Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 31 de agosto de 2020

La redolarización parcial: una mirada desde el mediano plazo.

Aug 27 · 18 min read

Por Carlos Pérez Soto

De la serie: «Transición socialista, planificación y mercados»

Para cualquier economía, sobre todo en el contexto de globalización actual, es un requerimiento lograr el equilibrio de sus finanzas externas como premisa fundamental para garantizar la sostenibilidad de los equilibrios macroeconómicos y, con ello, propiciar un ambiente microeconómico favorable para alcanzar las metas de desarrollo propuestas.

El caso de la economía cubana no es la excepción; el objetivo de garantizar la disponibilidad de divisas necesaria para satisfacer las demandas de los objetivos de corto, mediano y largo plazo de nuestra estrategia de desarrollo es fundamental. Nótese que me refiero al concepto de disponibilidad de divisas y no al incremento per se de los ingresos en divisas; la intención es inducir un enfoque más abarcador e integral, sobre todo a la hora de pensar y diseñar una estrategia de desarrollo económico, político y social.

La disponibilidad de divisas incluye, por un lado, a los ingresos derivados de las exportaciones, de la inversión extranjera y de las diversas modalidades de financiamientos externos; por el otro, contempla a los egresos, es decir, los gastos por importaciones y los pagos de los compromisos financieros adquiridos a partir de endeudamientos de periodos anteriores.

La estrategia dirigida a incrementar la disponibilidad de divisas es sostenible y coherente desde la perspectiva del desarrollo, si los ingresos en divisas impactan de manera positiva en la disminución relativa de los egresos y se genera una interrelación proactiva entre ambos.

Esto quiere decir: a) que los sectores exportadores arrastren y contagien con su dinamismo al resto de los actores económicos; b) que la inversión extranjera contribuya a la transformación estructural de la economía y no a consolidar y perpetuar las deformaciones que se quieren modificar; y c) que los financiamientos externos garanticen sostenibilidad y holgura financiera futura a partir de propiciar procesos inversionistas y productivos eficientes y efectivos.

No basta con la convocatoria a reforzar la vocación exportadora y desterrar la mentalidad importadora; deben implementarse las transformaciones estructurales que propicien que los diseños operativos para el funcionamiento y la gestión del modelo económico garanticen la coherencia entre las señales e incentivos que estos generan y los propósitos de tales convocatorias.

Es esencial que el fundamento de la estrategia de transformación estructural y desarrollo mantenga un enfoque integrador que contemple a la economía nacional como un sistema único de interrelaciones productivas. Este enfoque y su consolidación generarían, en el mediano plazo, un círculo virtuoso con aportes muy importantes para la estimulación de las fuerzas productivas y la consolidación de encadenamientos generadores de una mayor integración del tejido productivo nacional que propicie una inserción internacional sostenible desde el punto de vista político, social, económico y medioambiental.

La dolarización parcial de la economía, implementada a través de la dualidad monetaria, cambiaria, la sobrevaloración de la tasa oficial y los mecanismos de segmentación asociados, no apuntan hacia esa dirección, más bien trasforma este círculo virtuoso en uno vicioso.

La experiencia de las últimas tres décadas nos ha demostrado que sus aparentes beneficios de corto plazo no compensan sus costos en el mediano y largo plazo. El sistema económico dual implementado ha sido la causa fundamental de diversas y profundas distorsiones, que a pesar de intenciones consensuadas y grandes esfuerzos no hemos podido eliminar.

Tal situación es una de las cuestiones más negativas que hoy gravitan sobre la economía cubana, cuya persistencia impacta como un campo magnético que disloca la brújula utilizada para diseñar la secuencialidad e integralidad requeridas para encontrar un camino de implementación efectivo y ágil que permita concretar el proceso de trasformaciones demandado y consensuado para nuestro modelo económico.

Lo anterior se reconoce en el Informe Central al VII Congreso del PCC presentado por el primer secretario de su Comité Central, General de Ejército, Raúl Castro Ruz, cuando afirmaba que:

«la muestra más elocuente de la complejidad del proceso de implementación radica en la dualidad monetaria y cambiaria (…) aunque no representa la solución mágica a las distorsiones estructurales de la economía, [la unificación monetaria] significará un impulso fundamental para avanzar en el resto de las tareas de la actualización de nuestro modelo económico».

El pasado 16 de julio, siguiendo esta misma línea, el presidente de la nación, Miguel Díaz-Canel manifestaba:

«…cuando la implementemos — refiriéndose a la unificación monetaria — se eliminará casi la totalidad de las trabas que hoy tenemos para el desarrollo de las fuerzas productivas».

Sin embargo, dentro de las medidas anunciadas con mayor definición para su implementación, precisamente el pasado 16 de julio, se destacan aquellas que profundizan el proceso de redolarización parcial de la economía iniciado en el mes de noviembre del pasado año. Estas son: la ampliación de las ventas minoristas en dólares, la creación de mercados mayoristas en esa moneda, la proliferación de cadenas productivas «hechas a mano» y que se fundamentan en lo que se conoce como esquemas cerrados de divisas, acceso directo a la exportación e importación de las formas no estatales siempre y cuando operen con divisas propias, el resurgimiento y consolidación de Finatur como entidad financiera bancaria cuyo propósito es realizar préstamos en dólares con el objetivo de cerrar ciclos productivos, la creación de espacios monetarios especiales para la inversión extrajera y, en particular, para la Zona Especial de Desarrollo y aquellas entidades que se relacionen con estas; entre otras.

La profundización de la segmentación monetaria y cambiaria en los procesos productivos y de gestión, conspira contra el enfoque sistémico del modelo, contribuye a la proliferación de los marcos paralelos de gestión y, con ello, a la diversidad de estancos y de reglas discrecionales, profundizando la diferenciación entre formas de gestión y formas de propiedad. Lo anterior imposibilita el uso y desarrollo de los instrumentos indirectos de regulación económica, y no permite la necesaria corrección del concepto de planificación financiera. Ya hemos señalado en ocasiones anteriores la interrelación existente entre los componentes del sistema de dirección; la planificación no puede estar desconectada de la regulación, la gestión y el control.

Se mantiene el reconocimiento de que el marco de gestión general no es conveniente, pero se posterga su transformación, lo que propicia que la mayor parte de la propiedad social y con ello los medios fundamentales de producción a ella asociados se gestionen dentro de condiciones desfavorables.

