Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 26 de abril de 2017

El interés social y la terca realidad (II)




LA HABANA. En el artículo anterior se mostraron unos cálculos relativamente sencillos para poder establecer una comparación realista con el nivel actual de precios. No obstante, esa referencia está mediada por varios hechos que brindan mayor complejidad al análisis.

Primeramente, el salario medio mensual fue un referente acertado para aproximar el nivel de ingreso de las familias en 1989, ahora lo es mucho menos. Es bien sabido que en la actualidad, la mayoría de los hogares cuentan con fuentes de ingreso adicionales. En segundo lugar, también sabemos que tanto el salario en el sector público como los ingresos adicionales de cualquier naturaleza se reparten más desigualmente en la actualidad. En tercer lugar, los taxis de entonces y los boteros de ahora no enfrentan las mismas condiciones de operación, en tanto estos no reciben ningún subsidio o tratamiento preferente, mientras que una buena parte de sus gastos de operación tienen que cubrirlos en la red minorista que opera en pesos convertibles, donde estos artículos están gravados por un elevadísimo impuesto de ventas. La comparación se enrarece aún más dado que hoy circulan dos monedas, y existen varios tipos de cambio en la economía. Ello hace extremadamente difícil realizar una valoración global de la productividad y eficiencia entre los distintos operadores.

Por otra parte, sería muy injusto decir que los operadores privados ganan mucho sobre la base de un ingreso de 200-300 CUC. ¿Cuál es la referencia? ¿El salario medio mensual en el sector público? En economía política marxista el salario es una categoría que se aplica a aquella compensación que cubre mínimamente las necesidades básicas del trabajador y su familia, permitiendo la reproducción de la fuerza de trabajo. Bajo ese criterio, sería difícil decir que los salarios del sector público son una base válida de comparación. Retomando los ingresos extra-salariales, si lo que percibe un taxista privado es el ingreso esencial, a lo mejor resulta más lógico compararlo con el ingreso total de otras familias, dado que el salario no puede ser la única referencia por las razones explicadas anteriormente.

Además, la discusión sobre el poder adquisitivo de las familias cubanas se ha concentrado durante mucho tiempo en el nivel y la dinámica de los precios y mucho menos en el otro gran componente, los ingresos. Si el ingreso promedio familiar creciera consistentemente a un ritmo similar al de los precios, no habría afectación. Las políticas orientadas a disminuir o congelar precios, en mercados expuestos a condiciones variables, pueden traer efectos contraproducentes. Estos pueden ir desde la disminución de la rentabilidad del sector y por tanto su atractivo para invertir, el estímulo a la informalidad y la evasión fiscal, la salida de varios oferentes, entre otros. Esto último, por ejemplo, le otorgaría un mayor poder de mercado (y por lo tanto para fijar precios) a los oferentes que decidan o puedan continuar las operaciones. Desafortunadamente, dado que la discusión sobre cómo aumentar sostenidamente los ingresos de amplios segmentos de nuestra población desborda el ámbito específico de un sector, es bastante frecuente que no se incluya en las discusiones.

Existen, eso sí, algunas certezas. Si se pretende controlar administrativamente los precios, sin actuar sobre las condiciones básicas de operación de un mercado para llevarlo a un nuevo equilibrio, se pueden esperar todos los efectos que hemos presenciado en las últimas semanas. No se puede pretender resolver problemas de esta índole con resoluciones y decretos. Haríamos muy bien en estudiar un poco más sobre cómo operan realmente los mercados. Con estas medidas probablemente el más afectado fue el propio pueblo, cuya protección fue la que activó la reacción del gobierno.

Si en el país hay menos combustible disponible, y eso afecta directamente a esta actividad, ¿cómo es posible esperar que aumente la oferta de servicios de transporte? Si el precio que deben pagar los taxis por el combustible se percibe como elevado, entonces una vez más aparecerán quienes atiendan esa demanda desviando los recursos desde el sector estatal, aprovechándose de los precarios sistemas de control.

Una de las razones más poderosas para mantener un precio tan alto es el subsidio del combustible que se entrega al sector estatal. Se argumenta que tiene que ser así para proveer servicios muy apreciados por los ciudadanos, pero la realidad es que también contribuye a financiar la ineficiencia del sector público.

Asimismo, los precios del transporte privado están relacionados con el nivel de precios en el resto de la economía. También son muy altos en la red que vende productos en pesos convertibles. También lo son en la flota que antes pertenecía a una empresa estatal, y ahora funciona bajo otra modalidad. Por lo que otra vez aparece el fantasma de los sesgos en contra del sector privado. ¿Cuánto representan los servicios de transporte en el índice de precios general de la economía? El menguado poder adquisitivo de los ingresos de las familias es un asunto de primera importancia, pero no se puede tener una discusión seria sobre la base de acciones de este tipo. La observación no indica que la mayoría de los participantes en ese mercado estén más satisfechos ahora que antes.

¿Cómo se puede atender este asunto? En primer lugar, el estado del transporte refleja en gran medida lo que ocurre a nivel de toda la economía. La economía cubana ha crecido muy poco, por debajo de su potencial, por lo que no podemos pensar que existen los recursos para atender todas las necesidades. ¿Por qué pensar que es diferente con el transporte? Ocurre también con la vivienda, y con tantas otras cosas. Recientemente este sector ha sido impactado por eventos más específicos, descritos anteriormente. Se podría intentar una mejora en la eficiencia del sector, optimizando la asignación de recursos e insumos en función del desempeño evitando la discriminación por forma de propiedad; o diseñando un programa de sustitución de medios ineficientes en el sector privado, y otras muchas. Se podría establecer un consejo regulador de la actividad en la Capital, integrado por todas las partes interesadas, e incluyendo a los consumidores.

Esto sería un buen comienzo para cambiar la forma de pensar y de hacer, reconociendo las características de Cuba en los inicios del siglo XXI. Tratar de controlar los precios es casi siempre una muy mala idea. Parece sensato suponer que el transporte en una gran ciudad no puede descansar en soluciones individuales, sería el caos. Pero en todas las ciudades, incluso en las que cuentan con los sistemas de transporte más avanzados, existe también el transporte privado. Se cuestiona la solución privada, pero no se ofrece una alternativa pública. ¿Cuándo se ha logrado diseñar y poner en práctica un sistema de transporte eficiente en La Habana? Nunca, y no es un asunto de la crisis económica. Hay muchísimas ciudades en el Tercer Mundo, incluyendo América Latina, con soluciones innovadoras en este ámbito. No se trata solo de recursos, y no avanzaremos si nos aferramos a fórmulas del pasado.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.Temas: Cuba, economía cubana, transporte privado en Cuba

El interés social y la terca realidad (I)





LA HABANA. En las últimas semanas hemos sido testigos de otro episodio controvertido en el largo camino hacia la búsqueda de verdaderas soluciones a nuestros muchos agobios. El gobierno de la ciudad Capital introdujo regulaciones de precios en el funcionamiento del transporte privado de pequeña escala, lo que se conoce por acá como los boteros. Lo primero que cabría preguntarse es si el gobierno de la capital debería hacer esto, y en caso de que sea así, bajo qué condiciones. Esta no es una consideración menor, porque una decisión desacertada puede tener consecuencias desastrosas.

