Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 19 de enero de 2016

Maduro: ¿Cuántos países pueden mantenerse con un precio de 22 dólares por barril?

Publicado: 19 ene 2016 22:58 GMT | Última actualización: 20 ene 2016 00:35 GMT

El presidente de Venezuela ha intervenido ante la Asamblea Nacional del país para explicar las vías de la salida de la crisis económica.

REUTERS/Carlos Garcia Rawlins
37911

Durante su discurso ante la Asamblea Nacional de Venezuela Nicolás Maduro sostuvo que la "manipulación financiera acabó con los altos precios del petróleo y gas".

Para el presidente venezolano, la caída de los precios del petróleo tiene una sola explicación: "una guerra geopolítica".

"¿Cuántos países pueden mantenerse con un precio de 22 dólares por barril?", se preguntó Nicolás Maduro. "Pocos o casi ninguno", aseguró.

Además, en relación con este tema, el líder venezolano afirmó que "ha llegado la hora de tomar las riendas de la OPEP" y "buscar cómo salir del foso".

La guía económica para el país

Según Maduro, la caída de los precios del petróleo colocó a Venezuela en una encrucijada histórica. Ahora se precisa estructurar un dialogo nacional para identificar y solucionar los problemas del país. Una de las grandes metas será generar nuevas fuentes de riqueza nacional, subrayó el mandatario venezolano.

"En épocas de crisis como ahora necesitamos propuestas viables, contundentes y oportunas", comentó el presidente del país sudamericano.

"Hay que hacer una revolución tributaria en Venezuela, hay que captar la riqueza", aseguró Maduro.

Además, Nicolás Maduro anunció la instalación del Consejo Nacional de Economía Productiva, que tiene como objetivo dar un impulso al desarrollo del país mediante unas políticas revolucionarias, y explicó que estará integrado por 45 miembros y 9 motores.

"Creo en el diálogo de acción, diálogo creativo... en un diálogo patriótico y comprometido, para construir una Nueva Economía Productiva y Diversa", declaró el mandatario venezolano a través de su cuenta de Twitter.

El 15 de enero el Gobierno de Venezuela decretó el Estado de Emergencia Económica durante 60 días. 

La medida pretende "proteger los derechos sociales de la educación, salud, vivienda y deporte de todos los venezolanos".

En una entrevista en exclusiva concedida a RT, Maduro se refirió a "los esquemas de guerra no convencional" creados para torpedear la economía y fomentar la inestabilidad en Venezuela.

¿Adiós a Schengen?: la Unión Europea ya tiene fecha de caducidad

Publicado: 20 ene 2016 01:00 GMT | Última actualización: 20 ene 2016 01:06 GMT

Mientras Berlín y Bruselas buscan una redistribución de los refugiados por toda Unión Europea, controles fronterizos cada vez más estrictos y el aislamiento de sus países miembros conducen al posible colapso del bloque continental.

REUTERS/Hannibal Hanschke

Los alemanes han cerrado sus fronteras a los refugiados en un intento por restaurar la situación interna del país, dado que cada vez es más notorio el descontento respecto a la política migratoria de la canciller Angela Merkel tras los asaltos sexuales en la ciudad alemana de Colonia. Vallas fronterizas se han erigido, campos de refugiados están desbordados, y el sentimiento antiinmigrante es cada vez mayor, informa la agencia Reuters.

El jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker subrayó que la actual crisis está poniendo en riesgo los logros económicos y advierte que esta puede ser la "última oportunidad" de Europa o tal vez el "comienzo del final". Asimismo, Merkel ha calificado a Europa de "vulnerable" y considera que el destino del euro está "directamente vinculado" a la resolución de la crisis migratoria. Sin embargo, el mayor de los problemas radica en un posible colapso de las instituciones que conforman la Unión Europea a consecuencia del progresivo aislamiento de los países que la conforman. "Nadie puede pretender que se pueda tener una moneda en común sin poder cruzar las fronteras con relativa facilidad", recalcó.

Europa tiene tan solo dos meses

Durante su intervención ante el Parlamento, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, declaró que Europa tiene tan solo dos meses para revolver la crisis de refugiados o en caso contrario, "se desintegrará como proyecto político". Señaló además que la cumbre de líderes de la UE que se celebrará en marzo es el plazo límite para encontrar una estrategia contundente, cita el diario 'Vzglyad'.

Mientras tanto, la esperanza se centra en los esfuerzos de Berlín por lograr un mayor apoyo económico para el Gobierno de Turquía que desestimule el flujo de inmigrantes provenientes de este país y en general de esa zona del continente.

Logran innovadores avileños significativo aporte a la economía


guaguas locales en Ciego de Ávila
La inventiva y el ingenio creador de los innovadores de la Empresa Provincial de Transporte, aportan más de 217 000 pesos a la economía en la provincia de Ciego de Ávila.

Los principales ingresos están dados en la reparación de equipos con más de 70 000 pesos y por concepto de fabricación y recuperación de piezas 147 249.
Hernán Hernández Leal, vicedirector técnico de la empresa, significó la importancia de los eventos científicos, así como también la remuneración a los innovadores destacados en la recuperación del parque envejecido.
El directivo destacó ejemplos como el de Orestes Fabré Companioni, quien a través de su inventiva recuperó un ómnibus Mercedes-Benz, que ahorró más de 85 000 pesos al sector del Transporte en la provincia.
Durante el mes de diciembre fueron renovados 30 equipos destinados a la transportación de pasajeros, acción que garantiza la estabilidad del coeficiente de disponibilidad técnica en el territorio.

lunes, 18 de enero de 2016

Los 62 más ricos poseen tanto como medio mundo (+ Infografías)

En este artículo: Bill Gates, desigualdad, dinero, Economía, Hambre, Planeta Tierra, Ricos


El mexicano Carlos Slim (izq) y el estadounidense Bill Gates, dueños de las dos fortunas más grandes del mundo.
El mexicano Carlos Slim (der.) y el estadounidense Bill Gates, dueños de las dos fortunas más grandes del mundo..
Según un informe de la Organización No Gubernamental Oxfam, publicado antes de la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, en Suiza, la riqueza de los 62 mayores millonarios ha crecido un 44 por ciento desde 2010mientras que la de los tres mil 500 millones más pobres ha caído un 41 por ciento. Los ricos lo son cada vez y aumenta la escacez de los pobres.
En tanto, 14 millones de personas se enfrentan al hambre en el sur de África debido a la sequía que se ha exacerbado por el patrón climático de El Niño.
La riqueza de los 62 mayores millonarios ha crecido un 44 por ciento desde 2010, mientras que la de los 3.500 millones más pobres ha caído un 41 por ciento, dijo la Organización No Gubernamental Oxfam, en un informe publicado antes de la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, en Suiza.
Casi la mitad de los grandes ricos son estadounidenses, otros 17 son europeos y el resto proviene de países como China, Brasil, México, Japón y Arabia Saudí.
“La preocupación de los líderes mundiales sobre la creciente desigualdad todavía no se ha materializado en medidas concretas para contrarrestarla. El mundo es mucho más desigual, y la tendencia ascendente de la desigualdad se está acelerando”, dijo la directora ejecutiva de Oxfam, Winnie Byanima, en el comunicado que acompañó el informe.
“No podemos seguir permitiendo que cientos de millones de personas padezcan hambre mientras que las élites económicas absorben los recursos que podrían ayudar a estas personas a salir de esa situación”, añadió.
Unos 7,6 billones de dólares de patrimonios de personas están en paraísos fiscales fuera de los países de origen y si pagaran impuestos a la renta se generarían 190.000 millones de dólares más para los gobiernos cada año, estimó Gabriel Zucman, profesor asistente de la Universidad de California, Berkeley.
Hasta un 30 por ciento de todo el patrimonio financiero de África está en el extranjero, lo que cuesta unos 14.000 millones de dólares en pérdidas de ingresos tributarios cada año, dijo Oxfam, que citó el trabajo de Zucman, en su informe Una economía al servicio del un por ciento.
“Las empresas multinacionales y las élites económicas juegan con unas normas distintas al resto, y rehúsan pagar los impuestos necesarios para que la sociedad funcione adecuadamente. El hecho de que 188 de las 201 mayores empresas estén presentes en al menos un paraíso fiscal es un indicador de que es hora de actuar”, dijo Byanima.

