Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

jueves, 15 de marzo de 2018

Controversias sobre la superexplotación


Nuestra reconsideración de la superexplotación ha suscitado dos críticas que desbordan el debate sobre las singularidades del salario. La mundialización neoliberal, el sentido de una teoría marxista de la dependencia y el significado político de la categoría discutida son los temas subyacentes. Conviene evaluar esas implicancias para evitar el encierro en un laberinto de abstracciones.

El punto de partida de la polémica es la revisión encarada por Marini. En su mirada de la globalización señaló que la retribución de la fuerza de trabajo por debajo de su valor tendía a extenderse a las economías centrales (Marini, 1996: 249).

Esa ampliación suscita las controversias. Si la superexplotación se verifica en todo el planeta, ya no constituye un mecanismo propio de las economías industrializadas de la periferia . Pierde especificidad y retrata las nuevas formas de explotación del siglo XXI. Por el contrario, si se preserva el sentido original del concepto -negando su aplicación a las economías desarrolladas- queda en suspenso la interpretación de la creciente precarización laboral en los países centrales.

En nuestra opinión, la superexplotación afecta a las franjas más vulnerables de los asalariados de todas las economías. No define distinciones entre regiones avanzadas, emergentes o subdesarrolladas. Esas diferencias se concentran en la preeminencia de niveles altos, bajos y medios del valor de la fuerza de trabajo. Cada país se sitúa en uno de esos tres rangos de acuerdo al promedio salarial vigente y al lugar que ocupa en la división global del trabajo (Katz, 2017a).

VARIOS PLANTEOS, POCAS RESPUESTAS 

Nuestro enfoque ha sido objetado por contraponer erróneamente la superexplotación con la explotación, cuando constituirían dos modalidades de la misma extracción de plusvalía ( Osorio, 2017) .

Pero nadie postula ese antagonismo. Se debate si la distinción entre ambas variantes debe ser actualmente utilizada, para evaluar la preeminencia del status central o periférico de un país. Nosotros señalamos la inoperancia de ese instrumento para definir esa divisoria.

Osorio acepta que la mundialización modificó el significado de la superexplotación, pero expone en forma muy contradictoria el contenido de esa alteración. Por un lado estima –como nosotros- que esa modalidad se generaliza en el mundo desarrollado, entre los sectores que padecen un despojo superior al promedio de los asalariados.

Por otra parte, sostiene que la superexplotación rigió siempre, para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia, tanto en las economías desarrolladas como en las periféricas. Pero en ese caso nunca habría sido el pilar conceptual del capitalismo dependiente. Carecería de especificidad para las regiones subdesarrolladas y sería análoga a cualquier otra categoría genérica del sistema (como la plusvalía).

En una tercera mirada, el crítico reinterpreta la superexplotación como una peculiaridad de las economías periféricas industrializadas afectadas por la estrechez del poder adquisitivo. Afirma que esa restricción se verifica en los países subdesarrollados, con niveles de consumo inferiores a los imperantes en las metrópolis. Esa carencia genera crisis de mayor intensidad.
Pero esos desequilibrios obedecen a la simple vigencia de salarios más reducidos. No implican pagos por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Como los ingresos de la población son más acotados, las obstrucciones a la acumulación son más significativas.

Esas tensiones son propias del capitalismo dependiente y derivan de los mecanismos de extracción de plusvalía prevalecientes en esas regiones. La burguesía lucra con bajos costos salariales, que a su vez asfixian el poder de compra. Esas magras remuneraciones están objetivamente determinadas por valores acordes a la mercancía en juego. El tiempo socialmente necesario para reproducir la fuerza de trabajo define ese nivel, en sumas que contemplan las necesidades fisiológicas e histórico-sociales de la masa laboral.

Esos promedios -condicionados por la productividad, la escala de la acumulación, la lucha de clases y los patrones culturales de cada país- definen mutaciones de los salarios, que serían inconcebibles en situaciones de infra-remuneración estructural de los explotados.

El trabajador de la periferia es un asalariado y no un esclavo. Es contratado y no comprado para desenvolver una labor. Recibe una retribución que vuelca al mercado y en una limitada escala actúa como consumidor. De la misma forma que los plantadores necesitaban alimentar a sus esclavos para cosechar el algodón, la burguesía debe remunerar al grueso del proletariado por el valor de su fuerza de trabajo. Sólo de esa forma asegura la continuidad de su sistema. Una sub-remuneración continuada de los asalariados impediría ese funcionamiento.

La acumulación exige esa escala de retribuciones. No puede sustentarse exclusivamente en mercados de bienes suntuarios solventados por las elites. Requiere la coexistencia de esa esfera con un segmento de los productos básicos. Por eso en el capitalismo dependiente hay crisis de realización (resultantes de la estrechez del poder adquisitivo) más agudas que en las metrópolis, pero no simple estancamiento o subconsumo.

Al postular la preeminencia de salarios inferiores a lo requerido para la reproducción de los trabajadores, Osorio repite los viejos errores que emergieron en los debates sobre la pauperización absoluta. En esas polémicas se demostró, que un proletariado desprovisto de los bienes necesarios para su subsistencia tendería a padecer un deterioro terminal. Esa demolición le impediría actuar como una fuerza dirigente en los procesos de emancipación. Su degradación social anularía ese rol (Katz, 2009: 81-86)

Una acertada caracterización del status económico-social de los trabajadores es indispensable para valorar su potencial transformador. La globalización productiva de las últimas décadas no sólo fragmenta, sino que también engrosa al proletariado mundial (especialmente en Asia). La potencialidad revolucionaria de esa gigantesca masa de asalariados sólo es congruente con remuneraciones acordes al valor de la fuerza de trabajo.

La categoría superexplotación de Marini siempre lidió con esas dificultades teóricas. Pero el pensador brasileño logró igualmente ubicar la sujeción de los trabajadores en el centro de la problemática del subdesarrollo. Con esa acertada focalización indagó las diferencias cualitativas que distinguen a las economías avanzadas de las retrasadas.

Al igual que otros grandes economistas marxistas abordó un nuevo problema sin lograr resolverlo. Un antecedente del mismo tipo puede rastrearse en los teóricos que rescataron del olvido la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Retomaron un tema clave incurriendo en unilateralidades, omisiones de fuerzas compensatorias y erróneos supuestos de trayectorias terminales. Esas limitaciones no invalidan su enorme contribución a la comprensión de la crisis del capitalismo (Katz, 2009: 93-122). Con la misma lente hay que evaluar los conceptos de Marini.

