Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 23 de junio de 2020

Aquella ofensiva


El mundo colorao es la realidad. Este artículo del poeta --ensayista y profesor universitario-- Guillermo Rodríguez Rivera, salió en abril pasado en algunos medios digitales. Hasta donde sé, no ha sido publicado por la prensa cubana, lo que limita que llegue a la mayoría de la gente. Yo no sólo comparto los puntos de vista de Guillermo, que creo muy revolucionarios: estoy convencido de que este análisis es cardinal para quien desee profundizar en la realidad cubana. Por eso aquí lo tienen.
Srd *

AQUELLA OFENSIVA

(Publicado en tres partes, del 12 al 14 de abril de 2010)

Por Guillermo Rodríguez Rivera (1943-2017)

Hace un par de semanas escribí una nota sobre Segunda cita, el último disco de Silvio Rodríguez. Allí sostenía –sin pretender originalidad, porque el propio Silvio lo había dicho al presentar el fonograma en Casa de las Américas–, que este era un disco intensamente vuelto hacia la realidad de Cuba.

En sus escasas cuatro cuartillas –la reseña estaba destinada a ser publicada en uno de nuestros periódicos, cosa que finalmente no ocurrió– se aludía a claras alusiones del trovador a los males actuales del país y citaba estos versos de la canción que justamente da título al disco:

Quisiera ir al punto naciente 

de aquella ofensiva 

que hundió con un cuño impotente 

tanta iniciativa. 

Y, decía yo que, presentados los versos como lo hacía el diario madrileño El País, pareciera que la ofensiva era la propia Revolución Cubana de 1959, mientras que los versos realmente aludían a la Ofensiva Revolucionaria de marzo de 1968, que liquidó en el país toda actividad económica que no fuera la estatal: medianas empresas (de las que quedaban pocas), pequeñas empresas y hasta el puro trabajo privado individual.

Comentaba yo algunos de los males que trajo la Ofensiva de marzo de 1968, pero el espacio de aquella reseña apenas si me dejaba tiempo para abundar. Como sabe todo el que me conoce, yo no soy economista, sino apenas escritor, filólogo y profesor. Estoy seguro que no soy la persona mejor dotada para llevar adelante lo que ahora me propongo hacer: examinar con cierta hondura “aquella ofensiva” y sus consecuencias. He esperado en vano que alguno de los numerosos y brillantes economistas y sociólogos que tenemos lo hiciera, seguramente mejor que yo, pero quien se lanzó con una alusión fue el trovador, así que me imagino que, en este inning, no merecerá anatema el poeta por creer que la economía es demasiado importante como para dejársela a los economistas quienes, encima de eso, no acaban de entrar al cajón de batear.

En marzo de 1968, hacía unos buenos siete años que todos los sectores fundamentales de la economía cubana eran manejados por el Estado y nuestro gobierno. Todas las industrias de importancia, todas las grandes fábricas, toda la banca, más del setenta por ciento de todas las tierras del país, los centrales azucareros, la minería, la extracción y refinación del petróleo, todo el comercio de exportación e importación, todas las líneas de carga por camiones, los ferrocarriles, la líneas de autobuses urbanos e interurbanos, los grandes hoteles, las grandes tiendas, los grandes centros de entretenimiento, la prensa, la radio, la televisión, los centros educacionales y de salud y a ello habría que añadirle un largo, casi interminable etcétera, los poseía y los hacía funcionar el Estado cubano.

¿Quedaba algo fuera del aparato estatal? Quedaba, cómo no. Quedaba una impresionante red de pequeños centros de elaboración de innumerables productos, la red del comercio minorista de las ciudades –bodegas, panaderías, carnicerías, puestos de frutas y viandas, pescaderías, fondas, mínimos restaurantes, bares (sólo en La Habana había 880), gasolineras, quincallas, talleres de diversos rubros: de mecánica automotriz, de arreglos de electrodomésticos, poncheras, barberías, peluquerías, heladerías, etcétera, etcétera, etcétera.

Todo esto era una suerte de infraestructura de economía popular, que subsistía al amparo de la familia.

Todos estos pequeños negocios fueron “intervenidos”. Se había llegado a unos extremos que jamás habían soñado Marx y Engels: la socialización del puesto de fritas. Una clara mayoría de estos negocios fueron simplemente cerrados, no estatalizados, porque todo este laberinto productivo y comercial –hondamente relacionado con la vida real– estaba hondamente reñido con los modos de organización del Estado cubano, y yo diría, con los de cualquier Estado. Simplemente, no podían ser asimilados por el elefantiásico Estado.

Si un hombre tenía una mínima ponchera, digamos, en el patio o el garaje de su casa, no había otro personal que él mismo. El propio sujeto era propietario del lugar o lo tenía rentado; el mismo, que reparaba el ponche en el neumático, daba mantenimiento al equipo que utilizaba para hacer su trabajo, limpiaba el lugar y se procuraba los insumos que eran necesarios para “coger” el ponche porque, si no podía comprarlos producidos por alguna empresa estatal, siempre habría algún productor privado con quien arreglar el suministro de esos insumos imprescindibles para realizar su trabajo. El propio ponchero cobraba al cliente y administraba las realmente modestas entradas del negocio. De ellas vivían, también modestamente pero sin que nada esencial les faltara, el operario y su familia.

Cuando la exigua ponchera fue estatalizada, tuvo que ser asignada a alguna empresa que reuniera a poncheros o, si ello no era posible, al menos tuvo que reunirse con practicantes de oficios semejantes. El humor popular, por esos años, hizo surgir entidades insólitas, como fue por ejemplo la ECOCHINTIM, esto es, la “Empresa Consolidada de Chinchales y Timbiriches”.

Pero cada una de estas unidades debía tener, al menos, un administrador, un responsable de mantenimiento y un auxiliar de limpieza, además de mantener el local, pagar la mensualidad del teléfono, y ya no había una persona y su familia a mantenerse con los ingresos de la microponchera, sino que eran al menos cuatro familias las que debían vivir de esas magras entradas.

Alguien debió calcular cuánto descendieron los volúmenes de producción o la cuantía de los servicios en estos negocios estatalizados y cuántas nuevas dificultades aparecieron para caer encima de las que ya soportaba la población, pero por esos años se decidió que los contadores públicos tampoco debían existir.

