Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 22 de abril de 2018

El fracaso del bálsamo milagroso


Párenme si ya me han oído decir esto antes. Un candidato presidencial republicano pierde la votación popular, pero de algún modo consigue llegar a la Casa Blanca. A pesar de su dudosa legitimidad, sus aliados en el Congreso aprovechan el que haya sido elegido para aprobar una enorme rebaja de impuestos que dispara el déficit presupuestario y al mismo tiempo beneficia de manera desproporcionada a los ricos. Aunque las grandes rentas son las que se quedan con los billetes grandes, la ley fiscal arroja unas cuantas migajas a la clase media, y los republicanos intentan venderla como una bendición para las familias trabajadoras. Hasta aquí, el relato es válido para George W. Bush y Donald Trump. Pero después da un giro. Bush hizo un trabajo de ventas eficaz: aunque la rebaja tributaria de 2001 no fuera popular, sí tuvo más defensores que detractores y proporcionó al Partido Republicano como mínimo un modesto espaldarazo político. Pero la rebaja fiscal de Trump ha sido impopular desde el principio; de hecho, más impopular que algunas subidas de impuestos anteriores.

Y esta rebaja de impuestos no parece estar logrando más apoyos con el tiempo. La mayoría de los estadounidenses afirman que no ven ninguna repercusión positiva en su nómina. La aprobación ciudadana de la rebaja de impuestos parece, en todo caso, caer en lugar de subir. Y los republicanos han dejado incluso de mencionarla en la campaña electoral. Lo cual suscita la pregunta de por qué el bálsamo milagroso no se vende tan bien como antes. En el pasado, la hipocresía respecto al déficit fue un arma importante en el arsenal político del Partido Republicano. Ambos partidos hablaban de responsabilidad fiscal, pero solo los demócratas la practicaban, y de hecho pagaron por iniciativas políticas como el Obamacare. Pero a los demócratas se les castigó por hacer lo correcto —¿recuerdan aquello de que “le están quitando 500.000 millones de dólares al Medicare?”— mientras que los republicanos no pagaban ningún precio por su cinismo. Los votantes se centraban en el dinero de más que tenían en el bolsillo, y hacían caso omiso de las consecuencias que tendrían a largo plazo las reducciones de impuestos a los ricos.

¿Por qué esta vez es distinto? No creo que sea por las particularidades de la política tributaria. Bush y Trump consiguieron que se aprobaran grandes rebajas de impuestos para los ricos con lo que equivalía a artículos de reclamo para algunas familias de clase media. Si se fijan en los cálculos de la distribución de sus rebajas de impuestos por renta familiar, la de Bush y la de Trump parecen similares. Sin embargo, el trasfondo político es diferente. Para empezar, en 2000 EEUU registraba un superávit presupuestario y la deuda había caído en relación al PIB, lo que hacía que las preocupaciones respecto al impacto fiscal a largo plazo pareciesen remotas. De hecho, Alan Greenspan sostuvo el tristemente célebre argumento de que hacía falta una reducción de impuestos para impedir que EEUU pagase su deuda con demasiada rapidez.

Muchos estadounidenses de clase media se están dando cuenta de que la rebaja fiscal no les está trayendo beneficios

Por otro lado, EEUU acumuló grandes déficit debido a la crisis financiera, y los que más vociferaban respecto a una crisis de deuda inminente son los que han aprobado una reducción de impuestos de 1,5 billones de dólares. Y parece que al menos algunos votantes se han dado cuenta, y que incluso han establecido una conexión entre la rebaja de impuestos y los intentos republicanos de socavar la atención sanitaria a mayores y a personas sin recursos.

También influyen, sospecho, un par de temas específicos de Trump. Como tal vez recordarán, la rebaja fiscal estuvo en el programa de Bush desde el principio. Trump, en cambio, se las daba de populista —hasta afirmó que subiría los impuestos a los ricos— y esperó a asumir el cargo para revelarse como otro Robin Hood a la inversa republicano. Esto debe de estar creando problemas de credibilidad. Además, si bien el Gobierno de Bush llevaba a engaño a la hora de defender las rebajas de impuestos (y la guerra de Irak, y la política medioambiental, y…), sus embustes por lo general eran presentaciones de datos selectivas y engañosas, y no mentiras rotundas. Trump y sus funcionarios no se preocupan por esas sutilezas; mienten de manera descarada acerca de todo. E insisto, parece que algunos votantes se han dado cuenta de ello. Y una cosa en particular que sospecho empieza a hacer mella en los votantes hasta cierto punto, aunque no conozcan bien los detalles concretos: es el ridículo optimismo de las promesas económicas de Trump. No es solo que las afirmaciones republicanas respecto a los beneficios que aportarán las rebajas de impuestos difieran de los cálculos independientes; es que están tan lejos que se sitúan en otro universo.

Con el fiasco de la reforma tributaria, en los próximos meses el Gobierno de Trump apelará mucho al racismo

La conclusión es que las rebajas de impuestos ya no son tan fáciles de vender como antes. Lo que hace que nos preguntemos qué les queda por ofrecer a los republicanos. Es cierto que las rebajas tributarias influyeron menos en los éxitos pasados del partido de lo que muchos activistas parecen imaginar. A menudo otros factores fueron mucho más importantes. Pero esos otros factores tampoco son lo que eran. Me refiero a que la pretensión de que defienden los valores de la familia ha perdido gancho en parte porque la ciudadanía se ha vuelto mucho más tolerante socialmente —¡los estadounidenses apoyan ahora el matrimonio entre personas del mismo sexo por una mayoría de dos a uno!— y en parte porque el actual inquilino de la Casa Blanca quizá sea el peor hombre de familia de EEUU. Las afirmaciones apasionadas de que eran más patrióticos que los demócratas le funcionaron a Reagan y a Bush, pero son mucho más problemáticas para un Partido Republicano que cada vez se parece más al partido de Putin. Aun así, los republicanos no tienen por qué desesperarse. Después de todo, siempre pueden recurrir al racismo. Y con el fiasco de la rebaja fiscal, yo predigo que en los próximos meses veremos muchas apelaciones implícitas, e incluso explícitas, al racismo.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2018.

Traducción de News Clips.

LOS 7 RETOS ECONÓMICOS DE DÍAZ-CANEL

 Madrid, 19 de abril de 2018.- Dicen quienes lo conocen, y especialmente quienes han trabajado con él, que Miguel Díaz-Canel -bisnieto de asturiano de Castropol- es exigente, ordenado, perfeccionista y le gusta estar al tanto y en detalle de todo cuanto caiga sobre su mesa. También, que elige con rigor milimétrico a cada uno de los miembros de su equipo. Para el candidato a la presidencia cubana no cuentan las influencias ni las recomendaciones, sino la eficacia, la excelencia profesional, y -sobre todo- la capacidad de trabajo.
Díaz-Canel ha dejado claro en varias comparecencias que su prioridad es avanzar en la actualización de un modelo económico socialista, próspero y sostenible, como así fue aprobado en 2011 por los más de trescientos Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Y con esa meta en el horizonte, el nuevo presidente cubano no debería pasar por alto los siguientes siete retos:

  1. Relaciones con EE.UU. Tanto el conjunto de normas que regulan el embargo como las diferentes administraciones presidenciales estadounidenses han manifestado que el bloqueo continuará “mientras haya un Castro en el poder”. Al no haber un Castro en el poder la pregunta ahora es: ¿Podría poner Trump fin a las sanciones y mostrarse ante la comunidad internacional como que ha sido su administración la que ha resuelto una situación anómala que ha durado casi 60 años? Una relajación en el bloqueo o el anuncio de su revisión supondría aire fresco y nuevas inversiones para la economía cubana. Nótese que con la excepción de EE.UU. e Israel la ONU reclama año tras año en su Asamblea General la retirada de las mismas.

  1. Acelerar las reformas iniciadas en el mandato de Raúl. En la senda de su predecesor, entendemos que el nuevo presidente centrará parte de su esfuerzo en disminuir el déficit de la balanza de pagos, potenciar las exportaciones sustituyendo importaciones, unificar el peso cubano, implantar la administración electrónica, modernizar la banca, potenciar la productividad agrícola, crear un mercado alimentario mayorista, perfeccionar el trabajo por cuenta propia. Estos cambios impulsarían la eficiencia en la administración económica ofreciendo –además- mayor seguridad a la inversión extranjera.

  1. Reformas administrativas y mercantiles. Cuba podría simplificar y agilizar los trámites burocráticos a los que somete la inversión extranjera, y especialmente implantar reformas orientadas al mercado, tales como impulsar el espíritu emprendedor, reformar la empresa de propiedad estatal y formular un sistema fiscal y tributario mixto central-local, como en su día hizo China. Junto al gigante asiático, Cuba cuenta con socios económicos de primer nivel, como la UE, Canadá, México, Japón o Rusia, dispuestas siempre a ayudar en esquemas que promuevan el beneficio mutuo.

