Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 13 de junio de 2021

Fragmentos del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto central por el XX Aniversario de la caída en combate del comandante Ernesto Che Guevara,

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto central por el XX Aniversario de la caída en combate del comandante Ernesto Che Guevara, efectuado en la ciudad de Pinar del Río, el 8 de octubre de 1987, "Año 29 de la Revolución".

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

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" Y como una prueba de lo que anteriormente decía acerca de la presencia y vigencia del Che, yo podría preguntar: ¿Habría un momento más oportuno para recordar al Che con toda la fuerza, con el más profundo sentimiento de reconocimiento y de gratitud que una fecha como esta, un aniversario como este? ¿Habría algún momento mejor que este, en pleno proceso de rectificación?

¿Y qué estamos rectificando? Estamos rectificando precisamente todas aquellas cosas —y son muchas— que se apartaron del espíritu revolucionario, de la creación revolucionaria, de la virtud revolucionaria, del esfuerzo revolucionario, de la responsabilidad Revolucionaria que se apartaron del espíritu de solidaridad entre los hombres. Estamos rectificando todo tipo de chapuceras y de mediocridades que eran precisamente la negación de las ideas del Che, del pensamiento revolucionario del Che, del estilo del Che, del espíritu del Che y del ejemplo del Che.

Creo, realmente, lo digo con toda satisfacción, que si el Che estuviera sentado aquí en esta silla, se sentiría, realmente, jubiloso, se sentiría feliz de lo que estamos haciendo en estos tiempos; como se habría sentido muy desgraciado en ese período incierto, en ese período bochornoso en que aquí empezaron a prevalecer una serie de criterios, de mecanismos y de vicios en la construcción del socialismo, que habrían constituido motivo de profunda, de terrible amargura para el Che (Aplausos).

Por ejemplo, el trabajo voluntario, que fue una creación del Che, y una de las mejores cosas que nos legó en su paso por nuestra patria y en su participación en nuestra Revolución, decaía cada vez más y más; ya era casi un formalismo, en ocasión de una fecha tal y más cual, un domingo, un correcorre en ocasiones para hacer cosas desorganizadas, y prevalecía cada vez más el criterio burocrático, el criterio tecnocrático de que el trabajo voluntario no era cosa fundamental ni esencial; la idea, prácticamente, de que el trabajo voluntario fuera una especie de tontería y perdedera del tiempo, que los problemas había que resolverlos con horas extras, con más y más horas extras, mientras ni siquiera se aprovechaba de una forma correcta la jornada laboral; ya habíamos caído en el pantano del burocratismo, de las plantillas infladas, de las normas anacrónicas, de la trampa, de la mentira; habíamos caído en un montón de vicios que, realmente, habrían horrorizado al Che, porque si al Che le hubiesen dicho que algún día en la Revolución Cubana iban a existir unas empresas que por ser rentables robaban, se habría horrorizado; que unas empresas que por ser rentables y repartir premios, no sé cuántas cosas, y primas, vendían los materiales con que tenían que construir y los cobraban como si hubieran construido, el Che se habría horrorizado. Y les digo que eso pasó en los 15 municipios de la capital de la república, con las 15 empresas de mantenimiento de la vivienda, para citar solo algunas. Aparecían produciendo 8 000 pesos al año, y cuando se acabó el relajo y se puso fin a todo eso, aparecían produciendo 4 000 o menos, entonces ya no eran rentables; eran rentables solo robando.

Si al Che le hubieran dicho que aparecerían unas empresas en que, para cumplir y sobrecumplir fraudulentamente el plan, asignaban al mes de diciembre la producción del mes de enero, el Che se habría horrorizado.

Si al Che le hubieran dicho que había unas empresas que cumplían el plan y repartían premios por cumplir el plan en valores, pero no en surtido, y que se dedicaban a hacer las cosas que les daban más valores y no hacían aquellas que les daban menor ganancia, aunque unas sin otras no sirvieran para nada, el Che se habría horrorizado.

Si al Che le hubieran dicho que iban a aparecer unas normas tan flojas, tan blandengues y tan inmorales que, en ciertas ocasiones, la totalidad casi de los trabajadores las cumplían dos veces y tres veces, el Che se habría horrorizado.

Si le hubieran dicho que el dinero se iba a empezar a convertir en el instrumento principal, la fundamental motivación del hombre, él, que tanto advirtió contra eso, se habría horrorizado; que las jornadas no se cumplían y aparecían los millones de horas extras; que la mentalidad de nuestros trabajadores se estaba corrompiendo, y que los hombres iban teniendo cada vez más un signo de peso en el cerebro, el Che se habría horrorizado, porque él sabía que por esos caminos tan trillados del capitalismo no se podía marchar hacia el comunismo, que por esos caminos un día habría que olvidar toda idea de solidaridad humana e incluso de internacionalismo; que por aquellos caminos no se marcharía jamás hacia un hombre y una sociedad nuevos.

Si al Che le hubieran dicho que un día se pagarían primas y más primas, y primas de todas clases, sin que aquello tuviera nada que ver con la producción, el Che se habría horrorizado.

Si hubiese visto un día un conjunto de empresas, plagadas de capitalistas de pacotilla —como les llamamos nosotros—, que se ponen a jugar con el capitalismo, que empiezan a razonar y a actuar como capitalistas, olvidándose del país, olvidándose del pueblo, olvidándose de la calidad, porque la calidad no importaba para nada, sino el montón de dinero que ganara con aquella vinculación; y que un día se iba a vincular no ya solo el trabajo manual, que tiene cierta lógica, como cortar caña y otras numerosas actividades manuales y físicas, sino que hasta el trabajo intelectual se iba a vincular; que hasta los trabajadores de la radio y la televisión iban a terminar vinculados, y que aquí terminaría por ese camino hasta el cirujano vinculado, sacándole tripas a cualquiera para ganar el doble y el triple, digo la verdad, el Che se habría horrorizado, porque esos caminos no conducirán jamás al comunismo, esos caminos conducen a todos los vicios y a todas las enajenaciones del capitalismo.

Esos caminos —repito—, y el Che lo sabía muy bien, no conducirían jamás a la construcción de un verdadero socialismo, como etapa previa y de tránsito hacia el comunismo.

Pero no se imaginen al Che una persona ilusa, una persona idealista, una persona desconocedora de las realidades; el Che comprendía y tomaba en cuenta las realidades. Pero el Che creía en el hombre, y si no se cree en el hombre, si se piensa que el hombre es un animalito incorregible, capaz de caminar solo si le ponen hierba delante, si le ponen una zanahoria o le dan con un garrote, quien así piense, quien así crea, no será jamás revolucionario; quien así piense, quien así crea, no será jamás socialista; quien así piense, quien así crea, no será jamás comunista (Aplausos).

Y nuestra propia Revolución es un ejemplo de lo que significa la fe en el hombre, porque nuestra propia Revolución surge de cero, surge de la nada; no se tenía un arma, no se tenía un centavo, no eran siquiera conocidos los hombres que empezaron aquella lucha, y frente a todo aquel poderío, frente a los cientos de millones de pesos, frente a las decenas de miles de soldados, porque nosotros creíamos en el hombre, la Revolución fue posible. No solo fue posible la victoria, fue posible enfrentarse al imperio, llegar hasta aquí y estar acercándose la Revolución al 29 aniversario de su triunfo. ¿Cómo podía haber sido posible esto sin la fe en el hombre?

Y el Che tenía una gran fe en el hombre. A la vez que era realista, el Che no rechazaba los estímulos materiales, los consideraba necesarios en la etapa de tránsito, en la construcción del socialismo; pero el Che le daba un peso importante, y cada vez mayor, al factor conciencia, al factor moral.

Sería, sin embargo, una caricatura del Che imaginarse que no era realista y no conocía las realidades de la sociedad y del hombre recién surgido del seno del capitalismo; pero al Che se le conoce fundamentalmente como hombre de acción, como soldado, como jefe, como militar, como guerrillero, como individuo ejemplar, que era primero en todo, que nunca les pedía a los demás algo que no fuera capaz de hacer él primero; como modelo de hombre virtuoso, honrado, puro, valiente, solidario, todo ese conjunto de virtudes por las cuales lo recordamos y lo conocemos.

El Che era un hombre de pensamiento muy profundo, y el Che tuvo una excepcional posibilidad durante los primeros años de la Revolución de profundizar en aspectos muy importantes de la construcción del socialismo, porque, por sus cualidades cada vez que hacía falta un hombre para un cargo importante, ahí estaba el Che; era, realmente, multifacético, y cualquier tarea que se le asignara la cumplía con una seriedad y una responsabilidad total.

Estuvo en el INRA, al frente de unas pocas industrias a cargo de esa institución, cuando todavía no se habían nacionalizado las industrias fundamentales y solo había un grupo de fábricas intervenidas; estuvo en el Banco Nacional, otras de las responsabilidades que desempeñó, y estuvo al frente del ministerio de Industrias, cuando se creó este organismo; se habían nacionalizado ya casi todas las fábricas, había que organizar todo aquello, había que mantener la producción, y el Che se vio ante aquella tarea, como se vio ante otras muchas, la tomó con una consagración total, le dedicaba día, noche, sábado y domingo, todas las horas y se propuso realmente resolver trascendentes problemas. Fue cuando se enfrentó a la tarea de aplicar a la organización de la producción los principios del marxismo-leninismo, tal como él lo entendía, tal como él lo veía. Estuvo años en eso, habló mucho, escribió mucho sobre todos aquellos temas y realmente llegó a desarrollar una teoría bastante elaborada y muy profunda sobre la forma en que, a su juicio, se debía construir el socialismo y marchar hacia la sociedad comunista.

Recientemente se hizo una compilación de todas estas ideas y un economista escribió una obra por la cual recibió un premio en la Casa de las Américas, que tiene el mérito de haber recopilado, estudiado y presentado en un libro la esencia de las ideas económicas del Che, recogidas de muchos de sus materiales hablados o escritos, de artículos y discursos sobre cuestión tan decisiva para la construcción del socialismo. La obra se titula "El pensamiento económico del Che". Es tal el espacio que se ha destinado a recordar otras cualidades, que ese aspecto —pienso yo— es bastante ignorado en nuestro país. Y Che tenía ideas verdaderamente profundas, valientes, audaces, que se apartaban de muchos caminos trillados.

