Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

jueves, 11 de junio de 2026

La Seguridad Social se enfrenta a una crisis política.

Estados Unidos puede permitirse seguir pagando las prestaciones completas. ¿Pero lo haremos?
Foto de archivo de un hombre triste sentado a la mesa en la cocina.

El martes, los administradores del Seguro Social publicaron su último informe sobre las finanzas del sistema. Las cifras no variaron mucho: a menos que se tomen medidas, el programa de Seguro de Vejez, Supervivencia e Incapacidad (OASDI, por sus siglas en inglés), nombre oficial del Seguro Social, no podrá pagar la totalidad de las prestaciones a partir de 2032 o 2034, según algunos problemas técnicos. Esto no está lejos: si los administradores tienen razón, la perspectiva de una crisis del Seguro Social se cernirá sobre la próxima administración presidencial.

Es importante comprender, sin embargo, la naturaleza de la crisis que se avecina. No será una crisis económica. Ni siquiera será una crisis fiscal grave. Independientemente de lo que haya oído, la Seguridad Social no corre peligro de quiebra.

En cambio, nos enfrentamos a una posible crisis política. El Congreso y la Casa Blanca podrían tomar medidas fácilmente para mantener el sistema de pensiones estadounidense. Pero dada la situación política actual, no hay garantía de que lo hagan.

Existe un malentendido generalizado sobre el funcionamiento de la Seguridad Social. Si bien se diseñó para parecerse a un fondo de pensiones, no lo es. Un fondo de pensiones paga prestaciones con cargo a un patrimonio acumulado a lo largo del tiempo. En cambio, la Seguridad Social funciona como un programa de transferencias gubernamentales, similar a los cupones de alimentos o Medicaid.

Ahora bien, a diferencia de los cupones de alimentos —pero al igual que el fondo fiduciario para carreteras—, la Seguridad Social está financiada, al menos en teoría, por un impuesto específico, el impuesto sobre la nómina, que se destina a ese programa. Digo «al menos en teoría» porque, desde un punto de vista económico, asignar el impuesto sobre la nómina a la Seguridad Social es simplemente una convención contable. Lo que importa para la economía estadounidense es el equilibrio general entre el gasto y los ingresos públicos, no la diferencia entre un tipo de gasto y una fuente de ingresos. Por lo tanto, no tiene ninguna relevancia económica intrínseca el hecho de que para 2034 la recaudación del impuesto sobre la nómina sea insuficiente para cubrir las prestaciones prometidas.

Sin embargo, existe un problema legislativo. Mientras la Administración del Seguro Social pueda pagar las prestaciones con los impuestos sobre la nómina y su reserva de efectivo, no es necesario que el Congreso vote anualmente para autorizarlas; simplemente se seguirán pagando hasta nuevo aviso. No obstante, una vez que esos recursos resulten insuficientes, las prestaciones disminuirán —un 17%, según los administradores— a menos que el Congreso apruebe una nueva ley que refuerce las finanzas del Seguro Social.

Sin embargo, la actual administración y el Partido Republicano son tan extremistas que existe un riesgo real de que la Seguridad Social sea utilizada como rehén para lograr sus objetivos. Si esto ocurriera, quienes la utilizan como rehén alegarán que fortalecer la Seguridad Social es inasequible. Como era de esperar, Mike Johnson, el adulador presidente de la Cámara de Representantes, declaró el lunes que los programas de prestaciones sociales como la Seguridad Social "deben ajustarse y corregirse", y que los republicanos presentarán un plan al respecto el próximo año.

Pero esto es una estratagema, porque si bien el costo de mantener las prestaciones de la Seguridad Social al nivel prometido no es insignificante, de hecho es asequible. Según el informe de los administradores, el saldo actuarial del OASDI hasta 2050 —la cantidad de fondos adicionales que necesitaría para seguir pagando las prestaciones completas durante los próximos 25 años— es el 1,06 por ciento del PIB. Para poner esa cifra en perspectiva, la administración Trump propone aumentar el gasto militar el próximo año en 420 mil millones de dólares , equivalente a aproximadamente el 1,4 por ciento del PIB, sin ninguna discusión sobre si eso es asequible.

¿Pero cómo llegamos al punto en que será necesario complementar la Seguridad Social? La respuesta principal es que tenemos una población que envejece, con una proporción cada vez mayor de jubilados que reciben prestaciones en comparación con los trabajadores que cotizan al sistema:

Las políticas antiinmigratorias de Trump están empeorando este problema. Según el informe de los administradores, una menor inmigración agravará el déficit financiero de la Seguridad Social, ya que muchos inmigrantes son adultos en edad laboral que cotizarán al sistema durante décadas antes de recibir prestaciones. De hecho, este problema podría ser mucho mayor de lo que reconoce el informe: su supuesto base es que tendremos una inmigración neta de casi 1,2 millones de personas al año, e incluso el escenario más pesimista prevé 750 000 al año. Mientras tanto, la inmigración neta real ya se ha reducido muy por debajo de esa cifra, e incluso podría ser negativa.