  1. Autonomía empresarial. La tradicional estructura piramidal en cuanto a la toma de decisiones empresariales podría aplanarse con el fin de incrementar el peso de estamentos intermedios y reducir procesos burocráticos. La acertada separación ministerial de la empresa estatal aún no ha sido completada. El reto pasa por orientar los medios al incremento de la productividad, controlar el endeudamiento e impulsar una economía sólida y de calidad. Una alternativa a tener en cuenta podría ser el modelo chino de promoción de la autonomía empresarial, creando mayores estructuras de propiedad empresarial mixtas capaces de competir en el mercado internacional y abrir la inversión al mediano inversor extranjero.

  1. Convergencia monetaria.Sigue sin completarse la tan esperada unión monetaria en la que todos los actores económicos coinciden: el peso cubano ha de ser la única moneda, poniendo fin a una dualidad monetaria que provoca desajustes evidentes. La UE ya ha ofrecido su ayuda en numerosas ocasiones con su experiencia en la transición al euro. El reciente y sobresaliente modelo de Eslovenia en este sentido podría ser un ejemplo a tener en cuenta.

  1. Crecimiento. Cierto es que las previsiones de crecimiento previstas para el periodo 2011-2016 han quedado por debajo de las expectativas, pero parece claro que los sectores que impulsarán la economía cubana en la próxima década serán el turismo, la construcción y el comercio. Estos sectores suponían ya en 2015 alrededor del 30% del PIB. Si a eso le sumamos un factible crecimiento de las exportaciones, la definitiva implantación de la inversión extranjera y el deseable levantamiento del embargo, el objetivo de crecer al 4% podría llegar –incluso- a quedarse corto.

  1. Deuda exterior. Durante los últimos años, Cuba renegoció y honró importantes deudas vencidas. En 2016 ya consiguió estabilizar su deuda oficial, pero a costa de 23.000 millones de dólares, y sin la tutela del FMI, Banco Mundial ni otros organismos multilaterales. Este importante esfuerzo ha hecho mella en la inversión y el consumo interno. Pero por el contrario, estos pagos inspiraron la confianza de la comunidad financiera internacional hacia Cuba, como así públicamente manifestaron numerosas cancillerías extranjeras. Aumentar las cantidades de los fondos de contravalor y simplificar su burocracia podría ser un buen revulsivo para incrementar y apuntalar la inversión extranjera en Cuba, que es, en definitiva, un elemento clave para el buen devenir de la economía cubana.

José María Viñals
Renato A. Landeira

sábado, 21 de abril de 2018

Acontecer Económico Cubano


A cargo de L. A. Cañizo

Arrancó nueva central eléctrica diesel en provincia cubana de Matanzas

Se sincronizó al Sistema Electroenergético Nacional los primeros 16 Mega watts de la moderna central eléctrica diesel de Matanzas, en el occidente cubano, emplazamiento que inicialmente operará con una batería de ocho motores de procedencia alemana, hasta progresivamente alcanzar los 67 megavatios de diseño.

El ingeniero Belarmino Socarrás, inversionista de la obra, detalló que ya concluyeron las labores para la reconexión del primer bloque y puntualizó que a diferencia de una termoeléctrica convencional, la instalación permite suplir con prontitud la alta demanda o salida abrupta de una planta.

La obra en su conjunto supera el 70 por ciento en construcción civil.

Así las cosas, estimados oficiales indican que dentro de relativamente poco tiempo, la llamada zona industrial matancera se encontrará en posibilidades de contribuir al sistema electro energético nacional con cerca de 850 megavatios horas, sin contar los aportes de la energía solar, en la que los especialistas cifran grandes esperanzas.

Avanzan obras del sector hidráulico en Matanzas

Más de 47 mil habitantes de la ciudad de Cárdenas se benefician de la rehabilitación del acueducto, la inversión más importante del sector en la provincia de Matanzas.

Guillermo Cué Lugo, delegado de Recursos Hidráulicos en el territorio, aseguró que se instalaron 22 kilómetros de conductoras y 112 de redes de distribución que incluye, además, el alcantarillado y drenaje pluvial.

Cué Lugo afirmó que las obras en la provincia incluyen tres plantas desalinizadoras en la Ciénaga de Zapata, la construcción del acueducto de Monticelo y las rehabilitaciones en las localidades de Matanzas, Jovellanos, Colón, Los Arabos y Unión de Reyes.

Apuesta por el destino Cuba el turismo británico

Más de 200 mil turistas británicos viajaron a Cuba el año pasado y se mantiene esa tendencia al crecimiento, porque aquí disfrutan de los beneficios de su clima, sus playas y sobre todo de la cultura de su pueblo, aseguró Anthony Stokes, embajador del Reino Unido en La Habana.

En declaraciones a Radio Reloj expresó que Cuba es un país muy seguro y bello, con mucho para ofrecer a los visitantes, cautivados sobre todo por el espíritu de su gente.

El Reino Unido celebra su condición de invitado de honor a la Feria Internacional de Turismo FITCUBA, del 2 al 5 de mayo en los cayos de Villa Clara, y nos interesa mucho promover el mercado cubano, señaló el diplomático británico.

Anthony Stokes mencionó que hay proyectos en marcha con participación de empresas británicas y son muchas las oportunidades para trabajar de forma conjunta en el desarrollo turístico de la isla.

Fábrica rusa presenta soluciones constructivas en FECONS 2018

La Fábrica rusa de Materiales Compuestos de Yaroslavl presentó en la XII Feria de la Construcción en Cuba una solución innovadora para sustituir las barras de acero en la construcción, con el fin de evitar la corrosión.

La empresa euroasiática mostró barras, mallas y elementos curvos de polímeros reforzados con fibra de vidrio para el refuerzo del hormigón armado, una alternativa al empleo del acero en las construcciones.

El consultor técnico de la entidad, Alejandro Hernández, explicó que el uso de esa tecnología reporta numerosas ventajas pues es anticorrosiva, ahorra en reparación y restauración, cuenta con precios competitivos comparados con el valor mundial del acero, y no contamina el medio ambiente.

Agregó que la relación con la nación caribeña comenzó hace tres años y que suministraron las barras empleadas para la reconstrucción de la Termoeléctrica Antonio Guiteras.

Meliá presenta nuevos hoteles

Bajo la marca Meliá Cuba, la cadena española Meliá Hotels International incorporó en la mayor isla de Las Antillas, cinco nuevos establecimientos durante el primer trimestre de 2018.

Los hoteles se ubican en las ciudades de Cienfuegos (La Unión, Jagua, y San Carlos), y Camagüey (Hotel Colón y Gran Hotel). Todos representan un nuevo enfoque para Meliá en Cuba, pues están ubicados en enclaves declarados patrimonio de la humanidad y en edificios históricos de alto valor.

Con idénticos parámetros, Meliá también abrirá, una vez finalizadas las adaptaciones, el hotel Innside Camagüey. Para el año 2020, incorporará a su cartera otros tres hoteles en la ciudad patrimonial de Trinidad: el Meliá Trinidad, el Meliá Punta Ancón, y convertirá el actual hotel Ancón en el Sol House Ancón, de su marca más innovadora.

A finales de 2018, abrirá dos nuevas instalaciones en Varadero y Cayo Santa María: el Meliá Internacional, con 934 habitaciones, y el Paradisus Los Cayos, con 802 habitaciones. (Fuente: periódico Juventud Rebelde)

Nuevos equipos aumentarán producción de mármol en Granma

El montaje de una nueva línea de producción en el Combinado de Mármoles Manuel Hernández Osorio, el único del país que procesa la cotizada variedad Crema del Valle, permitirá aumentar la productividad de esa industria y mejorar las condiciones laborales.

El directivo agregó que también se encuentran inmersos en la reparación de las naves de trabajo, el cambio de cubiertas, la renovación de la carpintería, pintura de los locales y mejoras en el edificio socio-administrativo, entre otras acciones constructivas.

Rodríguez Gómez señaló que con las transformaciones y modernización del Combinado de Mármoles Manuel Hernández Osorio, se generarán 20 nuevos empleos, para los cuales ya se encuentran en proceso de adiestramiento algunos trabajadores.

El directivo destacó que los principales productos elaborados en el combinado son las losas rústicas y brilladas, con una dimensión de 40 x 40 centímetros cuadrados, aunque puede variar por las exigencias de los compradores.

