Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGESImage captionJeffrey Sachs, considerado uno de los economistas más influyentes del mundo, ve un panorama sombrío para América Latina y el escenario global.
Cuando Jeffrey Sachs publicó en 2005 su libro "El fin de la pobreza", algunos lo consideraron demasiado optimista por creer posible erradicar la indigencia de la faz de la Tierra.
Pero ahora, en medio de una de las peores pandemias y crisis económicas globales en varias décadas, cuesta percibir el optimismo de este renombrado experto en desarrollo sostenible de la Universidad de Columbia y de Naciones Unidas.
"Esta pandemia es extraordinariamente grave", dice Sachs en una entrevista exclusiva con BBC Mundo. "Va a empujar a cientos de millones de personas a la pobreza".
A su juicio, ahora probablemente "está perdido" el objetivo de eliminar la pobreza extrema global hacia 2030, fijada en los Objetivos de desarrollo sostenible de la ONU que él mismo ha impulsado.
Sachs, quien ha sido señalado por distintas publicaciones como uno de los líderes o economistas más influyentes del mundo, fustiga la respuesta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la crisis de covid-19 y lo ve como un intento de crear una Guerra Fría con China. Pero también critica las políticas de presidentes latinoamericanos como el mexicano Andrés Manuel López Obrador o el brasileño Jair Bolsonaro, considera probable que Argentina incumpla el pago de su deuda y describe "el peor escenario que hemos visto en la región en mucho tiempo".
Lo que sigue es una síntesis del diálogo por Zoom con Sachs, quien apoyó la precandidatura presidencial hoy retirada del senador Bernie Sanders en EE.UU. y se apresta a publicar un nuevo libro sobre "Las eras de globalización".
¿Cuál es su mayor preocupación en este momento en términos económicos?
Ahora economía es salud pública.
Si se controla esta pandemia, se restaura la vida cotidiana y económica.
Si la pandemia no se controla y seguimos propagando el virus alrededor del mundo, si afecta mucho a los países pobres y a los países de ingresos medios, los impactos económicos durarán años y serán muy graves.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage caption"Si tenemos una crisis financiera, una crisis de salud pública y una crisis geopolítica, tendremos otra era de Gran Depresión", dice Sachs.
Si esos impactos económicos muy graves conducen a una crisis financiera, lo cual es una posibilidad real porque muchos países corren el riesgo de no poder pagar sus créditos internacionales o enfrentan una desestabilización financiera muy importante en sus economías, eso multiplicará los efectos.
Si tenemos una crisis financiera, una crisis de salud pública y una crisis geopolítica, tendremos otra era de Gran Depresión.
Muchas cosas pueden salir mal en este momento.
Hay una manera de que las cosas salgan bien, pero no estamos siguiendo esa trayectoria porque la calidad del liderazgo en muchos países, comenzando por EE.UU., es tan mala que estamos teniendo resultados muy malos cuando podríamos estar mucho mejor.
Y, lamentablemente, la perspectiva es de resultados todavía peores en el futuro.
Tenemos un liderazgo terrible en EE.UU, un liderazgo miserable en Brasil, un mal liderazgo para esta crisis en México.
Muchas economías emergentes están comenzando a verse muy afectadas, y todo esto podría llevar a un desastre creciente.
A corto plazo, hay mucho dolor económico junto con las muertes y los confinamientos.
Pero estamos justo en el momento en que hacemos una buena salud pública o nos enfrentamos a trastornos económicos que durarán años. Y me temo que estamos yendo más en dirección de esto último.
¿La pandemia está aumentando la brecha entre ricos y pobres en un mundo que ya era bastante desigual?
Tenemos que estar muy preocupados por el gran aumento del hambre en los países pobres.
El sistema internacional no es muy generoso ni orientado hacia grandes rescates, aunque se han dado algunos pasos notables a corto plazo, como la moratoria del servicio de la deuda de los países pobres a los acreedores oficiales en el Club de París.
Eso fue muy bueno.
Para los países pobres, crisis significa indigencia. Para países de ingresos medios o ricos, significa dolor.
Incluso en EE.UU., por la debilidad de nuestra red de seguridad social, será desesperación para mucha gente.
Nuestra tasa de desempleo es de 20% más o menos. Sólo la mitad de la población adulta tiene un trabajo en este momento, es absolutamente impactante.
Entonces, hay dolor incluso en los países ricos. Pero en los países pobres, el margen podría tornarse rápidamente desesperante.
No hemos visto eso exactamente todavía, pero estamos en la etapa inicial de esta epidemia.
También tenemos muchos países en desarrollo donde la enfermedad está surgiendo.
Brasil es uno, Ecuador otro, México probablemente otro.
Los datos son terribles. Los datos oficiales apenas dejan entrever una pequeña parte de la realidad en este momento.
Los informes recientes sobre el exceso de muertes muestran que, en algunos países, las muertes oficiales registradas por covid-19 son quizás una décima parte o un cuarto de lo que aparece como exceso de mortalidad.
Entonces, no solo estamos en una fase temprana y dramática, sino que no estamos viendo con precisión el panorama de lo que sucede en esta etapa.
América Latina avanzó en la reducción de la pobreza en los primeros años de este siglo, pero la tendencia se revirtió con el fin del boom de las materias primas y ahora la región enfrenta esta crisis. ¿Hay un riesgo de que desaparezca la nueva clase media que surgió en Latinoamérica?
La única noticia positiva para gran parte de América Latina es que hay regiones productoras de alimentos.
Por lo tanto, debería haber comida en muchos países y en la región.
Pero piense en cuántos países están muy afectados en este momento.
Brasil está tan desastrosamente gobernado que ya estaba en crisis, pero con Bolsonaro se está convirtiendo en una crisis aún más profunda porque el gobierno federal es, como en EE.UU., incoherente y de escasa ayuda para detener la epidemia más allá de lo que hacen los gobernadores estatales.
Sabemos que Ecuador y Perú se enfrentan a un fuerte impacto de la epidemia.
Es probable que México suceda lo mismo porque AMLO (como se conoce al presidente Andrés Manuel López Obrador) ha estado básicamente en negación, como Trump y Bolsonaro.
México ya se encuentra en una terrible crisis porque el presidente puso de manera inexplicable e incompetente todas las fichas en Pemex (Petróleos Mexicanos, una entidad estatal), justo cuando el mercado petrolero se derrumba.
Y México no tenía por qué tratar de redoblar las inversiones de Pemex. Fue un desperdicio completo de recursos nacionales.
Argentina ha estado en crisis, claro.
Es probable que se produzca un incumplimiento de pagos (de deuda), porque si bien en mi opinión hizo una oferta muy profesional y acertada a los acreedores sobre cómo evitar el default, los acreedores no son muy inteligentes para evitar su propio daño.
Por lo tanto, es probable que veamos un incumplimiento de pagos.
Y aunque eso quizá sea lo mejor que Argentina podría hacer por sí misma, no es un buen panorama.
Venezuela ha estado bajo agresión total de EE.UU., al extremo de que vayan mercenarios a matar o secuestrar al presidente.
Es una historia impactante de EE.UU. aplastando la economía, la sociedad y ahora golpea la pandemia.
Chile, el lugar más estable y mejor gobernado en la región, se incendió el año pasado con las protestas por la creciente desigualdad. Eso fue antes del covid-19.
