Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 16 de abril de 2022

Adverso panorama para la zafra en Ciego de Ávila

 

La disponibilidad de combustible ha afectado la zafra en Primero de Enero. Foto: Alejando García

El accidentado desarrollo de la zafra 2021-2022 en Ciego de Ávila antoja que sea una tarea casi imposible el cumplimiento del plan de producción de azúcar previsto inicialmente.

La temprana salida del central Ciro Redondo, por dificultades en la sincronización con la bioeléctrica, roturas industriales y limitaciones de recursos han frenado el desempeño. No obstante, existe la voluntad de extender la contienda hasta que lo permitan las condiciones del tiempo.

Eduardo Larrosa Vázquez, director de coordinación y supervisión técnica del Grupo Azucarero Azcuba en Ciego de Ávila, dijo a Invasor que en la provincia se mantienen moliendo los colectivos industriales de Ecuador y de Primero de Enero, mientras que el llamado Coloso del Centro aún no se ha podido incorporar, pues se espera la aprobación de la parte china de la empresa mixta Biopower S.A., con vistas a su reinicio.

Agregó que el moderno central pinense se encuentra listo y se continúa cosechando marabú para disponer de las dos biomasas para los días que permita hacer zafra tras su arrancada.

En el caso de Ecuador, el directivo comentó que persisten los problemas industriales, que han ocasionado la mayor parte de su tiempo perdido, principalmente en el área de calderas, toda vez que uno de esos equipos ha tenido muchos problemas de funcionamiento.

Ante tal imponderable, se decidió la reparación de una cuarta caldera fuera de plan: ya está alistada y los pronósticos de su salida en operación son para esta semana, explicó.
Con ella, la fábrica de azúcar de Baraguá debe alcanzar mejores molidas, indicador que hasta la fecha es del 52 por ciento de un plan de 65. A la par, exhibe más de nueve puntos de rendimiento y aprovecha su rendimiento potencial de la caña (RPC) al 84,7 por ciento.

“El central refinería ha producido hasta el momento más de 14 000 toneladas (t) de azúcar y su propósito es cumplir su plan a mediados de mayo; creemos es posible porque tiene caña suficiente en la zona de la Empresa Agroindustrial Azucarera Ecuador y del municipio de Venezuela para lograr este objetivo. Una vez honre sus compromisos, si el tiempo nos lo permite, seguiría moliendo para aportar más volúmenes del dulce grano”.

Destaca Larrosa Vázquez que, entre las situaciones desfavorables para el desempeño de la contienda, han estado las limitaciones con el combustible físico, lo cual ha provocado de un 25 al 30 por ciento de tiempo perdido en los centrales.

“Este problema se mantuvo durante la última quincena de marzo y persiste en ese mismo comportamiento durante abril. La disponibilidad que entra a la provincia no satisface los niveles de la demanda del organismo nuestro para el desarrollo de la zafra y las actividades de la siembra de caña”.

En tal sentido, Primero de Enero ha sido el más afectado, con molidas de 56 por ciento hasta la fecha. No obstante, registra indicadores positivos como un rendimiento industrial por encima de 10 y un acumulado del aprovechamiento del RPC superior al 88 por ciento; por lo que lleva una zafra estable.

La fuente recordó que, no obstante a no disponer de un plan, su entrada se asumió para suplir en parte el déficit ocasionado por Ciro Redondo, su compromiso de este central es llegar a las 20 000 t del endulzante, meta que es posible alcanzar en los primeros días de mayo, pues durante 35 días de molienda el colectivo violeteño produjo la mitad de esa cifra.

Indicó que se mantiene la vinculación con el central Uruguay de Jatibonico, en Sancti Spíritus, que, hasta la fecha, ha recibido más de 70 000 t de la dulce gramínea y se pretende superar las 100 000 t. A la par se asegura la canasta básica de azúcar refino y crudo de la provincia para los próximos meses.

Presidió Díaz-Canel acto por aniversario de la proclamación del carácter socialista de la Revolución Cubana

«Amanecemos hoy en 23 y 12, la histórica esquina habanera donde Fidel declaró el carácter socialista de la Revolución. De la unidad, nació nuestro Partido y de los milicianos la victoria. Somos Unidad y Continuidad», compartió el mandatario en su cuenta en Twitter

Foto: Tomada del Twitter Presidencia Cuba

El Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidió en la mañana de este sábado, el acto por el aniversario 61 de la proclamación del carácter socialista de la Revolución Cubana.

Foto: Tomada del Twitter Presidencia Cuba

«Amanecemos hoy en 23 y 12, la histórica esquina habanera donde Fidel declaró el carácter socialista de la Revolución. De la unidad, nació nuestro Partido y de los milicianos la victoria. Somos Unidad y Continuidad», compartió el mandatario en su cuenta en Twitter.

La esquina de 23 y 12 en La Habana, vuelve a ser, este 16 de abril, escenario de apoyo a la Revolución Socialista, añadía desde la misma red social la cuenta de la Presidencia.

Como se publicara hoy en las páginas de Granma, Cuba enlutada despedía, aquel 16 de abril de 1961, a siete de sus hijos caídos bajo las bombas imperialistas, a poco más de dos años del triunfo de una Revolución, nacida para ofrecerle a un pueblo infortunado la claridad de una dicha que había que construir.

«Su líder convencía, por la fuerza de los argumentos, a una multitud que acababa de ver con sus propios ojos los hechos de sangre de que era capaz el imperialismo yanqui, enemigo eterno del nuevo rumbo social que tomaba la Isla. 

«En el carácter del pueblo enardecido que, el 16 de abril de 1961, proclamó socialista a su Revolución antes de irse a la defensa de la Patria en las arenas de Girón, está, además, la esencia del Partido que lo conduce hasta hoy, invicto, victorioso, glorioso, como esta fecha que, por la inspiración de esos días, también marca la fundación del PCC».


¿Qué pasa con la carne de cerdo en Cuba?

 La producción nacional de carne de cerdo ha caído a un ritmo acelerado y no se vislumbra un repunte a corto ni mediano plazo.





El programa porcino que desarrollaba Cuba se basaba en la cría intensiva

Foto: Jorge luis Baños/IPS

Chuletas, bistecs y masas de puerco así como sus derivados, alcanzan desde hace meses precios inasequibles para el bolsillo de la mayoría de los trabajadores y jubilados.

Debido al franco retroceso productivo y la carestía, la carne de cerdo, un alimento clave para millones de personas en esta isla del Caribe insular, podría demorar su regreso a la mesa familiar.

El Estado impulsa estrategias, planes y medidas para paliar la situación, entre ellas intensificar la cría del llamado «cerdo criollo», mientras decrece la raza tradicional.

Las causas de la escasez son múltiples. La principal de ellas es que se carece de pienso y recursos para importarlo por falta de liquidez. Los puercos mal alimentados no alcanzan el peso requerido antes de su sacrificio.

Clientes de agromercados, donde las tarimas de carne de cerdo permanecen semivacías (salvo los fines de semana), comentaron que los precios actuales –alrededor de 250 pesos la libra (poco más de 10 dólares según el cambio oficial) – son “abusivos”.