Compañía mixta Havana Club incrementa venta del ron cubano a nivel mundial

La compañía mixta Havana Club International espera vender al cierre de este año en el mundo 4 millones y medio de cajas del ron cubano de 9 litros.

En los primeros días de este año se registró en el mercado cubano una situación muy positiva en las ventas, a la par del alza del turismo extranjero en nuestro país.

El francés Christian Barré, director general de Havana Club International, destacó que actualmente laboran en las exportaciones y aprovechan las tendencias actuales en los principales mercados internacionales de consumidores de rones Premium, que son cada vez de mejor calidad.

Señaló además que en la actualidad, el ron cubano Havana Club está presente en 125 naciones, y los mayores registros de ventas son en Alemania, Cuba, Francia y Rusia.

Alista Wamos Air ruta con escala en nuestro país

La empresa Wamos Air reapertura la ruta Madrid-Guatemala, la cual tiene como novedad una parada en Cuba, tras su autorización por el Instituto de la Aeronáutica Civil de la mayor isla de las Antillas.

A través de la red social Twitter, el titular de la Dirección General de Aeronáutica Civil de Guatemala (DGAC), Carlos Velásquez Monge, confirmó el servicio aéreo a partir de mayo.

El permiso concedido a Wamos Air abarcará desde el 29 de mayo hasta el 27 de octubre para la ruta Guatemala-Varadero-Madrid mediante la utilización de aeronaves Boeing 747-400 para el transporte comercial de pasajeros, carga y correo.

El primero de marzo, la compañía española anunció en conferencia de prensa el reinicio del itinerario una vez a la semana, el cual permitirá viajar a Cuba (Varadero) sin escalas y por precios muy competitivos para los centroamericanos.

Fuentes: Radio Habana Cuba (RHC); Radio Reloj; Agencia Cubana de Noticias (ACN); Prensa Latina; Opciones/Juventud Rebelde; NTV; Cubadebate

Sobresale empresa agropecuaria matancera en sus producciones

Creado el Sábado, 21 Abril 2018 09:49 | Ana Leticia López Enamorado | Foto Internet



La Habana, 21 abr (ACN) La Empresa Agropecuaria Vladimir Ilich Lenin, en el municipio de Jovellanos, Matanzas, sobresale en el cumplimiento de sus producciones y también en la atención a sus trabajadores y el cuidado de la instalación, fundada hace más de cuatro décadas.

En un recorrido de la prensa por esa entidad, perteneciente al Grupo Empresarial Agrícola, se conoció que el 2017 resultó ser el mejor de los últimos 15 años, al obtener 15 mil 526 toneladas (t) de alimentos que fueron distribuidos al pueblo, el turismo y a la empresa comercializadora de productos agropecuarios Frutas Selectas.

Yunior Acevedo, director, refirió que tales logros son posibles gracias al esfuerzo y consagración del colectivo laboral.

Durante el intercambio, comentó que el plan de 2018 es de 18 mil 890 t de viandas, granos y hortalizas, y mencionó que al cierre del primer trimestre la “Ilich Lenin” cumplió con la entrega de unas seis mil 200 toneladas de algunos de estos rubros.

El Ingeniero Agrónomo y Máster en Fruticultura explicó también que con la incorporación de seis Cooperativas de Producción Agropecuaria (CCS) y una Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC), la empresa diversifica sus renglones, pues cuenta con frutales y ganado vacuno; de este último prevén acopiar 3, 75 millones de litros de leche.

Con respecto a la actual campaña de papa, Acevedo precisó que con motivo de las inclemencias del tiempo presentan atrasos en la cosecha, y por ello la fuerza de trabajo de la Empresa Agropecuaria se suma a las actividades, para concluir el envío a las provincias de La Habana y Matanzas.

El directivo explicó que aunque la entidad ha salido adelante gracias a la dedicación de los más de dos mil trabajadores, agrupados en la forma estatal y el sector cooperativo-campesino, aún les queda mucho por hacer, principalmente en asuntos de transportación y de logísticas.

Asimismo, valoró la importancia de aprovechar los recursos y de recibir en tiempo el paquete tecnológico, en pos de obtener mejores rendimientos agrícolas y mayores volúmenes de producción.

Juan Valdés Paz: “El programa martiano está todavía por cumplirse” (II y final)




Foto: Claudio Pelaez Sordo.

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Por:

Angel Marqués Dolz

Juan Valdés Paz es un ser privilegiado. Posee la visión del hombre mundano: fue trabajador de tintorería y empleado de comercio, maestro y administrador de una fábrica de azúcar. Y posee la información del hombre académico: profesor de la Facultad de Filosofía e investigador del Centro de Estudios sobre América, del Instituto de Historia de Cuba. ES Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García. En las dos primeras décadas de la Revolución, ocupó cargos de dirección en el peliagudo sector agrícola. Sus estudios se han convertido en varios libros útiles y muy bien acogidos: La Transición Socialista en Cuba (1993), Procesos Agrarios en Cuba, 1959-1995 (1997), Los procesos de organización agraria en la Revolución Cubana. 1959-2006(2008), El espacio y el límite. Ensayos sobre el sistema político cubano (2009).

En su último libro, La evolución del poder en la Revolución Cubana se lee: “El ejercicio del poder estará siempre acompañado de resultados inesperados y de un cierto grado de incertidumbre”.


Juan Valdés Paz, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2014. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

Si el gobierno de Raúl Castro ha topado con no pocas resistencias a su programa de transformación, que quedaría para el nuevo gobierno; en el día a día su ejecutoria puede ser todavía más resistida y engorrosa…

Toda política tiene favorecedores y opositores. A veces explícitos y visibles y, lo que es propio del socialismo real: la mitad de las cosas que ocurren pasan de manera invisible para la opinión pública.

Así que todas las políticas tendrán un nivel de consenso y apoyo, y un nivel de oposición. Entre la sociedad y el funcionariado, y dentro del funcionario por tipos de funcionariado. Tenemos una burocracia estatal, administrativa, económica, militar, que a veces está de acuerdo y a veces se pelea entre sí.

No sé cuántos, pero puedo adivinar que hay muchos guevaristas que no están de acuerdo con la reforma, que hay muchos fidelistas que no están de acuerdo, que hay muchos prosoviéticos que no están de acuerdo, que hay muchos funcionarios que no están de acuerdo. Puedo asumir que si ellos están en determinadas posiciones pueden ser un estorbo; si son mediadores pueden plantar determinadas resistencias. Pero no todo es ideología, también hay intereses individuales y de grupos.

Foto: Kaloian.

Más allá de las retrancas, existen otros obstáculos a salvar…

El retraso de la implementación tiene tres problemas más. Uno es la propia estrategia que se dio la dirección del país que puso un acento excesivamente gradualista y por tanto lento. Eso, cuando la opinión publica pedía aceleración, le permitía a la burocracia justificarse y legitimarse.

Esa lentitud introduce un problema colateral: la baja integralidad de la que ahora habla el V Pleno.

Hay un segundo problema que es de principio: no afectar a la población con políticas de choque. Otro dato desfavorable es el entorno internacional, cada vez más adverso e incierto y que aún puede empeorar más. Aliados nuestros con problemas y la voluntad del ejecutivo estadounidense de no desmontar el bloqueo, favorecen a los sectores más conservadores a lo interno que encuentran en todo este escenario externo un aire para sus velas. Por último, el bajo crecimiento de la economía no ha permitido acumular recursos para financiar los cambios que producen costos.

Llegamos al nudo gordiano de la reforma: la dualidad monetaria.

Unos están en pro del shock, que sea de una sola vez, otros por un proceso gradual. La decisión es política. El problema es que hay costos y se los tienes que pasar a alguien. ¿El Estado tiene recursos para asumirlos o no? ¿Tendrá que pasar parte de los costos a la población? Y me dirás ¿a quiénes? Algún sector de la sociedad se afecta con la unificación monetaria. Si proteges a los de menor ingreso, vas a afectar a los de mayor ingreso. Si quieres buscar una media, afectarás a los sectores medios. Obviamente, se tratará de minimizar la afectación.

Volvemos a la metáfora de por dónde vamos a cortar el pescado, si por la cabeza o por la cola y que evoco en homenaje al Comandante Jorge Papito Serguera, quien siempre recordaba que ese era el problema central de la política.

¿Y la tasa cambiaria?

Cualquiera sea la tasa de cambio que se establezca, se tiene que sostener, y para sostenerla hay que tener reservas para paliar el incremento de la demanda que siempre se presenta cuando se hace un cambio de moneda, porque esa moneda fluye hacia el mercado para probarse. De lo contrario, puede crearse inflación y un mercado negro de divisas, si la moneda que se queda no tiene el valor de compra que se le adjudicó.


