Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 20 de abril de 2018

Cuba probable. La transición socialista y el nuevo gobierno.


April 19, 2018

 Cuba probable. La transición socialista y el nuevo gobierno.
por Rafael Hernández

En la noche del 19 de abril de 2018, se anunció una lluvia de estrellas. Para los astrónomos, que estudian el cielo, este fenómeno no encierra ningún misterio, pues se trata del rastro dejado por la estela del cometa Halley en nuestro sistema solar.  Aunque resulta absolutamente predecible,  cuando esta lluvia alcance su clímax, será única, distinta a cualquiera anterior, e irrepetible como evento cósmico. Es decir, imposible de anticipar en todas sus luces y variaciones. Este acontecimiento comparte algunos rasgos con los cambios que ya vienen desarrollándose en Cuba en 2017-2018.

De entrada, ciertas preguntas y predicciones sobre las elecciones  y el nuevo gobierno cubano parecen flotar en una especie de ingravidez propia del espacio exterior.

¿Podrá estar listo “un nuevo presidente que no se apellide Castro” ante una situación tan peligrosa? ¿Qué podrá hacer frente a esa “tormenta perfecta de desafíos –empezando por los vientos huracanados de Trump”? (Whitefield y Gámez, 2017) ¿Quién es “ese burócrata del Partido” [Miguel Díaz-Canel] del que nadie sabe nada?  (Erikson, 2017) ¿Cuáles serán “los valores e intereses del equipo que apunta a tomar las riendas del Estado cubano”? (López-Levy, 2018) ¿Qué podrá pasar con este candidato a presidente “sin apoyo dentro del PCC ni entre los militares”? (Suchlicki, 2017) ¿Qué podrá decidir este nuevo presidente que seguro tendrá a “Raúl y al resto del clan Castro encima de él”? (Hare, 2017) ¿Es “concebible que un futuro conflicto entre el partido y el Ejército pudiera producir un terremoto político, que en teoría generaría una transición política hacia la democracia”? (Corrales y Loxton, 2018).

Su capacidad de pronóstico rebasa a la de los astrónomos: esta “sucesión autoritaria”, que priva de “legitimidad interna y externa al nuevo mandatario”, lo condenaría  a ser un simple engranaje de la “inmutabilidad política”, o sea, a paralizar las reformas y dejar todo como está.

Sin espacio para discutir estas tesis casi astrológicas, este artículo se limita a examinar la significación e implicaciones de un acontecimiento previsible –el cambio de gobierno--, como parte de un proceso político –la transición-- que ni empieza ni termina el 19 de abril de 2018, y cuyas consecuencias rebasan a los oráculos ideológicos de los dos lados. Se dirige a examinarlo desde la estructura y composición reales del sistema político y sus instituciones de poder principales, las existentes como legado de una etapa que culmina.

Algunos comentaristas parecen olvidar que los políticos actúan dentro de circunstancias que no eligen ni controlan absolutamente. Esta premisa elemental de ciencia política, ¿se cumple en “un sistema autoritario”, unipartidista, expuesto a una nueva relación people to people con EEUU y a la hostilidad de su gobierno, en medio de un “relevo generacional” de la clase política, que requiere preservar la estabilidad como requisito fundamental? Para no deslizarse por la pendiente de una  incógnita Cuba posible, se requieren evidencias y datos, que permitan acercarse a una más tangible Cuba probable.

Desde ese contexto, se podría discutir con más claridad las cuestiones relevantes para el futuro inmediato de la política nacional y el desarrollo del modelo socialista cubano.




¿Qué Asamblea Nacional del Poder Popular ?

El perfil  demográfico de esta ANPP muestra una representación más que proporcional (según el Censo) de mujeres (53,22 %), negros y mestizos (40,66%) y graduados universitarios (86%). Más de la mitad está compuesta por nuevos diputados; un poco menos de la tercera parte está siendo reelegida por segunda vez; una quinta parte ha estado en la Asamblea al menos desde 2008.  Entre esos diputados, 98% son militantes del PCC o la UJC.

La presencia de diputados que realmente viven y trabajan en los municipios, considerando todos los trabajadores estatales (dirigentes y militares incluidos), los órganos del PP (consejos de administración y municipales), cooperativistas agrícolas y “trabajadores por cuenta propia”, conforman una gran mayoría de 62,6 %.




Según fuentes oficiales, el conjunto de los trabajadores no estatales (incluyendo cooperativistas agrícolas, artistas y otros que reciben ingresos no provenientes de un salario) asciende a 29 % de la fuerza laboral (ONEI, 2016). Sin embargo, su presencia en la ANPP no llega al 7 %. En el caso de los “trabajadores por cuenta propia” (con licencias para ejercer una lista de empleos del sector privado), apenas alcanza 0,5 % de la ANPP, lo que expresa una extrema subrepresentación. A pesar de la política declarada de incentivar a las cooperativas como modalidad de trabajo no estatal, en tanto forma de organización y propiedad social sobre medios no fundamentales de producción, la representación de las cooperativas no agrícolas es nula.

En el sector de la cultura, la presencia de artistas y escritores sin cargos de dirección en el momento de la elección es muy escasa. Aunque hay más científicos en esta ANPP, los únicos diputados que pueden haber realizado estudios en el campo de las ciencias sociales son unos pocos docentes universitarios. Ninguno de los centros de investigación (los llamados think tanks) de las universidades, el sector de la ciencias sociales, la cultura, las relaciones exteriores, etc. ocupa ningún escaño. 




¿Qué significa esta Asamblea en el reflejo del contexto político específico del próximo gobierno en términos de representación/renovación/continuidad?

Si se comparara –como veremos más adelante-- con otras instituciones de poder político --el Consejo de Ministros y el CC del PCC--, esta Asamblea los rebasa en participación de mujeres, negros y mestizos, y graduados universitarios.

Ahora bien, la estructura de mayorías y minorías descrita arriba no solo permite medir su representatividad y diversidad, sino estimar su potencial dinámica, en caso de que la ANPP se convirtiera en una institución determinante en el funcionamiento del sistema político cubano, en los términos previstos por la Constitución vigente. Para cumplirlos bastaría que se dedicara a debatir y promulgar sistemáticamente las leyes, ejercer la más alta fiscalización sobre los órganos del Estado y del Gobierno, incluida la eventual revocación de decretos-leyes y de miembros de los consejos de Estado y Ministros, a discutir y acordar el sistema monetario, los lineamientos de la política interna y exterior, extendiera a más de tres días los dos períodos ordinarios de sesiones al año (cuya frecuencia establece la Constitución, pero no su duración), a convocar sesiones extraordinaria cuando lo solicitara la tercera parte de los diputados, así como revisar y proponer enmiendas al orden constitucional (Constitución, Art. 75 y 78).

Cultura y constitución del liderazgo institucional: el legado político de Raúl Castro.

Algunos estudiosos han reseñado el papel  de Raúl Castro como arquitecto de la seguridad y defensa de Cuba en más de medio siglo (Klepak, 2012); otros  como el autor del “ciclo pragmático más profundo de reformas económicas” (Mesa Lago, 2012). Algunos más han llegado a imaginarlo como  una especie de Deng Xiao Ping tropical, cuyo proyecto de liberalización bien inspirado hacia una economía de mercado se ha atascado, de modo “completamente decepcionante” (Feinberg, 2017).

En el breve espacio de este texto, me concentraré en dos aspectos de su legado. El primero es el significado de su liderazgo en la introducción de concepciones y prácticas dirigidas a naturalizar las reformas, convertir la consulta con los ciudadanos en una práctica regular y promover que las instituciones establecidas funcionen de manera democrática plena. El segundo es la regeneración de la dirigencia y su nueva matriz, lo que algunos identifican como el “relevo generacional” y otros como “la transición a un gobierno post-Castro”.

Hacia un socialismo democrático.

En los debates del VII Congreso del PCC (2016), se reportó el intercambio entre un veterano dirigente del Partido y un delegado más joven en torno a la conveniencia de incorporar en los documentos la idea de “nuestra democracia socialista” (Granma, 2016). Aunque la posición del veterano prevaleció en el debate –“el concepto de democracia junto al de socialismo refleja una corriente vergonzante del socialismo”--, los documentos oficiales finales sobre el nuevo socialismo hicieron explícitas no solo las cualidades de próspero y sustentable, sino la de democrático.

Los millones de cubanos que debatieron o conocieron los documentos de los congresos VI (2011) y VII, y de la Conferencia (2012) del PCC pueden dar fe de que estos reflejan un socialismo diferente al que se defendió en Cuba hasta entonces. Quien los revise bien difícilmente podría entenderlos como el camino hacia un “modelo neopatrimonial chino-vietnamita” (Bye, 2017) o socialdemócrata. En ese nuevo socialismo en construcción, basado no solo en fórmulas económicas, las nuevas ideas y estilos políticos tienen la marca de origen de Raúl Castro. Entender sus discursos y decisiones permitirían formarse una idea precisa.

Unos días antes de asumir el gobierno de manera inesperada, Raúl había declarado que “la especial confianza que otorga el pueblo al líder fundador de una Revolución, no se transmite, como si se tratara de una herencia, a quienes ocupen en el futuro los principales cargos de dirección del país” (Castro, 2006)[1], anticipando que el consenso instantáneo de que gozaba el fundador ya no sería una premisa, y en lo adelante habría que fomentarlo. Su contribución a la renovación del ideario socialista empezó por naturalizar la discrepancia, y considerarla parte orgánica de un nuevo consenso. Basta advertir cuántas expresiones de disentimiento identificadas como “contra”  a fines de los 80 e inicios de los 90 se ubican hoy “dentro” del discurso socialista en el conjunto de la sociedad --aunque algunos todavía se resistan a verlo así.