CONTRASENTIDOS DE LA EXTENSIÓN 

Otro crítico más severo sugiere que nuestras objeciones a la superexplotación contemporizan con el capitalismo y atemperan la virulencia del sistema. Considera que desconocemos la magnitud de la confiscación soportada por los trabajadores y que reemplazamos el análisis marxista por caritativas evaluaciones de la pobreza (Sotelo, 2017).

Con esa mirada sitúa la aceptación o el cuestionamiento de la superexplotación en un registro moral de rechazo a la crudeza del capitalismo. Este enfoque es tan arbitrario como ajeno al sentido del concepto.

La superexplotación no se define por el grado de tormento que descarga sobre los asalariados. Determina ámbitos de pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor y suscita interrogantes sobre su alcance y localización.

Sotelo postula la ampliación de ese rasgo a todo el sistema, como una consecuencia de la decadencia del capitalismo. Concibe una tesis extrema de ese ensanchamiento. En un ejercicio con cifras imaginarias sostiene que frente a un valor de la fuerza de trabajo de 100, los salarios medios se ubican actualmente en 80, los mínimos en 50 y los reales en 30. Presenta ese cuadro como una representación de la economía actual, sin distinguir países o grupos sociales.

Pero subraya la universalidad contemporánea de la superexplotación, señalando al mismo tiempo que ese rasgo distingue a la periferia del centro. ¿Cómo se concilian ambas afirmaciones? ¿Es una característica generalizada o acotada a las regiones subdesarrolladas?

Sotelo responde destacando que la superexplotación es una modalidad constituyente de la periferia y operativa en el centro. Pero esa enunciación no esclarece diferencias. A lo sumo describe trayectorias. Surgió en el primer segmento y se amplió al segundo. Esa expansión no implica una tendencia a la sub-remuneración masiva de la fuerza de trabajo.

El crítico también argumenta que la distinción debe ser indagada en la dinámica de la plusvalía relativa, que asumiría un perfil preeminente en el centro y subordinado en la periferia. Expone ese contraste sugiriendo un contrapunto -que no explicita- con la plusvalía absoluta. Este segundo concepto (prolongación e intensificación de la jornada laboral sin cambios técnicos) difiere cualitativamente de la primera noción (que incluye la inversión en maquinaria).

Sotelo postula y al mismo tiempo relativa su clasificación. Esa ambigüedad deriva de la evidente presencia actual de plusvalía relativa en cualquier localización productiva. El propio Marini resaltó esa expansión. En la periferia industrializada se trabaja más horas, en peores condiciones y por sueldos inferiores. Pero los capitalistas no auto-restringen su actividad a las condiciones de la plusvalía absoluta. En ningún caso prescinden de inversiones o adquisiciones de equipos.

La contundente diferencia que presentaron ambas variedades de plusvalía en el surgimiento del capitalismo se ha tornado más difusa. Por eso en la actualidad la productividad se equipara en ramas y países diferentes, generando lucros por las diferencias de salarios. Las empresas transnacionales ya no trasladan maquinaria obsoleta a sus filiares, sino que estrujan la fuerza de trabajo de la periferia con tecnologías de punta.

Pero incluso aceptando los inciertos parámetros que Sotelo propone para distinguir situaciones de países avanzados y retrasados, no se entiende cuál sería su relación con la superexplotación. ¿En los lugares donde la plusvalía relativa es más intensa se paga a la fuerza de trabajo por su valor? ¿Cuáles son esas economías? Si se precisaran esos casos, quedaría desmentida la presentación de la superexplotación como un dato de todo el capitalismo actual.
Mientras enfatiza la discutible presencia de la plusvalía relativa como factor diferenciador del centro y la periferia, Sotelo rechaza otra distinción más obvia. Objeta la existencia de restricciones a la movilidad internacional de los asalariados, que afianzan las brechas de sobrepoblación. Descalifica esa evidencia -emparentándola con interpretaciones neoclásicas- y sostiene que el sistema actual tolera esos desplazamientos migratorios.

Pero no percibe que esa permisividad afectaría los desniveles nacionales de desempleados, que considera determinantes de la gravitación de la superxplotación en la periferia. Lo más insólito de esta obstrucción a su propio razonamiento es el ejemplo que ofrece de circulación internacional de los trabajadores: la frontera mexicano­-estadounidense. Lo que presenta como un ámbito de libre flujo de la población es un escenario de monumental bloqueo al ingreso de inmigrantes.

n de olvidar la caracterización marxista básica de la remuneración a los asalariados por el valor de su fuerza de trabajo. Sotelo sostiene que esa equivalencia ha quedado sustituida por una contradicción. El primer elemento decaería mientras el segundo aumenta. Como el salario se puede contabilizar, pero el valor de la fuerza de trabajo es un concepto sujeto a múltiples interpretaciones, supone la existencia de una gran brecha entre ambos.
Con esa mirada el salario pierde anclaje objetivo. Esa disolución se acentúa con genéricas alusiones a la lucha de clases como determinante del nivel de los sueldos. Sotelo olvida que las batallas sociales no se desenvuelven en escenarios abiertos a cualquier resultado. Operan entre los pisos y los techos, que en cada país condicionan el valor de la fuerza de trabajo.

LIMITACIONES PARA COMPRENDER LA ACTUALIDAD 

La evaluación del salario con criterios extendidos de superexplotación, obstruye la comprensión de dos procesos que actualmente modifican las remuneraciones de los trabajadores: la segmentación interna y la fractura internacional.

El primer tipo de dualización ha sido estudiada por la sociología laboral. Involucra severas divisiones entre el sector formal-estable e informal-precarizado de los asalariados. Esta segmentación -que apenas despuntaba en los años de Marini- se ha transformado en un dato dominante.

Por eso en nuestro cuadro distinguimos la existencia de dos sectores remunerados por el valor de su fuerza de trabajo (E1 y E2) y otro caracterizado por retribuciones inferiores a ese nivel (S). Si en lugar de indagar estas diferencias, se postula la creciente homogeneidad de los tres sectores en un status común de superexplotados, resulta difícil comprender lo que está ocurriendo.

Pero otro problema más evidente se verifica en el desconocimiento de los cambios registrados en la dispersión salarial. La brecha de ingresos que separa al trabajador de una planta automotriz de su par en la actividad docente es muy superior a los años 60-70. También es mayor la distancia de ambos con un precarizado de la construcción. Clasificar los tres estamentos en un mismo casillero de superexplotados choca con cualquier evaluación del universo laboral actual.

Sotelo no ofrece ninguna pista para abordar estos fenómenos. Solamente presenta un cuadro comparativo de la enorme brecha porcentual, que separa al “salario digno” del salario mínimo en varios países de la periferia. No extiende esa comparación a los países centrales, pero sugiere que allí los desniveles serían más leves. En su cuadro la fractura entre ambos indicadores en la periferia inferior (Bangla Desh 484%, Siri Lanka 511%) es mucho mayor que en las economías situadas en un escalón superior (India 62%, Malasia 54%).