Pesos convertibles y pesos cubanos regulares. Foto: Ramón Espinosa / AP.

Pero la dualidad, que en los 90 salvó al país de la dolarización y de perder la soberanía financiera, ahora se comporta como un irresistible invitado…

Es casi imposible medir el comportamiento de la economía con dos monedas, que en realidad son cinco, y llevar una contabilidad creíble. Está reconocido por el gobierno que es muy difícil avanzar y darle integralidad al proceso de reforma si no se resuelve el problema de la dualidad monetaria. La pregunta que estaba en el ambiente era si ese problema se iba a resolver con el actual presidente o se le iba a dejar al nuevo presidente.

De cualquier manera, la nueva administración no la tiene fácil.

No sabemos cuántas facilidades le darán al nuevo mandatario para que ejerza su función. Aquí tendrá que jugar un papel muy fuerte el arbitraje del Partido. Cambios, retiradas, aggiornamento, promociones, pueden respaldar con muchísima fuerza al nuevo gobierno civil. Por otra parte, las Fuerzas Armadas están subordinadas al poder civil, pero no lo han vivido. Hay que educar a los estamentos armados en que están subordinados al poder civil y promover una cultura de la institucionalidad y de respeto a la Constitución que acompañe a lo que no hemos tenido hasta ahora: un gobierno no histórico, civil y joven. Es muy importante que toda esta sucesión transcurra con tranquilidad y normalidad, porque ello expresa la unidad política del país.

Sucesión histórica y sucesión generacional. ¿Vendrán juntas?

Todavía existirán muchos históricos y mucha gente de más de 70 años. Es necesario el acceso de nuevas generaciones que tienen menos de 30 o 40 años y sientan que están en el poder, o al menos que sientan que están suficientemente representados.

Eso es una parte de la legitimidad del nuevo gobierno.

Que el eventual Presidente tenga menos de 60 años anuncia esa renovación generacional y es una fuente de legitimidad de cara a las nuevas generaciones. En el imaginario social es que se ha iniciado una sucesión generacional.


“Todas las políticas tendrán un nivel de consenso y apoyo, y un nivel de oposición”. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

Hay un crédito de tiempo que la sociedad otorga. Hay también una paciencia histórica. ¿Qué capital de tiempo tendría el nuevo gobierno?

No se puede decir. Tiene que ver mucho con su desempeño, obviamente con el éxito de su gestión. Si logra acelerar el proceso de reformas puede tener asegurado un segundo mandato y eventualmente dejar un legado importante y confirmar que las nuevas generaciones pueden sostener ambos proyectos, el de sociedad y el de nación.

Ambos requisitos existenciales para Cuba…

A diferencia de China y Vietnam, nosotros tenemos menos de doscientos años de construcción de la nación, siempre amenazada por el coloso del Norte, no solo militarmente, sino política y culturalmente. Nosotros tenemos que construir la nación contra Estados Unidos, que por razones geopolíticas y hasta idiosincráticas, no puede admitir un país plenamente soberano e independiente a 90 millas.

El factor estadounidense es ambivalente. Es hostil, amenazante, pero alimenta el nacionalismo.

Aquí el proyecto de soberanía frente a Estados Unidos se afincó con un proyecto de sociedad socialista, anticapitalista. Está claro por qué tuvimos que declararnos socialistas, porque no había posibilidad práctica de persuadir y de comprometer la ayuda del único otro campo que nos permitiría sobrevivir a la agresión norteamericana, que darle alguna garantía de que éramos un aliado confiable.

Y siempre nos queda un ideario tutelar y programático, que es José Martí.

El primero que enunció un proyecto de nación y de sociedad es el programa martiano. Para mi gusto, bastaba el programa martiano, que está todavía por cumplirse. A veces parece que nos acercamos y a veces parece que nos alejamos.

El proyecto de sociedad es una variable del proyecto de nación, que no puede ser variable, porque el tema de la soberanía, la independencia y la autodeterminación no puede ser objeto de ninguna discusión, concesión o negociación.

Eso es un dogma.

Tiene que ser un dogma. O lo asumimos dogmáticamente o de manera principista o no hay Estado-nación. Si la gente no cree en su nación, no tiene identidad; si acepta subordinación, una soberanía limitada, si la gente acepta la dependencia por cuatro prendas, si acepta que el embajador norteamericano en La Habana diga cómo hacer las cosas en Cuba, pues entonces ya no hay Estado-nación, hay una neocolonia.

Nosotros para sostener el proyecto de nación vis a vis con Estados Unidos necesitamos el consenso mayoritario de la población. Transitaremos con opositores y disidentes, pero hay que tener ese consenso.


“Para mi gusto, bastaba el programa martiano, que está todavía por cumplirse”. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

¿Significa que ese consenso aplastará el disenso?

Significa: ¿qué vamos a hacer con el disenso? El disenso es un hecho sociopolítico. Nosotros tenemos que acabar de distinguir el disenso de la contrarrevolución. Primero tienes disenso en tus filas. He ahí el primer drama; la incapacidad del socialismo real para asumir el disenso en sus filas.

Cuando disientes parece que te has salido de la Revolución. No hay nada con más sentido común que si vas a tener una oposición le pidas que sea leal al orden constitucional del país, aprobado por la mayoría. La expresión oposición leal me parece lícita. Vamos a tener siempre una franja de la población que discrepa del socialismo. Existe y hay que reconocerle derechos para que no colisionen con el orden institucional establecido. El quid del asunto es ver cómo conquistamos más apertura y como adquirimos una cultura del debate. Hemos avanzado, pero no lo suficiente.

Es un hecho que Estados Unidos tratará siempre de rentar más opositores desleales, de capitalizar los desencuentros, las frustraciones…

Nosotros frente a Estados Unidos tenemos el problema de una oposición desleal, subordinada y financiada por los gringos; pero no cabe duda de que si reconociéramos el estatuto de una oposición leal podríamos resolver en el futuro, hay que pensar en el futuro, que no toda disidencia se vuelva contrarrevolucionaria.

El proyecto nacional está en manos de generaciones post 1959. ¿Cómo evalúa la perspectiva?

Hay cansancio, inconformidad, crítica, desorientación, que es algo transversal a todas las generaciones, mucho menor en las viejas y mucho mayor en las nuevas. Pero la traducción política de eso es lo que podríamos llamar anomia política: dejo de ser una fuerza movilizada y tampoco me dejo movilizar por la oposición.

Lo que se está acrecentado, según mi percepción, es el componente pasivo del consenso, no el activo, y cierta anomia política, patente en la quinta generación, que crece mucho más en la sexta, y se está formando una séptima generación política cada vez más anómica.

Las revoluciones son procesos históricos que comienzan y terminan un día. Nosotros creemos y necesitamos que la Revolución se extienda en el tiempo indefinidamente porque no tenemos resuelta la cuestión nacional.

Y de tantos desafíos, ¿cuál sería el más formidable de todos una vez iniciado el día después del 19A?

Nosotros vivimos un fenómeno inédito en la historia, que es Fidel Castro. Él solo era todo: la decisión política, el discurso para promoverla, la justificación de la política, la promoción cultural, la política al servicio de valores, la entrega personal, etcétera. Tenía esa capacidad de llevar todas las agendas a la vez y eso ya no existe. Entonces hay que hacer que las instituciones funcionen y que quien suplante a Fidel Castro sea el Partido Comunista. En mi opinión el problema más grave del futuro es eso que tú has llamado el arbitraje entre las tendencias. El arbitraje de Fidel y Raúl ha estado al margen de cualquier cuestionamiento de las partes.

viernes, 20 de abril de 2018

Cuba probable. La transición socialista y el nuevo gobierno.


April 19, 2018

 Cuba probable. La transición socialista y el nuevo gobierno.
por Rafael Hernández

En la noche del 19 de abril de 2018, se anunció una lluvia de estrellas. Para los astrónomos, que estudian el cielo, este fenómeno no encierra ningún misterio, pues se trata del rastro dejado por la estela del cometa Halley en nuestro sistema solar.  Aunque resulta absolutamente predecible,  cuando esta lluvia alcance su clímax, será única, distinta a cualquiera anterior, e irrepetible como evento cósmico. Es decir, imposible de anticipar en todas sus luces y variaciones. Este acontecimiento comparte algunos rasgos con los cambios que ya vienen desarrollándose en Cuba en 2017-2018.

De entrada, ciertas preguntas y predicciones sobre las elecciones  y el nuevo gobierno cubano parecen flotar en una especie de ingravidez propia del espacio exterior.

