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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Meditar: La reacción como progreso: Los economistas como intelectuales, de József Böröcz.

Por Desiderio Navarro
21 DICIEMBRE, 2016, La Pupila Insomne
Foto: Hubert Moreno
Foto: Hubert Moreno
La extrema escasez y superficialidad de la información ofrecida entre nosotros sobre los procesos de desintegración del socialismo y transición al capitalismo en la Europa del Este, propició, y a menudo también generó,  una serie de generalizaciones homogeneizantes que no reflejaban  las grandes diferencias entre esos procesos en los distintos países de la región. Significativamente desde el punto de vista ideológico, al tiempo que se pasaban en silencio fenómenos realmente generales como el importante papel de gran parte de la nomenklatura partidista y estatal (y no sólo de dirigentes aislados) en el desmantelamiento del sistema y la constitución de las nuevas élites, a menudo se elevaba a “regularidad” general el papel de la intelectualidad literaria y artística como factor iniciador y hasta lidereante de esos procesos, haciendo caso omiso de que, por ejemplo, en un país como Hungría, era otro sector de la intelectualidad el que constituía la vanguardia de la intelectualidad de la reforma: los economistas. El trabajo del destacado sociólogo húngaro József Böröcz que hoy presentamos, es precisamente una investigación de sociología del conocimiento económico sobre aquellos que, presentando su disciplina como una ciencia natural, ajena a los condicionamientos e intereses ideológicos y políticos, como “la ciencia objetiva del mercado”, fueron, en realidad, “agentes clave” de la reforma y la transición al capitalismo,  “no como profesionales fríos, no involucrados (de acuerdo con su propia imagen de sí), sino como actores sociales involucrados profundamente en la política”. 
“Para resumir, cualquier argumento hecho bajo el socialismo de estado en favor de abandonar ese sistema (y muchos de los argumentos concernientes a su reforma) en el contexto de un mundo bipolar, estaba obligado a ser tanto utópico como ideológico en el sentido mannheimiano. Era utópico en su concentración de la atención en elementos que sustancian un deseo de la “destrucción y transformación de una realidad dada” (Mannheim 1936, 40).
Sin embargo, trabaja para la “destrucción y transformación” del socialismo de estado mediante una imagen concreta del futuro que usa como su contenido utópico un reflejo convenientemente idealizado de una alternativa “capitalista” “realmente existente”. La meta del cambio social, político y económico está “siempre ya” allí, y es esa referencia la que determina el peculiar patrón de hechos revelados y encubiertos por ella. En este respecto, esta forma de saber funciona como saber desestabilizante, o: utopía.
Al poner énfasis en los problemas estructurales inaceptables, y hasta intolerables, de la realidad A, y afirmar las cualidades deseables de la realidad B, ella encubre tanto los aspectos deseables de la primera como los aspectos repugnantes de la segunda. El saber utópico ideado para la reforma y transformación profundas del socialismo de estado es, a la vez, una forma poderosamente apologética de conocimiento con respecto a la alternativa, el capitalismo.”

La reacción como progreso: Los economistas como intelectuales.  Por József Böröcz

