Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 1 de abril de 2022

Minindustrias en Cuba: Quieren enlatar la tranquilidad (+ Fotos e Infografías)

 Por: Rogelio Carmenate, Joel Mayor Lorán, Otoniel Márquez, Cubadebate

En este artículo: Agricultura, Alimentos, Artemisa, Cuba, Economía, Fotografía, Industria
 


Tener puré de tomate para varios meses, frutas en almíbar que comer cuando prefiera, vegetales que puedan resistir el paso de los días y hasta semanas, es el sosiego de quien se enfrenta a la cocina a diario en Cuba. Por todo el archipiélago, un sinfín de minindustrias insiste en enlatarles esa tranquilidad.

Les asisten diversos motivos: principalmente, satisfacer la demanda local, añadir valor agregado a sus producciones y reducir las pérdidas poscosecha. Sin embargo, han de evadir no pocos obstáculos.

Empeños que valen oro



Los envases en formato de cinco litros, les encarecen la compra a los consumidores

El afán en La Caprichosa es admirable, porque se traduce en alimentos para el pueblo, contribuye a que nada se pierda en los campos, sino que lo producido esté sobre la mesa, incluso en formas más elaboradas y sabrosas.

Esta minindustria penetra en los hogares de Alquízar, provincia de Artemisa, y gana adeptos en otras regiones de Cuba con su producto estrella: el adobo.

Su permanente presencia en el mercado le ganó hace rato la admiración de muchos. En medio de la COVID-19, le pasaron por encima a planes y números con la voluntad de arribar a los asentamientos, incluso a la distante playa Guanímar, cuando la suspensión del transporte de pasajeros impedía a sus habitantes llegar hasta el pueblo.

Quien demuestra tesón día a día bien puede hablar de inconvenientes en el camino. Argemis Kindelán, jefe de brigada de La Caprichosa, se refiere a los retos que enfrenta esta minindustria, similares a los que de otras.

“Estamos recibiendo envases en formato grande, lo cual encarece la compra por los consumidores: no es lo mismo adquirir un litro, que cinco. Para eso hemos recurrido al nailon, para envasar una cantidad menor.

“No obstante, eso influye negativamente en los ingresos de los trabajadores. Hemos producido más de 10 toneladas de puré de tomate, pero no hemos podido venderlas.

“Además, la Empresa Agropecuaria aprobó pagar el quintal de ajo a 5 500 pesos. Eso elevará el precio de nuestros productos, que a veces incluyen componentes en divisas... Más el pago de la corriente, de la ONAT, el salario de los obreros y el envase a 50 pesos. Aun cuando queremos vender más barato al pueblo, es difícil bajar los precios.

“Una de las alternativas a la falta de envases es llegar a comunidades y asentamientos de Alquízar con esos productos a granel, en botellas o nailon. También hemos vendido en otros municipios como Caimito, Guanajay y Mariel.

“Logramos entrar al Centro de Elaboración y Distribución de Alimentos (CEDA) de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, con yuca congelada, cebollino, vinagre, adobo y mermelada de mango y de guayaba. Hay una gran competencia entre los proveedores de ese mercado. Ahora pensamos incrementar las ventas, luego de un estudio de sus necesidades.

“¿Encadenamiento? Con la CCS Álvaro Reynoso. Ellos aportan viandas y nosotros nailon. Igual le brindamos azúcar, guayaba y nailon a un trabajador por cuenta propia (TCP), y él elabora turrones de maní, barras de guayaba, dulce de coco y coquitos. Esos productos tienen muy buena aceptación. Los certifica nuestra marca.

“A una empresa de plásticos en Santa Clara le compramos 50 000 bolsas de nailon, que sellamos con una máquina comprada a un TCP. Y la Empresa de Recuperación de Materias Primas nos vende las botellas.

“Tenemos contratos con unas 20 entidades, sobre todo con la CPA Héroes de Yaguajay, suministradora de mango y guayaba. Y estamos en el proceso de negociación de precios con Cimex, para la venta en tiendas en línea y en MLC, con el fin de importar envases”.

Actualmente, 11 productos de La Caprichosa están certificados, incluidos el adobo y la crema de guayaba, con perspectivas de exportación mediante la empresa Cítricos Caribe.

“Somos muy cuidadosos con la calidad y la inocuidad. Nuestros productos son examinados por un laboratorio de la industria alimentaria. Aunque estos análisis son costosos, nos dan la medida de la calidad de cuanto producimos y de la garantía para el consumo, a tono con estándares internacionales”, destaca Kindelán.



Una de las alternativas a la falta de envases radica en llegar con sus productos a granel, en botellas o nailon

Esa calidad la confirma Leinis Peña, clienta del mercado agropecuario estatal, que acude habitualmente en busca de adobo, vinagre, aliño y encurtidos. Con ella coincide Madelín González, vendedora del área de productos beneficiados de ese mercado.

Según Yaniuvys Cruz, especialista agroindustrial del Grupo Empresarial Agropecuario y Forestal Artemisa, la provincia dispone de 11 micro y minindustrias activas, la mayor en San Cristóbal, con capacidad para unas 10 toneladas por jornada, y otras en Güira de Melena, Alquízar, Bahía Honda, San Antonio de los Baños, Mariel y la ciudad cabecera, donde ejecutan dos inversiones.

Líderes en Cuba



En busca de adobo, vinagre, aliño y encurtidos, Leinis Peña acude habitualmente al Mercado Agropecuario Estatal

Si se trata de minindustrias, la mayor red del país la tiene la Agroindustrial Ceballos, de Ciego de Ávila, una megaindustria moderna que centra las exportaciones agrícolas de esa provincia.

A diferencia de cuanto ocurre en Artemisa, esa empresa asegura las materias primas a su red y las minindustrias le venden sus producciones. Luego, Ceballos las exporta o vende en línea y les retorna el 80% de ese valor en MLC, con un respaldo en coeficiente de liquidez (CL).

Esto permite disponibilidad de divisas y la importación a través de la empresa, o acceder a materias primas que se venden en esa moneda.

Y cuando compran insumos en dólares, se les descuenta de ese valor, precisa Orisel Mendoza, obrera de la minindustria La Julia, en conversación con la colega Katia Siberia.

La disponibilidad de materias primas y comercialización de sus producciones en moneda nacional o MLC, mediante la empresa agroindustrial, es una importante garantía.

