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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

jueves, 11 de mayo de 2017

Cuba revelada a la vista de un observador foráneo

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Resumen: 

Se reseña el libro del periodista norteamericano Marc Frank, Cuban Revelations. Behind the Scenes in Havana, publicado por University Press of Florida, Gainesville, 2013. En este texto el autor nos ofrece «su propia crónica interpretativa de la realidad cubana contemporánea, en el que privilegia el enfoque sobre nuestra economía, aunque ya antes había abordado en Cuba Looks to the Year 2000 en 1993». Según el reseñador «no ha habido ningún autor que haya incursionado en el campo de la economía cubana en los últimos veinticinco años». 

(Reseña de Marc Frank, Cuban Revelations. Behind the Scenes in Havana, University Press of Florida, Gainesville, 2013).

A lo largo de cincuenta y seis años de Revolución cubana, pocos han sido los libros de testimonio escritos por extranjeros que han residido o visitado Cuba en diferentes períodos. Entre los más conocidos de la etapa republicana se encuentran Cuba, de Irene Wright (1910); Our Cuban Colony, de Leland Jenks (1928); The Crime of Cuba, de Carleton Beals (1933) y Rural Cuba, de Nelson Lowry (1950). Sin embargo, no ha habido ninguno que haya incursionado en el campo de la economía cubana en los últimos veinticinco años.

En 2013, el periodista norteamericano Marc Frank publicó su propia crónica interpretativa de la realidad cubana contemporánea en su libro Cuban Revelations. Behind the Scenes in Havana, en el que privilegia el enfoque sobre nuestra economía, aunque ya antes había abordado parcialmente el tema en Cuba Looks to the Year 2000, en 1993.

La historia personal de Marc Frank tiene características que lo singularizan como estudioso de la sociedad cubana. Es nieto de Waldo Frank, conocido sociólogo norteamericano, profundo estudioso de América Latina y autor de The Prophetic Island: A Portrait of Cuba, publicado en Nueva York en 1961, en el que ofrecía una visión favorable a las medidas adoptadas por la Revolución cubana en sus dos primeros años de existencia. En la introducción de Cuba Revelations... su autor se reconoce como influenciado por la obra de su antecesor.

Marc Frank llegó a Cuba por primera vez en 1984 como corresponsal de periódicos de izquierda de los Estados Unidos. Posteriormente, pasó a serlo de la agencia Reuters y el diario Financial Times, y permaneció en el país hasta 1991. Tras una breve etapa fuera, regresó en diciembre de 1993, creó su propia familia al casarse con una cubana, y desde entonces reside en la Isla.

Su libro más reciente es de fácil lectura y está estructurado en veintitrés capítulos que se integran en cuatro partes. Las tres últimas privilegian el período de transformaciones 2008-2013, que corresponde al gobierno del general de ejército Raúl Castro.

De este modo, la primera parte se titula «The Revolution on the Ropes (1994-2008)» y aborda la difícil etapa de la recuperación luego de los años más críticos del Período especial. Le sigue «Raúl Castro in Power (2008-2009)», donde el autor se introduce en el complejo tema de la sucesión en la dirección del país. La tercera parte lleva por título «The Road to Reform (2009-2010)» y cubre la etapa de discusiones que dio lugar a la propuesta de un cambio en el modelo económico cubano. El libro concluye con «The Brave New World (2010-2013)», donde el autor examina los primeros pasos del proceso de cambios en la economía cubana actual.

Dada la inserción de Frank en la vida cotidiana de Cuba, en su obra puede apreciarse la existencia de una visión mixta. Por un lado están los criterios de un extranjero, pero por otro se encuentra también el enfoque de alguien inmerso en muchos aspectos propios de la vida en la Isla, que ha experimentado todos los avatares del Período especial y de las actuales transformaciones económicas.

En este sentido, en el libro se plantea una suerte de dicotomía entre la realidad, tal como la percibe un periodista calificado, y la visión más especulativa del miembro de una familia cubana, que se expresa a través de opiniones, rumores, criterios preconcebidos y toda suerte de interpretaciones en las que el factor subjetivo es predominante. Igualmente, quedaron fuera del análisis los fenómenos que llevaron a un decrecimiento de la economía cubana en 2016.

La primera perspectiva resalta en la calidad de la mayor parte de los despachos periodísticos que aparecen en el libro, basados en una interpretación crítica y, en muchas ocasiones, objetiva de nuestra economía. La segunda se acerca más a un relato —muchas veces novelado— en el que el autor hace evidente su visión más prejuiciada respecto a Cuba, debido a su cultura norteamericana, a la vez que abre un espacio desmedido a la especulación, a partir de argumentos apoyados en fuentes anónimas y en la recopilación de opiniones sin una base científica para la elaboración de ese corpus.

No estamos entonces en presencia de un libro académicamente elaborado, sino más bien ante un testimonio —en varias ocasiones novelado periodísticamente— de la economía y la sociedad cubanas en los últimos veinte años.

Este es precisamente uno de los aspectos que restó posibilidades de análisis al autor. Para un libro que privilegió el tema económico la ausencia casi total de estadísticas oficiales, así como el uso restringido de estudios académicos cubanos —solo refiere economistas del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) sin citar sus trabajos— y no emplear fuentes como el Instituto Nacional de Investigación Económica (INIE) del Ministerio de Economía y Planificación, o la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, e incluso la no referencia a autores como Carmelo Mesa-Lago, Archibald Ritter, Richard Feinberg, Claes Brundenius, Emily Morris o Paolo Spadoni, impiden, en muchos casos, la indispensable comparación de puntos de vista.

En ese contexto, se refieren datos erróneos cuando se afirma que la deuda externa de Cuba representaba 50% del PIB (231), cuando los mayores estimados no rebasan 35% (The Economist Intelligence Unit, 2013). Preocupa la ausencia de cifras de crecimiento del PIB en los períodos analizados, salvo en el caso de años puntuales que no muestran las tendencias prevalecientes. Tampoco resulta sustentada su apreciación sobre el peso de los subsidios soviéticos a Cuba, que el autor ubica en cinco mil millones de dólares anuales (Frank, 2013: 20).

En este punto es importante destacar que realmente el flujo de recursos provenientes de la URSS ha sido objeto de debate. Autores como Carmelo Mesa-Lago calcularon que este flujo alcanzó 65 119 millones de dólares de 1960 a 1990. Para llegar a esa cifra imputó como subsidios todos los precios soviéticos que se desviaron del mercado mundial por 39 390 millones. Sin embargo, este cálculo no tuvo en cuenta los beneficios que se derivaron para la URSS, al pagar productos cubanos a precios inferiores a sus costos internos, ni que los precios pagados por las exportaciones cubanas entre 1976 y 1986 solo compensaban los incrementos de precios de los productos soviéticos, manteniendo constante la relación de términos de intercambio, relación que se deterioró a partir de 1986 nuevamente y condujo a un incremento de la deuda con la URSS al violarse unilateralmente el acuerdo de 1976 (Rodríguez, 2011).

Por otro lado, aunque el autor tiene el derecho a elaborar interpretaciones propias mediante conceptos conformados por él, la definición de lo que llama la «zona gris» en la sociedad cubana —concebida como un grupo social que no apoya, pero tampoco se opone abiertamente a las medidas gubernamentales— no puede enmarcarse en 30% de la población sin una fundamentación adecuada (Frank, 2013: 66-7 y 272-5).

De forma general, los capítulos que muestran una mayor profundidad en el análisis son aquellos en los que el autor se refiere a las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos: «Introduction», «From Clinton to Bush», «Obamamania», «Old Foes Get Reacquantied» y «Obama vs. Raul».