Vamos a empezar por aquí. Es una idea bastante popular que los gobiernos tienen la legitimidad necesaria para realizar intervenciones puntuales en los mercados en función de garantizar el bien colectivo y otras consideraciones similares. Pero también es una práctica aceptada que esas intervenciones deben realizarse bajo ciertas condiciones, con el objetivo de garantizar la viabilidad y el funcionamiento de estos mercados a largo plazo.

Nadie debería estar interesado en crear confusión, o la sensación de que cualquier pretexto es bueno para arremeter contra alguno de los actores en un mercado específico. El resultado bien puede ser, y la evidencia empírica lo demuestra, que en estos casos se puede desalentar la inversión o la competencia, y la sociedad termina pagando las consecuencias. Ahora bien, algunos podrían decir que la nuestra no es una economía de mercado y las reglas deben ser diferentes, y puede que sea verdad. Pero lo cierto ahora mismo es que hay mercados funcionando en nuestra economía, y haríamos mucho bien si empezáramos a estudiar cómo regularlos inteligentemente. Un ejemplo reciente es la notable subida de precios en los hoteles capitalinos a partir del dramático incremento de visitantes extranjeros. Si la ley de la oferta y la demanda funciona ahí, por qué asombrarse cuando ocurre en otro sector.

Como otras veces en el pasado, el objetivo fundamental fue “proteger a la población” en contra del abuso desmedido de algunos choferes de autos particulares. En general, casi todo el asunto giraba alrededor de los precios, sobre los que existía la percepción de que ya eran muy altos y estaban aumentando muy rápidamente, junto a otras prácticas deshonestas en ese mercado, como el “picoteo” del recorrido, buscando maximizar el ingreso por asiento.

Uno de los objetivos de este ejercicio será demostrar que posiblemente “la población” no salió bien parada como resultado de esta decisión. Este es un tema complejo, y tampoco este trabajo pretende agotar la discusión, sino procurar el análisis de otras aristas que también son válidas.

La medida en sí, anunciada en varios medios nacionales el 8 de febrero de 2017, introduce precios máximos para los servicios que prestan los trabajadores privados del transporte, en dependencia de las rutas y las distancias a recorrer. En varios casos, estos precios no se diferencian demasiado de los que se estaban cobrando hasta hace muy poco, pero en algunos tramos supone una rebaja, lo que por supuesto, provocó una reacción negativa de parte de la mayoría de los choferes y dueños.

También existía un antecedente. En julio de 2016, luego de las reducciones programadas en las asignaciones de combustible a una buena parte del sector público, como respuesta a las afectaciones que venían experimentándose con la importación de hidrocarburos, las cotizaciones se elevaron en el mercado informal de contrabando, lo que trajo como consecuencia un aumento de las tarifas aplicadas a los clientes. En aquel momento, hubo una primera reacción del gobierno, a la que siguió un relativo ajuste de la situación. Sin embargo, las causas esenciales no variaron y los operadores continuaron buscando alternativas para mantener los márgenes de rentabilidad. A continuación, se tratará de describir brevemente los agentes y fundamentos esenciales de ese mercado, al menos en el contexto de la capital del país.

La descripción comienza con el ámbito de la oferta. La ciudad tiene hoy un promedio de 600 ómnibus, que realizan unos 7600 viajes al día, transportando alrededor de 1,1 millones de pasajeros. Solo como referencia, en 1984 (los directivos del sector plantean que fue el mejor año del transporte en la Capital), existían 1700 ómnibus que realizaban 30 000 viajes diarios, que lograron transportar a 4,3 millones de pasajeros. Es decir, 33 años atrás el sistema público transportaba cuatro veces más pasajeros que en la actualidad.

Adicionalmente, existen otros proveedores como los ómnibus pertenecientes a entidades estatales, los taxis (CUC), las cooperativas, y por supuesto los choferes privados. Distintos funcionarios han reconocido que estos últimos operan alrededor de 5000 carros diarios que transportan a unos 160 000 pasajeros, que representarían el equivalente al 15% de lo que logra el resto de los operadores estatales y cooperativos.

Ahora vamos a examinar la demanda. La población de la ciudad es esencialmente la misma que en 1989, solo ligeramente superior. Pero hay otras diferencias. La población flotante sí ha crecido notablemente, por muchas razones, entre las que se encuentra la concentración de oportunidades económicas en la Capital, frente a otras regiones. A esto habría que añadir los visitantes internacionales, que si bien en su mayor parte usan el sistema paralelo de transporte turístico, más recientemente representan una fuente adicional de demanda como resultado del mayor peso del alojamiento privado, y la aspiración de vivir una experiencia auténticamente cubana.

La dinámica descrita anteriormente bastaría para explicar lo que ha estado ocurriendo recientemente. La oferta pública es una fracción de lo que fue hace dos décadas mientras que la demanda ha crecido sustancialmente. Los resultados son una creciente participación del sector privado en la prestación de servicios de transporte, y una estructura de precios que refleja las condiciones del mercado en mayor magnitud que en el sector estatal.

¿Por qué estos hechos sorprenden a tanta gente? Si la demanda continúa aumentando y la oferta no aumenta al mismo ritmo pues los precios se irán ajustando al alza. Este es un efecto bastante intuitivo cuando se establecen los hechos básicos. Recordemos que mientras el sistema estatal puede permitirse los números rojos indefinidamente en el entendido que se recibirán recursos públicos, el sector privado no puede acudir a esta solución. Además, los que se dedican a esta actividad establecen sus tarifas sobre la base de obtener una ganancia, de lo contrario, cuál es el propósito de dedicar tiempo y recursos a una actividad determinada.

A lo anterior se puede añadir otra dimensión. Una percepción extendida, y no sin fundamento, explica lo ocurrido sobre la base del tratamiento discriminatorio que reciben estos actores del transporte capitalino. Se les ha llamado “mal necesario”, se plantea que hay que “enfrentarlos” y otras cuestiones por el estilo. En algunos trabajos se ha reconocido que el transporte estatal es insuficiente y de mala calidad, que los taxis de las agencias estatales tienen precios prohibitivos, entre otras revelaciones. Si se aceptan estos hechos, entonces por qué se reduce la “respuesta” al comportamiento en este segmento, que incluso se reconoce representa una proporción relativamente modesta de todos los ciudadanos transportados. Por ejemplo, ¿qué pasa si se aplica la misma rigurosidad en el cumplimiento de lo establecido para los choferes de los ómnibus públicos? Se han elaborado varios trabajos periodísticos sobre la indisciplina en este segmento. ¿Cuál es la solución en este caso? ¿Se les termina el contrato? Probablemente no se hace porque no hay muchos sustitutos y empeoraría aún más la situación. Se ha dicho también que había muchos operadores informales. Probablemente sea verdad. Ahora, ¿acaso no convendría trabajar conjuntamente para lograr que una mayoría se incorpore al trabajo formal, de forma tal que se expanda la oferta?