A pesar de que algunos dirigentes han repetido que los cambios se limitan a modernizar el modelo económico, dejando intacta “la parte política”, los discursos de Raúl han propuesto un socialismo basado en nuevas mentalidades y prácticas, incluyendo la política económica. Estas incluyen la necesidad de “dialogar con los ciudadanos”, consultarles las principales políticas, emplazar a la burocracia resistente al cambio, la ineptitud del sistema de medios de difusión, los estilos anquilosados de educación política y trabajo ideológico –lo que él ha llamado “la vieja mentalidad”.

Su desempeño desde los años 60 a cargo de la defensa y la seguridad no anunciaba que “nuestro peor enemigo no es el imperialismo” ni sus aliados en la isla, sino “nuestros propios errores”, las “visiones estrechas y excluyentes”. Su imagen de militar tampoco anticipaba al defensor de un  sistema descentralizado,  la toma de decisiones colegiada, el derecho a discrepar “del que no se debe privar a nadie”, “el debate sin ataduras a dogmas y esquemas inviables”, la erradicación del “secretismo informativo en todo lo que define el curso político y económico de la nación”, de la “barrera psicológica formada por el inmovilismo, la indiferencia,” que impide “transformar conceptos erróneos e insostenibles acerca del socialismo”, la mala copia de “otras experiencias socialistas”, y al mismo tiempo la necesidad de “no ignorar incluso las positivas de los capitalistas.”

En su énfasis sobre la democracia, ha afirmado que para seguir teniendo un partido único, tiene que ser “el Partido de la Nación Cubana,” “el más democrático,” “dar el ejemplo en sus propias filas,” ser capaz de “promover la mayor democracia en nuestra sociedad”, lo que “contribuirá a superar actitudes simuladoras y oportunistas surgidas al amparo  de la falsa unanimidad y el formalismo.” Se trata de “acostumbrarnos a decirnos las verdades de frente, discrepar y discutir, incluso ante lo que digan los jefes” y “desterrar la mentira y el engaño en la conducta de los cuadros, de cualquier nivel.”

Los documentos políticos del gobierno tampoco son intocables. “El programa de la revolución se debe actualizar cada cinco años para que responda siempre a los verdaderos intereses del pueblo”. No debe leerse como “una obra totalmente terminada ni con un prisma estático o dogmático”, sino “una guía para continuar avanzando en las reformas del sistema”, incluyendo la conceptualización sobre el socialismo mismo. “Así se asegurará también el permanente perfeccionamiento y profundización de la democracia socialista.”

Muchas de esas ideas y políticas no han llegado aún a legislarse. La agenda de proyectos de ley anunciados, pero pendientes, abarca la estructura y poderes de los municipios, las pequeñas y medianas empresas,  el sistema electoral, las empresas del sector público, la política de comunicación, otro código de familia. Se requiere además actualizar una legislación envejecida sobre asociaciones, cultos religiosos, y otros temas. La VIII Legislatura acordó designar una comisión para estudiar una nueva reforma constitucional, que debería impulsar, debatir y aprobar una Asamblea Nacional cuya actividad legislativa llegara a rebasar la de los consejos de Estado y de Ministros. 

La nueva dirigencia política: ¿una matriz?

El rejuvenecimiento del liderazgo está en el núcleo duro del legado de Raúl. Él mismo ha puesto sobre la mesa una norma sin precedentes (“limitar a un máximo de  dos periodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos y estatales principales”), que debe esperar por una reforma constitucional para hacerse firme. Si en lugar de declararlos una mayoría de “octogenarios” (Bye, 2017), se mira detenidamente a la dirección del gobierno y el Partido del periodo de Raúl, se verá que ese “traspaso intergeneracional del poder” (López-Levy, 2018) ya había empezado y avanzado desde hace años.

Según un estudio de hace cuatro años (Hernández, 2014), la edad del Consejo de Ministros y el Comité Central del PCC era de 58 años. Esta coincidía con la titulada  “generación escondida”, llamada así por comentaristas de la política cubana como el ex–policía y politólogo aficionado Mario Conde (Padura, 2013, p. 24).[2] Curiosamente, esta “generación escondida” había empezado a reemplazar en los hechos a la clase política “histórica”, y lo estaba haciendo mucho antes de lo vaticinado.

El CC del PCC elegido en el VI Congreso (2011) había reducido su edad promedio a 57  –y seguiría bajando hasta 54 en 2016. Ya en 2014, el 80 % de los 15 presidentes de asambleas provinciales del Poder popular tenía menos de 50. Y ninguno de los 167 secretarios municipales del PCC, salvo uno, pasaba de lo que en Cuba se suele llamar “la media rueda” (50 años) (Hernandez, loc.cit.).
En cuanto a la dirigencia a nivel nacional, las edades en el Consejo de Ministros de Raúl iban de 50 a 87, pero ya más de la mitad de estos estaba por debajo de la línea de 60 años. O sea, que la supuesta “generación escondida” ha sido parte del gobierno en los últimos diez años, y debe seguir en el Comité Central del PCC por lo menos hasta el próximo congreso en 2021.

¿Quiénes son esos más altos dirigentes cubanos? El Buró Político del PCC salido del VII Congreso (17 miembros) ha sido el primero donde los cargos por perfil profesional (9) –defensa, economía, diplomacia, salud pública, ciencia y técnica—rebasan al número de dirigentes políticos de carrera (8). Entre esos cuadros políticos, 5 han dirigido en las provincias, y 3 ingresaron al BP bajo el mando de Raúl. Este patrón que encamina a dirigentes provinciales del PCC y el Poder Popular hacia el más alto nivel nacional también resulta parte de su legado.

En cuanto a los ministerios y organismos centrales, la mayoría (2/3) de las principales áreas de origen de sus máximos dirigentes son la economía estatal, la dirigencia partidaria y las fuerzas armadas --22% del Consejo cada una. En cuanto al perfil profesional, la especialidad de mayor frecuencia –incluido el primer vicepresidente-- es ingeniería (9). Entre economistas e ingenieros se concentra el 44 % del gabinete.



Fuente: cálculo de autor, sobre datos en http://www.parlamentocubano.cu/index.php/consejo-de-ministros/

El estilo de liderazgo de esta mayoría del gabinete de Raúl --cuyo primer vice ha sido un ingeniero electrónico durante cinco años-- se orienta hacia un modelo sistémico, basado en control de indicadores, chequeo de flujo, y una lógica que prioriza la eficiencia. En esta razón ingeniera, diferente a la del puesto de mando militar, o al espíritu guerrillero predominante en etapas anteriores, radican sus mayores potencialidades --y también el sesgo tecnocrático presente en algunas de sus formulaciones.

En cuanto a diversidad de género y color de la piel, la tabla anterior muestra que la tercera parte del Consejo de Ministros han sido mujeres –representación superior a gabinetes anteriores, aunque todavía insuficiente. En el Buró Político, donde también son minoría, las mujeres han pasado de cero o una, a 4 (25 %). Los no blancos ese alto mando del PCC representan 35 %.

Por demás, la política de rejuvenecimiento en curso ha llevado a que la edad promedio de los dirigentes máximos del PCC en cada una de las 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud haya descendido a 52 (2018) --cinco años más joven que la del vicepresidente Díaz-Canel. Según datos oficiales recientes, la edad promedio de la nueva ANPP se redujo en cinco años respecto a la de la VIII Legislatura (Granma, 2018) --es decir, de 54 a 49.
La cuestión de “los militares”.

Algunos de los observadores mencionados al principio de este artículo dan por sentado que el área política más incierta y problemática en la transición al nuevo gobierno es la marcada por las “nuevas relaciones” entre “los militares” y los “civiles”.  Esta incógnita parte de asumir que el de Raúl es “un gobierno de militares”, para preguntarse luego si un presidente civil va a estar en desventaja ante ese “estamento” de poder dentro del sistema cubano.

Un poco de perspectiva histórica permitiría apreciar el significado real de esta cuestión.

Cuando se mira la foto del primer CC del PCC, fundado en octubre de 1965, se puede observar que 70 de sus cien miembros visten de verde olivo. Para quien ignore la historia de la revolución, ese uniforme puede producir la ilusión óptica de que todos esos militares tienen un mismo código genético político. A diferencia de Charles de Gaulle, Dwight Eisenhower, Juan Domingo Perón o Gamal Abdel Nasser, los que integraron el liderazgo revolucionario, combatieron en la Sierra (los frentes guerrilleros)  y en el Llano (las organizaciones clandestinas), y ocuparon las principales responsabilidades al frente del nuevo estado, incluidas tareas en las fuerzas armadas y la seguridad, no se educaron en colegios militares ni pasaron de generales a líderes políticos. Caracterizar a Fidel Castro como militar resulta simplista; lo mismo que reducir la contribución del Che Guevara al socialismo cubano a su rol como guerrillero.

