Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 12 de abril de 2021

El laberinto cubano: a propósito de un cónclave que vendrá

El Partido ha de colocar con fuerza en su agenda de discusión los grandes tópicos que marcan el debate nacional. La lucha contra todo tipo de discriminación y la defensa de los derechos y garantías refrendados en el texto constitucional de 2019 deben ser situadas en el centro de las políticas que se tracen.

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Apr 11 · 12 min read




El problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse/ Silvio Rodríguez

La realidad cubana contemporánea está marcada por la crisis estructural que enfrenta el país desde principios de la década del noventa del pasado siglo. El colapso del socialismo real –al que se unió el incremento de la hostilidad norteamericana– trajo consigo el hundimiento acelerado de la economía insular y con ello el despunte de agudas problemáticas sociales. Estas últimas se vieron atizadas, a su vez, por las medidas de emergencia adoptadas por el gobierno para frenar el colapso económico.

La ascendente pobreza, la profundización de las desigualdades, el deterioro de los servicios sociales, la masiva emigración, el resquebrajamiento de las normas éticas y la proliferación de conductas marginales son hijos de la confluencia entre una economía que hacía aguas y los esfuerzos para salvarla a través de la introducción de reformas liberalizadoras.

Hace treinta años se rompió uno de los soportes neurálgicos del proyecto revolucionario: la capacidad de este para dar respuesta a las expectativas de prosperidad de la ciudadanía. Debe subrayarse aquí que la Revolución no fue un mero acto discursivo. Cuajó a partir de su condición como proceso que transformaba — ¡para mejor!– la vida de las grandes mayorías. Incluso las que podrían considerarse regresiones en el terreno estrictamente económico quedaron compensadas por la adquisición de derechos históricamente escamoteados. Sin duda alguna, tras el colapso del batistato la mayoría de los cubanos experimentó, progresivamente, un provechoso salto cualitativo en sus condiciones de existencia.

Como ya se apuntó, en el decenio de los noventa esta dinámica tendente al alcance del horizonte de prosperidad se quebró en más de un sentido. La Cuba mejor del hoy y del mañana empezó a agrietarse al ritmo del deterioro objetivo que enfrentó la nación y al compás de la creciente inserción de la Isla en un mundo globalizado y neoliberal, marcado por los patrones hegemónicos sostenidos por las industrias culturales del capitalismo. Es esta la causa fundamental –no la única, vale subrayar– de las fracturas que, de forma ascendente, se han manifestado en el consenso político insular.

Los años del llamado Período Especial demostraron la entereza y capacidad de resistencia del pueblo cubano. También expresaron la habilidad del liderazgo encabezado por Fidel para pilotear, en aguas procelosas, una nave muy golpeada. Pueden definirse, además, como una oportunidad perdida.

El paquete de reformas implementado –efectivo pues permitió detener el colapso e iniciar la todavía hoy insuficiente recuperación– no fue concebido como parte de una reconceptualización integral del modelo económico. El sello estatista promovido desde los tempranos sesenta prevaleció, lo cual manifiesta la continuidad de un esquema de pensamiento y acción que entendía la estatización como sinónimo de socialización.

Un elemento distintivo de los noventa fue el hecho de que la crisis socioeconómica no desembocó en una crisis política. La preservación de los soportes claves del consenso nacional, el liderazgo carismático de Fidel y las manquedades de la oposición cerraron las puertas al despegue de procesos análogos a los acaecidos en Europa del Este y la URSS.

Por la Revolución apostaron de forma mayoritaria las generaciones que vivieron el parteaguas del año 1959 y las formadas a lo largo de las tres primeras décadas de la Cuba socialista. En paralelo, Fidel hizo gala de sus extraordinarias capacidades políticas y convirtió la resistencia en epítome de la tradición nacionalista cubana; al tiempo que lograba solventar con acciones puntuales conflictos específicos. Asimismo, los grupos de la disidencia fueron incapaces de construir un proyecto alternativo al gubernamental, entre otras razones por su conexión umbilical con la agenda política promovida por las administraciones estadounidenses y la derecha cubanoamericana de la Florida.


Ilustración/Victor Carralero

Empero, las visibles fracturas de la mayoría social revolucionaria motivaron la adopción de reformas políticas que buscaron oxigenar al sistema. El IV Congreso del Partido Comunista en 1991 y la Reforma Constitucional del año 1992 impulsaron el perfeccionamiento de la democracia socialista, aunque no lograron eliminar ciertos lastres enquistados en la dinámica política nacional.

La superación plena de las carencias democráticas del sistema quedó como asignatura pendiente, en el marco de un contexto definido por la pluralización del tejido social y la emergencia paulatina de nuevas generaciones devenidas sujetos políticos relativamente desconectados de la épica revolucionaria.

El cierre de los noventa trajo consigo muestras palpables de la recuperación económica de la Isla y las primeras expresiones de la conformación, a nivel latinoamericano, de un clima político favorable para Cuba. Las conexiones establecidas entre la mayor de las Antillas y el proceso bolivariano en Venezuela, así como los vínculos anudados con otros exponentes del progresismo antineoliberal en el subcontinente apuntalaron el moderado restablecimiento de la economía cubana. Con el siglo XXI se inauguraba una nueva etapa.

En tales condiciones, se verificó el retroceso de las medidas aperturistas de los noventa, proceso que reafirma el carácter coyuntural con el que estas fueron concebidas.

La denominada Batalla de Ideas fue el correlato político-ideológico del reforzamiento de las prácticas estatistas de conducción económica. El rescate del espíritu revolucionario y la atención a agudas problemáticas sociales heredadas del momento álgido de la crisis coexistieron con la implementación de disposiciones que cerraron las puertas a la experimentación renovadora aportada por las reformas del decenio anterior. El propicio escenario regional forjó la ilusión de que las viejas respuestas conservaban su validez.

Sin embargo, fue en este contexto en el que emergió la más contundente declaración de la máxima dirección del país acerca de los riesgos que amenazaban al socialismo cubano. En medio de un ambiente en el que primaba el optimismo –piénsese en los frutos del intercambio creciente con Venezuela y en la manifestación de esta y otras variables en el crecimiento macroeconómico experimentado por la Isla– Fidel alertó, en un discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana en noviembre de 2005, que la Revolución podía autodestruirse a partir de errores propios. Aunque algo más repuesta, la nave surcaba aún mares tempestuosos, al tiempo que se hacían visibles en su estructura daños mecánicos de importancia.

El verano del año 2006 representó un punto de giro en la historia reciente de Cuba. La enfermedad de Fidel dio inicio a una sucesión ordenada en la dirección del país, que culminó con la asunción por Raúl –en 2008 y 2011, respectivamente– de los cargos de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y de primer secretario del Partido Comunista de Cuba.

La administración del General de Ejército marcó el despegue de un nuevo proceso de reformas que quedó refrendado en los cónclaves partidistas celebrados en 2011 y 2016. La eliminación inicial de un grupo de prohibiciones que gravitaban sobre la ciudadanía dio paso al fomento de la actividad privada y la inversión extrajera, pilares de una nueva concepción del modelo económico que refrendaba la necesaria coexistencia del proyecto socialista con las relaciones de mercado.

Los espacios de consulta popular abiertos demostraron el apoyo ciudadano a los caminos en construcción, más allá de las preocupaciones derivadas del adelgazamiento del sistema de prestaciones sociales que brindaba el Estado y del inacabado propósito gubernamental de reducir la plantilla laboral del sector público. Puede subrayarse, asimismo, que la singularidad del último ciclo de reformas radica en la asunción de este, a diferencia de lo ocurrido en los noventa, como parte de un proyecto de renovación orgánica de modelo económico cubano.

La relativa claridad programática del impulso reformista contrasta con la lentitud de su puesta en marcha. Hasta el presente, el ritmo de ejecución de las iniciativas no ha sido el esperado. Incluso se han dejado pasar por alto coyunturas propicias para la puesta en vigor de los complejos cambios anunciados por el VI y el VII Congreso del PCC.

El temor a los fenómenos sociopolíticos que pudieran derivarse de la apertura económica, la falta de consenso real a nivel del liderazgo y la labor de zapa de la estructura burocrática parecen ser algunas de las causas que han entorpecido el proceso. La demora solo ha traído como resultado la erosión del capital político de la dirección del país y la agudización de las dificultades económicas que enfrenta la nación, todo ello dentro de un contexto internacional plagado de variables no favorables para la Isla.

En el terreno político, la gestión de Raúl sentó las pautas para la eliminación de prácticas que emergían como contraproducentes. La limitación de mandatos para el ejercicio de los principales cargos de dirección a nivel estatal, gubernamental y partidista; la definición de barreras etarias para ocupar determinadas responsabilidades de dirección a nivel nacional y el fomento de un estilo de dirección más colegiado se erigen como expresión de otras maneras de entender el ejercicio del poder.

Todo ello coincidió con el paulatino recambio generacional del liderazgo, materializado en la elección de Miguel Díaz-Canel como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en el año 2018. A los nuevos dirigentes cubanos les ha tocado interactuar con una situación económica compleja, la continuidad del conflicto con Estados Unidos, la pluralización del tejido social y la profundización de las fracturas del consenso político interno.

