Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 2 de abril de 2022

La planificación urbana y el manejo de los recursos

 1 abril 2022, LJC

Planificación

La crisis del planeamiento tradicional

El creciente cuestionamiento a la conveniencia y utilidad de la planificación no es exclusivo de la economía, también ha alcanzado el ámbito de la planificación territorial y urbana. Planificar requiere un mínimo de estabilidad en un contexto en el cual imaginar un futuro deseado y los modos de concretarlo. Sin embargo, es un hecho que en los últimos decenios se han acelerado los cambios socioeconómicos a escala global, en particular por la revolución tecnológica (sobre todo en el transporte y las comunicaciones).

En un pequeño país como Cuba se incrementan los niveles de incertidumbre y vulnerabilidad, al presentar una economía abierta y dependiente de altibajos en los precios mundiales, variaciones en los flujos turísticos, cadenas de transporte internacional, junto a la incidencia incontrolable de acontecimientos externos: el bloqueo norteamericano, guerras, pandemias o eventos meteorológicos adversos.

No siempre fue así. La integración de la economía cubana en el sistema económico del socialismo europeo y sus planes quinquenales permitió, en las décadas del setenta y ochenta, disfrutar de bases relativamente solidas sobre las cuáles formular planes de desarrollo a largo, medio y corto plazo.

El planeamiento físico se articulaba al proceso inversionista por medio de la macro y micro localización de todas las inversiones previstas en los ámbitos productivo, de servicios, vivienda e infraestructural. En ese marco, la planificación física actuaba no solo «traduciendo» los planes económicos a sus aspectos territoriales, sino que se constituía en contraparte a las exigencias sectoriales de eficiencia económica por parte de los ministerios, al defender criterios de equidad social —por ejemplo, en la distribución espacial del empleo— así como de protección al medio ambiente.

Ese escenario permitía diseñar con bastante detalle las soluciones deseadas a largo plazo en el uso del suelo, localización de los programas industriales, grandes infraestructuras, etc., desde la escala nacional hasta los planes directores de las ciudades. La brusca y dura crisis de los años noventa trazó un panorama radicalmente distinto al evidenciar la inutilidad del planeamiento de futuros lejanos cuando era casi imprevisible el presente.

Planificación

Mapa de Cuba, 1819

El nuevo escenario cubano

Es sintomático que el propio Instituto de Planificación Física —ahora de Ordenamiento Territorial y Urbanismo (INOTU)—, haya considerado oportuno desplazarse terminológicamente de una ambiciosa «planificación» a un más prudente «ordenamiento». El debate internacional sobre la inutilidad de una planificación urbana detallada a largo plazo se ha superpuesto, en el caso de Cuba, a otra polémica referida al eje plan y mercado.

Sin caer en extremismos que absoluticen el papel de uno u otro cual mecanismos de asignación de recursos, hay que tener en cuenta la tendencia actual a una mayor diversificación de los sujetos socioeconómicos y de los centros de toma de decisiones.

En un escenario que liquidó de forma casi absoluta la propiedad privada y centralizó de manera radical la toma de decisiones, tenía sentido una planificación física al servicio de un único dueño —el estado—, que localizaba sus inversiones de acuerdo a las políticas adoptadas, aseguraba la coherencia de las obras y preveía y trazaba las infraestructuras necesarias a largo plazo.

Ello no impedía que se generaran problemas como la insuficiente previsión de suelo para la vivienda por esfuerzo propio, o las contradicciones en la toma de decisiones entre los intereses sectoriales y los sociales o ambientales; pero se trataba de un modelo factible en su contexto.

En la medida en que cambió el escenario económico y político y empezó a conformarse, en el último decenio, un modelo regido por otros principios: descentralización, diversificación de actores sociales, aparición de miles de pequeñas y medianas empresas privadas y cooperativas; el papel del mercado empezó a adquirir otra magnitud y, con ello, varió el papel de la planificación.

Surgieron entonces preguntas insoslayables: ¿Cómo transformar y adecuar el planeamiento físico a un planeamiento económico en evolución? ¿Tiene sentido diseñar en detalle un futuro incierto? ¿Cuáles son los límites en la capacidad de planificar y decidir centralmente las inversiones? ¿Cómo armonizar las miles de decisiones y transformaciones urbanas autónomas?

¿No habrá que reforzar los aspectos normativos del ordenamiento territorial —regulaciones urbanas—, en un marco en que se han multiplicado los actores —gubernamentales, empresariales y comunitarios—, que inciden en la transformación de las ciudades?

Planificación

Croquis de la ubicación de la ciudad de La Habana, 1610.

El modelo de planificación y la descentralización

Es imposible examinar, evaluar o diseñar un modelo de planificación sin tomar en cuenta la estructura política, administrativa y de gestión económica del país en cuestión. Se comprende que en una primera etapa el gobierno revolucionario haya requerido estructuras muy centralizadas para acometer transformaciones radicales y enfrentar fuertes obstáculos sin disponer de cuadros suficientemente preparados, ni de una infraestructura legislativa e institucional adecuada.

Ello agilizaba la toma de decisiones, pero conformó también una institucionalidad y una cultura de ordeno y mando que privilegia la disciplina sobre la creatividad, baja decisiones con rapidez y efectividad, pero frena u obstaculiza que suban opiniones o propuestas diversas desde la base, es decir, desde los territorios.

Varias veces se ha intentado modificar el modelo para hacerlo más participativo. La Constitución de 1976, que concluyó el llamado «proceso de institucionalización», pretendía transformar esa tendencia mediante el sistema del Poder Popular —que debía facilitar la participación—, y de una división político-administrativa más cercana a la base. Un segundo impulso descentralizador se desarrolló de manera espontánea en el inicio del Período especial, al debilitarse las estructuras estatales y multiplicarse las iniciativas no gubernamentales, con mayor protagonismo de la sociedad civil.

El tercer intento viene desarrollándose desde que Raúl Castro anunció un proceso de reforma cuyo contenido se ha plasmado en documentos como los Lineamientos, el Plan de desarrollo al 2030, la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista o la propia Constitución del 2019.

Esos impulsos han sido frenados por intereses creados en el cuerpo burocrático del Estado, sedimentados y solidificados a lo largo de décadas a todos los niveles. Se ha conformado una cultura política y administrativa que se siente más cómoda «exhortando» y «bajando orientaciones» —o «cumpliéndolas» sin riesgos en la base—, que abriendo el debate y apoyando el pensamiento creativo. Ello ha logrado diluir o descafeinar cualquier intento serio de descentralización.

Nos encontramos pues en el tercer round de una batalla no ganada. Pero no hay que olvidar que el marco en que hoy se desarrolla el debate no es el mismo: la Isla se halla ahora realmente «al borde del abismo», en una situación sumamente crítica, hay nuevas generaciones que reclaman su lugar, Internet existe, las discrepancias se manifiestan abiertamente —incluso en la calle— y el país es mucho más diverso.

