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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 26 de septiembre de 2025

Mercado en la Agricultura. Propuesta de como organizarlo.

Por Joaquín Benavides Rodríguez* 

Leyendo un reporte del Periódico el Invasor sobre una reunión presidida por el Viceprimer Ministro Tapia Fonseca y el Ministro de la Agricultura, en Ciego de Ávila, sobre como elaborar los Planes en la Agricultura, me decido a sugerirles a ambos compañeros, que no pierdan el tiempo. No es con los viejos métodos de planificación que van a lograr que los agricultores cubanos comiencen a producir alimentos y abastecer los mercados. Ya nadie en el mundo gestiona la agricultura como los mencionados funcionarios pretenden. Y en Cuba, también, esa época paso. 

En la agricultura, al menos, les sugiero, cambiar la planificación burocrática por el Mercado. Y no el Libre Mercado, que introduce el caos y el desorden. Habrá que aprender a poner frente a frente a los productores con los que van a comprar la producción y con el Banco participando como financista. ¿A qué precios? A los que el que compra esté dispuesto a pagar y el banco este en disposición de financiar. Ahí habría Planificación, pero no burocrática, sino Comercial y Financiera. Súmese todo lo que el Comercio está dispuesto a comprar y el Banco a financiar, Y se tendrá el Plan de Producción agrícola, por surtidos de productos de cada lugar. El Banco es el Planificador. Desde abajo. El productor agropecuario, sea estatal, privado o cooperativo, produciría para el mercado y cobraría a la entrega del producto, cuyo monto se depositaria en su cuenta bancaria. El Estado, representado por el municipio, debería ser el organizador de la concurrencia y el banco el financista, que le garantizaría al productor el cobro a la entrega. 

Tengo ahora 89 años, pero me recuerdo perfectamente como entre 1959 y 1962, en esa época era dirigente político y director de la emisora Radio 26 en Matanzas, el Banco Nacional de Cuba, que era el Banco Central de entonces, llevo a cabo una importante inversión en instalaciones bancarias en todas las zonas agrícolas del País. Coincidía con la Reforma agraria y el comienzo del programa de creación de cooperativas agropecuarias. También recuerdo como el Banco comenzó un proceso urgente de contratación de ingenieros y técnicos en agronomía. El Banco financiaba con créditos, la producción agrícola. Con el tiempo esa concepción fue sustituida por ACOPIO, que con financiamiento del Presupuesto asumió la función burocrática de imponerle los precios a los productores. Como el Presupuesto financia también el Consumo social gratuito, incluido la salud y la educación, su interés no ha sido nunca estimular la producción agrícola, sino que los precios de compra de productos de amplio consumo se ajusten a los intereses del Presupuesto. Y los intereses del Presupuesto del Estado no siempre coinciden con los del mercado. No debería ser así, pero ocurre porque las autoridades presupuestarias tienden a pensar más en recaudar y restringir el gasto y menos en producir, aunque esas producciones sustituyan importaciones. 

Para introducir el mercado en la agricultura socialista, en nuestras condiciones, con una burocracia tan ineficiente y con tendencia a la corrupción, debe ser el Banco, en mi opinión, quien financie la producción agropecuaria a través del crédito. Y el crédito bancario aplicado a la producción agropecuaria, en cada municipio, debe procurar y lograr, que como tendencia, se incremente la producción, la productividad agrícola y disminuyan los costos, y por supuesto los precios de la población tiendan a disminuir en el mediano plazo. 

En cada municipio con producción agropecuaria debería crearse una empresa comercial, no monopólica, cuyo objeto social le permita comprarle a los productores agropecuarios, sean estatales, privados o cooperativos, para a su vez, venderles productos beneficiados y al por mayor, a las empresas comerciales mayoristas, y también a las empresas industriales de la industria alimentaria. El Gobierno municipal coordinaría con el Banco Central para que una unidad bancaria especializada en crédito agrícola participe en el proceso de concurrencia, con créditos a los productores agropecuarios y con financiamientos a las empresas comerciales mayoristas y a las empresas industriales de la industria alimentaria. 

Como la empresa comercial municipal seria no monopólica, el sector privado (Mipymes con licencia comercial) podrían participar en la concurrencia, pero sin posibilidades de beneficiarse del crédito del banco estatal. Tendrían que gestionar financiamientos de la banca no estatal.

Las empresas comerciales municipales y la unidad bancaria municipal de crédito agrícola, serian la fuente informativa para el Órgano de Planificación del territorio, que se encargaría, a su vez, de suministrar la información que corresponda a todos los Organismos del Gobierno Central. El Órgano de Estadística del Municipio sería el encargado de recibir la información de las Mipymes con licencia comercial para suministrarla al Órgano Municipal de Planificación y al Organismo de Estadística Central. 

Habría que cuidar que no se utilicen las tierras destinadas a la siembra y cultivo de la caña de azúcar y que se dediquen para viandas y hortalizas. La caña de azúcar es la materia prima del azúcar, una de nuestras principales exportaciones. Tenemos mucha tierra para producir alimentos sin necesidad de afectar las de la caña de azúcar. 

La introducción del Mercado en el proceso de producción y comercialización en la agricultura, debe conducir en el corto plazo, a un incremento de los precios de los alimentos. En el mediano plazo, seis meses a 1 año, deben estabilizarse. Pero habría que garantizar que desde la primera etapa la población menos favorecida, que pudiera ascender entre 2 a 3 millones de personas, no carezcan del dinero suficiente para adquirir los alimentos que produzca la agricultura cubana. Seria el momento de apostar a fondo a la eliminación paulatina del subsidio a las importaciones alimenticias, por el subsidio a las personas físicas vulnerables económicamente, mientras se dedican los recursos suficientes a financiar la producción nacional de alimentos por todas las vías posibles. No significaría no importar alimentos, pero cuidando que sus precios no compitan ventajosamente con la producción nacional. Sería necesario proteger fuertemente la producción nacional de alimentos, incluyendo la leche y la carne, que deberían beneficiarse con buenos precios de compra en los mercados municipales a los productores agropecuarios. 

La Tasa de cambio oficial que se establezca, como parte de esta política de introducción del mercado en la agricultura, debe favorecer las exportaciones agropecuarias y de la industria azucarera y a las producciones de la agricultura y la industria alimentaria cubana que sustituyan importaciones. Debe facilitar también la recuperación de las inversiones en hoteles para el turismo y el incremento de su rentabilidad. Bastaría que los hoteles y el MINTUR calcularan el precio en moneda nacional CUP de  las habitaciones de cada hotel para que los trabajadores cubanos, incluyendo los agropecuarios y campesinos pudieran pasar sus vacaciones en cualquiera de los hoteles destinados al Turismo. Tendría un efecto económico importante, no solo para el turismo, también para la recuperación de la inversión realizada en esa rama. 

La introducción del Mercado en la Agricultura cubana, tendría que ir acompañada, inexcusablemente, con una Reforma Salarial en la economía y los servicios que hagan posible que los trabajadores estatales de la salud y la educación perciban salarios de acuerdo a su alta responsabilidad social. Asimismo, para los obreros de las ramas decisivas para la economía nacional. En general los salarios de los trabajadores de las empresas propiedad del Estado deberían estar relacionados con la importancia de las producciones para la exportación, principalmente a los países BRICS y el mercado nacional que produzca para el Turismo y sustituya importaciones. 