Pero en esencia, ¡en esencia!, el Che era radicalmente opuesto a utilizar y desarrollar las leyes y las categorías económicas del capitalismo en la construcción del socialismo; y planteaba algo en que hemos insistido muchas veces, que la construcción del socialismo y del comunismo no es solo una cuestión de producir riquezas y distribuir riquezas, sino es también una cuestión de educación y de conciencia. Era terminantemente opuesto al uso de esas categorías que han sido trasladadas del capitalismo al socialismo, como instrumentos de la construcción de la nueva sociedad.

Algunas ideas del Che en cierto momento fueron mal interpretadas, e incluso mal aplicadas. Ciertamente nunca se intentó llevarlas seriamente a la práctica, y en determinado momento se fueron imponiendo ideas que eran diametralmente opuestas al pensamiento económico del Che.

No es esta la ocasión de profundizar sobre el tema; me interesa esencialmente, expresar una idea: hoy, en este XX Aniversario de la muerte del Che; hoy, en medio del profundo proceso de rectificación en que estamos enfrascados, y comprendiendo cabalmente que rectificación no significa extremismo, que rectificación no puede significar idealismo; que rectificación no puede implicar, bajo ningún concepto, falta de realismo; que rectificación, incluso, no puede implicar cambios abruptos. Partiendo de que rectificación significa —como he dicho— buscar soluciones nuevas a problemas viejos, rectificar muchas tendencias negativas que venían desarrollándose; que rectificación implica hacer un uso más correcto del sistema y los mecanismos con que contamos ahora, un sistema de dirección y planificación de la economía que, como decíamos en la reunión con las empresas, era un caballo, un penco, cojo, con muchas mataduras, y que estábamos untándole mercuro cromo, recetándole medicinas, entablillándole una pata, arreglando, en fin, el penco, arreglando el caballo, lo que procedía ahora era seguir con ese caballo, sabiendo los vicios del caballo, los peligros del caballo, las patadas del caballo, los corcoveos del caballo, y tratar de llevar ese caballo por nuestro camino y no que vayamos por donde quiera marchar el caballo. Hemos planteado: ¡Tomemos las riendas! (Aplausos.)

Estas cosas son muy serias, muy complicadas, y en esto no se puede estar dando bandazos, ni se pueden realizar aventuras de ninguna clase. De algo vale la experiencia de tantos años, que unos cuantos de nosotros tenemos el privilegio de haber vivido en un proceso revolucionario. Y por eso ahora decimos: no se puede estar cumpliendo el plan en valores, hay que cumplir el plan en surtidos. ¡Lo exigimos terminantemente, y el que no lo cumpla vuela de donde esté, porque no tiene otra alternativa! (Aplausos.) Decimos: las obras hay que empezarlas y terminarlas rápido, que no vuelva jamás a suceder lo que nos pasó a causa de los resabios del penco: aquello de que se hacían movimientos de tierra y se ponían unas columnas porque valía mucho, y jamás se terminaba un edificio porque valía poco; aquellas tendencias a decir "cumplí en valores, pero no terminé una sola obra", con lo cual hemos estado enterrando cientos de millones, miles de millones, y no se terminaba nada. ¡Catorce años para construir un hotel!; 14 años enterrando cabillas, arena, piedra, cemento, goma, combustible, fuerza de trabajo, antes de que entrara un solo centavo en el país por la utilización del hotel. iOnce años en terminar nuestro hospital aquí en Pinar del Río!; es verdad que al fin se terminó, y se terminó con calidad, pero cosas de ese tipo no deben volver a ocurrir jamás.

Las microbrigadas, que fueron destruidas en nombre de tales mecanismos, están surgiendo de sus cenizas como el ave Fénix y demostrando lo que significa ese movimiento de masas, lo que significa ese camino revolucionario de resolver problemas que los teóricos, los tecnócratas, los que no creen en el hombre y los que creen en los métodos del mercachiflismo, habían frenado y habían desbaratado. Así iban conduciéndonos a situaciones críticas, y en la capital, donde surgieron una vez —porque duele pensar que hace más de 15 años se había encontrado una excelente solución a un vital problema— en pleno apogeo fueron destruidas. Así, no había ya ni fuerza para construir viviendas en la capital; los problemas acumulándose, decenas de miles de viviendas apuntaladas y con riesgo de derrumbarse y sacrificar vidas.

Ahora resurgieron las microbrigadas, hay ya más de 20 000 microbrigadistas en la capital, y no están en contradicción con el penco, no están en contradicción con el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, sencillamente porque la fábrica o centro de trabajo que los envió les paga, pero el Estado le reintegra a la fábrica o al centro de trabajo en cuestión lo que paga por ese salario del microbrigadista; solo que el microbrigadista allí trabajaba cinco o seis horas y aquí trabaja 10, 11 y 12 horas, trabaja por dos hombres, trabaja por tres hombres, y la empresa ahorra. Nuestro capitalista de pacotilla no puede decir que le están arruinando su empresa; puede decir, por el contrario: "están ayudando a la empresa, estoy haciendo la producción con 30, 40, 50 hombres menos, gasto menos salario"; puede decir: "voy a ser rentable, o voy a ser menos irrentable; voy a repartir más premios y primas, puesto que ahora reduzco el gasto en salario". Racionaliza, consigue viviendas para el colectivo de los trabajadores y el trabajador está más satisfecho porque tiene ya la vivienda; construye obras sociales, escuelas especiales, policlínicos, círculos infantiles para los hijos de las mujeres trabajadoras, para la familia; en fin, tantas cosas extraordinariamente útiles como se están haciendo hoy, y el Estado impulsa todas esas obras sin gastar un centavo más en salario. ¡Esos sí son milagros!

Podría preguntarles a los mercachifleros, a los capitalistas de pacotilla, a los que tienen fe ciega en los mecanismos y en las categorías del capitalismo: ¿Podrían ustedes obrar ese milagro? ¿Podrían ustedes llegar a construir 20 000 viviendas en la capital sin un centavo más de salario? ¿Podrían construir 50 círculos en un año sin un centavo más de salario?, cuando antes había planificado solo cinco y en el quinquenio y no se construían, y cuando 19 500 madres esperaban por el círculo, que no se sabe cuándo llegaría, porque al ritmo en que se alcanzaría esa capacidad de matrícula, ¡necesitaríamos 100 años!, fecha para la cual se habrían muerto hace rato, y por suerte, todos los tecnócratas, capitalistas de pacotilla y burócratas que obstruyen la construcción del socialismo (Aplausos); se habrían muerto, el círculo número 100 no lo habrían conocido jamás. Los trabajadores de la capital, en dos años, van a tener los 100 círculos; y los trabajadores de toda la isla, en tres años, van a tener los trescientos y tantos que necesitan, y van a elevar la capacidad de matrícula en los círculos a 70 000 u 80 000 fácilmente, sencillamente, sin gastar un centavo más de salario, sin importar fuerza de trabajo; porque a ese paso, con las plantillas infladas por todas partes, terminaban trayendo fuerza de trabajo de Jamaica, de Haití, de algunas islas del Caribe, de algún lugar del mundo; a eso era adonde único podían parar.

Hoy se demuestra que en la capital se podrían movilizar uno de cada ocho trabajadores, estoy seguro; sería innecesario, porque no habría suficiente material para darles tareas a 100 000 habaneros trabajando, y trabajando cada uno como tres. Estamos viendo ya ejemplos impresionantes de proezas de trabajo, y eso se logra con métodos de masa, con métodos revolucionarios, con métodos comunistas, combinando el interés de las personas que tienen necesidades con el interés de las fábricas y con el interés de toda la sociedad.

No quiero convertirme en juez de las diversas teorías, aunque tengo mis teorías, y sé las cosas en que creo y en las que no creo ni puedo creer. En el mundo se discuten hoy mucho estas cuestiones. Yo solo pido modestamente, en medio de este proceso de rectificación, en medio de este proceso y de esta lucha —en que vamos a seguir como les explicábamos: con el penco, mientras el penco camine, si camina, y mientras no podamos echar a un lado el penco y sustituirlo por un caballo mejor, pues pienso que nada es bueno si se hace con precipitación, sin análisis y meditación profunda—, yo lo que pido modestamente, en este XX Aniversario, es que el pensamiento económico del Che se conozca (Aplausos); se conozca aquí, se conozca en América Latina, se conozca en el mundo: en el mundo capitalista desarrollado, en el Tercer Mundo, y en el mundo socialista, ¡que también se conozca allí!, que del mismo modo que nosotros leemos muchos textos de todas clases y muchos manuales, también en el campo socialista se conozca el pensamiento económico del Che. ¡Que se conozca! (Aplausos.) No digo que se adopte, nosotros no tenemos que inmiscuirnos en eso; cada cual debe adoptar el pensamiento, la teoría, la tesis que considere más adecuada, la que más le convenga, a juicio de cada país. ¡Respeto de manera absoluta el derecho de cada cual a aplicar el método o el sistema que considere conveniente, lo respeto de manera cabal! Pido, simplemente, que en un país culto, en un mundo culto, en un mundo donde las ideas se debaten, el pensamiento económico del Che se conozca (Aplausos). En especial que nuestros estudiantes de economía, de los que tenemos tantos y que leen toda clase de folletos, de manuales, de teorías, de categorías capitalistas y de leyes capitalistas, se dignen, para enriquecer su cultura, conocer el pensamiento económico del Che.

Porque sería una incultura creer que hay un solo modo de hacer las cosas y que tiene que ser ese solo modo, surgido de la práctica concreta en determinado tiempo y circunstancias históricas; lo que pido, lo que me limito a pedir es un poco de más cultura, consistente en conocer otros puntos de vista, puntos de vista tan respetados, tan dignos y tan coherentes como los puntos de vista del Che (Aplausos).

No concibo que nuestros futuros economistas, que nuestras futuras generaciones actúen, y vivan y se desarrollen como otra especie de animalito, en este caso el mulo, que tiene solo las orejeras que le ponen delante para que no pueda mirar a los lados; mulo, además, con la hierba y la zanahoria delante como única motivación, sino que lean, que no se intoxiquen solo de determinadas ideas, sino que vean otras ideas, analicen y mediten.

Porque si estuviéramos conversando con el Che y le dijéramos: "Mira, nos ha pasado todo esto" —todas esas cosas que yo estuve reflejando anteriormente, qué nos pasó con las construcciones, en la agricultura y en la industria, con los surtidos, con la calidad, con todo eso—, el Che habría dicho: "yo lo dije, ¡yo lo dije!"; el Che habría dicho: "yo lo advertí, les está pasando precisamente lo que yo creía que les iba a pasar", porque así ha sido, sencillamente (Aplausos).