Y por otra parte…

Hambre en África1
14 millones de personas se enfrentan al hambre en el sur de África.
En torno a 14 millones de personas se enfrentan al hambre en el sur de África debido a la sequía que se ha exacerbado por el patrón climático de El Niño, dijo el lunes el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (WFP, en sus siglas en ingles).
El país más afectado es Malaui, donde 2,8 millones de personas o el 16 por ciento de la población pasa hambre, seguida de Madagascar donde casi 1,9 millones de personas están en situación de riesgo.
“Con las escasas lluvias en muchas zonas y con la posibilidad de plantar cereales cerrándose o casi cerradas en muchos países, las perspectivas son alarmantes”, dijo el proyecto WFP de la ONU.
(Con información de Reuters)
Los 10 más ricos del mundo
Los 20 más ricos del mundoGastos de los ricos

Oferta, demanda y los precios: esas piedras nuestras de cada día


Foto: Marita Pérez

18 enero


Por:

Fue mi amigo Goyo quien me dijo un día que lo que resultaba perverso no era tropezar dos veces con la misma piedra, sino encariñarse con ella. En Cuba hemos estado tropezando con la piedra de los precios varias veces.

Esta vez, ha sido el tomate quien nos lo ha recordado. El Solanum lycopersicum se convirtió en un gran protagonista de nuestra vida cotidiana a inicios de año, cuando sus precios (20 y 25 pesos cubanos la libra en los mercados agropecuarios, el equivalente a un día de salario medio) lo catapultaron a la fama y facilitaron que, nuevamente, los precios, el mercado, la oferta, la demanda y la magra capacidad de una buena parte de los bolsillos cubanos se vieran las caras.

Durante estos días y en más de una ocasión las culpas han estado pasando desde el Estado, hacia la famosa ley de la oferta y la demanda, la acción de los intermediarios (identificados mecánicamente como especuladores muchas veces) los campesinos y lógicamente la administraciones de los diferentes eslabones de esta cadena de entuertos.

Sin embargo, más que culpables creo que deben encontrarse las causas que provocan estas situaciones anómalas. Apuntaré algunas de ellas.

La primera de todas las verdades es que la producción nacional de algunos de estos productos sigue siendo insuficiente, en 2015 además declinó y por lo general los rendimientos que se obtienen están muy alejados de la media internacional y de nuestras necesidades. Esta es una de aquellas piedras a la que parece profesamos mucho cariño.




Pero no todo lo que se produce va a la venta a la población. La mayor parte de la producción tiene otros destinos; la industria, el turismo y el consumo social, que son el otro componente de la demanda de estos productos.


Según estos datos de la ONEI, sólo el 50% de la ya menguada producción de papa, el 6% de nuestros ansiados tomates y el 8,5% de nuestras cebollas es lo que llega a los mercados agropecuarios.

Como no existe importación de estos productos para mejorar la oferta en estos mercados, entonces no hay más recursos que incrementar la presencia en las tarimas y solo el consumidor puede acceder a lo que le llega de nuestra menguada producción nacional.

La demanda además, ha crecido, pues hoy centenares de nuevos restaurantes y cafeterías se han sumado como nuevos demandantes de esos productos.

Este año 2015, recién terminado, medio millón más de turistas se han sumado como comensales, parte de los cuales visita en una o varias ocasiones los restaurantes privados. La producción es, a todas luces, insuficiente para cubrir todos estos destinos.

De hecho en nuestros propios hoteles seguimos sorprendiéndonos cuando encontramos vegetales y hortalizas e incluso ¡hasta yuca! importada, ante la ausencia, falta de sistematicidad y calidad inadecuada de la producción agrícola nacional.

La demanda creciente es siempre una oportunidad para incrementar producciones e ingresos, expandir capacidades productivas, introducir mejoras tecnológicas, generar nuevos negocios…Pero en nuestro caso ocurre algo único en el mundo, la demanda creciente es ¡un problema!. Esta es otra de nuestras piedras recurrentes.

Foto: José Jasán Nieves

Otro aspecto, también interesante, es que en la estructura del mercado agropecuario cubano, los mercados estatales siguen siendo predominantes en cuanto a su participación en el valor total de las ventas. Así en el año 2014 participaban en el 51% del valor de los productos vendidos, mientras que hasta septiembre del 2015 eran el 37,8%. A su vez, los llamados mercados de oferta y demanda oscilan entre el 7 y el 8% de participación en la facturación y los puntos de ventas y los vendedores ambulantes (carretillas) suman de conjunto, alrededor del 36% de toda la facturación. Son formas organizativas del mercado que muchas veces funcionan con lógicas diferentes y en condiciones también diferentes.

Por estas y otras razones es que los precios son solo en parte el producto de eso que llamamos oferta y demanda. En otra parte, decisiva por cierto, los precios son el resultado de los costos de producción, circulación y comercialización, más los beneficios correspondientes a cada uno de esos segmentos de la cadena.

O sea, que nuestro poco tomate no llega virgen a los puntos de venta a la población, sino con su costo a cuesta. Si los costos de cosecha son altos, porque el salario diario de un jornalero en la agricultura puede cuadriplicar el promedio del salario diario nacional, si el petróleo ha subido de precio, si los insumos para producir nuestro tomate son también caros, sería pues casi ingenuo esperar que el tomate nuestro de cada día sea barato, en especial cuando el término “barato” siempre es algo relativo, que tiene en la ¿fortaleza? del bolsillo del cubano promedio un elemento determinante.

Si además entendemos que las personas que venden los tomates son también compradores de otros productos que se venden en nuestras tiendas estatales en divisas, a precios que a veces duplican y triplican sus costos de importación incluyendo el flete (aceite, perros calientes, muslos y contramuslos de pollo, leche en polvo, espaguetis, puré de tomate, detergente y otros productos de aseo y limpieza, algún refresco y de vez en vez -por qué no- una cerveza) y que los ingresos que reciben como compradores deben permitirle, después de cubrir costos y pagar impuestos, adquirir, al menos, una parte de esos productos, entonces estamos más cerca de entender la magnitud de la “piedra nuestra cada día”.

En el mercado de los productos en CUC, los precios se multiplicaron por varias veces el valor de sus referentes en el mercado en CUP allá por los inicios de la década de los noventa (por ejemplo, y a la tasa de cambio actual, menor que la que existía en 1993, el precio de un producto prescindible como la cerveza es 4000 veces mayor al que tenía en 1989, un litro de leche se pagaba a 25 centavos de peso cubano, pero su precio en la TRD alcanza 1,25 cuc, esto es 125 veces más o 12 500% de incremento) lo que redujo drásticamente el poder de compra del salario del trabajador cubano.

Aquella medida, que respondió a urgencias incuestionables, trae hoy más perjuicios que beneficios, pues genera mútilos incentivos negativos, tanto hacia las empresas como hacia los consumidores.

Para hacerlo más gráfico, la pregunta sería ¿cuántas libras de tomate deben venderse para, luego de cubrir los costos, permitirle al productor, adquirir un litro de aceite, comprar un kilogramo de pollo, un paquete de leche en polvo, etc.?

La economía está muy interconectada, nuestros mercados aparentemente tan segmentados tienen vasos comunicantes, y todo indica que nuestro mercado en CUC se ha convertido, desde hace mucho tiempo, en el referente fundamental de precios para todos nuestros mercados de consumo.

Saltar estas piedras o darle un rodeo es una difícil tarea para un Estado que, por otro lado, subsidia en más de un 97% los primeros 100 KW de electricidad para todas las familias cubanas, mantiene precios de 40 centavos de peso cubano en los ómnibus, varias veces menos que el costo real del pasaje, subsidia alimentos para todos, (los que necesitan el subsidio y los que no) aunque sean muchos menos productos que en aquella época especial en que recibíamos la ayuda fraternal y solidaria de la Unión Soviética, hace lo mismo con los medicamentos y no ha renunciado a mantener los servicios de educación y salud gratuitos, incluso para aquellos que hoy podrían pagar una parte.

Sin embargo, abstenerse de regular correctamente lo que debe ser regulado no es una opción. Tampoco debe serlo viajar hacia atrás en el tiempo y adoptar soluciones de ya probada insuficiencia.
Foto: José Jasán Nieves

A la lista de piedras con las que seguimos chocando habría que sumar también otras “características” de nuestros mercados de productos agrícolas.