Además, la Seguridad Social se ve perjudicada financieramente por la creciente desigualdad de ingresos en Estados Unidos. Los impuestos sobre la nómina se aplican únicamente a los salarios de hasta 184.500 dólares y no gravan las rentas del capital. A medida que la distribución de la renta se desplaza cada vez más del trabajo al capital, y se vuelve más desigual entre los asalariados, los ingresos procedentes del impuesto sobre la nómina de la Seguridad Social han disminuido como porcentaje de la renta nacional. Entre 1990 y 2024, descendieron del 5,02 % al 4,46 % de la renta nacional bruta.

Lo cual me lleva a la pregunta que, en estos tiempos, nos hacemos sobre todo: ¿Cómo podría verse afectada la Seguridad Social por la llegada de la IA?

En resumen: si, como muchos tememos, la IA acelera el aumento de la desigualdad de ingresos, reducirá aún más los ingresos por impuestos sobre la nómina que actualmente financian la Seguridad Social y pondrá aún más en peligro sus finanzas.

Por otro lado, si la IA, como prometen sus defensores, impulsa un crecimiento económico más rápido, aumentará la base impositiva potencial que podría y debería utilizarse para financiar la Seguridad Social y otros programas de protección social. Pero para aprovechar esa base impositiva más amplia, tendremos que tomarnos en serio la tributación de la riqueza y las rentas del capital.

¿Está en crisis la Seguridad Social? Sí, pero solo por la forma en que está estructurada su financiación actualmente: una estructura que ya no funciona bien debido a la profunda desigualdad que existe en nuestra sociedad y economía. Además, las políticas migratorias de Trump están agravando aún más su ya precaria situación financiera.

Así que no crean en las mentiras de los republicanos sobre la necesidad de recortar las prestaciones de la Seguridad Social. Para preservar la Seguridad Social, basta con la voluntad política de aumentar los impuestos a los ricos y una política migratoria sensata.

CODA MUSICAL

En realidad, 67 según la ley actual.

Estados Unidos anuncia medida coercitiva contra la Unión Cuba-Petróleo. Comentario HHC

 En este artículo: Bloqueo, Cuba, Economía, Estados Unidos, Gobierno, Política, Relaciones Cuba Estados Unidos, Sociedad, Unión Cuba-Petróleo (Cupet)

 




Imagen referencial. Foto: Unión Cuba Petróleo (Cupet)

El gobierno de Estados Unidos anunció este jueves una nueva medida coercitiva contra la Unión Cuba- Petróleo (Cupet), en el marco de su política de asfixia económica contra Cuba. La empresa cubana fue incluida hoy en la lista unilateral de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE.UU.) del Departamento del Tesoro, en virtud de la Orden Ejecutiva 14404 del presidente Donald Trump.

El secretario de Estado Marco Rubio compartió el comunicado y declaró que “las élites comunistas cubanas han instrumentalizado la energía como herramienta de control social y lucro cleptocrático”.

Y acusó sin presentar pruebas que “durante décadas, el gobierno ha robado y acaparado el combustible disponible, utilizándolo para el avión privado de los Castro, las fuerzas de seguridad empleadas para reprimir al pueblo cubano, para mantener iluminados hoteles turísticos vacíos y para transportar personas en autobuses para protestas falsas y maniobras políticas; todo esto mientras el pueblo cubano sufría apagones y esperaba semanas para llenar el tanque de sus autos”:

“El presidente Trump desea un nuevo futuro para el pueblo cubano con mayor libertad y oportunidades económicas y políticas. Hasta entonces, continuaremos atacando la capacidad del gobierno para utilizar su comercio de energía para promover su agenda corrupta y reprimir violentamente al pueblo cubano”.

Las sanciones contra CUPET  tienen un efecto directo en la vida cotidiana de los cubanos.

La falta de combustible afecta el transporte público, la generación eléctrica, la producción de alimentos y la distribución de bienes esenciales. Cada nueva sanción es un golpe más al esfuerzo del país por recuperarse de la crisis económica agravada por el propio bloqueo.

(Tomado de La Jornada)

Comentario HHC: No se que esperamos para acusar a EEUU por crimenes de lesa humanidad en las instancias que correspondan.

¿Hacer cosas nuevas con mentes viejas?


Se ha propiciado, ya sea por desconocimiento, intereses creados, miopía política, atrincheramiento ideológico, apego a la zona de confort y los cargos, que las debilidades se hagan mayores y seamos más vulnerables frente a los que esperan por la “fruta madura”.




En estos primeros seis meses del año, todo se ha puesto un poco más difícil para nuestro país y el mundo está en ascuas con ese conflicto provocado por el régimen de Trump que ha “logrado” que se mantenga bloqueado el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra circulaba buena parte del petróleo mundial.

