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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 11 de abril de 2023

Cuba. Trabajos dignos y empleos de calidad: Un gran propósito


Por Yaimi Ravelo / Video: Syara Salado Massip / Víctor Villalba Gutiérrez. Resumen Latinoamericano, 11 de abril de 2023.

La Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano entrevista a Ariel Fonseca Quesada, Director General de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).

El mundo de los trabajadores y obreros de todos los sectores de la sociedad en el planeta cambió notablemente en los últimos tres años. La pandemia, las diversas crisis económicas y multidimensionales, sin olvidar las guerras que afectan a la humanidad en su totalidad cambiaron la cotidianidad de los seres sociales y dentro de sus actividades principales cambiaron las normas al interior del régimen laboral tradicional.

En este mismo contexto y espacio de tiempo Cuba experimenta una de las crisis económicas mas complejas de su historia, pero con una diferencia, la gran desventaja respecto al resto de los países del mundo. Es sancionada con alevosía por los EEUU, no una vez, ni dos, ni tres, sino 243 veces que equivalen a igual número de sanciones económicas. Una tras otra se fueron aplicando para estrangular la economía cubana, en una coyuntura de gran retracción internacional. Aunque tengamos que reiterarlo: el bloqueo, las sanciones y la absurda inclusión en la ilegal lista de países que auspician el terrorismo, forman parte de una trilogía letal que atenta contra la vida y el desarrollo de un pueblo trabajador, culto, digno y sacrificado como lo es el cubano.

En este periodo pandémico, ante la agresión de la administración estadounidense, el Estado Cubano asumió el reto de implementar una serie de medidas económicas que permitieran salvaguardar las principales conquistas sociales.

La Dirección del País consideró que la Tarea Ordenamiento ponía a la nación en mejores condiciones para avanzar en el perfeccionamiento económico, porque igualaba el tipo de cambio del sector estatal y el no estatal. Evoluciona el trabajo por cuenta propia, se crean las cooperativas no agropecuarias (CNA) y las MiPymes.

Las decisiones fueron consultadas con el pueblo de manera soberana, ajustadas a su modelo económico y refrendadas por la Constitución.

A la vez se abrió un escenario de alta complejidad para el conjunto de los trabajadores: crisis multidimensional de la economía provocada fundamentalmente por el recrudecimiento del bloqueo, a lo que se suma el proceso inflacionario que se vive en todo el mundo, si en París, Madrid o Buenos Aires se siente, para Cuba un país insular, asediado por más de seis décadas, la situación de conjunto ha provocado drásticos cambios en los ingresos de las familias cubanas.

Para abordar la situación actual de los trabajadores en Cuba dentro de las dinámicas que generan los nuevos actores de la economía cubana la Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano conversó con Ariel Fonseca Quesada, Director General de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).

Foto: Yaimi Ravelo.

-La Tarea Ordenamiento -en su programa de implementación- trajo consigo la creación de las MiPymes con el objetivo de impulsar la economía a través de nuevos actores en la producción y comercialización de bienes y servicios. Se genera una nueva fuente de empleo adicional al sector estatal. ¿Desde el MTSS cómo se contrarrestaría la brecha entre los salarios de los trabajadores estatales respecto a los trabajadores del sector no estatal, en medio de la crisis económica marcada por la inflación monetaria?

-Nosotros estamos definiendo el salario mínimo para todos los sectores, el cumplimiento para las legislaciones laborales es en todos los sectores de la economía. No vamos a poner a competir los salarios en los diferentes sectores. Nuestro propósito es que haya un trabajo digno, que se logren empleos de calidad que partan también de los ingresos.

Desde el MTSS -aprobado por el gobierno en el Decreto 53- venimos trabajando en la descentralización de las facultades del sistema empresarial cubano, se han logrado resultados. Es decir, descentralizar y lograr que sean los consejos de dirección de las empresas en común acuerdo con la organización sindical quienes definan los grupos y escalas de la distribución de los ingresos.

Esto ha permitido el aumento de los ingresos de los trabajadores, todavía insipiente en el sector empresarial que son un poco más del 50% del sector estatal.