El esquema que propongo para introducir el mercado en la agricultura cubana va a incorporar en poco tiempo, una importante liquidez en manos de los productores agropecuarios, estatales, privados y cooperativos. Como el esquema concibe que para entonces el banco haya establecido una tasa de cambio oficial, se debe evitar que surja y se desarrolle la tendencia a importar maquinaria, equipos y productos que se puedan producir en el País por la industria, por instalaciones existentes o por inversiones que puedan realizar y ejecutar a mediano plazo. La propuesta supone que la introducción del mercado en la agricultura cree las condiciones para que la industria nacional se convierta en el proveedor de maquinaria e insumos de la agricultura de calidad, en moneda nacional y a precios competitivos. Ello le permitiría además a la industria, establecer alianzas con productores de maquinarias e insumos agrícolas de los Países BRICS para producirlos en Cuba para su introducción en la agricultura cubana y eventualmente exportarlos hacia el área. Este esquema debe facilitar asimismo que la industria alimentaria estatal y también la privada, procesen y desarrollen producciones a partir de la agricultura que puedan llegar a convertirse en fondos exportables. 

El esquema que contiene la propuesta, permitiría mayor desarrollo. Prefiero, no obstante, dejarla en este punto. Están expuestos los elementos principales, que en mi opinión, debe contener, con sentido práctico, la introducción del mercado en la economía cubana, principal solución que tendría, a mediano plazo, la alimentación de la mayoría de la población, y que significaría, sin duda, el despegue de la economía cubana. 

Invito al debate público de esta propuesta.

 

Septiembre 26/2025

*Joaquín Benavides Rodríguez.   Ocupó el cargo de Jefe del Departamento económico del Comité Central (1977- 1980). El de Ministro- Presidente del Comité Estatal de Trabajo y Seguridad Social de Cuba (1980-1986). Fue Ministro de Gobierno y Presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Dirección de la Economía (1986-1991). Entre 1991 y 2003 ocupó el cargo de Viceministro de Economía del Ministerio de Transporte.

“Economía Cubana: problemas actuales y alternativas de política” (VIDEO)


REPORTE SOBRE ECONOMÍA CUBANA Enero-Junio 2025 3RA EDICIÓN- (I)

 RESUMEN EJECUTIVO

La economía cubana durante el primer semestre de 2025 continúa mostrando un desempeño frágil. El contexto general se caracteriza por una recesión persistente y la ausencia de señales claras de recuperación. La postergación de reformas estructurales claves —como la transformación del mercado cambiario, la aprobación de una Ley de Empresas y la reestructuración de la empresa estatal— agrava los desequilibrios. A ello se suma un entorno internacional adverso, condicionado por sanciones de Estados Unidos, tensiones comerciales y conflictos bélicos. Aunque se han abierto espacios de cooperación con los BRICS, la Unión Económica Euroasiática y la Unión Europea, estas oportunidades aún no se traducen en beneficios tangibles para la economía nacional.

En materia de política económica, el Programa de Gobierno 2025 definió diez objetivos, 87 metas y más de 240 acciones, pero la implementación ha sido lenta y fragmentada. La reducción del déficit fiscal y la moderación de la inflación representan logros parciales, aunque sin efectos visibles en la reactivación productiva. Se anunciaron medidas como la transformación del mercado cambiario, la creación de un nuevo mecanismo de gestión de divisas y el fomento de la inversión extranjera, además del perfeccionamiento del sistema empresarial estatal y los encadenamientos con actores no estatales. Sin embargo, la política mantiene un sesgo hacia el control de precios y la recaudación fiscal, con escasos incentivos productivos y barreras que frenan a las MIPYMES.

El crecimiento económico sigue siendo el mayor desafío: el PIB se contrajo un -1,1 % en 2024 y la CEPAL proyecta para 2025 una nueva caída del -1,5 %. Sectores clave como el turismo, la energía y la producción de alimentos se mantienen deprimidos. El turismo registró una contracción del 29 % en visitantes y del 21,5 % en ingresos en el primer semestre, mientras la industria alimentaria incumplió entre 30 % y 50 % de sus metas y el sistema eléctrico opera con apagones frecuentes y pérdida de capacidad de generación. El esquema de estabilización aplicado —centrado en el anclaje salarial, cambiario y fiscal— contribuye a reducir desequilibrios, pero también limita la demanda interna y prolonga el estancamiento.

La situación del sector empresarial muestra una clara dualidad. Las formas de gestión no estatal han ganado protagonismo: en 2024 sus ventas minoristas superaron a las estatales, las exportaciones de MIPYMES crecieron 30 % y las importaciones 34 %. Sin embargo, la aprobación de nuevas empresas cayó 47 % frente a 2022 y persisten trabas regulatorias que dificultan su consolidación. En contraste, la empresa estatal socialista continúa en deterioro, con caídas en producción, empleo y utilidades, y solo un 1,1 % de sus entidades alcanzan ganancias significativas. Aun con propuestas legislativas en debate, la falta de una Ley de Empresas limita el impulso de un marco moderno que di- namice este tejido productivo.

A nivel sectorial se consolida el estado crítico que atraviesan las principales ramas de actividad. En la agricultura se lograron incrementos en el arroz, la leche y las hortalizas, pero caídas en el frijol y el maíz mantienen la dependencia de importaciones y presio- nan la inflación alimentaria. El sector energético enfrenta una pérdida del 43 % de la capacidad de generación disponible y apagones frecuentes, pese al avance parcial en fuentes renovables, que solo aportan un 6,4 % a la matriz energética. En transporte se registró una caída del 4 % en pasajeros y de 660 mil toneladas en carga, aunque con algunos avances en la recuperación de ómnibus y trenes. El turismo, lejos de recuperarse, muestra cifras alarmantes: apenas un millón de visitantes en el semestre, lo que representa un 29 % menos que en 2024 y apenas el 40 % de los niveles prepandemia.

En el sector externo, las exportaciones se redujeron un 7 % respecto a 2024: el tabaco mostró un mejor desempeño, pero el níquel y el azúcar sufrieron caídas asociadas a problemas productivos y a la baja de precios internacionales. Aunque la relación de intercambio mejoró levemente gracias a la reducción de los precios de importación, el país enfrenta una deuda externa elevada, estimada en 29,8 mil millones USD en 2024. Las renegociaciones con el Club de París, Rusia y España han permitido reordenamientos, pero sin disminuir el monto total, lo que restringe la liquidez y la capacidad de atraer financiamiento e inversión extranjera.

El balance fiscal, monetario y cambiario refleja tensiones mixtas. En 2024 el déficit fiscal cerró en 6,5 % del PIB, primera reducción en cinco años, y en la primera mitad de 2025 apenas alcanzó el 21 % del plan anual. La inflación se moderó hasta un 14,7 % interanual en junio, frente al 30,8 % del año anterior, gracias a la disciplina fiscal, los controles de precios y una menor depreciación del tipo de cambio informal. Sin embargo, los precios siguen siendo elevados y la creciente dolarización resta efectividad al peso cubano. El tipo de cambio informal pasó de 320 CUP/USD en diciembre de 2024 a 380 en junio de 2025 (20 % de depreciación), lo que confirma la necesidad de una reforma cambiaria integral aún pendiente.

