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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 22 de febrero de 2016

La unificación monetaria: un desafío de enormes proporciones

Por Autores 2016-02-22, Cuba Posible


En los próximos tiempos el país deberá acometer uno de los desafíos más trascendentes de la reforma cubana: la unificación monetaria. La conducción a buen puerto de esta delicada empresa, podría favorecer el acople virtuoso de otras piezas del rompecabezas nacional, en las áreas económica, política y social. Con el objetivo de brindar una mirada abarcadora y problematizadora de esta cuestión, acudimos a cinco de los más importantes profesores e investigadores que se han dedicado a estudiar la economía cubana durante muchos años. Estos son Pavel Vidal, Mauricio de Miranda Parrondo, Claes Brundenius, Carmelo Mesa-Lago y Pedro Monreal. El resultado, que ponemos en sus manos, a modo de un Dossier Especial, constituye una mirada pluriforme y enriquecedora sobre la unificación monetaria en Cuba y sus interconexiones con otros ámbitos de la sociedad; a la vez que llama la atención sobre un desafío de enormes proporciones. 

1. ¿Qué efecto tendría en la economía familiar la adopción de la unificación monetaria en este año 2016? ¿Qué efecto tendría la postergación de la medida? 

Pavel Vidal Alejandro: En un primer momento no deberían ocurrir efectos inmediatos en las cuentas de ahorros de las familias. Este es un compromiso que ha expresado el Gobierno cubano. Ya hay una experiencia en el año 2004 cuando durante el proceso de desdolarización se les dio un tiempo a las personas naturales para que ajustaran sus activos financieros a las nuevas condiciones monetarias.

El efecto en las familias llegará por intermedio del impacto en las empresas, donde se espera que la devaluación de la tasa de cambio oficial del peso cubano transforme sus balances contables, cambie los precios relativos y genere nuevas oportunidades para la exportación y la sustitución de importaciones, entre otros. Los impactos en las empresas se trasladarán a las familias a través de los salarios, el empleo y la inflación.

La unificación monetaria es la medida más esperada de la reforma cubana, su postergación afectaría su credibilidad y continuaría impidiendo que otros cambios en curso ofrezcan sus mayores resultados.   

Mauricio de Miranda Parrondo: La unificación monetaria es necesaria desde todo punto de vista. Permitiría expresar todos los precios de la economía nacional en términos de una sola moneda y relacionar dichos precios con los niveles de ingreso real de las familias. Permitiría medir el costo de la vida y el nivel de vida reales de la población. Siempre que la unificación monetaria se establezca con convertibilidad de la moneda nacional, permitirá también establecer conexiones directas entre los precios internacionales y los precios domésticos, lo cual es importante para determinar la competitividad internacional de la producción doméstica. La situación actual es una ficción. 

Por una parte, los salarios de todos los trabajadores estatales cubanos están expresados en la llamada “moneda nacional” (CUP) en niveles tan irrisorios que no son suficientes para asegurar las más elementales condiciones de vida (aunque las tarifas de agua, energía y teléfono estén a precios relativamente bajos de acuerdo a criterios internacionales las necesidades de alimentación, ropa e incluso transporte, no se aseguran con los niveles de ingreso que proceden del salario). Los ingresos de los trabajadores del incipiente sector privado están en niveles relativamente más altos. Por otra parte, la dualidad monetaria, implica, en la práctica, una contabilidad separada, debido al manejo de diferentes tipos de cambio entre el peso cubano convertible (CUC) y el CUP, de acuerdo a las actividades. La teoría económica demuestra que la utilización de tipos de cambio múltiples crea distorsiones en la economía del país que adopta ese tipo de esquemas. En Cuba en estos momentos existen, al menos, seis tipos de cambio distintos entre las dos monedas que circulan dentro del país, lo cual, de hecho, establece criterios discriminadores y una gran discrecionalidad que poco tiene que ver con un mercado que funcione eficazmente.

Claes Brundenius: Habría que diferenciar los tipos de familias. No es posible generalizar. Tendrá un efecto en una familia que, por ejemplo, recibe y/o tiene dinero ahorrado en divisas (o CUC), y otro en una familia (o en una persona jubilada) que solamente tiene su ingreso, pensión o ahorros, en CUP. También habrá familias que reciben ingresos tanto en CUP como en CUC o divisas (por ejemplo: remesas). Habrá otra variable y es si la familia vive en las zonas urbanas o rurales; y por supuesto habrá diferencias entre La Habana y el resto del país.

Desgraciadamente no se publican los resultados de las encuestas sobre el hogar en Cuba. Ellas podrían ofrecer una fuente riquísima para el análisis. No obstante, es posible suponer que un 20 por ciento de las familias viven principalmente de ingresos en divisas (o CUC); un 30 por ciento recibe la mitad en CUP y la mitad en CUC/divisas; y un 50 por ciento recibe ingresos (muy bajos) en CUP. 
 
En este caso, el 50 por ciento de las familias con los ingresos más bajos (en CUP) podrían ser los ganadores, al menos a corto plazo. Pero con una devaluación (y especialmente fuerte como en este caso) será difícil, para no decir imposible, evitar una presión inflacionaria. Ante esto, el Gobierno cubano debe tener una política lista para contrarrestar una inflación galopante. Otro problema con la unificación monetaria sería que los sectores más privilegiados con el sistema actual puedan considerar que sus ahorros en divisas son de facto confiscados por el Estado. Esto afectaría a muchos nuevos emprendedores en la nueva economía cubana. Por otro lado, debo precisar que la unificación monetaria también tendrá un impacto grande en la economía nacional (empresas estatales, Inversión Extranjera Directa (EID) y comercio exterior); pero esto es otro asunto. 

En tal sentido, se hace imprescindible discernir ampliamente antes de anunciar la unificación monetaria. Supongo que esta pudiera ser la razón para la postergación de su puesta en práctica. El plan era (¿o todavía es?) resolver este asunto antes del Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en abril, pero dudo que pueda ser resuelto antes de esa fecha. No obstante, quizás sea posible anunciar algunas nuevas medidas, como por ejemplo: abrir nuevas zonas/sectores para nuevos tipos de cambio CUP/dólar (USD), como ya es el caso de la Zona Especial de Desarrollo Mariel. Sin embargo, no caben dudas de que la unificación monetaria no puede esperar, pues su postergación agrava y prolonga la crisis y sus consecuencias humanas y sociales. 

Carmelo Mesa-Lago: Es difícil responder esta pregunta porque el Gobierno no ha dicho cómo se hará la unificación, aunque ha expresado que no perjudicará a los que tienen depósitos bancarios. Supongamos que el cambio se pasa de 25 a 10 CUP por un CUC, una tasa que ya se aplica a los salarios en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM), transacciones entre cooperativas agrícolas y hoteles/restaurantes estatales, contabilidad de algunas empresas y cooperativas de transportes. Si no hay un mecanismo compensatorio, los que tengan CUC guardados bajo el colchón sufrirán una devaluación del 60 por ciento. Si el Gobierno ajusta los ahorros bancarios en CUC con la nueva tasa estos no sufrirían, y los que tengan ahorros en CUP no serían afectados. Es por ello que mucha gente ha cambiado los CUC por CUP y de ahí la entrada en circulación en febrero de 2015 de la emisión de CUP en billetes de mayor denominación. Personas con mayores ingresos han cambiado CUC por dólares o euros en el mercado negro o haciendo transacciones con turistas, en busca de mayor seguridad. En las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) los precios ya se fijan en las dos monedas, con la tasa actual 1CUC=25CUP, pero si se cambia a 1CUC=10 CUP tendrían que aumentar más los precios (que actualmente generan una utilidad del 230 por ciento) porque de otra forma el poder de compra también aumentaría. 