Estados Unidos, al parecer, ha perdido la capacidad de influir sobre el otro “régimen”, el de Israel, para que siga sus orientaciones. Mientras, “la vieja Europa” sigue sin saber cómo lidiar con este conflicto y con el de Ucrania.

Estos seis meses han sido pródigos en noticias sobre Cuba, casi todas malas. Desde la amenaza permanente de una acción armada —para unos posible y para otros no— defendida por un grupo de malos cubanos, hasta nuevos empujones que tienen por objetivo lograr que el “gobierno cubano se caiga solo” y que el “estado fallido”, por fin, falle.

RelacionesCuba-EEUU

Quizás me equivoco, pero tengo la impresión de que muy pocas economías/países han soportado tanta presión durante tanto tiempo.

Imagino siempre un país del Caribe, de esos mismos que durante décadas se beneficiaron de la solidaridad de Cuba y que ahora casi nos han borrado de sus mapas de la región.

Si cualquiera de esos pequeños países fuera incluido en la lista famosa de países “patrocinadores del terrorismo” y por ello privado de hacer operaciones financieras con bancos extranjeros… Si, además, se le prohibieran los suministros de petróleo; se quedara prácticamente sin compañías marítimas para realizar su comercio; se amenazara a las compañías extranjeras que tienen negocios en ese país con sanciones, incluso a las personas que trabajan en ellas y también a sus familiares. Si a su vez, las líneas aéreas internacionales recortan/suspenden sus servicios y compañías que ofrecen los servicios de pago internacionales también de un día para otro paralizan esos servicios… ¿Cómo sobreviviría uno de esos países del Caribe nuestro si tuviera que enfrentar una situación así?

¿Y qué pasaría si, a pesar de toda esa presión, Cuba logra al menos “vadear” la situación?

No creo que pueda haber peor derrota política para el régimen de Trump, incluyendo la que todos los días sufre en Irán, que el hecho de que Cuba siga resistiendo. Y es por esa razón que cada día me convenzo más de que el gobierno de Estados Unidos hará todo y algo más para que algo así no ocurra.

Es junio, estamos a siete meses de la última sesión de 2025 de la Asamblea Nacional del Poder Popular, donde se anunciaron medidas, planes y metas, muchas de ellas contenidas en el Programa de Gobierno.

Quizás dentro de un mes, en la primera sesión del 2026 de la Asamblea, tengamos información relevante sobre cómo va esta economía nuestra. De todas formas, hay asuntos que son palpables con solo asomarse a la calle.

1. Los servicios básicos que son decisivos para la población, agua, energía, gas (de balita) y transporte, mantienen una tendencia al deterioro sostenido, lo que ha hecho aún más inmanejable la vida cotidiana, ha estimulado el crecimiento de la pobreza y ha hecho más evidente aún la desigualdad.

La poca disponibilidad de energía —a pesar del esfuerzo en renovables— es uno de los factores que influyen en esa gran falla, junto con la decadencia tecnológica acumulada en el sistema electroenergético nacional. El deterioro, al parecer, sigue una progresión geométrica y la capacidad de manejarlo se mueve dentro de una aritmética.

Las personas entonces recurren a soluciones individuales, sean estas admitidas o no por la ley. La gente se incomoda, incluso aquellos que “entienden” lo que nos sucede.

¿Cuánta inversión hace falta para restablecer al menos el 60-70 % de esos servicios que el gobierno debería garantizar? ¿Cuánto personal calificado se necesitaría? ¿Tendremos en nuestro país empresas privadas nacionales que en alianza con los gobiernos territoriales puedan asumir/paliar en alguna medida estos déficits? ¿Tendremos gobiernos territoriales capaces de generar proyectos/negocios de este tipo? ¿Tendremos un gobierno central capaz de estimularlo, con políticas concretas más allá de las consignas de siempre?

2. El decrecimiento económico, medido en términos de PIB, seguirá caracterizando el comportamiento de nuestra economía. El verdadero impacto de ese decrecimiento está en la drástica reducción de la complementariedad de los sistemas productivos, tanto industrial como agropecuario.

Entre ambos protagonizan la falla histórica de nuestro modelo de subdesarrollo y han sido también una de las razones principales de nuestra alta propensión a importar. Ha faltado y falta una política industrial que impulse una verdadera transformación productiva, que sea suficientemente inclusiva para considerar a todos los actores e incentivar a los que mejor contribuyan.

Resulta además que una economía que necesita más inversión, más empresas y más empleos, que se encuentra sitiada de la peor manera posible, enfrenta la paradoja de tener centenares de propuestas de nuevas empresas detenidas, en espera de la aprobación de esas propuestas por los gobiernos locales.

