Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 8 de diciembre de 2019

Entendiendo el socialismo

Por Michael Roberts


El diario New York Times ha descrito a Richard Wolff como "probablemente el economista marxista más prominente de Estados Unidos". Y eso probablemente no sea una exageración como una descripción de este profesor emérito de economía de la Universidad de Massachusetts, Amherst, y profesor visitante de la New School University de Nueva York.

Richard Wolff ha sido uno de los pocos economistas marxistas con pleno derecho en una universidad estadounidense. Y ha trabajado incansablemente para llevar a casa a los estudiantes y a todos los que escucharían en los Estados Unidos , la explicación alternativa marxista de la naturaleza del capitalismo estadounidense y su crisis actual. Wolff ha escrito varios libros importantes de economía, a veces con su colaborador cercano, Stephen A. Resnick. En particular, su libro reciente, Teorías económicas rivales, neoclásico, keynesiano y marxista es una explicación muy útil y clara de los principales aspectos de la economía para aquellos que no saben. El programa semanal del Profesor Wolff, Economic Update con Richard D. Wolff , está sindicado en más de 70 estaciones de radio en todo el país y está disponible para su transmisión en Free Speech TV.

Ahora Wolff ha publicado dos libros cortos diseñados para explicar las ideas del marxismo y el socialismo de una manera directa: Comprender el marxismo y Comprender el socialismo. El primero analiza el capitalismo . Repasa los conceptos de cómo se desarrolla la competencia entre los capitalistas (p.51); cómo se mercantiliza la fuerza de trabajo (p.41); y cómo el capitalismo es propenso a las crisis y la inestabilidad (p. 60). Cualquier persona, dice, "exhibir una inestabilidad personal comparable a la inestabilidad económica y social del capitalismo hace mucho tiempo habría tenido que buscar ayuda profesional y hacer cambios básicos" (p.61). Pero el capitalismo cojea y amenaza con derrotarnos a todos. Hasta que los trabajadores decidan democráticamente qué hacer para reemplazarlo, continuará.

Como Wolff ha dicho: “Si quieres entender una economía, no solo desde el punto de vista de las personas que la aman, sino también desde el punto de vista de las personas que son críticas y piensan que podemos hacerlo mejor, entonces debes estudiar la economía marxista como parte de cualquier intento serio de comprender lo que está sucediendo. No hacerlo es excluirse de la tradición crítica ".

Wolff se concentra en el descubrimiento clave de Marx sobre el capitalismo , a saber, la plusvalía, que es lo que los empleadores se apropian de lo que pagan por los salarios. Wolff muestra que los trabajadores productivos no son compensados ​​por el monto total y el valor de su trabajo. Y eso constituye explotación. Los expropiadores constituyen un pequeño porcentaje de la población y controlan lo que sucede con esa plusvalía. Es esta relación de producción, insiste Wolff, lo que ha frustrado las promesas democráticas de las revoluciones burguesa estadounidense, francesa y otras. Y este sistema de gobierno minoritario sobre la propiedad de los activos y la fuerza laboral de las personas también es la causa de la asombrosa desigualdad que afecta al mundo ahora.

La debilidad en la narrativa de Wolff, al menos como se expresa en sus libros anteriores, es su explicación de por qué el capitalismo tiene crisis en inversión, producción y empleo que dañan la vida de miles de millones. Wolff adopta el argumento clásico de bajo consumo de que los capitalistas pagan " salarios insuficientes para que los trabajadores puedan comprar una creciente producción capitalista" . Los lectores habituales de este blog sabrán que considero que esta teoría de las crisis capitalistas es errónea. Marx lo rechazó; no se destaca teóricamente como parte de la ley de valor o rentabilidad de Marx; y la evidencia empírica está en contra.

En el segundo libro, Understanding Socialism , Wolff analiza varios experimentos socialistas a lo largo de la historia y sugiere un nuevo camino hacia el socialismo basado en la democracia en el lugar de trabajo. El socialismo permite que muchos controlen los frutos de su trabajo. Y esto se haría de manera democrática, con los trabajadores votando sobre estas preocupaciones, ya que la democracia se extiende mucho más allá de votar por políticos e incluso iniciativas de votación, a la fábrica, la oficina, etc.

Wolff se centra en esta democratización del lugar de trabajo como la base de un futuro socialista. Wolff enfatiza correctamente que la base económica del socialismo es la propiedad colectiva de los medios de producción. Pero le preocupa no adoptar el modelo de planificación central de la fallida Unión Soviética, como él lo ve. Entonces quiere una democracia descentralizada a través de las cooperativas de trabajadores. Para él, la solución a las crisis recurrentes y la creciente desigualdad radica en "cambiar la estructura de clases de las empresas capitalistas" y reemplazarlas por "empresas dirigidas por los trabajadores".

A Wolff le preocupa, con razón, corregir la opinión de que la alternativa socialista al capitalismo es simplemente la propiedad pública de las grandes corporaciones y un plan nacional. Sin democracia y control de los trabajadores a nivel de empresa no puede haber un desarrollo socialista real. De lo contrario, los funcionarios estatales simplemente reemplazan a una junta directiva capitalista. Esto es "insuficiente conceptual y estratégicamente" .

