Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 4 de junio de 2022

“El político y el científico”


Panelistas: Jennifer Bello, Carlos Rodríguez Castellanos, José Ramón Acosta Sariego, Reudenys Salas Hartemant, Ricardo J. Machado

 Moderador(es): Rafael Hernández

Rafael Hernández: Bienvenidos. Hoy tenemos con nosotros a Jenniffer Bello, graduada de Pedagogía en el campo de la pedagogía-psicología. Ha ejercido la docencia universitaria en estas materias y actualmente se dedica a ser gestora de contenidos digitales en Cinesoft, una empresa de informática y medios audiovisuales del Ministerio de educación (MINED). Además de haber sido presidenta de la FEEM es diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde 2013.

Carlos Rodríguez, profesor de física de la Universidad de La Habana, graduado en la Unión Soviética de física-matemática. Es Académico de Mérito y vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC). Ha publicado diversos libros sobre estas materias y también sobre la historia y los impactos sociales de la ciencia.

José Ramón Acosta Sariego, doctor en medicina y también en filosofía. Máster en Bioética.Coordinador de la cátedra de Bioética de la Universidad de La Habana; profesor titular del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón, y vicepresidente de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética de la Unesco.

Reudenys Salas Hartemant, Profesor y doctor en Ciencias Pedagógicas de la Universidad de Guantánamo. Es especialista en estudios afrocaribeños y, además, ocupa el cargo de primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en esa provincia. No es la primera vez que tenemos a un representante de Guantánamo en un panel de Último Jueves, también lo hubo cuando tratamos la Base Naval de Guantánamo, aunque quisiéramos tenerlos más a menudo. Constituye una oportunidad excepcional que esté aquí con nosotros.

Y al doctor Ricardo J. Machado, sociólogo, profesor durante muchos años, doctor en Ciencias por la Universidad Humboldt de Berlín. Tiene una experiencia particular como asesor del Consejo de Ministros. Además, es colaborador de la revista Temas, y se ha dedicado durante mucho tiempo a las relaciones entre ciencia y política.

Le voy a pedir al panel que responda en tres rondas, la primera pregunta es, ¿cuáles son los roles del político y del científico?, ¿de qué animales estamos hablando?, ¿cómo se distingue al político del funcionario?, ¿cómo se distingue al científico de otros intelectuales? Le corresponde hablar a Jenniffer, la única mujer, sentada en el extremo de la mesa -aunque invitamos a otras que no pudieron asistir. Adelante.


Panelistas invitados al Último Jueves dedicado a «El político y el científico»


Jenniffer Bello: Hay un elemento muy importante: la relación que existe entre política y ciencia para poder determinar estos roles. Existen muchas definiciones acerca de cómo estos se ven entre políticos y científicos, pero es necesario contextualizar la manera en que los roles se establecen o se perciben, porque determinada formación económico-social o el sistema político imperante siempre va a poner un sello particular a cómo se percibe el rol del político y el del científico, por ello la respuesta hay que contextualizarla al escenario cubano.

En nuestro país el político en ejercicio de gobierno ha de representar las opiniones, los intereses y las preocupaciones de la población con un alto sentido de la responsabilidad, sensibilidad, y una preparación científica-cultural para analizar integralmente los problemas a los que se enfrenta y así poder elaborar, encauzar, direccionar e instrumentar políticas públicas para resolverlos y así propiciar una participación real en la toma de decisiones, que puede que sea lo ideal o, al menos, a lo que hemos querido apostar, y contamos con suficientes ejemplos para demostrarlo.

En relación con el científico, este cumple un rol social muy importante al generar nuevos conocimientos con el propósito de resolver problemas que impactan en la vida política, económica y social, de ahí su elevado compromiso de poner el conocimiento científico, la tecnología y la innovación en función del desarrollo pleno e integral de la sociedad. Resulta cada vez más imprescindible comprender que el conocimiento, la ciencia y la tecnología e innovación son decisivos general, el político posee, o debería poseer, habilidades tan diversas como la buena comunicación, el liderazgo, la empatía, la resiliencia, la manera también de conducir, conciliar, consensuar, y de ser empático-resiliente.

Por otra parte, el funcionario debe aportar experiencias derivadas de sus conocimientos de gestión y administración pública, de sus competencias técnicas de carácter profesional, pero también de conocimiento institucional. Por tal motivo, resulta necesario garantizar que los profesionales que ocupen estas responsabilidades estén capacitados para ello, situación que, a veces, se dificulta cuando hay ausencia de métodos directivos factibles para el ejercicio y el desempeño de sus funciones.

En el actual escenario que se están produciendo, y en las propias transformaciones en la manera de gobernar, de gestionar y administrar el país, sería muy oportuno establecer esos límites o los roles que tienen claramente el político y el funcionario, porque pudiera parecer que sería difícil separarlos o distinguirlos.

Y con respecto a distinguir al científico de otros intelectuales, tenemos la visión, la expresión, de los científicos sociales, y de muchos intelectuales que se expresan también en el área de las ciencias.

Hay una triada que distingue al intelectual en su sentido más amplio, en cuanto al intelecto, la crítica y el discurso a partir de la relación que realiza, expresada también en ese ámbito social, que por lo tanto introduce de manera activa en el ámbito público, concreta su condición política y mediante el discurso asume su compromiso y ejerce la crítica. En ese sentido, el científico, y en particular el científico social cubano, consecuente con su función en la sociedad, emplea el método científico para interpretar la realidad y sus movimientos futuros; sus conocimientos le permiten predecir, lo cual debe estar en perfecta sintonía con quienes ejercen el poder político, lo que coadyuva de manera acertada en la toma de decisiones, y dicho método le permite también poder ayudar en ello.

Cierro esta pregunta con una evaluación de Pablo Freire, ahora que estamos tratando de tocar desde la educación popular la transformación de la sociedad: “el científico intelectual tiene una responsabilidad político-pedagógica en la cual entabla una relación con las masas, donde son estas y no él quienes deben asumir el protagonismo social”.

Carlos Rodríguez: No voy a presentar una conceptualización del tema, tengo que basarme en mis vivencias y, a mi juicio, la política y la actividad de los políticos tiene que ver, sobre todo, con alcanzar.

Cada actividad tiene principios o ámbitos, sus métodos, sus reglas de juego, sus tiempos, y los diversos problemas; nosotros venimos a hablar de los políticos y los científicos sobre todo en el momento en que convergen y empiezan a colaborar. A través de la historia ha habido muchos casos, desde la antigüedad incluso, de políticos que se rodearon de científicos o de tecnólogos, también de artistas, escritores, etcétera, no solo con propósitos de mecenazgo sino también para utilizar sus conocimientos en función de sus programas, de sus objetivos políticos.

Por otra parte, los científicos buscan, necesitan el apoyo de los políticos, recursos para su trabajo, reconocimiento para interactuar con otros sectores de la sociedad, aunque hay científicos que no quieren saber nada de política, hay muchos, y en número creciente no solo en nuestro país, del que voy a hablar al final, sino en el mundo, de científicos que entienden que una de las misiones fundamentales de la ciencia es contribuir a que la toma de decisiones, la formulación de políticas, las acciones que se emprenden en la sociedad, estén basadas en el mejor conocimiento, en evidencias, y no en creencias, y muchos menos en mitos, pseudociencia, desinformación, etcétera, esa es, por parte de los científicos, una motivación muy fuerte y muy importante.

La diferencia entre el científico y el intelectual depende mucho de quién sea uno y otro, pero yo conozco algunos ejemplos en la historia en los que los científicos se ven más cerca de la tecnocracia y más relacionados con estudiar un problema, hacer un diagnóstico, una explicación, o formular recomendaciones; sin embargo, cuando hay que captar un poco el espíritu y el alma de las sociedades los artistas y los literatos lo hacen; por ejemplo, cuando surgió el fascismo en Europa cómo reaccionaron los científicos, con excepciones, y cómo los artistas, también con excepciones.

En cuanto a los funcionarios y los políticos, más bien ubico al político como el decisor, con el jefe que toma las decisiones, y el funcionario generalmente está en un rol más auxiliar, más de apoyo, aunque también toma sus decisiones. En la relación entre los políticos y los científicos el funcionario suele quedar en el medio, a veces facilitando y otras entorpeciendo esa relación.

Quizás deba añadir que los científicos suelen ser más cosmopolitas, y que los políticos tienen más raíces en el lugar de procedencia; esta es una idea general que puede ser polémica porque, además, pueden darse casos indistintos, pero muchos científicos han estudiado en el extranjero, han pasado largos períodos de estudio en otras partes y eso, a veces, les hace tener una visión un poco más universal.

José Ramón Acosta: El nivel de coincidencia que tengo con Carlos es muy alto, prácticamente en la mayor parte de las cuestiones de esta primera pregunta, porque para mí la política se relaciona con el mucho antes de la modernidad, la noción de ciencia y científicos, la gestión de los líderes políticos se basó en los conocimientos y en los avances de su época. En la medida en que los conocimientos, las nuevas tecnologías que se fueron añadiendo incrementaron la productividad del trabajo, el poder inclusive hasta de las armas con que se contaba, la gestión política desde la antigüedad usó lo que había aportado su época; si analizamos varios ejemplos en la historia se reafirma esto suficientemente mucho antes de que se hablara de ciencia y de científicos, es decir, que siempre la gestión política de alguna manera se ha basado en el conocimiento, y más modernamente en la ciencia, y obviamente, los científicos han requerido del soporte, del apoyo, de los estamentos políticos a los diferentes niveles en que se han desarrollado para llevar a cabo sus ideas y sus propuestas; por ejemplo, Leonardo nunca convenció a Ludovico el Moro de que aplicara sus inventos, lo que más le interesó al segundo de todo lo que le presentó fue el sistema de fundición de bronce para hacer la estatua ecuestre de uno de sus antecesores, para resaltar el poder de su familia, y todo lo interesantísimo que le presentó no le satisfizo, no le llamó la atención. Este ejemplo del renacimiento es ilustrativo de cómo el científico necesita del apoyo de los políticos.

En cuanto a la diferencia entre el funcionario y el político, a mi juicio, el último está en el nivel de las decisiones estratégicas, en el diseño e implementación de medidas que entrañen políticas ya sean que afecten tanto el ámbito público como el privado, mientras que el funcionario está en el nivel de cumplimiento, en la implementación. Un político puede ser un funcionario, pero no necesariamente viceversa. Igual pasa con el científico y el intelectual, no todos los científicos son intelectuales, hay artesanos de la ciencia, los hay muy buenos, y de la tecnología, y sin embargo hay científicos que son intelectuales de primer nivel porque aúnan en su quehacer el mejor espíritu de su época, el resumen de la cultura del momento en que viven.

Reudenys Salas: Hoy es un día memorable, estamos hablando del político y el científico, y si de política se trata tenemos que recordar que el 24 de febrero para Cuba constituye una fecha significativa y trascendental para los destinos propios de la nación.

Considero que en mi persona se imbrican las dos esencias, tanto la del político como la del científico, a partir de las propias tareas que asumo como primer secretario de la UJC en Guantánamo y, además, como un hombre de ciencias que se dedica a investigar y a producir nuevos conocimientos en pos de la propia transformación de la sociedad.

Es muy interesante cada una de las respuestas, de los criterios que se han esgrimido, porque existen ideas comunes, que en definitiva son la esencia para poder buscar la respuesta más adecuada a cuáles son los roles esenciales que distinguen al político del científico.

Que mantenerse dentro de esa ética profesional de servicio al pueblo y no a sí mismo, que también, en definitiva, constituye uno de los propios aportes del propio proceso cubano dado el ordenamiento jurídico, que lo considera como representante del pueblo en el mantenimiento, gestión y administración de los recursos, y como miembro formalmente reconocido y activo de un gobierno que genera influencias sobre el modo en el que la sociedad es regida. Hay un elemento que lo entroniza con la esencia del rol del científico, y es si la influencia sobre el modo en que dirige la sociedad es regida por medio de conocimientos sobre la base de las dinámicas sociales en el ejercicio del poder; por consiguiente, cuando vemos la esencia de lo que consideramos el rol fundamental de ese político, estriba en ese comportamiento, en esa ética profesional de servicio al pueblo, sobre la base de esos medios de conocimiento a partir de las dinámicas sociales en el ejercicio del poder.

