Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

jueves, 18 de marzo de 2021

¿Por qué necesitamos un sistema de gestión del Gobierno basado en ciencia e innovación?

 Por: Miguel Díaz-Canel Bermúdez 



El mandatario cubano constató, en una visita al Centro de Innovación y Desarrollo del Grupo de la Electrónica (Gelect), sus potencialidades para convertirse en un espacio de apoyo al talento y la innovación para todos los actores de la economía nacional. Foto: Radio Reloj.













Desde hace algunos años hemos estado meditando, investigando y trabajando sobre cuáles serían las mejores vías para fortalecer el papel del conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestro modelo de desarrollo. En particular, sobre cómo podría perfeccionarse la acción del Gobierno, a todos los niveles, para respaldar ese propósito.

La gestión gubernamental está respaldada por tres pilares que deben actuar integrados. Uno de ellos es la informatización de los procesos, como soporte de las acciones y para facilitar la toma de decisiones; otro es la comunicación social que permita asegurar una adecuada interacción con los ciudadanos y propiciar la participación social. Finalmente, el que constituye objeto de esta comunicación: ciencia e innovación.

Para asumir ciencia e innovación como pilar de la gestión del Gobierno hay que responder algunas preguntas: ¿En qué fundamentos históricos y programáticos se fundamenta esa decisión? ¿En qué enfoques de ciencia e innovación se debe apoyar esa gestión? ¿Qué dicen las experiencias internacionales y nacionales al respecto? ¿Cuáles serían las características y objetivos de un sistema de gestión del Gobierno basado en ciencia e innovación?

En este documento intentamos responder sintéticamente a esas preguntas. El objetivo es compartir estas reflexiones con académicos, profesores, investigadores, estudiantes, empresarios, servidores públicos, entre otros actores; compañeras y compañeros implicados en la difícil tarea de fortalecer el papel del conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestro modelo de desarrollo. En aras del espacio y los fines de esta comunicación, se emplea un número muy reducido de referencias bibliográficas. Seguramente la sabiduría colectiva las enriquecerá.

El principal estímulo a la búsqueda de un sistema de gestión del Gobierno basado en ciencia e innovación (SGGCI) proviene de la percepción de que el potencial humano y las capacidades científicas y tecnológicas que la Revolución ha creado no han tenido de manera generalizada el impacto práctico deseado en la sociedad y en particular en la economía. Podemos mostrar ejemplos formidables de creación de capacidades de ciencia, tecnología e innovación (CTI) bien articuladas a la sociedad. Una muestra es la industria biotecnológica. Sin embargo, semejantes resultados no se alcanzan eficazmente en todos los sectores.

Es observable una insuficiente efectividad en las conexiones entre las universidades y las entidades de ciencia, tecnología e innovación (ECTI) con los sectores productivos de bienes y servicios y los territorios, y ello limita el impacto del conocimiento, la ciencia y la innovación en el cumplimiento de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 (PNDES 2030) y más allá.

Existen muchas publicaciones, informes, debates, así como tres encuestas sobre innovación que respaldan esa percepción crítica. Por ejemplo, la Tercera Encuesta Nacional de Innovación, realizada por el CITMA en 2018(1) en 441 empresas con datos del 2015-2017, concluyó que "no existió vinculación regular y sistemática con el sector científico: centros de investigación, universidades y entidades de interfaz...". Las relaciones con las universidades se califican en un 59 % de satisfactorias y suficientes. De igual modo, Cabal y Rodríguez(2) plantean que el sistema de ciencia, tecnología e innovación (SCTI) cubano, además de ser pequeño, se encuentra débilmente interconectado.

Por otra parte, el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación constituyen insumos imprescindibles para avanzar en el proceso de desarrollo, sobre todo, si se trata de un modelo de desarrollo como el que se formula en la Visión de la Nación, el Plan Ncional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y la conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista que la define como soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.(3) No puede haber verdadera soberanía, sostenibilidad y prosperidad sin crear y aprovechar capacidades de conocimiento, ciencia, tecnología e innovación.

La CTI nos debe ayudar a impulsar todas las esferas de nuestro desarrollo. Por supuesto, son necesarias para avanzar en la economía, respaldar la soberanía alimentaria, ampliar las exportaciones y sustituir importaciones, transformar la matriz energética, entre otros beneficios fácilmente comprensibles. Junto a esto, son imprescindibles para fortalecer otras cuestiones clave para nuestro desarrollo, entre las cuales el fortalecimiento de nuestra cultura ocupa un lugar muy importante. Deben desempeñar un papel clave en mejorar el desempeño de la gestión gubernamental a todos los niveles, colaborar en la formulación, seguimiento y evaluación de las políticas públicas, entre otras contribuciones.

Al tratar estos temas, no se puede olvidar el contexto internacional. La distribución mundial de las capacidades cognitivas, científicas y tecnológicas es sumamente asimétrica y está altamente concentrada en un reducido grupo de países. Buena parte de esas capacidades es propiedad de las grandes corporaciones transnacionales y del complejo militar industrial, sus principales inversionistas. Patentarlo todo, incluidas formas de vida, a partir de la orientación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) desde 1995, incrementa las arcas de las empresas y países más poderosos y hace más frágiles a los restantes.

En la ideología neoliberal es el mercado y no el Estado, o las políticas públicas, el factor determinante en la promoción de la innovación. Sin embargo, las experiencias de muchos países con resultados exitosos muestran el rol del Estado(4) y las políticas públicas. Los acontecimientos más recientes vinculados con la pandemia de la COVID-19 muestran que el mercado por sí solo nada puede resolver y, sin control, tiende a agravar la situación.(5)

En los países en desarrollo se encuentran menos capacidades científicas y tecnológicas, que suelen estar divorciadas de los sectores productivos y las políticas sociales de sus naciones. Muchos países han puesto sus sectores estratégicos en manos del capital extranjero, que poco demanda de la ciencia local. CTI y soberanía nacional son procesos conectados.

En esos países, como también en Cuba, hay mucho conocimiento utilizable no utilizado. Se pierden así muchas oportunidades de construir mejores sociedades.

En resumen, el despliegue de un SGGCI es un auténtico desafío que debemos enfrentar en un contexto nacional e internacional complejo.

Fundamentos históricos, programáticos y conceptuales del sggci

Una mirada a la historia de Cuba, revela la existencia de una fecunda tradición que destaca el papel del conocimiento en los procesos emancipatorios y el avance económico. Se trata de una tradición de pensamiento que articula ciencia, cultura y luchas políticas y revolucionarias. Cuba ha sido un país en el cual varias de sus personalidades cumbre han sido cultivadoras del conocimiento: Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Martí, entre las más importantes.

La Revolución ha contado con líderes que han comprendido el lugar de la ciencia en el desarrollo. Desde muy temprano comenzó un intenso proceso de multiplicación del potencial humano; el despliegue de un sistema educacional altamente inclusivo que se inicia con la Campaña de Alfabetización de 1961; la transformación de las universidades, cuyo punto de partida fue la Reforma Universitaria de 1962, y la multiplicación de centros dedicados a investigación y desarrollo.

Cuba ha desplegado una activa política del conocimiento que ha priorizado, desde el inicio de la Revolución, la formación del potencial humano, la educación, la creación de capacidades científicas y tecnológicas y el desarrollo cultural.

El Comandante en Jefe Fidel Castro es, sin duda, el gran responsable de la fundación y el avance de la ciencia nacional revolucionaria. En 1960 proyectó el futuro del país como un "futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento"(6); en 1963 declaró que "la revolución social se hizo precisamente para hacer la otra revolución, la revolución técnica"( 7), y en 1990 afirmó que "La independencia no es una bandera, o un himno, o un escudo; la independencia no es una cuestión de símbolo, la independencia depende del desarrollo, la independencia depende de la tecnología, depende de la ciencia en el mundo de hoy" (8). A la ciencia dedicó mucha de su gran capacidad como estadista y gobernante. También en los primeros años del triunfo revolucionario, el Che realizó aportes a la política científica y tecnológica en gestación y al papel de la universidad en ella.

El combate a la COVID-19 sería imposible sin la creación, bajo la conducción de Fidel, de importantes capacidades científicas y tecnológicas. Muchas de las instituciones científicas actuales fueron creadas en la década de 1970. El despegue de la biotecnología cubana ocurrió a finales de los ochenta y su despliegue transcurrió en medio del Período Especial. La atención al sistema de salud fue siempre para Fidel, y continúa hasta hoy, como una alta prioridad.

Asumir ciencia e innovación como pilar de la gestión gubernamental es una decisión bien respaldada en los documentos aprobados en el VI y VII congresos del Partido, con la adopción de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución y la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, en cuya aplicación se trabaja (3). Por su parte, en la Constitución de la República(9) se reconoce que "El Estado promueve el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación como elementos imprescindibles para el desarrollo económico y social" y "se estimula la investigación científica con un enfoque de desarrollo e innovación, priorizando la dirigida a solucionar los problemas que atañen al interés de la sociedad y al beneficio del pueblo", mientras que el PNDES 2030 establece como uno de sus ejes estratégicos el que se denomina "Potencial humano, ciencia, tecnología e innovación". Tomadas de conjunto, esas formulaciones programáticas suponen una alta valoración del papel que corresponde al conocimiento, la tecnología y la innovación en el modelo de desarrollo económico y social cubano.

Por tanto, existen fundamentos históricos y programáticos para reconocer ciencia e innovación como pilar del Gobierno. Pero, falta por mencionar algo más: la mirada hacia el futuro mediato e inmediato: ¿qué metas se plantea la sociedad cubana que demandan capacidades humanas, cognitivas y tecnológicas avanzadas? Para responder a esta pregunta es útil la Visión de la Nación contenida en el PNDES 2030.