Pero Wolff quiere incluir y enfatizar el papel de lo que él llama Empresas Autónomas de Trabajadores (WSDE). Para mí, esto parece estar doblando el palo demasiado al revés, estando cerca de las ideas socialistas utópicas de Fourier y Robert Owen. Las cooperativas de trabajadores sin planificación implican que los mercados continuarán gobernando entre cooperativas, abriendo la puerta a las fuerzas de la ley del valor, en lugar de dirigir fuerzas productivas en interés de la sociedad en su conjunto. Una cosa es lograr la democracia en el lugar de trabajo, pero ¿no es saltar de la sartén al fuego, dejando a la economía en general al poder del mercado?

El futuro será verde o no será

El economista Jeremy Rifkin alerta de que el actual sistema capitalista se ha agotado e insta a acelerar la transición hacia un nuevo modelo ante el reto del cambio climático


El economista Jeremy Rifkin. MANUEL CASAMAYÓN

El tiempo se agota. Temperaturas al alza, inundaciones, destrucción de ecosistemas y más pobreza. "El 50% de las especies del planeta se extinguirá en los próximos 80 años si no se logra una economía libre de carbono". Las palabras del sociólogo y economista Jeremy Rifkin caen como un jarro de agua fría, pero el defensor de un green new deal global no deja margen ante la amenaza del cambio climático: “Tenemos que cambiar la concienciación y solo nos queda una generación para hacerlo”.

Durante su intervención en el evento Hacia una sociedad sostenible, organizado por Cinco Días y Abanca el pasado lunes y celebrado en Madrid, Rifkin abundó en que el cambio climático no conoce fronteras y el actual modelo económico capitalista está agotado: "El PIB crece a una tasa más baja en todo el mundo, la productividad ha retrocedido en las últimas dos décadas y el resultado es que tenemos una falta estructural de empleo". La solución, indicó el también asesor de la UE, pasa por acelerar el viraje hacia la tercera revolución industrial.

Esta nueva época girará en torno a la tecnología, que reducirá drásticamente los costes marginales para permitir el salto a una economía circular y logrará la convergencia de las tres infraestructuras clave de cada sistema: comunicación, energía y movilidad. En este futuro inteligente, hecho de coches eléctricos autónomos y edificios conectados, el lnternet de las cosas, el 5G, las renovables y el big data cambiarán la forma en la que nos comunicamos, desplazamos y abastecemos de energía. Todos los actores, desde los Estados a las regiones, los ciudadanos y las empresas, jugarán un papel crucial."La ciudadanía creará un cerebro global; esta es la glocalización", señaló Rifkin. "Mientras que las infraestructuras de la primera y segunda revolución industrial estaban integradas verticalmente, de arriba hacia abajo, la tercera es colaborativa, distribuida, abierta", añadió el economista justo el día que, en la misma ciudad y a pocos kilómetros de distancia, arrancaba la Cumbre del Clima.

“El cambio climático es una realidad que pocos se atreven a cuestionar y el desafío que tenemos por delante es enorme”, corroboró la vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Emma Navarro, quien durante su intervención en el acto recordó que la entidad dejará de financiar proyectos basados en energías fósiles a partir de 2021. La estrategia del órgano financiero de la UE está en línea con el nuevo pacto verde anunciado por la nueva presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, y confirma la intención de Bruselas de coger la delantera en la lucha contra el cambio climático. 

Según la ONU, la cifra global necesaria para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) en 2030 asciende a 90 billones de dólares. En Europa, la factura anual para cumplir con el Acuerdo de París se sitúa en los 400.000 millones de euros. “Ningún presupuesto público puede atender por si solo semejantes necesidades", señaló Navarro. "La inversión privada y los mercados financieros deben tener un papel importante”.

El BEI ya se ha consagrado como el mayor emisor global de bonos verdes, con 28.000 millones de euros liberados desde 2007. Entre 2012 y 2018, la entidad concedió 150.000 millones de euros a proyectos climáticos (1.800 millones en España en 2018), y ahora quiere redoblar su apuesta: prevé que estos planes acaparen el 50% de su financiación en 2025 y sumen un billón de euros en la próxima década. “El reto que plantea la transición es enorme, pero puede ser una oportunidad para modernizar nuestras economías y hacerlas más sostenibles”, dijo Navarro.

De la misma opinión se mostró Francisco Botas, consejero delegado de Abanca, quien insistió en que la transición debe ser "ordenada y planificada", evitando "políticas y decisiones improvisadas". La ONU calcula que la implantación de los ODS puede generar 380 millones de empleos y oportunidades de negocio por 12 billones de dólares. "Son oportunidades claras", reconoció Botas, pero recomendó que este cambio de modelo se aborde de manera holística, sector a sector, para que no genere costes adicionales y desigualdades.

Botas abogó para que el sector financiero implante medidores del riesgo relacionados con el cambio climático y la transición y recordó que Abanca, junto a un reducido número de entidades, firmó el pasado septiembre un acuerdo con la ONU para alinearse con sus objetivos sostenibles. "Nos comprometimos en varios aspectos. Pensamos que es un camino irreversible y que cada vez se sumarán más entidades", aseguró el consejero delegado de la empresa. Entre las iniciativas puestas en marcha en este sentido, el banco gallego ha creado nuevos productos y servicios que responden a criterios medioambientales y está fomentando las prácticas sostenibles en la empresa.