Coincido con una observación que un eminente científico cubano que, además, se ha dedicado también a los estudios de los problemas sociales de la ciencia, abordado en uno de sus textos de última generación: Jorge Núñez Jover, explica en La ciencia y la tecnología en los procesos sociales lo que la educación no científica puede ocasionar. Afirma que los poderes políticos y militares, la gestión empresarial, y los medios de comunicación masivas, entre otros, descansan sobre pilares científicos y tecnológicos, por lo tanto eso nos dice que evidentemente no puede haber un divorcio entre los que desde el punto de vista del político genera, y lo que la ciencia y el científico propiamente ejercen, por lo que considero que el rol esencial de todo científico responde a la transformación de esa sociedad desde una perspectiva del conocimiento de esencia eminentemente humanista dado su carácter clasista, que se sustenta en la visión social que asume a partir de sus fines concretos.

Ello nos permite interpretar la ciencia como un proceso social, es decir, como compleja empresa en la que los valores culturales, políticos y económicos, ayudan a configurar ese proceso que, a su vez, incide sobre los propios valores y sobre la sociedad que mantiene.

Escuchaba atentamente el criterio de mis colegas sobre las diferencias entre el político y el funcionario. Desde mi concepción, todo político es un funcionario, y me parece que la diferencia estriba precisamente en los niveles de decisión que pueda adoptar, porque en definitiva todo político, como funcionario del Estado responde precisamente a determinados intereses, y desde mi perspectiva la diferencia está en ese nivel de toma de decisiones a la hora de asumir cualquier rol.

Citaba a Núñez Jover porque a partir de la diferencia entre científicos e intelectuales también su libro nos da la posibilidad de poder entender las propias diferencias que existen entre el científico y el intelectual. En tal sentido, considero que todo científico es un intelectual, pero tenemos que tener en investigación para obtener un resultado, un nuevo conocimiento final, que es concreto, objetivo, independientemente de la ciencia que se encargue; mientras que los otros intelectuales, y asumo que con ello nos estamos refiriendo a esos artistas escénicos, literatos, plásticos, en fin, a todo el que se mueve en la esfera del arte, se acercan más a la realidad a partir de esa forma creativa, subjetiva, espiritual, que refleja y recrea a través de su obra un resultado concreto, determinante de ese mundo subjetivo en el que está viviendo; a eso pudiera establecerlo como conocimiento no científico, y es lo que va a diferenciar a ese científico como un intelectual, son las percepciones a partir de lo que se busca, de cuáles son esos roles del científico, del político, es lo que está diferenciando a uno de otro, y del resto de los intelectuales.

Ricardo J. Machado: Le agradezco a Rafael la invitación, por una razón especial. Es que en este tema precisamente he venido trabajando desde hace un tiempo, con algunos resultados parciales. No me considero un experto, pero sí alguien que ha venido buscando las investigaciones que se han hecho sobre este tema, que hay una bibliografía extensa en los últimos años, es decir, he usado clásicos que todo el mundo conoce, El político y el científico, de Weber, que todo el mundo cita, y otros más recientes sobre ciencia y gobierno.

La otra fuente han sido mis experiencias de más de diez años como asesor en el Consejo de Ministros. Ahí tuve la oportunidad de relacionarme con miembros de los dieciséis departamentos del Comité Central en aquella época, tuve cientos de conversaciones con funcionarios. Encontré que eran personas muy educadas, muy cuidadosas con las expresiones de opiniones personales, más bien de pocas palabras, esa fue mi percepción.

En la bibliografía sobre ciencia y gobierno hay dos tendencias. La que habla de política y de ciencia con relación a los temas, digamos, de los presupuestos del estado para la ciencia, de la política de doctorados, de la forma en que se dirige, por ejemplo, el estudio de las ciencias básicas, la biología, la tecnología, etc.

La otra línea se refiere a los problemas concretos de la gestión de la ciencia vinculada a la fundamentación de las decisiones de gobierno.

La segunda línea, la que más nos interesa, es la que pone las reglas acerca del funcionamiento operativo del gobierno, y aquí surge una pregunta: ¿se puede enseñar a gobernar bien? Weber decía que, como en la política hay procesos de profesionalización, se requiere empezar a formar profesionalmente a los políticos, no de una manera azarosa, como era antes. Cada país tiene un modelo de formación de políticos.

Usando otra imagen, el político se orienta hacia adelante, y de vez en cuando mira el retrovisor. El funcionario le dedica más tiempo al retrovisor. Quiero comentar la pregunta: ¿cuál es el espacio de control que debe existir? En el caso cubano, el Estado, con un espacio de control demasiado amplio, como ocurre con el socialismo histórico, vertical, centralizado, genera una serie de eventos caóticos a veces, porque no se pueden controlar tantas cosas. En el otro extremo, el neoliberalismo imperante en el mundo de hoy, produce efectos caóticos similares al exceso de control. Hay un principio de dirección que dice: «mientras más controles, menos control.»

Precisando la diferencia entre el político y el científico, pongo un ejemplo. Cuando aquí en marzo de 2020 surgió la pandemia, el presidente tuvo la visión de adelantarse y saber que nosotros no teníamos capacidad financiera para comprar vacunas. Identificó el problema ante la comunidad científica y lo expresó claramente. Los científicos en este caso formularon el problema en términos científicos y elaborar la implementación práctica que condujo a responderlo. El político tiene que tener el olfato, Fidel lo mencionó treinta años antes, hace falta mucha intuición para adelantarse al futuro.

Las diferencias están en las características del proceso de trabajo de los intelectuales, los funcionarios y los políticos. El proceso de trabajo del político consiste en apelar a la nación, hacer un discurso ante un millón de personas, y además ir orientando y formando a los funcionarios operativos. El funcionario del gobierno tiene un proceso de trabajo que es ya la implementación, las acciones prácticas, concretas; aunque a veces hay un alejamiento de la intención del político, no siempre puede haber concordancia entre la operación del político y la operación práctica del funcionario.

Se ha señalado, por ejemplo, acerca del funcionamiento de los órganos políticos de nuestro Parlamento, que se reúnen muy pocas veces al año, con muy poco tiempo para analizar treinta, cuarenta o cincuenta problemas en dos semanas. Habría que investigarlo el funcionamiento de nuestro Parlamento, como un órgano importante que refleja las opiniones de diputados y diputadas.

Rafael Hernández: Muchas gracias. De cierta manera han empezado a responder mi segunda pregunta; sin embargo, antes de formularla a continuación, quiero que incluyan en ella dos subpreguntas: ¿Cuando un político se refiere a «la colaboración con la ciencia», está pensando más bien en la ciencia natural o en la social?, o ¿el político siempre cree que la ciencia natural le puede aportar igual que la llamada ciencia social?, ¿se colocan del mismo modo frente a la ciencia natural que a las ciencias sociales, a la ciencia del gobierno, a la ciencia sobre la sociedad, sobre las formación y proyección académicas en su trabajo, ¿cómo han vivido ambos roles a la vez? ¿Son inseparables? Aquí estamos en una actividad de análisis, y como en todo análisis, se trata de separar funciones y roles, que era el centro de la primera pregunta.

Y si pudieran precisar: ¿cuando ustedes piensan en un político están pensando en un miembro de la Asamblea Nacional o en un dirigente de la UJC? ¿En el momento preciso en que dicen «el político», están pensando en alguien que fue elegido, que tiene una función de representación, cuyo rol está definido por esa función y no por ocupar un cargo dentro de un aparato?, ¿hasta qué punto es así?

Mi segunda pregunta al panel: ¿Qué tendría que aprender un político para poder hacer uso realmente del conocimiento científico en todas sus modalidades?, ¿qué le falta por aprender a un político?, ¿cuáles son las cuestiones que un político suele tener, no el tipo ideal de político —como diría Weber —, sino el real, habitual?, ¿cuáles son los déficits que tiene el político real, habitual, para aprovechar las modalidades diferentes del conocimiento científico en función del desarrollo y de la actividad del político, y de todo lo que le toca hacer al político? Y en sentido contrario, ¿en qué medida el científico debería entender cosas del político?, ¿y por qué es importante que las entienda, en el sentido de que sea vital para la función del científico y la del político? Piensen en algo clave que muchos científicos no entiendan acerca de lo que es la función del político.

Jenniffer Bello: Según el rumbo de la pregunta, esto se va complejizando y se ha convertido en una megapregunta con no sé cuántas vertientes. Estas preguntas están expresadas o mediadas por una relación fundamental entre poder y saber, o sea, el poder cómo se asume, cómo se ejerce, y el saber en esa producción o construcción del conocimiento y, por otra parte, en esa producción y conclusión de la acción del poder como tal, y por muchas interpretaciones que ha tenido es un dúo, una relación el político y el científico, la política y la ciencia, bien compleja, bien polémica en las maneras en que se asumen.

Y en ese aprendizaje que debe estar en cada uno, en los problemas que emergen, desde una relación o una visión de la ética del político, está entender y concientizar que para realmente ejercer sus funciones y que respondan a su encargo social necesita del conocimiento de lo más avanzado de la ciencia, la tecnología y la innovación, porque su rol se atribuye, se determina, se le otorga, y cuando Rafael decía qué tipos de políticos nos imaginábamos, yo pensaba en todas las expresiones que estos puedan tener, desde un presidente de un Consejo Popular, de la Asamblea Municipal o Nacional, todo el aparato estatal cubano gubernamental como el secretario del Partido o del gobernador de una provincia, aunque posee un aparato de estructuras, de funcionarios bajo su técnicas, naturales, exactas, básicas, para la toma de decisiones. Expresión de ello, es lo hecho debido al impacto de la pandemia.

Sin embargo, las ciencias sociales son una incógnita o una asignatura pendiente para muchos, pero que se están retomando significativamente, o hay claridad, concientización de que se necesita de ellas, porque estudian o exploran, o investigan, o estudian el ejercicio del político, y, a veces, puede estar en esa relación y en esos problemas que dificultan en que el político también tiene la responsabilidad de equilibrar o estabilizar la política. Si un científico social, desde su investigación, viene ahora a decir que hay que hay que cambiar la política, yo desde mi zona de confort me cuesta trabajo entender que tengo que dar un salto hacia el cambio, por eso decía que está mediada por una relación ética, tengo que saber que lo que me está diciendo me tiene que permitir poder encauzar y asumir políticas públicas, y estos son conceptos que se están interiorizando ahora y se están haciendo más visibles por todos.

Sin embargo, en la expresión de los aprendizajes, ahora hay un Consejo Nacional de Innovación, hay una estructura estatal, gubernamental, para asesorar a los políticos cubanos, a los que tienen que tomar decisiones o encauzar la instrumentación de políticas públicas, eso existe a nivel de Estado, pero considero que tiene que descender también a otras estructuras, o sea, para que otros puedan ejercer mejor sus funciones apoyados en la ciencia —expertos, el secretario del Partido y el gobernador de un municipio o provincia respectivamente, o el presidente de la Asamblea en un municipio, y no desde la empiria o desde el cumplimiento de determinada tarea, sino que la ciencia me tiene que decir que para tomar esta decisión me va a amparar.

Imaginémonos un presidente, un Consejo Popular que determine quiénes son las personas, los expertos, científicos, educadores, intelectuales de su demarcación, trabajen o no en ella, que vivan allí, y que sean constituidos como el grupo asesor para que ese presidente del Consejo Popular, que tiene que tener más poder, pueda entonces ejercer sus funciones.

Y en esos aprendizajes los políticos debemos/deben aprender de los científicos, sobre todo el método científico para poder interpretar su realidad —tan difícil, dura, compleja, inatrapable ,que tiene su cualidad de ser transformada, y la única manera de hacerlo es aplicando un método científico; por lo tanto, nuestros políticos dentro de su formación, profesional o no, para ejercer la política hay que lograr que se apropien del método. Los científicos pueden aprender de los políticos la comprensión del gran papel que ellos tienen, o sea, comprender también esa zona de confort que, a veces, es difícil de saltar, para que a la hora de presentar los resultados de sus investigaciones puedan ser lo más visto a un político que crea que sabe física, él pregunta y acepta como bueno lo que le digan los físicos, sin embargo no es así cuando se trata de economía, no es igual, es complicado; pues las afirmaciones que pueda hacer un físico a lo mejor tienen un grado de exactitud porque se trata de sistemas más simples, más controlados, que las que pueda hacer un economista.

