Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 12 de abril de 2021

La construcción del socialismo es necesariamente innovación con ciencia y pensamiento.


Por Jesús Pastor García Brigos[1] ( Tomado de Cuba Siglo XXI)

Para ser consecuente con lo que expreso en el título, debería empezar por decir qué entiendo por socialismo, y que mejor que hablar de construcción del socialismo prefiero las expresiones “construcción socialista”, “transformación socialista” o, por encima de todo “transformación comunista”. Pero prefiero dejar para otro momento tales precisiones, que pueden apartarnos del objetivo central de estas reflexiones.

Hay expresiones que admiten precisiones, cuando las guían el pensamiento creador, e invitan a la reflexión constructiva. El resultado puede aceptarse o no, pero vale la pena intentarlo. Así Raúl Castro en un discurso hace años, se refirió al manido “principio de distribución socialista”- manido y “traído” de “quien sabe dónde”-, con una importante puntualización: “de cada cuál según su capacidad, a cada cual según su trabajo… y las posibilidades de la sociedad de retribuírselo”. Comparto esa precisión; y, si voy a “aceptar ese principio”, le haría otras….pero tampoco es ese el punto ahora.

Debo reconocer que esa visión crítica de Raúl sobre algo “establecido” ha sido una de la muchas veces que sus reflexiones me han quedado como pautas de pensamiento y de conducta. Y me permitieron aceptar críticamente su afirmación “la construcción del socialismo es un viaje a lo ignoto”…con una pequeña “adición”: … con un Norte bien definido y una brújula bien ajustada (o, si se prefiere, “con un Sur”, como me pidieron en una ocasión, pienso que con justicia, unos compañeros venezolanos).

No es la crítica por la crítica. Es que el socialismo, como dijo alguna vez Federico Engels, es cambio, movimiento… pero no es “cualquier cambio”. Es saber hacia lo que se quiere avanzar y, sin “recetas de cocina” ni modelos “a establecer”, es avanzar con paso seguro, creando, innovando.

Y si en los procesos tecnológicos, en la actividad productiva y de servicios, para lograr su efectiva contribución al progreso humano, se impone entender la innovación como un proceso en el cual “siempre el centro es el hombre”,… y … Para que la implementación no quede en el papel, o los buenos deseos, o como cita bibliográfica, y que la misión, visión, estrategia, mapa estratégico, la determinación de los objetivos relevantes, la implementación de los indicadores claves de desempeño, del sistema visual adecuado, se haga realidad, no una vez, sino de manera continuada, y se convierta realmente en un sistema de gestión, es imprescindible el intercambio permanente entre los decisores y todos los actores participantes.”[2], mucho más importante aún es cuando se  impone comprender  la innovación más allá de esos espacios productivos, imprescindibles  pero insuficientes en  busca de contribuir a la sostenibilidad de un proceso de transformación socialista.

Porque hay que crear, innovar para gestar, comenzar a funcionar y consolidar en la realidad cotidiana, un sistema social, modos de funcionamiento que buscan dejar para siempre comportamientos que han marcado el desarrollo durante siglos, de individuos y sociedades enteras. Comportamientos que se han acompañado de avances científicos, tecnológicos, del pensamiento en su más amplio contenido y de un espíritu innovador, que ha abierto horizontes tan amplios como preñados de potencialidades para un mundo mejor…o para llevar a la humanidad a su destrucción.

¿Como lograr semejante cambio? ¿Renunciamos a lo alcanzado por la ciencia, la tecnología y el pensamiento humano en general? ¿Lo que sirvió, y continúa sirviendo, para empujarnos “progresando” a nuestra destrucción como especie junto con la madre naturaleza, nos sirve para dejarlo atrás por siempre?.¿Como ir más allá de lo alcanzado en las experiencias que lograron avances indiscutibles, pero tuvieron insuficiencias que posibilitaron la acción de las fuerzas que se resistían al cambio y terminaron revirtiéndolas?

En la sociedad no hay respuestas simples.

Primero, tenemos que comprender y sentir la necesidad del cambio. Luego, parte de lo más difícil, a diferencia de las abejas, - por recordar al no siempre recordado Engels- representarnos qué queremos cambiar y hacia dónde queremos ir: solo se puede avanzar, si se sabe lo que se necesita, no como predeterminación teleológica, verdades de los ilustrados, sino como “creación heróica” según el Amauta, surgida e impulsada en permanente perfección y enriquecimiento por nosotros mismos. Y pensar como andar, como gestar lo nuevo que necesitamos, como, con lo que tenemos y encarando con claridad las cambiantes circunstancias, llevarlo a la realidad: crear, innovar, constantemente, como constante es el cambio de la realidad que nos rodea y de la cual formamos parte.

El término socialismo, y las ideas socialistas, son mucho más viejas que Marx y Engels. Y después de Marx y Engels, han seguido su desarrollo por diversos cauces. A nuestra Patria llegaron mucho antes del proceso que ha seguido al triunfo de enero de 1959, pero empezaron a tomar carne y sangre con ese proceso, innovador desde sus inicios, y desde su gestación al enfrentar la dictadura. Pero la Cuba del 2021 no es la de 1959… ni es China, Viet Nam o Venezuela: un error imperdonable sería pensar lo contrario, ignorando lo autóctono, y lo nuevo radicalmente progresista que se ha creado con sangre y sudor en más de sesenta años, también con nuestros modos de hacer, que aunque tomamos elementos de otras experiencias, en lo esencial creamos guiados por el “culto a la dignidad humana” en su máxima expresión; lo nuevo alcanzado, que nos ha sostenido en este complejo proceso de “emanciparnos por nosotros mismos”, pese a los errores e insuficiencias que nos han impedido mayores progresos, y los cambios en las fuerzas que nos enfrentan antagónicamente dentro y fuera del país. Error imperdonable que haría detenernos, y en una revolución como la nuestra, necesariamente fiel a la propuesta de Fidel que juramos defender, detenerse es retroceder.