Aunque su demanda asciende a 11 millones, a Ceballos le asignaron 289 000 latas, una cantidad que ni sueñan en otros lugares, y ya las CCS y otras formas productivas tienen potestad para adquirir envases por otras vías.

De todos modos, los precios de las latas oscilan entre 1.17 y 1.40. Al multiplicarlo por 24, salen a 28 pesos, adicionales al costo de la mermelada o cualquier otro producto envasado. Por eso recurrieron a alternativas, como su propia sopladora de pomos.

“De esa manera, sortean obstáculos y abaratan costos, cuando el azúcar subió de 0.16 centavos a 8.50 el kilogramo, y un litro de vinagre para mojito, de 0.70 a 16.10, a lo cual es preciso sumar el costo de las etiquetas. Los nuevos precios de las materias primas alteraron el precio final de los productos”, afirma Siberia.

Agroindustrial Ceballos cuenta con 11 000 hectáreas, 8 000 cubiertas de frutales como mango, guayaba, piña y cítricos. Otras 17 con casas de cultivo protegido, 10 con semiprotegido y las tierras restantes con viandas, hortalizas y granos.

Exporta jugos naturales de frutas tropicales, pulpas asépticas y concentradas de mango, puré aséptico de guayaba, jugos concentrados de toronja blanca, aceites esenciales, papaya sulfitada, piña MD-2 (certificada con la norma internacional Global GAP, paradigma de buenas prácticas agrícolas), mango fresco, ají picante chile habanero y carbón vegetal de marabú.

La demanda de ají picante y chile habanero crece aceleradamente en Holanda, Francia y Canadá, que han adquirido más de 120 toneladas desde 2016.

En la actual campaña de tomate ya convirtieron 4 000 toneladas en más de 600 de pulpa, que utilizarán en las producciones de diferentes salsas, informó a la Agencia Cubana de Noticias Noemí Iglesias Falcón, directora de la unidad empresarial de base (UEB) Conservas de Frutas y Vegetales.

Pedro Manuel Díaz González, especialista en el cultivo del tomate en la delegación provincial de Agricultura, adelantó que esperan asegurarle 7 500 toneladas a Ceballos.

El culpable fue Napoleón



Buena parte de las minindustrias se dedican a procesar frutas y vegetales

Con el proceso de conservación de los alimentos se evita o ralentiza su deterioro, al impedir el crecimiento de levaduras, hongos y otros microorganismos, y  retrasar la oxidación de las grasas que los tornan rancios.

También se inhibe la decoloración natural que puede ocurrir durante la preparación de los alimentos.

Muchos métodos de elaboración incluyen técnicas diversas de conservación. Las mermeladas de frutas implican cocción (para reducir su humedad y matar bacterias, hongos…), azucarado (para evitar que vuelvan a crecer) y envasado en un tarro hermético (para evitar su contaminación).

Igual se pretende mantener o mejorar los valores nutricionales, la textura y el sabor. En muchos casos, el cambio los hace más que apetecibles, como en los quesos, yogures y encurtidos.

Con un proceso de fabricación adecuado, los alimentos no pierden ni un ápice de sus propiedades. Mantienen las mismas proteínas, grasas saludables, minerales y vitaminas que si se consumieran frescos.

Además, incluir en la dieta conservas como las sardinas ayuda a obtener ácidos grasos insaturados, entre estos el famoso omega-3, un ácido de cadena larga que contribuye al funcionamiento normal del corazón, entre otros beneficios.

Por si no bastara, son fuente de hierro, que ayuda a disminuir el cansancio; de zinc, que contribuye al buen estado de uñas, piel y cabello, y de yodo, que favorece la producción de la hormona tiroidea, el normal funcionamiento del sistema nervioso y el buen estado de la piel.

Los alimentos naturales perecen con el paso del tiempo, a veces en pocas horas o en unos días… Hasta que el hombre consiguió encerrarlos en una lata por tiempo indefinido.

Aunque se conocían varios sistemas de conservación (en salmuera, ahumados, en aceite, vinagre o azúcar, mediante desecación…), las garantías sanitarias eran escasas y la fiabilidad muy variable con el transcurso de los días.

En tiempos de Napoleón buscaban un método para conservar los alimentos durante largo tiempo, sobre todo por las necesidades de las tropas francesas.

Nicolás Appert, un modesto y poco conocido investigador francés, ideó introducir frutas y vegetales en gruesas botellas de vidrio, cerradas con corcho y alambre, para someterlas después a una cocción en agua hirviendo. Había descubierto la conserva.

Situación en el país



Al someterse al proceso de conservación, los alimentos no pierden ni un ápice de sus propiedades

Midalys Naranjo Blanco, directora general de Política Industrial del Ministerio de la Industria Alimentaria, destaca cuán diverso es el panorama del procesamiento de alimentos en Cuba.

“Existen 1 176 minindustrias dedicadas al procesamiento de frutas y vegetales, bebidas, productos cárnicos y otras producciones, la mayor parte del sistema de la agricultura, los Gobiernos locales y el Mincin, además de mipymes.

“Con capacidad productiva de unas 37 000 toneladas mensuales, se dedican al procesamiento de frutas y vegetales, carnes y otras producciones como lácteos, pesca, vinagres, vinos, caramelos, fideos y otros derivados de harinas de trigo, arroz, maíz, yuca, a lo que se suman panaderías-dulcerías.

“Hay 2 033 panaderías subordinadas a las empresas alimentarias locales y la Empresa Cubana del Pan, en las comunidades pesqueras, turísticas y en el Plan Turquino”.

De acuerdo con la directiva del Minal, entre las fortalezas para la producción industrial de alimentos sobresalen el diseño estructural de los municipios y los niveles de representatividad, así como el reconocimiento normativo de mecanismos participativos.

Igualmente, destaca la infraestructura básica de servicios; la instrucción de los recursos humanos en cualquier lugar del país con el acceso a universidades, centros de investigación y otras organizaciones, y la existencia de reservas productivas que pueden movilizarse y manejarse en la escala municipal.

Las debilidades están en la “escasa articulación con otros emprendimientos locales, o en zonas aledañas, que les permitan alcanzar otras escalas e inserciones efectivas en las dinámicas nacionales”.

Agrega que tampoco hay sostenibilidad en el abastecimiento de materias primas agropecuarias, pues las capacidades productivas se explotan, como promedio, al 60%.

También menciona la falta de envases de todo tipo (fundamentalmente de hojalata), la inestabilidad de insumos como azúcar y aditivos químicos, y que no se garantiza la sostenibilidad de las instalaciones, al no contar con partes y piezas necesarias para los mantenimientos.