Pero el crítico no explica el sentido de esos guarismos y tampoco aclara el significado del “salario digno”. Este concepto habitualmente alude a la retribución del “trabajo decente” que imaginan los tecnócratas de los organismos internacionales. Es una noción muy ajena a cualquier indagación de la superexplotación. Pero su uso tendría sentido si se traza algún nexo con la categoría en debate.

¿Es equivalente el valor de la fuerza de trabajo? En ese caso: ¿Qué bienes contempla y cuáles excluye? ¿Cómo se determina esa estimación? Aunque Sotelo reconoce que el problema no puede zanjarse con simples auxilios numéricos, recurre a un modelo con datos sin aclarar cómo interpreta la superexplotación en ese esquema.

Su tabla sólo confirma la existencia de fuertes diferencias nacionales de salarios, que expresan distintos valores de la fuerza de trabajo. No tiene ninguna utilidad conceptualizar esas brechas como niveles diferenciados de superexplotación. Simplemente se complica el análisis o se estimulan discusiones bizantinas sobre la relación entre ese rasgo y la explotación corriente.

La sencilla estimación de valores altos, medios o bajos de la fuerza de trabajo es más pertinente para comprender la dinámica de la mundialización neoliberal. Esta etapa se asienta en el arbitraje salarial global que implementan las empresas transnacionales, para definir la localización de sus inversiones. Comparan los distintos niveles de sueldos con otras condiciones requeridas para su actividad (productividad, subsidios, mercados, etc).

El valor de la fuerza de trabajo es un parámetro decisivo que utilizan las firmas multinacionales, para evaluar tasas de ganancia derivadas de la extracción de plusvalía. Caracterizaciones adicionales sobre la superexplotación no mejoran, ni amplían la comprensión de ese proceso.

Otro problema más palpable es la evaluación de ocurrido en Corea del Sur (y en actualmente en parte de China). ¿También rige allí la generalización sub-remuneración de los trabajadores?

En los años 90 Marini sólo observaba lo sucedido en la primera generación de “tigres asiáticos”. Varias décadas después la trayectoria salarial no es la misma. En algunas economías los sueldos promedio han subido junto al incremento de la productividad. Por eso las empresas transnacionales especializadas en actividades mano de obra-intensivas emigran hacia Bangla Desh o Filipinas. ¿Qué ocurrió con el valor de la fuerza de trabajo en Corea?

En nuestra interpretación se pasó de un nivel bajo a otro medio. ¿Cuál sería la caracterización opuesta? ¿Se redujo la superexplotación inicial? ¿Esa condición quedó reemplazada por formas precedentes de explotación? Estos interrogantes no tienen respuesta si se descartan las herramientas básicas del análisis marxista.

CAPTURA INTERNACIONAL DEL VALOR  

Con los criterios tradicionales de la explotación diferenciada se puede estudiar también la circulación internacional de la plusvalía. Esos desplazamientos han ganado importancia con el protagonismo de las empresas transnacionales. Nuestro enfoque resalta esa dimensión, recordando la importancia que el teórico de la dependencia asignó a las transferencias de valor, en sus señalamientos sobre el intercambio desigual. (Marini, 1973: 24-37).

Osorio cuestiona ese abordaje por su divorcio de la superexplotación. Estima que nuestra mirada recrea las perimidas visiones de la CEPAL. Afirma que retomamos los procedimientos analíticos externos de intercambio mercantil, que Marini superó al jerarquizar la sujeción padecida por los asalariados. Considera que recaemos en una peligrosa involución, que vuelve a “externalizar” las interpretaciones ya “internalizadas” por Marini.

Pero el pensador brasileño no confrontaba en forma tan simplificada con sus adversarios de la CEPAL. En lugar de subrayar la obvia primacía de la explotación laboral frente a las desigualdades del comercio, postulaba caracterizaciones diferentes de ambos procesos.

Los seguidores de Prebisch desconocían la plusvalía y se manejaban con vagas ideas de un “excedente”, eventualmente capturado por los capitalistas en función del modelo vigente en cada país. Negaban los principios básicos de la explotación, sin participar en sofisticadas indagaciones sobre la superexplotación. Como rechazaban cualquier identificación del salario con la remuneración del valor de la fuerza de trabajo, ni siquiera imaginaban retribuciones por debajo de ese nivel.

Lo mismo ocurría con las discrepancias sobre el comercio. La CEPAL postulaba la preeminencia de un deterioro de los términos de intercambio, que afectaba a los bienes primarios obstruyendo la industrialización de la periferia. No concebía ninguna conexión de esos procesos con la dinámica de ley del valor a escala internacional, que Marini investigaba en sintonía con los marxistas de su época.
Esas diferencias conceptuales separaban al autor brasileño de la heterodoxia keynesiana. Las divergencias estaban más referidas al contenido, que a la incidencia de los distintos determinantes del subdesarrollo.

El uso de los términos “externo e interno” (o “exógeno y endógeno”) para identificar a esos factores introduce una confusión adicional. En los años 60-70 esos calificativos no aludían a contrapuntos entre el dependentismo y el estructuralismo, sino a interpretaciones históricas del subdesarrollo.

La primera denominación sintetizaba explicaciones centradas en el intercambio y la segunda resaltaba las raíces agrarias del atraso. Ese debate involucraba a escuelas internas de los marxistas y la heterodoxia. La aplicación retrospectiva de esos conceptos para otra discusión oscurece las controversias del pasado, sin clarificar los problemas del presente.

También Sotelo estima que desvinculamos las transferencias internacionales de valor de su soporte social en la plusvalía confiscada a los trabajadores. Pero no demuestra dónde disolvemos ese cimiento.

El concepto de superexplotación no es indispensable para objetar las interpretaciones puramente comerciales (o “circulacionistas”) de las transferencias de valor, que divorcian esos desplazamientos de su cimiento en la plusvalía. Esa errónea mirada queda simplemente superada subrayando la centralidad de la explotación bajo el capitalismo.

EL SENTIDO DE UNA TEORÍA 

Sotelo considera que el marxismo dependentista es inconcebible sin la superexplotación. Estima que esa omisión equivaldría a imaginar la Teoría del Sistema Mundial sin centros, semiperiferias, periferias o áreas externas. De la misma forma que esa amputación disolvería el razonamiento de Wallerstein, la exclusión de la superexplotación sepultaría la tesis de Marini.

Osorio expone una objeción semejante. Señala que en ausencia de ese fundamento quedarían anulados los aportes del pensador brasileño y la teoría de la dependencia retrocedería a un status primitivo.