Luego viene la discusión sobre el nivel de las tarifas. Para determinar cómo los niveles actuales se comparan con los de otras épocas se va a utilizar el índice de precios acumulado desde 1989, que recoge la inflación acumulada desde ese año. Como referencia, un peso del año 1989 equivale a 9 pesos actuales. Por ejemplo, el precio del pasaje en guagua en 1989 era de 10 centavos, y su equivalente actual serían 90 centavos. Es decir, en términos reales, el transporte público es más barato (40 centavos oficialmente) que lo que lo era en 28 atrás. Lo que lleva a preguntarse si no valdría la pena considerar si una empresa puede ser adecuadamente gestionada en esas condiciones, en tanto una mayor recaudación podría contribuir a pagar mejores salarios a sus trabajadores, que también son parte del pueblo. En la práctica, casi todo el mundo termina pagando un peso ($1), por lo que no habría una gran diferencia. Esos 10 centavos representaban en 1989 el 0,0005% del salario medio mensual de aquel año ($188). En estos tiempos, el número sería bastante similar (40 ctvs y 687 pesos).

Respecto a los taxis, al análisis es un tanto más complejo porque el servicio regular en aquella época no es directamente comparable con el que presta el sector privado actual, al menos en lo que se refiere a las rutas fijas. Las tarifas vigentes en 1989 eran de 70 centavos por la recogida y unos 25 centavos adicionales por kilómetro. Apliquemos estas cifras (y la equivalencia de 1 peso de entonces por 9 actuales) a las distancias de la ciudad y la conclusión directa es que 10 pesos (20 pesos para tramos mayores), no resultan necesariamente más caros en relación a los precios de entonces.

¿Cómo explicar el malestar actual y qué se puede hacer?

(Fin de a primera parte)

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.Temas: Cuba, economía cubana

Apretó la sequía, pero cuajó la cosecha

Nelson García Santos 
26 de Abril del 2017 0:23:03 CDT

SANTA CLARA, Villa Clara.— En la pugna entre la sequía y la manera de menguar sus efectos, la Agricultura de esta provincia se apuntó un tanto a favor, al cumplir la mayoría de los planes de producción de alimentos en el último trimestre.

Quizá lo más novedoso resultó la aparición de estrategias al tiempo que, incluso, redujeron la mortalidad de la masa ganadera por falta de comida.

Dicho en las palabras de Héctor Torna Martínez, delegado de la Agricultura en Villa Clara, se prepararon mejor las condiciones para enfrentar el período de sequía.

Ese juicio lo traducen en su exacta dimensión algunas cifras: de enero a marzo se sobrepasó el programa de alimentos planificados, pues se distribuyeron 1 752 154 toneladas.

Se destaca el aprovechamiento de los subproductos de la zafra, como hacía años no ocurría, que ascendió a 144 713 toneladas provenientes de los residuos de centros de acopio, cachaza, miel-urea-bagacillo, miel, cogollo y caña de demolición.

Para mantener la vitalidad del ganado, se recuperaron 1 090 hectáreas forrajeras que estaban dedicadas a otros fines, se produjeron 3 824 toneladas de heno, fueron construidos 3 644 cuartones para el pastoreo y se chapearon 19 031 hectáreas destinadas a la alimentación.

Fue necesario también, ante el agotamiento de 720 fuentes de abasto, distribuir el agua en pipas a 37 011 animales y se montaron 81 bombas para extraer el líquido, que funcionan con paneles fotovoltaicos.

Todas estas medidas favorecieron el hecho de sobrepasar la producción de carne vacuna y porcina, y de cumplir al 90 por ciento el plan de leche.

En cuanto a los cultivos varios, se produjeron 115 294 toneladas de viandas, hortalizas, frutas y granos por encima de lo planificado.

Avalados por la Dirección de la Agricultura en el territorio, esos resultados reflejan un buen desempeño, pese a que todavía se necesitan mayores producciones y lograr mejores rendimientos en los cultivos.

martes, 25 de abril de 2017

Desigualdad en Cuba: ¿combatiendo la riqueza o la pobreza?


Pedro Monreal , El estado como tal.

Reducir la desigualdad en Cuba requiere medidas de diverso tipo, pero no todas tienen la misma prioridad, ni similar urgencia. Contrario a lo que muchas veces parece asumirse en el debate nacional, reducir la desigualdad en Cuba no consiste, fundamentalmente, en comprimir la riqueza de quienes la tienen, sino en resolver la pobreza de quienes la padecen.

Para que no haya equívocos, no me parece éticamente apropiado que existan en el país personas y grupos sociales con niveles de ingreso y de riqueza 30 veces, o más, superiores al de muchos ciudadanos que son personas calificadas, decentes y trabajadoras; pero el imperativo ético que debe ser priorizado y las acciones de política para respaldarlo deben ser colocados en erradicar las causas de la pobreza y no tanto en aminorar la creación de riqueza que se produce dentro de la ley.

Establecer mecanismos de redistribución acreditados –como los impuestos- que permitan hacer transferencias de unos grupos a otros debe ser, sin duda, parte de las políticas nacionales para alcanzar una sociedad más equitativa. Es un componente para evitar altos niveles de concentración de los ingresos y de la riqueza, pero la prioridad debe colocarse en políticas que favorezcan incrementar el ingreso de quienes hoy son pobres.

La desigualdad siempre es un concepto relativo. En lo económico, se refiere a la diferencia en los niveles de vida entre personas y grupos, como resultado de procesos de distribución de ingresos y de riqueza.

En el mediano y largo plazos, la desigualdad económica pudiera expresarse como desigualdad social –por ejemplo, la re-estratificación social- y también como desigualdad política, por ejemplo, el desencanto de sectores sociales con la política y el resultante vacío participativo que no queda “desocupado”, sino que pudiera beneficiar a otros grupos sociales.

En la práctica, desigualdad y pobreza tienden a existir simultáneamente y están relacionadas entre sí, aunque se trata de dos conceptos distintos. No siempre ocurre de esa manera pues hay países donde existen niveles relativamente altos de desigualdad, pero la pobreza extendida no es significativa. Sin embargo, este no parece ser el caso de Cuba.

La existencia de bienes y servicios públicos de acceso universal (como la salud y la educación) han desempeñado un papel importante en evitar niveles masivos de pobreza y un crecimiento aun mayor de la desigualdad, pero mantener e incluso mejorar esos bienes y servicios públicos no va a reducir, por sí solo, la pobreza y la desigualdad en Cuba.

A pesar de la ausencia de datos oficiales actualizados sobre desigualdad y pobreza -la última valoración del índice de Gini fue de 0,407 hace casi 20 años atrás y el nivel de pobreza estimado por especialistas es de aproximadamente el 25 por ciento de la población-, Cuba parece encontrase en una situación donde la reducción de la pobreza y de la desigualdad deben ir de la mano.

Expresado en otros términos: existe pobreza porque determinados grupos sociales han sido colocados en una situación permanente de desigualdad que les impide superar la pobreza. Por esa razón, tratar de reducir la pobreza dependería de la modificación de la condición de desigualdad en la que viven esos grupos sociales.