Es el peor escenario que hemos visto en la región en mucho tiempo.
Y, dada la falta completa de cooperación internacional y la incapacidad absoluta del gobierno de Trump de hacer algo constructivo en cualquier frente, ya sea doméstico o internacional, uno no puede ser demasiado optimista sobre la escena latinoamericana en este momento.
Es casi en todas partes un panorama bastante sombrío de una región muy afectada, donde la crisis se profundizará.
Ojalá pudiera ser más optimista, pero en este momento es difícil ver puntos positivos.
¿Y qué dice de EE.UU. el hecho de que haya quizá millones de personas pasando hambre en el país más rico del mundo, o que los latinos y afroestadounidenses sean los más afectados por el covid-19?
La primera regla es no tener un psicópata como presidente. Tenemos el peor presidente en la historia de EE.UU.
Esto ya era obvio para quienes observaron de cerca en los últimos tres años.
Pero este hombre es absolutamente venal, narcisista, ignorante y desafortunadamente se interpuso en el camino de la mínima cordura en la respuesta a esta crisis.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionTrump se ha manifestado satisfecho con la respuesta de su gobierno a la crisis de covid-19.
Por eso EE.UU. tiene más de 80.000 muertos, un colapso completo de nuestros sistemas de salud pública y una incapacidad absoluta de este país rico y poderoso, lleno de talento, para hacer lo mínimo: obtener máscaras faciales, rastrear contactos (de personas infectadas).
No hacemos lo básico en EE.UU.
Y luego, la idea brillante de este hombre es dejar de financiar a la OMS en medio de una pandemia global: absolutamente destructivo.
Está mentalmente trastornado. Pasa cada día en su cuenta de Twitter atacando a personas aquí y allá, acusando al expresidente (el demócrata Barack Obama) de grandes crímenes, acusando a China de terribles crímenes.
EE.UU. perdió por completo el rumbo al tener a este hombre como presidente.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionEE.UU. es el país con más víctimas de covid-19.
Creo que durante un tiempo las élites poderosas lo vieron como una especie de idiota útil: recortó sus impuestos, aumentó la oferta de dinero, el mercado de valores estaba en alza...
Pero no se puede tener esta combinación de narcisismo maligno e ignorancia en medio de la peor crisis de la historia moderna.
Y eso es lo que tenemos, desafortunadamente.
El presidente Trump ha elogiado la forma en que EE.UU. hace test de covid-19 a su población. "Hemos cumplido con el momento y hemos prevalecido", dijo. ¿No es eso cierto?
Tenemos más de 80.000 muertes y el virus no está bajo control.
Meses después del inicio de esta pandemia, no hemos implementado las medidas más básicas de salud pública como los test, el aislamiento y el rastreo de contactos.
Es indescriptible la profundidad del fracaso del gobierno federal.
Lo que sucedió es que la maquinaria del gobierno fue asumida por Trump y sus compinches.
Y aunque hay personas con talento en todo el gobierno, algunos de los mejores profesionales del mundo, no han tenido ningún papel en este fracaso colosal.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionTrump mantiene una base de apoyo pese a la crisis.
Trump es un timador y un propagandista.
Tiene una red leal de televisión de propaganda, Fox News, y un medio de prensa, The Wall Street Journal, ambos de Rupert Murdoch y News Corp. Es una máquina de propaganda que alcanza el 40% del público.
Esa es la base de Trump, la ha tenido desde el principio y parece que todavía la tiene, 80.000 muertes después.
El debate en EE.UU. gira hacia cuándo reabrir la economía. El presidente Trump, presionando por la reapertura, ha dicho que la cura del coronavirus no puede "ser peor que el problema en sí". ¿Cuál es su opinión?
Lo que recomiendo a todos los países, incluidos los países de Europa occidental que también han actuado bastante mal en esto, es mirar lo que ha sucedido en la región de Asia-Pacífico.
China detuvo la transmisión del virus, no al 100% pero de forma sustancial. Corea ha hecho lo mismo: sí, hay brotes, pero muy localizados.
Taiwán, Hong Kong, Vietnam, Australia y Nueva Zelanda han hecho lo mismo.
Si fuéramos gente pensante, estaríamos preguntando: ¿cómo lo hicieron? ¿Por qué no podemos hacerlo?
Bueno, hay una respuesta fundamental para esto y se llama salud pública.
Significa observar de cerca los síntomas de las personas.
Cuando muestran síntomas, les haces test. Cuando dan positivo, ves si pueden aislarse de forma segura en su hogar o si deberían ponerse en cuarentena en una instalación pública, que Asia ha utilizado con mucho éxito.
Rastreas sus contactos.
Bueno, en EE.UU. esto no ha sucedido en casi ningún lugar.
Trump es tan ignorante y destructivo que en sus conferencias absurdas el problema ni siquiera surge, porque ni siquiera tienen el concepto más básico de salud pública.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLas conferencias de prensa de Trump sobre el coronavirus han sido una fuente constante de polémicas.
Por eso la infección continúa propagándose y es tan equivocado preguntar: ¿deberíamos abrir esta semana o las próximas dos semanas?
La pregunta correcta es: ¿cuándo tendremos los rudimentos de una salud pública para que sea seguro abrir la economía? Esa es la única pregunta, no la fecha, sino el sistema.
Este es un proceso geométrico: incluso si reduces los casos a un nivel bajo mediante el confinamiento y eliminas el confinamiento sin reemplazarlo por medidas de salud pública, la epidemia resurgirá.
Para mantenerlo bajo control se requiere un alto nivel de rigor y profesionalismo, algo que en su día EE.UU. podía dominar. Ahora ni siquiera parecemos saber que eso existe en el vocabulario.
Al parecer, EE.UU. se está retirando de su papel de líder mundial y cada país tiene su propia estrategia contra esta pandemia. ¿Es posible alcanzar una agenda global constructiva en este contexto?
EE.UU. se ha eximido a sí mismo de la agenda internacional por muchos años. Y, por supuesto, esto se volvió más extremo con Trump.
La actitud de Trump es tratar de romper el sistema internacional en su médula, romper la Organización Mundial del Comercio, retirarse de cualquier tratado, romper los acuerdos de armas, gastar billones o más en una nueva generación de armas nucleares.
Ahora todo esto está en el contexto de la más profunda crisis económica desde la Gran Depresión y una crisis de salud global que no tiene precedentes, al menos desde la epidemia de gripe de 1918.
Y lo que quiere hacer es usar esto, y está teniendo algún efecto en la opinión pública, como una ocasión para instigar una nueva Guerra Fría con China.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLa pandemia de covid-19 puede alterar el tablero geopolítico global.
EE.UU. tiene mucho poder a través del dólar y de los sistemas de armas. Diría que estas son las dos fuentes reales de poder de EE.UU., pero son muy poderosas.
Viajo por todo el mundo. Nadie respeta a Trump, casi todo el mundo sabe que es un loco.
Pero el poder del dólar, la amenaza de sanciones y de contener sistemas de armas hacen que otros sigan la corriente.
Claro que cada vez que hay grandes rivalidades de poder, los países eligen bandos pensando que también obtendrán algún beneficio.
Digo todo esto porque el propósito de EE.UU. en este momento es usar incluso esta crisis para crear una nueva Guerra Fría intencionalmente, no por accidente, por destino o por resignación a la realidad, sino por intención.