“Es imposible discutir con usted. Usted no es un liberal.”1
“Por una cuestión de principio, no intento decir nombres polacos. Son impronunciables.”2
Introducción
El propósito de este capítulo es investigar, en gran medida in abstracto, la postura epistémica del grupo de productores de conocimiento comúnmente —aunque imprecisamente— conocidos como los economistas de la reforma húngara. Esos pensadores obtuvieron aclamación internacional durante el período del socialismo de estado por los niveles académicos notablemente altos que lograron a pesar de las difíciles circunstancias en que tuvieron que trabajar. Para los propósitos de este capítulo, abordaré la escritura económica como un terreno de teleología política y social sobre un fondo de cambio social profundo, y veré a los economistas como agentes clave en el proceso. Esta investigación constituye el primer paso de un proyecto de investigación mayor en el campo de la sociología del conocimiento económico, y mis objetivos son correspondientemente modestos: después de definir de manera más cuidadosa mi objeto de estudio —los economistas de la reforma húngara— con la ayuda de las obras de Carl Schmitt y Mannheim, delineo la posición epistémica de los mismos en términos de la sociología de los intelectuales de Mannheim y con una breve referencia a la obra reciente de A. O. Hirschman.3
Consideremos, como punto de partida, el asunto de la autorreflexión de los economistas. Está claro que ellos no se consideran a sí mismos intelectuales en el sentido tradicional: la economía (modelada fielmente a imagen de la física) es vista por sus practicantes como la ciencia objetiva del mercado (modelado fielmente a imagen de la naturaleza).4 Para nuestros propósitos, la consecuencia más importante de estas notables autoproclamadas objetividad y desvinculación de todas las preocupaciones evaluativas, culturales y políticas, es que la ciencia económica no ha considerado que valga la pena desarrollar una teoría epistemológica explícita. Esta carencia de una actitud de duda [skepsis] epistemológica  distingue con toda claridad a la economía de todas las otras ramas de la ciencia social.
La ciencia económica que se amoldara a esa imagen sería una actividad inmanente: producción de conocimiento no afectada por preocupaciones extrínsecas y relacionada con ellas sólo “en último análisis”. Semejante ciencia constituiría un cuerpo de conocimientos y un modo de análisis social cuyas principales preocupaciones, énfasis paradigmáticos y formulaciones semejantes a leyes cambiarían o muy lentamente (de acuerdo con el modelo estrictamente acumulativo de la ciencia normal) o en erupciones repentinas, con consecuencias importantes (las revoluciones semejantes a rupturas de los paradigmas kuhnianos).
Dos conjuntos de observaciones empíricas proporcionan un sorprendente contraste con el enfoque considerado.
Conjunto de observaciones Uno
Cuando les preguntamos a cierto número de destacados economistas húngaros sobre la estructura interna de su disciplina, esperábamos diversas versiones de descripciones de linderos disciplinarios tales como “neoclásica vs. institucionalista”, “teórica vs. empirista”, y así sucesivamente. El propósito de nuestra indagación era determinar si había, además, algunos linderos intradisciplinarios peculiares.
Para nuestra sorpresa, los veintiocho economistas entrevistados respondieron, todos, sosteniendo o que la disciplina “no tiene estructura” (el primer ejemplo de un fenómeno social sin estructura que este autor haya encontrado alguna vez) o que tiene una estructura política en algunos respectos, pero no enteramente. La idea de que pudiera “no tener estructura” puede ser entendida como el producto de una de dos posiciones: 1) una resistencia general a la suposición de que la economía puede ser descrita en términos de distinciones nítidas (“escultura mental”), o 2) una resistencia más específica a la aplicación de distinciones rígidas (Zerubavel 1995). En la medida en que la resistencia más general pueda ser válida, podríamos aprovechar la idea de Carl Schmitt de que la esencia de la política es la distinción entre amigo y enemigo, “la distinción política específica a la que se pueden reducir las acciones y motivos políticos” (Schmitt 1976 [1927], 25-26). En un ambiente enteramente politizado, un enfoque desde afuera —en este caso, con una inocente pregunta relativa a las estructuras internas de su disciplina— puede ser percibido como una intrusión o incluso como una franca agresión. “Sólo existe un enemigo cuando, al menos potencialmente, una colectividad humana que lucha se enfrenta a una colectividad similar” (ibid., 28). En las circunstancias de la lucha política, el cuestionamiento externo puede dar origen a un cierre de filas —en este caso, de la falange de los científicos económicos. “Lo político no reside en la batalla misma, que posee sus propias leyes técnicas, psicológicas y militares, sino en el modo de conducta que es determinado por esta posibilidad, al evaluar claramente la situación concreta y, así, ser capaz de distinguir correctamente al amigo real y al enemigo real” (ibíd.., 37).5 En otras palabras, esta lectura de la réplica “la economía no tiene estructura” describe una ciencia que opera de un modo altamente politizado, sumamente combativo, convirtiendo a los economistas productores de conocimiento en especialistas de la guerra intelectual. Esta conclusión, desde luego, le prestaría un fuerte apoyo a nuestro señalamiento básico relativo a la naturaleza inherentemente política de los economistas de la reforma húngara.6
El segundo tipo de respuesta —la referencia a divisiones explícitamente políticas en el sentido de la política de partidos convencional— incorpora luchas políticas bastante mundanas en las estructuras internas de la producción de conocimiento económico. Esto constituiría una reducción considerable en el radio de acción de la economía, puesto que equivale a sostener que la economía es coextensiva con la economía política (la interfaz entre ciencia económica y las actividades de los políticos, preocupados con el comportamiento óptimo del Estado, particularmente con respecto a la economía). Tomando como ejemplo la obra clásica de Schumpeter, la economía política es una actividad productora de conocimento fronteriza que combina economía, Staatswissenschaft y práctica política y está encaminada a la rectificación del problema de que “la teoría económica moderna… está colgando demasiado en el aire y no toma en cuenta suficientemente el hecho de que no se puede hacer ninguna aplicación razonable de sus resultados a cuestiones prácticas o incluso al análisis de situaciones dadas de una economía sin referencia al marco político-histórico dentro del cual esos resultados han de ser válidos” (Schumpeter 1954, 22). Sin embargo, la igualación de economía con economía política es poco más que una sinécdoque burdamente politizada, que deja fuera claramente todos los otros componentes de la ciencia económica de Schumpeter: historia económica, estadística, teoría, y sociología económica, por no mencionar los otros campos aplicados (ibid, 12-24).
Una ilustración particularmente clara del segundo tipo de respuesta la proporciona el juego de herramientas contenido en una figura que bosquejó uno de los economistas entrevistados cuando se le preguntó sobre las estructuras internas de su campo (Figura 1). Los dos ejes —mercado-planificación y nacional-internacional: dimensiones definitorias de la elaboración de la política económica— se usan para identificar las principales orientaciones de los principales partidos políticos de Hungría (en el caso del MSZP o Partido Socialista Húngaro, la exactitud requiere que se lo vea como compuesto de dos facciones). El entrevistado también se tomó el trabajo de ubicarse a sí mismo en el campo (“Yo”).
Figura 1: Autoubicación de un economista húngaro entrevistado por el autor.
Figura 1: Autoubicación de un economista húngaro entrevistado por el autor.
SZDSZ:  Alianza de los Demócratas Libres. MDF: Foro Democrático Húngaro. FIDESZ: Unión Cívica Húngara.MSZP: Partido Socialista Húngaro. KDNP: Partido Popular Demócrata Cristiano. FKGP: Partido Independiente Cívico de los Pequeños Propietarios y de los Trabajadores Agrarios. MIÉP: Partido Húngaro de la Verdad y la Vida. MUNKÁSPÁRT: Partido de los Trabajadores.
Conjunto de observaciones Dos
Los escritos económicos sobre las relaciones de propiedad producidos en los últimos siete años tienen claramente una dimensión política. Las dramatis personae son siempre las mismas (los “esquivadores del cambio” enfrentados por los “fanáticos”), mientras que el debate se mueve a lo largo de un continuum entre apologías igualmente obstinadas del socialismo de estado y del capitalismo. Durante los ocho años transcurridos desde principios de 1986 (socialismo de estado tardío) hasta finales de 1993 (la crisis del primer gobierno húngaro post-socialismo-de-estado), el debate atravesó las siguientes etapas:
— una apología casi “catatónica” del socialismo (según la cual los problemas reconocidos eran fabricaciones de los imperialistas y así sucesivamente);
— una defensa retórica del socialismo en términos de su potencial para “mejorar” (quizás los problemas son reales, pero están relacionados con los actores y no con las estructuras, y, por ende, no es necesaria una reforma de gran alcance);
— una crítica del socialismo de estado (los problemas son estructurales; por lo tanto, las soluciones eficaces requieren reformas serias, incluyendo mecanismos estructurales tan profundos como la propiedad);
— propuestas de transformar las economías socialistas en economías mixtas y/o pronunciamientos relativos al advenimiento de una forma compuesta bautizada como “economía social de mercado” o “socialismo de mercado”;
— llamados en favor de una transición atrevida a capitalismos de diversos tipos, de los cuales los dos más característicos eran: (1) el “capitalismo con una conciencia social” (modelado a imagen de los sistemas de estado de bienestar de Europa del Norte y del Centro-Oeste de los años 60 y 70), y (2) el capitalismo en su forma prístina (“la cosa real”, modelada no a imagen de ejemplos existentes, sino de escritos de principios del siglo XIX que trataban sobre mercados capitalistas que se autorregulaban mágicamente, si bien a veces se hacían referencias oblicuas a características “bien conocidas” de la economía estadounidense, aunque sin ningún análisis específico);
— una apología del capitalismo no menos catatónica que la que se ofrecía en nombre del socialismo (los problemas advertidos son fabricaciones de los comunistas, y así sucesivamente).
Dentro de este marco podemos definir nuestro objeto con mayor nitidez. “Economía de la reforma” es una denominación errónea que se aplica solamente a un momento particular de la historia de esos debates: el punto en que las disputas se caracterizaron por el abanico de posiciones caracterizadas como la “apología catatónica”, el “mejoramiento del socialismo” y la “crítica del socialismo” (las tres primeras posiciones arriba enumeradas). En aquellas circunstancias, era totalmente posible aislar un grupo de productores de conocimiento que argumentaban coherentemente en favor del cambio social en la esfera económica sin abogar por la destrucción de las propiedades estructurales básicas del socialismo de estado. Ésa es una caracterización aproximada, si bien adecuada para mis propósitos, de los debates económicos en Hungría desde principios de los años 60 hasta principios de los años 80.7