Esos mismos gobiernos que no pueden, a pesar de sus esfuerzos, atender y solucionar temas tan cruciales como la recogida de desechos sólidos en las ciudades. Ese proceso que alguna vez fue casi transparente y que permitía aprobar todas las semanas más de cien nuevas empresas, se ha convertido en algo tortuoso y desincentivador.

Obviamente, ese decrecimiento económico que impacta la oferta es el sustento real de la creciente desigualdad y de la incapacidad del gobierno para adoptar políticas que contribuyan a su reducción y tiene como correlato el reforzamiento de una filosofía de instituciones extractivistas que buscan sacar más de donde cada vez hay menos en un intento de cumplir un pacto social que, a fuerza de perder su base de sustentación, deberá ser rediseñado.

Ahí está lo que ocurre en nuestros hospitales y en nuestras escuelas, que en su momento fueron la llave de la transformación social y el mejoramiento humano que la Revolución consiguió en apenas una década. Sin buena educación y buena salud, podemos despedirnos del desarrollo, de la prosperidad y del socialismo.

3. El fracaso de una política monetaria que no ha podido detener la devaluación del peso cubano y tampoco ha podido detener el rol del mercado informal en ese mercado. Recomendaciones sobre qué hacer y qué no hacer no han faltado: desde aquella que proponía la formalización de ese mercado informal a través de casas de cambio con agentes privados bajo supervisión del Banco Central de Cuba hasta la unificación de las tasas, pasando por la diversificación de entidades financieras, mucho más necesarias ahora que otros medios de pago deciden, gracias a la política de Trump, no seguir operando en el país (Visa/Mastercard).

Habría que sumar a ello la llamada bancarización, que más bien se ha convertido en la desbancarización; esa que condena a miles de personas diariamente a permanecer en colas infinitas sin tener la seguridad de poder utilizar su dinero y se ha convertido en un incentivo negativo para que las personas naturales y los comercios utilicen las “facilidades en línea” que existen hoy.

Cuando se anunció esta medida, se reconoció que no existían todas las condiciones, ni tecnológicas, ni organizativas para hacerlo; entonces se argumentó con un gerundio: “Se irán creando”. Hoy parece que alcanzar el propósito está más lejos que en los inicios.

La suma algebraica de todo esto no deja un saldo positivo. Se ha propiciado, ya sea por desconocimiento, intereses creados, miopía política, atrincheramiento ideológico, apego a la zona de confort y los cargos, por burocratización, que las debilidades se hagan mayores y seamos más vulnerables a todas esas medidas genocidas que Trump y Rubio han puesto en marcha para esperar por la “fruta madura”.

Esa suma algebraica también nos dice que el país necesita un cambio en el contenido y en las formas de hacer gobierno, no solo una reestructuración del aparato del Estado y una reducción de las organizaciones que lo conforman.

Hoy circula la noticia de un Proyecto de Ley de la Administración Central del Estado que, entre otras cosas, contempla la reducción y unificación de ministerios, algo sin dudas necesario, aunque de nuevo el momento escogido para hacerlo, si se hace este año, no parece ser el más adecuado. Porque estamos en guerra, sitiados, porque hasta nuestros “amigos”, con excepción de México, se han vuelto excesivamente cautos en su manera de expresar su apoyo y porque un cambio de esa trascendencia requeriría de concentrar mucho esfuerzo y tiempo en el mismo, cuando la sobrevivencia está en juego.

Siempre me ha parecido que las estructuras deben responder a las estrategias; y la estrategia es lo que no acabo de identificar. No obstante, lo decisivo de esa restructuración, cuando se haga, no es cuántos ministerios desaparecen, sino cómo hacer desaparecer todo el lastre que caracteriza la gestión de gobierno a todos los niveles. Hacer cosas nuevas con mentes viejas no es algo que parezca posible.

En la estabilización de la economía cubana: ¿cómo definir prioridades?


Cuba Economic Review

Dr Pavel Vidal, Profesor de Economía en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali (Colombia)

Dr Ricardo Torres, Economista cubano basado en Washington D. C.

El análisis de la situación actual de Cuba ofrece pocas certezas, pero algunas resultan difíciles de ignorar. Los cambios cosméticos o meramente incrementales no bastan para sacar a la Isla del marasmo actual. Al mismo tiempo, la acumulación de problemas es tan amplia que, incluso bajo condiciones favorables, cualquier proceso de transformación deberá partir de una agenda clara de prioridades. No se puede cambiar todo al mismo tiempo: será necesario identificar las medidas iniciales que ordenen el proceso, generen confianza y produzcan resultados tangibles. El deterioro acumulado de la infraestructura, la profundidad de la crisis productiva y energética, la magnitud de las distorsiones macroeconómicas y el costo social ya acumulado hacen evidente que las tareas pendientes son demasiadas para abordarlas simultáneamente.

