le dan un carácter determinado a las relaciones mercantiles. 

Así, la producción mercantil no existe en un sólo tipo de régimen social, sino que puede desarrollarse en sociedades de distintos tipos de relaciones de producción. 

A la producción mercantil le es inherente la existencia de la ley del valor, la cual rige como tendencia, en el sentido de que dos mercancías que se intercambian lo hacen sobre la base de iguales magnitudes de valor, donde se materializan o cristalizan iguales cantidades de tiempo de trabajo socialmente necesario. 

El descubrimiento de la esencia de la mercancía y del con-tenido de las relaciones mercantiles corresponde a Carlos Marx, quien profundizó su investigación al respecto en su gran obra: El Capital. 

Marx expuso en esta obra que la división social del trabajo es la condición de vida de las mercancías, aunque esto solo no basta para que ellas existan. Es necesario, además, que las mercancías sean los productos de trabajos privados independientes los unos de los otros. 

Bajo el tropel de los diversos valores de uso o mercan-cías, desfila ante nosotros un conjunto de trabajos útiles no menos variados, trabajos que difieren unos de otros en género, especie, familia, subespecie y variedad: es la división social del trabajo, condición de vida de la producción de mercancías, aunque esta no lo sea a su vez, de la división social del trabajo. 

Así por ejemplo, la comunidad de la India antigua, supone una división social del trabajo, a pesar de lo cual los productos no se convierten en mercancías. 

O, para poner otro ejemplo más cercano a nosotros: en toda fábrica reina una división sistemática del trabajo, pero esta división no se basa en el hecho de que los obre-ros cambien entre sí sus productos individuales. Solo los productos de trabajos privados, independientes los unos de los otros, pueden revestir en sus relaciones mutuas el carácter de mercancías.5 

Marx vio a la división social del trabajo como la condición de las relaciones mercantiles; y al trabajo privado independiente, dado por la propiedad privada sobre los medios de producción, como la causa directa de la producción mercantil. 

En su estudio sobre la economía mercantil, Carlos Marx investigó profundamente su manifestación en el régimen capitalista de producción. Ello estuvo determinado, entre otras, por dos razones principales: en primer lugar, Marx vivió en la era del capitalismo, por lo cual el desarrollo de la lucha revolucionaria exigía una explicación exhaustiva y profunda de los mecanismos de funcionamiento de este régimen en aras de encontrar las fuerzas sociales capaces de destruirlo y construir, a su vez, una sociedad libre de explotación. 

Conjuntamente con esto, es en el capitalismo donde las relaciones mercantiles adquieren su más elevado desarrollo histórico. La cima en el desarrollo de la economía mercantil se alcanza en el capitalismo, donde todo se convierte en mercancía, incluso la propia fuerza de trabajo. En ninguna sociedad anterior al capitalismo la fuerza de trabajo era una mercancía. Aquí reside la diferencia esencial entre el capitalismo y los anteriores regímenes explotadores: es en el capitalismo donde la fuerza de trabajo es una mercancía y por tanto, el plusproducto se convierte en plusvalía. 

Este hecho de que Marx estudiara más profundamente la producción mercantil en una de sus manifestaciones históricas concretas, en el capitalismo, puede dar base a la idea de que las relaciones mercantiles son inherentes solamente al régimen capitalista y por lo tanto, a un régimen que se caracteriza por la existencia de la explotación del hombre por el hombre y de la propiedad privada sobre los medios de producción. Invirtiendo el orden de las ideas, de esta última concepción pudiera entonces deducirse, erróneamente, que donde existen las relaciones mercantiles, existen inevitablemente la explotación del hombre por el hombre y la propiedad privada sobre los medios de producción. 

Lo cierto es que las relaciones mercantiles no están atadas en su existencia a ningún régimen social en particular. La producción mercantil no determina el modo de producción don-de se manifiesta sino, al contrario, el contenido del modo de producción determina las características de la producción mercantil en ese momento histórico de su manifestación. 

Al inicio de su existencia, en las antiguas comunidades humanas, las relaciones mercantiles y la ley del valor se manifestaban en lo que Marx llamó la forma simple, concreta o fortuita del valor. En sus orígenes, esta forma comenzó a tener lugar, no entre los individuos dentro de una comunidad, sino entre una comunidad y otra comunidad. Este hecho histórico tiene una importancia trascendental para comprender el papel de las relaciones mercantiles en el socialismo, pues en aquellos primeros momentos del surgimiento de las mercancías, todavía no existía la propiedad privada sobre los me-dios de producción, ni la explotación del hombre por el hombre. Estas características de la producción mercantil vinieron después, con la disolución de las comunidades primitivas, a lo que ayudó la existencia de la propia mercancía surgida en el intercambio entre comunidades, que basaban su economía en la propiedad común de sus miembros sobre los medios de producción. 

Al respecto, Marx expresó: "El intercambio de mercancía comienza allí donde termina la comunidad, allí donde esta entra en contacto con otras comunidades o con los miembros de otras comunidades. Y tan pronto como las cosas adquieren carácter de mercancías en las relaciones de la comunidad con el exterior, este carácter se adhiere a ellas también, de rechazo, en la vida interior de la comunidad".6 

Y Engels anotó: 

"Todos sabemos que en los comienzos de la sociedad los productos son consumidos por los propios productores y que estos se hallan organizados de un modo elemental en colectividades más o menos comunistas; que el intercambio del sobrante de estos productos con gentes extrañas a la comunidad, que inicia la transformación de los productos en mercancía, es de fecha posterior y que primeramente solo se efectúa entre distintas comunidades y tribus diferentes, hasta que más tarde se opera ya dentro de la comunidad misma, contribuyendo esencial-mente a su disolución, en grupos familiares más o menos grandes".7 

Una vez surgidas, las relaciones mercantiles inciden en la disolución de las comunidades gentilicias y en su transformación en sociedades clasistas basadas en la propiedad privada sobre los medios de producción y la explotación del hombre por el hombre. Pero en estas sociedades que siguieron inmediatamente a la comunidad primitiva, la producción de mercancías no ocupaba todavía el lugar central que adquiriría más tarde. En aquella sociedad la economía se basaba en la explotación esclavista, con una producción fundamentalmente de tipo natural. 

No obstante, una parte creciente de su economía era aportada por la pequeña producción mercantil. 

Así, las relaciones mercantiles y sus categorías inherentes, como la ley del valor, adquieren su primer desarrollo dentro de las sociedades esclavistas, en la forma de pequeña producción mercantil o de producción simple de mercancías, en la cual no estaba presente la explotación del hombre por el hombre, aunque ya se basaban en la propiedad privada sobre los medios de producción. 

El propietario de los medios de producción era, a su vez, trabajador-productor y no explotaba trabajo ajeno sobre la base de su propiedad sobre los medios de producción, los cuales utilizaba para elaborar las mercancías. 

(...) el cambio de mercancías data de una época anterior a toda la historia escrita y que en Egipto se remonta, por lo menos a 3 500 y acaso a 5 000 años, en Babilonia a 4 000, y tal vez, a 6 000 años antes de nuestra era (a. n. e.). La ley del valor rigió, pues, durante un período de cinco a siete mil años.8 

Aquí Engels se refiere a la manifestación pura de la ley del valor que rige para todo el período de la producción simple de mercancías hasta el momento en que ésta es modificada por la aparición de la forma de producción capitalista. 

Hasta entonces, los precios gravitan con arreglo a los valores determinados por la ley de Marx y oscilan en torno a ellos, y cuanto más se desarrolla en su plenitud la producción simple de mercancías, más coinciden los precios medios con los valores tomando períodos largos, no interrumpidos por perturbaciones violentas exteriores y dejando a un lado el margen de lo despreciable.9 

Las características de las relaciones mercantiles y la manifestación de la ley del valor no son las mismas a lo largo de su desarrollo histórico y se modifican en la medida en que existen en uno u otro régimen social. 

El hecho de que la producción mercantil dura varios miles de años a lo largo de distintos modos de producción está desarrollado, entre otras de sus obras, por Marx en El Capital y por Engels en el Anti-Dühring. 

Esta idea está presente en el desarrollo lógico de las cuatro formas del valor analizadas en El Capital* y que reflejan el propio desarrollo histórico de dichas formas. La existencia de las relaciones mercantiles es anterior al surgimiento del capitalismo. 

La circulación de mercancías es el punto de arranque del capital. La producción de mercancías y su circulación desarrollada, o sea, el comercio, forman las premisas históricas en que surge el capital. La biografía moderna del capital comienza en el siglo XVI, con el comercio y el mercado mundiales.10 

Por todo lo anteriormente expuesto podemos concluir que, en sus orígenes, las relaciones mercantiles existieron sin propiedad privada sobre los medios de producción y sin explotación del hombre por el hombre. 

Teniendo esto en cuenta podemos adelantar que, teóricamente, es posible que en el socialismo —régimen social, en su esencia, sin propiedad privada sobre los medios de producción y sin explotación del hombre por el hombre— existan las relaciones mercantiles. Más adelante explicaremos las condiciones concretas en que esta posibilidad se convierte inevitablemente en realidad. 

En el análisis acerca de las relaciones mercantiles, ocupa un destacado lugar el estudio de la ley del valor y sus manifestaciones prácticas. 

La ley del valor, mediante la cual las mercancías se intercambian sobre la base de iguales magnitudes de valor, o sea, de iguales cantidades de trabajo socialmente necesario materializado en ellas, no se manifiesta pura en todas las épocas históricas. 

