Los cambios en la empresa estatal no han avanzado con la velocidad ni la consistencia necesarias, mientras el sector no estatal ofrece ejemplos de buenas prácticas.
Un emprendimiento dinámico para la producción de bienes, basado en el conocimiento y el talento que se forma en Cuba.
Foto: Tomado del perfil en Facebook de Plástico Bahamonde
Existe un consenso bastante extendido acerca de la imperiosa necesidad de dinamizar los resultados de los actores económicos en Cuba, en tanto creadores de riqueza, para enrumbar al país por una senda de crecimiento, transformar la naturaleza de su inserción en el entorno internacional y superar el persistente déficit de oferta de bienes y servicios que ha caracterizado a la economía cubana por no pocas décadas.
En medio de tan complejas circunstancias internas y externas en las que transcurre hoy la vida de cubanas y cubanos, esta necesidad resulta aún más evidente.
Si bien en diferentes documentos del proceso de cambios del modelo económico desde su inicio formal hace ya 10 años, y en sus actualizaciones (la última de ellas en el 8vo Congreso del Partido) se hace referencia a la necesaria diversidad del tejido empresarial en Cuba, con el rol protagónico de la empresa estatal, lo cierto es que los cambios requeridos y el fomento e interrelación entre estos actores no han avanzado con la velocidad ni la consistencia necesarias.
Entre otras razones, por la secuencia y prioridades en las transformaciones. Los costos de oportunidad por dilatar las transformaciones en el nivel del tejido empresarial son evidentes.
De hecho, las Bases para el Plan hasta el 2030, aprobadas en el VII Congreso del PCC, si bien enunciaban desde una perspectiva general los pivotes y sectores líderes del desarrollo, no hacían mención a la necesidad de conformar agendas de desarrollo del tejido empresarial ni aumentar la capacidad empresarial del país como soporte para lograr las aspiraciones contenidas en la visión de la nación.
Dicho de otra forma, el considerar la dimensión empresarial en el proceso de desarrollo, con sus diferentes actores y nexos, de conjunto con los niveles territorial, sectorial y nacional.
El sector no estatal
Marchas y contramarchas en los límites de actuación, un enfoque restrictivo en el otorgamiento de las licencias para ejercer el mal llamado -en no pocos casos- Trabajo por Cuenta Propia, mercados mayoristas que no pasaron de anuncios, experimentos sin conclusión, cooperativizaciones forzosas, amarras sin soltar desde el sector estatal, ambiguedades en disposiciones que dejan espacios para la alegalidad y prejuicios, han caracterizado el relanzamiento de los actores del sector no estatal.
Y sin embargo, se mueven. Basten los ejemplos de resiliencia y aportes de varios de estos actores en el combate contra la pandemia, expuestos en medios nacionales y en foros de emprendedores y académicos.
Un ejemplo muy reciente que da pie al título de estas líneas también lo ilustra en buena medida, y muestra cuanto puede hacerse, aún en medio de estas circunstancias. (Granma, 6 de julio de 2021 p.1). El reportaje trata de un emprendimiento en Las Tunas para la fabricación de madera plástica.
Las claves del proyecto: la fabricación de una extrusora – máquina industrial para la obtención del producto- el trabajo en equipo multidisciplinario de jóvenes profesionales, los encadenamientos con una empresa estatal del territorio como proveedora de la materia prima reciclada y la vinculación con la Universidad tunera.
O sea: investigación y desarrollo, innovación, un emprendimiento dinámico para la producción de bienes, basado en el conocimiento y el talento que se forma en Cuba, encadenamientos con actores estatales, reciclaje y protección del medio ambiente, potencial para sustituir importaciones, aplicación en prácticamente todos los sectores de actividad.. .. ¿acaso no es esa la empresa que necesitamos?
Interrogantes
Me hago varias preguntas, volviendo al ejemplo: ¿Acaso no hay alguna empresa estatal, de alcance nacional incluso, que podría haber hecho lo mismo que hizo el gestor del proyecto ? ¿Detectar esta necesidad, convertirla en un proyecto y poner a un equipo de sus profesionales a gestionarlo, involucrar a otras entidades, buscar colaboraciones, y un largo etcétera? ¿Acaso los emprendimientos empresariales sólo pueden ser privados, comenzando desde cero, con una empresa totalmente nueva?
Aunque narrativas más extendidas lo sostienen, el emprendimiento empresarial no es sólo privado, ni sólo en empresas de nueva creación.
En los últimos tiempos, se han adoptado varias decisiones encaminadas a fomentar un contexto más propicio para un mejor desempeño e interrelación de los actores económicos. Son expresión de ese propósito el cambio de enfoque respecto a las licencias para el trabajo por cuenta propia, su acceso al comercio exterior – mediante empresas estatales- , las 43 medidas dictadas para aumentar la autonomía de las empresas estatales, las relativas a la comercialización de productos agropecuarios y más recientemente las bases para la creación de Pequeñas y Medianas Empresas y el relanzamiento de las cooperativas, con trabajos en proceso para crear nuevos marcos legales.
Recientes declaraciones de la dirección del país, sin embargo, apuntan a que en el caso de las empresas estatales, no se producen las reacciones esperadas ante las decisiones dirigidas a ellas. Ello amerita un análisis posterior. (2021)
La Crisis de Octubre en 1962 llevó el mundo al borde de la Guerra Nuclear, algunos residentes cubanos en Miami exigieron a Kennedy, con manifestaciones y llamamientos, que lanzaran las bombas atómicas a La Habana y otras ciudades importantes del país, sin importar los muertos, la destrucción y la contaminación.
Después se conocería que los entusiastas voceros de la muerte, no tenían familiares, amigos o amores en Cuba y fueron denunciados como criminales irresponsables.
Los guerreristas no calcularon que las corrientes marinas o los fuertes vientos podrían trasladar las nubes de polvo con radioactividad a los países vecinos y diseminarse en el territorio norteamericano, especialmente en la ciudad de Miami, donde ellos vivían.
A juzgar por los disturbios en Cuba del 11 de Julio del 2021, a 60 años de la invasión mercenaria por Playa Girón, derrotada en 66 horas, se produjo la moderna embestida llena de mentiras y calumnias, derrotada en menos de 24 horas.
La agresión disfrazada de pacífica mostró su rostro con actos de violencia, saqueos, ataque a un hospital de niños, pedradas a las instituciones y las autoridades, vulgaridades y anexionismos. Los traidores, mercenarios y confundidos salieron a las calles, a la misma hora, con las mismas consignas dictadas desde Miami por los organizadores de la agresión, entre ellos los senadores norteamericanos Marco Rubio, María Elvira Salazar y los hermanos Díaz Balart, hijos de los criminales atómicos e irresponsables sin familias, ni amigos en Cuba, que exigían lanzar las mortíferas bombas.