Quiero que nuestro pueblo sea un pueblo de ideas, de nociones, de conceptos; que analice esas ideas, las medite; si quiere, las discuta. Considero que estas son cosas esenciales.

Puede haber algunas de las ideas del Che muy asociadas al momento inicial de la Revolución, como la relacionada con su criterio de que cuando se sobrecumplía una norma, el salario no sobrepasara los ingresos que le correspondería a la escala inmediata superior, porque él quería que el trabajador estudiara, y él asociaba su concepción a la idea de que la gente entonces con muy bajos niveles culturales y técnicos, se superara. Hoy tenemos un pueblo mucho más preparado, más culto. Se podría discutir si debe ser igual a la escala superior, o a mayores escalas; se podrían discutir aspectos y cuestiones que se asocien más a nuestras realidades de un pueblo mucho más culto, de un pueblo con mucha mejor preparación técnica, aun cuando no se debe renunciar jamás a la idea de una constante superación cultural y técnica.

Pero hay muchas ideas del Che que son de una vigencia absoluta y total, ideas sin las cuales estoy convencido de que no se puede construir el comunismo, como aquella idea de que el hombre no debe ser corrompido, de que el hombre no debe ser enajenado, aquella idea de que sin la conciencia, y solo produciendo riquezas, no se podrá construir el socialismo como sociedad superior y no se podrá construir jamás el comunismo (Aplausos).

Pienso que muchas de las ideas del Che, ¡muchas de las ideas del Che!, tienen una gran vigencia; si hubiéramos conocido, si conociéramos el pensamiento económico del Che, estaríamos cien veces más alertas, incluso, para conducir el caballo, y cuando el caballo quiera torcer a la derecha o a la izquierda, donde quiera torcer el caballo —aunque, sin duda, en este caso se trataba de un caballo derechista—, darle un buen halón de freno al caballo y situarlo en su camino, y cuando el caballo no quiera caminar, darle un buen espuelazo (Aplausos).

Creo que un jinete, vale decir un economista, vale decir un cuadro del Partido, vale decir un cuadro administrativo armado de las ideas del Che, sería más capaz de conducir el caballo por el camino correcto.

El solo conocimiento de su pensamiento, el solo conocimiento de sus ideas, le permitiría poder decir: voy mal por aquí, voy mal por allá, esto es una consecuencia de esto, una consecuencia de lo otro, en tanto el sistema y los mecanismos para construir el socialismo y el comunismo realmente se desarrollen, realmente se perfeccionen, y lo digo, porque tengo la más profunda convicción de que si se ignora ese pensamiento difícilmente se pueda llegar muy lejos, difícilmente se pueda llegar al socialismo verdadero, al socialismo verdaderamente revolucionario, al socialismo con socialistas, al socialismo y al comunismo con comunistas. Estoy absolutamente convencido de que ignorar esas ideas sería un crimen, eso es lo que nosotros planteamos.

Tenemos suficiente experiencia para saber cómo hacer las cosas, y en las ideas del Che, en el pensamiento del Che hay principios valiosísimos, de un valor inmenso, que rebasan simplemente ese marco que muchos puedan tener de la imagen del Che como un hombre valiente, heroico, puro; del Che como un santo por sus virtudes, y un mártir por su desinterés y heroísmo, sino del Che como revolucionario, del Che como pensador, del Che como hombre de doctrina, como hombre de grandes ideas que con una gran consecuencia fue capaz de elaborar instrumentos, principios que, sin duda, son esenciales en el camino revolucionario.

Los capitalistas se sienten muy felices cuando se les empieza a hablar de renta, de ganancia, de interés, de primas, de superprimas; cuando se les empieza a hablar de mercados, de oferta y de demanda, como elementos reguladores de la producción y promotores de la calidad, la eficiencia y todas esas cosas, porque dicen: eso es lo mío, esa es mi filosofía, esa es mi doctrina, y son felices del énfasis que el socialismo pueda poner en ello, porque saben que son aspectos esenciales de la teoría, de las leyes y de las categorías del capitalismo. A nosotros mismos nos critican unos cuantos capitalistas; tratan de hacer pensar que no hay realismo en los revolucionarios cubanos, que hay que irse detrás de todos los señuelos del capitalismo y nos enfilan por ello los cañones, pero ya veremos adónde llegamos, incluso, con el penco lleno de mataduras; pero bien conducido el penco, mientras no tengamos nada mejor que el penco; veremos adónde llegamos en este proceso de rectificación con los pasos que estamos dando hoy.

Y por eso, en este XX Aniversario, es que hago una apelación a nuestros militantes, a nuestros jóvenes, a nuestros estudiantes, a nuestros economistas, para que estudien y conozcan el pensamiento político y el pensamiento económico del Che.

El Che es una figura de un prestigio enorme; el Che es una figura que tendrá una ascendencia cada vez mayor. ¡Ah!, y, desde luego, los frustrados y los que se atreven a combatir las ideas del Che, o a utilizar determinados calificativos con el Che, o a presentarlo como un iluso, como alguien irreal, no merecen el respeto de los revolucionarios; por eso es que nosotros queremos que nuestros jóvenes tengan ese instrumento, tengan esa arma en la mano, aunque no fuera por ahora más que para decir: no siga este camino errado previsto por el Che; aunque no fuera más que para enriquecer nuestra cultura; aunque no fuera más que para obligarnos a meditar; aunque no fuera más que para profundizar en nuestro pensamiento revolucionario.

Creo, sinceramente, que más que el acto, más que las cosas formales, más que los honores, lo que estamos haciendo con los hechos es realmente el mejor homenaje que podemos rendirle al Che. Este espíritu de trabajo que se empieza a ver en tantas partes y del cual esta provincia tiene numerosos ejemplos; esos trabajadores que allá en Viñales, trabajan 12 y 14 horas, haciendo micropresas, empezándolas y terminándolas unas detrás de otras, y haciéndolas con un gasto equivalente a la mitad de su valor, con lo cual pudiera hablarse de que en comparación con otras obras, si fuéramos a utilizar un término capitalista, aunque el Che era opuesto, incluso, al uso de terminología capitalista para analizar las cuestiones del socialismo, si fuéramos a usar el término de rentabilidad, podríamos decir que aquellos hombres de la brigada de construcción de micropresas que están en Viñales tienen más de un ciento por ciento de rentabilidad, ¡más de un ciento por ciento de rentabilidad! (Aplausos.)

¡Ah!, porque algo a lo que el Che le prestó una atención absoluta, total, preeminente, fue a la contabilidad, al análisis de los gastos, al análisis de los costos, centavo a centavo. Che no concebía la construcción del socialismo y el manejo de la economía, sin la organización adecuada, el control eficiente y la contabilidad estricta de cada centavo. Che no concebía el desarrollo sin la elevación de la productividad del trabajo. Che, incluso, estudiaba matemática para aplicar fórmulas matemáticas al control de la economía y fórmulas matemáticas para medir la eficiencia de la economía. Che, algo más, soñó con la computación aplicada al manejo de la economía, como cosa esencial, fundamental, decisiva, para medir la eficiencia en el socialismo.

Y esos hombres que mencionaba han hecho un aporte: por cada peso que cuesta, producen dos pesos; por cada millón de gastos, producen 2 millones. Ellos, y los que están trabajando en la presa Guamá, los que están trabajando en el canal, los que están trabajando en la autopista hacia Pinar del Río, los que van a trabajar en la presa del Patate, los que han empezado a trabajar en vías y en la red de agua de la ciudad, hay una serie de colectivos de trabajadores que están llevando a cabo verdaderas proezas; como hombres de vergüenza, hombres de honor, hombres disciplinados, hombres leales al trabajo, están laborando con una enorme productividad.

En días recientes, nos reunimos con un grupo de constructores de una avenida en la capital, que son todos militantes del Partido, o de la Juventud, u obreros destacados, alrededor de 200 hombres, de esos hombres a los que en vez de vincularlos —y no digo que la vinculación sea negativa, hay una serie de actividades en que es absolutamente correcta la vinculación—, como estos hombres andan en camiones y máquinas potentes, no les tenemos que decir: "trabajen más", más bien les tenemos que decir: "trabajen menos". Es mucho lo que están haciendo hombres como ellos, es demasiado a veces el esfuerzo, hombres a los que tenemos a veces que decirles: "trabajen menos"; hombres a los que tendríamos que decirles: "den menos viajes", porque ustedes, yendo a la velocidad que deben ir, no pueden dar 25 viajes de camión con material de mejoramiento, sino 20, pues no queremos que se maten. Y lo que nos interesa no es solo lo que hagan, sino la calidad con que lo hagan. Y les decimos: nos interesa mucho más la calidad, que la cantidad (Aplausos); la cantidad sin la calidad es botar los recursos, botar el trabajo, botar los materiales.

La voluntad hidráulica que murió —pudiéramos decir— en esos días bochornosos, en ese periodo bochornoso en que no se terminaba nada, se está recuperando, y en la recuperación de la voluntad hidráulica marcha a la vanguardia la provincia de Pinar del Río (Aplausos).

Con el mismo espíritu están trabajando las brigadas de camino en las montañas de Pinar del Río, y con el mismo espíritu se extiende por todo el país este propósito de rescatar la voluntad hidráulica y la voluntad de hacer caminos y carreteras, mejorar la eficiencia de nuestra economía, de nuestras fábricas, de nuestra agricultura, de nuestros centros hospitalarios, de nuestras escuelas, de llevar adelante con energía el desarrollo económico y social del país.

Afortunadamente, en estos años se ha creado un enorme caudal de personas con elevado nivel técnico, un caudal de conocimientos, de experiencias, de técnicos de nivel universitario, de técnicos de nivel medio. Lo que tenemos hoy cómo se compara con lo que teníamos aquellos primeros años de la Revolución. Cuando el Che estaba al frente del Ministerio de Industrias, cuántos ingenieros tenía el país, cuántos técnicos, cuántos proyectistas, cuántos investigadores, cuántos científicos. Hoy debemos tener alrededor de 20 veces lo que teníamos entonces, quizás más. Si él hubiera dispuesto de la experiencia colectiva, de todos estos cuadros de que disponemos hoy, cuánto no habría imaginado que podía hacerse.