Porque China se estaba volviendo demasiado poderosa a los ojos de estos nacionalistas y neoconservadores.
Entonces estamos probando de nuevo el libro de juegos de 1947: como contuvimos a la Unión Soviética vamos a contener a China. Lo encuentro peligroso y ridículo, pero especialmente peligroso.
¿En qué términos peligroso? ¿Cuán mala cree que podría ser la escalada?
Hay un principio general en las crisis económicas globales: sin cooperación, una crisis como esta puede crear una sombra de depresión muy larga.
Y una idea que considero creíble es que la profundidad de la Gran Depresión en sí misma fue un reflejo de la falta de liderazgo global en la década de 1930.
Gran Bretaña era demasiado débil para liderar, EE.UU. no estaba interesado en liderar, Weimar estaba en retiro, Hitler llegó al poder en enero de 1933 y la Gran Depresión se profundizó porque no hubo cooperación.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionSachs cree que podría haber similitudes entre el escenario global actual y el de los años 1930.
Aquí estamos un shock de igual magnitud, aunque en una etapa muy temprana: es posible recuperarse rápido.
La recuperación principal tendría que comenzar por la salud pública. Y luego por la limpieza financiera, porque habrá muchos países en incumplimiento efectivo de pagos, o en una crisis financiera.
Entonces, podríamos recuperarnos de esta crisis bastante rápido, tener algún rebote en 12 o 18 meses.
Creo que eso es muy improbable ahora. Y lo atribuiría a la política, más que a la naturaleza intrínseca de cualquier crisis.
Porque crisis como estas se resuelven o se alimentan de sí mismas. Son procesos dinámicos, por lo que van de mal en bien o de mal en peor. Y esta, está en la dirección de ir de mal en peor.
¿Hay algo en el mundo que le provoque esperanza en este momento?
Sí. A veces me consideraron demasiado optimista porque creo que estoy bien entrenado para ver las posibilidades de lo que se puede lograr.
Cuando hablé sobre el fin de la pobreza, no fue una predicción que inevitablemente sucedería. Fue una declaración de que podría suceder y aquí están las cosas que se necesitan para que suceda. Y de hecho ha habido progreso.
Muchas cosas que enfatizo, en especial cómo la tecnología y la convergencia pueden ayudar a los países a desarrollarse, están sucediendo durante esta crisis.
Tenemos ejemplos frente a nosotros de cómo resolver este problema. Y el lado más prometedor del mundo son los 15 países de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por sus siglas en inglés).
Eso es Japón, China, Corea, los 10 países de la ASEAN, Australia y Nueva Zelanda.
Ese grupo de países suman alrededor de 2.000 millones de personas.
Y si nos fijamos en los 15 países, creo que todos ellos con la posible excepción de Indonesia tienen la epidemia al menos bajo control provisional en este momento. Eso es increíble.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionSachs cree que la región Asia-Pacifico puede ser un referente global para el control del virus.
Es una región que no sólo podría mostrarle al resto del mundo cómo hacerlo, sino proporcionar una gran cantidad de equipamiento y orientación.
Espero y defiendo cada día que la región se mire a sí misma y diga: "Lo estamos haciendo". Y se junte.
Pero esa visión es quizás la peor pesadilla de los encargados de formular políticas en EE.UU.
La idea de que Japón y China cooperen es de terror para los nacionalistas estadounidenses.
Entonces EE.UU. está ahí todos los días tratando de separar, en lugar de decir: "Trabajen juntos, para que podamos resolver todo esto".
Me preguntó por algo optimista y no terminaré con una nota pesimista.
Sólo diré que hay 2.000 millones de personas de los 7.700 millones que están en el camino correcto.
Si aprendemos de ellos, los emulamos, nos asociamos, cooperamos con ellos, haremos el trabajo sin una Gran Depresión. Ese es el optimismo.
La economía cubana cerró el año 2019 marcada por una aguda crisis en balanza de pagos, con impactos notables en la actividad productiva general. La cifra de incremento del PIB reportada en la Tabla 1, si bien es positiva, debe tomarse como preliminar. En todo caso, queda por debajo de las previsiones de las propias autoridades, que esperaban un incremento de 1%.
Esas estimaciones no anticipaban la nueva etapa de sanciones de Estados Unidos que se desató a partir de septiembre, enfocadas en la obstaculización de los arribos de crudo desde Venezuela, principal suministrador. El ahorro forzado, junto a la determinación del gobierno de reducir el impacto en el sector residencial, debe haber impacto severamente sobre el sector productivo, particularmente la manufactura y la agricultura.
Diversos reportes de prensa desde fines de 2019 ya empezaban a documentar el retraso en las siembras y las menores extensiones de tierra roturada a partir de menores disponibilidades de combustible.
Fuente: Información sobre la base de reportes variados de prensa y
ONEI. *a menos que se especifique otra medida. ** estimados de Sherritt
International en la planta de Moa.
En el caso del níquel, la producción física de ese metal y cobalto fueron superiores en la planta de Sherritt. Sin embargo, la fabricación del metal en la otra planta sigue acusando inestabilidad, por lo que no debe haber sido superior a 2018. El arribo de visitantes internacionales se deja casi un 10%. Aunque las autoridades reportaron cifras similares para los ingresos.
El primer cuatrimestre de 2020 ha traído nuevos desafíos para la economía cubana, por la combinación de tendencias negativas que se desencadenaron desde 2016, y los primeros impactos de la pandemia de COVID-19. Los principales sectores ya venían exhibiendo desempeños bastante mejorables, entre los que cabe destacar la agricultura, la agroindustria cañera, la minería y el turismo internacional.
En el caso de la agricultura, los reportes disponibles sugieren que los volúmenes de producción están por debajo de las cifras de 2019, cuando ya exhibían un pobre desempeño. Respecto a la zafra azucarera, se ha informado que el plan para 2020 está fuera del alcance de la industria, con una gran incidencia de la escasez de combustible líquido. No obstante, los directivos del sector anticipan un buen comportamiento de los ingresos externos a partir de cierta mejoría en las cotizaciones internacionales.
En relación al níquel, la industria va a atravesar un año muy difícil. Durante el primer trimestre de 2020, los volúmenes del metal y cobalto se han reducido 13 y 6 por ciento respectivamente. Durante este período, no se han sentido en toda su magnitud los descensos de las cotizaciones, pero esto debe empezar a influir en los trimestres siguientes.
La industria turística sufre un doble impacto. Antes del comienzo de la pandemia, en los meses de enero y febrero, el arribo de visitantes ya se había contraído un 16,5 por ciento. A partir de marzo no se han hecho reportes públicos, pero el cierre de fronteras indica que los visitantes internacionales se han reducido prácticamente a cero desde fines de ese mes. Es incierto todavía el momento para una reapertura parcial del país, pero es posible que ocurra en julio. En todo caso, no se podrá hablar de normalización en los próximos meses. Este sector tiene la característica en Cuba de que depende casi exclusivamente de las llegadas por vía aérea, lo que implica que su recuperación pasa por la apertura de fronteras internacionales en los mercados emisores y la capacidad de las aerolíneas. Es decir, no es mucho lo que pueden hacer las autoridades cubanas para su reanimación. Se ha indicado que podría tener lugar una apertura limitada orientada al mercado doméstico, siguiendo los protocolos correspondientes para evitar la propagación del virus. Es incierto si esta opción estaría vinculada a la nominalización de los precios en moneda extranjera, ante la aguda escasez de divisas que padece la nación.