Hacía seis años que se había decretado el bloqueo económico, comercial y financiero por el gobierno de los Estados Unidos. Ese mismo año de 1962 apareció la libreta de abastecimiento y los cubanos debimos enfrentar una creciente desaparición de las piezas y los recambios en un país que estaba casi totalmente montado sobre tecnología norteamericana, desde los tomacorrientes de la electricidad hasta las cocinas de los hogares.

En esas circunstancias, el valor de los operarios que ejercían los oficios que solucionaban los problemas que son inevitables en la vida cotidiana, ideando incalculables innovaciones y sustituciones, crecía claramente. Pero esos oficios –el electricista, el plomero, el carpintero, el mecánico, el cristalero, el cerrajero, etcétera, etcétera– que se trasmitían de padre a hijo por generaciones, empezaron a ser denostados: se les llamaba a los que los ejercían, despectivamente, como a los vendedores callejeros, merolicos, tomando una expresión extraña al léxico cubano, que llegaba de una telenovela mexicana.

En las calles de Cuba, donde habían aparecido pregones inmortales como “El manisero” o las “Frutas del Caney”, surgió un género insólito que cabría llamar el antipregón. Uno veía a un señor conversando animadamente en una esquina de Centro Habana, y cuando cruzabas a su lado, el tipo bajaba la voz hasta ser casi un susurro y te decía, como quien comunica la contraseña de un espía: “Maní”.

Hoy el doctor Eusebio Leal, historiador de La Habana, para la noble y extraordinaria tarea que ha sido y es la restauración de la ciudad ha tenido y tiene que recuperar esos oficios que la Ofensiva del 68 condenó prácticamente a la extinción. Ejercerlos fuera del Estado se convirtió en actividad ilegal, fuertemente multada por las instancias jurídicas correspondientes. Lógicamente, ser practicante de un oficio había devenido delito y, consecuentemente, los precios del trabajo de esos oficios, se encareció.

Pero como esa actividad no era permitida, en ninguna tienda estatal se vendían los insumos que estos operarios necesitaban y los negocios privados que podían procurarlos, habían desaparecido. Los operarios que habían decido continuar trabajando a pesar de la prohibición, tenían que procurarse esos insumos por vías fraudulentas, porque la legales estaban cerradas. Pero la vida es infinitamente más fuerte que todas las burocracias: a pesar de que los sabios funcionarios habían decretado como ilegal y capitalista el trabajo de los plomeros, la desviada, la diversionista pila del agua del fregadero empezaba a gotear y había que cambiarle la zapatilla o sustituirla. Y había que conseguir los insumos, la zapatilla o la llave misma, allí donde único los había: en los incontrolados almacenes del Estado, que almacenaban infinitas cosas que envejecían, se deterioraban allí sin usarse. La única puerta abierta era la del robo.

Los comercios que tenían que ver directamente con el diario abastecimiento de las familias –bodegas, carnicerías, panaderías, lecherías, etcétera– habían sido operados durante los primeros años del racionamiento, desde 1962, por sus dueños. 

Recuerdo a esos dueños de bodegas que permanecieron en la Cuba socialista y que manejaban sus comercios con una honradez que hoy se echa de menos.

Hasta entonces, el detallista estafaba a su cliente, si lo hacía, dándole una “libra” de catorce onzas. Pero eran pocos los que incurrían en ello: se habían habituado a tratar con una clientela que era su vecina, y sabían que debían ganarse esa clientela que, antes del racionamiento, podía comprar libremente en cualquier tienda de víveres. Estos viejos pequeños propietarios vivían decentemente, pero ninguno se había enriquecido vendiendo arroz, frijoles, aceite, azúcar y café. 

En lugar de Vicente, el hijo cubano de gallego que vendía en una bodega de la calle 22 del Vedado, empezaron a aparecer unos administradores y bodegueros nombrados por la empresa del MINCIN que traían como aporte esencial al comercio cubano la creación de la “libra” de doce onzas que, en ciertos comercios, ahora ha llegado a ser de diez y hasta de ocho. 

Paulatinamente, los consumidores empezamos a darnos cuenta de que la Ofensiva Revolucionaria que había querido estatalizarlo todo y hacer total el socialismo, había ido creando una serie de negocios privados sostenidos por el Estado. 

Visito con cierta regularidad un establecimiento de pan y dulces en el que habitualmente compro el pan que la familia debe consumir por varios días. Allí, como en otras unidades de la cadena del pan, se comercializa un pan de contextura suave, a 3 pesos la unidad. Resulta más agradable, más fácilmente conservable y de más calidad que el habitual pan de 10 pesos que se vende en la misma cadena, y al que no le ponen la grasa que debe llevar. 

La última vez que llegué a la panadería de la que hablo, estaban colocando en los mostradores los panes suaves, pero me pareció enseguida que esos debían tener otro pecio, porque eran casi la mitad del tamaño de los que habitualmente vendían allí. Cuando pregunté, el panadero me informó que esos panes también valían 3 pesos cada uno. 

Obviamente, producir uno de esos panes llevaba como mínimo un 40% menos de la harina, la grasa y la levadura que se emplea para hacer el pan con el peso establecido. Si ese cálculo que hice “ojo de buen cubero” se aproxima a la verdad, cuando la panadería vende 100 de esos panes, está empleando en ellos únicamente el 60% de la materia prima que tenía asignada para confeccionarlos. Hay un 40% de materia prima que no se empleó y que los operarios usarán después en producir más de 60 panes que venderán al mismo precio y se embolsarán el importe de la venta. Ellos y el administrador de la unidad que debía chequear el peso del pan que vende. 

Así pues, el Estado mantiene el local de la panadería y su equipamiento, la surte de harina, grasa y levadura, paga la electricidad que consume y los salarios del administrador y de todos los trabajadores, que disponen además, fraudulentamente, de un 40% de las ganancias, que se obtienen vendiéndole al pueblo un pan que pesa mucho menos de lo debe pesar. Cualquier pérdida de la panadería –un saco de harina que se eche a perder, por ejemplo– es asumida en su totalidad por el Estado. El neoliberalismo jamás soñó empresas capitalistas con tales ventajas. 

Los servicios informativos de la Televisión Cubana trasmiten unos éticos y combativos cortos en los que los usuarios discuten con los detallistas y exigen victoriosamente el peso que pagan. 

Esa es una cómoda, injusta y cargante manera de decirle al pueblo que su deber es exigirle al que despacha, porque nadie le exige al administrador que debe vigilar y sancionar al que maltrata o roba a sus clientes. ¿No será que el administrador participa en las ganancias? 

Creo que debe pensarse mejor el empleo de esa consigna que aparece a menudo en nuestros medios: tal actividad “es tarea de todos”. 

