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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 12 de junio de 2020

Las inequidades de Donald Trump


OPINIÓN
JUNIO 2020

Por Carmelo Mesa Lago, NUSO

El presidente estadounidense ha impuesto la «Ley del Embudo», ancho para los ricos y poderosos, y estrecho para los pobres y desprotegidos, ha dejado al país desprotegido frente a la pandemia de coronavirus y amenaza con un fuerte retroceso democrático.

La vida de Donald Trump se ha caracterizado por una búsqueda persistente de la fortuna, el poder y su beneficio personal, sin importarle un bledo las consecuencias nefastas de sus acciones. Es el perfecto ejemplo de la «ley del embudo»: ancho para los ricos y poderosos y estrecho para los pobres y desprotegidos, lo cual es una severa violación de la equidad. Este ensayo aporta abundante evidencia de las inequidades de Trump y sus partidarios republicanos y de cómo estas han agravado las desigualdades socioeconómicas de los estadounidenses, fragmentados por ingreso, poder, ideología, raza, género, edades, ciudadanía y estados. Se divide en siete secciones: 1) la política económica del embudo, focalizada en la reforma tributaria de 2017; 2) la tardía, caótica y aciaga política del presidente sobre la pandemia; 3) su concentración inconstitucional de tener poder total frente a los estados; 4) el paquete de rescate económico y la lucha de los demócratas por hacerlo más equitativo; 5) los beneficios que Trump, sus aliados y las corporaciones han extraído del covid-19; 6) el triaje que da preferencia a los blancos ricos mientras que sacrifica a los pobres, ancianos, hispanos y afroamericanos; y 7) la reacción de los estadounidenses a las políticas trumpistas sobre covid-19 y sus potenciales efectos en la reelección.
1) La política económica del embudo. Fiel a su propósito de vida, a través de todo su gobierno, las políticas de Trump han favorecido a los ricos. El mejor ejemplo es la reforma tributaria de 2017, que benefició al 1% más opulento, los que ganan anualmente cinco millones de dólares o más, el cual concentró 83% de todo el recorte impositivo. La excusa fue que esa enorme rebaja se invertiría en la economía y eso financiaría el déficit subsecuente, algo que no ocurrió, porque los favorecidos se tragaron las ganancias o aumentaron los dividendos a sus accionistas. Por una parte, la reforma duplicó la deducción individual a todos los contribuyentes, pero también impuso duros límites a otras deducciones, tales como el impuesto inmobiliario, los tributos estatales y municipales, y los pagos hipotecarios, así que para la mayoría de la clase media estas limitaciones causaron una pérdida superior a la duplicación de la deducción individual. En 2025, 53% de todos los contribuyentes pagarán más impuestos que en 2017.
Como si esto fuese poco, en mayo de 2020 Trump y los republicanos maquinaban una segunda reforma tributaria que recortaría más impuestos a los ricos, incluyendo: una reducción o eliminación del impuesto a las ganancias; el descuento al impuesto de todas las inversiones presentes y futuras hechas por las corporaciones; la suspensión del impuesto a la nómina que pagan los empleadores (para financiar parte de las pensiones, el desempleo y la salud de los trabajadores); una expansión de la deducción por los gastos corporativos en comidas y entretenimiento y la imposición de límites a la responsabilidad legal por daños y perjuicios de las empresas. También se hace permanente la reforma de 2017 que por ley debe expirar en 2025. Por el contrario, como analizaremos después, los republicanos se han opuesto al auxilio federal tanto a decenas de millones de desempleados como a los estados que tienen la carga de enfrentar la pandemia.
Añádase que la ejecución tributaria ha mermado drásticamente. Para comenzar, Trump afirma que está exceptuado del cumplimiento de la ley tributaria; así, se ha negado a revelar sus declaraciones del impuesto a la renta, como era tradicional entre sus predecesores; varios tribunales federales han sentenciado que debe hacerlo y este pleito debe decidirse en la Corte Suprema. En 2018, el departamento de recaudación tributaria anunció que no inspeccionaría a los multimillonarios debido a una reducción de su presupuesto en 3.000 millones de dólares por parte del gobierno federal, y la consiguiente pérdida de decenas de miles de empleados, por lo que esa agencia cuenta con menos auditores que hace 67 años. Las grandes empresas y los que ganan más de 10 millones de dólares al año eran antes auditados anualmente, ahora tienen dos veces más probabilidades de escapar al escrutinio: el 0,5% de los más ricos representa 20% del ingreso que es ocultado a los recaudadores, equivalente a 50.000 millones de dólares anuales. Por el contrario, los recaudadores aumentaron las auditorías a la clase media, usando ordenadores y detonadores que detectan posibles incumplimientos. Un tercio de todas las auditorías se concentra en el «crédito tributario» a los pobres, los cuales deben probar que son elegibles. La inequidad trumpista es doble: mientras que él y los ricos han recibido una fortuna y raramente son objeto de auditorías, los grupos de ingreso medio y bajo pagan más impuestos y son inspeccionados más que antes.
La fortuna concedida a los ricos aumentó el déficit fiscal, que pasó el billón de dólares de dólares en 2018 y se amplió aún más en 2020 con los paquetes de rescate económico, como se verá después. Para compensarlo, Trump comprimió la parte estrecha del embudo proponiendo un recorte de dos billones de dólares a programas para los pobres y la clase media: cupones de alimentos a los necesitados (aduciendo que son un incentivo para no trabajar), almuerzos gratuitos a niños en las escuelas, préstamos a estudiantes universitarios, asistencia social sanitaria a los pobres, pensiones de seguridad social a grupos medios y el programa de incapacidad. También estableció un máximo a las pensiones de seguridad social: cuando ese máximo se excede, hay que pagar impuestos de entre 50% y 85% de los beneficios, lo cual perjudica al grupo de ingreso medio con varios hijos.
2) El embudo bajo el covid-19. A petición del Consejo Nacional de Seguridad (CNS), en septiembre de 2019, economistas de la Casa Blanca publicaron un estudio que pronosticaba que la pandemia podría ser capaz de matar a 500.000 estadounidenses y destruir la economía; advirtieron que no debería comparase con la influenza común. Con su mezcla habitual de arrogancia e ignorancia, Trump no solo desdeñó ese estudio, sino que aseguró que el covid-19 era similar a la gripe, la cual incluso causaba más muertes; además, pospuso dos meses las medidas contra la pandemia, predijo que se evaporaría de forma milagrosa cuando llegara el verano y culpó a las fake news (medios de comunicación críticos) y a los demócratas de exagerar el peligro para perjudicarlo. Los primeros en establecer restricciones obligatorias fueron los gobernadores de estados severamente afectados por el virus, como Nueva York, una estrategia que ha logrado reducir los nuevos casos. Para justificar sus errores, Trump declaró que no era responsable de la política contra la pandemia y que esta era competencia de los estados.