La industria manufacturera está muy afectada por la escasez de combustible, las medidas de confinamiento y las limitaciones a la importación de insumos, derivadas de las disrupciones en el comercio mundial y la falta de dólares. Algunos productores asociados reportan descensos en la producción de petróleo (- 26%), gas natural y electricidad (- 12%). Aunque esta información puede no ser representativa del total de la industria, particularmente en lo concerniente a la energía eléctrica.
También desde el punto de vista de la demanda, el gobierno ha informado la racionalización de las inversiones en el nuevo contexto, aunque sin detalles respecto a la magnitud del ajuste. Ello obedece al descenso de la actividad turística (el turismo venía recibiendo una tercera parte de las inversiones totales), y la necesidad de ahorrar divisas para garantizar niveles de consumo mínimos. Asimismo, varias empresas extranjeras con intereses en el país han comenzado a diferir, paralizar o disminuir el desembolso de recursos para nuevos proyectos, a la espera de conocer mejor el impacto en la economía cubana y las perspectivas de la economía mundial.
Los efectos de esta emergencia se extienden más allá del sector público, que, aunque dominante en Cuba, convive con un relativamente dinámico sector privado y cooperativo que proporciona más de una tercera parte del empleo formal (incluyendo al sector agropecuario). De acuerdo a la consultora Auge, dentro de las 38 actividades más dinámicas de este segmento (trabajo por cuenta propia), el 40 por ciento sentirán un impacto severo debido al impacto económico de la COVID-19. Además de ser un gran creador de puestos de trabajo, este sector ampara a las familias de sus miembros, a sus proveedores, y a no pocos trabajadores informales. Estos últimos no califican para recibir ningún amparo de acuerdo a las medidas previstas por las autoridades.
SECTOR
EXTERIOR
Las principales industrias exportadoras están gravemente afectadas por la incidencia de la pandemia. Cuba es altamente dependiente de ingresos provenientes de los viajes, el transporte internacional, y las remesas. El ingreso turístico se afecta a razón de 140 millones de dólares mensuales aproximadamente, mientras dure la paralización total. Ya en el primer trimestre, Meliá Hoteles reportaba una reducción del 13 por ciento en la ocupación lineal, y de 48 por ciento en los ingresos percibidos por sus contratos en Cuba.
Adicionalmente, dos de los bienes exportables estrella (ron y tabaco) son vulnerables a los cierres prolongados de bares, restaurantes y otras actividades de esparcimiento y diversión. En el caso del tabaco torcido a mano, la mayor parte de sus envíos se hacen vía aérea, y la aviación comercial está casi detenida en este momento.
No obstante, Cuba sí tiene una característica especial. El 48 por ciento de sus exportaciones (datos de 2018) se vinculan con la salud humana. Eso se descompone en servicios médicos (6 400 millones de dólares) y productos farmacéuticos (400 millones, incluyendo genéricos y biotecnológicos).
En este escenario se abre una perspectiva interesante. Un gran número de expertos anticipa una revalorización de los servicios de salud y del papel del sector público en su gestión. La mayor atención e inversiones en el sector representa una ampliación del mercado para un exportador especializado como Cuba.
De momento, la Isla ha enviado 25 brigadas de médicos y otros especialistas a 22 países para asistir en el enfrentamiento a la crisis sanitaria derivada de la epidemia (más de 2000 profesionales del sector). Eso incluye por primera vez a países desarrollados: Italia, Andorra y Francia (departamentos de ultramar en el Caribe). Asimismo, uno de los productos más tradicionales de la biotecnología de la Isla, el Interferón Alfa 2b humano se ha incluido en los protocolos de tratamiento del virus COVID-19 en muchos países. Los directivos del sector indicaron que se han recibido solicitudes de 45 naciones.
Lo que no es posible saber es hasta dónde estas tendencias indican que esos sectores podrán generar ingresos suficientes como para compensar las pérdidas en otras actividades. Hay que tener en cuenta que, en medio de una epidemia, la colaboración ofrecida no apunta a una operación fundamentalmente comercial, aunque no se descartarían algunos ingresos. De todas formas, en momentos cuando hay un sector en Estados Unidos y algunos países de América Latina muy crítico con la “colaboración médica” de Cuba, este episodio solo puede contribuir a resaltar su suficiencia en el sector. En última instancia, esta posibilidad depende del éxito de la Isla en la contención y control del brote en su propio territorio, algo que hasta mediados de mayo parece estar ocurriendo. Con recursos muy limitados, el aumento de los contagios ocurre de forma muy lenta, y no hay saturación en los centros de salud.
Los precios de productos relevantes para Cuba exhiben dinámicas mixtas en lo que va de 2020. El petróleo, ha tenido una clara tendencia al descenso desde marzo, como resultado del colapso de la demanda mundial asociada al impacto de la pandemia. En semanas recientes ha mostrado cierta recuperación, pero siempre en niveles muy bajos. En principio esto puede parecer beneficioso para Cuba, un importador neto. Y lo es. Pero solo hasta cierto punto. A más largo plazo las consecuencias pueden ser negativas. La razón estriba en que varios de los socios claves de la Isla (Venezuela, Argelia, Rusia, Qatar, Angola) son exportadores de energía que dependen de esos ingresos para mantener a flote sus balanzas de pagos y presupuesto. Por supuesto, no todos están en la misma situación. Venezuela es muy vulnerable. La producción de petróleo ha continuado descendiendo en 2020, lo que parecía casi imposible dados los bajos niveles que se alcanzaron a fines de 2019. Si en el último trimestre del año pasado la extracción promedió 859 mil barriles diarios, en abril de 2020 apenas llegó a 737 mil. La CEPAL estima una contracción adicional del PIB venezolano del orden del 18%. Esas son malas noticias para la Isla.
No obstante, en el caso del metal, al menos en los primeros tres meses, los precios realmente obtenidos por su comercialización en el mercado mundial no se diferencian sustancialmente de los del año anterior, por lo que la dinámica de los ingresos sigue determinada por los volúmenes entregados.
En relación a la inversión extranjera, el gobierno cubano informó que no considera abandonar sus objetivos para este año. A mediados de abril la televisión nacional dio a conocer que se habían firmado contratos por 600 millones de dólares, y se estaban negociando acuerdos por otros 1000 millones de dólares. No obstante, es esperable que el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales y el desenfreno de la administración Trump con las sanciones aumente aún más si cabe el riesgo financiero asociado a las operaciones con la Isla.
Es de esperar que, ante la baja de los ingresos externos, Cuba tenga nuevas dificultades para seguir adelante con los pagos a proveedores, empresas extranjeras y acreedores institucionales. Como muchos otros países en estas circunstancias, se puede esperar acciones del gobierno para restructurar parte de los adeudos. Ya a principios de este 2020, un alto cargo estuvo en París para explicar la imposibilidad de desembolsar lo pactado en octubre relacionado con la duda con miembros del Club de París, y pedir una prórroga hasta mayo. Con el impacto de la epidemia, no se conoce si este pago se habrá llevado a cabo finalmente.