A ello se suman restricciones severas de recursos financieros, de tiempo político y de capacidades institucionales para diseñar, coordinar e implementar las transformaciones. Por esa razón, en lugar de pensar en una agenda de cambios total y simultánea, sería necesario jerarquizar las reformas y ordenarlas en fases.

En ediciones anteriores hemos propuesto distinguir tres momentos: una primera fase de estabilización y transformaciones de emergencia, una segunda de reactivación productiva y una tercera orientada a redefinir de manera más estratégica el modelo de desarrollo económico y social del país.

Para un horizonte aproximado de tres años, la fase inicial debería concentrarse en frenar el deterioro económico y social; favorecer la expansión del sector privado como principal motor inmediato de empleo e ingresos; corregir los precios relativos y la tasa de cambio para restablecer señales económicas básicas; generar condiciones mínimas de confianza y previsibilidad para la inversión; y aprovechar al máximo cualquier oportunidad derivada de una eventual flexibilización de sanciones y de una mayor apertura externa. En conjunto, estos objetivos definen una fase que no debe entenderse solo como la típica estabilización monetaria, sino como un esfuerzo más amplio de contención de la crisis, de reconstrucción de capacidades básicas y de preparación del terreno para reformas más profundas.

A continuación, se enumeran nueve criterios que podrían servir de base para la selección de medidas que podrían implementarse en la primera fase:

1- Gravedad del problema que se busca corregir

Se priorizarán las reformas orientadas a enfrentar los desequilibrios más severos y las deficiencias más urgentes de la economía cubana. Por ejemplo, la crisis energética, la falta de alimentos y las distorsiones cambiarias (por sus implicaciones en todo el aparato productivo) deberían recibir atención preferente.

2- Capacidad institucional para su implementación

En una fase inicial se priorizarán medidas cuya implementación, supervisión y coordinación exijan menores niveles de capacidad institucional. Las reformas más complejas, desde el punto de vista administrativo, regulatorio o de ejecución, podrían posponerse a fases posteriores. Por ejemplo, eliminar restricciones a la empresa privada, levantar topes de precio o cambiar regulaciones laborales puede ser más viable en el corto plazo que rediseñar por completo el sistema bancario o el de pensiones.

3- Posibilidad de movilizar recursos financieros para su implementación

Se favorecerán las medidas cuya puesta en práctica pueda apoyarse en recursos disponibles o con probabilidad razonable de obtenerse en el corto plazo, ya sea mediante la flexibilización de sanciones, créditos, la llegada de inversión, la generación o el ahorro de divisas, una mejor reasignación de recursos internos o la ayuda o asistencia internacional.

4- Disponibilidad de infraestructura y de capital físico

Tendrán prioridad las reformas en sectores o actividades que ya cuenten con una base mínima de infraestructura, equipamiento, capacidades logísticas o activos físicos aprovechables. Esto reduce los costos de arranque, facilita la implementación y permite obtener resultados en plazos más breves. Por ejemplo, el turismo dispone de hoteles e infraestructura ya instalados, mientras que la reconstrucción total del sector energético exige grandes volúmenes de inversión.

5- Compatibilidad con las restricciones demográficas y de capacidades humanas
Se dará prioridad a reformas acordes con la disponibilidad de la fuerza de trabajo, los perfiles ocupacionales y las capacidades técnicas del país. La emigración, el envejecimiento poblacional y las brechas de calificación limitan la viabilidad de transformaciones que demanden grandes volúmenes de mano de obra o de profesionales altamente especializados. En este caso, se podría priorizar el turismo y la agricultura antes de intentar desarrollar industrias manufactureras complejas o servicios altamente especializados.

6- Efecto multiplicador sobre el resto de la economía

Recibirán mayor prioridad las reformas que, al aplicarse en un ámbito específico, generen encadenamientos positivos en otros sectores o ayuden a corregir simultáneamente varios cuellos de botella. Se trata de privilegiar medidas con capacidad para destrabar procesos más amplios de estabilización y reactivación. Por ejemplo, corregir la tasa de cambio, mejorar la disponibilidad de energía o eliminar monopolios en la agricultura y en el comercio exterior puede tener efectos simultáneos sobre la producción, el abastecimiento, las exportaciones, el empleo y la recaudación fiscal.

7- Rapidez esperada de los resultados

En la primera fase deben privilegiarse medidas capaces de producir efectos relativamente rápidos en la estabilización, la oferta productiva y el abastecimiento de bienes y servicios esenciales, y que puedan generar confianza y apoyo a los cambios. Por ejemplo, desplegar la generación de emergencia (plantas eléctricas flotantes), garantizar el suministro de combustible o eliminar barreras regulatorias a la actividad empresarial privada tendrían resultados más rápidos que las reformas institucionales de gran alcance.