De una parte está su escaso desarrollo y baja tecnología, que recuerda formas casi primitivas de organización y funcionamiento, la ausencia de cadenas de comercios que oferten productos frescos, la inexistencia de importaciones de estos productos para compensar déficit coyunturales, regulaciones algunas de ellas poco adecuadas a las necesidades actuales, poca transparencia en las operaciones de compra y venta en esos mercados, la existencia de muy pocos mercados mayoristas, y la consiguiente falta de competencia, que favorece precios monopólicos y muchas veces abusivos.

Un dato puede ilustrar la situación, en la Ciudad de la Habana cuando apenas éramos más de medio millón de ciudadanos existían tres grandes mercados al menos, que recibían productos de todo el país: El mercado de Carlos III, el de Cuatro Caminos y el de la Plaza del Vapor. En los años ochenta, operaban tres mercados concentradores: Berroa, Ocho Vías y El Trigal. Hoy tenemos solo El Trigal, a cuya cooperativa se le concedió el monopolio del mayoreo de productos agrícolas en la capital del país: ¿Qué impide estimular la presencia de más mercados mayoristas en la capital de todos los cubanos?

Cuando se afirma que la ley de la oferta y la demanda es la culpable de nuestro tomate de 20 pesos, se reducen de forma muy simplista las causas reales del problema.

Países muy ricos y con una vocación para nada socialista, desde hace muchos años entendieron que la producción y la comercialización de alimentos es un asunto de alta sensibilidad política y han adoptado repetidamente medidas que a la vez de proteger a los consumidores, garantizan las condiciones mínimas para evitar que sus productores agrícolas sucumban a la competencia desleal de los de otros países.

En realidad los consumidores cubanos solo asistimos al último acto de esta larga puesta en escena en sus diferentes temporadas. Somos los que tropezamos con la piedra todos los días, como si alguien la llevara debajo del brazo y la fuera lanzando delante de nosotros a cada uno de nuestros pasos.

domingo, 17 de enero de 2016

ACONTECER ECONÓMICO CUBANO

Por Pedro Meluzá López

Empresas holandesas exploran oportunidades de negocios y cooperación

AL INAUGURAR en La Habana el foro de negocios entre Cuba y el Reino de los Países Bajos (Holanda, Curazao, Aruba y San Martín), la ministra holandesa de Comercio Exterior y Cooperación al Desarrollo, Lilianne Ploumen, precisó que la expectativa es que las 77 empresas y organizaciones del Reino presentes en esta misión amplíen y fortalezcan su red de contactos y "puedan explorar oportunidades de negocios y cooperación". Citó entre las compañías importantes que asisten a Philips, Unilever y Heineken, además de representantes de puertos, aeropuertos y Zona Franca de la agrupación.

Las empresas holandesas no vienen para obtener ganancias rápidamente, dijo, sino para obtener asociaciones. Su objetivo en Cuba es alcanzar alianzas sostenibles con el gobierno, las organizaciones y los empresarios cubanos.

La titular manifestó su felicidad por el acuerdo que dejó constituida la empresa mixta Unilever-Suchel, para instalar en el lote 55 de la Zona Especial de Desarrollo Mariel una moderna planta productora de artículos de aseo, cuidado personal y limpieza del hogar, una inversión superior a los 35 millones de dólares que debe comenzar a operar a fines del 2017. Es un primer éxito para expandir nuestra cooperación, destacó.

El Grupo Unilever comercializa sus ofertas en 190 países y factura al año unos 50 millones de euros. En la conformación de la nueva entidad, cuenta con una participación del 60 por ciento y la parte cubana del 40, reportó Prensa Latina.

Se trata de la novena compañía establecida en Mariel, antecedida por otras firmas procedentes de México, España, Bélgica, Brasil y Cuba.

Terminan estudios previos a la nueva terminal portuaria oriental

ESTE AÑO comenzarán con fuerza los trabajos de construcción de la nueva terminal portuaria multipropósito en la bahía de Santiago de Cuba, tras la terminación en el 2015 de la fase previa a la inversión, consistente en estudios y comprobaciones en tierra y en el agua.

La instalación, con millonario crédito chino, contará con un muelle de unos 231 metros de largo y capacidad de admisión de buques de hasta 55 mil toneladas, podrá manejar distintos tipos de carga y forma. La obra se complementa con una batería de almacenes, nuevos accesos ferroviarios y viales y sistemas automatizados con tecnología de punta para las operaciones portuarias, reportaron la agencia Xinhua y el NTV.

Cuando concluyan las labores, la terminal quedará en mejores condiciones técnicas para sus funciones como segundo puerto de la Isla.

Optimista presidente de Cámara Comercio EE.UU por nexos con Cuba

NOS SENTIMOS optimistas por las potencialidades de la creciente actividad económica con Cuba, expresó el presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Thomas Donohue, en su informe anual leído en Washington sobre las perspectivas de la economía estadounidense para el nuevo año.

El directivo y empresario calificó de "muy significativo" el incremento de la actividad comercial y de viajes con la mayor de las Antillas desde que se anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambas naciones, informó PL.

No obstante, admitió su escepticismo ante la posibilidad de que el Congreso de su país legisle este año un posible levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a la Isla en 1962.

Donohue ha visitado Cuba en dos ocasiones y es una de las voces más activas contra la medida norteamericana, reseñó Prensa Latina.

Pasan de 496 mil los cuentapropistas

EL TRABAJO por cuenta propia lo ejercen en la actualidad en todo el país poco más de 496 mil 400 personas, el 65 % de las cuales se agrupan en las provincias de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Camaguey, Holguín y Santiago de Cuba, informó el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Las actividades más representativas son la elaboración y venta de alimentos (56 270), el transporte de carga y pasajeros (50 482), el arrendamiento de viviendas, habitaciones y espacios (26 634) y agentes de telecomunicaciones (24 105). Los trabajadores contratados suman 114 mil.

Del total de personas autorizadas a ejercer el trabajo por cuenta propia, el 17% son, además, asalariados del sector estatal; jóvenes y mujeres constituyen el 30% respectivamente y jubilados el 12%, dio a conocer el citado Ministerio.

Insuficiente producción agropecuaria e ineficiente comercialización

AMBOS CONCEPTOS son manejados en un amplio artículo publicado por el semanario Trabajadores bajo el título "Solución muy demorada" y en el cual a manera de conclusión señala: "Para muchos queda claro que la producción agropecuaria es insuficiente y que los mecanismos de comercialización no funcionan. No hay competencia entre mercados estatales y de oferta y demanda, ¿cómo puede haberla?, y tampoco existe un respaldo de otros alimentos lograr un balance a la hora de servir la mesa. Por lo tanto urge contratar todas las cosechas y lograr que estas lleguen a sus destinos sin intermediación de especuladores que lleven los precios al cielo. La solución ha sido muy demorada".

El comentario de Ana Margarita González afirma en sus párrafos iniciales que "el fenómeno de los altos precios no es nuevo, su ascenso galopante se desató con la descentralización o la libre formación de precios que avalaron los organismos de competencia para la comercialización, y la modalidad del trabajo por cuenta propia en esta actividad". Más adelante expresa que los precios agropecuarios se replican casi idénticamente en el país, sin que estos sean dictados por normativas oficiales. Hay pocos mercados estatales y los existentes están deficientemente abastecidos. "El desabastecimiento reina en los mercados agropecuarios desde los días finales de año y los primeros del 2016, desatando la especulación sobre los precios…", subraya la periodista.

Alto desarrollo de la acuicultura y la camaronicultura cubanas

EL PASADO año la acuicultura en Cuba alcanzó un elevado desarrollo productivo y registró el mayor volumen anual de toda su historia, nacida en la década de 1980, dio a conocer a Prensa Latina el director nacional de esa esfera, Nelson Pérez.

En el 2015, agregó, produjimos 27 mil 500 toneladas de pescado, unas mil 400 por encima del plan anual, resultado logrado gracias a mayor organización, mejoras en el aseguramiento del pienso y las artes de pesca y elevada motivación entre trabajadores y colectivos.

El grueso de la producción se utiliza como materia prima para la elaboración de croquetas, embutidos, picadillo y otros alimentos para la población, aunque sin satisfacer todas sus necesidades.