Es importante concienciar a la población sobre temas que son de su interés, y que irán mejor si el pueblo asume su papel en ellos como son, por ejemplo los temas de salud y medio ambiente, pero ello no puede servir para olvidar que toda tarea tiene un responsable que cobra por hacerla: el orden público, la protección a la propiedad colectiva e individual, por ejemplo, no es tarea de todos sino, esencialmente, de la PNR. Cuando decimos que algo es tarea de todos, podemos disolver la responsabilidad de quien verdaderamente la tiene. 

Pero volvamos a nuestro tema: la Ofensiva de marzo de 1968. 

Actualmente se habla de las “plantillas infladas” en nuestros centros de trabajo. El presidente Raúl Castro ha dicho muy recientemente que los especialistas han calculado que de los millones de trabajadores que cobran sus salarios en las distintas dependencias del Estado cubano, sobra más de un millón. 

El proyecto socialista cubano siempre tendió a “poner la carreta delante de los bueyes”. El Estado revolucionario cubano garantizó, desde su misma aparición, pleno empleo al pueblo cubano. Pero debía tenerse en cuenta que muchos de esos puestos de trabajo no tenían la correspondencia en la producción o la actividad en servicios que hacían los que los ocupaban. Se hacía más bienestar social que economía. 

Esa tendencia no disminuyó nunca, y sus resultados han hecho crisis varias veces, sin que se fuera nunca al fondo del problema. El país casi se arruinó a raíz de la Ofensiva de marzo de 1968 y de la utópica zafra de 1970, que quiso ser un avance decisivo para conseguir la independencia económica de la nación. La solución a los problemas que entonces se generaron, fue la entrada de Cuba en el C.A.M.E, lo que palió muchas insuficiencias de la economía cubana. Ello, hasta el fin de la URSS y del campo socialista europeo, que nos hizo entrar en el crítico “período especial”. 

Nos ha salvado de males mayores, en la última década, la aparición de una Venezuela revolucionaria y del proyecto integrador del ALBA. 

Habría que decir, con justicia, que esa tendencia revolucionaria y progresista que se advierte en América Latina, gobiernos de izquierda electos como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Brasil, no habría sido posible sin la existencia y la resistencia de la Revolución Cubana. 

Cualquier proyecto progresista y destinado a favorecer los intereses de nuestros pueblos, que había aparecido en esta zona del mundo, había sido implacablemente aplastado por el imperialismo norteamericano, liquidador del proyecto reformista de Árbenz en Guatemala, y del proyecto de la transformación social pacífica, que encabezó en Chile el presidente Salvador Allende. Durante décadas el imperio norteamericano, para mantener sus intereses, promovió y mantuvo las más sangrientas tiranías latinoamericanas, llamaránse sus jefes Somoza, Trujillo, Juan Vicente Gómez, Batista, Pérez Jiménez, Stroessner, Pinochet, Videla, Castelo Branco y un largo etcétera de militares formados en los Estados Unidos e instruidos para asesinar a sus pueblos. 

Cuba fue el primer país que enfrentó exitosamente el poder del imperio y ello es algo que ha permitido el cambio que ha generado un proyecto integrador como el ALBA y que, por supuesto, el imperio no le ha perdonado a la Revolución Cubana. 

Si se quiere “desinflar” esas plantillas en las que casi todo el aire lo ha puesto la política paternalista del Estado, habrá que permitir que los que pierdan sus improductivos puestos laborales, puedan hacer cualquier actividad que no sea delictiva, porque hacerlos abandonar sus empleos para echarles encima el mar de prohibiciones que existen para realizar cualquier trabajo, mandaría directamente a esa masa a delinquir, porque ese sería la única manera que tendrían para subsistir ellos y sus familias. 

Las pequeñas y medianas empresas y el trabajo privado individual son necesarios en la Cuba actual, a pesar de que algunos ven estos resortes como capitalistas, porque pueden explotar en algún grado, trabajo ajeno. Pero tienen una insalvable justificación de existencia: son imprescindibles para el socialismo cubano, que apenas está en construcción y al que hay que redefinir en muchos aspectos. Digo, si el socialismo cubano aspira, como ha dicho el presidente Raúl Castro, a mantenerse de sí y a gastar lo que verdaderamente produce. Al fin y al cabo, es cumplir aspiraciones centrales de nuestros próceres y de nuestra historia. Cuando, en las primeras décadas del siglo XX Rubén Martínez Villena pedía “una carga para matar bribones”, era también 

para que la República se mantenga de sí 

para cumplir el sueño de mármol de Martí. 

El general presidente lo ha dicho de modo terminante: " Sin una economía sólida y dinámica, sin eliminar gastos superfluos y el derroche, no se podría avanzar en la elevación del nivel de vida de la población, ni será posible mantener y mejorar los elevados niveles alcanzados en la educación y la salud que gratuitamente se garantizan a todos los ciudadanos." 

Creo que ahora se requiere casi una discusión filosófica, porque los enemigos de las ideas que desarrollo aquí, quieren convertir este asunto en una cuestión principista. Aceptar ese retorno de formas de producción “no socialistas” sería ceder en los principios ante el capitalismo, piensan los que se oponen a la restauración de la mediana y la pequeña empresas privadas. Vamos a discutir ese punto. 

El profesor portugués Buenaventura de Souza Santos (Coímbra, 1940), ha sido editado recientemente en Cuba, a raíz de haber obtenido en el pasado año 2006, el Premio de Ensayo “Ezequiel Martínez Estrada”, que concede Casa de las Américas. Su ensayo se titula La universidad del siglo XXI. Pero este acercamiento a la pedagogía y las teorías de la enseñanza, es apenas una faceta en el trabajo de este hombre, auténtico pilar intelectual de la izquierda, con una vasta obra traducida a varios idiomas, sobre epistemología, teoría del derecho, movimientos sociales, y que es uno de los animadores del foro social de Porto Alegre. 

Dice el profesor de Souza Santos que una sociedad socialista no es aquella donde todas las relaciones que existen son socialistas sino donde las relaciones socialistas hegemonizan a las demás y las hacen trabajar en la dirección de sus objetivos. ¿Era socialista Cuba entre 1961 y 1968, donde subsistían formas de propiedad privada? Yo diría que sí, e incluso me atrevería a decir que era más socialista que la sociedad cubana actual. No tenía males que sólo aparecieron o se recrudecieron intensamente después del paso en falso que fue la Ofensiva de marzo de 1968.