Producir más y rápido

«La carne de cerdo es básica en la dieta del pueblo cubano, tenemos que producir más y hacerlo en el menor tiempo posible», reconoció el presidente, Miguel Díaz-Canel.

El mandatario encabezó en la primera semana de abril una Plenaria Nacional de Productores de Carne de Cerdo a quienes invitó a «trabajar sin pesimismo, conscientes de que los momentos de crisis hacen emerger las grandes soluciones”, según informó el diario oficial Granma.

Esa reunión remató un proceso de plenarias municipales y provinciales iniciadas en marzo para discutir cómo recuperar e incrementar la oferta de esta proteína que, por su precio y tradición, ocupa desde hace años el lugar que ostentaba la más nutritiva carne de res.

Los intercambios comenzaron en la segunda quincena de marzo a nivel local e involucraron a casi 7 000 personas vinculadas al ramo, de ellas más de 4 400 productores y 945 cooperativas.

Entre los más afectados por la escasez figuran  centros hospitalarios, escuelas, canasta básica (de productos subsidiados por el Estado) y el turismo al que se intenta revitalizar.



En los agromercados, las tarimas de carne de cerdo permanecen semivacías

Menos productores

Según medios oficiales, miles de criadores cerraron sus contratos por la escasez de alimentos para la ceba de los animales,

y por el contraste desfavorable entre el alto precio del pienso y lo que paga el Estado por tonelada de carne.
De acuerdo con las fuentes, de 14 000 productores que lograron entregar en 2017 unas 200 000 toneladas de carne de cerdo, hoy solo quedan 1 400 de quienes se espera una producción mínima de 26 000 toneladas.

Reportes de la prensa sostienen que la retirada de los productores se debe también a los problemas financieros de la isla, secuela de la pandemia Covid-19, el recrudecimiento de las sanciones impuestas por Estados Unidos y regulaciones impuestas por el Gobierno.

Reynier de Jesús, un joven porcicultor de la provincia occidental de Pinar del Río, lamentó que en «los años de bonanza» llegó a tener entre 2 500 y 3 000 cerdos, pero tras la caída del suministro de piensos con productos importados debió reducirlos a solo 1 500.

Pocos días después del encuentro nacional encabezado por Dïaz – Canel, los criadores de cerdo recibieron la noticia sobre la paralización de la que se espera sea la mayor fábrica de alimento animal del país, enclavada en la ciudad de Santiago de Cuba, en el oriente de la isla caribeña.

Iniciada su construcción en 2019, la planta tendrá una capacidad de entrega de 500 a 600 toneladas por turno de 12 horas y está diseñada para elaborar más de diez tipos de piensos para ganado mayor y menor, aves y la piscicultura, según informes del oficial diario Granma.

Pero la obra aún hoy no rebasa el 10 por ciento de ejecución general, entre otros motivos por la demora de los metales importados que permitirán el montaje tecnológico, explicó la ingeniera Greny Silva Pérez.

Otros obstáculos apuntan al inestable suministro de recursos para terminar las edificaciones socioadministrativas y el grado de oxidación de tres silos que se intenta recuperar después que estuvieron abandonados alrededor de 20 años sin empleo alguno.

El cerdo criollo

En varios reportajes televisivos se ha abordado como una solución el tema de la recuperación del cerdo criollo, de capa oscura, como se hizo en los años 90 del pasado siglo XX, durante la crisis económica denominada Periodo Especial.

Se trata de animales más resistentes, pero menos productivos, que admiten una alimentación con menos pienso, adaptada a bajos insumos y a comidas diversas (subproductos de las cosechas, palmiche, entre otros).

El Cerdo Criollo Cubano, de color negro, se localiza generalmente en la zona oriental del país, en explotaciones familiares aprovechando los recursos naturales y subproductos agrícolas.

Hasta ahora, el programa porcino que desarrollaba Cuba se basaba en una cría intensiva en la que un cerdo requiere comer, para su crianza y engorde, cereales, proteínas como la soya, y aminoácidos que conforman un pienso para en seis meses pesar 90 Kg.

En la reunión, el presidente del grupo ganadero del Ministerio de Agricultura, Yoan Sarduy, anunció la siembra de 50 000 hectáreas que permitirían producir 125 000 toneladas de carne, pero de esa cantidad solo 14 000 hectáreas están en producción.

Expertos advierten que sin este alimento los rendimientos apuntan a la baja, y la recuperación no sucede de un día para otro. Muchos se preguntan qué pasará cuando lleguen las tradicionales cenas de Nochebuena y Fin de Año.


Los precios son inalcanzables para la mayoría de los trabajadores y jubilados

Sin pienso habrá menos carne de cerdo

«Teníamos una producción montada sobre altos volúmenes de importación de materia prima (maíz y soya) y a partir de la incapacidad de lograr la compra de todas esas materias primas hay una contracción en la producción de cerdos», indicó Sarduy.

Díaz-Canel sostiene que el principal reto para incrementar la producción porcina está en la generación con fuentes nacionales del alimento para este ganado menor.

Según el gobernante, «sustentar mayoritariamente una producción de alimentos en importaciones, es una práctica que atenta contra el propósito de que el país alcance su soberanía alimentaria, que es un asunto de seguridad nacional».

«No nos engañemos; sin piensos, comprado en el extranjero o de producción nacional, no hay y no habrá carne de cerdo. Usted podrá cebar unos cuantos, con palmiche y viandas, pero no podrá tener una cría intensiva sin pienso», comentó Leandro Morales, un experimentado campesino de 77 años.

Yordanka Benitez, una jubilada de 60 años que atiende aves de corral en una cooperativa cerca de La Habana, también desconfía de una solución a base del cerdo criollo y del pienso local.

«Aquí lo que hacen falta son cooperativas privadas con recursos para producir carne de cerdo sin tantas trabas de papeles ni burocracia. Hagan empresas mixtas, busquen socios que inviertan y todos ganamos», expresó. (2022)

viernes, 15 de abril de 2022

¿Qué marxismo para cuál socialismo?

Por Wilder Pérez Varona


La búsqueda, Graciela B. Gallardo

Versión de la ponencia presentada en el panel «Retos del marxismo en la Cuba actual», que sesionó el viernes 25 de febrero de 2022 durante la segunda jornada de la IV Escuela de formación teórica-política Paradigmas críticos de la emancipación en el Caribe y América Latina. Desafíos prácticos del marxismo en la Cuba de hoy.

I.

Este panel invita a problematizar varias cuestiones: la situación del propio marxismo en las condiciones actuales de Cuba, los desafíos que el país plantea para el marxismo, y cómo uno y otra han sido leídos desde una visión marxista. De hecho, es difícil avanzar en una problemática sin las restantes. Las sesiones del III Pleno del Comité Central, del pasado mes de diciembre, valen como contexto inmediato, pues el «eterno retorno» del marxismo-leninismo, en texto y alma, ha desatado posturas diversas entre quienes aún se interesan por estos problemas.

En lo que sigue sólo comparto algunas distinciones para enmarcar la discusión sobre tales temas.