Pero nuestra mirada no desconoce la superexplotación. Reformula el concepto sin eliminarlo. Subraya explícitamente que esa modalidad afecta a los sectores asalariados más desposeídos de todo el mundo y cuestiona dos aspectos: la magnificación de esa categoría al grueso de la clase obrera y su presentación como un elemento diferenciador de la periferia con el centro. Con esas correcciones relativizamos su gravitación. Lo interpretamos como un rasgo del capitalismo actual, que no tiene la significación inicialmente subrayada por Marini.

La factibilidad de una teoría del capitalismo dependiente sin protagonismo de la superexplotación, ya pudo observarse en las caracterizaciones de los marxistas clásicos (Lenin, Luxemburg, Trotsky). Varios contemporáneos del pensador brasileño también prescindieron de ese concepto (Amin, Mandel). ¿Esa omisión invalida sus diagnósticos de la periferia?

Sotelo objeta enfáticamente la inclusión de un adversario inicial de Marini en ese listado (Cueva). No registra cómo la convergencia de ambos pensadores en su madurez, enriqueció la matriz compartida del dependentismo marxista. Postula una especie de exclusividad de esa teoría para Marini que empobrece su alcance. Al encerrarla en los límites de la superexplotación reduce las potencialidades interpretativas de esa concepción.

La superexplotación no ocupa un lugar semejante a las clasificaciones de países o regiones, que los pensadores sistémicos derivan de la división internacional del trabajo. Esa analogía es otra equivocación de Sotelo. La jerarquía interna del Sistema Mundial es un esqueleto analítico, en todo caso equiparable a la reproducción dependiente. Este último principio es el rasgo postulado en común por los distintos teóricos marxistas del subdesarrollo.

La recreación del atraso ha sido tradicionalmente explicada con auxilio u omisión de la superexplotación. Al postular la insoslayable centralidad de ese rasgo, los críticos confunden un elemento con el sentido general de una teoría marxista de la dependencia.

Un error del mismo tipo afecta frecuentemente a la caracterización del imperialismo. Algunos intérpretes suponen que la hegemonía financiera, la inversión externa o las guerras mundiales entre potencias descriptas por Lenin, constituyen el epicentro de esa concepción. No detectan la transitoriedad de esas características y su acotada conexión con una época del capitalismo.

De la misma forma que Lenin describió esas singularidades del imperialismo de principios del siglo XX, Marini retrató las modalidades del capitalismo dependiente de posguerra. La primera teoría no queda restringida a lo dicho por el líder bolchevique y la segunda no es patrimonio exclusivo del autor de Dialéctica de la dependencia.

Los dos pensadores revolucionaron sus esferas de estudios. Lenin clarificó las formas imperiales de dominación, cuestionando otras explicaciones centradas en la ambición de poder, el expansionismo nacional o el belicismo de ciertos líderes. Marini desarrolló un trabajo equivalente al esclarecer la dinámica del capitalismo latinoamericano, en disputa con las miradas liberales o desarrollistas.

Estos abordajes conforman el legado perdurable de ambos autores y no los cambiantes ingredientes de sus teorías. El análisis del imperialismo continúa a la orden del día, en un escenario muy alejado de las guerras mundiales o la hegemonía financiera de la centuria pasada. Lo mismo ocurre con la teoría marxista de la dependencia. Su vigencia deriva de la continuidad del subdesarrollo, en un marco muy distinto a los años 60-70. Los drásticos cambios registrados en el alcance o el significado de la superexplotación no alteran la gravitación de esa concepción.

Marini tenía mayor capacidad de registro de las mutaciones del capitalismo que sus proclamados herederos. Por eso introdujo conceptos novedosos para entender su época. Esas nociones deben reformularse en el escenario actual.

Sus ideas sobre el subimperialismo exigen, por ejemplo, amoldamientos del mismo alcance que la superexplotación. Las adaptaciones que hemos propuesto no invalidan la teoría marxista de la dependencia. Esa concepción permite comprender la lógica del subdesarrollo sin necesidad de asignar un status subimperial a Brasil. (Katz, 2017c/d). Este tipo de abordaje y no la estricta fidelidad a lo dicho por Marini enriquece su legado.

IMPLICANCIAS POLÍTICAS 

Los críticos tampoco perciben las razones que potenciaron la gravitación del concepto superexplotación en los años 60-70. En ese período de intensa militancia revolucionaria, Marini estaba más involucrado en polémicas políticas con los Partidos Comunistas, que en debates conceptuales con la CEPAL. La principal divergencia era el rol de las burguesías nacionales, que esas organizaciones observaban como un aliado indispensable para reformar el capitalismo latinoamericano. Asignaban a esa etapa de industrialización una función antecesora del socialismo.

Bajo el influjo de la revolución cubana Marini rechazó enfáticamente esa estrategia. Consideraba tan inviable ese período intermedio como desafortunada su promoción. La teoría de la superexplotación era congruente con esa postura. Apuntalaba sus críticas a las alianzas con las clases dominantes locales. Descalificaba esos acuerdos demostrando cómo los sectores burgueses compensaban sus desventajas internacionales, acentuando el despojo de los asalariados.

El pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor era un pilar teórico de esa oposición a la estrategia de la revolución por etapas en la periferia. Por esa razón los debates sobre la superexplotación desboraron el ámbito de los economistas familiarizados con la lectura de El Capital.

Este estrecho nexo entre superexplotación y política revolucionaria quedó posteriormente diluido. La ampliación del concepto a las metrópolis disolvió su vieja identificación con las peculiaridades regresivas de las burguesías latinoamericanas.

Al quedar transformada en una característica común de todos los países capitalistas, la sub-remuneración de los trabajadores perdió implicancias para proyectos políticos de algún país o región. También cesó su función de invalidación de las estrategias motorizadas por el viejo oficialismo comunista.

Al cabo de cuarenta años esa desconexión de la superexplotación con algún norte político salta a la vista. No sólo los debates sobre la estrategia por etapas han decaído en proporción al declive del universo que rodeaba a la URSS. La asociación de las clases dominantes latinoamericanas con el capital extranjero y su obstrucción de la industrialización regional son datos cotidianos, que no requieren explicaciones adicionales asentadas en la sub-remuneración de los trabajadores.

También resulta difícil encontrar algún nexo de la superexplotación con las polémicas suscitadas por el neo-desarrollismo o el ciclo progresista sudamericano. Lo que divide campos en la izquierda es la preeminencia de estrategias pro o anticapitalistas. Esas políticas suponen avalar o impugnar el sistema vigente, cualquiera sea la forma en que se extrae la plusvalía de la región.