La mayoría del liderazgo que ha integrado la llamada “generación histórica” responde a estas características. Las FAR representaron, desde los años 60 y siguientes, una puerta giratoria con las instituciones de la revolución, el Estado y el PCC. Prácticamente todos los ministerios –educación, construcción, industria azucarera, transporte, comunicaciones, pesca, agricultura, etc.--  fueron dirigidos entonces por oficiales de las FAR –algunos retirados, otros en activo--. Entre los años 70 y 90, miembros del secretariado del Partido --a cargo de las relaciones internacionales o el sector ideológico--, presidentes de la Asamblea Nacional, fiscales generales o directivos de la Academia de Ciencias tuvieron (o mantuvieron) grados militares. Algunos autores han identificado con el concepto del “soldado cívico” a esta condición híbrida de la dirigencia cubana (Domínguez, 1978). 

Naturalmente, hace tiempo que las FAR se profesionalizaron. Y aunque el liderazgo de los ministerios de la defensa y la seguridad sigue estando en manos de oficiales “históricos”, ya profesionalizados, ninguno de los actuales jefes de los tres ejércitos bajó de la Sierra ni combatió en el Llano, sino se formaron en academias militares y en las guerras africanas.

La presencia de cuadros militares en tareas de la economía nacional, y de las FAR como institución dedicada a asegurar no solo “los cañones”, sino “los frijoles”, tuvo un nuevo giro desde la crisis del Periodo especial. Pero adjudicarle al “legado normativo de Raúl Castro el control militar de la economía” y considerar que “el régimen en Cuba seguirá acorralado por la familia Castro y el Ejército” (Corrales y Loxton, 2018) resulta una tesis difícil de demostrar con números y hechos.

Ante todo, ¿en qué medida el gobierno de Raúl como presidente incorporó realmente a una cantidad apreciable de oficiales retirados o en activo? Ya el último Buró Político (BP) elegido bajo la dirección de Fidel en 1997, incluía a 7 militares, sin contar al Segundo secretario del PCC, Raúl.  En el elegido por el VII Congreso (2016) quedaban solo 4, y ninguno incorporado bajo el gobierno de Raúl.

Los ministros provenientes de las instituciones armadas en ese gobierno, aparte de él mismo, y los encargados del MINFAR y el MININT, se reducen a dos vices, un secretario, y dos ministerios económicos –Industria y Transporte. Ramiro Valdés, aunque viste de uniforme, dejó de desempeñar tareas relacionadas con la seguridad hace más de treinta años (1961-1968 y 1979-1985), y se ha ocupado de otros sectores (construcción, electrónica, comunicaciones), como sigue hasta ahora. Sin contarlo a él y a Raúl, los militares en activo o retirados serían apenas 19 % del CM –contra una mayoría de 44 % de ingenieros y economista. En cuanto a los puestos principales a cargo de la economía nacional, la cuenta es clara: 4 de los 6 vices del gabinete, y 13 de los 15 ministerios económicos han sido dirigidos por civiles –no identificables con el “soldado cívico” ni la “generación histórica“.

Analizar el espacio real –a veces sobreestimado-- que las empresas de las FAR ocupan en la proyección del desarrollo económico cubano actual rebasaría la extensión de este artículo y su foco principal. En todo caso, sí convendría considerar que el reconocimiento a la capacidad empresarial de las instituciones militares en su participación dentro del actual sector público cubano implicaría verlas como parte integral del nuevo modelo socialista. Aunque algunos economistas no parecen compartirlo del todo, la propia evaluación sobre la eficacia y la eficiencia empresariales en el socialismo exige una perspectiva no meramente corporativa o tecnocrática, que incluya entre los índices de eficiencia la aplicación de prácticas sustentables, nivel de retribución y participación de los trabajadores, probidad en el manejo de los recursos, protección ambiental e interacción comunitaria. La capacidad de todas las corporaciones estatales para comunicarse y cooperar con actores sociales diversos, trabajadores y ciudadanos en general --lo que suele llamarse responsabilidad social empresarial— tendría que servir como vara de medir la gestión de “la empresa socialista”  tanto de las militares como de las civiles.

Las cifras y comentarios anteriores no se dirigen a disminuir el papel de los militares en un gobierno encabezado por un General Presidente (que seguirá siendo el Secretario general del Partido), sino a analizarlo en sus atributos políticos. Se trata de colocar ese rol en perspectiva, a las instituciones armadas como segmentos de un Estado y de estructuras de poder más complejas, cuyas políticas dependen hoy menos de habilidades militares clásicas, como el mando único, el principio de verticalidad y obediencia, la concentración de decisiones en el estado mayor, el avance mediante campañas, la concentración de fuerzas en dirección al golpe principal, o la conquista de objetivos estratégicos pagando incluso costos muy altos si así se determina. O para el caso que nos ocupa, de habilidades gerenciales adquiridas, tangentes en cierta medida con las anteriores.

Dada la sociedad cubana actual, su contexto histórico, y los desafíos del desarrollo, esas políticas (económicas incluidas)  se relacionan menos con técnicas de gerencia y habilidades de gestión, y más con capacidad para aplicar el conocimiento a la innovación, transparencia informativa, descentralización no limitada a desconcentrar las decisiones, evaluación informada de los problemas, transformación del sector estatal hacia una mayor autonomía y horizontalidad de sus instituciones, valoración de impactos sociales y políticos en sectores sociales en desventaja, extensión del sector no estatal y papel de los nuevos sujetos económicos, funcionamiento eficaz de la ley y participación ciudadana real.

En estas y otras capacidades se probará realmente el nuevo gobierno.

Consideraciones finales: ¿cuáles preguntas?

A lo largo de casi 59 años, desde que “las guerrillas bajaron de la Sierra”, la capacidad del orden político cubano de reproducirse mediante el cambio es la clave de su estabilidad. Entre el socialismo de los 60, el de 1970-90, y el que sufrió los embates de la crisis llamada Periodo especial, ocurrieron cambios de fondo, que produjeron más de un reordenamiento del sistema institucional, modificaron los contenidos ideológicos del comunismo cubano, integraron a generaciones que no estuvieron en la Sierra (o el Llano), y se constituyeron sobre una sociedad multigeneracional y cada vez más diferenciada en su estructura socioeconómica.

A partir de los 90, esas críticas y discrepancias, perceptibles alto y claro en  una esfera pública cada vez más autónoma, obtuvieron carta de naturalización “dentro” del sistema, también a oídos de líderes viejos y nuevos.

A pesar de cambios palpables, sin embargo, varios años después de haberle transferido el mando a Raúl, algunos expertos afirmaban que Fidel seguía gobernando, pues “eso decía todo el mundo en Cuba”. Aunque las políticas y el estilo de liderazgo de Raúl resultan bien diferentes, aún algunos declaran hoy que “el modelo carismático de Fidel” siguió vigente en la presidencia de Raúl.

Esa misma inercia mental que impregna las visiones sobre la política cubana determina que el nuevo gobierno sea considerado por algunos, aun antes de tomar posesión, como impedido genéticamente de actuar por sí mismo. La ineptitud para apreciar los cambios políticos reales refleja también un lastre ideológico que no deja ver lo que no responda a un paradigma prefijado. Paradójicamente, este lastre funciona igual en ambos extremos del espectro ideológico --ciegamente en contra o en pro. En efecto, cuando se dice que “no habrá cambio político mientras no exista un sistema multipartido y elecciones presidenciales directas”, los dos extremos coinciden en afirmar la “inmutabilidad” política –de un lado, como maligna; del otro, como virtuosa.

Las preguntas cubanas de fondo sobre el nuevo gobierno se colocan más allá de esta ecuación binaria.  ¿Puede una Asamblea Nacional con un 98 % de militantes del PCC y la UJC interpelar a los ministros, cuestionar su gestión y removerlos cuando haga falta –según norma la Constitución cubana actual y ocurre en otros sistemas socialistas (como Vietnam)? ¿Es la diversidad y el debate de ideas dentro del Partido, las instituciones representativas del Poder popular, las organizaciones e instituciones del sistema, un síntoma de división y debilidad política –o todo lo contrario? ¿Se necesita “un partido de acero” o uno que demuestre “sentido del momento histórico”, “cambie todo lo que deba ser cambiado”, capaz de liderar “con inteligencia y realismo”? (F. Castro, 2000).

La IX Legislatura, que acompañará al nuevo gobierno, y cuya edad promedio es 8 años menor que la del nuevo presidente, podría empezar a ejercer esas atribuciones constitucionales, aunque fuera de modo paulatino, a lo largo de su naciente mandato. Solo eso ya marcaría una renovación de fondo en el funcionamiento del sistema político, y en la dirección del discurso de Raúl Castro durante su presidencia.

El legado de Raúl es importante porque abarca ideas sobre un socialismo sustentable, próspero y democrático, legitimadas por el sello de la “generación histórica”. También lo es porque incluye políticas ya acordadas y anunciadas, en algunos casos, hace dos años o más. Se trata de acabar de aplicarlas, para lo cual el apoyo que el nuevo gobierno reciba de Raúl al frente del PCC resulta crucial.

Sería contradictorio suponer que este pusiera cortapisas a su propio legado, incluido el relevo de un presidente capaz de desempeñarse con efectividad y obtener su propio reconocimiento. Se trata de su transición, la concebida por él para asegurar la continuidad renovada del socialismo cubano. Suponer lo opuesto, sería tan contradictorio como que Fidel, al pasarle el mando, se hubiera dedicado a no dejarlo tomar sus propias decisiones o a no apoyarlas.  