El desempleo masivo y el retroceso del ingreso en los países ricos, también impactará negativamente las remesas. En Estados Unidos, principal origen de estos recursos para la región de América Latina y para Cuba, la cifra de desempleados ha sobrepasado los 30 millones, y la tasa de desempleo llegó a 14,7 por ciento. Estas cifras indican una caída de actividad más profunda que en la última recesión. Diálogo Interamericano estima que los envíos se reducirían entre 7-20 por ciento por ciento, mientras que The Havana Consulting Group calcula caídas más bruscas, entre 20-30%. Lo que ya está ocurriendo es que la suspensión temporal de vuelos elimina los canales informales, por lo que ocurre un desplazamiento hacia las vías formales. En esa línea, las plataformas digitales ganan cuota de mercado. Una consecuencia de esta dinámica es que, aunque el monto total se contrae, es muy posible que una mayor proporción de los envíos pase por el sistema financiero de la Isla, lo que contribuye a aliviar la balanza de pagos.
POLÍTICA
MONETARIA
Las autoridades monetarias cubanas enfrentan un escenario muy complejo en 2020, ahora con nuevos desafíos derivados del impacto económico de la pandemia. El objetivo de mantener la estabilidad de precios se torna elusivo. A continuación, se examinan una serie de factores a tener en cuenta.
En primer lugar, la Isla ya venía mostrando síntomas inequívocos de padecer una creciente inflación reprimida. La liquidez monetaria en manos de la población subió hasta el 27,1 por ciento del PIB en 2018, desde 17,8 en 2013. El déficit fiscal llegó a 8,1% del PIB ese mismo año, pero fue de solo 1,3% en 2014. A ello se suma un proceso de redolarización parcial informal primero, y luego institucionalizado a partir de noviembre de 2019, cuando se reabrieron establecimientos para la venta en moneda extranjera de artículos de uso duradero. La razón primordial es la exacerbación de la escasez de divisas derivada de los problemas en balanza de pagos. A su vez, estos se originan en aspectos estructurales de la economía cubana que la reforma de la última década no pudo resolver, especialmente el pobre desempeño de los sectores transables y su papel pasivo en el esquema productivo de la Isla. Como contrapartida a estas tendencias, la tasa de cambio informal se movió desde 0,95 CUC/USD en julio de 2018 hasta 1,1 en febrero de 2020 (con información de IslaData).
Por último, concurren dos elementos. Por un lado, persisten la ineficiencia en el sector público y en la empresa estatal en particular, lo que supone desembolsos de salarios no justificados por incrementos de volúmenes de producción. Asimismo, si bien hasta el 70 por ciento del déficit fiscal se cubre con deuda pública, esto supone emisión secundaria sobre la base de ahorros hasta entonces inmovilizados. Esto último se aceleró a partir del incremento generalizado de salarios en el sector público presupuestado (dependiente de transferencias del presupuesto central). Una medida justificable solo desde el punto de vista político. Si bien hasta el momento no se observa un episodio de inflación descontrolada, la epidemia puede agudizar las presiones sobre los precios.
La pandemia COVID-19 supone un punto de inflexión en el abordaje de estos equilibrios macroeconómicos. La escasez de productos de primera necesidad, que había comenzado antes, se ha exacerbado. Ello responde a la contracción de las importaciones y al descenso de la producción nacional, en particular la producción agropecuaria. Por ejemplo, una provincia cubana reportaba que para satisfacer la demanda de alimentos necesita distribuir un promedio de 96 toneladas diarias, mientras que a mediados de mayo 2020 solo está recibiendo 35 toneladas. Frente a desequilibrios de esta magnitud, los controles de precios y las campañas para llevar a acaparadores e incumplidores de precios ante los tribunales solo tienen efectos temporales, que se diluyen muy rápidamente. La criminalización de comportamientos resultantes de realidades socioeconómicas objetivas, no es la solución.
Otro elemento que contribuye a dimensionar la escasez es el cierre de fronteras y su impacto en el trasiego individual de mercancías hacia la Isla, incluyendo las denominadas “remesas en especie”. Los viajes de cubanos residentes permanentes al exterior han crecido a tasas de dos dígitos desde las modificaciones en el código migratorio en 2013 y la reforma económica que abrió espacios para la actividad productiva privada. Es bien conocido que las mercancías que se reciben en los aeropuertos como equipaje individual, nutre los mercados internos de bienes de consumo de todo tipo y provee un canal de aprovisionamiento para los negocios privados. El cierre de este canal aumenta la escasez, presionando todavía más los precios al alza.
El pronóstico es que las presiones inflacionarias aumentarán durante todo el 2020. Ante este escenario desfavorable, cabe considerar algunas opciones: introducir medidas estructurales orientadas a elevar la oferta doméstica de productos de primera necesidad (alimentos, bienes industriales simples); contener el gasto público no esencial incluyendo controvertidos pagos a empresas para cubrir ineficiencia; relajar los controles a la importación individual en frontera, incluyendo prominentemente alimentos, medicinas, e insumos; y priorizar la importación de bienes básicos de consumo e insumos para la producción. Desafortunadamente, quizá esto no sea suficiente, y tenga lugar una profundización de la dolarización institucional. Sería una medida incómoda, que reproduciría el contexto de inicios de la década del noventa. No obstante, no es descartable. En caso necesario, lo que sí pudiera hacerse es su extensión hacia el consumo no esencial, como vacaciones y bienes suntuarios. Dado que existe estratificación económica, es esperable que la demanda efectiva sea suficiente para alcanzar la escala mínima necesaria.
2. PERSPECTIVAS ECONÓMICAS
Las autoridades cubanas anticiparon un modesto incremento del PIB del 1 por ciento para 2020, antes de desencadenarse este nuevo escenario. Esas perspectivas incluían una contracción modesta de las importaciones, lo que hacía difícil anticipar cualquier escenario de mayor dinamismo productivo, dado el carácter abierto de la economía.
En las nuevas condiciones, esas previsiones están ahora en territorio negativo. De acuerdo a la CEPAL, el pronóstico para 2020 contempla una contracción del 3,6 por ciento, muy conservadora considerando el deterioro generalizado del panorama internacional y las vulnerabilidades anteriores que arrastra la Isla. Esas cifras con casi total seguridad serán actualizadas a la baja en la revisión de mediados de año. De acuerdo a los modelos de crecimiento a corto plazo estimados para Cuba, la caída de la actividad productiva debe estar entre 5-6 por ciento, con presiones a la baja. La tasa de crecimiento de los primeros diez socios comerciales (contempla bienes y turismo) ponderada por su participación en el comercio exterior cubano se calculó en -8,3 por ciento. Solo uno de ellos, China, tiene un estimado positivo para este período.
La vulnerabilidad se ve acentuada porque la nación del Caribe no podrá participar en ningún esquema de compensación patrocinado por los organismos financieros internacionales y regionales. Cuba no es miembro de ninguno de ellos, con la excepción del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Banco Internacional de Inversiones, que es un pequeño banco heredero del fondo de desarrollo de los antiguos países socialistas. No se han anunciado provisiones por ninguno de los dos en términos de financiamiento contingente para apoyar a sus miembros.
Por otro lado, la actual administración norteamericana mantiene su presión extrema, y a mediados de mayo el Departamento de Estado anunció la reincorporación de Cuba en la lista de estados que no contribuyen suficientemente en la lucha contra el terrorismo.
Teniendo en cuenta las condiciones actuales, en los próximos meses se debe anticipar un escenario económico adverso con las siguientes características:
1. Endurecimiento de la restricción externa.
2. Aumento de la escasez de productos de todo tipo.
3. Énfasis en el control de la epidemia para garantizar el retorno de los viajeros internacionales en cuanto las condiciones así lo permitan.