Durante siglo y medio, se han entendido como marxista cosas muy distintas, desde su sentido negativo original, a raíz de las pugnas dentro de la Internacional que Marx lideró. La polisemia ha dominado toda la existencia del marxismo, a contrapelo de haber sido codificado, divulgado y consagrado como «ortodoxia» por los partidos socialdemócratas de la II Internacional, que asumieron por tal una concepción del mundo del movimiento obrero empalmada con una doctrina atribuida a Marx. Pasando por los movimientos anticapitalistas y de liberación nacional del siglo XX, que dotaron de amplias variaciones al código genético marxista, esta polisemia ha sobrevivido a su pregonada muerte, tras el descalabro del socialismo real y de su larga hegemonía, tanto de su contenido como de su plasmación social. Como teoría e ideología, el marxismo marcó una época llena de contradicciones, al tiempo que este periodo histórico (con sus diferencias de contextos, tradiciones e imbricaciones intelectuales) dejó su huella en los aparatos categoriales del marxismo. Semejante densidad histórica y semántica ha hecho recurrente la pregunta sobre qué sobrevive del marxismo hoy, para saber de qué hablamos cuando hablamos de marxismo.

En cierto sentido, el final del bloque soviético cerró un ciclo que afecta a lo que podemos entender por marxismo. Un periodo en que el marxismo pudo funcionar como ideología de Estado, como un modo de organizar y administrar la sociedad según determinadas normas, metas, jerarquías y funciones. Pero también como doctrina de organizaciones políticas y sociales que intentaron disputar ese poder del Estado, con diversos fines de cambio social, por sus contenidos, alcance y radicalidad. En cualquier caso, el fenómeno marcado por la caída del muro de Berlín ha conmocionado hasta hoy a todo el universo de las ideas, instituciones y movimientos de la izquierda internacional.

Muchos rescatan como marxismo su interpretación en tanto proyecto de emancipación social, como proyecto de crítica y transformación del orden existente. En buena medida, el saldo de las últimas décadas ha sido marcado por la indagación sobre los contenidos vigentes de ese proyecto. Sobre qué elementos conforman ese núcleo que ha podido resistir a las sucesivas metamorfosis del sistema del capital (objeto de su crítica y de sus programas de cambio), y luego de la historia de fallidas alternativas concretas a ese orden global. Sin duda, mucho del ADN capitalista que Marx analizara en sus expresiones y tendencias, en su modo de producir relaciones sociales, ha adquirido hoy impactos y alcances inimaginables en la segunda mitad del siglo XIX. Es también evidente que los problemas y demandas de los movimientos sociales anticapitalistas, a los que Marx brindara una traducción científica y política, son de una actualidad alarmante.

Sin embargo, el sentido en que puede ser pensado el mencionado fin de ciclo nos advierte sobre un modo en que ya no podemos pensar el cambio social que el marxismo propone: bajo la forma del modelo.[1] Una de las consecuencias del fin del socialismo real fue la desaparición de una hoja de ruta trazada según etapas, de un esquema evolutivo de dinámicas y metas a alcanzar, cuyo fin ha abierto paso a la pluralización de vías de tránsito anticapitalistas. Antes, el modelo de socialismo realmente existente era de obligada referencia, incluso para procesos que asumieron, con distinto éxito, formas peculiares o «características propias». Hoy el mundo ha cambiado. A la conciencia crítica, sin las certezas ideológicas de antaño, de los fallidos experimentos del pasado siglo XX, se une ahora la búsqueda de nuevos y diversos horizontes de cambio, de nuevos y diversos agentes y medios para ese cambio, de nuevas dimensiones del cambio a alcanzar.

El fracaso del modelo universal de evolución y transición al socialismo propio del sistema soviético dio lugar a que se tachara al proyecto comunista de mito de vocación totalitaria. Su traducción de ideales de igualdad y justicia social en una instrumentalización sacralizada del Estado y de su capacidad planificadora de la economía, motivó la condena no sólo de sus resultados, de los medios empleados, del trayecto que prescribieron, sino de la propia idea de comunismo. Mal se defiende al ideal comunista abriendo un hiato entre la idea y el sistema que la representa, entre el proyecto social y el poder que propone hacerlo viable. La denuncia de desviaciones y deformaciones de su concreción histórica, al tiempo que se «rescata» al proyecto de toda contaminación con las condiciones cambiantes y las impurezas de procesos y comportamientos, reduce el ideal a una cuestión de interpretación autorizada, a una existencia discursiva y vacía de referencia real.

La vitalidad del ideal comunista depende, por el contrario, de que funcione como herramienta para conocer nuestros propios límites como sociedad, para repensar el pasado y plantear de otro modo los problemas del presente. Y tal vez hoy estemos en mejores condiciones para concebir lo que el marxismo propone no como algo idéntico a sí mismo, sino a través de su historia diversa, conflictiva y policéntrica.

II.

Pues este ideal comunista no es sólo premisa de cambio, sino también resultado de determinadas condiciones sociohistóricas. Tales condiciones han promovido la diversidad del marxismo y de su proyecto de sociedad poscapitalista. Quiero referirme a dos perspectivas que dan cuenta de las contradicciones del marxismo, dos tendencias que han dirimido sobre cómo entender el ideal que promueve, y que han de verse como matrices para comprender esa diversidad realmente existente.

A lo largo de su compleja historia, ha sido advertida una bifurcación dentro del socialismo. Un primer camino, ha podido reclamar la herencia de la racionalidad moderna, de su panoplia de derechos y valores cívicos, de sus bases institucionales y logros civilizatorios. Para este socialismo el tránsito hacia una nueva sociedad supone la superación del capitalismo, de su explotación de las clases trabajadoras y de la polarización social que de ella resulta. Propone desarrollar el proyecto ilustrado que el sistema del capital hiciera alcanzable, pero irrealizable bajo su lógica, expandir la emancipación política a través de la emancipación económica y social, dar pasos firmes hacia la extinción del Estado, de la economía mercantil, de las fronteras entre las naciones, etcétera.

Frente a esta propuesta, dominante en los centros del capitalismo mundial, ha existido un hecho incontestable. Virtualmente en todos los países donde los comunistas han llegado al poder, la prioridad para la dirigencia política no ha sido disolver el aparato de Estado, sino construir un Estado capaz de lidiar con la amenaza permanente de sometimiento colonial o neocolonial, y de acortar distancias respecto a los países industriales más avanzados. De ahí el imperativo de preservar la soberanía nacional y de crear las condiciones de cultura material necesarias, de desarrollar las fuerzas productivas a fin de garantizar la emancipación económica y tecnológica.

Este socialismo histórico ha padecido la cara opuesta del proyecto moderno de civilización: la deformación de siglos de opresión y explotación en su nombre. Su desarrollismo modernizador le ha conducido a hacer del Estado agente y garante por excelencia de tales metas progresistas. Como proyecto, no puede desentenderse de llevar a término la revolución anticolonial a todos los niveles, ni desligar la emancipación social de la emancipación nacional.[2]

Esta diferencia de condiciones históricas ha dado lugar a marxismos que han asumido posiciones políticas e intelectuales ubicadas en las antípodas, respecto a un amplio conjunto de eventos, procesos y fenómenos.[3]

Vinculada a esta distinción, ha existido otro modo de entender la contradicción entre dos grandes paradigmas marxistas, que echan raíces en la obra de Marx y Engels, tomadas no como un cuerpo homogéneo y cerrado de doctrinas, sino contradictorio, como el mundo que intentaron comprender y cambiar, siempre sujeto a nuevas y diversas interpretaciones. Esta segunda dualidad permite distinguir entre el marxismo como crítica y el marxismo como ciencia, entre el marxismo como filosofía de la praxis y el marxismo como economía política de las leyes del capitalismo. Este conflicto parte de la difícil conjugación que la perspectiva de Marx propone entre elaboración científica y programa político, entre teoría y práctica, entre análisis histórico y utopía. Es resultado entonces de la peculiar simbiosis de Marx, y de intentos sucesivos de reducir las tensiones que la han atravesado.