Los retos del nuevo gobierno son conocidos. El primero de una larga lista, en términos de los trabajadores, es restablecer el poder adquisitivo del salario en un mercado de oferta y demanda, privado y estatal, con precios muy por encima del salario promedio. Pero también dispone de fortalezas, que pueden aprovecharse a fondo.

El nuevo presidente dirigirá una sociedad cuya fuerza laboral tiene casi 30 % de graduados universitarios, más que representados en la ANPP, el CC y el Buró Político del PCC; una clase política ampliamente renovada en cada una de sus instituciones; y liderazgos provinciales jóvenes, donde hay figuras capaces, con autoridad política y moral, y apoyo popular. Incorporarlos al nuevo gobierno aplicaría la lección de Raúl sobre la prueba local de los dirigentes políticos, ilustrada en el caso de Díaz-Canel. Entre esos que dirigen el Poder popular y el Partido en las provincias, se incluyen mujeres, que podrían elevarse al nuevo Consejo de Ministros --donde ahora solo son 30 %-- ya que representan la mayoría absoluta de los profesionales del país.

¿Cuál es la composición del Consejo de Estado que eligió la Asamblea? Pero sobre todo, del Consejo de Ministros que el presidente le propondrá en el periodo de sesiones de julio próximo.¿Cuáles los orígenes y experiencia de sus miembros? ¿En qué medida se distinguirá del gobierno de Raúl? Aunque algunos expertos y reporteros no reconozcan sus nombres, es probable que la mayoría del nuevo gobierno esté formada por figuras políticas y técnicos menores de 57 (la edad de Díaz-Canel), pero no outsiders del sistema. O sea, educados y criados en las mismas instituciones, promovidos según sus reglas de mérito, y expuestos a los debates y problemas de los últimos 10-20 años –no egresados de otras escuelas o familias políticas. Su selección podría estar más guiada por la representación de sectores, instituciones y tendencias dentro de ese socialismo cubano actual –en lugar de un gabinete compartido casi totalmente por figuras del partido, contribuyentes y seguidores del candidato vencedor, como ocurriría después de las elecciones (democráticas, claro) en otros lares.
Algunos observadores han imaginado una regla que supuestamente predetermina al vicepresidente como próximo presidente (Rojas, 2018). Sin embargo, vaticinar que el vice en 2018 será el presidente dentro de cinco años carece de fundamento. De cualquier manera, tratándose del “número dos” del gobierno, y su eventual reemplazo, no carece de importancia. El elegido, Salvador Valdés Mesa, es un veterano dirigente sindical y ex-ministro del Trabajo, negro, miembro del Buró Político del PCC –como Díaz-Canel--, que pronto cumplirá 73 años.

En cuanto a la composición de la actual dirección del PCC, este Comité Central deberá permanecer hasta 2021. Sin embargo, los miembros del Secretariado y los del Buró Político pueden renovarse cada vez que el CC del PCC lo acuerde (Estatutos, art. 47). Durante el mandato de Raúl como Primer Secretario del PCC, por ejemplo, se produjeron altas y bajas en ambos órganos, que no coincidieron siempre con los congresos partidarios. Así que no existe regla que determine la permanencia inamovible de ningún miembro, incluidos los actuales “históricos”, en el BP.

Por último, está el tema de “los militares” y su papel en un gobierno presidido por “un civil”. Ante todo, es útil aclarar que las trincheras ideológicas o burocráticas resistentes a los cambios y su implementación no están uniformadas. Confundir el “núcleo duro de la ideología” y la renuencia a las reformas con “los militares” revela poca familiaridad con la dinámica cubana de los últimos diez años.

Tampoco está en la idiosincrasia de esas instituciones militares disponer de feudos de acumulación privada, colocar o descolocar presidentes y gobiernos locales, participar de redes de negocios o contubernio con el crimen organizado, y sacarlas tropas a la calle con vehículos blindados a reprimir manifestaciones –como ocurre en otros países de la región y del mundo gobernados por “civiles”.
Suponer que tienen intereses corporativos propios al punto de desencadenar pugnas “inter-elites” en torno al poder político, que puedan poner en peligro la unidad del gobierno en un momento complejo, exponer la estabilidad del país y la seguridad nacional, ofreciendo un flanco a la intervención directa o encubierta de los EEUU, resulta incongruente con la preservación del sistema, con su formación profesional y cultura institucional, e incluso con sus roles asignados en áreas del sector estatal. 

Como muchos cubanos saben, el nuevo presidente ha sido alguna vez profesor universitario, aprecia el valor del conocimiento para construir políticas públicas ilustradas, sabe cómo comunicarse eficazmente con la gente de la calle, así como con intelectuales, periodistas y funcionarios del Partido. Su reto mayor no radica en entenderse con los militares, sino en lograr que el sesgo tecnocrático y la lógica eficientista de los ingenieros y economistas que constituyen la mayoría del actual gobierno no marquen la proyección del nuevo. Esta es una oportunidad quizás única para renovar el estilo político gubernamental, dejar atrás definitivamente el del puesto de mando y la guerrilla, y hacer uso extensivo de todas las tecnologías de la información y de la comunicación, para algo tan vital como compenetrarse con la gente y sus problemas; dejar atrás imágenes de los dirigentes como instructores políticos o tecnócratas, y ejercer un rol más cercano al de pedagogos capaces de escuchar y dialogar, conseguir la participación de los trabajadores en la solución de los problemas, clave para articular un nuevo consenso.

En el fondo, el desafío que se le presenta a este nuevo gobierno es el de una transformación cultural en el estilo de hacer política en Cuba.

La Habana, 17 de abril, 2018.
Rafael Hernández es politólogo y dirige la revista cubana de ciencias sociales Temas

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Referencias.

Vegard Bye, “Cuba´s Uncertain Future”, Georgetown Journal of International Affairs, May 4, 2017.http://journal.georgetown.edu/cubas-uncertain-future/
BBC Mundo, “¿Quiénes son los candidatos para suceder a Raúl Castro y quién tendrá el poder real en la nueva etapa que comienza?”, 12 de marzo, 2018. http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43267532
“El bienestar de los cubanos, clave del Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030” (Yudy Castro Morales y Sergio Alejandro Gómez, Comisión 2, VII Congreso PCC), Granma, 17 de abril 2016.
Fidel Castro, “Discurso en la Plaza de la Revolución”, 1 de mayo de 2000. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f010500e.html
Raúl Castro Ruz, “Discurso en el acto por el aniversario 45 de la fundación del Ejército Occidental, San José de las Lajas, 14 de junio de 2006.”
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Por Cuba. Elecciones generales 2017-2018. SUPLEMENTO ESPECIAL. Jueves 1-martes 13, Febrero del 2018 (serie). www.granma.cu


[1] En lo adelante, las citas textuales entrecomilladas de Raúl corresponden a discursos públicos pronunciados entre 2006 y 2016.
[2] Con esta metáfora (que algunos lectores de novelas han tomado como un concepto explicativo de la sociedad cubana actual) se identifica a la generación que fue demasiado joven para acceder a la movilidad ascendente de los 60 y 70, y aunque luego asumió arduas tareas (como la guerra de Angola), habría tenido la supuesta fatalidad de resultar muy vieja para relevar a la “generación histórica”, al final de los años de presidencia de Raúl Castro.

http://laperspectives.blogspot.com/2018/04/exclusive-cuba-probable-la-transicion.html


El nuevo gobierno asume sin sorpresas y rodeado de desafíos



Tras ser investido, el nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se dirige a los participantes en el cierre de la sesión de apertura de la IX Legislatura de Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), en el Palacio de Convenciones, en La Habana. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 19 abr 2018 (IPS) - Sin sorpresas, con calma en campos y ciudades y en medio de drásticos giros políticos en el continente americano, un nuevo gobierno se estrena en Cuba presidido por el ingeniero Miguel Díaz-Canel, de 57 años, en lo que cierra de una manera u otra la era de los Castro en este país insular caribeño.

Calificado de cambio generacional dentro del gobierno socialista cubano, la prevista ascensión a la presidencia del político que descolló como dirigente en dos importantes provincias y ministro de Educación Superior conlleva novedades como la llegada al poder de un civil y sin el apellido Castro por vez primera desde 1959.

En su primer discurso realizado esta mañana ante el parlamento y televisado, el nuevo mandatario se dirigió a la nación “con la conciencia de que no estamos inaugurando una Legislatura más” y reiteró de diferentes maneras la importancia de que las y los diputados propicien la participación ciudadana y el gobierno colectivo.

Ataviado de gris, Díaz-Canel ratificó que “continuará el perfeccionamiento del socialismo” y mantendrá como “prioridades internas” los problemas socioeconómicos definidos por la administración saliente, mientras ratificó la urgencia de que Cuba avance en el acceso y uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Además, indicó que se aplazaba hasta la sesión de julio la conformación del Consejo de Ministros y entre tanto seguirá actuando el gabinete heredado de Castro, quien presidió el país desde 2006, los primeros dos años en funciones, por la enfermedad de su hermano Fidel Castro, fallecido en 2016.

Con palabras de halago al rol histórico y legado de su antecesor, Díaz-Canel anunció al parlamento que Raúl Castro “encabezará las decisiones de mayor trascendencia en el presente y el futuro de la nación”, como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Durante miércoles 18 y este jueves19,, cuando se realizó la sesión constitutiva de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral), las cámaras de la televisión local mostraron al mandatario saliente, de 86 años, sonriente, activo y de buen semblante, sentado en el plenario de 605 diputados.