Carmen Sánchez Miranda, directora de ONU-Habitat en España, Carlos Mataix, director del Centro de innovación en Tecnologías para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid, y Jaime Pérez Martín-Gaitero, profesor del IESIDE, cerraron el evento debatiendo sobre las líneas a seguir para cumplir con la transición. Todos coincidieron en la necesidad de respetar los compromisos adquiridos y crear alianzas multinivel. Y, sobre todo, actuar con urgencia.

Los cambios indispensables que no acaban de producirse


Gobernar un país, por pequeño que sea, es tarea de gigantes, pensaba José Martí. Y si ese gobierno hay que hacerlo bajo un criminal bloqueo económico, financiero y militar impuesto por la mayor potencia del mundo, la tarea se multiplica casi al infinito.

Eso exige suma inteligencia y sagacidad por parte de los que gobiernan y, sobre todo, mucha honestidad y voluntad de servicio público. Crear un sistema en el que cada cual sienta que puede desarrollar sus potencialidades y vivir una vida digna y próspera. Y para lograr esto hay que hacer las cosas bien y no aferrarse a esquemas dogmáticos y teniendo la práctica como comprobación de lo teórico, la práctica como criterio de la verdad.

Llevamos muchos años de prácticas económicas equivocadas, comenzando por la agricultura, y de un centralismo excesivo. Y no avanzamos. No sé que fuerza paraliza la aplicación de lineamientos aprobados nacionalmente desde hace 9 años. Obviamente, existe una burocracia acostumbrada a rendir informes mentirosos y justificativos que teme perder su posición privilegiada. No se liberan las fuerzas productivas del país.

Es más que hora de abandonar el teque habitual y ofrecer resultados. Va un funcionario del café del Ministerio de la Agricultura a la televisión e informa que la producción se aumentó en tantos miles de toneladas. Y cuando Randy le pregunta por qué no hay café en las tiendas, no sabe qué responder.

Basta ya de vivir del cuento. Esas conductas desacreditan al gobierno en temas muy sensibles del diario vivir. Se trata no sólo de sacudir la mata, sino de no seguir repitiendo lo que ha demostrado, por decenas de años, su inutilidad.

Nuevo hotel cinco estrellas en Cayo Santa María, zona central de Cuba

En este artículo: Cuba, Economía, Política, Sociedad, Turismo, Villa Clara

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El Hotel exhibe una arquitectura que combina un estilo caribeño con toques contemporáneos, de líneas frescas, modernas y funcionales. Foto: Radio Caibarien
Con más de 630 habitaciones, el hotel cinco estrellas Grand Sirenis Cayo Santa María fue inaugurado en la central provincia cubana de Villa Clara. Ubicada en la cayería norte de ese territorio, la instalación cuenta con 633 habitaciones, de ellas 612 dobles, 18 junior duites y tres suites.
Con un servicio todo incluido, el complejo está situado en un enclave turístico, a unos 30 minutos de vuelo de La Habana. La playa perimetral cuenta con dos kilómetros de finas arenas y espectaculares aguas turquesas.
El hotel ofrece a sus huéspedes una arquitectura que combina un estilo caribeño con toques contemporáneos, de líneas frescas, modernas y funcionales, explica la fuente.
El Grand Sirenis Cayo Santa María tiene dos restaurantes bufet principales, para desayunos, almuerzos y cenas, cuatro restaurantes temáticos, un snack bar, una barbacoa, y siete bares.
Lo distinguen los mejores platos de la cocina cubana tradicional, además de variadas propuestas internacionales; con una cuidada selección de menús por parte de un experto equipo de chefs. Foto: Radio Caibarien
En 2018 arribaron a Cuba cuatro millones 732 mil turistas, aunque este año las autoridades rebajaron la cantidad a 4,3 millones debido a las nuevas sanciones de Estados Unidos contra la Isla, que incluyeron las prohibiciones de viajes en cruceros.
Como parte del impulso al sector en Cuba, se inauguraron numerosos hoteles en los últimos meses entre ellos Paseo del Prado, Palacio de Cueto, Portales de Paseo, Vedado 500, Vedado Azul y Internacional de Varadero.
La instalación cuenta con 633 habitaciones, de ellas 612 dobles, 18 junior duites y tres suites. Foto: Radio Caibarien
La cadena Sirenis Hotels & Resorts es una corporación hotelera internacional, con sede en la isla de Ibiza, España, y con más de 40 años de experiencia en hostelería.
(Con información de Radio Caibarién  y Cubadebate )

sábado, 7 de diciembre de 2019

¿Nos podemos fiar de los modelos matemáticos del cambio climático?

Todos son coherentes con las observaciones que muestran que, efectivamente, está cambiando el clima y está siendo influido por acción de los humanos 



Vista del pabellón de España en la 25ª Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP) bajo el lema 'Tiempo de actuar'. ZIPI EFE

El cambio climático y sus efectos en el medio ambiente y en la sociedad son de los asuntos más importantes y controvertidos del momento actual, como se puede comprobar durante estos días en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Pero para poder entablar un debate profundo sobre el cambio climático es importante saber cómo se construyen los modelos en los que se basan las predicciones y recomendaciones planteadas, cómo se comprueba su funcionamiento, qué tipo de predicciones producen y cómo de fiables son.