En relación con los capítulos referidos a los temas económicos, puede decirse que, en general, el análisis de Marc Frank lleva a conclusiones objetivas. Se destaca la presencia de temas que muchos libros recientes tienden a eludir, como, por ejemplo, la interesante valoración de la Batalla de Ideas («Castro Falters» y «Computers, Cell Phones, Hotels and More»), y de las medidas introducidas desde la aprobación de los Lineamientos entre 2011 y 2013 («Cheers and Jeers»).

En otros enfoques preponderan más las interpretaciones especulativas que parten —en muchos casos— de fuentes anónimas. Es el caso del capítulo «From Clinton to Bush», que se refiere a la enfermedad y retiro de Fidel Castro, especialmente en el epígrafe «Playing Detective», en el que lo escrito parece más el guión de un thriller que una investigación seria. De igual modo, en el capítulo «Shock and Awe» se hace referencia a los cambios en la dirección del gobierno aprobados en marzo de 2009, a partir de fuentes no comprobables y con múltiples especulaciones acerca de los motivos que llevaron a ellos.

El capítulo de conclusiones reproduce algunos de los aspectos controversiales apuntados, pero incluye también interesantes consideraciones, especialmente las referidas a la irreversibilidad de los cambios actuales y a la proyección de los posibles escenarios para los futuros dirigentes del país. No obstante, en este último punto el autor aventura la opinión sobre la poca probabilidad de cambios en la posición de los Estados Unidos hacia Cuba, lo cual es comprensible en el momento en que se concluyó el libro (2013), pero que la historia probaría como una suposición errada, a partir del 17 de diciembre de 2014.

Cuban Revelations... concluye justo en el momento en que comienzan las transformaciones económicas más significativas, las que, lógicamente, el autor no alcanzó a examinar. Solo podemos especular a qué conclusiones llegaría Marc Frank a la altura de 2017, tan lleno de nuevas expectativas.

La repercusión de este libro puede verse en varias de las reseñas que sobre él se han publicado. Las opiniones van desde las expresadas por Enrique Krauze (2015), quien prácticamente impugna al autor por su supuesta parcialidad a favor del gobierno cubano, hasta críticas menos intensas y enfoques más balanceados en las valoraciones de Ted Piccone (2014) y Johannes Werner (2013).

El texto de Marc Frank resulta así un material con un contenido interesante en muchos de los capítulos que lo componen, pero un enfoque más objetivo y menos especulativo hubiera dado mayor valor agregado a un testimonio poco común de un periodista extranjero que reside en Cuba desde hace más de veinte años.

Referencias

Krauze, E., (2015) «The New Cuba?» en The New York Review of Books. 19 de marzo, disponible en: http://bit.ly/2j9IfwE [consultado el 18 de enero de 2017].
Piccone, T., (2014) «Cuban Revelations. Behind the Scenes in Havana» en American Quarterly Review. Primavera, disponible en: http://bit.ly/2iK42Kh [consultado el 18 de enero de 2017].
Rodríguez, J. L., (2011) «50 años de Revolución en la economía cubana» en Notas sobre economía cubana. La Habana, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello/Ruth Casa Editorial.
The Economist Intelligence Unit, (2013) «Country Report Cuba». 9 de diciembre, disponible en: http://country.eiu.com/cuba.
Werner, J., (2013) «Book Review Cuban Revelations» en Cubastandard.com. 24 de noviembre, disponible en: https://www.cubastandard.com/?p=7681.

ESPECIAL: Cuba busca potenciar gestión de empresas estatales para crecer

Spanish.xinhuanet.com 2017-05-11 03:06:31 

Por Noemí Galbán

LA HABANA, 10 may (Xinhua) -- El gobierno cubano busca desarrollar la eficiencia de sus empresas estatales y otras formas de gestión, con el propósito de disminuir la dependencia de las importaciones y aumentar el crecimiento económico, que en 2016 cerró con números rojos.

Con ese fin se inauguró este miércoles la IV Feria de Negocios donde unas 300 entidades de todo el país mostrarán sus productos, ofertas y oportunidades en el recinto ferial ExpoCuba, ubicado en las afueras de La Habana, hasta el próximo 25 de mayo.

Según el viceministro de Economía de la isla, René Hernández, este evento es propicio para el intercambio comercial, la promoción de nuevos bienes y servicios por parte de las entidades económicas cubanas, así como los rublos exportables.

Se busca, de acuerdo con el funcionario, establecer metas reales de crecimiento para la economía cubana en 2018, ya que el pasado año cerró con un decrecimiento de 0,9 por ciento.

"Los propósitos para el próximo año deben asegurar el mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos, los programas de desarrollo fundamentales del país y un ligero avance en el proceso de transformación de la estructura económica", indicó Hernández al dar apertura al evento.

Sin ofrecer cifras concretas de proyección de estos indicadores, Hernández manifestó que la nación caribeña busca reducir la dependencia importadora y acompañar los crecimientos provocados por el dinamismo del turismo y el comercio.

"La primera prioridad de 2018 será respaldar niveles productivos e inversiones asociadas a las exportaciones, sustitución de importaciones, programas de desarrollo e infraestructura y demandas del turismo", precisó.

Hernández aseguró que la gestión económica debe estimular la concreción de los proyectos de inversión vinculados a los programas de desarrollo del país y agilizar el uso eficiente y oportuno de las ofertas de financiamiento externo.

EI viceministro dijo que de las 300 entidades participantes en la cita, 262 son estatales, 15 mixtas y ocho cooperativas no agropecuarias que buscarán concertar oportunidades de negocio y promover productos para la exportación y sustitución de importaciones.

La economía cubana debe crecer 2 por ciento este año, según la estimación del ministro de Economía y Planificación, Ricardo Cabrisas, ofrecida a finales de 2016 ante la correspondiente sesión plenaria de la Asamblea Nacional.

La Habana presentó en noviembre pasado una nueva cartera de negocios para la inversión extranjera que incluye 395 proyectos por un monto superior a los 9.500 millones de dólares, en su búsqueda por atraer capital externo para actualizar su modelo económico.

La exportación de servicios profesionales y el turismo son los mayores rubros que aportan ingresos a esta nación caribeña que debe importar cada año grandes cantidades de productos, entre ellos alimentos.

Dos millones de estadounidenses podrían visitar la Isla este año


Cuba representa una oportunidad enorme pero desafiante para las compañías estadounidenses de cruceros, aerolíneas y hoteles, ya que el número de visitantes norteamericanos a la isla caribeña podría aumentar en hasta siete veces hacia el 2025, según un informe de la firma Boston Consulting Group (BCG).

Hasta dos millones de estadounidenses podrían visitar a la Mayor de las Antillas en 2017, desde 285 000 el año pasado, excluyendo a los cubano-estadounidenses, predice el estudio del grupo BCG publicado el miércoles.

Los viajes de Estados Unidos a Cuba han aumentado en los últimos dos años desde que los antiguos adversarios de la Guerra Fría anunciaron una distensión y el gobierno del expresidente Barack Obama alivió las restricciones de viaje a la Isla.

“La realidad es que los viajes desde Estados Unidos a Cuba están en sus etapas iniciales, y todos los participantes todavía están aprendiendo cómo hacer que funcionen”, dice el informe.

BCG no abordó la incertidumbre creada por la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, quien ha amenazado con dar marcha atrás a la normalización de las relaciones con La Habana.

El Gobierno cubano pretende duplicar la capacidad hotelera para el 2030 a través de asociaciones con empresas extranjeras, señaló el grupo. Hasta el momento, Starwood es la única compañía hotelera estadounidense que opera en la llamada Perla del Caribe.

“Hay una oportunidad para expandir las líneas de cruceros a Cuba”, dijo BCG. Casi dos tercios de los 500 viajeros estadounidenses encuestados considerarían una visita a este país. Varios operadores de cruceros de Estados Unidos han comenzado a ofrecer líneas a Cuba en el último año.

“Ellos tienen que lidiar con diferentes desafíos como incluir un elemento cultural en sus viajes para cumplir con las reglas del Gobierno estadounidense sobre los viajes Cuba”, señaló BCG.