En un país donde la mayoría de quienes reciben un ingreso son trabajadores asalariados, las causas de la pobreza y de la desigualdad deben ser buscadas en el mercado laboral. Es, esencialmente, un problema de bajos salarios. Dado el peso mayoritario que tiene el sector estatal en el empleo asalariado, es plausible asumir que los bajos salarios estatales parecen ser una causa central de los niveles de desigualdad y de pobreza.

Aunque las llamadas “líneas de pobreza” son una medición insuficiente y controvertida del nivel de pobreza de un país, es, de todas maneras, un dato que hay que tener en consideración. No existe un cálculo oficial de la “canasta básica” en Cuba, pero existen economistas cubanos que han realizado estudios de terreno, que aportan evidencia que, aunque obviamente no puede ser asumida como un reflejo estadístico preciso de la media nacional, permiten tener datos concretos para hacerse una representación de la desigualdad y de la pobreza.

Ese es el caso del estudio realizado en 2015 por la Dra. Blanca Munster basado en una muestra de hogares del Consejo Popular Santa Fe. En ese estudio, el 96 por ciento de los hogares registraron ingresos per cápita iguales o menores de 420 pesos, en tanto el gasto mensual declarado por cada familia era de 1,955 pesos, de los cuales 1,710 pesos fueron gastos de alimentación.

El dato que debe ser retenido es que se necesitaban cuatro fuentes de ingreso promedio per cápita por cada núcleo familiar, simplemente para comer. Expresado de otra manera: el ingreso per cápita apenas cubría la cuarta parte de los gastos en alimentación de una familia.

Nótese que este tipo de estudios concretos ilustra una realidad que es mucho más compleja que la ilusión que pudieran ofrecer cifras como el salario estatal medio mensual que ha crecido en los últimos años, alcanzando un nivel de 687 pesos en 2015.

Hay un punto importante que debería ser entendido: reducir la pobreza y la desigualdad en Cuba no pasa, esencialmente, por medidas de redistribución social sino por transformar la esfera productiva, especialmente en lo relativo a la distribución primaria del ingreso. Resolver el problema en el sector estatal debería ser una prioridad y una urgencia.

Seguramente pudiera argumentarse que el sector estatal no puede pagar salarios más altos porque debe evitarse una potencial situación inflacionaria que acarrearía más pobreza y más desigualdad. Este es un argumento válido, pero no estoy abordando ahora las disfuncionalidades de una empresa estatal que ni siquiera es capaz de retribuirles a sus empleados el valor del “producto necesario” (valor producido por el trabajador para cubrir sus necesidades).

Estoy discutiendo ahora las causas de la pobreza y de la desigualdad, y la función que desempeña en ambos procesos la existencia de salarios muy bajos. Son discusiones que deben hacerse de manera integrada, pero lo que afirmo es que la pregunta “¿por qué hay pobreza en Cuba?”, tiene una respuesta directa en los bajos salarios y en ingresos asociados, como las jubilaciones.

Es importante entender cómo funciona la pobreza y la desigualdad. Claire Melamed, especialista de OXFAM, ha anotado una cuestión que me parece conveniente adoptar como marco general para abordar temas de desigualdad y de pobreza en Cuba: “Existen dos maneras muy diferentes de pensar en la desigualdad. La primera se enfoca en el rico. La segunda se enfoca en el pobre. La primera es sobre la que más escuchamos hablar. La segunda es la que verdaderamente importa”.

¿Por qué debería importarle –exactamente- a un obrero cubano que unos pocos “ricos” tuviesen más ingresos que muchos trabajadores “pobres”? (una respuesta como esa no es obvia, hay que explicarla);

¿Es que si esos “ricos” fueran despojados de su riqueza, mejoraría realmente ello la situación del trabajador “pobre”? (la redistribución pudiera ser parte de la solución, pero el problema es mucho más complejo)

De nuevo, expreso mi rechazo ético a la concentración de ingresos y riqueza en manos de unos pocos. Simplemente trato de llamar la atención sobre preguntas que me parecen de sentido común.

Resumiendo:

– La reducción de la desigualdad y la pobreza demandan la existencia de empresas –de cualquier tipo de propiedad- que sean capaces de sostener un mercado laboral con un salario medio que tenga, al menos, un nivel de entre tres y cuatro veces el actual, es decir, en el rango de 2,100 a 2,800 pesos mensuales. Crecer económicamente con equidad exige, en Cuba, contar con entidades productivas vigorosas y unidades presupuestadas eficientes que paguen buenos salarios.

– Un objetivo de política económica de esa magnitud probablemente exigiría una transformación más radical y más acelerada que la que parece haberse sugerido oficialmente hasta ahora. La reforma de la empresa estatal y la creación de un marco adecuado para la empresa privada nacional deberían ser dos áreas cruciales, y simultáneamente priorizadas, de la reforma económica. Creo que esta es una percepción compartida; lo interesante es la parsimonia con la que sigue discutiéndose sobre la posibilidad de una nueva ley de empresas y la inacción que se observa respecto a algo que ya ha sido políticamente admitido como política de Estado: la legalización y regulación adecuada de la empresa privada nacional.

Nota : Texto publicado originalmente en Cuba Posible, Abril 25, 2017
https://cubaposible.com/desigualdad-cuba-combatiendo-la-riqueza-la-pobreza/

Una mirada al turismo internacional en Cuba rumbo a 2017

25/04/2017

A partir de enero de 2015, bajo un clima de distensión en las relaciones políticas entre Cuba y los Estados Unidos, el turismo internacional para la mayor de las Antillas ha mostrado crecimientos significativos en el indicador llegada de visitantes. Han transcurrido 24 meses desde entonces, en los que 7 560 000 de personas han visitado la Isla. En estos dos años, las vías de entrada al país se han multiplicado con la incorporación de nuevas líneas aéreas que cubren itinerarios desde más de un centenar de aeropuertos de todas las regiones del mundo. El turismo de cruceros muestra un crecimiento sorprendente con el arribo de buques de gran porte a los puertos de La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba; así como a otros puntos de fondeo alrededor del extenso archipiélago cubano.

El recién finalizado 2016 acogió 4 035 000 visitantes, que representan 17% por encima del año anterior. Interesados en el otrora destino prohibido, viajaron desde los Estados Unidos 614 500 residentes en el territorio vecino, de ellos 284 550 estadounidenses; ninguno lo hizo como turista; todavía las restricciones del gobierno del Norte, prohíben hacer turismo en esta pequeña isla caribeña.

La Habana se consolidó como el principal destino turístico de Cuba, recuperando con creces su imagen cosmopolita que siempre la identificó. En 2016 arribaron a la "capital de todos los cubanos", 2 134 968 visitantes, que representaron un crecimiento de 26,6% en relación con el año anterior. De estos, 1 718 474 lo hicieron por el aeropuerto José Martí y 112 991 por el puerto de La Habana, como principales accesos. La ciudad cerró el año con una ocupación de 74,9% de las habitaciones hoteleras disponibles, y un supuesto 90% de ocupación lineal en las 8 593 habitaciones del sector no estatal, que alojaron a 350 600 visitantes extranjeros, la mayoría estadounidense y europea.