Engels subrayó que la manifestación pura de la ley del valor —cuando el precio por el que se venden las mercancías coincide con su valor— tiene lugar en el período de la producción simple de mercancías. 

El surgimiento del capitalismo, a partir del siglo XVI d. n. e., comienza a modificar esa manifestación pura de la ley del valor. Con el desarrollo de la libre concurrencia en un capitalismo más avanzado, aunque sin llegar a su fase imperialista, los precios de las mercancías ya no constituyen directamente la magnitud del valor de estas, sino de su precio de producción. Marx investigó este fenómeno en El Capital y definió correcta-mente que la movilidad de los capitales entre las ramas de la economía, persiguiendo la mayor ganancia en un marco de libre concurrencia, determinaba la formación de una cuota general de ganancia y una ganancia media para los capitales de igual magnitud. 

Así, el precio de la mercancía adoptaba una forma transfigurada del valor y se convertía en el precio de producción, que se define como el precio de costo o costo de producción más la ganancia media. No obstante esta modificación de la ley del valor, queda en pie el hecho de que los precios de las mercancías vienen determinados por el valor de estas. 

(...) la suma de las ganancias obtenidas en todas las esferas de producción deberá ser igual a la suma de las plusvalías y la suma de los precios de producción del producto total de la sociedad, igual a la suma de sus valores.11 

Al surgir la fase monopolista del capitalismo, cuando este se convierte en imperialismo, la manifestación de la ley del valor sufre una nueva modificación. Con el surgimiento del monopolio y las trabas que este impone a la libre concurrencia de los capitales, el precio de producción se convierte en precio de monopolio, el cual incluye no solamente el valor de la mercancía sino, además, la superganancia monopolista. No obstante esta nueva modificación de la ley del valor, ella continúa rigiendo los intercambios de mercancía los cuales tienen lugar reflejando los valores de las mercancías que, aunque no se manifiestan directamente en la superficie del fenómeno del intercambio, rigen todo el movimiento de las mercancías desde una posición subyacente. 

Con estas consideraciones acerca de las modificaciones de la acción de la ley del valor a lo largo de su desarrollo histórico queremos destacar que si el precio de una mercancía no coincide exactamente con su valor en un momento determi-nado, ello no significa que la ley del valor no está actuando; en realidad dicha ley actúa y rige el intercambio de las mercancías, pero de una manera indirecta. 

Asimismo, en el socialismo, cuando el Estado planifica centralmente el desarrollo económico social y los hombres influyen conscientes en dicho desarrollo, no por ello deja de existir la ley del valor. 

La acción de la ley del valor, en las condiciones del socialismo, está dirigida por el hombre mediante la política económica del Estado socialista. Aquí los precios pueden diferir de los valores de la mercancía, pero no de una manera arbitraria, sino en concordancia con la ley del valor, que es utilizada conscientemente por el hombre pero que, por ello, no deja de existir. Se hace necesario tenerla en cuenta a la hora de planificar conscientemente el desarrollo económico; si la ley del valor no se tiene en cuenta en la planificación, los resultados en la economía pueden ser distintos a los que se ha propuesto el planificador y a veces, son hasta totalmente contradictorios a los objetivos planteados. 

Examinemos ahora las opiniones de Marx y Engels acerca de la existencia de las relaciones mercantiles y de la ley del valor en el socialismo. 

Como decíamos más arriba, Marx elaboró su concepto de mercancía y de valor a partir del desarrollo que habían alcanzado estas categorías en el capitalismo. También, aunque en menor escala, abordó estos conceptos y sus manifestaciones en el periodo de la pequeña producción mercantil. En este sentido es conveniente subrayar que Marx no pretendió hacer una teoría absoluta del valor, sino que descubrió la esencia del valor en el capitalismo y en el régimen de la pequeña producción mercantil. 

Al respecto, es importante destacar unas ideas de Engels expuestas en su crítica al Sr. Eugene Dühring y el concepto de este acerca del “valor absoluto de las cosas económicas”.12 Abordando esta cuestión, Engels define el valor de las mercancías estudiado por Marx, con las palabras siguientes: 

(...) el valor de las mercancías, es decir, de los objetos que dentro de una sociedad compuesta de productores privados, son creados por estos productores y en interés y por cuenta suya, cambiándose los unos por los otros. No se trata pues, ni mucho menos, del “valor absoluto”, donde quiera que este se albergase, sino del valor que rige en una determinada forma de sociedad. Este valor, en esta concepción histórica determinada, resulta ser creado y medido por el trabajo humano encerrado en las diferentes mercancías, trabajo humano que, a su vez, resulta ser, pues, el gasto de la simple fuerza humana de trabajo (...)13 (...) Precisamente merced a esa su oscuridad completa (Dühring, N.A.) confunde el valor de las mercancías, que es la que Marx, por el momento, se limita a indagar aquí, con el “costo propio natural”, concepto (de Dühring, N.A.) que no hace más que delatar la oscuridad de su inventor, y hasta con el “valor absoluto”, que hasta hoy, que nosotros sepamos, no ha tenido curso en la economía en ninguna parte. Pero sin meternos a averiguar qué es lo que el Sr. Dühring entiende por el “costo propio natural”, ni cual de sus cinco clases de valor tiene el honor de representar el papel del valor absoluto, podemos afirmar con plena seguridad que Marx no se refiere para nada a todas esas cosas, sino pura y simplemente al valor de las mercancías; y que en toda la sección de El Capital con-sagrada al estudio del valor, no se encierra ni la más leve alusión a que Marx crea aplicable —ni en qué medida si es que la cree— su teoría del valor de las mercancías a otras formas de sociedad.14 

Al abordar el futuro de las relaciones mercantiles en la sociedad comunista, Marx y Engels prestaron atención sobre todo a las diferencias entre el capitalismo y el comunismo. En este sentido subrayaron, con razón, que en el comunismo desaparecería la producción de mercancías y, por tanto, la ley del valor inherente a ellas. 

Partiendo de que las mercancías son productos elaborados en una sociedad de productores privados aislados y que esos productos se lanzan al consumo social por medio del intercambio, donde rigen las relaciones espontáneas y anárquicas del mercado capitalista, Marx y Engels concibieron que una vez eliminada la propiedad privada sobre los medios de producción y establecida la planificación consciente de la economía, donde el trabajo privado deja su lugar al trabajo directamente social, no es necesario la utilización del valor para medir indirectamente los productos del trabajo, desapareciendo, por ello, la producción mercantil, las relaciones mercantiles y las categorías inherentes a dichas relaciones. La importancia del concepto del trabajo directamente social en la desaparición de las relaciones mercantiles lo subraya Engels al abordar las características de las antiguas comunidades de la India y otros pueblos. 

(…) la producción de mercancías no es, ni mucho me-nos, la forma única y exclusiva de producción social. En las antiguas comunidades de la India, en la comunidad familiar de los eslavos del sur, los productos no se con-vierten en mercancías. Los miembros de la comunidad se hallan directamente socializados para la producción, el trabajo se distribuye con arreglo a la tradición y a las necesidades, y lo mismo se hace con los productos, cuan-do son destinados al consumo. La producción directa-mente social y la distribución directa, excluye todo intercambio de mercancías y excluyen por tanto (a lo menos, dentro de la comunidad) la transformación de los productos en mercancías y por consiguiente, en valores.15 

Y extendiendo este concepto a las condiciones del socialismo, continuaba Engels: 

Tan pronto como la sociedad se adueñe de los medios de producción y los aplique a esta, socializándolos directa-mente, el trabajo de cada individuo, por mucho que di-fiera su carácter específicamente útil, adquirirá de antemano y directamente el carácter de trabajo social. La cantidad de trabajo social encerrado en un producto no necesita ya determinarse dando un rodeo (...) La sociedad, bajo los supuestos arriba mencionados, no asignará tampoco a los productos ningún valor.16 

De la misma forma que Engels, Marx planteó que una vez sustituida la propiedad privada sobre los medios de producción, los productos dejaban de ser mercancías y ya no se podía hablar del valor de los productos. 

En el seno de una sociedad colectivista, basada en la pro-piedad común de los medios de producción, los productores no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos no se presenta aquí, tampoco, como valor de estos productos, como una cualidad material poseída por ellos, pues aquí, por oposición a lo que sucede en la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte integrante del trabajo común mediante un rodeo, sino directamente.17 

Marx y Engels supieron ver el futuro de la producción mercantil y del valor de los productos en el comunismo. Aprecia-ron correctamente que una vez sustituido el capitalismo, la producción mercantil tiende a desaparecer. 

Partiendo de ello, expresaron que en el socialismo no existirán las relaciones mercantiles y que estas desaparecerían cuando terminara el capitalismo. 

El desarrollo histórico posterior precisó determinadas modificaciones a estas concepciones de Marx y Engels. Vale la pena destacar aquí que los propios fundadores del marxismo no consideraban sus ideas como un dogma, sino como una guía para la acción. 

La generalización teórica, a partir de la práctica y del pensamiento anterior no se plasma directamente en la manifestación histórico-concreta del fenómeno dado. 

El pensamiento no es la realidad misma, sino el reflejo de esa realidad en la conciencia de los hombres. De aquí que una teoría correcta pueda manifestarse de otra forma en la práctica, en un momento histórico distinto, sin que por ello la teoría sea errónea y deba rechazarse. Su verdad está en otro plano de la generalización, es relativa en tiempo y espacio, y no necesariamente se manifiesta de manera directa en la realidad concreta. 