Planificación

Plano de Baracoa, 1840.

Es esencial entender que para conformar un sistema de planificación descentralizado no basta con cambiar el nombre a las instituciones, emitir otras leyes y decretos o escribir nuevas metodologías. Es ineludible modificar las estructuras políticas y administrativas, así como la cultura de gestión. No se puede, por ejemplo, reclamar una activa participación de los municipios en el desarrollo del país trasladándole solamente atribuciones y responsabilidades, sin traspasarle asimismo los recursos financieros, materiales, humanos y tecnológicos requeridos.

Cuba se enfrenta en este momento a tres retos esenciales: el proceso de diversificación de los sujetos económicos, en el que habrá que admitir que no es lo mismo la propiedad estatal que la social, y que esta debe complementarse con la privada y la cooperativa; el proceso de real y efectiva descentralización hacia los municipios, no solo de desconcentración de funciones; y un entorno político y económico de máxima incertidumbre, donde es vital la capacidad de gestión distribuida, flexible y adaptativa.

La estructura económica que heredan las actuales generaciones responde todavía a un Estado extremadamente centralizado. Ello ha generado un fenómeno esencial para entender las dificultades enormes a las que se enfrenta el actual intento de descentralización.

Los canales previstos se organizaron desde un inicio a través de ministerios sectoriales que distribuyen verticalmente recursos materiales, financieros y humanos de acuerdo a una lógica decidida en los máximos niveles de dirección. En cambio, las estructuras del Poder Popular, es decir las estructuras políticas y administrativas territoriales, no disponen de los recursos necesarios para realmente gobernar. Tan solo administran —bajo directivas, orientaciones y normativas nacionales— los débiles presupuestos de que disponen. Su capacidad de decidir y ejecutar nuevas inversiones ha sido prácticamente inexistente.

La pérdida de confianza de la población en la capacidad de los delegados para resolver los problemas proviene de ahí. Asimismo se explican: la necesidad de movilizar ministerios para solucionar realidades locales como los barrios «vulnerables»; la debilidad e insuficiente formación de cuadros locales y la creciente debilidad del planeamiento territorial.

Este modelo centralizado condiciona la elaboración de planes sectoriales, concebidos para la distribución vertical de inversiones y recursos que, cuando se desglosan territorialmente, llegan a la base carentes de integralidad. Los municipios se enfrentan entonces al difícil ejercicio de dotar de coherencia a planes cuyas prioridades a veces tienen poco que ver con las necesidades del territorio, pues responden a otras lógicas.

Los ministerios y sus direcciones locales correspondientes están al tanto de sus presupuestos, pero es improbable que conozcan el presupuesto integral de un territorio. De consultar los planes de ordenamiento urbano aprobados, se constatará que ninguno contiene un cálculo relativamente completo del monto de inversiones necesarias. Este sistema pone en situación extremadamente compleja a los gobiernos locales, que deben enfrentar multiplicidad de dificultades y demandas locales sin disponer de medios para resolverlas.

El gobierno y la administración municipal se convierten en un equipo de apagafuegos sobrecargado de problemas puntuales, más reactivo que propositivo, sin tiempo ni capacidad para una visión global de la situación, sin poder establecer líneas articuladas de actuación ni disponer de recursos materiales o intelectuales. Trabajan con una visión cortoplacista en la que cualquier reflexión sosegada les resulta una pérdida de tiempo ante las continuas urgencias, conflictos y calamidades.

La actual diversificación de actores económicos complica más el funcionamiento del sistema heredado. Basta constatar las dificultades con que el Sistema Nacional de Estadística e Información registra la actividad económica no estatal. Finalmente, no hay que olvidar los altos niveles de incertidumbre en los que se mueve la actividad económica y que obligan a adaptaciones, actualizaciones, perfeccionamientos y ajustes del plan que hacen dudar de su utilidad. Ajustes y rectificaciones que, además, no siempre provienen de incógnitas externas sino de vicios propios de un exceso de idealismo y voluntarismo.

Planificación

Plano de la ciudad de Cienfuegos, 1839.

Las iniciativas actuales

Es necesario constatar que no hay todavía una respuesta coherente a las dificultades referidas, sino más bien tanteos aislados, a veces contradictorios, sobre cómo adaptar el planeamiento urbano a las nuevas realidades. Mencionaré los que considero más importantes.

Ante la evidente inadecuación y obsolescencia del viejo Decreto sobre Planificación Física de 1978, en diciembre de 2020 se promulgó la Ley de ordenamiento territorial y urbano y la gestión del sueloAdemás de definir las competencias, instrumentos y procedimientos para el planeamiento, gestión y control territorial y urbano; contiene la novedad de abordar el tema de la gestión del suelo.

En la norma se precisa el contenido del plan de ordenamiento urbano (las determinaciones urbanísticas para la organización del uso del suelo, su ocupación y utilización, la estructura y morfología, las regulaciones urbanísticas y el programa de acciones), y se determina un alcance temporal de corto y mediano plazos. Se regula también el régimen jurídico y urbanístico del suelo y su articulación con el proceso inversionista, a través de instrumentos de gestión como la macro y microlocalización, los permisos de construcción, los certificados de habitabilidad, etc.

Pero el problema fundamental de estos planes es su débil operatividad. Ellos debieran convertirse en instrumentos de dirección de los gobiernos territoriales, pero ya fue explicada la actuación de los mismos, más presionados por urgencias cotidianas que por visiones estratégicas. Por otra parte, los niveles de indisciplina urbanística, tanto de la ciudadanía como de organismos estatales, son considerables, por cuanto los esfuerzos de difusión y comunicación de los planes y las regulaciones —así como la participación en su elaboración— son prácticamente inexistentes.

En estos días el INOTU ha comenzado por fin a publicar en su portal web los textos de los planes de ordenamiento urbano de diversas ciudades, pero se trata de volúmenes de 300-400 páginas que requerirían un trabajo de edición y simplificación si en verdad se pretende que la ciudadanía los conozca. Es compleja e insuficiente también su articulación con la planificación económica, financiera, o ambiental. Y muy preocupante, finalmente, la re-verticalización del sistema institucional, que ha vuelto a supeditar centralmente las instancias provinciales y municipales, hasta ahora subordinadas a los gobiernos locales.

Otro núcleo importante de pensamiento urbanístico se ha ido conformando en el equipo del Plan Maestro de la Oficina del historiador de la ciudad de La Habana. Entre otros aspectos novedosos, merece la pena destacar su enfoque integral. Su instrumento principal, el Plan Especial de Desarrollo Integral (PEDI), articula las dimensiones económica, social, cultural, ambiental e institucional de las transformaciones urbanas en un intento de superar el extremo sectorialismo de los planes de desarrollo y el proceso inversionista. Es esencial igualmente su involucramiento en la fase de implementación del plan.