Sin embargo, ante tal novedoso escenario, la oferta cubana no mostró nuevos cambios por limitaciones endógenas y exógenas. Las restricciones que enfrenta el sector turístico cubano no han variado en todos estos años: escasez de recursos materiales y financieros, dualidad monetaria, falta de mantenimiento a las instalaciones de alojamiento, deterioro y obsolescencia de la infraestructura de acceso (aeropuertos y puertos marítimos), baja calidad del servicio, entre otras.

Los planes de desarrollo turístico se han enfocado, desde hace años, hacia la demanda de un turismo masivo de sol y playa proveniente de Canadá y Europa, comprometido con los grandes touroperadores y los paquetes todo incluido. No se previó que en un corto plazo pudiera cambiar la visión hacia una normalización de las políticas; ni de los Estados Unidos, ni de la Unión Europea. Ante esta situación de constantes restricciones, el plan de desarrollo hotelero se dirigió hacia los litorales con playas, que actualmente concentran 45,5% de las 382 instalaciones de alojamiento y 73,3% de las 66 547 habitaciones de que dispone el país. Como oferta complementaria, el alojamiento privado ha tenido un exitoso desempeño al disponer de 17 790 habitaciones en las llamadas “casas particulares”.

En el transcurso de estos dos últimos años, nuevos segmentos de turistas arriban a la Isla impulsados por motivos distintos al sol y las playas. Son visitantes que exploran las ciudades en busca de la singular cultura cubana y de conocer la idiosincrasia y los espacios de vida de los cubanos. 

En este nuevo escenario, la preocupación no radica en los “impactos sociales” del turismo; pues estos ya han ocurrido durante las últimas dos décadas, en que Cuba ha recibido más de 45 millones de visitantes internacionales. El problema radica en el “impacto de consumo” de estos viajeros, exigentes de la calidad en los servicios y la variedad de la oferta en los productos que demandan. No es el convencional mercado de sol y playa en modalidad all inclusive, que caracteriza al modelo turístico cubano; sino un visitante que se interesa por las actividades culturales, la naturaleza, los deportes náuticos y el contacto auténtico pueblo a pueblo.

La nueva etapa de la actividad turística en Cuba exige transitar de un modelo de desarrollo litoral-hotelero y una política oligopólica; hacia un modelo intensivo e inclusivo, con énfasis en una estrategia que haga corresponder la diversificación de la oferta con la nueva demanda, y su autentificación en una relación coherente con la identidad cultural nacional de los productos turísticos, tanto en su conjunto como en sus numerosos componentes de lo público y lo privado, lo que equivale a la necesidad de una nueva concepción de la actividad turística en términos de destino integral y no sólo de un conjunto de productos poco o nada diferenciados.

Para lograr una oferta satisfactoria dirigida hacia este nuevo turista, la participación activa de la oferta no estatal, tiene que desempeñar un rol protagónico en la relación entre la oferta y la demanda. Esta participación activa se justifica por la necesidad de garantizar espacios de alojamiento, restauración, ocio y recreación; que satisfagan las demandas de crecientes flujos de visitantes. La falta de mantenimiento y el deterioro acumulado de la infraestructura hotelera, exige una reconstrucción en corto tiempo; al unísono con una reconversión tecnológica, con participación de los sectores de las comunicaciones, la construcción y el transporte, que tienen que crear sinergias para ofrecer un producto verdaderamente integral, contemporáneo y diferenciado.

Incrementar la competitividad del destino a partir de la elevación de la calidad de los servicios y la variedad de la oferta

Como es sabido, en la prestación de servicios turísticos, producción y consumo ocurren simultáneamente; esto hace que la demanda tenga un papel fundamental en la configuración de las innovaciones propias del sector, y muy especialmente aquellas dirigidas a las nuevas ofertas y al mejoramiento de los productos existentes, dada la alta personalización de los servicios turísticos y la co-innovación del propio usuario turístico. La innovación en turismo, como base de la competitividad, puede abordarse desde varias perspectivas: proceso, producto, organización y, marketing y comunicación.

La innovación como proceso puede observarse en la forma de entrega de un servicio, la secuencia determinada en la estandarización de este proceso y el cumplimiento de las normas o estándares internacionales. En innovación de productos pueden ser consideradas acciones conducentes al diseño y la adaptación de estancias o visitas tematizadas en función de las características de cada territorio, o como resultado de la combinación de actividades integradas en una oferta. Solo creando nuevas excursiones, rutas y circuitos no se cumplen con las demandas del nuevo turista.

Por otra parte, la innovación en la organización exige una novedosa concepción de la estructura seguida para la operativización de funciones implicadas en el servicio a los turistas. Coherentemente, la innovación en promoción y comunicación, exige considerar mejoras en la integración de la información de los elementos del destino en los diversos soportes, la presencia comunicadora en foros y redes sociales especializadas, o la orientación de contenidos hacia segmentos o nichos en función de los intereses y motivaciones específicas.

En suma, la generación de innovaciones depende de decisiones tomadas por los empresarios o los gestores de los destinos (públicos y privados), entre cuyos incentivos y motivaciones se encuentran las expectativas de acrecentar los márgenes de beneficios, tanto empresariales como personales, con el objetivo de mejorar la posición competitiva de la oferta integrada, frente a otros destinos competidores.

El turismo se construye en función de atractivos paisajísticos, patrimoniales, históricos y culturales, que en este caso constituyen la oferta. Y el ejercicio de construir esa oferta hace que los actores locales confieran valor consciente a su espacio de vida. En principio, es volver a transitar y reconocer ese territorio de lo cotidiano, en el que han habitado por generaciones: pueblos, barrios, calles, lagos, lagunas, bosques, montañas y valles, todos elementos de un paisaje, que aun cuando cotidianos para ellos, ahora se objetivizan, se les toma distancia para apreciarlos, valorándolos, porque antes de convertirse en atractivos turísticos, vuelven a ser objetos de atracción e innovación para los propios pobladores del territorio.

Confiar solo en el atractivo natural, como las playas o los verdes campos, o la cultura vista como manifestaciones artísticas, puede llevar a inmovilidad o exceso de confianza, recreando “más de lo mismo”.

La constante revitalización de los productos y las ofertas es lo que garantiza el sostén y crecimiento de los estándares para un mercado cada vez más heterogéneo, exigente y segmentado. De ahí que las inversiones proyectadas incluyan hoteles de alto estándar en ciudades, pequeños hostales boutique, balnearios y spa, parques temáticos, centros culturales y deportivos, campos de golf, marinas náuticas; en un ambiente en que se perciba la autenticidad de una cultura y no del espectáculo falso y espurio, que, por cierto, ya no es sustentable. Esto no representa de ninguna manera abandonar el hoy predominante turismo de sol y playa con todo incluido, que también forma parte de la identidad y la cultura del turismo cubano y caribeño; y que satisface a un mercado nada despreciable, que concibe las vacaciones junto al sol, las arenas y el mar; en un destino seguro y hospitalario.