En el caso específico de los vínculos cubano-estadounidenses, el ciclo de reformas abierto por Raúl coincidió con el despegue del llamado proceso de normalización de relaciones, articulado de conjunto con la administración demócrata de Barack Obama. A partir del año 2014 se inauguró un nuevo capítulo en la interacción entre ambos países que representó, en esencia, una modificación de los planos en los que se manifestaba el conflicto.

Era este un terreno de juego distinto, en el que Washington apostó por el soft power para conseguir su objetivo estratégico de derrotar a la Revolución Cubana, mientras La Habana –consciente de los retos más allá de ciertas inconsecuencias discursivas– intentaba sacar partido a un clima menos beligerante.

Como es conocido, los efectos de la normalización no fueron duraderos, pues la llegada a la Casa Blanca del candidato republicano Donald Trump en 2017 dinamitó todo el proceso. El cuatrienio trumpista representó un gran reto para la Isla, pues estuvo definido por la aplicación a rajatablas del bloqueo económico y la sostenida hostilidad político-diplomática. Los efectos nocivos del giro experimentado por la proyección norteamericana hacia Cuba se manifestaron de manera lacerante a lo largo del año 2020, cuando la agresividad estadounidense coincidió con la crisis mundial desatada a raíz de la pandemia de COVID-19.

La derrota de los propósitos reeleccionistas de Trump y el arranque de la administración Biden abren en la actualidad un nuevo escenario en el que se espera, según el consenso de los analistas, un regreso a la lógica de la normalización impulsada durante el cierre de la gestión de Obama, aunque quizás con un perfil más moderado.

En el ámbito político, el acontecimiento más relevante de los últimos años en Cuba fue la aprobación en 2019 de la nueva Constitución de la República, resultado de un amplio proceso de debate popular que hizo ver el sentir ciudadano respecto a un grupo de demandas, así como los espacios de diálogo y límites férreos que frente a este estableció el liderazgo insular.

El afianzamiento jurídico de los soportes de la actualización del modelo económico, los avances en la codificación de los derechos y garantías ciudadanas y las modificaciones en el diseño del sistema político se erigen como los principales aportes de la carta magna. Vale subrayar, empero, que los fundamentos esenciales del funcionamiento del poder en la Isla y de la estructura social heredada del parteaguas revolucionario de los sesenta mantienen su vigencia.

Ilustración/FabiandeCuba

Con el acumulado histórico esbozado en las páginas anteriores, los efectos de la coyuntura mundial conformada en torno a la pandemia generada por el SARS-CoV-2, las tensiones derivadas de la Tarea Ordenamiento y la beligerancia de ciertos segmentos de la oposición interna llegó Cuba al 2021, año estipulado para la celebración del VIII Congreso del PCC.

Este cónclave –de suma importancia pues debe representar, según se espera, la consumación del tránsito generacional al interior del liderazgo– tiene como reto recolocar con coherencia a la organización dentro del tiempo histórico que hoy discurre. El Partido necesita enfrentar con valor varios problemas esenciales que le aquejan. No hacerlo con la contundencia que requiere la hora actual visibilizaría la ausencia del necesario sentido del momento histórico.

En primer término, toca destrabar de una vez el proceso de reformas que arrancó hace una década. Es momento ya de romper con las múltiples inconsecuencias que han dilatado la puesta en marcha de los cambios que requiere el país. Los años de espera han traído consigo la profundización de los problemas estructurales que aquejan a la economía insular y, como consecuencia directa de esto, el desgaste del núcleo dirigente frente a una ciudadanía ansiosa por verificar en su cotidianidad un salto cualitativo de importancia.

Debe reconocerse, empero, los retos que supone la apertura económica definida en los documentos partidistas. La profundización de las diferencias sociales y el reforzamiento de la todavía incipiente burguesía complejizarán el tablero sociopolítico y obligarán a adoptar nuevas maneras de construir los consensos.

Paradójicamente, la salvación del socialismo pasa por abrir la puerta por donde pueden colarse las fuerzas y los procesos que, objetivamente, reúnen en sí la posibilidad de actuar como agentes de la restauración capitalista. Vale aquí imaginar al proyecto cubano como un caminante que se encuentra en un sendero al borde de un barranco. Avanzar implica asumir el riesgo de dar un mal paso que, quizás, lo despeñe hacia el vacío. Sin embargo, quedarse en el sitio en que se está resulta impracticable a mediano plazo, pues la tierra bajo los pies se desmorona. Solo queda entonces una opción con posibilidades de éxito: caminar.

En segundo lugar emerge la ya apuntada necesidad de hacer política de forma distinta. Dos realidades que marcaron buena parte de la historia de la Revolución hoy no existen: el consenso indiscutido de la ciudadanía en torno al socialismo cubano y la presencia de un liderazgo carismático como el de Fidel.

Respecto al primer punto, vale insistir en lo pertinente de no identificar, de forma mecánica, la aprobación mayoritaria de la nueva constitución en 2019 con la presencia de plenas garantías para la continuidad del proyecto socialista. Un simple recorrido por las calles del país o la inmersión en el mundo de las redes sociales demuestran que la realidad es mucho más compleja.

En tales coordenadas, corresponde al Partido trazar y ejecutar una política que le garantice no solo la dominación hoy detentada, sino también la hegemonía. La consumación de esta última requiere encontrar mecanismos para funcionalizar creadoramente el disenso, la crítica y el diálogo. Ha de romperse con el dogmatismo, los esquemas y la propensión a creer que las respuestas de ayer son el camino de solución a las preguntas del presente.

Esta renovada manera de hacer política pasa, asimismo, por la profundización de la democracia participativa inherente al socialismo. Lo anteriormente expresado no significa, bajo ningún concepto, desconocer el clima de excepción que vive Cuba en el contexto del asedio norteamericano. Esa variable nos acompaña, mas no puede convertirse en excusa para no avanzar en el proceso de democratización permanente que revitaliza a toda sociedad. La feliz imagen del parlamento en la trinchera como nuestro deber ser aún proyecta luz.

De igual forma, le atañe al Partido dinamizar sus procesos internos. Es necesario romper con la inercia burocrática y con la repetición de maneras de actuar que distan de ser eficaces. Resulta perentorio tener una organización ágil y flexible, capaz de conectar con los segmentos más jóvenes de la población a partir de los recursos comunicativos de la contemporaneidad.

Se requiere igualmente mayor trabajo teórico, más reflexión en torno a las complejidades de la transición socialista en marcha. El Partido ha de colocar con fuerza en su agenda de discusión los grandes tópicos que marcan el debate nacional. La lucha contra todo tipo de discriminación y la defensa de los derechos y garantías refrendados en el texto constitucional de 2019 deben ser situadas en el centro de las políticas que se tracen. Solo una organización liberada de los lastres esbozados podrá materializar su aspiración de actuar y ser entendida como el partido de la nación cubana.

Sin temor al empleo de una expresión quizás manida, puede afirmarse que el VIII Congreso del PCC está convocado a ser histórico. A la necesaria preservación de los soportes esenciales que le han dado vida a la Revolución Cubana, el cónclave ha de incorporar la clara apuesta por refrendar definitivamente la búsqueda de un socialismo mejor. Uno capaz de sustentar las históricas conquistas alcanzadas, encontrar la fórmula para el crecimiento sostenido de la economía, consumar las aspiraciones de prosperidad de los ciudadanos e impulsar el afianzamiento de la democracia participativa que socializa el ejercicio del poder.

Las cuentas se sacan a punta de lápiz

Porque las cuentas se sacan a punta de lápiz, ha aparecido la Norma de Taller, que conceptualiza, con lenguajesencillo, el ingeniero mecánico Manuel Quintero Bofill, jefe del Taller de Corte y Conformado

La capacidad de asumir encargos específicos o proponer nuevos productos proviene de la calificación técnica de la fuerza laboral. Foto: Germán Veloz Placencia

Holguín.–Conoce con lujo de detalles la procedencia y características de la materia prima. También sabe cuál  es  el destino y lo sigue taller a taller. Siempre fue así, pero este año, el de la puesta en vigor de la Tarea Ordenamiento, el ingeniero mecánico Nelson Rodríguez Pérez, especialista principal del Grupo de Balance de la empresa 60 Aniversario de la Revolución de Octubre, parece extremarse. A su paso entre máquinas herramientas, algunos compañeros empiezan a llamarlo «El señor del ahorro».

La eficiencia, que invariablemente pasa por el uso racional de los recursos, explica, está en la mira de esta planta industrial como nunca antes.

«El pasado año una tonelada de metal costaba 1 500 o 2 000 pesos, y ahora está a 40 000 u 80 000. Se debe a que el precio de compra en el exterior aumentó, lo que se aprecia en las operaciones comerciales con importadoras como Acinox y Divep.

«En realidad no sale a 1 por 24, sino a 1 por 29, porque importamos en euros, y eso se convierte a USD, según la tasa de cambio. Además, para el precio del metal vienen los aranceles y el costo de operaciones como el izado y la transportación, entre otras cuestiones».

Porque las cuentas se sacan a punta de lápiz, ha aparecido la Norma de Taller, que conceptualiza, con lenguaje sencillo, el ingeniero  mecánico Manuel Quintero Bofill, jefe del Taller de Corte y Conformado: «Cuando la materia prima entra por la norma de consumo establecida, en realidad buscamos mayor rendimiento. Si es una plancha de metal, la colocamos de forma tal que se le pueda sacar la mayor cantidad posible de elementos. Los recortes que quedan, en lugar de echarlos al tanque para venderlos a Materias Primas, los empleamos en la producción».