En términos generales, este conflicto ha dado lugar a la distinción de dos clases de marxismo, que difieren en sus premisas epistemológicas y ontológicas, en sus teorías sobre la sociedad capitalista como en sus posiciones políticas. Uno, centrado en el análisis de estructuras sociales objetivas, delimita marcos categoriales comunes a toda sociedad y considera a las fuerzas productivas como determinantes en la evolución social. Otro marxismo, que prioriza la crítica de las formas de enajenación social, enfatiza sobre la totalidad de las relaciones sociales y en la interpretación historicista y contextualizada de fenómenos y procesos concebidos, en esencia, como culturales. Uno reflexiona sobre la dimensión instrumental de la sociedad, otro sobre la producción de una nueva subjetividad; aquel, tiende a fetichizar las condiciones objetivas y medios institucionales y organizativos para alcanzar el cambio, este, a sobrevalorar la conciencia y la voluntad que emergen del proceso.

Si bien el marxismo crítico ha hallado suelo fértil en aquellos procesos convencidos de que «la historia no está de su lado», que han debido sobreponerse a la carencia de condiciones suficientes para la revolución social, se trata más bien de tipos ideales para analizar casos concretos (figuras, movimientos, procesos) que no se avienen del todo a una u otra categoría.[4]

III.

¿Qué puede ser rescatado entonces del proyecto crítico de Marx de cara a las condiciones actuales en que se inserta Cuba?

El III pleno vinculaba el rescate de la Historia nacional y del Marxismo-leninismo, pero de modo tal que lastra el resultado de antemano. De un lado, promueve la ortopedia de un Marxismo único enlazado a una Historia patria tratada como un depósito de recursos para la «lucidez» y «firmeza» ideológicas, necesarios contra la renovada ofensiva estadounidense de cambio de régimen. De otro, pretende que ese empaste pueda brindar cohesión a una sociedad más diferenciada y desigual de lo que fue décadas atrás, en torno a un programa de reformas que no ha logrado superar nuestra propia versión de socialismo de Estado.

Si reapropiarnos nuestra memoria histórica tiene sentido para promover un nuevo proyecto de sociedad, entonces el modo de acercarnos a nuestra realidad debe ser diferente. Y en este punto podemos sacar partido del bagaje crítico del proyecto emancipador que inauguró Marx. Quiero señalar tres dimensiones o formas bajo las cuales la pluralidad de la crítica marxista puede ser aprovechada para comprender las contradicciones de la sociedad actual.

Una primera, es la crítica del objetivismo, de la ontología espontánea que asume a la realidad como un agregado de objetos. Nos encontramos aquí en el ámbito de una filosofía de la praxis, en el terreno de la teoría del conocimiento científico de Marx. Su documento fundacional son las Tesis sobre Feuerbach, donde proclama la ruptura con todo el materialismo anterior, porque este reduce la realidad a la forma de objeto. En cambio, Marx afirma que nuestra acción es siempre parte de una realidad que nos incluye. Si concebimos la actividad de conocimiento como parte de la realidad, entonces debe alterar el objeto de conocimiento para entenderlo. En palabras de Bertolt Brecht: «no podemos conocer nada que no podamos transformar, ni tampoco nada que no nos transforme».[5] No hay conocimiento objetivo fuera de un conjunto de relaciones sociales concretas que condicionan toda actividad intelectual, que a su vez modela las condiciones de las que forma parte.

La crítica de la ideología, en segundo término, se refiere a los mecanismos de reproducción de la dominación, de las formas instituidas del poder del Estado, y a la crítica de su lógica propia. Muchas veces encontramos que el concepto de ideología se identifica a la «falsa conciencia». Más bien, apunta hacia la aceptación de relaciones «invertidas» en el sujeto, es decir, problematiza la identificación de los dominados con las relaciones de dominación. Se trata de develar una doble eficacia de la dominación que ejercen las instituciones, verdaderas cartas de navegación social: son fruto de luchas pasadas y sirven a la dominación actual; pero dominan, con el tiempo, sin aparecer como tales estructuras de dominación. Que a este concepto luego se le limara su impronta crítica para hacer de él un término positivo, y que se declarase a Marx como «ideólogo del proletariado», es parte de la inversión del marxismo que predominara en el siglo XX, convertido en ideología de Estado. Pero también se ha arrebatado a la ideología su idea central sobre la reproducción de la dominación, al divulgar una versión que se limita a tomar nota de que nuestras formas de representación están condicionadas por la posición social.

La tercera es la crítica del fetichismo, que deriva de la generalización de la forma mercantilizada de intercambio. Como es sabido, la crítica de la economía política marxiana indaga en las formas, dinámicas y tendencias de desarrollo del capital, y en sus consecuencias, en los modos en que moldean espontáneamente nuestra conciencia. A primera vista, las formas de valor como la mercancía o el capital aparecen como cualidades de objetos. El dinero, pongamos por caso, cumple su función de permitir el intercambio de productos a escala universal gracias a que sustituye el encuentro directo entre los productores, y a que apela a una abstracción común de las cualidades concretas de los productos (el trabajo humano abstracto). Las relaciones sociales están mediadas por una abstracción de la acción concreta de los productores, que adquiere autonomía, validando y consagrando la separación entre ellos, que concurren al intercambio como productores privados. Mediante este intercambio económico experimentamos así el poder de los productos sobre quienes los han producido: nos convertimos en apéndices de su proceso social de cambio y valorización. Este poder paradójico es la esencia del capitalismo, y es a lo que se refiere el concepto del carácter fetichista de las mercancías. Marx destacó que el capitalismo es un modo de producir las necesidades materiales y espirituales del ser humano, y un modo de producir las representaciones y la satisfacción de esas necesidades. Es un fenómeno cultural, en el sentido más amplio y profundo del término.

Tal repertorio crítico del marxismo puede ser eficaz si el socialismo no es tomado como una meta predefinida, un fin en sí o punto de llegada. Entendido como transición, posee un tiempo heterogéneo que no puede ser reducido a esquemas prefabricados, ni a una lógica externa y anterior. Como proceso no programado coexisten en el mismo, y luchan entre sí, lógicas, relaciones, instituciones heredadas y reproducidas del capitalismo con elementos y tendencias de la futura sociedad comunista. El socialismo constituye, necesariamente, una sociedad contradictoria, conflictiva, desgarrada, abierta. No hay modo de alcanzar una «conducción científica y armoniosa» de la misma, a través de una hoja de ruta elaborada de antemano.