Respecto a las aerolíneas, estas necesitan hacer frente a la demanda excesiva de vuelos a La Habana. Las empresas aéreas podrían realizar campañas para atraer a estadounidenses a otras ciudades cubanas, aconsejó, y aprovechar la demanda cubana para vuelos hacia Estados Unidos. (Tomado de Cubadebate)

Cuba necesita del turismo, el turismo necesita de Cuba

Turismo en Cuba. Foto: Sergio Cabrera.

Por:

Escuchó el anuncio del piloto de que habían aterrizado en La Habana, Cuba, a la hora indicada. Después salió del pasillo que lo llevaba del avión al edificio del aeropuerto José Martí y se extrañó de que fuera tan oscuro, luego de caminar unos trescientos pasos, llegó a una especie de agujero cuadrado de apenas dos metros de ancho, también bastante oscuro donde una pequeña escalera automática le permitió descender a donde se realizan los trámites migratorios, bastante rápidos por cierto y fue hacia los salones donde debía recoger su equipaje. Esta fue una experiencia casi surrealista.

Amaneció, no sabe bien cómo, en un pueblito bañado por el mar, de gente afable, con pequeños restaurantes de comidas poco sofisticadas pero sabrosas. Se paró frente al mar y algún paisano le explicó extendiendo la mano hacia el este por sobre el agua “que por allá había llegado Colón”. También le dijo que un tal Pichy, el de la película famosa, había estado allí la semana pasada en el Festival de Cine.

El pueblito le había hecho olvidar la oscuridad del pasillo del aeropuerto, la imposibilidad de comprar una botella de agua mientras esperaba su equipaje, la dificultad de encontrar donde sentarse mientras cumplía con una espera inexplicable. Las maravillas del pueblito lo compensaban todo.

El día 4 de mayo arribó el turista número 2 millones al país. Lejos están los días en que esa cifra se alcanzaba al final del tercer trimestre o en el cuarto. Arribó en la misma semana en que en la provincia de Holguín se realizaba FitCuba 2017. Arribó muchos días antes que el año pasado.

El turismo es quizás el sector –o uno de los sectores– que nos puede servir de estudio de caso y validar aquello de que políticas adecuadas generalmente producen efectos positivos para el sector y también para todo la economía. Y no es que todo marche sobre ruedas (sobre rieles imposible, el tren sigue sin pasar, en las alas de un avión, peor) pero lo cierto es que hoy podemos distinguir tres etapas muy claras en el desarrollo del turismo a partir de finales de los año 80 del siglo pasado, las tres asociadas a la percepción sobre el sector y a las políticas asociadas a esa percepción.

La primera marcó su despegue y responde a la percepción de que el turismo debía convertirse en una locomotora de la economía que compensara la perdida del mercado soviético del azúcar. La segunda sin duda corresponde a la primera década del siglo XXI, en que prosperó la percepción de que el turismo dejaba de ser importante para nuestra economía, y que los ingresos percibidos de otro sector bastarían para nuestras necesidades de desarrollo –casi dejamos de la mano de algún dios los destinos del sector. Y esta tercera etapa, donde nuevamente hemos retomado la percepción de que el turismo es estratégico para el desarrollo de la economía nacional y puede convertirse, si lo dejamos y lo facilitamos con políticas adecuadas, en una de las locomotoras de la economía del país.

Es cierto que aún enfrenta muchos desafíos, algunos que para nada dependen del propio sector. Entre ellos están:

1- La sobrevaluación de la tasa de cambio oficial.
2- La devaluación implícita de la tasa de cambio del CUC.
3- Una infraestructura (aeropuertos, carreteras, servicios de transporte de todo tipo, escasez de autos para alquilar, dificultades para conectarse con internet , etcétera) en general que no se corresponde con la expansión turística que se desea y muy alejada de la calidad de este servicio en otros países del área.
4- Capacidades constructivas deficitarias.
5- Una industria nacional débil y un sector agroalimentario que no ha sido capaz de producir en cantidad –y sobre todo en calidad– lo que el turismo necesita.
6- Un estilo de planificación que impide respuestas ágiles en un sector de muy alta competitividad y que, sumado a una cultura burocrática y centralista no superada, limitan la capacidad de respuesta.
7- Esquemas salariales que, combinados con la doble tasa de cambio y la segmentación de los mercados, se convierten en incentivos negativos para los trabajadores del sector, con el consecuente impacto en la productividad y la eficiencia.
8- Necesidad de mayor cultura turística de la población y las autoridades de las localidades (calles sucias, muy sucias –¡Oh La Habana!–, deficiente sistema de recogida de basura, contaminación ambiental –en espacial por el escape de los “autos boteros”, pero también por nuestros ómnibus, camiones estatales, rastras, y autos del Estado ¿Qué pasa con el Somatón, funciona?).

Son algunos de los factores del entorno “interno” contra los que el sector ha tenido que luchar, día a día, además de contra los prejuicios enarbolados por algunos que ven en la expansión del turismo más amenazas que oportunidades.

Este año, a la tasa de crecimiento que se ha logrado en estos primeros meses (15 por ciento), el turismo alcanzará una cantidad de arribos nunca inferior a 4,2 millones de turistas.

Se logrará aun cuando no se han resuelto los problemas planteados arriba, y cuando queda mucho por mejorar en el servicio, en la profesionalidad e incluso en la calidad de algunas de nuestras instalaciones; a pesar del esfuerzo hecho por reparar y recuperar habitaciones con fallas de terminación. Se logrará incluso a pesar de que el boom turístico nos ha hecho incrementar los precios de una habitación noche a niveles realmente elevados, y ha producido como reacción que algunas agencias de viajes hayan experimentado la cancelación de paquetes previamente reservados.

Es de esperar, si no se ha hecho ya, que esa política de precios sea revisada. Si bien es cierto que la demanda por el destino Cuba en estos dos últimos años es muy alta –y todo indica que lo seguirá siendo– también es cierto que tenemos competidores en la región con ofertas tan buenas como las nuestras y servicios de igual o mejor calidad. Miremos la competencia, no estamos solos y el sector turístico cubano, que nació y creció compitiendo en condiciones desventajosas, lo sabe muy bien.

Cuba necesita del turismo, pero el turismo necesita de Cuba. ¡Qué bueno que Gibara haya sido declarado destino turístico! De hecho ya lo era, los turistas la habían convertido en un destino turístico preferente. Ellos no le preguntaron a nadie si Gibara era o no un destino turístico: los turistas y los gibareños lo hicieron. Igual pasó con Viñales y Trinidad. Nos demoramos mucho tiempo, desde nuestras instituciones, en reaccionar a esas señales adecuadamente. Por suerte la población las interpretó muy bien desde el comienzo.

Ahora quedará a las autoridades locales convertirlo en una realidad mayor y mejor. ¡Qué bueno poder tener un alumbrado público fotovoltaico que haga día la noche de toda la ciudad de Gibara!… o un buen sistema de abasto de agua usando una pequeña parte de toda esa agua de mar. ¡Que fantástico sería poder llegar a Gibara por esa carretera que la une a la ciudad de Holguín, un par de metros más ancha, alumbrada con luces fotovoltaicas, con una buena señalética que alerte a los que manejan de los vericuetos del camino.

¡Cuánto ganarían Gibara y Holguín si se recuperara aquel tren que un día existió!… ya no para los turistas, sino para todos. ¿Por qué no soñar con que los turistas y también los trabajadores puedan llegar desde los hoteles y poblados costeros en un pequeño ferry –ahora que ya no hay pies mojados y secos– y ver una bahía con muchas personas, entre ellos turistas, practicando deportes náuticos?