Si analizamos solo en el sector de la medicina, teníamos entonces 3 000 médicos, y hoy tenemos 28 000. Hoy cada año, en nuestras 21 facultades, graduamos tantos médicos como los que quedaron en nuestro país. ¡Qué privilegio, qué potencia, qué fuerza! Y a partir del año que viene estaremos graduando más médicos cada año que los que quedaron en nuestro país. ¿Podremos o no podremos hacer ahora en el campo de la salud pública lo que nos propongamos hacer? ¡Y qué médicos, que van al campo, que van a las montañas, que van a Nicaragua, que van a Angola, que van a Mozambique, que van a Etiopía, que van a Viet Nam, que van a Kampuchea, que van al fin del mundo! ¡Esos son los médicos que ha ido formando la Revolución! (Aplausos.)

Estoy seguro de que el Che se sentiría orgulloso no de las chapucerías que se han hecho con tanto mercachiflismo, se sentiría orgulloso del nivel cultural que tiene hoy nuestro pueblo, del nivel técnico; de nuestros maestros que fueron a Nicaragua y en número de 100 000 se llegaron a ofrecer a ir a Nicaragua; se sentiría orgulloso de nuestros médicos dispuestos a ir a cualquier parte del mundo, de nuestros técnicos, ¡de nuestros cientos de miles de compatriotas que han cumplido misiones internacionalistas! (Aplausos.)

Estoy seguro de que el Che se sentiría orgulloso de ese espíritu, como nos sentimos todos; pero lo que hemos creado con la cabeza y con el corazón, no podemos permitir que se desbarate con los pies (Aplausos). De eso se trata, y de que con todos estos recursos que hemos creado, con toda esta fuerza, podamos avanzar y podamos aprovechar todas las posibilidades del socialismo, todas las posibilidades de la Revolución, para mover al hombre y marchar adelante. Quiero saber si los capitalistas, tienen ese tipo de hombre como el que hemos mencionado aquí.

Como internacionalistas o como trabajadores hay que verlos; hay que reunirse con ellos para ver cómo sienten, cómo piensan, para conocer lo enamorado que están de su tarea, y no es por vicio de trabajar que actúan así, sino por la necesidad de recuperar el tiempo perdido: tiempo perdido en los años de Revolución, tiempo perdido durante casi 60 años de república neocolonizada; tiempo perdido en siglos de colonialismo, ¡Tenemos que recuperarlo!, y no hay otra forma de recuperarlo que trabajando duro, no esperar 100 años para hacer 100 círculos en la capital si, realmente, con nuestro trabajo lo podemos hacer en dos; no esperar 100 años para hacer 350 en todo el país si, realmente, con nuestro trabajo los podemos hacer en tres; no hay que esperar 100 años para resolver el problema de la vivienda si con nuestro trabajo, nuestra piedra, nuestra arena, nuestros materiales, nuestro cemento producido, incluso, con nuestro petróleo, y nuestro acero producido por nuestros trabajadores, podemos hacerlo en unos pocos años.

Como decía esta tarde en el acto del hospital, el año 2000 está a la vuelta; tenemos que proponernos ambiciosas metas para el año 2000, no para el año 3000, ni para el año 2100 o para el año 2050, y al que nos venga a sugerir tales cosas, decirle: "tú podrás conformarte, ¡nosotros no!, a los que nos ha tocado la misión histórica de crear un país nuevo, una sociedad nueva; a los que nos ha tocado la misión histórica de hacer una Revolución y de desarrollar el país; a los que nos ha tocado el honor y el privilegio, no solo de llevar a cabo el desarrollo, sino de llevar a cabo un desarrollo socialista y de trabajar por una sociedad más humana, una sociedad superior. A los que nos vengan alentando a la holgazanería y a la frivolidad, les vamos a decir: vamos a vivir, incluso, más que tú, no solo mejor que tú, o lo que se viviría si la gente fuera como tú; vamos a vivir más años que tú y vamos a ser más saludables que tú, porque tú, con tu holgazanería, vas a ser un sedentario, un obeso, vas a padecer de problemas cardíacos, problemas circulatorios y todo tipo de calamidades, porque el trabajo no daña la salud, el trabajo ayuda a la salud, protege la salud, el trabajo hizo al hombre".

De modo que estos hombres que están haciendo proezas tenemos que convertirlos en modelos; diríamos que estos hombres están cumpliendo la consigna de: "¡Seremos como el Che!" Trabajan como trabajó el Che, trabajan como trabajaría el Che (Aplausos).

Cuando se discutía dónde celebrar el acto, había muchos posibles lugares: podía ser en la capital, en la Plaza de la Revolución; podía ser en una provincia; podía ser en muchos de los centros o fábricas en que los trabajadores querían ponerles el nombre del Che. Analizamos, meditamos, y pensando en esta nueva fábrica, en esta importante fábrica, orgullo de Pinar del Río, orgullo del país, ejemplo de lo que puede hacer el progreso, el estudio, la educación, cuando en esta provincia hace pocos años tan olvidada y atrasada han sido capaces sus jóvenes trabajadores de manejar una industria tan compleja y tan sofisticada. Baste decir que los salones donde se imprimen esos circuitos, tienen diez veces más limpieza que un salón de operaciones, para poderlos hacer con la calidad requerida. Qué complejas construcciones, qué obra fue necesario hacer, con qué calidad, qué equipamiento y qué trabajo maravilloso están haciendo allí los pinareños (Aplausos).

Cuando nosotros vinimos de visita y lo recorrimos, nos llevamos una impresión inolvidable que trasmitimos a muchos compañeros, que trasmitimos a los compañeros del Comité Central, lo que estaban haciendo en esta fábrica, lo que estaban haciendo en la industria mecánica, industria que también se desarrolla a gran ritmo; lo que estaban haciendo en las construcciones. Veíamos el porvenir de esta industria, como productora de componentes, de tecnología de vanguardia, que va a tener una incidencia enorme en el desarrollo, una incidencia enorme en la productividad, una incidencia enorme en la automatización de los procesos productivos. Cuando vimos la excelente fábrica que poseían, cuando vimos las ideas que se elaboran y se ejecutan en torno a esta fábrica, que llegará a ser un gran combinado de miles y miles de obreros, orgullo de la provincia y orgullo del país, que en los próximos cinco años recibirá inversiones por valor de más de 100 millones de pesos para convertir esta industria en un gigante. Y cuando supimos que sus trabajadores querían que esta fábrica llevara el nombre del Che, que tanto se preocupó por la electrónica, por la computación, por las matemáticas, la Dirección de nuestro Partido decidió que fuese aquí el acto de recordación del XX Aniversario de la caída del Che (Aplausos), y que esta fábrica lleve el glorioso y querido nombre de Ernesto Che Guevara (Aplausos); sé que sus obreros, sus jóvenes trabajadores, sus decenas y decenas de ingenieros, sus cientos de técnicos, sabrán honrar ese nombre y sabrán trabajar como hay que trabajar. Y cuando hablamos de trabajo no quiere decir que trabajo solo sea trabajar 14 horas, 12 ó 10, muchas veces determinado trabajo, en jornadas de ocho horas, bien realizado, es una proeza; y hemos visto compañeros y compañeras, sobre todo muchas compañeras, haciendo microsoldaduras, un trabajo duro, un trabajo verdaderamente tenso, que requiere un rigor, una atención y una concentración tremenda. Hemos visto y casi no nos imaginamos, cómo pueden estar ocho horas realizando esa tarea compañeras que hacen hasta 5 000 microsoldaduras en una jornada.

No piensen que creemos, compañeras y compañeros, que solo trabajando 12 ó 14 horas resolvemos los problemas. Hay actividades en que no se puede trabajar 12 ni 14 horas; hay actividades en que, incluso, 8 horas pueden ser muchas. Y esperamos que un día todas las jornadas no sean iguales; esperamos, incluso, que en ciertas actividades, si tenemos fuerza de trabajo suficiente —y la tendremos si somos racionales en su empleo—, podamos establecer en ciertas actividades turnos de 6 horas.

Lo que quiero decir es que ser dignos del ejemplo y del nombre del Che es también saber aprovechar la jornada laboral con adecuada intensidad, velar por la calidad, aplicar el multioficio, evitar los excesos de plantilla, trabajar organizadamente, desarrollar la conciencia.

Yo estoy seguro de que el colectivo de esta fábrica sabrá ser acreedor al honor de que el combinado lleve el nombre del Che (Aplausos); como estamos seguros de que esta provincia ha sido acreedora y será acreedora a que este aniversario se haya celebrado aquí.

Si algo nos faltara por decir esta noche, es que pese a las dificultades; pese a que contamos con menos recursos en divisas convertibles que nunca, por factores que ya hemos explicado; pese a la sequía; pese al recrudecimiento del bloqueo imperialista, a medida que veo cómo reacciona el pueblo, a medida que veo cómo surgen más y más posibilidades, nos sentimos seguros, nos sentimos optimistas, y experimentamos la más profunda convicción de que todo lo que nos propongamos hacer ¡lo haremos! (Aplausos.) ¡Y lo haremos con el pueblo, lo haremos con las masas, lo haremos con los principios; lo haremos con la vergüenza y el honor de cada uno de nuestros militantes, de nuestros trabajadores, de nuestros jóvenes, de nuestros campesinos, de nuestros intelectuales!

Y digo así, con satisfacción, hoy, que estamos rindiéndole al Che el honor que merece, el tributo que merece; ¡y si él vive, más que nunca, la patria vivirá también más que nunca! ¡Si él es un adversario más poderoso que nunca frente al imperialismo, la patria será también más fuerte que nunca frente a ese mismo imperialismo y frente a su podrida ideología! (Aplausos.) ¡Y si un día escogimos el camino de la Revolución, de la Revolución socialista, el camino del comunismo, de la construcción del comunismo, hoy estamos más orgullosos de haber escogido ese camino, porque solo ese camino es capaz de crear hombres como el Che, es capaz de forjar un pueblo de millones de hombres y mujeres capaces de ser como el Che! (Aplausos.)

Como decía Martí: ¡Si hay hombres sin decoro, hay hombres que llevan en sí el decoro de muchos hombres! Podríamos añadir: hay hombres que llevan en sí el decoro del mundo, ¡y ese hombre es el Che!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Ovación)

ACTUALIZACIÓN DE LA ESTRATEGIA PARA EL DESARROLLO DE LOS CANDIDATOS VACUNALES CUBANOS 11 de junio 2021. Comentario HHC

 Por MINSAP

Al cierre del 11 de junio se acumulan en el país 3 419 657 dosis administradas con los candidatos vacunales cubanos.

Hasta la fecha, 1 930 901 personas han recibido al menos una dosis de uno de los candidatos vacunales cubanos. De ellas ya tienen segunda dosis 988 284 personas y tercera dosis 500 472 personas.