Y para el sector presupuestado, cercano a la otra mitad del sector estatal se están proponiendo medidas relacionadas esencialmente con el alto desempeño y con los resultados que puedan impactar en los ingresos.

En magnitud de los ocupados en el sector estatal es casi la mitad de todos los ocupados, casi el 70% son trabajadores dedicados a la educación, a la salud, representan una altísima prioridad y que tendrá también que venir aparejado a reformas salariales a partir de lo que nos permita la situación económica del país.

Cerca de 4.6 millones de cubanos están ocupados*:

–De ellos 1.3 millones ocupados en el sector no estatal.

-Tres millones ocupados en el sector estatal: que comprenden el sector empresarial y el presupuestado.

-El 70% de los ocupados del sector presupuestado son trabajadores de la salud y la educación (7 de cada 10 trabajadores del sector presupuestado cubano).

En el balance del impacto del desarrollo de las Mipymes y las cooperativas no agropecuarias tenemos desde el MTSS claridad de cuantos trabajadores existen por cuenta propia, número que no ha disminuido a pesar de la creación de las Mipymes. No se puede hablar solo a partir del reordenamiento en septiembre del 2021.

Desde el 2008 y 2009 -posterior al VI Congreso del PCC- se aprueban los Lineamientos del Partido y se reconoce y amplía el sector no estatal de la economía aunque no existía Mipymes y CNA, pero sí hubo un reordenamiento de las fuerzas de trabajo donde aumentó más de tres veces la cantidad de trabajadores por cuenta propia.

Indiscutiblemente la aprobación ahora de las Mipymes y CNA amplían ese sector no estatal pero hace también que muchos de los trabajadores por cuenta propia que se encontraban ahí se desplacen hacia las Mipymes.

Ahora, aunque se han registrado mas de 50 mil trabajadores en las Mipymes no ha representado una disminución significativa en los trabajadores por cuenta propia. En el 2021 cerramos con 617 mil trabajadores por cuenta propia y ahora estamos cerrando con un aproximado a los 600 mil, por lo tanto, hay una disminución de 17 mil en números absolutos pero hay más de 50 mil trabajadores registrados en las Mipymes. Aunque existen estos nuevos actores no ha representado una disminución del trabajo por cuenta propia.

Más del 33% de los trabajadores o de los ocupados en la economía en Cuba son del sector no estatal. Representan una cifra importante, más de un millón de trabajadores -de ellos más de 600 mil trabajan por cuenta propia-. Esta modalidad se ha venido flexibilizando desde el año 2011 donde se amplió el alcance de la cantidad de actividades que se podían desarrollar en este sector.

En otra gran magnitud están las cooperativas agropecuarias (CPA), que desde la década del 90 se aprobaba la creación de cooperativas agropecuarias en sus diferentes modalidades, tanto propiedad de la tierra como de créditos y servicios, unidades básicas de producción cooperativa o agropecuarias. Es decir, hay una cifra importante de más de 300 mil trabajadores en las cooperativas agropecuarias.

A partir de septiembre del año 2021 con la creación de las Mipymes y de las cooperativas no agropecuarias en una mayor escala, -que como se conoce también se venían desarrollando desde hace un tiempo-.

En los últimos diez años el proceso de reordenamiento laboral ha ido encaminado a disminuir la cantidad de trabajadores en el sector estatal y aumentar ese sector no estatal, -que como reconoce los lineamientos y normas aprobadas- la empresa estatal socialista y el sector estatal se encargaría de los medios fundamentales de producción y eso ha traído que aumente ese sector no estatal que representa mas del 30% de los ocupados en la economía.

En la distribución por territorios de las micro, pequeñas y medianas empresas la mayor concentración se encuentra en la capital y en un segundo lugar la provincia Granma.

-En esta dinámica de la ocupación laboral en Cuba, cómo se comporta la migración de los trabajadores del sector estatal hacia el sector no estatal. Estamos conscientes que existe ese desplazamiento. ¿Esta dinámica o movimiento afecta la fuerza de trabajo en el sector estatal?

-Si claro, sobre todo se van especialistas y expertos de muchos años de experiencia. Pero es parte de los riesgos que tenemos que correr, indiscutiblemente -este movimiento- lo vamos a tener. A nivel macro no lo controlamos porque es muy difícil conocerlo, aunque tenemos por ejemplo la procedencia de los trabajadores por cuenta propia.