La postergación de la medida continuaría perjudicando a los trabajadores estatales y pensionistas porque se les paga en CUP, pero tienen que comprar en CUC una cantidad gradualmente mayor de productos a precios de mercado (ya sea legal o negro), así como en las TRD, además de los servicios a cuentapropistas. Peor aún, las actuales distorsiones creadas por la doble moneda persistirán con consecuencias adversas para las empresas y la producción, lo cual afecta a la economía familiar.

La devaluación del sobrevaluado CUC provocará inflación y esto reducirá la capacidad adquisitiva de las familias, será necesario un ajuste adecuado de precios y salarios pero no equivalente por completo a la devaluación.

Pedro Monreal: La unificación monetaria que posiblemente decida implementarse en este año 2016 es, en principio, un evento deseable y positivo. Sin embargo, lo que entiendo de las declaraciones públicas de funcionarios cubanos es que la mejoría de la economía familiar no es, en sí misma, un objetivo de corto plazo de la unificación  monetaria y cambiaria. Al mismo tiempo, el Gobierno ha declarado que el plan de unificación monetaria y cambiaria ha estado diseñándose de manera tal que no afectará negativamente la economía familiar. Es decir, que por su propio diseño se aspira a una unificación monetaria y cambiaria “aséptica” en cuanto a su previsible impacto inmediato en el nivel de vida del cubano medio.  

Por esa razón, opino que en caso de postergarse la medida y de no aplicarla en 2016 es probable que tal dilación no funcione como un factor de empeoramiento de la economía familiar en Cuba. En rigor, lo que pudiera ocurrir en materia de empleo, salarios, consumo familiar, vivienda y provisión de bienes públicos –las cosas que esencialmente deciden el bienestar de la familia cubana– no es un asunto que dependa tanto de cuestiones monetarias y cambiarias sino del funcionamiento de otros espacios de la economía.  

2. ¿Cuál sería el principal problema que habría que resolver antes de acometer la unificación monetaria?

Pavel Vidal Alejandro: El principal problema es determinar cómo y a qué velocidad se procederá con la devaluación de la tasa de cambio oficial del CUP. Para ello es necesario definir un grupo de acciones de política económica que amortigüen, pero que no anulen, los efectos en los balances contables de las empresas, el empleo y los salarios.

Mauricio de Miranda Parrondo: Para abordar adecuadamente el problema de la unificación monetaria, una de las cuestiones que debe estar resuelta es la del tipo de cambio entre las monedas que se van a unificar y, en la misma línea, el tipo de sistema monetario que tendría el país y, en consecuencia, el tipo de cambio de la moneda nacional con las demás monedas del mundo. En principio, los tipos de cambio, en tanto representan el precio de una moneda expresado en unidades de otra moneda, deberían expresar la paridad del poder adquisitivo de ambas monedas en los respectivos países. Por ejemplo, si decimos (para usar el actual tipo de cambio del USD con el CUC) que un dólar estadounidense equivale a un peso cubano convertible, ello debería significar que un peso cubano convertible tiene en Cuba la misma capacidad adquisitiva que un dólar en Estados Unidos y ello siguiere, entonces, una determinada paridad en términos de precios relativos. Así las cosas, los valores relativos de las monedas deben guardar una relación estrecha con los precios relativos de los bienes y servicios en los países, cuyas monedas se relacionan a través de un tipo de cambio. Este axioma teórico, no siempre se cumple, como sabemos, sobre todo para la relación entre monedas realmente convertibles internacionalmente, debido a que existen otro tipo de consideraciones que están relacionadas con la existencia misma de los mercados de divisas. El tema de los precios relativos es uno de los problemas más serios de la economía cubana. 

En Cuba los precios están muy distorsionados porque desde que se estatizó totalmente la economía nacional, el Gobierno ha impuesto precios que no se ajustan a las condiciones de oferta y demanda ni tienen como referencia los costos internacionales, entre otras cosas porque durante más de 50 años ha persistido una tasa de cambio ficticia que ha conducido, en la práctica, a la inconvertibilidad de la moneda. Por esta razón, para que la unificación monetaria pueda ser efectiva, es necesario que funcionen los mercados adecuadamente. Me refiero –al menos– a los mercados domésticos de bienes (mayorista y minorista) y servicios, el mercado inmobiliario y el mercado de trabajo. Con posterioridad, sería necesario introducir también un mercado de capitales que funcione adecuadamente. El funcionamiento adecuado y relativamente libre (con las necesarias regulaciones del Estado para restringir prácticas monopolistas, pero sin las restricciones propias de la política económica tradicional cubana) permitiría el establecimiento de un sistema de precios relativamente libre que permitiría crear las condiciones para el establecimiento de una tasa de cambio económicamente fundamentada. 

Claes Brundenius: En mi opinión, serían dos los principales problemas: 1. Lograr un pronóstico sobre las consecuencias para la población, especialmente aquellos sectores con ingresos más bajos, que han sido la columna vertebral del apoyo a la Revolución. 2. Conseguir un pronóstico de los fundamentos de la economía en general: las empresas estatales, los sectores no estatales emergentes, la inversión extranjera y el comercio exterior. 

Carmelo Mesa-Lago: Las resoluciones promulgadas en marzo de 2015, aprobaron un cronograma para la unificación de ambas monedas en el sector empresarial en el “día cero” y especificaron los pasos que habrá que tomar antes: crear un índice de reforma de precios mayoristas para calcular un precio minorista, revaluar lo contabilizado en CUP, los inventarios e inversiones. Se ha estado entrenando a la burocracia para el cambio. Pero las resoluciones son extremadamente complejas y difíciles de entender incluso para economistas, por lo que dicho entrenamiento debe ser efectivo para que la unificación sea eficiente.

Pedro Monreal: El principal problema que habría que resolver en Cuba antes de acometer la unificación monetaria y cambiaria es lograr que los actores de la economía nacional produzcan más valor de manera más eficiente. Sin embargo, el país todavía no ha alcanzado traspasar un umbral razonable de eficiencia.

En mi modesta opinión, lo que en esencia está resultando difícil de ser manejado en los planes actuales de unificación monetaria y cambiaria es que el proceso implica establecer una moneda única –el CUP–que intrínsecamente es muy débil, pues no puede encontrar respaldo en una economía nacional que es endeble. Pero asumo que eso no es un secreto para nadie.

Quizás se pensó en 2011 que al llegarse al 2016 la “actualización” habría logrado colocar la economía nacional en una senda ascendente de eficiencia económica, pero no existen evidencias de que ello haya sucedido en el grado en que se necesita. Se ha arribado entonces a un punto en el que se intenta hacer una unificación monetaria y cambiaria en condiciones menos propicias de las que serían recomendables. Parecerían existir, por tanto, dos alternativas: emprender la unificación monetaria y cambiaria sin esperar a la creación de condiciones más favorables, o tratar de hacer un esfuerzo adicional para encaminar primero la economía cubana en una senda de mayor eficiencia. 

Intentar hacer una unificación monetaria y cambiaria en las condiciones actuales pudiera ser un caso de “mucho ruido y pocas nueces”. Para que tal medida pueda tener un efecto beneficioso sobre el sistema económico a mediano y largo plazo, debe funcionar primero un sistema económico con un nivel de eficiencia y de articulación entre diferentes actores que permita procesar adecuadamente las señales que provendrían de una tasa de cambio unificada. Se ha dicho que la unificación monetaria y cambiaria abriría las puertas a transformaciones mayores en el futuro y con eso concuerdo, pero lo que no debería perderse de vista es que primero hay que abrirle las puertas a la propia unificación monetaria y cambiaria, y todavía eso no parece estar resuelto.

3. En las circunstancias actuales del país, ¿Qué secuencia de acciones específicas usted recomendaría para enrumbar tal proceso? 