Sin embargo, la historia se ha movido con brío más allá de esa conceptualización. Los “fanáticos” han corrido bastante temerariamente para ocupar nuevas posiciones que van desde la economía mixta hasta una calculada apología del capitalismo, mientras que la mayoría de los “esquivadores del cambio” —y, ciertamente, todos aquellos que tienen voz en los debates de hoy— han abandonado toda defensa explícita del socialismo de estado, asumiendo posiciones más moderadas. De hecho, como pueden atestiguar los muy pocos marxistas prácticos comprometidos, la presentación de una apología abierta del socialismo en cualquier forma sería considerada hoy un acto extraordinario de fanatismo intelectual. Puesto que los antiguos economistas de la reforma han cubierto todo el espectro de posiciones abiertas durante los últimos ocho años, es más apropiado concebir el objeto del presente análisis como la economía “panglossiana transformacionista de la reforma”.8
Lo más conspicuo con respecto a estos debates es el grado en que su cambio gradual está en armonía con la apertura de las posibilidades políticas de la época (desde 1986 hasta 1993), y cuán poco se asemejan los textos que surgieron de ellos a los productos de una ciencia inmanente. No hay ninguna referencia a alguna puesta a prueba de propuestas teóricas comparándolas con observaciones empíricas (o sea, no hay indicio alguno de un enfoque científico “normal”); no se invierte ningún esfuerzo en bosquejar paradigmas específicos de la ciencia económica. También es imposible hallar en ellos alguna gran revelación o nuevo descubrimiento que reordene la lógica interna del campo en alguna medida importante. En términos temporales, el cambio en los debates que conciernen a la propiedad en la economía húngara es demasiado rápido para la ciencia normal, pero demasiado lento para constituir una revolución de paradigma.
Esta vinculación de los debates económicos sobre la propiedad con la dinámica de la política establece la base sobre la que suministraré las líneas generales de un análisis de los economistas centroeuropeos, no como profesionales fríos, no involucrados (de acuerdo con su propia imagen de sí), sino como actores sociales involucrados profundamente en la política. En su mayor parte, las dinámicas de su ciencia económica no son inmanentes, sino extrínsecas: tienen mucho más que ver con la transformación gradual de la esfera pública —en la que, paso a paso, se amplió el radio de lo que era considerado discurso político permisible— y con los debates políticos partidistas de la época que con las necesidades intrínsecas de una ciencia “natural”, absorta en sí misma, de la vida económica. Los participantes en esos debates están, pues, empeñados en batallas políticas a causa de que son economistas, y no a pesar de que lo son: son actores políticos —articuladores de los deseos de la sociedad concernientes al cambio social— precisamente como economistas. Ha llegado el momento de analizarlos en términos de la teoría de los intelectuales de Mannheim.
Implotando la dicotomía de Mannheim
Ideología y utopía de Karl Mannheim va directamente al meollo de nuestro tema, por entero aparte del hecho de que Mannheim vino de la Europa Central y del papel de su obra en la definición de un nicho institucional genérico para la sociología del conocimiento. El principal interés de la obra de Mannheim reside en la especificación que él hace del papel del conocimiento y sus productores socialmente situados en la gran conexión marxiana entre estructura social y cambio social, sin reproducir lo que a menudo se ha visto como las tendencias esencializantes, deterministas y mesianistas de una parte de la tradición de Marx. Mannheim bosquejó un modelo dicotómico para insertar el conocimiento intelectual en el cambio social, resumido en su distinción clásica entre ideología y utopía.
La idea preliminar, no-evaluativa, que de la ideología tiene Mannheim insiste en que,
en su modo de pensar, los grupos gobernantes pueden llegar a estar tan ligados por sus intereses a una situación, que ya simplemente no pueden ver ciertos hechos. En la palabra “ideología” está implícita la percepción de que en ciertas situaciones el inconsciente colectivo de ciertos grupos oculta la condición real de la sociedad tanto de sí mismos como de otros, y, con ello, la estabiliza. (Mannheim, 1936,40)
Como su principal interés concierne a la comprensión de la relación entre estructura social y cambio social a través de la producción de conocimiento por los intelectuales, el fondo socio-ontológico que la lógica de Mannheim supone es una “situación”, una constelación estructural dada, discreta, de poder y privilegio. Como resultado, no se aborda explícitamente el problema de si el cambio ya ha sido puesto en marcha mediante algún impulso que se origina fuera de la esfera de los productores de conocimiento, y de los posibles efectos de tal cambio social sobre las actividades productoras de conocimiento de los intelectuales —o incluso en la sociedad como un todo. La referencia a la “estabilización” de la situación puede ser leída, desde luego, como algo que implica la presencia de esa dinámica preexistente y exógena, pero eso no se analiza en suficiente detalle.
De hecho, el cambio social constituye la otra parte de la estructura dicotómica de la producción de conocimiento: la utopía. Manheim ideó esta noción en reconocimiento del hecho de que
(c)iertos grupos oprimidos están intelectualmente interesados con tanta intensidad en la destrucción y transformación de una determinada condición de la sociedad, que, sin saberlo, ven sólo aquellos elementos de la situación que tienden a negarla. Su pensamiento es incapaz de diagnosticar correctamente una condición existente de la sociedad. No se ocupan en absoluto de lo que existe realmente; en vez de eso, en su pensamiento ya procuran cambiar la situación que existe. Nunca su pensamiento es un diagnóstico de la situación; sólo puede ser usado como una dirección para la acción. En la mentalidad utópica, el inconsciente colectivo, guiado por la representación deseosa y la voluntad de acción, oculta ciertos aspectos de la realidad. Le vuelve la espalda a todo lo que debilitaría su creencia o paralizaría su deseo de cambiar las cosas. (Mannheim 36, 40)
Reformulando eso para nuestros propósitos: el contraste clásico entre ideología y utopía está basado en la distinción entre la presencia o la ausencia de una orientación hacia una voluntad de cambio social con una particular dirección. Esto supone la preexistencia de una constelación, dada, estable, de características estructurales (“una condición dada”) de modo que el cambio pueda ser presentado analíticamente como un resultado de las operaciones de la mentalidad utópica. Por consiguiente, en el esquema analítico se encubre cualquier noción de cambio social preexistente o exógeno.
La aplicación de la sociología del conocimiento de Mannheim a la Europa Central actual requiere, pues, alguna modificación. Esto implica el reconocimiento del hecho de que los actores que estamos observando están —y se puede sostener que han estado por varias generaciones— operando sobre un fondo de cambio social de gran escala, a menudo planeado centralmente, y siempre abarcador. Los reordenamientos arquitectónicos de las realidades de esas sociedades han tenido todo que ver con la dinámica imperial, las negociaciones de superpotencias y cosas parecidas, y así han sido casi completamente exógenos desde la perspectiva de los pensadores de la Europa Central. Los importantes reordenamientos de la realidad social se han vuelto parte y parcela de la herencia histórica de esta parte del mundo, abarcando no sólo la presente transformación de la Europa Central, sino también gran parte de su historia socialista pre-estatal y socialista del siglo XX (véanse, por ejemplo, Böröcz 1991a y 1992).9 Parece del todo razonable esperar que las actividades intelectuales productoras de conocimiento estén profundamente influidas por esta condición.
Una segunda característica importante del aparato conceptual de Mannheim es la condición incrustada [embeddedness] de su análisis. La obra de Mannheim supone implícitamente el carácter unitario del universo social: para su esquema es axiomático que, en el presente comparativo, para los productores de conocimiento socialmente trascendente no está disponible una alternativa sustantivamente diferente, y tal vez radicalmente más atractiva. Como consecuencia, no sólo las ideas concernientes a la implementación, sino también los diseños morfológicos básicos de la dirección alternativa para el cambio social, se caracterizan por cierta especulatividad. La sociología del conocimiento de Mannheim tiene una tendencia codificada hacia el deseo histórico: lo político como la voluntad de un futuro específico cuyos contornos son establecidos a través de la especulación científica sin una realidad social alternativa realmente existente como punto de referencia. El deseo histórico descrito en la utopía mannheimiana es, pues, completamente especulativo en su base.
La experiencia centroeuropea del socialismo de estado ofrece un patrón distinto. Aquí, los que tratan de bosquejar una dirección alternativa para la sociedad (para usarla como una brújula para el cambio social) tienen ante ellos una alternativa “realmente existente” —llamada comúnmente, y de manera imprecisa, “capitalista occidental”. En tales circunstancias, la actividad intelectual en el modo utópico puede ser descrita en términos del proverbio “La hierba siempre es más verde del otro lado”. Sin embargo, la envidia descrita en esta actividad productora de conocimiento es totalmente específica cuando se la pone en contraste con el genérico “impulso que está en el núcleo de la vida del hombre como ser social, y que ocurre tan pronto como dos individuos se vuelven capaces de comparación mutua” (Schoeck 1969 [1966], 1), y ello en dos sentidos: primero, su objeto no es otro individuo, sino el retrato idealizado de una grandiosa experiencia colectiva, el “capitalismo occidental”; segundo, este tipo particular de envidia no se deriva de experiencia social genérica (una necesidad colectiva de control), como en Schoeck, sino de la herencia cultural colectiva de la Europa Centro-Oriental — “la longue durée”—: una poderosa reflexión simbólica sobre la “aparición demorada”, por varios siglos, de la industrialización capitalista de la región. El saber de oposición que surgió durante la experiencia socialista de estado no inventó esa actitud mental; estaba dada, más o menos ya lista, en la forma de una herencia intelectual compartida, específica de la región. Las culturas centroeuropeas por lo menos desde finales del siglo XIX han sido conformadas profundamente por la presencia a la vez inspiradora e imponente de una realidad “occidental” alternativa —y superior—,10 la referencia implícita11 a la cual es en la región un marcador común y corriente de competencia.12 Como resultado, a los contornos de la sociedad imaginada, deseable, no se llega especulativamente, sino por la vía de la referencia empírica a una alternativa (para los críticos del socialismo de estado, la alternativa es una selección bastante arbitraria de ejemplos “positivos” del capitalismo euroccidental). Huelga decir que la disponibilidad de una realidad alternativa no hace que esa construcción de utopías sea menos idealizada que el deseo histórico especulativo de Mannheim; no obstante, las utopías críticas que se desarrollaron desde el socialismo de estado sí tienen a su disposición una referencia de la vida real que le presta considerable legitimidad a su argumentación.