Hay políticos que tienen un elevado nivel cultural, una avidez de conocimiento tremenda. En mi experiencia recibí en laboratorios de la Universidad a decenas si no cientos de políticos y funcionarios, y puedo seleccionar con quizás los dedos de una mano a los que realmente estaban interesados, y no por que fueran científicos, sino porque realmente querían saber y entender para poderse comunicar después. Por ejemplo, Fidel estuvo dos horas en la Facultad de Física haciendo preguntas sobre superconductividad, él no se iba a dedicar a ella ni nos iba a decir qué teníamos que hacer, lo que hizo fue apoyar y se interesaba para qué servía, etcétera, y hay otros ejemplos de ese tipo.

Los científicos también necesitan saber un poco cómo funciona la política, cómo se construyen consensos, cómo se toman las decisiones. Deben saber que se les convoca como expertos para que aporten conocimientos científicos, no opiniones; se trata de precisar dónde termina la ciencia constituida y comienzan las opiniones más o menos expertas. Hay que saber comunicar la ciencia con claridad a los que no son científicos, sin distorsiones y concesiones que la vulgaricen. Un buen diagnóstico y la explicación de un fenómeno es un gran resultado científico, pero los políticos necesitan, sobre todo, soluciones, y generalmente urgentes, por eso reclaman propuestas rápidas.

Siempre que sea posible deben ofrecerse varias opciones de acción diferentes, no amarrarse a una sola alternativa. Son los políticos los que toman las decisiones, las cuales suelen basarse en una combinación de elementos de diferente naturaleza, no todos científicos. Tampoco corresponde a los científicos explicar ni implementar las decisiones, eso es tarea de otras personas. Probablemente en muchas circunstancias los científicos serán presionados para que respalden con argumentos científicos opciones políticas ya decididas o ideas preconcebidas; deben saber resistir o esquivar esas presiones, o retirarse.

Por su parte, los políticos deberían saber cómo funciona la ciencia, especialmente que los científicos estudian sistemas idealizados o simplificados, no la realidad en toda su complejidad sobre la que tiene que actuar el político.

Los científicos necesitan tiempo para estudiar cada problema, uno puede apelar a lo que ya es ciencia constituida, a lo que ya está hecho, pero estudiar un problema nuevo lleva tiempo. Para ellos que no gusta. Estudiar para entender. Todos recuerdan al Che, cómo organizó los estudios de matemática, física, y computación, en el Ministerio de Industrias. Fidel, en plena Zafra del 70, a veces iba a cortar caña con Chomy y después ahí estudiaban matemática, porque él sabía que tenía que estudiar, que saber.

Los roles que nos ocupan deberían entender que para comprenderse hace falta tiempo, oportunidad de diálogo, y que sin un comportamiento ético no hay una buena relación posible.

José Ramón Acosta: La subpregunta es muy importante. Me llamó mucho la atención porque todavía una buena parte de nuestros políticos y funcionarios se mueven en el horizonte del paradigma epistemológico clásico, donde hay ciencias duras y blandas, y las respuestas caen en la explicación de lo que ya pasó, y no de una participación importante en el diseño e implementación de políticas.

El reciente Decreto-Ley que modifica, actualiza todo el sistema de ciencia, tecnología e innovación, es un amplio marco que luego fue traducido en varias resoluciones del CITMA, y la resolución que reestructura el sistema de categorización científica —a pesar de que la dirección del país está haciendo insistencia en la necesidad de que las ciencias sociales tengan un papel más activo en el diseño e implementación de las políticas— elimina el requisito “problema social en la ciencia y la tecnología” para acceder a la categoría científica hasta el investigador final; y a pesar de que el Decreto-Ley tiene un apartado donde admite o da la posibilidad de que se creen comisiones independientes para evaluar los proyectos, en esa resolución donde se establece el proceso de evaluación de proyectos no se incluyen los comités de ética de la investigación.

Y dentro de los puntos que Carlos señaló me parece muy importante la cuestión de los tiempos de las ciencias, que no necesariamente tienen que ser los mismos de la política. Yo tuve la oportunidad de ser parte del comité de ética de la investigación que controló los ensayos clínicos Fase III de los candidatos vacunales Soberana 02 y Soberana Plus, y los estudios de intervención con Abdala en La Habana, y esta experiencia —vengo de ser presidente de un comité de ética e investigación—, el Decreto-Ley y las resoluciones del CITMA me tocan directamente, porque los investigadores de mi facultad están diciendo: «Ya el comité de ética de la investigación no tiene razón de ser», a pesar de que hay cuatro resoluciones del ministro de Salud Pública que obligan a que todo proyecto de investigación sea evaluado por un comité de ética, pues como en la resolución del CITMA no aparece, no hace falta. Es un debate candente.

Como ciudadanos estamos muy imbuidos de la necesidad de que las investigaciones antes mencionadas iban a dar los resultados que al final dieron; sin embargo, —como decía Carlos—relación con los tiempos.

Rafael Hernández: Esa vamos a dejarla para la tercera pregunta.

Reudenys Salas: Acerca de la subpregunta que Rafael hacía sobre si los representantes de la UJC pueden considerarse políticos, creo que sí, porque responden a políticas y las generan. De una manera u otra están validados por diferentes organismos u órganos de dirección, por lo tanto son representantes también del pueblo; de hecho, esa organización forma parte del sistema político cubano; en consecuencia, todos sus representantes hacen política y se consideran políticos.

Comparto el criterio de la relación poder-saber, definitivamente es necesaria. Se hablaba de la necesidad de la colaboración entre el político y el científico para la toma de decisiones y esa transformación de la sociedad. Aunque política y ética no sean sinónimos, aunque pudieran ser incluso hasta antagónicas, en la relación poder-saber tiene que mediar la ética; desde mi perspectiva, es un principio cardinal y, además, por la relación necesaria que se debe establecer de coordinación- subordinación entre lo político y el propio saber.

Para determinar las variables que pudieran comprender o hacer comprender la relación saber-poder, me pregunto ¿cuáles son esos saberes necesarios que necesita ese político desde el punto de vista de la ciencia para poder llevar a cabo su labor y tener mejores resultados?, ¿cuáles son esos contenidos científicos que sistematizar para poder implementar o poner en práctica esas ideas, y de los que nos podamos empoderar.

Algo que ha sido muy novedoso en Cuba y que ha venido dando resultados en estos últimos tiempos es el sistema de gestión de gobierno basado en ciencia, tecnología e innovación, del Presidente de la República, o sea, cómo es la expresión directa de esa relación poder-saber, político-científico, a partir de la propia estructuración que se establece dentro de ese sistema de gestión de gobierno; pero, además, no por gusto en el caso cubano uno de los pilares en el que descansa tal gestión es precisamente los tres basamentos, a partir de los propios resultados, e invito a acercarse a esa teoría científica del doctor en Ciencias, Miguel Díaz-Canel, porque ilustra todo eso con el ejemplo concreto de la COVID-19: cómo Cuba pudo en 2020, 2021, tener un enfrentamiento positivo a la pandemia aplicando ese sistema.

El político en estas condiciones requiere analizar los fenómenos atendiendo siempre a los contextos, sobre todo para la toma de decisiones. Desde las Tesis de Feuerbach se dice la necesidad del conocimiento del contexto para poder transformarlo, y el político necesita analizar un fenómeno tal y decisiones al final la tiene el político. Hay que seguir trabajando para poder tener los resultados concretos y poder concretar esa relación poder-saber.

Ricardo J. Machado: Voy a cambiar el orden del comentario y comenzar por una observación que tú hiciste, que yo interpreté en el sentido del papel que juegan las ciencias sociales con relación a las ciencias duras en cuanto a la sostenibilidad del sistema político; este asunto hoy es decisivo, yo lo asocio al concepto de desarrollo.

El concepto de desarrollo es fundamental para el despliegue de la sostenibilidad de una sociedad. Ya un grupo de universidades europeas hace rato que han creado una carrera universitaria que se llama Tecnología, Economía y Desarrollo Social, articulando las variables tecnológicas. Esas variables tecnológicas por sí solas no pueden producir desarrollo, o articuladas a la economía por sí solas no pueden producir desarrollo. Solo cuando se articulan a las ciencias sociales, que son las que tienen que ver con lo que pasa adentro de la persona, con lo intangible, con los sentimientos, con las motivaciones, por ejemplo, las motivaciones. Estas se vinculan a algunos de los fallos del funcionamiento de nuestra economía, pues la motivación es la gasolina del cerebro humano, y depende de un equilibro entre los intereses sociales del estado y los intereses privados. Cuando el interés estatal lesiona y fracciona el interés individual se desconecta la motivación. Hay que trabajar mucho para darle más sostenibilidad al sistema sociopolítico nuestro.

Las ciencias básicas y las tecnológicas, por ejemplo, la medicina, aportan mucha sostenibilidad a un sistema político, la salud, la educación. Pero si no hay ciencia que se ocupe de lo intangible, de la legitimidad de un gobierno, de la credibilidad, de la comunicación del gobierno, de si los políticos de primero y segundo nivel utilizan frases inconvenientes, no es posible consolidar de manera firme la sostenibilidad de un sistema político.

El papel de las ciencias sociales, de las ciencias del comportamiento, las que trabajan en las relaciones sociales, son decisivas en que un sistema político avance, se desarrolle y se estabilice.

La subestimación en el reconocimiento de las ciencias sociales es grave. Cuando nosotros analizamos la estrategia de confrontación que tiene el enemigo y el barraje enorme que está haciendo a nivel internacional a través de las redes sociales, de YouTube, y la analizamos, encontramos que han creado un sistema.

La lucha por la conciencia y el destino del hombre, de lo que hoy se define, es una batalla que está dentro de la conciencia humana, y ahí solo se llega con herramientas que tienen articulación con las plano de la conciencia. Recuerdo a cada rato una frase de El Capital donde Marx dice: «La productividad y la eficiencia están dentro de la personalidad del obrero». Se adelantó ciento cincuenta años al concepto de capital intelectual. Marx se dio cuenta de que la productividad está en la fisonomía interior del ser humano, en el desarrollo de su motivación, de sus valores, esa es la base de la productividad, de si tiene ganas de trabajar. Y eso es válido para los científicos y en alguna medida para los políticos.

El punto en común que todos tienen es la ética. La ética del político no es la ética del hombre común; el hombre común, o nosotros, podemos manejar dosis de verdad. El político tiene grandes compromisos en el manejo de la verdad. He discutido con políticos acerca de que si decir una verdad es más peligroso que decir una mentira. El político debe saber gestionar la verdad. Fidel era un maestro en eso. Y no tiene que ver sólo con su cultura política; y con el aporte de los griegos, del pensamiento filosófico, durante los dos años en el presidio de Isla de Pinos estudiando filosofía y pensamiento filosófico, según personas que estuvieron entonces con él.

Rafael Hernández: Ya estamos entrando en la parte final y en la postfinal inclusive. La cantidad de intervenciones que hubiéramos podido tener se ha reducido debido a que algunos de los que estaban escuchando han dejado de hacerlo, porque nuestra conexión ha estado fallando.

Rafael Cruz: El político es la persona encargada de las labores de dirección política de la sociedad, la que en la distribución social del trabajo, mandatado por el pueblo, gestiona sus demandas. Tras la práctica de la dirección política debe haber ciencia, especialmente en un país en transición socialista, como Cuba; pero la dirección, como ciencia, no puede por sí sola resolver las demandas que la realidad impone, por eso necesita de la participación del resto de las ciencias, de todas. Es decir, se debe lograr una especie de comunión entre ciencia y dirección, que otorgue calidad al proceso de toma de decisiones, y por lo tanto, una unidad dialéctica entre teoría y práctica. Ese proceso debe apoyarse en métodos, en recursos, en herramientas, que la ciencia ha creado como la sistematización, el análisis, la investigación, el diagnóstico. En tal sentido, yo veo al científico y al político como una articulación imprescindible para la calidad de la solución de las contradicciones y las demandas de la realidad. Lo contrario –el inmovilismo, la improvisación, el dirigismo y otras prácticas negativas– afecta el ejercicio de la dirección y de toma de decisiones.