Nadie ha logrado, además, esclarecer cuáles serían los puntos de contacto de la superexplotación con las estrategias antiimperialistas. En América Latina se requieren esas acciones para conquistar la soberanía política efectiva y encarar la consiguiente superación del subdesarrollo. Nuestra actualización sitúa ese desafío en trayectorias afines al pensador brasileño, sin ninguna observación sobre el tipo de explotación laboral imperante (Katz, 2017b).

Marini estuvo muy atento en sus últimos años al papel de la integración regional en un proceso emancipatorio. Algunas experiencias recientes como el ALBA comparten los puentes contemplados por su visión, para empalmar la unidad regional con el antiimperialismo y el desemboque socialista. Tampoco aquí hay enlaces con la superexplotación.

Sólo quienes enaltecen la acción de los sectores expulsados del mercado laboral -como nuevos sujetos populares revulsivos- establecen alguna relación actual entre la superexplotación y la acción política. Pero esas vertientes radicales o anti-sistémicas identifican el concepto con la privación del trabajo formal y no guardan el menor parentesco con la tradición de Marini.

El luchador brasileño defendió la idea de superexplotación sin dogmatismos. Nunca se desveló por “el desarme teórico” que Osorio advierte en nuestro enfoque. Tampoco sintonizaba con los sermones de Sotelo contra nuestros desvíos del marxismo. La actitud teórica abierta que caracterizaba a Marini es un requisito para continuar su labor.

RESUMEN

La superexplotación se ha extendido a los desposeídos del planeta, pero no abarca a toda la clase obrera de ningún país. Tampoco define distinciones entre el centro y la periferia, ni es análoga a las restricciones del consumo. No tiene vínculos específicos con la plusvalía absoluta.

Muchos autores explican las causas del subdesarrollo sin recurrir a un concepto, que ha perdido las implicancias políticas del pasado. Soslayar la reformulación de la superexplotación impide actualizar la teoría marxista de la dependencia. Su erróneo abordaje presenta analogías con ciertas interpretaciones del imperialismo.

REFERENCIAS 

-Katz, Claudio (2009). La economía marxista, hoy. Seis debates teóricos , Maia Ediciones, Madrid.
-Katz, Claudio (2017a). Aciertos y problemas de la superexplotación,
www.lahaine.org/katz , 11-9.
-Katz Claudio (2017b). Socialismo y antiimperialismo, Nuestra Bandera, n 237, septiembre 2017, Madrid.
-Katz, Claudio (2017c). Subimperialismo I: revisión de un concepto, 4 /4, www.lahaine.org/katz
-Katz, Claudio (2017d). Subimperialismo II: Aplicación actual, 13 /4, www.lahaine.org/katz
-Marini, Ruy Mauro (1973). Dialéctica de la dependencia, ERA, México.
-Marini, Ruy Mauro (1996) . Procesos y tendencias de la globalización capitalista, Prometeo, Buenos Aires.
- Osorio, Jaime (2017). Teoría marxista de la dependencia sin superexplotación. Una propuesta de desarme teórico para avanzar, 17-9, marxismoyrevolucion.org/?p=713 
-Sotelo Valencia, Adrián (2017). ¿Una teoría de la dependencia sin superexplotación? Mejor una teoría de la dependencia con superexplotación revisitada y actualizada, 19-12. https://www.lahaine.org/mundo.php/critica-a-la-critica-de   

miércoles, 14 de marzo de 2018

Transporte en la capital: ¿Los P se quedan sin choferes?

Por: Yuniel Labacena Romero


Foto. José Raúl Concepción/Cubadebate.

El éxodo de choferes en el trasporte público que se registra hoy en la capital del país afecta seriamente la movilidad diaria de pasajeros. El problema actual no es la falta de ómnibus, como pudiera pensarse, sino la inusitada partida del sector de estos profesionales.

La alarma, que había comenzado a crecer como un rumor callejero, la reconoció este martes a este diario Juan Julián Caballero Martínez, director general de la Empresa Provincial de Transporte de La Habana (EPTH), quien en un encuentro con la prensa develó que en estos momentos el déficit en su entidad es de 86 choferes.

Esa es la causa, lamentó, de que se dejen de transportar diariamente 700 000 pasajeros, de ingresar cerca de 600 000 pesos y que se dejen de dar unos 500 viajes como promedio. Las terminales de Alamar, San Agustín, Guanabacoa y Diezmero son las más afectadas por esta migración.

Aunque el tema merece una indagación más a fondo, desde la visión de los directivos de esta empresa, el nuevo problema en el transporte público capitalino está incentivado por ofertas más tentadoras de salario y de horarios en otros centros de trabajo, así como por el incremento de la exigencia y de las acciones de los inspectores para que se cumpla lo establecido en el sector.

Caballero Martínez destacó que para aliviar esta situación, en las próximas semanas llegará a la capital un contingente de choferes de varias provincias y se mantiene la convocatoria para todos aquellos que deseen sumarse a la plantilla de la empresa.

Agregó que, a pesar de las limitaciones económicas del país, se mantienen las inversiones destinadas a la reparación y recuperación de ómnibus y de las terminales. Igualmente, resaltó que la empresa ha transportado, de manera diaria y sostenida, más de un millón de pasajeros, aunque todavía persisten insatisfacciones.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Colaboración con OPEP impulsa inversión hidráulica en Trinidad, Cuba

Trinidad, Cuba, 14 mar (PL) Un proyecto de colaboración entre Cuba y el Fondo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) impulsa hoy la principal inversión hidráulica de esta ciudad patrimonial cubana con un monto de unos 25 millones de dólares (USD).

El crédito que ejecutan especialistas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), posibilitará mejorar el sistema de abasto y saneamiento de agua de la tercera villa fundada por los españoles en Cuba, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1988.

Según Yoisel López, al frente de la obra, el monto permite la solvencia de este ambicioso trabajo que garantizará mejoras sustanciales en más del 60 por ciento de la urbe e impactará positivamente sobre unas 30 mil personas.

En declaraciones a Prensa Latina, López aseguró que se trata de un proceder complejo que pretende instalar un nuevo sistema de acueducto y alcantarillado en la ciudad, fundada en 1514 y de reconocidos valores arquitectónico, ubicada en el centro sur de Cuba.

Según detalló, el proyecto incluye acciones que se extenderán hasta 2021 en la periferia de la urbe, donde también se incluyen poblados cercanos como La Boca.

El casco histórico está incluido en el plan general trazado por el INRH en Trinidad que tiene plazo de ejecución hasta 2030, con acciones en acueducto y alcantarillado, pero estas todavía se estudian por el costo y complejidad de las acciones, precisó.