Cuba en el Año Internacional del Turismo Sostenible

Resulta interesante observar cómo en los últimos tiempos, el término “sustentable” o “sostenible” se ha transformado, para muchos, en lo que se conoce como un buzzword: una palabra de moda que se utiliza más para impresionar que para explicar. También tiene un profundo significado para un pequeño número de expertos y significa muchas otras cosas para diferentes especialistas.

Un desarrollo turístico sostenible implica pasar de un desarrollo pensado solo en términos cuantitativos ―basado en el crecimiento económico― a uno de tipo cualitativo, donde se establecen estrechas vinculaciones entre aspectos económicos, sociales y ambientales, en un renovado marco institucional democrático y participativo, capaz de aprovechar las oportunidades que supone avanzar simultáneamente en estos tres ámbitos, sin que el avance de uno signifique ir en desmedro de otro. O sea, se puede hablar de “turismo sostenible” solamente cuando los destinos turísticos específicos se desarrollan y gestionan sobre bases sustentables.

El turismo internacional, como parte de la globalización, no es un sistema cerrado; y su desarrollo debe entenderse como un proceso. Un proceso es sostenible cuando el sistema, en este caso el turismo, ha desarrollado la capacidad para producir indefinidamente a un ritmo en el cual no se agotan los recursos que utiliza y que necesita para funcionar y no produce más contaminantes de los que puede absorber su entorno.

Del anterior enunciado se infiere que hay que tener en cuenta la “capacidad de sostenimiento” del sistema; lo que se materializa en el Plan de Desarrollo Turístico por etapas, elaborado a partir del Esquema Nacional de Ordenamiento Territorial. En este sentido, se considera que la capacidad de sostenimiento es la actividad máxima que puede mantener el sistema sin degradarse en el largo plazo.

Para el sector turístico cubano, 2017 deberá representar un crecimiento inclusivo que garantice la sustentabilidad mediante la innovación constante, como respuesta a los cambios del mercado y dinamice realmente la economía, manteniendo un equilibrio con lo ambiental y lo social, en que el país se apresta a recibir algo más de 4,2 millones de visitantes internacionales.

José Luis Perelló es Profesor Titular de la Universidad de la Habana
Fuente: Revista Temas

¡No es la desigualdad, estúpido!

Alfredo Apilánez - trampantojos y embelecos

La “nueva izquierda” y el trampantojo de la desigualdad
Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es “alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?” Antonio Gramsci
Sería una gran tragedia detener los engranajes del progreso sólo por la incapacidad de ayudar a las víctimas de ese progreso
Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal (1987-2006)
No existe tema que concite actualmente debates más vehementes sobre cuestiones económicas que el de las causas y posibles medidas correctoras de las crecientes desigualdades de renta y de riqueza agudizadas en estos tiempos de crisis y de recrudecimiento del embate neoliberal. En los últimos cuarenta años, el peso de los salarios en la renta nacional ha sufrido un significativo descenso en paralelo a la extraordinaria acumulación de riqueza en el fastigio de la pirámide social (la moda de referirse al abismo entre el 1 y el 99% remite a esta extrema divergencia entre la cúspide y la base). El éxito reciente del texto de Piketty (“El capital en el siglo XXI”) demuestra la enorme preocupación que la erosión acelerada de los colchones amortiguadores del WelfareState perpetrada por la apisonadora neoliberal suscita en las capas sociales ilustradas nostálgicas del capitalismo con “rostro humano”. El arco de opiniones “respetables” abarca desde las posturas- llamémoslas “redistribuidoras”- de los restos de la socialdemocracia que ejemplifica Piketty  (defensor de medidas correctoras, como un impuesto global sobre la riqueza que contrarreste las tendencias hacia una forma de capitalismo “patrimonial” marcado por lo que califica como desigualdades de riqueza y renta “aterradoras”) hasta el despiadado neoliberalismo privatizador y desregulador de los cachorros de Friedman y Hayek. Los “redistribuidores” ponen el foco asimismo en la necesidad de poner coto (la Tasa Tobin y la lucha contra los paraísos fiscales serían ejemplos paradigmáticos) a la colosal extracción de rentas por parte del capital financiero y de los monopolios energéticos que agostan con su voracidad parasitaria las virtudes  de las sanas actividades productivas que –en caso contrario- derramarían sus dones sobre el tejido social. La contraposición entre rentismofinanciarizado depredador versus capitalismo temperado creador de riqueza y empleo domina el discurso regenerador (la obra –en otros aspectos interesantísima- de Steve Keen o Michael Hudson ilustra bien esta posición) de la izquierda reformista. El Estado debe, por tanto, mediante regulaciones financieras estrictas y medidas fiscales deficitarias de incremento del gasto y la inversión públicos, posibilitar la corrección de las fuerzas desatadas por la brutalidad de la agresión neoliberal (detener el “austericidio”) orientándolas hacia cauces que reviertan los rasgos patológicos en pos de un capitalismo bonancible (recuperar la soberanía monetaria, controlar el casino financiero, cambio de modelo energético, etc.).
Tales planteamientos, hegemónicos en la “nueva izquierda” institucional y en extensos ámbitos de los movimientos sociales, están atrapados en un falso dilema y eluden afrontar el núcleo del problema que aparentemente desean mitigar. Dicho de una forma un poco brutal: “su impotencia deriva de su mojigatería”. El acento puesto en la corrección de las iniquidades (“vivimos en un mundo donde el patrimonio neto de Bill Gates supera el PIB de Haití durante 30 años”) o en la utópica reforma financiera que embride la “fiera rentista” evita enfrentarse con las causas estructurales que las provocan. El agudo crecimiento de la fractura social que reflejan los terribles niveles de desigualdad y la hegemonía de la “máquina de succión” financiera son en realidad síntomas (epifenómenos) de un proceso más profundo: el agotamiento de la base de rentabilidad del capitalismo fordista-fosilista de los “treinta gloriosos” y de su función social legitimadora (combinando el “americanway of life” de la sociedad de consumo con sistemas de protección social a la europea).
Poner el acento en las políticas paliativas y en el control de las finanzas desaforadas (como si fuera posible un sistema posneoliberal, con una distribución del ingreso más equitativa y un sector financiero “domesticado”, al servicio de las actividades productivas, dentro del marco capitalista), ejes neurálgicos de los discursos moderados de los fustigadores de los excesos de la Bestia, omite el análisis –nunca más imperioso que en la actualidad- del funcionamiento de la “sala de máquinas”. Y, a su pesar, el discurso regenerador cae en la sutil trampa tendida por la economía ortodoxa que -con la pretensión de cientificidad que se arroga- trata los problemas distributivos como independientes de las instituciones de propiedad y de las relaciones sociales de producción. Se constituye así un campo de juego “neutral” que logra colar la ilusión de que, con el timonel adecuado, el control del Estado -como pretendido agente reequilibrador-será capaz de voltear las relaciones de poder social a favor de las clases subalternas. Al no explicar los mecanismos reales –y su evolución histórica- a través de los cuales la acumulación de capital esquilma sus fuentes nutricias queda en la penumbra el auténtico foco infeccioso que causa los síntomas que se pretenden combatir: la creciente dificultad de exprimir el jugo del trabajo humano que lo alimenta como sustrato de la violencia creciente –de la cual la impúdica desigualdad y la financiarización rentista son las manifestaciones más visibles- que el orden vigente ejerce sobre el ser humano y su medio natural.
Una prueba indirecta de esa centralidad de los procesos de extracción de riqueza social que se desarrollan en la “sala de máquinas” del capitalismo sería la ocultación sistemática de los mecanismos reales del funcionamiento del reino de la mercancía llevada a cabo por la disciplina que tendría como finalidad primordial desvelarlos. La economía vulgar se contenta, en las fieramente sarcásticas palabras de Marx, con “sistematizar, pedantizar y proclamar como verdades eternas las ideas banales y engreídas que los agentes del régimen burgués de producción se forman acerca de su mundo, como el mejor de los mundos posibles”.
Los ejes sobre los que gira la agudización de la lucha por el producto social (la creciente explotación del trabajo y la exacerbación del imperialismo belicista; la expropiación financiera a través del monopolio de los medios de pago y del imperio de la deuda en manos de la banca privada y la destrucción de los mecanismos redistributivos que el Estado “benefactor” implementó para amortiguar los acerados efectos de los desbridados “mercados libres”) están cuidadosamente ocultos bajo un marco conceptual permeado por la ideología dominante. Su principio axial, como decimos, es la consideración de las leyes que determinan la distribución del ingreso y del excedente social (que eran el objeto fundamental de la economía política para los clásicos: “la ciencia que se ocupa de la distribución del ingreso entre las clases sociales”, en la definición de David Ricardo) como totalmente independientes de las instituciones de propiedad y de las relaciones sociales de producción. Todos los datos relevantes (precios, salarios, beneficios y rentas) del reparto de la “tarta” se obtienen de los maravillosos modelos matemáticos construidos por los apóstoles de la teología económica a mayor gloria de la libertad de mercado y de la soberanía del consumidor. De este modo, los reformistas de nuevo cuño, al priorizar únicamente el eje redistribuidor-paliativo dejando intacta la “máquina de succión” de riqueza social que sigue operando en las calderas del modo de producción, coinciden involuntariamente con uno de los axiomas basales de la teoría ortodoxa: la exclusión de la redistribución de la renta, de las condiciones de producción y de las relaciones de propiedad del campo de la “ciencia” económica para dejarlos en manos de los bienintencionados legisladores y gestores de las políticas públicas (encargados de corregir externalidades y demás impurezas residuales generadas por el cuasi perfecto funcionamiento autónomo de las fuerzas del mercado libre y la iniciativa individual).
La crítica de las “verdades eternas” (“las verdades económicas son tan ciertas como la geometría” pontificaba solemnemente Alfred Marshall) proclamadas acerca del reino del capital por su discurso legitimador debería contribuir a descorrer el velo que camufla cuidadosamente el engranaje interno del régimen de producción de mercancías cuyos dos ejes claves son la agudización de la explotación del trabajo y de la expropiación financiera rentista que propulsa la financiación de colosales burbujas de bienes raíces por parte de la banca privada. Así pues, al contrario de la opinión de Paul Sweezy (que en su texto clásico ‘Teoría del desarrollo capitalista’ justificaba centrarse únicamente en la exposición constructiva del análisis marxista en lugar de dedicar ímprobos esfuerzos a la “ingrata tarea” de una crítica del discurso del capital), desvelarla condición profundamente ideológica de la teología económica debería servir, no sólo para revelar sus flagrantes inconsistencias al servicio de sus intereses de clase, sino sobre todo para evitar que la pusilanimidad y la falta de rigor de una visión superficial de la realidad y de las fuerzas sociales en pugna por parte de las fuerzas progresistas aumenten la sensación de impotencia que amplias capas populares sienten ante la aparente imposibilidad de lograr cotas reales de cambio social.
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lunes, 24 de abril de 2017