Miguel Díaz-Canel (I), nuevo presidente de Cuba, y su antecesor, Raúl Castro, quien se mantiene como primer secretario del Partido Comunista, saludan con sus brazos entrelazados durante la clausura de la sesión parlamentaria en que se produjo en relevo en la cúpula del país. Crédito: Adalberto Roque/AFP-POOL-IPS

Castro permanece al frente del PCC hasta 2021, el único partido legal en el país de gobierno socialista desde 1961 y definido por la Constitución (1976) como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”.

En sus palabras que siguieron las de Díaz-Canel y que fueron más extensas y espontáneas de lo habitual, el ya expresidente Castro abordó asuntos internos como la representatividad de mujeres, jóvenes y afrodescendientes en el gobierno, anunció sin precisar fecha la presentación de una nueva Constitución a referendo y comento el contexto internacional en que se produce el relevo.

Precisó que el hecho inédito de que el nuevo presidente cubano no sea el primer secretario del PCC será temporal, pues se prevé que en tres años más Díaz-Canel también asuma ese cargo.

En la semana previa al cambio presidencial, la atención ciudadana se centró en quiénes ocuparían los principales cargos del Consejo de Estado, el máximo órgano ejecutivo del país.

Esa institución está compuesta por 31 integrantes donde se entremezclan rostros jóvenes y del grupo que llevó la Revolución Cubana de 1959 al poder, que es conocida como la “generación histórica”.


El empleado de una cafetería estatal en La Habana observa la transmisión en vivo de la sesión de La Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento) en que se eligió al nuevo presidente, vicepresidentes y otros miembros del Consejo de Estado, máximo órgano ejecutivo de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Como primer vicepresidente del Consejo de Estado, se desempeñará desde ahora el otrora líder sindical Salvador Valdés Mesa (72 años), quien sustituiría al presidente en situaciones excepcionales.

El resto de las vicepresidencias están dominadas por mujeres, entre ellas una funcionaria poco conocida de la segunda ciudad en importancia del país, Santiago de Cuba.

Se trata de Beatriz Johnson, la gobernadora de esa urbe del oriente cubano, adonde se rumorea que Raúl Castro se irá a vivir ahora. Las otras mujeres en el ejecutivo son la Contralora General de la República, Gladys Bejerano e Inés María Chapman, presidenta del estatal Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos.

Completan las vicepresidencias Roberto Morales, ministro de Salud Pública, y el comandante Ramiro Valdés, la figura más representativa de la generación histórica que aún permanece en altos cargos del gobierno.

Más de 35 por ciento del Consejo de Estado fue renovado, son mujeres 48 por ciento y las personas negras y mestizas representan más de 40 por ciento. El promedio de edad de esa instancia es de 54 años, debido a que más de 70 por ciento nació después del primero de enero de 1959, cuando triunfó la última revolución cubana.

Y, en la presidencia parlamentaria para los próximos cinco años, se mantuvieron Esteban Lazo, Ana Mari Machado y Miriam Brito, como presidente, vicepresidenta y secretaria, respectivamente.

“Todos están de acuerdo que tendremos nuevo país… Y yo diría más… tendremos nuevo estado, nuevo gobierno, nueva política, y algo será distinto pero no sabemos qué ni cuánto”, valoró a IPS el jurista Julio Antonio Fernández, sobre cómo es recibido el cambio político por la población local de 11,2 millones de habitantes.

El gobierno investido este jueves 19 hereda un país que vive una nueva recaída económica en la crisis que comenzó en 1991, una composición socioeconómica diferente por el creciente sector no estatal que cubre 25 por ciento de la economía aún muy centralizada y estatalizada, y la ampliación de las brechas de desigualdad, entre otros.


Un grupo de personas festeja el 16 de abril en La Habana, durante la conmemoración del 57 aniversario de la declaración del carácter socialista de la Revolución Cubana, uno de los últimos actos bajo el mandato de Raúl Castro. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Y el escenario en el continente americano donde deberá probar su capacidad diplomática anuncia más conflictos a enfrentar por la cúpula política cubana.

Justo antes de su investidura, el 17 de abril, el gobierno de Canadá declaró su misión diplomática en La Habana “sin acompañamiento de familiares”, debido a las afectaciones a la salud sufridas entre 2016 y 2017 por diplomáticos estadounidenses y canadienses y sus familiares por causas aún desconocidas.

Ottawa, que hasta entonces había manejado en silencio el conflicto diplomático, entra en una nueva etapa en su larga relación de respeto y cercanía con el país caribeño, donde tiene fuertes nexos económicos en sectores claves como el níquel más cobalto y resulta su primer emisor de turistas internacionales.

Una declaración de la cancillería cubana, del 18 de abril, indicó que Cuba “respeta la decisión adoptada por el Gobierno de Canadá pero la considera carente de justificación”, al tiempo que aseguró que “continuará trabajando constructivamente” con el país norteño “en estrecha comunicación por la vía diplomática”.

Los problemas de salud aún bajo investigación y sin causas ni culpables probados provocaron un retroceso, el 29 de septiembre de 2017, en el deshielo entre Cuba y Estados Unidos. Sendas misiones diplomáticas se mantienen profundamente reducidas y con un trabajo bilateral menguado, tras dos años de acercamiento sostenido.

“El éxito (de Díaz-Canel) dependerá de cuán pronto la racionalidad regrese a la política de Estados Unidos” y “la cantidad de poder real que su generación tenga en el Partido, el ejército y la economía”, comentó vía correo electrónico desde Estados Unidos a varios periodistas John McAuliff, director ejecutivo del Fondo para la Reconciliación y el Desarrollo, organización estadounidense que trabaja por la normalización de relaciones con Cuba.

El politólogo cubanoamericano Arturo López-Levy dijo a IPS que, “en teoría, el cambio generacional en el gobierno cubano puede favorecer las acciones anti-embargo porque la política de embargo/bloqueo contra Cuba fue codificada (…) como una estrategia centrada en Fidel (1926-2016) y Raúl Castro”.

En la parte sur del continente, donde la izquierda tuvo una etapa dorada, hoy campean gobiernos de derecha y la inestabilidad política afecta en diferentes dimensiones a varios países que fueron claves para Cuba, como Argentina, Ecuador, Brasil y muy especialmente Venezuela.

Edición: Estrella Gutiérrez

Instrumentos para comprender el Siglo XXI

Viento Sur



En un artículo de 1925, Keynes exclamaba: "¿Cómo puedo admitir una doctrina que convierte en Biblia, sustrayéndolo a cualquier crítica, a un volumen caduco de economía política, que no sólo es falso desde un punto de vista científico, sino que ni siquiera tiene ningún interés, ninguna aplicación posible en el mundo actual?" 1/. Más recientemente, Jonathan Sperber, autor en 2017 de una biografía de Marx 2/, se muestra igual de categórico: "En la obra de Marx se encuentran pocas cosas que interesen a las tendencias de la economía o de la teoría económica de final del siglo XIX y del siglo XX."Pero otros piensan, por el contrario, que las aportaciones de Marx no están caducadas y que siguen siendo una referencia fecunda para la comprensión del capitalismo contemporáneo.

Aún situándose en continuidad con los clásicos (de Adam Smith a David Ricardo), la obra de Marx introduce una ruptura y deduce de su enfoque crítico conclusiones peligrosas para el orden establecido. Hacía falta pasar de la economía política a la ciencia económica y bifurcar hacia otro paradigma, por las razones claramente expuestas por John Bates Clark: "Los trabajadores, se nos dice, son permanentemente desposeídos de lo que producen [...] Si esta acusación tuviera fundamento, cualquier persona dotada de razón debería hacerse socialista, y su voluntad de transformar el sistema económico expresaría su sentido de la justicia". Por tanto, hay que "descomponer el producto de la actividad económica en sus elementos constitutivos, para ver si el juego natural de la competencia lleva o no a atribuir a cada productor la parte exacta de riquezas que contribuye a crear" 3/. Es la teoría del reparto, dominante hoy día.

En el libro II de El Capital, Marx expone sus esquemas de la reproducción 4/ distinguiendo dos grandes secciones: la sección I que produce los bienes de inversión y la sección II que produce los bienes de consumo. Describe las condiciones de reproducción, dicho de otra forma las relaciones que deben existir entre la producción de las empresas y sus mercados. Estas relaciones se expresan en valor de cambio, pero Marx insiste también en que la estructura de esta oferta debe corresponder a la demanda social en términos de valor de uso. Este enfoque de Marx está inspirado evidentemente en el famoso Tableau économique de François Quesnay 5/ que era, según decía, una "exposición tan simple como genial para su tiempo" 6/.

Aunque no partía de cero (podrían citarse también a Steuart 7/ o Sismondi 8/ entre sus fuentes de inspiración), se puede sostener que Marx es el fundador de la macroeconomía moderna. Así lo reconocía la keynesiana de izquierda Joan Robinson, por lo demás severa crítica de Marx: "Partir de Marx habría ahorrado [a Keynes] muchos problemas" 9/. Incluso Paul Samuelson, blanco favorito de Joan Robinson y también crítico caustico de Marx, lo reconocía así: "Todos habríamos ganado si hubiéramos estudiado antes los cuadros de Marx" 10/.