Una vez más, la producción de conocimiento aquí abordada no consiste en una puesta a prueba rigurosa de hipótesis alternativas contra material empírico, a pesar de la obvia presencia de una amplia variedad de economías capitalistas y amplia información sobre ellas. En todo caso, los obstáculos bien conocidos —aunque del todo diferenciados— que durante el período socialista de estado les impedían a los intelectuales centroeuropeos discernir las realidades sociales de las sociedades capitalistas, no hicieron más que exacerbar esa idealización —ya firmemente establecida— de una otredad socio-morfológica de un tipo específico.
Para resumir, cualquier argumento hecho bajo el socialismo de estado en favor de abandonar ese sistema (y muchos de los argumentos concernientes a su reforma) en el contexto de un mundo bipolar, estaba obligado a ser tanto utópico como ideológico en el sentido mannheimiano. Era utópico en su concentración de la atención en elementos que sustancian un deseo de la “destrucción y transformación de una realidad dada” (Mannheim 1936, 40, ya citado). Sin embargo, trabaja para la “destrucción y transformación” del socialismo de estado mediante una imagen concreta del futuro que usa como su contenido utópico un reflejo convenientemente idealizado de una alternativa “capitalista” “realmente existente”. La meta del cambio social, político y económico está “siempre ya” allí, y es esa referencia la que determina el peculiar patrón de hechos revelados y encubiertos por ella. En este respecto, esta forma de saber funciona como saber desestabilizante, o: utopía.
Al poner énfasis en los problemas estructurales inaceptables, y hasta intolerables, de la realidad A, y afirmar las cualidades deseables de la realidad B, ella encubre tanto los aspectos deseables de la primera como los aspectos repugnantes de la segunda. El saber utópico ideado para la reforma y transformación profundas del socialismo de estado es, a la vez, una forma poderosamente apologética de conocimiento con respecto a la alternativa, el capitalismo.13 Esta dualidad de crítica utópica del socialismo y afirmación ideológica del capitalismo fue captada de manera excelente por uno de los más respetados teóricos políticos entre los intelectuales de la oposición democrática húngara, quien, en 1989, al intervenir en el debate emergente sobre la inminente crisis del sistema político, observó con ingenio burlón: “Hay una salida. Es hacia Hegyeshalom” (un punto de control en la frontera austro-húngara). Parte de esta actitud mental —la economía “panglossiana transformacionista de la reforma”— hace que efectivamente la dicotomía mannheimiana haga implosión.
“Sabiendo qué no saber”
Imagine a un sociólogo económico, quizás uno con un sentido ligeramente exagerado de positivismo ingenuo. Él hallaría por lo menos seis modos fundamentales en los que el saber específico producido en el modo “panglossiano-transformacionista-de-la-reforma” de análisis económico es “falso”, incluyendo las siguientes falacias analíticas:
— la dependencia exclusiva respecto del marco “estado-nación”;
— la concentración exclusiva de la atención en las economías centrales y en las experiencias de beneficios sociales bajo el capitalismo;
— una estrategia comparativa idealizada;
— comparaciones empíricas ilegítimas;
— la selección manipuladora de variables dependientes;
— una parcialidad formalista.14
Examinémoslas sucesivamente.
La dependencia exclusiva respecto del marco “estado-nación”
Gran parte de la economía “panglossiana transformacionista de la reforma” reproduce el encubrimiento del foco analítico, tan característico de las viejas ideologías de la modernización: el fantasma de la economía del estado-nación desconectada. Éste aparece en tres formas principales.
En primer lugar, muchos analistas “panglossianos transformacionistas de la reforma” hacen total caso omiso de las características estructurales específicas del mundo más allá de las fronteras del estado.
En segundo lugar, cuando se siente que eso es insostenible, se supone que el contexto internacional es similar al ideal finisecular de los Juegos Olímpicos, en el cual caballeros distinguidos, confiados en sí mismos y extremadamente galantes competían para exhibir su fuerza y habilidad, gobernados por reglas eminentemente limpias a las que se apegaban con devoción. Esta visión de la economía global ha sido despedazada durante las últimas cuatro décadas por un importante trabajo analítico sobre el subdesarrollo, el análisis de los sistemas mundiales, y la globalización. De éstos, los dos primeros son bien conocidos en Europa Central debido a sus afinidades marxistas, lo que significaba que su importación era no sólo permitida, sino a veces incluso alentada durante el período socialista de estado. Su omisión es, pues, todo un obvio caso de olvido.
Por último, si se introduce en el análisis para la crítica el asunto de los constreñimientos externos, es sólo con vistas a deplorar los aspectos irracionales y opresivos del así llamado “comercio” dentro del Consejo de Ayuda Mutua Económica con base en Moscú y las concomitantes políticas del mismo. El no llevar a cabo un análisis crítico de los procesos de intercambio global hace que las operaciones del mercado mundial sean consideradas como “necesarias” y que se equipare su así llamada “libertad” con la “eficiencia”. Esta omisión es un elemento integral de ese tipo de razonamiento, aparte de los obvios problemas epistemológicos que resultan de su descripción de la economía mundial como “real” y “libre”.
La concentración exclusiva de la atención en las economías centrales y en las ubicaciones de clases aventajadas
En este patrón de “falacia” analítica, las referencias al capitalismo generalmente dependen de material probatorio procedente de países y ubicaciones de clase que son ampliamente reconocidos como excepcionalmente aventajados; formulado de manera simple: la experiencia de lo excepcional es universalizada por la vía de la imprecisión teórica.
Esto tiene dos consecuencias principales para el saber académico: (1) la descripción sinecdóquica del capitalismo que surge de esa retórica está marcada por una “parcialidad” clara —y del todo burda— hacia el éxito. Por ejemplo, si la distribución de los países del mundo en términos de ingreso nacional per cápita es descrita como una sola pirámide, los practicantes de la economía “panglossiana transformacionista de la reforma” estarían interesados solamente en los que están en la cima, dejando una enorme porción del mundo empírico fuera del radio de acción de su análisis comparativo. En la medida en que algunos patrones económico-institucionales fundamentales están correlacionados con niveles de ingreso nacional —una tesis relativamente trivial—, este enfoque tiene como resultado serias omisiones analíticas. De manera similar, cuando se describen las operaciones de la determinación del ingreso en cualquier sociedad capitalista “realmente existente”, se concentra la atención en grupos situados en las secciones superiores, privilegiadas y protegidas del mercado laboral dividido, olvidando convenientemente la parte no protegida, caracterizada por términos adversos de empleo —a tiempo parcial, mal pagado y carente de interés— con una buena dosis de formas diferentes de discriminación por añadidura. Como consecuencia de esa imprecisión teórica, no es posible ni una descripción adecuada del socialismo de estado “existente” ni una crítica sui generis eficaz del mismo. Semejante estado de cosas pudiera ser aceptable para los estudiosos sólo si existiera un acuerdo tácito concerniente al abandono de la crítica del socialismo de estado en favor de algo más tentador, la utopía de un cambio de régimen.
Las estrategias comparativas idealizadas
La comparación adversa de materiales empíricos procedentes de sociedades socialistas de estado y modelos típico-ideales de capitalismo puede ser explicada en gran parte —aunque un tanto condescendientemente— en términos de la continuada ausencia en las lenguas y bibliotecas centroeuropeas de una gran cantidad de trabajo analítico reciente y materiales empíricos detallados procedentes de sociedades capitalistas “realmente existentes”, un estado de cosas que ha forzado a los interesados en el tema a confiar en descripciones de tipo-ideal, muchos de los cuales eran traducidos —u obtenidos por bibliotecas en el original— antes de que se levantaran los controles estatales de la libre expresión. Aunque la credibilidad que uno le dé a esa explicación puede alterar la evaluación moral de uno, eso no afecta el resultado principal: el “resultado” de la importantísima comparación “capitalismo vs. socialismo de estado” está virtualmente decretado de antemano.
Cuando se usan los materiales empíricos tomados tanto de las experiencias capitalistas como de las socialistas, con demasiada frecuencia se hacen los contrastes sin controles adecuados. Esto es particularmente obvio cuando se hacen comparaciones entre pares o grupos de países con estadísticas de ingreso nacional ampliamente diferentes que conciernen a variables dependientes altamente sensibles a variaciones del ingreso nacional. Esta falacia totalmente trivial —descrita, por ejemplo, en cursos sobre metodología sociológica como en parte parcialidad de selección y en parte correlación espúrea— conduce a conclusiones relativas a la superioridad sistémica del capitalismo “realmente existente” y a las deplorables realidades del socialismo de estado sin que se desglosen apropiadamente los efectos de los niveles de ingreso nacional —así como muchos otros efectos externos— de los del contraste “socialismo de estado versus capitalismo”.
La selección manipuladora de las variables dependientes
Con el punto anterior está íntimamente relacionada la práctica de seleccionar medidas en términos de las cuales se comparan los dos sistemas económicos sin tomar en cuenta sus lógicas diferentes. El ejemplo más conspicuo de esto es el uso del indicador “Nivel de acceso a bienes de consumo final” —por ejemplo, automóviles—, lo cual bien puede ser una buena medida del éxito económico individual en un tipo de sociedad (especialmente la versión norteamericana de capitalismo, en la que la crisis o la franca ausencia de transporte público hace de la propiedad de un vehículo privado una necesidad, incluso en las ciudades), pero es considerablemente menos importante (por ejemplo, en un país socialista de estado centroeuropeo desde los años 60 hasta principios de los años 80, cuando el transporte público barato, confiable, frecuente y seguro hacía de la propiedad privada de automóviles más bien un lujo).15
La parcialidad formalista
En este modo de análisis, el enorme material acumulado en la sociología económica, la antropología e incluso la economía del desarrollo, relativo a la profunda significación de las estructuras informales y los patrones de conducta para los resultados económicos, es pasado por alto sistemáticamente en favor de una comparación de la lógica formal de los dos sistemas. Se describe el capitalismo como una interacción sin rostro entre autómatas de mercado maximizadores de la ganancia que se comunican entre sí sólo sobre la base de los precios. Los procesos redistributivos bajo el capitalismo son olvidados sistemáticamente o se los trata como si del todo no estuvieran conectados empíricamente con las operaciones del mercado. El socialismo, por contraste, es tratado como una sola jerarquía redistributiva en la que las órdenes deducidas del “Plan” autoritario son comunicadas hacia abajo, y la información concerniente a la implementación es transmitida hacia arriba, por autómatas “apparatchiki de la economía de mando” sin rostro. Los diversos arreglos institucionales complejos conocidos comúnmente como mecanismos de intercambio son o pasados por alto o tratados como si no estuvieran conectados conceptualmente en absoluto con el proceso redistributivo. Lo que es más importante: ambas visiones cometen el grave error de pasar por alto las conexiones en red densas, rápidas y a menudo extremadamente eficientes entre los actores en contextos sociales en los que tales redes están entre los indicadores más precisos de éxito económico y de otras formas de éxito. Los dos modelos económicos que surgen de tales obras tienden, como resultado, a ser especificados de manera extremadamente pobre desde el punto de vista empírico y a no ser susceptibles de ulterior desarrollo.