Finalmente, la dinámica social refleja profundas distorsiones laborales y salariales. La tasa de participación económica fue de apenas 49,9 %, muy por debajo del promedio regional, con una brecha de género notable: 61,8 % en hombres frente a 36,8 % en mujeres. La informalidad alcanza al 20 % de los ocupados, mientras el salario estatal prome- dio (7 264 CUP) contrasta con los ingresos de las MIPYMES (cerca de 35 000 CUP). A pesar de que el 71 % del presupuesto se destina a educación, salud y asistencia social, los servicios continúan deteriorándose, y el poder adquisitivo de salarios y pensiones permanece rezagado frente a la inflación acumulada. Estas tensiones refuerzan desigualdades, alimentan el descontento social y sostienen la presión migratoria, aunque esta última se ha desacelerado en los meses recientes.

INTRODUCCION

El comportamiento de la economía cubana durante el primer semestre de 2025 refuerza la tendencia negativa de los últimos años, tanto en los principales indicadores económicos como en las necesarias señales de cambio. La procrastinación de las reformas en su correcta medida y secuencia constituye un factor acentuador de los magros resultados económicos.

Los complejos procesos políticos que vive la región a partir de dinámicas internas propias, si bien han permitido mantener un flujo de intercambio básico y garantizar niveles de abastecimiento esenciales, no arrojan aún los resultados esperados. Los avances con el grupo de los BRICS, el Consejo Económico Euroasiático y la Unión Europea se constituyen en fortalezas políticas, pero aún no se traducen en beneficios económicos. Lo anterior va acompañado de enormes barreras al comercio y el desempeño de la economía, provocadas por el conjunto de sanciones más efectivo y variado del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, que de forma colateral —mediante su arremetida arancelaria y su política externa— afecta a los principales socios comerciales del país y, por consiguiente, a la economía nacional.

El manejo de la política económica continuó un comportamiento improvisado y desligado de un curso coherente y explícito que responda a las más urgentes necesidades de cambio. La atención a las ilegalidades, el control, la recaudación y la inmóvil liberación de las fuerzas productivas se mantienen como derroteros para una supuesta recuperación, que demanda de una visión más proactiva y socioeconómicamente racional que reaccionaria. Elementos claves como la transformación del mercado cambiario, la Ley de Empresas y la tan postergada restructuración de la empresa estatal no estuvieron presentes en los primeros seis meses del año.

La interpretación de resultados muy discretos y técnicamente discutidos sobre el desempeño del presupuesto del Estado, muestra una visión no tan cercana a las recomendaciones de política para alcanzar los niveles de crecimiento necesarios. En el informe sobre el estado de la economía de mitad de año no se conoce la tendencia del PIB, mientras que las señales emitidas por los principales sectores no son las más halagüeñas. Una zafra azucarera muy por debajo del promedio histórico y lejana de lo planificado, un sector del turismo que lejos de recuperarse muestra una franca caída, y la muy compleja situación electroenergética del país, unidos al estado de los portadores energéticos, no contribuyen al mejoramiento.

A pesar de un gasto significativo en la esfera social por parte del Estado, no se observan cambios positivos en los niveles de deterioro de la calidad de los servicios de salud y educación. La profundización de la brecha social se hace más evidente y empuja con fuerza al descontento y la emigración que, aunque se desacelera, sigue siendo relevan- te. El acceso a los alimentos básicos —los niveles productivos de estos— sigue siendo un reto diario para la familia cubana, al tiempo que los niveles de inflación —aunque desacelerados— continúan afectando la composición de la cesta de consumo.

Contradictoriamente a la participación en el comercio minorista, donde el sector no estatal por primera vez asume el liderazgo, el ritmo de aprobación de empresas privadas nacionales ha disminuido considerablemente, así como se ha burocratizado y complejizado el mecanismo para tal proceso. Los incentivos y políticas enfocadas en las principales necesidades productivas aún no aparecen en el panorama a corto plazo.

Las perspectivas para el próximo semestre dependerán mucho de lo anunciado en el último período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), donde 240 acciones de política económica están proyectadas —pero no claramente identificadas—, entre ellas, la muy esperada transformación del mercado cambiario y los esquemas de asignación de divisas. Poco a poco van avanzando estrategias positivas como la aprobación del swap de deuda y su utilización con socios fundamentales, como fue alcanzado con la Unión Europea. No obstante, un enfoque más agresivo, diversificado y moderno, sobre todo acelerador de cambios profundos, será imprescindible para revertir en los siguientes seis meses la dinámica de recesión que ha estado presente.

I. EL ESCENARIO INTERNACIONAL

Un escenario complejo y una fuerte política de hostilidad

El contexto internacional en el primer semestre de 2025 continúa siendo, en términos generales, desfavorable. Esta situación obedece principalmente a las crecientes tensiones comerciales que se derivadan de las amenazas, decisiones e incertidumbres generadas por la actual administración estadounidense en materia arancelaria, así como a los efectos prolongados de los conflictos bélicos en Ucrania y Medio Oriente.

Aunque Cuba mantiene un nivel muy limitado de comercio con los Estados Unidos debido al bloqueo económico, comercial y financiero, los efectos indirectos de este escenario internacional inciden en la economía nacional. Estos se manifiestan en el comportamiento adverso de los precios en los mercados internacionales y en la tendencia hacia un dólar estadounidense más débil.

A los impactos indirectos se suman los efectos directos de la política estadounidense hacia Cuba, que continúa ejerciendo una fuerte presión sobre el país. Tras la breve etapa de distensión impulsada por la administración de Barack Obama, la primera presidencia de Donald Trump introdujo un reforzamiento considerable del bloqueo mediante la aplicación de 243 nuevas sanciones, las cuales fueron mantenidas por la administración de Joe Biden. Entre las medidas adicionales implementadas por esta última destaca la exigencia de visado para ciudadanos europeos que hayan visitado Cuba, lo cual ha afectado significativamente a un segmento clave del turismo internacional hacia la isla, ya deteriorado desde el impacto inicial de la pandemia de COVID-19.

Durante los primeros meses de la nueva administración de Donald Trump, se intensificaron aún más las restricciones. Una de las primeras acciones fue reincorporar a Cuba a la lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo —una decisión revertida brevemente por Biden—. Asimismo, se aprobó un nuevo memorándum presidencial sobre la política hacia Cuba que contempla: (1) nuevas restricciones y sanciones contra empresas del Grupo GAESA, vinculado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias; (2) penalizaciones a empresas extranjeras que realicen operaciones comerciales o de inversión en la isla; (3) mayores limitaciones al envío de remesas —un flujo monetario esencial para la economía cubana, que ya en 2024 se había reducido en más de un 40 %; (4) controles más estrictos a ciudadanos estadounidenses que deseen viajar a Cuba, con la prohibición absoluta de viajes con fines turísticos y un riguroso escrutinio por parte de las autoridades; (5) reactivación del Título III de la Ley Helms-Burton, suspendido por administraciones anteriores, que permite la interposición de demandas en tribunales estadounidenses por reclamaciones sobre propiedades nacionalizadas tras el triunfo revolucionario, lo que representa un serio obstáculo adicional para la atracción de inversión extranjera.