Partimos de un hecho claro: es muy difícil predecir el clima. Por un lado, la atmósfera es un sistema complejo, en el que afectan numerosos factores y en el que aparecen comportamientos caóticos. Básicamente, el clima es una interacción de la energía emitida por el sol, con la atmósfera, los océanos, el hielo y la vegetación, cuya evolución describimos mediante las leyes de la física validadas a lo largo de los siglos. La mayoría de los modelos del clima parten de modelos meteorológicos que ofrecen una predicción del tiempo a cinco días. Estos usan las ecuaciones de Navier-Stokes en una esfera en rotación –un conjunto de ecuaciones en derivadas parciales que determinan el movimiento de la atmósfera, incluyendo información del momento y la energía del aire y los océanos–, y las leyes de la termodinámica –que describen la evolución de la temperatura y el efecto del calor del sol en el aire, el agua y la evaporación–.

El sistema de ecuaciones resultante se resuelve cada seis horas para obtener soluciones aproximadas, con ayuda de un ordenador. Para ello, se divide la Tierra y su atmósfera en pequeños cubos en los que se estiman las soluciones: este método recibe el nombre de discretización. Para hacer un pronóstico del tiempo se resuelven unas mil millones de ecuaciones discretas. Este proceso implica invertir matrices muy grandes, lo que lleva aproximadamente una hora de cálculo en una supercomputadora. Los resultados obtenidos hoy en día son bastante acertados, y además, podemos compararlos con la realidad diariamente para determinar los errores cometidos.

Además de estos algoritmos de predicción meteorológica, los modelos de la evolución del clima añaden información física, química e incluso biológica. El resultado son sistemas de ecuaciones tremendamente no lineales y que pueden tener soluciones caóticas. Además interesa obtener pronósticos no a cinco días, sino a miles o millones de años. También es necesario en cuenta el impacto actual y futuro de la humanidad (el incremento de dióxido de carbono en la atmósfera por la quema de combustibles fósiles, las modificaciones en las prácticas agrícolas, o por talas de selvas tropicales…). Esto es quizás lo que más incertidumbre añade al modelo.

El tamaño y la complejidad de los sistemas resultantes hace tremendamente difícil verificarlos, modificarlos y ejecutarlos. También es complicado interpretar los resultados, ya que producen una gigantesca cantidad de datos, complicada analizar e incluso de almacenar. Por suerte en las últimas décadas los modelos climáticos han evolucionado considerablemente, tanto en precisión como en complejidad. Y en paralelo, mejoran también los ordenadores –cada vez son más rápidos– y el software que permite obtener buenas aproximaciones de las soluciones.

Para valorar las predicciones también es fundamental controlar los errores cometidos, que provienen tanto de la forma en que se representa la física, como de los algoritmos utilizados para resolver las ecuaciones, la codificación de los algoritmos, los datos que se introducen en el cálculo y las condiciones iniciales utilizadas para iniciar todo el sistema. Para evaluar la magnitud del error final es necesario comparar las soluciones estimadas con la solución real.

Un primer paso es testear el modelo meteorológico sobre el que se basa el modelo climático, lo que expondría, por ejemplo, cualquier error sistemático del código. También, mediante argumentos matemáticos –de una rama llamada análisis numérico– es posible constatar la convergencia de los algoritmos empleados; y se emplean herramientas de estadística y probabilidad para cuantificar la incertidumbre de los datos con los que se trabaja, tanto como condiciones iniciales como de posibles escenarios. Por otro lado, como es imposible contrastar los modelos climáticos directamente con datos futuros (a no ser que estemos dispuestos a esperar décadas), se comparan con datos del pasado, usando un método llamado hindcasting, que básicamente afirma que si un modelo puede predecir el pasado, tenemos argumentos para creer que también podrá anticipar el futuro.


Pero, incluso aunque somos capaces de anticipar ciertos sucesos y estimar cómo de certero es nuestro pronóstico, sigue siendo muy complicado explicar por qué obtenemos los resultados finales. Para entenderlo se trabaja con una jerarquía de diferentes modelos, que van incrementando su complejidad, de manera que partimos de ladrillos simples, que somos capaces de entender, y a partir de ellos, se configuran la siguientes piezas, cuyo funcionamiento se deduce más o menos de lo anterior, y así sucesivamente: modelos de equilibrio de energía, modelos de caja, modelos de complejidad intermedia de la Tierra o los modelos del clima reducidos, modelos globales del clima para atmósferas y océanos, y modelos del sistema Tierra. En conjunto, todos los modelos se basan en afirmaciones científicas sólidas y nos ofrecen la mejor manera de explicar los cambios del clima del pasado, y de predecir lo que pasará en el futuro.

Las preguntas finales son: ¿coinciden en sus predicciones los diferentes modelos? ¿Qué indican? Por mucho que quieran negar algunos políticos, todos son coherentes con las observaciones que muestran que, efectivamente, está cambiando el clima y está siendo influido por acción de los humanos. Sabemos, además, con qué grado de error se hacen estas afirmaciones. Las conclusiones, son matemáticas.


Chris Budd es gresham professor of Geometry en la Universidad de Bath (Reino Unido) y fue uno de los ponentes de la sesión “Climate crisis: facts and actions” del 7º Heidelberg Laureate Forum


Traducción: Ágata A. Timón G-Longoria (ICMAT

Hambre y destitución para millones por recortes de Gobierno de Trump en cupones de alimentos


El Gobierno de Trump anunció el miércoles una nueva norma que privará a casi 700.000 personas de los beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, siglas en inglés), profundizando el hambre de incontables familias.