Planificación

Plano de la ciudad de Camagüey, 1950.

El hecho de que el PEDI esté integrado a una institución cuyo modelo económico permite una autonomía y sostenibilidad inhabituales en Cuba a escala local, explica una aplicación más efectiva que la de los otros planes urbanísticos. En este caso se puede afirmar que el plan y las regulaciones urbanas han constituido una guía para la gestión. Este enfoque exitoso ha sido apreciado como modelo a imitar por otros municipios. Su difusión ha iniciado felizmente a través de la conformación de una Red de ciudades patrimoniales, aunque de modo paradójico no logra trascender aún el área del centro histórico habanero.

La única excepción, hasta ahora, la constituye el novedoso Plan perspectivo de desarrollo de la Bahía de La Habana, que involucra varios municipios. Se trata de planes estratégicos que desarrollan programas y proponen medidas específicas, acciones y proyectos, aunque deben desafiar el reto de gestionar un territorio manejado también por un consejo de administración municipal.

Finalmente, es ineludible mencionar un tercer grupo de iniciativas relacionadas con el descubrimiento reciente por parte de las autoridades nacionales de las oportunidades y potencialidades del desarrollo local.

Aprovechando la experiencia de programas en tal sentido, como el dirigido al Fortalecimiento de las capacidades municipales para el desarrollo local (PRODEL), liderado por el Centro de desarrollo local y comunitario (CEDEL); o la Plataforma Articulada para el Desarrollo Integral Territorial (PADIT), dirigida por el PNUD de conjunto con el gobierno cubano, se ha sistematizado un enfoque que cristalizó en el interesante Decreto 33/2021 para la Gestión estratégica del desarrollo territorialen el cual «se regula lo relativo a la implementación de las estrategias de desarrollo y la gestión de los proyectos de desarrollo local». 

Las primeras —que deben ser elaboradas, implementadas, evaluadas y actualizadas por el Consejo de la Administración Municipal—, definen las líneas estratégicas y los programas correspondientes, y articulan los proyectos de desarrollo local. El Decreto y tres Resoluciones posteriores fijan igualmente los modos de implementación de los proyectos, así como su financiación. En estos momentos se informa que han sido aprobadas más de cien estrategias municipales (de 168 municipios), así como más de cuatrocientos proyectos de desarrollo local.

Paralelamente se adoptaban los Decretos 44, 46 y 47 sobre el trabajo por cuenta propia, las micro, pequeñas y medianas empresas, así como las cooperativas no agropecuarias. En marzo de 2022 rebasan ya las 2 600 entidades aprobadas. Todo ello —junto a crecientes proyectos de desarrollo local—, está creando un rico entramado económico y social de iniciativas, en su inmensa mayoría no estatales, que abren oportunidades de desarrollo a escala municipal pero requieren un marco que las oriente y articule a los planes económicos, territoriales y financieros estatales para el territorio. Tal es el papel previsto para las estrategias municipales.

Lamentablemente, la preparación metodológica y hábitos de dirección de los funcionarios de los Consejos de administración municipales no están a la altura de lo que requiere la formulación de una estrategia de desarrollo. Buena parte de estos documentos —redactados a menudo por especialistas o académicos ajenos al CAM—, se limitan a presentar un análisis DAFO y a definir líneas estratégicas, pero sin desarrollar los indispensables programas correspondientes, por lo que resulta difícil articularlas a proyectos en marcha.

Estos problemas se agudizan hasta el absurdo en el caso de la capital, donde la ciudad no está en un municipio, sino que quince municipios están en la ciudad. Si ya es complejo articular las acciones, decisiones y recursos en un municipio; en La Habana se hace imprescindible un instrumento de planeamiento a escala metropolitana, sea un Esquema de desarrollo provincial o un Plan general de ordenamiento urbano.

Recientemente (junio de 2021), se aprobó el PGOU de la ciudad de La Habana, pero las deficiencias y desactualización del documento son de tal calibre que lo tornan inviable e inútil. Ello facilita los altos niveles de indisciplina urbanística y descontrol en el proceso inversionista, donde tanto entidades estatales como particulares incumplen las regulaciones impunemente. Aquí se verifica la máxima de que no hay viento favorable para el que no sabe adónde va. Se trata de un forcejeo entre iniciativas privadas, decisiones y medidas municipales y programas inversionistas sectoriales de los ministerios que debiera ser arbitrado de modo más eficiente.

Planificación

Plano de Santiago de Cuba, 1899.

Algunos temas pendientes

Quisiera enfatizar en cuatro aspectos esenciales pero insuficientemente abordados aún.

En primer lugar, la gestión del suelo. El suelo urbano y el fondo inmobiliario, principal recurso del que dispone una ciudad, están hoy administrados por organismos sectoriales que se consideran sus dueños y toman decisiones inconsultas o arbitrarias sin estar facultados para ello. Por otra parte, los Consejos de la Administración territorial prácticamente no tienen facultades sobre el manejo del suelo, por lo que difícilmente puedan incidir en su adecuado uso.

Es necesaria una norma jurídica que defina los derechos privados y públicos al respecto y, en particular, las competencias del gobierno de la ciudad sobre el patrimonio inmobiliario estatal (suelo y edificaciones). El hecho de que no se disponga de un catastro urbano operativo ni de un Registro de la propiedad actualizado, agrava la situación.

En segundo lugar, el tema de la información, la comunicación y la participación. A pesar de la profusa «narrativa» sobre la participación, hay que admitir que estamos muy lejos de una genuina participación en el planeamiento. Sin una adecuada información, cualquier convocatoria a la participación es, por lo menos, demagógica.

La información sobre las ciudades es muy deficiente, pues el sistema de estadística e información está concebido para el uso de los ministerios. Además, la publicación y divulgación de esa información es pobre. Basta consultar los anuarios provinciales o municipales en la página web de la Oficina de Estadística (ONEI) para tropezar con vacíos, errores e incoherencias en las cifras.

Por otra parte, si los esfuerzos de comunicación por parte de las instancias de planeamiento —nacional o local—, son pobres o inexistentes, es inútil pensar en que pueda avanzar la participación. ¿Cómo cumplir unos planes que se desconocen o unas regulaciones que no se publican? Y en el caso de que la participación incursione en la distribución de recursos financieros, las resistencias son entonces mayores. El único experimento de presupuesto participativo, realizado dentro del Centro Histórico de La Habana, fue rápidamente desautorizado.

En tercer lugar, la cuestión del control, el monitoreo y la evaluación. Es una práctica habitual —tanto en la planificación territorial como en la económica—, el no definir ni los indicadores ni las formas de monitoreo y evaluación de la marcha del plan. Se formulan los planes y, cuando comienzan a desviarse de la realidad o a incumplirse, la reacción no es analizar y evaluar las razones de los incumplimientos, sino formular nuevos planes. ¿Dónde están los informes de rendición de cuentas? ¿Cuándo los Consejos de administración o el gobierno territorial rinde cuentas de su actuación ante la población?