La mayoría de estos nuevos actores han sido personas desvinculadas que para nosotros es importante, pero si ha existido traslado sobre todo en el sector estatal hacia el no estatal.

Le toca a las instituciones del Estado lograr retener la fuerza de trabajo y no con medidas administrativas, sino con empleos de mayor calidad y otro tipo de medidas en las unidades que hemos ido descentralizando.

Reconocemos el valor de ese sector no estatal que va creciendo como un complemento del sector estatal. ¿Cómo será este comportamiento en otros países? En otros países el sector privado también cobra mucho más que el estatal.

-Se registran cambios demográficos que influyen en la población económicamente activa (PEA) del país.

-Sé a lo que te refieres, sin embargo, en el tema migratorio en Cuba por las normas que están aprobadas hasta ahora, la mayoría de los cubanos que hoy están laborando fuera de la isla para nosotros están contemplados en todos los temas del país. Es decir, la PEA ahora mismo puede contemplar a un joven que hace seis meses está en Ecuador trabajando, si él entra a Cuba dentro de un año y 11 meses no pierde su ciudadanía y está contemplado tanto en el padrón electoral como en la PEA.

El país tiene que trabajar también en esta población que hoy no está aportando de manera directa a la economía del país, porque indiscutiblemente no lo hacen y no cuentan con el aporte a la Seguridad Social. Puedes estar trabajando diez años en España, sin embargo, al regreso no acumulaste para tu Seguridad Social en el país.

Sí ha disminuido la PEA pero más bien por el envejecimiento poblacional.

El año pasado se jubilaron 145 mil personas, salieron del mercado laboral. Estamos promoviendo la reincorporación de los jubilados que deseen seguir trabajando, porque sabemos también que la expectativa de vida ha aumentado.

Hoy una mujer de más de 60 años que se sienta bien, apta física y mentalmente puede seguir aportando y percibir dos ingresos, la pensión más el salario de la plaza que ocupe.

El envejecimiento poblacional va a impactar en la PEA en los recursos laborales, uno de los efectos más fuertes en la dinámica demográfica del país se verá en los recursos laborales; disminuyen los nacimientos, fallecen o salen las personas de la edad laboral (145 mil el año pasado) y aunque no tengo la cifra exacta los nacimientos fueron mucho menos que esos 145 mil.

Por lo tanto, dentro de 16 años seguirán saliendo del mercado laboral muchas más personas respecto a las que arriben a la edad laboral.

El MTSS dispuso dos subcomisiones de la comisión gubernamental para la atención en la dinámica laboral. El país tiene trazada una política para atender este fenómeno aprobando asuntos de los diferentes ministerios con una mirada intersectorial e integral.

Una subcomisión que nosotros conducimos que es la de Recursos Laborales: Donde evaluamos cuantas personas salen anualmente y cuantas estarían entrando, lo constatamos con los planes de formación y de estudios, con los planes de ingreso a la educación superior teniendo en cuenta las particularidades de cada municipio y provincia.

También conducimos una subcomisión de Servicios de Sistema de Cuidados: el país debe aprobar este año las bases de este sistema para el cuidado de la vida.

El mundo está entendiendo el cuidado como un ciclo de vida, todos los seres humanos desde que nacemos en algún momento somos dependientes de cuidados y lo somos también cuando envejecemos.

Pero estamos viendo que este trabajo no remunerado como labor se ha feminizado esencialmente aquí en Cuba. Desde el MTSS estamos discutiendo aprobar ese Sistema de Cuidados que contiene tres objetivos fundamentales:

  • Reducir el trabajo no remunerado.
  • Redistribuirlo al interior de la familia. (Trabajo feminizado donde las mujeres dedican más de 15 horas semanales más que los hombres a las labores de cuidado)
  • Redistribuirlo en los diferentes actores de la sociedad. (Familia, Estado, actores económicos que pueden ser estatales y no estatales).