El socialismo puede ser visto, entonces, como una revolución permanente, constante proceso de luchas y de rupturas, y por ello de búsqueda, de invención, de ensayo. En el sentido de privar cada vez más a las diferencias sociales de jerarquía, de incluir sin subordinar. Como tal revolución ininterrumpida, necesita no sólo de proyectos, sino de la existencia de fuerzas (sociales, políticas, intelectivas), de instancias e instituciones encargadas de la continua confrontación del proyecto con la marcha de los procesos reales, que hagan posible su rectificación, afinación, mejoramiento.

Notas

[1] La expansión de regímenes autoproclamados socialistas en Europa, Asia, América Latina y África durante la segunda posguerra resaltó la importancia de lo que entonces se denominó como «transición al socialismo». Entre 1945 y 1985, «transición» significaba, sobre todo, transición al socialismo. La expansión de movimientos de liberación nacional en esa etapa propició que, desde los centros de poder de la URSS y los países socialistas europeos, se desarrollara una rama teórica específica a la que se le denominó «teoría de la transición», que fue colocada dentro del «comunismo científico», una de las «partes integrantes» del marxismo-leninismo, según este cuerpo teórico se denominó a sí mismo. Esa teoría de la transición se preciaba de haber establecido las leyes y regularidades que regían la transición al socialismo, que regían para cualquier país donde una revolución radical tomara el control del Estado y emprendiera la tarea de construir una nueva sociedad no capitalista, con independencia de sus condiciones económicas, culturales e históricas. Acanda, J.L. (2008). Transición, en Autocríticas. Un dialogo al interior de la tradición socialista. La Habana: Ruth Casa Editorial, 40–60.

[2] Martínez Heredia, F. (2005). Socialismo. México: UNAM.

[3] Losurdo, D. (2019). El marxismo occidental: cómo nació, cómo murió y cómo puede resucitar. Madrid: Editorial Trotta.

[4] Gouldner, A. W. (1983) Los dos marxismos: Contradicciones y anomalías en el desarrollo de la teoría. Madrid: Alianza Editorial.

[5] Citado por Wolfgang Fritz Haug. (2009). Sobre la actualidad filosófica de Karl Marx. Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo, (29), 8.

2021: Entre la inflación y el ordenamiento monetario Resumen económico anual.

 




El ordenamiento monetario absorbió el año, acompañado por una reforma de salarios y pensiones y una reforma de precios y subsidios, en un proceso de transformaciones que no ha concluido.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Cuatro noticias pueden identificarse como las de mayor impacto en la economía cubana en 2021: desde la inflación hasta la reforma monetaria, la vacunación anticovid y el reordenamiento de los actores económicos. El año alargó la crisis que acompaña a la pandemia y removió ámbitos estratégicos.

El 2022 comienza entre planes de recuperación, entre persistentes desequilibrios, liquidez financiera y otros síntomas de la crisis. El gobierno se propone un crecimiento del 4% en el PIB este año.

En el horizonte de la economía cubana asoman algunas luces, aunque de manera borrosa por su estrecha conexión con las incertidumbres y las incógnitas que también le legó 2021.

El mayor de los conflictos, la inflación, recuerda un capítulo similar de la crisis del Período Especial en los años 90. Remata, como entonces, una larga lista de problemas internos en un contexto externo desfavorable.

La mayoría de las maniobras implementadas por el gobierno en el 2021 buscaba soluciones, mediante reacomodos para que los principales sectores, actividades y actores recuperen gradualmente sus capacidades. La primera y más importante de estas operaciones fue la Tarea Ordenamiento, aunque necesitó ella misma de reajustes apenas dio los primeros pasos. Y los sigue requiriendo.

Desde antes era evidente la necesidad de transformaciones en múltiples áreas de la economía, para remontar la crisis integralmente.

Las cuatro noticias del año

En un contexto global de pandemia y con una parálisis social y económica inédita en Cuba, 2021 abrió con la reforma monetariacomo principal noticia de la economía. Ese podio lo compartió en el año con la inflación, la creación de vacunas cubanas contra la Covid-19 seguida de la vacunación y la entrada al escenario nacional de las micro, pequeñas y medianas empresas privadas (mipymes), en compañía de las estatales.

Las cuatro noticias clasifican como lo más relevante para la economía en2021 por la novedad, las consecuencias directas para la actividad económica y las transformaciones profundas que entrañan para la vida política y social cubana. Del cuarteto, la inflación es el síntoma más evidente e inquietante, pero no el único.

Por el contrario, las otras tres noticias –Tarea Ordenamiento, vacunas vs Covid-19 y mipymes– se derivan de programas que implementó o aceleró el gobierno para que la economía levante cabeza. Otras medidas pusieron la mirilla, incluso, en sectores estratégicos: las empresas estatales y las producciones agropecuarias, por ejemplo.

Pero tuvieron menos impacto en los públicos mediáticos del país, ya sea por la poca visibilidad de sus primeros resultados o por el temor de que sean la repetición de carpetas de medidas que las autoridades aplican año tras año para el sistema empresarial y la agricultura, sin éxito sustancial.

El 2021 tuvo otro momento notorio en abril, con el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, pero esta vez la estrategia económica acordada por la máxima estructura de poder político varió poco la ruta trazada cinco años antes en los Lineamientos de la Política Económica y Social y la Conceptualización del Modelo de Desarrollo Socialista. 

Síntomas de la crisis

Los peores resultados los tuvieron el azúcar, con una producción un 25% por debajo del año anterior, y el turismo, que recibió dos tercios de visitantes menos que en 2020. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El crecimiento del 2% del producto interno bruto (PIB) en 2021 apenas representó, en la práctica, un freno para la recesión registrada a cuenta de la pandemia. Todavía en el primer trimestre de ese año se registró una fuerte baja del PIB (-13,4%), una prolongación del retroceso consecutivo de dos años: -10,9% en el 2020 y -0,2% en el 2019.

Ante el nuevo año, el gobierno parece más cauteloso y realista que en los planes anteriores. Para el 2021 había soñado una meta de crecimiento económico del 6%, justo en medio de los rebrotes que llevaron la pandemia a un pico trágico, con el alargamiento de la parálisis casi total del turismo, la desarticulación consiguiente de buena parte de la economía, que quedó sin locomotora, y la postración del comercio minorista.

Después de registrar en 2020 bajas sensibles en casi todos los indicadores de producción y servicios, en 2021 variaron poco los resultados finales de la industria (-1,7%) y la agricultura (2,1%).

La producción de petróleo descendió un 4%, 3.069 toneladas. El níquel incumplió en más de 5.000 toneladas el plan de 52.600, lo que implicó una caída de 5% en relación con el año previo y que perdiera una tajada de 60 millones de dólares a cuenta de precios internacionales en alza.

Los peores resultados los tuvieron el azúcar, con una producción estimada en 828.000 toneladas, un 25% por debajo del año anterior,y el turismo, que recibió dos tercios de visitantes menos que en 2020.

De acuerdo con datos hasta el tercer trimestre de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la construcción apuntaba a cerrar el 2021 sin mucho cambio en relación con el año previo, mientras el comercio tendía a recuperarse en los meses finales tras una arrancada pésima (-21,4% en el primer trimestre y -10,5% hasta septiembre). La salud (15,9%) y el transporte, almacenamiento y comunicación (10,2%) eran las actividades con mejor medición económica.