¿Puede un sistema valerse de mecanismos que no son autóctonamente suyos para avanzar? Creo que sí, definitivamente, como asegura el profesor de Souza. 

Sus enemigos de extrema derecha acusan a Barack Obama de impulsar una medida socialista, el referirse a la ley de salud promovida por el mandatario y, aunque con modificaciones, recientemente aprobada por el congreso norteamericano. Y tienen razón. 

Esa idea de dar cobertura de salud gratuita a todos los sectores de la población, con independencia de su status económico, es una medida socialista que, sin embargo, no transformará la sociedad capitalista que son los Estados Unidos de América, pero que responde a reclamos que el capitalismo no puede resolver, y que contribuye a la estabilidad del sistema capitalista que es el hegemónico allí. 

Hay quienes afirman que, si por ejemplo, tenemos ciudadanos económicamente independientes (y esa independencia siempre sería relativa), no se verían obligados a asistir a un acto convocado por el Estado revolucionario, pero a mí me parece que la Plaza de la Revolución se abarrotaba cuando teníamos trabajadores independientes que, por qué no, pueden y deben ser aliados de nuestra Revolución. 

El presidente Raúl Castro lo dijo en el reciente congreso de la UJC:"  La unanimidad absoluta generalmente es ficticia y por tanto dañina". 

Aspiremos a la presencia en la Plaza de los que lo hagan sinceramente (son la clara mayoría) y convenzamos a los que creamos que debemos y podemos convencer. Creo, además, que si el conjunto de la sociedad empieza a mejorar, ello contribuirá al mejoramiento de la perspectiva ideológica y política de los cubanos. 

Si esas plantillas infladas comienzan a desinflarse como la economía lo demanda, para que el dinero circulante de los salarios existentes corresponda a los bienes creados en la producción y los servicios, habrá que darles otras posibilidades a esos trabajadores que tendrían que salir de las nóminas del Estado. No todos querrían o podrían aceptar las opciones prioritarias que, en las circunstancias actuales, el Estado está en condiciones de ofrecer: construcción, agricultura, enseñanza, policía. 

Estas nuevas empresas empezarían a ser una alternativa laboral, a cuyos empleos podrían aspirar muchos cubanos. 

Obviamente, en el año 2010 es imposible reconstruir lo desmantelado en 1968. 

Seguramente ha muerto un importante número entre los que eran entonces medianos y pequeños empresarios o simples trabajadores particulares. Quién sabe cuántos abandonaron el país y cuántos se vieron obligados a encauzar sus vidas de otra manera. Siempre no se puede volver a empezar. 

La posibilidad que tenemos no es la de restaurar, porque seguramente, a una buena porción de los que entonces vieron esfumarse sus empresas o talleres, si estuvieran en condición de recibir la oferta, es seguro que les parecería por lo menos irónica. 

La posibilidad, ahora, es la de construir. 

No descarto ninguna posibilidad a la hora de materializar el proyecto, pero no me gustaría que en ello estuviera en primer plano el dinero aportado por emigrantes, que acaso serían los que más cómodamente estarían en condiciones de colaborar, a través de sus familiares, al establecimiento de estas empresas. No sé tampoco que papel podría desempeñar la inversión extranjera en negocios que trabajarían únicamente con la moneda que gana y gasta el cubano de a pie. Recuerdo, sin embargo, que ETECSA es una empresa mixta que brinda servicios en moneda nacional. 

Deben estudiarse todas las propuestas, pero el modo que me parece más justo y que resulta más en concordancia con nuestra historia y nuestra realidad, es la creación de cooperativas nucleadas en torno a una actividad determinada –mecánica, barbería, peluquería y salones de estética, podólogos, cerrajeros, plomeros, electricistas, carpinteros, etcétera– que pudieran convertirse, a corto plazo, en las bases de empresas medianas y pequeñas, a las que habría que ayudar en su despegue hasta que puedan desarrollarse autónomamente y empezar entonces a aportar dividendos a la sociedad en forma de impuestos sobre ingresos, nunca de patentes que se pagan sin que existan ganancias. Esos mecanismos son saboteadores del trabajo por cuenta propia: ya se han probado y han fracasado. 

La cooperativa debe llevar una seria contabilidad de gastos e ingresos y pagar sus impuestos con arreglo a las ganancias. Se trata de un impuesto sobre ingresos y no de una cómoda patente que la ONAT establece para ahorrarse el trabajo de calcular efectivamente las cifras de ingreso sobre las que debe cobrarse el impuesto. 

En su etapa inicial, el primer objetivo es el resurgir de estas formas de producción y no crearle de entrada obstáculos que más bien, pareciera que pretenden conseguir su fracaso. Hay que darles confianza en que se necesita de su existencia y no que se las alienta hoy para hacerlas desaparecer a la menor oportunidad. 

Acaso nuestra dirigencia piense que, hoy por hoy, el Estado cubano no maneja la liquidez suficiente para ayudar a echar adelante estos proyectos. Yo creo que hay que confiar en la probada diligencia del cubano para llevar adelante una empresa que de veras le importe. Esa sería una condición de la que jamás podrían prescindir estos proyectos. Por otra parte, no todas estas cooperativas tendrían que empezar simultáneamente. Pero las que puedan hacerlo, debían comenzar a organizarse lo antes posible. 

Habría que privatizar gradualmente el comercio minorista, hasta que los detallistas posean los comercios que regentean, mantengan los establecimientos y contribuyan asimismo, a partir de sus ganancias, a colaborar con el incremento del presupuesto estatal, el presupuesto de todos. 

Como organizar estos procesos, debe quedar en manos de nuestros economistas. 

Amigos, compañeros: en estas sucesivas monsergas me he sacado del pecho, a lo peor inútilmente, algo que tenía atravesado en él desde hace cuánto tiempo. Le agradezco a mi hermano Silvio Rodríguez, que me ayudó con el puñado de estupendas canciones de Segunda cita. Por ello, no se me ocurre terminar esta serie, sino con unos hermosos versos de ese disco, que acaso expresen lo que los revolucionarios de mi generación seguimos siendo, más de cuarenta años después: 

Seguimos aspirantes de lo mismo 

que todo niño quiere atesorar: 

una mano apretada en el abismo, 

la vida como único extremismo 

y una pequeña luz para soñar.