Actualmente se pone fundamental énfasis en los cultivos intensivos y en el mejoramiento genético de las especies.

La camaronicultura forma parte del sector y también está en pleno auge, informó el funcionario, con cifra récord de captura el año pasado de 4 678 toneladas, superior a lo planificado para el período. Se ejecuta un plan inversionista para rejuvenecer las instalaciones camaroneras con más de 20 años de explotación, con el objetivo de elevar la potencialidad del crustáceo como renglón exportable.

(Cierre: 15/1/16)



Fuentes: Trabajadores, PL, NTV, Xinhua, Granma y ACN.

sábado, 16 de enero de 2016

Tiembla el Banco Mundial: China abre las puertas del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura

Publicado: 16 ene 2016 17:54 GMT

57 países, entre los que figuran Reino Unido, Alemania, Australia y Corea del Sur, se han unido a la iniciativa, que deja al margen a Estados Unidos y a Japón

Reuters


El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) ha abierto oficialmente este sábado sus puertas en Pekín, en una ceremonia oficiada por el presidente Xi Jinping, informa la agencia de noticias 'Xinhua'. 

Durante la jornada del sábado estaba previsto elegir al presidente y a la junta directiva del banco. Según informa Tass, la delegación rusa que visita Pekín está encabezada por el ministro de Desarrollo Económico de Rusia, Alexéi Ulyukayev, y el viceministro de Finanzas, Serguéi Storchak.

En su discurso durante la ceremonia de apertura, Xi dijo que la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura "mejorará las oportunidades de desarrollo de la infraestructura en Asia y promoverá la integración económica regional".

"Esperamos que los países miembros aumenten sus inversiones. El AIIb mantendrá una posición abierta y estará dispuesto a interactuar con otras estructuras económicas en la región", señaló el presidente del gigante asiático.

El Gobierno de EE.UU. sufrió el año pasado una 'derrota diplomática', cuando la mayoría de sus aliados más cercanos se inscribieron para formar parte del banco, incluidos Reino Unido, Alemania, Australia y Corea del Sur. En total, 57 países se han unido a la iniciativa, dejando a Estados Unidos y Japón al margen del negocio.

"Los países están descubriendo que deben operar cada vez más en la órbita de China", señaló el pasado mes de diciembre 'The New York Times', subrayando que la comunidad internacional se da cuenta de que al flamante banco irán asociadas ventajas financieras.

Estados Unidos da luz verde para iniciar negocios en el área de las telecomunicaciones en Cuba.

Autor LAURA REAL
enero 16, 2016

El Gobierno de EEUU autorizó que las compañías de telecomunicaciones del país proporcionen servicios entre Estados Unidos y Cuba, según una nueva orden de la Comisión Federal de Comunicaciones.

“Estamos de acuerdo (…) que la eliminación de Cuba de la lista de exclusión permite a los operadores estadounidenses iniciar la prestación de servicios en Cuba, promover comunicaciones abiertas, y ayudar a fomentar las comunicaciones bilaterales entre Estados Unidos y Cuba”, dice la orden emitida el viernes.

La Comisión Federal de Comunicaciones dijo que la orden es efectiva inmediatamente.

Washington incluyó a Cuba en la lista de exclusión de la comunicación en 1996 y los operadores que buscaban ofrecer servicios con Cuba estaban obligados a presentar una solicitud especial que se tramitaba en coordinación con el Departamento de Estado.

En octubre de 2015, el Gobierno de EEUU sugirió eliminar las restricciones en materia de telecomunicaciones con Cuba tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con La Habana tres meses antes.

El retorno de la inversión pública

Dani Rodrik is Professor of International Political Economy at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government. He is the author of The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economy and, most recently, Economics Rules: The Rights and Wrongs of the Dismal Science.

CAMBRIDGE – La idea de que la inversión pública en infraestructura (calles, represas, centrales de energía, etc.) es un motor indispensable del crecimiento económico siempre ejerció una poderosa influencia en los funcionarios de países pobres. También estuvo detrás de los primeros programas de ayuda al desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Banco Mundial y diversas instituciones bilaterales comenzaron a canalizar recursos a países recientemente independizados, para la financiación de proyectos de gran escala. Y es la motivación del nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) liderado por China, que busca cubrir el presunto faltante de infraestructuras de la región, por un valor estimado en 8 billones de dólares.

Pero hace mucho que este tipo de modelo de crecimiento impulsado por la inversión pública (a menudo denominado despectivamente “fundamentalismo del capital”) perdió el favor de los expertos en desarrollo. Desde los años setenta, los economistas han recomendado a los funcionarios restar énfasis al sector público, el capital físico y la infraestructura, y priorizar en cambio los mercados privados, el capital humano (habilidades y capacitación) y las reformas administrativas e institucionales. El resultado, según todas las apariencias, fue una total transformación de las estrategias de desarrollo.

Pero tal vez sea hora de reconsiderar ese cambio. Si uno observa los países que, a pesar del empeoramiento de la situación económica global, todavía crecen rápidamente, verá que en gran medida se debe a la inversión pública.

En África, el ejemplo de éxito más sorprendente de la última década es Etiopía. Su economía viene creciendo a un ritmo anual promedio mayor a 10% desde 2004, lo que se trasladó a una importante reducción de la pobreza y una mejora de los indicadores sanitarios. A diferencia de muchos de sus vecinos en el continente, el país no tiene abundancia de recursos y no se benefició con el auge de los commodities. Y la liberalización económica con reformas estructurales que suelen recomendar el Banco Mundial y otros donantes internacionales tampoco tuvo mucho que ver.

En cambio, el veloz crecimiento fue resultado de un inmenso aumento de la inversión pública, de 5% del PIB a principios de los noventa a 19% en 2011 (la tercera tasa más alta del mundo). El gobierno etíope se embarcó en una campaña de gasto para construir rutas, vías férreas, centrales de energía y un sistema de extensión agrícola que mejoró considerablemente la productividad en las áreas rurales donde vive la mayoría de los pobres. El gasto se financió en parte con ayudas extranjeras y en parte con políticas heterodoxas (como la represión financiera) que canalizaron ahorros privados hacia el Estado.

El veloz crecimiento de la India también se basa en un sustancial aumento de la inversión, que ahora equivale a cerca de la tercera parte del PIB. Buena parte del incremento provino de fuentes privadas, muestra de la gradual flexibilización de trabas al sector empresarial que se produjo desde inicios de los ochenta. Pero el sector público sigue siendo un actor importante. El gobierno tuvo que intervenir, porque tanto la inversión privada como la productividad total de los factores decayeron en años recientes.

En la actualidad, la inversión pública en infraestructura ayuda a mantener el impulso de crecimiento de la India. Según declaraciones del jefe de asesores económicos del gobierno, Arvind Subramanian: “Creo que los dos sectores que frenan la economía son las inversiones privadas y las exportaciones. (...) Por eso (...) la inversión pública cubrirá el faltante”.

En América latina, Bolivia es uno de los pocos países exportadores de minerales que se libró de correr la misma suerte de otros ante la actual caída de precio de los commodities. Se prevé que en 2015 el PIB boliviano siga creciendo a un ritmo superior al 4% anual, en una región cuya producción general se está reduciendo (un 0,3%, según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional). En buena medida eso se relaciona con la inversión pública, que el presidente Evo Morales considera motor de la economía boliviana. De 2005 a 2014, la inversión pública total como porcentaje del PIB nacional creció a más del doble (de 6% a 13%), y el gobierno pretende subir aun más el cociente en los años venideros.

Sabemos que los grandes aumentos de inversión pública, igual que las bonanzas de commodities, muchas veces terminan mal: su rentabilidad económica y social disminuye, el dinero se acaba, y está todo listo para una crisis de deuda. Un estudio reciente del FMI señala que, tras algunos efectos positivos iniciales, la inversión pública pierde la mayor parte de su fuerza.

Pero eso depende en gran medida de las condiciones locales. La inversión pública puede mejorar la productividad de una economía por tiempo considerable (tal vez una década o más), como ha sido claramente el caso de Etiopía. También puede ser un catalizador de la inversión privada: hay cierta evidencia de que eso ocurrió estos últimos años en la India.