¿Podrá estar listo “un nuevo presidente que no se apellide Castro” ante una situación tan peligrosa? ¿Qué podrá hacer frente a esa “tormenta perfecta de desafíos –empezando por los vientos huracanados de Trump”? (Whitefield y Gámez, 2017) ¿Quién es “ese burócrata del Partido” [Miguel Díaz-Canel] del que nadie sabe nada?  (Erikson, 2017) ¿Cuáles serán “los valores e intereses del equipo que apunta a tomar las riendas del Estado cubano”? (López-Levy, 2018) ¿Qué podrá pasar con este candidato a presidente “sin apoyo dentro del PCC ni entre los militares”? (Suchlicki, 2017) ¿Qué podrá decidir este nuevo presidente que seguro tendrá a “Raúl y al resto del clan Castro encima de él”? (Hare, 2017) ¿Es “concebible que un futuro conflicto entre el partido y el Ejército pudiera producir un terremoto político, que en teoría generaría una transición política hacia la democracia”? (Corrales y Loxton, 2018).

Su capacidad de pronóstico rebasa a la de los astrónomos: esta “sucesión autoritaria”, que priva de “legitimidad interna y externa al nuevo mandatario”, lo condenaría  a ser un simple engranaje de la “inmutabilidad política”, o sea, a paralizar las reformas y dejar todo como está.

Sin espacio para discutir estas tesis casi astrológicas, este artículo se limita a examinar la significación e implicaciones de un acontecimiento previsible –el cambio de gobierno--, como parte de un proceso político –la transición-- que ni empieza ni termina el 19 de abril de 2018, y cuyas consecuencias rebasan a los oráculos ideológicos de los dos lados. Se dirige a examinarlo desde la estructura y composición reales del sistema político y sus instituciones de poder principales, las existentes como legado de una etapa que culmina.

Algunos comentaristas parecen olvidar que los políticos actúan dentro de circunstancias que no eligen ni controlan absolutamente. Esta premisa elemental de ciencia política, ¿se cumple en “un sistema autoritario”, unipartidista, expuesto a una nueva relación people to people con EEUU y a la hostilidad de su gobierno, en medio de un “relevo generacional” de la clase política, que requiere preservar la estabilidad como requisito fundamental? Para no deslizarse por la pendiente de una  incógnita Cuba posible, se requieren evidencias y datos, que permitan acercarse a una más tangible Cuba probable.

Desde ese contexto, se podría discutir con más claridad las cuestiones relevantes para el futuro inmediato de la política nacional y el desarrollo del modelo socialista cubano.




¿Qué Asamblea Nacional del Poder Popular ?

El perfil  demográfico de esta ANPP muestra una representación más que proporcional (según el Censo) de mujeres (53,22 %), negros y mestizos (40,66%) y graduados universitarios (86%). Más de la mitad está compuesta por nuevos diputados; un poco menos de la tercera parte está siendo reelegida por segunda vez; una quinta parte ha estado en la Asamblea al menos desde 2008.  Entre esos diputados, 98% son militantes del PCC o la UJC.

La presencia de diputados que realmente viven y trabajan en los municipios, considerando todos los trabajadores estatales (dirigentes y militares incluidos), los órganos del PP (consejos de administración y municipales), cooperativistas agrícolas y “trabajadores por cuenta propia”, conforman una gran mayoría de 62,6 %.




Según fuentes oficiales, el conjunto de los trabajadores no estatales (incluyendo cooperativistas agrícolas, artistas y otros que reciben ingresos no provenientes de un salario) asciende a 29 % de la fuerza laboral (ONEI, 2016). Sin embargo, su presencia en la ANPP no llega al 7 %. En el caso de los “trabajadores por cuenta propia” (con licencias para ejercer una lista de empleos del sector privado), apenas alcanza 0,5 % de la ANPP, lo que expresa una extrema subrepresentación. A pesar de la política declarada de incentivar a las cooperativas como modalidad de trabajo no estatal, en tanto forma de organización y propiedad social sobre medios no fundamentales de producción, la representación de las cooperativas no agrícolas es nula.

En el sector de la cultura, la presencia de artistas y escritores sin cargos de dirección en el momento de la elección es muy escasa. Aunque hay más científicos en esta ANPP, los únicos diputados que pueden haber realizado estudios en el campo de las ciencias sociales son unos pocos docentes universitarios. Ninguno de los centros de investigación (los llamados think tanks) de las universidades, el sector de la ciencias sociales, la cultura, las relaciones exteriores, etc. ocupa ningún escaño. 




¿Qué significa esta Asamblea en el reflejo del contexto político específico del próximo gobierno en términos de representación/renovación/continuidad?

Si se comparara –como veremos más adelante-- con otras instituciones de poder político --el Consejo de Ministros y el CC del PCC--, esta Asamblea los rebasa en participación de mujeres, negros y mestizos, y graduados universitarios.

Ahora bien, la estructura de mayorías y minorías descrita arriba no solo permite medir su representatividad y diversidad, sino estimar su potencial dinámica, en caso de que la ANPP se convirtiera en una institución determinante en el funcionamiento del sistema político cubano, en los términos previstos por la Constitución vigente. Para cumplirlos bastaría que se dedicara a debatir y promulgar sistemáticamente las leyes, ejercer la más alta fiscalización sobre los órganos del Estado y del Gobierno, incluida la eventual revocación de decretos-leyes y de miembros de los consejos de Estado y Ministros, a discutir y acordar el sistema monetario, los lineamientos de la política interna y exterior, extendiera a más de tres días los dos períodos ordinarios de sesiones al año (cuya frecuencia establece la Constitución, pero no su duración), a convocar sesiones extraordinaria cuando lo solicitara la tercera parte de los diputados, así como revisar y proponer enmiendas al orden constitucional (Constitución, Art. 75 y 78).

Cultura y constitución del liderazgo institucional: el legado político de Raúl Castro.

Algunos estudiosos han reseñado el papel  de Raúl Castro como arquitecto de la seguridad y defensa de Cuba en más de medio siglo (Klepak, 2012); otros  como el autor del “ciclo pragmático más profundo de reformas económicas” (Mesa Lago, 2012). Algunos más han llegado a imaginarlo como  una especie de Deng Xiao Ping tropical, cuyo proyecto de liberalización bien inspirado hacia una economía de mercado se ha atascado, de modo “completamente decepcionante” (Feinberg, 2017).

En el breve espacio de este texto, me concentraré en dos aspectos de su legado. El primero es el significado de su liderazgo en la introducción de concepciones y prácticas dirigidas a naturalizar las reformas, convertir la consulta con los ciudadanos en una práctica regular y promover que las instituciones establecidas funcionen de manera democrática plena. El segundo es la regeneración de la dirigencia y su nueva matriz, lo que algunos identifican como el “relevo generacional” y otros como “la transición a un gobierno post-Castro”.

Hacia un socialismo democrático.

En los debates del VII Congreso del PCC (2016), se reportó el intercambio entre un veterano dirigente del Partido y un delegado más joven en torno a la conveniencia de incorporar en los documentos la idea de “nuestra democracia socialista” (Granma, 2016). Aunque la posición del veterano prevaleció en el debate –“el concepto de democracia junto al de socialismo refleja una corriente vergonzante del socialismo”--, los documentos oficiales finales sobre el nuevo socialismo hicieron explícitas no solo las cualidades de próspero y sustentable, sino la de democrático.

Los millones de cubanos que debatieron o conocieron los documentos de los congresos VI (2011) y VII, y de la Conferencia (2012) del PCC pueden dar fe de que estos reflejan un socialismo diferente al que se defendió en Cuba hasta entonces. Quien los revise bien difícilmente podría entenderlos como el camino hacia un “modelo neopatrimonial chino-vietnamita” (Bye, 2017) o socialdemócrata. En ese nuevo socialismo en construcción, basado no solo en fórmulas económicas, las nuevas ideas y estilos políticos tienen la marca de origen de Raúl Castro. Entender sus discursos y decisiones permitirían formarse una idea precisa.

Unos días antes de asumir el gobierno de manera inesperada, Raúl había declarado que “la especial confianza que otorga el pueblo al líder fundador de una Revolución, no se transmite, como si se tratara de una herencia, a quienes ocupen en el futuro los principales cargos de dirección del país” (Castro, 2006)[1], anticipando que el consenso instantáneo de que gozaba el fundador ya no sería una premisa, y en lo adelante habría que fomentarlo. Su contribución a la renovación del ideario socialista empezó por naturalizar la discrepancia, y considerarla parte orgánica de un nuevo consenso. Basta advertir cuántas expresiones de disentimiento identificadas como “contra”  a fines de los 80 e inicios de los 90 se ubican hoy “dentro” del discurso socialista en el conjunto de la sociedad --aunque algunos todavía se resistan a verlo así.