SNAP, antes conocido como el programa de cupones de alimentos, actualmente da una asistencia federal vital a más de 36 millones de personas.

A partir de abril de 2020, la norma hará mucho más difícil que los adultos entre 18 y 49 años sin dependientes obtengan beneficios. Dificultará que los estados ofrezcan exenciones al requisito de que estos individuos trabajen 20 horas por semana para recibir beneficios, ya que solo permitirá que los estados con una tasa de desempleo de 6 por ciento o más apliquen para exenciones. Actualmente, algunas regiones con tasas de desempleo tan bajas como 2,5 por ciento cuentan con exenciones.

La prensa ha ignorado en gran medida este paso, el cual llevará a incontables hogares a sufrir hambre. Los legisladores demócratas han guardado en gran medida silencio, estando concentrados en el juicio político contra Trump alegando que sus políticas no son lo suficientemente agresivas contra Rusia.


Un supermercado indica que aceptan cupones de alimentos en el oeste de Nueva York, N.J. (AP Photo/Seth Wenig)

Esto es porque, al atacar las condiciones de vida de masas enteras de personas, Trump está llevando a cabo una política bipartidista, apoyada por ambos partidos patronales. En 2014, el presidente Obama promulgó una ley que disminuyó $8.7 mil millones en cupones de alimentos durante la década siguiente, lo que significó que 850.000 hogares perdieron un promedio de $90 por mes.

Según un estudio más temprano este año, cuando el cambio fue propuesto, afectaría a los más pobres y vulnerables: 97 por ciento de los beneficiarios de SNAP afectados por la medida viven en la pobreza; el 88 por ciento tiene ingresos por hogar de 50 por ciento o menos del nivel de pobreza o $600 por mes.

La norma sobre el requisito de trabajo está vinculada a dos otras propuestas: un límite a las deducciones por gastos en los servicios públicos y otra medida que haría que un millón de estudiantes pierda el acceso a comidas gratis o de costo reducido. En total, el Urban Institute estima que estas tres protestas expulsarían a 3,6 millones de personas de los beneficios de SNAP.

En palabras del secretario de Agricultura, Sonny Perdue, estas medidas —que literalmente les arrebatarán comida de la boca a los niños, pobres y más vulnerables— “devolverán la dignidad del trabajo para un importante segmento de nuestra población, mientras se respeta a los contribuyentes que pagan el programa”.

En realidad, la visión distópica de Perdue no tiene nada que ver con la “dignidad del trabajo”, sino con sumir a millones de estadounidenses más profundamente en la pobreza mientras se aumenta la riqueza de los superricos que se han beneficiado de los recortes fiscales de Trump y los ataques a los programas sociales. Forbes estima el patrimonio neto de Perdue en $5 millones, un personaje menor comparado con la secretaria de Educación, Betsy Devos, cuya riqueza neta es de $2 mil millones, la más alta en el gabinete de Trump.

El secretario de Agricultura, quien también fue gobernador de Georgia, acumuló su fortuna en la agroindustria y bienes raíces. Poco después de unirse al gabinete de Trump, les transfirió a sus hijos adultos sus inversiones, valoradas en al menos $8 millones. Es una ironía cruel que el oficial de Trump a cargo de encabezar el ataque a los cupones de alimentos haya hecho su fortuna de la agroindustria, mientras los suicidios entre las familias de agricultores en quiebra del centro del país estén surgiendo.

Los tres cambios a las normas de SNAP reducirían la provisión de cupones de alimentos en al menos 15 por ciento para 13 estados, según un estimado del Urban Institute. El tercero de estos cambios golpearía en particular al Distrito de Columbia (24 por ciento) y Nevada (22 por ciento). Los beneficios totales caerían al menos 15 por ciento en nueve estados.

Solo en California, aproximadamente 200.000 personas perderían los beneficios debido a las restricciones en las exenciones a los requisitos de trabajo.

Los estadounidenses en estados fríos como Vermont, Nueva York y Dakota del Sur sufrirán el golpe más alto por la norma de la reducción de personas que pueden reducir los costos de los servicios públicos. El estado principalmente rural de Vermont perdería casi el 22 por ciento de sus cupones de alimentos, mientras Nueva York, Dakota del Sur y Maine perdería aproximadamente 11 por ciento cada uno. El Departamento de Agricultura de EE. UU. estima que el cambio relacionado a los servicios públicos reducirá el gasto en cupones de alimentos aproximadamente en $4,5 mil millones durante los próximos cinco años.

Casi 7 de cada 10 benefactores de Vermont vería un recorte en sus beneficios de SNAP, con una caída promedio de casi 40 por ciento de los ya miserables $215 por mes a $133 por mes, según Hunge Free Vermont. Ellen Vollinger, la directora de las organizaciones sin fines de lucro Food Research & Action Center, afirmó que la propuesta del costo de los servicios públicos obligará a las personas a “elegir entre comer o tener calefacción”.

Es un mito que cualquiera de estas medidas les ayudará a las personas encontrar trabajos. Los expertos han subrayado que muchos de los afectados viven en áreas empobrecidas y rurales, y frecuentemente sufren problemas de salud mental y discapacidades. “La política va dirigida contra los muy pobres con dificultdes para trabajar, algunos sin vivienda o viviendo con enfermedades”, le dijo a NBC News la vicepresidenta de políticas de asistencia alimentaria del Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas, Stacey Dean. “Quitarles a estos individuos su asistencia alimentaria básica tan solo aumentará sus dificultades y hambre, mientras no hace nada para ayudarles a encontrar un empleo estable y de tiempo completo”.