No avanzar, más bien retroceder, en el proceso de ordenamiento del entorno monetario cubano no permite la restauración del contenido económico de las categorías monetarias y financieras, mantiene y profundiza la operatoria disfuncional del mercado, distorsiona los incentivos y señales provenientes de este que sirven de referencia para la toma de decisiones microeconómicas y que, a su vez, permiten su adecuada regulación desde la perspectiva macroeconómica. En tales condiciones, la reclamada autonomía empresarial no será efectiva, avanzar hacia la descentralización es una aventura riesgosa y resulta muy difícil concretar la aspiración de sustraerle a la planificación el proceso de asignación centralizada de recursos.

Un sistema de incentivos coherente es fundamental para motivar la participación activa e innovadora de la fuerza de trabajo, es decir, para eliminar las trabas que hoy enfrentan las fuerzas productivas.

Desde esta perspectiva, la dolarización parcial es incluso más negativa que la dolarización total; la primera erosiona la funcionalidad de la moneda nacional como equivalente universal, creando dificultades y muchas veces impidiendo el surgimiento natural de los encadenamientos productivos necesarios para potenciar a la demanda interna como elemento dinamizador de la actividad económica nacional.

Por un problema de principios no podemos optar por la dolarización total; la opción es fortalecer a nuestra moneda nacional, proporcionarle mayor poder adquisitivo e incrementar la capacidad de compra de los diversos actores económicos, sin que ello constituya por definición una fuente generadora de desequilibrio para la economía.

Transformar sin resolver una cuestión transversal como el ordenamiento de nuestro entorno monetario le restaría sostenibilidad a todo lo que se haga. La implementación de la unificación monetaria y cambiaria modificaría muchos de los parámetros y reglas de la economía, y con ello el impacto y alcance de las medidas diseñadas e implementadas en las condiciones actuales, que son las atípicas. Los marcos paralelos de gestión en los que se fundamentan las nuevas medidas deberán desmontarse para dar paso al nuevo marco general que restablezca y consolide el enfoque sistémico de la operatoria económica de la nación.

Si no se resuelve la distorsión asociada a la dualidad cambiaria, y la exagerada sobrevaluación de la tasa oficial, no se garantizará la efectividad desde una perspectiva integral del resto de las medidas, incluso del paquete en su conjunto.

Dentro de este proceso de redolarización parcial la mayor atención ha recaído en la reaparición y gradual ampliación de una franja del comercio minorista que opera en divisas. Es natural, está vinculado en forma directa a la vida cotidiana de la población, en medio de la situación excepcional que atravesamos.

En este marco, su inmediata implementación responde al objetivo de recaudar divisas, lo cual es necesario y válido en cualquier situación; la excepcionalidad del momento lo hace más necesario y urgente.

No obstante, una vez más resulta conveniente para el análisis diferenciar entre el objetivo que se persigue con una medida y la manera en que se implementa, recordando aquello que reza que no siempre el fin justifica los medios. Es decir, en la actual coyuntura recaudar divisas es una necesidad; sin embargo, recurrir a la redolarización parcial para lograrlo no es lo más aconsejable.

Cabría preguntarse qué factor es el que en realidad estimula un incremento de la entrada de divisas y a su vez garantiza una efectiva y eficaz recaudación por parte de las autoridades gubernamentales: la moneda en que se precien los bienes y servicios ofertados, en este caso de gama alta, o su incremento y diversificación garantizando sostenibilidad y adecuación a las expectativas de consumo de los individuos y los procesos de reproducción ampliada de los negocios privados.

Estoy convencido que es lo segundo, entonces, por qué preciar en dólares y no en moneda nacional sería la pregunta clave.

Para cualquier variante — preciar en dólares o en moneda nacional — , es fundamental que los niveles de precios que se establezcan, al tiempo que estimulen la recaudación de divisas — discriminar el segmento de consumidores a favor de los tenedores de divisas — , sean competitivos respecto a los mercados de países cercanos. Esto tributaría al objetivo de desestimular las salidas de las remesas y las conocidas importaciones personales que movilizan a la segunda economía, aunque por el momento, debido a los efectos de la pandemia, existen barreras temporales que impiden la interconexión de estos mercados internacionales con el doméstico.

Es conveniente recordar que no siempre con precios unitarios más elevados se logran ingresos totales mayores. Lo importante es lograr el precio de equilibrio que optimice las posibilidades de recaudación de divisas.

Para lograr el objetivo de una mayor recaudación de divisas es posible utilizar, en cualquiera de las dos variantes, una combinación de precios y tipo de cambio. Por lo pronto, en la variante implementada — preciar en dólares — , se ha optado por retirarle la convertibilidad interna a la moneda nacional, lo que equivale a establecer un tipo de cambio en extremo alto, es decir, establecer un precio para la compra de dólares inaccesible. En la variante de preciar en pesos convertibles, el tipo de cambio a utilizar sería el que relaciona al peso convertible con el peso cubano.

No obstante, mover los tipos de cambios debería considerarse como una medida de última instancia.

Establecer los precios de las nuevas ofertas de bienes y servicios en pesos convertibles propiciaría que la moneda demandada sea la nacional, lo que evitaría su depreciación en los mercados informales. Se crearía un escenario donde se incrementa la oferta de dólares en busca de la moneda nacional para acceder a las nuevas ofertas de bienes y servicios, lo que fortalecería las funciones de medio de pago y unidad de cuenta de la moneda nacional.

Preciar en dólares, lo que se hizo, incrementó la demanda de dólares, en momentos donde hay una contracción de su oferta, trayendo como resultado la apreciación de la divisa frente a la moneda nacional en los mercados informales.

Si la opción hubiera sido preciar en la moneda nacional, se mantendría e incluso se reforzaría el equilibrio logrado en el mercado monetario de la población durante más de veinte años.

Aunque algunos o muchos lo duden ha existido un equilibrio y, además, el funcionamiento de ese mercado ha sido una evidencia de que con buenas prácticas, los mercados en el socialismo se pueden regular e intervenir desde el gobierno en función de sus intereses.