Al fracasar sus planes, lanzaron un llamamiento a un corredor humanitario, mantener el cruel bloqueo genocida, una invasión militar o bombardeo a Cuba, mantener las medidas anticubanas de su mentor Donald Trump de suprimir las remesas, los vuelos, la separación de las familias y amigos que no los afecta a ellos. Es el mismo actuar de los criminales insensatos que exigían las bombas nucleares.
Para ese tipo de persona, es más importante el odio, las mentiras y la incapacidad de hacer cálculos sin medir las consecuencias, lo único claro es que están logrando que el actual presidente de Estados Unidos, actúe como un subordinado y que de asesores de Donald Trump, pasaran a ser los que mandan en las cuestiones de Cuba en ese país.
Tampoco calcularon que producto de esta agresión la Revolución Cubana, amante del amor y la tranquilidad salió fortalecida, el sentido de Patria creció y la unidad en torno a sus actuales dirigentes sigue siendo invencible.
Si Marco Rubio, María Elvira Salazar y los hermanos Díaz Balart, actuaron como senadores norteamericanos, esperamos que respondan ante esa institución por la actitud de intervenir en los asuntos internos de Cuba y como descendientes de malos cubanos, nuestros tribunales deben juzgarlos, condenarlos y exigirles el pago de los daños cometidos y denunciarlos ante la INTERPOL como terroristas.
Sería bueno que los cubanos residentes en Estados Unidos, no se dejen engañar por estos extremistas y se detengan unos minutos a leer a José Martí cuando refiriéndose a la conquista de los españoles a nuestras tierras escribió:
(…) “Pizarro conquistó al Perú cuando Atahualpa guerreaba a Huáscar; Cortés venció a Cuauhtémoc porque Xicoténcatl lo ayudó en la empresa; entró Alvarado en Guatemala porque los quichés rodeaban a los zutujiles. Puesto que la desunión fue nuestra muerte ¿qué vulgar entendimiento, ni corazón mezquino, ha menester que se le diga que de la unión depende nuestra vida?...”
El Maestro de todos los cubanos terminó escribiendo: “Vivir en la Tierra no es más que un deber de hacerle bien. Ella muerde y uno la acaricia. Después la conciencia paga. Cada uno haga su obra. (José Martí: Obras completas, t. 7, p. 118).
Estas palabras son válidas para nuestros pueblos y para cada persona. Luchemos por la unidad, la justicia, la independencia y la soberanía y enfrentemos al imperialismo norteamericano y sus servidores en sus propósitos de dividirnos para someternos y explotarnos. Viva el amor y la verdad. Abajo el odio y las mentiras.
“Déjeme ser claro: el capitalismo sin competencia no es capitalismo, es explotación”, tuiteó el presidente de los Estados Unidos, Biden, en el momento de firmar una orden ejecutiva para expandir la competencia y tomar medidas contra las prácticas monopolísticas.
Biden describió como un “experimentoequivocadode 40 años” permitir que las corporaciones estadounidenses se consoliden con poca regulación que, según él, ha perjudicado a la gente común. “El corazón del capitalismo estadounidense es una idea simple: competencia abierta y justa”, agregó Biden. A continuación, se llamó a sí mismo un «capitalista orgulloso», pero dijo que quiere «asegurar que la economía no se trata de personas que trabajan para el capitalismo, sino de que el capitalismo trabaje para las personas».
Los comentarios de Biden apoyan la idea que: 1) el capitalismo no es un modo de producción que sea explotador, siempre que haya «libre competencia» en el comercio, el crédito y la producción de mercancías (y presumiblemente también en el trabajo asalariado); y 2) son las prácticas monopólicas la causa de lo que podría llamarse ‘explotación’ porque es ‘competencia desleal’. Según esta idea el fin de los monopolios (en los procesos de producción y distribución) y, por tanto, si funcionan mercados ‘competitivos’, se puede hablar de capitalismo propiamente dicho.
En su intervención Joe Biden se hace eco no sólo del punto de vista de la economía neoclásica dominante moderna, sino también del punto de vista de los primeros economistas clásicos, como Adam Smith y David Ricardo. Smith opinaba que lo que no funcionaba en la sociedad y la economía del siglo 18 fue la falta de libre competencia y criticó los monopolios (incluidos los monopolios feudales) en el comercio y la agricultura. Ricardo, por su parte, denunció el control monopolístico en la producción agrícola y en el comercio. Para ambos economistas, si se terminaba con los resabios feudales la empresa industrial y los mercados competitivos conducirían a un aumento de la productividad y a la prosperidad de todos. Como dijo Biden, entonces, «el capitalismo funcionaría bien para la gente».
Pero, esta opinión es sólo la comparten los apologistas del capitalismo. Muchos marxistas y poskeynesianos de hoy en día se centran en lo que llaman «capitalismo monopolista», «capital financiero monopolista» o «capitalismo monopolista de estado» como el enemigo de la prosperidad del pueblo, no al sistema capitalista como tal.
Considerado un economista clásico como Smith y Ricardo (Marx también es un economista clásico, dice) Michael Hudson sostiene que el capitalismo comenzó como una fuerza progresista con el desarrollo de las fuerzas productivas en la era del capitalismo industrial, pero desde la década de 1980, el «capitalismo financiero» ha reemplazado al capitalismo industrial. Lo que habría ocurrido, sostiene, ha sido un regreso al ‘feudalismo’ porque el excedente de la economía ahora es extraído por empresas ‘monopolistas’ (renta) y financistas (intereses y ganancias de capital), y las ganancias no se producirían por la explotación de la fuerza de trabajo.
Grace Blakeley, una economista de la izquierda británica, afirma que el capitalismo moderno se ha transformado en «capitalismo monopolista de estado». Ella destaca algunos puntos parecidos a lo dicho por Biden: “para mayo de 2020, la capitalización de mercado combinada de las cuatro mayores empresas de tecnología de EEUU alcanzó una quinta parte de todo el índice S&P 500. Cuatro empresas; Microsoft, Apple, Amazon y Facebook, ahora representan el 20% del valor combinado de las 500 empresas más grandes (hace cuarenta años las entidades corporativas eran empresas de nueva creación valientes o ni siquiera existían). Hoy las tendencias monopolísticas no se limitan al sector tecnológico, en 1975, las 100 empresas estadounidenses más grandes representaron casi la mitad de las ganancias de todas las empresas que cotizan en bolsa; en 2015, su participación alcanzó el 84 por ciento «.
De manera similar, un estudio de Brookings Institution descubrió que las 50 principales empresas a nivel mundial sumaron $ 4.5 billones de capitalización bursátil en 2020, llevando su “valor combinado” a aproximadamente el 28% del producto interno bruto global. Hace tres décadas, la cifra equivalente era inferior del 5%.
Pero, ¿es el capitalismo financiero «feudal» monopolista ahora el enemigo del trabajo, mientras que el capitalismo industrial de libre competencia es un aliado? ¿No hay explotación del trabajo bajo el capitalismo competitivo, como argumenta Biden?