Pero mientras el Gobierno de Trump presume que el crecimiento en la economía es un indicador de la salud económica del país, nuevas señales de crisis social en el país pregonan un aumento, no una disminución, del sufrimiento y la desesperación que tan solo se recrudecerá por los recortes de asistencia alimentaria.

Estados Unidos ha visto una caída en la esperanza de vida por tres años consecutivos. Lo más perturbador es que cada vez más personas están muriendo relativamente jóvenes, entre 25 y 64 años, un grupo afectado directamente por las nuevas normas del SNAP.

Estas son las personas que, en una sociedad sana, se encontrarían en la flor de sus vidas laborales. En cambio, cada vez más mueren por “enfermedades de desesperación”: suicidios, alcohol, sobredosis. Las tasas de mortalidad para estas edades también aumentaron por al menos 35 otras causas, incluyendo enfermedades como diabetes, condiciones autoinmunitarias, obesidad e hipertensión.

Después de una caída en la tasa de personas sin seguro por el requisito en la Ley de Cuidado de Salud Asequible de que las personas sin seguro deben comprar un seguro privado, la tasa está volviendo a subir. Las cifras de subasegurados y presionados por los altos costos de bolsillo están aumentando, forzando a cada vez más personas a pronunciarse en bancarrota personal.

Un nuevo reporte de dos grupos sin fines de lucro revela la cifra impactante de que más de 2 millones de estadounidenses en 2019 no tienen acceso a plomería interior o agua corriente. Las nuevas estadísticas también muestran que la crisis del agua en Flint no es un incidente aislado y que la provisión de agua en incontables ciudades y pueblos del país está contaminada con niveles peligrosos de plomo.

La defensa del derecho humano básico a una nutrición, agua y cuidado de salud adecuados no se le puede dejar a ningún partido patronal. El ataque del Gobierno de Trump a los beneficios del SNAP suscita la necesidad de que la clase obrera avance su propia defensa independiente de estos derechos sociales por medio de la construcción de una dirección revolucionaria que luche por la organización socialista de la sociedad con base en la satisfacción de las necesidades humanas y no las ganancias.

(Publicado originalmente en inglés el 6 de diciembre de 2019)

Kate Randall

El mundo necesita recortar a la mitad el CO2 lanzado a la atmósfera en la próxima década para sortear lo peor de la crisis climática


Tras diez años de, casi, oídos sordos, el mundo se enfrenta a un contrarreloj cada vez más exigente. Los países deben recortar a la mitad las emisiones globales de CO2 la próxima década para cumplir el Acuerdo de París y limitar el calentamiento de la Tierra a 1,5ºC, según el último informe de emisiones de la ONU. Solo eso evitaría los impactos más destructivos de la crisis climática.

La cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) lanzada a la atmósfera ha crecido a un ritmo del 1,5% anual desde 2010 "a pesar de las advertencias", explican los expertos de la ONU. De hecho, el año pasado alcanzaron un máximo histórico de 55,3 gigatoneladas. 55.000 millones de toneladas. Las economías más desarrolladas, las del G20, suponen tres cuartas partes del problema.

Este análisis del Programa para el Medio Ambiente (Pnuma) lo que hace es medir la brecha entre lo que se está emitiendo en realidad y la cantidad máxima admisible en 2030 para conseguir que la Tierra se caliente por debajo de 1,5ºC o 2ºC –los dos umbrales citados en el Acuerdo de París–. Esa brecha no ha parado de crecer, poniendo la cosa cada vez más cuesta arriba.

La situación es la siguiente: tras el récord de esas 55,3 gigatoneladas, llegar a tiempo en 2030 supone rebajar el volumen de gases de efecto invernadero liberado un 55%. Si la humanidad se conforma con el umbral de los 2ºC, el recorte se queda en el 15%. La diferencia entre un objetivo y el otro fue descrita profusamente por el Panel Internacional de Expertos (IPCC) en octubre de 2018. "Terribles consecuencias", fue su calificación.
Principales emisores mundiales de GEI en 2018. PNUMA y Eldiario.es
El ritmo de recorte calculado es pues de un 7,6% cada año desde 2020 hasta 2030. "Si se hubiera comenzado a recortar en 2010, habría bastado con un 3,3% anual", recuerda el análisis.

Sin señales de tocar techo

Lógicamente, una cadencia creciente de emisiones ha provocado que la concentración de CO2 en la atmósfera haya batido un récord en 2018 al alcanzar un promedio de 407,8 partes por millón (ppm). La anterior plusmarca en épocas industriales fue de 405,5 ppm en 2017. Dos años consecutivos batiendo el techo.
La cantidad de gas invernadero acumulada vaticina una prolongación de su efecto a la hora de calentar la Tierra (origen de la alteración climática). Algunos de estos compuestos afectan durante algunos años. Otros persisten centenares de ellos.
Imagen: Organización Meteorológica Mundial (OMM) y El diario.es
Según están las cosas, la previsión es que la temperatura global ascienda entre 3,4 y 3,9 ºC "trayendo un amplio espectro de impactos destructivos", avisa el estudio. "No hay ninguna señal de que las emisiones vayan a tocar techo en los próximos años. Cada curso que se retrase este techo implica que los recortes deberán ser más profundos y rápidos", explica el documento.