Esto es lo que ocurre con las ideas de Marx y Engels en cuanto a la desaparición de las relaciones mercantiles cuando cesa el capitalismo. Tienen razón en el plano más general y abstracto en el sentido de que, como tendencia, en la sociedad comunista llega un momento en que la producción mercantil cesa por completo y son otras formas de producción y distribución las que rigen la vida social. Pero esta realidad no se manifiesta de forma abrupta e inmediata cuando la clase obrera toma el poder político e inicia la construcción del socialismo, sino mediante un desarrollo histórico más o menos largo, que abarca tanto el período de transición del capitalismo al socialismo como el socialismo, primera fase de la sociedad comunista. Marx y Engels no abordaron en sus estudios los pasos y etapas por las que transcurriría la desaparición de la producción mercantil en la sociedad comunista; se concentraron en la fundamentación del destino final de la producción mercantil en el comunismo: su desaparición. 

Marx y Engels definieron tres etapas en la construcción de la sociedad comunista a partir del régimen capitalista. Estas etapas son las siguientes: 

• Período de transición del capitalismo al socialismo. 

• Socialismo, primera fase o fase inferior de la sociedad comunista. 

• Comunismo, fase superior de la sociedad comunista. 

La cuestión está en que si bien es cierto que Marx y Engels diferenciaron entre sí el período de transición del capitalismo al socialismo y las dos fases de la sociedad comunista, no investigaron en detalle, de acuerdo al momento histórico que les tocó vivir, las particularidades de estos períodos y fases intermedias hasta alcanzar el comunismo. Debido a ello determinaron correctamente la tendencia de las relaciones mercantiles que debían desaparecer en el futuro comunista, pero no podían esclarecer que en el socialismo, antes de llegar al comunismo completo, las relaciones mercantiles continuarían existiendo con un nuevo contenido, distinto al que tenían en el capitalismo. 

Las ideas de Marx en cuanto a cómo se sustituiría la producción mercantil una vez eliminado el capitalismo, están expresadas en El Capital y en su “Crítica al Programa de Gotha”. 

En el epígrafe “El fetichismo de la mercancía y su secreto” de su obra cumbre, Marx aborda sus ideas acerca de la organización de la distribución del producto social en “una asociación de hombres libres que trabajen con medios colectivos de producción y que desplieguen sus numerosas fuerzas individuales de trabajo, con plena conciencia de lo que hacen, como una gran fuerza de trabajo social... El producto colectivo de la asociación a que nos referimos es un producto social. Una par-te de este producto vuelve a prestar servicio bajo la forma de medios de producción. Sigue siendo social. Otra parte es con-sumida por los individuos asociados, bajo forma de medios de vida. Debe, por tanto, ser distribuida. El carácter de esta distribución variará según el carácter especial del propio organismo social de producción y con arreglo al nivel histórico de los productores. Partiremos sin embargo, aunque solo sea a título de paralelo con el régimen de producción de mercan-cías, del supuesto de que la participación asignada a cada pro-ductor en los medios de vida depende de su tiempo de trabajo. En estas condiciones, el tiempo de trabajo representaría, como se ve, una doble función. Su distribución con arreglo a un plan social servirá para regular la proporción adecuada entre las diversas funciones del trabajo y las distintas necesidades. De otra parte y simultáneamente, el tiempo de trabajo serviría para graduar la parte individual del productor en el trabajo colectivo, y por tanto, en la parte del producto también colectivo destinada al consumo. Como se ve, aquí las relaciones sociales de los hombres con su trabajo y los productos de su trabajo son perfectamente claras y sencillas, tanto en lo tocante a la producción como en lo que se refiere a la distribución.18 

En esta cita, Marx define que las relaciones mercantiles existentes en el capitalismo, serían sustituidas, en el socialismo, por un plan de producción y distribución cuantificado en sus proporciones sobre la base directa del tiempo de trabajo utilizado para confeccionar los productos, y no mediante el valor de las mercancías. 

En el mismo sentido se pronunció Marx en su “Crítica al Programa de Gotha”. Aquí expresó: 

(...) la jornada social de trabajo se compone de la suma de las horas de trabajo individual; el tiempo individual de trabajo de cada productor por separado es la parte de la jornada social de trabajo que él aporta, su participación en ella. La sociedad le entrega un bono consignan-do que ha rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que ha rendido. La misma cuota de trabajo que ha dado a la sociedad bajo una forma, la recibe de ésta bajo otra forma distinta. 

Y continuaba Marx en el texto: 

Aquí reina, evidentemente, el mismo principio que regula el intercambio de mercancías, por cuanto este es intercambio de equivalentes. Han variado la forma y el contenido, porque bajo las nuevas condiciones nadie puede dar sino su trabajo, y porque, por otra parte, ahora nada puede pasar a ser propiedad del individuo, fuera de los medios individuales de consumo. Pero, en lo que se refiere a la distribución de estos entre los distintos pro-ductores, rige el mismo principio que en el intercambio de mercancías equivalentes: se cambia una cantidad de trabajo bajo una forma, por otra cantidad igual de traba-jo, bajo otra forma distinta.19 

En el mismo sentido abordó Engels este tema en su obra Anti-Dühring. Aquí, Engels plantea que tan pronto la sociedad se adueña de los medios de producción y los aplica a esta socializándolos directamente, el trabajo de cada individuo adquiere de antemano y directamente el carácter de trabajo social. En estas condiciones, subraya Engels, la sociedad ya no tiene que determinar la cantidad de trabajo social encerrada en un producto mediante el método indirecto de darle un valor comparándolo con otro producto, sino que basta calcular cuantas horas de trabajo se contienen en dicho producto. La cantidad de trabajo contenida en los productos se expresará “por su medida natural, adecuada y absoluta: el tiempo (...)” 20 

De esta forma, tanto Marx como Engels subrayaron que una vez socializados los medios de producción y la producción misma, el valor y las relaciones mercantiles serían sustituidos por la cuantificación directa del tiempo de trabajo encerrado en los productos; pero no plantearon que la desaparición de la producción mercantil y sus categorías inherentes tendría lugar mediante un período de transición, y que estas existirían, con un nuevo contenido, en el socialismo, primera fase o fase inferior de la sociedad comunista. 

En el análisis de las consideraciones de Marx y Engels sobre estos temas hay que tener en cuenta, también, su teoría de la revolución socialista. Ellos concebían que el proceso para sustituir el capitalismo por el socialismo ocurriría más o me-nos simultáneamente en los países capitalistas más desarrolla-dos, que en su época eran, principalmente, Inglaterra, Francia, Alemania y EEUU. Una vez tomado el poder político y económico como resultado de la revolución proletaria en estos países, se iniciaría un período de transición al socialismo en el cual el resto de las naciones del planeta irían transitando ha-cia el nuevo régimen social, apoyados en los países más avanzados que ya serían socialistas. En otras palabras, la teoría de Marx y Engels apuntaba a que los primeros países socialistas del Mundo serían Inglaterra, Francia, Alemania y EEUU y que ello sucedería dentro del siglo XIX y, seguramente, no después del siglo XX. 

En estas condiciones, los fundadores del marxismo no preveían la lucha principal entre capitalismo y socialismo como un enfrentamiento entre Estados de países capitalistas y socialistas a escala mundial, sino como el antagonismo interno entre explotadores y explotados en las naciones atrasadas que aún no habían instaurado el modo socialista de producción, ya alcanzado en los países más desarrollados. 

El devenir histórico posterior, con el surgimiento del imperialismo como fase monopolista del capitalismo, modificó las condiciones prevalecientes en el régimen burgués analizado por Marx, lo que transformó, de cierta manera, la teoría de la revolución socialista de Marx y Engels en su formulación original. No obstante ello, queda en pie la esencia de las concepciones marxistas sobre esta teoría. 

El mérito principal de Carlos Marx en cuanto a la teoría del valor consiste en haber descubierto su esencia explotadora en el capitalismo, elaborando la teoría de la plusvalía, y en haber expuesto que el valor de las mercancías es una categoría histórica al igual que la propia mercancía. Es decir, que la producción mercantil no es algo eterno e inherente a la sociedad humana, sino resultado de determinadas condiciones sociales de producción. Cuando estas condiciones sociales de producción se modifican sustancialmente en determinado sentido, desaparece la producción mercantil y sus categorías, las cuales sólo tienen vigencia durante un período de tiempo en la historia de las sociedades humanas. 

En el prólogo de El Capital, Marx planteó que el fin que perseguía esta obra era descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna, es decir, de la sociedad capitalista.21 

A su vez, Lenin precisó que lo que compone la doctrina de Marx es el estudio de las relaciones de producción de una sociedad históricamente determinada y concreta, el capitalismo, en su aparición, su desarrollo y su decadencia.22 

Por tanto, Marx no se planteó como objetivo primario el descubrir la teoría del valor y después su manifestación en el capitalismo, sino al contrario, se planteó descubrir la ley económica que rige el movimiento de la sociedad capitalista y, en este empeño elaboró la teoría del valor y su manifestación concreta en el capitalismo y fundamentó con acierto su desaparición con la socialización de los medios de producción. Marx no precisó totalmente y en detalle la forma y las etapas intermedias en que ocurrirá esta desaparición. 