En Cuba desde 1959 se desarrollan políticas sociales en materia de cuidados, no podemos olvidar la cantidad de Círculos Infantiles que existen en el país y con qué objetivo se crearon, la cantidad de Hogares de Ancianos y Círculos de Abuelos. Se desarrollan las políticas pero tenemos que lograr este sistema que lo articule y hacia eso vamos, con el objetivo de que se reduzca, se redistribuya y se reconozca el trabajo de cuidado.

El 27% de las personas que salen del mercado laboral en Cuba por una causa que no sea la jubilación es porque van a ofrecer labores de cuidados, más del 90% de esos trabajadores son mujeres. Tenemos que lograr la protección de éstas personas y generar empleos para cubrir la demanda de éstos servicios de cuidados.

Foto: Yaimi Ravelo.

-¿Estas personas que salen del mercado laboral para ofrecer servicios de cuidados en la familia contarán con alguna medida que los proteja?

-Sería adelantarme mucho, pero sí. El objetivo es reconocer los servicios de cuidados como un trabajo, por la situación económica que tiene el país de manera inmediata no podemos decir que las personas que vayan a prestar servicios de cuidados a sus familiares se vayan a proteger económicamente. Estamos diciendo de reconocerlo como un trabajo, pueden solicitar la licencia no retribuida para brindar cuidados -antes el código de la Ley de Seguridad Social solo contemplaba el cuidado de niños- y se deja abierto ahora porque puedes brindar cuidados a personas mayores y no pierdes el vínculo laboral, ahí hay una medida de protección.

Hablar que de manera inmediata éstas personas puedan estar protegidas económicamente por el Estado todavía es algo a discutir mucho, políticamente hay una claridad de este tema, sin embargo, el momento económico que vivimos no está en condiciones de asumirlo.

Hay que partir de los altos montos de la Seguridad Social que aprueba la nación, que tiene un déficit importante pues no logramos los que trabajamos alcanzar la cifra de los pensionados y que más de la mitad es un aporte directo del Presupuesto del Estado. Por tanto, tenemos que verlo en el futuro pero si queremos reconocerlo aunque no hemos llegado a esa (R) de remunerado. Hoy lo reconocemos como un trabajo no remunerado y reconocerlo socialmente, y su impacto en PIB.

Un ejemplo de medida de protección donde Cuba es pionera desde el año 2000, con la aprobación de la categoría de madres con hijos con discapacidades severas. Más de 6 mil madres se les reconoce el trabajo de cuidado, es decir, a esas madres se les protege económicamente y se les reconoce el trabajo los años que están al cuidado de sus hijos.

-El sector no estatal o privado qué aportes genera a los fondos del Seguro Social además del aporte de tipo empresarial.

-Uno de los proyectos que tenemos con el programa Trabajos Dignos es la cobertura en la inocuidad del sistema y la Seguridad Social. La ley de Seguridad Social cubana es una de las más avanzadas de Latinoamérica. A partir de los riesgos que protege y la forma en que lo hace, protege no solo al trabajador, sino a su familia.

Es decir, es bastante abarcadora y todo lo que se ha ido aprobando en materia de actores económicos ha tenido detrás una aprobación al unísono de los regímenes para la protección de los trabajadores del sector no estatal y que indiscutiblemente van aportando también al sistema de Seguridad Social.

Estas variables se han estado analizando para lograr que tengan igualdad y cantidad de riesgos protegidos.

Un logro importante fue la actualización del decreto de la Ley de Maternidad, que se protege de la misma forma a todas las madres, -y aquí hay que hacer una salvedad- en materia de cuidados no solo protege a las madres, también protege a los padres.

Incluso hoy en Cuba se protege también a los abuelos, una joven que es estudiante universitaria que tenga un niño puede incorporarse a los estudios y la madre de esa estudiante (abuela) si es trabajadora puede acogerse a la licencia de maternidad.

El número de hombres que se han acogido a esta ley es muy bajo, solo son seis cubanos que han asumido el cuidado de su niño el primer año de vida. Tenemos que avanzar mucho más en el cambio cultural que va mucho más allá de las normas porque existe la protección pero son muy pocos los que se acogen a esta oportunidad.

Se sigue trabajando y buscando alternativas, los montos -en Seguridad Social- son bastante grandes en un país que está envejeciendo, tenemos que pensar en la gran cantidad de personas que arriban a la edad de jubilación, y adquieren una pensión de la Seguridad Social.

