Por Froilán González García.
En ocasión del 95 cumpleaños del nacimiento de
nuestro Comandante en Jefe, comparto con ustedes mis recuerdos de algunas de
las veces que tuve la posibilidad de estar con él. La primera fue a
finales de 1965, desde entonces sentí su compañía y presencia en cada una
de las tareas que he cumplido y procuro hacer como él dijo aquel día: convertir
los sueños en realidades, las derrotas en victorias y vencer los obstáculos. En tres
ocasiones anteriores lo tuve muy cerca, al finalizar la campaña de
alfabetización, en un curso de Artillería y en la Plaza Cadena de la
Universidad de La Habana.
En 1964 estaba
recién casado con mi compañera de toda la vida Adys Cupull Reyes y como
Maestros Voluntarios integramos la Brigada Frank País y me nombraron director del Centro
Escolar René Ramos Latour en Mayarí Arriba (inaugurado
por Raúl en 1962) y Adys en la subdirección
docente regional.
Con los alumnos y profesores creamos un huerto de
vegetales, un vivero de árboles maderables y frutales con el uso de abonos
naturales para contribuir con los planes de reforestación. La experiencia fue
recogida en el libro “Tres experiencias de politécnización en Cuba”, que se
distribuyó a las escuelas rurales de todo el país.
En 1965, me trasladaron para Santiago de Cuba y me
nombraron director de la Secundaria Básica Rafael María de Mendive, y a Adys
como Subdirectora Docente. La escuela se encontraba en el antiguo Colegio
Nuestra Señora de los Dolores, más conocida como Colegio Dolores, donde
estudiaron Fidel, Raúl y Ramón Castro Ruz.
El Comandante Armando Acosta Cordero, Primer
Secretario del Partido Unido de la Revolución Socialista en la provincia de
Oriente y el compañero Jorge Risquet, Jefe Político y de Operaciones del
Ejército Oriental y Segundo Secretario, explicaron la importancia y necesidad
del trabajo docente y político, sabían que éramos graduados del primer curso de
Sicología y Pedagogía Marxista por la Universidad de
La Habana y de la Escuela Normal de Maestros de Santiago de Cuba. Afirmaron
que Fidel preguntaba frecuentemente cómo marchaba esa escuela y cualquier
acontecimiento político o social extraordinario sería rápidamente conocido por
él.
Antes del triunfo de la Revolución el Colegio
Dolores era una institución religiosa, privada y elitista, entre las más
prestigiosa del país. Los alumnos eran hijos de la burguesía comercial e
industrial, propietarios de tierras y ciertos sectores intelectuales, y de
barrios residenciales. A Fidel lo matricularon en enero de 1938.
En una entrevista a Frei Betto, sobre el personal de
esa institución expresó que era una escuela rigurosa, de mucha preparación,
vocación religiosa, consagración, capacidad y disciplina; que se interesaban por los alumnos, su carácter, su
comportamiento, con un gran sentido de rigor y exigencia, pero no estudiaban
alumnos de piel negra ni mestizos. Solo los hijos de la burguesía blanca o que
pareciera blanca.
En la escuela se organizaban excursiones a lugares históricos o de
la naturaleza, jornadas patrióticas, veladas religiosas y culturales, se
disfrutaba de la Coral Dolores, de una Banda de Música, una capilla para
orar y la iglesia adjunta.
Por sus aulas pasaron estudiantes que formaron
parte de la vida económica, social, política y cultural de Santiago de Cuba y
del país, entre ellos Fidel y Raúl, José Miyar Barruecos, Fernando Vecino
Alegret, Eduardo R. Chibás, los intelectuales José Antonio Portuondo, Jorge
Rigol, los actores de cine y televisión, Raúl Pomares, Carlos Padrón y
Amado Cabeza, el escritor Antón Arrufat y el historiador Francisco López
Segrera. Los Mártires Revolucionarios Renato
Guitart asaltante al Cuartel Moncada, Jimmy Hirtzel expedicionario del Granma y
Eduardo Mesa combatiente del Ejército Rebelde.