Analizar el contexto internacional permite comprender mejor el renovado papel de la ciencia, la tecnología y la innovación en el desarrollo. En ese sentido, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 incluyen 17 objetivos y 169 metas de carácter integrado e indivisible y representan el consenso de Gobiernos y diversos actores que asumieron una visión transformadora hacia la sostenibilidad económica, social y ambiental.

El enorme daño ambiental ha abierto la posibilidad de un holocausto climático. La Agenda 2030 demanda conocimientos y tecnologías, lo que plantea dificultades adicionales a los países en desarrollo. Por ello, se ha insistido(10,11) en la importancia de realizar cambios estructurales que posibiliten la incorporación de conocimiento en la producción, para fines tanto de crecimiento económico como de cuidado ambiental e inclusión social.

En campos como los de la alimentación, energía, salud, vivienda, transporte, entre otros, el conocimiento y la tecnología tienen que explorar otros caminos. La razón es simple: es insostenible que los países subdesarrollados y en desarrollo se propongan reproducir los estilos de consumo de los países más desarrollados. El medioambiente no lo resistiría.

A los efectos de este documento, lo que interesa subrayar es que el debate internacional sobre la Agenda 2030 ha estado acompañado por la discusión acerca de qué tipo de prácticas científicas y tecnológicas pueden servir a los fines del desarrollo sostenible e inclusivo. Los valores sociales son clave para discutir sobre CTI.

Lo mejor de la política cubana de ciencia y tecnología han sido los valores sociales que la han guiado, en particular el interés por poner el conocimiento al servicio de las demandas del desarrollo y la satisfacción de las necesidades humanas básicas de toda la población(5).

Los valores remiten a la mencionada Visión de la Nación para 2030 expuesta en el PNDES 2030 y heredera de la tradición revolucionaria. En ella, se subrayan los valores del desarrollo sostenible y la prosperidad. Prosperidad, en términos del socialismo cubano, tiene que significar crecimiento y desarrollo económico y, a la vez, desarrollo social, caracterizado por la equidad y la inclusión social.

El modelo socialista cubano, actualizado y enriquecido, que la Visión de la Nación confirma, se apoya en los objetivos de independencia, soberanía, democracia en su sentido más genuino, prosperidad y sostenibilidad, y a la vez los hace posibles. Se trata de un conjunto de valores robustos, ajustados a la tradición revolucionaria. En esas formulaciones se encuentra un marco normativo apropiado para la discusión de ciencia e innovación en Cuba. Las metas que el país se ha propuesto plantean un conjunto de desafíos de alta complejidad que solo pueden ser asumidos movilizando todos los recursos disponibles en materia de capacidades de investigación-desarrollo, conocimiento avanzado, educación y potencial humano altamente calificado. Ello explica por qué la ciencia y la innovación constituyen un pilar de la política gubernamental. Una síntesis de los fundamentos de ciencia e innovación como pilar de la gestión del Gobierno se muestra en la figura 1.

Fig. 1. Fundamentos de ciencia e innovación como pilar de la gestión del Gobierno. Fuente: elaboración propia.

Como se afirmó antes, el SGGCI debe seleccionar adecuadamente los enfoques de CTI en los cuales descansar.

La comprensión de la ciencia, la tecnología y la innovación han experimentado notables cambios a lo largo de la historia. En la actualidad, el conocimiento es mucho más relevante para la sociedad, y la aplicación es más directa e inmediata, lo que ha terminado por atenuar la diferenciación entre ciencia y tecnología; sus consecuencias e impactos son mucho más inciertos. El riesgo está por todas partes. Cada vez es más importante la interacción entre diversos actores, científicos y no científicos, y el trabajo en redes, en una época en la que existe una fuerte tendencia a la privatización del conocimiento.

Del debate sobre el desarrollo sostenible e inclusivo y la necesidad de poner las prácticas científicas a su servicio han surgido diversas conceptualizaciones, entre ellas la de Ciencia de la Sostenibilidad (CS). Una de sus características consiste en el compromiso de favorecer transformaciones tecnológicas que respalden los objetivos del desarrollo sostenible e inclusivo.

Para ilustrar brevemente algunos de los rasgos de este enfoque de CS, es posible prestar atención a algunas de las características de las prácticas desplegadas en el contexto del enfrentamiento a la COVID-19 por la comunidad científica cubana:

  1. El bienestar humano es la principal prioridad. Las prácticas científico-tecnológicas desplegadas en el combate contra la COVID-19 han posibilitado ofrecer alternativas tecnológicas e innovativas que permiten enfrentar un desafío global de primera magnitud a la vida humana. Preservar la vida y la salud humana es un asunto clave para el desarrollo sostenible, en general, y en particular para la Visión de la Nación.
  2. Los valores de científicos y profesionales son determinantes. Cuba dispone de capacidades profesionales, científicas y tecnológicas vinculadas a valores como el humanismo, patriotismo, compromiso social, solidaridad, consagración. Estos valores siempre están presentes, pero en condiciones como las que impone la COVID-19 se expresan con especial intensidad. Ciencia, tecnología y valores, todos juntos, ofrecen a Cuba la posibilidad de buscar respuestas a las viejas y nuevas contingencias.(5)
  3. Innovar desde el subdesarrollo exige una "heurística de innovación" (identificación del problema a considerar y selección adecuada de los caminos intelectuales y los medios físicos a través de los cuales se construye la solución) peculiar. La tarea de preservar la vida y la salud humana se realiza en un contexto de limitación de recursos y contando primordialmente con las importantes capacidades creadas por el país, confiando en los aprendizajes acumulados. Esa combinación de limitaciones de recursos, y a la vez de ambición tecnológica, generó una "heurística de innovación" (12) que ha aportado un conjunto importantísimo de innovaciones de productos, equipos, procedimientos y protocolos de atención que han permitido abordar la prevención del contagio, la prevención del paso a la gravedad de los pacientes más vulnerables, el tratamiento de la enfermedad moderada, el tratamiento de la enfermedad severa y la recuperación de los pacientes curados, procurando la reducción de las posibles secuelas.
  4. La CS se beneficia de la cooperación transdisciplinaria y la articulación intersectorial. Para enfrentar a la COVID-19, en febrero del año 2020 (el primer caso se reportó en Cuba en el mes de marzo), se creó el grupo de ciencia coordinado por las direcciones de Ciencia e Innovación del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y del Grupo de las Industrias Biotecnológicas y Farmacéuticas de Cuba (BioCubaFarma) e integrado por diversas instituciones. Este grupo de ciencia dio lugar a cuatro subgrupos de trabajo: comité de innovación, grupo de expertos clínicos, grupo de modelación y epidemiología, y grupo de psicología e información científica. El comité de innovación, donde participa la autoridad regulatoria, permitió acelerar la autorización de ensayos clínicos y del uso de emergencia de los medicamentos innovadores.(13) Ese tipo de trabajo anticipatorio, colectivo, intersectorial y transdisciplinario, centrado en la innovación orientada a preservar la salud humana, puede considerarse un signo propio de CS.
  5. Un rasgo que se ha atribuido a la CS es que ella es capaz de operar en la interfaz ciencia-política. Se trata de un complejo escenario donde tiene lugar el intercambio entre científicos, los decisores y el público involucrado. En el caso que se comenta, la comunidad científica se involucró en un diálogo directo y constructivo con los más altos representantes del Gobierno cubano y en ese diálogo se construyen las principales decisiones tecnológicas y sociales. Se ha entendido siempre que se opera en contextos de incertidumbre que el manejo cuidadoso del riesgo es una cuestión vital, rasgo de la CS.
  6. Los avances de las ciencias deben ser ampliamente difundidos. Los indicadores principales que se han empleado en el caso del enfrentamiento a la COVID-19 son, por supuesto, indicadores de salud. Sin embargo, se ha avanzado también en el esfuerzo por hacer visibles los resultados a través de publicaciones científicas que fortalezcan el intercambio con la comunidad científica internacional.
  7. La CS debe apoyar los esfuerzos por fomentar la autonomía tecnológica. La novedad de los resultados obtenidos es variable. En algunos casos se trata de la producción de medicamentos nuevos, mejorados, e incluso, de nuevas aplicaciones de los existentes. Entre los más novedosos están cuatro candidatos vacunales.( 13) A la vez, se ha logrado producir en el país instrumentos imprescindibles para enfrentar la pandemia, equipos de ventilación deficitarios en el mercado en un contexto de amplia demanda mundial y que han permitido un significativo ahorro económico por sustitución de importaciones. En ese esfuerzo han colaborado el sector privado y el sector público. Es un buen ejemplo de esfuerzo por "crear capacidad tecnológica autónoma"(14), opuesta a la dependencia tecnológica; muestra que es posible creer en la capacidad propia de generar nacionalmente y reducir las importaciones, objetivo del mayor interés para la política gubernamental cubana.

En resumen, no solo se trata solo de hacer más ciencia y buena ciencia, sino de orientarla, conducirla socialmente, del modo que sea más conveniente a los intereses de la nación. A esos fines, son deseables prácticas científicas y tecnológicas alentadas por valores humanos, patrióticos, orientadas a resolver problemas relevantes, económicos, sociales, ambientales, culturales u otros. La estrecha conexión entre ciencia y tecnología, procurando la autonomía tecnológica; la orientación a la innovación; la cooperación, transdisciplinariedad y el vínculo directo e interactivo con los decisores, son rasgos de prácticas científicas y tecnológicas que la gestión del Gobierno alienta.