Pavel Vidal Alejandro: Creo que hay dos acciones cruciales. La primera consiste en un diseño inteligente y efectivo para la política fiscal, para que desde el presupuesto del Estado se apoye con recursos la adaptación del sector empresarial al nuevo entorno monetario. La política fiscal es clave para amortiguar los impactos iniciales de la reforma monetaria. Ello conducirá a un incremento del gasto fiscal. Por tanto, para que no se produzca un incremento del déficit fiscal, el Ministerio de Finanzas y Precios debe ser capaz de capturar, a través de impuestos, los excedentes financieros contables que tengan las empresas, producto de la devaluación inicial de la tasa de cambio. La emisión de bonos públicos para financiar el déficit también podría auxiliar a un incremento no inflacionario del gasto fiscal.

Lo otro es otorgarle los grados de libertad necesarios al sector empresarial para que pueda responder con nuevas inversiones, exportaciones, y con mayores alianzas entre inversionistas extranjeros, las empresas estatales y el sector privado y cooperativo nacional; para que en definitiva se alcance lo antes posible una mayor producción de bienes y servicios. Las empresas deben hacer valer los beneficios que producen para la economía, para la devaluación de la tasa de cambio y para el tránsito a una situación monetaria normal de una sola moneda. En el actual sistema de gestión empresarial, donde prima la centralización, las segmentaciones y el verticalismo, ello no sería posible. La reforma monetaria se debe acompañar de una reforma del sistema empresarial y de una trasformación de la manera en que se controla hoy la economía y se asignan los recursos a través del Plan Económico Anual. El sistema centralizado de gestión ha demostrado ser un impedimento para el crecimiento económico, y lo seguirá siendo con una única moneda, a no ser que se transforme radicalmente.

Mauricio de Miranda Parrondo: La secuencia que considero debe adoptarse en el proceso de unificación monetaria debería ser: 

1) Liberalización de los mercados, incluyendo la eliminación de todo tipo de restricciones al establecimiento de empresas privadas, nacionales y extranjeras, dejando funcionar adecuadamente los mercados domésticos de bienes (mayorista y minorista) y servicios, inmobiliario y trabajo. Para una etapa posterior, sería imprescindible la creación de un mercado de capitales. Esta situación permitiría un reajuste de los precios relativos y crearía las condiciones para el establecimiento de una tasa de cambio económicamente fundamentada.

2) Acceder a los organismos multilaterales de crédito (Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al menos) para disponer de recursos que eviten el colapso de las finanzas externas del país, las cuales deben ser exiguas (lamentablemente no contamos con información adecuada y actualizada de la Balanza de Pagos por parte del Banco Central, que guarda celosamente la información, lo que hace suponer que las cosas no están muy bien en términos de situación financiera externa). Estos recursos externos podrían constituir el respaldo necesario para una moneda cubana convertible que carece del necesario respaldo en términos de una producción de bienes y de servicios y de unas reservas internacionales suficientemente holgadas, de forma que se evite a toda costa una violenta devaluación de la moneda cubana, que afectaría principalmente el nivel de vida de la población.

3) Creación de un nuevo peso cubano, que podría establecerse en torno al CUC actual. Una nueva moneda sería una medida más sana que adoptar una de las monedas actuales. Aunque podría parecer aparentemente engorroso, sin embargo, la realidad es que para establecer una tasa de cambio adecuada entre la moneda cubana, cualquiera que esta sea, y las principales divisas internacionales, es necesario contar con adecuadas reservas internacionales y con un sistema de precios domésticos que guarde relación con los precios internacionales. Esto significa la existencia de mercados funcionando de forma eficiente (aunque pueden estar presentes y, de hecho, pueden ser necesarias, ciertas regulaciones). Una cuestión que debe definirse es qué tipo de sistema monetario de partida debe adoptarse: ¿tipo de cambio fijo?, ¿tipo de cambio flexible? 

En las condiciones actuales, un tipo de cambio fijo tendría sentido si se ata a una moneda de referencia (el dólar, por ejemplo, asumiendo que se elimine el embargo) que tenga un cambio flexible frente al resto de monedas (sistema de caja de convertibilidad), pero el problema que tiene una medida de este tipo es que el mantenimiento de la paridad significa que los objetivos de política doméstica tendrían que supeditarse al mantenimiento de la paridad, y esa situación dio al traste con el sistema argentino de convertibilidad de los años 90 del siglo pasado. El tipo de cambio flexible tendría dos alternativas. Una, establecer el tipo de cambio atado a una canasta de monedas que pueda incluir las más importantes en el mundo (dólar, euro, yen, libra esterlina, yuan o solo algunas de ellas) de forma que el ascenso de unas se compense parcialmente con el descenso de las otras y, siendo flexible, la moneda cubana tenga un curso relativamente estable. La otra, sería dejar flotar libremente el tipo de cambio frente a las divisas principales, lo cual tiene el peligro de que la escasa confianza del público frente a la moneda cubana lleve a una violenta devaluación que, si bien haría competitiva la producción nacional, llevaría a un empobrecimiento generalizado de la población cubana, lo cual debe evitarse totalmente. Considero que debe revisarse la experiencia de la sustitución del marco de la antigua República Democrática Alemana por el marco alemán en 1990-91, proceso en el cual las consideraciones políticas pesaron más que las consideraciones de mercado. Sin embargo, este proceso fue soportado por el Bundesbank. Cuba no tiene algo parecido a un Bundesbank, a menos que se produzca el apoyo total del FMI y la Reserva Federal de Estados Unidos.

Claes Brundenius: Supongo que el Gobierno ya esté “enrumbando el proceso” y no demoremos mucho en advertir algunos resultados. No alcanzo a comprender la posibilidad de un proceso “gradual”. Por otro lado, no sería factible anunciar que “el Gobierno va a devaluar el CUP en tal o más cual fecha”. Esto provocaría fugas de capitales, gente sacando ahorros de los bancos, etc. Este ejemplo, entre otros, me reafirma que debería ser un “big bang”. Sin embargo, esto hace mucho más imperioso que el Gobierno tenga un plan “basado en pronósticos realistas”.
 
Carmelo Mesa-Lago: El proceso tendrá que ser gradual, no de una vez (“big bang”), o sea, 1CUC=1CUP. Las autoridades cubanas han rechazado la “terapia de choque”. Augusto de la Torre, economista jefe para América Latina del Banco Mundial, ha dicho que debido a que Cuba tiene las tasas de cambio más diversas en el mundo, sería suicida una unificación tipo “big bang”, o sea, que hay que hacerla por etapas, comenzando por el sector estatal-empresarial (en el que existe una tasa 1CUC=1CUP=1USD), después a la población. Es probable que haya dos o tres etapas en las tasas de cambio, por ejemplo: 1) 1CUC=17 CUP, 2) 1CUC=10 CUP; y 3) 1CUC=1CUP. 

Pedro Monreal: Tratando de ser políticamente realista, pienso que lo que tiene mayores probabilidades de ser aplicado es lo que llamo el “Plan A” del Gobierno cubano, algo que no ha sido oficialmente informado en detalle, pero respecto al cual se dispone de pistas suficientes. Es decir, un esquema de unificación monetaria y cambiaria que incluiría, al menos, los siguientes componentes: a) la adopción del CUP como moneda única y la consecuente eliminación del CUC de la circulación; b) el establecimiento de una tasa unificada del CUP respecto a las divisas en una cuantía no precisada, pero que muy probablemente significaría una devaluación de la actual tasa de cambio 1:1 del CUP frente al USD; c) el mantenimiento de los actuales precios estatales minoristas en tiendas tipo TRD que hoy reflejan un “anclaje” de precios respecto al CUC; y d) la conversión automática de las cuentas bancarias en CUC en cuentas en CUP. 

No obstante, modestamente, recomendaría considerar la posibilidad de un “Plan B” que esencialmente consistiría en dos fases de medidas diferenciadas y separadas en el tiempo. La primera fase, que debería durar aproximadamente 24 meses, se enfocaría en crear las condiciones mínimas que harían posible un incremento gradual, pero relativamente rápido, en la producción nacional de alimentos en Cuba, para poder respaldar una parte significativa de la demanda efectiva de la población en CUP. La segunda fase se concentraría en acometer la unificación monetaria y cambiaria en sí misma, mediante la adopción de una única moneda en la circulación nacional (el CUP), el establecimiento de una tasa de cambio única del CUP frente a las divisas extranjeras, y el establecimiento de un instrumento de inversión que facilite el ahorro de parte de la masa monetaria actualmente circulando en CUC.