Rafael Hernández: Hay una pregunta que me llegó en un mensaje de texto que dice: “En el panel hay distintas generaciones, ¿ustedes aprecian diferencias generacionales dentro de la problemática o el tema que estamos analizando?, ¿dirían que hay diferencias significativas en relación con los problemas que estamos analizando, según son percibidos por personas de edades y generaciones diferentes?”

A los que están todavía conectados, o se vuelven a conectar, les pediremos que envíen mediante un mensaje de texto sus preguntas.

Jesús Guanche: (Antropólogo y profesor. Universidad de Hebei, China) Permítanme hacer un recorrido propio por las preguntas que se le han formulado al panel. En primer lugar, la función del político es aplicar la política de manera correcta y para ello se basa en fuentes múltiples, desde la experiencia acumulada, el grupo de asesores, coyunturas nacionales e internacionales, los estados de opinión y lo demostrado o sugerido por el conocimiento científico. Esto conduce al político a no pensar de manera sectorial o unilateral, sino a tomar en consideración los múltiples factores, a favor y en contra, que pueden influir en la toma de decisiones.

La del científico es alcanzar niveles de conocimientos en cualquier campo del saber a través de uno o varios métodos, que le permitan sistematizar y superar el conocimiento anterior, y comunicar sus resultados; bien mediante publicaciones, eventos, la actividad docente, etc., y usar esos resultados como herramientas para sugerir o proponer decisiones de política.

Lo anterior, precisamente, distingue al científico del funcionario, que puede o no implementar adecuadamente las decisiones políticas o ralentizarlas, según intereses personales, de grupo, interpretarlas de otro modo o por otras circunstancias ajenas a la dirección de las decisiones tomadas. Esa es la conocida gran diferencia entre lo dicho y lo hecho, todo depende de las características de cada funcionario y del papel que desempeña el seguimiento de acuerdos, decisiones, implementaciones u otras vías de aplicación de la política.

También, la actividad del científico marca la diferencia con otros valiosos intelectuales que acuden a diversos recursos como la imaginación, la experiencia vivida, las imágenes, la fantasía, la oralidad, la tecnología, las artes y la literatura para expresar múltiples sentimientos, opiniones, argumentos sobre la (su) realidad, que puede coincidir o no con la actividad científica ¿?, pero que sin duda enriquecen saberes y haceres de los humanos desde la historia temprana hasta el presente.

Lo anterior también se relaciona con los tiempos en que operan políticos y científicos. Por ejemplo, uno de tantos expertos sobre el modo de operar los think tanks señala en relación con el uso del tiempo y sus objetivos: «El científico y el político tienen tiempos diferentes: el primero puede concederse tiempos largos; el segundo casi siempre debe decidir en estado de necesidad y urgencia.

También sus responsabilidades son diferentes. La responsabilidad del científico es aclarar los términos de un problema; la del político es resolverlo con una decisión, que no puede aplazarse de manera indefinida».

Por ello, la posible solución a estos y otros problemas es el diálogo permanente entre ellos, una tarea que se ha emprendido actualmente de manera sistemática y debe conducir al éxito, lo cual también tiene que ver con el papel de los científicos en la evaluación de la aplicación de políticas sugeridas como resultado de la propia actividad científica. Esto facilita el aprendizaje mutuo. El político tiene la necesidad de contar con resultados y sugerencias de política de manera clara y medible en el tiempo, y los científicos necesitan contar con recursos, conectividad y condiciones para estar al día, tanto a nivel de país como mundial, sobre los problemas, sus soluciones y perspectivas. No olvidemos que con alta frecuencia los científicos empleamos el método comparativo. Lo que puede funcionar para un país puede no funcionar en otro, o lo que funciona en una ciudad altamente poblada puede no ser viable en una zona de difícil acceso. De manera que también los criterios de generalización de un resultado pueden muy útiles en unos casos y altamente peligrosos en otros.

En este sentido, a los científicos les falta mucho por aprender del trabajo de los políticos, quienes deben implicarse más en la toma de decisiones, ya que una decisión correcta puede mostrar una aplicación local o general de un resultado de la actividad científica; pero si la sugerencia o la propuesta no está plenamente avalada, la decisión del político puede conducir a situaciones muy desfavorables para el país o a otro nivel mayor.

Desde hace ya varios años, es común en el Polo de Ciencias Sociales del CITMA, el diálogo entre diversas instituciones dedicadas a la actividad científica y los decisores. Esto ha generado un modo de hacer que consiste en identificar los problemas fundamentales de un campo (situación social, económica, demográfica u otra) y proponer o sugerir un conjunto de soluciones para que formen parte de las decisiones políticas. Considero que el asunto no es solo llegar hasta ahí, sino ¿en qué medida unas sugerencias son aceptadas y otras no?, ¿quién o quiénes interpretan las propuestas?, ¿quiénes son los encargados de implementarlas? Si el proceso de implementación funciona o no, ¿cómo afectan las propuestas determinados intereses o mentalidades de otra época? En fin, un caleidoscopio de preguntas que van más allá del deber de alcanzar resultados y de proponer soluciones.

Un científico es un escéptico, una persona que duda y cuestiona lo que observa, incluso lo que ya sabe. Su rol es buscar, descubrir y desarrollar nueva información o conocimientos sobre el mundo que nos rodea, a partir de una metodología consensuada dentro de la comunidad a la que pertenece, para resolver problemas que se presentan en la sociedad. Por su parte, el rol del político se asienta en representar un ideal o los intereses de un segmento poblacional, en un contexto determinado, y ejercer el poder en beneficio de aquel; es decir, sirve a la solución de determinadas problemáticas o aspiraciones de índole social y económico, a partir del respaldo de un grupo de personas a las que representa y por las que fue elegido. Ambos tienen puntos en común, en tanto el político también intenta encontrar modos de solucionar determinados problemas y situaciones, buscando la mejor variante posible, idealmente para el bien de los ciudadanos. Y ambos necesitan convencer, compartir, comunicar, sus ideas o logros para que sean asimilados por el tejido social. No obstante, las acciones de un político están marcadas por su ideología y la del grupo de personas que representa o que lo eligieron; en tanto, para el científico, sus acciones estarían marcadas por la búsqueda de nuevos conocimientos, de la verdad.

Es común escuchar que el político lidera o gobierna y el funcionario, administra. Es decir, el político concibe, dirige e impulsa las líneas o programas para la gestión pública de gobierno, según un programa determinado; mientras el funcionario, como experto en las diversas materias necesarias para esa gestión, vendría cumpliendo una labor de asesoría o ejecución de las normas que posibiliten llevar a la práctica los programas que traza la política. Así, el político tendría la iniciativa y el funcionario sería una especie de herramienta de ese servicio. Pero la distinción probablemente más importante es que para el político, a diferencia del funcionario, es esencial el establecimiento de diálogos, de consensos, a partir de la deliberación colectiva, para llevar adelante sus programas.

En el pasado, el científico y el intelectual se separaban; en tanto se entendía que el intelectual era un humanista, un creador (artista, filósofo o escritor) vinculado al estudio, reflejo o compresión de la condición humana. Con el desarrollo de la sociedad, y el auge de la multi e interdisciplinariedad, esa separación, ese velo tupido entre uno y otro, se ha ido haciendo traslúcido y poroso.

No solo se influye en la realidad social con ideas o por la manera en que estas se describen, recrean o divulgan; las ciencias naturales y exactas, con sus descubrimientos, también permiten construir (o destruir) alternativas sociales y espirituales. Y si no, mírese el impacto social y político que ha causado en Cuba la creación por la industria biotecnológica de cinco vacunas propias contra la Covid-19, que se erige en espaldarazo a un modelo universal y gratuito de entender el acceso a la medicina y a la salud.

Entre los problemas que surgen en las relaciones entre políticos y científicos, me gustaría mencionar:

- Incomprensión o desconocimiento de las particularidades de los tiempos, dinámicas de actuación, prácticas profesionales y roles de cada uno.

- Desconexión de los principales temas de interés para la ciencia y los científicos con las necesidades socio-económicas y políticas del país.

- Escasa participación de instituciones académicas en la formulación de políticas.

- Desequilibrios en las prioridades según especialidades de la ciencia y en reconocimiento social de los científicos atendiendo al área de la investigación a la que se dedican (Ej: ciencias básicas/ciencias aplicadas).

- Exigua prioridad a la actividad científica y a la asignación de recursos financieros para ella. Insuficiente aplicación de los resultados de la ciencia en la sociedad.

- Prevalencia del criterio de autoridad sobre las evidencias que aportan los resultados científicos.

- Falta de comunicación y déficit en los canales de diálogo entre ciencia y política o en los mecanismos institucionales para vincular investigación y política. Se relaciona también con el lenguaje diferente entre políticos y científicos, vinculado a carencias en la formación científica de personas que ejercen como políticos, por un lado, e incapacidad de los científicos de trasmitir de forma simple y directa sus ideas y de trascender una visión sectorial.

Los políticos deben aprender que el científico es un observador crítico de la realidad, un escéptico por naturaleza, un cuestionador permanente de los hechos y que este modo de encarar los fenómenos y procesos suele permitir encontrar más y mejores soluciones. Deben aprender que un resultado no deseado o esperado no tiene por qué ser negativo, sino que clarifica un camino que hay que abandonar y abre una puerta a la búsqueda de uno nuevo. Es decir, deben aprender flexibilidad y mayor capacidad para reconocer y abordar los errores. A los científicos les falta por aprender cómo exponer sus ideas y propuestas de manera sencilla, clara y directa. Les falta adquirir una mirada más abarcadora sobre la necesidad de establecer prioridades en el financiamiento público según las necesidades de la población y las condiciones reales de la economía en cuestión. Y ambos deberían comprender que la información es un bien público, que el desarrollo de la ciencia y de la sociedad demandan de un acceso expedito cada vez más expedito a los datos y aprender a comunicar sus saberes y decisiones de manera más sistemática y ajustada a los diferentes públicos.

En estos dos últimos años ha sido evidente la correlación entre la toma de decisiones tempranas, basadas en la ciencia, y las mejores experiencias de gestión de la pandemia de Covid-19. Ese vínculo permanente –que fue público a los ojos de la ciudadanía– entre investigadores y políticos, esa apuesta por la búsqueda de todas las opciones que la ciencia pudiera ofrecer, acompañada de mensajes de bien público, y de la imbricación de actores sociales de las más diversas ramas, varios momentos pérdida de credibilidad en las medidas adoptadas, en algunos casos y exceso de confianza en otros.

Ello indica que la democratización del conocimiento y la transparencia son esenciales para que las personas puedan tomar decisiones informadas sobre asuntos que son esenciales para su vida y su felicidad. La sociedad humana se desenvuelve en un marco de transformaciones permanentes que demandan una rápida adaptación en un universo de excesiva información, mucha de ella contradictoria o literalmente falsa.

Esto es aún más complejo en condiciones de asedio, como las que vive nuestra Isla, donde lograr reducir al máximo las posibilidades de errores en el diseño de las políticas tiene que ver con la sobrevivencia. El peso de la toma de decisiones en ese contexto es tan grande, que solo será posible cultivando la capacidad de utilizar responsablemente los saberes de todos los campos de la ciencia. Para ello es esencial tener la capacidad de sopesar y evaluar circunstancias y propuestas con solidez lógica. En resumen, de ese diálogo, debate y cooperación es que saldrá la capacidad de pensar críticamente y poder seleccionar con propiedad la mejor opción en cada circunstancia.

Rafael Hernández: Entre los temas suscitados por las respuestas del panel a la segunda pregunta y a las subpreguntas, está el de una variable que afecta a políticos y científicos: el nivel cultural. Entre diferentes generaciones de políticos y de científicos, ¿es significativo su nivel cultural? Partiendo, naturalmente, de que no tienen el mismo, y que no todos los científicos comparten el mismo tipo de experiencia, de conocimientos fuera del ámbito de la ciencia que practican. ¿Qué significado tiene su nivel cultural?