Concentremos ahora nuestra atención en la innovación. La comprensión de los procesos de innovación ha cambiado considerablemente en las últimas décadas. Un primer paso es aclarar un poco qué entendemos por innovación en la política gubernamental basada en ciencia e innovación. La palabra innovación es ambigua y tiene muchas interpretaciones. A veces se la identifica con las aplicaciones de la ciencia, otras con la realización en el mercado de ciertos bienes y servicios. Al interior de la política que impulsamos conviene una comprensión lo más amplia posible. Por ello preferimos entenderla como resolución práctica de problemas apoyados en el conocimiento. Innovar permite aprovechar cierta oportunidad, afrontar una carencia o una amenaza, disminuir la dependencia respecto de algo o alguien, sustituir importaciones, generar un producto exportable, sustituir una materia prima, generar una nueva aplicación o un nuevo mercado. Hay tantas innovaciones diferentes como disímiles son los problemas a resolver. Innovación se puede referir a nuevos o mejorados productos, procesos, nuevas formas organizativas, la asimilación y puesta en práctica de nuevas tecnologías y muchas cosas más.

Las innovaciones pueden tener un alcance mundial, pero puede considerarse innovación algo que es nuevo en los límites de una empresa, una comunidad, un sector.

La innovación es una novedad (de mayor o menor envergadura) que ha sido introducida en la práctica con cierto grado de difusión. Un nuevo equipo puede ser una excelente invención, pero no es una innovación. Una nueva variedad de frijol o raza de ganado solo se convierte en innovación cuando se ha introducido en la práctica y produce resultados.

Es común asociar la innovación con la aplicación de resultados de la investigación científica, según el modelo lineal que se expone más abajo. En realidad, solo una porción de las innovaciones procede de la investigación. Buena parte de ellas es posible por la transferencia de tecnologías asociadas a procesos de capacitación, aprendizaje en la acción, etc.

Los espacios de la innovación pueden ser muy variados y no se limitan a las empresas. Se puede y se debe innovar en la administración pública, en las comunidades, en las escuelas, entre otros espacios.

Tampoco hay un signo de identidad entre innovación y mercado, sobre todo en un país como Cuba. Una vacuna generada por nuestros excelentes profesionales y la campaña de vacunación gratuita que le sigue son expresión de un proceso innovativo de gran envergadura.

En la innovación son muy importantes los vínculos entre productores y usuarios. Los informáticos lo saben, y hay empresas que aprovechan muy bien los aportes de los usuarios para mejorar sus software, por ejemplo. Pero, en cualquier ámbito, sea la agricultura, la educación, la cultura u otro cualquiera, siempre es importante tener claras las respuestas a las preguntas: ¿innovar para qué?, ¿innovar para quién?; por tanto, los destinatarios de la innovación deben ser parte también del proceso innovativo.

La práctica de la innovación y los estudios que sobre ella existen han permitido la superación del llamado Modelo Lineal de Innovación (MLI) que ganó considerable influencia en las décadas que siguieron a la segunda posguerra. Los primeros enunciados de ese modelo fueron realizados por Vannevar Bush en un documento de 1945, como respuesta a una solicitud del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt. Sirvieron también de base a la creación de la National Science Foundation.(15)

El modelo prevé una secuencia causal necesaria y suficiente que se inicia en la investigación básica que da lugar a investigaciones aplicadas, las que a su vez generan nuevos prototipos, formulaciones y modelos únicos, que luego son producidos a escala, y finalmente comercializados. En última instancia, la investigación básica es la desencadenante de la innovación, lo que justifica una fuerte inversión en ella, preferentemente por el Estado, por ser riesgosa y costosa. Funciona como base para un discurso legitimador de la necesidad de inversión en ciencia y tecnología, aunque los estudios realizados en los últimos 50 años no confirman su eficacia.(16)

Las limitaciones del MLI han llevado a la formulación de un conjunto de modelos interactivos y, en mayor medida, sistémicos. El primero de todos es el conocido Triángulo de Sábato, formulado en fecha tan temprana como 1968 en el curso del debate sobre el papel de la ciencia y la tecnología en los procesos de desarrollo,( 17) el cual destaca el papel de tres elementos cuyas interacciones constituyen un importante motor del desarrollo: la estructura productiva, el Estado y la infraestructura científica y tecnológica.

Tres décadas más tarde y sin reconocer la precedencia del mencionado Triángulo de Sábato, se formuló el Modelo de Triple Hélice(18,19) sobre relaciones universidad-industria-Gobierno. Se trata de un modelo centrado en el valor económico-comercial del conocimiento y no en la lógica del desarrollo sostenible (económico, social y ambiental) e inclusivo que se adopta como referente principal en las páginas anteriores. Conceptos como los de capitalización del conocimiento, universidad empresarial, científico empresario u otros no coinciden con la perspectiva en que se apoya esta investigación.

En la década de los años noventa se formuló el Modo 2 de producción de conocimientos(20) para enfatizar los cambios en la producción social de conocimientos, proceso cada vez más condicionado por el contexto de aplicación del saber lo que conduce a que los actores vinculados al conocimiento se diversifiquen y en la misma medida se transforman los criterios para evaluarlo. Luego ha habido una sucesión de ajustes en las formulaciones de los modelos: Modo 3, Cuádruple Hélice y otros. (21) Con frecuencia los cambios tienden a reconocer un mayor número de actores, en particular la sociedad civil.

En esa lógica de avance hacia modelos de innovación más sistémicos e interactivos, desde los años ochenta han ganado mucha influencia las teorizaciones de los sistemas nacionales de innovación (SNI). Ellas son el resultado de estudios realizados sobre algunos de los principales países industrializados y algunas economías emergentes que transitaron de economías predominantemente extensivas -basadas en ramas industriales con elevado uso de recursos naturales y con actividad científica de lenta repercusión socioeconómica- a economías predominantemente intensivas -con mayor eficiencia en el uso de recursos, un vigoroso sector de servicios y con apoyo decisivo en el conocimiento y la innovación. ¿Cómo explicar el auge tecnoeconómico de Japón, que llevó a esa nación a constituirse en segunda economía del mundo, y algunas experiencias exitosas de desarrollo económico -e innovativo- en pequeñas naciones -y regiones- antiguamente atrasadas o muy atrasadas -por ejemplo, países escandinavos y nuevos estados industrializados en Asia como los casos de Taiwán y Corea?

De forma muy simplificada, puede decirse que Freeman, Lundvall y otros autores concluyeron que en esos países se habían desplegado verdaderos sistemas nacionales de innovación. Mediante ese concepto se identificó la existencia de un conjunto de actores y organizaciones, y los vínculos entre ellos, así como las políticas, reglas, normas, hábitos y creencias relacionadas, que en una nación determinada tienen roles principales en innovación tecnológica. (12) Incluye no solo a universidades, institutos técnicos y laboratorios de investigación y desarrollo, sino también elementos y relaciones aparentemente lejanos de la ciencia y la tecnología.(22)

Los sistemas de innovación enfatizan el papel de los actores, las interacciones entre ellos, en un contexto normativo, regulatorio, con hábitos y rutinas productivas que tienden a favorecer la innovación.

A los efectos de nuestro SGGCI es importante subrayar que:

  1. La promoción de la innovación demanda el fortalecimiento de los actores, pero entendiendo que los actores relevantes para la innovación son, por supuesto, los centros de investigación, universidades, empresas, pero también el sistema bancario, los Gobiernos territoriales, el sistema educacional, la administración pública, los medios de comunicación, por muy alejados que parezcan de ella... en fin, todos los que de un modo u otro pueden influir en el desarrollo, introducción, difusión y uso de innovaciones.
  2. Todavía más importante es conectar eficazmente a todos esos actores. Siempre ellos existen, pero suelen estar desconectados entre sí: la empresa a un lado, la universidad a otro, el sistema bancario por otro, etc. Conectar, esa es la palabra de orden.
  3. Hay que crear el ambiente regulatorio que permita el fortalecimiento de esos actores y las conexiones entre ellos. Las regulaciones sobre el sistema empresarial, los incentivos a los investigadores, pueden facilitar o lastimar el objetivo de la innovación.

En los orígenes de las teorizaciones sobre SI, la atención recayó inicialmente en los sistemas nacionales y luego en los sectoriales y territoriales, con enfoques semejantes.

Resumiendo, en el enfoque de SI, la innovación se entiende como un proceso social, multiactoral, interactivo, que involucra actores que interactúan vigorosamente entre sí, apoyándose en políticas, normas, reglamentos, hábitos, para favorecer la producción, difusión y uso del conocimiento. Esa cualidad multiactoral, interactiva y sistémica se beneficia de un mecanismo de gobernanza que promueva la conjunción e integración de esfuerzos a escala de toda la sociedad, sectores y territorios. Para ese objetivo es que se crea en Cuba el Consejo Nacional de Innovación.

Con el tiempo los enfoques de SI han continuado transformándose. Es útil la distinción entre dos modos de innovación: uno que se denomina por sus siglas en inglés Modo de innovación STI ( science, technology and innovation, CTI) y otro al que se llama Modo de innovación DUI (doing, using, interacting, es decir, haciendo, usando, interactuando). Al primero se le denomina "estrecho" y al segundo "amplio". El primer modelo restringe los sistemas de innovación a las actividades de I+D y las infraestructuras a ellas asociadas. Este es el tipo de innovación que encontramos en nuestro país en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), el Centro de Inmunología Molecular (CIM) u otros que en algunos casos generan innovaciones radicales, de alcance mundial.