Naranjo Blanco advierte que el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030 prevé fortalecer los encadenamientos productivos de la economía con el sector alimentario y la integración interna, mediante el perfeccionamiento del mercado de insumos, el desarrollo de la minindustria y las mejoras en la logística y comercialización en toda la cadena.

“Debemos potenciar la integración de la gran industria con las locales y las minindustrias, tanto de actores estatales como privados que posean personalidad jurídica, y complementar los alcances, destinos y capacidades tecnológicas.

“La integración no solo responde a una articulación productiva, sino a estandarizar parámetros de calidad e inocuidad de los alimentos.

“Esta visión más descentralizada permite a todos los actores incorporar mayor valor agregado a sus producciones, aumentar la satisfacción de la demanda local, llegar a cada lugar con productos industrializados y, consecuentemente, reducir las pérdidas poscosecha por el acercamiento de las fuentes primarias con la industria”, afirma.

La directora general de política industrial del Minal, compartió con Cubadebate las líneas estratégicas para bases productivas de alimentos.

  1. Desarrollo industrial:

  • Consolidación y desarrollo de las capacidades industriales vinculadas con la producción de alimentos, al lograr encadenamientos productivos entre los actores que aseguran materias primas y los dedicados a esta actividad, tanto estatales como de formas de gestión no estatal y Mipymes, para la diversificación de los productos.
  • Incrementar la generación de electricidad con fuentes renovables de energía, e implantar estas en las principales entidades económicas del sector agroalimentario, así como la producción de gas propano, carbón vegetal y leña para la cocción de alimentos.
  • Aprovechar formas productivas de alcance local, principalmente Mipymes, para el desarrollo de la acuicultura en los embalses territoriales.
  1. Desarrollo de capacidades productivas en las empresas del sector de la industria alimentaria:
  • Incremento y desarrollo de la producción de conformados de productos derivados de la pesca y en la industria cárnica, al fortalecer el encadenamiento entre los actores económicos, con destino social y al turismo.
  • Ampliar las capacidades productivas de conservas de frutas y vegetales, al fomentar la compra directa a los productores agrícolas en las minindustrias diseminadas a nivel territorial.
  • Mejorar el mantenimiento de la maquinaria industrial existente en las unidades productivas dedicadas a la producción de alimentos.
  • Desarrollo de nuevas capacidades de producción de hielo, con destino a la industria cárnica.
  • Permitir el procesamiento industrial de la carne vacuna y porcina; como resultado, asumir los compromisos de entrega que demanda el municipio.
  • Eliminar o reducir, según sea posible, los niveles de insumo o comercialización de materias primas y mercancías importadas (pollo, MDM y salchichas), al asumir entregas de productos cárnicos de producción nacional.
  • Incrementar la producción con destino al turismo, Zona Especial de Desarrollo Mariel, exportaciones y cadenas de tiendas, al diversificar los productos que hoy se comercializan, mediante el apoyo en las producciones de las Mipymes de reciente creación.
  • Resolver el impacto negativo que generan los vertimientos de residuales líquidos de la industria, y minimizar los riesgos biológicos que condicionan la ubicación geográfica de las instalaciones industriales.
  1. Acciones principales para consolidar el desarrollo de la minindustria:
  • Propiciar los encadenamientos productivos de las minindustrias, entregando semielaborados y/o productos terminados a la gran industria.

  • Gestionar e implementar lo refrendado en el Decreto 22 de la Producción Industrial de Alimentos y Bebidas.

  • Garantizar encadenamientos en que las unidades productivas dedicadas a la elaboración de alimentos se beneficien con fuente de financiamiento en MLC.

  • Prever en el plan de la economía las materias primas, insumos y otros recursos para lograr una explotación estable de las minindustrias, así como el cumplimiento de la contratación entre las bases productivas y las minindustrias.

  • Programar y ejecutar el mantenimiento industrial y civil de las minindustrias.

  • Fortalecer los vínculos con los centros científicos y de investigación, en especial con el Instituto de Investigaciones de la Industria Alimentaria (IIIA) y el Instituto de Ingeniería Agrícola (IAgric).

  • Garantizar la capacitación técnica industrial del personal.

  • Priorizar la adquisición de nuevas minindustrias, a través de proyectos de colaboración.

  • Incorporar sistemas de deshidratación solar como nueva línea de procesamiento de los productos.

Cómo lo hace Casa Pesca

Creamos los estanques y los sembramos de peces, afirma Raúl Lastre Fonte, quien dirige la mediana empresa Casa Pesca

Muy acorde con lo abordado por Midalys Naranjo Blanco, Raúl Lastre Fonte le ha puesto el corazón a las ideas y su mediana empresa Casa Pesca, en Bahía Honda, consigue varios de esos objetivos.

No solo satisface a los clientes (lo cual ya es mucho) y asegura utilidades a los trabajadores, sino que logra encadenamientos productivos, desarrolla la acuicultura en embalses construidos por ellos mismos y elabora varios productos derivados de la pesca.

Además, planea exportar y vender a  las cadenas de tiendas en MLC.

“Elaboramos croquetas, hamburguesas, salchichón, jamonada y bacalao, también spam y chorizo. Comenzamos con el servicio de cafetería, luego habilitamos un punto para vender en paquetes, como en un mercado”.

Los dos locales atraen a los bahiahondenses. La oferta invita a comparar, buenos panes con salchichón, jamonada o hamburguesa no cuestan más de 15 pesos, e igual tienen propuestas para quienes prefieren multiplicar los ingredientes. ¿Dónde más?

En el otro establecimiento, los clientes aseguran plato fuerte para la casa o la merienda de los escolares. Encima, el ingenio de Casa Pesca añade un peculiar atractivo: paletas de helado elaboradas allí. Helen Valdés, Dairon Pérez, Rosa Chirino y Orlando González aseguran haberse convertido en habituales de ambos sitios.

“Ahora queremos montar casas de cultivo, dar un valor agregado a esas producciones e incorporarlas al punto de venta tipo mercado. Por supuesto, vamos a abrir un restaurante especializado, desde el cual contribuir al combate contra la inflación. Pretendemos que el pueblo pueda comerse un buen pescado a un precio asequible.

“Y planeamos levantar un ranchón educativo, por llamarlo de algún modo, donde la población pueda ver de dónde sale el pescado que consumen… y hasta pescarlo. Tendría un cable para viajar por encima de todo el proyecto y apreciar los estanques y la pesca”, explica.