El acuerdo del Consejo de ministros que aprobó el Plan de La Habana afirma que «el Gobernador de la provincia de La Habana entrega al IPF, antes del 30 de abril de cada año, el informe anual de la evaluación de la implementación del Plan». Será interesante comprobar cómo se logra redactar ese informe si en el Plan no existe ni un programa de acción ni un sistema de indicadores. Informe que, dicho sea de paso, sería extremadamente importante que fuera de conocimiento público.

Planificación

Plano de la ciudad de Matanzas de J. J. Romero, 1837.

Al fin y al cabo, el Gobierno no solo se debe al presidente del IPF sino, en primer lugar, a sus conciudadanos. ¿Cómo se puede llamar a la participación ciudadana sin dar a conocer esta elemental información?

En cuarto lugar, el imprescindible tema del fortalecimiento de las capacidades. Se requerirá un paciente trabajo de capacitación de los cuadros municipales. El papel de la universidad es necesario, pero no para sustituir a los cuadros locales sino para entrenarlos y aprender de ellos, porque la universidad debe ser capaz no solo de conceptualizar sino también de aprender a actuar en la urgencia y en la carencia.

Sería interesante Debería evaluarse hasta qué punto los instrumentos metodológicos y normativos que se proponen son efectivos y lograr que los intendentes y sus equipos se pronuncien sobre ello. Y habrá que preparar las condiciones necesarias para producir un trasvase de especialistas desde los organismos centrales a las oficinas provinciales y municipales.

Nos encontramos una vez más en un momento de posible cambio, en el que hay que aprovechar las oportunidades que se abren y actuar con decisión. Es importante identificar los obstáculos a vencer, pues no solo los tradicionales instrumentos de planeamiento no son ya operativos, sino el propio diseño institucional del país debiera re-balancear los poderes sectoriales (ministerios) y los territoriales (gobiernos locales).

Hay que articular más orgánicamente el planeamiento urbano a la administración local de los recursos; reforzar las instancias municipales, no solo en atribuciones sino en recursos y conocimiento; articular los planes y los presupuestos, entre sí y con las iniciativas privadas y comunitarias que requieren apoyo y no obstrucción. Todo ello será posible si se demuestra una verdadera voluntad de cambio.

viernes, 1 de abril de 2022

APUNTES PARA UNA ESTRATEGIA EN EL DESARROLLO DE LA ENERGETICA AZUCARERA

Dr. Oscar Almazán del Olmo 

INTRODUCCION

Desde sus orígenes y a lo largo de su evolución hasta el presente siglo, la industria azucarera ha tenido en el problema energético el factor clave de su desarrollo tecnológico.

Tan esencial ha resultado, que es la necesidad de satisfacer sus crecientes demandas de combustible lo que lleva, como hilo conductor, a través del empleo de sistemas de mayor eficacia energética, a la transformación de la tecnología, la elevación de los rendimientos, la obtención de azúcar de mayor calidad, la gran industria y la propia revolución industrial cubana.

Actualmente la producción azucarera conserva un real papel en la economía cubana y la producción y uso de la energía a ella asociada resulta, cada vez más, cuestión del mayor interés y atención, por cuanto sus posibilidades la hacen elemento de enorme atractivo en el propósito de resolver el déficit energético nacional, diversificar la producción azucarera y favorecer su viabilidad económica.

 Razón tal obliga a establecer una estrategia coherente y bien fundamentada que permita a ese potencial expresarse plenamente.

 No es posible, por las limitaciones que impone una presentación como esta, revisar exhaustivamente cada detalle de un campo tan amplio, rico y variado como es el de la energética azucarera; de aquí que el propósito sea transitar reflexivamente por los aspectos fundamentales, básicos, que resultan elementos centrales, de primer orden de prioridad, que deben recibir la atención mayor en la implementación de una política energética azucarera. 

DE LA HISTORIA 

Hasta finales del siglo XVIII los bosques constituyeron motivo de justificado orgullo para los cubanos; era Cuba un monte intrincado de maderas preciosas.

 Sin embargo el desarrollo de la gran manufactura azucarera responsable del exponencial crecimiento cuantitativo que tiene lugar en el siglo XIX es responsable de la muerte del bosque cubano.

 Al finalizar el siglo XVIII se calcula en 500 caballerías (6710 ha) el área de bosques que se desmontaba cada año para quemarlos como combustible en los ingenios y una extensión similar para el fomento de  nuevas fábricas.

 Ya en 1819 la cifra promedio ascendió a 1 000 caballerías (13 420 ha) anuales.

 En 1830 los azucareros Andrés de Zayas y José María Dan apreciaban en 2 000 caballerías por año (26 840 ha) el área de bosques cortada, de ellas 1 000 caballerías para leña y 1 000 para fomentar nuevas fábricas de azúcar.

 En 1844, en plena etapa de la gran expansión cañera cubana, se estimaban en 4 000 las caballerías (53 680 ha) que se deforestaban cada año para producir azúcar.

 Algo similar había ocurrido en las Antillas inglesas: Barbados y Jamaica, las que por su menor extensión territorial y reducida feracidad carecían de bosques ya en 1749.

 Tal situación obligó a los productores azucareros de esas islas a desarrollar un sistema de cocimiento de los jugos de un “solo fuego”, conocido también como “tren Jamaiquino”, “tren Francés”, que consistía en cinco pailas de cobre colocadas en línea, de mayor a menor, aprovechando para su calefacción una sola fuente de calor. A este “tren Francés” se le denominó universalmente “Equipage du Pere Labat”.

 Este sistema, aplicado en la zona azucarera de La Habana desde 1780, se generalizó a toda la isla en la primera mitad del siglo XIX como opción única y último recurso de supervivencia del ingenio, para enfrentar la cada vez más aguda escasez de leña, posibilitando satisfacer, por vez primera, las necesidades de combustible para la fabricación del azúcar con el bagazo.

 Por su parte, los productores de azúcar de remolacha, habida cuenta de las desventajas de una materia prima, requerida de mayor preparación y carente de un combustible propio para su procesamiento, fueron precisados – en la búsqueda de una competitividad con el azúcar de caña – a desarrollar sistemas de mayor eficacia operacional.

 Así fue con destino a las fábricas azucareras de remolacha de Europa que se creó en 1812 el aparato Howard, primero para la concentración al vacío, que evaporaba el jugo a 72  0C y producía el vacío con una máquina neumática.

 A partir de la segunda década del siglo XIX son las fábricas de azúcar de remolacha las que generan todo el avance técnico y es precisamente hacia el área energética en la cocción a donde dirigen su atención primera produciendo un desarrollo más acelerado. 

El aparato Roth perfeccionaba el Howard y evaporaba a 62 0C, logrando el vacío con un sistema de condensación continua, pero tenía el inconveniente de ser su operación discontinua. 