El Modo DUI aprecia las fuentes de innovación de modo más amplio. Por supuesto, reconoce que la investigación científica es una de las posibles fuentes de innovación, pero insiste en otros aspectos como la construcción de capacidades para absorber tecnologías, adaptarlas, aprender a usarlas con eficiencia y eficacia. En todo ello, el aprendizaje, tanto y a veces más que la investigación, es clave. Este modo de innovación, denominado amplio, basado en el hacer, interactuar y usar tiene muchas potencialidades y es el enfoque adoptado en el SGGCI.

Como se dijo, en sus orígenes el concepto de SNI reflejó características propias de los países estudiados. La difusión de este enfoque a países en vías de desarrollo, en particular los de América Latina y el Caribe (ALC), cambió la situación. En esos países no es posible encontrar la cualidad sistémica descrita, por ejemplo, en Japón(23). En estos casos, los sistemas de innovación son más potenciales que reales. En ellos, sin embargo, el SNI puede funcionar como un modelo ex-ante, es decir como un instrumento para diagnosticar y formular políticas que fomenten vínculos e interacciones y perfeccionen las "reglas de juego" para superar los modelos lineales y fomentar innovación, orientada a resolver problemas del desarrollo. Es en ese sentido que lo utilizamos en el SGGCI: como enfoque que nos conduzca a abordar la innovación con el enfoque holístico, sistémico, que corresponde.

Los debates más recientes sobre innovación han incorporado la sensibilidad por el desarrollo sostenible.(24) Frente a la más común idea de la innovación como factor de competitividad y ganancia, se enfatiza que la innovación debe contribuir a satisfacer necesidades humanas relevantes, favorecer la lucha contra la pobreza, la inclusión social y el desarrollo sostenible. De eso tratan conceptos como sistemas de innovación para un desarrollo inclusivo.(25) Para nuestro SGGCI esto es muy importante.

Con frecuencia, tales formulaciones insisten en que los esquemas de gobernanza para el desarrollo sostenible y la inclusión social requieren de una mayor participación ciudadana, en la que las personas no se comporten como beneficiarios pasivos, sino que se involucren como actores en los procesos de generación de soluciones a sus problemas (alimentarios, salud, vivienda), participen en la creación de oportunidades y en la toma de decisiones; por ejemplo, a escala local. (26)

Resumiendo, sin duda la innovación tiene aspectos técnicos muy importantes y se apoya en capacidades de conocimiento acumuladas; de igual modo, las empresas son actores decisivos en los sistemas de innovación, pero el rol del Estado y el valor de la política deben considerarse un elemento clave para promover actores fortalecidos, interacciones vigorosas y sistemas regulatorios que permitan generar dinámicas innovativas relevantes. Y lo que es más importante: ponerlas al servicio del desarrollo sostenible e inclusivo.

En la tabla 1 se presenta un resumen que permite comprender mejor las bases conceptuales del SGGCI frente a modelos que es preciso superar.

Características y objetivos del sistema de gestión del gobierno basado en ciencia e innovación

El SGGCI se apoya en las bases históricas, programáticas y conceptuales que se han expuesto hasta aquí y también descansan en los aprendizajes obtenidos a partir de un conjunto de experiencias de la última década.

Entre ellas, se pueden mencionar algunas de las más importantes: experiencias de la planificación estratégica del MES 2012-2020; los avances logrados en las conexiones entre ciencia, innovación, formación de potencial humano y desarrollo local en variados territorios cubanos; diálogos ciencia-Gobierno para abordar problemas complejos de la mayor relevancia como es el caso de la COVID-19 y su posterior extensión a la soberanía alimentaria y educación nutricional; el perfeccionamiento de las conexiones entre la educación superior, las ECTI y los sectores productivos de bienes y servicios; las asesorías a programas priorizados de Gobierno, ministerios, organismos de la administración central del Estado (OSDE) y empresas y el fortalecimiento de la institucionalidad, es decir, la creación de regulaciones, normas, tendentes a favorecer los procesos de producción, difusión y uso del conocimiento y la contribución de la preparación y superación de directivos en administración pública y empresarial para la gestión del Gobierno.

Es imposible explicar aquí esas experiencias y pasar balance a sus avances y dificultades. Lo que aquí interesa subrayar es que las mismas han permitido, en interacción con los fundamentos históricos, programáticos y conceptuales expuestos, avanzar en un SGGCI.

Ahora tratemos de explicar los contenidos del SGGCI.

¿Qué es el SGGCI y para qué sirve? Es un sistema de trabajo gubernamental que persigue fortalecer el papel de la ciencia y la innovación en la búsqueda de soluciones creativas a problemas que surgen en el proceso de desarrollo económico y social del país, tanto en la producción de bienes y servicios, como en los ámbitos de la administración pública, las actividades de CTI, la educación, la cultura, u otros.

¿Qué función cumple el SGGCI? El SGGCI permite, entre otros aspectos, situar prioridades y distribuir recursos; promover la presencia del conocimiento experto en la toma de decisiones; respaldar la formulación, seguimiento y evaluación de políticas públicas; promover interacciones y eliminar barreras; extender los escenarios de la innovación a todos los espacios y sectores de la sociedad; generar motivaciones e incentivos en los actores; fortalecer la institucionalidad; promover los valores y enfoques propios de la innovación entre la población y los cuadros.

¿Qué elementos integran el SGGCI? Son fundamentalmente dos. Lo primero son sus bases conceptuales y, en segundo lugar, los componentes que lo integran y las principales acciones asociadas a los mismos.

El SGGCI responde a dos tipos de preguntas fundamentales.

  1. ¿Sobre qué bases conceptuales se debe fortalecer la gestión del Gobierno basada en ciencia e innovación? Una sólida base conceptual es clave para el éxito de la labor de gestión en este campo.
  2. ¿Cuáles son los componentes principales del SGGCI, entendidos como los ámbitos principales a los que la política gubernamental debe prestar la mayor atención y qué acciones principales los integran?
  3. Bases para el fortalecimiento de la gestión del Gobierno basada en ciencia e innovación
  4. La gestión del Gobierno basada en ciencia e innovación se rige por los valores contenidos en la Visión de la Nación y se orientan al cumplimiento del PNDES. Toda acción gubernamental basada en ciencia e innovación deberá orientarse por esas perspectivas.
  5. El conocimiento, la investigación, el aprendizaje, son elementos clave para estimular la innovación. Todo directivo debe asumir que el cumplimiento de los objetivos de las actividades a su cargo se beneficia del intercambio con expertos, científicos, profesionales, pertenecientes o no a la organización que dirige. En consecuencia, debe conocer las personas cuya formación y experiencia les permite asesorar el trabajo que dirige. Debe tener la capacidad de responder a la pregunta: ¿quién sabe?, y asegurarse la colaboración de esas personas, pertenezcan o no a su organización. Siempre es bueno contar con expertos externos.
  6. Es necesario garantizar que el diálogo entre expertos, científicos, profesionales, decisores y demás actores sea interactivo, sistemático. Se trata de un diálogo complejo y nunca lineal: cada actor involucrado tiene sus propias prioridades, racionalidades, experiencias, nivel de información; sus perspectivas están moldeadas por trayectorias y contextos de actuación diferentes. Las divergencias pueden ser provechosas y deben ser gestionadas en un ambiente de respeto.
  7. La formulación, seguimiento y evaluación de las políticas, estrategias, planes, que desarrollan las organizaciones deben, invariablemente, ser sometidas al juicio de expertos capaces de realizar evaluaciones objetivas de estas. Es conveniente conocer perspectivas disímiles sobre el mismo tema.
  8. La composición de los expertos debe combinar la especialización profunda en determinados temas con perspectivas multi- e interdisciplinarias.
  9. La gestión del Gobierno basada en ciencia e innovación debe, según el enfoque de sistemas de innovación: a) favorecer la identificación de los actores que son relevantes para cada caso e influyen en el proceso innovador, b) propiciar las interacciones entre ellos y c) asegurarse de contar con bases institucionales (reglas de juego) que aseguren la colaboración interinstitucional, la creatividad, la posibilidad de producir ideas nuevas e innovar y que no generen trabas.
  10. La innovación es un fenómeno socialmente distribuido que puede y debe expresarse en todos los ámbitos de la sociedad, más allá del sector de CTI: sector empresarial, administración pública, educación, organizaciones sociales y políticas, entre otros. Por ello se beneficia de la disponibilidad en todos los ámbitos de personas preparadas, capaces de involucrarse en los procesos de aprendizaje que la innovación demanda. En consecuencia, el énfasis en innovación supone conceder una alta prioridad a la formación y retención del potencial humano, en los más diversos campos del conocimiento y a la educación continua de la población. Hay que incrementar la masa de estudiantes universitarios, fortalecer los procesos formativos en la educación técnica y profesional, favorecer la apropiación social del conocimiento por parte del conjunto de la población.
  11. Desarrollar capacidad tecnológica autónoma, en todos los ámbitos posibles, debe ser un objetivo compartido por todos los actores del sistema de CTI. Producir en el país todo lo que sea razonable y posible, sustituir importaciones y generar exportaciones supone capacidad tecnológica e innovadora.
  12. La formación y superación de cuadros de la administración pública debe incorporar conocimientos sobre política y gestión de innovación, a la vez que se perfecciona la formación en gestión de la innovación en los cuadros del sector empresarial.