El objetivo de la crítica Marx y Engels al capitalismo fue explicar, entre otras cosas, como el capitalismo es un sistema de explotación de la fuerza de trabajo para extraer plusvalía en la producción, existieran o no monopolios. De hecho, El capital de Marx tiene un subtítulo, ‘Una crítica de la economía política’, precisamente para atacar la idea que, si los monopolios fueron controlados o eliminados, el ‘capitalismo competitivo’ dejaría de explotar a los trabajadores.
Es evidente que la concentración y centralización del capital, en las principales economías, se ha intensificado en las últimas décadas. El auge de las megaempresas de medios sociales y de tecnología confirma la opinión de Marx de hace más de 150 años: la acumulación capitalista conduce a una mayor concentración del capital, y a medida que aumentan las grandes corporaciones estas empresas devoran a las pequeñas. Y está claro, también, que en las últimas décadas este proceso ha sido alentado con inyecciones estatales de crédito fácil y con la desregulación de las actividades corporativas.
El papel de las multinacionales en EEUU.
Las empresas multinacionales con sede en EEUU representaron el 20,1 por ciento de todo el empleo del sector privado en ese país. En 2017, las empresas con sede en el extranjero representaron otro 6,4 por ciento. Las multinacionales desempeñan un papel particularmente importante en la manufactura: más del 70% de todo el empleo se localiza en estas empresas multinacionales.
Estas corporaciones trasnacionales representaron más de la mitad de todos los gastos de capital no residenciales en 2017 y más del 80 por ciento del I + D industrial realizada en Estados Unidos. Y, las multinacionales representan más de la mitad de las exportaciones e importaciones estadounidenses de bienes y servicios.
¿Que opina Hadas Thier?
En su libro, A People’s Guide to Capitalism la escritora Hadas Thier señala: “El estado desempeña un papel al proteger a las empresas monopolistas consideradas “demasiado grandes para quebrar” de los estragos de un “mercado libre”. Después de la crisis económica de 2008, los megabancos en los Estados Unidos (cada uno con activos por valor de miles de millones de dólares) fueron salvados con un enorme rescate financiado por los contribuyentes. Como explica Petrino Di Leo: “El Departamento del Tesoro y el Banco de la Reserva Federal han distribuido la increíble cantidad de $ 16 billones en asistencia a instituciones financieras y corporaciones en los Estados Unidos y en todo el mundo. . . A través de los diversos mecanismos el Citigroup recibió prestados $ 2.5 billones, Morgan Stanley obtuvo $ 2 billones, Merrill Lynch recibió $ 1.9 billones y Bank of America obtuvo $ 1.3 billones”. (p134).
Thier explica: “la centralización complementa el trabajo de acumulación al permitir a los capitalistas industriales extender la escala de sus operaciones. Si esto último resultado es consecuencia de la acumulación o de la centralización, si la centralización se logra mediante el método violento de anexión o si la fusión se produce mediante el proceso más fluido el efecto económico sigue siendo el mismo. «
“La batalla de la competencia se libra mediante el abaratamiento de los productos básicos. . . y esto depende a su vez de la escala de producción. Por tanto, los capitales más grandes superan a los más pequeños. Además, se recordará que, con el desarrollo del modo de producción capitalista, hay un aumento de la cantidad mínima de capital individual necesario para llevar a cabo un negocio en condiciones normales. . . [La competencia] termina en la ruina de muchos pequeños capitalistas, cuyas capitales, en parte, pasan a manos de los grandes capitales o, desaparecen por completo «.
Pero, ¿este proceso en la acumulación capitalista significa que el «capitalismo competitivo» ahora ha sido reemplazado por el «capitalismo monopolista de estado»? Si fuera así, el capitalismo monopolista de estado estaría operando no a través de la competencia (con ganancias por la explotación del trabajo como explica la ley del valor de Marx), sino que, a través de definir los precios sobre los costos a voluntad, con el respaldo por el estado.
Esta idea es la base de la «Escuela del Capital Monopolista» desarrollada originalmente por Paul Sweezy y Paul Baran a finales de la década de 1960. La teoría del capital monopolista sostiene que las grandes empresas habían abolido la competencia de precios y, en cambio, habían dado lugar al estancamiento y a un exceso de capacidad productiva. Las crisis ya no serían causadas por la caída de la rentabilidad – como resultado de una lucha entre capitales – sino por la expansión de la capacidad, sin suficiente «demanda efectiva».
El capitalismo monopolista
En su libro, Monopoly Capital, Baran y Sweezy lo expresaron de esta manera:
“No podemos contentarnos con remendar y enmendar el modelo competitivo que subyace en su teoría económica [de Marx]. Debemos reconocer que la competencia, que era la forma predominante de relaciones de mercado en la Gran Bretaña del siglo XIX, ha dejado de ocupar esa posición, no solo en Gran Bretaña sino en todo el resto del mundo capitalista”.
“Hoy en día, la unidad económica típica en el mundo capitalista no es la pequeña empresa que produce una fracción insignificante de una producción homogénea para un mercado anónimo, sino una empresa a gran escala que produce una parte significativa de la producción de una industria, o incluso de varias industrias, y puede controlar sus precios, el volumen de su producción y los tipos y montos de inversiones. En otras palabras, la unidad económica típica tiene los atributos que alguna vez se pensó que solo poseían los monopolios”. (Baran y Sweezy 1968, 5-6)
Baran y Sweezy concluyen: “Toda la motivación de la reducción de costos es aumentar las ganancias, y la estructura monopolística de los mercados permite a las corporaciones apropiarse de los frutos del aumento de la productividad directamente en forma de mayores ganancias. Esto significa que, bajo el capitalismo monopolista, la disminución de los costos implica un aumento continuo de los márgenes de ganancia. Y la ampliación continua de los márgenes de beneficio, a su vez, implica beneficios agregados que aumentan, no sólo en forma absoluta, sino como parte del producto nacional. Si equiparamos provisionalmente las ganancias agregadas con el excedente económico de la sociedad, podemos formular como una ley del capitalismo monopolista que el excedente tiende a aumentar tanto absoluta como relativamente a medida que se desarrolla el sistema”. (Baran y Sweezy 1968, 71–72)
“Por lo tanto, al sustituir la ley del excedente creciente por la ley de la ganancia decreciente, no estamos rechazando ni revisando un teorema de la economía política consagrado por el tiempo: simplemente estamos tomando en cuenta el hecho indudable de que la estructura de la economía capitalista ha sufrido un cambio fundamental, un cambio desde que se formuló esa idea. Lo más esencial del cambio estructural del capitalismo competitivo al monopolista encuentra la expresión teórica de esta sustitución”. (Baran y Sweezy 1968, 72)
Pero, pregunto ¿con la creciente centralización y concentración del capital ha habido un «cambio fundamental» en la naturaleza del capitalismo?