Considero que el “Plan A” esencialmente consiste en una combinación de manejo de la demanda y de apuesta al incremento de las fuentes externas de ingresos (particularmente de las remesas) cuando lo que en realidad debería priorizarse es la expansión de la oferta interna, especialmente de alimentos, para promover una reducción relativa de precios que pudiera ayudar a darle más valor real a los salarios nacionales.

Naturalmente, lograr establecer una tasa de cambio adecuada para el desarrollo del país no dependerá solamente de la circulación minorista de alimentos, pues el funcionamiento empresarial en su conjunto y la actividad de otros sectores son también decisivos. Sin embargo, el ciudadano promedio en Cuba gasta una parte importante –seguramente desproporcionada en relación con otros países– de sus ingresos en la compra de alimentos, y sin una producción nacional eficiente y amplia de alimentos no existirá un peso cubano estable y con valor. Aspirar a tener en Cuba una moneda nacional confiable en ausencia de seguridad alimentaria es una ilusión que debería ser descartada.

Durante la primera fase debería producirse un cambio respecto a la política agroalimentaria actual, principalmente en lo que respecta a apoyar desde el Estado, de manera mucho más activa, la ampliación de la actividad no estatal –especialmente la privada– y afirmar la función del mercado en la determinación de los precios de la producción nacional de alimentos, algo que no es incompatible con el ejercicio de una regulación estatal sensata. Obviamente se trata de un entramado complejo que tomará tiempo en madurar y que seguramente requerirá más de una adaptación sobre la marcha, pero que debe comenzar por el reconocimiento de que tendría que ser eliminado o minimizado todo lo que limite o impida el incremento de la oferta nacional de alimentos, y en consecuencia, habría que adoptar pasos concretos mucho más audaces que los implementados entre 2011 y 2015. Existe evidencia suficiente acerca de lo que funcionó y de lo que no funcionó en la política agroalimentaria del país durante ese período. 

La segunda fase del “Plan B” consistiría en un esquema de unificación monetaria y cambiaria, que se propondría contribuir a mejorar el poder de compra de los poseedores de CUP que se origina en ingresos en esa misma moneda, a la vez que se mantendría igual el poder de compra de los poseedores de CUP basados en ingresos en divisas. Es decir, que no sería una unificación monetaria y cambiaria “aséptica” para los consumidores que obtienen sus ingresos fundamentales en CUP. Obviamente, los factores claves que determinan el poder de compra son el empleo y los ingresos por el trabajo, que no son fenómenos monetarios ni cambiarios, pero de lo que se trata es de tener la posibilidad de que la unificación monetaria y cambiaria pudiese contribuir activamente al proceso y que no se limite a ser un evento neutral (aséptico) en términos del poder de compra de la población. 

Los componentes que harían posible pensar en lograr esos resultados serían los siguientes: la adopción de una tasa de cambio temporal CUC/CUP para la “liquidación” del CUC (a determinar por los expertos) y que serviría de referencia para el establecimiento posterior de la nueva tasa de cambio unificada del CUP respecto al USD; la retirada de todos los CUC de la circulación en un plazo relativamente breve (a determinar por los expertos) directamente en las casas de cambio o mediante la conversión de cuentas bancarias; la reducción de los precios minoristas estatales (denominados en CUP) de las llamadas tiendas recaudadoras de divisas para un listado de alimentos y de productos básicos en una proporción similar a la posible reducción que pudiera experimentar la tasa de cambio del CUC; y  el establecimiento de una serie de Certificados de Depósitos (CDs) con plazos de vencimiento diferenciados (desde 3 meses hasta 3 años) que podrían ser comprados en CUC, utilizando los saldos depositados en cuentas bancarias en esa moneda y que a su vencimiento serían convertidos en CUP con una bonificación que permitiría a los ahorristas en CDs disponer de montos superiores de CUP de manera diferida.

Una posible medida adicional pudiera consistir en canalizar el ahorro captado por la vía de los certificados de depósitos en forma de préstamos bancarios, exclusivamente orientados a apoyar la producción no estatal de alimentos, para reforzar el proceso iniciado durante la primera fase. 

El supuesto central para que esta segunda fase pueda funcionar es la existencia de una capacidad de respuesta de parte de la oferta de la producción nacional de alimentos, que evitaría que se convirtiese en inflación el mayor poder de compra nominal de los consumidores con ingresos originales en CUP así como de los posibles incrementos de la masa monetaria en CUP, que pudiera originarse en fuentes externas. 

Obviamente, la secuencia descrita con anterioridad se refiere solamente a la implementación del proceso de unificación monetaria y cambiaria y no aborda la importante cuestión acerca del tipo de régimen cambiario que se establecería en Cuba, una vez que se hubiera hecho la unificación monetaria y cambiaria. Esto último sería otro tipo de problema. 

4. ¿Cómo debería medirse el éxito de la unificación monetaria? ¿Puede sugerirnos al menos un indicador concreto? 

Pavel Vidal Alejandro: Lo más importante es apreciar que la reforma monetaria tiene efectos reales y no solo nominales en el sector empresarial: debe producir el cierre de empresas estatales irrentables, al mismo tiempo que produce un incremento de salarios reales en las empresas que contribuyen al aumento de las exportaciones y la producción de bienes y servicios, ya sean estatales, privadas o con inversión extranjera. Los efectos reales serán sostenibles en la medida que se logre evitar un incremento desmedido del déficit fiscal y la inflación. Junto a la continuidad y profundidad de la reforma en otros ámbitos de la economía, la unificación monetaria debería llevar a un aumento de la tasa de inversión y del crecimiento del PIB.

Mauricio de Miranda Parrondo: El éxito de la unificación monetaria puede medirse a partir de los principales indicadores de la economía, tales como el crecimiento económico, el nivel de inflación, el empleo, la balanza de pagos, y dentro de ella, el comportamiento del comercio exterior, las tendencias de la IED, el nivel de las reservas internacionales y, en resumen, en el nivel de vida de la población, de manera que los ingresos que perciban por su trabajo los ciudadanos cubanos les permita desarrollar una vida digna que se exprese no solo en la satisfacción de las necesidades económicas y sociales básicas, sino que les permita el mejoramiento sostenido de ese nivel de vida, a partir del trabajo. Un sistema monetario eficaz y sano se expresa en un comportamiento adecuado de los principales indicadores macroeconómicos. En las condiciones actuales, en las que no funciona el patrón oro, la solidez de los sistemas monetarios se asocia a la solidez de la economía misma, porque el principal respaldo de las monedas es el de la producción de bienes y de servicios, así como de las reservas internacionales.

Claes Brundenius: Siempre resulta importante tener un monitoring de las consecuencias de medidas importantes como esta. Probablemente no sea posible un “éxito inmediato”, sino más a largo plazo (tal vez en un año o más). Del mismo modo, preciso que los indicadores deberán ser diferentes: para los hogares, para el comercio exterior, etcétera. En cuanto a la economía familiar, sería viable utilizar las encuestas. Ellas podrían ofrecer claridad sobre muchos aspectos, por ejemplo: situación y tipo de empleo, niveles de ingresos (por tipo de ingresos), e indicadores comparados entre antes y después de la unificación monetaria. En tanto, será esencial que los indicadores sean visibles y transparentes para todos. 

Carmelo Mesa-Lago: Sugiero: la tasa de inflación (si no cambia o lo hace muy ligeramente serían señales negativas), el quiebre de empresas estatales ineficientes e insostenibles a la par del auge de empresas eficientes que aprovechen las oportunidades que ofrece la unificación, el incremento de los salarios en las empresas, y el ascenso de la inversión extranjera.