“Cambiar todo lo que debe ser cambiado” no es tarea fácil, porque no es cambiar por cambiar. Es innovar, con “ciencia y pensamiento” como nos pidió Fidel desde los primeros años de cambios revolucionarios. La ciencia que nos da elementos vitales para interactuar con la naturaleza, y para interactuar entre los seres humanos; transformar la naturaleza, transformándonos, produciendo objetos y servicios indispensables…y produciéndonos como seres pensantes, con necesidades, intereses, sentimientos, valores que regulan y nos guían en el quehacer del día a día.

Hoy se ha hecho muy popular hablar de la “sociedad del conocimiento”, la “IV revolución industrial”, las “nuevas tecnologías”, como si fueran la solución de todos los problemas que enfrenta la humanidad, y el “ábrete Sésamo” del camino socialista. Y no son pocos los que amparados en tales novísimas posibilidades, asocian a esto la desaparición de las diferencias entre socialismo y capitalismo, reanimando velada o abiertamente la vieja “teoría de la convergencia” cuyos primeros atisbos surgen con la aparición de la experiencia de los Soviets; o, por lo menos, no abren y tratan de que los demás no abran  suficientemente los ojos ante los riesgos de enfoques unilaterales del valor de las ciencias y las modernas tecnologías, empobreciendo el pensamiento innovador necesario a la transformación socialista.

Las nuevas tecnologías son necesarias a la transformación socialista, tanto como es necesaria una concepción efectivamente integral, humana, de la “sociedad del conocimiento”.

Socialismo no es solo desarrollo tecnológico, avances en las “ciencias duras” y las novedosas ciencias biotecnológicas con sus diversas ramas articuladoras de conocimientos desde las matemáticas a las diferentes facetas de la naturaleza incluido el ser humano.

Una postura semejante no sustentaría posiciones consecuentemente socialistas, humanas acerca del progreso humano. Solo podría contribuir a reproducir la contradictoria reproducción ¿humana? hasta el capitalismo, el sistema que alcanzó  niveles de desarrollo de las potencialidades del hombre y resultados en la producción de bienes de “consumo” mayores que todos los que le precedieron…junto con los máximos grados de alienación de los individuos, de incapacidad para la  plena apropiación de su existencia como seres sociales en armonía con la naturaleza.

Lamentablemente es necesario reconocer autocríticamente que una visión así del progreso ha acompañado no solo a las sociedades capitalistas: enfoques instrumentales en su más estrecha acepción, no han dejado de influir sobre las experiencias socialistas.

Hay cuestiones que demandan del más riguroso análisis tanto de partidarios del socialismo como del capitalismo, si todos estamos de acuerdo en que lo primero que hay que salvar es la propia existencia de la humanidad. Pero, ¿podemos resolver los así llamados problemas universales de la humanidad y los retos que enfrenta el socialismo, solamente apoyados en las infinitas posibilidades que se abren ante nosotros gracias a los progresos de las matemáticas, las ciencias naturales y las tecnologías de esta “IV revolución industrial”?

Solo es posible resolver los problemas que amenazan hoy a la humanidad, actuando conscientemente dirigidos a garantizar una reproducción ampliada, plena y multilateral, de las capacidades de cada ser humano en correspondencia con su esencia, “el conjunto de todas las relaciones sociales”. Esto es, actuar conscientemente orientados al pleno y libre desarrollo de las potencialidades de cada individuo y su realización efectiva como premisa y resultado  del cada vez más pleno y libre desarrollo de la humanidad como un todo; una humanidad más apta  para su existencia y reproducción en armonía con la naturaleza.

Y para esto es necesaria una nueva cualidad de las relaciones entre los seres humanos y de nosotros con la naturaleza: un nuevo modo de funcionamiento del proceso social. ¿Dónde encontrarlo? No lo hallaremos “hecho” para aplicarlo, en ningún lugar: hay que inventarlo, crearlo, innovar.

Por muy buenos “arquitectos” que seamos, no somos como las abejas, y necesitamos de una representación previa de semejante modo de funcionar en nuestra vida. Tarea nada simple.

Losarquitectosque se propusieron diseñar los planos y contribuir a construir las nuevas “casas sociales”, por ahora no han obtenido todos los resultados deseados. Probablemente sea necesario revisar esos “planos” y las propuestas de flujos constructivos, y el propio contenido del proceso de sus diseños, comenzando por un análisis crítico riguroso de los conceptos que hasta el momento han propiciado o no, avanzar en el sentido deseado, en el sentido de la nueva visión del futuro de la humanidad.

En “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, -que suponemos que todos los revolucionarios conocen, aunque no siempre es así, o no es un conocimiento en el espíritu guevariano-, el Che escribe, refiriéndose a los mecanismos económicos, que no es posible construir el socialismo con las “armas melladas del capitalismo”. Pero el Ché no estaría en contra, y así considero que lo demuestra con creces toda su obra teórica y práctica, si buscamos las “armas melladas” más allá de la actividad económica: empezando, por supuesto, por plantearnos una actividad económica diferente a la conocida hasta el inicio de la construcción de socialismo.

Estamos inmersos en un profundo proceso de cambios en nuestra sociedad, dentro del “viaje a lo ignoto” que, como ha señalado el General de Ejército Raúl Castro, es la construcción socialista. Y resultan de importancia vital nuevos referentes para planificar, diseñar los cambios, sin improvisaciones ni voluntarismos; cambios que no solo reaccionen sino se adelanten, garanticen enfoques efectivamente proactivos, indispensables para la sostenibilidad del sentido socialista de nuestro desarrollo. No pensamos en respuestas finales a los problemas que enfrentamos, ni propuestas de teorías generales, de las cuales sería posible obtener todas las respuestas necesarias para una práctica exitosa: qué cambiar y como cambiar.

Cuba necesita de cambios en la economía, indispensables para la sostenibilidad y el efectivo estímulo del desarrollo socialista, dando respuesta a los problemas de nuestra cotidianeidad, mediante enfoques sistémicos integrales de los procesos al interior y en el contexto en que se desenvuelve nuestro proceso. Enfoques que necesariamente tienen que ser resultado del sistemático análisis de la realidad, sus contradicciones, y de las propuestas que vayan generándose de cambios en el sistema.