» Si se cree que el sistema se basa en el monopolio, una idea que se ha convertido en sagrada de la actual economía marxista, entonces se cree que el poder del estado y del poder del capital están contra el trabajo…“pero desde mi punto de vista, nada, ni siquiera los propios capitalistas, tiene ese tipo de poder, porque las reglas impuestas al trabajo y al capital provienen de la creación de ganancias y la competencia entre capitales, que Marx vincula específicamente entre sí”.
“El estado puede intervenir para redistribuir los ingresos y oponerse al capital empujado por las luchas de los trabajadores, también puede intervenir para construir un sistema de bienestar, pero estas intervenciones siguen estando fundamentalmente limitadas en su impacto por la rentabilidad de las empresas. «
Shaikh sostiene que la visión de la escuela capital monopolista de un ‘cambio fundamental’ esta basado en una interpretación del Capital de Marx, Según esta exegesis “el capitalismo tendría en el siglo XIX mercados competitivos perfectos, que ahora no existen porque han sido reemplazados por monopolios respaldados por el estado”. Pero, el problema que esta realidad económica nunca existió.
Para Shaikh: «La economía capitalista no debe verse como una economía de mercado «perfecta» o con «imperfecciones» que la acompañan, sino como capitales individuales en competencia para obtener ganancias y participación de mercado.
“El monopolio no debe contraponerse a la competencia, como hacen los economistas neoclásicos, ortodoxos e incluso algunos marxistas. La competencia real es la lucha por reducir los costos por unidad de producción con el fin de obtener más ganancias y participación de mercado”.
En el mundo real, hay capitales con diversos grados de poder monopolista que compiten y cambian continuamente a medida que se pierde el poder monopolista con nuevos participantes en el mercado y nuevas tecnologías que reducen los costos. La competencia real es una lucha interminable por el poder del monopolio (participación de mercado dominante) que nunca tiene éxito total o eternamente: cada capital individual opera bajo este imperativo… esta es la competencia real, antagonista por naturaleza y turbulento en su funcionamiento. Es tan diferente de la llamada competencia perfecta como la guerra lo es del ballet”.
El capitalismo puede haber cambiado de lugar; pero sigue siendo el mismo leopardo.
Como señala Thier, “el capitalismo aún mantiene su dinamismo a través de la lucha constante por posicionarse en el mercado por parte de grandes y pequeñas empresas. En algunos casos, una empresa nueva, no arraigada en métodos anticuados, podría salir adelante. Así, hace décadas de años, Ford (ese “negocio familiar” llamado Ford Motor Company) era una “nueva” compañía automotriz y en esa época Tesla habría tenido pocas posibilidades de mantenerse con vida.
Unas décadas más tarde, los «tres grandes» fabricantes de automóviles estadounidenses están atrapados en mercados con exceso de oferta y tecnologías antiguas. Aún no se ha determinado qué tipo de éxito tendrá Tesla, pero sin duda, la industria automotriz establecida está perturbada. Existen otras empresas «disruptivas» en todos los campos, desde Uber y Airbnb, hasta agencias de atención domiciliaria y tiendas de muebles basadas en Internet que desafían el dominio de las empresas tradicionales de ladrillo y cemento.
Si este no fuera el caso, veríamos la economía dominada por cada vez menos empresas, hasta que un día nos encontraríamos con una sola gran empresa que se encargara de todo (podría ser “McGoogleAzon Corporation”) desde nuestros lavavajillas hasta nuestros desplazamientos. En cambio, la competencia continúa, pero en un contexto de actores económicos cada vez importantes, que hacen que los cambios, las rivalidades y las quiebras sean aún más volátiles «.
Lenin se supone que es uno de los grandes defensores de la idea de que el capitalismo se había convertido en ‘capitalismo monopolista de Estado’. Fue, regularmente, citado por los líderes de la Rusia estalinista el modelo capitalista del siglo XX.
Sin embargo, Lenin en realidad tenía una visión mucho más precisa: “Al mismo tiempo, el monopolio, que ha surgido de la libre competencia, no suprime esta última, sino que existe sobre ella y junto a ella, y por lo tanto da lugar a una serie de situaciones muy agudas, intensos antagonismos, fricciones y conflictos".
Y cuando miramos la evidencia empírica, el ‘poder monopolista’ parece menos convincente. Los economistas de la corriente principal, Jan De Loecker y Jan Eeckhout argumentan que el margen de precio sobre el costo marginal cobrado por las empresas públicas estadounidenses ha aumentado de manera constante desde 1960 y, en particular, después de 1980.
Su documento sugiere que “la disminución tanto de la participación del trabajo como del capital, así como la disminución de los salarios de los trabajadores y otras tendencias económicas, se han visto favorecidas por un aumento significativo en los márgenes de ganancia y el poder de mercado; en otras palabras, el aumento del capital monopolista en forma de “empresas superestrellas" como Apple, Amazon, Google, etc. que ahora dominan las ventas, los beneficios y la producción, utilizando mano de obra barata en comparación con otras empresas e industrias. Estos monopolios no invertirán porque no necesitan competir”
Sin embargo, hay dos cosas en contra de este argumento del «poder de mercado», como la única o principal explicación del aumento de la participación en los beneficios por unidad de producción.
Como explica Shaikh, los márgenes crecientes no pueden deberse al poder de monopolio, sino simplemente a mayores ganancias derivadas de ahorros en el costo de la producción de las grandes empresas. De hecho, cuando el factor de concentración se aísla en los datos, “en el vasto cuerpo de literatura generado por la investigación de estas ideas, se debe concluir que la diferencia entre las tasas de rendimiento contables es demasiado pequeña para justificar las afirmaciones de un poder monopólico omnímodo”.
Y, aunque las multinacionales estadounidenses han ganado una mayor participación de mercado en los últimos 40 años, esto no ha significado una reducción en su participación en el gasto de capital , contrariamente a las conclusiones de la Escuela Monopolista. Las empresas matrices multinacionales de EEUU emplearon al 24 por ciento de la fuerza laboral del sector privado en 2017. Su participación en la inversión se mantuvo en alrededor del 30-35% en todo momento.
Los oligopolios
En realidad, lo que ha generado la concentración y centralización del capital son los oligopolios (no los monopolios) en diferentes sectores de la economía capitalista, y esto marca una gran diferencia. De hecho, los monopolios a menudo se han convertido en oligopolios. En 1911, el Congreso de los Estados Unidos dividió a Standard Oil en 34 empresas. En 1984, AT&T era el principal proveedor de telecomunicaciones y se dividió en siete empresas regionales.
Por su propia naturaleza, el capitalismo, basado en «muchos capitales» en competencia, no puede tolerar ningún monopolio «eterno» o, una plusvalía «permanente» deducida de la suma total de beneficios que se divide entre la clase capitalista en su conjunto.
La historia del capitalismo es la historia donde la concentración y centralización del capital aumenta, pero la competencia continúa provocando grandes movimientos de la plusvalía entre capitales (dentro de una economía nacional y global).