Correspondió a Lenin, posteriormente, sentar las bases para el enriquecimiento de la teoría marxista del valor, para el de
sarrollo de la economía política del socialismo y, con ello, de las características de la producción mercantil en el socialismo, en tránsito hacia su extinción en el comunismo pleno.

Notas

2 Carlos Marx: El Capital, t. 1, p. 3, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965.

3 Ibídem, p. 8.

4 Ibídem, p. 9.

5 Ibídem, pp. 9-10.


6 Ídem, p. 54. 

7 "Complemento y apéndice al tomo 3 de El Capital (Complemento al Prefa-cio)”, El Capital, t. 3, pp. 32-33, Ediciones Venceremos, La Habana. 

8 ,9 Ídem, p. 36. Ídem, pp. 35-36. * Sección I del tomo 1. 

10 Carlos Marx: El Capital, t. 1, p.110, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965. 

11 Ídem, t. 3, p.195. 


12 Federico Engels: Anti-Dühring, p. 239, Ediciones Pueblos Unidos, Montevi-deo, 1960. 

13 Ídem, pp. 240-241.

14 Ibídem, pp. 241-242. 



15 Ibídem, 

16 p. 376. Ídem. 

17 Carlos Marx: “Crítica al Programa de Gotha”, Obras Escogidas en tres tomos, t. 3, pp. 13-14, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

18 Carlos Marx: El Capital, t. 1, pp. 45-46, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965. 


19 Carlos Marx: “Crítica al Programa de Gotha”, t. 3, p. 14, Obras Escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

20 Federico Engels: Anti-Dühring, p. 376, Ediciones Pueblos Unidos, Montevi-deo, 1960. 


21 Carlos Marx: El Capital, t.1, p. XXIII, Prólogo, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965. 

22 V.I. Lenin: “Artículo sobre Carlos Marx” en Obras Escogidas en tres tomos, t.1, p. 36, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 


Continuará

Puede leer la Introducción del libro aquí




La pandilla del MIT

La visión pragmática que nos enseñaron en la universidad se ha mostrado muy acertada



Fachada de la Escuela de Negocios Sloan, del MIT, en Cambridge (Massachussetts, EE UU) /KELVIN MA (BLOOMBERG)


Adiós, Chicago boys. Hola, pandilla del MIT.

Por si no saben de lo que hablo, la expresión “muchachos de Chicago” se usaba en su momento para referirse a aquellos economistas latinoamericanos, formados en la Universidad de Chicago, que se llevaron el radicalismo del libre mercado a sus países de origen. La influencia de estos economistas se enmarcó en un fenómeno más generalizado: las décadas de 1970 y 1980 fueron una época de supremacía para las ideas económicas basadas en ellaissez-faire y para la escuela de Chicago, promotora de dichas ideas.

Pero hace mucho tiempo de eso. Ahora hay otra escuela que está en alza, y merecidamente.

De hecho, resulta sorprendente la poca atención que han prestado los medios de comunicación al predominio de los economistas formados en el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en los cargos políticos y la retórica política. Pero es de lo más llamativo. Ben Bernanke se doctoró en el MIT; igual que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, y Olivier Blanchard, el enormemente influyente jefe de economía del Fondo Monetario Internacional (FMI). Blanchard va a jubilarse, pero su sustituto, Maurice Obstfeld, es otro hombre del MIT (y otro alumno de Stanley Fischer, que dio clase en el MIT durante muchos años y ahora es vicepresidente de la Reserva Federal).

Estos son solo los ejemplos más destacados. Los economistas formados en el MIT, especialmente los que se doctoraron durante la década de 1970, tienen un peso desproporcionado en las instituciones y los debates políticos de todo el mundo occidental. Y sí, yo formo parte de la misma panda.

¿Qué distingue la economía del MIT de las demás y qué importancia tiene esto? Para responder a esa pregunta, hay que remontarse a la década de 1970, cuando todas las personas que acabo de nombrar cursaban sus estudios de posgrado.

En aquella época, el gran problema era la combinación de un paro elevado con una inflación elevada. La llegada de la estanflación fue un gran triunfo para Milton Friedman, quien había predicho exactamente ese desenlace si el Gobierno intentaba mantener la tasa de paro demasiado baja durante demasiado tiempo; todo el mundo lo consideró, con razón o —en su mayoría— sin ella, una prueba de que los mercados acertaban y el Gobierno debía limitarse a quitarse de en medio.

O, por decirlo de otra manera, muchos economistas respondieron a la estanflación dando la espalda a la economía keynesiana y a su petición de que el Gobierno adoptara medidas para combatir las recesiones.

Sin embargo, Keynes nunca se marchó del MIT. Sin duda, la estanflación ponía de manifiesto que las medidas políticas tenían limitaciones. Pero los alumnos siguieron aprendiendo acerca de las imperfecciones de los mercados y la función que la política fiscal y monetaria puede desempeñar a la hora de estimular una economía deprimida.

Y los estudiantes del MIT de la década de 1970 ahondaron en esas ideas en su trabajo posterior. Blanchard, por ejemplo, demostró que las pequeñas desviaciones de la racionalidad perfecta pueden tener grandes repercusiones económicas; Obstfeld probó que los mercados de divisas pueden experimentar a veces un pánico causado por ellos mismos.

Este punto de vista pragmático y de mentalidad abierta se vio reivindicado de forma abrumadora tras el estallido de la crisis en 2008. Los economistas de la escuela de Chicago advertían una y otra vez de que si se respondía a la crisis imprimiendo dinero y permitiendo que aumentase el déficit, se provocaría una estanflación similar a la de la década de 1970, y que la inflación y los tipos de interés se dispararían. Pero los del MIT predijeron, con acierto, que la inflación y los tipos de interés seguirían bajos mientras la economía estuviese deprimida, y que los intentos prematuros de reducir drásticamente el déficit agravarían la depresión.

La verdad, aunque nadie lo crea, es que el análisis económico que algunos aprendimos en el MIT hace mucho tiempo ha funcionado muy, pero que muy bien durante los siete últimos años.

¿Pero se ha traducido el éxito intelectual de la economía del MIT en un éxito político comparable? Por desgracia, la respuesta es que no.

Es cierto que se han producido varios triunfos monetarios importantes. La Reserva Federal, dirigida por Bernanke, hizo caso omiso de las presiones y amenazas de la derecha —Rick Perry, siendo gobernador de Texas, llegó al extremo de acusarle de traición— y se mantuvo fiel a una política resueltamente expansiva que contribuyó a limitar los estragos causados por la crisis financiera. En Europa, el activismo de Draghi ha sido crucial para tranquilizar los mercados financieros, lo que probablemente ha salvado al euro de una catástrofe.

En otros frentes, sin embargo, los buenos consejos de la panda del MIT no se han tenido en cuenta. El departamento de investigación del FMI, bajo la dirección de Blanchard, ha llevado a cabo un trabajo escrupuloso sobre los efectos de la política fiscal y ha demostrado, más allá de toda duda razonable, que recortar drásticamente el gasto cuando la economía está deprimida es un tremendo error y que los intentos de reducir una deuda elevada mediante la austeridad son contraproducentes. Pero los políticos europeos han recortado drásticamente el gasto y exigido una austeridad devastadora a los deudores de todo el continente.

Mientras tanto, en Estados Unidos, los republicanos han respondido al estrepitoso fracaso de la ortodoxia del libre mercado y al notable éxito de las predicciones de sus odiadísimos keynesianos plantándose en sus trece todavía más, decididos a no aprender nada de la experiencia.

En otras palabras, tener razón no siempre basta para cambiar el mundo. Pero, aun así, es mejor tener razón que equivocarse, y la economía del MIT, con su pragmática apertura a la evidencia, ha estado, efectivamente, muy acertada.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía de 2008.

© The New York Times Company, 2015.

Traducción de News Clips.

viernes, 24 de julio de 2015

¿Sabe cuánto vale realmente su tiempo?

Por  SUE SHELLENBARGER 
Viernes, 24 de Julio de 2015 0:05 EDT


Andrew Bret Wallis/Stockbyte/Getty Images

¿Cuánto vale realmente su tiempo?


Es una negociación diaria. Enfrentamos constantemente oportunidades para ahorrar tiempo al pagar más dinero, y viceversa. ¿Debería mandar a lavar la ropa sucia? ¿Tomar el vuelo o tren más rápido y costoso? ¿Hacer más trabajo freelance o de consultoría? Ahora, más que nunca, con la creación del TaskRabbit y otros servicios de conserjería virtuales, hay oportunidades para tercerizar cualquier tarea.

Pero ponerle a su tiempo un valor en efectivo requiere más que dividir su salario por la cantidad de horas trabajadas. Requiere pensar en profundidad sobre los compromisos que está dispuesto a aceptar. Más investigadores y emprendedores están analizando de nuevas formas el valor del tiempo, obteniendo nuevas herramientas e ideas para ayudar a la gente a tomar decisiones mejor pensadas.

Reservar boletos aéreos es estresante para Uri Bram cuando debe elegir entre vuelos más baratos que llevan más tiempo u otros más costosos que lo llevarían más rápido a su destino. A menudo se ha conformado con conexiones más lentas, con escalas. “Voy a pasar toda la tarde volando, de todos modos”, dice Bram, un autor de libros de no ficción que vive en Tel Aviv.