A veces he escuchado a científicos que se quejan de que los políticos no entienden un problema. No siempre es porque no lo entienden en el sentido estricto de no ser capaces de captar su sentido porque no tienen suficiente conocimiento científico para entenderlo. El ejemplo de Carlos sobre las dos horas de Fidel haciendo preguntas sobre los superconductores tiene que ver con la cultura de un político que cree que si no tiene un dominio básico, si no entiende de lo que se trata, no podrá apoyar, y desarrollar decisiones, y entender el propósito de los científicos cuando hacen las propuestas. Es decir, que el entendimiento del político no necesariamente está asociado con que pueda o no conocer de la ciencia en particular, sino a algo básico anterior, al dominio de la ciencia o al de su conocimiento elemental: una disposición al conocimiento que es cultural, derivada de la capacidad para aprender algo, para entenderlo, y que, en ocasiones, puede estar en la base de la resistencia a tomar una decisión. Puesto que es muy difícil tomar cualquier decisión sobre lo que no se entiende bien, no solo por los políticos, sino por los seres humanos en general.

Vuelvo con la pregunta: ¿qué le pasa a un científico cuando tiene que desempeñar una responsabilidad?, ¿a un científico cuando, por los azares del destino, termina siendo ministro —o algo parecido? ¿Cuando le toca tomar decisiones dentro de una institución, de una estructura que puede no ser necesariamente de gobierno, pero como decisor en ella tiene espejuelos que no tenía puestos mientras estaba en el laboratorio investigando, o estudiando o sistematizando los datos, o haciendo encuestas o seminarios?

Se me ocurren más preguntas porque ustedes pusieron sobre la mesa una cantidad de dimensiones diversas de esta problemática. Pero ahora les voy a dar la palabra otra vez.

Ricardo J. Machado: Tengo pendiente recordar en la pregunta dos la comunicación interpersonal entre los científicos y los políticos. Si no encuentras una zona común de intercambio a partir de la preparación de cómo se dialoga, surgirán los conflictos dentro de las relaciones entre científicos y políticos.

Reitero lo que mencionaron tanto Carlos como Jenniffer: la integridad ética del asesor científico es determinante. El científico está para decir lo que piensa, no para caerle bien al decisor. De otra manera, como Carlos lo definió, se trata de callarse la boca y de retirarse. Si el político quiere imponer sus criterios, puede ocurrir que el científico se calle la boca y le dice que sí, lo que desgraciadamente ha pasado muchas veces. Tengo anécdotas que empiezan con aquello de «para que no se disguste el Comandante». El que dirige la política tiene que aprender a aceptar información desagradable, porque lamentablemente la mayor parte de las verdades son desagradables; tiene que consumir mucha información desagradable y saberla gestionar. Si los científicos solo dan información agradable, lo más probable es que el político no tenga claridad para ver el problema.

El otro tema es que un buen científico no es necesariamente un buen asesor. Un buen asesor científico es aquel que sabe la forma de plantear los problemas, que sabe en qué canal transmitir la comunicación con el ministro, con quien no se puede hablar de la misma manera que con un miembro de la comunidad científica. Los científicos tienden a comunicar en el lenguaje del emisor, no del receptor, es un defecto que tienen.

Sobre el problema de la diferencia y lo que tienen que aprender, un científico verdadero, que tiene conciencia de lo que no sabe, tiene que ser humilde, para poder establecer un contacto con otro que no comparte su zona de ignorancia,tienen que tomar conciencia de su ego, presente en la formación de los dos.

Reudenys Salas: La ciencia como actividad institucionalizada y, además, permeada de valores e intereses sociales, no puede ser neutral, y por lo tanto necesita la cooperación de todos para lograr sus fines.

Tanto el político como el científico necesitan de una cualidad imprescindible, que desde el punto de vista de la comunicación es válida y necesaria, la empatía, o sea, cada uno de ellos tiene que lograr ponerse en el lugar del otro, el político en el lugar de los que dirigen; el científico, en el de la sociedad para poder también tener un resultado mucho más directo, sobre la base de la transformación de esta. En este sentido, se necesita fomentar el diálogo multinivel (nacional, provincial, municipal) que permita favorecer su acción conjunta, lo cual debe fortalecer esa unidad y desplazar las tendencias al sectorialismo, el verticalismo y los centralismos excesivos que ocurren. Ese diálogo demanda, además, adecuadas bases jurídicas y normativas que permitan favorecer las capacidades cognoscitivas, científicas y tecnológicas a escala local; se trata de la necesidad de comunicación al establecer la relación científico-político.

Los hijos no se parecen a los padres, sino a su tiempo, y analizo ese tiempo con el contexto.

No considero que sea una cuestión cultural la diferencia entre ese político y ese científico, al menos en el contexto cubano; porque hoy los modelos de formación, sobre todo los de formación de nivel superior, buscan la necesidad de que el egresado de las universidades salga con cierto potencial de cultura, de desarrollo de la cultura científica, y de un saber científico-investigativo que está estipulado desde su currículo, por lo tanto, ese mismo estudiante que se forma bajo ese paradigma, mañana — en el caso de Cuba es el político. Lo que habrá que determinar cuáles son esos saberes o esos nodos científico-investigativos que necesita ese político para poder entender la sociedad, pues la ciencia se vincula con la construcción de esos nuevos conocimientos.

Ante la pregunta ¿qué le pasa a un científico cuando llega a dirigir?, me parece que él tiene una visión más totalizadora de la sociedad, la observa desde diferentes perspectivas y ámbitos, independientemente de la ciencia de la cual proceda; es objetivo en los análisis que realiza, y no se diluye en identificar el problema sino en buscar las causas que lo generan, y determinar inmediatamente su solución.

En la Cuba actual podemos estar mucho más descansados al no encontrar, desde mi percepción, una brecha generacional, porque los propios modelos educativos hoy permiten que salga uno desde los diferentes puntos de vista de un mismo problema.

El debate científico tiene que permear más el análisis político. Nosotros tenemos una fortaleza, hay una voluntad política del Estado en basar las decisiones en los resultados de la ciencia y la tecnología, las opiniones en evidencias —como decía Carlos al principio— obtenidas a través del método científico, y escuchar criterios contrapuestos.

Por ejemplo, cuando se decidió la normativa para aprobar la extensión de los cultivos transgénicos en Cuba ninguno de los científicos que habíamos hecho objeciones fuimos invitados a los debates, ni Freyre, ni Carlos Delgado, ni Funes, ni yo; eso significa que si usted crea un escenario de aprobación no juega la decisión política con la manera de que debe incorporar la evidencia científica o por lo menos la opiniones científicas, porque nosotros no éramos festinados ni improvisados, teníamos argumentos que podrían ser justos o no pero tenían que haberse considerado en el debate.

Carlos Rodríguez: Claro que hay diferencias entre las generaciones, porque además, tenemos un apellido, representantes de generaciones jóvenes que son científicos y son políticos, y eso nos hace tener la esperanza de que más allá de que hemos tenido grandes políticos, los que tendremos en el futuro van a ser aún mejores.

Cuando a un científico le otorgan una responsabilidad política le sucede, entre otras cosas, que se siente entre dos fuegos, porque sus colegas le dicen: «Oye, ¿y aquello que tú decías?», y por otro lado tiene una presión de la realidad que lo obliga a tomar decisiones a veces nada más que para ganar tiempo porque no tiene ni siquiera la solución óptima, pero siempre cuenta con el aquello de oír a los científicos, de rodearse de ellos, porque toda la vida ha habido políticos que lo han hecho, y hay quienes se han rodeado de chamanes, brujos, sacerdotes, y sobre todo de aduladores, algo bastante común.

Es bueno pensar que cada vez haya más políticos en nuestro país que sean doctores, que sean científicos, o por lo menos que hayan pasado por la ciencia y la hayan conocido. Hay una buena tradición sobre todo en la etapa revolucionaria.

La primera generación creció y se formó en un momento de alta cohesión social, donde la ciencia dio un salto en este país con grandes oportunidades para la juventud, en contacto directo con la dirección de la Revolución, sobre todo con Fidel, que fue un tremendo inspirador de la ciencia y que creía en ella, y expresó frases inmortales sobre ello.

Science, y siempre los editoriales son políticos. Los problemas del asesor que renunció, ese que mencionó Machado, es un editorial de Science de ayer, que dice cómo tiene que ser un asesor científico, porque acaba de dimitir el que estaba en ese cargo y ahora nombraron dos, interesante, uno para las ciencias sociales y otro para las ciencias técnicas o la tecnología, etcétera.

Al final la ciencia es lo mejor que tiene la sociedad, o una de las cosas mejores que tenemos los humanos para afrontar el futuro.

Jenniffer Bello: Con respecto a las generaciones se logró una buena articulación entre la experiencia, la juventud, y en la mesa no ha habido un espíritu adultocentrista.

Hemos aprendido, porque el aprendizaje es un proceso a lo largo de toda la vida, y sobre todo porque cada uno partió de sus vivencias, de lo referencial, por lo tanto eso ha enriquecido más las propuestas o las valoraciones, esas múltiples miradas para construir un diálogo, un análisis, y me parece que esta interrelación de distintas generaciones ha sido también muy provechosa.

Con respecto al nivel cultural voy a discrepar en algunos elementos con mi amigo Salas. Esa frase tan dicha por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz que Cuba tiene que ser un país de hombres y mujeres de ciencia y de pensamiento, implica al científico, el político, el economista, el educador, a todos en la sociedad, o sea, que su población tenga una cultura general integral, con una visión global del mundo, pero para que puedan transformar esa sociedad o ese mundo, en cada puesto en que estén. Con ese nivel cultural el político tiene una visión más holística de los fenómenos o de los problemas que enfrentar para poder transformarlos; el científico, tiene que tener también otras múltiples miradas. Tenemos que seguir apostando por una formación multidisciplinaria, seguir avanzando en educar para la ciencia. En nuestras tesis de maestría y doctorado decimos que asumimos el método dialéctico-materialista, la teoría leninista del conocimiento, de la contemplación viva al conocimiento abstracto, y de ahí a la práctica pero, a veces, no sabemos leer e interpretar la realidad, y mucho más difícil poderla transformar.

En esa cultura general integral del político, del científico, también hay una mirada a la educación, en su sentido general, de esa persona que va transitando por niveles educativos, que se va formando, y que tenemos que aspirar a que sea ese hombre o mujer de ciencia y de pensamiento para que desde lo que va conociendo pueda contribuir a transformar su entorno.

Y con respecto a las habilidades, la expresión a veces más viva es el propio Che, que fue militar, político, economista, tuvo que dirigir un ministerio, o sea, en cada uno de sus roles andaba la vocación en mucho que interiorice, que tengo que lograr participación y consenso o no lo voy a lograr; en esa asunción de asumir una responsabilidad tengo que entender que existen determinados desafíos y riesgos, y que hay que modificar y aprender otras habilidades, cómo tengo que nuclear y, por supuesto, que en esa visión holística el científico le va a dar otra evaluación.

¿Que un político pueda ser científico?, si nosotros educamos para que ese conocimiento científico sea holístico, multidisciplinario, de distintas miradas, vamos a tener incluso políticos con una visión de un conocimiento científico que debe poder leer la realidad, e incluso científicos con la posibilidad de otros ejercicios de liderazgo en sus funciones.

Rafael Hernández: Siempre pensé que por sus integrantes este panel iba a ser excepcional, sin embargo ha estado por encima de lo que yo esperaba. Aunque hemos tenido menos participación por la vía de Telegram de lo que solemos, por la conectividad, al mismo tiempo entre ustedes han generado una dinámica de problemas. Los Últimos Jueves son buenos en la medida en que ponen sobre la mesa problemas. No necesariamente por cómo les dan respuesta. Ustedes han desarrollado un panel que ha enriquecido enormemente la cantidad de problemas, han traducido las preguntas a problemas, y eso es en definitiva lo que mueve el horizonte y las perspectivas que podamos tener sobre un tema como este. De hecho, no tengo nada que concluir, porque las dos ideas que tenía en mente las ha expuesto brillantemente Jenniffer con la cita de Fidel y con la relación de lo que en otros lugares se llama la puerta giratoria entre la ciencia y la política, es decir, que en gobiernos diferentes y en distintos momentos, científicos pasan de ser académicos a ser políticos, y luego salen del mundo de la academia y vuelven a entrar a ese mundo. Esa puerta giratoria probablemente, como se decía aquí, en la Cuba del futuro sea más común que se desarrolle, en la medida que también forma parte de que los políticos pueden tener una visión mucho más clara y distinta del papel de la ciencia, y una formación científico-cultural que los dote con esa capacidad.