Las finanzas vistas por Marx

Pero el mejor homenaje es el de Wassily Leontief, en 1937: "[Marx] ha desarrollado el esquema fundamental que describe las relaciones entre las ramas de los bienes de consumo y de los bienes de equipamiento. Aunque no ha cerrado la cuestión, el esquema marxista sigue constituyendo una de las raras proposiciones sobre las que existe un amplio consenso entre los teóricos del ciclo económico." Y añade: "El análisis contemporáneo del ciclo económico se debe claramente a la economía marxista. Sin plantear el tema de la prioridad, no sería exagerado decir que los tres volúmenes de El Capital han ayudado más que cualquier otro trabajo a poner esta cuestión en el centro del debate económico" 11/.

Uno de los ingredientes de la crisis actual es la creencia de que las finanzas son una fuente autónoma de valor. Esto no es nada nuevo: "Para los economistas vulgares que intentan presentar al capital como fuente independiente del valor y de la creación de valor, esta forma es evidentemente una bendición, porque hace irreconocible el origen de la ganancia y otorga al resultado del proceso de producción capitalista -separado del proceso mismo- una existencia independiente" (El capital, Libro II, capítulo 24).

Desempleo y ejército de reserva

Este tipo de ilusión sólo es posible si se apoya en una teoría aditiva del valor, en la que la renta nacional se construye como la suma de las remuneraciones de los diferentes factores de producción. La teoría marxista por el contrario es sustractiva: las formas particulares de ganancia (intereses, dividendos, rentas, etc.) son punciones de una plusvalía global cuyo volumen está predeterminado. No puede enriquecerse durmiendo más que sobre la base de esta punción operada en la plusvalía global, de manera que el mecanismo tiene límites: los de la explotación, que es el verdadero fundamentode la Bolsa. La crisis significa entonces la vuelta de lo real, como una llamada al orden de esta dura ley del valor.

Desde hace cuatro décadas, el capitalismo contemporáneo se caracteriza por la persistencia de un paro masivo y la extensión de la precariedad. Una de las maneras de explicar esta situación es invocar la existencia de una tasa de paro de equilibrio, calificado a veces como natural. Pero la "tasa de paro que no acelera la inflación" (el Nairu) es también la que no hace bajar la tasa de ganancia. Se redescubre así "el ejército de reserva industrial" del que hablaba Marx: "La diferente proporción en que la clase obrera se descompone en ejército activo y ejército de reserva, el aumento o la disminución de la sobrepoblación relativa, el grado en que se encuentra bien comprometido, o bien desprendido, en una palabra, sus movimientos de expansión y de contracción alternativos correspondientes a su vez a las vicisitudes del ciclo industrial, es lo que determina exclusivamente estas variaciones" (El capital, libro I, capítulo 25). Se encuentra ahí una descripción bastante fiel de las reglas de funcionamiento de un capitalismo que pretende aumentar la tasa de explotación manteniendo la presión ejercida por el paro masivo sobre los salarios y a desconectar su progresión de las mejoras de productividad.

Un capitalismo mundializado

El hilo conductor del análisis de Marx es que "la base [del modo de producción capitalista] está constituida por el propio mercado mundial" (El capital, libro III, capítulo 20). Esta intuición fue prolongada por los teóricos del imperialismo que mostraron que la economía mundial debía ser considerada como un conjunto estructurado de manera asimétrica. Hoy día la mundialización se caracteriza por mecanismos nuevos (cadenas de valor mundiales, emergencia, etc.), pero el hecho esencial es la total libertad de los capitales.

Un empresario, Percy Barnevik, entonces presidente del grupo helvético-sueco ABB, definió en 2001 la mundialización como "la libertad para mi grupo de invertir donde y cuando quiera, de producir lo que quiera, de comprar y de vender donde quiera y tener que soportar el menor número de obstáculos en materia de derecho laboral y de legislación social" (citado por Le Devoir, Montréal, 5/05/2001). Es la trayectoria contemplada por Marx: "Las leyes inmanentes de la producción capitalista conducen al entrelazamiento de todos los pueblos en la red del mercado universal". (El capital, libro I, capítulo 32).Una de las tendencias más llamativas del capitalismo contemporáneo es la de intentar (re)transformar en mercancía lo que no es o no debería serlo, en primer lugar los servicios públicos y la protección social. Pero lo que el capitalismo contemporáneo querría reducir a la condición de pura mercancía es sobre todo la propia fuerza de trabajo. El objetivo de las reformas del mercado de trabajo es no tener que pagar al asalariado más que cuando produce valor. Esto implica reducir al mínimo y hacer recaer sobre las finanzas públicas los elementos de salario socializado, remercantilizar las jubilaciones (fondos de pensiones) y la salud (seguros privados), incluso hacer desaparecer la noción misma de duración legal del trabajo.

Este proyecto da la espalda al progreso social, que ha pasado siempre por la desmercantilización del trabajo. Para Marx, la extensión del tiempo libre, posible por los progresos de la productividad, es la palanca que debería permitir que el trabajo no sea ya una mercancía y que la aritmética de las necesidades sociales sustituya a la de la ganancia. Es la perspectiva que esboza al final de El Capital.

Sobre las repetidas crisis

Para funcionar de manera relativamente armoniosa, el capitalismo necesita una tasa de ganancia suficiente y mercados. Pero con una condición suplementaria que afecta a la forma de estor mercados: deben corresponder a sectores susceptibles, gracias a las mejoras de productividad inducidas, de hacer compatible un crecimiento sostenido con una tasa de ganancia mantenida. Desde este punto de vista se puede analizar el paso del capitalismo de su fase fordista a su fase neoliberal, caracterizada sobre todo por este hecho estilizado 12/: la tasa de ganancia se ha restablecido, pero a ella no han seguido ni la tasa de acumulación ni la productividad.

El actual estancamiento del capitalismo en una fase depresiva proviene de una desviación creciente entre la transformación de las necesidades sociales y el modo capitalista de reconocimiento y de satisfacción de estas necesidades. Pero esto implica que el perfil particular de la fase actual moviliza, sin duda por primera vez en la historia del capitalismo, los elementos de una crisis sistémica.
Este análisis nos lleva al nivel más fundamental de la crítica marxista. Según Marx, el capitalismo es un sistema injusto (explotación) e inestable (crisis). Pero es también, llegado a cierto punto, un sistema que aparece como irracional, a causa de los mismos éxitos que le han permitido su propio modo de eficacia.

La posibilidad de otro cálculo económico

El enfoque marxista de la dinámica a largo plazo del capital podría ser resumido así: la crisis es segura, pero la catástrofe no lo es. La crisis es segura, en el sentido de que todos los arreglos que el capitalismo invente, o que se le imponga, no pueden suprimir de forma duradera el carácter desequilibrado y contradictorio de su funcionamiento. Pero estos cuestionamientos periódicos que acompasan su historia no implican en absoluto que el capitalismo se dirija inexorablemente hacia el derrumbe final. En cada una de estas grandes crisis, la opción está abierta: o el capitalismo es derribado, o se recupera bajo formas que pueden ser más o menos violentas (guerra, fascismo) y más o menos regresivas (giro neoliberal).

Por tanto, en la obra de Marx, se encuentran instrumentos útiles para el análisis del capitalismo contemporáneo. Sin embargo, la verdadera especificidad del enfoque marxista reside en su crítica de la economía política (éste es por cierto el subtítulo de El Capital), que postula la posibilidad de otro cálculo económico: la humanidad debería aspirar a maximizar (colectivamente) su bienestar en lugar de dedicarse a la maximización (privada) de la ganancia.

Pero ocurre que el capitalismo es un sistema compacto cuyos recursos fundamentales son invariables (más allá de sus encarnaciones concretas). Es por tanto difícilmente reformable, y aún más porque hoy día tiende a recrear las condiciones de un funcionamiento puro que se opone frontalmente a la satisfacción de las necesidades sociales y a la gestión de los desafíos ambientales. Se plantea entonces la cuestión de un cuestionamiento radical de este funcionamiento.

1/903/2018


Notas:

1/ John Maynard Keynes, "A Short View of Russia", Nation and Athenaeum, 10 y 25/10/1925 ; traducido en Essais de persuasion, 1931, bit.ly/2iTBQHt.
2/ Jonathan Sperber, Karl Marx, homme du XIXe siècle, Piranha, 2017.
3/ John Bates Clark, The Distribution of Wealth. A Theory of Wages, Interest and Profit, 1899, bit.ly/2ASV1fe.
4/ "Action de reproduire industriellement les valeurs consommées", según el Tableau économique (1758) de François Quesnay.
5/ François Quesnay, "Analyse de la formule arithmétique du Tableau économique", Journal de l’agriculture, du commerce et des finances, junio 1766, bit.ly/2ASXi9S.
6/ Karl Marx, en el capítulo "Sobre la historia crítica" del Anti-Dühring de Friedrich Engels, que redactó en lo esencial, bit.ly/2ATONM2.
7/ James Steuart, An Inquiry into the Principles of Political Economy, 1767, bit.ly/2iSIldr.
8/ Jean Charles Léonard Simonde de Sismondi, Nouveaux principes d’économie politique, 1819, bit.ly/2iSykgj.
9/ Joan Robinson, "Kalecki et Keynes", en Essays in Honour of Michal Kalecki, 1964, bit.ly/2AS4N0U.
10/ Paul A. Samuelson, "Marxian Economics as Economics", The American Economic Review, Vol. 57, No 2, Mayo 1967, bit.ly/2ASVC0s.
11/ Wassily Leontief, "The Significance of Marxian Economics for Present-Day Economic Theory", The American Economic Review, Vol. 28, Nº 1, Papers and Proceedings of the 50th Annual Meeting of the AEA, March 1938, bit.ly/2APhoCd.
12/ Constatación de orden empírico, por lo general no cuantificado, pero considerado representativo del funcionamiento de la economía.
Artículo original en inglés: https://www.alternatives-economiques.fr/outils-comprendre-xxie-siecle/00083731
Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article13699