Pedro Monreal: La evaluación del avance (o del retroceso) de la unificación monetaria y cambiaria debería incluir los tres componentes estándares que se utilizan para la medición de políticas públicas. En primer lugar, la adopción de los “objetivos” que señalan las prioridades principales de política respecto a las que existe un consenso; en segundo lugar la identificación de “metas” que permiten visualizar de manera cuantitativa y enmarcada en el tiempo los resultados a los que se aspira; y, finalmente, la selección de los “indicadores” que  proporcionan la métrica de la evaluación.

Para la primera fase de lo que he denominado como “Plan B”, el objetivo sería “respaldar materialmente el CUP”, en tanto la meta sería “incrementar el poder de compra “básico” del CUP al menos en un 10 por ciento  en el primer año y al menos en un 30 por ciento  en el segundo año (en relación con el año base)”.

El indicador para esa primera fase sería un índice de precios que reflejase las variaciones en los precios expresados en CUP de una canasta representativa de los alimentos básicos que se comercializan para consumo del ciudadano cubano promedio, tanto en el sector estatal (incluidas las TRD), como en el sector no estatal.

Para la segunda fase de lo que he denominado como “Plan B”, el objetivo consistiría en “establecer un tipo de cambio real del CUP estable y alineado” (en relación con los equilibrios fundamentales de la economía) y la meta sería “mantener un coeficiente  de ‘prima’ cambiaria del CUP inferior al 0,1”, siendo la “prima” cambiaria la diferencia que existe entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio del mercado negro, el cual sería realista asumir que existirá en Cuba, al menos durante un tiempo.      

El indicador para esa primera fase sería el coeficiente  de ‘prima’ cambiaria del CUP, que se calcula dividiendo el tipo de cambio del mercado negro entre el tipo de cambio oficial y luego restándole 1 a ese cociente. La cuantía del coeficiente ofrecería información acerca de la medida en que el país mantiene una política cambiaria realista. No se trata de un indicador perfecto, pues el tipo de cambio del mercado negro puede ser muy sensible a factores temporales que pudieran no tener una relación directa con las variables macroeconómicas y también incorpora el riesgo de una transacción que normalmente no es legal. Sin embargo, el indicador ha demostrado su utilidad en disímiles circunstancias, pues la existencia prolongada de una “prima” cambiaria es bastante confiable para indicar la falta de alineación macroeconómica de la tasa de cambio. Internacionalmente, se asume que una “prima” cambiaria es “pequeña” cuando es inferior al 10 por ciento, es “moderada” cuando se ubica entre el 10 y el 30 por ciento, es “grande” cuando va del 30 al 50 por ciento, y es “extrema” cuando sobrepasa el 50 por ciento.



domingo, 21 de febrero de 2016

Freno de emergencia: el dólar está 'estrangulando' a EE.UU.

Publicado: 21 feb 2016 23:22 GMT

Las recientes tendencias de la economía de EE.UU. plantean dudas sobre la recuperación del país de la crisis del 2009.

RODRIGO ARANGUA / AFP

Las recientes tendencias de la primera economía mundial plantean preocupaciones y dudas sobre su estabilidad y solidez tras no haber alcanzado a mostrar un crecimiento superior al 3% anual desde el 2005. Las ganancias de las empresas estadounidenses para el cuarto trimestre del 2015 fueron las más bajas desde la crisis del 2009. Parece que el deterioro de la economía mundial y el fortalecimiento del dólar crean problemas en EE.UU.

El frenazo de la economía de EE.UU.

Los bajos índices y el frenazo de la economía estadounidense se deben a la recesión del poder adquisitivo de los consumidores, que registró un aumento relativamente moderado del 2,2% contra el 3% del trimestre anterior. De acuerdo con el informe de la compañía de investigación Gartner, las ventas del iPhone de Apple cayeron un 4,4 % por primera vez en los últimos años.

Además, la mayor cadena minorista del mundo, Walmart, reportó la bajada de las ganancias trimestrales, ofreció un pronóstico negativo de ventas y predijo la disminución de los precios de productos comestibles y la caída de la demanda de ropa. Sus acciones cayeron más de un 3%, informa Reuters. Sus ingresos consolidados se redujeron un 1,4% a 129.700 millones de dólares, lastrados por la influencia del dólar fuerte, según CNBC. Mientras tanto, en el último trimestre del 2015, el Producto Interno Bruto de EE.UU. creció un 0,7%, dejando la tasa anual acumulada en un 2,4%, informa la agencia EFE.

¿Qué le espera a la economía estadounidense?

En general, la inflación es una de las mayores amenazas que acechan a EE.UU., la cual cerró el 2015 en un 0,7%, marcando el segundo índice más bajo en 50 años. Toda la situación económica podría obligar a la Reserva Federal (FED) a rechazar sus planes originales de aumentar la tasa en 2016 tres o cuatro veces. Así, el resultado de la última reunión de Federal Open Market Committee (un componente de la FED), fue mantener la tasa debido a la desaceleración de la economía china, la volatilidad de los mercados financieros globales y la incertidumbre en la economía de EE.UU. Sin embargo, a lo mejor, el retraso en el aumento de las tasas de interés solo ligeramente cambiaría la tendencia del fortalecimiento del dólar. De acuerdo con las previsiones de la agencia calificadora de riesgo Moody´s, el PIB estadounidense podría crecer un 2,3% en 2016 y 2,5% en 2017. Con relación a la FED, Moody`s anticipa que continuará subiendo las tasas de interés gradualmente, con la tasa de fondos federales en torno a un 1,75% a finales del 2017.

¿Cuál es la deuda de EE.UU. en comparación con su PIB?

La plataforma howmuch.net ha elaborado una infografía en la que representa a cada país a escala en función del tamaño de su deuda respecto a su PIB; así, los países tienen un tamaño mayor si su deuda es comparativamente mucho más alta que su poder económico. Los países con mayores ratios de relación deuda-PIB son Japón (230%), Grecia (177%), el Líbano (134%), Jamaica (133%), Italia (132%), Portugal (130%), Cabo Verde (114,22%), Irlanda (109,70%), Chipre (107,50%), Bélgica (106,50%) y EE.UU. (102,98%). Estos países, con excepción del Líbano e Irlanda, también tienen tasas bajas (o negativas) de crecimiento del PIB.