En la tercera década del siglo XIX la firma Derosné-Cail desarrolló un aparato continuo de evaporación al vacío, que se instala por primera vez en una fábrica de azúcar de caña en Guadalupe. 

En 1841 el hacendado cubano Wenceslao de Villaurrutia instala en su ingenio “La Mella”, de Limonar, un equipo Derosné de evaporación al vacío, que no sólo transforma el balance energético, sino que hace que “La Mella” lleve sus rendimientos de azúcar desde apenas 4 % del peso de la caña en 1840 hasta 5,91 % en 1843. 

El nuevo sistema permite no sólo alcanzar mayores rendimientos, sino que posibilita producir azúcar de superior calidad y muy pronto en las cotizaciones de azúcares apareció un nuevo precio, el más alto, dado al “blanco del Tren Derosné”.

Y es así que, la búsqueda de la mayor efectividad energética, conduce a la que José Luis Casaseca denominó la Revolución Industrial Cubana, que repercutió decisivamente sobre el régimen de trabajo, imponiendo la inevitabilidad del paso al obrero asalariado. 

 DE LAS PREMISAS

Resulta obligado establecer, por tanto, como PRIMERA PREMISA que EL PRINCIPAL PROPOSITO DE LA AGROINDUSTRIA AZUCARERA ES PRODUCIR AZUCAR EFICAZMENTE, EN LA CANTIDAD Y CON LA CALIDAD REQUERIDA. De aquí que demos por sentado en nuestras consideraciones que se dispone de caña y de que ésta llega en cantidad suficiente al ingenio, el cual opera establemente cerca de su capacidad potencial, condición obligada para la eficiencia del proceso y el balance energético de la industria. 

El azúcar la sintetiza la caña en el campo y se recupera en el ingenio, pero la caña de azúcar tiene tal capacidad de captar energía que es la única materia prima capaz de aportar el combustible para su procesamiento y brindar, además, un margen adicional de energía para diferentes propósitos. 

A esto se reúnen las peculiaridades de la tecnología de producción de azúcar, que permiten un empleo integral del potencial energético de su combustible, lo cual puede cuantificarse si comparamos el nivel de utilización de la energía del combustible en una Central Termoeléctrica y en un Central Azucarero. 

Una Central Termoeléctrica, de la mayor eficiencia, con un índice de consumo de 220 g de fuel oil por kwh generado, aprovecha, de esos 220 gramos: 

En electricidad: 81,2 gramos

Pierde a la atmósfera y en la condensación: 138,2 gramos 

Esto significa un 37,2 % de aprovechamiento de la energía. 

Un Central Azucarero de los construidos entre 1980 y 1983 con una cantidad de bagazo equivalente a esos 220 gramos: 

Convierte en energía para el proceso y en electricidad: 167,2 gramos

Pierde por radicación y a la atmósfera: 52,8 gramos

Lo que representa el 76 % de aprovechamiento de su combustible. 

Esta ventaja parte de la posibilidad del central azucarero de emplear tanto la energía mecánica del vapor en turbinas motrices, y generadores eléctricos como su energía calorífica en la fabricación del azúcar. 

Tal consideración nos lleva a plantear como SEGUNDA PREMISA que EL COMBUSTIBLE FUNDAMENTAL DE LA INDUSTRIA AZUCARERA ES EL BAGAZO, el cual representa el 29 % de la caña que procesa y el que, en las condiciones cubanas de un 73 % de mecanización integral de la cosecha, tiene incorporado el 50 % de los residuos que acompañan a la caña cosechada (el otro 50 % queda en los centros de limpieza en seco). 

Es éste el combustible que va con la caña al ingenio, que no requiere ser transportado, sobre el que se tiene amplia experiencia de utilización, manipulación y almacenamiento, y para el cual existen ya las instalaciones en el ingenio. 

DE LOS OBJETIVOS

Consecuentemente EL PRIMER OBJETIVO EN LA POLITICA ENERGETICA AZUCARERA TIENE QUE SER LA OBTENCION DEL MAXIMO DE BAGAZO SOBRANTE, porque: 

·         Elimina la utilización de otros combustibles en el ingenio: leña, petróleo, etc. 

·         Es fuente de combustible para otros propósitos: producciones derivadas, transporte, consumo doméstico, etc. 

·         Resulta materia prima para: papel, tableros, etc. 

·         Constituye combustible para la potencial generación eléctrica adicional. 

Y PORQUE SIN BAGAZO NO HAY VAPOR NI PARA FABRICAR EL AZUCAR NI PARA GENERAR ELECTRICIDAD. 

Ahora bien, para lograr este objetivo hay dos vías: 

 I. EL INCREMENTO DE LA EFICIENCIA DEL USO DEL VAPOR EN EL PROCESO. 

II. EL INCREMENTO DE LA EFICIENCIA EN LA GENERACION DEL VAPOR. 

En ambas líneas el primer problema con que nos enfrentamos es la frecuente ausencia de todos los elementos de medición que posibiliten una operación efectiva y el conocimiento de los valores reales de consumo, generación, eficiencia, etc. Éstos se determinan muchas veces sobre la base de balances de relativa precisión, cuestión que demanda atención priorizada.  

I. DEL INCREMENTO DE LA EFICIENCIA DEL USO DEL VAPOR EN EL PROCESO 

Es esta la vía que aporta el mayor volumen de bagazo sobrante por peso de inversión, pero además, al disminuir la necesidad de vapor para la fabricación de azúcar, se reduce consecuentemente la cantidad de calderas y otros equipos para su generación, lo que significa menores costos operacionales y de inversión, menos fuerza de trabajo, y más bajos requerimientos energéticos intrínsecos. 

Para incrementar la eficacia del empleo del vapor para fabricar el azúcar se precisa accionar sobre: 

1)    El esquema energético en el área de fabricación.

2)    Los parámetros tecnológicos del proceso. 

1)    El esquema energético de la fábrica 

Los puntos de consumo de vapor en la fábrica de azúcar son los calentadores, los evaporadores y los tachos. Pero el centro del esquema energético está en el evaporador y de lo que se trata es de convertirlo de consumidor pasivo en regenerador de vapor para otros usos. 

Un esquema convencional, basado en un cuádruple efecto sin extracciones, implica niveles de insumo de vapor:

 

·         En el cuádruple:                                          220-240 Kg de vapor/t de caña

·         En los calentadores:                                   150         Kg de vapor/t de caña

·         En los tachos:                                             150-180  Kg de vapor/t de caña

 

de donde resulta un índice total de consumo entre 520 y 570 Kg de vapor por tonelada de caña. 

Pero  no constituye ninguna novedad técnica que estas cifras pueden reducirse hasta 420-450 kg./t de caña, sin necesidad del empleo de elementos sofisticados.