Por eso fabrican nuevos artículos que tienen demanda. Operario de una de las cizallas con mayor tiempo de explotación, Yosbani Borrego Pozo, quien posee buen ojo y habilidades manuales para seccionar las planchas de metal, comenta que la Empresa de Servicios Comunales compró varios centenares de rastrillos fabricados a partir de recortes, procedimiento igualmente seguido para garantizar un grupo de portasueros al hospital provincial Vladimir I. Lenin.

 

DIÁLOGO EN LOS TALLERES

La validación de las nuevas cosechadoras cañeras cca 5000 m, operación técnica en progreso, pretende abrir la posibilidad de fabricarlas en serie en cooperación con una empresa china. Pero a la espera de esa oportunidad, y en busca del sustento económico, no desaprovechan la capacidad tecnológica instalada, puntualiza Carlos Martínez Proenza, director general de la empresa.

La Tarea Ordenamiento no es cuestión exclusiva de directivos, asegura ese hombre jovial y enérgico. Es la razón por la que la estrategia de recuperación económica de esta industria prevé la consulta permanente con los trabajadores.

«Dialogar y confirmar fue el objetivo de los activos de eficiencia realizados en cada taller. Los directivos presentaron a los trabajadores los elementos del gasto general que tiene la empresa en materias primas, salario, energía, agua, transportación, seguridad y otros renglones. Y les especificaron lo que les correspondía en particular.

«También les dimos la oportunidad de formular propuestas propias. En Maquinado plantearon que hay piezas que puedes puncionar en una prensa, para no llevarlas a taladrar, acción en la que aumenta el consumo de electricidad. En otros talleres, algunos operadores sugirieron que les quitaran los ventiladores de mucho consumo y les pusieran de menor».

Sin el protagonismo de los trabajadores, admite, no habría avanzado el movimiento Construyendo el futuro, que rescata la infraestructura de la empresa y las máquinas herramientas con el fin de aumentar el control, la planificación y distribución de la producción. El avance mayor lo reporta el Taller de Corte y Conformado, donde han pintado los viejos equipos tras el restablecimiento de sus parámetros técnicos, proceder que ahora ejecuta el Taller de Maquinado.

La estrategia de recuperación económica prevé el encadenamiento productivo de entes industriales, que no es solo cosa de papeles. Hoy proponen una valiosa solución: reincorporar a los campos agrícolas un amplio grupo de tractores chinos marca Yto, actualmente de baja en varias partes de Cuba por roturas del diferencial delantero.

Para recuperar el importante componente del sistema de tracción de la máquina agrícola, según la información ofrecida por Carlos González Corrales, integrante del equipo de especialistas que acomete la tarea, han proyectado y fabricado cuatro acoplamientos internos y un eje, con la intención de producirlos en serie aquí. Igualmente, diseñaron la corona, que distribuye el movimiento de las piezas mencionadas. Su fabricación, comenta, será encargada a otra industria, posiblemente a la Planta Mecánica de Camagüey.

A la vista aparecen las ventajas de la propuesta. En primer lugar, pone sobre el tapete la existencia de fuerza técnica con alta calificación y potencial productivo, capaz de buscar en casa mucho de lo que se adquiere en el extranjero con altas erogaciones de divisas.

 

ENCARGOS Y OFERTAS

El peso de la empresa en el aseguramiento de la zafra azucarera se define por los encargos. De acuerdo con el Director General de la 60 Aniversario de la Revolución de Octubre, para el presente año el grupo empresarial Azcuba les solicitó más de 20 500 unidades físicas de piezas de repuesto de cosechadoras cañeras tipo ktp, Case y cca.

Con visión totalmente económica, porque disminuye volúmenes y costos de importaciones de metales, recuperan piezas de repuesto, entre ellas sinfines, discos de corte, rotores y picadores de cosechadoras. Al mismo tiempo, están listos para recuperar máquinas completas apenas termine la zafra en marcha. No es cuestión de idea, el pasado año pusieron totalmente de alta seis del tipo cca 5000.

La lista de equipos que reparan incluye los molinos trituradores de piedras fabricados aquí y adquiridos por entidades dedicadas a la producción local de materiales de la construcción, así como remolques para la transportación de ganado.

Continúan fabricando cajas de Ampiroll, apropiadas para la recogida de desechos sólidos, y desarrollan un remolque especial para el transporte de unas diez toneladas de sal. Como parte de muchas respuestas resultantes de la constante exploración de mercados, pueden ofertar silos con capacidad de ocho toneladas para almacenar cemento, y están en condiciones de continuar la prestación de servicios de pintura  y reparaciones a entidades que los soliciten. 

Cada paso intenta cambiar la cara al proceso productivo para no ser una empresa que represente una carga para el  Estado por deplorable desempeño económico. Si continúan explorando caminos hacia la eficiencia, es muy probable que aquí se reduzca el «periodo de gracia» de seis meses, que la Tarea Ordenamiento, como medida de protección ante las actuales variables económicas, ha dado al sector industrial para operar con pérdidas que se resarcen con dinero del Presupuesto Estatal.

Biden: EU no es líder geoeconómico; propone rescate público (sic) de su infraestructura

Posted By: Alfredo on: abril 11, 2021



Jamie Dimon, mandamás del banco de inversiones JP Morgan, en su carta anual a sus accionistas, confiesa que algo ha pasado terriblemente mal en EU y China lo sabe perfectamente: los líderes chinos creen que EU está en declive y “desafortunadamente tienen gran parte de verdad (https://bit.ly/320L0IN)”.

A mi juicio, uno de los factores que han descarrilado a EU es la falta de inversión en su abandonada infraestructura.

Uno de los principales argumentos de Biden para financiar la abandonada infraestructura de EU por US$2.3 trillones –plan tildado de socialista por sus detractores– radica en ser esencial para que EU compita con Chinacuando EU no es más el líder (¡megasic!) del mundo porque no está invirtiendo, en clara alusión a su rezago geoeconómico (https://bit.ly/325JuF3). Biden no oculta que el gasto federal del gobierno en infraestructura se desplomó a 0.7% de su PIB, en paralelo a su declive de inversión publica en I&D.

Cabe destacar que el gasto militar de EU asciende a 3.4% de su PIB (https://bit.ly/3215LEb), que en realidad es el doble (6.8%) debido a su dispersa inversión en otros centros de investigación militar. Dependiendo de cómo se calcule, el gasto militar de EU es entre 5 a 10 veces mayor que su inversión en infraestructura.

En contraste, China invirtió en 2019 más de 6% de su PIB en infraestructura (https://bit.ly/3g1D4zc)”. Ya en 2018 la inversión en infraestructura de China era diez veces mayor a la de EU, según la OCDE.

Anthony Rowley considera que el plan de infraestructura de Biden reconoce audazmente el papel del sector públicocuando “los impuestos a las trasnacionales de EU serán elevados para ayudar a financiar el mejoramiento de la infraestructura y el gasto de bienestar social (sic) que EU necesitará para alcanzar al puntero China (https://bit.ly/3a3xS9Y)”.

A juicio de Rowley el plan Biden es un reconocimiento tácito de que los sistemas financieros en las economías de mercado (sic), como la de EU, no son las mejor adaptadas para financiar el gasto publico (sic).

El proyectado gasto público de Biden por US$2.25 trillones (en anglosajón) –no confundir con el estímulo por la pandemia de otro tanto ni con el otro proyectado US$1 trillón para salud y educación– servirá para reparar la alicaída infraestructura de EU, de los cuales se estima que US$1.6 trillones provendrán de impuestos adicionales a las trasnacionales de EU escalonados en más de 15 años.

Rowley asienta que EU se encuentra detrás de la economía estatal china en los siguientes rubros: transporte doméstico (https://bit.ly/3uD07UU), energía y/o infraestructura digital de telecomunicaciones (https://bit.ly/3a0TSSU), y las Rutas de la Seda de China a escala global.

Al unísono de Jin Liqun, presidente del notable Banco AIIB (https://bit.ly/3dOMVpm), y de Naoyuki Yoshino, anterior decano del Asia Development Bank Institute, Rowley opina que la pobre infraestructura es comúnmente acompañada por una baja productividadcuando las economías de mercado anglosajonas ostentan un prejuicio ideológico contra la inversión pública.

Rowley arguye que el paquete Biden, que puede alcanzar alrededor de US$3 trillones, palidece con las decenas de trillones de dólares, por lo menos, que serán necesitados a escala global para la inversión en infraestructura en las décadas por venir.

En su libro Bases del futuro: la batalla global para la infraestructura (https://amzn.to/3d6L7sm), Rowley aduce que la mayoría de las economías más avanzadas del mundo han descuidado las inversiones en infraestructura básica con alto riesgo para su desarrollo social y económico.

Los parásitos financieristas que controlan los multimedia globalistas le hicieron una propagandista pésima fama a la inversión pública (sic) en infraestructura básica con tal de proseguir las egoístas ganancias individuales de la plutocrática bancocracia oligopólica de Wall Street, en detrimento de la aplastante mayoría de los ciudadanos, lo cual devela la congénita naturaleza antidemocrática del neoliberalismo global.