Robert J. Gordon y el ascenso y declive del capitalismo estadounidense

 En los últimos años, Robert J. Gordon, profesor de economía en la Universidad de Northwestern, ha argumentado persistentemente contra la opinión de moda de que ha llegado la era de los robots, la inteligencia artificial (IA) y otras ‘tecnologías de punta’ que están a punto de relanzar la economía mundial con un aumento de productividad nunca visto. He escrito antes sobre los artículos de Gordon en los que desarrolla esta idea.
Y hace muy poco, Gordon presentó sus argumentos una vez más en ASSA 2016 dondecriticó un artículo de David Kotz y Deepankur Basu en una sesión de la URPE.
Como senaló Gordon sucintamente en su crítica: "Las pruebas se acumulan cada trimestre que pasa en el sentido de apoyar mi opinión de que las contribuciones más importantes a la productividad de la revolución digital son pasado, no futuro. La razón por la que las empresas están gastando su dinero en recompra de acciones en lugar de invertir en plantas y equipos es que la actual ola de innovación no está produciendo novedades suficientemente importantes como para obtener la tasa de beneficio requerida ".
La llegada de los teléfonos móviles e Internet no ha logrado generar una mejora sostenida del crecimiento de la productividad. La producción por hora trabajada en los EE.UU. creció a razón del 3 por ciento anual 10 años hasta 1966, después de lo cual la tasa de crecimiento se redujo, cayendo a sólo 1,2 por ciento durante toda la década de 1980.Después de la puesta en marcha de la web global, el promedio móvil se elevó al 2,5 por ciento en los 10 años anteriores a 2005. Pero luego cayó a sólo el 1 por ciento en la década de 2015. El análisis sectorial de las fuentes de crecimiento de la capacidad productiva refuerza este punto. Durante los 10 años anteriores a 2015, inclusive, el crecimiento promedio de la "productividad total de los factores" en los EE.UU. - una forma de medir la innovación - fue sólo del 0,3 por ciento anual. La productividad ha crecido recientemente muy por debajo de un aumento medio del 2,1 por ciento de los últimos 67 años.
Así, de acuerdo con Gordon, el nuevo gran paradigma para mejorar la productividad innovadora que supuestamente ha originado la revolución digital ha tenido lugar ya y el futuro del boom de los robots y la IA no va a suponer nuevos cambios. Por el contrario, lejos de acelerar el crecimiento económico y la productividad, la economía capitalista mundial se está desacelerando como consecuencia del lento crecimiento de la población y la productividad.
Ahora Gordon ha recopilado todas sus ideas y responde a los que han estado en desacuerdo con él en un nuevo libro, The Rise and Fall of American Growth . "Este libro," escribe Gordon en la introducción, "termina por dudar de que el nivel de vida de los jóvenes actuales duplicará el de sus padres, a diferencia del nivel de vida de cada nueva generación de estadounidenses desde finales del siglo XIX ". Gordon predice que la innovación continuará al mismo ritmo de los últimos 40 años. A pesar de la explosión de progreso de la era del Internet desde la década de 1990, la productividad total de los factores - que recoge la contribución de la innovación al crecimiento - creció durante ese período alrededor de un tercio que en las cinco décadas anteriores.
Gordon cree que la fuerza laboral estadounidense seguirá disminuyendo, en la medida que los ‘baby boomers’ envejecen y abandonan el mundo del trabajo y la oferta de trabajo de las mujeres se estabiliza. Y los avances en educación, un importante motor de la productividad que aumentó fuertemente en el siglo XX, contribuirán poco. Por otra parte, la creciente concentración del ingreso significa que cualquiera que sea la tasa de crecimiento, la mayoría de la población apenas compartirá sus frutos. En total, el profesor Gordon argumenta, los ingresos disponibles de la parte inferior del 99% de la población de Estados Unidos, que ha aumentado alrededor del 2% anualmente desde finales del siglo XIX, crecerá en los próximos decenios a una tasa cercana a cero.
 El argumento de Gordon sobre el crecimiento de la productividad en el pasado reciente ha sido confirmado por las pruebas, como John Fernald de la Fed de San Francisco ha demostrado. Y Fernald ha argumentado en otro lugar que "el aumento en el nivel de instrucción, la intensidad de la I+D de las economías desarrolladas y de la población será probablemente más lenta en el futuro que en el pasado".
Incluso Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, que se encuentra ahora en la Brookings Institution, simpatiza con los argumentos del profesor Gordon: "Las personas que invierten dinero en los mercados están diciendo que la tasa de rendimiento de las inversiones de capital es menor que hace 15 o 30 años"(…) "El pronóstico de Gordon no está exento de cierta realidad del mercado". Otra serie de datos apunta también en esta dirección. El dinamismo empresarial, medido por el papel de las nuevas empresas en la economía, parece estar disminuyendo . La proporción del empleo en las empresas con menos de cinco años se redujo de aproximadamente el 19 por ciento en 1982 al 11 por ciento en 2011.
Es un panorama sombrío el que Gordon pinta para el futuro del capitalismo estadounidense y, por lo tanto, del mundo. Pero, ¿es correcto? El argumento en contra es que la gente está adoptando nuevas tecnologías, incluidas tabletas y teléfonos inteligentes al ritmo más rápido conocido desde el advenimiento de la televisión. Mientras que la televisión podría decirse que resto valor a la productividad de Estados Unidos, los avances tecnológicos actuales están generalmente orientados hacia una mayor eficiencia a un menor coste y por lo tanto aumentarán el crecimiento de la productividad del trabajo (véase el diagrama de Blackrock de la tasa de adopción de nuevas tecnologías disponibles).
Algunos sostienen, en contra de Gordon, que los estadísticos no son capaces de medir correctamente la producción, en parte por no incluir los servicios gratuitos, como las búsquedas en internet, que generan una gran plusvalía no medida. Pero como Martin Wolf, del Financial Times, señaló recientemente "no es del todo evidente por qué los estadísticos supuestamente han perdido de pronto su capacidad para medir el impacto de las nuevas tecnologías en la década del 2000. Una vez más, la mayoría de las nuevas tecnologías (en el pasado) también han generado una gran plusvalía no medida. Basta pensar en el impacto de la luz eléctrica en la capacidad de estudiar".
Sin embargo, contra Gordon se yerguen toda una miríada de tecno-optimistas y economistas que creen que el mundo está al borde de una explosión de la productividad impulsada por los robots, la inteligencia artificial, la genética, y una serie de nuevas ‘tecnologías de punta’ – que modificarán los empleos y las funciones tradicionales hasta hacerlos desaparecer y reemplazarlos por robots y algoritmos. Los optimistas argumentan que, desde los tiempos de Thomas Malthus, las eras de  escasas expectativas como la nuestra han inspirado todo tipo de augurios pesimistas que acabaron siendo falsos cuando las economías volvieron a crecer un par de años después.
La principal oposición a Gordon es la del profesor Joel Mokyr, que trabaja con Gordon en la Universidad Northwestern. Lo que el profesor Gordon no tiene en cuenta, sostiene el profesor Morky, es que la revolución de las tecnologías de la información y otros desarrollos recientes han producido herramientas y técnicas increíbles, desde máquinas de secuenciación de genes a computadoras que analizan montañas de datos a una velocidad alucinante. Todo ello crea nuevas y enormes oportunidades para la innovación, desde la salud hasta la tecnología de materiales y más allá. "Las herramientas disponibles para la ciencia han ido mejorando a una velocidad deslumbrante,( ...) No estoy seguro cómo, pero el mundo de la tecnología en unos 30 a 40 años será muy diferente del de hoy ".
Cada día hay una nueva historia en los medios sobre cómo las personas y sus capacidades son, o pronto serán, sustituidas por máquinas y programas de computación que aprenden por sí mismos. En el Foro Económico Mundial de este año, la reunión anual de la élite mundial de banqueros, políticos, grandes empresarios y militares, en Davos, Suiza, el tema principal fue la ‘cuarta revolución industrial’. Los avances en la robótica y la inteligencia artificial tendrían un efecto transformador similar que la energía de vapor, la electricidad y la computación ubicua alcanzado en los siglos anteriores.
En Davos, Sebastian Thrun, el inventor de los coches auto-conducidos de Google y profesor honorario de la Universidad Tecnológica de Delft, informó a esa élite que "casi todas las industrias establecidas no se está moviendo lo suficientemente rápido" para adaptar sus negocios a este cambio. Sugirió que los coches auto-conducidos harían redundantes a millones de taxistas y que los aviones que funcionan exclusivamente con el piloto automático eliminarían la necesidad de miles de pilotos humanos. Sin embargo, no se preocupe, ya que Thrun se mostró optimista porque estos trabajos redundantes serían reemplazados rápidamente con otros nuevos. "Con el advenimiento de las nuevas tecnologías, siempre hemos creado nuevos puestos de trabajo", dijo.
Como lo resumió uno de los observadores más prominentes de la nueva 'revolución industrial’, Erik Brynjolfsson, profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts y co-autor de The Second Machine Age"nos estamos dirigiendo hacia un mundo en el que habrá mucho más riqueza y mucho menos trabajo". Pero continuó, "creo que el mayor cambio inmediato será que la gente... [no permanecerá] en una profesión o un trabajo durante toda su vida ... Eso no debería ser algo negativo, y sería triste que nosotros si lo convirtiéramos en algo negativo ".