"Necesitamos ponernos al día por los años en los que hemos estado aplazando las medidas", subraya la directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Inger Andersen. "Si no, el objetivo del 1,5ºC estará fuera de alcance antes de 2030", ha añadido.

La cumbre del clima de Madrid que se celebra entre el 2 y el 13 de diciembre inicia los últimos 12 meses antes de que los países del Acuerdo de París revisen sus planes climáticos. Los compromisos que aporta cada uno para conseguir el objetivo global sobre cambio climático.

El informe de 2019 del PNUMA avisa de que esos planes revisados tienen que conseguir cerrar la brecha. Y el camino se presenta arduo, según la revisión de los técnicos: los compromisos de los países que participan en el Acuerdo de París deben ser cinco veces más ambiciosos que lo actuales para ese objetivo ideal de 1,5º máximos."Requerirá un gran esfuerzo y compromiso de todas las naciones del planeta", concluye el informe a modo casi de alegato.

Los cofundadores de Google se apartan y Pichai asume el mando de Alphabet

Por Paresh Dave

SAN FRANCISCO,  (Reuters) - Los cofundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, se van a apartar como líderes del gigante de internet que fundaron hace 21 años, poniendo fin a una carrera meteórica que los llevó a construir una de las empresas más valiosas e influyentes del mundo.

Su lugarteniente Sundar Pichai, que desde 2015 ha dirigido el buscador, principal negocio de Google, tomará inmediatamente el timón como CEO de Alphabet Inc.

Page, Brin y Pichai han compartido su énfasis en el desarrollo de un software de inteligencia artificial para hacer que la búsqueda web sea más rápida y personalizada, a la vez que amplían la gama de información y servicios disponibles a partir de una simple consulta de texto.

Pero su visión se enfrenta a un escrutinio sin precedentes, ante las exigencias de mejores salvaguardas por parte de Gobiernos de los cinco continentes, quejas de conductas supuestamente anticompetitivas y el aumento de impuestos a la compañía de publicidad online más grande del mundo. Miles de empleados han protestado, y algunos incluso han dimitido, por la preocupación de que el famoso mantra de Google de “no seas malvado” —que antes defendían a capa y espada Page y Brin— se esté agrietando.

Page y Brin, ambos de 46 años, siguen siendo directivos de la compañía matriz, pero cederán inmediatamente sus respectivos títulos de CEO y presidente, dijo Alphabet. El papel del presidente no será ocupado, dijo la empresa, que señaló que estos cambios se habían debatido durante mucho tiempo.

Los cofundadores todavía controlan la compañía a través de su propiedad de acciones preferentes. En abril, Page tenía el 26,1% del poder de voto total de Alphabet, Brin el 25,25% y Pichai menos del 1%. Las acciones de Alphabet subieron en las plataformas electrónicas un 0,56% hasta 1,302 dólares después del anuncio, que se realizó con Wall Street cerrado.

Información de Paresh Dave; Información adicional de Sinéad Carew y Caroline Valetkevitch en Nueva York y Noel Randewich en San Francisco; Editado por Lisa Shumaker y Nick Tattersall; Traducido por Michael Susin en la redacción de Gdansk.

Apuestas en 2020 para la economía cubana

Las mejores opciones en 2020 para la economía cubana: Turismo, mejor trato a los inversionistas extranjeros y reforma monetaria estructural.

El hotel de lujo Iberostar Grand Packard
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En estos últimos meses se han acrecentado las sanciones desde la administración estadounidense de Donald Trump contra la economía cubana. Las medidas han añadido tensiones a una balanza de pagos y a unas finanzas públicas que ya estaban en una situación maltrecha debido al deterioro de los acuerdos con Venezuela desde 2015.
Las opciones para amortiguar estos choques van siendo menos. La expansión fiscal financiada con bonos públicos llegó a su límite. De hecho, el aumento salarial decretado en el sector estatal este año ha acentuado los riesgos inflacionarios. La crisis energética obligó a detener algunas inversiones y actividades industriales en el segundo semestre.
El consumo ha sufrido durante todo el año repetidos episodios de escasez. Todos estos factores deberían ubicar la economía cerca de la recesión en 2019. No obstante, hay que esperar que la Oficina Nacional de Estadísticas e Información publique las cifras a finales de año, las cuales más de una vez han sorprendido con datos difíciles de entender.
Los esfuerzos diplomáticos internacionales del gobierno cubano son cruciales en un momento en que Washington intenta aislar a La Habana. Sin embargo, no es previsible que ello redunde en una recomposición significativa del portafolio comercial hacia estas naciones con las cuales se intenta estrechar lazos diplomáticos.
El problema radica en que la economía cubana se enfocó en las últimas dos décadas en un modelo de inserción internacional que dependía y sigue dependiendo de la exportación de servicios, principalmente servicios médicos y turismo.
Por tanto, aun cuando México, Rusia u otras naciones quisieran venderle petróleo a Cuba y afianzar las relaciones comerciales, Cuba no cuenta con capacidad de pago, ni con capacidad de venderle y competir, por ahora, en otros sectores diferentes a estos servicios.
Este modelo de crecimiento apoyado en la exportación de servicios ha estado en aprietos debido al entorno internacional de crisis venezolana y mayores sanciones de Estados Unidos. El cambio de ciclo político en el continente ha llevado a retirar las misiones médicas en Brasil, Ecuador y Bolivia.
Se contabilizan ya cinco años sin aumento real en las exportaciones totales de bienes y servicios.