Facebook: AlfredoJalife


domingo, 11 de abril de 2021

«Si las cosas fueran como se presentan, la ciencia entera sobraría»



Apr 8 · 29 min read

Entrevista de La Tizza a Carlos Pérez Soto (segunda parte y final)


Desde La Tizza seguimos conversando con el Doctor en Ciencias Económicas Carlos Pérez Soto, profesor auxiliar de la Universidad de La Habana, poseedor de una amplia y diversa experiencia como funcionario del gobierno cubano y quien actualmente se desempeña como trabajador por cuenta propia.

En esta segunda y última entrega conversamos sobre el proceso inflacionario que atraviesa la economía cubana, la pertinencia de la nueva tasa unificada, la redolarización de la economía en tiempos de unificación, entre otros temas relevantes relacionados con el Ordenamiento.

La Tizza (LT): Carlos, a día de hoy una de las principales preocupaciones y motivo de incertidumbre para los cubanos es la escalada de incrementos de precios, tanto en circuitos formales como informales, probablemente en magnitudes que no se veían desde la crisis de los noventa. ¿Cuáles son las causas últimas de este proceso?

Carlos Pérez Soto (CPS): Para enfrentar y solucionar un problema lo primordial es comprender su naturaleza, su esencia. Diferenciar entre sus manifestaciones y sus causas es fundamental para poder descomponer el todo en sus partes sin perder integralidad y, con ello, la perspectiva de la totalidad.

En tal sentido, es conveniente recordar una frase de Marx que dice: «Toda ciencia estaría de más, si la forma de manifestarse de las cosas y la esencia coinciden directamente. Las verdades científicas son siempre paradójicas, si se les mide por el rasero de la experiencia cotidiana, que solo percibe la apariencia engañosa de las cosas».[1]

En particular, la inflación es la manifestación de un fenómeno multicausal. Convencionalmente, se reconocen como causas de los procesos inflacionarios aquellas relacionadas con impactos provenientes del lado de la oferta, o de la demanda, las originadas por conflictos distributivos entre los diferentes actores económicos, y las vinculadas a las expectativas y a las acciones especulativas de estos. A su vez, es muy importante visualizar y discernir si estas causas están asociadas a situaciones de carácter permanente o transitorio. También es necesario identificar sus orígenes, que pueden ser exógenos, endógenos o predeterminados.

En la coyuntura cubana actual están presenten todas estas causas, derivadas de situaciones permanentes y transitorias, cuyos orígenes son diversos. Reconocerlas y desentrañar sus interrelaciones es fundamental para el diseño adecuado de las políticas monetaria, cambiaria, crediticia, fiscal, que acompañen la implementación de la estrategia de actualización de nuestro modelo económico con el propósito de controlar el actual proceso inflacionario.

El manejo y conducción del proceso inflacionario actual resulta en extremo complejo; hay que enfocarlo con integralidad, no solo a la hora de analizar sus causas, sino también para comprender sus formas de manifestarse, ya sea a través de incrementos de precios o de lo que se conoce como inflación reprimida.

Es de suma importancia determinar qué problemáticas están relacionadas con la implementación del ordenamiento y cuáles no, con el propósito de diseñar las soluciones adecuadas sin anular los objetivos esenciales de la Tarea Ordenamiento y del resto de las transformaciones previstas.

La Tarea Ordenamiento, en su esencia, propicia inevitablemente un incremento de precios, que en términos técnicos más que como inflación — entendida como el proceso continuado de incremento del nivel general de precios en la economía — es conocido como un cambio de nivel en los precios, es decir, un salto en el nivel de los precios que se produce por única vez. Las claves para entender lo que estoy diciendo son las palabras «salto» y «continuado».

Tratar de anular el incremento de precios vinculado a este salto es un contrasentido, es ir en contra de la esencia misma de la Tarea Ordenamiento, ya que este incremento es parte del proceso de ajuste que se busca desatar. En otras palabras, hay que permitir el salto y anular o mitigar aquellas situaciones derivadas de este que promuevan la continuidad — lo que se conoce como espiral inflacionaria inducida por la devaluación — , que en lo fundamental están asociadas a deformaciones estructurales, expectativas desfavorables, situaciones especulativas y, en el caso cubano en particular, a errores en la implementación de la actualización del modelo económico.

Lo adecuado sería que este salto no rebase la magnitud de la devaluación, con el propósito que ya comentamos de lograr una expresión en términos reales de dicha devaluación. Esta declaración debe ser interpretada con singularidad en el caso cubano, y acotada en lo fundamental a la trayectoria de los precios mayoristas, ya que el punto de partida de la devaluación no es el de una tasa única, sino el de una dualidad cambiaria que se opta por eliminar de una sola vez a partir de devaluar la anterior tasa oficial (1 por 1) hasta situarla al mismo nivel de la tasa de cambio de CADECA (1 por 24), que se mantiene inamovible.

Esto explica por qué, para una devaluación de 24 veces, son aceptables incrementos de precios mayoristas cercanos a 20 veces; por diseño se ha fijado la meta de 12 veces, es decir, un 50 por ciento de la devaluación, como primer cortafuego antinflacionario. Para los precios minoristas lo ideal sería que los incrementos no excedieran las cuatro veces o el 300 por ciento de sus niveles de pre-ordenamiento, con el objetivo de al menos preservar el poder adquisitivo de los salarios y pensiones que se incrementan, en promedio, en cinco veces.

En este caso, el diseño establece como meta un incremento general para los precios minoristas de 1,6 veces, que incluye los incrementos de precios de aquellos bienes y servicios a los que se le elimina total o parcialmente el subsidio, y un incremento de hasta tres veces en los precios de los bienes y servicios ofertados por las formas no estatales. Bajo la lógica del ordenamiento, el resto de los bienes y servicios que se ofertan en la red estatal no tienen por qué experimentar incrementos de precios.

Esta dicotomía es resultado de la gran desconexión entre los precios mayoristas y minoristas que prevaleció durante todos estos años en la vida económica cubana, y que incidió en la profunda disociación existente entre las esferas productiva y la distributiva. La Tarea Ordenamiento, entre muchos otros de sus propósitos, se enfoca en eliminarla y propiciar un sistema de precios que garantice la adecuada continuidad y correspondencia entre los precios mayoristas y minoristas.

La idea incorporada al diseño original de incrementar en mayor proporción los salarios y las pensiones es adecuada, no solo porque apunta en la dirección de corregir la «pirámide invertida», sino también porque proporciona el lubricante para que las formas no estatales se ajusten a las nuevas condiciones; sin embargo, también puede constituir una presión inflacionaria adicional muy riesgosa. Como siempre, la cuestión es encontrar las magnitudes apropiadas, y en esto la práctica tiene la última palabra, sobre todo en condiciones donde se agudizan las restricciones por el lado de la oferta.

Abusando de la síntesis, podríamos identificar dos canales fundamentales que explican dicho salto, sin obviar sus interconexiones. Primero, el efecto traspaso de la devaluación a los precios, que se manifiesta a través de un proceso de varias iteraciones hasta que se estabiliza. Su manifestación es más visible en el segmento de los precios mayoristas. Segundo, los efectos de las transformaciones de los patrones distributivos con el propósito de corregir paulatinamente la «pirámide invertida», restablecer la importancia del trabajo y del poder adquisitivo de los ingresos provenientes del mismo, sobre todo en el sector estatal. En este caso, con una mayor visibilidad en los precios minoristas.

La Tarea Ordenamiento, en su esencia, promueve un nuevo enfoque en la redistribución de la riqueza, no solo por los cambios de conceptos en la asignación de los subsidios, sino por la homogenización de la forma de valorar el trabajo en los diferentes sectores de la economía, y también en el acceso al consumo, no bajo enfoques de igualitarismos que a la larga generaban visibles desigualdades, sino sobre bases de equidad en función del aporte a la sociedad.

Inicialmente un grupo debe perder, en términos de poder adquisitivo, para que el otro mejore sobre todo en el tiempo. Ganarían, según diseño, los grupos vinculados al trabajo en el sector estatal, a partir de los incrementos de sus salarios y pensiones, y perderían los vinculados al sector no estatal, pues es real que enfrentan un incremento del costo de la vida y de sus insumos. No puede obviarse que las condiciones pre-ordenamiento propiciaban a este sector ganancias extraordinarias en términos relativos.

En la economía no hay magia y, como se ha dicho, el ordenamiento en sí mismo no crea riquezas en el corto plazo, más bien propicia una distribución más efectiva de la riqueza existente, y posibilita la creación de condiciones para que en el mediano y largo plazo se incrementen las capacidades de generar riquezas, sobre todo a través de una mayor eficiencia y productividad del trabajo.

Esta situación se vuelve un óptimo de Pareto en la medida que se transita de los intereses individuales a los colectivos y, sobre todo, a los nacionales; y se concretan las expectativas de alcanzar un sistema productivo más eficiente e integrado, lo que sin duda requiere de tiempo.

Estos cambios en los patrones distributivos promueven un reacomodo de los actores económicos a las nuevas condiciones. Ejemplo de ello es el incremento legítimo de los precios de los bienes y servicios ofertados por el sector no estatal, dirigido a compensar de alguna manera los incrementos en el costo de la vida y de insumos fundamentales a los que accedían con subsidios. Este movimiento compensatorio hasta cierto límite es racional y necesario; más allá entraríamos en el rango de lo que se ha denominado como abusivo y especulativo, con independencia del sector donde se manifieste.