Si tuviéramos en Gibara, gestionada por la autoridades locales, una buena oficina local de información turística… Si desde nuestras escuelas primarias y secundarias se les explicara a nuestros niños de Gibara qué significa ser un destino turístico. Si facilitáramos y estimuláramos mejor el suministro para todos desde las capacidades locales, no solo agrícolas, sino también de productos del mar. Imagino un mercado de pescado, un lugar público, donde todos, incluso los jefes de Alimento y Bebidas de los hoteles, puedan ir a comprar el pescado fresco que no tenemos en esos hoteles pegados al mar, pero también los dueños de restaurantes privados.

Políticas locales que fomenten la cultura de una ciudad turística, que contribuyan a que el sector no estatal (que hoy tiene más habitaciones que los tres hoteles de Gibara) se haga más profesional, que integre la cultura y la producción local a esta oportunidad serán muy necesarias. Para Gibara y para otros pueblos de Cuba esas políticas locales que los coloquen desde ellos mismos en estas otras políticas nacionales, serán cada vez más necesarias si queremos garantizar la sostenibilidad de estos proyectos y sin duda será también una gran ayuda para el Ministerio del Turismo. Claro está, lo primero es cambiar esa cultura que nos ata y subordina a lo que se decide arriba y la práctica que la acompaña y deja muy poco espacio a la cosecha propia de cada localidad.

¿Los mercados no ven los riesgos geopolíticos?

Nouriel Roubini, a professor at NYU’s Stern School of Business and CEO of Roubini Macro Associates, was Senior Economist for International Affairs in the White House's Council of Economic Advisers during the Clinton Administration. He has worked for the International Monetary Fund, the US Federal Reserve, and the World Bank.

Project Syndicate,  NUEVA YORK – La derrota de la populista de derecha Marine Le Pen a manos de Emmanuel Macron en la elección presidencial francesa da un respiro a la Unión Europea y al euro, pero todavía abundan riesgos geopolíticos. La victoria de Macron no aquietará la reacción populista antiglobalizadora en Occidente, que todavía puede generar proteccionismo, guerras comerciales y fuertes restricciones migratorias. Si las fuerzas desintegradoras se asientan, la salida del Reino Unido puede llevar a la ruptura futura de la UE, con o sin Macron.

Mientras tanto, Rusia mantiene una conducta agresiva en el Báltico, los Balcanes, Ucrania y Siria. En Medio Oriente todavía hay varios estados cuasifallidos, como Irak, Yemen, Libia y Líbano. Y las guerras por intermediarios entre la Arabia Saudita sunita y el Irán shiita no dan señales de estar cerca de un final.

En Asia, cualquier movida apresurada de Estados Unidos o Corea del Norte puede precipitar un conflicto militar en la península de Corea. Y China sigue promoviendo (y en algunos casos, escalando) disputas territoriales con sus vecinos.

Pese a estos riesgos geopolíticos, los mercados financieros globales no dejan de subir. Deberíamos preguntarnos si los inversores no estarán subestimando el potencial de que uno o más de estos conflictos se conviertan en una crisis más seria (y qué se necesita para despertarlos de su error, si así fuera).

La indiferencia de los mercados a los riesgos geopolíticos tiene muchas explicaciones. Para empezar, incluso aunque gran parte de Medio Oriente está en llamas, no hubo embargos ni cambios bruscos en la provisión de petróleo, y la revolución del gas de esquisto en Estados Unidos aumentó el suministro de energía a bajo costo. En conflictos previos en Medio Oriente (por ejemplo, la Guerra de Yom Kippur en 1973, la Revolución Islámica de Irán en 1979 y la invasión iraquí a Kuwait en 1990), las alteraciones del suministro de petróleo causaron estanflación global y profundas correcciones en las bolsas.

Una segunda explicación es que los inversores están extrapolando a partir de shocks anteriores, como los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando las autoridades lograron controlar la situación sosteniendo la economía y los mercados financieros con fuertes medidas fiscales y monetarias expansivas, que al revertir en cuestión de días o semanas la caída de las cotizaciones, la convirtieron en una oportunidad para la compra de activos.

En tercer lugar, los países que sí experimentaron perturbaciones bursátiles localizadas (como Rusia y Ucrania tras la anexión rusa de Crimea y la incursión en el este de Ucrania en 2014) no tienen suficiente peso económico para afectar a Estados Unidos o a los mercados financieros globales. E incluso si el RU fuera camino de un “Brexit duro”, sólo representa alrededor del 2% del PIB mundial.

Una cuarta explicación es que hasta ahora no se ha producido ninguna consecuencia extrema de las tensiones geopolíticas actuales. No ha habido un conflicto militar directo entre grandes potencias, ni un derrumbe de la UE o de la eurozona. Se han contenido en parte las políticas más radicales y populistas del presidente estadounidense Donald Trump. Y la economía china todavía no sufrió un aterrizaje forzoso (con la inestabilidad sociopolítica que eso supondría).

Además, a los mercados no les resulta fácil evaluar los llamados “cisnes negros”, acontecimientos improbables pero extremadamente costosos, de cuya posibilidad ni siquiera somos conscientes. Por ejemplo, el mercado no podía prever el 11-S; e incluso si los inversores pensaran que hoy es inevitable otro gran atentado terrorista, no pueden saber cuándo.

Una confrontación entre Estados Unidos y Corea del Norte también podría convertirse en un cisne negro, pero es una posibilidad que los mercados han descartado alegremente. Una de las razones es que más allá de las bravatas de Trump, Estados Unidos tiene muy pocas opciones militares realistas: Pyongyang cuenta con capacidad militar convencional para destruir Seúl y sus alrededores (donde vive casi la mitad de la población de Corea del Sur) en respuesta a un eventual ataque estadounidense. Tal vez los inversores supongan que incluso de haber un intercambio militar limitado, no escalaría hasta el grado de guerra total, y el golpe que supondría para la economía y los mercados financieros podría aliviarse mediante una política expansiva. En tal supuesto, lo mismo que con el 11‑S, la corrección inicial del mercado terminaría siendo una oportunidad de compra.

Pero hay otras alternativas imaginables, algunas de las cuales pueden convertirse en cisnes negros. Dados los riesgos asociados con la acción militar directa, se cree que para eliminar la amenaza nuclear norcoreana contra el territorio estadounidense, Washington está usando armas cibernéticas. Tal vez esto explique por qué tantas de las pruebas de misiles que hizo Corea del Norte en los últimos meses fallaron. ¿Pero cómo reaccionaría el régimen a verse militarmente decapitado?

Una respuesta posible es que Corea del Norte podría lanzar un ciberataque propio. Se estima que sus capacidades ciberbélicas están casi al nivel de las de Rusia y China (algo de lo que el mundo tuvo una primera comprobación en 2014 con el ataque a los sistemas de Sony Pictures). Un gran ciberataque norcoreano podría inutilizar o destruir partes de la infraestructura crítica de Estados Unidos, causando un inmenso daño económico y financiero. Es un riesgo que subsiste aun si Estados Unidos pudiera sabotear todo el sistema industrial de Corea del Norte y su infraestructura.

Ante un ataque inhabilitante contra el programa misilístico y el régimen, Corea del Norte también podría optar por el uso de tecnologías más sencillas, por ejemplo enviar una “bomba sucia” oculta en un barco con destino a los puertos de Los Ángeles o Nueva York. Un ataque de esta clase sería muy difícil de detectar o detener.

Así que aunque los inversores no se equivoquen al descartar el riesgo de un conflicto militar convencional entre Estados Unidos y Corea del Norte, es posible que estén subestimando la amenaza de un auténtico cisne negro, por ejemplo una ciberguerra disruptiva entre los dos países o un ataque con bombas sucias contra Estados Unidos.

¿Sería una escalada en la península de Corea una oportunidad para comprar aprovechando una caída súbita pero transitoria de precios, o marcaría el inicio de un derrumbe bursátil a gran escala? Es bien sabido que los mercados pueden evaluar los “riesgos” asociados con una distribución normal de acontecimientos estadísticamente estimable y medible. Pero no les resulta tan fácil controlar la “incertidumbre knightiana”: el riesgo que no puede calcularse en términos probabilísticos.