 Esto se ha logrado en Cuba en varios centrales, llevando a las 5 etapas de evaporación que parece ser el número más conveniente y realizando extracciones de vapor en varias etapas para calentar el jugo mezclado, el jugo clarificado y operar en los tachos.

 Es este pues el elemento primero a considerar y sobre el cual accionar prioritariamente, al enunciar y ejecutar el programa energético en cualquier fábrica de azúcar. 

2)    La disciplina de operación en la fábrica 

En la búsqueda de mayor eficacia en el empleo del vapor hay que considerar el ingenio como un sistema, donde la precisión y el rigor en el proceso tecnológico resultan complemento esencial y que, dependiente principalmente de factores subjetivos, precisa tanto de una labor didáctica como de supervisión sistemática.  

Los elementos de mayor significación pueden identificarse como:

 ç         La molida horaria: es decir operar el molino cada hora en el entorno del 85 al 110 % de la capacidad fijada.  

ç         El empleo máximo de los condensados. 

ç         La concentración (el Brix) de la meladura que sale del evaporador, recordemos que en el evaporador con 1 Kg de vapor extraemos 5 Kg de agua, pero cuando esto se tiene que hacer en los tachos la relación es 1:1. 

ç         El Brix de las mieles intermedias, a las que se les añade agua para su mezcla, que debe ser después evaporada en el tacho con vapor (en relación 1:1). 

Tan solo la Reducción de Consumo de Vapor en el Proceso de 500 Kg de Vapor/t de caña a 400 Kg de vapor/t de caña, implica el ahorro de 45 Kg de bagazo por cada tonelada de caña molida. En una campaña en que se procesen 35 millones de toneladas de caña representarían disponer por esta vía de 1,575 millones de toneladas de bagazo más como sobrante, equivalentes a 291 667 t de petróleo.   

Una vez alcanzadas las condiciones de insumir, como promedio nacional, en el entorno de 400 a 420 Kg de vapor por tonelada de caña, es posible pasar a otras operaciones que permiten reducir aún más este valor, pero que requieren de mayor rigor operacional y equipos y sistemas más complejos. 

Tal es el caso del empleo de evaporadores de película descendente, ascendente y evaporadores con calandrias externas, equipos que posibilitan mayores diferenciales de temperatura y mejores coeficientes de transferencia de calor. 

También el empleo de tachos continuos, que uniformen la demanda de vapor, erradicando los picos desestabilizadores y los termo y turbo compresores, son posibilidades reales, en una segunda etapa. 

II. DEL INCREMENTO DE LA EFICIENCIA DE GENERACION DE VAPOR

 Al razonar acerca del incremento de la eficiencia en la generación del vapor en las calderas, hay que actuar tanto en la reducción de las pérdidas de energía en las calderas localizada en los gases de escape y la incompleta combustión, como en una mayor eficacia en la manipulación, almacenamiento y alimentación del combustible, el bagazo.  

a)    Acerca de la reducción de las pérdidas de calor en las calderas 

Las pérdidas más significativas de energía en las calderas se localizan en el CALOR QUE ESCAPA POR LA CHIMENEA CON LOS GASES DE LA COMBUSTION; sus valores pueden ir desde 11% del valor calórico del combustible en calderas bien eficientes, hasta valores superiores al 35 %.  

Para reducir estas pérdidas los elementos más utilizados son el economizador que emplea ese calor residual para elevar la temperatura del agua de alimentación a la caldera y el calentador de aire, que hace lo mismo con el aire requerido para la combustión; son instalaciones sencillas, conocidas y de fácil fabricación.  

Ambos elementos son partes convencionales de las nuevas calderas, la acción debe ser pues priorizar la generalización de su instalación a todas las estaciones de generación de vapor en la industria azucarera.  

Es aceptado que es posible elevar un punto en eficiencia de la caldera por cada 14 0C que se reduzca la temperatura de los gases de salida; de aquí que reducir la temperatura de 280-300 0C a 180-220 0C significará incrementar la eficiencia de generación en 15 unidades.  

LA COMBUSTION INCOMPLETA RESULTA EL OTRO ELEMENTO DE CONSIDERACION EN LA PERDIDA DE EFICIENCIA DE LAS CALDERAS. La industria azucarera de caña es la única que emplea un combustible sólido, de composición heterogénea, que cambia sus características a lo largo de la zafra. 

La dirección de la acción en este fin está en reducir la cantidad de aire en exceso necesario para la combustión. 

Así, del sistema original, de principio de siglo, de combustión en pila, hasta el sistema más novedoso y eficaz de combustión en suspensión, la evolución es la siguiente: 

¨       En el sistema de Combustión en Pila el aire en exceso es del 60 - 100 %.

 ¨       En la combustión en lecho, con lanzador de bagazo sobre parrilla, actualmente extendido en calderas RETO y RETAL, el exceso de aire se reduce hasta el 40 % como promedio.  

¨       La combustión en suspensión – torbellino vertical, horizontal, en capa – se logra con un 30 % de exceso de aire, asegurando combustionar las partículas de bagazo de todo tamaño. 

Se ha comprobado que por cada unidad que se eleve la eficiencia de la caldera se alcanza una economía de 1.5 unidades de porciento de bagazo sobrante; así cuantificando el potencial que significa el incremento de la eficiencia en la generación de vapor, vale decir que,  

si la eficiencia total de generación de vapor de los ingenios cubanos se elevara tan solo en 10 unidades, sería posible disponer de un 15 % más de bagazo sobrante, lo que en la campaña de referencia de 35 millones de toneladas de caña, significaría un sobrante adicional por este concepto de 1,47 millones de toneladas de bagazo, equivalente a 272 500 toneladas de petróleo.

  

b)    De la manipulación y el almacenamiento del bagazo

Al hablar de eficiencia de generación y de disponibilidad de bagazo sobrante, resulta indispensable incluir el aspecto que tal vez ha recibido menos atención en los estudios de la energética azucarera, es lo referido al almacenamiento, compactación y suministro efectivo y estable del bagazo.  

La práctica diaria evidencia la imposibilidad de lograr una eficiente generación de vapor y mucho menos una efectiva operación de fabricación de azúcar sin la garantía de la alimentación de bagazo estable y en la cantidad requerida. 

Como comparación curiosa, en las plantas energéticas que emplean carbón como combustible el 30 % del costo total de la instalación corresponde a los sistemas de manipulación, almacenaje y alimentación del carbón. 

La eliminación del empleo de otros combustibles para enfrentar las fluctuaciones de la operación del ingenio y sus pruebas y arrancada, exige que cada fábrica disponga de su área de almacenamiento y de las instalaciones para compactar y descompactar el bagazo, unido a sistemas simples y confiables de alimentación de bagazo a las calderas. 

Una vez rescatados y consolidados estos sistemas convencionales de manipulación del bagazo, sería el tiempo de aplicar variantes más complejas y de mayor efectividad para el almacenamiento y  dosificación del bagazo a las calderas, como son los silos, utilizados extensamente en Australia. 