Sólo es posible calificar de “falacias” esas características si adoptamos la perspectiva de un crítico externo imaginario. Esas características nunca son reconocidas como falacias, debilidades, problemas o errores en términos de los criterios profesionales de facto de la economía “panglosiana transformacionista de la reforma”: por eso su representación como “errores” sería indebidamente generosa.
El modelo de opinión experta que surge de esos textos analíticos es un modelo cuyo más importante componente es el saber de un tipo extremadamente específico: “saber qué no saber”. La opinión experta surge en este caso de los silencios cuidadosamente orquestados, los gestos no-verbales y los entendimientos tácitos que codifican y sancionan la no pertinencia, y que articulan el desaliento frente a cualquier intento de romper esos silencios, aunque no sea de modo intencional. La manera en que el “saber qué no saber” es producido y transmitido —por no mencionar las implicaciones teóricas de los muchos enormes silencios que componen esta retórica— es un asunto para una elaboración detallada en otra parte.
Conclusión
En su brillante libro sobre la retórica pública contra el “involucramiento” del Estado en las “operaciones del mercado” (The Rhetoric of Reaction, 1991), Albert O. Hirschman analiza tres tipos característicos de tal argumentación “anti-estado”: perversidad, futilidad y peligro. Según el argumento de la perversidad, “cualquier acción intencionada para mejorar alguna característica del orden político, social o económico sólo sirve para exacerbar la condición que se desea remediar” (ibid., 7). Según el de la futilidad, “los intentos de transformación social serán inútiles… simplemente no ‘harán mella’” (ibid.). Por último, los teóricos del peligro sugieren que “el costo del cambio o reforma propuesto es demasiado alto, pues pone en peligro algún logro previo, precioso” (ibid.). La producción de conocimiento en la economía “panglosiana transformista de la reforma” parece no encajar en ninguno de esos argumentos. Por lo tanto, sugiero que se la trate como un tipo distinto (cuarto): la “reacción como progreso”. Operando desde dentro de la visión del mundo modernizacionista de una visión teleológico-prescriptiva de la historia, esta postura declara inválido el contenido de la utopía socialista de estado (y, si es necesario, invoca con toda libertad diversas versiones de los tres tipos de Hirschman como argumentos auxiliares). Al remplazar el contenido de la utopía socialista con su contrario, la “reacción como progreso”, uno continúa adhiriéndose a un importante aspecto de la herencia de la Ilustración, preservado tanto en la versión capitalista de estado de la modernidad como en la socialista: en vez de abandonar su ambición teleológico-prescriptiva, la reproduce y refuerza deslizando rápidamente otro telos en su contenedor utópico. La “reacción como progreso” es, por lo tanto, un saber profesional con una “visión” política, producido y diseminado desde la posición del intelectual de vanguardia —y que, por consiguiente, contribuye a la reproducción extendida de esa posición.16
Traducción del inglés: Desiderio Navarro
*  “Reaction as Progress: Economists as Intellectuals”, en: András Bozóki (ed.), Intellectuals and Politics in Central Europe, Budapest, Central European University Press, 1999, pp. 245-262.
Notas
1      Dicho por un joven economista húngaro al autor a fines de 1989. (Sin embargo, de esto no se debieran sacar conclusiones relativas a la posición política de este último).
2    Dicho por una distinguida profesora estadounidense mientras charlaba con un colega en una conferencia sobre “Ideas europeas” en 1996 (en la que se presentó la primera versión del presente capítulo). Al mencionar a modo de prefacio a mi charla esa conversación oída sin querer, noté que la dama en cuestión estaba sentada en el auditorio. En ese punto, me interrumpió y exclamó: “¡Sí, es verdad! ¡Lo oí de un polaco!”
3    A fin de mantener una economía de enfoque y presentación, me abstendré de (pospondré para otra fecha) entrar en varios campos teóricos (por ejemplo, Scheler, Gramsci, Foucault, Habermas, y así sucesivamente).
4    Véase la última década de trabajo sobre el análisis retórico —por ejemplo, McCloskey (1985, 1994) y Lebovics (1992)— y el histórico —Mirowski (1989, 1991)— de la economía, así como también el impresionante gran número de estudios incluido en Mirowski (1994). La economía, a lo largo de su historia, se ha descrito a sí misma, efectivamente, como la ciencia desapasionada, transparente, de la “sociedad-como-naturaleza”. Entre las muchas consecuencias interesantes de esto está que la economía preserve características de la física decimonónica que fueron abandonadas hace mucho tiempo por la propia física.
5      La comparación, desde luego, termina aquí a causa de la frecuente insistencia de Schmitt en el “sentido existencial original” no-metafórico (Schmitt 1976 [1927] 33) de violencia, un uso que no halla aplicación en relación con la economía.
6      “Toda antítesis religiosa, moral, económica, ética o de otra índole se transforma en una antítesis política si es lo suficientemente fuerte para agrupar a los seres humanos efectivamente en amigos y enemigos” (Schmitt 1976 [1927] 37).
7      Deseo enfatizar de nuevo que mi principal preocupación en este punto es describir las amplias líneas generales del campo epistémico de los debates sobre la reforma. El análisis detallado de los textos, con toda la multidimensionalidad, complejidades e ironías de éstos, corresponde a otra parte.
8      Con particular referencia a la opinión del Dr. Pangloss de que vivimos en el mejor de los mundos posibles (véase Cándido de Voltaire).
9      Eso probablemente es cierto a propósito de gran parte del resto de la parte “no privilegiada” del mundo, aunque consideraciones de espacio impiden explorar más este asunto.
10   De ahí la posibilidad —en realidad, la probabilidad— de que un polaco sostuviera que los nombres polacos son impronunciables.
11   O incluso la referencia explícita, como en gran parte de la ciencia social húngara a todo lo largo del siglo XX, sin tomar en consideración en absoluto —como muestra Attila Melegh (1996)— el contexto político de la orientación política del teórico.
12   Considérense algunos ejemplos del todo obvios para los centroeuropeos. La modernidad literaria nacional húngara de comienzos del siglo XIX fue definida por la sentencia: “Vigyázó szemetek Párizsra vessétek!” — “¡Pongan su mirada observadora en París!” Este topos es reproducido más o menos en toda la región, yendo desde el nombre de la mejor revista literaria húngara publicada entre guerras, Occidente (Nyugat), a la insistencia del escritor checo Milan Kundera en que La vida está en otra parte.
13   Eso es también una característica de cualquier argumento revolucionario que, llamando a la destrucción del capitalismo en el contexto del mundo bipolar, no contenga una crítica explícita, sistemática, del socialismo de estado “existente”. El paralelismo especular se torna borroso, desde luego, en el caso de la economía “panglossiana transformacionista de la reforma” por obra de la sucinta referencia de sus practicantes al saber experto y el marco modernizacionista subyacente de gran parte de la tradición de la ciencia social “occidental” desde el siglo XIX.
14   Esas características, desde luego, no son únicas de la economía “panglossiana transformacionista de la reforma”: ellas caracterizan también otros cuerpos de saber académico dentro de la economía y más allá de ella. Sin embargo, delinear de manera más precisa el área de acción de las disciplinas involucradas está más allá del alcance del presente capítulo.
15     Véase Bodnár (1996).
16   Acerca del camino que condujo a eso, véase Böröcz (1991b).
Referencias
Bodnár, Judith. 1996. “The Post-State-Socialist City: Urban Change in Budapest”, Disertación, Departamento de Sociología, The Johns Hopkins University, Baltimore.
Böröcz, József. 1991a. “Tetszettek volna forradalmat csinálni”, en Csendes? Forradalom? Volt?, ed. András Bozóki, Tamás Csapody, Ervin Csizmadia y Miklós Sükösd, pp. 26-29, Budapest, T-Twins.
——————. 1991b. “Vanguard of the Construction of Capitalism: The Hungarian Intellectuals’ Trip to Power”, Critical Sociology, 18 (1), pp. 111-116.
——————. 1992. “Dual Dependency and Property Vacuum: Social Change on the State Socialist Semiperiphery”, Theory and Society, 21, pp. 77-104.
Hirschman, Albert O. 1991. The Rhetoric of Reaction: Perversity, Futility, Jeopardy, Cambridge, MA, The Belknap Press of Harvard University Press.
Lebovics, Herman. 1992. “Economic Positivism as Rhetoric”, International Review of Social History, 27, pp. 244-251.
McCloskey, Donald N. 1985. The Rhetoric of Economics, Madison, University of Wisconsin Press.
—————————. 1994. Knowledge and Persuasion In Economics. Cambridge, Cambridge University Press.
Mannheim, Karl. 1936. Ideology and Utopia, Londres, Routledge and Kegan Paul.
Melegh, Attila. 1996. “Ideas of “The West”: Twentieth-Century Intellectual Politics in Hungary”, conferencia pública en la Universidad Rutgers, Institute for Hungarian Studies, New Brunswick, 8 October.
Mirowski, Philip. 1989. More Heat than Light. Economics as Social Physics,Physics as Nature’s Economics, Cambridge, Cambridge University Press.
——————–. 1991. “The When, the How, and the Why of Mathematical Expression in the History of Economic Analysis”, Journal of Economic Perspectives,5 (1), pp. 145-157.
Mirowski, Philip, ed. 1994. Natural Images in Economic Thought. ‘Markets Red in Tooth and Claw’, Cambridge, Cambridge University Press.
Schmitt, Carl. 1976 [1927]. The Concept of the Political, trad., introd. y notas por George Schwab. Con comentarios de Leo Strauss sobre el ensayo de Schmitt, New Brunswick, Rutgers University Press.
Schoeck, Helmut. 1969 [1966]. Envy. A Theory of Social Behavior, New York, Harcourt, Brace, Jovanovich.
Schumpeter, Joseph. 1954. History of Economic Analysis, Nueva York, Oxford University Press.
Zerubavel, Eviatar. 1995. “The Rigid, the Fuzzy, and the Flexible: Notes on the Mental Sculpting of Academic Identity”, Social Research, 62 ( 4), pp. 1093-1106.
boroczJózsef Böröcz. Sociólogo húngaro, profesor de sociología de la Universidad de Rutgers, EUA. Es autor de los libros La migración del ocio: Un estudio sociológico sobre el turismo (1996) y La Unión Europea y el cambio social global: Un análisis geopolítico-económico crítico (2009). Ha sido coeditor de ¿Un nuevo orden mundial? La transformación global  a finales delsiglo XX (con David A. Smith, 1995) y Las nuevas ropas del Imperio: Develando la ampliación de la UE (con Melinda Kovács, 2001). Fue Presidente fundador del Instituto Karl Polányi para el Análisis Social Global, de la Universidad Corvinus de Budapest (2013) y  Director fundador del Instituto de Estudios Húngaros de la Universidad Rutgers (1995-2007). Es miembro del Consejo Editorial de varias importantes revistas estadounidenses y húngaras de sociología y política. Fue distinguido con el otorgamiento de la Cátedra Immanuel Wallerstein de Ética Global de la Universidad de Gante, Bélgica (2005-2006). En 2005 fue laureado por el Presidente de la República de Hungría con la “Cruz de Caballero del Mérito de Honor de la República Húngara” “en reconocimiento de su excelencia académica”.