La sustitución de productos antiguos por productos nuevos reducirá o eliminará a la larga las ventajas de los monopolios. El mundo monopólico de los fabricantes de motores en el período de la posguerra no duró una vez que una nueva tecnología generó nuevos sectores para la acumulación de capital. Los gigantes del petróleo también están ahora amenazados por las nuevas tecnologías. El mundo de Apple no durará para siempre.
Dentro de la complejidad de la situación actual está el que es seguramente el asunto más estratégico de todos, las relaciones del futuro de la revolución y el socialismo con las nuevas generaciones.
Las actuales generaciones de jóvenes en Cuba, diversas y complejas, como siempre fue la juventud, han crecido en medio de una época difícil, confusa e incierta. Me refiero fundamentalmente a dos generaciones, las que crecieron en los 90s y las que crecieron en los 2000s.
A partir del año 1989 comienza la caída de los gobiernos socialistas en Europa Oriental, incluida la Unión Soviética que además se desintegró en un santiamén. La onda expansiva sobre Cuba no sólo fue económica, fue también política e ideológica. Las certezas del pasado quedaron en el aire, la viabilidad del socialismo, su supuesta superioridad e irreversibilidad quedaron totalmente cuestionadas.
En Cuba la capacidad de la revolución para garantizar el progreso material de la gente fue revertido con la combinación de la fractura de las ventajosas relaciones económicas que había con el campo socialista y con un bloqueo norteamericano que se fortaleció con leyes adicionales como la Torricelli y la Helms Burton. La percepción en aquel momento (ahora lo vuelve e a ser con mayor razón) es que había llegado el tiempo de ahogar y destruir al gobierno revolucionario y socialista de Cuba.
Recordemos aquellos largos días, la crisis económica fue enorme, se decretó un periodo especial, el proceso de desarrollo se paralizó sin haber sido recuperado todavía, 30 años después (aunque aún así, se constituyó y avanzó con éxito un sector estratégico como el de la biotecnología, se amplió la exportación de servicios médicos, etc).
En aquel entonces se tomaron decisiones para tratar de que los inmensos impactos materiales fueran compartidos de la manera más equitativa posible, lo cual se logró en los primeros momentos, pero luego con los inevitables desequilibrios monetarios, el mercado negro y la inflación emergieron las consecuentes diferencias entre sectores de la población, también efecto de medidas tomadas para salir de la crisis.
El acceso o no a divisas (un dólar que llegó a cotizarse a 120 pesos) comenzó a hacer la diferencia. La necesidad de desarrollar aceleradamente el turismo (industria del placer) para compensar los tremendos deficits en la disposición de las imprescindibles divisas, en medio de una situación social y económica tan difícil, un turismo de enclaves férreos en aquella época, añadió un fuerte impacto adicional en las mentes de los adolescentes que entonces crecían.
Observaban que sus padres, que habían vivido una época de igualdades, donde la épica y la mística eran diferentes, obtener un título universitario era, además de muy posible, la aspiración suprema para reforzar la autoestima y el orgullo personal, además de la vía a condiciones de retribución y bienestar mayores, ahora asumían una vida de carencias y limitaciones, por calificados y/o buenos trabajadores que fueran.
En estas condiciones, la calificación y el trabajo en general, el calificado y el no calificado, eran reconocidos con un salario desconectado totalmente del posible acceso a bienes materiales (muy escasos, aunque muy baratos, en el mercado oficial que había quedado racionado y relativamente abundantes en el mercado negro pero a precios inalcanzables para el trabajador común. Las tiendas en divisas, ya establecidas entonces, vendían en una moneda diferente y desproporcionadamente cara).
Conseguir divisas era la vía para acceder al consumo mayor. Esto desató las más diversas y rocambolescas formas de obtener estas monedas, algunas legales y otras muchas ilegales o marginales, (incluidas diferentes formas de prostitution, fenómeno que había quedado prácticamente superado durante las primeras décadas de la revolución), además elevó la importancia de las remesas familiares que generosamente llegaban del exterior, pero casi ninguna se esas formas estaban asociadas a la cantidad y la calidad del trabajo. Esto agravado por las infinitas restricciones para el desarrollo de la iniciativa individual que colocaba en la ilegalidad a actividades y personas que no tienen por qué estar en esa franja.
O sea, en una sociedad de trabajadores, donde los resultados de su trabajo era supuestamente el principal mérito ciudadano, el trabajo quedaba en la práctica notablemente degradado y con él su significación moral.
Era frecuente entonces el abandono de los estudios universitarios por muchos jóvenes buscando otras vías para su bienestar y progreso (aspiración totalmente auténtica, además de lógica). La vías apreciadas eran en muchos casos o determinadas actividades marginales o la migración a otras geografías, fundamentalmente al sur de La Florida, el “exilio dorado”, donde habían familiares, amigos y conocidos y donde, como es lógico en un país de ese desarrollo, las oportunidades económicas son mayores, con el consecuente impacto subjetivo.
Bajo esas circunstancias crecieron los jóvenes de entonces, el impacto en el imaginario social fue tremendo, obviamente no generalizo, pero fue extendido, tanto en las capas medias como en los sectores más humildes, cada cual desde su perspectiva.
Había factores de compensación entonces, el enorme liderazgo de Fidel Castro, participante directo de cada acontecimiento y una política social alternativa de notable impacto, trabajadores sociales, planes especiales, expansión de actividades culturales a nivel comunitario, nuevas oportunidades de estudios, elevación suprema de la defensa de la nación y de lo nacional en importantes y legítimas campañas como el rescate del niño Elian, etc. Toda esta dinámica coexistía y contrarrestaba en gran medida la paralela enajenación de valores y conductas debido a las causas ya explicadas.
A comienzos de los 2000s la situación política del continente comenzó a cambiar notablemente con el acceso al gobierno de fuerzas políticas de izquierda en varios países de la región, sobre todo en Venezuela, Ecuador y Brasil, pero también en Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Nicaragua. Hasta llegó a escucharse por primera vez en una sala de reuniones de la OEA la defensa a Cuba.
Con esto apareció un nuevo espacio de reinserción económica, se creó el ALBA y otras iniciativas a la vez que se descarrilaba la propuesta norteamericana del ALCA.
Se estableció la Asociación de Estados Latinoamericanos y Caribeños donde se aprueba el acuerdo de la región como zona de paz, etc.
Al evaluar todo ese periodo en Cuba, se puede adelantar una consideración de aciertos y errores. Sin dudas el primer logro fue sostener el gobierno revolucionario y la soberanía nacional en tan difíciles circunstancias y bajo una agresión feroz, el fuerte liderazgo, las políticas sociales, las campañas nacionales, etc lo hicieron posible a pesar de las tremendas dificultades.
El mayor error, en mi modesta y franca opinión, fue no haber comenzado y avanzado integralmente una reforma del modelo económico como continuidad de las medidas de apertura que se hicieron a finales de 1993 (despenalización de la tenencia y circulación de divisas, creación se las UBPC en la agricultura, la legalización del trabajo por cuenta propia, etc).