La clasificación y la uniformidad del tamaño de la partícula de bagazo y el quemador de sólidos, son también opciones interesantes en una segunda etapa, en razón que introducen nuevas exigencias, consumos energéticos adicionales, requieren perfeccionamiento todavía y sobre todo porque sus beneficios potenciales resultarían anulados si antes no se resolvieran los problemas básicos señalados, que tienen un mayor efecto a corto plazo y que no precisan de experimentación o desarrollo previo alguno. 

    c)    Del secado del bagazo  

Como señalamos, el secado del bagazo constituye un importante elemento adicional en la búsqueda de mayores volúmenes de bagazo sobrante.  

En Cuba ya existen, comprobados en la práctica e inclusive comercializados en otros países, dos sistemas de secado del bagazo integral, tal cual sale del molino, uno neumático y otro rotatorio, que utilizan ambos el calor sensible de los gases de escape de las calderas, reduciendo así, aún más, las pérdidas por esa vía. 

Si redujéramos la humedad del bagazo de 50 % a 38 % esta diferencia significa elevar  el bagazo sobrante en un 9 % adicional; este ahorro resulta de reducir en 100 0C la temperatura de los gases de escape y representa 0,91 millones de toneladas adicionales de bagazo sobrante, equivalentes a 169 150 toneladas de petróleo adicionales. 

EL SEGUNDO OBJETIVO EN LA POLITICA ENERGETICA AZUCARERA ES LOGRAR GENERAR EL MAXIMO DE ELECTRICIDAD CON EL VAPOR NECESARIO PARA EL PROCESO, a fin de alcanzar la plena satisfacción de las necesidades de electricidad de la agroindustria y aportar al sistema eléctrico nacional. 

Esto es posible en razón de que las 4 500 Kcal/kg. de azúcar que consume un ingenio productor de azúcar de caña, entre 2 600 y 2 800 Kcal se requieren como energía calorífica en el proceso y solo 360-400 Kcal se necesitan como energía mecánica. 

De aquí la factibilidad de Co-GENERAR, es decir, de que no menos del 90 % del vapor que se emplee en fabricar el azúcar pase previamente a través del turbo generador, para utilizarla energía mecánica en producir electricidad y posteriormente este vapor entregue su energía calorífica en el proceso de fabricación de azúcar. 

La eficacia de esta operación radica en que por el turbo pase el vapor necesario para la fabricación, ni más ni menos. Si es más se pierde el 70 % del valor energético y si es menos se desaprovecharía la posibilidad de convertirlo en energía eléctrica. 

Al abordar este tópico surge como cuestión obligada lo referido a la presión más apropiada de generación. 

No hay dudas que al generar con vapor de mayor presión se obtiene un índice de eficiencia de conversión superior, pero en esta consideración tienen obligatoriamente que intervenir factores de orden no solo técnico-cuantitativo, sino económicos, de factibilidad operacional, de correspondencia con el proceso azucarero y de oportunidad. 

Veamos como se comporta la eficacia de generación eléctrica para diferentes presiones del vapor:

 

A 250 lb/pulg2 :

 33 lb de vapor/kwh generado

A 400 lb/pulg2 :

 27 lb de vapor/kwh generado

A 600 lb/pulg2 :

 22 lb de vapor/kwh generado

A 800 lb/pulg2 :

 19 lb de vapor/kwh generado

A 1 200 lb/pulg2 :

 16 lb de vapor/kwh generado

 Es evidente que la ganancia es asintótica, el incremento de eficiencia entre 250 lb y 600 (350 lb más de presión) representan una ganancia de 11 lb de vapor por kwh generado; sin embargo cuando pasa de 600 a 1 200 lb, donde el salto es de 600 lb que exige transformaciones raigales en elevada precisión de operación, rigurosa calidad del agua y materiales especiales, junto a sofisticados sistemas y elementos de control y protección sólo posibilita un margen de ganancia de 6 lb de vapor/kwh generado. 

Esto no significa que el empleo de presiones de 800 ó 1 200 lb no tenga – en el marco de la industria azucarera – un espacio, pero éste responderá a condiciones muy específicas, no solo sino, mucho más, de integración en un esquema nacional de generación eléctrica. 

DE LAS OTRAS OPCIONES Y LAS OTRAS FUENTES 

a)    Los residuos de la cosecha 

Constituyen también un potencial apreciable, cuya materialización requiere aún resolver problemas técnicos, siempre con un enfoque sistémico, para que pueda contribuir a enriquecer la oferta energética de la agroindustria azucarera. 

El volumen total de este material puede colocarse en el entorno de los 2,2 millones de toneladas equivalentes a 0,7 millones de t de petróleo (en una zafra-referencia de 35 millones de toneladas de caña) distribuido, en el caso de Cuba, en 800 puntos, que son los centros de limpieza en seco. 

Su marco se localiza hoy en su empleo como combustible en las comunidades, para servicios sociales y para uso doméstico, empacada o briqueteada. En la industria será el aporte futuro de combustible adicional en las producciones derivadas, en la generación eléctrica en el período de zafra, siempre una vez alcanzado el máximo de bagazo sobrante. Sin olvidar la potencial competencia, en razón de que los residuos de la cosecha constituyen también fuente de alimento animal. 

b)    Biogas  

Los residuos líquidos de los ingenios pueden aportar 1 m3 de gas por cada tonelada de caña molida. Igualmente, los residuales de las destilerías (los mostos o vinazas) y los de la producción de torula, resultan también fuentes de biogas. 

El potencial total de esta vía en Cuba se ubica en los 50 millones de m3 por año-zafra, equivalentes a 26 650 t de petróleo. 

La gasificación de la biomasa cañera, las turbinas de gas, etc., requieren, por supuesto, de atención en el esfuerzo en la solución de los problemas energéticos de cualquier país, a partir de la industria azucarera. 

Es evidente que si bien la agroindustria azucarera constituye factor de notable peso en el desarrollo y consolidación de una sólida estructura energética nacional, la dimensión de su aporte dependerá de una estrategia acertada que asegure la plena expresión de su potencial. 

Tal es el reto. 

 

TABLA No.1 

EQUIVALENCIAS MÁS EMPLEADAS 

1 Kg de Petróleo (Búnker C)

 =  10 000 Kcal

1 Kg de Bagazo (50 % de humedad)

 =    1 850 Kcal

1 kg. Paja de Caña (15 % de humedad)

 =    3 200 Kcal

1 m3 de Biogas

 =    5 320 Kcal

1 Kcal

 =    4,3 Kjoule

  

TABLA No.2

 ESTRUCTURA Y COMPONENTES DE LA CAÑA DE AZUCAR  

De 1 000 Kg de Caña en el Cañaveral: 

Ø  Residuos que quedan en el campo.......................................   94 Kg  (9,4 %)

Ø  Residuos separados en la estación de limpieza...................   82 Kg  (8,2 %)

Ø  Residuos que van al Central con la caña..............................   56 Kg  (5,6 %)

Ø  Caña que llega al Central...................................................... 824 Kg (82,4 %)

 

 Fuente: Manual de los Derivados de la Caña de Azúcar, ICIDCA-GEPLACEA-PNUD, 1990.