Las siete innovaciones más revolucionarias de energía limpia

Por Alexander Starritt

Iniciativas, planes y proyectos que trabajan para un nuevo paradigma energético y medioambiental.
Turbinas en Alemania. Frank Rumpenhorst/AFP/Getty Images
Virtualmente todos los récords de energía limpia en el mundo se han roto el último año. La mayor inversión en energía limpia (329.000 millones de dólares en 2015), la mayor capacidad renovable nueva (un tercio más que en 2014), la energía solar más barata que nunca (en Chile cuesta la mitad que el carbón), el mayor periodo de tiempo que un país ha usado exclusivamente electricidad renovable: 113 días este verano en Costa Rica.
La velocidad del cambio a una economía limpia es sorprendente. Este año, se han instalado medio millón de paneles solares por día, mientras que China ha levantado dos turbinas eólicas por hora. Granjas eólicas en Dinamarca, granjas solares en Marruecos, granjas de olas en Escocia. Donde sea que mire, está llevándose a cabo un esfuerzo mundial sin precedentes.
Nunca antes nuestra especie ha contemplado una tarea tan vasta. Y cuando se escriba la historia de este gran cambio ambiental, seguramente se contará como una historia de tecnólogos, de activistas, de Elon Musks salvando al mundo de sí mismo. Aunque, de hecho, nadie juega un papel tan importante como el gobierno, el único tipo de institución que hemos desarrollado que puede coordinar un esfuerzo de esta magnitud y que es, básicamente, el responsable de llevarlo a cabo.
Jigar Shah, fundador de la empresa global de energía limpia SunEdison y, más recientemente, inversor de la compañía Generate Capital, sostuvo lo siguiente: “Cuando uno piensa en la difusión de la tecnología, como el iPhone, en realidad vemos que nada ha sido reemplazado. No era algo que las personas tan siquiera consideraran una necesidad hasta que lo tuvieron. Era un terreno sin desarrollar. Pero la energía limpia proporciona exactamente el mismo servicio del que usted ha dependido durante 100 años: kilovatios por hora. Entonces, ¿cómo llegamos al 100% de energía limpia? La única respuesta es la regulación de los gobiernos”.
Aquí hemos revisado infinidad de iniciativas, planes, proyectos y objetivos con el fin de seleccionar las innovaciones más revolucionarias de todo el mundo, tanto para darle crédito a lo que vale la pena como para servir de ejemplo.
Red eléctrica de Texas. Si este estado de EE UU fuera un país, sería el sexto generador más grande del planeta de energía eólica, detrás de España. Esto se debe en parte a los vientos consistentes y también a que el estado construyó un sistema de transmisión gigantesco para transportar la energía desde el desolado noroeste a las metrópolis del sur y del este. Las líneas de energía se acordaron en 2007, con un costo aproximado de 7.000 millones de dólares. Con el incentivo de los subsidios federales para la energía eólica, las compañías privadas han proliferado en todo el estado, de modo que en un día ventoso de invierno, más del 40% de la electricidad se origina en las turbinas.
Pero incluso la red eléctrica de Texas está llegando a su máxima capacidad, trayendo el mismo problema que ha surgido en Alemania, uno de los pioneros de la energía renovable a gran escala. A principios de este año, el Gobierno alemán debió anunciar medidas para reducir la velocidad de la construcción de sistemas de recursos renovables, en especial de turbinas eólicas mar adentro, ya que habían superado la capacidad de fabricación de cables para transportar la energía desde la costa del norte a las ciudades del sur. Entretanto, China ha propuesto una súper red eléctrica global de largo alcance que cubra todo, desde el viento del Ártico hasta la luz solar del Ecuador, con un costo aproximado de 50 billones de dólares y cuya construcción terminaría en 2050.
Prohibición de los combustibles fósiles. Ya nadie quiere carbón. Algunos países como el Reino Unido y los Países Bajos han anunciado sus planes para cerrar sus flotas de carbón cuanto antes, y en mayo de este año, el Reino Unido usó energía sin recurrir al carbón por primera vez desde su primera estación de energía de vapor abierta en 1882. En Estados Unidos también, las regulaciones están llevando a la industria del carbón a la extinción: 94 fábricas que usaban carbón como combustible cerraron en 2015 y otras 41 cerrarán a fines de este año. En conjunto, equivalen a todas las fábricas que utilizan carbón en Kentucky y Colorado.
También ha habido algunos intentos que tienden a prohibir el petróleo. Noruega, Dinamarca y los Países Bajos han considerado propuestas para prohibir los vehículos de combustión interna para 2025. Y recientemente, el Consejo Federal de los Estados de Alemania, no olvidemos que es el país de BMW, Porsche, Volkswagen, Mercedes y Audi, votó a favor de prohibir los vehículos que usan gasolina y diésel antes de 2030. El voto no es vinculante, pero inmensamente importante para marcar la dirección hacia donde van las cosas.
Dicho esto, la Agencia Internacional de la Energía calculó que los subsidios mundiales a los combustibles fósiles en 2014 eran de 493.000 millones de dólares. Y el FMI calcula que si a esta cantidad se le suman los costos que asumen los gobiernos debido a la polución que causa enfermedades y el cambio climático, los subsidios totales alcanzarían a 10 millones de dólares por minuto. En 2009, el G20 se comprometió a eliminarlos gradualmente y no lo hicieron. Este año, el G7 hizo la misma promesa y no la ha cumplido.
La tecnología de mañana. En las charlas sobre el clima en París, los presidentes Obama, Modi y Hollande, junto con Bill Gates, anunciaron que 20 países duplicarían sus presupuestos para la investigación de energía limpia en los siguientes cinco años, hasta 2020. El grupo de Mission Innovation que incluye a los países más poblados del mundo, China, India, Estados Unidos, Indonesia y Brasil, declaró, en junio, que dispondría de más de 30.000 millones de dólares para la investigación de nuevas tecnologías que harían posible la transición de la energía.
Cameron Hepburn, profesor de Economía Ambiental en la Universidad de Oxford, dijo que “la tecnología que implementaremos dentro de 20 años será la que estamos desarrollando ahora”.
Bill Gates estuvo en la escena porque junto con, entre otros, el director ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, y el filántropo George Soros, han formado la Breakthrough Energy Coalition (Coalición para el Avance Energético), y juntado 20.000 millones de dólares para invertir en empresas de energía limpia de alto riesgo que no atraen a los inversores tradicionales y hacerlas comercialmente viables.
Estaciones de servicio eléctricas. Alrededor de la quinta parte de las emisiones de gas que producen el efecto invernadero proviene de los vehículos y la solución más factible es la sustitución
Coche eléctrico en Londres, Reino Unido. AFP/Getty Images
del vehículo de combustión por el eléctrico (impulsado por una fuente de energía limpia).
Con el fin de cambiar a una infraestructura de transporte construida coches eléctricos, el año pasado, Rusia obligó a todas las estaciones de servicio a incluir un puerto de carga eléctrica. La administración de Obama está invirtiendo 4.500 millones de dólares para crear una red de costa a costa para alentar a los consumidores a usar electricidad.
Un sondeo llevado a cabo por Nissan descubrió que Japón ya cuenta con más puertos de carga para coches a electricidad que estaciones de servicio tradicionales, y varios informes predicen que los coches eléctricos predominarán en 2030. También es interesante mencionar que Reino Unido y Corea del Sur están probando “autopistas eléctricas” que recargan a los coches que pasan sobre ellas.
Ahorrar en el gasto energético. En 2014, una mejor aislación, electrodomésticos más eficientes y más ahorro de combustible hicieron que la Unión Europea ahorrara tanta energía como la que se usa en toda Finlandia. Y Finlandia es un país frío. La eficiencia energética es obviamente mucho menos divertida que una planta solar nueva y brillante, o un auto deportivo Tesla, pero las ganancias potenciales son enormes.
El profesor Martin Beniston, director del Instituto de Ciencias Ambientales de la Universidad de Ginebra, dijo: “Cuando pensamos en energía, siempre pensamos acerca de generarla. Pero se estima que las ciudades europeas podrían verdaderamente ahorrar el 60% de su consumo de energía modernizando las oficinas, casas y los bloques de apartamentos. Si gran parte de esto pudiera lograrse, no serían necesarias más fuentes de energía para proveer a las casas, oficinas, etcétera”.
Red eléctrica de Reino Unido. El mes pasado, el Reino Unido se convirtió en el primer país que transmitió datos a través de la red eléctrica nacional con éxito. Si esto funciona, significará que ésta puede equilibrar las fluctuaciones en el suministro y la demanda que perturban a la energía renovable. Funciona de manera tal que la información y la energía se envían por el mismo cable, al igual que un cable USB, lo que significa que la electricidad podría tener un precio diferente en los diferentes puntos de la red. Así, si hubiera una caída en el suministro debido a que, por ejemplo, un banco de nubes ha cubierto los paneles solares de todo el país, el precio subiría. Y usted podría configurar sus electrodomésticos de manera que, si el precio supera cierto límite, cambie a batería o a modo de ahorro de energía. De esta forma, la demanda caería, evitando el exceso de tensión en la red eléctrica.
Un precio sobre el dióxido de carbono: o al menos un impuesto. Durante el último par de años, China ha utilizado siete políticas ecológicas diferentes para el carbón, y ha hecho planes similares para lanzar una política ecológica sobre emisiones en todo el país en 2017; mientras que la UE tiene una política de emisiones que cubre 11 000 fábricas, usinas eléctricas y otras instalaciones.
No obstante, el desarrollo que más toma en cuenta el futuro está en Canadá, que ha desvelado planes de recaudación fiscal de 10 dólares canadienses (alrededor de 7,50 dólares) por tonelada de carbón emitido en 2018. Una cantidad que ascendería a alrededor de 37,50 dólares en 2022.
El objetivo de todo esto es integrar los costes sociales del carbón en la economía, para que influya en las decisiones de las personas a quienes no les preocupa el cambio climático.
Kate Gordon, vicepresidente de Climate en el Paulson Institute, que se especializa en economía sostenible dijo: “No creo que la mayoría de las empresas puedan pensar sobre los impactos en la salud debidos al cambio climático al establecer sus precios, pero los gobiernos pueden y deben hacerlo, porque ese es el tipo de problemas que ellos deben enfrentar. La medida económica fundamental es de alguna manera internalizar los riesgos del carbón y encontrar la forma de convertir esto en un tema político en todos los países, tanto sea por medio de impuestos o políticas ecológicas, o de otra forma, para que las personas actúen teniendo en mente los impactos a corto y largo plazo”.
Este artículo fue publicado en colaboración con el Wold Economic Forum y Apolitical.