A pesar de que algunos dirigentes han repetido que los cambios se limitan a modernizar el modelo económico, dejando intacta “la parte política”, los discursos de Raúl han propuesto un socialismo basado en nuevas mentalidades y prácticas, incluyendo la política económica. Estas incluyen la necesidad de “dialogar con los ciudadanos”, consultarles las principales políticas, emplazar a la burocracia resistente al cambio, la ineptitud del sistema de medios de difusión, los estilos anquilosados de educación política y trabajo ideológico –lo que él ha llamado “la vieja mentalidad”.

Su desempeño desde los años 60 a cargo de la defensa y la seguridad no anunciaba que “nuestro peor enemigo no es el imperialismo” ni sus aliados en la isla, sino “nuestros propios errores”, las “visiones estrechas y excluyentes”. Su imagen de militar tampoco anticipaba al defensor de un  sistema descentralizado,  la toma de decisiones colegiada, el derecho a discrepar “del que no se debe privar a nadie”, “el debate sin ataduras a dogmas y esquemas inviables”, la erradicación del “secretismo informativo en todo lo que define el curso político y económico de la nación”, de la “barrera psicológica formada por el inmovilismo, la indiferencia,” que impide “transformar conceptos erróneos e insostenibles acerca del socialismo”, la mala copia de “otras experiencias socialistas”, y al mismo tiempo la necesidad de “no ignorar incluso las positivas de los capitalistas.”

En su énfasis sobre la democracia, ha afirmado que para seguir teniendo un partido único, tiene que ser “el Partido de la Nación Cubana,” “el más democrático,” “dar el ejemplo en sus propias filas,” ser capaz de “promover la mayor democracia en nuestra sociedad”, lo que “contribuirá a superar actitudes simuladoras y oportunistas surgidas al amparo  de la falsa unanimidad y el formalismo.” Se trata de “acostumbrarnos a decirnos las verdades de frente, discrepar y discutir, incluso ante lo que digan los jefes” y “desterrar la mentira y el engaño en la conducta de los cuadros, de cualquier nivel.”

Los documentos políticos del gobierno tampoco son intocables. “El programa de la revolución se debe actualizar cada cinco años para que responda siempre a los verdaderos intereses del pueblo”. No debe leerse como “una obra totalmente terminada ni con un prisma estático o dogmático”, sino “una guía para continuar avanzando en las reformas del sistema”, incluyendo la conceptualización sobre el socialismo mismo. “Así se asegurará también el permanente perfeccionamiento y profundización de la democracia socialista.”

Muchas de esas ideas y políticas no han llegado aún a legislarse. La agenda de proyectos de ley anunciados, pero pendientes, abarca la estructura y poderes de los municipios, las pequeñas y medianas empresas,  el sistema electoral, las empresas del sector público, la política de comunicación, otro código de familia. Se requiere además actualizar una legislación envejecida sobre asociaciones, cultos religiosos, y otros temas. La VIII Legislatura acordó designar una comisión para estudiar una nueva reforma constitucional, que debería impulsar, debatir y aprobar una Asamblea Nacional cuya actividad legislativa llegara a rebasar la de los consejos de Estado y de Ministros. 

La nueva dirigencia política: ¿una matriz?

El rejuvenecimiento del liderazgo está en el núcleo duro del legado de Raúl. Él mismo ha puesto sobre la mesa una norma sin precedentes (“limitar a un máximo de  dos periodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos y estatales principales”), que debe esperar por una reforma constitucional para hacerse firme. Si en lugar de declararlos una mayoría de “octogenarios” (Bye, 2017), se mira detenidamente a la dirección del gobierno y el Partido del periodo de Raúl, se verá que ese “traspaso intergeneracional del poder” (López-Levy, 2018) ya había empezado y avanzado desde hace años.

Según un estudio de hace cuatro años (Hernández, 2014), la edad del Consejo de Ministros y el Comité Central del PCC era de 58 años. Esta coincidía con la titulada  “generación escondida”, llamada así por comentaristas de la política cubana como el ex–policía y politólogo aficionado Mario Conde (Padura, 2013, p. 24).[2] Curiosamente, esta “generación escondida” había empezado a reemplazar en los hechos a la clase política “histórica”, y lo estaba haciendo mucho antes de lo vaticinado.

El CC del PCC elegido en el VI Congreso (2011) había reducido su edad promedio a 57  –y seguiría bajando hasta 54 en 2016. Ya en 2014, el 80 % de los 15 presidentes de asambleas provinciales del Poder popular tenía menos de 50. Y ninguno de los 167 secretarios municipales del PCC, salvo uno, pasaba de lo que en Cuba se suele llamar “la media rueda” (50 años) (Hernandez, loc.cit.).
En cuanto a la dirigencia a nivel nacional, las edades en el Consejo de Ministros de Raúl iban de 50 a 87, pero ya más de la mitad de estos estaba por debajo de la línea de 60 años. O sea, que la supuesta “generación escondida” ha sido parte del gobierno en los últimos diez años, y debe seguir en el Comité Central del PCC por lo menos hasta el próximo congreso en 2021.

¿Quiénes son esos más altos dirigentes cubanos? El Buró Político del PCC salido del VII Congreso (17 miembros) ha sido el primero donde los cargos por perfil profesional (9) –defensa, economía, diplomacia, salud pública, ciencia y técnica—rebasan al número de dirigentes políticos de carrera (8). Entre esos cuadros políticos, 5 han dirigido en las provincias, y 3 ingresaron al BP bajo el mando de Raúl. Este patrón que encamina a dirigentes provinciales del PCC y el Poder Popular hacia el más alto nivel nacional también resulta parte de su legado.

En cuanto a los ministerios y organismos centrales, la mayoría (2/3) de las principales áreas de origen de sus máximos dirigentes son la economía estatal, la dirigencia partidaria y las fuerzas armadas --22% del Consejo cada una. En cuanto al perfil profesional, la especialidad de mayor frecuencia –incluido el primer vicepresidente-- es ingeniería (9). Entre economistas e ingenieros se concentra el 44 % del gabinete.



Fuente: cálculo de autor, sobre datos en http://www.parlamentocubano.cu/index.php/consejo-de-ministros/

El estilo de liderazgo de esta mayoría del gabinete de Raúl --cuyo primer vice ha sido un ingeniero electrónico durante cinco años-- se orienta hacia un modelo sistémico, basado en control de indicadores, chequeo de flujo, y una lógica que prioriza la eficiencia. En esta razón ingeniera, diferente a la del puesto de mando militar, o al espíritu guerrillero predominante en etapas anteriores, radican sus mayores potencialidades --y también el sesgo tecnocrático presente en algunas de sus formulaciones.

En cuanto a diversidad de género y color de la piel, la tabla anterior muestra que la tercera parte del Consejo de Ministros han sido mujeres –representación superior a gabinetes anteriores, aunque todavía insuficiente. En el Buró Político, donde también son minoría, las mujeres han pasado de cero o una, a 4 (25 %). Los no blancos ese alto mando del PCC representan 35 %.

Por demás, la política de rejuvenecimiento en curso ha llevado a que la edad promedio de los dirigentes máximos del PCC en cada una de las 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud haya descendido a 52 (2018) --cinco años más joven que la del vicepresidente Díaz-Canel. Según datos oficiales recientes, la edad promedio de la nueva ANPP se redujo en cinco años respecto a la de la VIII Legislatura (Granma, 2018) --es decir, de 54 a 49.
La cuestión de “los militares”.

Algunos de los observadores mencionados al principio de este artículo dan por sentado que el área política más incierta y problemática en la transición al nuevo gobierno es la marcada por las “nuevas relaciones” entre “los militares” y los “civiles”.  Esta incógnita parte de asumir que el de Raúl es “un gobierno de militares”, para preguntarse luego si un presidente civil va a estar en desventaja ante ese “estamento” de poder dentro del sistema cubano.

Un poco de perspectiva histórica permitiría apreciar el significado real de esta cuestión.

Cuando se mira la foto del primer CC del PCC, fundado en octubre de 1965, se puede observar que 70 de sus cien miembros visten de verde olivo. Para quien ignore la historia de la revolución, ese uniforme puede producir la ilusión óptica de que todos esos militares tienen un mismo código genético político. A diferencia de Charles de Gaulle, Dwight Eisenhower, Juan Domingo Perón o Gamal Abdel Nasser, los que integraron el liderazgo revolucionario, combatieron en la Sierra (los frentes guerrilleros)  y en el Llano (las organizaciones clandestinas), y ocuparon las principales responsabilidades al frente del nuevo estado, incluidas tareas en las fuerzas armadas y la seguridad, no se educaron en colegios militares ni pasaron de generales a líderes políticos. Caracterizar a Fidel Castro como militar resulta simplista; lo mismo que reducir la contribución del Che Guevara al socialismo cubano a su rol como guerrillero.