Cómo sostener eso económicamente, cómo hacerlo. Indiscutiblemente tenemos que lograr el aporte de todos los trabajadores cubanos, ya seamos del sector estatal o no estatal. No es posible sostenerlo si no es por esa vía.

Un grupo de trabajo de académicos, de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana y de otros centros de investigación del país, están proponiendo cosas nuevas a hacer y que la Ley de Seguridad Social próxima tendrá en cuenta para determinar las diferentes vías para aumentar los ingresos y hacer sostenible un sistema de Seguridad Social tan grande.

Hoy arribamos a un 22% de personas de 60 años y más. La dinámica demográfica prevé que para el 2030 cerca del 30% de los cubanos tengan 60 años y más. Por la tanto, cómo sostener eso, cuando la tasa de dependencia en Cuba hace poco era de 600 trabajadores por cada 1000 personas. Para el 2030 serán más de 800 de los que no trabajan por cada 1000 que trabajan. A eso nos referimos como tasa de dependencia, tenemos que lograr aplicar alternativas para sostener el sistema de Seguridad Social.

Todos los actores que se han ido aprobando tienen el régimen de la Seguridad Social para que puedan aportar, pero sobre todo para que puedan estar protegidos por la Seguridad Social los trabajadores y sus familias.

-¿Podemos decir que como beneficio estos nuevos actores económicos han atraído a las personas que estaban desvinculadas laboralmente?

-Sí. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece lo que es la tasa de desocupación: personas en edad laboral que estudian o trabajan pero están en busca de empleos. Hay una particularidad de Cuba, hace más de una década tenemos pleno empleo con una tasa de desocupación menos del 3%. Sin embargo, tenemos un sistema desde inicio del 2000 con la inauguración del Programa de Trabajadores Sociales.

Los trabajadores sociales tienen un programa que está dentro de las direcciones de trabajo, ellos identifican el nivel de inocuidad, las personas que no estudian ni trabajan, y ni siquiera han ido a las direcciones de empleos a buscar trabajo.

El empleo en Cuba es un deber, pero también es un derecho reconocido constitucionalmente, tenemos la obligación de generar empleos en las diferentes comunidades donde se les pueda ubicar.

Aunque estamos en un 2% de tasa de desocupación, nosotros vamos en búsqueda de las personas que no han venido a buscar empleos.

Y sí, las entidades o los nuevos actores aprobados han empleado un número importante de personas que no tenían vínculo laboral.

Nosotros con el empleo tenemos otra particularidad -de Cuba-, le garantizamos ubicación laboral año por año a todos los jóvenes, tenemos un enfoque con el empleo de proteger dos sectores: las mujeres y los jóvenes.

Todo joven que se gradúa de las universidades cubanas le damos ubicación laboral, la mayoría en correspondencia con la carrera que estudió. Ubicamos el empleo de todos los graduados en técnico medio, técnicos superiores. Todos los jóvenes que salen del servicio militar activo le damos empleo, es decir, con los jóvenes logramos medidas de protección en la búsqueda de empleos al que puedan acceder en la edad laboral.

El año pasado logramos ubicar a más de 10.400 graduados universitarios, que logramos incorporar la mayoría de las veces en los municipios donde residen y en correspondencia con lo que estudió, eso responde también a los procesos que realizamos previamente de planificación de la fuerza de trabajo calificada. Desde el MTSS estudiamos las demandas de los empleadores, que ya estamos teniendo en cuenta hace algunos años cual es la demanda del sector no estatal. El joven no tiene que salir a buscar empleos, nosotros vamos a las aulas de las universidades y politécnicos a brindarles las ofertas de empleos que tenemos a partir de las demandas del sector estatal y el no estatal.

-Precisamente es una de las particularidades que nos diferencia de los países con un sistema de políticas neoliberales.

-Sí, insistí en eso cuando hablábamos de los ingresos y en ese sector estatal nosotros si hemos logrado avances, por eso hablo de la descentralización. Cuba durante mucho tiempo tuvo centralizado la distribución de ingresos, había grupos de escalas salariales.