Algunas veces, hablando sobre las características del liderazgo político en Cuba, he comprobado que tenemos un Consejo de Ministros con una determinada formación académica. Si ustedes estudian al Consejo de Ministros y ven de qué se graduaron; si ustedes estudian la política considerando en cuenta en qué se formaron los secretarios del Partido en las diferentes provincias y lo comparan con hace treinta o cuarenta años, vamos a encontrar enormes diferencias, relacionadas con la formación educacional, y el papel del conocimiento, inevitablemente. El hecho de que un secretario del Partido haya estudiado en un instituto pedagógico, y que alguna vez haya tenido estudiantes enfrente resulta significativo para entender la importancia de aprender a comunicarse. El intelectual que se llama maestro tiene una capacidad de comunicación, de transmisión y de escucha, que forma parte de su formación. De manera que se hace difícil entender cómo los políticos piensan la realidad cubana si lo vemos solo desde una ideología, y no desde qué aprendieron a hacer y cómo interactuado de esta manera, ha sido una forma estimulante de conmemorar el aniversario veinte de Último Jueves. Muchísimas gracias. ( HHC: Todas la negritas son nuestras)

Y de pronto, ya no existía el Imperio

Estados Unidos no ha invitado a Cuba, Nicaragua ni Venezuela a la novena Cumbre de las Américas que se celebrará en Los Ángeles en junio de 2022. Varios países han dicho que no asistirán a la reunión a menos que los 35 países de las Américas estén presentes


Por Vijay Prashad, Alai

El Imperio niega su propia existencia. No existe como imperio, sino solo como benevolencia, con su misión de difundir los derechos humanos y el desarrollo sostenible en todo el mundo. Sin embargo, esta perspectiva no significa nada en La Habana ni en Caracas, donde los “derechos humanos” han llegado a significar el cambio de régimen y donde el “desarrollo sostenible” ha llegado a significar el estrangulamiento de su pueblo mediante sanciones y bloqueos. Es desde el punto de vista de las víctimas del Imperio que llega la claridad.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, será el anfitrión de la Cumbre de las Américas en junio, donde espera profundizar la hegemonía de Washington sobre las Américas. El gobierno de EEUU entiende que su proyecto de hegemonía se enfrenta a una crisis vital provocada por la debilidad del sistema político y de la economía estadounidenses, con escasos fondos disponibles para invertir dentro de su propio país y mucho menos para el resto del mundo.

Al mismo tiempo, la hegemonía estadounidense se enfrenta a un serio desafío por parte de China, cuya Iniciativa de la Franja y la Ruta (también conocida como Nueva Ruta de la Seda) ha sido vista en gran parte de América Latina y el Caribe como una alternativa a la agenda de austeridad del Fondo Monetario Internacional.

En lugar de trabajar en paralelo a las inversiones chinas, EEUU está dispuesto a utilizar cualquier medio para impedir que China se relacione con los países de las Américas. En esa línea, Estados Unidos ha revitalizado la Doctrina Monroe. Esta política, que cumplirá dos siglos el año que viene, afirma que las Américas son el dominio de Estados Unidos, su “esfera de influencia” y su “patio trasero” (aunque Biden ha intentado hacerse el simpático llamando a la región el “patio delantero” de EEUU).

Junto con la Asamblea Internacional de los Pueblos, hemos elaborado una alerta roja sobre dos instrumentos de poder de EEUU —la Organización de Estados Americanos y la Cumbre de las Américas— así como sobre el desafío al que se enfrenta EEUU al intentar imponer su hegemonía en la región.

¿Qué es la Organización de Estados Americanos? La Organización de Estados Americanos (OEA) fue creada en Bogotá, Colombia, en 1948 por Estados Unidos y sus aliados. Aunque la Carta de la OEA invoca la retórica del multilateralismo y la cooperación, la organización se ha utilizado como herramienta para luchar contra el comunismo en el hemisferio y para imponer la agenda de Estados Unidos a los países de las Américas. Aproximadamente la mitad de los fondos de la OEA y el 80 por ciento de los fondos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), un órgano autónomo de la OEA, proceden de Estados Unidos. Cabe señalar que, a pesar de aportar la mayor parte de su presupuesto, Estados Unidos no ha ratificado ninguno de los tratados de la CIDH.

La OEA mostró su verdadera cara tras la Revolución Cubana (1959). En 1962, en una reunión celebrada en Punta del Este (Uruguay), Cuba, miembro fundador de la OEA, fue expulsado de la organización. La declaración de la reunión afirmaba que “los principios del comunismo son incompatibles con los principios del sistema interamericano”. En respuesta, Fidel Castro calificó a la OEA de “Ministerio de Colonias de Estados Unidos“.

La OEA creó el Comité Consultivo Especial de Seguridad contra la Acción Subversiva del Comunismo Internacional en 1962, con el propósito de permitir a las élites de las Américas –dirigidas por EEUU– utilizar todos los medios posibles contra los movimientos populares de la clase obrera y el campesinado. La OEA ha dado cobertura diplomática y política a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos al participar en el derrocamiento de gobiernos que intentan ejercer su legítima soberanía, soberanía que la Carta de la OEA pretende garantizar.

Este ejercicio ha ido desde la expulsión de Cuba por parte de la OEA en 1962 hasta la orquestación de golpes de Estado en Honduras (2009) y Bolivia (2019), pasando por los repetidos intentos de derrocar a los gobiernos de Nicaragua y Venezuela, y la actual injerencia en Haití.

Desde 1962, la OEA ha actuado abiertamente junto al gobierno estadounidense para sancionar a países sin una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que hace que estas sanciones sean ilegales. Por lo tanto, ha violado sistemáticamente el “principio de no intervención” de su propia carta, que prohíbe “no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen” (capítulo 1, artículo 2, apartado b, y capítulo IV, artículo 19).

¿Qué es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)? Venezuela, con el presidente Hugo Chávez a la cabeza, inició a principios de la década de 2000 un proceso de construcción de nuevas instituciones regionales fuera del control de Estados Unidos. En este periodo, se construyeron tres grandes plataformas: 1) la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en 2004; 2) la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en 2004; y 3) la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2010. Estas plataformas establecieron conexiones intergubernamentales en toda América, incluyendo cumbres sobre asuntos de importancia regional e instituciones técnicas para mejorar el comercio y las interacciones culturales a través de las fronteras. Cada una de estas plataformas se ha enfrentado a las amenazas de Estados Unidos. A medida que los gobiernos de la región oscilan políticamente, su compromiso con estas plataformas ha aumentado (cuanto más a la izquierda han estado) o disminuido (cuanto más subordinados han estado a Estados Unidos).

En la VI Cumbre de la CELAC, celebrada en Ciudad de México en 2021, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, propuso que se disolviera la OEA y que la CELAC ayudara a construir una organización multilateral a la escala de la Unión Europea para resolver los conflictos regionales, crear asociaciones comerciales y promover la unidad de las Américas.

¿Qué es la Cumbre de las Américas? Con la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Estados Unidos intentó dominar el mundo utilizando su poder militar para disciplinar a cualquier Estado que no aceptara su hegemonía (como en Panamá, 1989 e Irak, 1991) e institucionalizando su poder económico a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC), creada en 1994. EEUU convocó a los Estados miembros de la OEA en Miami para celebrar la primera Cumbre de las Américas en 1994, cuya gestión se encomendó posteriormente a la OEA. Desde entonces, la cumbre se convoca cada pocos años para “debatir cuestiones de política común, afirmar valores compartidos y comprometerse a realizar acciones concertadas a nivel nacional y regional”.

A pesar de su dominio sobre la OEA, Estados Unidos nunca ha podido imponer plenamente su agenda en estas cumbres. En la tercera cumbre de la ciudad de Quebec (2001) y en la cuarta cumbre de Mar del Plata (2005), los movimientos populares organizaron grandes contraprotestas. En Mar del Plata, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, encabezó una manifestación masiva que tuvo como resultado el colapso del acuerdo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impuesto por Estados Unidos. Las quinta y sexta cumbres de Puerto España (2009) y Cartagena (2012) se convirtieron en un campo de batalla por el debate sobre el bloqueo estadounidense a Cuba y su expulsión de la OEA. Debido a la inmensa presión de los Estados miembros de la OEA, Cuba fue invitada a las cumbres séptima y octava de Ciudad de Panamá (2015) y Lima (2018), en contra de los deseos de Estados Unidos.

Sin embargo, Estados Unidos no ha invitado a Cuba, Nicaragua ni Venezuela a la novena cumbre que se celebrará en Los Ángeles en junio de 2022. Varios países –entre ellos, Bolivia y México– han dicho que no asistirán a la reunión a menos que los 35 países de las Américas estén presentes. Del 8 al 10 de junio, diversas organizaciones progresistas celebrarán una Cumbre de los Pueblos para contrarrestar la cumbre de la OEA y amplificar las voces de todos los pueblos de las Américas.

En 2010, el poeta Derek Walcott (1930-2017) publicó “El imperio perdido”, una celebración del Caribe y, en particular, de su propia isla, Santa Lucía, al retirarse el imperialismo británico. Walcott creció con la asfixia económica y cultural impuesta por el colonialismo, la amargura de que te hagan sentir inferior y la miseria de la pobreza que le acompañaba. Años más tarde, reflexionando sobre el júbilo del fin del dominio británico, Walcott escribió:

Y de pronto ya no existía el Imperio.
Sus victorias eran aire; sus dominios, polvo:
Birmania, Canadá, Egipto, África, India, Sudán.
El mapa que había impregnado su mancha en la camisa de un escolar
como tinta roja en un papel secante, batallas, largos asedios.
Dhows y faluchos, estaciones de montaña, puestos de avanzada, banderas
ondeando en el ocaso su égida dorada
se extinguió con el sol, el último resplandor en un gran peñasco,
con sikhs con turbantes de ojos de tigre, gallardetes del Raj
al son de un clarín sollozante.

Estamos viendo el ocaso del imperialismo mientras emergemos lenta y delicadamente en un mundo que busca la igualdad sustantiva en lugar de la subordinación. “Este pequeño lugar”, escribe Walcott sobre Santa Lucía, “no produce más que belleza”. Eso sería cierto en todo el mundo si pudiéramos superar nuestra larga historia moderna de batallas y sitios, buques de guerra y armas nucleares.

Proyecto potencia producción con enfoque nutricional e integralidad

La meta del autoabastecimiento alimentario municipal (AAM) es disminuir la dependencia de las importaciones.






La iniciativa incluye la crianza de ganado menor, lo que contribuirá a reducir brechas nutricionales.

Foto: Proyecto Alass

La Habana, 4 jun.-  En la finca Colón, de 10,5 hectáreas, el agricultor Abel González, de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS)  José Martí, del municipio Remedios, produce hortalizas, frutales y granos. Es uno de los beneficiarios del proyecto Autoabastecimiento Local para una Alimentación Sostenible y Sana (Alass).

“Esos recursos serán de gran beneficio, indudablemente, se incrementará la producción más de cuatro o cinco veces”, dijo en uno de los talleres del proyecto que favorece a unos 110.000 habitantes y 73 cooperativas agropecuarias de seis municipios del centro de Cuba, en las provincias de Villa Clara y Sancti Spíritus.

Iniciado en 2019 y con fecha de cierre en 2025, tiene tres fases de implementación: actualización de los programas/planes territoriales para el autoabastecimiento municipal, fortalecimiento de las capacidades productivas locales y medición y divulgación de los impactos logrados.

De acuerdo con Yuliet Valdés, investigadora titular del Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical y coordinadora del equipo técnico nacional, Alass es uno de los tres proyectos del programa país Apoyo a la Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria (SAS), financiado por la Unión Europea.

La iniciativa persigue desarrollar sistemas sostenibles y resilientes que aseguren el suministro de alimentos locales, inocuos, sanos y diversificados y contribuyan al autoabastecimiento alimentario municipal (AAM).