El despegue comenzó en el segundo semestre, a medida que el gobierno pudo implementar acciones para reavivar su economía, entre las cuales la más importante fue la vacunación masiva contra la Covid-19 en la recta final del 2021. Más prudente en sus cálculos ahora, el gobierno programa para el 2022 una meta de crecimiento del 4%.

Aunque las condiciones epidemiológicas apuntan a mejorar y los caminos económicos empiezan a despejarse, los desequilibrios inflacionarios –el síntoma más doloroso de la crisis–, las privaciones financieras y las contracciones productivas están en su peor momento. El reordenamiento monetario alienta todavía más dudas que ilusiones. 

Ordenamiento inconcluso

Ante los diputados, el ministro de Economía, Alejandro Gil, defendió la Tarea Ordenamiento como un paso oportuno, aunque reconoció errores en el diseño y aplicación de esta reforma. Foto: Tomada de Cubadebate

La unificación monetaria y cambiaria era recomendada, discutida y esperada en Cuba incluso antes de ser incorporada a la letra de la reforma económica en 2011. Pero su implementación demoró hasta el primero de enero de 2021. Ese día la tasa oficial de cambio del peso cubano pasó de 1 CUP x 1 USD a 24 CUP x 1 USD y el peso cubano convertible (CUC) dejó de circular.

El sistema financiero del país y la contabilidad de las empresas ganó transparencia, al desaparecer la extraña dualidad monetaria y cambiaria que oscurecía cualquier medición económica.

Para compensar el trabalenguas existente en el sistema monetario, la economía cubana había incorporado en la práctica más de dos tasas de cambio. Era imposible precisar cuáles empresas eran rentables y cuáles sobrevivían subsidiadas por el Estado o por la dualidad del CUP-CUC.

La Tarea Ordenamiento, como la identificó el gobierno, se completó con una reforma del sistema de precios y subsidios y con una reforma de salarios y pensiones, áreas en que se habían acumulado profundas distorsiones durante casi tres décadas de existencia del CUC.

Sin embargo, el drama de la inflación ha generado dudas acerca de si no era el peor momento para la reforma monetaria.

Al concluir el primer año, el ministro de Economía, Alejandro Gil, descartó que fuera el ordenamiento una causa de la inflación. La achacó a la caída de la producción y la oferta con la crisis de la Covid-19, endurecida por el agravamiento del bloqueo económico de Estados Unidos.

“Si seguimos esperando el mejor momento, nunca lo hacemos”,dijo en diciembre pasado ante los diputados. Defendió este paso bajo el criterio de que“nos ha permitido ampliar los actores económicos y ponernos en mejores condiciones de comenzar a recuperar la economía de forma gradual”.

Pero en esa oportunidad el titular de Economía y viceprimer ministro admitió que “el ordenamiento tiene problemas de diseño y en su implementación, que hemos estado corrigiendo en contacto con los productores y empresas”. A pesar de los largos años de preparación, apenas arrancó la reforma monetaria hubo que reajustar numerosos precios, incluyendo la tarifa de electricidad, y readecuar regulaciones de la contabilidad presupuestaria y empresarial.

Otra realidad que empaña la unificación monetaria es la ampliación en 2021 de un circuito comercial en moneda libremente convertible (MLC), que mantiene el gobierno desde 2019 para calzar el consumo minorista. Las autoridades defienden esas tiendas como opción temporal  –“tabla de salvación”, dijo Gil– porque oxigenan la deprimida oferta a la población y aportan ingresos a numerosas empresas para financiar su adquisición de materias primas. Permite mantener con vida importantes fuentes de empleo, insistió Gil recientemente.

La dolarización parcial de la economía es uno de los conflictos pendientes de solución antes de considerar que el ordenamiento monetario tenga éxito. A su vez, depende de la solución de otro enredo, la inflación. 

Las culpas de la inflación

La tendencia inflacionaria se aceleró en 2021, como el síntoma más dramático de la crisis que acompañó a la pandemia. Foto: Jorge Luis Baños_IPS 

Entre los errores más notorios de la Tarea Ordenamiento estuvo una pifia en los cálculos de la Comisión Permanente de Implementación y Desarrollo. De acuerdo con la explicación del jefe de la misma, Marino Murillo, a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la inflación derivada de la devaluación del peso hubiera podido ascender en 6.900% o 70 veces en el mercado informal, con influencia en el comercio minorista y mayorista.

Ante igual público, Alejandro Gil dijo un año después que la inflación cerraría el 2021 alrededor de un 10% por encimade lo previsto. De acuerdo con la estimación de la ONEI, los precios minoristas aumentaron en 77,33%, con alzas más fuertes en las actividades de transporte (188,60%), servicios de la vivienda (153,54%) y alimentos y bebidas no alcohólicas (113,50%).

Diez años después de ser creada para conducir la reforma económica, la Comisión Permanente fue disuelta en el 2021, justo cuando el ordenamiento monetario y el resto de las transformaciones se ven amenazadas por desequilibrios inflacionarios.

Tanto el gobierno como las voces críticas de la academia identifican la inflación como el mayor problema de la economía cubana en estos momentos. También la población. En 2021, los precios en mercados y comercios han mantenido una inquietante tendencia al alza, que se traga los incrementos salariales de años previos y el beneficio que pudo derivarse de la reforma monetaria en un primer minuto.

El problema antecede a la Tarea Ordenamiento. El economista José Luis Rodríguez observa que“ya antes del 2020 existía una presión inflacionaria creciente al aumentar la masa de dinero en circulación con una disponibilidad menor de bienes y servicios”. En su opinión esta situación “se agudizaría en el 2020 y el 2021 por la crisis debido a la irrupción de la pandemia”.

De acuerdo con datos de la ONEI que cita este experto, la tasa de inflación viene en alza desde 2020, al subir ese año la liquidez en manos de la población al 121% del PIB y escalar el déficit fiscal al 17,7% del PIB.

La devaluación consecuente del peso llevó la tasa de cambio a cien pesos por dólar en el mercado informal al cierre de enero de 2022, cuatro veces menos valor que en la tasa oficial.  

Turismo, inversiones y remesas

Después de registrar su peor año en mucho tiempo, la industria del turismo da los primeros pasos de recuperación, tras la apertura de fronteras en noviembre pasado. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El rebrote de la pandemia en el 2021 enfrió las expectativas de recuperación del turismo y, por carambola, de la economía cubana en su conjunto. La contracción casi total en la recepción de vuelos y viajeros ha constituido la representación más clara de la crisis en una economía que ha definido a la industria del ocio como su locomotora.

De acuerdo con la ONEI, Cuba solo recibió 356.470 visitantes en 2021, un 33% del total registrado un año antes o el 7,5% de los que llegaron al archipiélago cubano en el 2018, el mejor previo a la Covid-19. La suma de visitantes en 2020 y 2021 (1.442.390) representó menos del 30% del récord de 2018. Si el ingreso promedio por turista se mantuvo en un nivel similar al de 2019, los ingresos totales de esa industria habrán quedado por debajo de 900 millones de dólares entre ambos años, bastante menos que los 2 500 millones que el turismo ingresaba anualmente antes de llegar a la realidad global el Sars-Cov-2.