En resumen, podría decirse que la Tarea Ordenamiento produce un cambio de nivel en los precios — refiriéndonos al incremento de estos durante el proceso de ajuste que genera su implementación — asociado al efecto traspaso de la devaluación, la eliminación total o parcial de subsidios en el mercado estatal y al reajuste de los precios en el sector no estatal, como consecuencia de la necesaria compensación ante el incremento del costo de la vida y de insumos fundamentales.

Otras causas que explican el incremento de los precios en la actual coyuntura y que se relacionan más estrechamente con la definición de inflación ya comentada, es decir, con la tendencia al alza — incremento continuado — de los precios que se observa desde mediados de 2019, pueden ser vinculadas con cierta relatividad a situaciones en principio transitorias.

Me refiero a la ruptura de las interrelaciones entre la oferta y la demanda existente hasta entonces. Por un lado, se produce una continua reducción de la oferta, que ha llegado a ser muy profunda, propiciada por el endurecimiento del bloqueo y por los efectos de la pandemia, y que se traduce en una contracción de la actividad económica que sobrepasa el 11,2 por ciento acumulado, con relación a 2018 a precios constantes. Además, el incremento de la oferta en dólares de bienes y servicios de alta demanda en los mercados minoristas, combinado con la imposibilidad de que la población acceda a esta divisa por vías oficiales, ha profundizado la devaluación de la tasa de cambio informal en ese circuito, situación que impacta inevitablemente en los precios en moneda nacional de los mercados no estatales y encarece el acceso desde los salarios a la oferta estatal de bienes y servicios en dólares.

Por otro lado, dos factores propician la expansión de la demanda: el primero, la reforma salarial realizada a mediados de 2019 en el sector presupuestado, que incrementó el fondo salarial en más de 8.000 millones de pesos, lo que equivale a un 29 por ciento, a la que se suman los incrementos salariales y de las pensiones contenidos en la Tarea Ordenamiento.

Lo anterior, visto desde la perspectiva del fondo de salario, significa que de 28.797 millones de pesos en 2018, se pasa a 139.385 millones de pesos en 2021.[2] No es ocioso acotar que las condiciones de la pandemia propician un reajuste de los gastos de las personas que, en muchos casos, también se traduce en presiones inflacionarias.

El segundo, la imposibilidad doctrinal de ajustar el empleo en correspondencia con la contracción de la oferta, alternativa natural de ajuste del neoliberalismo para transitar a un «nuevo equilibrio». Desde esa perspectiva, más de 500.000 personas hubieran perdido sus trabajos en nuestro país.

Por supuesto, las deformaciones estructurales inciden en los procesos inflacionarios, sobre todo en la profundidad con que estos se manifiestan y en las potencialidades y la efectividad con que actúan las estrategias e instrumentos de política económica que se articulan para combatir la inflación. Pero estas son causas que están predeterminadas desde la perspectiva de la coyuntura y su resolución exige de transformaciones de carácter más estratégico y de largo plazo, no son solubles en el corto plazo.

En este sentido, el punto que quiero resaltar es que en ocasiones he leído análisis sobre la coyuntura inflacionaria cubana donde se le asigna una ponderación excesiva a este factor, desconociendo que la pandemia ha afectado profundamente a todas las economías del planeta sin mayores distinciones, al punto de propiciar la mayor recesión de los últimos cien años, por no decir de la historia. Sobre este particular existen registros y cifras coherentes del desempeño de la economía mundial. Sin embargo, es cierto que la demora o lentitud con que se ha acometido el proceso de actualización de nuestro modelo económico ahora nos pasa factura.

A partir de lo que te he dicho hasta aquí, considero que es un error asociar todo el proceso inflacionario que hoy enfrentamos a la implementación de la Tarea Ordenamiento. Con la información adecuada — no la tengo — podría realizarse una descomposición del incremento de la inflación y relacionarlo con los diferentes factores que lo originan.

Tampoco es adecuado hablar de inflación o incrementos de los precios en sentido general, sin la adecuada contextualización de los análisis. Una de las formas de hacerlo es determinando la magnitud en que esta erosiona el poder de compra de los ingresos nominales, es decir, evaluando la trayectoria de los ingresos reales.

La Tarea Ordenamiento por diseño incrementa los precios, pero también los ingresos asociados a los salarios del sector estatal, las pensiones y la asistencia social.

Estos cálculos son necesarios, ya que permitirían determinar hasta dónde hay pérdidas del poder adquisitivo de los salarios y pensiones, a pesar de sus incrementos, imputables a errores de diseño e implementación de la Tarea Ordenamiento, o inducidas por la severa recesión que enfrenta el mundo y en particular nuestra economía. Las primeras pueden ser evitadas al rectificar lo que sea necesario, tanto a nivel de diseño como de implementación; las segundas hay que administrarlas, mitigarlas, pero no ignorarlas.

Estoy convencido de que, en condiciones normales, la implementación adecuada de la Tarea Ordenamiento podía aportar un ligero incremento del poder adquisitivo de los salarios y las pensiones a partir de la redistribución de riqueza disponible. En las condiciones excepcionales por las que atraviesa nuestra economía, me parece poco realista mantener esta afirmación; hacerlo ha contribuido a generar falsas expectativas que se traducen en un sentimiento de rechazo explícito o implícito en muchos ciudadanos.

Sin embargo, creo que la implementación de la Tarea Ordenamiento, además de ser urgente y necesaria por su importancia estratégica para el proceso de actualización del modelo económico, ha aportado grados de libertad para enfrentar la severidad de la coyuntura actual y crear condiciones que permitan al menos mitigar los efectos negativos derivados de la situación excepcional que enfrentamos.

LT: Entre los economistas, uno de los temas más debatidos es el uso de controles de precios como herramienta para combatir la inflación. ¿Qué opinión te merecen este tipo de controles? ¿Qué herramientas alternativas tendría el gobierno para hacer frente a la inflación, sin dudas, uno de los principales indicadores del éxito o no de la medida?

CPS: Déjame invertir el orden de las respuestas. Te reitero que es muy pronto para dar conclusiones sobre el éxito o no de la Tarea Ordenamiento en cualquiera de sus propósitos e indicadores claves, se requiere de más tiempo para que se estabilicen los nuevos equilibrios y la economía reaccione con energía a las nuevas señales e incentivos y para que evolucione la situación internacional.

También es cierto que el tiempo apremia, por lo que el proceso de transformación de nuestro modelo económico demanda más que nunca compromiso, constancia, eficiencia y efectividad.

Por su parte, el enfrentamiento y control de la inflación demanda un enfoque integral capaz de integrar con coherencia lo sanitario, lo político y lo económico. Te diría que es fundamental controlar la pandemia dentro y fuera de nuestro país y restablecer lo que se ha llamado «la nueva normalidad» con sostenibilidad; las razones son obvias.

Consolidar nuestra unidad nacional en torno a la visión de la nación, fortaleciendo nuestra independencia y soberanía y nuestro socialismo democrático, próspero y sostenible. En particular, lograr un mayor consenso alrededor de la efectividad del proceso de actualización de nuestro modelo económico en sentido general y, en particular, de la oportunidad, necesidad y viabilidad de la Tarea Ordenamiento.

Para ello es fundamental consolidar y estructurar el enfoque integral y secuencialmente coherente de dicha implementación, en correspondencia con los objetivos políticos y económicos propuestos, como punto de partida para perfeccionar y profundizar la preparación de toda la sociedad. Con ello se garantizaría la adecuada comprensión del alcance y contenido de dichas transformaciones, elemento fundamental para agilizar la respuesta en el plano subjetivo.

En esta línea es imprescindible mantener el diálogo transparente y directo con todos los actores sociales y fortalecer su efectividad a partir de la celeridad en la realización de las adecuaciones y rectificaciones necesarias, sin afectar la esencia ni el sentido de dichas transformaciones.

Asimismo, es necesario avanzar con mayor velocidad en la implementación de las reformas estructurales e institucionales complementarias al ordenamiento y que al mismo tiempo lo potencian, con el objetivo de acelerar la capacidad de respuesta de nuestro aparato productivo.

Buscar mayor integración, complementariedad, objetividad y efectividad entre los mecanismos de regulación directa e indirecta de la gestión económica, a partir de una ponderación más adecuada en el establecimiento de las proporciones fundamentales de nuestra economía, es decir, entre acumulación y consumo, entre consumo pagado y no pagado. Por ejemplo, una mayor efectividad y objetividad en el diseño del proceso inversionista como motor del desarrollo y las transformaciones estructurales; en la recaudación de divisas en el mercado interno, lo que incluye su logística, operatoria y destino, entre otros.

En fin, el enfrentamiento a la inflación es tan diverso como sus causas, por lo que mi intención es solo resaltar la necesidad de ese enfoque integral que te mencionaba.

Con relación a los controles de precios, considero que pueden ser efectivos siempre y cuando no laceren o desvirtúen el contenido económico o naturaleza conceptual de la categoría «precios». Bajo esta premisa, pueden ser utilizados con éxito para evitar que los mecanismos de ajustes en la comercialización o distribución de los bienes y servicios producidos, en situaciones excepcionales de escasez, anulen los conceptos de solidaridad y justicia social que deben prevalecer en nuestra sociedad y promuevan la especulación y el individualismo.