Tal afirmación se basa en las siguientes evidencias: mantenimiento de una tasa de cambio fijo por muchos años, esa tasa de cambio ha sido la referencia para la operatoria del mercado informal, y los ahorros de la población se concentran en las monedas nacionales, sobre todo cuando estos se hacen a plazo fijo — lo cual refleja confianza — , cuestión que en términos de dinero no se logra por decreto. Esto no es cualquier cosa. Todo lo anterior fue posible a pesar de coexistir en un entorno donde la política de precios diseñada para las TRD fomentó la posibilidad de arbitraje a partir de las llamadas importaciones personales.

Haber preciado en dólares ha roto este equilibrio: la moneda nacional se ha devaluado, se le ha tenido que limitar su convertibilidad, todo lo cual no solo restringió su funcionalidad como medio de pago — ya no es válida en todo el segmento minorista nacional — sino que también provocó el deterioro de sus capacidades como unidad de cuenta y reserva de valor.

Muchos pensarán que al preciar en moneda nacional se le daría acceso a una demanda efectiva no respaldada en divisas, lo cual operaría en detrimento de la recaudación en dólares, objetivo de la medida, y generaría costos financieros adicionales para el país. Es posible que desde un enfoque muy pragmático y de corto plazo así sea; pero la economía y la política no son cuestión de corto plazo.

No se puede olvidar que la moneda nacional está respaldada por trabajo pretérito, presente y por el estímulo que sea capaz de generar en el trabajo futuro; y también por divisas que entraron y se recaudaron en su momento. Desde esta perspectiva más que un costo sería una inversión. El dinero emitido por el Estado es un pasivo de este, es decir, un compromiso; por tanto, la preservación de su poder adquisitivo es uno de los objetivos fundamentales que debe encauzar las políticas públicas, sobre todo en el socialismo.

Otro factor a considerar es que los altos precios de esas ofertas de bienes y servicios de gama alta o el bajo poder adquisitivo de los salarios para operar en estos mercados, limitarían el mencionado costo adicional, es decir, el monto de la inversión destinada al incremento y diversificación de la oferta. Dicho monto se reduciría aún más con el gradual incremento de las ofertas de productos de primera necesidad o gama económica en los mercados que hoy operan en moneda nacional, uno de los objetivos redistributivos de la medida.

Cifrar la meta en los mercados donde acude la mayor parte de la población da valor y estimula al trabajo que, como se ha repetido en muchas ocasiones, es la verdadera fuente que nos asegurará desarrollo, soberanía y prosperidad, cuestiones básicas para la sostenibilidad de nuestro socialismo, lo que se corresponde con la prédica martiana cuando afirmaba:

«solo perdura y es para bien, la riqueza que se crea, y la libertad que se conquista con las propias manos».

El enfoque de preciar en la moneda nacional está mucho más alineado con los objetivos recogidos en los documentos rectores en relación con avanzar en el ordenamiento monetario como objetivo general, y lograr la unificación monetaria y cambiaria como objetivo específico.

Nada de lo dicho con anterioridad se contrapone al uso de las tarjetas y a la profundización del proceso de bancarización de las finanzas de la población. Incluso, la operatoria cambiaria y de recaudación de divisas se realizaría por instituciones bancarias y financieras, especializadas en estas actividades por naturaleza propia, y el Banco Central de Cuba ejercería las funciones que le corresponden como organismo rector de la política monetaria y cambiaria del país.

En el diseño implementado todo pasa por un grupo empresarial cuyas funciones y objetivos no garantizan que el proceso sea conceptualizado con una perspectiva macroeconómica de alcance integral y coherente.

En tal sentido, el diseño basado en establecer los precios en moneda nacional también estaría más acorde con el proceso de institucionalización necesario para la trasformación de nuestro sistema de dirección y con las reformas de carácter estructural requeridas para la actualización del modelo económico, fomentando la adecuada distinción entre las funciones empresariales y las que se corresponden con el objeto social de los Organismos de la Administración Central del Estado.

En relación con las ilegalidades, al menos se mitigarían aquellas que son incentivadas por la presencia de un dólar revalorizado en los mercados informales. El resto de las ilegalidades, derivadas de otras distorsiones económicas, deben combatirse en el corto plazo con medidas organizativas, la participación popular exaltando los valores éticos que deben caracterizar a nuestra sociedad, así como con el enfrentamiento decidido y resuelto de las autoridades, de acuerdo con lo establecido en la ley.

En el mediano y largo plazos tiene que concretarse el incremento efectivo de la oferta a partir del aumento de la productividad del trabajo, lo que constituye la solución definitiva que aportará la sostenibilidad necesaria para validar los resultados que se pretenden alcanzar en esta dirección.

El incremento de la oferta a través del aumento de la recaudación de divisas y los mecanismos redistributivos que la multipliquen y permitan extenderla hacia los mercados de bienes de primera necesidad y de línea económica, también brindará una importante contribución, pero lo fundamental debe provenir de nuestra capacidad productiva, para lo cual la dolarización parcial es un obstáculo en el mediano y largo plazos.

La coyuntura es de escasez y restricciones, no solo en Cuba, sino a escala mundial, al margen de los modelos económicos prevalecientes en cada caso específico. A diferencia de otras latitudes, en nuestro país optamos por métodos menos economicistas para enfrentar la escasez en el corto plazo; no apelamos a ajustes vía precios, y sí a repartir lo que tenemos entre todos de la manera más equitativa posible. Esta opción requiere de mecanismos redistributivos cada vez más eficientes y efectivos y de equilibrios sociales fundamentados en la unidad, la solidaridad y la cooperación.

Por supuesto, esta opción de repartir entre todos lo que tenemos no deja de ser un reto que exige de mucha innovación para alcanzar los objetivos propuestos, pero vale la pena aceptarlo, a sabiendas de que el esfuerzo que demanda este empeño exige la participación de todos.

No vale mirar los toros desde la barrera y muchos menos utilizar la teoría para manipular realidades muy concretas.

Estas cuestiones son poco ortodoxas para aquellos que difunden, comparten y absolutizan enfoques economicistas, que no sitúan al ser humano y a la sociedad en el lugar que les corresponde y, en consecuencia, no reconocen que la fortaleza de una nación más que en sus riquezas materiales, estriba en la solidez de sus valores éticos.

Lo anterior no significa desconocer nuestra deuda con la productividad del trabajo y mucho menos subestima la importancia de cancelarla con la mayor celeridad posible. En este sentido, apostar por las monedas nacionales también es lo más conveniente.