A ello se suma una activa campaña diplomática y política, impulsada directamente por el actual Secretario de Estado, para obstaculizar la exportación de servicios médicos cubanos. Este sector constituye desde hace décadas una fuente fundamental de ingresos en divisas para el país. Si bien hasta la fecha el impacto de dicha campaña ha sido limitado, representa una amenaza latente para este importante rubro de exportación.

La inclusión de Cuba en la lista de países que apoyan el terrorismo no solo constituye una agresión simbólica a la dignidad del Estado cubano, sino que tiene consecuencias operativas concretas. Este señalamiento activa protocolos que imponen restricciones adicionales a las operaciones económicas, particularmente financieras, en los mercados internacionales. Entre otras implicaciones, impide el acceso al sistema SWIFT, lo cual dificulta severamente las transacciones bancarias internacionales, afectando tanto a empresas como a ciudadanos cubanos.

En contraste con este panorama adverso, se destacan algunos elementos positivos para Cuba durante el período analizado. En particular, la incorporación del país como socio de los BRICS, la renegociación de deuda con acreedores europeos y la firma de acuerdos sectoriales con países aliados como Rusia y China. A ello se suma una relación favorable con México, especialmente en el ámbito energético. Asimismo, Cuba cumple su quinto año como miembro observador de la Unión Económica Euroasiática, con la cual ha sostenido un intercambio económico relativamente más dinámico.

No obstante, las restricciones estructurales de la economía nacional —incluida la presión por el servicio de la deuda externa y el escaso avance de la reforma económica— limitan la capacidad del país para capitalizar plenamente su inserción en los BRICS y en la nueva arquitectura económica, comercial y financiera que ese bloque emergente promueve.

CONTINUARÁ

jueves, 25 de septiembre de 2025

Sociedad e ideales. Divagaciones después de un concierto.


En vez de imaginarnos como los nuevos judíos errantes, el pueblo de la maldita circunstancia del agua por todas partes, el elegido para pruebas supremas, podríamos empezar por ubicarnos en ese mundo del que somos parte, no excepción.






Hace unos días, sentado en la escalinata de la Universidad de La Habana, en espera del concierto de Silvio, me vino a la mente lo mucho que ha llovido desde que supe de él por primera vez.

Una amiga que enseñaba en el viejo Departamento de Filosofía de la UH, y colaboraba con la televisión, me había recomendado un programa que ponían los domingos por las tardes titulado “Mientras tanto”, y que conducía un joven trovador muy original y ajeno a los cantautores de moda.

Aunque me pareció entonces que carecía de lo que llaman “una buena voz”, sus letras tenían un raro élan poético; y decían cosas, más allá de penas y alegría. En un modo distinto al que se asociaba (y se asocia todavía) con “el gusto de los jóvenes”.

Versos como “hay un grupo que dice que lo haga reír/dicen que mi canción no es así, juvenil/que yo no me debiera poner a cantar/porque siempre estoy triste, muy triste”. O como “El insecto agonizaba/yo empezaba a canturrear/la canción más solitaria/que haya escrito sin llorar.” O con una actitud resuelta: “pero mientras tanto, yo tengo que hablar, tengo que vivir, tengo que decir lo que he de pensar…yo tengo que hablar, cantar y gritar/la vida, el amor, la guerra, el dolor”.

Además de estas letras a contracorriente, las melodías tenían una cierta magia, igual que su manera de entonarlas.

Un día, por allá por 1973 o 1974, siendo profesor de Literatura y jefe de Relaciones Internacionales en la Escuela de Lenguas Extranjeras, me tocó organizar una “actividad cultural” para conmemorar un aniversario de la Revolución de Octubre, o algo parecido. Recuerdo que estaban todos los profesores soviéticos, a quienes la directora quería agasajar especialmente. Lo que se me ocurrió fue invitar a Silvio, que ya era muy conocido, a cantar para nosotros.

A los jóvenes profesores nos encantaron sus interpretaciones esa noche. No estoy muy seguro de que lo fueran para todos los extranjeros, por la complejidad de sus letras y estilo peculiar, incluido lo que hoy llamaríamos su look.

Para nadie es un secreto que, en las universidades cubanas de la época, las melenas y las barbas no eran políticamente correctas, y más bien se asociaban con los hippies. Y aunque Silvio no tenía una cabellera o unas patillas frondosas, sus jeans desgastados y sus sandalias sin medias no les gustaron a la directora ni probablemente a los profes soviéticos.

Tampoco ese estilo suyo, y algunos de sus gustos musicales, se avenían con la imagen que por entonces promovían los medios. Su programa en la TV se había cancelado por desavenencias como esas. De ahí que hubiera decidido alejarse un tiempo, como tripulante del buque pesquero Playa Girón, a un largo viaje trasatlántico, donde siguió escribiendo y cantando para la marinería. Después de cuatro meses, regresó con un montón de canciones, entre las que quedaron “Ojalá”, “Resumen de noticias”, “Cuando digo futuro” y “Playa Girón”, dedicada a aquellos marinos del buque.

Un dirigente amigo mío dice que eso de “caer en desgracia” no se aplica aquí en Cuba. Y que los llamados “tronados” en realidad son sancionados o demovidos, término de la jerga política nuestra que ya reconoce como cubanismo la Real Academia.

A mí apenas me han “trasladado a otras funciones”, pero sí tengo una noción de lo que significa “caer en desgracia”, así que me vinieron a la mente, sentado en la escalinata de la UH la otra noche, aquellos años de ostracismo mediático que Silvio vivió, cuando solo Haydée Santamaría y Alfredo Guevara le ofrecieron amparo.

Luego de que Silvio leyera el fragmento de Martí donde dice que para ser libre hay que ser no solo culto, sino próspero; y sobre todo luego de haber declarado de entrada que había retornado a la Universidad de La Habana (tengo entendido que después de 20 años de ausencia) como un gesto hacia los estudiantes de la FEU, quienes hace poco protestaron contra el alza de las tarifas de Etecsa para datos móviles, compartiendo con la multitud literalmente apretujada en la escalinata coreando su nombre, ante un público que incluía a la plana mayor del gobierno, se me ocurrió que para Silvio haber “caído en desgracia” había contribuido a su integridad política y artística.

Y que en lugar de destilarla en resentimiento o ruptura, había acendrado en él sus convicciones personales, transformadas en canciones que han podido compartir las más diversas generaciones, clases sociales, culturas, gustos, posturas políticas, dentro y fuera de esta isla, como quienes las coreaban aquella noche.

Regresando a mi casa junto con mi hija, venía pensando en el significado de aquel encuentro entre un creador que se ha mantenido fiel a su estilo artístico renovador y a su identidad política, en medio de una sociedad cubana en crisis no solo económica, sino ideológica. Una sociedad que suele pintarse en una especie de derrumbe a cámara lenta, despedazada por polaridades y desgarramientos irremediables, carente de ideales y sumida en una especie de apagón espiritual.