Desde enero, Trump había sido informado del peligro del virus por varios consejeros de salud, los cuales propusieron acciones rápidas, pero él estaba ensimismado en el impeachment y el acuerdo comercial con China que lo ayudaría en su reelección (la subida de aranceles al país asiático y la guerra comercial fueron su obra y el tratado ahora está en un limbo). Por otra parte, los consejeros económicos pronosticaron un daño severo a la economía, otra fortaleza para su reelección.
La administración trumpista estaba fragmentada respecto a la política a seguir, y esto era agravado por la caótica conducta de Trump, quien sigue sus instintos en lugar del consejo científico. Como es su costumbre, el presidente intentó distraer a la opinión pública de su fracaso acusando a China de fabricar el virus en un laboratorio (algo rechazado por la comunidad científica) y a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de demorar el aviso y la acción contra el covid-19, aunque eso es precisamente lo que hizo él. A inicios de marzo, Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, advirtió que los cierres devastarían la economía; fueron el colapso de la bolsa de valores, la caída de su fortuna y el peligro de perder la reelección los que hicieron reaccionar al presidente y aconsejar (no obligar) al distanciamiento social hasta el 15 de abril.
El dilema entre el dinero y la muerte fue planteado crudamente por el principal asesor económico, Larry Kudlow: «la cura no puede ser peor que la enfermedad», un lema que de inmediato adoptó Trump. Un profesor de leyes de extrema derecha justificó de manera cruel que el virus solo mataría «a los débiles y los viejos, lo cual no afectaría a la economía». Un congresista republicano ratificó: «en la disyuntiva entre la pérdida de nuestro medio de vida y la pérdida de vidas, siempre tenemos que escoger la última». Pero las 100.000 muertes proyectadas, que podrían elevarse a dos millones, y la advertencia de expertos respecto a que levantar las restricciones tempranamente agudizaría la crisis y el descalabro económico, a par de que haría más difícil controlar el virus, forzaron a Trump a posponer las medidas hasta fines de abril. Sin embargo, el agravamiento de la crisis económica lo llevó, el 10 de abril, a plantearse la reapertura, alegando que solo habría 60.000 muertes en vez de 100.000 (ocultó que la disminución se debía a las restricciones impuestas por los estados); de hecho, los decesos ya superaron la barrera de los 100.000. Las secretarías de Salud y Seguridad Interna advirtieron que terminar las restricciones después de 30 días podría provocar una segunda ola de contagios y muertes peor que en la primera ola, así como una recesión más fuerte.
3) El presidente declara tener poder total. Trump asumió los poderes que otorga la Ley de Defensa de la Producción cuando hay una emergencia nacional, pero ha fracasado en: a) diseñar un plan efectivo para enfrentar la crisis e iniciar la apertura minimizando las muertes; b) crear un comando unificado federal para coordinar todas las medidas; c) usar desde el principio la reserva federal de medicinas y equipo para combatir la pandemia, porque «esa reserva es nuestra» y el problema debe ser resuelto por los estados, lo cual provocó competencia entre ellos y una escalada de precios. Además, a) mintió al asegurar que los exámenes de diagnóstico estaban disponibles para todos los que lo solicitaran; b) demoró la compra de suministros adicionales y el mandato a las empresas privadas que los fabricasen, hasta que la pandemia alcanzó niveles alarmantes; c) acusó a varios gobernadores (especialmente al de New York) de exagerar las necesidades; y d) finalmente comenzó a enviar los ventiladores y máscaras a cuentagotas.
El 13 de abril, al anunciar su intención de reapertura económica, Trump declaró con soberbia: «el presidente de los EEUU tiene autoridad total […] y los gobernadores lo saben”.Esta afirmación era una obvia contradicción con su declaración anterior afirmando que él no era responsable de frenar el covid-19 sino los propios estados. Al ser interrogado sobre las bases de su afirmación, Trump mencionó «numerosos preceptos legales» sin citar uno. La Constitución dispone que los estados, no el gobierno federal, tienen la autoridad para responder a una crisis de salud y decidir cuándo terminar las restricciones.
El gobernador de New York Andrew Cuomo tildó de ilegal la declaración de Trump porque violaba la X enmienda constitucional y señaló que, por tanto, resistiría una orden presidencial de reabrir el estado. Seguidamente, diez gobernadores (nueve de ellos demócratas) que habían establecido medidas restrictivas acordaron decidir cuándo y cómo ellos (no el presidente) levantarían las restricciones. Irritado frente a la resistencia, Trump la tachó de «motín».
Ante esta fuerte oposición y careciendo de apoyo legal, Trump dio marcha atrás el 16 de abril, concediendo que los estados decidirían cuándo y cómo hacer la reapertura; solo dio unas guías vagas y no obligatorias sobre los pasos a tomar. Pero los gobernadores han reclamado que es necesario hacer test masivos antes de reabrir sus estados para lo cual requieren la ayuda federal. No solo Trump ha rehusado hacer esto, sino que ha exhortado a sus fanáticos seguidores a que hagan demostraciones demandando la apertura, propiciando así el contagio y ahondado aún más la división en el país. Ya han ocurrido agresiones, perpetradas por los que protestan, de personas que usan máscaras o de policías que piden a los descubiertos que se las pongan. Todos esto a pesar de que las encuestas muestran que entre 70% y 90% del país apoya las restricciones, incluso si estas requieren suspender temporalmente ciertas libertades y causan daño económico.
El 4 de mayo, 27 estados reabrieron sus economías siguiendo la exhortación pública de Trump de «¡liberad los estados!». Varios gobernadores republicanos han obedecido al presidente a pesar de que las circunstancias de sus estados son adversas. En el segundo estado más populoso, Texas, con 30 millones, el teniente gobernador Dan Patrick exhortó a los ancianos a arriesgar su salud en favor de la economía: «regresemos al trabajo […] aquellos con 70 o más años nos cuidaremos, pero no sacrifiquemos al país». El gobernador de Georgia Brian Kemp, decidió reabrir, aunque las infecciones y muertes por el virus están en ascenso. El gobernador de Florida está abriendo la parte norte del estado a pesar de que sólo 2% de la población se ha sometido a exámenes de diagnóstico; estadísticas de los examinadores mostraron que las muertes por el virus son más numeras de lo que indican los datos oficiales y el gobernador las prohibió. Además, los visitantes de los estados norteños que residen temporalmente en Florida durante el invierno y mueren del covid-19 son reportados como fallecidos en sus estados de origen.