Los beneficios potenciales de la inversión pública no son solo para los países en desarrollo. De hecho, puede que un aumento de la inversión pública local hoy fuera especialmente ventajoso para las economías avanzadas de América del norte y Europa occidental. Tras la gran recesión, estas economías tienen muchas áreas donde sería útil un aumento del gasto público, para aumentar la demanda y el empleo, restaurar infraestructuras deterioradas y dar impulso a las actividades de investigación y desarrollo, especialmente en tecnologías ecológicas.

En el debate político suelen contraponerse a estos argumentos objeciones relacionadas con el equilibrio fiscal y la estabilidad macroeconómica. Pero la inversión pública es distinta de otros tipos de gasto público (como el pago de salarios de empleados estatales o las transferencias sociales), porque sirve para acumular activos, en vez de consumirlos. En la medida en que la rentabilidad de esos activos supere el costo de financiación, la inversión pública mejora la situación fiscal en la práctica.

Como no sabemos cómo terminarán los experimentos de Etiopía, la India o Bolivia, corresponde tomar recaudos al extrapolar la experiencia de esos países a otros casos. Pero los tres son ejemplos que otras naciones, incluidas las desarrolladas, deberían observar atentamente en su búsqueda de estrategias de crecimiento viables en un entorno económico global cada vez más hostil.

Traducción: Esteban Flamini


Read more at https://www.project-syndicate.org/commentary/public-infrastructure-investment-sustained-growth-by-dani-rodrik-2016-01/spanish#MzMYKUxq6dawE7oM.99

¿Es necesaria tanta desigualdad?

Podemos redistribuir una parte de los ingresos de las élites sin entorpecer el progreso



Una familia sin hogar en un comedor social en Mississippi. / SPENCER PLATT (GETTY)

¿Hasta qué punto es necesario que los ricos lo sean tanto? No es una pregunta ociosa. Se podría decir que, en el fondo, de eso trata la política estadounidense. Los progresistas quieren subir los impuestos a las rentas altas y utilizar lo recaudado para reforzar la red de seguridad social; los conservadores quieren hacer lo contrario, y afirman que las políticas que gravan a los ricos perjudican a todos al reducir los incentivos para la creación de riqueza.

Ahora bien, la experiencia reciente no dice mucho en favor de la postura conservadora. El presidente Obama ha sacado adelante una subida considerable de los tipos impositivos más altos y su reforma sanitaria ha supuesto la mayor ampliación del Estado del bienestardesde Lyndon B. Johnson. Los conservadores vaticinaron un seguro desastre, tal como hicieron cuando Bill Clinton subió los impuestos al 1% que más gana. En cambio, Obama ha acabado siendo responsable de la mayor creación de empleo desde la década de 1990. A pesar de ello, ¿existe alguna razón que, a la larga, justifique una gran desigualdad?

No les sorprenderá escuchar que muchos miembros de la élite económica creen que la hay. Tampoco se sorprenderán si les digo que yo no estoy de acuerdo, que creo que la economía puede prosperar con mucha menos concentración de ingresos y riqueza en la cúspide de la pirámide económica. Pero ¿por qué lo creo?

Me parece útil reflexionar sobre ello recurriendo a tres modelos que explicarían el origen de la desigualdad extrema, ya que la economía real toma elementos de los tres.

En primer lugar, una enorme desigualdad podría explicarse porque existan grandes diferencias de productividad entre unos individuos y otros: algunas personas son capaces de hacer una contribución cientos o miles de veces superior a la media. Esta es la opinión plasmada en un ensayo reciente muy citado, del que es autor el inversor en capital riesgo Paul Graham y que goza de gran popularidad en Silicon Valley (es decir, entre personas que ganan cientos o miles de veces más que los trabajadores corrientes).

En segundo lugar, una gran desigualdad podría deberse sobre todo a la suerte. En el clásico del cine El tesoro de Sierra Madre, un viejo buscador de oro explica que este metal vale tanto —y quienes lo encuentran se hacen ricos— gracias al trabajo de todos los que salieron en busca de oro pero no lo encontraron. De manera similar, podríamos tener una economía en la que quienes se lleven el premio gordo no sean necesariamente más listos o trabajadores que quienes no lo consigan, sino que tengan la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.

En tercer lugar, la causa de las grandes desigualdades podría ser el poder: los ejecutivos de las grandes empresas que pueden establecer su remuneración, los embaucadores financieros que se hacen ricos con información privilegiada o cobrándoles honorarios injustos a los inversores ingenuos.

Como he dicho, la economía real contiene elementos de estas tres historias. Sería estúpido negar que algunas personas son, de hecho, mucho más productivas que la media. Pero sería igual de estúpido negar que un gran éxito en los negocios (o, de hecho, en cualquier otra cosa) tiene una parte importante de suerte; no solo la suerte de ser el primero al que se le ocurre una idea o estrategia muy rentable, sino también la de haber nacido en la familia adecuada.

Y sin duda el poder también es un factor importante. Leyendo a alguien como Graham, uno pensaría que los ricos de Estados Unidos son, en su mayoría, emprendedores. En realidad, el 0,1 % más rico está compuesto sobre todo por directivos y, aunque puede que algunos de ellos hayan amasado su fortuna embarcándose en empresas arriesgadas, lo más probable es que la mayoría haya llegado hasta ahí ascendiendo por una sólida escalera empresarial. Y el aumento de los ingresos de los de arriba del todo es un reflejo de los estratosféricos sueldos de los altos ejecutivos, no de las recompensas a la innovación.

Pero, en cualquier caso, la pregunta interesante es si podemos redistribuir una parte de los ingresos que actualmente van a parar a élites minoritarias, y destinarlos a otros fines sin entorpecer el progreso económico.

No digan que la redistribución es mala en sí misma. Incluso si los ingresos elevados fuesen un reflejo perfecto de la productividad, los resultados del mercado no equivalen a una justificación moral. Y dado el hecho de que la riqueza suele ser un reflejo de la suerte o el poder, hay muchos argumentos a favor de que se recaude parte de esa riqueza en forma de impuestos y se use para fortalecer la sociedad en su conjunto, siempre que no se destruyan los incentivos para seguir creando más riqueza.

Y no hay motivos para pensar que se destruirían. Si echamos la vista atrás, Estados Unidos alcanzó el crecimiento y el progreso tecnológico más rápidos que ha tenido durante las décadas de 1950 y 1960, a pesar de que los tipos impositivos máximos eran mucho más altos y la desigualdad mucho menor que hoy en día.

En el mundo actual, los países con impuestos elevados y poca desigualdad, como Suecia, son también muy innovadores y poseen muchas empresas de reciente creación. Esto puede deberse, en parte, a que una red de seguridad sólida fomenta la asunción de riesgos: la gente estará dispuesta a buscar oro, aun cuando el éxito de la aventura no la haga tan rica como antes, si sabe que no se morirá de hambre si vuelve con las manos vacías.

Así que, volviendo a mi pregunta inicial, no, los ricos no tienen que ser tan ricos como lo son. La desigualdad es inevitable; la desigualdad extrema que existe hoy en Estados Unidos no lo es.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía de 2008.

© The New York Times Company, 2016.

Traducción de News Clips.

Futuro y fuga del dinero

Miguel Iradier, Rebelion

Los que acostumbran a leer noticias alternativas en inglés, norteamericanas sobre todo, habrán reparado en la frecuencia con que últimamente aparecen admoniciones, a menudo alarmistas, sobre la guerra contra el dinero en efectivo (the war on cash). El capitalismo norteamericano está enamorado del apocalipsis, seguramente porque, como ya se ha notado, el mismo fin del mundo se concibe como un espectáculo o mercancía producido en el interior del sistema y no como el fin del sistema. Se hacen lúgubres prospectos del “campo de concentración financiero” que se avecina y uno se pondría a temblar de inmediato si no fuera porque eso, poco más o menos, es lo que ya parece que tenemos. Además, muchos de los que ponen aquí su indignado grito en el cielo (¡no nos van a dejar ya ni tener billetes!) son el mismo tipo de gente obsesionada con atesorar oro y que sólo concibe la libertad en términos de poder adquisitivo. Otra especie de “indignados”, genuimente conservadora y americana, que nos viene a recordar las profundas diferencias de mentalidad que todavía persisten entre Europa y América.