'Para el segundo semestre de este año comenzaríamos el alcantarillado en las zonas bajas porque el primero se dedica al acondicionamiento de todos los equipos y medios constructivos que se adquirieron durante 2017', agregó López.

El préstamo, a ejecutar en cinco años con facilidades de pago, consiste en un crédito blando con tasas de interés muy bajas, que desde el pasado año se emplea para adquirir algunas de las materias primas necesarias en esta compleja obra, agregó la propia fuente.

Conocido como Proyecto de colaboración Fase 1 Trinidad, la inversión cuenta además con otros 62 millones de pesos en moneda nacional destinados a las acciones constructivas.

La arquitectura de la bautizada como Santísima Trindad es considerada por especialistas como una de las mejor conservadas de América Latina y el Caribe, con edificios religiosos, civiles, militares y domésticos que datan del siglo XVII hasta la actualidad.

Inscrita en la lista de Patrimonio Cultural de la UNESCO en 1988 junto al Valle de los Ingenios, a escasos kilómetros de su centro, la tercera villa cubana resulta un ejemplo único de la composición y trazado de la ciudad hispanoamericana.

pgh/ebr

Google celebra con doodle el Día del Pi con una deliciosa receta


NOTIMEX / ECONOMÍAHOY.MX - 10:10 - 14/03/2018

En el 2009, el 14 de marzo fue declarado oficial el Día del Pi

(Foto: Captura)

El buscador de Google celebra este miércoles el Día de Pi (3.14…), una constante matemática que representa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, utilizada en campos como la física y las matemáticas.

Así, el Doodle muestra los ingredientes necesarios para la elaboración de un pay, ya que en Estados Unidos se acostumbra celebrar este día comiendo un pastelillo, en honor al delicioso nombre de este número (Pi en inglés se pronuncia pay).

"El Doodle de hoy, horneado y fabricado por el galardonado pastelero y creador del Cronut, Dominique Ansel, rinde homenaje a esta constante matemática al representar la fórmula Pi (circunferencia entre diámetro) utilizando un pastel"

Anotado por la letra griega "?", Pi representa la relación entre la circunferencia (perímetro) de un círculo y su diámetro (distancia de un lado a otro que pasa por el centro), y es un elemento fundamental en muchos campos.

Aunque los matemáticos modernos han calculado más de un billón de lugares decimales más allá del estándar (3.14), Pi es un número irracional que continúa hasta el infinito, así como un "ingrediente importante en la fórmula para determinar el área de un círculo".

Cabe destacar que aunque la idea inicial de celebrarlo surgió del físico estadounidense Larry Shaw, en 1988, no fue sino hasta 2009 cuando el Congreso de Estados Unidos instauró oficialmente el Día de Pi, el 14 de marzo, que coincide además con el nacimiento de Albert Einstein.

Un día como hoy pero de hace 30 años, el físico Larry Shaw propuso que el 14 de marzo se celebrará el Día del Pi, numeración similar a esta fecha 3/14.

Y en el año 2009, el Congreso de Estados Unidos declaró de manera oficial el 14 de marzo como el Día del Pi e instó a la escuelas a dictar actividades orientadas a explicar a los estudiantes de qué se trata el número.

Es una constante matemática que ha sido estudiada por los humanos durante 4,000 años, por lo que profesores, alumnos, científicos, físicos, matemáticos y genios, entre otros se unen a el festejo de este día con actividades

La automatización del trabajo en el mundo país por país

Por Mehdi Miremadi, James Manyika, Michael Chui
Trad. Teresa Woods


En todo el mundo, la automatización está transformando el trabajo, los negocios y la economía. China ya representa el principal mercado para robots del mundo en cuestión de volumen. Todas las economías, desde Brasil y Alemania hasta la India y Arabia Saudí, podrían beneficiarse de las grandes mejoras de productividad que proporcionarán la robótica y la inteligencia artificial. El ritmo y el alcance de la adopción de estas tecnologías variarán de país en país y en función de factores como los niveles salariales, pero ningún país ni sector permanecerá ajeno.

En nuestra investigación, estudiamos en detalle 46 países que representan alrededor del 80 % de la fuerza de trabajo mundial. Examinamos su potencial actual de automatización –qué sería posible mediante la adopción de tecnologías ya probadas–, además de las similitudes y diferencias potenciales en las formas que podría arraigar la automatización en un futuro.

Hoy, alrededor de la mitad de las actividades por las que se remunera a las personas dentro de la economía mundial es susceptible de automatizarse si se adaptan tecnologías ya probadas. Como ya hemos descrito en otras ocasiones, nuestro estudio se centra en tareas y funciones de trabajo concretas e individuales, algo que creemos representa una forma más útil de analizar el potencial de la automatización que considerar los empleos al completo, puesto que la mayorías de las ocupaciones se componen de diferentes actividades con distintos niveles de automatización potencial.

En total, el equivalente a 1.200 millones de puestos de trabajo a jornada completa y cerca de 14.600 billones de dólares (unos 13.190 billones de euros) en salarios están vinculados con actividades que se pueden automatizar con tecnologías disponibles. Este potencial de automatización difiere entre distintos países entre un 40 % y un 55 %.


Las diferencias son el resultado de las variaciones en el peso de los sectores en el país, las diferencias dentro de cada sector y la mezcla de más o menos trabajos con un mayor o menor potencial de automatización. En ocasiones, las diferencias sectoriales entre economías dan paso a resultados llamativos. Así ocurre con Japón y Estados Unidos, dos economías avanzadas. Japón tiene un potencial agregado de automatización del 55 % de todas las horas trabajadas frente al 46 % de Estados Unidos. Gran parte de esa diferencia se debe a la industria manufacturera japonesa, la cual tiene un potencial de automatización especialmente alto (71 % frente al 60 % de Estados Unidos). La industria de fabricación japonesa tiene una concentración ligeramente mayor de horas trabajadas en empleos de producción (el 54 % de las horas frente al 50 % estadounidense) y puestos administrativos (del 16 % frente al 9 %). Las dos categorías de trabajos incluyen actividades con un potencial de automatización relativamente alto. En comparación, Estados Unidos tiene una mayor proporción de horas trabajadas en empleos de dirección, arquitectura e ingeniería, los cuales tienen una menor automatización potencial porque exigen el conocimiento de áreas específicas de experiencia, como la ingeniería avanzada y de alto valor añadido, de la cual todavía no son capaces ni los ordenadores ni los robots.