* Silvio Rodriguez Dominguez

PESIMISMO INFORMADO


Por Jorge Gómez Barata

La II Guerra Mundial fue como un parteaguas para la economía y las relaciones internacionales, entre otras cosas, porque abarcó un período histórico (1939-1945) suficientemente dilatado como para permitir la maduración de las premisas y las gestiones para cambios históricos, permitió el despliegue de las fuerzas que lo llevarían a cabo y dio tiempo para diseñar la arquitectura del nuevo orden internacional.

A diferencia de lo ocurrido entonces, la COVID-19 carece de potencial para provocar cambios sustanciales en la economía mundial y en las relaciones internacionales, incluso al interior de los países, porque se despliega en un breve período (no más de un año) y por la falta de competencia y de cohesión del liderazgo mundial para tareas de envergadura global.

El mundo que emergió de la II Guerra Mundial fue completamente distinto del anterior porque ante el peligro mortal e inminente del fascismo, se gestó una alianza entre las superpotencias de entonces y se construyó un consenso no ideológico, sino pragmático que permitió levantar una arquitectura capaz de sustentar los trascendentales cambios que tuvieron lugar y que, no obstante criterios que, a pesar de las divergencias al respecto, me parecen que fueron para mejor.

A pesar de la muerte de Roosevelt, la Guerra Fría, el alejamiento de Churchill del poder y la limitada capacidad de Stalin para enfocarse en una estrategia política innovadora, conducidos por los Estados Unidos que emergió de la guerra económica y financieramente fortalecido y con un poderío tecnológico y militar decisivo, incluido el monopolio nuclear, se realizaron cambios que sustentaron una era de prosperidad económica y de consolidación de la democracia la cual, debido al atraso político, América Latina no aprovechó.

El “cambio de época” comenzó cuando espantado por la ferocidad de la Primera Guerra Mundial, el presidente Woodrow Wilson envió más de dos millones de efectivos hacia aquel teatro de operaciones de los cuales 350. 000 fueron bajas, de ellas 130.000 muertos, introdujo los 14 puntos que presuntamente pondrían fin a todas las guerras, al menos en esa escala y que permitieron crear la Sociedad de Naciones, un buen proyecto que fracasó al no poder impedir la II Guerra Mundial.

No obstante, en 1941 antes de involucrarse en la II Guerra Mundial, F.D. Roosevelt, redactó la Carta del Atlántico en cuyo texto impuso a Churchill, que era un colonialista de la vieja escuela, las premisas para la construcción de nuevas relaciones internacionales en la posguerra, con un contenido progresista que permitió a la Unión Soviética sumarse a la coalición aliada.

De ese modo, mientras se combatía en todos los continentes, excepto, en América, mediante siete conferencias de alto nivel efectuadas entre 1941 y 1945 en Moscú, Teherán, Washington, Potsdam, Yalta, Chapultepec y San Francisco, se forjó un consenso entre las superpotencias de entonces, que permitió avanzar en el diseño de la ONU cuya Carta es todavía el más importante documento político de la era moderna. En ese proceso se gestó la voluntad para la descolonización afroasiática.

Cuando la victoria sobre el fascismo era inminente, en 1944 con 44 países (20 latinoamericanos) se efectuó la Conferencia de Bretton Woods que permitió avanzar en la instalación de un nuevo orden económico, comercial y financiero internacional. De allí surgieron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y el GATT. El consenso dio lugar también a la OEA y el BID. El proceso fue complementado por el Plan Marshall y la reincorporación de Alemania y Japón.

Ninguno de aquellos elementos está presente hoy, porque Estados Unidos que pudo sacar ventajas del colapso soviético para reforzar sus posiciones de liderazgo mundial, desaprovechó sus oportunidades y su actual dirigencia está incapacitada para gestionar la reorientación mundial que requeriría de un poderoso escenógrafo que no existe.

La pandemia que en lo que resta de año puede llegar a 20 millones de enfermos, un millón de fallecidos y ocasionar perdidas a la economía mundial por 20 billones de dólares, dejará una enorme zaga de pobreza y dolor y, obviamente, nada positivo.

El mundo no cambiará porque para que ello ocurra tendría que haber líderes que quisieran cambiarlo. Una hoja de ruta y una meta. Nada de eso existe a escala global y no se percibe la existencia de países listos para entronizar innovaciones trascendentales. Mi posición al respecto es la de un “pesimismo informado”. Allá nos vemos.

23/06/2020
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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto! Al
reproducirlo indicar la fuente

Los muchachos que lloraron "el lobo"

Paul Krugman
June 23, 2020


El presidente Donald Trump habla durante un mitin de campaña en Tulsa, Oklahoma, el 20 de junio. Sue Ogrocki / Associated Press

Mire, puedo entender por qué Donald Trump y sus secuaces hicieron la vista gorda ante el coronavirus en febrero. Ya había buenas razones para creer que se avecinaba una pandemia grave, y minimizar el riesgo era profundamente irresponsable. Pero en ese momento había al menos la posibilidad de que las cosas no fueran tan malas, y desde un punto de vista cínico, tenía sentido que una administración que quisiera promocionar una economía en crecimiento para entablar conversaciones felices en lugar de tratar con el problema. 

Pero eso fue hace cuatro meses y 120,000 estadounidenses muertos. ¿Cuál es el punto de mantener la pretensión? Quiero decir, ¿cuál fue el propósito de que el vicepresidente Mike Pence pusiera su nombre en un artículo de opinión que declara que no habrá una segunda ola de infecciones? Nadie en su sano juicio imagina que Pence es una fuente objetiva de información epidemiológica. Y Larry Kudlow, el principal economista de la administración, puede tener credibilidad negativa: si dice algo, es casi seguro que está mal. ¿Por qué él, de todas las personas, le asegura a la nación que no se avecina una segunda ola? 

Los epidemiólogos reales no piensan que el creciente número de casos nuevos sea solo un artefacto de más pruebas. Hace dos meses, las estimaciones de Rt, el número de personas infectadas por cada persona ya infectada, eran inferiores a 1 para la mayoría de los estados, lo que significa que la pandemia parecía estar desapareciendo. Pero ahora están muy por encima de 1 para gran parte del país. Rt en Florida, por ejemplo, pasó de 0,81 a mediados de abril a 1,39 ahora.

Incluso los gobernadores republicanos que estaban entusiasmados por la reapertura rápida parecen muy preocupados. No hubiera esperado que el gobernador de Texas Greg Abbott, quien se apresuró a reabrir el estado y anuló a los gobiernos locales que querían ser más cautelosos, sonara la alarma e instara a las personas a usar máscaras faciales. Pero los datos sombríos y las hospitalizaciones crecientes lo han sorprendido claramente.