Son viables si son parte de una estrategia mucho más amplia enfocada, en lo fundamental, a propiciar el incremento sostenido de la producción y el perfeccionamiento de las estructuras del mercado que permitan un proceso de comercialización más eficiente y efectivo. Su establecimiento no debe ser promovido por la imposición, sino a partir del consenso y conciliación de los intereses de las partes involucradas.

La no observancia de estas cuestiones a la hora de su implementación se traduce en un incremento de la escasez, la especulación y la ilegalidad.

Tampoco pueden ser utilizados como una cortina de humo para ocultar o desconocer nuestra deuda con la productividad del trabajo y, mucho menos, subestimar la importancia de cancelarla en el menor tiempo posible.

Dentro de la Tarea Ordenamiento deben utilizarse para propiciar que el proceso de reinicialización y ajuste de nuestra economía, inducido por la devaluación, se base en la movilización de las reservas de eficiencia y racionalidad económica existentes que, dicho sea de paso, son inmensas.

LT: Carlos, quizás no haya tema más polémico y desafío mayor para el Ordenamiento que la convivencia con el proceso de dolarización iniciado en octubre de 2019 y ampliado posteriormente. ¿Cuáles son los límites, el significado, el alcance de la dolarización, en particular en un escenario de «ordenamiento»?

CPS: Es esencial que el fundamento de la estrategia de transformación estructural y desarrollo mantenga un enfoque integrador que contemple a la economía nacional como un sistema único de interrelaciones productivas. Este enfoque y su consolidación generarían, en el mediano plazo, un círculo virtuoso con aportes muy importantes para la estimulación de las fuerzas productivas y la consolidación de encadenamientos generadores de una mayor integración del tejido productivo nacional, lo cual podría propiciar una inserción internacional sostenible desde el punto de vista político, social, económico y medioambiental.

La dolarización parcial de la economía y los mecanismos de segmentación que esta genera no apuntan hacia esa dirección, más bien trasforman este círculo virtuoso en uno vicioso. La experiencia de las últimas tres décadas nos demostró que sus aparentes beneficios de corto plazo no compensan sus costos en el mediano y largo plazo.

Sin embargo, dentro de las medidas anunciadas para su implementación desde mediados del pasado año en la Estrategia Económica y Social, muchas de ella ya en vigor, se destacan aquellas que profundizan el proceso de redolarización parcial de la economía, incluso en pleno proceso de implementación de la Tarea Ordenamiento.

En el sector empresarial, estatal o no estatal, se crean espacios que consolidan y expanden la redolarización en medio de la unificación, lo que resulta contradictorio. La creación de mercados mayoristas en esa moneda sin mecanismos oficiales de convertibilidad interna, la proliferación de cadenas productivas «hechas a mano» y que se fundamentan en lo que se conoce como esquemas cerrados de divisas, el acceso directo a la importación de las formas no estatales siempre y cuando operen con divisas propias, el resurgimiento y consolidación de Finatur como entidad financiera bancaria cuyo propósito es realizar préstamos en dólares con el objetivo de cerrar ciclos productivos, la creación de espacios monetarios especiales para la inversión extrajera y, en particular, para la Zona Especial de Desarrollo y aquellas entidades que se relacionen con esta, así como las ventas en línea y al circuito de tiendas que operan en moneda libremente convertible, constituyen algunos ejemplos.

Todo esto se presenta como un paso para avanzar en el propósito de lograr descentralizar el proceso de asignación de las divisas en la economía nacional. No obstante, el fin no parece justificar los medios, si estos fomentan un proceso de descentralización de la dolarización.

El camino para consolidar los mecanismos de descentralización del proceso de asignación de las divisas en la economía nacional debe apuntar hacia la conformación de un mercado de divisas regulado, pero eficiente y efectivo para propiciar y fomentar el desarrollo del país, es decir, garantizar prosperidad y sostenibilidad.

Volvemos al problema de la manifestación de los fenómenos y su esencia. Las denominaciones monetarias del dinero constituyen el lubricante de la actividad económica y, al mismo tiempo, deben servir para su medición a partir de su capacidad de erigirse como equivalente universal, entre otras cuestiones relacionadas con la funcionalidad de los signos monetarios. Sin embargo, no es el dinero la actividad económica en sí misma; este actúa como su lubricante y, en dependencia de su calidad y su dosificación, la acelera o la ralentiza.

El objetivo estratégico no debe centrarse en generar una u otra denominación monetaria, sino en el trabajo, y en particular en incrementar su componente nacional, es decir, en potenciar, privilegiar o estimular al valor agregado doméstico o interno y con ello consolidar una mayor integración y densidad del tejido productivo nacional.

Muchas veces, en aras de obtener dólares le restamos dinamismo y potencial a la economía nacional. Exportar materias primas sin antes transformarlas localmente hasta donde sea posible, significa crear empleo en el país comprador y generar desempleo en el país proveedor. En términos de empleo sucede lo contario cuando importamos lo que se puede producir internamente.

La mirada profunda debe centrarse en ampliar las capacidades productivas del país, aquellas que posibilitan agregar valor a las producciones nacionales y activar las potencialidades que permitan la sustitución efectiva de importaciones; es decir, transitar de un enfoque con predominio rentista o uno más apegado a lo productivo y, por ende, más congruente con el socialismo que nos proponemos construir.

Mirar solo a la superficie, es decir, a la expresión monetaria de la actividad económica nos ha conducido en muchas ocasiones por los caminos del crecimiento empobrecedor.

El aporte fundamental desde la perspectiva monetaria sería el de avanzar en la consolidación de las funciones dinerarias de la moneda nacional a nivel de toda la economía, en lo particular dentro del mercado cambiario, posicionándola como su centro de gravedad y fortaleciendo su papel como equivalente universal a partir de la consolidación de una tasa de cambio coherente — con toda intención no utilizo el término de equilibrio — . Desde mi punto de vista, este es el núcleo esencial de la Tarea Ordenamiento en lo que se refiere a la unificación monetaria.

No es conveniente debilitar el contenido y naturaleza económica del peso cubano y su tasa de cambio al crear diseños cuyos propósitos sean sustituir o reemplazar, parcial o totalmente, las funciones que le corresponden a ambas categorías económicas.

Se requiere normalizar, estandarizar nuestro mercado monetario. La fragmentación monetaria también fragmenta a las interrelaciones económicas y fomenta entornos operativos paralelos que erosionan el dinamismo de la económica nacional como sistema único. Con ello se le resta potencialidad y sentido al ordenamiento.

Será muy difícil avanzar en la planificación financiera y centralizada, la gestión económica descentralizada, la regulación indirecta, la verdadera y efectiva autonomía empresarial, los encadenamientos productivos naturales y sostenibles — por mencionar algunos de los propósitos señalados como pilares del proceso de actualización de nuestro modelo económico — , si no se establece un signo monetario único y funcional para toda la economía.

En nuestro caso no hay otra alternativa, no solo desde la perspectiva económica sino también política, que aferrarnos a nuestra moneda nacional.

LT: Es evidente que la meta de «ordenar» pasa también por «desdolarizar». ¿Cuáles son las alternativas en cuanto al comercio minorista?

CPS: Dentro de este proceso de redolarización parcial la mayor atención ha recaído en la reaparición y progresiva ampliación de una franja del comercio minorista que opera en divisas. Es natural, está vinculado directamente a la vida cotidiana de la población, en medio de la situación excepcional que atravesamos.

Recaudar divisas es indispensable para apoyar la estrategia de desarrollo del país, la excepcionalidad del momento lo hace más imperioso, ineludible y urgente, es decir, una necesidad. En cambio, el cómo hacerlo, su diseño, se ubica en otro plano, el de escoger entre opciones o alternativas posibles.

Una vez más, resulta conveniente diferenciar entre el objetivo que se persigue con una medida y la manera en que se implementa, y reiterar que no siempre el fin justifica los medios.

Desde mi punto de vista, siempre, y en especial en la actual coyuntura, recaudar divisas es una necesidad. Sin embargo, recurrir a la dolarización parcial para lograrlo no es lo más aconsejable, sobre todo si uno de los propósitos fundamentales de la estrategia para transformar nuestro modelo económico apunta hacia el fortalecimiento de las funciones dinerarias de nuestra moneda nacional, al reordenamiento cualitativo del entorno monetario cubano, a reforzar el papel del trabajo y corregir los desarreglos distributivos.

Cabría preguntarse qué factores son realmente determinantes para estimular un incremento de la entrada de divisas y, a su vez, garantizar una efectiva y eficaz recaudación por parte de las autoridades gubernamentales a partir de un enfoque que garantice la integralidad de la estrategia de desarrollo económico: la moneda en que se precien los bienes y servicios ofertados, la política de precios diseñada, o el incremento y diversificación de la oferta, de forma que se pueda garantizar sostenibilidad y adecuación a las expectativas de consumo de los individuos y los procesos de reproducción ampliada de los negocios privados. Seguro que hay otros.

Estoy convencido que los verdaderamente relevantes y determinantes de los que te he mencionado serían el segundo y el tercero; entonces, por qué preciar en dólares y no en moneda nacional sería la pregunta clave. Yo no he encontrado una respuesta que satisfaga mis expectativas, y te aseguro que la he buscado desde múltiples perspectivas o aristas. Debe existir, pero realmente no está a mi alcance, al menos por el momento. Al respecto escribí algunas reflexiones en el artículo titulado «La redolarización parcial: una mirada desde el mediano plazo», publicado meses atrás por La Tizza.