Una proyección en parte basada en data del Centro de Control de Enfermedades y Prevención indicó que, al final de mayo, de los 30.000 casos diarios actuales, la apertura provocaría un aumento a 200.000 mientras que las muertes ascenderían de un total de 60.000 a 134.000, pero los expertos dicen que estas cifras son muy optimistas porque no cuentan todos los casos y muertes reales, por lo que se multiplicarán diez veces. El miembro más prominente del equipo nacional para luchar contra el covid-19, Anthony Fauci, ha declarado que antes de reabrir, los estados deben mostrar un declive de los casos confirmados durante dos semanas, hacer exámenes masivos de diagnóstico, poseer suficientes ventiladores y unidades hospitalarias de cuidados intensivos, y poder trazar los contactos de los que se te contagian. Pero, de los 27 estados que han reabierto, solo 19 cumplen esos criterios y el resto todavía sufren un ascenso en las infecciones diarias; solo el estado de Nueva York experimenta una disminución de los casos y el gobernador está siendo muy cauteloso en la reapertura.
Para fines de mayo, Estados Unidos se acercaba a los dos millones de casos confirmados, el mayor número del mundo, mientras que el número de muertos ya supera a todos los fallecidos en las guerras de Vietnam, el Golfo Pérsico, Afganistán e Iraq. En medio del agravamiento de la crisis sanitaria, el presidente cambió abruptamente de opinión. Primero declaró la victoria contra la pandemia y dijo que iba a cambiar el equipo técnico de lucha contra el covid-19. Al día siguiente, debido a la reacción negativa a dicho anuncio, adujo que había descubierto lo popular que era su equipo, así que decidió mantenerlo, pero alterando su objetivo: ya no se centraría en la pandemia sino en la reapertura económica. Lo que no cambió fue su designio de priorizar la reelección sobre las muertes masivas. Para no dejar dudas, el referido equipo había desarrollado un plan detallado de las precauciones que era conveniente tomar en el proceso de reapertura y la Casa Blanca lo rechazó alegando que era demasiado restrictivo y podría causar daño a la economía.
4) La lucha por un paquete de rescate equitativo. El Congreso aprobó un paquete de rescate económico por un valor de 2,3 billones de dólares (casi tres veces el monto del paquete de 2009 para enfrentar a la Gran Recesión); inicialmente priorizaba a las grandes corporaciones y fueron los demócratas en ambas cámaras los que consiguieron fondos para los desempleados, las pequeñas empresas, los hospitales, los trabajadores de la salud, la asistencia alimentaria y el ingreso de emergencia que cobrarán millones de estadounidenses. También reclamaron que hubiese una supervisión en la distribución de los fondos a fin de evitar que se usen para aumentar la paga a los ejecutivos o la recompra de acciones como ocurrió con el paquete de 2009. La senadora Demócrata Elizabeth Warren clamó: «No estamos aquí para crear un fondo que ayude a Donald Trump y su familia o al Departamento del Tesoro para darle dinero a sus amigos». El Republicano Líder del Senado Mitch McConnell, acusó a la oposición de entrar en juegos políticos y Trump alentó el rechazo a las propuestas demócratas y tomar una decisión rápida. El pago de 600 dólares por semana a los desempleados, adicional a los beneficios financiados por los estados, fue rechazado por republicanos como el multimillonario senador de Florida Rick Scott, quien alegó que eso sería un desincentivo para regresar al trabajo. Pero la urgencia de aprobar el paquete y una retirada temporal de las negociaciones de los demócratas consiguió concesiones aunque eso no evitó que la mayor ayuda se otorgue a las grandes corporaciones. Los más necesitados no han recibido ayuda ya sea porque no se dirige a ellos o no saben que existe o cómo llenar las solicitudes; en la eventual recuperación económica ellos serán los últimos que se beneficiarán.
5) Beneficiándose de la pandemia. El ex presidente Barack Obama ha calificado la actuación de Trump en el covid-19 como «absolutamente caótica, un desastre, porque lo que se ha buscado es en qué puede beneficiarme y al diablo con todo lo demás». Hay numerosos ejemplos del embudo. Trump ha publicitado una medicina contra el paludismo (hidroxicloroquina) como preventiva o curativa del covid-19, aunque un estudio reciente de 368 pacientes en hospitales de veteranos de guerras probó que la droga estaba asociada con muertes por complicaciones cardiacas y la oficina federal para el control de medicinas advirtió del riesgo mortal de usarla. Más de 40.000 profesionales de la salud recetaron la medicina respondiendo a un 90% de la población que la solicitó y las ventas crecieron 46 veces, todo lo cual provocó una escasez mundial de la droga que dejó desamparados a millones de enfermos de malaria, lupus y artritis reumática.
Se reportó que el presidente había invertido en las acciones de la empresa farmacéutica que produce la medicina. El director del equipo biomédico de la secretaría de salud, Rick Bright, denunció que había sido despedido por criticar la promoción por Trump de la hidroxicloroquina y oponerse a presiones políticas para otorgar contratos lucrativos a compañías conectadas con amigos de Jared Kushner, el yerno y asesor clave del presidente. Kushner organizó un equipo para conseguir máscaras, ventiladores, etc. a fin de enviarlos a aliados poderosos y familiares de Trump, interfiriendo con la agencia federal para enfrentar desastres que debería adquirirlos para mandarlos a los estados y hospitales más necesitados.
Trump también ha procurado un acuerdo entre los grandes productores de petróleo en el mundo para revertir la caída en su precio inducida por la pandemia; este acuerdo no beneficia a los consumidores ni a los exportadores estadounidenses, sino a la industria petrolera, el 90% de cuyas contribuciones políticas va a Trump y al Partido Republicano. Varias grandes corporaciones han tomado préstamos destinados a pequeños negocios, entre ellas la cadena de hoteles de lujo Ashford Inc. que recibió 40 millones de dólares, mientras que la mayoría de pequeños empresarios que han solicitado los préstamos no los han recibido (esta inequidad agotó el fondo en solo 13 días y hubo que aprobar otro adicional).
Una de las compañías de seguro de salud mayores del país ha reportado un crecimiento de sus ganancias en el medio de la crisis, debido a la posposición de cirugías selectivas. La industria de los cruceros continuó enviando barcos después de recibir la advertencia de no zarpar y conocer de contagios y muertes en sus barcos, los cuales mantuvieron en secreto. Estos ejemplos de robo, corrupción y avaricia cunden entre gente amoral que acapara papel higiénico y otros productos, mientras que el mercado sube los precios de forma exorbitante (algunos hasta 1.662%) a los ventiladores, las máscaras y los desinfectantes.