Cuba va a seguir dependiendo del petróleo venezolano, y buscando todas las vías para burlar las sanciones de estadounidenses debido a que lo paga con los servicios médicos.
Para que Cuba pueda reorientar en el corto plazo sus compras de petróleo tendría esto que venir acompañado por un acuerdo con otras naciones para contratar servicios médicos cubanos, lo cual hasta el momento no se ha logrado y sigue teniendo una baja probabilidad de éxito.
La apuesta a la inversión extranjera sigue siendo importante, pero habrá que sobreponerse al aumento del riesgo que implica la activación del título III de la Ley Helms-Burton. En cualquier circunstancia, el cálculo básico del inversionista será siempre comparar riesgo con rentabilidad futura.
Si crece por motivo del embargo el riesgo financiero, pues las autoridades cubanas tendrán que poner en marcha labores para reducir otros riesgos y a su vez multiplicar el retorno de los capitales foráneos en la isla. Ello incluye transformar las agencias empleadoras estatales, buscar arreglos monetarios con los inversionistas para minimizar la incertidumbre asociada a las monedas locales, entre otros.
La apuesta actual al turismo que han hecho las autoridades cubanas parece tener todo el sentido. Hoy se vislumbra como la única opción clara para aumentar las exportaciones en el corto plazo. A pesar de que ha tenido dos años malos, en su trayectoria histórica el turismo cubano ha mostrado capacidad de recuperación.
Las ventajas competitivas que han sostenido a largo plazo la tendencia creciente de la demanda por el mercado cubano siguen estando presente y se pueden acrecentar con las nuevas inversiones que se planifican en hoteles e infraestructura y con la mayor integración con el sector privado.
El turismo se mantiene como la gran opción para la recuperación de la economía de país.
Foto: Ivet González/IPS
Junto al turismo, la otra opción de crecimiento económico parece radicar en una reorganización de las industrias nacionales y en una reubicación más eficiente del capital humano. Ello no implicará mayores exportaciones en el corto plazo, pero sí permitirá avanzar en la sustitución eficiente de importaciones y en un aumento de la productividad.
El gobierno tiene que acabar de ajustar el sector empresarial estatal que sigue subsidiando, que sobrevive gracias a la tasa de cambio oficial sobrevaluada (tanto del peso cubano como del peso convertible, el CUC), y que continúa empleando improductivamente una parte importante de la fuerza de trabajo.
La fuerza de trabajo es un recurso escaso en el mercado cubano debido a la emigración y el avanzado envejecimiento de la población. Tenerlo empleado en industrias estatales sin sentido económico añade notables ineficiencias al sistema productivo, reduce la productividad media de la economía y explica en gran parte los bajos salarios en el propio sector estatal.
Mantener a flote estas industrias estatales improductivas sigue encajando en el modelo socialista enraizado en la ideología oficial, pero en la práctica socava su poder político al debilitar a la economía.
El gobierno de Miguel Díaz-Canel podría ganar fuerza con una estrategia de cierre de empresas estatales ineficientes, aumentos de salarios en las empresas estatales productivas, expansión del sector privado, y mayores contribuciones impositivas desde una economía estatal y privada más dinámica.
En este escenario, sí serían posible mayores gastos fiscales no inflacionarios en salud, educación y en el resto del sector presupuestado. Sin embargo, esta reestructuración no es posible hasta tanto no se corrijan las tasas de cambio oficiales. No es posible medir qué empresas estatales hoy son efectivamente rentables y vale la pena defender y cuáles son irrentables y habría que cerrar.
Los balances financieros en el sector estatal han estado distorsionados por treinta años debido a la tasa de cambio sobrevaluada del peso cubano, y en los últimos años también del CUC. La reforma monetaria, sobre todo la unificación y correcciones de las tasas de cambio oficial del peso cubano y del CUC, sigue siendo la madre de todas las medidas que requieren las industrias cubanas para aportar al crecimiento desde la productividad.
Desde mediados de los años 90, Cuba acudió a un sistema de dualidad monetaria y cambiaria que le dio un respiro inflacionario, pero del que no ha podido salir.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En estas últimas semanas el Banco Central publicó una nota explicando que algunos de los mercados minoristas estatales que operan en pesos convertibles van a empezar a ofrecer el cambio (vuelto) en pesos cubanos de manera experimental.
Junto a la decisión previa de redolarizar otros mercados, son disposiciones que confirman el objetivo final de sacar de la circulación al peso convertible. No obstante, la salida del CUC en algún momento tiene que involucrar un ajuste de la tasa de cambio e incluir a las empresas.
No es suficiente con que los mercados minoristas estatales operen con pesos, tiene que haber un ajuste cambiario de alguna magnitud. Ya en los mercados informales el CUC se ha devaluado alrededor de 15 por ciento en relación al dólar estadounidense, lo cual da una idea de la magnitud del ajuste cambiario que requiere el CUC, y además está pendiente el ajuste de la tasa de cambio oficial del peso cubano.
En otras palabras, los pasos importantes en la reforma monetaria estructural los veremos cuando el Banco Central comience a ajustar las tasas de cambio. (2019)