En 1962 el Colegio se convirtió en la Secundaria
Básica Rafael María de Mendive lo que constituyó un giro, de una escuela
religiosa, elitista y privada a una gratuita, con acceso para todos y con el ideario
martiano y revolucionario. Para ese año algunos profesores habían abandonado el
país, otros esperaban las visas para partir. Se quedaron los poseedores
de gran sentido ético, patriótico, muchos de ellos sin necesidades económicas,
amantes de la profesión, comprensivos ante el proceso revolucionario y en la
mayoría de los casos defensores de las necesarias transformaciones.
“Mendive” como le decían, se convirtió en la
Secundaria Básica más grande del país, con una matrícula superior a los dos mil
estudiantes con todas las tonalidades del color de piel, hijos de obreros y
profesionales. Fue necesario adaptar los antiguos dormitorios y otras
instalaciones como aulas, y para las plazas vacantes de profesores, convocar a
profesionales calificados, de ese modo integraron el claustro catedráticos de
piel negra y mestizos.
Dentro del personal auxiliar estaban los bedeles
Tomás y Miguel, españoles, religiosos; de rígida disciplina, amables,
ceremoniosos, serviciales y con gran educación formal. Nos enseñaron los
secretos del imponente edificio.
Tomás contaba anécdotas de Fidel y Raúl, a quien
llamaba Raulito. Ellos contribuyeron a mantenerlos presentes en la institución.
El bedel
explicó que el Colegio no prohibía la existencia de profesores negros o mestizos,
eran los padres de los alumnos los que se oponían, al igual que no querían
condiscípulos de ese color de piel para sus hijos.
A principio de noviembre de 1965 comenzó el
experimento de vincular el estudio con el trabajo agrícola, denominado Plan
Mayo Norte, una idea sugerida por Fidel, a quien había que rendirle informes
periódicos. Se desarrolló en los campos agrícolas entre Holguín y Bayamo.
Una mañana muy temprano llegó Fidel, alumnos,
profesores y campesinos lo rodearon. Se interesó por la alimentación,
condiciones sanitarias, albergues, agua potable, estudios, disciplina, cada
detalle del trabajo, productividad, siembras, críticas y experiencias positivas
y negativas. Indagó si había mosquitos y
otras plagas. Fue una clase, donde cada quien expuso libremente lo que pensaba.
Le explicamos la iniciativa del profesor de
historia Raúl Márquez, de elegir a dos alumnos donde cada mañana escuchaban las
noticias nacionales e internacionales y las trasladaban a los demás alumnos.
También las experiencias de las profesoras (Dolores Botta, Gisela Pereza y
Chanita Boocks) de debatir de manera directa y libre las bolas, rumores, comentarios
y propaganda contrarrevolucionaria llegada a través de emisoras de Estados
Unidos.
Le informamos que la experiencia fue aplicada en
todas las aulas por profesores guías seleccionados entre los más experimentados
y surgieron los plenos estudiantiles, donde se podía discutir ampliamente, con
entera libertad y respeto para todos. Recibimos el elogio de Fidel por la idea
y manifestó que debía generalizarse.
Fidel también habló con profesores, alumnos,
campesinos y personas que asesoraban el trabajo agrícola. Finalmente llamó al
profesor Agustín Rueda por su nombre, era el director de la Banda de Música,
alto de estatura, piel negra, caballeroso y educado. Uno de los
profesores en forma confidencial, me recomendó tener mucho cuidado con el
profesor, porque era comunista, como si esa afiliación política fuera un gran
delito.
Fidel y Agustín comenzaron a hablar de forma muy
amistosa, lo escuchaba con mucha atención y en varias ocasiones le tocaba el
hombro. Fidel le hizo numerosas preguntas, de la situación de Santiago de Cuba,
el estado de ánimo y las principales críticas de la población, de amigos o
conocidos comunes, de la familia, su trabajo, la Banda de Música, cómo les
afectaba la política agresiva del imperialismo norteamericano. Agustín
respondía con total sinceridad a las interrogantes, entre ellas que los
instrumentos musicales estaban deteriorados y pasaban trabajo para conseguir
hasta las cuerdas para las guitarras. La conversación se extendió
por varios minutos y al final el Comandante se despidió de todos nosotros y a
Agustín le dio unas palmadas en el hombro y un estrechón de manos.