4. Prioridad a la producción doméstica de alimentos y otros bienes industriales perecederos.
5. Medidas de austeridad fiscal, y en el consumo publico de bienes intermedios como la energía.
6. Restructuración de adeudos con proveedores privados e institucionales.
Las autoridades deberían considerar otras medidas para acelerar la recuperación sobre bases más sostenibles, entre ellas: flexibilizar las condiciones de operación del trabajo por cuenta propia, y en general, de todo el sector no estatal, teniendo en cuenta que estos operan en actividades que producen bienes y servicios básicos para el mercado doméstico y el turismo internacional y generan mucho empleo, incluyendo puestos de trabajo informales; facilitar la importación individual de mercancía general, especialmente alimentos y medicinas; propiciar el establecimiento de alianzas provechosas entre el sector estatal y privado para atender los cuellos de botella en las plataformas de venta online y la entrega de productos; creación de grupos mixtos para el monitoreo de precios a los productos alimenticios para tener en cuenta los intereses legítimos de los productores y distribuidores.
Ello ayudaría a maximizar el abastecimiento de los mercados; considerar la realización del cambio monetario-cambiario para aprovechar una coyuntura de reducción sustancial de transacciones monetarias en el conjunto del sistema económico.
3- SITUACIÓN POLÍTICA
Las autoridades cubanas enfrentan tres desafíos claves en 2020.
En primer lugar, alcanzar un control total de la epidemia que permita relanzar el destino Cuba ojalá a tiempo para la próxima temporada alta en noviembre. Asimismo, eso fortalecería la confianza en el gobierno y ayudaría a reforzar la marca Cuba asociada a un país líder en el sector salud.
En segundo lugar, es un imperativo conjugar un programa económico de emergencia que combine los aspectos propios de la coyuntura con la aceleración de la reforma económica que ha estado estancada en los últimos cuatro años, principalmente debido a factores ideopolíticos y el endurecimiento de las condiciones externas. Esto es importante porque en 2021 se celebrará el VIII Congreso del Partido Comunista, máximo foro político quinquenal, y hasta este momento, es muy poco lo que se pude mostrar en términos del cumplimiento de los ya modestos acuerdos relacionados con la reforma. Es decir, lo que se implemente para manejar el escenario de la epidemia debe ser coherente con el impulso de la reforma. El sector que mejor dibuja esa contradicción es la agricultura, cuya debilidad estructural se convierte en un lastre para la Isla en las actuales condiciones.
El tercer elemento tiene que ver con el cumplimiento del cronograma legislativo aprobado por la Asamblea Nacional (parlamento cubano). Este es uno de los procesos políticos más importantes en la actualidad, dado que el mismo permitía implementar todos los cambios que contiene la Constitución, que no son pocos, incluyendo el área económica y de los derechos civiles y políticos. Por ejemplo, la flexibilización del sector no estatal podría lograrse parcialmente con el adelanto de varias nomas jurídicas que solo están previstas para 2022. Por el contrario, el área de los derechos individuales exhibe algunas complicaciones.
Recientemente, algunas autoridades dejaron entrever que el nuevo Código de Familia, que contendría las nuevas provisiones en términos de derechos sexuales, podría retrasarse. Ello sería un mal comienzo para un calendario que apenas fue anunciado a fines de 2019.
Las opiniones vertidas en este informe son responsabilidad del autor y no representan a las instituciones individuales que integran el Círculo de Estudios Latinoamericanos –CESLA-
Por Yadiel Lazcano Quevedo, miembro del buró provincial de la ANAP en la llamada Perla del Sur, explicó que el gesto ha sido protagonizado por más de 291 campesinos de unas 80 cooperativas, pero existe un grupo mayor dispuesto a contribuir con la alimentación de pacientes y personal de la salud
Foto: youtube.com
Por MARIETTA MANSO
Cada semana los Centros de aislamiento para casos sospechosos o contactos de la COVID-19 en la provincia de Cienfuegos reciben donaciones de granos, viandas, cárnicos y leche, entregadas por miembros de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en el territorio.
Yadiel Lazcano Quevedo, miembro del buró provincial de la ANAP en Cienfuegos, explicó que el gesto ha sido protagonizado por más de 291 campesinos de unas 80 cooperativas, pero existe un grupo mayor dispuesto a contribuir con la alimentación de pacientes y personal de la salud.
Añadió que igualmente se han entregado productos a 18 centros asistenciales, entre estos el Centro Especializado Ambulatorio de Cienfuegos, los hoteles Deportivo y Cienfuegos, hospitales Pediátrico, y Provincial Gustavo Aldereguía Lima y la villa Perla Azúcar.
Dijo que en cada municipio tributan con producciones agrícolas al Sistema de Alimentación de la Familia, a las casas de abuelos, policlínicos, los Hogares de ancianos y maternos, así como también a familiares de médicos que están cumpliendo misiones en el exterior por la COVID-19 y a los propios profesionales que brindan su trabajo contra la epidemia dentro del territorio, y a los médicos residentes en el radio de acción de las cooperativas.
Comentó que los donativos son completamente voluntarios, no afectan la contratación de los campesinos, y en cada ocasión se acuerda con la Dirección de Salud para llevar los productos que se necesiten al lugar apropiado, y siempre queda registrado el aporte.
Magalys Sánchez Calaña, subdirectora de Economía de la Dirección Provincial de Salud, dijo que esa actitud es el resultado de una labor conjunta de años con la ANAP, cuyos miembros han apoyado sistemáticamente la alimentación en las instituciones sanitarias.
Dijo que también trabajadores por cuenta propia dedicados a la actividad de la gastronomía han aportado galletas y confituras, mientras grupos de campesinos entregan frutas y mermeladas para las meriendas.
La provincia de Cienfuegos cuenta con 103 cooperativas que reúnen a más de 20 mil 500 asociados y familiares, y en todas hay establecidos puntos de desinfección, en tanto las personas trabajan la tierra provistos de nasobucos confeccionados por la Federación de Mujeres Cubanas y guardan la distancia física requerida. (ACN).
Según el sociólogo, filósofo, economista, jurista, historiador y politólogo alemán Max Weber, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, el protestantismo es uno de los elementos constitutivos del origen del capitalismo. A partir esa misma lógica del desarrollo, es evidente que la reaccionaria y tradicional iglesia neo pentecostal –nacida en y
exportada por Estados Unidos– es parte fundamental de la actual fase neoliberal del capitalismo, la que promueve que el Estado no intervenga en la sociedad, que sea partidario del individualismo más cruel, ajeno a toda solidaridad social y que privilegie el control confesional incluso sobre la salud de la población.
Aproximadamente así lo aprecia el doctor en ciencias económicas, sociólogo, investigador, docente, periodista y poeta argentino Jorge Elbaum en su artículo “Pastores del Virus”.
El modelo de los pastores carismáticos multitudinarios fue exportado por Estados Unidos a América Latina en los años 1970 para debilitar a la Teología de la Liberación, corriente de la Iglesia católica comprometida con el destino de los más pobres.