Se trata de  análisis que a su vez demandan la más estrecha interacción entre todos los interesados en el sentido socialista de desarrollo, para lo cual contamos con el fundamento de una organización de la sociedad que debe ser capaz de articular la producción científica, el desarrollo tecnológico y el pensamiento creador posible luego de más de sesenta años de revolución, de todos los interesados en la consolidación del desarrollo socialista como sujetos y objeto de las trasformaciones, como práctica de “emanciparnos por nosotros mismos”. Debemos ser capaces de distinguir y rechazar todo lo que obstaculice el sentido estratégico de desarrollo en constante precisión,  identificando  e implementando con rigor los pasos tácticos que contribuyan efectivamente a ese avance. La improvisación y el voluntarismo, la falta de integralidad y de efectivo enfoque proactivo en nuestras políticas y acciones, solo conduce a errores y reveses, como ha mostrado la historia de otras experiencias, que en nuestras condiciones tendrían fatales consecuencias.

No es suficiente reconocer que hay mucho que cambiar; no es suficiente declarar que estamos descontentos con lo alcanzado y plantearnos que hay que hacer las cosas distinto, con una nueva mentalidad. Es indispensable una representación tan clara como esencialmente dinámica, dialéctica, de lo que hay que cambiar, con qué objetivos, y como cambiar: una visión de futuro en permanente construcción, resultado de la interacción de una ciencia anticipadora pilar indispensable de un pensamiento proactivo más que “reactivo” ante los problemas, con la participación de todos los interesados en el sentido socialista de desarrollo: el “pueblo” en su expresión actual de la propuesta de Fidel en el conocido discurso “La Historia me absolverá” sobre el contenido de esta categoría: “pueblo, si de lucha se trata”.

Se trata de un proceso esencialmente político, con un nuevo contenido de la política como actividad integradora, articuladora y espacio emancipador verdaderamente humano, que vaya más allá del ejercicio del poder para imponer determinados intereses: la política como un complejo conjunto de procesos  de identificación y valoración de las necesidades de un grupo, sector, estrato, clase, institución u organismo social en general y de organización y dirección de los recursos y los actores involucrados – los individuos, grupos, organizaciones, partidos, instituciones de todo tipo-  para dar respuesta a esas necesidades, sobre la base de las posibilidades  del sistema dado y el cumplimiento de los objetivos del proyecto colectivo en cuestión:  para el avance sostenido guíados por la visión de futuro conscientemente compartida, la necesaria Utopía que nos haga movernos. Sin ignorar en momento alguno que la construcción socialista es un proceso de lucha entre la nueva naturaleza y todo un sistema reproductivo anterior sustentado en el ejercicio del poder de una parte de la sociedad sobre el resto: es un proceso de lucha de clases, y “de clase”- como en su momento adelantó Lenin y contextualizado a nuestras realidades subrayan Fidel y el Chè; un proceso que tiene que ser esencialmente innovador, que no solo tiene que destruir las relaciones de explotación que marcaron todas las sociedades de clases hasta el capitalismo, sino tiene que surgir y consolidarse en efectiva dialéctica de transformación y autotransformación radical de los individuos socializados.

Se trata de gestar, implementar y consolidar sistemáticamente una política que sustente una dialéctica con la economía que nos permita y obligue a adelantarnos para conducir las transformaciones conscientemente, con las posibilidades heurísticas que brinda el conocimiento científico como efectivo sujeto de dirección social en todas las esferas.

Ignorar o prestar insuficiente atención a esta dialéctica puede conducir al surgimiento de nuevas tendencias opuestas al sentido socialista, y al fortalecimiento de las ya existentes,  manifiestas  en comportamientos egoístas, cortoplacistas, hijos del “sentido común” conformado durante siglos de reproducción dentro de los diferentes estadios del sistema de propiedad privada adversarial, que alcanza su máxima expresión en el sistema del capital; tendencias que son resultado de la reproducción de individuos individualizados individualistamente en un proceso de cambios económicos introducidos fragmentadamente, en buena medida en respuesta a urgencias con la objetiva influencia del capital globalizado neoliberalmente.

De aquí la importancia de conceptualizar con claridad  a partir del conocimiento acumulado en la práctica revolucionaria, y para esa práctica, como actividad dirigida transformadora de la realidad.

Para la construcción socialista los conceptos tienen que ser expresiones bien definidas que concentren una aproximación a la  esencia de la realidad objetiva de la cual se parte en la transformación, inseparable de la huella de su historia precedente, a la vez que de la visión acerca de  la nueva naturaleza que tenemos que consolidar.

Tienen que tomar críticamente de lo acumulado en la práctica, pero no pueden ser solo una construcción a partir del pasado.

Elaborar conceptos solamente a partir del pasado, incluso del modo más “rigurosamente científico” que se pueda implementar, implica concebir una realidad estática, ajena a toda acción consciente de los individuos, a la necesaria actitud para enfrentar con una visión creadora del futuro, la diversidad de alternativas que las cambiantes circunstancias internas y externas al proceso, puedan generar.

Y no es conceptualizar por el afán de erudición academicista.

Sin conceptos adecuados no podemos hacer buenos diagnósticos, y mucho menos los análisis para elaborar las necesarias estrategias, explorar los caminos posibles, planificar, y diseñar las políticas y acciones en las complejas y cambiantes condiciones de la realidad, para avanzar con la visión de futuro que nos planteamos y nos compromete. Son la premisa indispensable para un pensamiento y una práctica innovadores, como requiere la transformación socialista

Como hace más de diez años Raúl acertadamente alertó, no podemos olvidarnos de “… que una equivocación conceptual nos conduce a equivocaciones en la vida”.[3]

Necesitamos conceptos para elaborar los imprescindibles referentes como “guías para la acción” en todas las esferas de la vida social, y en particular un referente de la nueva sociedad como totalidad, definido con rigor y en sistemático ajuste y perfeccionamiento, que nos obligue y permita  valorar lo alcanzado y fundamentar políticas y acciones para el avance sostenido.

Pensar en conceptos como esquemas o modelos predeterminados es un enfoque dañino en cualquiera que sea la actividad humana, cuya esencia fue magistralmente distinguida por Federico Engels al comparar la superioridad del “peor de los arquitectos” con las abejas.

Conduce a ignorar las complejidades del proceso que se emprende, ignora la diversidad de situaciones que se pueden presentar en el proceso de establecimiento de una naturaleza reproductiva completamente nueva, durante el cual constantemente se generan alternativas, cuyo enfrentamiento coloca en primer plano a los actores del proceso: los individuos socializados en los múltiples espacios de su actividad.