La mayoría del liderazgo que ha integrado la llamada “generación histórica” responde a estas características. Las FAR representaron, desde los años 60 y siguientes, una puerta giratoria con las instituciones de la revolución, el Estado y el PCC. Prácticamente todos los ministerios –educación, construcción, industria azucarera, transporte, comunicaciones, pesca, agricultura, etc.--  fueron dirigidos entonces por oficiales de las FAR –algunos retirados, otros en activo--. Entre los años 70 y 90, miembros del secretariado del Partido --a cargo de las relaciones internacionales o el sector ideológico--, presidentes de la Asamblea Nacional, fiscales generales o directivos de la Academia de Ciencias tuvieron (o mantuvieron) grados militares. Algunos autores han identificado con el concepto del “soldado cívico” a esta condición híbrida de la dirigencia cubana (Domínguez, 1978). 

Naturalmente, hace tiempo que las FAR se profesionalizaron. Y aunque el liderazgo de los ministerios de la defensa y la seguridad sigue estando en manos de oficiales “históricos”, ya profesionalizados, ninguno de los actuales jefes de los tres ejércitos bajó de la Sierra ni combatió en el Llano, sino se formaron en academias militares y en las guerras africanas.

La presencia de cuadros militares en tareas de la economía nacional, y de las FAR como institución dedicada a asegurar no solo “los cañones”, sino “los frijoles”, tuvo un nuevo giro desde la crisis del Periodo especial. Pero adjudicarle al “legado normativo de Raúl Castro el control militar de la economía” y considerar que “el régimen en Cuba seguirá acorralado por la familia Castro y el Ejército” (Corrales y Loxton, 2018) resulta una tesis difícil de demostrar con números y hechos.

Ante todo, ¿en qué medida el gobierno de Raúl como presidente incorporó realmente a una cantidad apreciable de oficiales retirados o en activo? Ya el último Buró Político (BP) elegido bajo la dirección de Fidel en 1997, incluía a 7 militares, sin contar al Segundo secretario del PCC, Raúl.  En el elegido por el VII Congreso (2016) quedaban solo 4, y ninguno incorporado bajo el gobierno de Raúl.

Los ministros provenientes de las instituciones armadas en ese gobierno, aparte de él mismo, y los encargados del MINFAR y el MININT, se reducen a dos vices, un secretario, y dos ministerios económicos –Industria y Transporte. Ramiro Valdés, aunque viste de uniforme, dejó de desempeñar tareas relacionadas con la seguridad hace más de treinta años (1961-1968 y 1979-1985), y se ha ocupado de otros sectores (construcción, electrónica, comunicaciones), como sigue hasta ahora. Sin contarlo a él y a Raúl, los militares en activo o retirados serían apenas 19 % del CM –contra una mayoría de 44 % de ingenieros y economista. En cuanto a los puestos principales a cargo de la economía nacional, la cuenta es clara: 4 de los 6 vices del gabinete, y 13 de los 15 ministerios económicos han sido dirigidos por civiles –no identificables con el “soldado cívico” ni la “generación histórica“.

Analizar el espacio real –a veces sobreestimado-- que las empresas de las FAR ocupan en la proyección del desarrollo económico cubano actual rebasaría la extensión de este artículo y su foco principal. En todo caso, sí convendría considerar que el reconocimiento a la capacidad empresarial de las instituciones militares en su participación dentro del actual sector público cubano implicaría verlas como parte integral del nuevo modelo socialista. Aunque algunos economistas no parecen compartirlo del todo, la propia evaluación sobre la eficacia y la eficiencia empresariales en el socialismo exige una perspectiva no meramente corporativa o tecnocrática, que incluya entre los índices de eficiencia la aplicación de prácticas sustentables, nivel de retribución y participación de los trabajadores, probidad en el manejo de los recursos, protección ambiental e interacción comunitaria. La capacidad de todas las corporaciones estatales para comunicarse y cooperar con actores sociales diversos, trabajadores y ciudadanos en general --lo que suele llamarse responsabilidad social empresarial— tendría que servir como vara de medir la gestión de “la empresa socialista”  tanto de las militares como de las civiles.

Las cifras y comentarios anteriores no se dirigen a disminuir el papel de los militares en un gobierno encabezado por un General Presidente (que seguirá siendo el Secretario general del Partido), sino a analizarlo en sus atributos políticos. Se trata de colocar ese rol en perspectiva, a las instituciones armadas como segmentos de un Estado y de estructuras de poder más complejas, cuyas políticas dependen hoy menos de habilidades militares clásicas, como el mando único, el principio de verticalidad y obediencia, la concentración de decisiones en el estado mayor, el avance mediante campañas, la concentración de fuerzas en dirección al golpe principal, o la conquista de objetivos estratégicos pagando incluso costos muy altos si así se determina. O para el caso que nos ocupa, de habilidades gerenciales adquiridas, tangentes en cierta medida con las anteriores.

Dada la sociedad cubana actual, su contexto histórico, y los desafíos del desarrollo, esas políticas (económicas incluidas)  se relacionan menos con técnicas de gerencia y habilidades de gestión, y más con capacidad para aplicar el conocimiento a la innovación, transparencia informativa, descentralización no limitada a desconcentrar las decisiones, evaluación informada de los problemas, transformación del sector estatal hacia una mayor autonomía y horizontalidad de sus instituciones, valoración de impactos sociales y políticos en sectores sociales en desventaja, extensión del sector no estatal y papel de los nuevos sujetos económicos, funcionamiento eficaz de la ley y participación ciudadana real.

En estas y otras capacidades se probará realmente el nuevo gobierno.

Consideraciones finales: ¿cuáles preguntas?

A lo largo de casi 59 años, desde que “las guerrillas bajaron de la Sierra”, la capacidad del orden político cubano de reproducirse mediante el cambio es la clave de su estabilidad. Entre el socialismo de los 60, el de 1970-90, y el que sufrió los embates de la crisis llamada Periodo especial, ocurrieron cambios de fondo, que produjeron más de un reordenamiento del sistema institucional, modificaron los contenidos ideológicos del comunismo cubano, integraron a generaciones que no estuvieron en la Sierra (o el Llano), y se constituyeron sobre una sociedad multigeneracional y cada vez más diferenciada en su estructura socioeconómica.

A partir de los 90, esas críticas y discrepancias, perceptibles alto y claro en  una esfera pública cada vez más autónoma, obtuvieron carta de naturalización “dentro” del sistema, también a oídos de líderes viejos y nuevos.

A pesar de cambios palpables, sin embargo, varios años después de haberle transferido el mando a Raúl, algunos expertos afirmaban que Fidel seguía gobernando, pues “eso decía todo el mundo en Cuba”. Aunque las políticas y el estilo de liderazgo de Raúl resultan bien diferentes, aún algunos declaran hoy que “el modelo carismático de Fidel” siguió vigente en la presidencia de Raúl.

Esa misma inercia mental que impregna las visiones sobre la política cubana determina que el nuevo gobierno sea considerado por algunos, aun antes de tomar posesión, como impedido genéticamente de actuar por sí mismo. La ineptitud para apreciar los cambios políticos reales refleja también un lastre ideológico que no deja ver lo que no responda a un paradigma prefijado. Paradójicamente, este lastre funciona igual en ambos extremos del espectro ideológico --ciegamente en contra o en pro. En efecto, cuando se dice que “no habrá cambio político mientras no exista un sistema multipartido y elecciones presidenciales directas”, los dos extremos coinciden en afirmar la “inmutabilidad” política –de un lado, como maligna; del otro, como virtuosa.

Las preguntas cubanas de fondo sobre el nuevo gobierno se colocan más allá de esta ecuación binaria.  ¿Puede una Asamblea Nacional con un 98 % de militantes del PCC y la UJC interpelar a los ministros, cuestionar su gestión y removerlos cuando haga falta –según norma la Constitución cubana actual y ocurre en otros sistemas socialistas (como Vietnam)? ¿Es la diversidad y el debate de ideas dentro del Partido, las instituciones representativas del Poder popular, las organizaciones e instituciones del sistema, un síntoma de división y debilidad política –o todo lo contrario? ¿Se necesita “un partido de acero” o uno que demuestre “sentido del momento histórico”, “cambie todo lo que deba ser cambiado”, capaz de liderar “con inteligencia y realismo”? (F. Castro, 2000).