Traducción: Esteban Flamini

miércoles, 10 de mayo de 2017

La Habana y sus medidas para enfrentar la sequía

Creado el Miércoles, 10 Mayo 2017 09:09 | Jeniffer Rodríguez Martinto

La Habana, 10 may (ACN) Desde hace más de un quinquenio Cuba enfrenta una crítica situación hidrológica, que ha obligado a poner en práctica en cada provincia programas que garanticen la preservación y uso adecuado del preciado líquido.

En 2012 la empresa Aguas de La Habana inició un plan estratégico para disminuir las pérdidas y mejorar y ampliar el servicio, el cual contempla la rehabilitación de redes, la interconexión de los sistemas que permitan adecuar los ciclos y horarios de distribución, así como la detección de fuentes alternativas de abasto y posibilidades de recarga.

Según los directivos del sector en la capital, el objetivo es mejorar primeramente las condiciones técnicas de las grandes conductoras, donde ocurren importantes pérdidas de agua.

Estadísticas oficiales revelan que hasta la fecha se han rehabilitado mil 377,47 kilómetros (Km) de redes y conductoras, con tecnología de Polietileno de Alta Densidad, y quedan pendientes mil 970,8 km.

Solamente en el período de 2012-2016, la cifra ascendió a 748, 6 km, además de 136 obras concluidas por este concepto y 81 de alcantarillado, según informó Javier Toledo Tápanes, delegado provincial de Recursos Hidráulicos.

Entre las principales obras ejecutadas, destaca la construcción de los trasvases Jaruco-La Coca y el de la presa Maurín a Ariguanabo, así como el acueducto Farriol Majagua, que benefició a 36 mil habitantes de Santiago de Las Vegas.

Además, se interconectaron los sistemas de Cuatro Caminos y Los Benignos con El Gato, y Cuenca Sur con Ariguanabo y Cosculluela, con lo cual se logró estabilizar el abasto a más de 600 mil personas.

La terminación de las conductora Los Benignos permitió reducir la cifra de habitantes de San Miguel del Padrón que necesitan de pipas, y con la finalización de Paso Seco, se estabilizó el servicio a Arroyo Naranjo.

También se concluyeron las conductoras Pata Norte y Pata Sur, que benefician al municipio de La Habana del Este y parte de Guanabacoa; se rehabilitó el Nudo Palatino, tramos de las conductoras Cuatro Caminos, Cosculluela, Ariguanabo y Vives, y de los Nudos de El Gato.

La sustitución de redes hidráulicas, por su parte, ha abarcado toda la provincia, con mayor énfasis en El Cotorro, La Habana del Este, San Miguel del Padrón, Guanabacoa, Regla, La Habana Vieja, Centro Habana y Boyeros.

Para continuar tales acciones, Aguas de La Habana recibirá este año modernos medios tecnológicos que facilitarán la realización de labores de rehabilitación, sin necesidad de romper largos tramos de asfalto.

Uno de los equipos permite inspeccionar visualmente mediante una cámara especial para determinar el grado de obstrucción de la tubería, y luego proyectar corindón, silicato de aluminio o vidrio con el fin de eliminar la suciedad; y el otro consiste en un sistema Seal Packed, destinado a la colocación de juntas en una tubería dañada, de la longitud deseada.

Como parte de un proyecto para sanear los ríos y arroyos que desembocan en la Bahía de La Habana, se terminaron también las plantas de tratamiento de aguas residuales El Pitirre, en El Cotorro, y La Solita, en Arroyo Naranjo. 

Además, se han montado más de 45 mil metrocontadores, con el fin de contribuir al ahorro de agua en los sectores estatal y residencial.

Cómo estudiar la economía cubana con una pequeña ayuda de Einstein

Por Pedro Monreal, El estado como tal.