El pastor Gerald Glenn, referente de la congregación New Deliverance Evangelistic de Richmond, desafió recomendaciones de aislamiento social afirmando que “Dios es más grande que este temido virus” y advirtió que no iba a consentir el cierre temporal de su templo. “Soy esencial como predicador, porque hablo con Dios”, manifestaba. Glenn falleció el 22 de marzo último por coronavirus pero su esposa pelea aún contra la enfermedad.
El mismo destino lo sufrió Landon Spradlin, líder de la comunidad evangélica de Virginia, quien se convirtió en un acérrimo defensor de los postulados de Donald Trump. El 25 de marzo último murió a los 65 años, poco después de afirmar que la cuarentena tenía como objetivo básico “manipular la vida de los ciudadanos estadounidenses” y que su comunicación a través de los medios estaba produciendo “un innecesario terror”.
A mediados de abril la editorial Life Way Christian Resources de Tennessee reprodujo los resultados de una encuesta sobre la percepción de los pastores, en relación con la pandemia: el 81 % de los consultados indicó que “el amor de muchos creyentes se está disipando como producto del distanciamiento social”, razón por la cual se debían mantener abiertas sus congregaciones.
En Corea del Sur, la Iglesia de Jesús –conocida como la congregación de Shincheon, promovente de asambleas multitudinarias– se convirtió en el epicentro de los contagios con COVID en ese país. Su máximo referente, el pastor Lee Man-Hee, impulsó a sus seguidores a oponerse a las rigurosas medidas de aislamiento ordenadas por el gobierno. El 60 % del total de los infectados de ese país pertenecen a ese colectivo.
En situaciones de crisis como la actual, los fundamentalismos religiosos (de todas las confesiones) se oponen a las regulaciones humanas a la ley de dios, exigiendo obediencia a mandatos divinos que supuestamente interpretan y gestionan. Sus reclamos aperturistas se aprecian motivados por las expectativas de pérdidas en la recaudación proveniente de las contribuciones y los diezmos de los feligreses. Los líderes de la ortodoxia confesional consideran que la falta de ingresos puede llevar a la quiebra de sus empresas comerciales. El lógico temor que genera la pandemia permite a los líderes fundamentalistas apelar al discurso apocalíptico y aconsejar a los pecadores un regreso a la verdad revelada.
En América Latina la tradición neopentecostal se consolidó difundiendo la denominada teología de la prosperidad, que sostiene que la riqueza es un don divino. Los multimillonarios, para esa tradición, son sujetos que han sido recompensados por la deidad y carecen de responsabilidad por la inequidad que originan. Según sus referentes, no se les puede acusar de mezquindad por aquello de que al acumular riquezas someten al resto de la humanidad a la miseria. Desde ese posicionamiento ideológico se defiende el sexismo y el patriarcado, y se agrede a las identidades LGTBI, a los movimientos feministas y/o a quienes promueven la interrupción voluntaria del embarazo.
Según el sociólogo Max Weber, el protestantismo es uno de los elementos constitutivos de los orígenes del capitalismo. En esa misma lógica, aparece como evidente que la reaccionaria tradición neo pentecostal –nacida en y exportada por Estados Unidos– es parte fundamental de su actual fase neoliberal, que promueve tanto un Estado indiferente (no intervencionista) como la preeminencia de un individualismo cruel, ajeno a toda solidaridad social, privilegiando el control confesional por encima, incluso, del gubernamental en materia de atención de la salud de la población.
Mayo 18 de 2020.
Este artículo se puede reproducir citando al periódico POR ESTO como fuente
CAMBRIDGE – Lo sucedido en los últimos tres años despedazó el mito de que la Constitución de los Estados Unidos puede proteger a la democracia estadounidense contra un presidente narcisista, impredecible, polarizador y autoritario. Pero el peligroso ocupante de la Casa Blanca no es la única fuente de problemas del país. Todos los estadounidenses tenemos una cuota de responsabilidad por el estado actual de cosas, porque hemos descuidado instituciones cruciales e ignorado las crecientes debilidades estructurales que crearon las condiciones para que fuera posible la aparición de un demagogo como Trump. Los problemas estructurales que hoy aquejan a Estados Unidos esconden al menos tres fuentes de tensión. La primera es económica. En las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos consiguió no solamente crecer a gran velocidad, sino también en forma ampliamente compartida; el salario de la mayoría de los trabajadores aumentó a un ritmo cercano al 2% anual en promedio, a la par con el incremento de la productividad. A este crecimiento contribuyeron instituciones del mercado laboral como el salario mínimo y los sindicatos, y cambios tecnológicos que generaron puestos de trabajo de calidad (bien remunerados y seguros) para la mayoría de los trabajadores estadounidenses.
Pero estas estructuras institucionales comenzaron a desintegrarse en los ochenta. El empleo de calidad empezó a desaparecer, la desigualdad comenzó a ampliarse, la mediana del salario real (tras descontar la inflación) se estancó, y de hecho el salario real de los trabajadores poco cualificados comenzó a declinar. Este giro obedeció a una variedad de factores, entre ellos la pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo federal, nuevas leyes y sentencias judiciales que debilitaron la negociación colectiva, cambios en las normas sobre fijación salarial, el comercio con China, la deslocalización y la automatización.
Al principio las importaciones baratas y la automatización redujeron el empleo en numerosos sectores de la industria liviana (por ejemplo la producción textil, de indumentaria y de muebles). Pero con la difusión de la robótica, pronto siguió la industria pesada. Históricamente, la decadencia de algunas industrias siempre había sido acompañada por la creación de otras que ofrecieran empleo de calidad a, por lo menos, una parte de los trabajadores desplazados. Pero ese proceso comenzó a fallar en los ochenta. A partir de entonces, y sobre todo desde el año 2000 más o menos, el peso del cambio económico en Estados Unidos comenzó a caer cada vez más sobre comunidades de clase media (a menudo, blancas).
La segunda fuente de tensión es política. El sistema democrático podía corregir las tendencias económicas mencionadas dando voz a los estadounidenses económicamente desfavorecidos. Pero eso no ocurrió, por una variedad de razones, en particular un proceso de redistribución del poder político en detrimento de los votantes de clase media que se dio en las últimas décadas.
Muchos atribuyen este cambio al peso creciente de la «política del dinero»: los aportes de campaña, el lobby tradicional y la eliminación de restricciones al gasto corporativo en política tras la famosa decisión de la Corte Suprema en el caso Citizens United (2010). Pero puede que un factor incluso más fundamental haya sido el surgimiento de la «política del estatus», que confiere una cuota desproporcionada de poder político a las élites pudientes y altamente educadas de las dos costas oceánicas de los Estados Unidos. Emprendedores tecnológicos, magnates de Wall Street y consultores en administración de empresas obtuvieron creciente influencia en Washington, no sólo porque sean ricos, sino porque parecen representantes de una clase competente e ilustrada.
Una tercera fuente de tensión tiene que ver con la pérdida de confianza en las instituciones. Las instituciones estadounidenses y las élites acomodadas no sólo no evitaron la crisis financiera de 2008 y la posterior recesión, sino que fueron sus cómplices. Cuando se produjo la debacle, millones de familias perdieron sus hogares y medios de subsistencia, mientras se rescataba a Wall Street.
Estas condiciones permitieron el ascenso de Trump, que todavía puede ganar la reelección en noviembre subido a una ola de desinformación, especialmente si la oposición sigue fragmentada. Pero incluso una derrota de Trump será sólo el comienzo de la tarea de reformar desde las bases las instituciones económicas y políticas de Estados Unidos.