6) La inequidad del triaje. El triaje se utiliza en situaciones de graves desastres o enfermedades, para maximizar recursos insuficientes dando prioridad a los pacientes según su grado de necesidad, comparado con la probabilidad de beneficiarse o sobrevivir. Teóricamente, la decisión de quién tiene acceso a exámenes de diagnóstico de covid-19, ventiladores y unidades de cuidados intensivos debe ser objetiva y ética, nunca influenciada por riqueza, raza, poder, género, edad o conexiones, pero precisamente estas son las razones en el mundo trumpista que desdeña a los pobres, las mujeres, los ancianos y los inmigrantes. Políticos, empresarios, atletas y celebridades han tenido acceso inmediato al diagnóstico de covid-19: Trump, Pence y miembros del staff de la Casa Blanca reciben la prueba diariamente, así como congresistas a través de la oficina médica financiada por impuestos que los atiende exclusivamente, igualmente los alcaldes de Miami y del Condado de Dade, junto con sus esposas; todo esto a costa de personas infectadas que necesitan desesperadamente dicho examen.
Los hispanos y los afroamericanos enfrentan el doble de la probabilidad de los blancos de sucumbir al virus. En Nueva York, los hispanos representan el 34% de los muertos versus 29% de su población, mientras que las cifras de los afroamericanos son 28% y 22% respectivamente; similar desproporción se ha documentado en la capital y en el estado de Maryland. Las razones son obvias: sufren una mayor incidencia de pobreza, disparidades económicas (ingreso menor al promedio, hacinamiento en la vivienda y déficit alimentario), una mayor proporción de ellos trabaja en ocupaciones de alto riesgo y tienen menor acceso a la atención de salud.
Mientras que los hospitales privados tienen grandes reservas y contactos políticos para obtener equipos de forma rápida, los hospitales que atienden a los más necesitados carecen de lo más indispensable. Se reporta que el virus afecta más a los hombres que a las mujeres, pero la mayoría de los trabajadores de salud son enfermeras y estas se encuentran más expuestas. Otra consecuencia ominosa de la crisis es el incremento de la desnutrición entre los pobres por la escasez de los bancos de alimentos frente a la demanda creciente, mientras que los granjeros destruyen sus cosechas por falta de transporte y demanda. Una encuesta encontró que una quinta parte de las madres se queja que sus hijos no tienen alimentos suficientes, tres veces más que en 2008 en la cima de la Gran Recesión, pero los republicanos se oponen acérrimamente a expandir el programa para que los pobres reciban alimentos gratis.
7) El impacto de las políticas de Trump en su reelección. Con su habitual altanería, Trump se vanaglorió: «El pueblo americano cree que he manejado muy bien el virus, vean las encuestas». La aprobación del presidente, como ha sido usual en crisis nacionales previas, aumentó de un 44% a un 52%, pero aun así, es menor que el apoyo del 85% al 90% que gozaron tres presidentes previos en crisis similares, como la del 11 de septiembre de 2001. Más aún, a mediados de abril la aprobación a Trump descendió a 46%. Esto se debió sobre todo a dos razones: el incremento del desempleo a 15% de la fuerza laboral (a fines de mayo llegó al 25%) y la advertencia de la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, de que esta crisis será peor que la de 2008-2009. La segunda razón son las comparecencias televisivas diarias del presidente en las que critica a gobernadores y alcaldes que disienten con él, alimenta la polarización del país en lugar de procurar la unidad frente al peligro común, se autoelogia pavonándose de sus altos ratings televisivos en medio de la mortalidad creciente, comete errores factuales, se contradice constantemente e incurre en disparates que revelan su vasta ignorancia, como cuando sugirió que la posibilidad de tomar o de inyectarse desinfectantes que irían a los pulmones y matarían al virus.
Cuatro encuestas en la primera quincena de abril (antes de que los candidatos presidenciales Bernie Sanders y Elizabeth Warren apoyasen a Joseph Biden y le pasaran sus votos) mostraban que Biden triunfaría por 11 puntos sobre Trump. Las encuestas también indican que los candidatos republicanos al senado están a la zaga de sus contrincantes demócratas y que pueden perder las dos cámaras. Antes, los republicanos apoyaban de forma servil a Trump porque de lo contrario podrían perder las elecciones, ahora están preocupados que el descenso presidencial en el apoyo popular sea una rémora para mantener sus bancas.
Una pregunta clave es si habrá una recuperación económica lo suficientemente rápida y fuerte para ayudar al mandatario. Un creciente número de economistas cree que, aún si hubiese una reapertura pronta y no sobreviniera una segunda ola del virus, la recuperación sería lenta y oscilante; el jefe del Banco de la Reserva Federal Jerome Powell sostiene que muchos empleos nunca se recuperarán y la oficina presupuestal del congreso proyectó que podría tomar años la recuperación plena, asumiendo que el crecimiento retornase en 2020. Además, la conducta cautelosa de los consumidores precedió a las restricciones impuestas por los estados y municipios, lo cual se manifestó en el aumento del desempleo, clausura de restaurantes y cines, así como autodistanciamiento. Esto significa que la exhortación de Trump y los estados a la reapertura no va dar los resultados rápidos que ellos esperan. Información preliminar indica que no ha ocurrido un incremento substancial del consumo y la afluencia a restaurantes y tiendas. Si siguiese esta tendencia, se demoraría la recuperación y sería adverso a la reelección presidencial. En el peor escenario, que una reapertura demasiado temprana provocase un rebrote del virus, las consecuencias para la salud, la economía y para Trump serían nefastas.
Si a pesar de este pronóstico negativo el presidente fuese reelegido, Paul Krugman vaticina, basado en una analogía con el dictador húngaro Viktor Orbán, que en su segundo periodo Trump se convertirá en un autócrata. Castigaría a todo el que se le opusiera, restringiría la libertad de prensa, purgaría a todos los funcionarios públicos que no lo apoyaran, aumentaría la división del país para su propio beneficio, trataría de imponer su voluntad sobre los estados, y todo ello con el apoyo de los obedientes republicanos, sectas religiosas ultraderechistas, racistas y misóginas, grupos de predominio blanco y neonazis. Y habría un recrudecimiento de la ley del embudo aupada por una autocracia que no se sabe cuándo terminaría. El propio Trump ha augurado que bajo las reglas normales, tendría que dejar la Presidencia en 2024, pero que quizás busque un tercer periodo.