Advierto que, para valorar en forma adecuada nuestras escaseces y restricciones, de vez en cuando debemos mirar más allá de nuestra frontera y reflexionar sobre lo que sucede en otros lares. Vale recordar que, por lo general, nadie aprecia en su justa medida lo que tiene hasta que lo pierde. Seguro estoy que esa mirada nos compulsaría a actuar con mayor celeridad en la concreción de las transformaciones estructurales económicas, políticas y sociales consensuadas y a defender lo conquistado con mayor compromiso.

En una ocasión escuché a Eusebio Leal afirmar que «el reto de Cuba es buscar el camino que no existe y salir adelante».

Mientras hacia los apuntes para este artículo, lastimosamente en ocasión de su fallecimiento volví a oír esta frase en la retransmisión de una entrevista que le realizara la agencia informativa Russia Today. Reflexionemos todos sobre el alcance, profundidad y vigencia de estas palabras y tratemos de llevarlas a la práctica.

Alrededor de la decisión de crear y ampliar un segmento del mercado minorista para consumidores de altos ingresos, que por decisión opere en divisas, se ha desatado una fuerte polémica sobre el surgimiento y profundización de las desigualdades en nuestra sociedad.

Está claro que la decisión no es la causa de origen, pero sí favorece la manifestación más clara de las desigualdades.

Lo anterior puede traducirse en una ventaja, ya que permite diseñar mecanismos de recaudación más efectivos y procesos redistributivos que permitan la implementación de medidas compensatorias más adecuadas a la heterogeneidad que distingue al tejido social de la sociedad cubana contemporánea.

Contribuye a la polémica, entre otras razones, el hecho de que buena parte del surtido de la oferta en divisas se corresponde con lo que antes se comercializaba en pesos convertibles en las cadenas de tiendas de CIMEX y TRD, incluso con productos considerados por la población como de línea económica o primera necesidad; y el desabastecimiento en los mercados que ahora operan en moneda nacional. En adición, la decisión también implica una segmentación en cuanto a logística y condiciones de infraestructura, quedando asociadas las menos funcionales a las monedas nacionales.

También es cierto que en el debate actual sobre la realidad cubana, este ha sido de los temas más manipulados con el objetivo de crear descontento popular y restar base de apoyo al proceso revolucionario en la coyuntura económica, política y social que vive el país; de ahí la importancia de su abordaje no solo desde posiciones económicas, sino también políticas, sin ingenuidad y con compromiso.

Una de las causas fundamentales que origina tales desigualdades está muy relacionada con el bajo poder adquisitivo de la mayoría de los salarios del sector estatal, en comparación con el poder adquisitivo que ostentan los flujos financieros asociados a las remesas y los ingresos que se reciben en el sector no estatal de la economía, donde también existen sus desigualdades en dependencia del rol que se desempeñe. Cabe apuntar que en el sector estatal laboran las dos terceras partes de los ocupados en la economía, y su funcionamiento demanda como regla general la fuerza de trabajo más competente y calificada. Con esta situación convivimos por más de veinte años y no la hemos resuelto.

Estas desigualdades sociales no pueden ser subestimadas, mucho menos explicadas y justificadas a partir del manejo de los conceptos de igualdad y equidad consensuados en los documentos rectores.

Los ingresos vinculados a las remesas no provienen exactamente del trabajo creador forjado con nuestras manos, y el mayor poder adquisitivo de los ingresos del sector no estatal no se debe por lo general a una mayor aportación de trabajo, sino a las distorsiones presentes en nuestro sistema económico, y en particular en su entorno monetario.

Desde una mirada rápida, podría sugerirse como solución radical volver a la etapa donde las remesas estaban prohibidas, y eliminar el sector no estatal. En estos tiempos la mayoría de los cubanos, incluso cada uno con sus matices, reconocería que tal solución constituiría un colosal absurdo.

No podemos renunciar a los flujos de remesas por cuestiones económicas y humanas. Los que estudian el tema aseguran que los recursos financieros que se mueven por esa vía superan los 3.000 millones de dólares al año. La práctica ha demostrado que las prohibiciones en este campo son inefectivas y promueven las ilegalidades. Detrás de esos flujos monetarios hay expresiones afectivas, y lazos familiares que tampoco pueden ser desconocidos.

La opción es estimular estos flujos de divisas y diseñar los mecanismos que permitan, de manera eficiente y efectiva, su recaudación e incorporación a los procesos redistributivos enfocados a garantizar la reproducción socialista de nuestro modelo económico.

El sector no estatal está llamado a jugar un papel importante en la trasformación de nuestro modelo económico y en la estrategia encaminada a destrabar nuestras fuerzas productivas con el objetivo de acelerar y concretar nuestras aspiraciones de desarrollo. Más que eliminarlo y restringirlo, debemos institucionalizarlo, creando las condiciones que permitan mitigar aquellas situaciones que favorecen la precariedad, discriminación e inseguridad laboral y en consecuencia potencian la explotación del hombre por el hombre.

El problema a resolver es el bajo poder adquisitivo de los salarios que se pagan en el sector estatal. El camino para encontrar la posible solución y en el que debemos concentrar nuestros esfuerzos es la aceleración y profundización de las reformas estructurales concebidas en el proceso de actualización, garantizando la secuencialidad e integralidad idónea.

La dolarización parcial tampoco es la causa que origina las desigualdades sociales que tanto irritan a nuestra población, pero sí las consolida y profundiza; representa un obstáculo que frena o esteriliza los esfuerzos que se realizan para mitigarlas y crear las condiciones que posibiliten que las desigualdades o diferencias sociales estén fundamentadas por la cantidad y calidad de trabajo aportado a la sociedad.

En tal sentido, en el Informe Central al VII Congreso del PCC, presentado por el primer secretario de su Comité Central, General de Ejército Raúl Castro Ruz, se afirmaba: «El ordenamiento monetario del país facilitará crear las condiciones requeridas para superar los nocivos efectos del igualitarismo y hacer realidad el principio socialista que expresa `de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo´. Con ello será posible rectificar el fenómeno de la llamada `pirámide invertida´ que no permite retribuir de manera justa el trabajo en función de su cantidad, calidad y complejidad y que el nivel de vida se corresponda con los ingresos legales de los ciudadanos, generando desmotivación de la fuerza laboral y también en los cuadros, lo cual desestimula su promoción a mayores responsabilidades.»