En cualquier caso, ¿de qué sirve la negación del virus en este momento, incluso en términos de política cínica? Si la pandemia realmente se desvanece, lo que parece cada vez más improbable, pero aún así, ayudará a las perspectivas de reelección de Trump, digan lo que digan Pence y Kudlow. Pero si empeora, dañarán aún más la credibilidad profundamente dañada de la administración.

Mi mejor conjetura sobre la lógica detrás de la estrategia de coronavirus de la administración es que no hay lógica. Es decir, no hay nadie sentado en la Casa Blanca frente a la realidad de la situación y pensando en cómo jugarlos. En cambio, solo están corriendo en pánico.

La cuestión es que Covid-19 no es el tipo de enemigo que Trump y la compañía querían luchar. No es un político al que puedes demonizar y dar apodos tontos; no se trata de una minoría étnica sobre la que se puede temer y a la que se puede vencer (no es que esa estrategia vaya bien tampoco). Es un problema real que exige soluciones reales, que es algo que el hombre de la Casa Blanca y sus asociados no saben cómo hacer.

Así que todavía fingen que todo está bien. Desafortunadamente, el virus no está escuchando.

LAS RESTRICCIONES DE VIAJE SE REDUCEN MIENTRAS EUROPA LIDERA UN CAUTELOSO REINICIO DEL TURISMO

23 JUN 20

Las restricciones de viaje introducidas en respuesta a la pandemia de COVID-19 empiezan lentamente a aligerarse, lo que permite que el turismo se reactive en un número creciente de destinos. El último estudio llevado a cabo por la Organización Mundial del Turismo (OMT) muestra que el 22% de los destinos del mundo (48 destinos) han empezado a aligerar las restricciones, con Europa a la cabeza. Al mismo tiempo, sin embargo, el 65% de los destinos del mundo (141 destinos) mantienen sus fronteras completamente cerradas al turismo internacional.

Las restricciones de viaje introducidas en respuesta a la pandemia de COVID-19 empiezan lentamente a aligerarse, lo que permite que el turismo se reactive en un número creciente de destinos. El último estudio llevado a cabo por la Organización Mundial del Turismo (OMT) muestra que el 22% de los destinos del mundo (48 destinos) han empezado a aligerar las restricciones, con Europa a la cabeza. Al mismo tiempo, sin embargo, el 65% de los destinos del mundo (141 destinos) mantienen sus fronteras completamente cerradas al turismo internacional.

La OMT, organismo especializado de las Naciones Unidas para el turismo, ha estado haciendo un seguimiento de la respuesta a la pandemia desde el inicio de la actual crisis. Esta quinta edición del informe COVID-19 Related Travel Restrictions: A Global Review for Tourism, (Restricciones de viaje por la COVID-19: examen global para el turismo) muestra que el sector se está reactivando lentamente, aunque la reactivación es significativamente más pronunciada en algunas regiones del mundo.

El secretario general de la OMT, Zurab Pololikashvili, afirmó: “El reinicio del turismo es de vital importancia, para el sustento de muchas personas, para las empresas y para las economías nacionales. Esta última panorámica de las restricciones de viaje globales muestra que un número creciente de destinos está empezando a aligerar esas restricciones que introdujeron como respuesta a la pandemia de COVID-19. Se está haciendo de manera responsable y mesurada. Sin embargo, la crisis no ha acabado y la OMT continuará trabajando con nuestros Estados Miembros de todo el mundo para mitigar el impacto de la pandemia y asegurar que, cuando llegue el momento, el turismo pueda ayudar a impulsar una recuperación responsable y sostenible”.

La crisis no ha acabado y la OMT continuará trabajando con nuestros Estados Miembros de todo el mundo para mitigar el impacto de la pandemia y asegurar que, cuando llegue el momento, el turismo pueda ayudar a impulsar una recuperación responsable y sostenible

Según la OMT, a 15 de junio, el 22% de todos los destinos (48 destinos) han aligerado las restricciones de viaje, cuando a 18 de mayo eran solo un 3% (7 destinos). Los destinos que han aligerado las restricciones de viaje para los turistas son:

37 destinos en Europa, entre ellos 24 de los 26 Estados miembros de Schengen
6 destinos en las Américas, entre ellos 5 pequeños Estados insulares en desarrollo
3 destinos de Asia y el Pacífico, entre ellos 2 pequeños Estados insulares en desarrollo
2 destinos de África

Al mismo tiempo, el informe sobre las restricciones de viaje por la COVID-19 deja claro que muchos destinos mantienen un enfoque cauteloso a la hora de levantar o aligerar las restricciones de viaje. A 15 de junio, el 24% de los destinos del mundo (51 destinos) llevan 19 semanas con restricciones de viaje en vigor, y el 37% (80 destinos) llevan 15 semanas.

En total, el 65% de los destinos del mundo (141 destinos) continúan con sus fronteras completamente cerradas. En África, el porcentaje de destinos en que las fronteras siguen cerradas a los turistas es ahora del 85%. En las Américas, el 76% de los destinos mantiene el cierre total de las fronteras, al igual que el 67% de los destinos de Asia y el Pacífico, y el 92% de los destinos de Oriente Medio. En Europa, estos cierres totales de las fronteras se reducen ahora al 26% de los destinos.

lunes, 22 de junio de 2020

Naciones ricas ofrecen moratoria de un año a Cuba para pagar deuda



Foto de archivo ilustrativa de una familia en un auto pasando por delante de una bandera de Cuba en La Habana, en medio de la pandemia del coronavirus. Jun 8, 2020.

REUTERS/ALEXANDRE MENEGHINI

LA HABANA, 19 jun (Reuters) - Las naciones ricas del Club de París han ofrecido a Cuba una moratoria de un año sobre el pago de su deuda, que ha estado en mora durante más de tres décadas, según dos diplomáticos con conocimiento de las negociaciones.

Cuba había solicitado a principios de este año una moratoria de dos años y la exención de las sanciones por pagos atrasados ​​debido a la pandemia del coronavirus.

"La oferta requiere nuevas negociaciones en la primavera de 2021 sobre los vencimientos impagos, así como el esquema de pagos futuros", dijo un diplomático que habló bajo solicitud de anonimato.

"También tendrán que pagar las multas por el dinero que deben", señaló. El Club de París y gobierno cubano no respondieron a una solicitud de comentarios.