  • INTERVENCIÓN SANITARIA

Desde inicios de mayo, el Ministro de Salud Pública, respaldado en el Artículo 64 de la Ley 41 “Ley de la Salud Pública”, del 13 de julio de 1983, aprobó una intervención sanitaria con los candidatos vacunales cubanos Abdala y Soberana 02 en grupos y territorios de riesgo.

Fecha de inicio: mayo 2021

Participantes:

  • Trabajadores de la salud, de BioCubaFarma, estudiantes de Ciencias Médicas y otros grupos de riesgo.
  • Población de territorios de riesgo seleccionados por etapas.

Total de dosis administradas durante la Intervención Sanitaria: 2 842 034

  • ESTUDIO DE INTERVENCIÓN

Como parte de las investigaciones asociadas a los candidatos vacunales cubanos Soberana 02 y Abdala, fue realizado un estudio de intervención en grupos de riesgo, dirigido a sujetos en grupos de riesgo y que podían aportar datos relevantes.

Fecha de inicio: marzo 2021

Participantes: trabajadores de la salud, de BioCubaFarma y otros grupos de riesgo.

Territorios donde se aplicó el estudio: La Habana, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo.

Total de dosis administradas durante el Estudio de Intervención: 428 259

  • ENSAYOS CLÍNICOS

El desarrollo de los ensayos clínicos con los candidatos vacunales cubanos Soberana 02, Abdala y Soberana Plus (para convalecientes) fue aprobado por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED) e implementado en sujetos voluntarios de territorios seleccionados.

Fecha de inicio: marzo 2021

Participantes: sujetos voluntarios seleccionados por los investigadores.

Territorios donde se aplicaron los ensayos: La Habana, Santiago, Granma y Guantánamo.

Total de dosis administradas durante los Ensayos Clínicos: 149 364 (se excluye de esta cifra las dosis de placebos administradas durante los Ensayos Clínicos)

Comentario HHC: Sigue avanzando la vacunación en nuestro país (  3 419 657 dosis) contra la COVID19 con los candidatos vacunales de producción nacional, al tiempo que la pandemia, como resultado de la apertura de las fronteras a finales de diciembre del 2020 y enero 2021, sigue su ritmo ascendente y  alcanza hasta ayer récords a nivel de país,  desde que se detectó el primer caso.  Son dos movimientos contrapuestos, de acción y reacción en la lucha por vencer la pandemia.
Es temprano aún, solo han terminado el ciclo completo de vacunación, el 4.47 % de los habitantes del país. La meta es al 31 de agosto del 2021 tener el 70 % de la población vacunada ( faltan 80 días), y antes del 31 de diciembre del 2021 el 100 % de la población cubana ( que aceptaron vacunarse). Por lo que hay razones para el optimismo.
Expongo algunos gráficos de elaboración propia con los datos del MINSAP hasta el 12 de junio del 2021.

Hasta el 6 de junio el ritmo promedio diario acumulado de confirmados  era inferior a mayo, pero ya se sobrepasó en esta semana,  donde  además se implementaron dos récords negativos: ayer 12/06 con 1 470 casos confirmados de covid (el anterior era del 14/05/2021 con 1 383 confirmados), y un índice de positividad igualmente el 12 de junio del 2021 con 7.09 %, después que el 11/06 fue del 7.00 %. Aquí hay que reiterar que el 5 % es la cota máxima aceptable por la OMS, y el anterior récord era del 18/05/2021 con 5.91 %. Es decir estamos viviendo el nivel máximo de tasa de positividad para covid19. 
Por otra parte,  hasta el día de ayer, igualmente se sobrepasó, lamentamente  los fallecidos promedio diarios acumulado de lo que va de mes vs mayo. Sin bien la tasa de fallecidos por confirmados en lo que va de junio es de 0.85 % y en mayo fue de 0.87 %, y de toda la pandemia acumulamos un 0.69 % hasta al de de junio. 
Como aspectos positivos es importante decir que no hemos alcanzado  los niveles de activos del mes de mayo hasta el día de ayer. Y que la provincia de la Habana, donde se está haciendo la intervención masiva  de mayor alcance, continúa su tendencia a la baja de confirmados diarios. 
Al tiempo que se anunció que , "Unos 25 voluntarios, entre las edades de 12 a 18 años, recibirán el próximo lunes ( mañana) la primera dosis del candidato vacunal Soberana 02, como parte del comienzo del ensayo clínico fase I/II en edades pediátricas, según dio a conocer la doctora Meiby de la Caridad Rodríguez González, directora de Investigaciones Clínicas del Instituto Finlay de Vacunas (IFV)"(1)



Vacunación por países.

De la selección por países que hace el sitio web OurData en su gráfico % de la población que han recibido una dosis de vacunación , le hemos agregado Cuba , Rusia, África y el Mundo, de su misma base de datos, y los por cientos de vacunados por país en forma de tabla pequeña.  Compartimos el gráfico resultante.


Cuba que empezó hace poco, ya sobrepaso a Rusia, India y el promedio mundial. Observar como Canadá ya ocupa el primer lugar mundial en el indicador mencionado, y los EEUU el 7mo. 
Citas
(1) http://www.granma.cu/cuba-covid-19/2021-06-12/inicia-la-proxima-semana-la-fase-i-del-ensayo-clinico-en-edades-pediatricas-12-06-2021-00-06-17

La política exterior de Biden es en buena medida indistinguible de la de Trump. Entrevista a Noam Chomsky

 Por Noam Chomsky

Las medidas de política interior del presidente Joe Biden, sobre todo en el plano económico, resultan bastante alentadoras, y ofrecen mucha esperanza en un futuro mejor. No se puede decir lo mismo de la agenda de la administración en política exterior, tal como revelan las penetrantes intuiciones y los sagaces análisis de Noam Chomsky en esta entrevista exclusiva con C.J. Polychroniou para Truthout [publicada a finales del pasado mes de marzo]. Chomsky, intelectual público de renombre mundial, es catedrático emérito del MIT y profesor laureado de Lingüística en la Universidad de Arizona. La entrevista ha sido ligeramente editada por razones de claridad y espacio.

Noam Chomsky

C. J. Polychroniou: Noam, después de dos meses en la Casa Blanca, la agenda de política exterior de Biden empieza a cobrar forma. ¿Qué señales hay hasta ahora de la manera en que la administración Biden piensa encarar los retos a la hegemonía que plantean sus rivales geopolíticos primordiales, a saber, Rusia y China?

El desafío a la hegemonía norteamericana planteado por Rusia y, sobre todo, por China ha sido asunto importante del discurso de la política exterior desde hace un tiempo, con un acuerdo persistente sobre la gravedad de la amenaza.

La cuestión es claramente compleja. Una buena regla práctica consiste en echar un vistazo escéptico cuando hay acuerdo general sobre algún asunto complejo. Y éste no es una excepción.

Lo que por lo general encontramos, creo, es que Rusia y China impiden a veces acciones norteamericanas destinadas a aplicar su hegemonía global en regiones de su periferia [de Rusia y China] que son de particular preocupación para ellos. Podemos preguntarnos si tienen justificación en su intento de limitar de este modo el abrumador poder norteamericano, pero eso dista mucho de la forma en la que se entiende por lo común ese desafío: como esfuerzo por desplazar el papel global norteamericano en el sostenimiento de un orden internacional liberal, fundamentado en reglas, por parte de nuevos centros de poder hegemónico.

¿Desafían en realidad Rusia y China la hegemonía norteamericana en las formas comúnmente entendidas?

Rusia no es un actor de envergadura en la escena mundial, aparte de su fuerza militar, que es un residuo (muy peligroso) de su anterior estatus. No puede en principio ni compararse con los EE.UU. en alcance e influencia.

China ha experimentado un crecimiento económico espectacular, pero está todavía lejos de acercarse al poder de los EE.UU. en casi cualquier dimensión. Sigue siendo un país relativamente pobre, que figura en el puesto 85 en el Índice de Desarrollo Humano, entre Brasil y Ecuador. Los EE. UU., si bien no aparecen cerca de lo más alto debido a su pobre historial en material de bienestar social, están bastante por encima de China. En fuerza militar y alcance global (bases, fuerzas en combate activo) no hay comparación, las multinacionales con origen en los EE. UU. poseen la mitad de la riqueza mundial y son las primeras (a veces las segundas) en casi cualquier categoría. China queda bastante por detrás. China se enfrenta asimismo a graves problemas internos (ecológicos, demográficos, políticos). Los EE.UU., por contraposición, gozan de ventajas internas y de seguridad sin paralelo en ningún otro lugar.

Consideremos las sanciones: un instrumento de poder mundial de primer orden para un país de la Tierra: los EE.UU. Son, por ende, sanciones de terceros. Si las desobedeces, se te acabó la suerte. Te pueden dejar fuera del sistema financiero mundial, o cosas peores. Viene a ser lo mismo donde quiera que miremos. Si contemplamos la historia, encontramos los ecos habituales del consejo que en 1947 dio al presidente el senador Arthur Vandenberg, que consistía en “meter el miedo en el cuerpo al pueblo norteamericano”, si quería suscitar en ellos un frenesí de temor por la amenaza rusa de apoderarse del mundo. Sería necesario ser “más claros que la verdad”, tal como explicaba Dean Acheson, uno de los creadores del orden de postguerra. Se estaba refiriendo al NSC-68 de 1950, un documento fundacional de la Guerra Fría, desclasificado décadas más tarde. Su retórica sigue resonando todavía hoy, de un modo u otro, en relación a China.

La NSC-68 apelaba a una enorme progresión militar y a la imposición de disciplina en nuestra sociedad, peligrosamente libre, para que podamos defendernos del “Estado esclavo” con su “implacable propósito… de eliminar el desafío de la libertad” por doquier, estableciendo un “poder total sobre todos los hombres [y] absoluta autoridad sobre el resto del mundo”. Y así sucesivamente, en un flujo impresionante.

China se enfrenta al poder norteamericano… en el mar del Sur de China, no en el Atlántico o en el Pacífico. Hay también un desafío económico. En ciertos campos, China es líder mundial, sobre todo en energías renovables, donde va bastante por delante de otros países, tanto en volumen como en calidad. Es también la base mundial de la manufactura, aunque los beneficios van en su mayoría a otros lugares, a gestores como Foxconn, de Taiwán, o a los inversores de Apple, que dependen cada vez más de los derechos de propiedad intelectual, los exorbitantes derechos de patentes que son parte central de los acuerdos de “libre comercio”, altamente proteccionistas.