La combinación de una oferta de bienes y servicios de alta demanda por parte de la población preciada en dólares — sobre todo en circunstancias donde el comercio de bienes y servicios en moneda nacional manifiesta una marcada depresión — , con la imposibilidad de comprar divisas a partir de la moneda nacional en CADECA, incrementó la demanda de dólares por parte de la población, en momentos donde hay una contracción significativa de su oferta, y redirigió todas la interrelaciones de oferta y demanda de divisas derivadas de las necesidades lógicas de la población impuestas por la propia naturaleza de la medida, hacia los canales informales.

Como es lógico, todo esto ha jugado un papel importante en el progresivo incremento de la brecha existente entre la tasa de cambio oficial unificada y la tasa de cambio vigente en el mercado informal de divisas. Tal situación atenta contra las esencias de la Tarea Ordenamiento.

¿Por qué no preciar en moneda nacional, estableciendo precios diferenciados, pero competitivos con relación a los mercados internacionales cercanos, y aprovechar la experiencia y la institucionalidad ya instalada para recaudar las divisas a través de las operaciones cambiarias en las entidades bancarias y financieras oficiales?

Preciar en pesos cubanos hubiera puesto a los tenedores de dólares a demandar moneda nacional, por solo mencionar uno de los elementos a considerar en este análisis.

En resumen, considero que uno de los problemas que más ha incidido en la desarticulación del modelo económico cubano ha sido la incapacidad de la moneda nacional de cumplir con sus funciones dinerarias y erigirse como equivalente universal. El ordenamiento monetario está llamado a resolver ese problema de manera definitiva en el menor plazo posible.

LT: Comentabas la brecha existente entre la tasa de cambio oficial unificada y la tasa de cambio vigente en el mercado informal de divisas producto de la dolarización. ¿Te parece que es motivo suficiente para volver a devaluar? ¿En qué medida, en lo adelante, devaluar será una opción válida y/o frecuente de política?

CPS: Desde mi punto de vista, al menos en el corto plazo, no es aconsejable profundizar la devaluación de la tasa de cambio oficial unificada. Ya se dio un gran salto, del 2.300 por ciento; desde la perspectiva cuantitativa un cambio de esta magnitud es gigantesco, pero mucho más lo es si se reflexiona sobre sus implicaciones cualitativas para la vida política, económica y social del país. En el manejo de la tasa de cambio no solo deben tenerse en cuenta los fundamentos técnicos de la teoría económica, estos deben ponderarse de manera acertada con la sensibilidad y estabilidad política.

Ahora la prioridad es acomodar la caída, lo que significa en los términos en que venimos hablando, consolidar los fundamentos estructurales e institucionales que le aportan solidez al proceso de reinicialización de la economía cubana, con el propósito de proporcionar un sistema de informaciones o señales más transparente y objetivo sobre el cual pueda estructurarse el proceso de toma de decisiones.

La coyuntura exige poner a punto la «red hidráulica» — los mecanismos de trasmisión de la economía — , para que en el futuro la «llave que regula la presión de agua» — la tasa de cambio — se incluya con mayor efectividad en la «caja de herramientas» destinada a fortalecer las políticas e instrumentos de regulación indirecta de la economía cubana.

Se requiere de un tiempo para avanzar en la consolidación del nuevo vector de precios que garantice una expresión más coherente y objetiva de los precios relativos. Asimismo, es necesario que las autoridades decisoras, el sistema empresarial estatal y no estatal, los diferentes mercados y la población procesen, interioricen y adquieran una mayor comprensión de las nuevas reglas de juego y se ajusten a ellas. También parece sensato ganar un poco más de claridad sobre el futuro de la pandemia, del contexto internacional y los nuevos retos que deberá afrontar la economía ante estas realidades.

Nuevas devaluaciones en el corto plazo profundizarían el proceso inflacionario y reforzarían, aún más, los riesgos de caer en un escenario de espiral inflacionaria que impediría o dificultaría la posibilidad de garantizar el margen de devaluación real requerido para avanzar y profundizar el proceso de restructuración y actualización del modelo económico cubano.

Por demás, añadirían mayor confusión y desconfianza en momentos en que todavía las expectativas no encuentran un anclaje de referencia. No contribuirían al fortalecimiento del necesario consenso político y social, eslabón fundamental, para lograr la gobernanza requerida para la implementación de las cuestiones esenciales que definen la naturaleza de la Tarea Ordenamiento.

La reiteración del argumento de la necesidad de profundizar el nivel de la devaluación, incluso en términos reales, para mejorar la competitividad de la producción nacional queda debilitada por la evidencia empírica. Está demostrado que no aumentan las exportaciones por el alza del tipo de cambio. Quienes entienden de competitividad internacional señalan que esta no depende sólo del tipo de cambio real, sino también de otros factores estructurales como el acceso y capacidad de manejo de la tecnología disponible, las escalas de producción, las barreras a la entrada en diferentes mercados, así como la disponibilidad de materia prima barata y abundante, el precio de la energía y la infraestructura logística. Otros elementos importantes son líneas de financiamiento a tasas subsidiadas, beneficios impositivos y el costo del transporte.

Lejos está el tipo de cambio real de ser lo único que incide en la rentabilidad del complejo exportador: de acuerdo con los contextos y las especificidades de la estructura productiva, lo que ocurra con el nivel de actividad doméstica o la situación de la demanda internacional representan los principales determinantes de la competitividad externa.

En términos técnicos, los volúmenes de exportaciones muestran una baja elasticidad al tipo de cambio real multilateral. En lenguaje coloquial, esto significa que una moneda doméstica depreciada no se traduce en un alza adicional de la cantidad de exportaciones. Esta idea se refuerza para Cuba, en la medida que sus principales rubros exportables de antemano están preciados en dólares, lo cual hace que la devaluación del peso cubano en muchos casos sea transparente para los mercados externos.

Lo que corresponde ahora es realizar las rectificaciones y ajustes que demanda la adecuada implementación del ordenamiento monetario y garantizar la coherencia de la secuencialidad, integralidad y sistematicidad del proceso de actualización del modelo económico cubano. Debe avanzarse en el conjunto de transformaciones de naturaleza estructural, institucional y distributiva que han quedado inconclusas o postergadas, de manera tal que se maximicen las oportunidades y fortalezas que para ello aporta el despliegue de la Tarea Ordenamiento y, a su vez, se aprovechen las nuevas condiciones que estas transformaciones ofrecen para contribuir al avance exitoso del proceso de reordenamiento del entorno monetario cubano.

Con esto te reitero el enfoque y la convicción de que la unificación monetaria y cambiaria es parte de la solución, pero no la solución en sí misma, lo que equivale a decir, parafraseando lo anterior, que la devaluación es parte de la solución, pero no la solución en sí misma.

En un mercado cambiario bajo una fuerte influencia tanto de la demanda de importaciones como de la compra de dólares en un segmento informal vinculado a la población, profundizar la devaluación es una solución ficticia para mejorar la competitividad y tiene corto recorrido porque alimenta la tasa de inflación.

Profundizar la devaluación en las condiciones actuales agudiza la puja distributiva en una economía con problemas estructurales de empleos y en vía de recomposición del entramado industrial. Impacta en forma negativa en la actividad y distribución de la riqueza, provocando una transferencia de ingresos desde sectores de remuneraciones fijas hacia grupos financieros, el sector exportador y aquellos con mayor capacidad de ajuste a dicha devaluación.

Tampoco favorece la consolidación de encadenamientos generadores de una mayor integración del tejido productivo nacional que propicie una inserción internacional sostenible desde el punto de vista político, social, económico y medioambiental.

LT: Indiscutiblemente, el mercado informal de divisas aporta señales relevantes de desequilibrios en la economía, en particular en un escenario de déficits de información y estadísticas. Sin embargo, ¿cuán determinantes pueden ser esas señales para la toma de decisiones?, ¿cuán parcial o sesgada puede ser la información que brinda este mercado?

CPS: Muchos de los que abogan por profundizar los niveles de devaluación en el corto plazo lo hacen tomando, como referencia para sus argumentaciones, lo que acontece en el mercado informal de divisas, donde el peso cubano se cotiza en márgenes cercanos a los 50 pesos por dólar americano.

Lo anterior es un problema real pero, desde mi punto de vista, a la hora de analizarlo y enfrentarlo no se puede desconocer que la tasa de cambio unificada establecida a partir del primero de enero de este año rige para toda la economía nacional, lo que la hace portadora de una nueva cualidad.

Es imperativo apelar a la adecuada coherencia de un enfoque analítico que privilegie la totalidad, garantizando la integración coherente de fundamentos y sus partes. Los análisis fragmentados de esa totalidad pueden resultar contradictorios y llevarnos a conclusiones parciales, cuyas generalizaciones resulten erróneas.

No creo que sea muy complicado de entender que en Cuba el mercado informal o paralelo de divisas, por su naturaleza específica, no tiene la capacidad de sintetizar con la integralidad requerida todas las interrelaciones que se establecen entre la oferta y la demanda de divisas de toda la economía.