Desigualdad y explotación

Por  Michael Roberts
Recientemente me encontré con un interesante artículo de Ian Wright, de la Open University, Reino Unido. Escrito en noviembre de 2016, Wright considera que la causa del aumento de la desigualdad económica, tan evidente en los últimos 30 años o más en la mayoría de las grandes y pequeñas economías. Wright rechaza las causas atribuidas por la teoría económica convencional a la creciente desigualdad: es decir, la distribución desigual de los beneficios y los salarios o la reducción de impuestos a los ricos; o la automatización que habría reducido relativamente los salarios de aquellos que no trabajan en  las industrias 'basadas en el conocimiento'. En cambio, las causas del aumento de la desigualdad deben encontrarse en la naturaleza misma del modo de producción capitalista. Como Wright escribe, “el capitalismo es un sistema en el cual una clase económica explota de forma sistemática a otra. Y su explotación económica - no la vivienda, las políticas fiscales o los bajos salarios - son la causa fundamental de la desigualdad económica que vemos a nuestro alrededor”.
El original análisis matemático desarrollado por Wright describe el capitalismo como un sistema anárquico que genera lo que la física llama entropía: “la actividad de intercambio del mercado actúa igual que una coctelera: todo lo mezcla, asignando las cosas al azar, y la maximizando la entropía del sistema”. Como resultado, “podríamos pensar que las diferencias de riqueza deben ser consecuencia de las circunstancias de nacimiento o de la virtud personal. Pero el principio de maximización de la entropía nos dice que hay un factor causal mucho más importante. Rápidamente obtenemos una desigualdad extrema de ingresos, incluso en una economía con individuos idénticos con dotaciones iniciales idénticas de dinero”.
Wright desarrolla un modelo de capitalismo que se basa en este principio de entropía en una economía de mercado, pero ademas, “al maximizar la entropía con la única limitación de conservar el dinero se obtiene una distribución exponencial de la riqueza. Que es bastante desigual. Así que la primera causa de la desigualdad es lo que Adam Smith llamó el regateo del mercado. Dado que las personas son libres de comerciar, la entropía aumenta y la distribución del dinero se hace desigual”. Pero Wright sostiene que “no encontramos una distribución exponencial en las economías capitalistas reales. Encontramos algo más complejo. Esto se debe a que las economías capitalistas obedecen a restricciones adicionales sobre cómo el dinero se mueve entre los individuos. Los mercados no son la única causa de la desigualdad que vemos en el capitalismo”.
El otro aspecto es la explotación de mano de obra para obtener un beneficio. Los capitalistas acumulan beneficios como capital. “Las empresas siguen una ley potencial de distribución por su tamaño. Y el capital se concentra de la misma forma. Un gran número de pequeños capitales explota a un pequeño grupo de trabajadores, y un pequeño número de grandes capitales explota a un gran grupo de trabajadores. Los beneficios son más o menos proporcional es al número de trabajadores empleados. Por lo tanto, el ingreso capitalista también sigue una ley potencial. Cuantos más trabajadores explotan mayor ganancias obtienen. Cuanto mayores son las ganancia que obtienen, mayor el el número de trabajadores que pueden explotar”. Esta es la razón de la creciente desigualdad cuando no hay control de la acumulación de capital. Como Wright resume: “la arquitectura social fundamental del capitalismo es la causa principal de la desigualdad económica.  No hay capitalismo sin desigualdad: es una consecuencia ineludible y necesaria de las reglas del juego económico”.
Este análisis matemático concuerda muy bien con la evidencia empírica. Por ejemplo, Simon Mohun, Profesor emérito de Economía,  ha publicado un documento que demuestra que el análisis de clase de Marx, que se basa en la propiedad de los medios de producción (el propietario de los medios de producción que explota a los que no poseen más que su fuerza de trabajo), sigue siendo en general correcto, incluso en las economías capitalistas modernas, como los EEUU. Encontró que la clase trabajadora - los que solo dependen de salarios para vivir - todavía constituyen el 84% de la población activa. Los gerentes constituyen el resto, pero sólo el 2% (Qc en el gráfico) en realidad pueden vivir solo de sus rentas, intereses, ganancias de capital y dividendos. Ellos son la clase capitalista real. Y ese tanto por ciento ha cambiado poco en 100 años.
Por otra parte, este es el grupo que ha ganado más durante los últimos 30 años de creciente desigualdad. El ingreso de esta clase capitalista (Qc) ha aumentado de aproximadamente 9 veces los ingresos promedios de la clase obrera a 22 veces más, mientras que los gerentes (LPD) han aumentado de 2,5 veces a 3,5 veces los ingresos de los trabajadores. Por lo tanto el aumento de la desigualdad es principalmente resultado de una mayor explotación, un aumento de la tasa de plusvalía, en términos marxistas.
Ya analicé en 2013 la obra del padre de la investigación sobre la desigualdad, Sir Anthony Atkinson, tristemente fallecido, que demostró que no eran la nueva tecnología ni la globalización las causas del aumento de la demanda de trabajadores cualificados en relación con los no cualificados y de sus mayores salarios, como defiende la economía convencional. Atkinson desestimó esta apología neoclásica. Los mayores aumentos en desigualdad tuvieron lugar antes de la globalización y la revolución dot.com de la década de 1990.
Lo decisivo para el capitalismo es la plusvalía (ganancia, interés y renta), no las diferencias en los ingresos salariales o el gasto. La principal característica de los últimos 100 años de capitalismo no ha sido la creciente desigualdad de ingresos que como muestra Atkinson, no siempre ha aumentado. La característica principal ha sido la concentración y centralización de la creciente  riqueza, no de los ingresos. Y lo ha sido de la riqueza concentrada en los medios de producción y no sólo de la riqueza de los hogares. Eso ha generado una ley potencial de la desigualdad en la parte superior.
Un estudio muestra lejos que ha llegado en los últimos tiempos. Tres teóricos de sistemas en el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich han desarrollado una base de datos de 37 millones de empresas e inversores de todo el mundo y han analizado todas las 43.060 empresas transnacionales y sociedades anónimas que las relacionan (147 las controlan). Construyeron un modelo de quién posee qué y cuáles son sus ingresos, haciendo un mapa de todo el edificio del poder económico. Descubrieron un núcleo dominante de 147 empresas a través de participaciones en otras, que controlan el 40% de la riqueza en la red. Un total de 737 empresas controlan el 80% de todo. Esta es la desigualdad que importa para el funcionamiento del capitalismo: el poder concentrado del capital.
La implicación política de este análisis es evidente. Sí, el aumento de los impuestos a los más ricos del 2%, en particular sobre las ganancias de capital y las 'ganancias' del capital, supondrían alguna diferencia. Atkinson lo demostró en un estudio. Sin embargo, los niveles extremos de desigualdad que la mayoría de las economías capitalistas han alcanzado actualmente sólo disminuirían un poco. Lo que se requiere es poner fin a la explotación (de la mano de obra) por su plusvalía. Ahí es donde opera la ley potencial. Y eso significa poner fin al modo de producción capitalista.
es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente:
https://thenextrecession.wordpress.com/2018/04/11/inequality-and-exploitation/

Millonarios 11 transportistas cañeros en Ciego de Ávila


 Por Héctor E. Paz Alomar ECONOMÍA 20 Abril 2018



Foto: Nohema Díaz

Once choferes responsabilizados con el tiro de caña hacia centrales azucareros de esta provincia de Ciego de Ávila, han conquistado ya el título de Millonarios, al derribar cada uno más de 11 500 toneladas de los dulces tallos, cifra equivalente a un millón de arrobas.

Una decena de estos destacados conductores laboran en la base asentada en el municipio de Baraguá. Son ellos Domingo Jiménez, Noel López, Yoel Torres, Ricardo Díaz, Gresky Ruiz, Leonardo González, Jesús Rodríguez, Adalberto Molina, Jorge Morales y Osmani Rodríguez. Completa la relación el chofer Adolfo Castillo, perteneciente a la base transportista del municipio de Primero de Enero.

Ambos establecimientos están adscritos a la Unidad Empresarial de Base avileña de la Empresa de Transportación y Servicios a la Mecanización Cañera (TRANZMEC).

Rigoberto Trujillo Moreno, especialistas en la Dirección de Recursos Humanos de la Empresa Azucarera Ciego de Ávila, informó que en la semana anterior el pelotón de cosechadoras tradicionales KTP–2M de la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Nguyen Van Troi, del municipio avileño de Baraguá, ganó el primer lugar en la emulación nacional auspiciada por el Grupo Empresarial AZCUBA,

Esa agrupación fue la primera de Ciego de Ávila que arribó a millonaria, por conducto de sus dos operadores, los hermanos Osvaldo e Irenaldo Rojas primeros, también, en acumular la alta cota.

En el orden individual sobresalieron, nacionalmente, tres conductores de cosechadoras mecánicas: los dos anteriores, y el Héroe del Trabajo de la República de Cuba Renán Cabrera Franco, de la UBPC Arabal, del municipio de Chambas. En igual nivel se ubicó en el tercer escaño, la unidad de Atención a Productores Agropecuarios de ese territorio.