Es evidente que apelar a la redolarización parcial de nuestro economía — y aquí ya no solo me refiero a su circuito minorista — y a los mecanismos que la conforman: segmentación, diversidad monetaria y cambiaria, mantenimiento de la sobrevaloración de la tasa de cambio oficial y proliferación de marcos o entornos paralelos con mecanismos de gestión diferenciado, apunta en dirección opuesta a lo consensuado en los documentos rectores.

Este giro inesperado cuando resta menos de un año para que venza el plazo fijado por los lineamientos vigentes hasta 2021, donde se estableció como prioridad «concluir el proceso de unificación monetaria y cambiaria», demanda de una mayor argumentación en cuanto a su necesidad, temporalidad y posibilidades e impactos de su reversibilidad.

La revolución inconclusa

SINE DIE 139
SD2

Juan M Ferran Oliva agosto 25 de 2020


Al despertar del 15 de julio de 1789, intrigado por el estruendo, Luis XVI preguntó al  duque de  Rochefoucauld si se trataba de una rebelión. La respuesta fue:
No, Sire, es una revolución.

El concepto de revolución política es objeto de debates. Sus sinónimos son infinitos y se comportan como árboles que no dejan ver el bosque[1]. En mi inmodesto criterio una revolución es un punto de inflexión histórico que da paso a un nuevo estadio. Es un salto en la evolución y ha de cumplir dos premisas:
·           Tomar el poder político
·           Transformar positivamente el modelo económico.

Una revolución es un momento en la historia. No es permanente[2] pero puede requerir varios años y etapas para materializarse. La Francesa, tomada como paradigma, sufrió un largo proceso  que abarcó dictaduras, imperios e incluso el retorno a la monarquía. Finamente se impuso su propósito inicial de anular los privilegios de sangre.

La Revolución Rusa sustituyó el poder burgués[3]. Cumplió en lo político pero no en lo económico. Quienes no seguían su pretendido socialismo científico eran tildados de revisionistas o algo peor. A la larga estalló.

La Revolución cubana fue su calco y corrió una suerte análoga. Tuvo como objetivo inicial derrocar una dictadura sangrienta y llevar a cabo los cambios previstos en La Historia de Absolverá. Enfrentó al poderoso vecino que la explotaba al tiempo que la URSS le ofrecía una tabla de salvación. El enemigo de mi enemigo es mi amigo. No sé si fue este el principio que rigió aquellas decisiones. Algunos dirigentes tenían conceptos radicales apriorísticos, pero no todos. Comoquiera adoptamos apasionadamente, y yo el primero,  una ideología que nos pareció redentora. Fue como incubar un huevo infértil. La Revolución cubana quedó inconclusa al igual que la 8ª Sinfonía de Schubert.

Los distintos modos de producción se caracterizaron por el salto de la productividad respecto a los sustituidos. El esclavismo superó a la comunidad primitiva y fue mejorado por el feudalismo y éste por el capitalismo. Hasta el presente ninguno de los pretendidos socialismos ha mejorado la productividad capitalista. En consecuencia cabe afirmar que no ha existido aún un modo socialista de producción.  El modelo soviético tuvo esa intención pero falló. Fue adoptado por todas las economías centralmente planificadas. Así las llamó la Organización de Naciones Unidas para diferenciarlas de las economías de mercado. En términos menos eufemísticos eran, respectivamente, comunistas y capitalistas. Terrorismo es el nuevo sambenito en boga.

Socialismo es una etiqueta atractiva. La adoptan Estados y organizaciones políticas. Es una desiderata. Hoy en día, tácitamente, se acepta que son socialistas aquellos países o movimientos que  centran al ser humano como objetivo. Su antítesis es el neoliberalismo.

China, Viet Nam, Laos, Cuba y Corea del Norte,  mantienen formalmente el modelo de partido único. Hay diferencias acentuadas entre ellos. En los tres primeros el mercado tiene carta abierta; ignoro como aplican el centralismo democrático. El comunismo dinástico de Corea del Norte es incomprensible. Rusia, que es un país capitalista, adopta posiciones progresistas. Al igual que China incurre en pecados de centralización.  Pero esa es otra historia.

En Cuba, tras echar al capitalismo por la borda, se pensó que el socialismo consistía en la estatalización. Craso error. A partir de ese momento se produjo la evolución de un  ensueño desvanecido en el entorno de 1990. Quedamos marcados por años de aversión al mercado, preeminencia de los estímulos morales, menosprecio de los mecanismos financieros, desarrollo de gestas faraónicas, voluntarismo y gatillo alegre en los gastos sin contrapartida productiva. Todo en medio del gran apoyo de la URSS. La pertenencia al CAME reafirmó nuestra condición de exportador de materias primas.

El Período Especial  intentó de reparar lo insalvable. Le siguieron años de curso sinusoide en los que fue aplicado cierto grado de descentralización, posiblemente a desgano.

Todos estos antecedentes han dejado como herencia una entelequia burocrática.
La Revolución cubana cumplió con la premisa de eliminar el poder burgués, pero el aspecto económico quedó como asignatura pendiente Es lo que justifica que se hable de continuidad como tarea de la nueva generación en el poder.

El país sobrevivió y ello es un logro, pero no suficiente. En términos concretos hay dos triunfos prominentes posteriores a 1990. Uno es la transformación de la estructura externa del intercambio exterior que sustituyó la exportación de mercancías con la de invisibles (turismo, remesas, servicios al exterior). Otro es la extracción de petróleo equivalente a casi la mitad de las necesidades nacionales.

Obama optó por los guantes de seda en su afán por deshacerse del mal ejemplo cubano. Su sucesor Trump se empeña en desarmar todo lo que hizo y espoleado por su afán reeleccionista aguijonea cada vez más el bloqueo. Antes de sus pujos estimé[4], tentativamente, que  en el año 2017 y quizás en 2018, dicha inmoral medida pudiera estar afectando al PIB cubano en alrededor de un  2%. Las nuevas vueltas al torniquete lo habrán elevado.

Y en eso llegó la pandemia. Sus efectos son varios. Se reduce nuestra capacidad de importación y se afectan las fuentes externas de mercado y capital. Además hay costos adicionales en la Salud Pública.

Los grandes problemas exigen grandes soluciones. Quizás la pandemia sea la gota que rebose la copa y los precipite.