Agustín decía que no iba a lavar la camisa,
la guardaría de recuerdo porque estaban las huellas de Fidel y en son de broma los alumnos manifestaban que tampoco quería lavarse las manos. Algunos comentaban que estaba vinculado al Partido Comunista y colaborador del Movimiento 26 de Julio y seguramente desde esa fecha conocía a Fidel.Apropiadamente a los dos meses del regreso a
la escuela, llegó desde La Habana un transporte y los emisarios solicitaron la presencia del
profesor Agustín Rueda. Le entregaron unos documentos enviados por Fidel y rápidamente comenzaron a bajar los instrumentos musicales para la Banda de Música de la Escuela. Profesores y alumnos comenzaron a
prestar ayuda para la descarga.
Esa sensibilidad especial de Fidel fue altamente
apreciada y su presencia se reafirmó en el colectivo. Algunos decían que “Fidel
volvió a Mendive,” porque su donativo dio
origen a la primera gran orquesta de música de la Enseñanza Media y
Preuniversitaria del país, que se hizo acreedora del Primer Premio en varios
festivales. En cada actuación Agustín Rueda contaba esta historia y la llamaba
“La Orquesta de Fidel” y recibía fuertes aplausos.
Para los profesores y alumnos, la presencia de
Fidel en aquella escuela era un gran orgullo y responsabilidad, el personal
administrativo conservaba y cuidaba los documentos y los expedientes originales
de todos los alumnos, pero especialmente los referidos a Fidel y Raúl.
Gracias a la entrega de los profesores,
personal administrativo y alumnos fuimos elegidos Vanguardia y la escuela
seleccionada para constituir el primer núcleo del Partido en la Enseñanza Media
y Preuniversitaria del país y pasé a formar parte de la Comisión de
Educación y Cultura del Comité Provincial del Partido.
Poco tiempo después, fui designado para dirigir la
Enseñanza Media y Preuniversitaria del Regional Santiago de Cuba. Las oficinas
se encontraban en el Antiguo Cuartel Moncada, convertido en la ciudad Escolar
26 de Julio, cada mañana tenía que entrar por la misma puerta por donde
penetraron los asaltantes a la Fortaleza Militar y la presencia de los
asaltantes y especialmente de Fidel y Raúl, sentía que emergían como gigantes,
exigiendo que todo funcionara de la mejor manera posible, para convertir los
sueños en realidad.
Un día el bedel Tomás solicitó una entrevista
para informarme que iba a realizar gestiones en Inmigración para viajar a
España a visitar a su familia, pero regresaría, no pensaba abandonar Cuba
definitivamente. Después partí para un curso de especialización a la Unión
Soviética y en una visita a Santiago de Cuba conocí que el bedel, encontró
dificultades para el viaje, le escribió a Fidel y Raúl y rápidamente todo se
resolvió, pero a la hora de la salida comenzó a llorar y estuvo a punto de
renunciar al viaje. Temía que por su avanzada edad no pudiera volver. Compartió
con su familia y rápidamente regresó a Cuba. Pocos meses después de realizar su
sueño falleció.
La escuela Rafael María Mendive fue formadora de
alumnos destacado en diversas esferas de la vida revolucionaria, entre ellos
profesores, oficiales del Ministerio del Interior o las Fuerzas Armadas,
médicos, periodistas, historiadores, deportistas, científicos, funcionarios de
diferentes ministerios, artistas, diplomáticos, con muchos de ellos hemos
mantenido buenas y perdurables relaciones.
Entre los graduados y como reconocimiento a todos,
mencionaremos a algunos. Alberto Juantorena Danger,
Pedro Núñez Mosquera,
la doctora en ciencias Nilia Victoria Escobar Yéndez, el doctor Francisco Durán García, el cantante
Luis Téllez,
Los alumnos de la Escuela Rafael María de Mendive,
de ambos sexos, blancos, negros y mestizos, de todas las
esferas sociales, y creencias religiosas, junto al claustro de profesores
y el personal administrativo y de servicios hicimos realidad los sueños
de Fidel.