Pueden parecer simples anhelos de soñadores, pero no lo son. La cafetería no carece de pan, porque se encadenaron con la alimentaria. Tampoco faltan surtidos, porque disponen de un centro de elaboración propio.

“El 90% de los equipos del centro de elaboración son hechos por nosotros, o estaban en desuso y los rescatamos. Por eso, pese a la subida del costo de lo que no producimos, como los sazones y la yuca, hemos mantenido el precio inicial, pues la materia prima principal es el pescado y lo producimos nosotros mismos”, señala Lastre Fonte.

Más de una montaña ha tenido que inclinarse ante tamaña voluntad. ¿Metáfora? No. Han descarnado varias laderas para crear los estanques hoy sembrados de peces. Cada uno es herencia del sudor de sus frentes.

A partir del cultivo de la tilapia roja pretenden ingresar divisa, “para ser funcionales, hacernos de embarcaciones y adquirir equipos, artes de pesca y útiles que es preciso importar, así como leche en polvo para garantizar el helado a un precio razonable”, sostiene el decidido emprendedor.

“La situación con el dólar y el CL (capacidad de liquidez) nos está trabando. Podemos comprar a empresas, pero no tenemos cómo pagarles. Ellas sí nos pueden pagar, pero no podemos circular ese CL. Tienen sus cuentas en CL y no en dólares; nosotros en dólares y no en CL. Ni manera de convertirlo. Necesitamos abrir esas puertas para adquirir mallas, sazones, latas para sardinas…”, dice.

Indudablemente, es hora de eliminar trabas para que se desate la creatividad y crezcan las producciones y abastecimientos. Que abunden embutidos, sardinas, aliños, mermeladas, puré de tomate… y que la tranquilidad, ¡por fin!, quede enlatada.

No faltan sus surtidos porque Casa Pesca dispone de un centro de elaboración propio



La oferta en ambos locales atrae a los consumidores en Bahía Honda



Palabras sobre Juan Valdés Paz: un caballo en pista fangosa

Por Rafael Hernández


Palabras leídas en el homenaje a Juan Valdés Paz organizado por la Asociación de Escritores de la Uneac, realizado el 11 de enero de 2022 en la Sala Villena.

Conocí a Juan Valdés Paz al final de la Zafra de los Diez Millones, en la calle K, donde estuvo una vez el Departamento de Filosofía. Yo estudiaba Letras y mi vocación no era enseñar Historia de la Filosofía, pero sabía que sin aprenderla de verdad no iba a ninguna parte. Recuerdo sus clases sobre Leibniz y las mónadas, su arrobo por el empirismo lógico, su fascinación con Bertrand Russell, y su identificación con las filosofías de los grandes sistemas — Aristóteles, Kant, Hegel — .
Lo que me gustaba de las clases de Juan, más que la exposición, eran las respuestas a las preguntas de los alumnos. Ahí era donde sobresalía su erudición y sobre todo, su nivel teórico y su originalidad para hacerlo aterrizar.

Los profes del Departamento nos daban clases a los que estudiábamos para instructores como si estuviéramos al tanto de los debates teóricos del momento en el mundo. Aquella cultura pedagógica también parecía asumir que el pensamiento filosófico no podía aprenderse como el álgebra, la gramática o la física, donde se va de lo más simple a lo complejo, sino que cobraba sentido solo cuando uno se colocaba ante los grandes problemas de la filosofía, que no había manera de simplificar, a riesgo de desnaturalizarlos. Esos profes de la calle K se dividían entre los que lograban hacerlo y los que no.

Juan Valdés Paz podía explicar a Leibniz, el Obispo Berkeley o Wittgenstein no como oscuros discurseros metafísicos que reemplazaban la realidad por doctrinas curiosas o improbables, sino como hitos en el desarrollo del conocimiento, la construcción de nuevos problemas y caminos hacia otras verdades. Lograba hacernos entender que todos los filósofos, a su manera, tenían razón.

A diferencia de los que venían graduados de Filosofía y Letras o Derecho, estudios en universidades soviéticas o cursos intensivos para formar profesores de filosofía marxista, Juan Valdés Paz no era ni bachiller. En el clima de seminario que imperaba en la calle K, él era el único realmente autodidacta. Algunos comentaban jocosamente que era «un camionero que había leído mucho». Él no solo había logrado ingresar en aquel grupo tan heterogéneo, por su origen social y sus disciplinas, sino haber sido aceptado en lo que llamaban «los siete sabios». O sea, los líderes intelectuales del Departamento.

El primer texto suyo que conservo no fue un artículo en Pensamiento Crítico, donde nunca escribió, sino una ponencia en el Congreso Cultural de La Habana, en 1968, dedicada a un tema del momento: «Vanguardia, tradición y subdesarrollo», en coautoría con Jesús Díaz. Los del equipo de traducción del Congreso, donde yo me había colado, pasábamos trabajo para poner aquellos párrafos complejos en francés o inglés. Por ejemplo:

Entendemos por vanguardia, en el sentido de la evolución artístico-cultural, a la relación dinámica producida por movimientos con un grado de conciencia de sus objetivos inmediatos; ……….. que incluye las nociones de ruptura y aporte, como resultado de su tarea de experimentación y búsqueda, cuya gestión resulta siempre revolucionaria en el plano axiológico, y tiende a serlo en el plano político-social; que se realiza siempre en oposición crítica con la tradición, a la vez que incluye el sentido de la continuidad esencial de la misma, para convertirse también ella, en tradición viva en la medida en que estabiliza sus logros.

En aquella ponencia, el papel de la vanguardia intelectual quedaba definido por oposición tanto «a los grupos de intelectuales que representan la defensa del tradicionalismo y los intereses reaccionarios» como a «los grupos que representan el populismo y el dogmatismo».

Me he remontado a las ideas de Juan antes del CEA para entender lo que traía consigo cuando llegó a nuestra sede, en la Tercera Avenida de Miramar. Y porque ilustra, como en una nuez, la carga conceptual y política que acompañó su desarrollo, desde su fundación en 1978 hasta la crisis de 1996. Como es obvio, entender el papel de Juan en el CEA requiere tener presente el contexto de transformaciones culturales, intelectuales y políticas que tuvieron lugar a lo largo de esos 18 años, durante la mayor parte de los cuales él estuvo construyendo la institución; y también la distancia histórica que lo separaba de lo que nos tocó vivir en la calle K.