jueves, 11 de junio de 2020

Gobierno cubano informa sobre medidas para la recuperación tras la epidemia de la COVID-19

En este artículo: Coronavirus, COVID-19, Cuba, Gobierno cubano, Manuel Marrero Cruz, Mesa Redonda, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Ministerio de Salud Pública (MINSAP), Salud, Salud Pública, SARS-CoV-2, Virus

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El presidente, el primer ministro y el vice primer ministro cubanos comparecen en la Mesa Redonda este jueves 11 de junio de 2020. Foto: Presidencia Cuba.
Luego de su aprobación por el Buró Político del Comité Central del Partido Comunista, este miércoles fue presentado en el Consejo de Ministros el plan de medidas para la primera etapa de la recuperación tras la epidemia de la COVID-19, concebida en tres fases con el objetivo de que transcurra como un proceso gradual.
Según el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, casi todos los municipios y provincias llevan prácticamente un mes sin incidencias, por lo que están en condiciones de retornar a la normalidad.
El primer ministro, Manuel Marrero Cruz, precisó que las medidas incluidas en el plan se han concebido en tres fases de una primera etapa.
Estas disposiciones abarcan varios ámbitos, entre ellos salud, turismo, cuestiones laborales y tributarias, comercio exterior e interior, transporte, educación, deporte y cultura. Además, se han previsto las actividades durante el verano.

Presidente cubano: “Podemos entrar ya en una nueva etapa”


El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la Mesa Redonda. Foto: Presidencia Cuba/Telegram.
Al iniciar su intervención en la Mesa Redonda, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez reconoció el papel del programa radio-televisivo durante los tres meses de enfrentamiento de la pandemia.
Durante esta etapa –dijo–, el país trabajó intensamente con el objetivo fundamental de salvar vidas, y esa constancia e intensidad en el trabajo tuvo como protagonista fundamental la participación del pueblo cubano y un grupo de organismos, lo que ha permitido lograr resultados en un grupo de indicadores e “ir avizorando que podemos entrar ya en una nueva etapa”.
De acuerdo con el jefe de Estado, las estadísticas actuales muestran varias señales en ese sentido: en primer lugar, si se descartan los varios eventos de transmisión ocurridos, “debemos decir que el país ha ido reduciendo por días los casos activos que se mantienen en ingreso”.
Mientras, el número de altas médicas alcanza el 85.4%, y en los últimos 12 días solo ha habido un deceso (en esta jornada).
Este indicador de pocas muertes durante varios días consecutivos, y el hecho de que el número de pacientes en estado crítico y grave es mínimo, indican que se consolidan los resultados en la aplicación de los protocolos terapéuticos, en conjunto con la ciencia y biotecnología cubanas, y van aportando a este desenlace.
Díaz-Canel también se refirió al regreso a Cuba del primer grupo de colaboradores de la brigada Henry Reeve, quienes estuvieron en Lombardía, un lugar de mucha complejidad y adonde viajaron en momentos en que la situación en la isla se hacía más compleja.
“Ellos han regresado a la patria victoriosos, y han dado una expresión al mundo de que la vida sobrevive y vence a la muerte; la solidaridad vence al egoísmo, y el ideal socialista vence al mito del mercado”, dijo.