Lo que vivimos esa noche no borró esa crisis y esas tensiones, naturalmente. Pero sí reveló que un estímulo genuino podía sacar a flote lo que tanta gente diferente, dentro y fuera de aquella compacta escalinata, comparte hoy como legado del cual enorgullecerse, valores que defender e ideales que reivindicar.

Separar lo estético en esas canciones y su contenido, como si en ellas se pudiera sentir solo la emoción de la melodía y no lo que dicen, es tan forzado como separar al artista de sus ideas y su ejemplo como cubano. Sería ignorar que parte de la admiración que aún despierta aquí y ahora tiene que ver con su ejemplo cívico, su coraje y, para decirlo con una frase muy controvertida, su continuidad renovada.

Por contraste, también este encuentro representaba un paréntesis de lucidez colectiva en torno a lo que nos une, en medio de una situación caracterizada por la confusión ideológica y el descreimiento. Un momento de claridad en medio de esa neblina, cuya desorientación tiene consecuencias más profundas que la crisis económica y los malestares cotidianos, porque no nos deja vernos.

En efecto, ahora que la cubanía se confunde con cubanidad, la identidad con la adhesión a ciertos hábitos de vida y consumo, el rostro de la nación se minimaliza en los amigos de la escuela y los seguidores de las redes, el futuro con un grupo demográfico indiferenciado llamado “los jóvenes”, las utopías individuales se aprecian por encima de las colectivas, la reflexión sobre la circunstancia desciende a telenovela, memes o realismo sucio, y la sociedad cubana se expande como una infusión de miseria y de silencio… En esta circunstancia, la recuperación del sentido de lo real y la vuelta a los ideales cobran un sentido particular.

Claro que siempre ha habido una brecha entre el concepto de república con todos y para el bien de todos y su ejercicio político y social en cada lugar y momento, entre el orden institucional de un Estado de derecho y el impulso vivo de una democracia radical, entre el estandarte de la igualdad y el acceso palpable al bienestar y la prosperidad de todos, entre el sentido de la patria y el arraigo adonde uno vive. Y a veces esa brecha rebasa la de la fosa de Bartlet. Aquí en esta ínsula y más para allá.

De esas brechas hablaba el Martí maduro, poniéndonos delante de un espejo, cuando en “Nuestra América” empezó precisamente por criticar al “aldeano vanidoso”, ese que “cree que su aldea es el mundo”. Da lo mismo si es el Vedado o Hialeah, Mantilla o Coral Gables.

Si uno mira al mundo circundante, tan globalizado como se dice, donde la patria se tiene por una idea anacrónica o evanescente, según algunos profetas, una especie de licuado transnacional, la nación a la que se pertenece sigue siendo un vínculo de fondo, que rebasa las fronteras, y resurge donde quiera.

En vez de imaginarnos como los nuevos judíos errantes, el pueblo de la maldita circunstancia del agua por todas partes, el elegido para pruebas supremas, podríamos empezar por ubicarnos en ese mundo del que somos parte, no excepción.

Si lo intentáramos, sería más probable que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos aprendieran que vivir en ese mundo no equivale a dejar atrás quiénes somos, donde quiera que “fijemos residencia”, porque esa patria sigue siendo una palpitación que nos vincula.

Por experiencia propia y por la de otros, he aprendido que no hay educación política y cívica como la de viajar. Entrar en contacto con otras culturas, no tan afines a la nuestra, o en absoluto afines. Lo saben quienes han ejercido como diplomáticos, marineros, corresponsales o cronistas de viajes, cooperantes civiles o militares, o han ido a estudiar y sobre todo a trabajar en alguna parte.

Lo que definitivamente transforma esa visión, lo que la dota de un ancla, es compartir la cotidianidad de quienes residen en otra parte, trabajar, entrando en relación con “los nativos”, y con los otros que llegan como nosotros, mirándose en esa multitud diversa y diferenciada donde uno intenta arraigarse, y donde la patria de origen, la que cada cual lleva (o no lleva) adentro, sigue siendo la única raíz y el tronco común, no importa dónde se esté.

Quiero terminar estas divagaciones suscitadas por Silvio, recordando que la patria de sus canciones no se reduce a un acta donde consta el amor que nos une, ni a una utopía colectiva que se intenta revivir, o a una sesión de sueños rotos que se reparan. Es también, y sobre todo, un espejo de nosotros mismos.

Una de las canciones que cantó en la escalinata dice precisamente que todos los nacidos en Cuba pueden llamarse cubanos, “aunque les guste la uva/más que el plátano manzano”. Aunque entre ellos haya que diferenciar al “cubano falsificado/y el cubano original/ el cubano insubordinado/y el cubano editorial”. Así como al “cubano de las sardinas” y el “cubano tiburón”.

La cubanía no consiste nada más en haber nacido aquí; ni compartir ideales requiere tampoco idealizarnos, parece decirnos Silvio.

No estaría mal recordarlo cada vez que tarareemos esos versos.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Inflación y poder adquisitivo en el contexto cubano. Una reflexión sobre los datos y los relatos.

Por: Joel Ernesto Marill Domenech

Uno de los debates más candentes en los últimos años en Cuba ha rondado sobre los efectos que ha provocado la inflación sobre la vida y el poder adquisitivo de las familias cubanas. En este texto, se presentan algunas ideas generales sobre los principales aspectos que han conformado dicho debate.  

Debate sobre la medición de la inflación: índice de precios o deflactor.

Existe un primer gran tema de debate sobre la medición de la inflación: ¿Cuánto ha sido la inflación real experimentada desde el inicio de la crisis económica en 2019? y por consiguiente ¿Cuánto ha sido la pérdida de poder adquisitivo/capacidad de compra de los hogares cubanos en dicho período? En sentido general las estadísticas oficiales ofrecen dos indicadores claves para medir este proceso.

En primer lugar, el Índice de Precios al Consumidor o IPC de carácter mensual. El cual estaría indicando que entre 2018 y 2024 los precios que pagan los consumidores cubanos se habrían incrementado como promedio unas 3.7 veces. Este indicador, ha sido cuestionado por varios colegas, en tanto pareciera estar subvalorando el impacto inflacionario real percibido por las familias.

Para ejemplificar este cuestionamiento vale la pena poner en contexto dicho indicador: entre 2018-2024 el salario medio estatal se multiplicó 6.5 veces, esto implicaría que tomando como base el índice de precios al consumidor el salario real había crecido en cerca de un 60% (Tabla 1). O lo que es lo mismo, que el poder de compra de los salarios estatales se habría incrementado desde 2019. Este resultado, que contradice el proceso de deterioro del nivel de vida percibido por las familias, daría señales de la necesidad de buscar otros indicadores más ajustados para medir la inflación.

            Tabla 1: Datos sobre la inflación, el salario real, la producción y la oferta monetaria. (2018 - 2024)


Fuentes: IPC, Deflactor Gasto de Hogares, PIB, PIB Agrícola y PIB Manufacturero: Anuario Estadístico de Cuba. Capítulo Cuentas Nacionales.

Salario Nominal: Anuario Estadístico de Cuba. Capítulo Empleo y Salario.

Salario medio estatal real: Construcción propia a partir del Salario Nominal y los índices de precios del IPC y el Deflactor del Gasto en Consumo de los Hogares.

Déficit Fiscal y Oferta Monetaria (M2A): Anuario Estadístico de Cuba. Capítulo Finanzas.