Componentes principales del SGGCI y acciones principales que lo integran

El diálogo entre los referentes conceptuales y las principales experiencias/acciones que registra hasta hoy la gestión del Gobierno basada en ciencia e innovación permite identificar los componentes fundamentales del SGGCI y el repertorio de acciones que debe ejecutar. Estos son:

  1. El Gobierno (G-C e I) es el encargado de promover, conducir, impulsar, orientar, regular, las interacciones entre todos los componentes del SGGCI. La dinámica nacional e internacional (la experiencia del enfrentamiento a la pandemia del COVID-19 es elocuente al respecto) indica claramente que el Gobierno tiene un papel fundamental que cumplir. Esto se acentúa en las condiciones de Cuba, cuyo modelo de desarrollo, definido como socialista, atribuye un papel fundamental a la propiedad estatal. No es posible delegar la conducción del SGGCI en un ministerio u otro actor gubernamental particular, sino que el SGGCI necesita una conducción desde los niveles más altos de Gobierno, desde la nación hasta las localidades.
  2. El potencial humano (PH). El desarrollo económico y social del país y el PNDES previsto para el 2030, así como los propósitos contenidos en la Visión de la Nación, incluyen como condición necesaria el fortalecimiento del potencial humano del país. Es fundamental la preparación permanente de las personas: científicos, profesionales, trabajadores, campesinos, directivos de las diferentes esferas, población en general. Todo ello demanda el perfeccionamiento del sistema educacional desde la educación primaria hasta los sistemas de capacitación y posgrado, la formación doctoral y posdoctoral.
  3. El sector productivo de bienes y servicios (SPBS) es un componente clave. Es imprescindible multiplicar sus capacidades innovadoras para mejorar su desempeño, satisfacer las necesidades de la población, mejorar la productividad y competitividad del sector. La transformación del sector empresarial cubano tiene que abrir el cauce a la innovación.
  4. Enfoques diferentes a este SGCCI suelen asociar la innovación exclusivamente con las empresas. Aquí se asume que la administración pública (AP) es un componente esencial, necesitado de incorporar la innovación. Es, por ejemplo, una cuestión clave en el avance de las políticas públicas.
  5. Acorde con el enfoque de sistemas de innovación asumido en la investigación que sirvió de base a esta propuesta, el SGCCI identifica como un componente clave la institucionalidad (I), entendida, según se explicó antes, como las "reglas de juego" (normas, regulaciones y leyes) que deben ayudar a fortalecer los actores y sus conexiones, los flujos de conocimientos y tecnologías. Contar con adecuadas "reglas de juego" es determinante para que los componentes del SGGCI puedan funcionar y, sobre todo, fortalecer sus conexiones.
  6. La dimensión territorial (T) es fundamental. Frente al enfoque preferentemente sectorial, vertical, basado en la oferta de resultados de investigación cuyo destinatario se suele asumir que son, sobre todo, las llamadas empresas de base tecnológica, se asume el desarrollo territorial, local, como un componente privilegiado del SGCCI. El desarrollo local demanda procesos de gestión del conocimiento e innovación con visiones intersectoriales, transdisciplinarias, que favorezcan la producción, difusión y uso del conocimiento, ajustado a las necesidades locales propias de esos ámbitos. Es imprescindible movilizar la creatividad territorial asociada al "conocimiento situado".
  7. El sector de conocimientos (SC) tiene gran relevancia en el SGCCI. Aquí se interpreta el SC en el sentido más amplio posible, aunque destacan especialmente las universidades, centros universitarios municipales (CUM) y ECTI, cuyos proyectos de I+D+i y programas de formación, incluidos los de alto nivel, tienen que incorporar cada vez más la innovación. La experiencia indica que es clave que los científicos, profesionales del SC estén integrados a ámbitos como la administración pública (AP) y el sector productivo de bienes y servicios (SPBS) y dispuestos a trabajar en proyectos de alta pertinencia, ya sean conjuntos o por encargo.

Los principales componentes del SGGCI se representan en la figura 2. El gráfico subraya que la ciencia y la innovación como pilar del Gobierno se articulan a los otros dos pilares de la gestión gubernamental ya mencionados: comunicación social e informatización. Todo ello, según identifica la figura, tributa a la Visión de la Nación, el PNDES y el desarrollo sostenible que, según lo visto, integra las dimensiones económica, social y ambiental.

La tabla 2 asocia los componentes del SGGCI con un conjunto de acciones que cada uno de ellos debe efectuar. En lo sucesivo esas acciones podrán ampliarse, modificarse y perfeccionarse. A la derecha de la tabla se indican los ODS más vinculados a cada componente y los ejes estratégicos del PNDES a los cuales se articulan.

Valoraciones finales

Es importante que todos comprendamos que el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación son decisivos para el avance exitoso de nuestro programa de desarrollo. La lucha por el desarrollo, la independencia y la soberanía, como siempre insistió nuestro Comandante Fidel Castro exige la creación y movilización de capacidades de CTI. Esta debería ser una convicción compartida por todos: pueblo, Gobierno, empresarios, científicos, profesores, maestros, campesinos.

Junto a esto, hay que entender que el aprovechamiento de las capacidades de CTI no se da espontáneamente. Lograrlo exige superar estilos de pensamiento arcaicos; generar interacciones, sinergias; disponer de normas, regulaciones que apoyen los esfuerzos a favor de la innovación.

En todo ello, la gestión del Gobierno (socialista, eficiente, eficaz y de integración social, como se denomina el eje estratégico no.1 del PNDES) es fundamental.

El objetivo de este documento ha sido exponer brevemente cómo el SGGCI está concebido y cómo se viene implementando. Enriquecerlo puede ser una tarea a la que invito a todos.

Referencias bibliográficas

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miércoles, 17 de marzo de 2021

Política para la Agroecología en Cuba: Un aporte desde la ciencia

Por: Yaima Puig Meneses
17 marzo 2021 



El documento presentado en la provechosa jornada, reconoció el Presidente de la República en diálogo con los participantes, es resultado de ese primer encuentro. Foto: Estudios Revolución.




¿Cómo combinar agroecología con desarrollo social? ¿Cómo combinar la introducción de nuevas tecnologías, la modernidad, dentro de la agroecología? ¿Cómo concebir la mecanización de los procesos agroecológicos? Fueron algunas de las interrogantes que “puso sobre la mesa” el ingeniero Fernando Funes Monzote durante un nuevo intercambio del Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con un grupo de científicos y expertos que trabajan en función de la soberanía alimentaria y la educación nutricional en el país.

Ingeniero Agrónomo y Doctor en Ecología de la Producción y Conservación de Recursos, tras dedicarse por más de 20 años a la investigación y la docencia, decidió emprender, en la práctica, el camino de la agroecología y, desde el 2011, lidera el proyecto agroecológico familiar “Finca Marta”, un espacio en el cual contribuye a la transformación del sistema agroalimentario cubano desde una experiencia local.

Sus conocimientos no solo tienen sobrados basamentos científicos, sino también prácticos. De ahí la importancia de las reflexiones que compartió en el Palacio de la Revolución con los participantes en el intercambio, luego de ser presentada la propuesta de Política para la Agroecología en Cuba.

La agroecología –subrayó Funes Monzote- no está reñida con la mecanización, ni con la utilización de nuevas prácticas y métodos que van emergiendo, como los sistemas más eficientes del uso del agua, sino que “está reñida con el mal uso de la tecnología, con la degradación del medio ambiente y con los riesgos que traen nuevas tecnologías que nos imponen nuevos retos para transformar el medio rural”.

Y como pilar fundamental para su desarrollo tiene en cuenta, en primer lugar, la experiencia tradicional campesina, una fuente inagotable de conocimiento que no puede obviarse en el desarrollo de nuestra agricultura, valoró.  “La modernidad nos va a aportar muchas cosas, pero no la capacidad y la resiliencia que tiene el agricultor, demostrada en el devenir de los años.”

Una política para el futuro de la nación


Durante un nuevo intercambio del Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con un grupo de científicos y expertos que trabajan en función de la soberanía alimentaria. Foto: Estudio Revolución.




Justamente cómo llegar a una política para la agroecología en Cuba fue una de las principales problemáticas discutidas nueve meses atrás, cuando los expertos y científicos del sector fueron convocados por primera vez a este tipo de encuentros en el Palacio de la Revolución, para encontrar respuestas desde la ciencia y la innovación a los problemas de la agricultura en la producción de alimentos.

El documento presentado en la provechosa jornada, reconoció el Presidente de la República en diálogo con los participantes, es resultado de ese primer encuentro. “Con este sistema de trabajo estamos dando continuidad a los planteamientos y no se van quedando elementos por el camino”, subrayó.

“Este es un aporte importante, es uno de los caminos, aunque no es el único, por el cual podemos llegar a un estado diferente en la producción de alimentos para nuestra población”, reflexionó el Jefe de Estado durante el intercambio, que estuvo dirigido por la viceprimera ministra Inés María Chapman Waugh.

Si bien la propuesta debe ser sometida aún a un amplio proceso de debate dentro del sector, Díaz-Canel reconoció el trabajo que se ha realizado para llegar a esta primera versión, orientada, entre otras cosas, a la innovación dentro de la agroecología, un camino para también contribuir a resolver el complejo problema de la producción de alimentos en el país.

Precisamente en ese camino, según detalló el doctor Giraldo Martín Martín, perteneciente a la Estación Experimental de Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, la propuesta de política tiene entre sus principales objetivos el de contribuir al fomento de una agricultura sostenible en armonía con el medio ambiente.

El trabajo desde la agroecología no es nuevo en Cuba, acotó, es algo en lo que desde hace mucho tiempo se han ido consolidando acciones para enfrentar la problemática del acceso a insumos que son importantes para la producción agropecuaria.

El primer gran paso que se dio en esa dirección, recordó, fue iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien incentivó el desarrollo de los programas de medios biológicos y biofertilizantes, y otros como el de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar que ha sido atendido directamente por el General de Ejército Raúl Castro Ruz.