Economía cubana en 2017. Encuesta

Varios Autores, Cuba Posible


Encuesta diseñada colectivamente por Claes Brundenius, Julio Carranza, Mauricio de Miranda, Carmelo Mesa Lago, Pedro Monreal, Omar Everleny Pérez, Paolo Spadoni, Ricardo Torres y Pavel Vidal

EDITOR: PEDRO MONREAL









Nota : La desviación estándar es de 0.69291 para los datos de 2016 y de 1.80294 para los datos de 2017.


El saldo externo se reduciría paulatinamente


Nota: La desviación estándar es de 1178.67 para los datos de 2016 y de 1556.22 para los datos de 2017.

El saldo fiscal se mantendría en territorio negativo, pero relativamente estable


Nota: La desviación estándar es de 0.91166 para los datos de 2016 y de 1.6653 para los datos de 2017.

El precio del petróleo aumentaría, pero se mantendría relativamente estable, sin superar el “techo” de los 55 dólares por barril en 2017


Nota: La desviación estándar es de 5.38098 para los datos de 2016 y de 8.0138 para los datos de 2017.

Primacía de factores externos en la evolución de la economía nacional en 2017

Probabilidad estimada de los principales riesgos que pudiera enfrentar la economía cubana en 2017 (promedio de las respuestas de los encuestados)

Eventos tipo “cisne negro” en 2017

Los encuestados fueron invitados a considerar seis eventos del tipo “cisnes negros” para el caso de Cuba en 2017, mediante una valoración de dos parámetros: probabilidad e impacto económico.

Un “cisne negro” es una metáfora utilizada para designar un hecho improbable, impredecible y de consecuencias imprevisibles, aunque usualmente pueden tener un impacto grande. Se refiere a un tipo de suceso “raro” que tienen tres atributos principales. En primer lugar, es un caso atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares, porque no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, pudiera conllevar a un impacto extremo. En tercer lugar, a pesar de su condición de rareza, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos.


Perfil de los encuestados

La encuesta fue aplicada entre el 9 y el 16 de diciembre de 2016.

Fue enviada a 35 especialistas y respondida por un total de 23 personas, para una tasa de respuesta del 65,7%.

Las respuestas recibidas corresponden a un grupo de expertos con el siguiente perfil profesional.




Descargue los resultados en PDF aquí.

Los éxitos y fracasos tecnológicos del 2016

Por BRIAN X. CHEN 


Un monopatín "hoverboard" que se incendió en un apartamento de Brooklyn, en diciembreCreditJohn Taggart para The New York Times


Si te encanta la tecnología, sabes que este año ha sido difícil. Desde las explosiones en teléfonos inteligentes y monopatines hoverboards hasta la proliferación de noticias falsas en las redes sociales, muchos de nuestros productos web, de hardware y software sufrieron fallas bochornosas. Gigantes como Google, Facebook y Samsung estuvieron en la mira del mundo entero.

Sin embargo, no todo fue completamente desolador. Hubo grandes avances en diversas áreas de la tecnología de consumo como el wifi, la realidad virtual y el cifrado.

Lo que sigue es la reseña de las fallas más problemáticas y los avances más espectaculares de 2016.

Los grandes problemas Continue reading the main storyFoto

CreditBoyoun Kim

Las baterías

Durante décadas los iones de litio han sido la tecnología preferida para las baterías que le dan energía a los dispositivos electrónicos. Sin embargo, las celdas defectuosas de las baterías de iones de litio provocaron grandes riesgos de seguridad este año, como es el caso de los monopatines hoverboards y los Samsung Galaxy Note que explotan. Los defectos provocaron que las escuelas prohibieran el uso de hoverboards en los campus y que Samsung retirara más de 2,5 millones de teléfonos.

Los iones de litio han estado en el mercado durante tanto tiempo porque son baratos y fáciles de fabricar. Sin embargo, las explosiones de este año —combinadas con las quejas persistentes de que las baterías de los teléfonos no duran mucho— hicieron que muchos se cuestionaran si la industria debe recurrir a tecnologías más avanzadas para fabricar baterías.



Un cliente intercambiando su Samsung Galaxy Note 7 en Seúl, Corea del Sur, en octubre CreditKim Hong-Ji/Reuters

El récord de seguridad de Samsung

El récord de seguridad de Samsung se vio afectado a causa de algo más que esos celulares combustibles. La empresa también retiró en Estados Unidos 2,8 millones de lavadoras defectuosas propensas a vibraciones anormales que podían provocar lesiones.

Además, el retiro del Galaxy Note de Samsung fue tan deficiente que la empresa debió retirarlos por segunda vez y terminó por cancelar el producto después de que no logró diagnosticar ni solucionar el problema.

Los dos grandes defectos dejaron algo claro: el gigante de la tecnología necesita arreglar sus protocolos de control de calidad para asegurarse de que la seguridad del consumidor es una prioridad… y no solo producir pantallas grandes y brillantes para sus celulares o veloces ciclos de lavado en sus lavadoras. 


Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Facebook, emprendió la actualización de los lineamientos de su empresa en torno al contenido aceptable. CreditAdnan Abidi/Reuters

Noticias falsas y abuso en las redes sociales

Facebook, Twitter y Google enfrentaron muchas críticas durante la campaña presidencial en Estados Unidos por dejar que las noticias falsas se propagaran en sus plataformas; es posible que esas noticias hayan influido en los estadounidenses, llevándolos a votar basados en información errónea. Twitter también fue criticado por su estrategia a la hora de lidiar con tuits agresivos, incluyendo los ataques racistas y las amenazas de violencia.

Todas las empresas de internet tomaron medidas para combatir las noticias falsas y los discursos de odio. Pero la elección estadounidense enfatizó el costo de la libertad de internet: cuando la red se asemeja al salvaje oeste, las consecuencias pueden ser atroces.