A pesar de todo, conviene no olvidar que la guerra al dinero en efectivo no es un mero culebrón para catastrofistas, sino una persistente y poderosa tendencia actual que aún está adquiriendo impulso -está acelerándose- y que determinará en gran medida el escenario de los próximos años y décadas. Los medios alternativos de aquí, que tal vez temen mezclarse con cualquier chisme con tintes reaccionarios, ignoran el tema con esa especial habilidad que tienen para eludir ciertos temas importantes. Uno tal vez no sabe muy bien qué pueda significar hoy ser reaccionario -puesto que a casi todos, y no menos los que se autodenominan “izquierda”, apenas nos es dada otra cosa que reaccionar; pero justamente este tema del destino del dinero, si conseguimos confrontarnos con él, podría ser una oportuna piedra de toque y un excelente revelador de cómo andan las cosas. 

Dado lo poco que se escribe en español sobre el asunto, no estará de más hacer algo de repaso. Por descontado, información y rumorología al respecto, monocorde y repetitiva, puede encontrarse con sólo teclear en inglés “war on cash” or “cashless economy”.

Bail out/Bail in: Rescate y captura

La actual corriente de artículos sobre la presunta guerra al dinero en efectivo suele tomar como punto de partida artículos recientes de Kenneth Rogoff (Harvard) y el economista en jefe de Citigroup Willem Buiter. Ambos debaten los beneficios y riesgos de la prohibición o cuasi-prohibición del dinero en efectivo, contemplando, naturalmente, la posibilidad de una implantación gradual con restricciones sucesivas en el tamaño de los billetes y sus sumas. Esto, de hecho, es lo que se ha visto en diversos países del euro como Italia, Francia o Grecia desde los comienzos de la crisis financiera del 2008. Rogoff añade que tampoco haría falta decretar la prohibición, y que bastaría con dejar los billetes de 1 dólar o 5 para las transacciones cotidianas de los agentes marginales y rezagados de la economía como pobres o ancianos; apreciación que por sí sola ya nos da cierto olor de lo que se pretende.

Buiter por su parte va de cabeza al principal motivo de preocupación de los bancos, y sin preámbulos nos dice que la debacle financiera del 2008 se hubiera podido evitar con sólo cargar un 6 por ciento de interés negativo sobre el dinero en metálico, o dicho de otro modo, tomando un 6 por ciento de los depósitos de los ahorradores para forzar a todo el mundo a gastar cualquier dinero que pueda tener en efectivo. Se trata, en definitiva, de pasar de los rescates con inyecciones del erario público a la captura de los propios depósitos de los ahorradores, para lo cual ya hace tiempo que sin publicidad se despliegan leyes favorables. El mayor de los bancos americanos, JP Morgan Chase, ya cobra un 1 por ciento a los “excesos” de dinero en depósito.

Ni que decir tiene, si ya no hay dinero en efectivo o sus movimientos se encuentran severamente limitados se evitan las estampidas financieras con la gente pugnando por sacar sus depósitos; no hay que decretar un corral porque ya todo es por principio un corral (no hay dinero tangible que sacar), y de aquí, tal vez, el socorrido calificativo de campos de concentración financieros. Aunque hay bastante más que esto.

Las ventajas para la banca son evidentes, y lo mismo cabe decir para el estado, que, so pretexto de luchar contra la evasión fiscal, podría acceder a un control ideal y al detalle de las acciones y transacciones de los ciudadanos. Los argumentos fiscales son por ejemplo el motivo esgrimido por el gobierno de Netanyahu para su plan por etapas para una economía sin efectivo en Israel, en un estado cuyo presupuesto, se dice, se halla tan exigido por los gastos militares. Y naturalmente, los portavoces de los bancos aseguran que con estas medidas la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen -por no hablar de la evasión fiscal- sería infinitamente más efectiva.

Si las ventajas tanto para el estado como para la banca son enormes, puesto que ambos son hoy los grandes polos de poder, cabe estar seguro de que estas iniciativas gozarán del mejor viento en sus velas. Además, no sólo hay que contar con el acostumbrado despliegue de relaciones públicas para minimizar las resistencias, si de verdad las hay; más fuerte que todo esto es que el mismo Zeitgeist, el mismo Espíritu del Tiempo, ha asumido como suya la misión de convertir en electrónico todo lo que pueda ser convertido, y el dinero no es precisamente algo secundario en esta función. Por añadidura es una de las cosas que mejor se prestan a ello. ¿Por qué querría el Espíritu del Tiempo convertirlo todo en electrónico? Pues justamente, para convertirlo en dinero. La inagotable sed de liquidez. En definitiva, el Espiritu del Tiempo es el Dinero y punto; aunque, aquí está la gracia, no hay por qué confundir dinero y capital. Y en cuanto a la gradualidad, sólo hay que administrarla de forma oportuna al compás del apuro y de las crisis, puesto que nada se ha transformado de manera más paulatina.

Sin duda las tarjetas de crédito, aunque a menudo las utilicemos para ir al cajero, nos han ido haciendo a la idea del puro dinero electrónico. Pero ahora en países como Suecia o Dinamarca los mismos cajeros están desapareciendo, porque son ya muy escasas las transacciones hechas con billetes. Allí en muchas áreas comerciales ni aceptan ya efectivo, que se está tornando en un lastre o incluso en algo un tanto sospechoso. Ahora se trata de pasar de la tarjeta al iphone, y ya están aquí las aplicaciones de pago por teléfono como Apple Pay y otras, con las grandes multinacionales como siempre en vanguardia. Lo cashless y cash free es lo último y los festivales de música ingenian sistemas de pago por pulsera electrónica para que “sin contacto” pagues más y mejor. Usando datos biométricos ya no tendrás que rellenar interminables formularios por internet, sino que podrás “comprar sin pensar, como a ti te gusta”. Nada subliminalmente, se ofrece la promesa levitante y eufórica de un mundo sin dinero, pero con tu iphone. No te pringues la mano con algo tan sucio como un billete, con abundantes trazas fecales, de mocos y de cocaína. Y además, si no llevas cartera nadie te robará por la calle; eso se queda ya en exclusiva para los amistosos estafadores de las comisiones.

Porque siempre hay que luchar contra el crimen. Y de paso, empezamos a criminalizar toda la economía informal, se entiende que la de bajo nivel adquisitivo. Por añadidura, el sistema de los billetes, además de inefectivo, resulta muy caro para todos. Es innegable que los billetes grandes hacen más fáciles las corruptelas y los movimientos del crimen organizado, pero ya se ha empezado a decir que son la causa. Ya están cantadas las noticias de redadas contra cejijuntos terroristas atesorando sacos de billetes en sus búnkeres, mientras en los anuncios, libre de dinero, la juventud angelical vuela extasiada por el aire. Ninguna exageración, puesto que el ministro de finanzas francés Michel Sapin atribuyó los atentados de Charlie Hebdo a la capacidad de comprar cosas con dinero en efectivo; desde entonces se establecieron controles a partir de mil euros para “luchar contra el uso del dinero en efectivo y el anonimato en la economía francesa” [1]. Y en cuanto a la publicidad, ya la tenemos.

Esta transparente “sociedad sin dinero” (en efectivo) no va a quedarse en un experimento para civilizados escandinavos; hasta el Banco Central de Nigeria ha establecido como una prioridad la reducción en lo posible de esta reliquia del pasado. También pensando en África, Bill Gates prevé soñador que “por el 2030, dos mil millones de personas que no tienen una cuenta bancaria estarán acumulando dinero y haciendo pagos con sus móviles. Y por entonces los proveedores de dinero en el móvil ofrecerán todo un espectro de servicios finacieros, desde ahorros con interés a seguros y créditos”[2] . La Belinda and Gates Foundation está volcada en llevar la mano amiga de la banca a los más pobres, pues, como afirman en sus comunicados oficiales, también los pobres pueden ser una base de clientes rentable.

Ni en España faltan pioneros. Guillermo de la Dehesa, ex-funcionario del estado, secretario del PSOE en tiempos de Solchaga, consejero del Santander y de Goldmann Sachs, y colaborador de El País vaticinaba ya en el 2007 un mundo mucho más seguro y menos violento una vez que desapareciera “el mayor incentivo que ampara toda la actividad ilegal”[3]. De la Dehesa, junto con Enrique Sáez, uno de los primeros abogados de la iniciativa, no dudaba en convertir al dinero en efectivo en causa hasta de las guerras.