Creado como un think-tank del aparato auxiliar del Comité Central del Partido, subordinado al secretario de Relaciones Exteriores, cuando Juan ingresó, en 1980, el CEA ya había pasado a la atención directa del Departamento América.

Su objeto de estudio, levemente desmesurado, abarcaba el sur de América Latina, la Cuenca del Caribe, incluyendo Centroamérica, y también los EE.UU. y Canadá. Cuando Juan y yo nos sentamos con el Departamento de América — léase, Germán Sánchez — a diseñar su estructura, estaba cantado que íbamos a priorizar nuestro entorno geopolítico: Centroamérica, donde se había desencadenado una nueva ola de guerras de liberación; el Caribe, donde varios países insulares — Jamaica, Barbados y en especial Granada — creaban un entorno especial para la política cubana; y los EE.UU., por razones obvias.

Al frente de los estudios sobre Centroamérica, Juan tenía por delante países tan poco tratados en la academia cubana como Honduras y Costa Rica; y que atravesaban conflictos como Nicaragua, El Salvador y Guatemala, cuyas revoluciones ocupaban la primera plana de la prensa norteamericana y europea. Su labor no era precisamente seguirle el curso a aquellas guerras, sino entenderlas con los hierros de las ciencias sociales.

Para hacerlo, el profesor de Historia de la Filosofía, ya graduado de Sociología en la Universidad de La Habana, y experto en problemas agrarios, con experiencia en el INRA y el MINAGRI, tenía que enredarse con otras sociedades rurales, estructuras sociales y problemas políticos muy distintos a los nuestros. De manera que sus innumerables libreros empezaron a llenarse de volúmenes, recortes de prensa, folletos, con nombres como Edelberto Torres Rivas, Gabriel Aguilera Peralta, Manuel Alcántara, Nora Hamilton, Manuel Pastor, Rafael Cuevas, Alfredo Guerra Borges. Casi todos estos acabarían siendo sus amigos, como es natural.

Porque Juan, según se sabe, tenía la capacidad de seducir — literalmente — a cualquiera, así como un sentido avasallador del significado de la amistad, como algo que ocurre instantáneamente, a la cubana, pero que él ejercía con el virtuosismo de un arte mayor. Nunca he conocido a nadie que haga tantos amigos, y sobre todo, con tal sentido de la fidelidad y la dedicación.

Para alguien que llevaba lecturas a todas partes y que interrumpía la conversa en un vuelo trasatlántico solo porque tenía que terminar de leer una novela, las horas invertidas diariamente en atender a sus amistades eran un enigma para mí. Un día descubrí que en una libretica donde anotaba todas sus tareas también ponía llamar o ir a ver a sus amigos, cada día y no importaba lo que tuviera que hacer.

El flujo de intercambio con lo mejor de la academia en el hemisferio le proporcionó a Juan, y a todo el equipo del CEA, una perspectiva y una visibilidad internacional que otras instituciones académicas, centradas en cooperar con la URSS y el campo socialista, no tenían. Sin embargo, su rasgo distintivo como instituto de estudios no radicaba ahí, ni tampoco en ser una dependencia del Comité Central.

A pesar de que algún investigador comentó horrorizado una vez «están queriendo rearmar aquí el Departamento de Filosofía», la principal huella de la calle K en el CEA no fue el puñado de sus antiguos miembros reencontrados en Tercera Avenida, sino el concepto de una autosuperación basada en seminarios internos, que construían una problemática y un referente intelectual diferentes a otros centros de investigación.

Esta práctica, a cuyo nivel teórico, estilo analítico y ambiente discutidor, contribuyó Juan de manera decisiva, resultó clave para articular un equipo entre investigadores con orígenes muy disímiles. En aquel CEA concurrieron graduados de Historia, Economía, Sociología, el Pedagógico, academias diplomáticas de la URSS, Psicología, profesores de marxismo-leninismo, veteranos del antiguo Departamento de Filosofía, chilenos y cubanos graduados en la Ñico López, marxistas argentinos, junto a diplomáticos, ex-oficiales y colaboradores de lo que fue una vez la Dirección de Liberación Nacional al mando del comandante Manuel Piñeiro.

En ese conjunto variopinto, Juan tuvo desde el principio una influencia intelectual y moral particular. Esta no provenía de su cargo, su gracia personal o su especialidad como investigador, sino en su capacidad para enseñar y aprender de todos. En el CEA no hubo nunca «siete sabios», ni una revista teórica dedicada a difundir a los pensadores marxistas del Norte y del Sur, sino más bien a analizar circunstancias históricas concretas y conflictos políticos muy específicos, y a difundir el trabajo de todos sus investigadores. Así que la diferencia entre los que más sabían y los demás no se expresaba en jerarquías ni grados científicos, sino solo se revelaba a través de niveles de análisis y rigor en el conocimiento. Según una de las brillantes frases de su segundo director, Santiago Díaz Paz, Juan era «un caballo en pista fangosa» que siempre podía darle un giro inesperado al debate.

Esa cualidad suya se mostró con especial intensidad durante las 56 horas de discusión con la Comisión del Buró Político designada para analizar el caso CEA en 1996.

Trece años antes de aquella crisis Juan había visitado los Estados Unidos, en un viaje que ambos hacíamos por primera vez. Fue un mes entre Gainesville, Nueva York, Boston y Miami, donde aprendimos muchas cosas y aunamos amistades que han durado 40 años. Los temas de nuestras conferencias, el conflicto centroamericano y las relaciones Estados Unidos-Cuba, eran de gran interés en todas las universidades e instituciones de investigación donde estuvimos. Al final de cada sesión las preguntas sobre lo que estaba pasando en Cuba llovían. Regresamos con maletas llenas de libros que Juan se echaba literalmente al hombro y la noción de que, para poder contestar decentemente aquellos cuestionarios, debíamos ponernos a estudiar a Cuba.

No imaginábamos que esos estudios cubanos paralelos, ni que la fusión de visiones teóricas marxistas y debate de ideas sobre la realidad americana que fomentábamos en el CEA, iban a ser interpretadas como una desviación de nuestra misión, y una caída «en la tela de araña urdida por los cubanólogos extranjeros, en verdad servidores de Estados Unidos en su política de fomentar el quintacolumnismo». En un momento pasamos de recibir felicitaciones por nuestra contribución al trabajo del PCC, a «entremezclar ingenuidad con pedantería, abandono de principios clasistas con la tentación de viajar y editar artículos y libros al gusto de quienes pueden financiarlos», a convertirnos en «cubanólogos con ciudadanía cubana y hasta con el carné del Partido».