Pero la oficina de estadística nos ofrece un segundo indicador clave. Uno mucho menos empleado, pero igualmente importante: el deflactor de gastos de consumo de los hogares. A diferencia del IPC, este indicador mide el aumento de precios en los gastos de los hogares en todos los mercados sin depender de una encuesta base. Este indicador reportado anualmente, estaría indicando que entre 2018 y 2024 los precios que pagan los hogares cubanos se habrían incrementado hasta unas 17.8 veces, o lo que es lo mismo una inflación en el entorno del 1.688% de inflación. (Tabla 1)

Tomando como base este indicador, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios estatales entre 2018 y 2024 se encontraría cerca de un 60% (Tabla 1). Una cifra que parecería más cercana al deterioro observado del nivel de vida de los trabajadores cubanos en la etapa.

Como dato adicional comentar que la Reserva Federal de los Estados Unidos, mide su objetivo de inflación a partir del “deflactor del gasto de consumo de los hogares” y no por el IPC. El deflactor del gasto parecería acomodarse mejor a cambios en la estructura del consumo de los hogares, más aún, si la encuesta que sustenta la estructura del IPC se encuentra desactualizada.  

Para el caso cubano, aunque el índice de precios al consumidor (IPC) puede dar señales de la tendencia del proceso inflacionario -si se acelera o desacelera-, para un análisis de la inflación acumulada sufrida por las familias resulta más adecuado emplear el deflactor de los gastos de hogares.

Causas de la inflación: una mirada rápida a los desequilibrios agregados.

Sobre las causas de la inflación creo que se ha debatido mucho. Con mayor o menor nivel de profundidad analítica. Y aunque hay visiones alternativas del tema, creo que existe un consenso amplio de que sus causas fundamentales están dadas por los desequilibrios agregados que ha sufrido el país en los últimos cinco años. Pero para los que aún no estén convencido de ello un recordatorio:

a. Entre 2018 y 2024 la producción agrícola del país se ha contraído un 62% en términos reales. O para decirlo de otra forma. Cuba produjo en 2024 el 38% de la producción agrícola que generó en 2018. No es de extrañar luego, que la mayor parte de la inflación se concentrará en los alimentos.

b. En segundo lugar, la producción industrial en el período se contrajo un 47%, produciendo en 2024 poco más de la mitad de lo alcanzado en 2018 (Tabla 1).

c. Y finalmente por el lado de la demanda las cosas no han sido mejores. Entre 2018 y 2024 el déficit fiscal acumulado demandó una emisión monetaria para su financiamiento de más de 355.000 millones de pesos. Que se dice pronto, pero supuso multiplicar la cantidad de dinero en la economía como mínimo en casi 4 veces (Tabla 1).

No hay que buscar muchas explicaciones “extra económicas” para explicar un proceso inflacionario en un contexto donde la producción material de un país cae a la mitad y la cantidad de dinero se multiplica por 4 veces. En la práctica no hay forma de que la inflación no alcance niveles de más de dos dígitos. 

Causas de la pérdida de poder adquisitivo: una nota sobre la dicotomía clásica.

Un tema más interesante sería: ¿Qué causó la pérdida del poder adquisitivo? O sea, la capacidad de comprar cosas de las familias cubanas. Porque si bien la inflación tiene causas de oferta y de demanda, una parte de los economistas -en la que me incluyo-, argumentaríamos que la caída del poder adquisitivo es fundamentalmente -no exclusivo, pero esencialmente- un proceso por el lado de la oferta.

Toda inflación no implica siempre pérdida de poder adquisitivo, de hecho, muchas economías experimentan inflación incluso moderada -por arriba del 5%- y los salarios reales crecen. Pero la cuestión no es menor, y en muchos aspectos es vital para la política económica del país.

En mi visión, el consumo de los hogares no está determinado por la cantidad de dinero en circulación, sino por la disponibilidad de oferta agregada. O puesto de otra forma.  Supongamos que la economía está compuesta por una oferta exclusiva de 100 unidades. Da igual que la cantidad de dinero se duplique o divida a la mitad, estos movimientos solo impactarán en el precio, pero no en la cantidad de unidades que se puede consumir en la economía. Si hay sólo 100, no se puede consumir 101.

Si la producción de unidades pasa de 100 a 50, da igual que el salario pase de 5.000 a 20.000 pesos. El consumo será de 50 dólares más. Los precios terminarán ajustando menor oferta y mayor demanda.  

Si se quiere, esto es una versión simplificada de la “dicotomía clásica”: variables reales como la producción determina variables reales como el consumo o el salario real, y la cantidad de dinero lo que determina es el nivel de precios. En casi cualquier contexto esto solo se cumple, en el mejor de los casos en largos periodos de tiempo, pudiendo la demanda impactar positivamente en la producción y el consumo a corto plazo (visión keynesiana).

Sin embargo, la economía cubana es esencialmente una economía restringida por la oferta. Esto implica que la capacidad de “arrastre’’ de la demanda interna es mínima, y que aumentos de la demanda -vía déficit fiscal- por arriba de la oferta sólo se traducen en inflación.

En sentido general el argumento es el siguiente: si bien la inflación tiene componentes de demanda, por ejemplo, los aumentos salariales y otras operaciones fiscales asociadas a la tarea ordenamiento y el déficit presupuestario ejecutado para financiarlas, la capacidad de compra de los hogares se determina mayormente por el lado de la oferta, independientemente del nivel de circulante.

Sin caída estructural de la oferta, por ejemplo, los aumentos de salarios asociados a la Tarea Ordenamiento, hubieran generado una inflación hasta más o menos devolver el poder adquisitivo real de los salarios al nivel pre-ordenamiento, pero no hubiera generado por sí solo una espiral hiperinflacionaria que licuara más del 50% del salario real en tan solo cuatro años. Las causas de la pérdida de poder adquisitivo en el largo plazo tenderían a ser de carácter real y no monetario.

Indexación de salarios a precios: porque no ajustar salarios en contracciones de oferta.

El análisis anterior es también un argumento en contra de la idea de algunos colegas que defienden la indexación de salarios en el caso cubano, esto es: ajustar salarios o pensiones conforme al aumento de los precios para cubrir a dichos agentes del efecto de la inflación.

En el mundo, la indexación de salarios o pensiones es una práctica en algunos países. Sin embargo, el objetivo de la misma suele ser cubrir ingresos fijos de una inflación moderada y evitar procesos redistributivos en contra de los ingresos que se ajustan más lentamente, como las pensiones o los salarios públicos. También algunos sindicatos lo emplean para cubrir de la inflación salarios derivados de procesos de negociación colectiva. 

Sin embargo, la experiencia de indexación de salarios a precios en contextos de alta inflación -México en los 80s o Venezuela en 2016- han tenido un efecto claro de maximizar la inflación y de generar -como en el caso venezolano- presiones hiperinflacionarias.

En contextos donde la principal causa de la inflación son shocks de oferta, no tiene mucho sentido indexar completamente los salarios al crecimiento inicial de los precios, porque no hay forma de sostener el consumo real de los hogares si la oferta material que lo respalda se ha desplomado. Indexar los salarios a la inflación -al menos mientras se mantenga el contexto de caída de oferta- solo traería un incremento de las presiones de demanda y finalmente una espiral hiperinflacionaria.