El Dr. José Luis Rodríguez ha propuesto una serie de consideraciones para guiar la investigación sobre la economía cubana. Sugiero tomarlas con cautela. Llamo la atención sobre dos imprecisiones. Adicionalmente, recomiendo hacer algunas mejoras a las consideraciones sugeridas en “la guía”.
Las imprecisiones
Imprecisión # 1: Las críticas que hacen los economistas respecto a las insuficiencias del modelo económico socialista cubano abarcan un diapasón más amplio que el sugerido por Rodríguez.
Las críticas no se limitan a aquellas que consideran que el modelo ha fracasado “a lo largo de los últimos 58 años”, ni a las que desechan cualquier tipo de avances, ni a las que se apoyan en el fracaso del socialismo real en Europa como prueba de la inviabilidad del modelo cubano.
Existen análisis críticos –especialmente en relación con la manera en que el modelo ha funcionado desde la crisis de los 1990s hasta hoy- que no niegan en general la viabilidad de un modelo socialista en Cuba, pero que critican las formas concretas que ha adoptado el modelo, o componentes centrales de este.
Se trata de una crítica sistémica, que no es lo mismo que una crítica anti-sistémica. El propósito sería entender las causas profundas (sistémicas) que provocan la crisis actual (así, crisis con todas las letras) y otras disfuncionalidades, para poder superarlas y reformar el sistema, sin que ello implique una transición hacia el capitalismo.
Lo que han hecho muchos de esos trabajos es aplicar la función crítica de las ciencias sociales, sugerir causalidades y proponer soluciones. El hecho de que lo anterior pudiera no coincidir con lo que piensen los funcionarios y otros economistas no es un criterio suficiente para asumir que no son críticas hechas dentro de los marcos del socialismo.
Por supuesto, también hay otros análisis como los criticados por Rodríguez, pero en la “guía” conviene dejar clara la diversidad de los estudios críticos existentes. En caso de no hacerlo, pudiera crearse una confusión para los eventuales lectores de “la guía”.
Imprecisión # 2: La evidencia de que existe un estudio concluyente acerca del fracaso general de la “viabilidad” de la transición hacia el capitalismo en Europa Central y Oriental, no es aportada por Rodríguez.
Definitivamente, ese estudio no puede ser el citado artículo de Emily  Morris, al menos por dos razones: en primer lugar, porque en realidad en ese ensayo no se comparan “los principales indicadores socioeconómicos” de Cuba con los de los antiguos países socialistas europeos. En segundo lugar, porque si de lo que se trata es de medir la viabilidad de tal transición en términos de desarrollo nacional, las estadísticas indican que la gran mayoría de esos países europeos han mejorado el nivel de su Índice de Desarrollo Humano (IDH), entre 1990 y 2015, algunos de ellos de manera notable.
El trabajo de Morris solamente considera tres indicadores en la comparación de lo ocurrido en Cuba y en esos países: a) el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de Cuba y un promedio de ese indicador para los antiguos países socialistas europeos; b) la tasa de mortalidad infantil de Cuba y de catorce países (incluyendo China y Vietnam; y c) la esperanza de vida al nacer de Cuba y de trece países.
Resulta muy discutible designar esos tres indicadores como los “principales indicadores socioeconómicos” de un país. Es difícil argumentar que pudieran ser más relevantes que el Índice de Desarrollo Humano, el cual es ampliamente aceptado como la mejor medición sintética del estado de desarrollo.
Las series del IDH desde 1990 arrojan los siguientes resultados:
  • En 2015 había 16 antiguos países socialistas con un IDH superior al de Cuba (incluyendo algunos países resultantes de la desintegración de la Unión Soviética).
  • Todos esos 16 países –sin excepción- y también Cuba, mejoraron su IDH entre 1990 y 2015.
  • Diez de esos países hicieron avanzar el IDH a ritmos más acelerados que Cuba (Eslovenia, República Checa, Estonia, Polonia, Lituania, Hungría, Letonia, Croacia, Bielorrusia y Kazajstán).
Nada de lo anterior minimiza el logro registrado por Cuba de elevar su IDH en circunstancias extremadamente difíciles, pero conviene llamar la atención sobre el hecho –reflejado en el IDH- de que el tránsito hacia el capitalismo en los países socialistas de Europa ha sido compatible con la mejoría de ese indicador multidimensional del desarrollo económico y social.
Obviamente, se trata de un indicador general que no logra captar la diversidad y los detalles de las contradicciones y problemas que existen detrás de esas cifras, pero al que se le reconoce validez para medir la calidad promedio de las trayectorias de desarrollo.
Tampoco se hace aquí un juicio de valor respecto a la superioridad de modelo económico alguno. El punto que ha deseado destacarse es que para poder hacer afirmaciones precisas respecto a la viabilidad de los modelos económicos hay que utilizar estadísticas relevantes desde la perspectiva del desarrollo. Las cifras de IDH están disponibles y son ampliamente aceptadas.
Las consideraciones que deberían ser mejoradas
  • El primer punto de una “guía” como la que se propone debería consistir en aclarar que una de las principales dificultades a las que se enfrentan la mayoría de los investigadores que estudian la economía cubana es a la notable carencia de estadísticas básicas, especialmente las de fuentes oficiales.
Quienes intentan hacer investigación económica sobre Cuba deberían quedar advertidos, de entrada, que tendrán que lidiar con un “apagón estadístico” que no les posibilitará conocer indicadores básicos actualizados. Entre otros, el estimado del monto de remesas y su distribución entre grupos sociales y localidades, indicadores de distribución del ingreso, indicadores de pobreza, valor promedio de la canasta básica, salarios pagados a los trabajadores en el sector no estatal, ganancias y pérdidas de las empresas estatales, distribución de las empresas estatales según escala (empleados y activos), coeficiente de utilización de capacidad instalada, composición de las exportaciones y de las importaciones de bienes y de servicios (por tipos de productos/ servicios, y su distribución geográfica).
  • La afirmación de que “un análisis serio de la realidad económica cubana no es posible sin la disponibilidad de información de un mínimo de calidad, que –por tanto- resulte objetiva, coherente y verificable” es dejada en suspenso. Nada de lo que se ofrece en “la guía” le facilita al lector hacerse una idea precisa sobre la calidad de la información disponible. Esta no se limita a los tres aspectos mencionados (objetividad, coherencia y verificabilidad). La información de calidad también debe ser accesible y oportuna.
En ese sentido, la falta de acceso y de actualización respecto a la información básica equivale a decir –según la propia lógica de Rodriguez- de que el “análisis serio” de la realidad cubana no es una característica estable del análisis económico sobre Cuba, por lo menos del que se hace de manera abierta.
  • La clasificación de la información en cuatro “niveles” (“oficial/ oficiosa”, “académica elaborada por instituciones cubanas”, “organismos y firmas consultoras internacionales”, y “medios académicos e institutos de investigación en el extranjero”) es esencialmente irrelevante para determinar la calidad de la información económica disponible en Cuba.
  • Es un tipo de clasificación que resulta del cruzamiento de dos parámetros: a) el contrapunteo de lo “interno” vs. lo “externo”, y de lo “no académico” vs. lo “académico”. Ninguno de esos dos parámetros tiene una relación causal directa con la calidad de la investigación.
Por ejemplo, instituciones “internas” interesadas en disimular determinados hechos pueden producir una información de calidad tan “mala” como la producida por entidades o personas “externas” con una agenda politizada. Por otra parte, una academia sin acceso a información precisa puede producir análisis –que a su vez son datos para otros investigadores- de “mala” calidad.
  • La diferencia que intenta establecerse entre lo “oficial” y lo “oficioso” es muy forzada y no parece tener relevancia práctica alguna en el caso de un país como Cuba. Un ejemplo pudiera ilustrar este sinsentido. Según lo que dice “la guía”, si una estadística, como el monto de la inversión extranjera, la ofrece el Presidente del Consejo de Estado en un discurso, debe considerarse como una información “oficial”, pero si esa misma cifra la expresa el Ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera en otro discurso, entonces sería una información “oficiosa”. Parece ser una “lógica” demasiado rebuscada.
  • La “guía” debería identificar claramente que los datos que se necesitan para estudiar la economía cubana rebasan ampliamente las estadísticas. Tres precisiones son necesarias: a) identificar explícitamente las diferencias entre datos y estadísticas; b) recalcar que “no todo lo que cuenta puede ser contado”, es decir, rescatar la importancia de los datos cualitativos en la investigación económica; y c) advertir sobre los riesgos que representa para la investigación cualquier posible dependencia relativa a tener que utilizar estadísticas que reflejen “lo que sea más fácil contar”, o “lo que sea más conveniente contar”. ¿Es que acaso no importa medir en Cuba la pobreza o la desigualdad simplemente porque los funcionarios opinen que pudiera ser políticamente embarazoso?, ¿Qué tiene que ver eso con el propósito de la investigación económica?
  • La clasificación actual que presenta “la guía” debería ser reemplazada por una que sea relevante para las necesidades de construcción, recolección, ordenamiento y procesamiento de datos. En mi modesta opinión la categorización estándar de “datos primarios” y de “datos secundarios”, comprensible para cualquier investigador, se entiende mejor y es más relevante que la artificiosa lista de las cuatro categorías sugeridas en la lista.
Entre otras cosas, la clasificación estándar (datos primarios y secundarios) permite dar cuenta de las diferentes necesidades y habilidades que se requieren en dependencia de los distintos tipos de análisis económicos que se hacen.
No es lo mismo el análisis macroeconómico (dependiente en muy alto grado de “datos secundarios”, como las cifras del Anuario Estadístico de Cuba), que el análisis del impacto socioeconómico de la políticas económicas -por ejemplo, pobreza, desigualdad, o empleo- que tienden a depender de la producción y recolección directa de “datos primarios” por parte del propio investigador. Las capacidades, el entrenamiento específico, el tiempo, y los recursos empleados para obtener y para procesar la información serían muy diferentes en esos dos tipos de análisis.
  • La “guía” debería ofrecer una explicación clara de cuáles son los retos a los que deberían enfrentarse los investigadores que necesiten producir “datos primarios” en Cuba. ¿Es posible para un investigador no vinculado a una institución nacional hacer una encuesta “por la libre”? ¿Pueden hacer encuestas o trabajo focal, en cualquier tema, todas las instituciones académicas?
  • Una de las principales limitaciones de “la guía” es asumir que la investigación de los temas económicos se hace únicamente, o fundamentalmente, desde la ciencia económica. No queda claro como una noción tan arcaica ha encontrado su lugar en “la guía”. Algunos de los estudios científicos más relevantes para entender la economía cubana no han sido el resultado del trabajo de los economistas sino de científicos sociales de otras disciplinas.
Conociendo de antemano que seré injusto al no reconocer a muchos valiosos colegas, me aventuro a citar el caso de sociólogos como Juan Valdés Paz y Mayra Espina, de una psicóloga como Maria del Carmen Zabala, de antropólogos como Pedro Pablo Rodriguez y Ana Vera, y de un jurista como Narciso Cobo.
En mi modesta apreciación, uno de los textos fundamentales para entender el actual modelo económico cubano es un texto que no ha sido escrito por economistas, “Algunas claves para pensar la pobreza en Cuba desde la mirada de los jóvenes”. Les recomendaría a los investigadores empezar por esa lectura antes de emprender una aventura bibliográfica de textos cargados con largas longanizas de estadísticas económicas.
  • Sería aconsejable que “la guía” pudiera brindar algún consejo al investigador acerca de cómo manejar la llamada “literatura gris”, es decir, aquella producida por académicos y también por no- académicos, que ha sido publicada en soporte de papel o electrónico, pero no en publicaciones formales (revistas o libros). Se refiere a una amplia diversidad de materiales, algunos de ellos de existencia efímera en los medios digitales. Incluye las ponencias, informes parciales de investigación, tesis, notas de discusiones, reseñas de textos, entre otros. Esta parece ser un tipo de producción académica desdeñada por “la guía” de Rodriguez, bajo el supuesto de que no tienen “seriedad académica o investigativa”, algo que, dicho sea de paso, “la guía” debería definir mejor (¿cómo se avala la calidad científica en Cuba de los textos sobre economía?).
En cualquier caso, todas las guías de investigación contemporáneas incluyen un acápite relativo a la “literatura gris” y la razón es simple: poder detectar de manera anticipada –para apoyarla- la producción científica que se encuentra fuera del circuito editorial, especialmente la producida por los jóvenes.
  • La “guía” también debería dejar claro que no todos los temas reciben en Cuba la misma prioridad en la agenda de investigación sobre temas económicos. La implicación de esto es importante: resulta ser desigual la asignación de recursos y el nivel de proximidad con las entidades oficiales (no académicas), en dependencia del tema y del marco institucional en que se realiza la investigación. Como mínimo, “la guía” debería ofrecer alguna pista acerca de cuáles son los temas y sub-temas priorizados en los llamados Programas Nacionales de Ciencia y Técnica del país.
Una pequeña ayuda de Einstein
Cualquier propuesta de “guía” de investigación, especialmente cuando se enfoca en cuestiones de información, refleja –de manera consciente o inconsciente- una teoría sobre el proceso de investigación, sobre los temas bajo investigación, o ambas cosas a la vez.
En ese sentido, se le atribuye a Albert Einstein haber expresado que “El hecho de que uno pueda observar una cosa, o no, depende de la teoría que se utilice. Es la teoría lo que decide lo que debe ser observado”.
Proponer que lo que debe ser observado en la economía cubana debe provenir esencialmente de una combinación de estadísticas oficiales, discursos de funcionarios, documentos de organismos internacionales y un listado de publicaciones y de autores “reseñados selectivamente”, parece reflejar una teoría muy limitada del conocimiento sobre la transformación económica. Significa que entender el cambio equivale a tomar como válidas las mediciones y opiniones de los gobiernos, y a considerar solamente una parte del espectro del trabajo académico. Se asume –erróneamente- que nada importante, que merezca la pena ser observado, pudiera quedar fuera de esa receta.
El problema es que a la realidad económica, y a lo que de ella debe observarse, no las contienen ese tipo de “camisas de fuerzas” prescriptivas, hechas a priori. Si algo debería aprenderse de la experiencia reciente de Cuba es de las sorpresas que nos deparan “las curvas del camino”.
Lo que debería ser observado en la economía cubana debería estar informado al menos por dos tipos de teorías. En primer lugar, por el pensamiento sistémico, para poder colocar la reflexión sobre la economía cubana al nivel contemporáneo del estudio de sistemas complejos. Las causalidades lineales y los enfoques mono-disciplinarios cada vez son menos capaces de explicar la realidad social.
En segundo lugar, se necesita un modelo causal de la transformación económica, es decir, debe disponerse de una explicación racional de los principios causales a partir de los cuales opera la economía nacional, y tal modelo debe ser explícitamente enunciado.
Resumiendo: Rodríguez menciona “la complejidad”, pero sin relación con el pensamiento sistémico pues asume que un enfoque mono-disciplinario (la ciencia económica) es el apropiado, y por otra parte no identifica de qué manera la información que recomienda observar tiene que ver con el funcionamiento de las causalidades relevantes para la transformación económica del país.