El acuerdo del Club de París de 2015, visto por Reuters, perdonó 8.500 millones de dólares de los 11.100 millones de la deuda externa que Cuba incumplió en 1986, más los cargos. La deuda restante se reestructuró en cuotas anuales hasta 2033 y parte de ese dinero se asignó a fondos de inversiones en Cuba.

Según el texto, los intereses se perdonaron hasta 2020, y después solo queda el 1,5 por ciento de la deuda total pendiente. Si Cuba no cumple con un cronograma de pago anual en su totalidad, se le cobrarían intereses de demora por esa porción en mora.

Cuba debía desembolsar aproximadamente 80 millones de dólares el año pasado, pagando a algunos países en su totalidad, pero no a otros, incluidos los mayores acreedores España, Francia y Japón, según dijeron diplomáticos.

Cuba informó por última vez una deuda externa de 18.200 millones de dólares en 2016. Expertos sostienen que ha aumentado significativamente desde entonces. El país caribeño no es miembro del Fondo Monetario Internacional ni del Banco Mundial.

(Reporte de Marc Frank; reporte adicional de Leigh Thomas en París. Escrito por Nelson Acosta, editado por Javier Leira)

ETAPA DE RECUPERACIÓN POST COVID-19. MEDIDAS A IMPLEMENTAR EN SUS TRES FASES



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Etapa pos-COVID-19: Miradas a la industria y al sector energético-minero (+ Video)

Por: Randy Alonso Falcón, Oscar Figueredo Reinaldo, Yunier Javier Sifonte Díaz

22 junio 2020
Los Ministros de Industrias y de Energía y Minas comparecen este lunes en la Mesa Redonda para informar de las acciones de sus sectores en las tres fases de la etapa de recuperación. Foto: Presidencia.
Dos sectores vitales en la vida económica del país, la industria y el energético-minero no tuvieron descanso durante la etapa de enfrentamiento a la COVID-19 en Cuba. Para informar sobre las acciones acometer en las tres fases de la etapa de recuperación, vuelven a la Mesa Redonda, los ministros de Industrias y de Energía y Minas.
Al iniciar su intervención en la Mesa Redonda, el ministro de Energía y Minas, Liván Arronte Cruz, explicó que su sector no detuvo su quehacer durante la etapa de enfrentamiento a la COVID-19 y “todas las industrias se mantuvieron trabajando y continúan cumpliéndose sus principales producciones”.
Entre los principales resultados expuestos por el titular del ramo se encuentra el cumplimiento de las producciones de petróleo y gas, la estabilidad en el Sistema Eléctrico ejecutando las principales acciones de mantenimiento previstas.
Se garantizaron además las producciones mineras, en especial las de sal y carbonato de calcio, mientras que la producción de níquel + cobalto se encuentra por encima del 99% de cumplimiento.
“En todos los casos se ha velado por el incremento de la eficiencia y el ahorro energético, con la adopción de las medidas y protocolos para asegurar la salud de nuestros trabajadores”, enfatizó.
El MINEM que agrupa a 96 mil 363 trabajadores, mantuvo laborando a distancia a 13 mil 483 trabajadores en la etapa de enfrentamiento a la epidemia; mientras que se declararon interruptos 5 mil 613 trabajadores y fueron reubicados 431 a otras actividades, comentó Arronte Cruz.
El ministro de Energía y Minas, Liván Arronte Cruz. Foto: Presidencia.
Sobre este propio tema, valoró que en la etapa post-COVID en el ministerio se mantendrá la opción de teletrabajo y trabajo a distancia o semipresencial, a partir de la experiencia acumulada en este período. “Estamos previendo ampliar y generalizar esta posibilidad, por medio de una mejor planificación y control de las tareas”.
En otro momento del programa radio- televisivo recordó que 13 trabajadores del sector resultaron positivos a la COVID-19, de los cuales 5 permanecen hospitalizados con evolución favorable y 830 fueron aislados en centros de aislamiento o en sus viviendas.
“En el ministerio y sus entidades se adoptaron medidas adicionales de restricción para los puestos claves. Por ejemplo, en el Despacho Nacional de Carga, los operadores están confinados en el centro de entrenamiento de la UNE antes y después de su turno de trabajo, para garantizar mantener epidemiológicamente “estéril” al Despacho. También se han tomado medidas excepcionales con los operadores de las termoeléctricas, las subestaciones y de nuestras industrias petrolera y minera. Esta medida se mantendrá en la primera fase de la etapa post-COVID”.
Subrayó además que todas las medidas sanitarias implementadas durante este período se mantendrán en las nuevas fases dictadas por el país.

En video, la Mesa Redonda

Para evitar los molestos apagones se garantiza la generación eléctrica

Más adelante en su intervención el ministro resaltó el enorme esfuerzo que realiza el país para mantener la generación de electricidad y evitar los molestos apagones. “Aún en las difíciles condiciones en que se encuentra la economía, donde se mantiene el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que ha recrudecido sus medidas en función de restringir las compras de combustibles y limitar el desarrollo en el sector energético”.
Según valoró, en esta etapa  fue fundamental el fortalecimiento del trabajo de los consejos energéticos en cada territorio para el monitoreo y control del consumo eléctrico y los valores de máxima demanda en los horarios pico.
“Las medidas implementadas en este período seguirán aplicándose, dado que el uso racional de la energía constituye una de las mayores fuentes de ahorro que tiene nuestro país”, acotó.
Se dio a conocer que hasta el 16 de junio, el plan de consumo de electricidad en el país se ha reducido en 171 mil 700 MWh con respecto a lo planificado que representa una disminución en el consumo de diésel de 39 mil 285 toneladas.
“Específicamente en junio, el plan de consumo de electricidad en el país se cumple al 94.6%, que representan una disminución de 45 mil 380 MWh con respecto al plan previsto. La máxima demanda en los picos del mediodía y nocturno se reducen en 143 MW y 196 MW respectivamente con relación a lo planificado”, explicó el especialista.
Todas las provincias reducen sus consumos en este período; igualmente en todos los territorios se redujo el valor de la máxima demanda en los horarios picos del mediodía y nocturno.

El ahorro es fundamental

El ministro de Energía y Minas, Liván Arronte Cruz, recalcó que se mantiene el trabajo conjunto con las organizaciones de masas en las acciones de ahorro.
“Las tendencias decrecientes de los consumos y demanda de energía eléctrica, son también un reconocimiento a las acciones de ahorro realizadas en los hogares cubanos. Siempre tener presente que cualquier acción de ahorro, por pequeña que sea, puede contribuir a uso más racional de la energía eléctrica, beneficia nuestra economía y la del país”.
Asimismo refirió que también se requiere sistematicidad en la aplicación de las medidas adoptadas. “Reiteramos que no se trata de afectar la calidad de vida de nuestro pueblo, sino de hacer un uso racional de la energía”.