¿Cómo sería una agenda reformista anti‑Trump eficaz? En primer lugar, debe incluir un plan para la creación de más empleo de calidad. Este objetivo es diferente al mero refuerzo de la red de seguridad social (necesario, pero insuficiente) y está a años luz de esquemas distractivos como el ingreso básico universal.
La creación de empleo de calidad demanda invertir más en tecnologías que aumenten la productividad de los trabajadores y generen nuevas oportunidades de empleo. También demanda fortalecer las instituciones del mercado laboral y los mecanismos de protección de los trabajadores, incluidos el salario mínimo y convenios colectivos que induzcan a las empresas a establecer relaciones duraderas con sus empleados, en vez de optar por la deslocalización o la robotización. Del mismo modo, una mejora de la regulación y del cumplimiento de las normas antitrust reducirá el poder de las grandes corporaciones en el mercado laboral y estimulará la competencia y la innovación; esto sentará las bases para una aceleración de la demanda de mano de obra.
La agenda también debe incluir reformas que devuelvan una voz en política a una mayoría de estadounidenses. En los sesenta, el politólogo Robert A. Dahl concluyó que en la política de nivel local, el poder no reside ante todo en élites acomodadas o en los partidos políticos sino en personas comunes activamente comprometidas en los asuntos locales. Tal vez esa conclusión no fuera del todo cierta (Dahl centró su estudio en New Haven, Connecticut); pero aun así, una política impulsada por la ciudadanía es un objetivo deseable.
En esto, la prioridad tiene que ser romper el estrecho vínculo entre los políticos y sus amigos ejecutivos, consultores y financistas, lo cual demandará cambios sistemáticos en la regulación del acceso a los políticos y altos funcionarios públicos, además de una mayor transparencia en todas las etapas del proceso de formulación de políticas. También sería útil crear nuevas agencias que representen los intereses de los trabajadores y de otras franjas olvidadas del electorado.
Finalmente, la agenda debe ampliar la independencia de la burocracia y de la justicia estadounidenses. Por ejemplo, reducir la discrecionalidad de los presidentes nuevos en la designación de funcionarios, para aumentar la continuidad del personal experto en todos los organismos públicos; o encomendar las designaciones judiciales a comités bipartidarios o extrapartidarios formados por jueces y juristas veteranos. Responder a la pérdida de confianza en las instituciones reforzando la autonomía burocrática y judicial puede parecer paradójico; pero el único modo de recuperar la confianza en las instituciones estadounidenses es que estas funcionen en forma correcta e imparcial, para lo cual deben tener personal con experiencia.
En la próxima elección hay mucho en juego. Pero derrotar a Trump no es suficiente. Los estadounidenses tienen que encarar las causas fundamentales de la pérdida de prosperidad, de participación democrática y de confianza en las instituciones. Eso no se logrará a través de la polarización, sino mediante la búsqueda de un nuevo pacto social más amplio y más inclusivo.
No se preocupen por mayo. Da lo mismo. Como si el Gobierno imita a la alcaldesa de Guayaquil y pone furgonetas cruzadas en las pistas de los aeropuertos para que no aterrice nadie. Como si los ingleses crean una cuarentena de cinco semanas. No tiene importancia, durante lo que queda de este mes nadie quiere aún volar, ni los pasajeros, ni las aerolíneas. Y los gobiernos van a aprovechar para mostrarse tremendamente duros con unos viajeros que no tenían pensado volar. Hay que cuidar la imagen.
Pero junio es otra cosa. Especialmente a partir del quince. Ese día, prácticamente todas las aerolíneas, los turoperadores y una parte importante de los hoteles, al menos en los destinos claves de España, Mallorca, Benidorm, Barcelona, Málaga y su Costa del Sol, y Canarias, tienen previsto empezar a operar. Sobre todo desde Alemania y Gran Bretaña, de mantenerse las famosas curvas como van ahora.
No estamos hablando de gente que anuncie a sus clientes esta operativa si antes no lo han consultado con los gobiernos. Nadie comunica a las agencias una fecha sin antes haberse asegurado. Hablamos de Tui, de Lufthansa, de las grandes cadenas hoteleras. José Luis Ábalos está al tanto de todo. Ha hablado con los presidentes autonómicos implicados, ha dado instrucciones. El ministro de Turismo alemán también está en el asunto.
No es sólo España, también Chipre, Bulgaria, Grecia y el Algarve se pondrán en marcha. O sea, una parte significativa de la oferta turística de este verano.
Pero, atención, no serán vacaciones normales. Será todo mucho más light, mucho más controlado, mucho más limitado. Existe el riesgo de que haya un desmadre, dado que este personal psicológicamente saldrá de sus países como quien huye de la peste, creyendo que en el sur puede estar protegido, cuando no es así. Pero, la presión del negocio es muy fuerte. Y la necesidad de dar salidas a tanto parado, vital.
Ahora bien: todo se puede venir al suelo a nada que se produzca una reactivación de la enfermedad. Todo dependerá de si el calor, efectivamente, frena su expansión.
En todo caso, parece que, limitado, con recortes, minimizado, más calmado, con mucho cuidado, algo de veraneo podrá existir desde julio en adelante. Con alfileres, claro.
En las últimas jornadas de la semana, la debilidad del real brasileño gravitó mucho en los precios, al caer frente al dólar a un nuevo mínimo histórico de 5,96 reales por billete verde.
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El precio del azúcar crudo, para entrega en julio, despidió hoy la semana en Nueva York con alza de nueve puntos, a 10,38 centavos de dólar la libra, favorecido por repuntes de las cotizaciones del petróleo.
Las operaciones oscilaron en el rango de 10,05 y 10,68 centavos por unidad, agregó Cubazúcar en su análisis más reciente sobre los movimientos del mercado.
Este mostró en la etapa una tendencia al alza en sus precios aunque dentro del ya conocido rango tratando de construir una base alrededor de los 10 centavos por unidad, señaló además esa empresa del Ministerio del Comercio Exterior y de Inversión Extranjera ( Mincex), de Cuba.
Según la entidad, los volúmenes de operaciones en las sesiones fueron escasos, pues el mercado se ve afectado por muchas influencias y es difícil juzgar qué elemento del ambiente macroeconómico tendrá el mayor impacto en los precios.
En las últimas jornadas de la semana, la debilidad del real brasileño gravitó mucho en los precios, al caer frente al dólar a un nuevo mínimo histórico de 5,96 reales por billete verde.
El aumento del precio del petróleo, luego de que Arabia Saudita anunció que incrementaría los recortes de suministro en junio, influyó positivamente en el del azúcar, consignó además la empresa del Mincex.
Mientras, en el mercado de Londres el azúcar refino o blanco, con fecha de suministro en agosto, escaló en la semana 10,90 dólares, a 359,20 la tonelada métrica ( TM).
El rango de operaciones osciló entre los 340,40 y 365,50 dólares por TM.
Las existencias finales de azúcar en 2019/20 en Estados Unidos deberían cerrar en un millón 273 mil toneladas cortas, valor bruto, según un informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos ( USDA).
Este redujo su estimación en un 11 por ciento del pronóstico anterior, de un millón 434 mil toneladas en abril debido a una disminución en la producción de azúcar de remolacha en ese país norteño y de las importaciones del endulzante procedentes de México. (PL)