Cuba y Arabia Saudita firman acuerdo de préstamo por 26,6 millones de dólares

10 mayo 2017 

El Ministro de Economía y Planificación de Cuba, Ricardo Cabrisas Ruíz, y el vicepresidente y Director Ejecutivo del Fondo Saudita para el Desarrollo, Sr. Yousef Ibrahim Albassam. Foto: CubaMinrex.

La firma de un nuevo acuerdo de préstamo entre el Fondo Saudita para el Desarrollo y Cuba fue efectuada en Riad con vistas a desarrollar el Programa de Rehabilitación y Construcción de Obras Sociales de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

Según informó el sitio oficial Cubaminrex, el acuerdo, por un valor de 100 millones de riales sauditas, equivalentes a unos 26,6 millones de dólares, fue suscrito por el vicepresidente del Consejo de Ministros y Ministro de Economía y Planificación, Ricardo Cabrisas Ruíz, y por el vicepresidente y Director Ejecutivo del Fondo Saudita para el Desarrollo, Sr. Yousef Ibrahim Albassam.

Con esta ceremonia concluyó la visita oficial del Vicepresidente cubano al Reino Saudita, que incluyó una audiencia con Su Majestad el rey Salman bin Abdulaziz Al Saud, a quien hizo entrega de un mensaje remitido por el presidente cubano General de Ejército Raúl Castro Ruz.

El programa de Cabrisas también incluyó reuniones con los ministros sauditas de Economía y Planificación; Energía, Industria y Recursos Minerales; y Finanzas, así como también con otros altos funcionarios del gobierno saudita.

La delegación cubana que acompañó al también ministro de Economía y Planificación, estuvo integrada por directivos de los ministerios de Energía y Minas; Economía y Planificación; Comercio Exterior y la Inversión Extranjera; y de Relaciones Exteriores; el Banco Central de Cuba y el embajador de Cuba en el Reino de Arabia Saudita.

(Con información de ACN)

Lidera Cohíba venta de tabacos en Centroamérica

Por Cynthia Hernandez Mayol

La Habana, may (ACN) 

Dos millones de tabacos cubanos se venden anualmente en Centroamérica, siendo Cohíba la marca líder en la región, refirió en Panamá el gerente general de la empresa Cruz Canela and Trust GB S.A, Luis García.
Según Prensa Latina, el empresario costarricense también ofreció detalles sobre el incremento en la venta de los tabacos Club, tendencia a la que se suma la nueva marca Cohíba Short, una mezcla entre el anterior y el Purito, que abre muchas expectativas en el mercado de los Habanos.

Además, resaltó la calidad del empaque y formato de este tipo de cigarro, presentado en la pasada edición del Festival del Habano en Cuba, algo que a su juicio resulta muy saludable para el negocio.

Por ello, afirmó que los tabacos cubanos tienen una aceptación muy positiva y ascendente en Centroamérica, un área geográfica en desarrollo en el sector del turismo, donde los principales visitantes son los estadounidenses, quienes ya no poseen tantas restricciones para comprar y llevar consigo este producto.

García Cruz precisó que pese a las fuertes prohibiciones y sanciones que imponen las autoridades de salud a los fumadores en países como Panamá, donde los precios de estos productos son elevados, el Habano cubano tiene aceptación entre la gente.

No obstante, nuestros mercados están enfocados principalmente al turismo, donde se concentra el consumidor que más busca ese producto, el cual tiene posibilidades de venderse en cualquier tipo de comercio, dada su calidad y exclusividad, aseguró.

Sin embargo, a pesar de ser un producto de lujo, intentamos aproximarlo a cualquier persona, pues es bien demandado, recalcó.

Añade PL que desde la creación en 1966 en La Habana, Cohíba no es solo la marca insignia de Internacional Cubana de Tabacos S.A (ICT), sino también la más prestigiosa en el mundo del cigarro Premium, con un crecimiento anual de poco más del cuatro por ciento en los últimos años.

Fundada en 2010 en Costa Rica, Cruz Canela and Trust GB S.A, es el distribuidor exclusivo de Habanos S.A para ese país y Nicaragua, además de los tabacos mecanizados comercializados por ICT para toda Centroamérica.

Ecosistema arenoso propio de Cuba reclama soluciones climáticas

Baracoa, con 81.700 habitantes, figura entre los municipios que prioriza el primer Plan de Estado para el enfrentamiento del cambio climático debido a las grandes elevaciones del nivel medio del mar.