La influencia global de China se está extendiendo, a buen seguro, en la inversion, el comercio, la adquisición de instalaciones (como la gestión del puerto principal de Israel). Esa influencia es probable que se extienda, de seguir adelante con el suministro de vacunas prácticamente a precio de coste, comparado con el acaparamiento de vacunas por parte de Occidente y su intento de impedir la distribución de una “Vacuna popular”, con el fin de proteger las patentes y beneficios de las grandes empresas. China está progresando también de modo substancial en alta tecnología, para gran consternación de los EE.UU., que tratan de impedir su desarrollo.

Resulta bastante extraño considerar todo esto como un desafío a la hegemonía norteamericana.

La política norteamericana podría contribuir a crear un desafío más grave por medio de actos hostiles y de enfrentamiento que impulsen a Rusia y a China a unirse más como reacción. De hecho, es lo que ha ido sucediendo con Trump, y en los primeros días de Biden, aunque Biden sí que respondió en el ultimo minuto al llamamiento de Rusia de renovar el Nuevo Tratado START de limitación de armas nucleares, poniendo a salvo el único elemento de envergadura del régimen de control de armas que había escapado a la labor de demolición de Trump.

Está claro que lo que hace falta son negociaciones y diplomacia sobre cuestiones disputadas, y cooperación de veras en cuestiones tan cruciales como las del calentamiento global, el control de armamento y las futuras pandemias, crisis todas muy graves que no conocen fronteras. Que el equipo de halcones de la política exterior de Biden vaya a tener la sensatez de moverse en esa dirección es algo de momento poco claro, en el mejor de los casos, y aterrador, en el peor. A falta de presiones populares significativas, no pintan bien las perspectivas.

Otra cuestión que exige atención popular y activismo es la política de proteger la hegemonía buscando dañar a potenciales rivales, muy públicamente en el caso de China, pero también en otros lugares, a veces con formas que resultan difíciles de creer.

Un ejemplo notable se encuentra sepultado en el Informe Anual para 2020 del Departamento de Salud y Servicios Humanos, que se honra en presentar su secretario, Alex Azar. En el subapartado, “Combatir influencias malignas en las Américas”, el informe discute los esfuerzos de la Oficina de Asuntos Globales (OGA) del Departamento por mitigar los esfuerzos de aquellos estados, entre los que se cuentan Cuba, Venezuela y Rusia, que están trabajando para aumentar su influencia en la región en detrimento de la seguridad y protección de los EE.UU. La OGA se coordinó con otras agencias del gobierno norteamericano para fortalecer lazos diplomáticos y ofrecer ayuda técnica y humanitaria a fin de disuadir a los países de la región de que acepten ayuda de estos estados malintencionados. Entre los ejemplos se cuenta el utilizar la oficina del Agregado Sanitario de la OGA para persuadir a Brasil de que rechace la vacuna rusa de la COVID-19 y ofrecer asistencia técnica de la CDC [Centro de Control de Enfermedades], en lugar de que Panamá acepte una oferta de médicos cubanos, [La cursiva es mía].

En medio de una furiosa pandemia, de acuerdo con este informe, debemos bloquear malignas iniciativas que ayuden a las desgraciadas víctimas.

Con la grotesca mala gestión del presidente Jair Bolsonaro, Brasil se ha convertido en una historia global de terror por su fracaso a la hora de enfrentarse a la pandemia, pese a sus notables institutos de salud y su buen historial, en el pasado, de vacunaciones y tratamientos. Sufre de una grave escasez de vacunas, de manera que los EE.UU. se enorgullecen de sus esfuerzos por impedirles que utilicen la vacuna rusa, que las autoridades occidentales reconocen comparable a las vacunas Moderna y Pfizer que utilizamos aquí.

Lo que resulta todavía más asombroso, tal como comenta el autor de este artículo en el Brasil Wire, ubicado en la UE, es “que los EE.UU. disuadieran a Panamá de que aceptara medicos cubanos, que han estado globalmente en primera línea contra la pandemia, trabajando en más de cuarenta países”. Debemos proteger a Panamá de la “maligna influencia” del único país del mundo que muestra la clase de internacionalismo que es necesario para salvar al mundo del desastre, crimen que debe impedir el poder hegemónico global.

La histérica dedicación de Washington a aplastar a Cuba desde los primeros días de su independencia en 1959 constituye uno de los fenómenos más extraordinarios de la historia moderna, pero, con todo, el grado de sadismo constituye una constante sorpresa.

Por lo que respecta a Irán, tampoco parece haber señales de esperanza, al haber nombrado la administración Biden a Richard Nephew, arquitecto de sádicas sanciones contra Irán con Barack Obama, como segundo del enviado a Irán. ¿Correcto o no?

Biden adoptó el programa sobre Irán de Trump prácticamente sin cambios, hasta en la retórica. Vale la pena recordar los hechos.

Trump rescindió la participación norteamericana en la JCPOA (el acuerdo nuclear), violando la Resolución 2331 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que obliga a todos los estados a someterse a la JCPOA, y violando los deseos de los demás signatarios. En un impresionante despliegue de poder hegemónico, cuando los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas insistieron en ceñirse a la 2331 y no ampliar las sanciones de las Naciones Unidas, el secretario de Estado, Mike Pompeo, los mandó a paseo: Renueven ustedes las sanciones. Trump impuso nuevas sanciones extremadamente severas a las que los demás se ven obligados a atenerse, con el objetivo de causar el máximo sufrimiento a los iraníes, de modo que el gobierno pueda ceder y acepte su exigencia de que el JCPOA se vea substituido por un nuevo acuerdo que imponga restricciones mucho más duras a Irán. La pandemia ofreció nuevas oportunidades de torturar a los iraníes, privándoles de de una ayuda que necesitaban desesperadamente.

Además, es responsabilidad de Irán dar los primeros pasos hacia unas negociaciones en las que capitular ante las exigencias, poniendo fin a las acciones que llevó a cabo como reacción a la criminalidad de Trump.

Tal como hemos debatido antes, tiene su mérito la exigencia de Trump de que se puede mejorar la JCPOA. Una solución bastante mejor consiste en establecer una zona libre de armas nucleares (o una zona libre armas de destrucción masiva) en Oriente Medio. Hay solo un obstáculo: que no lo permitirán los EE.UU., que vetan la propuesta cada vez que surge en los foros internacionales, como se ha visto muy recientemente en el caso del presidente Obama. Se entiende bien la razón: es necesario proteger de las inspecciones el importante arsenal de Israel. Los EE.UU. ni siquiera reconocen formalmente su existencia. Hacerlo perjudicaría el enorme aluvión de ayuda norteamericana a Israel, que puede discutirse si viola las leyes norteamericanas, una puerta que no quiere abrir ninguno de los partidos políticos. Es otra cuestión que no se discutirá siquiera, a menos que la presión popular haga imposible suprimir eso.

En el discurso norteamericano, se critica a Trump debido a que su política de torturar a los iraníes no tuvo éxito a la hora de conseguir que capitulase su gobierno. Esa posición recuerda a los pasos dados por Obama -y enormemente elogiados- de relaciones limitadas con Cuba, puesto que, tal como explicó, nos hacen falta tácticas nuevas después de que hayan fracasado nuestros esfuerzos por llevar la democracia a Cuba: a saber, una despiadada guerra terrorista que casi nos llevó a la extinción en la crisis de los misiles de 1962 y sanciones de una crueldad sin paralelo condenadas de forma unánime por la Asamblea General de las Naciones Unidas (salvo Israel). De manera parecida, se critican nuestras guerras en Indochina, los peores crímenes desde la II Guerra Mundial, por ser un “fracaso”, como es el caso de la invasión de Irak, un ejemplo de libro del “supremo crimen internacional” por el que se ahorcó a los criminales de guerra nazis.

Se encuentran estas entre las prerrogativas de un verdadero poder hegemónico, inmune a las carcajadas de los extranjeros y confiado en el apoyo de aquellos a los que un crítico acerbo llamó una vez “rebaño de mentes independientes”, el grueso de las clases instruidas y la clase política.

Biden adoptó el conjunto del programa de Trump sin cambio alguno. Y para más inri, nombró a Richard Nephew como segundo del enviado a Irán. Nephew ha explicado sus puntos de vista en su libro The Art of Sanctions, en el que delinea la adecuada “estrategia para hacer aumentar el sufrimiento de modo cuidadoso, metódico y eficaz en aquellos campos que suponen vulnerabilidades, a la vez que se evita aquellos que no”. Justo la elección correcta para la política de torturar a los iraníes porque el gobierno al que desprecia la mayoría de ellos no se pliega a las exigencias de Washington.

La política del gobierno norteamericano respecto a Cuba e Irán proporciona una información muy valiosa sobre cómo funciona el mundo bajo la dominación de un poder imperial.

Desde que se volvió independiente en 1959, Cuba ha sido objeto de una implacable violencia y tortura por parte de los EE.UU., que ha llegado a niveles de verdadero sadismo, sin apenas una palabra de protesta por parte de los sectores de la élite. Afortunadamente, los EE.UU. son un país desacostumbradamente libre, de modo que tenemos acceso a registros desclasificados que explican la ferocidad de los esfuerzos por castigar a los cubanos. El crimen de Fidel Castro, explicaba el Departamento de Estado en los primeros años, consiste en su “desafío con éxito” de la política norteamericana desde la doctrina Monroe de 1823, que establecía el derecho de Washington a controlar el hemisferio. Se requieren medidas claramente severas para sofocar esos esfuerzos, como entendería bien cualquier Don de la Mafia, y la analogía del orden mundial con la Mafia es considerablemente merecida.

Buena parte de lo mismo vale para Irán desde 1979, cuando un levantamiento popular derribó al tirano instalado por los EE.UU en un golpe militar que dejó al país sin su régimen parlamentario. Israel había disfrutado de estrechas relaciones con Irán durante los años de la tiranía del Shah y de violaciones extremas de derechos humanos, y, al igual que los EE.UU., quedó consternada por su derrocamiento. El embajador de facto de Israel en Irán, Uri Lubrani, expresó su “firme” convicción de que pudiera someterse el levantamiento y se repusiera al Shah “con una fuerza relativamente pequeña, decidida, despiadada, cruel. Quiero decir que los hombres que dirijan esa fuerza tendrán que estar emocionalmente hechos a la posibilidad de que tengan que matar a diez mil personas”.