Como se ve el argumento de la seguridad es el más recurrente del lado de los gobiernos, y la seguridad no es más que el aspecto amable del control. Las transacciones sin efectivo han de incorporar la tecnología de cadena de bloques (blockchain) que vio la luz con la primera criptomoneda de éxito, Bitcoin, pero que es enteramente independiente de ésta: una base de datos distribuida y abierta con ciertos protocolos que mantiene un registro acumulado de todas las operaciones. De este modo todas las operaciones y transacciones con dinero, salvo por las monedas o billetes de baja denominación que no fueran derogados, serían íntegramente rastreables.

Los expertos en la materia dicen que esta tecnología de cadena de bloques es extremadamente segura y difícil de trucar, de modo que la panóptica trasparencia a que serían sometidos los ciudadanos/consumidores no sería mayor que la que tendrían “los banqueros y los gobernantes”, así todo junto y sin solución de continuidad. Suena encantador. Tal vez no haya por qué dudar de que se trate de una tecnología de lo más democrática, al menos por diseño y concepción; pero cuándo se ha visto que una tecnología impuesta desde arriba fuerce la igualdad entre los de arriba o los de abajo. Si acaso cabría pensar en una más dramática e insondable separación entre administradores y administrados. El problema no es la tecnología, sino su imposición, y para unos fines bien concretos; así esa tecnología sólo puede asumir la función que le sea asignada, y que indudablemente se transformará con el tiempo.

Además, como dicen algunos, no hay problema que traiga la tecnología que la tecnología no pueda arreglar. Con nuevas innovaciones. A la descentralizada pero compacta tecnología de bloques pronto le han crecido apéndices tales como las cadenas laterales (sidechains), muy aptas desviaciones para otras criptomonedas paralelas, y que, se afirma, permiten prevenir “faltas de liquidez”, “reducir la volatilidad” y un largo etcétera de conveniencias. Puede ser cierto, pero no hace falta entrar en muchos detalles para escuchar la misma música, los mismos estribillos, los mismos prodigiosos e ilimitados despliegues de la ingeniería financiera de siempre, con renovadas y aumentadas posibilidades. ¿Puede sorprender entonces que Goldman Sachs, que siempre se ha mostrado entusiasta con esta tecnología, esté desarrollando con sus propias patentes su particular versión del Bitcoin, llamada provisionalmente SETLcoin? Y ciertamente no han de ser los únicos. Parece ser que los bancos, siempre impacientes, no están dispuestos a esperar a que la rémora de la política estatal conforme el campo de medidas y ya están anticipando sus propias soluciones. Las cadenas laterales, como buenas ramificaciones, son un gran paso para lograr el efecto multiplicador de la red que puede ser decisivo a la hora de consolidar este nuevo uso y práctica del dinero.

Las ventajas que el puro dinero electrónico tienen para el estado y la banca son tan claras que no merecen demasiados comentarios, pero la cruz del asunto no está en la suma, sino en el producto de ambos. Pues si el matrimonio entre banca y estado viene de viejo, ahora se haría casi imposible limitar la nueva atribución de poderes con que se vería consagrada. Asistida por la inminente ubicuidad de la vigilancia electrónica y “la internet de las cosas”, estaría por nacerles un hijo que multiplicará la belleza de sus progenitores. Sólo hay que pensar un poco en ello, pues nuestra fantasía podría cosechar otro más de sus patéticos fracasos.

Singularidad y horizonte de sucesos

Hace años, especialmente antes del milenio, se puso de moda entre “transhumanistas”, tecnoprofetas y otros pirados hablar de una supuesta singularidad tecnológica hacia la que nos estábamos peligrosamente acercando. Pronto los ordenadores y los robots aprenderían a autorreplicarse y mejorarse por sí mismos y así de un día para otro el Homo Sapiens quedaría hundido en el barro sin sospechar siquiera lo sucedido. Si uno no cree en empanadas especulativas como la de los agujeros negros de los físicos, difícilmente creerá en una quimera como la de la singularidad tecnológica. Pero para la psicología no deja de ser un síndrome fascinante, puesto que alía las virtudes higiénicas del Apocalipsis con el más desenfrenado optimismo aprovechando el denominador común de la fuga y el escape. No es algo fácil de superar. El problema es que la tecnología nunca está a punto. En cambio podríamos asistir al nacimiento de un síndrome nuevo y no menos fascinante que ya tiene solucionados los problemas técnicos, es decir, ya tiene su libre curso garantizado: se trata del síndrome de la singularidad financiera, aún no tipificado por los psiquiatras.

Lo bueno de pensar en la unión indisoluble entre banca y estado como un agujero negro es que, si estamos ciertos de que los agujeros negros no existen, nos facilita grandemente conjurarlo. Por otra parte tiene la ventaja de que podemos seguirle la corriente a los locos y hasta empatizar con ellos sin necesidad de pasarnos a su bando. Si el todo es singular, cualquier singularidad en una parte no pasará de ser una ficción mental, pero por otra parte, gracias al impagable (y en realidad impresicindible) concepto de horizonte de sucesos, podemos hablar tranquilamente de lo imposible como si fuera tan sólo inevitable. Y además, un horizonte de sucesos está lleno de cosas especulables y discurribles, puesto que es un embudo de tiempo.

Admitido que los intereses de la banca y el estado por terminar con billetes y cheques son desde su punto de vista perfectamente razonables, puede preguntarse dónde está el delirio. Pero ya adelantamos que no es la suma, sino el área del producto, el que circunscribe el nuevo espacio para las aberraciones que intentamos concebir. Ahora mismo no sabemos si ambos polos de interés habrán de coincidir a la hora de eliminar el antiguo dinero, o si, ante problemas mayores de las grandes divisas actuales (dólar, euro, yuan, yen, libra, etc), la banca intentará desbordar por las bandas en una especie de enloquecida criba darwiniana de monedas estatales y no estatales. Todo eso está por ver ya que los sobresaltos en estos diez o quince años próximos están garantizados. El dinero en la forma actual difícilmente puede tener más tiempo que ése.

Puesto que los problemas técnicos para la eliminación del actual dinero ya están prácticamente resueltos, es obligado volver sobre los obstáculos que el proyecto tiene en las otras esferas, fundamentalmente la política y la económica. Curiosamente, los obstáculos sociales no parecen merecer mucha consideración de los abogados de la “sociedad sin dinero”. En el capítulo económico, y especialmente si se consideran las divisas de los estados y ecozonas, como el dólar o el euro, un asunto primordial es la concertación, puesto que cualquier intento unilateral por parte de una economía de restringir el uso de su moneda atraería el uso de divisas extranjeras en su propio territorio. Incluso si en los Estados Unidos, que siguen gozando con diferencia de la divisa más fuerte, se restringiera drásticamente el uso de dólares en efectivo, sólo se lograría desencadenar una compra frenética de euros, yuanes y hasta rublos si no hay nada mejor, invirtiendo la situación y trasfiriendo la fuerza del dólar a la pujanza del propio mercado negro interno.

Esto sería al menos lo más probable por la sencilla razón de que, como admiten Rogoff y Buiter, el motivo de partida para acabar con el dinero en efectivo es darle algo de aire y espacio de maniobra a los bancos a través de los tipos de interés negativos; luego se aducen el resto de “ventajas.” Sabido es que todos los grandes bancos centrales llevan años bordeando el interés cero o el interés negativo, y fabricando grandes sumas de dinero, con el pretexto de estimular la economía. En la práctica, el dinero les llega casi sin interés a los bancos y las líneas directas de crédito privilegiadas, que se dedican a especular gracias a la enorme ventaja con que cuentan. Faltaría más, el usuario normal del banco tiene que pagar unos intereses mucho más altos, por no hablar de las tarjetas de crédito. Por otro lado ese interés cercano a cero, y que se querría negativo, penaliza a los ahorros depositados en los bancos, pues ya la inflación suele ser mayor que el interés.

Con intereses negativos, el ahorrador está pagando directamente por dejar dinero en el banco, aun si ignoramos la inflación. Y por otro lado, los bancos centrales buscan obsesivamente la inflación, por la que no dejan de suspirar continuamente en la letanía de sus comunicados oficiales. “¡No conseguimos la suficiente inflación!” lloran una y otra vez, lo que debería dejar atónito al más sufrido lector de noticias, cuando siempre se nos dijo que el motivo fundacional de los bancos centrales era proteger el valor adquisitivo de sus monedas y por ende luchar contra la inflación. La razón para esto, claro está, es que en una economía de deuda como la que tenemos la inflación es ventajosa, puesto que hace más baratos los pagos futuros. Los bancos centrales, que no son sino los consorcios de los bancos privados con la bendición del estado, hacen todo lo posible por exacerbar la economía de la deuda.