El mercado informal de divisas como parte del todo, además de estar influenciado por aquellos fundamentos y deformaciones estructurales que hoy afectan a la economía en su conjunto, es impactado por cuestiones muy específicas relacionadas con situaciones que determinan su estructuración, funcionamiento y operatividad. Estas cuestiones de carácter específicas matizan, a su vez, el impacto de aquellas de carácter más general.

Tratar de reducir la brecha existente entre la tasa informal y la tasa oficial unificada en las condiciones actuales a partir de profundizar la devaluación de esta última es actuar en la superficie del fenómeno, obviando la gran enseñanza que nos dejó Marx de la necesidad de hurgar en la esencia de este. Al no remover las causales específicas, lo más probable es que el resultado final se concrete en la ampliación de dicha brecha.

Por solo citar un suceso a tener en cuenta, y llamar la atención sobre la necesidad de profundizar el estudio de las causales que explican la evolución de la tasa de cambio informal o paralela, puede señalarse que los grandes saltos — cambios de nivel — en la trayectoria de devaluación de la moneda nacional respecto al dólar en el mercado informal de divisas coinciden con los momentos en que se iniciaron y luego profundizaron en cantidad y cualidad las ventas de bienes y servicios preciados en dólares — octubre 2019, y el verano de 2020 — , es decir, con la redolarización de las transacciones en estos segmentos del mercado.

Sin lugar a dudas, la significativa devaluación de la moneda nacional en el mercado paralelo de divisas afecta la esencia de la Tarea Ordenamiento. Desde esa perspectiva, tengo la impresión de que ha sido un tema poco abordado, al menos públicamente, desde posiciones oficiales. Se requiere su análisis y corrección no solo como fenómeno aislado, sino a partir de sus interrelaciones con la Tarea Ordenamiento y su esencia.

No se puede ignorar o restar importancia a las consecuencias del efecto traspaso de la devaluación de la tasa de cambio paralela en la trayectoria de los precios minoristas, sobre todo en los mercados de oferta y demanda. Es decir, en la inflación y por ende en el poder adquisitivo de los ingresos, en particular en aquellos que se originan en lo fundamental en el sector estatal. También tiene un impacto muy negativo en la distribución de la riqueza. En síntesis, debilita la motivación por el trabajo, en particular en el sector estatal, y revierte los avances en materia redistributiva que aporta el ordenamiento monetario.

Existen evidencias de una práctica institucional relativamente reciente en el abordaje de este tipo de fenómeno en nuestro país; aunque las condiciones no son las mismas, de ellas pueden extraerse experiencias muy útiles y aleccionadoras. Luego de los años más duros del Periodo Especial, fue posible revaluar significativamente la tasa de cambio de CADECA, mantenerla en niveles fijos sostenibles por periodos prolongados, devaluarla y estabilizarla cuando fue necesario.

Si bien no pudo erradicarse la existencia de un mercado informal de divisas, la tasa de cambio de CADECA fue referencia obligada para su operatoria por muchos años. Todo lo anterior fue posible a pesar de que la política de precios diseñada para las TRD fomentó la posibilidad de arbitraje a partir de las importaciones con fines comerciales de las personas naturales que, aunque oficialmente no están autorizadas, crecieron de manera sostenida.

A pesar de todos los inconvenientes de la dualidad monetaria y cambiaria, las personas naturales prefirieron denominar sus ahorros en las monedas nacionales, lo cual refleja confianza, cuestión que en términos de dinero no se logra por decreto.

Aunque algunos o muchos lo pongan en duda o se nieguen a reconocerlo, se logró y mantuvo un equilibrio por muchos años y se consolidó una experiencia que evidenció que, con buenas prácticas, existe la posibilidad de regular los mercados en el socialismo. Esto no es cualquier cosa.

A propósito, te hago una última reflexión. Considero que realizar un diagnóstico y proponer medidas de política económica sin tener en cuenta o subestimando que la economía mundial está transitando la peor crisis de por lo menos los últimos 100 años, así como el impacto del bloqueo en la vida económica y social de nuestro país, es una peculiaridad de economistas mediáticos.

Si a ello se le suman posiciones acríticas y generalizadoras de lo planteado en los que se abrazan a manuales tradicionales de cualquier escuela o tendencia, el panorama analítico se torna bastante complicado e incluso estéril.

Conste que esto último no significa ignorar o subestimar los saberes acumulados en estos temas, que son vastos, y mucho menos apartarnos de ellos, sino resaltar la necesidad de estudiarlos con mayor profundidad, con el propósito de poder implementarlos de manera innovadora teniendo en cuenta la coyuntura nacional e internacional que enfrentamos y bajo la premisa que nuestro objetivo es construir una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.

LT: Gracias Carlos, creo que ha resultado una muy útil segunda entrega. Ojalá podamos repetir en próximas ocasiones.


Notas:

[1] Marx, Carlos. El Capital, Tomo III. Fondo de Cultura Económica, México, 1975.

[2] Figueredo Reinaldo, Oscar y otros. Marino Murillo ofrece detalles sobre el ordenamiento monetario ante la Asamblea Nacional. Cubadebate, 16/12/2020. www.cubadebate.cu/noticias/2020/12/16/marino-murillo-ofrece-detalles-sobre-el-ordenamiento-monetario-ante-la-asamblea-nacional

En Ciego de Ávila: violaciones, reincidencias y ¿excesos?

Por Katia Siberia
11 Abril 2021




En el mercado La Naranja se reiteran deficiencias. Foto: Alejandro García

Parecía que sería demasiado el mínimo de 5 000.00 pesos y que los comerciantes no se atreverían a violar lo establecido, para eludir multas que desde hace dos meses se pagan más caro. Pero los hechos han boicoteado las predicciones y en estos 60 días se han impuesto 468, por un valor que ronda los dos millones de pesos: un millón 759 000.00, para ser exactos.

Y tan alarmante como la cuantía de esas multas —que según el Decreto 30, del Consejo de Ministros, pueden llegar hasta 15 000.00 pesos en su inciso más grave—, es que existan reincidentes. Este miércoles, por ejemplo, se le imponía la cuarta de 8 000.00 pesos al Mercado La Naranja, en la cabecera provincial y, para colmo, la causa era la misma de otras veces: productos de segunda o fuera de norma eran vendidos como de primera.

Cuando Invasor anunció en febrero la implementación del citado Decreto, Irán Cano González, jefe del Grupo Provincial de la Dirección Integral de Supervisión (DIS), dijo que en más del 50 por ciento de las inspecciones se detectaban violaciones de precios. Se ignoraba el tope impuesto. Sin embargo, hoy la realidad descrita por Evaristo González Camacho, al frente de la DIS en el territorio, obedece a otras prácticas. “Ahora las mayores incidencias apuntan a la no correspondencia entre precio y calidad en los establecimientos que ofertan productos agrícolas; y a problemas de pesaje en los del Comercio y la Gastronomía.”

Si juzgamos el fenómeno por cifras, podemos decir que, como promedio, por cada ocho lugares visitados se impone una multa. Así se computarían las 39 000 inspecciones en toda la provincia durante estos dos meses, con mayores infracciones en los municipios de Ciego de Ávila y Morón. No obstante, detectar violaciones no es un plan a cumplir ni indicador que se mida para pagar algún tipo de estimulación o salario.

En ocasiones, es hasta “guerra avisada”; como el día que, a escasos kilómetros de Venezuela, un colega llamara a Irán para preguntarle si, ciertamente, el Grupo estaba recorriendo ese municipio. O cuando esta semana impusieron una sanción en el entronque de Colorado, donde tenían ropa reciclada retenida, había un descuadre con el arroz y problemas con los paquetes de café; “y al llegar a Gaspar ya todos allí sabían que íbamos. No son pocos los que se alertan y, aun así, detectamos violaciones“, confiesa Irán.

Las más difíciles de comprobar están asociadas a la variedad de precios en un mismo producto, “porque no es lo mismo un tomate que sale de una casa de cultivo de la Agroindustrial Ceballos, que el que llega de Frutas Selectas (que puede venir también de una casa de cultivo, aunque no necesariamente) o el que se comercializa por Acopio. Tienen fichas de costo diferentes”, explica Randy Jesús Martínez Martínez, director económico en la Delegación Provincial de la Agricultura.

Lo ejemplificaba con el ají que este miércoles rozaba en La Excelencia los 29.00 pesos, y en la placita, ubicada en la esquina de ese mercado, se vendía a 11.00 pesos la libra. Unos más grandes que otros… unos más caros que otros.

Y mientras el Turismo siga con los niveles que tiene, esas diferencias serán muy visibles (ya que se trata de mercancía que antes iba a la cayería) y, encima, pudiera ampliarse la gama de precios de un municipio a otro, al ser también facultad de los gobiernos locales aprobarlos.

Para los 74 inspectores que integran la DIS —una instancia que apenas mantiene cubierta la mitad de su plantilla—, ese contexto favorable a los productores complejiza su labor. El botón de muestra del ají lo ilustra: puede tener tres precios, según su lugar de origen; o seis, si parte de él se rebaja a segunda calidad; o nueve, cuando un porcentaje esté fuera de norma (o sea de tercera)… Todo ello pudiera ser atenuante para que algunos intenten pasar “gato por liebre”.

“Pero nosotros no trabajamos con posibilidades o sospechas. Nosotros juzgamos los hechos”, aclara González Camacho. Las 468 multas y los casi dos millones de pesos impuestos no les dejan margen a las dudas.