Trujillo Moreno agregó que en la lid provincial de fin de semana, apadrinada por la Empresa Azucarera y el sindicato de la rama, el central Enrique Varona González, la unidad de Atención a Productores y la zona correspondiente, fueron las mejores.

jueves, 19 de abril de 2018

Dilma Rousseff a Rafael Correa: "Sacamos a Brasil del mapa mundial del hambre"

Publicado: 19 abr 2018 16:20 GMT | Última actualización: 19 abr 2018 16:22 GMT

En esta nueva edición de 'Conversando con Correa', el expresidente de Ecuador dialoga con Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil destituida mediante un golpe parlamentario en 2016. Durante la charla abordaron los logros de los gobiernos del Partido de los Trabajadores y la reacción conservadora que está viviendo ahora el país más grande de Sudamérica.


Entrevistada por Rafael Correa, la expresidenta brasileña y líder del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, comenzó señalando los logros de sus mandatos presidenciales y los de Lula da Silva.
"Nuestra tarea principal como gobierno, el fin al que se dirigían todas las políticas, era la reducción de la desigualdad", explicó. Asimismo, analizó que este es "un gran problema" a nivel mundial porque "cuando aumenta la desigualdad en los países capitalistas, aumenta también la dificultad de mantener la democracia". 
Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil.
"En Brasil, el enemigo siempre ha sido el pobre y el negro".
Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil.
Como contracara, destacó que durante la última década en América Latina, se atravesó "un proceso de signo contrario" marcado por "políticas de inclusión social, de aumento de oportunidades, de garantía del acceso a la educación, a la asistencia médica y a los ingresos".
En ese contexto enfatizó lo que consideró "un gran logro" de los gobiernos del PT. Junto a Lula "sacamos a Brasil del mapa mundial del hambre de la ONU en el 2014", recordó.

Golpe y crisis

Para Rousseff eso motivó la reacción de los sectores conservadores que la derrocaron y que "aún no han conseguido implementar toda la agenda neoliberal". En su opinión, es por ese motivo que criminalizan a Lula y buscan condenarlo a prisión. "Existe en Brasil una crisis sistemática de todas las instituciones", analizó y aseguró: "Los verdaderos demócratas somos nosotros, no ellos".
Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil.
"Queda mucho por hacer, distribuir la riqueza del país, realizar una reforma tributaria, acabar con el oligopolio de los medios de información y de los bancos".
Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil.
Desde su perspectiva se ha constituido una "justicia del enemigo" donde los procesos judiciales y la legislación "se utilizan como instrumentos de destrucción del enemigo". "¿Quién era el enemigo, el enemigo interno? Éramos nosotros. En Brasil, el enemigo siempre ha sido el pobre y el negro", apuntó.
De todas maneras reconoció que aún "queda mucho por hacer" y enumeró la necesidad de "distribuir la riqueza del país, realizar una reforma tributaria, acabar con el oligopolio de los medios de información y de los bancos". En definitiva, "ampliar la democracia en todas las circunstancias".
Durante este encuentro, Rafael Correa y Dilma Rousseff profundizan también en otras cuestiones de actualidad y de gran interés, que podrán ver en el video del programa que les ofrecemos aquí en su totalidad.

El fin del Imperio del dólar

El petroyuán-oro es una moneda mundial respaldada por el petróleo y el oro, algo que Estados Unidos ya no puede hacer

Wim Dierckxsens y Walter Formento, Krítica

“Todos los exportadores de petróleo a China tendrán que aceptar en primer lugar la moneda china, el yuan a cambio de petróleo. Como incentivo, los chinos ofrecen cambiar los yuanes convertibles en oro”

El imperio del dólar está llegando a su fin. El dólar está a punto de dar un importante paso hacia atrás. En 1944-1945 el dólar-oro se impone luego que Estados Unidos (EUA) se ubicará como uno de los ganadores la Segunda Guerra Mundial y lograra imponer su moneda al Reino Unido, desplazando a la libra esterlina de su lugar de moneda de referencia mundial.

A principios de los años setenta se produce la crisis del dólar-oro (que venía arrastrándose desde 1967) y el dólar dejó de tener respaldo en oro, sin embargo el acuerdo obtenido por el exsecretario de Estado de EUA Henry Kissinger y la Casa de los Saud en Arabia Saudita permitió el nacimiento del llamado petrodólar.

El petrodólar fue la moneda que vino a expresar los intereses de las corporaciones multinacionales estadounidenses ya expandidas a Europa y Japón. En realidad el petrodólar no es la moneda nacional del conjunto de los capitales industriales estadounidenses porque son las corporaciones multinacionales estadounidenses las que dominaban la producción, el comercio mundial y el consumo mundial de energía basada en el petróleo. Por esta razón económica pudieron pactar e imponer esta nueva moneda de referencia mundial, el petrodólar, que en la práctica es una herramienta de extorsión que obliga a todos los países a cambiar producción y trabajo real por una moneda creada a pura deuda, sin respaldo.

Hoy existen cada vez más países que ven el dominio del dólar como un obstáculo para su soberanía y su buen desenvolvimiento dentro de la economía global, lo cual muestra su actual crisis de hegemonía. En el pasado reciente países relativamente pequeños como Irak y Libia fueron invadidos al pretender negociar el petróleo por fuera del ámbito del dólar, y hoy existe una amenaza real de invasión sobre Venezuela porque ha establecido su derecho a negociar su petróleo por fuera del ámbito del dólar.

Es preciso saber que en esta misma coyuntura los países multipolares BRICS con China a la cabeza, el eje con mayor crecimiento económico en los años recientes, se plantearon seriamente lanzar el petroyuán-oro como moneda de referencia mundial. Con el ascenso de este rival –con suficiente fortaleza en diversos planos– por primera vez desde 1944, se podrá hablar con propiedad de un próximo desplazamiento del dólar como moneda dominante, pues ya ha perdido su hegemonía.

El petroyuán-oro es un esquema de moneda mundial que no solo está respaldada por la materia prima más importante, el petróleo, sino también está anclada en el oro, algo que EUA ya no puede hacer. Su ventaja radica en ser un esquema monetario de las economías más dinámicas, que además son grandes productoras y compradoras de oro y que han conformado gigantescas reservas en oro para respaldar al yuan, que por sí sólo no podría avanzar e imponerse.

El 26 de marzo de 2018, después de haberlo pospuesto varias veces, China finalmente tomó la decisión de lanzar en la Bolsa Internacional de Energía el esquema de cambio petroyuán-oro, hecho que producida un cambio de fondo del sistema monetario internacional.

Todos los exportadores de petróleo a China tendrán que aceptar en primer lugar la moneda china, el yuan, a cambio de petróleo. Como incentivo, los chinos ofrecen cambiar los yuanes convertibles en oro. También la Bolsa de Valores de Hong Kong emitirá contratos a futuro en yuanes –en el comercio de petróleo– que serán igualmente convertibles en oro. Los exportadores de petróleo incluso podrán retirar dichos certificados de oro fuera de China, es decir, el petroyuán estará disponible para pagarse hasta en los llamados “Bullion Banks” en Londres. Con la introducción del petroyuán se nos presenta el mayor desafío directo para el dólar, hasta hoy la moneda dominante a nivel mundial en los contratos de petróleo.

La estrategia de China multipolar será no atacar frontalmente al sistema del petrodólar, sino minarlo progresivamente para hacer que el yuan y otras monedas como el euro, el yen, etc., lleguen a ser tan imprescindibles como el dólar, es decir, construir un mundo multipolar de monedas. Hay acuerdos entre el Banco Central de China (PBoC) y el Banco Central de la Unión Europea (BCE) para permitir intercambios directos entre el yuan y el euro. Han firmado estos acuerdos para hacer posible que, finalmente, ambas monedas se fortalezcan mutuamente de manera autónoma y fomenten la interpenetración de los sistemas financieros de ambas regiones. Lo anterior es una clara señal que la Unión Europea mantiene la puerta abierta para integrarse al mundo multipolar.

No solamente hay una amenaza externa para el dólar, el mayor peligro, en nuestra opinión, se encuentra al interior mismo de los EUA. El capital financiero globalista está haciendo todo lo posible para generar un colapso bursátil y atribuírselo a las "fuerzas del mercado", utilizando para ello a sus propios conglomerados de comunicación para esta operación de golpe de Estado del soft power de la manipulación.

El globalismo financiero puede llevarnos a una gran crisis económica financiera no vista desde 1930. Es la crisis de la gran burbuja armada desde los tiempos de Alan Greenspan, quien asumió la presidencia de la Reserva Federal (Fed) en 1987 y la dejó en febrero de 2006, crisis que hoy intentan atribuírsela, por todos los medios, a la “mala” administración del Gobierno de Trump.

El partido demócrata de EUA, verdadero representante político del establishment del capital financiero globalizado, encontraría allí el momento oportuno para forzar el impeachment (destitución) del presidente Trump. De esta manera el globalismo financiero no solo podría sacar fuera de juego a Trump y a los funcionarios que expresan el interés del continentalismo financiero estadounidense y de los capitales nacionales marginados por los globalistas, sino que retomaría el control del Gobierno en EUA, para imponer una moneda global a disposición desde el Banco de Basilea, el banco central de todos los bancos centrales del mundo, bajo pleno control del capital financiero globalizado y más en concreto, bajo la hegemonía del imperio de la globalista Rothschild House.