Sin embargo, luego de usar una calculadora en línea para analizar el valor de su tiempo, hace poco eligió el vuelo más rápido a Europa en lugar de otro que requería una escala de dos horas, aún cuando el boleto costaba unos US$70 más. “Valoro esas dos o tres horas. Las puedo usar para escribir otro artículo”, dice.

La calculadora de tiempo y dinero que usó Bram, en ClearThinking.org (en inglés), les pide a sus usuarios que fijen una base, o valor de mercado, para su tiempo al dividir su salario total por las horas trabajadas. Los usuarios también responden preguntas sobre varias decisiones de tiempo versus dinero que estarían dispuestos a hacer, como cuánto dinero tendría que pagarles un empleo de medio tiempo adicional para que lo acepten, o cuánto estarían dispuestos a gastar en una herramienta o servicio para ahorrar tiempo.

La calculadora reporta inconsistencias en la forma de pensar de los usuarios. Por ejemplo, un usuario podría ganar US$50 por hora haciendo trabajo extra de medio tiempo pero negarse a pagarle a una empresa US$30 para realizar un trámite de rutina que dejaría libre una hora de su tiempo, a pesar de que podría embolsarse US$20 en el proceso, dice Spencer Greenberg, fundador de ClearThinking.org.

Greenberg, un matemático y co-fundador de un fondo de cobertura, dice que tuvo la idea de la calculadora luego de ver cómo una amiga que gana un sueldo de seis cifras “se rompía la cabeza intentando entender cómo usar un certificado de regalo de US$20”, dice. “Esencialmente perdió más valor tomando esa decisión que el valor del certificado de regalo”.



David Yaden, un científico de investigación en la Universidad de Pennsylvania notó que no daba suficiente valor a su tiempo libre luego de usar una calculadora en línea. Bonnie Arbittier

La calculadora no pregunta si la gente valora actividades por motivos más allá del dinero, como disfrutar de algo o ayudar a los demás. Sin embargo, obtiene todos esos valores de forma indirecta, al preguntarles a los usuarios sobre cuánto dinero haría falta para que renunciaran a su tiempo libre, y luego asignar un valor en efectivo a su tiempo libre, según las respuestas. La gente que quiere realizar más actividades no pagas que disfrutan o valoran por otros motivos suelen, de forma indistinta, darle un mayor valor a su tiempo libre y a exigir más dinero por hora de trabajo extra. Más de 21.000 personas han usado la calculadora desde que fue lanzada el año pasado.

Alrededor de 80% de los 8.401 usuarios que estudió Greenberg le dan más valor a su tiempo libre que su actual nivel de ingresos. La mitad dijo que su tiempo libre es al menos 42% más valioso, afirma.

Luego de usar la calculadora, David Yaden, de Filadelfia, decidió usar un servicio de lavandería y contratar a alguien para preparar las facturas para su negocio de consultoría de gestión. “Tuvo mucho sentido luego de que vi las cifras”, dice Yaden, un científico de investigación en la Universidad de Pennsylvania. “No valoraba lo suficiente mi tiempo libre”.

Con la hora y media semanal que se ahorra, está dedicándole más tiempo a sus caminatas diarias con su novia por los parques cerca de su casa, dice Yaden. “Mejoró mi vida”.

Varias calculadores para valorar el tiempo se consiguen en línea. Una disponible desde 2011, ofrecida por la plataforma de finanzas personales LearnVest, ha atraído más de 30.000 usuarios. Ajusta el valor en dólares del tiempo de los usuarios en base a cuánto ingreso disponible y tiempo libre tienen, y si su principal meta es ahorrar tiempo o recortar costos. El valor sube si su prioridad es ahorrar tiempo, y cae si es reducir costos.

Algunos investigadores dicen que asignarle un valor económico al tiempo genera el riesgo de dañar la calidad de vida de la gente. Quienes son alentados a centrarse sólo en el valor monetario del tiempo tienden a sentirse impacientes y bajo presión, dice Jeffrey Pfeffer, un profesor de comportamiento organizacional de la Escuela de Negocios de Stanford. Trabajan más y dedican menos tiempo en actividades gratificantes como hacer voluntariado o escuchar música.

Emily Oster alienta a los estudiantes en sus clases universitarias de microeconomía a tener en cuenta “el costo de oportunidad” en sus decisiones sobre cómo usar el tiempo. Al elegir usar el tiempo de cierta forma, tendrán que dejar de lado otras actividades, dice Oster, una profesora asociada de economía en la Universidad de Brown. Si contratar ayuda “le permite pasar media hora más en su empleo o con sus hijos, vale la pena, incluso si en principio lo podría hacer usted mismo”, dice.

De todos modos, para los estudiantes es un concepto difícil de comprender. Entienden que el dinero que se gasta en un lugar no se puede invertir en otro lado, dice Oster. Pero “cuando das otro paso y dices: ‘¿Esto es algo que deberías aplicar a tu vida, pensar en que tu tiempo tiene valor? Es difícil”.

Turoperadores norteamericanos aceleran preparativos para traer turistas a Cuba

Editado por Julio Pérez
MONCADA
La Habana, 17 jul (RHC) Viajar a Cuba apunta a convertirse en la más atractiva oferta para vacacionistas de Estados Unidos, a juzgar por los planes de venta de turoperadores, líneas aéreas y de cruceros.

“La Isla Prohibida”, nombre dado a un filme rodado unos meses antes del deshielo iniciado entre Washington y La Habana, el pasado 17 de diciembre pasado, parece ahora un paraíso situado a la vuelta de la esquina.

Algunos analistas piensan que muy pronto estará al alcance de todos, incluso los viajeros que no puedan afrontar una costosa visita en un lujoso crucero, expresa un artículo del periodista Leonel Nodal, de Prensa Latina.

Las ofertas de turoperadores y agencias de viajes adquieren proporciones inusitadas.

El asunto se ha tornado viral, una verdadera fiebre que contagia a todos los actores de la industria del ocio, quienes se inventan las más ingeniosas fórmulas para adaptarse –por ahora- a las restricciones vigentes impuestas por el Departamento del Tesoro.

En tanto, los más influyentes voceros de la Industria Turística afinan la puntería y lanzan sus dardos contra la impopular prohibición de viajar a Cuba impuesta a los ciudadanos norteamericanos hace 55 años.

En un ejemplo del alcance del movimiento a favor de un rápido inicio del redescubrimiento de la Isla, un titular recuerda que ASTA –la poderosa Asociación de Agencias de Viajes y Turoperados de Estados Unidos- se suma a los pesos pesados que combaten por la apertura o supresión de la restricción de viajar a Cuba (ASTA Joins Heavy Hitters in Fight for Open Travel to Cuba. Travel Pulse, 9 de julio 2015).

La temperatura de la “fiebre de los viajes a Cuba” va en aumento constante. Basta leer algunos de los titulares de periódicos especializados que cada día traen una nueva iniciativa para burlar o romper ese vestigio del bloqueo.

A la mayor de las Antillas la describen en folletos de reciente impresión como “un destino único, de sol y diversión, desconocido por los viajeros norteamericanos.”

Empresas del mayor porte, como la Apple Vacations una de las más grandes agencias de venta de paquetes para un público masivo, ya están ofreciendo sus excursiones, con fechas precisas y precios competitivos, sin temor a un cambio del viento, cancelaciones o imprevistos.

Los turoperadores actúan con la certeza de que no hay vuelta atrás en la ruta abierta hacia la isla situada a solo 90 millas, la cual se debe adquirir mayor solidez a partir del 20 de julio con la apertura de la embajadas cubana en Washington, que será seguida por la de Estados Unidos en La Habana.

Medios especializados citan en sus titulares nuevas ideas y planes que ilustran una gestación que verá la luz a más tardar (según ellos) dentro 40 semanas, como un bebé ansiosamente esperado.

Según el calificado periódico, “viajar a Cuba ingresa en una nueva era con la entrada en el mercado cubano de Apple Vacations, una de las mayores vendedoras de paquetes de viajes masivos.” Cuba –añade- está más cerca, aunque no de inmediato, debido a que “todavía no es legal para los norteamericanos ir a Cuba a tirarse en la arena de una playa y hacer lo que quieran”.

El mercado cubano –afirma el articulista David Cogswell- ha estado hasta ahora dominado por turoperadores especializados que aprendieron como operar dentro del complejo sistema de restricciones impuesto por el Departamento de Comercio.

Apple está ofreciendo paquetes de cinco y siete días, reporta. Para cumplir con los requerimientos vigentes, Apple trabajará en sociedad con Cuba Travel Services que fleta vuelos charter a Cuba desde Miami en aviones de American Airlines y Sun Country Airlines.

El programa, con un precio de 2 233 dólares por personas en habitación doble tiene marcadas sus próximas salidas para el 5 de septiembre y el 17 de octubre. La compañía tiene previsto un número mayor de salidas en 2016.

Por su parte, la operadora mundial de cruceros Carnival ya comenzó las ventas.

La naviera, que ya tiene la aprobación del gobierno norteamericano para operar viajes de cruceros a Cuba, anunció que prevé iniciar sus operaciones en mayo de 2016 en semanas alternas, y ya estudia los posibles itinerarios para visitar por lo menos tres destinos.

Esta será la primera vez en los últimos 50 años que un crucero pueda tomar pasajeros de Estados Unidos hacia Cuba y volver, en una línea de ida y vuelta, exclamó entusiasmado el presidente de Carnival, Arnold Donald. En declaraciones a la prensa, dijo con visible satisfacción: “será un acontecimiento histórico”. Esas y otras expresiones similares matizan el ambiente actual de las compañías turísticas que se disputan un puesto en el promisorio mercado cubano.