Inversiones en Ciego de Ávila buscan bienestar de sus pobladores (+Infografía)

Panel solar foto de Pastor
El proceso inversionista de 2017 en Ciego de Ávila está dirigido a las actividades que sustituyan importaciones, mejoren la calidad de vida de sus pobladores y minimicen los efectos de la sequía a la economía y a toda la sociedad.

Según un informe del Consejo de la Administración provincial, el plan de este año, superior al del anterior en un 14 por ciento, asciende a 380 millones de pesos.
Entre las acciones que se realizan en el territorio está la instalación de paneles solares fotovoltaicos a 200 hogares de los 1 019 alejados de la red nacional en Ciego de Ávila .
Marialina Herrera Riera, especialista principal en Inversiones de la Empresa Eléctrica avileña, informó que se labora en una primera fase de instalación de esa tecnología, previa coordinación de prioridades con los gobiernos locales.
Sembradora Tres María La Cuba 1
Precisó que el kit está compuesto por un panel fotovoltaico de 250 watt, soporte para su instalación de forma orientada, juegos de cable para su conexión a la caja de distribución, regulador de carga solar, inversor si-nusoidal, batería sellada libre de mantenimiento y cuatro lámparas.

Esta máquina brasileña multipropósito, que va desde preparar el suelo hasta el sembrado, realiza el trabajo de varias decenas de hombres
En la medida que entren los recursos empezaremos con una segunda etapa en la que otras 364 nuevas viviendas recibirán luz eléctrica con los paneles solares, enfatizó Herrera Riera.
También se trabaja en el montaje de dos parques fotovoltaicos, uno en el municipio de Chambas, que tendrá una capacidad de generación de cinco megawatt, y otro en el Consejo Popular de Ceballos de 4,4 megawatt.
La Empresa Azucarera instalará sistemas de tratamiento de residuales en los ingenios Enrique Varona y Primero de Enero, y adquirirá equipamiento tecnológico y sistemas de riego y drenaje.
materiales contructivos
Como parte de las medidas puestas en práctica para minimizar los efectos de la sequía en la provincia, el sector de Recursos Hidráulicos instala metrocontadores en las viviendas y agiliza labores de reparación en el canal magistral Zaza para eliminar pérdidas importantes de agua.