La parálisis del turismo dejó sin mercado a numerosas producciones y servicios del país, incluidas los materiales de construcción y la mobiliaria. Los gastos en inversiones cerraron con las pérdidas lógicas. La ministra de Finanzas y Precios, Meisi Bolaños, confirmó en diciembre que el país había dejado de ejecutar miles de millones de pesos planificados en la actividad inversionista.

La industria eléctrica fue una de las pocas que consiguió avances de sus inversiones, para incrementar en 400 MW su capacidad de generación.

Las remesas, otra fuente importante de moneda dura para la economía cubana, han sufrido una fuerte reducción simultánea en estos años, por medidas que adoptó la administración de Donald Trump (2017 – enero 2021) antes de abandonar la Casa Blanca y que el presidente Joe Biden (enero 2021) ha mantenido intactas.

Según estimados de expertos*, el flujo de remesas hacia Cuba pudo haber caído en más de una cuarta parte en 2020 y a menos de la mitad en 2021. Las medidas del bloqueo económico estadounidense contra esa opción habrían impedido la entrada directa de más de 2.000 millones de dólares a la economía de las familias cubanas entre ambos años, justo en medio de la crisis sanitaria y económica más dramática de las últimas décadas. 

Primeras reacciones

Además de contar con un estrechamiento sensible de sus ingresos, el país tuvo que redireccionar millones de pesos del Presupuesto para reforzar los servicios sanitarios frente a la Covid-19. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Las perspectivas de recuperación son más visibles para el turismo y otras exportaciones que para las remesas (el gobierno de Biden no manifiesta intención de aflojar el castigo anticubano). Apenas entrevió esperanzas en relación con la pandemia, el gobierno reabrió el 15 de noviembre las fronteras y aeropuertos. El propósito declarado por el ministro de Turismo Juan Carlos García Granda es recibir al menos 2,3 millones de turistas en 2022 bajo los protocolos sanitarios que aplican hoteles y demás instalaciones.

El comercio exterior también aspira a levantar cabeza, luego de varios años de contracción sostenida, con la caída más brusca de las exportaciones de bienes y servicios en 2020 (-20,5%). A juzgar por el reporte de fin de año del ministro de Economía, las ventas de mercancías y servicios al exterior, que redondearon 8.643 millones de dólares el año pasado, apuestan a crecer en 851 millones en el 2022.

El gobierno no solo asienta sus esperanzas de recaudación este año en producciones tradicionales como el níquel (747 millones) y el tabaco (288 millones), así como el turismo, en el área de servicios (unos 1.400 millones, si las playas cubanas atrapan a los 2,3 millones de visitantes). También ha incorporado a la lista dos renglones de la familia tecnológica: los servicios de telecomunicaciones, que aumentarían un 2 % sobre los 787,5 millones de dólares que ingresaron en 2021 y las exportaciones de productos biofarmacéuticos. 

Carta de oro de la biotecnología

Sede del Grupo Empresarial de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica Biocubafarma, en la capital. La biotecnología cubana se reafirmó como un sector estratégico en 2021. Tres vacunas contra la Covid-19 creadas y producidas en tiempo récord permitieron una vacunación masiva antes de terminar el año. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La industria de medicamentos programa el incremento más sólido del año en ventas cubanas al mercado externo. Con las vacunas de factura biotecnológica como perla principal de la corona, se propone un salto de un 70% en sus ingresos por exportaciones, que cerraron en 2021 con 162 millones de dólares.

El país ingresaría poco más de 274 millones de dólares en 2022 de cumplirse planes entre los cuales las vacunas anticovid aparecen como carta fuerte, aunque no son las únicas. El grupo empresarial BioCubaFarma produce ocho vacunas, con la antimeningocóccica BC del Instituto Finlay y la recombinante contra la Hepatitis B, del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) entre las más reconocidas.

Tras demostrar con la inmunización masiva del país contra la pandemia la eficacia de las vacunas Abdala (del CIGB), Soberana 02 y Soberana Plus (del Instituto Finlay en alianza con el Centro de Inmunología Molecular y el Centro Nacional de Biopreparados), Cuba comenzó a exportarlas a cuatro países: Vietnam, Irán, Nicaragua y Venezuela. Mientras, negocia el aval de la Organización Mundial de la Salud, que ayudaría a abrirles alguna de las puertas controladas en los mercados europeos por las grandes transnacionales farmacéuticas globales. También explora mercados en otros países como Bielorrusia y México.

El director del Instituto Finlay, Vicente Vélez, confirmó ante los medios que la industria biofarmacéutica cubana podía producir más de cien millones de dosis anualmente mediante el llenado de 100.000 bulbos por día. Esta capacidad, que garantizaba la cobertura nacional y disponibilidad para exportar, aumentó con la inauguración en noviembre del Complejo Industrial Biotecnológico CIGB-Mariel en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM). Con el nuevo año, esta fábrica comenzó a producir la vacuna Abdala.

La directora de ZEDM, Ana Teresa Igarza, informó que ese complejo de capital ciento por ciento cubano, era el primero de tres proyectos de alta tecnología ya aprobados, para su desarrollo en cuatro años con participación extranjera.

Como al resto de la actividad inversionista, la pandemia frenó la captación de nuevos negocios para esta Zona. Solo aprobó seis nuevos en 2021. Desde su inauguración hasta el cierre de este año ha dado luz verde a 61 negocios de 21 países; 34 ya están en operaciones.

Casi más que los ingresos por exportaciones que pueden derivarse de las vacunas cubanas, estas creaciones tienen el mérito estratégico de haber devuelto al país tranquilidad y capacidad para reabrirse al turismo y expandir gradualmente el resto de la economía. A la contribución sanitaria y mercantil puede sumarse un alivio en las presiones presupuestarias.

En momentos de contracción severa de ingresos externos, inflación y depresión del consumo, los gastos del Estado se resintieron por la compra de medicamentos y otros recursos de salud. En 2021, el Presupuesto desembolsó alrededor de 3 000 millones de pesos para gastos de salud, de los cuales poco más de mil fueron para poner coto al Sars-Cov-2, según informó Bolaños a la prensa.  

Finanzas externas esquivas

Los incumplimientos de Cuba en los servicios de la deuda con acreedores y con proveedores comerciales dificultan más el acceso a nuevos créditos bancarios para financiar importaciones o inversiones. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Días después de concluir el 2021, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) dio la sorpresa al concederle a Cuba un crédito de 46,7 millones de dólares para la producción de 200 millones de vacunas contra la Covid-19. La biotecnología cubana consiguió que se le abriera discretamente un mercado que en los últimos años se le ha cerrado a cal y canto.

La contracción de producciones y liquidez en moneda dura, unida a la contracción de mercados externos y las trabas del bloqueo para impedir que Cuba emplee sus reservas con bancos y navieras, han llevado al gobierno a un callejón sin salida.

Una consecuencia, el incumplimiento del pago de los servicios de la deuda externa después de haberla renegociado años antes con el Club de París y con otros acreedores como Rusia y China; los incumplimientos también se acumulan ante proveedores comerciales. Otra consecuencia, las dificultades para acceder a nuevos créditos.