Avaricia, desigualdad y saqueo

John Saxe-Fernández 

El rechazo de la ciudadanía griega a la guerra de clase que se presenta como programa de austeridad y de reformas estructurales (saqueo de bienes y servicios públicos) resonó sobre una humanidad por tres décadas sometida a una mayor voracidad del alto capital que desde entonces acompaña a la crisis estructural, ambiental y de recursos que afecta sus cimientos. Elaborado por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), ente de estado que junto al Banco Mundial (BM) y BID opera bajo el Departamento del Tesoro de Estados Unidos (DT) y la Casa Blanca, el recetario de austeridad y apropiación de la riqueza a favor del uno por ciento es el de siempre en centro y periferia: los resultados en términos de desigualdad, miseria y sufrimiento son desastrosos y alarmantes.

Están a la vista: Nicholas Hildyard, analista de The Corner House(thecornerhouse.org.uk), en un bien sustentado estudio presentado a la Escuela de Negocios Manchester (31/7/14) sobre mecanismos de extracción de riqueza como las Asociaciones Público/Privadas (APP) del BM, que se aplica en México y en 134 países de la periferia, encuadra su trabajo con datos esenciales sobre la desigualdad: según Credit Suisse las 3 mil 200 millones de personas más pobres (69 por ciento de la población mundial) tienen una riqueza individual promedio valorada en menos de 10 mil dólares y en conjunto poseen menos de 3 por ciento de los activos mundiales. En contraste, 32 millones de personas, menos de uno por ciento de la población adulta del mundo, tienen una riqueza estimada en 98.7 billones (trillions) de dólares, 41 por ciento de la riqueza mundial. Con datos de la ONG Oxfam publicados por The Guardian, apunta que los 85 más ricos del mundo, en su mayoría residentes de Estados Unidos y Europa, caben en un autobús de dos pisos y acumulan tanta riqueza como la mitad de la población mundial más pobre. Y los programas del BM no han hecho más que acentuar este proceso de inequidad, despojo y agresión a los más pobres, en su mayoría en la periferia capitalista.

Ya el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ en inglés) ha denunciado las prácticas abusivas e inadmisibles de los préstamos del BM, ilustrándolas con casos de Etiopía, Kenya y Perú y hay más sobre Kosovo, India y Honduras. Se trata, sólo en la década pasada, del desplazamiento de 3.4 millones de personas para realizar proyectos del BM, gente lanzada de su hogar, de su tierra comunal, a las calles de las ciudades, sin protección, víctimas de abusos de derechos humanos según llamada de atención de Oxfam. Esa ONG denuncia los desplazamientos, agresiones y muertes, así como la opacidad del manejo de préstamos por parte de la International Finance Corporation (IFC) parte del Grupo BM, y deja manifiesto su rechazo ante el uso de intermediarios que neutralizalas salvaguardas sociales y ambientales del BM. ¿Cuáles salvaguardas? El BM mira al otro lado mientras la IFC hace lo suyo, que son los negocios de las corporaciones. Es el caso de un préstamo a la Corporación Interamericana para el Financiamiento de Infraestructura para una represa en Santa Cruz, Guatemala, que generó gran indignación y oposición de parte de la población local, incluidos maltratos y represión contra la resistencia por parte de la fuerza pública, declarándose un estado de emergencia en la región. Ante la crítica de Oxfam, avalada con casos concretos, la IFC se mantiene impertérrita, es decir, en BAU, (“business as usual”) y, en apariencia los dueños del BM –el Tesoro de Estados Unidos–, también: que siga el festín privatizador, como acá con el agua, la electricidad, el petróleo, el gas y la tierra indígena y campesina. Oxfam, que trabaja cerca del BM, luego de hecha la crítica, en verdad puntual y severa, pese a todo, se manifiesta a favor de los préstamos al sector privado de la IFC, por serimportantes para el desarrollo (sic).

La profundización de la guerra de clase inherente a la explotación capitalista y a su despliegue global imperialista, fenómeno de importancia mayor a toda reflexión sobre la inequidad, se explicita en un estudio sobre las APP como mecanismo de saqueo de lo público y comunal. Hildyard acude ahttp://therulesblog.org/money, movimiento que se manifiesta contra la inequidad, para recordar que “(D)urante el periodo colonial, la brecha entre los países más ricos y los más pobres, aumentó de 3:1 a 35:1, conforme las potencias europeas extraían cantidades masivas de riqueza y recursos de sus colonias. En la post-independencia la brecha no ha disminuido. Aumentó: hoy es de 80:1“ (Ibid).

Como en nuestra América, revirtamos aquí lo que es un incalificable desastre humano. En palabras de Yanis Varoufakis, ministro de Finanza griego que denunció el terrorismo fiscal y buitre contra Grecia y renunció al cargo por presión de latroika, “el esfuerzo sobrehumano de honrar al gran pueblo de Grecia y su famoso oxi (no) que otorgó a los demócratas del mundo entero, apenas comienza”.

En su valioso estudio sobre Las Asociaciones Público Privadas (APP), la extracción financiera y el crecimiento en la brecha de la riqueza (thecornerhouse.org.uk), Nicholas Hildyard muestra los vericuetos a los que recurren el FMI y el Grupo Banco Mundial (BM) para poner en marcha el traspaso a privados de activos, recursos fiscales y servicios públicos. Más que gimnasia linguística, las múltiples modalidades de diseños de contratos en torno a las APP semejan el conjunto de trucos, distracciones y habilidades asociados a la prestidigitación para invisibilizar esa extracción de riqueza hacia el uno por ciento. Según se deriva de los escasos estudios de evaluación del BM, no hay evidencia dura de derrame hacia la población, de bienestar y empleo. Con la financiarización capitalista los proyectos de infraestructura tipo APP van a gran escala, pero además van por el resto de lo público: infraestructura social” (salud, hospitales, educación, seguridad, etc).

Hildyard muestra la gran variación de arreglos o contratos de APP sobre quién diseña, construye, financia, es dueño, desarrolla, opera o administra, sea un activo, empresas públicas, concesiones de recursos naturales (petróleo, gas, minerales, agua, foresta) añadiéndose amplia gama de servicios públicos vitales a la población como los mencionados, más los de asesoría en asuntos tan centrales a lo público como seguridad, logística militar, vigilancia del espacio aéreo y marino, explotación del régimen carcelario. Las APP primero se orientaron a grandes proyectos de infraestructura, por lo que sus promotores dicen que son para distribuir la riqueza hacia los de menor ingreso (downwards) y que están para ayudar a eliminar la pobreza por medio del involucramiento del sector privado en la infraestructura. Las evaluaciones del BM ofrecidas por Hildyard muestran que las modalidades de APP tienen algo en común: otorgan a las empresas privadas derechos contractuales sobre flujos de dinero público o el monopolio de flujos de ingresos por servicios en los que el público depende de manera crítica, como el abastecimiento de agua u hospitalarios, o el uso clasista de infraestructura vial en espacios públicos concesionados a privados. “Para nosotros –dice el vocero de una firma de inversión– la infraestructura es una fuente estable de flujo de caja, con garantía contractual, de largo plazo”. Es el tipo de flujo diario de efectivo que disfrutan los dueños de la Supervía que va de Santa Fe al sur del Distrito Federal, por lo visto con tarifas que pueden variar al alza ¿según arreglos entre las firmas y la autoridad que las regula?

Hildyard llama la atención a la importancia de los derechos contractuales de las APP porque “…a diferencia de los subsidios, como las exenciones de impuestos, los derechos contractuales no pueden ser cancelados a discreción gubernamental. Una vez formalizados, deben cumplirse por el período asignado, que usualmente son varios años, o varias décadas” (ibid, p 7). El asunto no es menor porque las APP ofrecen a las firmas gravámenes sobre el estado con garantía contractual de largo plazo, es decir derechos legales de explotar la infraestructura hasta que el estado haya saldado sus deudas con las empresas. Y en algunas APP, si no hay suficientes usuarios, el estado subsidia las firmas en su expectativa de ganancia. Es lo típico de las APP: lo público en función de la ganancia privada.

El estudio de Hildyard es oportuno y relevante ante dos tendencias: por un lado la invalidación de los sistemas judiciales de los Estados nación en centro y periferia capitalista, un asunto discutido desde estas páginas gracias a las fugas de información sobre los ultra-secretos Acuerdo TransPacífico (TPP en inglés) y el de Servicios (TISA en inglés) obtenidas por Public Citizen y Wikileaks, avecinándose el manejo empresarial y discrecional de tribunales internacionales a modo, para la relación de las corporaciones y los estados firmantes que implica la neutralización de derechos sindicales, de protección al consumidor, a la salud y al medio ambiente y cancelar la urgente regulación de las emisiones de gases con efecto invernadero.

Los de infraestructura son diseños a gran escala en energía (liderada por combustibles fósiles) agua, alimentos con aumentos históricos (60-70 billones –trillions– de dólares en 15 años). Es inversión de los grandes bancosmultilaterales y privados como Citigroup, recién multado con 700 millones de dólares por prácticas comerciales engañosas (BBC), Goldman Sachs, Morgan Stanley et al acompañados de hedge funds, fondos soberanos, fondos de pensión y no hay evidencia de que la financiarización de las APP, no socializará los costos y privatizará los beneficios. Enfrentamos a una tanática plutocracia que especula con una acelerada expansión capitalista: un 0.01 por ciento que actúa como si los límites planetarios (biológicos, de recursos, atmosféricos, climáticos) a la acumulación capitalista, no existieran.