Las autoridades norteamericanas se mostraron muy de acuerdo en ello. El presidente Carter envió al general de la OTAN Robert E. Huyser a Irán para tratar de convencer a los militares iraníes de que se encargaran de la tarea, una hipótesis confirmada por documentos internos que han visto recientemente la luz. Y la rechazaron, al considerarla imposible. Poco después, Sadam Husein invadió Irán, un ataque que causó centenares de miles de muertos entre los iraníes, con total apoyo de la administración Reagan, hasta cuando Sadam recurrió a armas químicas, primero contra los iraníes, luego contra los kurdos iraquíes en las atrocidades de Halabja. Reagan protegió a su amigo Husein atribuyendo los crímenes a Irán y bloqueando la censura del Congreso. Pasó después a un apoyo militar total a Husein con fuerzas navales en el Golfo. Un navío norteamericano, el USS Vincennes, derribó a un avión de pasajeros iraní en un espacio aéreo comercial claramente señalado, matando a 290 personas, y volvió a su base, en la que fue recibido por todo lo alto, y donde su comandante y el oficial de vuelo que había dirigido la destrucción del avión comercial fueron recompensados con la Medalla al Honor.

Dándose cuenta de que no podía luchar contra los EE.UU., Irán, efectivamente, capituló. Washington pasó entonces a severas sanciones contra Irán, al tiempo que recompensaba a Husein de forma tal que aumentaba de manera aguda las amenazas a Irán, que acababa justo de salir de una guerra demoledora. El presidente Bush I invitó a ingenieros nucleares iraquíes a los EE.UU. para su formación avanzada en la producción de armas nucleares, lo cual no era un asunto sin importancia para Irán. Impulsó la ayuda agrícola que Husein necesitaba desesperadamente después de haber destruido feraces zonas agrícolas con su ataque con armas químicas contra los kurdos iraquíes. Envió una misión de alto nivel a Irak, encabezada por el líder republicano en el Senado, Bob Dole, posteriormente candidato presidencial, para presentar sus respetos a Husein, para asegurarle de que se moderarían los comentarios críticos en su contra en Voice of America, [emisora propagandística de radio norteamericana] y para aconsejar a Husein que ignorase los comentarios críticos en la prensa, algo que no podía impedir el gobierno norteamericano.

Esto sucedió en abril de 1990. Pocos meses después, Husein desobedeció (o malentendió) las órdenes e invadió Kuwait. Y entonces todo cambió.

Casi todo. Continuó el castigo a Irán por su “exitoso desafío”, con severas sanciones, y nuevas iniciativas del presidente Bill Clinton, que emitió órdenes ejecutivas y firmó una legislación del Congreso que imponía sanciones a las inversiones en el sector petrolífero, base de su economía. Europa puso objeciones, pero no tenía manera de de evitar las sanciones extraterritoriales norteamericanas.

Sufrieron asimismo las empresas norteamericanas. Un especialista en Oriente Medio de la Universidad de Princeton, Seyed Hossein Mousavian, antiguo portavoz de los negociadores nucleares iraníes, informa de que Irán ofreció un contrato multimillonario en dólares a la empresa energética norteamericana Conoco. La intervención de Clinton bloqueando el acuerdo clausuró una oportunidad de reconciliación, uno de los muchos casos que analiza Mousavian.

Las acciones de Clinton formaban parte de un patrón general, un patrón inusual. Por lo común, sobre todo en cuestiones relativas a la energía, la política se ajusta a los comentarios de Adam Smith sobre la Inglaterra del siglo XVIII, en la cual los “dueños de la humanidad”, que poseen la economía privada, son los “arquitectos principales” de la política del gobierno, y actúan para asegurarse de que sus intereses queden por delante, por “penoso” que sea el efecto sobre otros, incluida la gente de Inglaterra. Son raras las excepciones, e instructivas.

Cuba e Irán constituyen dos excepciones notables. Hay intereses comerciales de envergadura (farmacéuticas, energía, “agribusiness”, aviación y otros) que han estado dispuestos a entrar en los mercados de Cuba e Irán y establecer relaciones comerciales con empresas del país. El poder del Estado prohibe dar esos pasos, fallando en contra de intereses provincianos de los “dueños de la humanidad” y en favor de la meta transcendente de castigar el desafío exitoso.

Hay mucho que decir sobre esas excepciones a la regla, pero eso nos llevaría demasiado lejos.

La publicación del informe sobre el asesinato de Jamal Khashoggi decepcionó a casi todo el mundo, salvo a Arabia Saudí. ¿Por qué adopta la administración Biden un enfoque blando respecto a Arabia Saudí y al príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, sobre todo, algo que llevó a Nicholas Kristof, columnista del New York Times, a escribir que “Biden … dejó escapar al asesino”?

No es difícil de adivinar. Quién quiere ofender a un estrecho aliado y a una potencia regional a la que el Departamento de Estado describió durante la II Guerra Mundial como “una formidable fuente de poder estratégico, y uno de los mayores premios materiales de la historia del mundo… probablemente el premio económico más rico en el campo de la inversión exterior”. El mundo ha cambiado en muchas cosas desde entonces, pero el razonamiento básico sigue siendo válido.

Biden había prometido que, de ser elegido, reduciría el gasto de Trump en armas nucleares, y que los EE.UU. no dependerían de las armas nucleares para su defensa. ¿Hay probabilidades de que veamos un giro drástico en la estrategia nuclear norteamericana con la administración Biden por el que el uso de estas armas sea bastante menos probable?

Ya sólo por razones de coste, se trata de una meta que debería figurar en lo más alto del orden del día de cualquiera que desee ver ese género de programas internos que el país necesita desesperadamente. Pero las razones van bastante más allá. La actual estrategia nuclear apela a preparativos de guerra, entendiendo por ello una guerra nuclear terminal….con China y Rusia.

Deberíamos recordar una observación de Daniel Ellsberg: las armas nucleares se usan constantemente, muy a la manera en que un atracador utiliza una pistola para apuntar a un tendero y decirle: “La bolsa o la vida”. Ese principio queda de hecho consagrado como política en un importante documento de 1995: “Fundamentos de Disuasión tras la Guerra Fría” elaborado por el Mando Estratégico de Clinton (STRATCOM). El estudio concluye que las armas nucleares son indispensables por su incomparable poder destructivo, pero aunque no se utilicen, “las armas nucleares arrojan siempre una sombra sobre cualquier crisis o conflicto”, permitiéndonos lograr nuestros fines mediante la intimidación: lo que apuntaba Ellsberg. El estudio prosigue autorizando el uso “preventivo” de armas nucleares y ofrece consejo a los planificadores, que no deberían “retratarnos como pleanamente racionales y de cabeza fría”. Antes bien, la “imagen pública nacional que proyectemos” debería ser “que los EE.UU. pueden volverse irracionales y vengativos si se atacan sus intereses nacionales y que “puede parecer que algunos de esos elementos están potencialmente ‘fuera de control’”.

La “teoría del loco” de Richard Nixon, pero partiendo esta vez no de asociados sino de quienes diseñaron la estrategia nuclear.

Hace dos meses, entró en vigor el Tratado sobre Prohibición de Armas Nucleares de las Naciones Unidas. Las potencias nucleares se negaron a firmar, y siguen incumpliendo su responsabilidad, de acuerdo con la No Proliferación de Armas Nucleares, de tomar “medidas efectivas” para eliminar las armas nucleares. Esa posición no está grabada en piedra y el activismo popular podría provocar avances significativos en esa dirección, algo necesario para la supervivencia.

Desgraciadamente, ese nivel de civilización parece estar todavía más allá del alcance de los estados más poderosos, que corren en dirección contraria, actualizando y mejorando los medios psra poner fin a la vida humana organizada sobre la Tierra.

Hasta los socios menores se suman a la carrera de la destrucción. Hace solo escasos días, el primer ministro británico, Boris Johnson “anunció un incremento de un 40 % del arsenal británico de cabezas nucleares. Su análisis… reconocía el ‘entorno de seguridad en evolución’, e identificaba a Rusia como la `más grave amenaza’ para Gran Bretaña”.

Queda mucho trabajo por hacer.

Noam Chomsky profesor laureado de la Universidad de Arizona y catedrático emérito de Lingüística del Massachusettes Institute of Technology, es uno de los activistas sociales más reconocidos internacionalmente por su magisterio y compromiso político. Su libro más reciente es “Climate Crisis and the Global Green New Deal: The Political Economy of Saving the Planet”.

Fuente: Truthout

Traducción: Lucas Antón para sinpermiso.info

La falacia de la inflación

Jun 7, 2021 JOSEPH E. STIGLITZ

NUEVA YORK – Leves aumentos de la tasa de inflación en Estados Unidos y Europa han despertado ansiedades en el mercado financiero. ¿La administración del presidente norteamericano, Joe Biden, se ha arriesgado a sobrecalentar la economía con su paquete de rescate de 1,9 billones de dólares y sus planes de gasto adicional para invertir en infraestructura, crear empleo y apoyar a las familias estadounidenses?

Esos temores son prematuros, teniendo en cuenta la profunda incertidumbre que todavía enfrentamos. Nunca antes hemos experimentado una desaceleración económica como consecuencia de una pandemia cuyos rasgos distintivos son una recesión desproporcionadamente profunda del sector de servicios, incrementos sin precedentes de la desigualdad y tasas de ahorro en alza. Nadie ni siquiera sabe si se logrará contener el COVID-19 en los países avanzados, mucho menos a nivel global. Al mismo tiempo que se analizan los riesgos, debemos también planificar para enfrentar todo tipo de contingencias. En mi opinión, la administración Biden ha determinado correctamente que los riesgos de hacer demasiado poco superan con creces los riesgos de hacer de más.

Asimismo, gran parte de la presión inflacionaria actual surge de los cuellos de botella de corto plazo del lado de la oferta, que son inevitables cuando se reinicia una economía que ha estado temporariamente cerrada. No carecemos de la capacidad global para fabricar autos o semiconductores; pero cuando todos los autos nuevos usan semiconductores, y la demanda de autos está atascada en la incertidumbre (como durante la pandemia), la producción de semiconductores se reducirá. En términos más generales, coordinar todos los insumos de producción en una economía global integrada y compleja es una tarea inmensamente difícil que por lo general damos por sentada porque las cosas funcionan bien, y porque la mayoría de los ajustes son “en el margen”.