La estrategia prevé dos etapas: Recuperación pos-COVID-19 y fortalecimiento económico para afrontar la crisis

El presidente aseguró que en la medida en que se ha avanzado, estudiado la experiencia internacional, conocido más de la pandemia y perfeccionado los sistemas de trabajo, se han obtenido mayores resultados.
"Se habían dado las orientaciones y estábamos trabajando en la conformación de una estrategia económica y social para encarar, en el futuro, la crisis tan aguda que va a provocar la pandemia”, afirmó.
La estrategia se ha concebido en dos etapas:
  • La primera es la recuperación pos-COVID-19, “la cual significa cómo vamos a ir regresando de manera simétrica y gradual a la normalidad en todas las actividades productivas, económicas y sociales del país”.
  • La segunda etapa es la correspondiente a la estrategia de fortalecimiento económico para enfrentar la crisis prolongada a nivel global.
Apuntó que, en este programa, se explicará el contenido de la primera etapa, pero “no quiere decir que entraremos de manera inmediata” en la misma.
“Llevamos muchos meses de restricciones y elementos de funcionamiento que no son los normales del país; los indicadores nos dan la certeza de que se pueden ir desescalonando un grupo de medidas, pero a la par se debe trabajar con responsabilidad y con la certeza de que podemos controlar la pandemia y evitar rebrotes”, subrayó.
Díaz-Canel insistió en la importancia de que el pueblo –principal protagonista–,  comprenda cuáles son los principios, modos de actuación y argumentos en los cuales se basó el trabajo, así como su participación en este período.
Recordó que este plan se aprobó el martes último, en la más reciente reunión del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, presidida por su primer secretario, el General de Ejército Raúl Castro Ruz.
El miércoles último fue informado en el Consejo de Ministros, con el fin de que se comenzaran a implementar las medidas correspondientes. De igual forma, se compartió con los gobernadores y las estructuras de Gobierno en los diferentes territorios del país. “Corresponde ahora informar al pueblo en la Mesa Redonda”, dijo.
Sin embargo, “desde que se dieron a conocer, un grupo de medios estaban especulando y tergiversando el contenido de estas medidas”, puntualizó, e hizo referencia a un listado de WhatsApp con el supuesto contenido de esta estrategia, con muchas medidas que “no tienen que ver” y que “nunca se aplicarían” en las condiciones del país.
“Como hemos hecho a lo largo de toda esta etapa, toda la información necesaria para actualizar, explicar e implementar, la vamos a dar a través de los medios de prensa cubanos”, aclaró.

¿Qué consideraciones toma Cuba en cuenta para entrar en la primera etapa pos-COVID-19?


El presidente cubano comparece este jueves en la Mesa Redonda. Foto: Presidencia Cuba/Telegram.
El mandatario recordó que, desde el 15 de mayo, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el virus SARS-CoV-2 “había llegado para quedarse y muchos expertos no tienen claro cuándo se podrá frenar su expansión, mientras que otros pronostican que no desaparecerá”.
Añadió que en Cuba se aprecia una tendencia hacia el control, y que “el sistema de salud puede soportar lo que puede venir en el futuro”.
La nueva misión –dijo– es evitar que en la nueva etapa la COVID-19 se convierta en una endemia y, por tanto, “vamos a ir desescalando, pero con el propósito de que no se convierta en una enfermedad endémica”.
El presidente alertó que habrá “momentos en que se va a convivir con la presencia de casos en determinadas proporciones a nivel nacional”, todo esto en medio de la lucha global contra la pandemia. La nueva etapa no significa que los casos van a llegar a cero.
“Cuba tiene experiencia y lo ha demostrado”, afirmó, y recordó que en las últimas décadas el país, con su sistema de salud forjado en la Revolución, ha logrado eliminar 14 enfermedades infecciosas y atenuar nueve patologías más. “Estamos en condiciones de controlar la enfermedad”, aseguró.
Alertó que esta nueva etapa implica un mayor control y que una de sus premisas es que no se puede bajar la guardia en el pesquisaje. “Es por eso que tenemos nuevos aportes de la ciencia, con el sistema SUMA, a fin de detectar más casos, y trabajar con los contactos”, modelo de actuación que ha dado muchos resultados en el país. 
En ese sentido, Díaz-Canel Bermúdez resaltó la importancia de trabajar en la detección de los casos, el aislamiento inmediato en instituciones públicas de los contactos, así como de los contactos de esos contactos.
“Esa masa de asintomáticos la llevamos rápidamente a una atención diferenciada”, y ello evita el contagio de otras personas y que aumente la propagación de la epidemia. 
“Esto es particular de Cuba, una de las medidas que destacan publicaciones especializadas en el tema en el manejo de la pandemia”, afirmó el mandatario.

Díaz-Canel: Las medidas están bien pensadas, parten de la experiencia cubana e internacional