El Amazon Echo, un altavoz que responde a los comandos de voz CreditMark Lennihan/Associated Press

Asistentes virtuales

Google centró su atención en la inteligencia artificial cuando presentó Home, un altavoz inteligente que es la competencia al Echo de Amazon; Allo, un servicio de mensajería que aprovecha la inteligencia artificial, y Pixel, un teléfono que usa un asistente virtual.

A pesar del revuelo, todos los asistentes virtuales, incluyendo Assistant de Google, Siri de Apple y Alexa de Amazon, siguieron siendo mediocres. Todos fracasaron realizando tareas obvias —por ejemplo, Alexa no pudo decir quién tocaría en el Super Bowl (aunque la incluyeron en un comercial del Super Bowl), Google Assistant no pudo reservar una mesa ni ordenar comida a domicilio, y Siri fue poco fiable al dar indicaciones en un mapa—.

Los adelantos tecnológicos

CreditJames Best Jr./The New York Times

Wifi

Una de las cosas buenas de 2016 fue que tecnología omnipresente como el wifi, que ha sido bastante problemática para los consumidores, tuvo grandes mejoras.

Nuevos routers de TP-Link, Asus y Netgear tienen tecnologías inalámbricas más inteligentes y veloces que hacen un mejor trabajo a la hora de ensamblar señales y transmitir energía de forma precisa a los dispositivos móviles.

Además, Google y la empresa Eero hicieron redes de wifi que son más fáciles de configurar para quienes tienen pocos conocimientos técnicos. Estas empresas presentaron aplicaciones bien diseñadas que ayudan a que las personas configuren múltiples estaciones de wifi en casa.

Los múltiples puntos de acceso crean una “red de malla” que permite que los dispositivos móviles cambien la señal, sin interrupciones, mientras los consumidores se pasean por sus casas con teléfonos inteligentes, computadoras portátiles y tabletas.

Realidad virtual


Un hombre probando el nuevo sistema de realidad virtual de Sony PlayStation en Nueva York, en octubreCreditCorinna Kern para The New York Times

La realidad virtual tiene un largo camino que recorrer antes de hacerse comercial. Los dispositivos HTC, Oculus de Facebook, Sony PlayStation y Google se dedican en gran parte a los videojuegos, lo cual limita a su audiencia. Además, la mayoría de estos dispositivos son costosos.

Sin embargo, la tecnología ha avanzado de manera significativa. Funciona sin problemas y las experiencias son envolventes y hermosas. Las aplicaciones que se lanzaron este año —como Tilt Brush, una herramienta de pintura 3D para Vive de HTC, o SuperHyberCube, que es como Tetris con un giro de realidad virtual para PlayStation VR— demostraron el tremendo potencial de la realidad virtual.

Cifrado


Timothy Cook, director ejecutivo de Apple CreditBrendan McDermid/Reuters

La tensión entre las empresas tecnológicas y el gobierno estadounidense alcanzó su clímax durante el enfrentamiento de Apple con el FBI a principios de este año. El FBI exigió que Apple debilitara su cifrado del iPhone para que pudiera tener acceso al contenido de un teléfono que le pertenecía a un atacante del tiroteo masivo en San Bernardino, California.

Apple se rehusó y argumentó que debilitar su sistema de software para una sola investigación crearía vulnerabilidades que podrían poner en riesgo a todos los consumidores. El FBI terminó por retirar su demanda después de averiguar cómo violar la seguridad del iPhone sin la ayuda de Apple.

Entre la disputa de Apple con el FBI, muchas grandes empresas tecnológicas expandieron el cifrado de sus productos. Facebook, WhatsApp y Google pusieron el protocolo de cifrado de Signal, un servicio de mensajería alabado ampliamente por su seguridad. Aunque ninguno de los servicios de mensajería cifrada es perfecto, este año marcó un progreso significativo hacia ofrecer herramientas que reforzaron la privacidad de los consumidores.

Transmisión de video en vivo


Un iPhone transmitiendo por Facebook Live en el vestíbulo de la Trump Tower en Manhattan, el mes pasadoCreditDrew Angerer/Getty Images

La transmisión de videos móviles solía ser irregular, poco confiable y complicada de producir. Pero durante el año pasado, Periscope de Twitter y Facebook Live han hecho que las transmisiones en vivo sean sencillas y extremadamente populares.

Periscope reportó que a partir de marzo, el equivalente a 110 años de video en vivo se consumieron diariamente en sus aplicaciones móviles, mientras que, el año pasado, el equivalente fue de 40 años al día. Facebook dijo que los videos se ven 8000 millones de veces al día en la red social, mientras que el año pasado solo se veían mil millones de veces, y los videos en vivo obtienen diez veces más comentarios que otros videos.

La popularidad de las transmisiones convierte a los videos en línea en un medio prominente. Tan solo revisa las publicaciones de tu Facebook y sé testigo de la frecuencia con que la gente está publicando grabaciones en vez de fotografías y texto. El video se ha vuelto inevitable.

Nuevos proyectos llevan economía limpia a la Sierra de Cubitas

Las iniciativas proponen buenas prácticas para el manejo sostenible de tierras, así como el uso alternativo de los recursos naturales en la pesca.

Las iniciativas benefician a personas que viven de la pesca y la agricultura en el municipio Sierra de Cubitas.
Las iniciativas benefician a personas que viven de la pesca y la agricultura en el municipio Sierra de Cubitas.
Foto: Colach de imágenes
La Habana, 21 dic.- En las comunidades La Gloria y Puerto Piloto, de la central Sierra de Cubitas, dos nuevos proyectos con apoyo de la cooperación internacional acompañan a las poblaciones en la búsqueda de actividades productivas amigables con este frágil ecosistema.
Las iniciativas, respaldadas por el Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PPD/FMAM/PNUD), proponen perfeccionar el manejo sostenible de tierras y reducir la pesca con otras actividades económicas.
Los principales coordinadores de sendos proyectos, en las montañas de la provincia de Camagüey, enfatizaron en la importancia de estas alternativas económicas que permitirán preservar el medio ambiente y mejorar las condiciones de vida de estas comunidades.
En el caso del asentamiento La Gloria, se propone fortalecer el sistema integral de buenas prácticas de manejo sostenible de tierras para la adaptación al cambio climático.
La motivación para implementar la iniciativa partió de que esta zona padece condiciones climáticas extremas por la incidencia de la sequía agrometeorológica.
Como identificó la Estrategia Ambiental Provincial de Camagüey, los principales problemas de la región son la degradación de los suelos, la pérdida de la biodiversidad y el correspondiente impacto del cambio climático.
Además, en el área existe insuficiente agua para el riego, baja introducción de tecnologías, escasa fertilidad natural, sobrepastoreo y zonas deforestadas.
A ello se suma que los cultivos, base alimentaria de la población asentada, no cubren la demanda de la comunidad por el efecto continuo de la sequía.
En este sentido, las acciones a implementar servirán para mejorar la sostenibilidad productiva de este ecosistema frágil.
Los responsables del proyecto insisten en que la aplicación de prácticas agroecológicas contribuirá al mejoramiento de los recursos naturales y al desarrollo de la producción de alimentos.
Entre las medidas figuran la declaración de 100 hectáreas bajo enfoque de manejo sostenible de tierras, la reforestación de 20 nuevas ha de bosques nativos y el perfeccionamiento del sistema mejorado de agua para el riego y la comunidad.
Otras opciones vinculan el fortalecimiento del sistema de producción agrícola y la mini industria, el desarrollo de dos módulos de crianza de ganado caprino y la capacitación, en estos procederes, a nuevas familias campesinas.
Por una pesca responsable
En tanto, en la comunidad costera de Puerto Piloto comenzó un programa para el uso alternativo de los recursos naturales.
Entre las principales dificultades existentes en el entorno geográfico resaltan el mal manejo del ecosistema costero y la deforestación del manglar en las orillas.
Otros problemas ambientales relacionan el empleo de destructivas artes de pesca, la escasa fuente de empleo, la insuficiente capacitación ambiental así como el mal manejo de los residuales sólidos.
En función de ello, el proyecto pretende la creación de capacidades para el manejo integrado costero.
La entrega de artes de pesca amigables con el medio ambiente, la creación de un embarcadero y la puesta en marcha de un vivero para la reforestación de la zona de manglar, figuran entre las gestiones fundamentales.
También se pretende crear nuevas plazas laborales, brindar opciones de trabajo a las mujeres residentes en la localidad y la capacitación de más de 200 familias de pescadores.
La Gloria y Puerto Piloto se encuentran en el municipio Sierra de Cubitas, y forman parte del ecosistema Sabana Camagüey.
Este territorio contiene valores de la biodiversidad, como los humedales del norte, sitios de una peculiar avifauna.
El impacto del cambio climático, las malas prácticas en la pesca y el insuficiente manejo de tierras, convierten a este sitio en uno de los ecosistemas más sensibles de la provincia centro oriental de Camaguey. (2016).