El enfoque de referentes y “objetivos” como algo estático y completamente predeterminado, es completamente incompatible con la transformación comunista de la sociedad. Terminan convirtiéndose en su contrario: consignas vacías que propician nuevos modos de alienación, de “desconexión” de los que deben ser sujetos de los cambios.

Para la transformación comunista, - o si se prefiere, la construcción socialista,- es importante identificar objetivos, se necesitan referentes. Pero estos tienen que ser resultado de un enfoque consecuente con la naturaleza distintiva de esta transformación, su complejidad, alcance totalizador y necesaria sostenibilidad en el largo plazo, fundamentada en la centralidad del accionar consciente de los individuos socializados con un contenido emancipador verdaderamente humano.

Necesitamos referentes dinámicos, que nos presenten un estado a alcanzar que se perfile cada vez con más claridad, ajeno a concepciones de la “sociedad perfecta”; referentes que nos permitan analizar el medio, el proceso para movernos, que nos impulsen y orienten en los cambios con la nueva visión de los contenidos que tenemos que gestar, generar, establecer y consolidar progresiva, revolucionaria y sosteniblemente.

Necesitamos conceptos nuevos para esta transformación, porque no podemos avanzar exitosamente en ella guiados por conceptos viejos, “armas melladas” –no solo heredadas del capitalismo-, o supuestos “conceptos” superficialmente novedosos, como trasplantes híbridos de otras realidades,  que castran la necesaria innovación emancipadora. Tienen que ser conceptos en desarrollo a partir del permanente ejercicio transformador de la realidad, que nos pongan en capacidad de modificar las acciones frente a circunstancias nuevas, siempre buscando provocar el cambio que queremos que ocurra en nuestra visión creadora revolucionaria.

Y entre estos conceptos los referidos a la actividad política de nueva naturaleza ocupan un lugar especial, por su función integradora, y necesariamente anticipadora, como nos enseña la práctica de Fidel desde el inicio de su actividad revolucionaria. fundamento de la innovación socialista.

Una actividad política que conduzca los indispensables cambios que “desaten los nudos” y garanticen un sostenido progreso socialista de nuestras fuerzas productivas, interactuado efectivamente con todas las especialidades de la ciencia, articuladas cada vez  más en una verdadera ciencia humana por las potencialidades del pensamiento revolucionario desarrollado en nuestra Revolución.



[1] Proyecto del Instituto de Filosofìa del CITMA “Propuestas conceptuales para el proceso de transformación socialista ante los retos actuales: Cuba 2020- 2030.

[2] Ver: La innovación como proceso y su gestión, por Rafael Alhama Belamaric, publicado en el blog de Humberto Herrera Carlés  “Cuba y Economìa”.

[3] "La crítica no es opción, es necesidad", María Julia Mayoral, Granma, 3 de noviembre de 1999.


El laberinto cubano: a propósito de un cónclave que vendrá

El Partido ha de colocar con fuerza en su agenda de discusión los grandes tópicos que marcan el debate nacional. La lucha contra todo tipo de discriminación y la defensa de los derechos y garantías refrendados en el texto constitucional de 2019 deben ser situadas en el centro de las políticas que se tracen.

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Apr 11 · 12 min read




El problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse/ Silvio Rodríguez

La realidad cubana contemporánea está marcada por la crisis estructural que enfrenta el país desde principios de la década del noventa del pasado siglo. El colapso del socialismo real –al que se unió el incremento de la hostilidad norteamericana– trajo consigo el hundimiento acelerado de la economía insular y con ello el despunte de agudas problemáticas sociales. Estas últimas se vieron atizadas, a su vez, por las medidas de emergencia adoptadas por el gobierno para frenar el colapso económico.

La ascendente pobreza, la profundización de las desigualdades, el deterioro de los servicios sociales, la masiva emigración, el resquebrajamiento de las normas éticas y la proliferación de conductas marginales son hijos de la confluencia entre una economía que hacía aguas y los esfuerzos para salvarla a través de la introducción de reformas liberalizadoras.

Hace treinta años se rompió uno de los soportes neurálgicos del proyecto revolucionario: la capacidad de este para dar respuesta a las expectativas de prosperidad de la ciudadanía. Debe subrayarse aquí que la Revolución no fue un mero acto discursivo. Cuajó a partir de su condición como proceso que transformaba — ¡para mejor!– la vida de las grandes mayorías. Incluso las que podrían considerarse regresiones en el terreno estrictamente económico quedaron compensadas por la adquisición de derechos históricamente escamoteados. Sin duda alguna, tras el colapso del batistato la mayoría de los cubanos experimentó, progresivamente, un provechoso salto cualitativo en sus condiciones de existencia.

Como ya se apuntó, en el decenio de los noventa esta dinámica tendente al alcance del horizonte de prosperidad se quebró en más de un sentido. La Cuba mejor del hoy y del mañana empezó a agrietarse al ritmo del deterioro objetivo que enfrentó la nación y al compás de la creciente inserción de la Isla en un mundo globalizado y neoliberal, marcado por los patrones hegemónicos sostenidos por las industrias culturales del capitalismo. Es esta la causa fundamental –no la única, vale subrayar– de las fracturas que, de forma ascendente, se han manifestado en el consenso político insular.

Los años del llamado Período Especial demostraron la entereza y capacidad de resistencia del pueblo cubano. También expresaron la habilidad del liderazgo encabezado por Fidel para pilotear, en aguas procelosas, una nave muy golpeada. Pueden definirse, además, como una oportunidad perdida.

El paquete de reformas implementado –efectivo pues permitió detener el colapso e iniciar la todavía hoy insuficiente recuperación– no fue concebido como parte de una reconceptualización integral del modelo económico. El sello estatista promovido desde los tempranos sesenta prevaleció, lo cual manifiesta la continuidad de un esquema de pensamiento y acción que entendía la estatización como sinónimo de socialización.

Un elemento distintivo de los noventa fue el hecho de que la crisis socioeconómica no desembocó en una crisis política. La preservación de los soportes claves del consenso nacional, el liderazgo carismático de Fidel y las manquedades de la oposición cerraron las puertas al despegue de procesos análogos a los acaecidos en Europa del Este y la URSS.