  

TABLA No.3 

PRODUCTOS DE LA CAÑA LLEGADA AL CENTRAL

 De 1 000 Kg de caña que llega al Central: 

                                                Agua. 522 kg.

                                                Cachaza.........................  40 Kg

                                                Miel.................................  31 Kg

                                                Azúcar. 126 kg.

                                                Bagazo. 280 kg.

  

Fuente: Manual de los Derivados de la Caña de Azúcar, ICIDCA-GEPLACEA-ONUDi, 1990. 

TABLA No.4  

EVOLUCION DE LA GENERACION ELECTRICA EN LA INDUSTRIA AZUCARERA CUBANA, 1959 – 1990. 

 

1959

1990

Fábricas de Azúcar

159

156

Con Plantas Eléctricas

119

150

Potencia Instalada (MW)

317

726

Energía Eléctrica Generada (GW-h) 

390

         1 262

 

Fuente: Valdés, Antonio: Conferencia Mundial de la Biomasa, La Habana, 1995.

 

¿El suicidio del dólar?

Se están creando las condiciones para el crecimiento de un bloque no occidental en la economía global

Rafael Poch 26/03/2022,CTXT



La inscripción Annuit cœptis en un dólar americano. CALEB KNOTT (FLICKR)

El 26 de febrero Estados Unidos y sus aliados confiscaron las reservas de oro y divisas del Banco Central de Rusia que este tenía en Occidente, alrededor de la mitad del total de sus reservas, es decir unos 300.000 millones de dólares. Ni la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ni el Banco Central Europeo (BCE) fueron consultados al respecto. Son muchos los observadores que estiman que la medida será autodestructiva para la hegemonía global del dólar, sobre la que reposa la estabilidad de la deficitaria y monumentalmente endeudada economía de Estados Unidos.

Desde 1971, cuando Estados Unidos abandonó el patrón oro en la convertibilidad del dólar, el sistema de Bretton Woods, los bancos centrales organizaron sus reservas en dólares en lugar de oro. Al hacerlo, compraban bonos del tesoro de Estados Unidos y financiaban los déficits presupuestarios y de la balanza de pagos de ese país. El comercio del petróleo en dólares añadía poderío al dólar como indiscutida moneda global de referencia.

Estados Unidos ha venido utilizando esa posición de poder para ordenar el mundo a su gusto e interés. Puede bloquear pagos, congelar activos y practicar confiscaciones en cualquier momento. Ahora, al confiscar las reservas de Rusia se ha lanzado un mensaje inequívoco a todo el mundo. En palabras del exdiplomático británico Alastair Crooke, “si hasta un país importante del G-20 puede ver sus reservas confiscadas con solo pulsar un botón, para aquellos que aún tienen reservas en Nueva York el mensaje es meridiano: sacarlas de allí mientras sea posible”.

Lo que Estados Unidos dice al mundo es que cualquier país que tenga sus reservas allí está expuesto a que puedan ser confiscadas

Rusia no es un caso aislado. Las reservas de Irán ya fueron confiscadas en el pasado. Los 9.000 millones de fondos de Afganistán, que impedirían la catástrofe humana y el hambre que está teniendo lugar allá, también fueron confiscados por Biden como cruel represalia por la espantada militar occidental forzada por los talibanes el pasado agosto. El año pasado el Reino Unido le robó a Venezuela el oro que esta tenía en el Banco de Inglaterra y del que Caracas intentó disponer para comprar recursos médicos contra la pandemia.

Con todas estas medidas, lo que Estados Unidos dice al mundo es que cualquier país que tenga sus reservas allí está expuesto a que, si su política no gusta a Washington, bien porque comercia con países adversarios, bien porque reparte demasiado su renta entre las clases populares en perjuicio de los beneficios de multinacionales, o porque simplemente busca una mayor independencia política o económica del entramado controlado por Estados Unidos, sus reservas pueden ser confiscadas.

“Hemos convertido los depósitos en euros y dólares en un factor de riesgo”, dice Wolfgang Münchau, un conocido analista alemán de derechas y estrella del Financial Times. “Confiscando los fondos de Afganistán, Venezuela, Irán y ahora Rusia, politizando el mecanismo de pagos y transferencias del Swift, la influencia global de Estados Unidos disminuye”, dice el exembajador americano Chas Freeman.

La confiscación de las reservas rusas “animará a rusos, chinos, BRIC's, etc. a buscar otras monedas y mecanismos más seguros”, augura Münchau, pero en realidad esto no es un horizonte sino un proceso ya en marcha. Desde que hace ocho años se impusieron sanciones a Rusia por la anexión de Crimea, la participación del dólar en el conjunto de los pagos internacionales ha disminuido 13,5 puntos: pasó del 60,2% en 2014 al 46,7% en 2020. “El dólar se ha convertido en una moneda tóxica”, dice el economista ruso y consejero de Putin Sergei Glaziev. ¿Qué pasará a partir de ahora con esta tendencia?

La principal consecuencia es que se están creando las condiciones para el crecimiento de un bloque no occidental en la economía global que tendrá un impacto negativo para los intereses del hegemonismo. Hace más de una década que el presidente Lula ya comprendió que había que salirse mancomunadamente del dólar y su entramado. Parece que fue Lula el primero que compartió con Vladimir Putin y Hu Jintao, el entonces presidente chino, la idea de avanzar conjuntamente en una política en esa dirección, algo que los chinos tenían claro desde hacía mucho tiempo. El protagonismo de Lula en aquella iniciativa pudo haber sido incluso determinante para el irregular derrocamiento del brasileño y su posterior encarcelamiento. Hoy las cosas han cambiado y no solo porque Lula puede regresar a la presidencia de Brasil.

Ningún BRIC ha participado en las sanciones contra Rusia: ni India, ni el Brasil de Bolsonaro, ni África del Sur, ni la atlantista Turquía, ni los países del Golfo, ni por supuesto China...

El miércoles la conferencia de ministros de Exteriores de la Organización de la Conferencia Islámica (57 países miembros) rechazó sumarse a las sanciones contra Rusia. Ningún país de África, ni de Asia Occidental y Central ha impuesto sanciones a Rusia y en Asia Oriental solo lo han hecho Singapur y Japón, con China e India marcando la línea general.

Aún más significativo, Arabia Saudí está manteniendo conversaciones con China para comerciar en yuanes el pago de su petróleo. El 25% del petróleo saudí va a China. Que el petróleo deje de venderse en dólares, ¿no equivale a una quiebra de la economía de Estados Unidos?



Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania de la eurocrisis.