8- Efecto sobre el bienestar y la legitimidad social de las reformas

Se priorizarán las reformas que contribuyan de manera más clara a detener el deterioro del bienestar, a proteger a los grupos más vulnerables y a distribuir de forma más equitativa los costos del ajuste. También se valorará su capacidad para mantener la legitimidad social, dado que las reformas que concentran sus beneficios en pocos actores o trasladan desproporcionadamente sus costos a los hogares tienden a perder respaldo y a enfrentar mayores riesgos de bloqueo o de reversión. Por ejemplo, actualizar las pensiones y los salarios del sector público, reforzar la asistencia social o mejorar la disponibilidad de energía.

9- Evidencia y antecedentes internacionales favorables

Se priorizarán reformas respaldadas por experiencias internacionales exitosas o por lecciones comparadas útiles para su diseño e implementación. La evidencia internacional no sustituye el análisis del caso cubano, pero sí ayuda a identificar políticas con mayor probabilidad de éxito. Por ejemplo, existe amplia evidencia a favor de mejorar la eficiencia del gasto fiscal, focalizar los subsidios, corregir los regímenes cambiarios y fortalecer los incentivos en la agricultura, en el sector privado y, en general, en actividades de pequeña escala.

Escasez de azúcar: Pequeñas soluciones para grandes problemas. Comentario HHC



Por Eugenio Pérez Almarales | 8 junio, 2026 |0



Transformar, para bien, la escasez crónica de azúcar, no obliga a esperar por la recuperación de la gran industria; ni siquiera depende de echar a andar los centrales; puede lograrse con relativa prontitud y costos mínimos.

Están lejos los tiempos cuando mi padre, como muchísimos cubanos, luego de jornadas de trabajo voluntario, volvía de los cañaverales sudado, con tizne, rasguños en el rostro y una satisfacción que no podía ocultar.

CAÍDA DE LA PRINCIPAL INDUSTRIA EN CUBA

Por diversas razones -que no son el centro de este texto- la producción cañero-azucarera de Cuba cayó a niveles tan drásticos que casi desaparece.

Endulzar el café o hacer un dulce, resulta demasiado caro, pues dependemos de la que importan las denominadas formas no estatales, las mipymes, que ponen precios en función de la demanda.

Por vivir en un país azucarero por excelencia, aprendimos que el dulce sale de los ingenios, esas grandes fábricas de mazas pesadas, basculadores, centrífugas, chimeneas y pitazos que llevaban alegría a sus bateyes.

Y que el tiro de la materia prima, en ocasiones alejado de las industrias, está en manos de camiones, carretas y hasta de trenes con numerosos vagones.

MIREMOS ALREDEDOR

Sin embargo, es hora ya de mirar alrededor, donde se produce azúcar y otros derivados de la caña con pequeños trapiches o guaraperas de diversos tamaños, cañaverales contiguos, y traslado de la gramínea en brazos o a lomo de bestia.

Construcciones mayoritariamente rústicas cubren los molinos, a los que llevan las cañas manualmente, sin grúas, ni alzadoras, ni petróleo.

Cerca, fogones de leña calientan pailas en las que hierve el guarapo recién sacado. Con grandes coladeras en las puntas de toscas varas, “pescan” las impurezas en la superficie, y mediante cazos mayúsculos, levantan y dejan caer el jugo.

A modo de puntista, el operario toma en su mano húmeda un poco de miel, la introduce en agua, y aprecia si ya llegó el momento de bajarla del fuego.

Luego la vierte en depósitos llanos, mueven la miel con paletas, para que pierda temperatura, y la depositan en los moldes. Cuando se enfría, ya está hecha la panela o raspadura o piloncillo, como igualmente se le conoce.

También, logrado el punto preciso, tras batir la miel, la mueven y trinchan insistentemente con instrumentos planos, hasta conseguir el azúcar mascabado, producto no refinado, que conserva parte de su melaza; de color marrón oscuro, textura húmeda y sabor más intenso, parecido al caramelo.

La fuerza centrífuga para el primer paso “industrial” se logra con bueyes, mulos o caballos, que mueven las mazas; el combustible para el proceso consiste en leña, preferiblemente de sitios cercanos, y bagazo seco resultante de ciclos productivos anteriores, aunque también los hay con motores eléctricos o de combustión interna.

INGENIOS VS TRAPICHES

Según la FAO, en el mundo se producen cerca de nueve millones de toneladas de panela (raspadura) al año, en 27 países, encabezados por la India, que concentra el 56 por ciento, y Colombia, con el 15 por ciento del orbe.

En el país del vallenato elaboran panela en pequeñas industrias artesanales diseminadas en más de 500 municipios (de mil 103 que posee), en las cuales tienen empleo directo cerca de 300 mil personas, y ocupa el primer lugar en el consumo de ese producto, con promedio de 23,8 Kg por persona al año.