Ahora que el proceso normal se ha interrumpido, habrá contratiempos y estos se traducirán en aumentos de precios para un producto u otro. Pero no hay motivos para creer que estos movimientos alimentarán las expectativas de inflación y así generarán un impulso inflacionario, especialmente si se considera el exceso de capacidad general en todo el mundo. Vale la pena recordar que hasta hace muy poco algunos de quienes hoy advierten sobre inflación por una demanda excesiva hablaban de “estancamiento secular” producto de una demanda agregada insuficiente (inclusive a una tasa de interés cero).

En un país con profundas desigualdades de larga data que quedaron expuestas y se exacerbaron por la pandemia, un mercado laboral restringido es justo lo que ordenó el médico. Cuando la demanda de mano de obra es sólida, los salarios en la base aumentan y se hace ingresar a los grupos marginados en el mercado laboral. Por supuesto, la restricción exacta del mercado laboral actual de Estados Unidos es una cuestión de cierto debate, dados los informes de escasez de mano de obra a pesar de que el empleo permanece marcadamente por debajo de su nivel previo a la crisis.

Los conservadores culpan por la situación a los beneficios de seguro de desempleo excesivamente generosos. Pero estudios econométricos que comparan la oferta laboral en todos los estados norteamericanos sugieren que estos tipos de efectos que desincentivan a la mano de obra son limitados. Y, en cualquier caso, los beneficios de desempleo ampliados terminarán acabándose en el otoño (boreal), aunque los efectos económicos globales del virus perduren.

En lugar de entrar en pánico por la inflación, deberíamos estar preocupándonos por lo que le sucederá a la demanda agregada cuando los fondos provistos por los paquetes de alivio fiscal se agoten. Muchos de los que están en la base de la distribución de ingresos y riqueza han acumulado grandes deudas –inclusive, en algunos casos, más de un año de atrasos en el pago de la renta, debido a protecciones temporarias contra un desalojo.

Es poco probable que un gasto reducido de los hogares endeudados esté compensado por los que están en la cima, que en su mayoría han acumulado ahorros durante la pandemia. Dado que el gasto en bienes duraderos se mantuvo robusto en los últimos 16 meses, parece probable que las personas pudientes les den a sus ahorros adicionales el mismo trato que durante cualquier otro momento de beneficios inesperados: como algo para ser invertido o gastado lentamente en el curso de muchos años. A menos que haya un nuevo gasto público, la economía podría sufrir una vez más una demanda agregada insuficiente.

Asimismo, aún si las presiones inflacionarias se volvieran realmente preocupantes, tenemos herramientas para amortiguar la demanda (y utilizarlas en verdad fortalecería las perspectivas de largo plazo de la economía). Por empezar, está la política de tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos. Los últimos más de diez años de tasas de interés cercanas a cero no han sido económicamente saludables. El valor de escasez del capital no es cero. Las tasas de interés bajas distorsionan los mercados de capital desatando una búsqueda de rendimientos que conduce a primas de riesgo excesivamente bajas. Regresar a tasas de interés más normales sería algo bueno (aunque los ricos, que han sido los principales beneficiarios de esta era de tasas de interés súper bajas, puedan discrepar).

Sin duda, algunos analistas miran la apreciación del equilibrio de riesgo de la Fed y temen que no actúe cuando tenga que hacerlo. Pero yo pienso que los pronunciamientos de la Fed han sido inmediatos, y confío en que su posición cambiará si lo hace la evidencia. El instinto de combatir la inflación está embebido en el ADN de los banqueros centrales. Si no ven que la inflación sea el problema clave que actualmente enfrenta la economía, usted tampoco debería hacerlo.

La segunda herramienta son los aumentos impositivos. Garantizar la salud de largo plazo de la economía exige mucha más inversión pública, que habrá que pagar. El ratio impuestos-PIB de Estados Unidos es excesivamente bajo, especialmente considerando las enormes desigualdades del país. Existe una necesidad urgente de una tributación más progresiva, para no mencionar más impuestos ambientales para lidiar con la crisis climática. Dicho esto, es perfectamente entendible que haya una actitud dubitativa a la hora de sancionar nuevos impuestos mientras la economía sigue en un estado precario.

Deberíamos reconocer el actual “debate sobre inflación” por lo que es: una falacia que está siendo planteada por quienes obstruirían los esfuerzos de la administración Biden por abordar algunos de los problemas más fundamentales de Estados Unidos. El éxito requerirá más gasto público. Estados Unidos es lo suficientemente afortunado de tener un liderazgo económico que no sucumbirá al intento de sembrar miedo.


Joseph E. Stiglitz, a Nobel laureate in economics and University Professor at Columbia University, is a former chief economist of the World Bank (1997-2000) and chair of the US President’s Council of Economic Advisers, was lead author of the 1995 IPCC Climate Assessment, and co-chaired the international High-Level Commission on Carbon Prices.

Por qué los republicanos no van a reconstruir EE UU

La oposición no aceptará programas públicos a no ser que ofrezcan enormes opciones de especulación



Imagen de un nudo viario en Rosedale (Maryland), en EEUU.JIM LO SCALZO / EFE

El 26 de junio de 1956, el Congreso estadounidense aprobó la Ley de Autopistas Interestatales. Dwight Eisenhower la firmó tres días después. La ley asignaba 24.800 millones de dólares de los fondos federales como pago parcial anticipado para la construcción de un sistema nacional de autopistas.

No es una cantidad muy elevada, de acuerdo con los parámetros actuales, pero los precios ahora son mucho más altos que entonces, y la economía es muchísimo mayor. Calculada en proporción al producto interior bruto, equivaldría aproximadamente a 1,2 billones de dólares actuales. Y el sistema de autopistas interestatales no fue el único gran programa de inversiones federales; el Gobierno dedicó también cantidades de gasto sustanciales a cosas como la construcción de presas y la creación de la vía marítima del San Lorenzo.

Resumiendo, era una época en la que los políticos estaban dispuestos a invertir con audacia en el futuro de Estados Unidos. Y existía un consenso notable acerca de la necesidad de esas inversiones. En la Cámara de Representantes, la ley de autopistas —pagada mediante una subida de los impuestos a la gasolina y el establecimiento de peajes— fue aprobada por unanimidad, y en el Senado recibió solo un voto en contra.

Pero era un Estados Unidos diferente, o, por no ocultar qué es lo que ha cambiado en realidad, un Partido Republicano diferente.

Sentí el impulso de vitorear cuando el presidente Biden decidió poner fin a las negociaciones con los republicanos respecto a las infraestructuras. Yo lo tomé como una señal positiva de que Biden se había acercado a los republicanos por una cuestión de formas, y que sencillamente esperaba el momento adecuado para seguir adelante. Porque resultaba evidente para cualquiera que recordase los enfrentamientos por la ley de sanidad en 2009-2010 que los republicanos no negociaban de buena fe, que simplemente estaban dilatando el procedimiento y que en última instancia rechazarían todo aquello que Biden propusiera. Cuanto antes se pusiera fin a esta farsa, mejor.

¿Pero cuándo y por qué se convirtieron los republicanos en el partido del “no a la construcción”? Yo lo veo como una mezcla de partidismo, ideología y especulación económica. Durante el mandato de Barack Obama se consideraba estridente decir que los republicanos estaban saboteando deliberadamente la economía. Supuestamente debíamos creer que sus exigencias de recortar gastos en un momento de elevado desempleo, que retrasaron en gran medida la recuperación económica, reflejaban una verdadera preocupación por las repercusiones del déficit. Pero la pérdida de todo interés por los déficits en el instante preciso en el que Trump asumió el poder confirmó todo lo dicho por los escépticos.

Y sin duda, un partido dispuesto a sabotear la economía durante la presidencia de Obama estará más inclinado a sabotear a un presidente considerado ilegítimo por muchos de los votantes de dicho partido. El aumento de la inversión pública goza de popularidad, en especial si se financia subiéndoles los impuestos a las multinacionales y a los ricos. También crearía empleo. Pero con un demócrata en la Casa Blanca, ambas son razones para que los republicanos bloqueen el gasto en infraestructuras, no para que lo aprueben.

Dicho esto, hay que admitir que los republicanos del Senado, en especial Mitch McConnell, bloquearon de hecho el gasto en infraestructuras incluso cuando Trump estaba en la Casa Blanca. La principal razón por la que la “semana de las infraestructuras” se convirtió en un chiste fue la inoperancia y la falta de seriedad de la Administración de Trump, su incapacidad para formular algo parecido a un plan coherente. Pero la resistencia pasiva-agresiva de McConnell también influyó.

¿A qué se debió todo esto? Desde Reagan, los republicanos se han comprometido con la idea de que la Administración es siempre el problema, nunca la solución; y, por supuesto, de que los impuestos siempre hay que bajarlos, nunca subirlos. No van a hacer una excepción con las infraestructuras. De hecho, la propia popularidad del gasto en infraestructuras redunda en su contra; temen que pueda ayudar a legitimar un aumento del papel del Estado.

Por último, el Partido Republicano moderno parece profundamente alérgico a cualquier tipo de programa que no asigne una función importante a los actores privados con ánimo de lucro, incluso aunque sea difícil ver qué propósito cumplen esos actores privados. Por ejemplo, a diferencia del resto de Medicare, solo puede accederse a la cobertura de los medicamentos, introducida durante el mandato de George W. Bush, a través de aseguradoras privadas.

Cuando los asesores de Trump revelaron su “plan” de infraestructuras, comprendí que evitaba cuidadosamente insinuar que podríamos construir infraestructuras como hizo Eisenhower. Por el contrario, proponía un sistema complejo y seguramente inviable de deducciones fiscales a los inversores privados que construyeran, se esperaba, las infraestructuras que necesitábamos. Si la gente de Trump hubiera llegado a proponerse crear un plan de infraestructuras, probablemente se habría parecido al único programa de inversiones que el Gobierno puso en marcha, la creación de “zonas de oportunidades” que supuestamente debían ayudar a los estadounidenses que residen en zonas de rentas bajas. Lo que ese programa acabó haciendo fue aportar abundancia a los inversores ricos, que aprovecharon las exenciones fiscales para construir, por ejemplo, viviendas de lujo.

Dicho de otro modo: el Partido Republicano actual no aceptará programas públicos a no ser que ofrezcan enormes oportunidades de especulación. Lo cierto es que si logramos poner en marcha el programa de inversiones públicas será mediante el sistema de “reconciliación”, con poco o ningún apoyo de los republicanos. Y cuanto antes lleguemos a ese punto, mejor.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2021. Traducción de News Clips