Es obvio que aquellas medidas respondieron más a una reacción necesaria ante la crisis que a la convicción de que el viejo modelo económico, a semejanza del de los viejos países socialistas, estaba agotado en la nuevas condiciones.
En un principio, las medidas de finales de la primera mitad de los 90s, presumían una futura y rápida estrategia de reforma económica, sin embargo hubo un largo frenazo y este ha tenido consecuencias.
La percepción del favorable cambio en el contexto latinoamericano de principios de la primera década del siglo XXI y la relativa recuperación de la economía, reforzó la idea de un regreso a las viejas formas, incluidas las que correspondieron al llamado Proceso de Rectificación de la segunda mitad de los 80s, cuyas concepciones no correspondían a la reforma económica que, en mi opinión, debía y debe ser (sobre las propuestas de contenidos de la reforma nos hemos extendidos en diferentes textos desde 1995 a la fecha)
La Batalla de Ideas, como se nombró a ese nuevo periodo que comienza en el último año del siglo pasado, reconectaba con aquel Proceso y aunque sin dudas tenía una dimensión muy positiva desde el punto de vista político, ideológico y movilizativo, incluidas parte de sus políticas sociales, también regresaba formas de gestión económica inoperantes y de limitaciones.
Aquella adolescencia, ahora 10 años mayor, continuó viviendo esa experiencia, entre el entusiasmo y la decepción, movilizada por algunas decisiones de apertura y algunas importantes causas nacionales y a la vez decepcionada por la inestabilidad de las decisiones, lo incompleto de cualquier medida de apertura, la excesiva burocracia y la insuficiente existencia de espacios para expresarse totalmente, etc.
En este contexto, según avanzaban los años, las redes sociales poco a poco fueron adueñándose del espacio virtual, con todo lo bueno (que es mucho) y todo lo malo y perverso (que también es mucho) que ellas traen, todo mezclado sobre un receptor abierto a las más diversas influencias y en no pocos casos con una limitada capacidad de discernimiento y en medio de una situación de carencias.
Para finales de la primera década y principios de la segunda del siglo comenzó a avanzar una mayor conciencia acerca de la necesidad de cambios, el emblemático y en algunos puntos críptico mensaje político de Fidel Castro en sus últimos años, le dio respaldo político a proclamar la necesidad de cambios “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, dejó el espacio a determinar con certeza qué debe ser cambiado?, a lo cual debería seguir, al menos, el más amplio debate de todos, los límites para mi son claros, el proyecto de nación (soberanía nacional, justicia social y desarrollo económico y democrático) todo lo demás es discutible, incluido sectores opositores que no favorezcan la intervención extranjera, ni el apoyo al bloqueo, porque ambas cosas son demasiado criminal y apostatas como para ser consideradas en cualquier débete auténtico y serio sobre el futuro de Cuba. Todo lo demás es parte de la discusión, sea socialista o no.
Documentos muy avanzados para el contexto como Los Lineamientos (2011) La Conceptualización (2016) y la Nueva Constitución (2019), sumado a otras medidas tomadas tempranamente por la presidencia del General Raul Castro, abrieron nuevas expectativas y avenidas para las transformaciones necesarias. El cambio de política de la administración de Barack Obama se colocó en ese contexto y reforzó las expectativas (en mi opinión insuficientemente aprovechadas).
Luego la funesta administración de Donald Trump cerró ese breve capítulo en la mejoría de relaciones y alentó a lo interno nuevas resistencias burocráticas a los cambios, además de que radicalizó de manera escandalosa, irracional y muy agresiva a los sectores extremos (que son amplios) de emigrados cubanos en EEUU.
El proceso de cambios en el modelo económico, ahora parte de documentos oficiales y no sólo de textos académicos, se volvió a hacer lento y desarticulado durante toda la segunda década del siglo, esto afectó a la economía, pero también frustró las expectativas sobre todo de los jóvenes, los que venían de los 90s y los que crecían en los 2000s, todos ya en edad política.
Los motivos de estos frenazos en un proceso que debió haber sido continuo y dinámico nunca han quedado suficientemente claros. El incumplimientos de acuerdos tomados en un congreso del partido, analizados en el siguiente han sido objeto de diversas críticas, así durante más de 10 años, pero el problema no ha sido suficientemente superado.
Regresando al motivo fundamental de este texto: la juventud, digo qué hay que considerar y comprender su evolución y sus diversos pronunciamientos en este contexto difícil, en medio de estas tensiones y estas influencias.
Una economía que, por las razones que sean, incluido el bloqueo genocida y ahora el impacto de la pandemia, así como las insuficiencias y la parálisis internas, no da respuesta suficiente ni a sus necesidades de empleo, ni a sus necesidades de consumo, ni a sus necesidades de inclusión. Tampoco el sistema político le da un suficiente espacio de representación y participación real, menos una razonable y necesaria autonomía en el manejo de sus propias organizaciones y espacios. Una parte de ella viviendo en barrios, que si bien tienen acceso a la educación, a la salud, etc, están llenos de problemas sin resolver, viviendas precarias, mal tratamiento de residuos y aguas, convivencia con sectores marginales, necesidades diversas, etc.
También sumar ciertas señales de conductas que vienen de sectores relacionados con prestigiosas familias históricas o con responsabilidades de gobierno que no siempre son las mejores. Quiérase o no a estos cabe cierta responsabilidad porque debido a lo que simbolizan sus acciones tienen impactos y referencias.
La conducta ética de los cuadros y sus círculos cercanos a todos los niveles es un principio que la revolución promovió siempre, cuando falta hay un efecto de demostración negativo sobre los jóvenes que muchas veces lo usan como argumento para señalar faltas de coherencia entre el discurso y la práctica pública.
Habría que añadir, sin que pueda yo precisar más al respecto, fallas en el sistema educativo, no en su cobertura que es total y democrática, un logro fundamental de la revolución, sino en su calidad, algo más difícil aún, con qué profundidad están aprendiendo la historia, qué valores se están estableciendo bien y sólidamente en la mente de los estudiantes, qué capacidad para pensar críticamente y con capacidad de discernimiento, lo cual es hoy fundamental, se está en un mundo lleno de imágenes y mensajes a través de las redes que los transportan a una vivencia virtual falsa pero promisoria y fantástica, que contrasta con su realidad presencial llena de dificultades e insatisfacciones.
Seguramente la deserción de maestros debido a las limitaciones y el deterioro del salario (algo que se trata de resolver) han tenido un peso en este problema.
Por supuesto, insisto, que el bloqueo tiene una gran responsabilidad en esas insatisfacciones materiales, es más, su objetivo es reforzarlas y hacerlas evidentes, convertirlas en causa de crisis y rupturas políticas, como ha quedado demostrado en los acontecimientos recientes, pero es lo que hay y parece que no cambiará pronto.