Mientras, se aprecia -al contrastar datos de diversos años- que se reduce la cantidad de centrales azucareros activos, al punto de mencionarse solo cinco en 2026, de 13, como promedio; aunque el país llegó a contar con decenas de esas fábricas.

El descenso se atribuye a la concentración industrial, la competencia internacional y a dificultades para mantener la rentabilidad.

OTRAS SATISFACCIONES ARTESANALES

No solo raspadura y azúcar mascabado producen en apreciables cantidades en Colombia (un millón 141 mil 748 kilómetros cuadrados de superficie y más de 46 millones de habitantes), también obtienen y comercializan miel de caña y Viche, una bebida alcohólica artesanal, como nuestro Guarapín o Azuquín; un aguardiente que en Cuba cambia de nombre en dependencia de si se elabora de guarapo o de azúcar.

El Viche, considerada bebida ancestral, se conoce, también, como Chapil de Nariño, Chirrinchi de la Guajira, Tapetusa de Guarne, Bush Rum de San Andrés y Bolegancho de Norte de Santander.

Es sabido que los aguardientes artesanales elaborados sin cumplir regulaciones sanitarias, especialmente para evitar contenidos de metanol o alcohol de madera, pueden dañar la salud e, incluso, ocasionar la muerte. Se recomienda, entonces, desechar entre el cinco y el 10 por ciento de lo destilado al principio (llamado cabeza) y la parte final (cola).

En otros tiempos, ese aguardiente y sus consumidores estuvieron estigmatizados en Colombia, pero en 2021 dictaron la Ley 2158, que considera al Viche y sus derivados “patrimonio colectivo de las comunidades negras afrocolombianas de la costa del Pacífico”.

También, establece un sistema de calidad para su comercialización y señala que será obligatorio que el etiquetado contenga la información relativa al origen de la producción y el nombre de la persona o familia productora, a fin de disminuir los riesgos asociados al consumo de esa bebida.

ENTONCES…

En Granma, solo Azcuba cuenta con 40 mil hectáreas destinada al cultivo de caña, deficientemente explotadas, a lo que se añaden las tierras ociosas del Ministerio de la Agricultura.

Si se extendiera la experiencia colombiana, se reanimarían las plantaciones de la gramínea; muchas familias, comunidades y colectivos obreros podrían fomentar áreas de caña, armar sus guaraperas o trapiches, producir raspadura, azúcar mascabado, aguardiente y sus derivados, y elevar sus ingresos económicos.

El país, al menos, disminuiría mucho (si no llega a eliminarse) la dependencia de la importación de azúcar; podría transformarse de manera drástica y en relativamente poco tiempo, la escasez de edulcorantes, y el precio de la libra de azúcar bajaría, para alivio de los ciudadanos.

Además, la producción de tales recursos en gran parte de los municipios, garantizaría el abastecimiento descentralizado, sin depender de medios de transporte de gasolina o petróleo recorriendo grandes distancias, pues su cercanía contribuiría a hacerlo en vehículos eléctricos o de tracción animal.

Al mismo tiempo, quienes hoy no pueden “botar el golpe”, como dicen en República Dominicana, tendrían cómo “desconectar”, pues la mayoría del pueblo no puede hoy pagar los exagerados precios de las cervezas, rones, whiskys y otras bebidas “de afuera”.

La salida a nuestros problemas no está en esperar por grandes soluciones, podemos encontrarla en experiencia ajenas, en activar capacidades locales ya existentes, con más apertura mental que prejuicios.

Allí, donde la gran industria no funciona, el trapiche puede ser la respuesta inmediata, productiva y útil.

Comentario HHC: A este paso, volveremos a la edad de piedra. Siempre me ha llamado la atención que cuando llegó Colon a Cuba, los habitantes vivian y se mantenian por si mismos, no dependendian del comercio exterior. No digo que aspiremos a eso, pero es una lección. 

La falta de incentivos, exceso de centralismo, no delegar y no priorizar como politica de estado en la PRACTICA, lo primario, como son: alimentos, transporte , electricidad,  y vivienda. Ningún negocio  ha podido satisfacer las necesidades de la vida nacional, ni el turismo- inmobiliarias, ni la biotecnologia, ni el niquel, etc ( no quiere decir que no se deban desarrollar). el problema está en las prioridades e incentivos, casi todos los paises aprovechan sus ventajas competitivas y de vida, y garantizan los recursos para ello a lo interno en lo fundamental.

Decir que somos un pais pobre en recursos naturales  es una falacia que nos ha acompañado por años, y nos ha hecho mucho daño, incluso mas que el bloqueo de EEUU. 