“La renegociación de la deuda externa bajo nuevos mecanismos” es, en opinión del economista José Luis Rodríguez, una de las primeras acciones que debería emprender Cuba frente a la crisis inflacionaria del momento. Permitiría “restaurar los flujos financieros corrientes y a largo plazo que requiere la economía cubana” y recuperar la capacidad para revivir el financiamiento externo e interno. Este paso lo concibe vinculado con “una política más flexible de captación de la inversión extranjera directa”.

De acuerdo con estimados de Rodríguez, la deuda externa de Cuba se ha mantenido en torno a 30.000 millones de dólares desde el 2013, aunque observa un peligroso incremento de la brecha financiera en los años de la Covid-19 entre el beneficio de la balanza comercial y los servicios acumulados de la deuda. 

Agricultura: en busca de recursos financieros

Un paso aplaudido fue la creación de la banca de fomento agropecuario, con capital destinados a la producción porcina, la ganadería vacuna y varios cultivos. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La agricultura es una de las actividades más golpeadas por la carencia de moneda dura para financiar insumos imprescindibles. La crianza de cerdos corre el riesgo del estancamiento y el retroceso por escasez de piensos y otros recursos básicos. Cultivos básicos en la dieta cubana, como los frijoles, el arroz y las viandas, tropiezan por el pobre abastecimiento de fertilizantes, combustibles y plaguicidas.

Con participación de productores y expertos, el gobierno propuso a inicios del 2021 un paquete de 63 medidas para mitigar el conflicto. Lo presentó como “respuesta a problemas estructurales, organizativos, productivos y socioeconómicos”. Las autoridades aludieron entonces al sobredimensionamiento de las estructuras, la baja productividad agropecuaria, la poca introducción de la ciencia y la técnica, el deficiente uso de la tierra y el impago a los productores, todos problemas viejos.

Las nuevas medidas promueven una mayor descentralización de los actores económicos de la agricultura, en primer lugar, las cooperativas, para flexibilizar la concurrencia de los mismos a los mercados internos y externos. En esa cuerda, el paquete aprobó la participación directa e indirecta de las cooperativas en proyectos con inversión extranjera. Al cierre del año ya habían firmado 158 contratos, por un monto total de 15,3 millones de dólares.

Un paso aplaudido fue la creación de la banca de fomento agropecuario, con capital de mil 800 millones de pesos destinados a la producción porcina, la ganadería vacuna y los cultivos de arroz, plátano, yuca y guayaba. Hasta diciembre, había otorgado 252 créditos. Iniciativas insuficientes a todas luces, el ministro de Agricultura, Ydael Pérez Brito, prometió a fin de año priorizar la gestión de nuevos financiamientos para las producciones de leche, maíz, arroz y frijol, y explorar la posibilidad de subsidios estatales para las producciones de café, maíz, arroz, tomate y leche.

De las tensiones que atraviesa la actividad agropecuaria habla un diagnóstico que presentó el ministro a los diputados. Dos tercios de las 4.818 cooperativas existentes presentan una situación económica desfavorable. 

Mipymes

Las micro, pequeñas y medianas empresas privadas se han registrado como un actor económico que pudiera abrir nuevas opciones de articulación y encadenamientos productivos y propiciar un entorno de competencia más saludable. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) privadas no son nuevas en Cuba. Actuaban desde hace años bajo la etiqueta de trabajadores por cuenta propia, o como cooperativas, lo que les permitía contratar legalmente trabajadores, pero no les confería personalidad jurídica. La nueva regulación las colocó a partir de septiembre del 2021 en igualdad de condiciones jurídicas que las formas estatales para hacer negocios y articularse a la economía.

La respuesta fue inmediata. Cuatro meses después de recibir luz verde a mediados de septiembre, las mipymes y las cooperativas no agropecuarias rozaban las dos mil. A juzgar por la cantidad de solicitudes en cartera, podrían aproximarse a cinco mil en fecha próxima. La gran mayoría son mipymes privadas: 1.422, de las 1.471 registradas hasta mediados de enero. Estatales solo eran 27 y cooperativas no agropecuarias, 22.

De acuerdo con datos del Ministerio de Economía y Planificación a mediados de enero el 58% de las mipymes eran reconversiones, fundamentalmente de TCP, y el 42% nuevas creaciones.

Las actividades económicas más demandadas son la fabricación manufacturera (materiales de la construcción, calzado, confecciones del hogar y otras), la producción alimentaria y la reparación de equipos de cómputo, automotores e informática.

Dos desafíos enormes tienen estos nuevos agentes, sean mipymes privadas o estatales y las cooperativas: acondicionarse con éxito en un contexto cambiante, de crisis, inflación y limitaciones financieras acentuadas como nunca, y articularse a una economía que funcionó durante años bajo patrones distantes de los paradigmas de competencia empresarial que surgen de facto, al multiplicarse los actores económicos.  

El actor principal

Las empresas estatales incorporaron en 2021 regulaciones que le otorgan mayor autonomía en la planificación y en sus políticas salariales. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El modelo ideológico del socialismo cubano sigue otorgando a las empresas estatales el papel de actor principal de la economía. Mientras preparaba la entrada a las formas privadas, desde 2020 ha adoptado sucesivos paquetes de medidas para reorganizar y relanzar el sistema empresarial estatal.

En 2020 incorporó 28 disposiciones que descentralizaron reglas del juego empresarial y que hubo que renovar como parte de un amplio rediseño de regulaciones contables y comerciales que exigió luego el ordenamiento monetario.

Mayor impacto noticioso causó otro par de medidas que fueron presentadas a mediados de 2021, después de aprobar el Consejo de Ministros la Estrategia para el Perfeccionamiento de los Actores Económicos. Con una, el gobierno eliminó la obligación de utilizar la escala salarial en el pago a los trabajadores de las empresas estatales, flexibilizó la distribución de utilidades entre los mismos y dejó en manos de las direcciones de las empresas el diseño de las reglas salariales en sus respectivas entidades. Con la otra disposición reajustó normas de funcionamiento para facilitar la incorporación de formas estatales al mundo de las mipymes.

De la complejidad de ambos pasos hablan los conflictos destapados en el ejercicio salarial, en una coyuntura de limitaciones, así como el poco entusiasmo en las solicitudes estatales para registrarse como mipymes, a pesar de la mayor autonomía que tendrían.

Como evidencia de las grietas que arrastra el sistema empresarial, más de 500 entidades estatales cerraron el año con pérdidas, de unas tres mil existentes. Para evitar la quiebra requirieron de subvenciones millonarias desde el Presupuesto del Estado.

Con el Presidente Miguel Díaz-Canel como adalid, el gobierno ha emprendido una campaña a favor del diálogo con científicos y sociólogos, incluidos economistas, y hacer de la ciencia y la innovación un ejercicio cotidiano de los actores económicos y de la sociedad en su conjunto. Lograrlo en las empresas estatales pudiera convertirse en uno de los desafíos mayores de la reforma del modelo económico cubano, en el mediano y largo plazo, después de atender las urgencias del corto plazo como la inflación o la recuperación de los esquivos equilibrios económicos. (2022)

* De acuerdo con Havana Consulting Group, entidad radicada en Miami, en 2021 las remesas cayeron, de 3.716 millones de dólares en 2019 y 2.348 millones en 2020, a 1.084 millones.