Por la Revolución apostaron de forma mayoritaria las generaciones que vivieron el parteaguas del año 1959 y las formadas a lo largo de las tres primeras décadas de la Cuba socialista. En paralelo, Fidel hizo gala de sus extraordinarias capacidades políticas y convirtió la resistencia en epítome de la tradición nacionalista cubana; al tiempo que lograba solventar con acciones puntuales conflictos específicos. Asimismo, los grupos de la disidencia fueron incapaces de construir un proyecto alternativo al gubernamental, entre otras razones por su conexión umbilical con la agenda política promovida por las administraciones estadounidenses y la derecha cubanoamericana de la Florida.


Ilustración/Victor Carralero

Empero, las visibles fracturas de la mayoría social revolucionaria motivaron la adopción de reformas políticas que buscaron oxigenar al sistema. El IV Congreso del Partido Comunista en 1991 y la Reforma Constitucional del año 1992 impulsaron el perfeccionamiento de la democracia socialista, aunque no lograron eliminar ciertos lastres enquistados en la dinámica política nacional.

La superación plena de las carencias democráticas del sistema quedó como asignatura pendiente, en el marco de un contexto definido por la pluralización del tejido social y la emergencia paulatina de nuevas generaciones devenidas sujetos políticos relativamente desconectados de la épica revolucionaria.

El cierre de los noventa trajo consigo muestras palpables de la recuperación económica de la Isla y las primeras expresiones de la conformación, a nivel latinoamericano, de un clima político favorable para Cuba. Las conexiones establecidas entre la mayor de las Antillas y el proceso bolivariano en Venezuela, así como los vínculos anudados con otros exponentes del progresismo antineoliberal en el subcontinente apuntalaron el moderado restablecimiento de la economía cubana. Con el siglo XXI se inauguraba una nueva etapa.

En tales condiciones, se verificó el retroceso de las medidas aperturistas de los noventa, proceso que reafirma el carácter coyuntural con el que estas fueron concebidas.

La denominada Batalla de Ideas fue el correlato político-ideológico del reforzamiento de las prácticas estatistas de conducción económica. El rescate del espíritu revolucionario y la atención a agudas problemáticas sociales heredadas del momento álgido de la crisis coexistieron con la implementación de disposiciones que cerraron las puertas a la experimentación renovadora aportada por las reformas del decenio anterior. El propicio escenario regional forjó la ilusión de que las viejas respuestas conservaban su validez.

Sin embargo, fue en este contexto en el que emergió la más contundente declaración de la máxima dirección del país acerca de los riesgos que amenazaban al socialismo cubano. En medio de un ambiente en el que primaba el optimismo –piénsese en los frutos del intercambio creciente con Venezuela y en la manifestación de esta y otras variables en el crecimiento macroeconómico experimentado por la Isla– Fidel alertó, en un discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana en noviembre de 2005, que la Revolución podía autodestruirse a partir de errores propios. Aunque algo más repuesta, la nave surcaba aún mares tempestuosos, al tiempo que se hacían visibles en su estructura daños mecánicos de importancia.

El verano del año 2006 representó un punto de giro en la historia reciente de Cuba. La enfermedad de Fidel dio inicio a una sucesión ordenada en la dirección del país, que culminó con la asunción por Raúl –en 2008 y 2011, respectivamente– de los cargos de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y de primer secretario del Partido Comunista de Cuba.

La administración del General de Ejército marcó el despegue de un nuevo proceso de reformas que quedó refrendado en los cónclaves partidistas celebrados en 2011 y 2016. La eliminación inicial de un grupo de prohibiciones que gravitaban sobre la ciudadanía dio paso al fomento de la actividad privada y la inversión extrajera, pilares de una nueva concepción del modelo económico que refrendaba la necesaria coexistencia del proyecto socialista con las relaciones de mercado.

Los espacios de consulta popular abiertos demostraron el apoyo ciudadano a los caminos en construcción, más allá de las preocupaciones derivadas del adelgazamiento del sistema de prestaciones sociales que brindaba el Estado y del inacabado propósito gubernamental de reducir la plantilla laboral del sector público. Puede subrayarse, asimismo, que la singularidad del último ciclo de reformas radica en la asunción de este, a diferencia de lo ocurrido en los noventa, como parte de un proyecto de renovación orgánica de modelo económico cubano.

La relativa claridad programática del impulso reformista contrasta con la lentitud de su puesta en marcha. Hasta el presente, el ritmo de ejecución de las iniciativas no ha sido el esperado. Incluso se han dejado pasar por alto coyunturas propicias para la puesta en vigor de los complejos cambios anunciados por el VI y el VII Congreso del PCC.

El temor a los fenómenos sociopolíticos que pudieran derivarse de la apertura económica, la falta de consenso real a nivel del liderazgo y la labor de zapa de la estructura burocrática parecen ser algunas de las causas que han entorpecido el proceso. La demora solo ha traído como resultado la erosión del capital político de la dirección del país y la agudización de las dificultades económicas que enfrenta la nación, todo ello dentro de un contexto internacional plagado de variables no favorables para la Isla.

En el terreno político, la gestión de Raúl sentó las pautas para la eliminación de prácticas que emergían como contraproducentes. La limitación de mandatos para el ejercicio de los principales cargos de dirección a nivel estatal, gubernamental y partidista; la definición de barreras etarias para ocupar determinadas responsabilidades de dirección a nivel nacional y el fomento de un estilo de dirección más colegiado se erigen como expresión de otras maneras de entender el ejercicio del poder.

Todo ello coincidió con el paulatino recambio generacional del liderazgo, materializado en la elección de Miguel Díaz-Canel como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en el año 2018. A los nuevos dirigentes cubanos les ha tocado interactuar con una situación económica compleja, la continuidad del conflicto con Estados Unidos, la pluralización del tejido social y la profundización de las fracturas del consenso político interno.

En el caso específico de los vínculos cubano-estadounidenses, el ciclo de reformas abierto por Raúl coincidió con el despegue del llamado proceso de normalización de relaciones, articulado de conjunto con la administración demócrata de Barack Obama. A partir del año 2014 se inauguró un nuevo capítulo en la interacción entre ambos países que representó, en esencia, una modificación de los planos en los que se manifestaba el conflicto.