Dimensiones diversas

En Remedios, Placetas y Santa Clara, en Villa Clara, y Yaguajay y Taguasco, en Sancti Spíritus, con la contribución de actores e instituciones locales, se diagnosticaron las brechas nutricionales y se construyeron de forma participativa las intervenciones específicas para incrementar renglones que respondan a su reducción.

A partir de las brechas nutricionales identificadas se seleccionaron las cadenas de ganado menor -por el déficit de proteínas, vitaminas y minerales-;  la de frutas y hortalizas para cinco de los seis territorios –dado el desbalance de vitaminas y minerales-, y la de viandas, en el caso de Sancti Spíritus, por el déficit de carbohidratos.

El proyecto,  que dispone de 4.000.000 de euros para cada una de las dos provincias, persigue incidir en la producción en las cadenas seleccionadas y acercarse progresivamente al plan operativo gubernamental de 30 libras de productos agrícolas y cinco kilogramos de fuente de proteína de origen animal.

De acuerdo con la coordinadora, además del enfoque nutricional, el proyecto tiene otras dimensiones: la infraestructura productiva para dar respuesta a la producción de alimentos también desde el acopio, la transformación, el beneficio, la comercialización, la inocuidad, la prestación de servicio y la producción de insumos.

Igualmente, se incluye la mirada a los recursos naturales: suelo, agua y energía, y el cambio climático, “porque estas dos provincias en los últimos años han incrementado su vulnerabilidad al cambio climático”.

Según destacó, “no es solo producir, sino que tenga calidad y no descuidar el tema de las pérdida y del aprovechamiento de los desechos, la equidad y la inclusión social, sobre todo para la incorporación de la mujer al sector agropecuario, como fuerza que está disponible en los territorios, así como de las y los jóvenes”.

Beneficios a la vista

Según Celso Alberto Quintero,  presidente de la CCS René Rodríguez,  del municipio de Yaguajay, “gracias al proyecto, tenemos el ciclo cerrado, es decir, los productores todo lo contratan con la cooperativa”.

“Una problemática era que como producimos en secano (con agua de lluvia) todo el mundo siembra y cosecha a la vez, el proyecto nos abrió los ojos e incorporamos las viandas y hoy podemos convertir los excedentes en alimento animal.  Lo primero que nos aportó fue capacitación, nos enseñaron a dirigir el trabajo para no perder nada en el campo”, dijo.

Alass “ha aportado recursos e insumos necesarios para aumentar la producción: alambre para las cercas, techos, entre otros y se ha logrado una integración muy fuerte en el territorio y mediante la empresa se le han construido tarimas a los productores con el objetivo de que los animales tengan un mejor bienestar”, dijo Alexander Vázquez, director de la Unidad empresarial de Base de Ganado Menor de Villa Clara.

Según Vázquez, el trabajo en las tres especies: ovinos, caprinos y cunícula ya arroja resultados entre los productores identificados para trabajar con el proyecto y ha permitido a la empresa –que le compra los ejemplares a los criadores-, cumplir sus planes y generar utilidades.

Los análisis arrojan la necesidad de una mirada interseccional al autoabastecimiento alimentario municipal, con prioridad del enfoque nutricional, la articulación de los actores locales bajo el liderazgo del gobierno de los municipios y que los compromisos productivos se armonicen con los intereses territoriales y nacionales. (2022)

viernes, 3 de junio de 2022

Llama Presidente cubano a extremar medidas de protección ante las intensas lluvias. Comentario HHC

 Junto al primer ministro, Manuel Marrero Cruz, y el secretario de Organización del Comité Central del Partido, Roberto Morales Ojeda, el mandatario cubano visitó la sede del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil para conocer sobre el sistema de bajas presiones que está afectando a la Isla y las medidas tomadas para contrarrestar sus daños.

Foto: Estudios Revolución

Tenemos que hacer mucho hincapié en las medidas de protección de nuestro pueblo, y sobre todo en la actitud responsable de cada cual ante un fenómeno meteorológico como el que está afectando a Cuba, subrayó el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al visitar en la tarde de este viernes el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil.

Junto al primer ministro Manuel Marrero Cruz y el secretario de Organización del Comité Central del Partido, Roberto Morales Ojeda, el mandatario cubano conoció sobre el sistema de bajas presiones que está afectando a la Isla y las medidas tomadas en cada territorio para contrarrestar sus daños.

Según explicó el segundo jefe del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, coronel Ángel Macareño Véliz, el impacto principal de ese fenómeno meteorológico son las intensas lluvias; además se han producido tormentas eléctricas y tornados.

Hasta el momento de redactar esta nota se había lamentado la muerte de dos personas en La Habana: una por el derrumbe total de una edificación y otro por un accidente en una zona de inundaciones. Además, se reportaba un desaparecido en la provincia de Pinar del Río. Las mayores afectaciones materiales, apuntó Macareño Véliz, se habían sucedido en los techos, y de manera parcial.

Al respecto, el Primer Ministro acotó que, en La Habana, hasta el momento del intercambio, se contabilizaban 40 derrumbes (uno total, el resto parcial), en Centro Habana, Diez de Octubre y La Habana Vieja. Permanecían protegidas 398 personas en centros de evacuación, y otras 1 836 se habían autoevacuado en casas de familias y amigos. En la mayoría de los municipios de la capital se reportaban inundaciones.

Luego de esta evaluación, el Presidente de la República apuntó que «las autoridades de cada uno de los territorios y del país han jugado el papel que les corresponde en los planes de nuestro sistema de Defensa Civil».

Foto: Estudios Revolución

Hemos iniciado una temporada ciclónica bastante activa, reconoció, con una dinámica intensa. Luego de la preparación que tuvimos con el Ejercicio Meteoro, recordó el Jefe de Estado, ahora vivimos este primer evento con un sistema de bajas presiones que está ocasionando intensas lluvias, tormentas eléctricas e inundaciones.

Díaz-Canel indicó «mantener activado nuestro Sistema de Defensa Civil durante todo este evento», y continuar con una vigilancia permanente sobre el fenómeno meteorológico. En los territorios, enfatizó, la tarea fundamental es evacuar a la población que está en riesgo por inundación o por posibles afectaciones de viviendas, así como la preservación de los bienes materiales, tanto de las personas como del Estado.

Foto: Estudios Revolución

Este no es momento para estar saliendo, valoró el mandatario, hay que permanecer en las casas o las instituciones, y evitar el tránsito intenso, excepto para cuestiones de más importancia. Díaz-Canel pidió al pueblo no cometer imprudencias que puedan costar vidas. Ya tenemos reportes de dos personas fallecidas y una desparecida, lamentó.

«Enseguida que pasen las lluvias tenemos que recuperar, de la manera más rápida y más intensa, todas las afectaciones, por lo tanto, hay que estar haciendo ya una evaluación de los daños, para tener bien organizado el trabajo de recuperación», indicó el Jefe de Estado.

Foto: Estudios Revolución

En sus precisiones, Díaz-Canel tuvo en cuenta la necesidad de mantener la limpieza y desobstrucción de los sistemas de drenajes, luego del paso del evento hidrometeorológico, «porque esta será una temporada intensa y los eventos se nos pueden repetir, incluso con más complejidad».

Igualmente habló de actualizar un grupo de obras o de inversiones que están en curso y que debemos impulsar más, en zonas donde habitualmente se producen inundaciones en la capital del país.

En este intercambio en la sede del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, el general de división Ramón Pardo Guerra, jefe de ese órgano, precisó que todos los consejos están activados, se han tomado las medidas pertinentes y nuestra población está bien preparada.

Comentario HHC: Nos llueve sobre mojado. 61 derrumbes en la Habana con 2 fallecidos, esperemos ninguno más. ! La agricultura veremos los daños!







¿ Algo mas ?. 

Iberojet lanza un vuelo directo desde Madrid (España) a Santiago de Cuba

 REDACCIÓN TOURINEWS VIERNES, 3 DE JUNIO DE 2022

“Es una magnífica oportunidad al mercado español de conocer Cuba desde una de las ciudades más interesantes a nivel histórico, cultural y patrimonial”

La aerolínea Iberojet (Ávoris-Barceló) ha anunciado el lanzamiento de un vuelo directo y sin escalas desde Madrid (España) a Santiago de Cuba a partir del 11 de noviembre de 2022. La ruta será operada semanalmente por un Airbus 330 y se mantendrá operativa durante todo el año.

Desde la compañía, que ya ha puesto los billetes a la venta, destacan que supone una gran oportunidad para conocer la segunda ciudad más importante de la isla en número de habitantes, que destaca por su historia, cultura y su puerto.

La urbe se ubica en la zona Este del país, a más de 800 km de La Habana y lejos de otros destinos más conocidos como Varadero. Teniendo en cuenta esto, Iberojet ofrecerá a los viajeros la posibilidad de combinar los aeropuertos de Santiago de Cuba y la Habana para entrar y salir del país y, así, poder conocer el país recorriendo la distancia que los separa.

Santiago de Cuba

La compañía destaca la popularidad que tiene Cuba entre los turistas españoles, siendo uno de los destinos más demandados. De hecho, han recordado que para este verano han incrementado la frecuencia a tres a cinco vuelos semanales desde Madrid a la capital cubana. (la frecuencia se reducirá a dos durante el invierno).

“Con este nuevo vuelo, no solo demostramos continuar apostando por este increíble país, sino que además nuestra compañía sigue trabajando en diversificar los destinos vacacionales del mercado español, un ambicioso plan de desarrollo que toma forma con la inauguración de esta nueva ruta”, ha comentado Paul Verhagen, subdirector general de Iberojet.

 “Gracias a esta nueva ruta que ha puesto en marcha la aerolínea Iberojet, se brinda una magnífica oportunidad al mercado español de conocer Cuba desde una de las ciudades más interesantes a nivel histórico, cultural y patrimonial”, ha manifestado Niurka Pérez Denis, consejera de Turismo de la Embajada de Cuba en España y Portugal.

Sancti Spíritus y el monopolio de los revendedores (+video)

Los acaparadores y revendedores constituyen un freno para que la mayoría alcance productos de alta demanda

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Las grandes colas resultan lugar ideal donde los revendedores se camuflan. (Foto: Vicente Brito/Escambray)

En la pescadería especializada, ubicada aquí mismo en la nariz del periódico Escambray, ocurre casi todos los días. Esta misma reportera lo ha vivido en carne propia cuando ha intentado comprar unas salvadoras croquetas y se ha quedado con las ganas. Los revendedores se atrincheran, se lo llevan absolutamente todo y nadie, absolutamente nadie, hace nada.

  O casi nada que —como en la canción de Silvio— no es lo mismo, pero es igual. El oficialmente llamado enfrentamiento existe, ya sea por los cuestionados cuerpos de inspectores o por la Policía, pero resulta mínimo ante la avalancha de traficantes de mercancía que pululan hoy aquí y al parecer en toda Cuba.

Sancti Spíritus se ha convertido en un gigantesco bazar. Como las tiendas y los mercados se mantienen semivacíos —excepto aquellos que venden en MLC—, en los portales, las salas, los enrejados se exhiben las más variadas mercancías. Y virtualmente ni hablar: Revolico en sus muchas versiones, Compra y venta en Sancti Spíritus y un larguísimo etcétera.



Casi todo el mundo vende o intercambia algo, al estilo del antiquísimo trueque practicado en los lejanos tiempos de la comunidad primitiva: picadillo por champú, pollo por detergente, vinagre por acondicionador.  

Sin descubrir el agua tibia, claro que la causa de esta revendedera sin frenos radica en la escasez. Escasez que a todas luces pica y se extenderá no se sabe hasta cuándo. Escasez que engorda la inflación y obliga a buscar dinero a toda costa porque los precios actuales mandan. Escasez que gravita en el vórtice de todo.

Y el descontrol también porque no es lo mismo vender lo propio que lo ajeno. Para nadie, ni para los cuerpos legales vigentes siquiera, resulta pecado que si usted tiene jabón y necesita aceite expenda lo uno para comprar lo otro o intercambie ambos productos. Pero revender los escasos productos que el Estado distribuye y vivir de eso sí constituye un delito penado por una ley que bien poco se aplica en los tiempos actuales.

Al ejemplo de la pescadería se le pueden sumar los mercados La Casiguaya y El Convenio, la Feria y cuanto lugar exista con mercancías disponibles en el territorio, ya sea en pesos cubanos e incluso aquellas que se comercializan en moneda libremente convertible.