Creo en quienes dirigen el Estado. Su tarea no es fácil pero cuentan con una preparación que no tuvieron los fundadores. Además disponen de las experiencias positivas y negativas acumuladas y, según parece, actúan en forma colegiada. Su condición de continuadores implica que deben rematar lo que quedó inconcluso. Se trata de concretar y aplicar un modelo de economía viable. Ha de ser genuinamente cubano, mantener la soberanía política, tener al ser humano como objetivo,  superar el subdesarrollo y respetar la Naturaleza. Todo ello –conditio sine qua non- con la mayor democracia posible. Nada fácil, pero es el camino  Cuando se alcance, póngasele el ismo que corresponda.

Fin


[1] Sinónimos de revolución: conmoción, sacudida, trastorno, cambio, convulsión, transformación, novedad, renovación, mutación, perturbación, sublevación, agitación, sedición, rebeldía, insurrección, amotinamiento, asonada, disturbio, revuelta, algarada, insubordinación, alteración, anarquía, levantamiento, rebelión, desorden, cataclismo, giro, rotación, vuelta, revuelta, órbita
[2] Revolución permanente es un término casuístico empleado originalmente por Marx y Engels.  Calificaban  de reformista la oleada de revoluciones burguesas de 1848  que liquidaron  la Restauración absolutista. Constituyeron un preludio de la revolución proletaria que no  ocurrió. Trotsky utilizó el termino en otro sentido. Consideraba que la revolución socialista iniciada en un solo país no era un fin sino un eslabón de la cadena internacional y en ello estriba el concepto de permanente. Ver El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, y El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Marx. También La Revolución Permanente de León Trotsky,
[3] Teniendo al socialismo como eslabón pre comunista
[4] Ferran, Juan M. Las cifra claras y el chocolate espeso. SINE DIE 67 de septiembre 23 de  2019

ALGO QUE KAMALA HARRIS DEBERÍA CONOCER

Por Jorge Gómez Barata

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, uno de los documentos políticos y revolucionarios más trascendentales de todos los tiempos, afirmó: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Algunos críticos alegan que, al referirse a los hombres, se incurrió en un error pues, explícitamente, se excluyó a las mujeres. Al respecto, algunos lingüistas y otros comentaristas argumentan que hombre es un genérico referido a la especie que incluye a todos.

No obstante, existen pruebas de que, respecto a este asunto, los redactores estaban advertidos. El 31 de marzo de 1776, noventa y cuatro días antes de que el 4 de julio se proclamara la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, Abigail Adams, escribió a su esposo, John Adams, uno de los autores de aquel documento y segundo presidente de los Estados Unidos, lo siguiente:

“Tengo muchas ganas de oír que han declarado la independencia. Y, al respeto, en el nuevo código de leyes que supongo escribirán, les pido que recuerden a las damas y que sean más generosos y favorables con ellas que sus antepasados…Si no nos otorgan el debido cuidado y la atención particular a nuestras personas, estamos resueltas a fomentar la rebelión y no nos consideraremos sujetas a cualquier ley en cuya elaboración no tuvimos ni voz ni voto.”

La respuesta de Adams no pudo ser más impropia: “Me das risa con tu código de leyes…” Se nos asegura que nuestra lucha ha relajado las cadenas del gobierno por dondequiera; que los niños y los aprendices se han vuelto desobedientes; que hay turbulencia en las escuelas y universidades; que los indios faltan al respecto a sus tutores y los negros son insolentes con sus amos. Pero tu carta es la primera insinuación de que otra tribu, más numerosa y poderosa que todas las demás, estaba descontenta…”

A la anécdota del intercambio entre los esposos Adams, añado la historia de Clara Shortridge Foltz, una estadounidense a la que se le negó el ingreso al Hastings College of the Law de California con el argumento de que la ley establecía que solo los “hombres blancos” podían ser abogados. No obstante, en 1878 rindió exitosamente los exámenes, fue la primera mujer abogada en California y emprendió una acción legal contra la mencionada ley, consiguiendo cambiar la palabra hombre por persona. De ese modo, en aquel estado, las mujeres pudieron estudiar leyes y ejercer la abogacía.

En el Libro del Génesis, el asunto está más claro, pues: Dios creó al hombre a su imagen; y los creó varón y mujer…”. Según el precedente bíblico, el Creador no se atuvo a lo genérico, sino que fue categórico al diferenciar a los hombres y a las mujeres.

Los prohombres de la revolución americana parecen haber faltado a misa cuando todo esto se explicó. No lo hicieron y los resultados están a la vista. Allá nos vemos.

25/08/2020
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Dualidad monetaria y cambiaria: Las urgencias de la economía cubana

Por: Oscar Figueredo Reinaldo, Lissett Izquierdo Ferrer, Edilberto Carmona Tamayo, Cubadebate