El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Foto: Presidencia Cuba/Telegram.
En otro momento de su intervención, el jefe de Estado cubano aseguró que las medidas están bien pensadas, parten de la experiencia cubana y tienen en cuenta la internacional. Incluyen, además, un grupo de indicadores para definir cuándo un municipio y una provincia pasan a una nueva fase.
“El regreso a la normalidad de las actividades productivas y sociales va a ser de manera gradual, escalonada y asimétrica”, apuntó. 
Explicó que no todo el país estará en la misma fase o etapa. “Todos los territorios sí partirán de la primera fase, pero hay municipios que de manera inmediata pasarán a una segunda o tercera fase, porque no han tenido casos durante varios días o porque sus indicadores están en un nivel mínimo”.
Actualmente, se trabaja con modelos matemáticos y epidemiológicos con el fin de establecer toda la estadística, experiencia y comportamiento de la pandemia.
Dichos modelos, explicó Díaz-Canel, indican que el epicentro y la cola de esta pandemia están en La Habana; por tanto, la capital se va a demorar más que el resto de los municipios y provincias para llegar a las diferentes fases.“Tendrá un tratamiento diferenciado”, precisó.
Se pronostica que haya un primer rebrote entre septiembre y noviembre, y en correspondencia se han tomado decisiones para evitarlo o minimizarlo.
Díaz-Canel aseguró que también se ha tenido en cuenta la experiencia y resultados de las más de 500 medidas aplicadas en el país para enfrentar la COVID-19 en Cuba, “muchas de las cuales llegaron para quedarse”.
Entretanto, “otras nos han despertado el pensamiento en la manera de encontrar soluciones” y para la aplicación y desarrollo en todos los ámbitos de la vida socioeconómica en la etapa de fortalecimiento económico.
En su intervención, el mandatario llamó a mantener el ahorro en medio de las condiciones económicas que vive el país, y a estar dispuestos a volver a aplicar un grupo de restricciones si se volviera a una etapa de rebrote o si existiera alguna incidencia en particular.
Informó que se reanudan todas la actividades económicas y sociales, pero escalonadamente. En ese sentido, explicó que no comenzarán al ciento por ciento, sino en menores porcentajes, y siempre preservando las medidas higiénico-sanitarias en todos los espacios públicos y centros de trabajo.
“Hay que tener mecanismos de pesquisaje y detección de enfermos. No se puede permitir que trabaje una persona que llegue con sintomatología a su centro laboral. Hay que evitar las actividades al aire libre con gran concentración de personas, así como la aglomeración en lugares públicos, sobre todo en los lugares cerrados”, alertó.
De igual manera, Díaz-Canel anunció que se mantendrán las regulaciones en el transporte y la movilidad de las personas, así como la atención priorizada a las familias más vulnerables y los sistemas de atención personalizada a esos núcleos con el fin de garantizar su aislamiento social.
“Tenemos que mantener como una norma el distanciamiento físico, y seguir protegiendo al personal de la salud”, enfatizó el presidente cubano.
Destacó que en Cuba no se lamentó la pérdida de vidas humanas  en el sistema sanitario, “uno de los elementos que ha distinguido a la pandemia en otros lugares y una de las causas que provocó la saturación y colapso de los sistemas de salud en otros países”.
Entre las medidas que no se eliminarán, Díaz-Canel mencionó el uso del nasobuco, elemento de protección que hay que mantener, sobre todo en los espacios públicos, así como la máscara médica, el lavado frecuente de las manos y otras recomendaciones de higiene y desinfección.
De igual manera, el presidente señaló que se deben incrementar y perfeccionar los servicios a domicilio y el comercio electrónico, y reconoció que este último ha sido objeto de muchas quejas.
“Con toda voluntad se trató de crear un proyecto de comercio electrónico y potenciar el que existía, y la realidad sobrepasó esas capacidades”, por lo que se han tenido que hacer algunos ajustes que, “aunque no darán todos los resultados, permitirán ganar tiempo para tener en el futuro un fuerte sistema de comercio electrónico y servicio a domicilio”, puntualizó.
Se abrirá un grupo de servicios al turismo nacional, y luego al internacional. Se mantendrán las medidas de control de los posibles enfermos.
“Podemos también potenciar nuevas producciones logradas como parte de la pandemia, y debido a la incapacidad de importar bienes en estos tiempos que son también de persecución financiera y arreciamiento del bloqueo”, afirmó Díaz-Canel, quien se refirió a la necesidad de “aprovechar nuevas oportunidades de exportación de servicios médicos y medicamentos, además de perfeccionar la distribución y acopio de productos básicos para la población”.
Urgió a la participación de la ciencia y a seguir desarrollando las investigaciones de medicamentos y las investigaciones de los cinco candidatos vacunales cubanos, uno de los cuales presenta resultados alentadores.
“Tenemos que mantener e intensificar el combate contra la corrupción y las ilegalidades, el cual debe quedar para siempre en la manera de actuar de la sociedad”, añadió.
Díaz-Canel precisó que en los finales de la primera etapa de recuperación se hará una valoración de resultados, tomando en cuenta los elementos positivos y negativos, luego incluir todas las experiencias en los planes de reducción de riesgos y vulnerabilidades para el tratamiento de epidemias y pandemias.

Primer ministro: Cuba regresará a la normalidad de la vida del país, de manera gradual y asimétrica


Manuel Marrero Cruz, primer ministro de Cuba. Foto: Presidencia Cuba/Telegram.
El primer ministro, Manuel Marrero Cruz, recordó que desde el inicio de la pandemia se creó un grupo temporal de trabajo para la prevención y control de la enfermedad, y se puso en marcha un plan que incluyó unas 500 medidas.
Informó que para iniciar la etapa de recuperación se definieron tres objetivos:
  1. Regresar a la normalidad de la vida del país, de manera gradual y asimétrica
  2. Evitar un rebrote de la enfermedad a la par de desarrollar las capacidades de enfrentamiento
  3. Reducir los riesgos y vulnerabilidades
Marrero Cruz explicó que para cumplir estos objetivo se elaboró un plan de medidas, agrupadas en 13 actividades principales, que se han clasificado en dos grupos: medidas que se mantendrán (aquellas que “llegaron para quedarse”) y otras cuya aplicación contempla adecuaciones en las tres fases.
El plan de medidas es un documento de 122 páginas, precisó el primer ministro.

La implementación de las medidas sanitarias estará acompañada de un protocolo de salud

En cuanto a las medidas sanitarias, Marrero Cruz dijo que el establecimiento de la primera etapa y cada una de las tres fases que la integran estará condicionado por el cumplimiento de indicadores de salud previamente definidos.
“Por ejemplo, 13 provincias pudieran iniciar esta primera etapa; incluso, hay territorios que ya pudieran estar en una tercera fase. Mientras, hay otros donde persisten eventos. Por tanto, habrá movimientos de fases en dependencia de la situación de los territorios”.
De acuerdo con el primer ministro, la implementación de las medidas, que se publicarán posteriormente, estará acompañada de un protocolo de salud.
El imprescindible distanciamiento físico y el uso del nasobuco se mantendrán para todas las actividades durante la primera fase.
En una segunda fase, de manera gradual, el distanciamiento podría flexibilizarse en determinados lugares, “aunque la recomendación es nunca volver al hacinamiento”, enfatizó.
El uso del nasobuco también estará en dependencia de las actividades, en caso de que impliquen concentraciones de personas.
Marrero Cruz explicó que en las dos primeras fases se mantendrá la restricción de la capacidad en los locales de reuniones, “un metro de separación entre las personas”.
Por otra parte, se estableció para todas las fases la prohibición de asistir al trabajo en caso de presentar síntomas respiratorios, así como mantener la desinfección de las manos y superficies.
Igualmente, seguirán vigentes medidas estrictas de protección de los trabajadores expuestos en áreas de riesgo, y se reducirán las capacidades de los ascensores: en un inicio del 50%, independientemente de lo que permita el fabricante. El límite se podrá ir flexibilizando.
Las pesquisas activas y virtuales continuarán, pues no pierden su importancia, informó el primer ministro.
En la primera etapa se reiniciarán gradualmente los servicios hospitalarios que se mantuvieron suspendidos. Hasta el 50% en la primera fase, hasta el 75% en la segunda y en la tercera los hospitales volverían a la normalidad. “Lo mismo ocurrirá con los servicios de estomatología”, dijo el primer ministro cubano.
Con respecto a las visitas a los hospitales, se mantendrán suspendidas en las dos primeras fases. Incluso, “después de la tercera no será igual que antes”, con un reforzamiento de la organización para evitar concentraciones de personas.