A nivel mundial, cuatro economías –China, India, Japón y Estados Unidos– dominan la práctica totalidad de la automatización posible: representan algo más de la mitad de los salarios y casi dos tercios del número de trabajadores relacionados con actividades automatizables mediante la adopción de tecnologías demostradas. Juntos, China e India podrían suponer el mayor impacto potencial sobre el trabajo por el peso relativo de su masa laboral: suman más de 700 millones de trabajadores entre los dos países. El potencial de la automatización técnica es más alto en Europa. Según nuestro análisis, más del equivalente a 60 millones de trabajos a jornada completa y más de 1.900 billones de dólares (unos 1.715 billones de euros) en salarios están asociados con actividades automatizables dentro de las cinco economías principales de Europa (Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido).

También esperamos observar grandes diferencias en el ritmo y el alcance de la automatización entre diferentes países. Numerosos factores determinarán la adopción de la automatización, de los cuales la viabilidad técnica es solo uno. Muchos de los otros factores son económicos y sociales e incluyen el coste de las soluciones de hardware y software necesarias para implementar estas tecnologías en los espacios de trabajo, la mano de obra, las dinámicas de la demanda y su encaje regulatorio y social. Algunas soluciones de hardware exigen inversiones de capital considerables y podrían lograrse con más rapidez en economías avanzadas que en países en vías de desarrollo con peores salarios y en los que es más complicado preparar un plan de negocio sólido. Sin embargo, las soluciones basadas en software podrían adoptarse con rapidez en todo el mundo, sobre todo aquellas que basen su funcionamiento en la nube, lo que reduce el desfase temporal de la adopción. El ritmo de la incorporación de estas tecnologías también dependerá de los beneficios que los países esperen obtener de la automatización más allá de la sustitución de mano de obra humana, ya sea la mejora de la productividad, el rendimiento, la precisión y la aceptación regulatoria y social.

Al margen del tiempo que se tarde, la automatización podría suponer durante las próximas décadas justo el impulso que necesita de forma desesperada la economía mundial. Una tasa de natalidad en retirada y un población cada vez más envejecida en países desde China hasta Alemania significan que alcanzaremos el pico máximo del empleo dentro de unos 50 años. La previsible reduccción de la proporción de población en edad de trabajar abrirá una brecha en el crecimiento económico que la automatización podría suplir. Calculamos que la automatización podría aumentar el crecimiento del PIB en entre un 0,8 % y un 1,4 % cada año, siempre y cuando las personas sustituidas por la robótica se reincorporen al mercado laboral y sean igual de productivas que en 2014. Si tenemos en cuenta solo el efecto sustitutorio sobre el empleo, estimamos que para 2065 el crecimiento de la productividad resultado de la automatización podría brindar a las economías más grandes del mundo (el G19 más Nigeria) el equivalente a entre 1.100 y 2.200 millones de trabajadores a tiempo completo.

El aumento de la productividad consecuencia de la automatización puede garantizar la prosperidad de las poblaciones envejecidas y ofrecer un impulso extra a las poblaciones de mayor crecimiento. Sin embargo, la automatización por sí sola no bastará para lograr las expectativas de crecimiento económico a largo plazo en del mundo. Para ello, se necesitarán medidas adicionales para aumentar la productividad, incluida la reingeniería de procesos de negocio y el desarrollo de nuevos productos, servicios y modelos de negocio.

¿Cómo avanzará entonces la automatización en estos países? Hemos dividido los 46 países estudiados en tres grupos, cada uno de los cuales podría utilizar la automatización para lograr objetivos de crecimiento económico y en función de sus tendencias demográficas y aspiraciones de crecimiento. Los tres grupos son:
Economías avanzadas. Estas incluyen Australia, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Corea del Sur, Estados Unidos y Reino Unido. Normalmente se enfrentan a una población que envejece, aunque la pérdida de población en edad de trabajar es más graves en unos países (Alemania, Italia y Japón) que en otros. La automatización puede proporcionar el impulso de productividad que sus economías necesitan para cumplir con unas previsiones de crecimiento económico que de otro modo no podrían. Son economías con un interés claro en perseguir y conseguir con rapidez el desarrollo y la adopción de la automatización.

Economías emergentes con envejecimiento poblacional. Esta categoría incluye Argentina, Brasil, China y Rusia, las cuales se enfrentan a problemas de crecimiento económico como resultado de la pérdida de población en edad de trabajar prevista. Para estas economías, la automatización puede proporcionar la inyección de productividad necesaria para mantener el PIB per cápita actual.Para conseguir una trayectoria de crecimiento más rápida y acorde con sus aspiraciones de desarrollo, estos países necesitarían complementar la automatización con fuentes adicionales de productividad, como la transformación de procesos. También se beneficiarían de una incorporación rápida de la automatización.

Economías emergentes con poblaciones más jóvenes. Estas incluyen la India, Indonesia, México, Nigeria, Arabia Saudí, Sudáfrica y Turquía. El crecimiento continuo de la población en edad de trabajar de estos países podría mantener el PIB per cápita actual. Sin embargo, dadas sus altas aspiraciones de crecimiento y a fin de seguir siendo competitivas a nivel global, será necesaria la automatización del trabajo además de otras medidas de productividad para sostener su desarrollo económico.

Pese a todas las diferencias entre países, muchos de los desafíos de la automatización son universales. Para los negocios, los beneficios en términos de rendimiento y desempeño están relativamente claros. Los reguladores, en cambio, se enfrentan a problemas más complicados. Los países tendrán que encontrar la manera de aprovechar la oportunidad de que sus economías se beneficien del aumento potencial de productividad que ofrece la automatización a través de la promulgación de leyes que estimulen la inversión e incentivos de mercado que fomentan la innovación. Al mismo tiempo, todos los países tendrán que evolucionar y elaborar políticas que ayuden a los trabajadores e instituciones a adaptarse al impacto sobre el empleo.

Mehdi Miremadi es investigador principal de la sede de McKinsey & Companyu en Chicago (EEUU) y lidera los esfuerzos de la práctica de energía y materiales de inteligencia artificial, aprendizaje automático y robótica.

James Manyika es el director radicado en San Francisco (EEUU) del McKinsey Global Institute (MGI), el brazo de investigaciones empresariales y económicas de McKinsey & Company.

Michael Chui es socio del McKinsey Global Institute radicado en San Francisco (EEUU), y lidera el trabajo del MGI sobre el impacto del cambio tecnológico.

Comentario HHC: En Cuba deberiamos prestar atención a este aspecto es una de las maneras de resolver el problema de la productividad y déficit de fuerza de trabajo.

La mina más profunda y la planta más moderna

La mayor inversión de la minería cubana en los últimos años ha exportado ya más de 24 000 toneladas de concentrados de plomo y zinc




El proyecto Castellanos ha generado de manera directa o indirecta alrededor de 750 empleos, en un municipio con una larga tradición minera. Foto: Del Autor

PINAR DEL RÍO.–Aunque todavía no ha sido inaugurado oficialmente, el Proyecto Polimetálico Castellanos ya produce para la exportación.