Santiago fulgura como sus vitrales

Cinco siglos de historia, cultura y tradiciones auténticas marcan uno de los patrimonios más genuinos de Cuba
Santiago de Cuba trasciende con fama original. Su voluntad de amanecer ha hecho girar las manecillas del reloj en sentido contrario como una odisea, pasado y horizonte a la vez en una ciudad que es historia, cultura, rebeldía y sueños para que luzca como nueva en su aniversario 500.

La ancianidad ha trascendido el tiempo desempolvando recuerdos, haciendo caminos. Y hoy lo bello y auténtico invitan a caminar sus calles de lomas, a visitar los museos, a arrollar en una conga o a conocer a su gente sencilla y hospitalaria, de la mano de Omar López Rodríguez, un santiaguero apasionado que disfruta con orgullo los encantos de esta provincia oriental, viva mezcla de razas, tradiciones y ritmos caribeños.

"Santiago ha escrito la historia a través del tiempo y para nosotros conservarla es un reto y un compromiso extraordinario, porque es la ciudad de la historia en Cuba".

Como historiador y director de la Oficina del Conservador de la Ciudad, rememora que desde su fundación, en el verano de 1515, Diego Velázquez la nombró villa principal y fue capital de la Isla durante la primera mitad del siglo XVI. "Desde Santiago se expidió el escudo de Cuba, fue sede del Obispado y de los gobernadores de entonces, y desde aquí salió Hernán Cortés, primer alcalde de la ciudad, para la conquista de México".

Luego, en el siglo XVII, siendo La Habana capital, esta bella urbe adquiere un papel más vinculado con el Caribe. España se protegía porque Inglaterra estaba en Jamaica, había otras potencias merodeando y para fortificarla se construye esa obra meramente extraordinaria que es el Castillo del Morro, San Pedro de la Roca, hoy Patrimonio de la Humanidad.

Omar López atribuye a los acontecimientos de finales del siglo XVIII (las revoluciones Francesa y de Santo Domingo, el nacimiento de la República de Haití) la llegada de emigrantes a Santiago, "tantos que ven en las montañas el lugar propicio para sembrar ese aromático grano y convertir la zona en un emporio del café mundial, huella relevante en la historia, pues se transformó con el tiempo, en lo que es hoy el Patrimonio Arqueológico Cafetalero, también Pa-trimonio de la Humanidad".

Resalta el protagonismo santiaguero en la Guerra de los 10 Años, en la Guerra Chiquita, en la de Martí, o la Guerra Necesaria y ahí hay nombres que no puede dejar de mencionar como el Lugarteniente General Antonio Maceo, paradigma de nuestras epopeyas independentistas, o Moncada, Flor Crombet y otros tantos y tantos generales que tuvo Santiago en ese acontecer, así como la Protesta de Baraguá, una de las páginas más gloriosas de nuestra historia al decir de Martí, y escenario del fin del dominio español en América.

Y afirma con vehemencia el Historiador que "el hundimiento en nuestras costas del Cristóbal Colón, último barco de la armada española de Cervera, significó el fin del imperio colonialista, pero también surge el nuevo imperialismo en aguas santiagueras, y eso tiene que ver con la historia universal y fue escrito en nuestras tierras".

De Cuba mediatizada resalta cuando Fidel, al frente de un grupo de jóvenes, asalta la segunda fortaleza militar del país, el cuartel Moncada. "Solo una ilusión, un pensamiento tan extraordinario como no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario, fue capaz de movilizar a tanta juventud para una osadía como esa que sabemos que no fue un triunfo militar, pero sí levantó el espíritu de todos los cubanos hacia un hecho revolucionario que terminó como etapa el 1ro. de enero de 1959, también en Santiago, en su Plaza Mayor, cuando el líder histórico de la Revolución, desde el balcón central del Ayuntamiento, declaró el triunfo del Ejército Rebelde.

Eso hace que Santiago sea la ciudad de la historia, y por eso el propio Fidel, en 1983, decidió otorgarle la condición de Héroe de la República de Cuba, es la única en el país que ostenta tal condición.

Y López Rodríguez continúa su diálogo: "¿Qué puede significar eso para un simple restaurador como yo? Una enorme responsabilidad, un orgullo muy importante tocar con nuestras manos el lugar sagrado donde descansa José Martí, o donde nacieron Antonio Maceo, Heredia, el primer poeta romántico de América, ir al cementerio donde está la tumba de Compay Segundo, Miguel Matamoros, Ñico Saquito. Cuánto de cultura, de historia, ahí está el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales, el autor de nuestro himno nacional, Perucho Figueredo…

"Eso es lo que significa conservar la historia de Santiago. Somos muchos, un enorme equipo, solo la Oficina del Conservador tiene a 1 200 personas que se dedican día a día el trabajo de hacer nuestro patrimonio visible, de ponerlo para que el mundo entienda, lo conozca, claro que no lo hacemos solos, aquí hay un empuje, no hay entidad que no preste su grano de arena, que no apoye esa motivación importante para conservarla como la ciudad de la historia".

La psicología del santiaguero como heredero de tantas culturas

"Santiago es un lugar espectacular del Caribe, y el Caribe en general es dado a las migraciones. Está casi en el centro geométrico de ese mar y entonces teníamos nuestros aborígenes, llegan los españoles en 1515, pocos años después desembarcó el primer barco negrero, le siguen las emigraciones francesa y la china, o sea, la cultura santiaguera es, como la cubana, un enorme ajiaco, donde se suman lo mejor de cada una de esas y cuando se revuelven y se mezclan dan un sabor único, especial, y esa unión nos coloca en un estadio más alto.

"Si lo llevamos a lo cultural, yo digo que Santiago es también un emporio musical extraordinario, aquí nació la música cubana con la obra de Esteban Salas, en la capilla de nuestra catedral. También Pepe Sánchez escribe el primer bolero, y surge la trova con Sindo Garay, el son con Matamoros. ¿Qué se podría hablar de cultura si no tocamos y analizamos en detalles la santiaguera?

Y hasta el ron de esta tierra es de inmensa calidad, sin chovinismo de este auténtico santiaguero, y asegura: "No hay nada que ligue mejor que el son y el ron. Y en el plano universal contamos con la tumba francesa, la Caridad del Oriente, que es la primera joya de la cultura inmaterial cubana, aprobada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

"¿Qué decir entonces de la conga oriental o de la carabalí olugo, la carabalí suama o el carnaval santiaguero, que es la fiesta por excelencia, extraordinariamente participativa y popular. Muchos cubanos esperan esa fecha para venir, no para mirar, sino para disfrutar, sentir lo que es el carnaval. Y no recuerdo haber visto una persona que se quede tranquila cuando pasa una conga, es parte del sentimiento interno del ser humano salir detrás arrollando. Todo cubano nace sabiendo arrollar".

Antes y después de su aniversario 500

Estos cinco siglos de la Ciudad Heroína marcan, sin dudas, una diferencia. Para su Conservador, una ciudad con tanta historia y patrimonio necesariamente ha vivido por estos días un momento de reflexión, de mirar atrás. "Muchas personas me dicen que estoy escribiendo los 500 años de la Pedagogía en Santiago, o del desarrollo de la salud o de la literatura y así están totalizando la historia, tan importante para identificarse los pueblos y tenerlo como herencia. Ese ha sido el momento del aniversario 500, una revisión de la historia para tener los pies firmes, y visualizar el futuro", afirma Omar López.

Hace dos años pasó por Santiago un ciclón terrible: el Sandy, que prácticamente arrasó con muchos sitios y calles. Los santiagueros rápidamente se recuperaron y fueron a la carga porque ni uno solo quería que la ciudad llegara a los 500 años en malas condiciones y el esfuerzo ha sido titánico. Muchos cubanos y amigos de otras partes han venido a apoyar el renacer de la ciudad, con un proyecto integrador aprobado por el Consejo de Ministros en el plan de ordenamiento urbano de Santiago. Vamos de la ciudad que tenemos a la que soñamos, porque después del aniversario la seguiremos construyendo y afianzando su cultura, su historia, y todos los elementos que la configuran, especialmente para que el santiaguero tenga una mejor calidad de vida y aquellos que nos visiten, vean a un Santiago renovado que tiene pasado, presente y que construye su futuro".

Hacer de esta también la capital de todos los cubanos

Un hombre erudito, apasionado de la historia y categórico en sus planteamientos, siente como cubano orgullo de la capital que tenemos: " La Habana es una ciudad maravilla del mundo, y deseo que siempre esté así, pero también que Santiago tenga una posición especial en el ámbito nacional, caribeño y americano. ¿Cómo lograrlo? Tenemos una ciudad con un rico patrimonio, que poco a poco se ha ido recuperando y queremos mostrarlo al mundo.