El turismo se reinicia en la primera fase solo con el mercado interno


El primer ministro informa el plan de medidas para la primera etapa pos-COVID-19 en Cuba. Foto: Presidencia Cuba/ Telegram.
Actualmente permanecen en el país 2 600 visitantes, quienes retornarán a sus países en la medida en que se restablezcan las conexiones aéreas, informó Marrero Cruz, y reiteró que el turismo arrancará desde la primera fase, pero solo con el mercado interno.
Se buscarán opciones para estimular este segmento y se crearán facilidades para la venta de las ofertas, incluyendo las compras online, añadió.
Para el turismo internacional, que comenzará a ser recibido de manera gradual en la segunda fase, se establecerá en las fronteras un protocolo especial.
“Se aplicará un PCR a cada visitante y se tomará la temperatura. Saliendo del aeropuerto, en el hotel también serán sometidos a protocolos sanitarios, con una vigilancia clínico-epidemiológica, por un equipo compuesto por un médico, una enfermera y un licenciado en higiene y epidemiología”.
En caso de que algún viajero resulte positivo, será hospitalizado, precisó.
Un similar tratamiento recibirán los trabajadores del turismo. “Se crearán condiciones para que trabajen durante siete días, bajo una observación diaria y usando permanentemente nasobucos. Luego, descansarán siete días en sus viviendas en condiciones de aislamiento y con seguimiento por el médico de la familia”.
En la segunda fase, se reiniciará el turismo internacional solo en la cayería norte y sur, en dependencia de la demanda: Cayo Santa María, Cayo Coco, Cayo Guillermo, Cayo Cruz y Cayo Largo del Sur. Las ofertas no incluirán excursiones a las ciudades.
Este producto no se venderá al turismo nacional durante la primera fase, dijo Marrero Cruz.
Se prevé que por su extensión y número de hoteles, Varadero, destino que empezará a venderse al turismo nacional, podrá dividirse “de manera que el mercado internacional no se mezcle con la población local”.
La comercialización del resto de los destinos turísticos cubanos comenzará en la tercera fase, también en función de la demanda.
Ningún hotel abrirá al ciento por ciento de su capacidad, pues el objetivo es mantener el distanciamiento de las personas, aclaró Marrero Cruz.
La renta de autos se reactivará en la segunda fase. Las excursiones, que empezarían con el turismo nacional, sumarían en la segunda fase a los extranjeros, pero solo para recorridos por los cayos.
Sobre los centros de campismo popular, el primer ministro dijo que también tendrán su protocolo, y que posteriormente se informará cómo será la venta de las ofertas.

Continúa prohibición de vuelos comerciales, el transporte público se restablece con limitaciones

Con relación al transporte, Marrero Cruz informó que en la primera fase se mantienen las restricciones de entrada y salida del país, así como la prohibición de los vuelos comerciales durante la primera y segunda fases. “Los aeropuertos permanecerán abiertos pero solo para el recibimiento de vuelos humanitarios, de carga y colaboradores”.
“No habrá ninguna aerolínea comercial regular viajando al país”, lo que sucederá a partir de la tercera fase. 
Sí se comenzarán a recibir los primeros vuelos internacionales chárter a los aeropuertos de Cayo Coco (por donde llegan también pasajeros con destino a Cayo Guillermo y Cayo Cruz) y de Cayo Largo del Sur. 
Aclaró que Cayo Santa María tiene la particularidad de que cuenta con un aeropuerto, pero como no es internacional se nutre del aeropuerto de Santa Clara, “para el cual existe un protocolo específico al estar enclavado en la ciudad”. Los turistas que lleguen por esa instalación deberán someterse a pruebas de PCR y montarán en ómnibus custodiados por la policía hasta los hoteles. 
Marrero Cruz dijo que se mantiene la limitación de viajar con una sola maleta en las dos primeras fases, y en una tercera se permitirán hasta dos maletas, lo que está establecido por las aerolíneas internacionales.
“La aeronáutica internacional está tomando un grupo de medidas, incluso suspendiendo el equipaje de mano, por considerarse de riesgo debido a la manipulación”. 
Se restablece, con limitaciones, el transporte público urbano, intermunicipal y rural, tanto estatal como privado“Esto se va a hacer de manera gradual”, explicó el primer ministro, y reiteró que existirán determinadas medidas de seguridad como el uso de nasobucos y el distanciamiento en la primera fase, que se irán flexibilizando en la segunda y tercera etapas.
En la primera fase también se restablecen las transportaciones interprovinciales, pero solo para cubrir un grupo de demandas asociadas a determinados intereses laborales en sectores como las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los ministerios del Interior, de la Construcción o Turismo.
Será en la segunda fase cuando se reiniciará el transporte interprovincial en las rutas regulares, por ómnibus, tren, catamarán y vuelos nacionales. “Sabemos que hay ansiedad, pero debemos viajar solo lo necesario”, insistió Marrero Cruz.
Explicó que una vez que abran muchos centros laborales, existirá respuesta al transporte de los trabajadores.
Se restablece, además, la distribución de cargas no comerciales en una primera fase.

Vea la Mesa Redonda https://www.youtube.com/watch?time_continue=6541&v=z4S-k2x_XPI&feature=emb_logo