Escuchamos que algunos de nosotros editábamos «publicaciones que sin recato subastan no pocas de sus páginas». Que «aunque usan también fondos que les entregan algunas instituciones culturales del país, dejan entrever que recibirán donativos del extranjero sin ceder en nada». Que el «modelo para algunas de estas publicaciones especializadas, era Pensamiento Crítico, la revista que desempeñó un papel diversionista en la década del 60».

Habiendo leído antes algunas de estas frases en cartas de denuncia contra la revista Temas — que ya yo dirigía — destinadas a la dirección de la Revolución, sabíamos quiénes habían redactado los párrafos de aquel Informe.

En la sesión del núcleo del CEA dedicada a evaluar su desempeño como militante al final de aquel año 1996, «luminoso y triste», dije que Juan había sido nuestro líder en aquellos debates con la Comisión, y contribuido a mantener nuestras posiciones con la cabeza fría, sin ceder a provocaciones ni a otras movidas inesperadas. Como cuando hubo que enfrentar al director designado para intervenir el CEA en su intento de acusarnos por supuesta malversación de fondos, al punto de que el propio jefe de la Comisión tuvo que halarle las riendas. O cuando a un agente acusador designado se le ocurrió enmendarnos la plana teórica y poner en entredicho el marxismo del CEA como diversionista, y Juan lo paró en seco y desarmó sus argumentos en tres minutos, sin que se le alterara la voz. O cuando uno de los redactores del Informe contra el Centro, dando puñetazos en la mesa, amenazó con que tenía el mandato del Segundo Secretario para sancionarnos a todos y retirarnos ahí mismo el carné del Partido. Me parece estar viendo ahora la expresión imperturbable de Juan, en el silencio tenso que siguió a aquel exabrupto, y que desembocaría en la ausencia de este fiscal en las sucesivas reuniones.

Hablando luego sobre los años compartidos en el CEA, coincidíamos en dos cosas. La primera, que nuestro trabajo no se perdió, sino quedó como legado intelectual y político, reconocido por estudiantes e investigadores cubanos y extranjeros hasta hoy, por su contribución a las ciencias sociales, e imborrable de la historia del pensamiento y la cultura de la Revolución. La segunda, que a ninguno de los dos nos interesaba rehabilitación alguna, pues esa misma historia posterior se había encargado de poner a cada cual y a cada cosa en su sitio, más de lo que hubiera podido ninguna rectificación.

Como nuestras conversaciones por teléfono siempre empezaban con burlarnos uno del otro, juego que a él le encantaba, yo le diría hoy, en esa misma cuerda: «¿Quién te iba a decir, Juan Valdés Paz, que los jóvenes intelectuales iban a andar anunciando que quieren ser como tú? Después de tantos dimes y diretes, terminaste en algo parecido a ‘Somos continuidad’. Compadre, ¡qué cosa más grande!». Y me parece sentir ahora mismo el estruendo de sus carcajadas.

jueves, 31 de marzo de 2022

La cultura de las empresas emergentes llega al mundo


MILÁN – Alguna vez las empresas emergentes y de rápido crecimiento fueron dominio exclusivo de Silicon Valley y Seattle, pero ya no es así. Estados Unidos cuenta actualmente con varios focos de innovación, entre ellos, Austin, Miami, la Ciudad de Nueva York y Washington D. C. En los últimos años también surgieron nodos similares en Europa, entre los que se cuentan Ámsterdam, Berlín, Helsinki, Londres, París y Estocolmo. Pero este fenómeno ya no se limita a las economías avanzadas de Occidente. De hecho, la cultura de las empresas emergentes se volvió global.

Al tope de la lista de innovadores está China, la India la sigue de cerca. Pero hay unicornios (empresas privadas con una valuación de más de mil millones de dólares) en una amplia gama de países —entre ellos, mercados emergentes y las nuevas economías avanzadas como Brasil, Indonesia, Israel, Japón, Nigeria, Singapur y Corea del Sur—.

La mayor participación de empresas de alto crecimiento corresponde a la de tecnología financiera, o empresas de tecnofinanzas (también llamadas fintech). Las siguen de cerca otros sectores clave como el comercio electrónico, los servicios y programas informáticos para Internet, la atención de la salud, la tecnología educativa (EdTech), la inteligencia artificial, la seguridad informática y la logística para cadenas de aprovisionamiento y entregas. Hay un hilo conductor obvio: la economía digital,

Ciertamente, eso no explica todo. También podemos encontrar actividad, crecimiento y creación de valor significativos en sectores relacionados con la transición hacia las energías verdes y la economía circular. Por ejemplo, Back Market —con sede en París y una valuación de 5700 millones de USD— facilita el reacondicionamiento y reciclado de productos electrónicos, ayudando así a solucionar el creciente problema de los residuos electrónicos. Las ciencias biomédicas —con sus aplicaciones en medicina, salud, agricultura y biología sintética (el diseño de nuevas partes, dispositivos y sistemas biológicos, o el rediseño de los existentes en la naturaleza)— es otra área notable de innovación.

Pero la esfera digital demostró ser un terreno especialmente fértil para la innovación en todo el mundo. Esto refleja en gran medida su creciente accesibilidad, fundamentalmente gracias a la rápida expansión de la Internet móvil. Actualmente hay más de 6600 millones de teléfonos inteligentes en uso y el mercado de servicios digitales a través de internet es gigantesco: incluye al 84 % de la población mundial.

Igualmente importante es que la combinación de inversión pública y privada aumentó la velocidad y calidad de las conexiones de Internet móvil y redujo tanto el costo de los dispositivos con acceso a Internet como el de la transmisión de datos. Como escribí el año pasado, la India es un excelente ejemplo de la forma en que la disponibilidad y asequibilidad apoyan el surgimiento de nuevos ecosistemas económicos donde pueden florecer la innovación, la actividad emprendedora y los servicios ampliados para los consumidores.
Las escasas barreras al ingreso a los mercados también aportan lo suyo: los requisitos de capital son bajos y la oferta de talento creativo disponible para nutrir de personal a las empresas emergentes es abundante y sigue creciendo. Además, para muchas empresas de servicios digitales los costos suelen concentrarse en los programas informáticos y el desarrollo. Los servicios accesibles de computación en la nube eliminan la necesidad de crear y gestionar una vasta infraestructura informática. El costo marginal de agregar clientes potenciales es entonces bajo. Aumentar la escala tal vez no sea un desafío trivial, pero tampoco es tan caro.