No digo de ninguna manera que estos impactos sean así en toda la juventud, pero sin dudas sí en una parte de ella, dentro y fuera del país, no tengo datos para aventurar las proporciones, pero ahí están las evidencias de esas conductas y esos conceptos.
He expresado en varios textos que las condiciones actuales para Cuba y para el socialismo no pueden ser más difíciles (ver, por ejemplo, mi texto Cuba y sus circunstancias), pero esas son las qué hay que enfrentar ya no solo para sostener una alternativa socialista en Cuba, también para mantener el proyecto nacional, amenazado desde fuera y en alguna medida también desde dentro como han demostrado hechos reciente. Nunca se había visto una solicitud tan clara y diversa de intervención militar en Cuba (por minoritaria que sea) sin que esta haya desatado una avalancha de espontáneas condenas dentro y fuera de la isla. De todo, eso es de lo más preocupante.
Cómo imponer la racionalidad, la verdad y la cultura en un mundo de imágenes falsas, de “verdades” alternativas, de falta de valores ético y de ignorancia sobre la historia y la realidad mundial. Donald Trump se fue, quizás sólo temporalmente, pero dejó un fantasma recorriendo los espacios, proclamando y haciendo aceptable uno de sus principios “nunca aceptes una verdad que te afecte, inventa otra que te favorezca”, y el que miente no siempre es rechazado (ya no por razones políticas, sino éticas, lo que es peor) muchas veces es aceptado acríticamente, parece cierto aquello de que en tiempos de crisis los vicios se convierten en virtud.
La batalla por restituir el consenso de la juventud es en primer lugar con su propia participación, una responsabilidad de ellos mismos, en definitiva es su futuro el que se construye.
Pero deben tener conciencia de que no sólo es de ellos, nadie es dueño absoluto del tiempo, después vendrán sus propios hijos y nietos, etc. Cómo se ha dicho, el mundo no es algo que hemos recibido en herencia de nuestros padres, sino algo que hemos tomado prestado de nuestros hijos. Nosotros de los nuestros, ellos de los de ellos, o sea que tienen una responsabilidad histórica y deben tomarla en sus manos, ojalá que con las herramientas adecuadas, la educación, la cultura, el conocimiento, la capacidad crítica, el liderazgo y el compromiso. Persiguiendo el legítimo progreso material, pero con valores éticos, sentido de la nación y capacidad crítica.
Corresponde, creo yo, a las actuales generaciones de dirigentes, con una alta responsabilidad en la toma de decisiones, abrir todos los espacios a este proceso que deben vivir las nuevas generaciones, poco importa si provienen de sectores artísticos, intelectuales, emprendedores u obreros, incluso marginales, estén dentro o fuera del país, todos los que puedan aportar al proyecto de nación.
En mi opinión es una responsabilidad de la política discernir con precisión, no toda expresión o conducta crítica es aliada del proyecto antinacional o proimperialista, aunque también haya mucho de eso. Existe mucho cuestionamiento y reclamos legítimos, algunos seguramente con razón otros no, pero legítimos. Por ejemplo, creo que había una diferencia esencial entre el espectáculo de San Isidro y la protesta del 27 de Noviembre, más diversa, más amplia, más razonable, aunque hubiera de todo y aunque lo primero trató de hegemonizar a lo segundo, pero mucho rescatable, esas diferencias no se trataron adecuadamente, a pesar de un primer esfuerzo de diálogo, se presentó un pliego de demandas que no representaban a todos y que no pudo ser aceptado, lo cual dio lugar a una tensión que las autoridades no lograron superar para conducir a un diálogo más amplio más amplio y constructivo, finalmente se ocluyó ese camino. También hubo consecuencias.Sin inclusión no hay reconstrucción del consenso posible.
Una última referencia sobre el tema al que he dedicado siempre mayor tiempo debido a mi propia profesión, la reforma económica. Al menos en mi caso considero, pudiera obviamente estar equivocado, que la necesidad de la reforma no solo es por razones del funcionamiento eficiente de la economía misma, sino también por su capacidad de inclusión, de abrir nuevos horizontes, de que la juventud encuentre espacios legítimos de realización, de desarrollar proyectos, de prosperar económicamente, de echar a andar su imaginación y su creatividad para oxigenar la sociedad, para darle un sentido y contenido a su vida, a partir de su trabajo, su formación y su talento, ya sea en empresas empresas y/o organismos estatales que le abran espacios de realización y ascenso así como en el sector no estatal, cooperativo y privado de pequeñas y medianas empresas
que debe funcionar con dinamismo, energía positiva y suficiente autonomía.
No me refiero ahora a la dimensión épica de la vida, que se expresa en la defensa de la patria y otros valores supremos, en la participación en momentos históricos extraordinarios, me refiero a esa otra dimensión también esencial de la vida que son las aspiraciones y proyectos personales, familiares, de grupo, las del día a día, la de construir algo sin trabas absurdas (los límites ya se saben cuales deben ser y ahí están las leyes y sobretodo la nueva constitución para establecerlos) todo lo demás deben ser libertades y más libertades, diálogo y más diálogo, relevos y mas relevos.
Por ahí, creo yo, anda el camino para reconstruir el consenso en la mayoría de la juventud, sin el cual cualquier victoria terminaría siendo pírrica. Esto sólo es posible dialogando (sin monólogos) e incluyendo, sin populismo ni discursos vacíos, con objetividad y sin ingenuidades, firmeza y flexibilidad. El momento es esencialmente político, en el sentido profundo de ese concepto.
Un proceso como el cubano tiene que hacer un nuevo pacto con cada generación, no se puede trasladar el mismo pacto en términos de expectativas y espacios de una generación a otra. Lo permanente son solo los principios ya aquí citados (soberanía nacional, justicia social y desarrollo económico y democrático) todo lo demás es objeto de debate, de cambio de progreso, de apertura.
La última intervención del Presidente desde la mesa redonda realizada en el Palacio de la Revolución, donde se analizaron los sucesos del 11 de Julio, así como el discurso en la manifestación del 17 de Julio en el Malecón me pareció que van en ese sentido, hubo firmeza ante la agresión pero también autocritica, reconocimiento de errores propios, reconocimiento de la diversidad que se ha expresado en la protesta, tratando de separar unas motivaciones antinacionales y manipuladas de otras legítimas que expresan descontentos auténticos, esto permite suponer una respuesta política a la altura del momento, ojalá así sea.
Seguramente habrá coincidencias y tal vez muchas discrepancias con estos puntos de vista que aquí he expuesto, ya sería útil si solo contribuyeran en algo al debate fecundo sobre este tema medular, es como lo veo, como lo expreso. El desafío es grande pero superable, aunque es claro que no hay todo el tiempo para lograrlo.
Como no pueden debatir civilizadamente, todo lo que no les sirva a sus intereses, los intolerantes plattistas empiezan a reportarlo. La estrategia es vieja.