Así pues, los bancos quieren tener libertad para imponer tipos negativos y que la gente tenga que pagar por su dinero en el banco. Como en tales circunstancias los ahorradores prefieren sacar el dinero y tenerlo en efectivo porque conserva mejor el valor que los depósitos, la única forma de impedirlo es terminar con el dinero en efectivo mismo. Este es el plan, tal es la solución final.

El Banco Central Europeo fue el primer gran banco en aventurarse en las aguas de los intereses negativos en junio del 2014, con un modesto 0,3 por ciento. Le siguieron los bancos centrales de Suecia, Dinamarca y Suiza, que ya lo había hecho anteriormente en los setenta. ¿Cuánto por debajo de cero puedes llegar? El límite lo pone la conyuntura, no la vergüenza. Pero si el dinero en efectivo se reduce a un rango residual, se ha conseguido eliminar el principal obstáculo.

Dicho sea de paso, el hecho de que ahora se lamenten en los bancos centrales porque no hay suficiente inflación, y de que se castigue sin disimulo al ahorro, al que hasta ayer se consideraba fundamento del capitalismo, es algo que supera las más gruesas parodias. Es el signo más cierto de que ya hollamos el territorio del postcapitalismo, aunque aún no nos atrevamos a reconocerlo. Y no queremos reconocerlo porque no queremos admitir que el periodo posterior al capitalismo podría ser peor en diversos aspectos a su predecesor, o que su predecesor no apuró el cáliz de sus males. Al menos, si llamamos postcapitalismo a la fase en que ya carecen de relevancia las contradicciones que en una fase anterior hubieran socavado sin remedio su discurso y su sistema. Ahora no lo socavan, luego se está abriendo una nueva época y ante las temibles implicaciones de esto muchos lo prefieren ignorar. Penalizar el ahorro también significa oponerse al motor de la movilidad social, que hasta ahora era la válvula de escape del sistema para el descontento social. Siendo esto tan peligroso, ¿qué es lo que se pretende? Al menos hablando en términos económicos clásicos, si no ahorras, lo único que te queda por hacer es consumir o jugar en el casino de la bolsa. Y este es el rol lubricante que se espera del nuevo microsiervo.

Los intereses negativos y la captura o confiscación del dinero de la población es prácticamente el único y último grado de libertad importante que tiene un sistema bancario-estatal que parece haberlo intentado absolutamente todo y que, mientras navega a la deriva por un mare tenebrarum de derivados financieros y activos tóxicos contempla que los paños calientes de la última crisis tienen un efecto marginal cada vez menor. No podrían “estimular” la economía ni aunque empezaran a repartir billetes con helicópteros. Así que la cuestión es el cómo y el cuándo.

Si la prioridad la establece la urgencia, lo primero es tener algo de aire a nivel financiero, y lo inmediatamente posterior, ante la inestabilidad creciente, es fortalecer los mecanismos de control a través de esta nueva vuelta de tuerca financiera. Pues a veces, como cuando se habla del dinero en helicópteros, parece que el problema, más que el propio dinero, es mantener sujeto al conjunto del tinglado y de la gente. En lo grande es imposible separar lo económico de lo político.

Las crisis, ya se dijo, jalonarían esta limpieza del dinero en efectivo. Las primeras restricciones importantes en países europeos vinieron tras el 2008. Si el hundimiento en bolsa de las punto-com en el 2000 biseló el cambio de milenio, la crisis sistémica del 2008 es el primero de los tres grandes golpes que, a lo sumo, puede aguantar este sistema antes de desmoronarse por completo. Y es que el colapso no es un acontecimiento sino un proceso, y como todo proceso tiene su ritmo. Los tres golpes pueden recordarnos los tres soplos del lobo en el cuento de los tres cerditos. La segunda gran crisis sistémica podría haber empezado ya, aunque una discreción que es de agradecer nos habría ahorrado el susto. Ya nos hemos acostumbrado a pensar que no hay crisis que se precie sin un Lehman Brothers o un hundimiento espectacular en la bolsa; pero ahora podría ser distinto, puesto que en el 2008 los bancos centrales no estaban bombeando el dinero a marchas forzadas para seguir inflando los mercados (bolsa, bonos, vivienda) y ahora sí. Los indicadores generales pueden ser ahora iguales o peores que en el verano del 2008, pero el descenso, a decir de Charles Hugh Smith, podría parecerse más al de un avión que va quedándose sin combustible que a una caída en picado. No es que vaya a faltar el suministro de dinero, pero, como con cualquier adicción, el aumento de las dosis tiene efectos decrecientes.

Aun ignorando tantas cosas, podemos abonarnos a la idea de que continuarán las crisis cada 7 u 8 años como ha venido siendo la tónica en los últimos dos siglos; el año 2016 tiene entonces grandes probabilidades de ser uno de estos años críticos incluso sin la presencia de los detonantes habituales. Más simplemente, podría ser el año en que se reconociera que las políticas monetarias que se han venido usando como medicina no tienen efecto, permaneciendo una larga serie de problemas sin resolver o agravados. Las crisis periódicas del siglo XXI tienen esto de notable. Antaño el efecto destructivo de los ciclos de negocio se veía compensado, después de todo, con otro efecto de limpieza y renovación relativos, para hacer bueno aquello de la “destrucción creativa” de Schumpeter. Pero ahora lo que vemos es que los vicios se agrandan, acentúan y se enquistan mientras se crean fortalezas y murallas contra la innovación. En general, vivimos una época de enfeudamiento mucho más que de innovación efectiva, lo que no quita para que el potencial de innovación sea hoy mucho mayor que en otras épocas. De aquí precisamente los muros defensivos.

Y además, como ya se ha notado abundantemente, a este sistema-mundo ya casi se le han acabado los nuevos mercados (espacio), el efecto novedoso de casi todo lo vendible (renovación en el tiempo), y tampoco espera nadie nuevos ciclos tecnológicos con capacidad de reciclar el trabajo perdido y el capital que busca rendimiento. Así nos adentramos en el estancamiento del producto global con captura de rentas por unos pocos y el desmoronamiento interno de la estructura social por choques sucesivos. El mismo éxito y eficiencia del sistema para conseguir sus propios fines se convierte, en un entorno con márgenes cerrados, en la mejor garantía de su deceso. Lo que llamamos “morir de éxito”.

Si todo esto es así el efecto de crisis sucesivas en estas primeras décadas del siglo es a la larga mucho más demoledor, pues lo sabemos muy bien, no hay recuperación por más que se pretenda lo contrario. Y si no hay recuperación, con el primer golpe el sistema se estremecerá, con el segundo se tambaleará, y con el tercero caerá. Los años de estos golpes serían, grosso modo, 2008, 2016 y 2025. Hacia mediados o finales de la próxima década estaremos entrando en otro mundo, otro sistema, por la sencilla razón de que el actual será ya inhabitable. Pues justamente cuando un sistema es incapaz de reformarse el hundimiento está garantizado. Parece una proposición autoevidente.

Cuanto menos posibles las reformas, más segura la caída o más profunda la transformación. Dado que la presión colosal del “éxito” del sistema fuerza todo a ello, incluidas las oligarquías y los gobernantes. Si queremos verlo así, puede augurarse, más que una muerte, una “Gran Transformación” de pareja magnitud a la estudiada por Polanyi, pero, colonizado ya todo el espacio de acción, mucho más concentrada en el tiempo. Si todo pasara por las alternativas entre banca y estado, tal como enfatizan las opciones electorales, estaríamos más que condenados. Puesto que ambos no son una alternativa sino un tándem, desde los tiempos que estudiaba Polanyi, y de forma infinitamente más orgánica ahora. Pero es improbable que un tiempo sometido a tensiones tan violentas no tenga potencial para engendrar bifurcaciones. Y la bifurcación no puede estar causada por la falsa alternativa que nos lleva de cabeza, sino por todo lo que ésta reprime o no deja ver.

A vueltas sobre el sistema monetario: “Todo está sobre la mesa.”