Son cuatro los temas estratégicos que se han priorizado en el Plan de Soberanía Alimentaria Nacional en lo referido a la agroecología: disminuir la dependencia de las importaciones de alimentos e insumos; garantizar la calidad e inocuidad y disminuir las pérdidas y desperdicios de alimentos; consolidar los sistemas alimentarios territoriales; así como movilizar los sistemas educacionales, de la cultura y de comunicación para fortalecer la educación nutricional.

Un documento profundo y a tono con los “tiempos que corren” da vida a esta propuesta de política que, según consideró el doctor en ciencias Sergio Rodríguez Morales, director general del Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales, es de inestimable valor.

Al presentar el dictamen del texto, señaló, entre otros aspectos, la pertinencia de que en él se recoja la necesidad del encadenamiento entre todas las alternativas y tecnologías que existen para la producción de alimentos, con un enfoque agroecológico y sostenible, sin agredir al medio ambiente.

Si bien es importante reconocer los resultados alcanzados con el uso de la agroecología como alternativa tecnológica, puntualizó, debe quedar claramente definida su convivencia con alternativas convencionales de producción, cada una adecuada a los diferentes escenarios productivos y ecosistemas existentes en el país.

Fincas donde se hace agroecología


Hacer desde la ciencia es también un reto para la agroecología en Cuba.



Acerca de mejores maneras de hacer en la agricultura; los beneficios que significa el empleo de esta tecnología para la producción de alimentos; el aprovechamiento de los suelos; la urgencia de incrementar la cultura agroecológica en la sociedad cubana y otros tantos temas, se dialogó profundamente por espacio de casi dos horas.

Fernando Donis Infante, productor de Matanzas, compartió la experiencia de su finca “Cayo Piedra”, cuyos suelos se dedicaron por más de 50 años al cultivo de la caña. Esa práctica provocó la existencia de tierras totalmente degradadas, que demostraron muy poca productividad cuando se comenzaron a sembrar cultivos varios en ellos.

Tras el propósito de cambiar esa realidad, recuerda, la agroecología fue fundamental y de ella aprendimos muchísimo. “Hoy los resultados son fenomenales, sin el empleo de químicos”, aseguró.

Esta no es una agricultura de subsistencia, subrayó, “es una agricultura de alto potencial productivo, a partir de la cual se pueden lograr altos rendimientos, mejorar nuestros suelos y abastecer de alimentos al país”.

En la finca La Luisa, ubicada en Batabanó, provincia de Mayabeque, donde años atrás solo había terreno pedregoso, hoy Pedro Romero Estévez dispone de suelos productivos que ha sido posible acondicionar mejor gracias a los conocimientos adquiridos del vínculo con diferentes centros de ciencia.

Uno de los mayores retos de la actualidad radica en poder transmitir a los productores la confianza de que con técnicas agroecológicas sí se pueden producir alimentos en Cuba; esta finca es ejemplo de ello.

La estrategia, necesariamente, es seguir haciendo agroecología en nuestro país, consideró.

Al referirse a estos temas, el Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, señaló que estas prácticas tienen que ser vistas como algo “súper necesario”, que darán respaldo a la producción de alimentos, y la soberanía alimentaria que estamos defendiendo, por lo que implica en lo económico y en lo social para el país.

Llevar exitosamente a la práctica las ideas y acciones que se han definido como parte de la propuesta de Política para la Agroecología en Cuba, es uno de los grandes retos que deja a partir de ahora este documento.

Tal y como dijera Fernando Funes Monzote en un momento de la jornada, el objetivo mayor es lograr que lo diseñado realmente tribute en beneficio del país, de la población cubana y de manera general al desarrollo de nuestro sistema agrícola.

Hacer desde la ciencia es también un reto para la agroecología en Cuba.

DE ACUERDO CON BENAVIDES Y +

Por Jorge Gómez Barata

Recientes declaraciones de altos funcionarios cubanos a cargo de las inversiones extranjeras acerca de la posibilidad de que emigrados cubanos puedan invertir en el país han movido las tintas. Al respecto Joaquín Benavides, ex ministro del trabajo, ha publicado un artículo que, en cuestión de horas ha sido comentado por media docena de destacados economistas cubanos.

El intercambio me ha hecho recordar que, en la Primera Conferencia Nación y Emigración en 1994, en la que, por razones de trabajo, estuve presente, el asunto fue presentado por los emigrados de un modo más global. La pregunta era entonces: ¿Pueden los emigrados cubanos participar en los procesos económicos nacionales?

La interrogante tenía “filo, contrafilo y punta”, entonces cuando no existía el sector privado y los cubanos en la Isla participaban en los procesos económicos como obreros, empleados o funcionarios, no en calidad de actores individuales, el fondo del debate era si los emigrados cubanos que, oficialmente seguían siendo ciudadanos cubanos y poseían pasaporte expedido por el estado cubano, “eran o no cubanos de segunda”

Al respecto hubo un interesante lance al indagarse si los emigrados podían participar además los procesos políticos, sociales y culturales y por ejemplo formar parte de organizaciones como la UNEAC, la UPEC, a lo cual Abel Prieto, que estaba presente, dio respuestas atinadas, de matriz aperturista y con la cuales pues, desde sus cargos en el estado y la UNEAC fue consecuente. La guinda del pastel fueron las reflexiones acerca de si los residentes en el extranjero en algún momento podrían votar en las elecciones.

Sobre el último asunto tomó la palabra Eusebio Leal (†), un prohombre que no necesita presentación, dijo más o menos (estoy acudiendo a la memoria) “Sueño con ver el día en que los cubanos residentes en el extranjero hagan fila para votar en los consulados cubanos…” Los aplausos no premiaron solo la belleza de las palabras sino sus esencias permeadas de un profundo humanismo y de un acendrado patriotismo.

Horas después tomó la palabra Ricardo Alarcón, que tampoco necesita presentación quien explicó que, en aquel momento, no era posible dar a los emigrados derecho al voto debido a que los procesos electorales se organizaban territorialmente, es decir los cubanos postulaban candidatos y elegían a delegados en las circunscripciones de los barrios en los cuales residían.

Un emigrado, colocó una “Pica en Flandes” al razonar: En la mañana Eusebio nos dio el derecho al voto y en la tarde Alarcón nos lo quitó… ¿Qué hacer y qué creer? Eusebio volvió usar de la palabra. “Ni Alarcón ni yo damos ni quitamos derechos… es la vida que fluye…” y desde su butaca, al lado de la mía Nicolás Ríos levantó la voz para declarar: “La verdad es mezcla…”

En cuanto al tema económico ocurrió algo análogo: A la pregunta de si los cubanos podían no invertir en Cuba, Carlos Lage dio una respuesta salomónica, que por cierto todavía esta esencialmente vigente. El entonces vicepresidente dijo: “Si, pueden hacerlo, siempre y cuando cumplan los requisitos de todos los demás inversionistas extranjeros que deben aportar capital, tecnología y mercado…” De ese modo cerró el juego, porque los emigrados hablaban de pequeños negocios y de empresas familiares, no de mega inversiones.

Yo que tuve responsabilidades en la promoción de aquellos debates buscaba otra cosa, la política. La idea era que alguno emigrados radicados en los Estados Unidos recibirá autorización legal* para invertir en Cuba y fundar un negocio, de modo que, al violar las leyes del bloqueo, podía ser procesado lo cual haría posible, por primera vez que una corte americana se examinara la legalidad del bloqueo.

En cualquier caso, Estados Unidos, defensor de la libre empresa y la propiedad privada seria colocado ante la paradoja de impedirle a sus ciudadanos que ejercieran tal derecho. Todavía me seduce la idea de confrontar a los Estados Unidos con los Estados Unidos.
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Dos anécdotas. Eddy Levy, lamentablemente invidente, propuso lo siguiente: “Permítanme regresar legalmente a Cuba, permítanme comprar una casa en Cuba donde fijaré mi residencia y comunicaré al organismo norteamericano competente que me remita mi pensión como jubilado y deshabilitado a esa dirección…”

Ese organismo, explicaba Eddy aludirá que no podía ser por el embargo, ante lo cual él acudiría a una corte americana. No creo ―dijo― que haya un juez en Estados Unidos que prohíba a un ciego americano vivir y recibir su pensión por deshabilitado donde le dé la gana…” Obviamente el plan no pudo realizarse.

Desde otra orilla, aunque sin mala fe, un emigrado realizó una profesión de fe: “Soy ciudadano americano y es lo que quiero ser , por tanto, esta discusión no me concierne. No obstante, parafraseando a Voltaire: Sin estar de acuerdo con mis coterráneos emigrados, haría todo por defender lo que creen que son sus derechos…”

A los argumentos de Joaquín Benavides con los cuales concuerdo añado que en sus esencias más profundas el asunto de las relaciones con la emigración trasciende con mucho, con muchísimo diría, las cuestiones económicas, de por sí sumamente complejas, y no son competencia de un ministerio, sino de la máxima dirección del país, especialmente del Partido que debe pronunciarse integralmente sobre tales asuntos, de la Asamblea Nacional a quien corresponde legislar y del Presidente de la República quien debe conducir un proceso que concierne al estado y a la nación en su conjunto.

Dos notas

1. Debido a que la Conferencia, de cierto modo era continuidad de los diálogos con la Comunidad Cubana en el Exterior de 1978, los organizadores utilizaban es término “diálogo” para referirse al evento. En cierta ocasión, Fidel sugirió: “No digan diálogo porque esa palabra sugiere “partes” y aquí no hay partes”. Todos entendieron que se trataba de un encuentro entre cubanos. La idea de que los cubanos radicados en ultramar sean considerados extranjeros es inaceptable. Tratarlos como “inversionistas extranjeros” no es resuelve el asunto, sino que lo enreda.