Y hay mucho margen para aumentar la escala. Para las empresas basadas en Internet, el mercado total al que pueden aspirar suele ser grande. En muchas áreas, como la de los programas informáticos, abarca el planeta entero. Hay estimaciones chinas que indican que la distancia promedio entre compradores y vendedores en las plataformas de comercio electrónico es de aproximadamente 1000 kilómetros (621 millas), mientras que en el caso de los vendedores minoristas o empresas de servicios tradicionales es de 5 kilómetros.

Las empresas basadas en Internet —desde las de comercio electrónico hasta las de tecnofinanzas y EdTech— no solo captan clientes que antes compraban a las empresas tradicionales, llegan además a consumidores a los que las empresas tradicionales nunca habían alcanzado. En las economías en vías de desarrollo, en particular, el incentivo para invertir en infraestructura digital y la expansión de la Internet móvil es entonces extremadamente importante, ya que alinea los modelos orientados a la generación de beneficios de las empresas privadas con la meta del crecimiento económico inclusivo.

Aunque Internet eliminó muchas barreras geográficas, las empresas de gran crecimiento no pueden surgir en cualquier parte. De hecho, podemos encontrarlas en más países que nunca, siguen concentradas en centros emprendedores. Por ejemplo, de los 24 unicornios alemanes (en marzo de 2022), 17 tienen sede en Berlín y 5, en Múnich. De los principales 24 unicornios franceses, 19 tienen sede en París y 1, en un suburbio parisino.

Esta concentración refleja la importancia de los ecosistemas locales que apoyan las actividades emprendedoras, entre ellas, el sector del capital de riesgo, las plataformas de capital de expansión, los servicios legales y de búsqueda de personal, y marcos regulatorios eficaces. Una infraestructura diversa de equipos y programas informáticos también puede mejorar la eficiencia y el dinamismo del proceso innovador, pero eso tiende a desarrollarse con el tiempo.

Las multinacionales suelen impulsar los avances en esos sectores de apoyo, aplicando su experiencia, capacidad y conexiones mundiales. Pero estas firmas no implementan simplemente el mismo modelo de negocios en nuevos entornos exportando personal existente para impulsar los procesos. Debido a que las oportunidades varían de un país a otro y que para cubrir las necesidades locales es necesario entender los problemas locales, las empresas deben buscar talento con conocimiento detallado de las condiciones locales y vínculos con los emprendedores locales.

Ese talento debe integrarse a una estructura y cultura empresariales cohesivas, pero es una red local extremadamente interactiva —y, decididamente, no virtual— la que conforma el núcleo del ecosistema empresarial que puede facilitar la transformación de ideas innovadoras en empresas viables. Los inversores de riesgo experimentados suelen ser un componente clave de esa red, al igual que los inversores que se consideran a sí mismos como creadores de empresas en vez de simplemente tomadores de riesgo. Las universidades suelen desempeñar un papel importante porque tienden a ser lugares abiertos de reunión y fuentes de emprendedores potenciales jóvenes.

En esta era digital, todos los países pueden y deben procurar desarrollar nodos de emprendimiento innovador, pero para tener éxito deben cultivar sus ingredientes clave, especialmente el capital humano, la infraestructura de redes digitales, un entorno regulatorio favorable y políticas que fomenten el financiamiento. En todos sus esfuerzos deben aplicar la comprensión de las características de los ecosistemas locales en los que florece la innovación. Los emprendimientos tecnológicos se tornaron globales, pero su corazón sigue siendo local.

Traducción al español por Ant-Translation

MICHAEL SPENCE, a Nobel laureate in economics, is Professor of Economics Emeritus and a former dean of the Graduate School of Business at Stanford University. He is Senior Fellow at the Hoover Institution, serves on the Academic Committee at Luohan Academy, and co-chairs the Advisory Board of the Asia Global Institute. He was chairman of the independent Commission on Growth and Development, an international body that from 2006-10 analyzed opportunities for global economic growth, and is the author of The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World (Macmillan Publishers, 2012).

Los granos amargos (y escasos) del azúcar

 

El país vive una situación tensa con la producción y distribución del azúcar. Con las toneladas disponibles se establecen prioridades dentro de las prioridades. Fotos: Sayli

A veces no hacemos las conexiones, pero siempre que un central en Cuba no muele o se detiene en medio de la zafra, se tambalea el consumo interno de azúcar. El ciudadano promedio solo lo advierte cuando en la bodega le dicen que, por ahora, se venderán dos libras per cápita, de un solo color, que las otras están en camino. José Enrique Lemos Frómeta, sin embargo, las empieza a contar desde que toca sembrar los canutos de caña.

En su pequeña oficina de la Subdirección Global de la Dirección Provincial de Economía y Planificación, en ocasiones faltan escaques al documento Excel y en otras sobran. Digo sobran porque hay más espacios en blanco, como ahora, cuando debe decidir en qué porcentajes se reducen las asignaciones de azúcar a los organismos y destinos bajo su jurisdicción. Algunos ajustarán al 50 por ciento de sus necesidades, la mayoría casi al 100.

Con aplomo trata de destejer los rumores que desde inicio de año atraviesan la provincia, sabiendo que lo dicho hoy puede cambiar en un mes (o menos): la cuota mensual de la canasta normada está asegurada en abril.

Para el momento en que intercambiamos preguntas y respuestas ya la Empresa de Productos Lácteos avileña tenía en su poder una notificación del Departamento de Registro y Control Sanitario del Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología en Cuba. Fechado el 17 de marzo último, el documento autorizó la comercialización temporal del yogur de soya con contenido de azúcar entre el cuatro y el ocho por ciento. El permiso es válido por tres meses. Ese lapso, no obstante, podría extenderse.

Zafra de sobrevivencia

Es lo que uno deduce si, luego, relee una nota de prensa del último día del año pasado, cuando se anunció que la zafra 2021-2022 tendría resultados “discretos”. Sabemos de eufemismos. Discreto es igual a 911 000 toneladas (t) del grano dulce planificadas, extraídas a poco más de 10 millones de t de caña, sobre el papel.