Volviendo al argumento central: el desplome del poder adquisitivo de los hogares cubanos tiene causas reales y productivas, no fundamentalmente monetarias o fiscales.

Lo anterior no significa que no se pueda, a medida que los ingresos fiscales lo permitan, incrementar selectivamente salarios y pensiones. Sino que, la solución para la contracción del nivel de vida de las familias no está solo en reducir el déficit fiscal per se, sino en expandir la producción y garantizar un crecimiento sostenible de largo plazo en la economía.

Finalmente, me gustaría referirme a dos ideas que comúnmente se argumentan como explicaciones alternativas del proceso inflacionario. 

Inflación como aumento de márgenes de ganancia.

La primera es la idea de que la inflación en Cuba viene dada por un comportamiento especulativo de los actores económicos no estatales que “inflan indiscriminadamente los márgenes de ganancia”.

Para ser claros. La escasez de oferta y los desórdenes monetarios han creado espacio para múltiples deformaciones microeconómicas. En especial la posibilidad de agentes en determinados momentos de aplicar márgenes de ganancias muy superiores a los que son comunes a mercados competitivos y bien abastecidos -hablamos de márgenes del 50, 100 o 200%-. En un contexto de desequilibrios y escasez esto permite que pequeños capitales se rentabilicen muy rápidamente, en gran medida a costa de vender pocos productos a consumidores con alta disponibilidad de pago.

Sin embargo, este proceso no puede explicar en la práctica la inflación a lo largo del tiempo.

En primer lugar, porque márgenes de ganancia tan altos tienden a atraer nuevos oferentes. Y tras las altas ganancias iniciales, la competencia termina reduciendo márgenes y generando un mercado más o menos competitivo. Esto se ha visto en el caso cubano en múltiples productos y momentos.

La velocidad en que ocurre este proceso, sin embargo, está determinado también por factores institucionales tales como la velocidad de aprobación de nuevos actores o la disponibilidad de crédito en el sistema financiero. La ralentización de la entrada de nuevos oferentes -ya sea por la ralentización de la aprobación o racionamiento crediticio- es un factor que permite a los agentes ya establecidos mantener por mayores periodos de tiempo márgenes de ganancia elevados. Pero incluso en este escenario, los márgenes no pueden explicar estructuralmente un proceso inflacionario.

Supongamos por un momento que los costos de un bien sean de 100 y su precio inicial 130 -o sea 30% de margen de ganancia-. La única forma de que la inflación se explicara permanentemente por los márgenes es que estos tuvieran una tendencia creciente. Esto es que pasará de un mes a otro de 30% a 40% y luego a 50% y así sucesivamente para explicar el incremento permanente de los precios.

Debido a que los márgenes tienden o bien a reducirse producto a la competencia, o en algunos casos estabilizarse en niveles altos, pero no a presentar un crecimiento constante, los mismos, pueden explicar “un nivel de precios dado”, pero no un proceso inflacionario permanente. 

Inflación como traspaso del tipo de cambio informal.

Supongamos ahora, sin embargo, que los precios no suben por los márgenes, sino por el incremento de sus costos, en particular de sus costos importados debido a la depreciación cambiaria. Este argumento podría resumirse en: “la inflación es un fenómeno inducido por el aumento exógeno del tipo de cambio informal, que presiona los costos de importación y finalmente los precios minoristas”

Este razonamiento tiene un fundamento claro: cuando el precio de las divisas sube, los insumos adquiridos en el exterior se vuelven más caros y esa presión de costos se traslada al precio que pagan los consumidores. En la Tarea Ordenamiento se mostró con nitidez este mecanismo: la devaluación oficial generó un salto en los costos y, en consecuencia, en los precios de gran parte de la economía.

Sin embargo, los movimientos cambiaron no siempre son causa en sí misma de la inflación, sino un reflejo de los mismos procesos que impulsan el alza de los precios domésticos. Esto depende en gran medida de las causas que generan la depreciación cambiaria.

Cuando la depreciación responde a desequilibrios internos y presiones de demanda -por ejemplo, exceso de emisión monetaria, déficits fiscales persistentes o un crecimiento de la liquidez muy por encima de la producción disponible-, el aumento del tipo de cambio refleja la pérdida de valor del peso y su causa es en el fondo la misma que impulsa el proceso inflacionario general.

Las divisas debido a que son al mismo tiempo un activo financiero se ajustan de forma más rápida a los desequilibrios macroeconómicos que el resto de las mercancías, y debido a su papel determinante en el circuito económico cubano sirve de referencia para la fijación de otros precios domésticos. Sin embargo, esta depreciación cambiaria no está en sí misma impulsando la inflación general, sino que al igual que esta es el reflejo de los desequilibrios macroeconómicos, pero no su causa.

Si el tipo de cambio se deprecia muy fuertemente a corto plazo e impulsa que los precios minoristas se incrementan por arriba del equilibrio -o sea de la capacidad de pago de los consumidores-, las ventas privadas se desplomaron debido a la falta de demanda, lo que llevaría a un desplome de las compras de divisas en el mercado informal y por tanto una caída del precio del dólar.

Este proceso ya ha ocurrido en el pasado, cuando el tipo de cambio se ha acelerado producto a la incertidumbre en los mercados. Las correcciones a la baja han sido el reflejo de este proceso de autocorrección: precios desalineados de las capacidades de demanda -la restricción presupuestaria de los hogares- no pueden sostenerse artificialmente en el tiempo en mercados competitivos.

Por el contrario, cuando la depreciación obedece a un shock negativo en la oferta de dólares, como una reducción de remesas, o de los ingresos turísticos que van a nutrir el mercado informal, la escasez de divisas si dinamiza al alza el precio del dólar y si puede impulsar un shock inflacionario de costos que no está directamente vinculado a los desequilibrios macroeconómicos internos.

En síntesis, la relación entre depreciación e inflación no es lineal. A corto plazo, un salto del tipo de cambio puede traducirse en aumentos de precios, pero si no viene acompañado de un aumento de la demanda final tiende a autocorregirse. En el mediano plazo, la única forma de que la depreciación sostenga la inflación es que refleja un desequilibrio más profundo: exceso de moneda nacional, caída de la oferta productiva o reducción de la oferta de divisas en el mercado informal. Por tanto, el dólar informal no debe verse como el origen autónomo de la inflación, sino como un espejo que refleja, y en ocasiones amplifica, los problemas estructurales de la economía que causan dicha inflación.

Apuntes finales.

En este texto he intentado resumir algunos posicionamientos respecto a los principales debates relacionados a la inflación y la caída del poder adquisitivo en Cuba en el último quinquenio. Considero que, aunque sobre estos temas se ha debatido extensamente, continúan existiendo puntos de conflicto en la forma en que se entiende la inflación y las principales medidas para enfrentarla.