Este optimismo contrasta con el propio libro del FEM presentado en Davos, y que argumenta que una mayor automatización y aplicación de la IA en los lugares de trabajo dará lugar a la pérdida de 7.1 millones de empleos en los próximos cinco años en las 15 principales economías, al tiempo que ayudará a crear solo 2 millones de nuevos puestos de trabajo durante el mismo período. En el sector financiero, los ordenadores capaces de pensar, aprender y comprar y vender pueden hacer que incluso nuestros súper rápidos y ultra complejos algoritmos de inversión parezcan arcaicos – y hacer incluso innecesarios, posiblemente, a los gestores humanos de los fondos de inversión. Se podría decir que no será una perdida irremediable. Pero la IA y los robots destruirían millones de empleos en los sectores productivos y por mucho menos dinero. Esta es la perspectiva de lo que aguarda a los trabajadores en un capitalismo dirigido por robots.
No se trata sólo de la pérdida de millones de puestos de trabajo como consecuencia de los robots y la IA: hay quién defiende que se trata de una amenaza a la existencia misma de la humanidad. Ray Kurzweil, inventor y futurista estadounidense, ha pronosticado que en el año 2045 el desarrollo de las tecnologías de la computación llegarán a un punto en el que la IA superará la capacidad del ser humano para comprender y controlar. Stephen Hawking ha argumentado que "el desarrollo de una inteligencia artificial autónoma podría significar el fin de la raza humana". Y Elon Musk, fundador de SpaceX y Tesla Motors , cree que la inteligencia artificial es "potencialmente más peligrosos que las armas nucleares". La "mayor amenaza existencial" para la humanidad, piensa, es una máquina súper-inteligente tipo Terminator que un día podría dominar a la humanidad.
Por otra parte, mientras que los ordenadores son más rápidos, más inteligentes y carecen de los sesgos del comportamiento humanos, también tienen sus propias debilidades. Puede ocurrir un desastre rápidamente. Por ejemplo, Knight Capital, una firma de comercio bursátil de alta frecuencia, se desplomó en 2012 , cuando sus equipos escaparon fuera de control, perdiendo en la práctica 10 millones de dólares en 45 minutos de frenéticas operaciones bursátiles. Como Gavekal, una sociedad de intermediación de inversiones, señaló con acritud en su momento: "A veces, todo lo que los ordenadores hacen es sustituir la estupidez humana por la estupidez de las máquinas. Y, gracias a la velocidad y la orientación preprogramada, la estupidez de las máquinas puede devorar los mercados mucho más rápidamente que cualquier pánico humano”. Los algoritmos basados en técnicas de inteligencia artificial pueden ser la próxima generación de las finanzas cuantitativas, pero incluso los expertos de la industria advierten que se pueden descontrolar cuando tengan que hacer frente a la caótica realidad de los mercados. "Estas cosas en manos de las personas equivocadas puede ser muy peligrosas", dice Tom Doris, director de Otas Technologies. Por ejemplo, los coches auto-conducidos sufrieron el doble de accidentes que los conducidos por humanos en 2013, según un estudio de la Universidad de Michigan . La mayoría de ellos fueron rasponazos pequeños, y los conductores humanos tuvieron la culpa en todos los casos, pero este es un claro ejemplo de cómo pueden ocurrir accidentes cuando el hombre se encuentra con la máquina - ya sea en la carretera o en los mercados.
Pero ¿podrán los robots realmente reemplazar a los humanos dentro de 30 años? Muchos lo dudan. Escenarios como el de Kurzweil son extrapolaciones a partir de la ley de Moore, según la cual el número de transistores en los ordenadores se duplica cada dos años, posibilitando cada vez mayor potencia de cálculo a un coste cada vez menor. Pero Gordon Moore, de quién toma su nombre la ley de Moore, ha reconocido que su generalización es cada vez menos fiable porque hay un límite físico a la cantidad de transistores que pueden caber en un circuito integrado. En cualquier caso, la ley de Moore es una medida de la potencia de cálculo, no de inteligencia. Un robot de limpieza, el Roomba, limpiará el suelo de forma rápida y barata y cada vez mejor, pero nunca va a reservar unas vacaciones para él con mi tarjeta de crédito.
Luciano Floridi de la Universidad de Oxford está de acuerdo en que las máquinas pueden hacer cosas increíbles, a menudo mejor que los humanos. Por ejemplo, el ordenador Deep Blue de IBM jugó y venció al Gran Maestro Garry Kasparov al ajedrez en 1997. En 2011, otra máquina de IBM, Watson, ganó un torneo del concurso de televisión Jeopardy,superando a dos jugadores humanos, uno de los cuales había salido triunfador en 74 torneos seguidos. Deep Blue y Watson son versiones de la "máquina de Turing", un modelo matemático ideado por Alan Turing , que establece los límites de lo que un ordenador puede hacer. Una máquina de Turing no tiene entendimiento, no es consciente, no tiene intuiciones - en resumen, nada de lo que reconoceríamos como vida mental.Carece incluso de la inteligencia de un ratón.
Floridi explica que en 1950 Turing propuso el siguiente experimento. Imagine un juez humano que hace preguntas por escrito a dos interlocutores en otra habitación. Uno de ellos es un ser humano, el otro una máquina. Si el 70 por ciento de las veces, el juez no puede distinguir la diferencia entre la respuesta de la máquina y la del ser humano, entonces se puede afirmar que la máquina ha pasado la prueba. Turing creía que las computadoras serían capaces de pasar la prueba hacía el año 2000. Estaba equivocado. Eric Schmidt, el ex presidente ejecutivo de Google, cree que la prueba de Turing se pasará en 2018. Hasta ahora no ha habido ningún progreso. Los programas de ordenador todavía tratan de engañar a los jueces mediante el uso de trucos desarrollados en la década de 1960.Por ejemplo, en la edición 2015 del Premio Loebner , un concurso anual del test de Turing, un juez preguntó: "El coche no podía caber en el espacio de estacionamiento porque era demasiado pequeño. ¿Qué era demasiado pequeño?". El software que ganó el premio de consolación de ese año respondió: "No soy una enciclopedia andante, como sabes".
¿Cuál es mi posición en este debate?: ¿estamos entrando en una nueva revolución industrial como a principios del siglo XIX que le dará al capitalismo un nuevo aliento para el desarrollo de las fuerzas productivas, incluso si esto significa la pérdida de millones de puestos de trabajo y el aumento de la desigualdad de los ingresos y la riqueza? ¿O son las nuevas 'tecnologías de punta' sólo un espejismo, porque influirán poco a la hora de aumentar el crecimiento económico y la productividad, como sostiene Gordon? Creo que ambas cosas a la vez, dependiendo de la época y de las erupciones cíclicas que caracterizan el modo de producción capitalista.
Siento gran simpatía por las opiniones de Gordon, pero con reservas sobre el calendario.No estoy tan seguro de que el capitalismo emergente no pueda proporcionar un nuevo período de desarrollo capitalista, si al final esta larga depresión no da lugar a la sustitución del modo de producción capitalista mediante la acción política de unos rejuvenecidos movimientos obreros. Además, no es en absoluto seguro que el capitalismo maduro no pueda todavía desarrollar y explotar nuevas tecnologías, incluso si no ha sido capaz hasta ahora, en áreas como la robótica, la inteligencia artificial, la impresión 3D y la nanotecnología. De hecho, hay quienes sostienen que la tecnología de los Estados Unidos en el desarrollo de petróleo y el gas de esquisto desplazará el equilibrio del poder económico de la energía de vuelta hacia América del Norte y las economías capitalistas maduras y lejos del Oriente Medio y Asia.
En la tercera sección del libro de Gordon, analiza por qué el crecimiento de la productividad se disparó en un momento muy especial en la década de 1930. Gordon reconoce que la Gran Depresión fue un período de innovación que "contribuyó directamente al gran salto" en la década de 1940. Gordon también apunta a la "enorme presión para aprender mediante la práctica que se produjo durante la economía de alta presión de la Segunda Guerra Mundial". La  Segunda Guerra Mundial dio a América su primer avión de reacción (el Bell P-59), la penicilina producida en masa y la energía nuclear. Tal vez aún más importante, fábricas como los astilleros de Henry Kaiser enseñaron a directivos y trabajadores la forma de acelerar radicalmente la producción.Algo similar podría suceder cuando termine esta larga depresión, como ocurrirá inevitablemente.
Además, el capitalismo podría conseguir un importante impulso gracias a la explotación de los cientos de millones de personas que se incorporan al mercado de trabajo en Asia, América del Sur y Oriente Medio. Esta sería una forma clásica de compensar la tasa decreciente de ganancias en las economías capitalistas desarrolladas. Mientras que la fuerza de trabajo industrial en las economías capitalistas desarrolladas se ha reducido a menos de 150 millones de trabajadores, en la medida que la mano de obra improductiva ha aumentado considerablemente; en las llamadas economías emergentes la mano de obra industrial ha alcanzado los 500 millones, después de haber superado a la fuerza de trabajo industrial de los países imperialistas en la década de 1980. Además, hay un gran ejército de reserva de mano de obra compuesta de desempleados, subempleados o inactivos adultos de otros 2.300 millones de personas en el mundo que también podrían ser explotadas para obtener nueva plusvalía .
Así que capitalismo global puede sobrevivir incluso si no está “en forma” por el momento. O tal vez esa fuerza de trabajo potencial no será “adecuadamente explotada” por el modo de producción capitalista y Gordon está en lo cierto. La tasa de ganancias mundial (no solo la tasa de ganancias de las economías desarrolladas del G-7) ha dejado de crecer desde finales de 1990 y no se ha recuperado hasta el nivel de la edad de oro del capitalismo en la década de 1960, a pesar de la masiva fuerza de trabajo global potencial. Parece que los factores contra-actuantes de la inversión extranjera en el mundo emergente, en combinación con las nuevas tecnologías, no han sido suficientes para empujar hacia arriba la tasa de ganancias mundial en la última década, hasta ahora. Todavía estamos en una fase descendente del ciclo capitalista global.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente:
https://thenextrecession.wordpress.com/2016/02/14/robert-j-gordon-and-the-rise-and-fall-of-american-capitalism/