Infografía: Edilberto Carmona.
La economía cubana transita este año “en condiciones excepcionales”. A la pesada carga de un bloqueo “reforzado” se añaden los efectos de la pandemia, que puso en pausa actividades clave como el turismo. Vivir con una sensible contracción de las exportaciones y, por otro lado, con menos compras en el exterior, plantea desafíos y urgencias para Cuba.
Una necesidad impostergable es retomar las medidas pendientes y “corregir de inmediato todas las posibles distorsiones”, tal y como explicó en su intervención ante el Consejo de Ministros, el pasado 17 de julio, el presidente Miguel Díaz-Canel.
Se supo que fueron aprobados el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y una estrategia para enfrentar la crisis actual, proyección que “parte de la necesidad de transformar el comportamiento de la economía cubana con agresividad, intensidad e innovación”.
Si miramos a corto plazo, teniendo en cuenta las prioridades anunciadas por el presidente cubano, el enfoque estará —entre otras cosas— en concluir el proceso de unificación monetaria y cambiaria, que permitirá “quitar casi la totalidad de las trabas que hoy tenemos para el desarrollo de las fuerzas productivas en nuestro país”.
Díaz-Canel adelantó que como parte de las transformaciones en marcha “vamos a dar los resultados de los últimos análisis para completar toda la envergadura que abarca la tarea de unificación monetaria y cambiaria, para aprobarla en el menor tiempo posible, y también implementarla, cuando esté aprobada, en todo su conjunto”.
Precisamente, los Lineamientos vigentes hasta 2021 fijaron como prioridad finalizar el ordenamiento monetario en Cuba.
Dos meses y 20 días antes de que la Isla confirmara sus primeros casos de COVID-19, el mandatario cubano informaría ante la Asamblea Nacional que el ordenamiento monetario se encontraba en “fase avanzada de estudio y aprobación”.
En aquel momento, según explicó, los esfuerzos estaban “en la validación integral de los resultados de cada tema; la elaboración de las normas jurídicas, la organización y ejecución de los procesos de capacitación, aseguramiento político y comunicación social”.
Otra vez se ratificaría la decisión del Gobierno expresada en ocasiones anteriores: “Se garantizarán los depósitos bancarios en divisas extranjeras, pesos convertibles, pesos cubanos, así como el efectivo en manos de la población”.
Ahora, cuando las circunstancias generadas por la pandemia vuelven a plantearle al país la urgencia de “exportar y apostar por la industria nacional: más que una opción, como una necesidad”, es primordial seguir desatando ataduras que entorpecen el funcionamiento del sistema empresarial. Uno de los viejos obstáculos ha sido la dualidad cambiaria.
Otros cambios tienen que ver con:
  • el fortalecimiento de la empresa estatal socialista, donde lo primero que hay que priorizar son las 33 medidas que ya aprobadas para lograr mayor autonomía en su gestión;
  • el reordenamiento del comercio interior;
  • la modificación del sistema de distribución de divisas en la economía;
  • la participación de la industria nacional como importante proveedor de bienes y servicios que demanda la economía;
  • el incremento y diversificación de las exportaciones, incluyendo, la exportación de todas las formas de gestión, a través de empresas estatales de Comercio Exterior;
  • el diseño e implementación de incentivos fiscales para los exportadores;
  • el perfeccionamiento del trabajo del sector no estatal, con prioridad inmediata en la ampliación del trabajo por cuenta propia, de quitarle trabas;
  • la eliminación del gravamen a la compra de dólares;
  • las vías y mecanismos para la canalización de las remesas en función del desarrollo económico y social;
  • el diseño e implementación del mercado de deuda pública con participación de diversos sectores.

¿Momento oportuno para el ordenamiento monetario?

Una vez escuchado el anuncio del presidente cubano sobre la proximidad del ordenamiento monetario, muchos preguntarían si con el enrevesado escenario actual es oportuno resolver este problema arrastrado por años. Para despejar la interrogante Cubadebate conversó con el asesor del Ministerio de Economía y Planificación (MEP), Lázaro Toirac.
El experto inicia el análisis reconociendo que se trata de un proceso dilatado, como ha dicho en disímiles ocasiones el Primer Secretario del Partido, Raúl Castro Ruz. Aunque, insiste, tampoco se puede obviar “la complejidad de la tarea, que es muy grande”.
No obstante, ante la difícil situación internacional “se hace más necesario que nunca tener eficiencia, que se logra si hay transparencia y coherencia” en la actividad económica del país. Para ello, opina, resulta impostergable poner fin a la dualidad monetaria y, sobre todo, cambiaria.
Otro razonamiento que sustenta su criterio es que esperar por el estado óptimo estará permeado de subjetividades. Ciertamente, aduce el experto, bajo las actuales condiciones la unificación supone un reto; sin embargo, “no podemos seguir avanzando en este mundo tan complejo con instrumentos obsoletos”.
“Necesitamos de una economía que nos mande las señales correctas, ya sean malas o buenas”, añade el asesor del titular del MEP.
Pero, ¿dónde está el problema? Contrario a lo que pudieron imaginar algunos, la mayor complicación no es la existencia de dos monedas, sino que hayan tipos de cambios diferentes, uno para la población (25 CUP =1 CUC = 1 USD), y otro para las personas jurídicas (1 CUC= 1 CUP= 1 USD).
Muchas son las dificultades que provoca esa dualidad de circuitos. Y la confusión comienza a la hora de medir los costos reales de la actividad empresarial, teniendo registros económicos poco confiables, según explica Toirac.
Por otro lado, la equivalencia del peso cubano con el dólar opaca las señales del mercado internacional y los análisis de la rentabilidad de las empresas. Como acentúa este economista, hay que cuestionarse cuando dicen “que tal empresa tiene buenos resultados y otra cayó en pérdidas”.
Los subsidios implícitos, que aparecen de manera casi inevitable, se convierten en tabla de salvamento para algunas empresas irrentables económicamente. Mientras que otras, en particular las exportadoras, requieren ser subsidiadas por el presupuesto: por cada dólar que ingresan reciben un peso en moneda nacional, en muchos casos con costos internos en CUP muy superiores.
La actual tasa de cambio 1x1 desestimula la exportación, que de por sí requiere esfuerzos adicionales, pues hay que estudiar el mercado y tener una eficiente logística, y “para muchos es un dolor de cabeza”. Esto conduce a que, “de manera inercial, los productos a exportar no varíen del ron, el tabaco, la azúcar”, entre otros, puntualiza el entrevistado.
Para destrabar esos enredos y favorecer la autonomía empresarial, se han impulsado —apunta Toirac— los esquemas cerrados de financiamiento, un paliativo hasta que suceda la unificación cambiaria.
Una vez llegue el esperado “día cero” y se devalúe el peso cubano, las exportadoras recibirán los incentivos correspondientes, mientras las importadoras se les encarecerán las compras, lo cual provocará que “se giren hacia la economía interna”.

Los riesgos y desafíos

No ha sido secreto que la única moneda que quedará circulando en Cuba será el CUP, y el objetivo “es tratar de acercarlo a una tasa de cambio que pueda ser reconocida en su comparación con las divisas internacionales, para que exista claridad en las transacciones”, de acuerdo con el asesor del ministro de Economía y Planificación.
Pero, “no se trata de coger el peso, lo devalúo y a partir de mañana comienzo a funcionar y que, como en muchos países, el ciudadano se entere por el periódico al día siguiente, donde el banco anuncia la tasa de devaluación y recomienda los incrementos salariales”.
El problema es que los costos de las producciones se elevarán, y con ello los precios de los bienes y servicios. Según plantean expertos, la solución consiste en poner un “colchón” para evitar que esto ocurra, es decir, subsidiar los precios que se elevan producto del incremento de los costos. Otra alternativa es subir los ingresos.

¿Cuándo y por qué surge la dualidad monetaria en Cuba?