Para implementar políticas económicas que permitan en el mediano plazo la recuperación del nivel de vida de los cubanos, es vital distinguir con claridad las particularidades del proceso inflacionario cubano, el cual presenta múltiples diferencias con los procesos que han experimentado otras economías en años recientes. Así como la diferencia existente entre inflación y pérdida de poder adquisitivo. Y analizar cómo, aunque en el caso de la primera - la inflación- puede frenarse con medidas macro-monetaria-fiscales como la reducción del déficit, o la represión monetaria, solamente un incremento sostenido del lado de la oferta puede impactar en una recuperación significativa del nivel de salarios reales. El objetivo de la política económica, no puede ser en tal sentido frenar la inflación per se, sino en un sentido más amplio la recuperación de la capacidad de consumo de las familias cubanas. 


 

martes, 23 de septiembre de 2025

Comprobación del Partido detecta más de 3 000 incidencias en relaciones con sector no estatal

 Rigor y control en el establecimiento de las formas contractuales entre todos los actores económicos

Las relaciones contractuales entre las entidades estatales y las formas de gestión no estatal deben ser procesos transparentes y en ambiente de total control. Foto: Luis Alberto Portuondo Ortega

Bajo la conducción del Partido, se realizó recientemente un proceso de comprobación a las relaciones contractuales entre las entidades estatales y las formas de gestión no estatal.

De acuerdo con el informe conclusivo, se trabajó en 2 688 centros, de los cuales 1 496 pertenecen al sistema empresarial y 872 al presupuestado. Se visitaron, además, Proyectos de Desarrollo Local (PDL) y mipymes.

ESTRUCTURA DE TRABAJO REALIZADO

Se crearon 1 071 equipos y participaron 3 897 cuadros y funcionarios del Partido, la Unión de Jóvenes Comunistas, las Organizaciones de Masas, del Gobierno, los consejos de administración municipales y de las asambleas municipales del Poder Popular, miembros de los comités provinciales y municipales del Partido y de sus comisiones económicas, juristas, economistas, contralores y auditores, junto a estudiantes universitarios y profesores, entre otros.

¿QUÉ FUE EVALUADO O REVISADO?

Los grupos de trabajo comprobaron el funcionamiento de los órganos colegiados por parte de la máxima dirección de cada  entidad, evaluaron la conformación del expediente legal, que contiene toda la documentación jurídica básica, analizaron los procedimientos implementados para la actividad de la contratación económica, revisaron las actas, pliegos de concurrencia, registros y protocolos de contratos, dictámenes legales y los contratos con formas de gestión no estatal vigentes, los pagos efectuados y servicios recibidos, entre otros aspectos.

Durante las visitas se realizaron entrevistas y encuentros con trabajadores y personal directo e indirecto con la actividad de la contratación económica. 

RESULTADOS OBTENIDOS…

Derivado del proceso de comprobación, se reportaron 3 172 incidencias relacionadas con deficiencias y violaciones en la contratación, los sistemas de pagos, en la adquisición y entrega de mercancías, así como en el proceso de arrendamiento.

La mayor cantidad fue detectada en las unidades de aseguramiento y apoyo de los cam, en las entidades de Salud, Educación, Inder y Cultura del sector presupuestado.

En el caso del sector empresarial, las mayores deficiencias estuvieron en entidades de Comercio, la Agricultura y el Transporte.

Han sido aplicadas 1 145 medidas disciplinarias, de las cuales 487 son de carácter administrativo y 658 políticas.

Por la gravedad de los asuntos detectados, se realizaron denuncias por delitos de malversación, abuso en el ejercicio del cargo y desvio de recursos. De igual manera, se decidió profundizar con otras acciones de control por órganos especializados de la Fiscalía, Contraloría o de inspección administrativa superior en un grupo de entidades, correspondientes a las provincias de Mayabeque, La Habana, Matanzas, Sancti Spíritus, Villa Clara, Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma, Guantánamo y el municipio especial Isla de la Juventud. 

¿CUÁLES SON LAS INCIDENCIAS QUE MÁS SE REPITEN?

De acuerdo con el resumen, en el proceso de contratación existen entidades en las cuales no está constituido el comité de contratación; en otros casos existe el comité, pero no funciona. De igual forma en las actas de los comités de contratación y financiero se muestran que los análisis que se realizan por sus miembros carecen de objetividad y profundidad.

Se detectaron contratos con dictámenes jurídicos elaborados meses después de ser firmados, otros aprobados sin análisis previo en el comité de contratación, y algunos en los que se esconde o enmascara la naturaleza del concepto de la prestación del servicio.

Asimismo, se profundizó en las relaciones de familiaridad entre prestadores de servicios no estatales con cuadros que deciden en la aprobación de las entidades estatales de contratos y servicios.

En cuanto a los sistemas de pago, no se exige al prestador del servicio la presentación de la ficha de costo, ni se realiza el análisis que permita comprobar la base del cálculo de los precios y que estos no excedan el límite de utilidad ni sean abusivos.

Se incluyen gastos excesivos en las fichas de costo por parte de los prestadores y pagos exagerados a formas no estatales, evidenciándose debilidades en el proceso de negociación.

Se efectúan pagos sin contrato previo y en algunos casos por trabajos que no se ejecutaron, otros tuvieron problemas de calidad, o están pendientes de terminación, que impiden el funcionamiento de las entidades y, en muchos casos, no hay reclamación o demandas.

En relación con la compra y entrega de mercancías, las principales incidencias estuvieron dadas porque en determinados centros no se pudo comprobar el destino de los recursos adquiridos y, en otros, se compran y distribuyen recursos sin que medien procesos de recepción y entrada a almacén.

Sobre el proceso de arrendamiento, no constan los documentos y contratos para ello en determinadas entidades estatales, no se cumple con el proceso de licitación para la entrega de los locales y espacios, y no se incluye en el contrato de arrendamiento el pago de servicios de agua y electricidad de los espacios y los locales, asumiendo las entidades estatales el pago de esos servicios.

De los sistemas de dirección y control administrativo y análisis político, se concluyó que falta profundidad en los análisis que realizan los consejos de dirección sobre la contratación, su ejecución y control.

No se incorpora en los planes de reducción de riesgo la revisión de los procedimientos de la contratación con las formas de gestión no estatal, y existe un insuficiente papel del asesoramiento jurídico.

De igual forma, las administraciones no promueven el uso de métodos colegiados de análisis y decisiones de los procesos de contratación para la adquisición de bienes y servicios, y se constató el poco uso de la rendición de cuentas de la administración ante la masa de trabajadores.

Al término de la comprobación, se realizaron análisis en las diferentes estructuras del Partido, el Gobierno y las administraciones, en interés de erradicar las causas y condiciones que provocan estas deficiencias y violaciones graves, fortalecer los mecanismos de control interno y popular  hacia  los recursos materiales y financieros, así como exigir mayor responsabilidad  de cuadros y funcionarios públicos en su actuar diario y en el cumplimiento de las regulaciones establecidas en las relaciones con los diferentes actores económicos.

Este proceso es consecuente con lo acordado en el 8vo. Congreso del Partido, referido a fortalecer su papel, participación, apoyo y control en las acciones de prevención y enfrentamiento a todos los fenómenos y manifestaciones que constituyan una  amenaza para la seguridad nacional, incluyendo la corrupción, el delito, las ilegalidades e indisciplinas sociales, con la utilización más efectiva y sistemática de las vías y mecanismos partidistas, exigiendo la responsabilidad del gobierno, las administraciones las organizaciones de base y sus militantes.