Algunas medidas para la etapa de recuperación

El Ministro de Energía y Minas, expone el enorme esfuerzo que hace el país por evitar los molestos apagones en las condiciones económicas impuestas al país por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de EE.UU.
Al comentar sobre las medidas a aplicar en la venidera fase de recuperación, el titular dijo que durante la primera fase se mantendrá paralizada la atención a la población para trámites asociados a los servicios de Electricidad y Gas en las Oficinas Comerciales.
“Estamos previendo reanudar estos trámites en la segunda fase, aplicando medidas de distanciamiento social y de protección epidemiológica. Se mantiene pospuesto el cobro de los servicios de electricidad y gas, salvo los que puedan realizarse por vía electrónica y directamente el lector cobrador a domicilio. A partir de la segunda fase se reanudan estos cobros y se establecerán plazos de pago para la deuda atrasada, en los casos que así lo requieran y siempre dentro del año fiscal. Adicionalmente, se reactivará el programa de inspección en la actividad comercial”, aclaró.
Sobre este propio tema agregó que en esta etapa se incrementó el pago del servicio eléctrico por las diferentes plataformas de comercio electrónico (Transfermóvil, cajeros automáticos, ENZONA, telebanca y a través de las páginas WEB de BANDEC y BPA). “Exhortamos a la población a hacer uso de estas plataformas por la comodidad que implica para la población. En el mes de mayo más de 500 mil consumidores realizaron el pago por esta vía”.
En sus palabras finales, Liván Arronte Cruz ponderó que el Ministerio de Energía y Minas ratifica el compromiso de sus trabajadores de cumplir todos sus planes de producción y servicios, “mantener el control sobre el consumo de electricidad a partir de las medidas de ahorro adoptadas y recabamos el apoyo de la población en este empeño”.

Matanzas entra este martes en la primera fase de etapa de recuperación de la COVID-19. Comentario HHC

En este artículo: Coronavirus, COVID-19, Cuba, Higiene, Matanzas, Recuperación, Salud, SARS-CoV-2, Virus

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Matanzas. Foto: Yasser Balceiro.
El grupo temporal de trabajo para el enfrentamiento a la COVID-19 en el país, encabezado por el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, decretó este lunes la primera fase de la etapa de recuperación para la provincia de Matanzas, informó una nota de la televisión local TV Yumurí.
El primer ministro Manuel Marrero Cruz, quien también preside la reunión diaria del grupo en el Palacio de la Revolución, detalló que la medida se hará efectiva en todos los municipios matanceros desde este 23 de junio, refirió en su perfil en Facebook la periodista Leticia Martínez.
Así la occidental provincia se suma a los catorce territorios del país que han entrado, gradualmente, a la nueva normalidad, añadió.
Los indicadores sanitarios permiten el tránsito a esta etapa superior en el enfrentamiento al nuevo coronavirus, sin perder la percepción de riesgo.
Exhortamos a todos los matanceros a mantener la disciplina y responsabilidad en el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias.
El inicio de esta etapa, así como la declaración de cada una de sus tres fases, están sujetas al cumplimiento de indicadores sanitarios que permiten evaluar el desarrollo de la epidemia en cada territorio.
Ellos son:
  1. Tasa de incidencia
  2. Índice reproductivo
  3. Casos activos
  4. Número de casos positivos con fuente de infección conocida en los últimos 15 días
  5. Eventos de transmisión local
(Noticia en construcción/Tomada de TV Yumurí)

La Habana podría pasar a la primera fase pos-COVID-19 durante los próximos 15 días

Personas caminan en calles de la Vieja Habana usando cubrebocas, como medida sanitaria ante la COVID-19. Foto: AP.
Los indicadores que expresan el comportamiento y evolución de la COVID-19 La Habana en las últimas jornadas, confirman una evolución positiva de la situación epidemiológica, que de mantenerse propiciarán que durante los próximos 15 días, la provincia transite hacia la fase uno de la primera etapa dentro del programa concebido para la recuperación pos-COVID-19.
Eso pronostican los modelos matemáticos, avalan los especialistas y ha sido anunciado en el Consejo de Defensa Provincial (CDP) por las máximas autoridades habaneras, quienes lo hicieron público junto a la exhortación de que todo el mundo haga suyo tan noble y anhelado propósito, y lo exprese con un comportamiento responsable, y total respeto a las normas y disposiciones implementadas para el momento, de acuerdo con una nota del periódico Tribuna de La Habana
Luis Antonio Torres Iríbar, presidente del CDP apuntó que no podemos darnos el lujo de retroceder, y en correspondencia con lo expresado por el mandatario cubano Miguel Diaz-Canel, explicó que ello solo es posible con objetiva percepción de los riesgos, estricta disciplina y cierre hermético de todas las brechas que permitan el ingreso del SARS-CoV-2 a nuestro organismo.
Con lo hecho hasta ahora hemos llegado hasta aquí, ahora toca hacer más, multiplicar el rigor, dejar a un lado las imprudencias y tomar conciencia de que, aun cuando el sistema de salud de la Isla ha demostrado ser fuerte, morirse a causa del mal es poco común y el aislamiento resulta estresante, todavía el riesgo existe y cualquier descuido puede revertir los resultados cuando la batalla prácticamente está por ganarse.
Corresponde combatir y actuar con todo rigor contra quienes todavía se resisten a usar el nasobuco, violan el distanciamiento físico, de una u otra manera, o irreverencian cualquier otro de los ordenamientos llamados a cortar la cadena de transmisión, puntualizó el presidente del CDP.
Reconoció asimismo el trabajo preventivo y de enfrentamiento de los efectivos de la PNR, que por estos días ha experimentado incrementos cuantitativos y cualitativos.
Elogió también a los integrantes de los órganos de inspección y enfrentamiento, además de los cuadros a todos los niveles, al tiempo que exhortó a las organizaciones de masas y la UJC a reforzar el diálogo orientador y de esclarecimiento con vecinos y trabajadores.
Comentario HHC: Importante este paso para Matanzas para la economía de la provincia y el pais. Y sobre todo para el turismo la combinación turística Habana- Varadero- Cayos, utilizando  Habana o Varadero como pivote es la formula.  Los cayos por si mismo no se llenan solos.