sábado, 20 de febrero de 2016

Distintas clases de vudú

Los progresistas no deberían empezar a exagerar las cifras económicas


Los dos grandes partidos políticos de Estados Unidos son muy diferentes entre sí, y una de las diferencias tiene que ver con su disposición para entregarse a las fantasías económicas.Los republicanos se sumen de forma habitual en el vudú económico y hacen declaraciones descabelladas sobre los efectos positivos de las rebajas fiscales a los ricos. Los demócratas tienden a ser cautos y se cuidan de prometer demasiado, como últimamente ha puesto de manifiesto el que la reforma sanitaria de Obama, que según los conservadores iba a destrozar el presupuesto, haya acabado siendo bastante más barata de lo previsto.

Pero, ¿está todo esto a punto de cambiar?

El miércoles, cuatro expresidentes demócratas del Consejo de Asesores Económicos presidencial —tres de los cuales asesoraron a Barack Obama y uno a Bill Clinton— publicaban una mordaz carta abierta a Bernie Sanders y a Gerald Friedman, un catedrático de la Universidad de Massachusetts que ha sido una de las principales fuentes de las cifras de la campaña de Sanders. Los economistas llamaban la atención sobre la campaña por haber citado unas "afirmaciones exageradas" de Friedman que "superaban hasta las más presuntuosas previsiones de los republicanos" y podían "socavar la credibilidad del proyecto económico progresista".

Es una frase dura. Pero lo es por una razón.

Las afirmaciones de las que hablan los economistas proceden de un análisis del programa económico de Sanders llevado a cabo por Friedman. La buena noticia es que no se trata de la evaluación oficial de la campaña; la mala es que los responsables de la campaña han puesto por las nubes el análisis de Friedman.

Y el análisis tiene realmente miga. Los candidatos republicanos han sido objeto de muchas y justificadas burlas por sus declaraciones cada vez más exageradas sobre el increíble crecimiento económico que serían capaces de lograr, empezando por la promesa de Jeb Bush de duplicar la tasa de crecimiento hasta el 4% y hacer que siga subiendo. Pero Friedman supera al Partido Republicano, al afirmar que el plan de Sanders generaría un crecimiento anual del 5,3 % durante la próxima década.

Yo diría que resulta aún más reveladora la previsión de empleo de Friedman, según la cual la tasa de empleo entre los estadounidenses adultos se dispararía hasta volver a la cifra del año 2000. Tal vez parezca posible; hasta que uno recuerda que, en 2026, más de la cuarta parte de los adultos estadounidenses de más de 20 años serán mayores de 65, frente al 17 % en el año 2000.

Lo siento, pero no hay manera de justificar todo eso. Para los expertos en la materia como yo, resulta horripilante, la verdad.

Aun así, estas cifras pertenecen a un programa que Sanders, incluso si lograse llegar a la Casa Blanca, tendría pocas probabilidades de sacar adelante. Así que, ¿tienen alguna importancia?

“Sanders debería medidas enérgicas contra la tendencia de su campaña a los excesos y desvincularse del vudú de la izquierda”

Por desgracia, la respuesta es que sí, por varios motivos.

Uno es que, como advierten los economistas, las enmarañadas cuentas de la izquierda hacen que, en la práctica, resulte imposible criticar la economía vudú de los conservadores.

Aparte de eso, esta controversia lleva a pensar que la campaña, y quizás el candidato, no están preparados para tanto protagonismo. Estas afirmaciones sobre el programa de Sanders no son solo poco plausibles, sino que resultan embarazosas para cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la historia económica (que nos dice que elevar el crecimiento a largo plazo es muy difícil) y la cambiante demografía. Deberían haber hecho saltar todas las alarmas, pero es evidente que no ha sido así.

Y hay aquí un problema todavía mayor: las buenas ideas no tienen que venderse como si fueran un cuento de hadas.

Sanders pide una gran ampliación de la red de seguridad social estadounidense, cosa que a mí también me gustaría que ocurriese. Pero el problema de esta medida es que probablemente perjudicaría a muchos, aunque beneficiase a muchos otros (un número considerable de estadounidenses, sobre todo de clase media-alta, acabaría pagando más, en forma de impuestos añadidos, de lo que obtendría en forma de beneficios adicionales).

Al apoyar unas afirmaciones económicas descabelladas, la campaña de Sanders da a entender, en esencia, que no cree que su programa pueda convencer por sus propios méritos, que necesita de un milagro económico para minimizar los aspectos negativos de la idea. Lo que, de hecho, confirma las peores sospechas de quienes lo critican.

¿Y ahora, qué? En el pasado, la campaña de Sanders ha respondido a las críticas poniendo en duda los motivos de los críticos. Pero los autores de la decisiva carta publicada el miércoles no son solo economistas importantes, sino también figuras destacadas del movimiento progresista.

Por ejemplo, Alan Krueger es uno de los fundadores de la investigación moderna sobre los salarios mínimos, que demuestra que las pequeñas subidas del salario mínimo no provocan grandes pérdidas de puestos de trabajo. Christina Romer fue una acérrima defensora de los estímulos económicos durante el tiempo que pasó en la Casa Blanca y, después de aquello, una figura destacada de la reacción en contra de la austeridad.

La cuestión es que si menospreciamos a gente como Krueger o Romer afirmando que son cómplices de Hillary o miembros en entredicho del "sistema", estamos excomulgando a la mayoría de los expertos políticos que deberían ser nuestros aliados.

Así que es muy necesario que Sanders tome medidas enérgicas contra la tendencia de su campaña a los excesos. Además, tiene que desvincularse del vudú de la izquierda, no solo por los posibles riesgos políticos, sino porque el realismo es, o debería ser, un valor progresista fundamental.