Materiales de la Construcción apoya obras priorizadas
Pedro Gómez Zamora, director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Centro-Este, perteneciente a la Empresa de Servicios Ingenieros DIP Trasvase, en Ciego de Ávila, manifestó que el objetivo es frenar el deterioro en esa obra hidráulica para incorporar el vital líquido al beneficio de los suelos avileños.
Actualmente se reviste con hormigón proyectado un kilómetro del conducto y limpian los canales de drenaje vinculados a esa área, acotó Gómez Zamora.
Otras inversiones están relacionadas con la terminación de 167 viviendas, y el mejoramiento en la infraestructura de las principales instalaciones médicas, tales como los hospitales de la capital provincial y de la ciudad de Morón.
grafico inversiones 1

Escenarios económicos: posibles trayectorias

Por Pedro Monreal, El Estado como tal

El estado actual del modelo económico cubano –centralizado, con bajo crecimiento y con probable alta desigualdad- pudiera transformarse siguiendo trayectorias diferentes. Estas incluyen desde la posibilidad de un relativo atasco del modelo actual hasta un tránsito hasta el modelo anhelado oficialmente: una economía próspera con dirección centralmente planificada. Existen, entre esos dos casos, otras posibles configuraciones futuras del modelo.
En el texto anterior, se habían definido las dos incertidumbres críticas que se adoptarían como los ejes de una posible matriz de escenarios: el grado de predominio estatal en la regulación y el crecimiento inclusivo.
Chart Escenarios y variables
Corresponde ahora identificar los posibles escenarios que pudieran representarse en cada uno de los cuatro cuadrantes definidos por el cruzamiento de los ejes de las dos incertidumbres críticas.
Debo aclarar que lo que se presenta a continuación presenta dos limitaciones importantes. En primer lugar, como he dicho anteriormente, el ejercicio de escenarios debe ser realizado de manera colectiva, involucrando varios expertos, de manera que lo que se expone a continuación no debe ser entendido en modo algunos como un ejercicio cabal de escenarios sino simplemente como una reflexión a modo de ilustración.
En segundo lugar, la exploración de escenarios adopta aquí el marco restringido de escenarios socialistas. Es decir, no se han considerado otros escenarios posibles que pudieran representar un cambio radical de modelo. El futuro no es predecible y, con independencia de nuestras preferencias, pudieran identificarse escenarios no socialistas. De hecho, un ejercicio amplio de escenarios debería considerarlos. La razón para que se haya adoptado aquí un enfoque restringido es que este texto se propone básicamente ilustrar situaciones que pudieran tener una relevancia directa para los debates que se hacen el país sobre la reforma económica.
El grafico siguiente identifica cuatro posibles escenarios:
Escenarios variante 0
Escenario inercial: modelo actual, con combinación de un alto grado de predominio estatal en la regulación y bajo crecimiento inclusivo, con alto índice de desigualdad y con escaso crecimiento económico.
Escenario preferido: situación que expresa la preferencia oficial identificada en los documentos de la “actualización” y el plan de desarrollo hasta 2030. Se trata de un modelo donde “el sistema de dirección planificada de la economía tiene en cuenta la vigencia de las relaciones de mercado, regula el accionar de sus leyes y limita los espacios de su actuación, de modo que las leyes del mercado no ejercen el papel rector del Modelo” (párrafo 211 del documento de la “actualización”). Es decir, un modelo esencialmente centralizado, pero que ofrece un margen instrumental al mercado.
Escenario indeseable: situación que refleja un estado de desazón generalizada respecto a la posibilidad de un futuro sin prosperidad económica y con desigualdad, a la que se agrega la posible primacía de mecanismos de mercado. En su variante extrema, pudiera degenerar en una reproducción de la fase más aguda del llamado periodo especial.
Escenario aceptable: Sería un entorno de crecimiento inclusivo, con elevada aceptación generalizada. El calificativo de aceptable se refiere aquí a una situación “sub-óptima” respecto a la visión oficial expresada en los documentos de la “actualización” y del plan de desarrollo hasta 2030. El grado de predominio estatal en la regulación seria notablemente menor que el que pudiera corresponder a un “sistema de dirección” con una fuerte función rectora. Se caracterizaría por un peso relativamente elevado del mercado en funciones claves como la asignación de recursos y la fijación de precios. Un posible punto de referencia consistiría en asumir que en este cuadrante la planificación centralizada decide el 50 por ciento, o menos, de la inversión total del país.
En este cuadrante quizás tiene sentido reflejar dos sub-escenarios. Uno más próximo a un grado relativamente alto de predominio estatal de la regulación, en el contexto del cuadrante, al cual le he llamado “socialismo próspero con mercado”, que es un término que ha sido utilizado por algunos economistas cubanos, específicamente por la Dra. Margarita Garcia Ravelo.
En ese sub-escenario se asume que “el mercado no será el mecanismo de asignación de los recursos por excelencia, pero sí comenzará gradualmente a influir en tales determinaciones, y contribuirá al cumplimiento del Plan”. Aunque pudiera pensarse que es similar a lo planteado en el documento de la “actualización”, en mi modesta opinión existe una diferencia. Mientras que el texto de la “actualización” pone el acento en los límites dentro de los que debe funcionar el mercado, la formulación de “socialismo con mercado”, reconoce el papel subordinado del mercado, pero proyecta una visión más positiva respecto a la función del mercado. En cualquier caso, es mi interpretación personal del asunto.
Al segundo sub-escenario le he llamado “socialismo próspero de mercado”. Esencialmente pudiera ser considerado como una variante de lo que desde ya hace algún tiempo ha sido adoptado como modelo socialista en China, donde el mercado funciona “como mecanismo central de asignación de recursos” (ver texto de Margarita Garcia Ravelo). No expreso aquí un juicio sobre el modelo chino, y mucho menos sugiero su adopción en Cuba. Simplemente lo he mencionado para facilitar la comprensión de las características de este sub-escenario.
¿Cuáles serían las posibles trayectorias que deberían considerarse con vistas a informar el diseño de estrategias?
Sugiero adoptar tres grupos de trayectorias:
  1. Trayectorias que debe ser evitadas a toda costa: En este caso sería cualquier trayectoria que pudiera conducir desde el escenario “inercial” hacia el escenario “indeseable”. Significaría el desplazamiento desde un cuadrante “malo” a uno peor.
  2. Trayectorias de conservación: Son las trayectorias que pudieran conducir desde la situación actual hacia el escenario “inercial”. Se producen transformaciones que, sin modificar sustancialmente el modelo, pudieran incluir adaptaciones mínimas que le permitiesen subsistir (resistir), quizás en espera de oportunidades más favorables para hacer una modificación más sustantiva del modelo. No implicaría un cambio de cuadrante.
  3. Trayectorias de transformación: Serian todas las trayectorias que culminan en los dos cuadrantes “buenos” desde una perspectiva de crecimiento inclusivo (escenario “preferido” y escenario “aceptable”). En principio pudieran identificarse tres trayectorias, señaladas en el grafico siguiente como:
  • Trayectoria 1: desde la situación actual hacia el escenario “preferido”, es decir, materialización de la “conceptualización” del modelo.
  • Trayectoria 2: desde la situación actual hacia el sub-escenario de “socialismo próspero con mercado”, con un grado de participación del mercado en la regulación que sería relativamente superior al que se asume en la “actualización”.
  • Trayectoria 3: desde la situación actual hacia el sub-escenario de “socialismo próspero de mercado”, que rebasaría considerablemente lo que asume hoy la “actualización” en materia de funciones del mercado.
Escenarios y trayectorias
¿Cuáles serían las implicaciones posibles de esos escenarios y trayectorias para el diseño de estrategias? Ese será el tema de una próxima nota.