Discreto es una disminución de 290 000 t en el estimado con respecto a la molida real de 2020-2021, que ya había sido catalogada como la peor en más de un siglo. Muy discreto es ese 64 por ciento de las hectáreas a sembrar el año pasado, que darían la gramínea para la presente zafra. O sea, discreto es muy poco.

azucarLos módulos de alimentos donados a Cuba y repartidos gratuitamente a la población contenían un kilogramo de azúcar refino

Y cuando el azúcar de la azucarera propia depende del desempeño de la industria local, más se siente la tensión. Como en años anteriores, el país ha debido restar toneladas de la exportación para garantizar el consumo interno y evitar, a toda costa, verse en la obligación de importar ─tal cual sucedió en septiembre de 2018. En 2022, para endulzar cualquier cosa en Ciego de Ávila, habrá que mirar solo a los centrales avileños. Las noticias, empero, hablan de atrasos, roturas industriales, gramínea derivada hacia Sancti Spíritus y un central casi nuevo de paquete que apenas ha molido.

Por eso José Enrique Lemos Frómeta habla de una “zafra de contención”, que al menos detenga el retroceso sostenido de la industria en las últimas dos décadas. Salvar fue el término empleado por el General de Ejército Raúl Castro en una misiva enviada al Consejo de Ministros en junio del pasado año y cuyo plan de medidas y acciones fue aprobado por el III Pleno del Comité Central del Partido en diciembre. Repito, salvar.

La urgencia del concepto alude a los recortes que ya son insostenibles. En 2021, explica el Subdirector de Economía, se aseguró la canasta básica, pero el consumo social e intermedio sintió el ajuste. El primer trimestre de 2022 va por el mismo camino y lo ilustra con un ejemplo. Un gigante como la Industria Alimentaria en el territorio necesita 150 t de azúcar crudo y 150 de refino como promedio cada mes. “Hasta ahora solo hemos podido entregar unas 45, de crudo”.

─ ¿Para qué alcanzan esos volúmenes?

─ Solo cubren la elaboración del pan normado y el que va a los organismos.

En total, Ciego de Ávila demanda 5 046 t de azúcar blanca y 7 190 de “prieta” que, ahora mismo, podrían no estar almacenadas ni producidas. Estamos hablando, únicamente, de la cuota per cápita, del consumo en hospitales, escuelas, hogares de ancianos y embarazadas, y la oferta de la Gastronomía y la Alimentaria. Eso deja fuera, por ejemplo, el suministro mayorista a los nuevos actores de la economía y la venta liberada.

Además, la elaboración de jarabes y medicamentos de la Medicina Natural y Tradicional requiere 119 t.
Es entonces cuando Lemos Frómeta apunta lo que ya nos imaginamos: el plan de producción de azúcar garantiza la canasta básica (prioridad entre las prioridades) en la medida en que se cumpla la zafra.

rueda centralEn marzo varias roturas en las dos industrias que realizan la zafra azucarera en Ciego de Ávila limitaron los parámetros de eficiencia y productividad.

Sin azúcar no hay país

De honrar los estimados dependen, asimismo, las asignaciones centralizadas para empresas de subordinación nacional enclavadas en la provincia. A través de sus organizaciones superiores de dirección empresarial, imprescindibles como Lácteos, Empresa de Bebidas y Refescos y Agroindustrial Ceballos reciben la notificación de sus cuotas, mas, el azúcar sale de los mismos almacenes de la Empresa Mayorista de Productos Alimenticios.

Hasta marzo, de un plan anual de 4600 t, Ceballos había recibido poquito más de 400, que no alcanzarían siquiera para empezar a endulzar las barras de guayaba cuando llegue el pico de producción. Alba Elizabeth González Rodríguez, directora general de la entidad avileña, todavía no está todo lo tensa que podría, pues la falta de envases está retardando el efecto de la reducción.

pasta guayabaNuevos actores como la mipyme Media Luna no tienen asignaciones centralizadas de azúcar

Por el momento, los jugos con destino al Turismo cruzan el peaje con los azúcares naturales de las frutas y, como en sentido general los extranjeros consumen menos sacarosa que los nacionales, tampoco se ha notado demasiado su falta. Mientras, las pulpas se almacenan en sacos asépticos dentro de bins (contenedores) de madera de una tonelada, a la espera de otros destinos.

El ajuste para la EMBER también es importante, aunque ahora mismo no sea la causa por la que los planes de producción de rones, vinos y refrescos se comporten por debajo del 25 por ciento. Belkys Rodríguez Fajardo, directora productiva, refiere que en el caso de los refrescos lo que más golpea es la falta de esencias, y en los rones, los alcoholes.

Otro efecto de zafras deficientes. Sin caña no hay azúcar, mieles, energía ni alcohol. Caña es más que azúcar, reza el lema del grupo AZCUBA.

Rescataría el investigador español Antonio Santamaría García un viejo axioma “sin azúcar no hay país”, al estudiar el período entre 1919 y 1939, en el que Cuba fue de la “danza de los millones” al tiempo de las “vacas flacas”. La Historia, dando una vuelta sobre sí misma.

“Probé un helado de mango y soya que no sabía a mango ni estaba dulce”, le digo en broma a Yulema Yero Pérez de Corcho, directora comercial del Lácteo, y ella sonríe con una sonrisa amarga. A los quebraderos de cabeza por la falta de leche suma ahora una disminución del 50 por ciento del suministro de azúcar. La decisión del Departamento de Registro y Control Sanitario del Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología la autoriza a rebajar el dulzor del yogur, pero no hay cómo sentirse bien con esa medida.

Si bien es cierto que organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud han alertado sobre los efectos del consumo excesivo de azúcares ─ por su vínculo directo con la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes mellitus y el sobrepeso mórbido─ y los cubanos nos reconocemos “dulces” por antonomasia, la actual circunstancia no se trata tanto de cumplir estándares globales como de un déficit real.

Un déficit que atenta, también, contra la durabilidad de las elaboraciones; es conocido que, a falta de conservantes, en Cuba se agrega más azúcar para alargar los períodos de caducidad de pulpas, mermeladas y conservas de frutas.

La estabilidad en el consumo interno del dulce grano, como apuntaba Lemos Frómeta, no empieza con el pitazo de los centrales. Está en el campo y cojea cada vez que se siembra menos de lo planificado o la caña no tiene los rendimientos posibles. En el III Pleno del Comité Central del Partido se aprobó 93 medidas para empezar a salvar la agroindustria azucarera, pero los resultados no se verán inmediatamente.

Toca capear el amargor, sin perder la dulzura.