Nadie me lo contó, lo vivo con frecuencia, como los miles de coterráneos que se diluyen en el habitual dilema de trabajar o salir a zancajear el pan de cada día, muchas veces sin éxito porque ya estos coleros vándalos se lo llevaron todo para luego comercializarlo sin escrúpulos a sobreprecio, cinco y 10 veces más caro.

Y, por cierto, hablando del pan, vale la pena una digresión incidental porque también las panaderías se encuentran tomadas por estos personajes, que luego revenden lo mismo la bolsa a voz en cuello en 70 pesos que la propia harina, igualmente robada al Estado porque aquí nadie la importa en barcos.

En verdad los acaparadores semejan un sindicato, un clan. Personajes escurridizos, problemáticos, simuladores, con mala pinta y modus operandi que no falla: cuando la cola parece fluir arman un nudo gordiano, lo enredan todo y vuelven a comprar. Siempre se enteran primero, hacen listas, reparten y atrapan los primeros números. Arman un embrollo y siempre ganan. Especímenes egoístas, sin escrúpulos ni compasión.

¿Y las administraciones de las tiendas, los comercios y demás puntos oficiales de ventas? Por lo general, bien y tú. Se cruzan de brazos como si con ellos no fuera “porque a nosotros no nos pagan para organizar colas, eso es problema de la Policía y esa gente se pone agresiva”.

Otra práctica corrupta de enriquecimiento ilícito, nada exótica en estos tiempos, también empeora el desabastecimiento y multiplica el disgusto: tantas voces no pueden andar equivocadas cuando cuestionan que en las tiendas también esconden los surtidos para luego abastecer a familiares y amigos o revenderlos por la izquierda a dueños de restaurantes y cafeterías.

Propuestas de soluciones más y menos razonables abundan en la vox populi: distribuir todo por la Libreta de Abastecimiento como parte de la canasta familiar normada, acabar de descentralizar el comercio minorista y que incluya las ofertas de cooperativas, cuentapropistas, y mipymes, permitir la inversión de cadenas de supermercados extranjeros en el país, potenciar el comercio electrónico, entre otras.

En verdad repartir lo poco entre muchos constituye arduo empeño, pero no puede ser más difícil, por ejemplo, que diseñar y fabricar las vacunas que hoy permiten mantener la covid a raya en Cuba, una victoria aún lejana para naciones del solvente primer mundo.     

Durante los momentos más duros de la pandemia fuerzas del orden público, apoyadas por representantes de la comunidad, de algunas empresas y organismos, lograban cierto orden en las colas, pero ya queda poco de aquella experiencia. Ahora, en algunos lugares, han comenzado a exigir la Libreta de Abastecimiento para vender determinados productos, una decisión que quizás rinda frutos.

Urge tomar esta y otras cartas en el asunto. Corresponde a los gobiernos locales en sus distintas estructuras hasta la base (consejos populares y circunscripciones), con el apoyo de las organizaciones de masas no pocas veces subutilizadas como los CDR y la FMC, buscar soluciones organizativas con más creatividad e iniciativa. Hacer cualquier cosa menos cruzarse de brazos, tirar la toalla y dejar que aquí mande el monopolio de los revendedores.

Entender bien la desglobalización

Por JOSEPH E. STIGLITZ, PS

DAVOS – La primera reunión del Foro Económico Mundial en más de dos años fue marcadamente diferente de las muchas conferencias previas de Davos a las que asistí desde 1995. No se trató simplemente de que la nieve brillante y los cielos despejados de enero fueran remplazados por pistas de esquí vacías y una llovizna de mayo lúgubre. Fue, más bien, que un foro tradicionalmente comprometido con la defensa de la globalización estaba preocupado principalmente por los fracasos de la globalización: cadenas de suministro alteradas, inflación de los precios de los alimentos y de la energía y un régimen de propiedad intelectual (PI) que dejó a miles de millones de personas sin vacunas contra el COVID-19 simplemente para que unas pocas compañías farmacéuticas pudieran ganar miles de millones de dólares en ganancias adicionales.

Entre las respuestas que se propusieron para estos problemas figuran “repatriar” la producción o “instalarla en países confiables”, e implementar “políticas industriales destinadas a aumentar las capacidades de producción de los países”. Atrás quedaron aquellos días en que todos parecían estar trabajando para un mundo sin fronteras; de repente, todos reconocen que por lo menos algunas fronteras nacionales son esenciales para el desarrollo económico y la seguridad.

Para quienes alguna vez defendían una globalización sin restricciones, este volte face ha resultado en una disonancia cognitiva, porque el nuevo conjunto de políticas propuestas implica que las reglas de larga data del sistema de comercio internacional se quebrarán o se romperán. Incapaces de reconciliar la instalación de la producción en países confiables con el principio de libre comercio no discriminatorio, la mayoría de los líderes empresariales y políticos en Davos apelaron a perogrulladas. Prácticamente no hubo un examen de conciencia sobre cómo y por qué las cosas han salido tan mal, o sobre el razonamiento errado e híper-optimista que prevalecía durante el apogeo de la globalización.

Por supuesto, el problema no es sólo la globalización. Toda nuestra economía de mercado ha dado pruebas de falta de resiliencia. Esencialmente fabricamos autos sin ruedas de auxilio –reduciendo unos pocos dólares del precio, sin preocuparnos demasiado por las exigencias futuras-. Los sistemas de inventario justo a tiempo eran innovaciones maravillosas mientras la economía enfrentaba alteraciones menores; pero terminaron siendo desastrosos frente a los cierres por el COVID-19, creando cascadas de escasez de oferta (como cuando una carencia de microchips condujo a una falta de coches nuevos).

Como advertí en mi libro de 2006, Making Globalization Work, los mercados son nefastos a la hora de “valorar” el riesgo (por la misma razón que no ponen precio a las emisiones de dióxido de carbono). Consideremos el caso de Alemania, que eligió que su economía dependiera de los suministros de gas de Rusia, un socio comercial claramente poco confiable. Ahora, enfrenta consecuencias que eran predecibles y que fueron predichas.

Como reconocía Adam Smith en el siglo XVIII, el capitalismo no es un sistema autosuficiente, porque hay una tendencia natural hacia el monopolio. Sin embargo, desde que el presidente norteamericano Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher introdujeron una era de “desregulación”, la creciente concentración de mercado se ha vuelto la norma, y no sólo en sectores de alto perfil como el comercio electrónico y las redes sociales. La desastrosa escasez de alimento para bebés en Estados Unidos esta primavera fue en sí misma el resultado de la monopolización. Después de que se obligara a Abbott a suspender la producción por cuestiones de seguridad, los norteamericanos pronto se dieron cuenta de que sólo una compañía es responsable de casi la mitad del suministro en Estados Unidos.

Las ramificaciones políticas de las fallas de la globalización también quedaron al descubierto en Davos este año. Cuando Rusia invadió Ucrania, el Kremlin fue condenado casi universalmente y de inmediato. Pero tres meses después, los mercados emergentes y los países en desarrollo (EMDC por su sigla en inglés) han adoptado posturas más ambiguas. Muchos apuntan a una hipocresía de Estados Unidos a la hora de exigir responsabilidad por la agresión de Rusia, considerando que el país invadió Irak bajo falsas pretensiones en 2003.

Los EMDC también enfatizan la historia más reciente de nacionalismo de vacunas por parte de Europa y Estados Unidos, que se sostuvo a través de disposiciones sobre PI de la Organización Mundial de Comercio que les fueron endilgadas hace 30 años. Y ahora son los EMDC los que están soportando la carga de precios de alimentos y energía más elevados. Estos desarrollos recientes, combinados con injusticias históricas, han deslegitimado la defensa occidental de la democracia y del régimen de derecho internacional.

Sin duda, muchos países que se niegan a respaldar la defensa de la democracia que hace Estados Unidos no son democráticos. Pero otros países sí lo son y la posición de Estados Unidos al frente de esa lucha se ha visto minada por sus propios fracasos –desde el racismo sistémico y el coqueteo de la administración Trump con regímenes autoritarios hasta los persistentes intentos del Partido Republicado de anular la votación y desviar la atención de la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos.

La mejor manera de proceder para Estados Unidos sería mostrar una mayor solidaridad con los EMDC ayudándolos a gestionar los crecientes costos de los alimentos y de la energía. Esto se podría hacer reasignando los derechos especiales de giro (el activo de reserva del Fondo Monetario Internacional) de los países ricos y respaldando una fuerte eximición de la PI por el COVID-19 en la OMC.

Asimismo, los altos precios de los alimentos y de la energía probablemente causen crisis de deuda en muchos países pobres, agudizando aún más las desigualdades trágicas de la pandemia. Si Estados Unidos y Europa quieren mostrar un verdadero liderazgo global, tendrán que dejar de ponerse de lado de los grandes bancos y acreedores que incitaron a los países a tomar más deuda de la que podían pagar.

Después de cuatro décadas de defender la globalización, es claro que los asistentes a Davos gestionaron mal las cosas. Prometieron prosperidad para los países desarrollados y en desarrollo por igual. Pero mientras los gigantes corporativos en el Norte Global se volvieron ricos, los procesos que podrían haber beneficiado a todos generaron en cambio enemigos en todas partes. La “economía de derrame”, el argumento de que enriquecer a los ricos automáticamente favorecería a todos, fue una estafa –una idea que no estaba respaldada ni por la teoría ni por la evidencia.

La reunión de Davos de este año fue una oportunidad perdida. Podría haber sido una ocasión para reflexionar seriamente sobre las decisiones y las políticas que llevaron al mundo adonde está hoy. Ahora que la globalización ha alcanzado la cima, sólo nos queda esperar que gestionemos su caída mejor de lo que gestionamos su ascenso.

JOSEPH E. STIGLITZ, a Nobel laureate in economics and University Professor at Columbia University, is a former chief economist of the World Bank (1997-2000), chair of the US President’s Council of Economic Advisers, and co-chair of the High-Level Commission on Carbon Prices. He is a member of the Independent Commission for the Reform of International Corporate Taxation and was lead author of the 1995 IPCC Climate Assessment.

Reconocen a Cuba como destino turístico seguro y sostenible



La Habana, 2 jun (Prensa Latina) Cuba fue reconocida hoy como destino seguro y sostenible tras una reunión celebrada entre la delegación de la isla asistente a la Conferencia Internacional Estocolmo+50 y la representante de la Organización Mundial de Turismo (OMT).

junio 2, 2022
CDT11:50 (GMT) -0400

La ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Elba Rosa Pérez, que encabeza la misión antillana, reveló en un mensaje divulgado en redes sociales, cómo la directora ejecutiva de la OMT, Zoritsa Urosevic, destacó los atractivos del país antillano y sus potencialidades para promover el turismo sustentable.

Durante el encuentro efectuado en la capital sueca, que la funcionaria cubana calificó de provechoso, Urosevic extendió una invitación a la isla para sumarse a la Declaración de Glasgow sobre acción climática en turismo.

Como parte de su agenda Pérez conversó, además, con la secretaria ejecutiva de la Convención de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica, Elizabeth Maruma Mrema.

Durante esta jornada, la delegación caribeña compartió con el resto de los asistentes a la cita, los resultados del proceso de consultas nacionales realizado en la isla en pos de promover el debate para generar soluciones en el ámbito medioambiental.

En un panel celebrado de manera previa a la Conferencia, la ministra cubana convocó a modificar los insostenibles patrones de producción y consumo predominantes en el mundo actual.

Instó a diseñar nuevas políticas, hacer un mayor uso de la ciencia y la innovación, y contar con una disponibilidad de medios de implementación, en especial de financiamiento y en creación de capacidades.

“En materia de políticas, los gobiernos deben crear las condiciones de un entorno jurídico que favorezca la asimilación de patrones de producción y consumo sostenibles, en especial que conlleven a un cambio en la esencia consumista de la sociedad moderna, en la que los productos están programados para dejar de funcionar y obligarnos a comprar uno nuevo”, afirmó.

La Conferencia Internacional Estocolmo+50: un planeta saludable para todos: nuestra responsabilidad, nuestra oportunidad, se celebra hoy y mañana, y tiene por propósito acelerar la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

mgt/ifs