2. Por razones conocidas, antes de la existencia del estado de derecho en Cuba existía cierta discrecionalidad en la aplicación de la ley y podía considerarse “legal” una acción “autorizada administrativamente”. Sin embargo, los emigrados radicados en Estados Unidos insistían en que lo legal es lo que está amparado por leyes y no simplemente aquello que está autorizado.

Arribo de turistas a Cuba decrece en los dos primeros meses de 2021. Comentario HHC

 

En medio de la pandemia del nuevo coronavirus, el arribo de turistas a Cuba decreció en 95.5% durante los meses de enero y febrero en comparación con igual periodo del pasado año, afirmó este lunes el académico y profesor universitario José Luis Perelló en entrevista con la agencia china de noticias Xinhua.

“Durante los dos primeros meses de 2021 llegaron a la isla unos 35 600 viajeros internacionales, que representan el 4.5% de los 792 507 visitantes foráneos totalizados al cierre de febrero de 2020”, informó el especialista.

Perelló comentó que la reanimación del turismo en Cuba no solo dependerá del control de la pandemia a nivel doméstico, sino también del éxito en los procesos de vacunación en Canadá, España, Alemania, Inglaterra y Francia, principales mercados emisores de turistas hacia el país.

Puntualizó que la recuperación del sector aeronáutico, así como de los ingresos de los viajeros, es fundamental para la vuelta a la normalidad del turismo internacional tras “el duro golpe” provocado por la emergencia sanitaria.

“Las personas pudieran estar inmunizadas y no disponer de ingresos para viajar”, agregó.

El Ministerio de Turismo informó a inicios de 2021 que poco más de un millón de viajeros internacionales llegaron a Cuba el pasado año, cifra muy por debajo de los 4.5 millones que se esperaba antes de la aparición del SARS-CoV-2.

Cuba sobrepasó la cifra de un millón de turistas en 1996, y alcanzó récord de 4.7 millones de visitantes al cierre de 2017, en medio del incremento del bloqueo de Estados Unidos durante el primer año de la Administración Trump.

Antes de la detección de los primeros casos de COVID-19 en el país, la industria del turismo representaba más del 10% del producto interno bruto cubano..

(Con información de Canal Caribe)

Comentario HHC: Pues era previsible, teniendo en cuenta que el primer trimestre, temporada alta del turismo,  del 2020 , todavía no incidían en toda su magnitud  la pandemia.  Estoy esperando  por las estadísticas de Llegadas de Visitantes de Enero 2021 que sean publicadas por la ONEI, no porque desconfíe de las declaraciones del profesor Perelló,  sino porque no se aportan datos por países.

Hay que evaluar, la apertura de nuestras fronteras  en diciembre 2020- enero 2021 que provocó el tercer rebrote  de la covid 19 , y fue señalado por nuestras autoridades de origen externo  su causa., en lo fundamental ¿ Cuál fue el costo - beneficio de esa apertura?. 

Agricultura cubana apuesta por mejores maquinarias para la producción de arroz

REDACCIÓN ACN 17 MARZO 2021

Maquinarias para la producción de arroz

La Habana, 17 mar (ACN) En Cuba la producción de arroz es una tarea priorizada por su importancia para la dieta de la población, y para aumentar los niveles de disponibilidad del grano se ejecutan diversos programas de desarrollo que incluyen la importación y producción nacional de maquinarias.

Actualmente para abastecer al país de la cantidad necesaria de arroz se importan más de las dos terceras partes del total demandado, por lo regular de regiones muy lejanas.

La estrategia que se persigue es aumentar entonces las producciones nacionales, lo que garantizaría una mayor estabilidad y menores gastos, sin embargo, se requiere para ello una enorme cantidad de agua, en un país de escasos potenciales hidráulicos y con períodos de grandes sequías.

Arcadio Ríos Hernández, investigador titular del Instituto de Investigaciones de Ingeniería Agrícola (IAgric) explicó en una nota de prensa publicada en el sitio web del Ministerio de Agricultura (Minag) que, además, se precisan máquinas agrícolas, fertilizantes, secaderos, molinos, silos de almacenaje, insumos cada vez más caros en los mercados internacionales.

El Plan Estratégico del Desarrollo del Sector Agropecuario hasta 2030, elaborado por el Minag, prevé ampliar las áreas con características para la siembra de arroz e incrementar el proceso inversionista y de modernización de la cadena agroindustrial.

Asimismo, el Programa Integral de Desarrollo del Arroz, uno de los de mayor volumen de inversiones en la agricultura cubana, incluye la importación y producción nacional de una amplia gama de equipos en todo el proceso de producción del cereal.

El Programa, aprobado en 2011, incluye un monto de inversiones de 889,5 millones de dólares de presupuesto total para su ejecución, que está hasta el momento en más de un 85 por ciento.

Hoy se encuentran en etapa de introducción tractores de diversas potencias y portes, sembradoras y cosechadoras, que son de importación, hasta la producción nacional de gradas, fertilizadoras, niveladores de tierra, tractolvas, remolques, pipas y talleres móviles, informó el especialista.

También está previsto importar equipos para brigadas de transformación de campos, entre ellos, motoniveladoras, buldóceres y medios de nivelación láser.

La recuperación, modernización y construcción de los secaderos del grano, los molinos y los silos de almacenamiento, y el uso de la aviación agrícola destinada a labores de siembra, fertilización y aplicación de productos químicos y biológicos, son otras de las prioridades.

Como parte de este programa se modernizan los medios e instalaciones para el riego de las plantaciones arroceras, en respuesta también al interés del país de asegurar el cumplimiento de los programas de producción de arroz, frijol, maíz y otros granos que garanticen el incremento productivo, para contribuir a la reducción gradual de las importaciones de estos productos y aumentar el consumo.

La terminación de las inversiones que se realizan en la agricultura en general se encuentra entre las de mayor prioridad, no solo para reducir las importaciones de alimentos, sino también para sortear el impacto en la Isla de la crisis económica mundial generada por la COVID-19.

Política exterior de EEUU y salud en Nuestramérica

Por: Julio C. Gambina
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El nombre oficial es Estados Unidos de América, USA en inglés. En la jerga mundial se habla de “americanos” para referirse a los ciudadanos de ese país, por lo que José Martí acuñó la designación de “nuestra América” al territorio al sur del Río Bravo, diferenciando el estado de situación de la región americana hacia 1891. La aclaración viene a cuento de quienes se sorprenden por el uso del vocablo “Nuestramérica” o “nuestroamericano/a”, que distingue a la EEUU y a Canadá por un lado y a la América Latina y al Caribe por el otro bajo un apelativo que los unifica en un destino común: la patria grande.

La introducción tiene relación con una consideración generalmente aceptada e incluso inscrita en la política exterior estadounidense de considerar a toda la América como territorio propio y, por ende, sujeta a intromisión. Existe una larga historia de intromisión estadounidense, justificada desde la defensa de los intereses nacionales de ese país imperialista. En ese sentido me llamó la atención el reporte de salud 2020 del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EEUU[1]. Una curiosidad, en el sitio figura como “informe 2019” y al ingresar al documento, aparece el reporte citado con información sobre el 2020[2].

El documento tiene una introducción a cargo de Alex M. Azar II, el Secretario de Salud y Servicios Humanos del gobierno Trump. Entre muchos aspectos interesantes me concentro en el capítulo referido a la protección de la salud de los “americanos” en dónde vivan, estudien, trabajen (objetivo 2). En la página 49 del texto puede leerse que la Oficina de Asuntos Globales (OGA):

“utilizó las relaciones diplomáticas en la región de las Américas para mitigar los esfuerzos de los estados, incluidos Cuba, Venezuela y Rusia, que están trabajando para aumentar su influencia en la región en detrimento de la seguridad de Estados Unidos.”

Para ser enfáticos: la diplomacia estadounidense contrarrestó la iniciativa de otros Estados, especialmente Cuba, Venezuela y Rusia, los que afectan la “seguridad de EEUU”. Una grosería reconocida en un documento oficial de una agencia estadounidense. El mismo informe señala que la Oficina de Asuntos Globales (OGA) coordinó:

“con otras agencias gubernamentales de EE. UU. para fortalecer los lazos diplomáticos y ofrecer servicios técnicos y asistencia humanitaria para disuadir a los países de la región de aceptar ayuda de estos estados mal intencionados. Los ejemplos incluyen el uso de la oficina del Agregado de Salud de OGA para persuadir a Brasil de rechazar la vacuna rusa COVID-19 y ofrecer asistencia técnica a los CDC en lugar de que Panamá acepte una oferta de médicos cubanos.”