Era este un terreno de juego distinto, en el que Washington apostó por el soft power para conseguir su objetivo estratégico de derrotar a la Revolución Cubana, mientras La Habana –consciente de los retos más allá de ciertas inconsecuencias discursivas– intentaba sacar partido a un clima menos beligerante.

Como es conocido, los efectos de la normalización no fueron duraderos, pues la llegada a la Casa Blanca del candidato republicano Donald Trump en 2017 dinamitó todo el proceso. El cuatrienio trumpista representó un gran reto para la Isla, pues estuvo definido por la aplicación a rajatablas del bloqueo económico y la sostenida hostilidad político-diplomática. Los efectos nocivos del giro experimentado por la proyección norteamericana hacia Cuba se manifestaron de manera lacerante a lo largo del año 2020, cuando la agresividad estadounidense coincidió con la crisis mundial desatada a raíz de la pandemia de COVID-19.

La derrota de los propósitos reeleccionistas de Trump y el arranque de la administración Biden abren en la actualidad un nuevo escenario en el que se espera, según el consenso de los analistas, un regreso a la lógica de la normalización impulsada durante el cierre de la gestión de Obama, aunque quizás con un perfil más moderado.

En el ámbito político, el acontecimiento más relevante de los últimos años en Cuba fue la aprobación en 2019 de la nueva Constitución de la República, resultado de un amplio proceso de debate popular que hizo ver el sentir ciudadano respecto a un grupo de demandas, así como los espacios de diálogo y límites férreos que frente a este estableció el liderazgo insular.

El afianzamiento jurídico de los soportes de la actualización del modelo económico, los avances en la codificación de los derechos y garantías ciudadanas y las modificaciones en el diseño del sistema político se erigen como los principales aportes de la carta magna. Vale subrayar, empero, que los fundamentos esenciales del funcionamiento del poder en la Isla y de la estructura social heredada del parteaguas revolucionario de los sesenta mantienen su vigencia.

Ilustración/FabiandeCuba

Con el acumulado histórico esbozado en las páginas anteriores, los efectos de la coyuntura mundial conformada en torno a la pandemia generada por el SARS-CoV-2, las tensiones derivadas de la Tarea Ordenamiento y la beligerancia de ciertos segmentos de la oposición interna llegó Cuba al 2021, año estipulado para la celebración del VIII Congreso del PCC.

Este cónclave –de suma importancia pues debe representar, según se espera, la consumación del tránsito generacional al interior del liderazgo– tiene como reto recolocar con coherencia a la organización dentro del tiempo histórico que hoy discurre. El Partido necesita enfrentar con valor varios problemas esenciales que le aquejan. No hacerlo con la contundencia que requiere la hora actual visibilizaría la ausencia del necesario sentido del momento histórico.

En primer término, toca destrabar de una vez el proceso de reformas que arrancó hace una década. Es momento ya de romper con las múltiples inconsecuencias que han dilatado la puesta en marcha de los cambios que requiere el país. Los años de espera han traído consigo la profundización de los problemas estructurales que aquejan a la economía insular y, como consecuencia directa de esto, el desgaste del núcleo dirigente frente a una ciudadanía ansiosa por verificar en su cotidianidad un salto cualitativo de importancia.

Debe reconocerse, empero, los retos que supone la apertura económica definida en los documentos partidistas. La profundización de las diferencias sociales y el reforzamiento de la todavía incipiente burguesía complejizarán el tablero sociopolítico y obligarán a adoptar nuevas maneras de construir los consensos.

Paradójicamente, la salvación del socialismo pasa por abrir la puerta por donde pueden colarse las fuerzas y los procesos que, objetivamente, reúnen en sí la posibilidad de actuar como agentes de la restauración capitalista. Vale aquí imaginar al proyecto cubano como un caminante que se encuentra en un sendero al borde de un barranco. Avanzar implica asumir el riesgo de dar un mal paso que, quizás, lo despeñe hacia el vacío. Sin embargo, quedarse en el sitio en que se está resulta impracticable a mediano plazo, pues la tierra bajo los pies se desmorona. Solo queda entonces una opción con posibilidades de éxito: caminar.

En segundo lugar emerge la ya apuntada necesidad de hacer política de forma distinta. Dos realidades que marcaron buena parte de la historia de la Revolución hoy no existen: el consenso indiscutido de la ciudadanía en torno al socialismo cubano y la presencia de un liderazgo carismático como el de Fidel.

Respecto al primer punto, vale insistir en lo pertinente de no identificar, de forma mecánica, la aprobación mayoritaria de la nueva constitución en 2019 con la presencia de plenas garantías para la continuidad del proyecto socialista. Un simple recorrido por las calles del país o la inmersión en el mundo de las redes sociales demuestran que la realidad es mucho más compleja.

En tales coordenadas, corresponde al Partido trazar y ejecutar una política que le garantice no solo la dominación hoy detentada, sino también la hegemonía. La consumación de esta última requiere encontrar mecanismos para funcionalizar creadoramente el disenso, la crítica y el diálogo. Ha de romperse con el dogmatismo, los esquemas y la propensión a creer que las respuestas de ayer son el camino de solución a las preguntas del presente.

Esta renovada manera de hacer política pasa, asimismo, por la profundización de la democracia participativa inherente al socialismo. Lo anteriormente expresado no significa, bajo ningún concepto, desconocer el clima de excepción que vive Cuba en el contexto del asedio norteamericano. Esa variable nos acompaña, mas no puede convertirse en excusa para no avanzar en el proceso de democratización permanente que revitaliza a toda sociedad. La feliz imagen del parlamento en la trinchera como nuestro deber ser aún proyecta luz.

De igual forma, le atañe al Partido dinamizar sus procesos internos. Es necesario romper con la inercia burocrática y con la repetición de maneras de actuar que distan de ser eficaces. Resulta perentorio tener una organización ágil y flexible, capaz de conectar con los segmentos más jóvenes de la población a partir de los recursos comunicativos de la contemporaneidad.