Ahora vemos una industria azucarera en la ruina, solo miremos las potencialidades de la misma en  Brasil,  productor de alimentos, electricidad, etc, nada desconocido y posible de hacer en Cuba, y no obstante cada año se iba deteriorando, ante la incapacidad de los directivos de AZUCUBA ese sector, preocupados mas por un " patrioterismo" que por cumplir su razón de ser.  Ahi los vemos construyendo casas en Nuevo Vedado, hablar en la Mesa Redonda de planes ficticios que no se cumplieron después, etc. Y el Pleno del Partido para recuperar el sector de Diciembre del 2021 , aqui el link para que se observe. https://www.granma.cu/cuba/2021-12-17/la-industria-azucarera-saldra-adelante ¿ Cuáles fueron los cuadros sustituidos por falta de resultados?. 

Aquí en este sitio el compañero Joaquin Benavides hizo una propuesta fundamentada para recuperar el sector azucarero, la envie a AZCUBA y ni acuse de recibo.

Entren al sitio web de AZCUBA, https://www.azcuba.cu/ y vean,  parece que son historiadores, conmemoran todas las efemerides patrias, que no esta mal, pero de producción de azúcar, de la bioeléctrica, de cómo vamos a garantizar la producción de ron, el azúcar a la población, etc de eso NADA, en ocasiones me parece que viven en otra realidad.

Si queremos culpar al Bloqueo de EEUU de todo , pues no hay perspectiva, de lo que se trata es ver que hay y puede hacerse dentro de las condiciones dificiles en que estamos, como hizo Fidel en el Periodo Especial, porque la agresividad es mayor de parte del gobierno de EEU porque nos reconoce debiles en diferentes sectores de la economia, incluyendo el sector azucarero. Si fueramos eficientes, el Bloqueo careciera de sentido para el gobierno de EEUU, es como único puede derrotarse.

¿Alguien sabe de la última zafra? O no se hizo ¿? 

miércoles, 10 de junio de 2026

Producir la tierra es proponérselo

Ministerio


Producir la tierra es proponérselo

Por: Rodrigo Motas Tamayo, Periodico La Demajagua





10 de junio de 2026

Cinco años atrás esto era prácticamente un potrero, se sembraban dos o tres carreras de cualquier producto y ya. Había perdido su esplendor de huerto referencial, explica Maikol Vázquez Tortosa, mientras sus manos señalan hacia el campo. Ahora es otra cosa, hay cambios. Sonríe.

Arrendé tractores y picadoras para preparar la tierra, hicimos un pozo y sembré maíz, yuca, pepino y cebollín, y luego, en la campana de frio, logré remolachas, col, tomate y Ají pimiento, este último fue decisivo en las ganancias.

Asociado a la UBPC Francisco Castro Ceruto, Vázquez Tortosa es uno de los primeros productores en Campechuela en montar el sistema fotovoltaicos en su finca Ebenezer y cuyo impacto ya muestra sus frutos.

Ante las adversidades acarreadas por la falta de combustibles y los gastos de una planta para generar energía eléctrica, los paneles solares son la salvación, pues no solo pago menos por consumo, sino que puedo ajustar el riego a determinadas horas.

Ahora mismo se preparan dos hectáreas para sembrar boniatos, y en igual cifra coseché antes más de 600 quintales de cebolla.

Yo comencé con 2.14 hectáreas y ahora tengo 6, y proyecto el montaje de una Casa de Posturas y un Módulo pecuario en la parte alta, para la crianza de chivos, ovejas, puercos, conejos y aves de corral.

Procedente de la comunidad rural campechuelense Altos de Jo, este hombre de 42 años, casado y con cinco hijos aprendió a cultivar la tierra y cuidar la familia. En Campechuela encontró el apoyo del Partido y el Gobierno para asumir sus nuevos compromisos.

Tengo invertidos más de 5 millones de pesos en la cebolla, cuya mayor cantidad ahora mismo está en almacenes porque el mercado está abarrotado. Vendo en 5 puntos pero la salida es lenta y súmale a ello que otros municipios venden aquí también.

Tenemos autorizó para salir a otros territorios granmense, pero la situación en estos no es diferente, y por otro lado el traslado, combustible, impuestos y otros gastos asumidos lo hacen todo irrentable. Si pudiéramos salir a otras provincias, tal vez habría ganancias.

Este año llegué a tener en el campo hasta 35 hombres contratados para cosechar la cebolla e imagínese que se les pago 1000 pesos a cada uno por día, más similar cifra a los 10 trabajadores permanentes de la finca. Le repito, el ají pimiento es el que responde, comencé su recogida en diciembre y todavía hay más en el campo.

Alrededor del área hay sembrado plátano burro y censa 324 de los que he recogido más de 15 quintales, y cuento con pepino verde para semilla y pronto instalare los 8 paneles que me faltan y garantizar los 10.2 kilowatt de entrega.

Vivo de lo que produzco, me satisface hacer donaciones a instalaciones hospitalarias y asistenciales, así como a personas vulnerables. De algo estoy seguro periodista: hacer producir la tierra, es proponérselo, sentencia tras el apretón de manos de despedida.