Quieren callarte, ya no sé de cuantos sitios me han bloqueado para que no opine. ¿Libertad de expresión?
Ahora el post de la participación del día de ayer frente la embajada de Cuba en México contra el Bloqueo y los ataques de la guerra no convencional a nuestro país de EEUU fueron reportados en facebook y no puedo postearlo.
Otro post del 10 de febrero del 2018 "La Cuba “próspera” de los años 50" que empezó a ocupar los primeros lugares entre los mas vistos esta semana, también ha sido reportado. Son muy "sensibles".
Quieren callarnos, porque sus mentiras tienen patas cortas, carecen de argumentos porque no dicen la verdad, y pretenden crear una realidad virtual paralela que no existe, en eso consiste esta guerra no convencional.
La mentira al mejor estilo Goebeliano, es lo que quieren para nosotros, como si fuéramos unos incautos.
P.D Horas mas tarde , me reportaron 5 publicaciones mas y en estos momentos ya no puedo postear en facebook nada de "Cuba y la Economía"
El presidente de EE UU, Joe Biden, el pasado 15 de julio.TOM BRENNER / REUTERS
Cómo eran antes las cosas: hace unos años, asistí a una reunión en la que el presidente Barack Obama pidió a un grupo de economistas que le dieran ideas no convencionales sobre líneas de actuación política. Lo recuerdo perfectamente diciendo: “No me digan que tengo que gastar un billón de dólares en infraestructuras. Eso ya lo sé, y no puedo hacerlo”.
Cómo son las cosas ahora: la cúpula demócrata ha acordado una propuesta para gastar 3,5 billones de dólares en inversiones públicas de diversa índole, que se debe aprobar por la vía de la reconciliación, además de un plan bipartidista de 600.000 millones de dólares de gasto en infraestructuras físicas. Con todo, algunos informativos se refieren al acuerdo como una derrota de la izquierda porque Bernie Sanders proponía gastar aún más. Obviamente, el acuerdo en cuestión es solo una propuesta, y convertirlo en legislación en la práctica requerirá el consenso de todos y cada uno de los senadores demócratas. Aun así, no cabe duda de que se ha producido un cambio asombroso —un marcado giro a la izquierda— en lo que se considera políticamente realista.
¿Y cómo ha vuelto a coger impulso el gasto millonario? Permítanme que les ofrezca cinco explicaciones.
Primera: la covid-19 y las medidas extraordinarias adoptadas para limitar el sufrimiento durante el coma inducido de la economía han tenido un impacto duradero en la ideología económica. Estaba claro que las ayudas para la catástrofe eran necesarias. Hasta los republicanos votaron a favor. Pero el papel positivo desempeñado por el Gobierno durante la pandemia ha contribuido a legitimar de manera general un papel activo de la Administración.
Segunda: el mito de la reaganomía se ha vuelto insostenible. Antes era normal que los conservadores afirmaran que las rebajas de impuestos y la liberalización de Reagan inauguraron una era de éxito económico sin precedentes. De hecho, a veces todavía lo oigo. Sin embargo, ahora la respuesta a estas aseveraciones es, “Pero tío, ¿tú le has echado un vistazo a la FRED?”, es decir, ¿te has tomado la molestia de consultar las cifras a disposición en sitios como la maravillosamente fácil de utilizar Base de Datos de la Reserva Federal (FRED, por sus siglas en inglés)? El crecimiento económico general ha sido más lento desde 1980 que en las décadas anteriores, y, gracias a la desigualdad creciente, mucho más lento para una familia media. Los salarios reales de la mayoría de los trabajadores se han estancado.
Y aunque la mayor parte de los votantes no consulten la FRED, sí que tienen una idea de cuál es la realidad subyacente. Las políticas de Donald Trump eran una réplica de la fracasada ortodoxia republicana, pero el eslogan de campaña del expresidente reflejaba la conciencia de la ciudadanía de que, en efecto, la era pos-Reagan no había sido tan grandiosa para los trabajadores.
Tercera: los alarmistas de la deuda han perdido casi toda su credibilidad. Las crisis fiscales que no han parado de predecir nunca han sucedido. Los principales economistas han señalado que, aunque las cifras de la deuda parezcan altas, los bajos tipos de interés suponen que el coste posiblemente sea fácil de asumir. Las propuestas presupuestarias de la Administración de Biden hacen constar que, de hecho, los pagos de los intereses reales —es decir, ajustados a la inflación— son negativos. Además, muchos de los que intimidaban al Gobierno de Obama con la deuda dejaron al descubierto sus verdaderos motivos al quedarse callados durante los años de Trump.
Ahora bien, hay que decir que los planes de gasto millonario en preparación incluyen unos costes, es decir, incluyen ahorros compensatorios y aumento de los ingresos, de manera que no comportarán explícitamente el simple endeudamiento para pagar la inversión pública. Pero la disipación del pánico a la deuda significa que los demócratas no van a preocuparse demasiado por lo convincentes que parezcan esos costes.
Cuarto: actualmente, el campo de la economía se basa mucho más en pruebas que antes, y los economistas hemos recopilado una gran cantidad de datos que apuntan a los beneficios del gasto público, especialmente las ayudas a las familias con hijos. Los conservadores seguirán insistiendo en que todo gasto público es un despilfarro, porque es lo que hacen ellos, pero el hecho es que hay pruebas sólidas de que la clase de gasto que proponen los demócratas produce grandes compensaciones. Un inciso: en tanto que el gasto reciba apoyo de los dos partidos, se dedicará a infraestructuras “duras”, como carreteras y puentes, que necesitan mucho trabajo. Pero, por si sirve de algo, los argumentos a favor de los altísimos beneficios que reporta el gasto “blando” en las personas, que constituye el grueso de la propuesta demócrata, son todavía más.
Por último, los republicanos han perdido el interés por la política. Durante los años de Obama, los políticos del Partido Republicano movilizaron a sus bases con mentiras sobre el Obamacare e historias de terror sobre el déficit. Con el presidente Biden, las movilizan con embustes sobre las elecciones robadas y afirmaciones dementes sobre la teoría fundamental de la raza. Está claro que el descenso republicano a la locura es un mal asunto. Sin embargo, la insania ha tenido un efecto perverso, y es que ha ayudado a allanar el camino del programa económico y fiscal de los demócratas. Es verdad que los senadores de la vieja guardia siguen murmurando las habituales acusaciones de socialistasmanirrotosasesinosdeempleos, pero la energía del Partido Republicano se centra en derrotar conspiraciones satánicas imaginarias, y no en obstaculizar la realidad de los planes de gasto demócratas.
Puede que, una vez más, los grandes planes de gasto que están sobre la mesa no se aprueben. Los demócratas cuentan con una estrechísima mayoría en el Congreso, y el fracaso sigue siendo una posibilidad. Pero, ahora mismo, parece que el gasto millonario está de vuelta, y no faltan buenas razones para ello.