Todo comenzó a principios de la década de 1990, con el llamado Periodo EspecialCuba había perdido a sus principales socios comerciales (integrantes del campo socialista) y, por ende, experimentaba un deterioro significativo en sus indicadores económicos. 
El asesor del titular del MEP recuerda que la Isla atravesó un proceso de devaluación del peso cubano contra el dólar que alcanzó cifras de hasta 150 CUP por USD, de ahí que en 1993 se liberara la circulación parcial del dólar.
“Siempre se partió de la idea (del Comandante en Jefe Fidel Castro) de que las actividades económicas que pudiesen generar sus ingresos buscaran mecanismos para hacerlo, como el níquel y el azúcar. Gracias a este paso, muchas entidades se sintieron estimuladas, a la vez que obtenían cierta independencia económica como la capacidad de importar, aunque esto no tuvo un impacto directo en la economía interna”.
Un grupo de acciones fueron aprobadas con el objetivo de captar y distribuir parte de las divisas que se recibían en el país, principalmente por las remesas de los cubanos residentes en el extranjero, así como por el derrame del turismo que comenzaba a desarrollarse, para beneficiar al resto de la población que no tenían esta posibilidad.
  • Organización de una red de tiendas (tiendas recaudadoras de divisas) para la venta minorista de productos y servicios en dólares.
  • Creación de las casas de cambio (CADECA) en 1995, que posibilita el canje del dólar y otras monedas convertibles por el Peso Cubano.
  • Se autoriza a que la población pueda abrir cuentas de ahorro en divisas.
  • Se autorizaron estímulos en divisas a trabajadores de entidades que realizaban actividades priorizadas.
  • La Resolución No. 357 del Banco Central de Cuba, de 1994, autorizó la circulación del Peso Cubano Convertible (CUC) equivalente al dólar.
  • En septiembre de 1995 se aprobó la Ley No.77 de Inversión Extranjera, sustituida en la actualidad por la Ley 118/14.
  • En julio de 2003 mediante la Resolución No. 65 del Banco Central de Cuba se elimina la circulación del dólar en el sector estatal y se autoriza solamente la circulación de dos monedas nacionales: el Peso Cubano y Peso Cubano Convertible.
  • En octubre de 2004 por la Resolución No 89 del Banco Central de Cuba, se extiende la anterior medida al comercio minorista.
  • Desde entonces se han mantenido dos tipo de cambio, uno apreciado de 1 CUP por 1 CUC en las relaciones económica financieras en el sector estatal y otro para el sector no estatal y la población, que tuvo una mayor osclación al inicio y que luego logró estabilizarse entre 20 y 25 CUP por 1 CUC.
A juicio de Lázaro Toirac, cuando el CUC nació cumplió una función, en tanto otros entendidos en el tema refieren que los beneficios a corto plazo comenzaron a ser superados por los costos que impuso su extensión en el tiempo.
Este destacado economista alerta que el ordenamiento monetario y cambiario no creará más riqueza. Igualmente, en el caso del impacto en la actualización del modelo, significa una condición necesaria pero no suficiente.
Infografía: Edilberto Carmona/ Cubadebate.
Términos clave que usted debe conocer para enfrentar la unificación monetaria y cambiaria
Déficit fiscal (también presupuestario o público): El que ocurre cuando los gastos realizados por el Estado superan a los ingresos, en un determinado período, normalmente un año.
Devaluación (monetaria): Pérdida del valor nominal de una moneda corriente frente a otras monedas extranjeras. Las monedas representan un valor, relacionado con la riqueza del país de que se trate. La moneda en sí no tiene un valor real, sino que es solo representativo y si la nación emite más monedas o les da un valor más alto del que puede respaldar con su riqueza, se tienen que realizar ajustes en cuanto al valor de estas.
Especulación: Operación comercial que se practica con mercancías, valores o efectos públicos con el único propósito de lucrar con las variaciones en su precio de mercado.
Inflación: Incremento generalizado de los precios promedio en un país para un período de tiempo determinado. Como otros indicadores económicos, usualmente se calculan para un año —a fines de poder correlacionarlo con otros y compararlo nacional e internacionalmente—, pero puede ser estimado para otros lapsos de tiempo.
Hiperinflación: Inflación muy elevada, fuera de control, en la que los precios aumentan rápidamente al mismo tiempo que la moneda pierde su valor.
Liquidez: Cualidad de los activos (bienes tangibles o intangibles que poseen empresas o personas) para ser convertidos en dinero efectivo de forma inmediata sin pérdida significativa de su valor. Cuanto más fácil es convertir un activo en dinero se dice que es más líquido. Por definición el activo con mayor liquidez es el dinero; es decir, los billetes y monedas tienen una absoluta liquidez. De igual modo, los depósitos bancarios gozan de absoluta liquidez y por tanto desde el punto de vista macroeconómico también son considerados dinero.
Producto Interno Bruto (PIB): Medida macroeconómica que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios de un país durante un período determinado de tiempo (normalmente un año). El PIB es usado como una medida del bienestar material de una sociedad y su cálculo se encuadra dentro de la contabilidad nacional.
Recesión (o estado recesivo): Disminución generalizada de la actividad económica de un país o región, medida a través de la bajada, en tasa anual, del producto interno bruto (PIB) real, durante un periodo prolongado.// Disminución de las actividades económicas, comerciales e industriales.
Redistribución (“con fines redistributivos”): Proceso consistente en modificar la distribución de un bien entre los agentes económicos por considerar que no es la adecuada, generalmente siguiendo criterios de justicia o equidad.
Remesa: Envío de una cosa de un lugar a otro. En este caso, referido al envío de dinero que cubanos residentes en el exterior hacen a sus familiares u otras personas en Cuba.
Tasa o tipo de cambio: Relación de proporción que existe entre el valor de una y otra moneda. Indicador que expresa cuántas unidades de una se necesitan para obtener una unidad de la otra.
Saneamiento financiero: Proceso que consiste en fortalecer los ingresos públicos y contener el crecimiento excesivo de los gastos, a fin de reducir el déficit fiscal o presupuestario.
Sector externo: Conjunto de actividades y estrategias que realizan los Estados en el ámbito internacional para poder mantener un adecuado intercambio productivo, comercial, financiero, etc., que asegure el desarrollo de sus pueblos.
Subsidio: Ayuda o auxilio económico extraordinario concedido por un organismo oficial a una persona o entidad; también a productos o servicios.