Más claro imposible. EEUU boicoteó el acceso de Brasil a la vacuna de origen ruso “Sputnik V”, siendo el país de la región más afectado y el segundo en todo el mundo (luego de EEUU) en cantidad de contagios (11.519.609) y muertes (2.665.749) por el COVID19.[3] La situación de colapso actual está asociado a la afinidad electiva entre la política de Donald Trump y de Jair Bolsonaro. Pero también se explicita la intervención para el rechazo de Panamá a la presencia solidaria de la Misión de Salud de personal cubano, tal como sí ocurrió en varios países, entre otros en Italia. Panamá acusa a la fecha, según la fuente citada 348.155 contagios y 6.005 fallecidos. Vale mencionar que la Misión sanitaria de Cuba está siendo candidata al Premio Nobel de la Paz por un conjunto de organizaciones y personalidades del mundo. Resulta interesante leer al respecto:

“El Consejo de Asuntos Hemisféricos (Council on Hemispheric Affairs, COHA) se complace en anunciar que ha postulado formalmente a la Brigada Médica Internacional Henry Reeve para el Premio Nobel de la Paz 2021, en una presentación formal entregada el pasado 22 de enero, al Comité del Premio Nobel en la ciudad de Estocolmo, Suecia. Por más de 40 años el COHA ha proporcionado un análisis ético y crítico de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, además de estudiar la cultura, políticas y programas sociales de Cuba. Desde sus primeros años, la Brigada Médica Internacional Henry Reeve, patrocinada por el gobierno de Cuba, ha brindado suministros médicos y cuidados de salud de alta calidad a cientos de miles de personas desfavorecidas y desatendidas a través del mundo. Los servicios que ha brindado incluyen tanto la prevención como el tratamiento. A través de la construcción de puentes de entendimiento entre diferentes países, independientemente de sus culturas e ideologías, el mensaje que ha enviado la Brigada Henry Reeve es de solidaridad y paz. Es en este sentido que la Brigada Henry Reeve representa lo mejor de la cooperación internacional por el bien de la humanidad.”[4]

En el mismo reporte del saliente Secretario de Salud de EEUU se lee el beneplácito por el restablecimiento de la cooperación con Bolivia durante el 2020 poniendo de manifiesto que ello contribuye a:

“Fortalecer los lazos en la región, lo que es importante para influir en los foros regionales y multilaterales, incluida la Organización Panamericana de la Salud. Mejorar las relaciones y la colaboración técnica también es importante para la seguridad sanitaria de Estados Unidos y aumentar la capacidad de Bolivia para prevenir, detectar y responder a brotes.”

No hay dudas de los intereses en juego para la política exterior de EEUU, especialmente en su manipulación en los organismos internacionales, caso de la OMS o la OPS. Respecto de la mención a Bolivia, resulta de interés recordar que en estos días fueron capturados para enjuiciamiento a las/os principales responsables del golpe de Estado en Bolivia de fines del 2019, los mismos que restablecieron esas relaciones destacadas por el funcionario de Trump en salud. Lo mejor para Nuestramérica, fuertemente afectada por el COVID19 y la dependencia capitalista es la consolidación de un proyecto de emancipación.

Buenos Aires, 16 de marzo de 2021

 



[1] Reporte anual 2020, en: https://www.hhs.gov/sites/default/files/2020-annual-report.pdf (consultado el 16/03/2021)

[2] Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU. (HHS), en: https://www.hhs.gov/about/index.html

[4] Council on Hemispheric Affairs, COHA. COHA tiene el honor de nominar a la Brigada Médica Internacional Henry Reeve para el Premio Nobel de la Paz 2021, en: https://www.coha.org/coha-tiene-el-honor-de-nominar-a-la-brigada-medica-internacional-henry-reeve-para-el-premio-nobel-de-la-paz-2021/

La estrategia cubana para desarrollar vacunas contra la COVID-19 (+Video)

 A más tardar en el mes de agosto se habrán fabricado las dosis requeridas para inmunizar a toda la población cubana

Un grupo de instituciones científicas cubanas diseña nuevos antígenos para vacunas contra las nuevas cepas del SARS-COV-2 que vienen apareciendo en el mundo, y para otras que podrían surgir. Foto: BioCubaFarma

Apenas unos meses después de haber aparecido en China la epidemia de la COVID-19 (diciembre de 2019),  la máxima dirección del país exhortó a los científicos cubanos a trabajar fuerte para tener soberanía en la creación de nuestras propias vacunas.

Se trataba, sin duda, del más grande reto enfrentado por la comunidad de investigadores de la Mayor de las Antillas, que aunó esfuerzos, creatividad, talento, perseverancia y consagración en el logro de tan anhelado objetivo.

Hoy, dicho empeño integrador muestra sus frutos con la existencia de cinco candidatos vacunales, lo cual convierte a Cuba en el país de Latinoamérica y el Caribe con mayor avance en el tema, además de ponerlo en condiciones de inmunizar a su población antes de finalizar 2021.

Como refiere a Granma el doctor en Ciencias Eduardo Martínez Díaz, presidente del grupo empresarial de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica (BioCubaFarma), la estrategia cubana de desarrollo de vacunas contra la COVID-19 se inspiró, desde el inicio, en la convicción del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz de que sí se puede, en el desafío lanzado por el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, de tratar de tenerlas en el menor tiempo posible, y en la capacidad de lucha y victoria de nuestro pueblo.

«La misma ha estado basada en cuatro pilares fundamentales: el alto nivel alcanzado por la Industria Biofarmacéutica, con gran experiencia en la investigación y producción de vacunas; la fortaleza del sistema nacional de Salud Pública, disponer de científicos y tecnólogos experimentados, comprometidos con la Patria y la Revolución, y la unidad e integración que han caracterizado a todo el proceso».

Concebida en equipo, la estrategia fue conciliada con el Ministerio de Salud Pública y acompañada por las más altas autoridades del Estado y del Partido. Tuvo, como paso inicial, la convocatoria a las instituciones que atesoran larga

experiencia en la producción de vacunas, principalmente el Instituto Finlay de Vacunas y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, precisó el doctor Martínez Díaz.

«Adoptamos un sistema de trabajo donde, de forma sistemática, el personal involucrado compartía ideas, se socializaban los conocimientos adquiridos de las informaciones públicas y las experiencias propias, todo en el marco del Consejo Científico de BioCubaFarma, y articulado con el Grupo Técnico Nacional para la lucha contra la COVID-19».

En un inicio, aseveró, llegamos a tener en ideas y diseños más de 40 posibles variantes de candidatos vacunales, a partir de que se concibieron diferentes antígenos con distintas fuentes de obtención y diversas formulaciones.

Sin excepción, la totalidad de ellos estaba basada en plataformas tecnológicas presentes en nuestras instituciones, puntualizó el Presidente de BioCubaFarma.

«Tras culminar los análisis teóricos y las evaluaciones de los resultados prácticos observados, fuimos reduciendo la relación y concentrando los esfuerzos en aquellas más viables. Definimos que el antígeno para utilizar en nuestras vacunas sería el Dominio de Unión al Receptor (rbd, por su sigla en inglés) de la proteína de la superficie del virus (proteína s o espiga)».

Luego decidimos obtener el referido antígeno de dos fuentes diferentes (células de mamíferos y células de levaduras), y se diseñaron varias formulaciones, utilizando diferentes concentraciones del antígeno. Igualmente, concebimos también distintos esquemas de inmunización y dos rutas de administración, intramuscular y nasal, afirmó.

«Así surgieron nuestros cinco candidatos vacunales Soberana 01, Soberana 02, Soberana Plus, Abdala y Mambisa, que pasaron a ser evaluados en los estudios clínicos en humanos».

Hasta la fecha, los resultados son positivos, en particular en los casos de Soberana 02 (se encuentra en la fase iii de ensayo clínico) y Abdala, que esperamos pasen a la etapa final de evaluación en los próximos días. Ambos candidatos vacunales son muy seguros y solo han sido reportados eventos adversos leves, al tiempo que inducen una elevada respuesta inmunológica, generando anticuerpos que neutralizan la entrada del virus a las células, precisó nuestro interlocutor.

Indicó que, a medida que se fueron perfilando las diferentes variantes de vacunas, se fueron estructurando los sistemas productivos de modo tal que, una vez demostrada la seguridad y eficacia, pudiéramos disponer de millones de dosis.

Las cuatro vacunas de la soberanía protegerán a este pueblo digno y gigante, del cual son sus legítimas hijas. Foto: BioCubaFarma

«Estos son específicos de cada vacuna, es decir, no compiten entre sí, y las capacidades con que contamos son significativas. A más tardar, en el mes de agosto habremos fabricado las dosis requeridas para inmunizar a toda nuestra población, y luego seguiremos produciéndolas, a fin de suministrarlas a otros países amigos», acotó.

Señaló que, paralelamente al trabajo desarrollado, Cuba viene colaborando con un grupo de naciones a las cuales nos une una tradición de trabajo conjunto en el sector de la biotecnología, a fin de valorar la posibilidad de realizar estudios clínicos de nuestros candidatos vacunales, establecer alianzas productivas y buscar vacunas universales contra los coronavirus, entre otros temas.

«Dentro de la estrategia, hemos tenido en cuenta también la aparición de nuevas variantes del virus, por eso un grupo de investigadores del Instituto de Medicina Tropical (IPK) Pedro Kourí, de la Universidad de Ciencias Informáticas (uci) y de BioCubaFarma, estudian y modelan las nuevas mutaciones que vienen apareciendo en el mundo, y otras que podrían surgir».

Lo anterior puede afectar la capacidad de neutralización de los anticuerpos inducidos por las vacunas actuales, de ahí nuestro propósito de diseñar nuevos antígenos para vacunas contra las nuevas cepas del SARS-COV-2. En estos momentos, ya hemos desarrollado algunos que contienen las mutaciones presentes en las variantes detectadas en distintos países, subrayó.

Para el doctor Eduardo Martínez Díaz, la integración ha sido clave en la rápida obtención de tan importantes resultados. «No hemos podido disponer de grandes recursos financieros y, debido al férreo bloqueo económico de ee. uu., varios proveedores nos negaron el suministro de materiales y equipos», denunció.

«Sin esos obstáculos, hubiéramos avanzado aún más rápido, la fuerza y empuje con la que se ha trabajado ha sido muy grande. Estamos seguros de que vamos a llegar a la meta, es la fuerza de un país dispuesto a seguir resistiendo y venciendo», concluyó.