La IX Legislatura, que acompañará al nuevo gobierno, y cuya edad promedio es 8 años menor que la del nuevo presidente, podría empezar a ejercer esas atribuciones constitucionales, aunque fuera de modo paulatino, a lo largo de su naciente mandato. Solo eso ya marcaría una renovación de fondo en el funcionamiento del sistema político, y en la dirección del discurso de Raúl Castro durante su presidencia.

El legado de Raúl es importante porque abarca ideas sobre un socialismo sustentable, próspero y democrático, legitimadas por el sello de la “generación histórica”. También lo es porque incluye políticas ya acordadas y anunciadas, en algunos casos, hace dos años o más. Se trata de acabar de aplicarlas, para lo cual el apoyo que el nuevo gobierno reciba de Raúl al frente del PCC resulta crucial.

Sería contradictorio suponer que este pusiera cortapisas a su propio legado, incluido el relevo de un presidente capaz de desempeñarse con efectividad y obtener su propio reconocimiento. Se trata de su transición, la concebida por él para asegurar la continuidad renovada del socialismo cubano. Suponer lo opuesto, sería tan contradictorio como que Fidel, al pasarle el mando, se hubiera dedicado a no dejarlo tomar sus propias decisiones o a no apoyarlas.  

Los retos del nuevo gobierno son conocidos. El primero de una larga lista, en términos de los trabajadores, es restablecer el poder adquisitivo del salario en un mercado de oferta y demanda, privado y estatal, con precios muy por encima del salario promedio. Pero también dispone de fortalezas, que pueden aprovecharse a fondo.

El nuevo presidente dirigirá una sociedad cuya fuerza laboral tiene casi 30 % de graduados universitarios, más que representados en la ANPP, el CC y el Buró Político del PCC; una clase política ampliamente renovada en cada una de sus instituciones; y liderazgos provinciales jóvenes, donde hay figuras capaces, con autoridad política y moral, y apoyo popular. Incorporarlos al nuevo gobierno aplicaría la lección de Raúl sobre la prueba local de los dirigentes políticos, ilustrada en el caso de Díaz-Canel. Entre esos que dirigen el Poder popular y el Partido en las provincias, se incluyen mujeres, que podrían elevarse al nuevo Consejo de Ministros --donde ahora solo son 30 %-- ya que representan la mayoría absoluta de los profesionales del país.

¿Cuál es la composición del Consejo de Estado que eligió la Asamblea? Pero sobre todo, del Consejo de Ministros que el presidente le propondrá en el periodo de sesiones de julio próximo.¿Cuáles los orígenes y experiencia de sus miembros? ¿En qué medida se distinguirá del gobierno de Raúl? Aunque algunos expertos y reporteros no reconozcan sus nombres, es probable que la mayoría del nuevo gobierno esté formada por figuras políticas y técnicos menores de 57 (la edad de Díaz-Canel), pero no outsiders del sistema. O sea, educados y criados en las mismas instituciones, promovidos según sus reglas de mérito, y expuestos a los debates y problemas de los últimos 10-20 años –no egresados de otras escuelas o familias políticas. Su selección podría estar más guiada por la representación de sectores, instituciones y tendencias dentro de ese socialismo cubano actual –en lugar de un gabinete compartido casi totalmente por figuras del partido, contribuyentes y seguidores del candidato vencedor, como ocurriría después de las elecciones (democráticas, claro) en otros lares.
Algunos observadores han imaginado una regla que supuestamente predetermina al vicepresidente como próximo presidente (Rojas, 2018). Sin embargo, vaticinar que el vice en 2018 será el presidente dentro de cinco años carece de fundamento. De cualquier manera, tratándose del “número dos” del gobierno, y su eventual reemplazo, no carece de importancia. El elegido, Salvador Valdés Mesa, es un veterano dirigente sindical y ex-ministro del Trabajo, negro, miembro del Buró Político del PCC –como Díaz-Canel--, que pronto cumplirá 73 años.

En cuanto a la composición de la actual dirección del PCC, este Comité Central deberá permanecer hasta 2021. Sin embargo, los miembros del Secretariado y los del Buró Político pueden renovarse cada vez que el CC del PCC lo acuerde (Estatutos, art. 47). Durante el mandato de Raúl como Primer Secretario del PCC, por ejemplo, se produjeron altas y bajas en ambos órganos, que no coincidieron siempre con los congresos partidarios. Así que no existe regla que determine la permanencia inamovible de ningún miembro, incluidos los actuales “históricos”, en el BP.

Por último, está el tema de “los militares” y su papel en un gobierno presidido por “un civil”. Ante todo, es útil aclarar que las trincheras ideológicas o burocráticas resistentes a los cambios y su implementación no están uniformadas. Confundir el “núcleo duro de la ideología” y la renuencia a las reformas con “los militares” revela poca familiaridad con la dinámica cubana de los últimos diez años.

Tampoco está en la idiosincrasia de esas instituciones militares disponer de feudos de acumulación privada, colocar o descolocar presidentes y gobiernos locales, participar de redes de negocios o contubernio con el crimen organizado, y sacarlas tropas a la calle con vehículos blindados a reprimir manifestaciones –como ocurre en otros países de la región y del mundo gobernados por “civiles”.
Suponer que tienen intereses corporativos propios al punto de desencadenar pugnas “inter-elites” en torno al poder político, que puedan poner en peligro la unidad del gobierno en un momento complejo, exponer la estabilidad del país y la seguridad nacional, ofreciendo un flanco a la intervención directa o encubierta de los EEUU, resulta incongruente con la preservación del sistema, con su formación profesional y cultura institucional, e incluso con sus roles asignados en áreas del sector estatal. 

Como muchos cubanos saben, el nuevo presidente ha sido alguna vez profesor universitario, aprecia el valor del conocimiento para construir políticas públicas ilustradas, sabe cómo comunicarse eficazmente con la gente de la calle, así como con intelectuales, periodistas y funcionarios del Partido. Su reto mayor no radica en entenderse con los militares, sino en lograr que el sesgo tecnocrático y la lógica eficientista de los ingenieros y economistas que constituyen la mayoría del actual gobierno no marquen la proyección del nuevo. Esta es una oportunidad quizás única para renovar el estilo político gubernamental, dejar atrás definitivamente el del puesto de mando y la guerrilla, y hacer uso extensivo de todas las tecnologías de la información y de la comunicación, para algo tan vital como compenetrarse con la gente y sus problemas; dejar atrás imágenes de los dirigentes como instructores políticos o tecnócratas, y ejercer un rol más cercano al de pedagogos capaces de escuchar y dialogar, conseguir la participación de los trabajadores en la solución de los problemas, clave para articular un nuevo consenso.

En el fondo, el desafío que se le presenta a este nuevo gobierno es el de una transformación cultural en el estilo de hacer política en Cuba.

La Habana, 17 de abril, 2018.
Rafael Hernández es politólogo y dirige la revista cubana de ciencias sociales Temas

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Referencias.

Vegard Bye, “Cuba´s Uncertain Future”, Georgetown Journal of International Affairs, May 4, 2017.http://journal.georgetown.edu/cubas-uncertain-future/
BBC Mundo, “¿Quiénes son los candidatos para suceder a Raúl Castro y quién tendrá el poder real en la nueva etapa que comienza?”, 12 de marzo, 2018. http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43267532
“El bienestar de los cubanos, clave del Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030” (Yudy Castro Morales y Sergio Alejandro Gómez, Comisión 2, VII Congreso PCC), Granma, 17 de abril 2016.
Fidel Castro, “Discurso en la Plaza de la Revolución”, 1 de mayo de 2000. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f010500e.html
Raúl Castro Ruz, “Discurso en el acto por el aniversario 45 de la fundación del Ejército Occidental, San José de las Lajas, 14 de junio de 2006.”
Javier Corrales y James Loxton, “Adiós, hermanos Castro; hola, Partido Comunista”, New York Times, 27 de febrero de 2018. https://www.nytimes.com/es/2018/02/27/opinion-corrales-loxton-cuba-castro-partido-comunista/
Jorge Domínguez, Cuba: Order and Revolution, Harvard University Press, 1978, capitulo 9 ("The Civic Soldier.")
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[1] En lo adelante, las citas textuales entrecomilladas de Raúl corresponden a discursos públicos pronunciados entre 2006 y 2016.
[2] Con esta metáfora (que algunos lectores de novelas han tomado como un concepto explicativo de la sociedad cubana actual) se identifica a la generación que fue demasiado joven para acceder a la movilidad ascendente de los 60 y 70, y aunque luego asumió arduas tareas (como la guerra de Angola), habría tenido la supuesta fatalidad de resultar muy vieja para relevar a la “generación histórica”, al final de los años de presidencia de Raúl Castro.

http://laperspectives.blogspot.com/2018/04/exclusive-cuba-probable-la-transicion.html