Vecinos de localidad periurbana de La Playa descansan a la sombra de un arbusto, en medio de la contaminada duna formada en la desembocadura del río Macaguaní, llamada localmente tibaracón, próxima a la ciudad de Baracoa, en la costa del oriente de Cuba. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

BARACOA, Cuba, 10 may 2017 (IPS) – Un puente maltrecho conecta el centro de Baracoa, la ciudad más antigua de Cuba, con la singular barra de arenas oscuras, llamada tibaracón, que se forma en una de las orillas del río Macaguaní cuando desemboca en la costa caribeña del nororiente cubano.

Apenas 13 casas de madera y techos ligeros resguardan a las pocas familias que aún viven en uno de los seis deltas lineales exclusivos de Baracoa, un municipio montañoso y costero con singulares reservas naturales y cuya Ciudad Primada, como se la define localmente, fue fundada hace 505 años por los colonizadores españoles.

Estos camellones de arenas largos y estrechos entre las desembocaduras de los ríos y el mar llevan aquí un nombre araucano, el primer pueblo originario de América del Sur que pobló Cuba. Nacieron del raro cóctel de ríos cortos con gran pendiente hidráulica, estrechas llanuras costeras, régimen lluvioso elevado y estacional junto a cercanos arrecifes coralinos de cresta.

Especialistas locales piden que estas cortinas de arena únicas del Caribe insular tengan un tratamiento especial en el actual ordenamiento costero que puede cobrar nuevas fuerzas con la Tarea Vida, el primer Plan de Estado para el enfrentamiento del cambio climático, aprobado el 27 de abril por el Consejo de Ministros.

Baracoa, con 81.700 habitantes, figura entre los municipios que prioriza el nuevo programa debido a las grandes elevaciones del nivel medio del mar. Las autoridades remarcan que el plan, con 11 tareas específicas, tiene un alcance y jerarquía superiores a los precedentes relacionados con el fenómeno climático, e incluye inversiones progresivas hasta 2100.

“Yo nací aquí. Me fui a otro lugar cuando me casé y regresé hace siete años porque me divorcié”, contó a IPS la estomatóloga María Teresa Martín, vecina del Consejo Popular La Playa, un asentamiento periurbano que abarca el tibaracón del Macaguaní.

Este delta lineal es el más pequeño del municipio más lluvioso de Cuba y el mayor se encuentra en la desembocadura del río Duaba, de tres kilómetros de extensión.

“Es difícil vivir aquí”, valoró Martín. “Hay una marea y el día entero se siente una pestilencia porque los vecinos aledaños tiran toda la basura y escombros al río, el mar y la arena”, lamentó la trabajadora mientras señalaba los desechos que cubren las dunas y se entremezclan con las raíces de cocoteros y botes de pesca encallados.


Un hombre pesca en la playa junto a la desembocadura del río Macaguaní en el mar Caribe, en la costa de las afueras de la ciudad de Baracoa, en el oriente de Cuba. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Macaguaní baja por las montañas y atraviesa la ciudad bordeando la bahía de Baracoa, donde desemboca. Recibe toda suerte de desechos humanos, que vuelven escasas y malolientes sus aguas, una de las causas de la acelerada reducción del tibaracón.

“Antes teníamos hasta una calle y había muchas más casas. Hemos perdido otras vías de comunicación con la ciudad”, recordó Martín. “Nos tenemos que evacuar por cualquier amenaza de ciclón o tsunami”, enumeró la vecina, que espera ser reubicada en un lugar seguro en la ciudad.

El pescador Abel Estévez, que vive enfrente, también quisiera trasladarse tierra adentro pero le preocupa que le brinden una vivienda muy distante de la ciudad. “Uno está cerca del mar y vive de eso. Si nos mandan lejos de aquí, ¿cómo voy a mantener a mi niña?, ¿qué hará mi esposa para venir a trabajar al hospital?”, reflexionó.

Como sucede con La Playa, el ordenamiento costero establece que las autoridades municipales deben trasladar a lugares seguros 21 comunidades enclavadas en sus 82,5 kilómetros de litoral, de los cuales 13,9 son arenosos.

“Tenemos recursos naturales exclusivos y muy vulnerables como los tibaracones”, explicó Ricardo Suárez, representante municipal del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. “Son un suelo arenoso entre el mar y el río y, por lo tanto, son ecosistemas frágiles porque el río y el mar lo pueden dañar”, apuntó.

La desaparición de los tibaracones provocaría cambios “en las dinámicas costeras”, explicó el geógrafo. “Donde hoy hay arenas puede haber mañana una bahía y esto trae consigo más exposición a las penetraciones del mar, que pone en riesgo a las zonas urbanizadas y saliniza los suelos y las aguas terrestres”, alertó en diálogo con IPS.

Indicó que estas barras están afectadas por malos manejos humanos como contaminación, extracción de arenas y tala indiscriminada, además de por el cambio climático y su consecuente elevación del nivel del mar. Y observó causas naturales como cambios geológicos en la zona.

A su juicio, las acciones de protección de estos accidentes geográficos resultan paliativas porque están destinados a desaparecer. Precisó que ese momento se puede retardar a menos que sucedan catástrofes naturales similares al huracán Matthew que azotó la ciudad el 4 y 5 de octubre de 2016.


Suárez es el autor de un estudio que demuestra la paulatina reducción de los dos tibaracones ubicados en Baracoa, que funcionan como “una barrera natural de protección a la ciudad”. Incluso expuso cómo la población ha ido migrando de estos lugares por su elevada vulnerabilidad. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

En el empequeñecida comunidad donde habitan Martín y Estévez entre la desembocadura del Macaguaní y el mar, se registraban 122 viviendas en 1958. Y en el tibaracón del río Miel, en el extremo este citadino, existían 45 viviendas en 1978 y en la actualidad solo queda infraestructura comercial.

El ancho central del singular delta del Miel medía 70 metros a mediados del siglo XX y hoy su porción más estrecha abarca apenas 30 metros. En Macaguaní, en tanto, la reducción ha sido más abrupta, de los 80 metros de ancho reportados entonces, pasó ahora a un segmento muy afectado de seis metros, recabó la investigación.

El especialista recomienda brindar un trato diferenciado a estos ecosistemas, que no están contemplados específicamente en el Decreto Ley 212 para la Gestión de la Zona Costera, vigente desde 2000 y la principal base legal del actual ordenamiento territorial que, entre otras acciones, elimina las construcciones dañinas para las costas.

Suárez señaló que la eliminación de los inmuebles sobre el suelo arenoso rodeado por aguas debe estar acompañada de acciones preventivas para conservar las arenas como reforestación con especies originales de estos ecosistemas y otras más específicas.

Recuerda en el estudio que la estatal Agencia de Estudios Marinos, una subsidiaria de la empresa Geocuba en la vecina provincia de Santiago de Cuba, propone construir un dique rompeolas y de escollera para proteger el delta del Miel. Y remarcó la importancia de realizar un análisis similar para el caso de Macaguaní.

El estatal Instituto de Planificación Física (IPF) revisó los 5.746 kilómetros de costas el archipiélago cubano y encontró 5.167 ilegalidades cometidas por individuos y otras 1.482 por personas jurídicas. La entidad reportó que hasta febrero de 2015 se erradicaron 489 de las infracciones de las personas jurídicas.

Cuando las autoridades aprobaron la Tarea Vida, el IPF aseguró a los medios oficiales que los principales avances del ordenamiento costero se han alcanzado hasta ahora en las playas, que suman 414 en el país y acogen 36 polos turísticos. En auge desde 2015, el turismo es el segundo renglón económico, después de la exportación de servicios médicos.

Por su importancia económica, social y ambiental, los países que integran la Asociación de Estados del Caribe, Cuba entre ellos, ejecuta un proyecto regional para controlar la erosión de las costas arenosas en su Plan de Acción 2016-2020, al que hasta ahora tan solo Holanda ha aportado una contribución de 1.000 millones de dólares.