"En ese empeño hay tres elementos básicos: el conocimiento, se ha estudiado la ciudad por muchos especialistas, en ámbitos diversos y eso nos permite no equivocarnos en el camino de qué es lo más importante, lo esencial; qué es lo que nos identifica; dónde están los parámetros de identidad de los santiagueros, por eso Santiago hoy es una ciudad que sabe dónde están sus puntos principales. Tenemos, además, clara conciencia de nuestro territorio patrimonial. ¿Qué se puede hablar de una ciudad con un paisaje fortificado -existe un Castillo del Morro con la condición de Patrimonio de la Humanidad-; qué se puede hablar de una ciudad que tiene un centro histórico de 3,2 kilómetros cuadrados con un conjunto extraordinario de monumentos y con una vida cultural activa; qué podemos hablar de una ciudad en las montañas que la rodean radique un Monumento Arqueológico Cafetalero, declarado Patrimonio de la Humanidad; qué podemos hablar de una ciudad que tiene pegada a ella un pequeño pobladito minero del siglo XVI que es hoy el Santuario Nacional, donde está la Virgen de la Caridad del Cobre, que es además de las antiguas minas de América y uno de los puntos significados por la Unesco en la ruta del esclavo por América; qué podemos hablar de una ciudad que tiene un cementerio patrimonial el cual es un museo a cielo abierto - sin dudas uno de los sitios más visitados para rendir honor a tantos héroes y mártires que hay allí- ; y qué podemos decir de ese patrimonio tan novedoso y raro que es el patrimonio sumergido? Santiago tiene una flota española de Cervera completa hundida en su litoral, lo que deriva en una página de la historia universal.

"Cuando sumas te das cuenta de que tenemos un potencial extraordinario que el mundo debe conocer, en esa visibilidad hemos trabajado, en lo que llamamos la puesta en valor, ¿para qué?, para el desarrollo turístico, el nacional y el internacional, para que todo el que venga a Santiago tenga adonde ir y con las condiciones creadas de estancia y de movimiento. Porque tú llegas a Santiago y dices: me voy para El Cobre o para las Ruinas cafetaleras, o para el sitio Castillo del Morro. De hecho funciona como una base de operaciones hacia distintos puntos, todos cercanos y en media hora estás allí en cualquiera de esos y puedes dedicarle un día, o una estancia con extraordinario placer".

Y por último menciona ese clima muy especial. "Es un eterno verano. Mirar el Mar Caribe desde la Gran Piedra es un hecho extraordinario".

Un enorme potencial turístico

Más que un apasionado es un visor de futuro: "El Ministerio del Turismo ha hecho un esfuerzo extraordinario en la recuperación de obras como el hotel Imperial, una joya de nuestra arquitectura. Nace el paseo litoral en la Avenida del Puerto, con una cervecera al aire libre para que todos vean ese proceso del líquido que tanto nos gusta, además de un hermoso complejo de nueve parques y un malecón, convertido de hecho en un lugar apropiado para el arribo de cruceros.

"Nuestra bahía es preciosa, extraordinaria. Desde que llegas a Santiago te das cuenta de que es una ciudad paisaje, que se ubica entre el mar y las montañas. Los santiagueros somos marineros y montañeses: siempre se está subiendo o bajando. Yo digo que, en parte, el cuerpo de nuestras mujeres hermosas, llenas de curvas, se lo deben a esta situación singular. La arquitectura nuestra es muy especial, antisísmica, no ahora que ya existen estudios y experiencias de cómo poner los aceros para eso, sino desde que se construyeron las primeras casas en el siglo XVI se buscó la manera de que sobrevivieran.

"Nuestra catedral, que es la Santa Basílica Metropolitana, es de madera, sin embargo la miras y parece que no es así. Entras y al caminar por sus techos, ves que es un bosque y todo está soportada por mazos de horcones de madera que son los que le permiten moverse cuando la tierra tiembla, y parte también de esas singularidades que tiene nuestro urbanismo nos convierten en una ciudad mirador, algo que siempre llama la atención como paisaje caribeño y americano Eso es lo que encuentra en este rincón de la isla de Cuba".

Y del calor ni hablar

"En Santiago el calor es un símbolo por el clima y por su gente. No por gusto le llaman la tierra caliente. Es curioso como aquí se aprende a caminar buscando la sombra, huyendo del sol intenso que quema. Esquivamos esa sofocación, pero a la vez el calor del pueblo santiaguero es por naturaleza cordial, hospitalario, amistoso y esa cualidad humana es parte de la idiosincrasia de hombres y mujeres sencillos y notablemente orgullosos de haber nacido donde el sol calienta la tierra".

jueves, 23 de julio de 2015

Keiser Report en español: Grecia en venta (E786)



En este episodio de Keiser Report, Max y Stacy comentan que mientras los primeros ministros griegos celebran referéndums, los esquemas de privatización se mueven a toda máquina ya que multimillonarios y celebridades comienzan a comprar islas griegas a precios de ganga. En la segunda parte, Max entrevista a Eddy Travia de Coinsilium.com, con el que conversará acerca de la próxima salida a Bolsa de la compañía en el Mercado Alternativo de Inversiones (AIM) de Londres. 

Sombras en el sistema financiero

Alejandro Nadal, La Jornada

Existe en la economía mundial un sistema financiero paralelo, comúnmente llamado sistema de bancos sombras. No es un nombre adecuado, pero sí desempeña un papel clave en la dinámica capitalista global, al permitir mantener una sensación reconfortante de disponibilidad de crédito para la expansión de los negocios. Pero siempre ha sido una fuente de peligrosa inestabilidad. Hoy los rumores que emanan de las entrañas del sistema financiero paralelo no auguran nada bueno.

El sistema financiero paralelo se compone de instituciones financieras no bancarias, fondos de inversión y de cobertura, operadores de fondos del mercado de dinero y diversos vehículos de inversión. Se calcula que este sistema maneja activos valuados en más de 75 billones (castellanos) de dólares, una suma ligeramente superior al producto bruto mundial.

Estas instituciones operan como agentes de colocación de grandes fondos de inversión y sirven de puente entre grandes inversionistas y prestamistas. La fuente de ganancias del sistema financiero paralelo proviene de las tasas de correduría e intermediación, así como de arbitrajes entre tasas de interés y tipos de cambio. Es decir, muchas de las operaciones de estas instituciones son especulación pura y dura. La idea de que la economía mundial se comporta como un casino no es una simple metáfora.

Estas instituciones financieras no se comportan como los bancos comerciales porque no reciben depósitos, y por esa razón no están reguladas de la misma manera. Las instituciones del sistema sombra no están obligadas a mantener niveles mínimos de reservas ni fondos de efectivo para enfrentar emergencias. En la mayor parte de los países estas instituciones casi no están sujetas a rutinas de monitoreo por las autoridades monetarias o financieras. Las actividades del sistema sombra involucran derivados financieros exóticos, como swaps de deuda, y múltiples operaciones con obligaciones apoyadas en sistemas de garantías o respaldos en diferentes instrumentos financieros (CDO por sus siglas en inglés). Los contratos de opciones y operaciones en mercados de futuros también son habituales en las actividades del sistema financiero paralelo.

En teoría esos derivados deberían servir para mitigar riesgos y frenar corridas sobre las instituciones del sistema paralelo. También dan la impresión al inversionista de que su colocación es más cercana a una postura de liquidez aunque con altos rendimientos (asociados a inversiones ilíquidas). En realidad, la opacidad de las operaciones con derivados llevaron a más apalancamiento y a una mayor fragilidad del sistema, intensificando el colapso financiero de 2008.


En síntesis, esta red de instituciones y sus operaciones se maneja casi totalmente fuera de la pantalla de radar de las agencias reguladoras. Al incrementarse la reglamentación sobre algunas de las actividades del sistema bancario y financiero convencional a partir de la crisis de 2008 el sistema paralelo creció de manera espectacular y casi duplicó su tamaño. Muchos piensan que esa nueva reglamentación permitió reducir el riesgo en el sistema bancario tradicional. En realidad sólo sentó las bases para trasladar el riesgo hacia el sistema sombra.

El tamaño del sistema financiero sombra y su inherente inestabilidad le han convertido en una grave amenaza para la economía mundial. Cualquier movimiento en tasas de interés o en expectativas devaluatorias en algunos de los componentes importantes de la economía mundial puede provocar pánico entre los usuarios del sistema sombra. La carrera hacia la salida de emergencia resultará muy accidentada.

¿Qué podría provocar el pánico y una corrida en el sistema sombra? Hay varios factores en el escenario mundial susceptibles de generar un comportamiento de manada hacia la salida por parte de los habitantes de este ecosistema financiero. La desestabilización en las cotizaciones en el mercado mundial de divisas provocada por una eventual salida de Grecia de la esfera del euro podría tener gravísimas consecuencias. El desplome del mercado de valores en China es otro ejemplo de factores que pueden tener un gran impacto (la economía china ha estado sustentada en una expansión inusitada del crédito y eso no tranquiliza a nadie). La crisis en los mal llamados mercados emergentes por sobreendeudamiento en activos denominados en divisas fuertes y por ser receptores de cantidades absurdas de flujos de capital (como el aberrante caso de México) son otras posibles fuentes de desestabilización.

La paradoja del capitalismo mundial es que mientras más se debilita la economía real debido a una mezcla de sobreinversión y deficiencia crónica de la demanda efectiva, más se fortalece el sistema financiero sombra como refugio de los inversionistas. Pero el sistema financiero sólo mantiene la ilusión de seguridad con una extraña combinación de instrumentos financieros exóticos. Al final del camino de la historia, el inversionista privado debe confrontarse con su destino. El sistema financiero sombra es una frágil estructura diseñada para especular, no para resistir turbulencia.

Twitter: @anadaloficial