Se requiere igualmente mayor trabajo teórico, más reflexión en torno a las complejidades de la transición socialista en marcha. El Partido ha de colocar con fuerza en su agenda de discusión los grandes tópicos que marcan el debate nacional. La lucha contra todo tipo de discriminación y la defensa de los derechos y garantías refrendados en el texto constitucional de 2019 deben ser situadas en el centro de las políticas que se tracen. Solo una organización liberada de los lastres esbozados podrá materializar su aspiración de actuar y ser entendida como el partido de la nación cubana.

Sin temor al empleo de una expresión quizás manida, puede afirmarse que el VIII Congreso del PCC está convocado a ser histórico. A la necesaria preservación de los soportes esenciales que le han dado vida a la Revolución Cubana, el cónclave ha de incorporar la clara apuesta por refrendar definitivamente la búsqueda de un socialismo mejor. Uno capaz de sustentar las históricas conquistas alcanzadas, encontrar la fórmula para el crecimiento sostenido de la economía, consumar las aspiraciones de prosperidad de los ciudadanos e impulsar el afianzamiento de la democracia participativa que socializa el ejercicio del poder.

Las cuentas se sacan a punta de lápiz

Porque las cuentas se sacan a punta de lápiz, ha aparecido la Norma de Taller, que conceptualiza, con lenguajesencillo, el ingeniero mecánico Manuel Quintero Bofill, jefe del Taller de Corte y Conformado

La capacidad de asumir encargos específicos o proponer nuevos productos proviene de la calificación técnica de la fuerza laboral. Foto: Germán Veloz Placencia

Holguín.–Conoce con lujo de detalles la procedencia y características de la materia prima. También sabe cuál  es  el destino y lo sigue taller a taller. Siempre fue así, pero este año, el de la puesta en vigor de la Tarea Ordenamiento, el ingeniero mecánico Nelson Rodríguez Pérez, especialista principal del Grupo de Balance de la empresa 60 Aniversario de la Revolución de Octubre, parece extremarse. A su paso entre máquinas herramientas, algunos compañeros empiezan a llamarlo «El señor del ahorro».

La eficiencia, que invariablemente pasa por el uso racional de los recursos, explica, está en la mira de esta planta industrial como nunca antes.

«El pasado año una tonelada de metal costaba 1 500 o 2 000 pesos, y ahora está a 40 000 u 80 000. Se debe a que el precio de compra en el exterior aumentó, lo que se aprecia en las operaciones comerciales con importadoras como Acinox y Divep.

«En realidad no sale a 1 por 24, sino a 1 por 29, porque importamos en euros, y eso se convierte a USD, según la tasa de cambio. Además, para el precio del metal vienen los aranceles y el costo de operaciones como el izado y la transportación, entre otras cuestiones».

Porque las cuentas se sacan a punta de lápiz, ha aparecido la Norma de Taller, que conceptualiza, con lenguaje sencillo, el ingeniero  mecánico Manuel Quintero Bofill, jefe del Taller de Corte y Conformado: «Cuando la materia prima entra por la norma de consumo establecida, en realidad buscamos mayor rendimiento. Si es una plancha de metal, la colocamos de forma tal que se le pueda sacar la mayor cantidad posible de elementos. Los recortes que quedan, en lugar de echarlos al tanque para venderlos a Materias Primas, los empleamos en la producción».

Por eso fabrican nuevos artículos que tienen demanda. Operario de una de las cizallas con mayor tiempo de explotación, Yosbani Borrego Pozo, quien posee buen ojo y habilidades manuales para seccionar las planchas de metal, comenta que la Empresa de Servicios Comunales compró varios centenares de rastrillos fabricados a partir de recortes, procedimiento igualmente seguido para garantizar un grupo de portasueros al hospital provincial Vladimir I. Lenin.

 

DIÁLOGO EN LOS TALLERES

La validación de las nuevas cosechadoras cañeras cca 5000 m, operación técnica en progreso, pretende abrir la posibilidad de fabricarlas en serie en cooperación con una empresa china. Pero a la espera de esa oportunidad, y en busca del sustento económico, no desaprovechan la capacidad tecnológica instalada, puntualiza Carlos Martínez Proenza, director general de la empresa.

La Tarea Ordenamiento no es cuestión exclusiva de directivos, asegura ese hombre jovial y enérgico. Es la razón por la que la estrategia de recuperación económica de esta industria prevé la consulta permanente con los trabajadores.

«Dialogar y confirmar fue el objetivo de los activos de eficiencia realizados en cada taller. Los directivos presentaron a los trabajadores los elementos del gasto general que tiene la empresa en materias primas, salario, energía, agua, transportación, seguridad y otros renglones. Y les especificaron lo que les correspondía en particular.

«También les dimos la oportunidad de formular propuestas propias. En Maquinado plantearon que hay piezas que puedes puncionar en una prensa, para no llevarlas a taladrar, acción en la que aumenta el consumo de electricidad. En otros talleres, algunos operadores sugirieron que les quitaran los ventiladores de mucho consumo y les pusieran de menor».

Sin el protagonismo de los trabajadores, admite, no habría avanzado el movimiento Construyendo el futuro, que rescata la infraestructura de la empresa y las máquinas herramientas con el fin de aumentar el control, la planificación y distribución de la producción. El avance mayor lo reporta el Taller de Corte y Conformado, donde han pintado los viejos equipos tras el restablecimiento de sus parámetros técnicos, proceder que ahora ejecuta el Taller de Maquinado.

La estrategia de recuperación económica prevé el encadenamiento productivo de entes industriales, que no es solo cosa de papeles. Hoy proponen una valiosa solución: reincorporar a los campos agrícolas un amplio grupo de tractores chinos marca Yto, actualmente de baja en varias partes de Cuba por roturas del diferencial delantero.

Para recuperar el importante componente del sistema de tracción de la máquina agrícola, según la información ofrecida por Carlos González Corrales, integrante del equipo de especialistas que acomete la tarea, han proyectado y fabricado cuatro acoplamientos internos y un eje, con la intención de producirlos en serie aquí. Igualmente, diseñaron la corona, que distribuye el movimiento de las piezas mencionadas. Su fabricación, comenta, será encargada a otra industria, posiblemente a la Planta Mecánica de Camagüey.