Una embarcación con los concentrados de plomo y de zinc obtenidos en él, parte cada tres días del puerto de Santa Lucía hasta el del Mariel, desde donde luego se envían al exterior.

Por el momento son 33 contenedores en cada viaje, en los que se trasladan unas 700 toneladas, pero con la incorporación de una grúa portuaria que se montará en este mes, esas cifras se duplicarán.

En la mina y en la planta de procesamiento se trabaja 24 horas seguidas.

Es media mañana cuando sostenemos la entrevista, sin embargo, Justo Hernández, gerente general adjunto de la Empresa Mixta Minera del Caribe S.A. (Emincar), a cargo de Castellanos, nos asegura que si fuera de madrugada habría el mismo ajetreo a nuestro alrededor.

Desde lo alto de una elevación que marca el límite del yacimiento, el ingeniero Carlos Fuentes explica cómo para llegar al mineral ha habido que mover más de tres millones de metros cúbicos de material estéril.

Ello significa ir rebajando un cerro de 114 metros de altura, hasta llegar a las rocas con contenidos de plomo y zinc.

Abajo, sobre un suelo negruzco, las retroexcavadoras y los buldóceres continúan devorando día y noche la primera cantera del yacimiento, a la cual se le ha dado el nombre de Farallones.

En estos momentos se trabaja a 42 metros sobre el nivel del mar, y se continúa descendiendo. Al término de esta etapa del proyecto, dentro de 11 años, las operaciones se llevarán a cabo a menos 106 metros.

Castellanos se convierte así en la mina a cielo abierto más profunda del país.

«Calculando desde el inicio de los movimientos de tierra, serán más de 200 metros hacia abajo», afirma Carlos, y añade que, por tanto, se requiere mucha profesionalidad en el trazado de los caminos de acceso y los taludes, para evitar un derrumbe.

«Estamos ante una mina compleja», advierte.

Carlos viene de Moa, motivado por el reto profesional que significa un proyecto con las características de Castellanos.

«Allá, en el níquel, son grandes yacimientos que se explotan de manera horizontal. La máxima profundidad alcanza unos diez metros.

«Aquí, en cambio, se avanza de forma vertical. Esta es la primera experiencia que habrá en el país con este tipo de minería, dice. Además, es un yacimiento polimetálico, en el que aparte de plomo y zinc, hay rocas que nada más se ven cuando pasas la universidad».

A TODA MÁQUINA

Tal como se había previsto desde un inicio, tras un proceso inversionista colosal, por un monto de más de 272 millones de dólares, el 1ro. de julio pasado Castellanos inició la puesta en marcha, y tres meses más tarde, comenzó la entrega de concentrados de plomo y zinc.


El proyecto apuesta por una minería responsable, con el menor daño posible al medio ambiente. Foto: Del autor

Los niveles productivos han ido creciendo progresivamente a partir de esa fecha. El ingeniero Eusebio Hernández, jefe de la industria, explica que en el mes de enero fueron procesadas 60 000 toneladas de mineral, en febrero 73 000, en marzo se prevé llegar a 78 000, y a partir de abril se deben alcanzar las 83 000 por mes.

«En estos momentos están entrando a la industria entre 135 y 140 toneladas por hora, pero esa cifra debe subir a 160, que es la capacidad prevista para la planta. Todavía estamos en una etapa de optimización de los parámetros tecnológicos», señala.

Desde que se iniciaron las exportaciones, en el mes de diciembre, hasta el cierre de febrero, han salido de aquí 7 532 toneladas de concentrados de plomo y 17 442 de concentrados de zinc, hacia el exterior.

Según el gerente general adjunto de Emincar, el yacimiento Castellanos cuenta con reservas para 11 años de explotación, y muy cerca de él, a 1,5 kilómetros, existe otro aún mayor (Santa Lucía), que permitirá extender la vida útil de la planta otros 14 años.

Castellanos es la mina a cielo abierto más profunda del país. Foto: Del autor

Para un territorio con una larga tradición minera, donde la caída del precio de los metales y los altos costos de producción llevaron al cese completo de las labores entre los años 90 y principios de la década del 2000, la puesta en marcha de la obra constituye una especie de sueño que se hace realidad.

Así lo reconoce Yovani Núñez, uno de los muchos habitantes de esta región del norte pinareño que, tras el cierre de las actividades mineras, se vio obligado a cambiar de profesión.

«En total estuve siete años fuera del sector, pero siempre me mantuve al tanto del proyecto, porque esto es lo que estudié y lo que me gusta hacer», cuenta Yovani.

Luego de su graduación como ingeniero metalúrgico había trabajado en el oro, en el cobre y en la planta de sulfometales de Santa Lucía, pero asegura que ninguna de sus experiencias anteriores se asemeja a Castellanos. «Esta industria es mucho más grande y también más compleja», dice.

A sus espaldas, en una sala con varios monitores, un especialista supervisa los procesos que se realizan en la gigantesca instalación.

«Todo se controla desde aquí –explica Eusebio Hernández–, se arranca la bomba, se dosifican los reactivos, se interpretan los valores y si hay que corregir algún parámetro tecnológico, se le da la orden al personal de operaciones.

«En el sector minero, esta es la primera planta totalmente automatizada», añade.

Por tanto, a más de un siglo del inicio de las actividades mineras en el norte pinareño, el proyecto polimetálico Castellanos hace nuevos aportes a la historia de esta región, con la mina a cielo abierto más profunda de Cuba, la planta más moderna y quién sabe qué otra novedad pueda aparecer por el camino.

En el 200 aniversario de su natalicio. Doce frases célebres de Karl Marx





Karl Marx (1818 – 1883) fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío cuya obra se convirtió en una de las más influyentes de la historia, llegando a considerarlo tanto el “padre del socialismo científico”, del marxismo y del materialismo histórico, así como uno de los mayores representantes del comunismo moderno.

Os dejamos con sus frases más célebres:

“El hombre es el ser supremo para el hombre”.

“La peor lucha es la que no se hace”.

“La manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría”.

“Crees en el amor como propiedad divina porque amas. Crees que Dios es sabio y bondadoso porque no conoces algo superior en tí mismo que la bondad y la inteligencia y crees que Dios existe, que es un ser, porque tú mismo existes y eres un ser”.

“El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno”.

“El motor de la historia es la lucha de clases”.

“Igual que en la religión el hombre es dominado por el producto de su propia cabeza, en la producción capitalista lo es por el producto de su propia mano”.

“La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”.

“La religión es el opio del pueblo”.

“Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente, una desgracia”.

“Todo lo sólido se desvanece en el aire”.

“No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.