A la vista aparecen las ventajas de la propuesta. En primer lugar, pone sobre el tapete la existencia de fuerza técnica con alta calificación y potencial productivo, capaz de buscar en casa mucho de lo que se adquiere en el extranjero con altas erogaciones de divisas.

 

ENCARGOS Y OFERTAS

El peso de la empresa en el aseguramiento de la zafra azucarera se define por los encargos. De acuerdo con el Director General de la 60 Aniversario de la Revolución de Octubre, para el presente año el grupo empresarial Azcuba les solicitó más de 20 500 unidades físicas de piezas de repuesto de cosechadoras cañeras tipo ktp, Case y cca.

Con visión totalmente económica, porque disminuye volúmenes y costos de importaciones de metales, recuperan piezas de repuesto, entre ellas sinfines, discos de corte, rotores y picadores de cosechadoras. Al mismo tiempo, están listos para recuperar máquinas completas apenas termine la zafra en marcha. No es cuestión de idea, el pasado año pusieron totalmente de alta seis del tipo cca 5000.

La lista de equipos que reparan incluye los molinos trituradores de piedras fabricados aquí y adquiridos por entidades dedicadas a la producción local de materiales de la construcción, así como remolques para la transportación de ganado.

Continúan fabricando cajas de Ampiroll, apropiadas para la recogida de desechos sólidos, y desarrollan un remolque especial para el transporte de unas diez toneladas de sal. Como parte de muchas respuestas resultantes de la constante exploración de mercados, pueden ofertar silos con capacidad de ocho toneladas para almacenar cemento, y están en condiciones de continuar la prestación de servicios de pintura  y reparaciones a entidades que los soliciten. 

Cada paso intenta cambiar la cara al proceso productivo para no ser una empresa que represente una carga para el  Estado por deplorable desempeño económico. Si continúan explorando caminos hacia la eficiencia, es muy probable que aquí se reduzca el «periodo de gracia» de seis meses, que la Tarea Ordenamiento, como medida de protección ante las actuales variables económicas, ha dado al sector industrial para operar con pérdidas que se resarcen con dinero del Presupuesto Estatal.

Biden: EU no es líder geoeconómico; propone rescate público (sic) de su infraestructura

Posted By: Alfredo on: abril 11, 2021



Jamie Dimon, mandamás del banco de inversiones JP Morgan, en su carta anual a sus accionistas, confiesa que algo ha pasado terriblemente mal en EU y China lo sabe perfectamente: los líderes chinos creen que EU está en declive y “desafortunadamente tienen gran parte de verdad (https://bit.ly/320L0IN)”.

A mi juicio, uno de los factores que han descarrilado a EU es la falta de inversión en su abandonada infraestructura.

Uno de los principales argumentos de Biden para financiar la abandonada infraestructura de EU por US$2.3 trillones –plan tildado de socialista por sus detractores– radica en ser esencial para que EU compita con Chinacuando EU no es más el líder (¡megasic!) del mundo porque no está invirtiendo, en clara alusión a su rezago geoeconómico (https://bit.ly/325JuF3). Biden no oculta que el gasto federal del gobierno en infraestructura se desplomó a 0.7% de su PIB, en paralelo a su declive de inversión publica en I&D.

Cabe destacar que el gasto militar de EU asciende a 3.4% de su PIB (https://bit.ly/3215LEb), que en realidad es el doble (6.8%) debido a su dispersa inversión en otros centros de investigación militar. Dependiendo de cómo se calcule, el gasto militar de EU es entre 5 a 10 veces mayor que su inversión en infraestructura.

En contraste, China invirtió en 2019 más de 6% de su PIB en infraestructura (https://bit.ly/3g1D4zc)”. Ya en 2018 la inversión en infraestructura de China era diez veces mayor a la de EU, según la OCDE.

Anthony Rowley considera que el plan de infraestructura de Biden reconoce audazmente el papel del sector públicocuando “los impuestos a las trasnacionales de EU serán elevados para ayudar a financiar el mejoramiento de la infraestructura y el gasto de bienestar social (sic) que EU necesitará para alcanzar al puntero China (https://bit.ly/3a3xS9Y)”.

A juicio de Rowley el plan Biden es un reconocimiento tácito de que los sistemas financieros en las economías de mercado (sic), como la de EU, no son las mejor adaptadas para financiar el gasto publico (sic).

El proyectado gasto público de Biden por US$2.25 trillones (en anglosajón) –no confundir con el estímulo por la pandemia de otro tanto ni con el otro proyectado US$1 trillón para salud y educación– servirá para reparar la alicaída infraestructura de EU, de los cuales se estima que US$1.6 trillones provendrán de impuestos adicionales a las trasnacionales de EU escalonados en más de 15 años.

Rowley asienta que EU se encuentra detrás de la economía estatal china en los siguientes rubros: transporte doméstico (https://bit.ly/3uD07UU), energía y/o infraestructura digital de telecomunicaciones (https://bit.ly/3a0TSSU), y las Rutas de la Seda de China a escala global.

Al unísono de Jin Liqun, presidente del notable Banco AIIB (https://bit.ly/3dOMVpm), y de Naoyuki Yoshino, anterior decano del Asia Development Bank Institute, Rowley opina que la pobre infraestructura es comúnmente acompañada por una baja productividadcuando las economías de mercado anglosajonas ostentan un prejuicio ideológico contra la inversión pública.

Rowley arguye que el paquete Biden, que puede alcanzar alrededor de US$3 trillones, palidece con las decenas de trillones de dólares, por lo menos, que serán necesitados a escala global para la inversión en infraestructura en las décadas por venir.

En su libro Bases del futuro: la batalla global para la infraestructura (https://amzn.to/3d6L7sm), Rowley aduce que la mayoría de las economías más avanzadas del mundo han descuidado las inversiones en infraestructura básica con alto riesgo para su desarrollo social y económico.

Los parásitos financieristas que controlan los multimedia globalistas le hicieron una propagandista pésima fama a la inversión pública (sic) en infraestructura básica con tal de proseguir las egoístas ganancias individuales de la plutocrática bancocracia oligopólica de Wall Street, en detrimento de la aplastante mayoría de los ciudadanos, lo cual devela la congénita naturaleza antidemocrática del neoliberalismo global.


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