Ahora con el Decreto 53 de hace dos años, le da facultad -por ejemplo- al director de la empresa que produce las vacunas de definir cual es el grupo de escala y eso ha representado un aumento de los ingresos a los trabajadores de las empresas de biotecnología. También porque exportan y generan ingresos en divisas al país que al convertirlo les da mayor liquidez.

Indiscutiblemente, hoy el director de la empresa que aporta mucho más tiene la facultad para que su retribución salarial no sea igual que la del resto, por tanto, ese paso de avance ha sido trascendental.

Ese sector de la economía no tiene el mismo ingreso que otro aunque sea del mismo sistema empresarial, pero el impacto -de este otro- no exporta, no genera fuente de ingresos de divisas al país.

También es verdad que el sector privado genera un nuevo ingreso y nosotros tenemos que lograrlo, tienes mucha razón.

Por eso te decía e insisto en este número, porque son conquistas que tenemos y no vamos a retroceder, el 70% de los trabajadores del sector presupuestado están en la salud y la educación, no lo digo como crítica, es significar que ese monto, ese más de un millón de trabajadores nosotros lo dedicamos a la salud y educación del país.

Cuando hablamos de trabajadores de la salud no es solo lo que significa para Cuba, cuántos trabajadores de la salud dan su aporte en decenas de países del mundo, por tanto, ese monto que mentamos tiene un grupo importante de colaboradores de salud en más de 50 países del mundo, como colaboradores, internacionalistas.

El mayor número de plazas de formación que tenemos y no vamos a disminuir, cerca del 70% de las plazas que ofrecemos a la educación superior la dedicamos a las universidades de ciencias médicas y pedagógicas.

Foto: Yaimi Ravelo.

-Derecho Laboral y garantías para los trabajadores de las Mipymes. Nuevos desafíos.

-El MTSS está trabajando en la elaboración de las bases para la modificación del Código de Trabajo. Nosotros hemos insistido en ésto, el Código de Trabajo actual aprobó una aplicación en el año 2013 -hace una década- un grupo de normas, de actores en la actualización del modelo económico cubano. Necesitamos actualizar también este código y nuestra norma suprema del trabajo que nos permita tener en cuenta la aplicación de implementación y el respeto a los derechos laborales en todos los actores y todos los sectores de la economía.

Aunque el código actual habla del trabajo por cuenta propia, no tiene implícito las Mipymes que fueron aprobadas en el 2021. No obstante, la aprobación de los nuevos actores si dice que tiene que regirse por la legislación y lo aprobado hasta ahora en materia laboral.

Ahora mismo se desarrollan capacitaciones y encuentros con las Mipymes y CNA aprobadas para adiestrarlos en esta materia porque el cumplimiento en materia laboral es para todos los sectores de la economía, no solo para el sector estatal.

Estamos trabajando en las bases para modificar el código, y esperamos que en esta legislatura de la Asamblea Nacional que comenzará el próximo 19 de abril puedan -a partir del cronograma legislativo- tener en cuenta el momento en que se pueda actualizar el Código de Trabajo. Uno de los asuntos más trascendentales que tiene está relacionado con la inclusión de manera mas explicita de éstos nuevos actores, y el respeto y las garantías de los derechos laborales, salariales, de seguridad social, a los trabajadores que han ido en aumento en ese sector no estatal de la economía.

Hay que destacar que se han venido aprobando protocolos o formas de actuación ante diferentes manifestaciones, y se deja claro que ante violaciones de los derechos laborales en el sector no estatal los trabajadores se dirigen de manera automática a reclamar sus derechos ante la Sala de lo Laboral en los Tribunales Municipales del Poder Popular.

Los trabajadores del sector estatal en Cuba cuentan con un Órgano de Justicia Laboral conformado por trabajadores y la propia administración -de su centro o institución-, en el caso del sector no estatal van de manera inmediata a los tribunales de justicia que están distribuidos en todos los municipios del país.

-¿Cómo se está comportando el pluriempleo en Cuba?

-El propio Código de Trabajo reconoce el pluriempleo. Nuestra consideración desde el MTSS es que todavía no se aprovecha y creemos que puede hacerse. Con la situación demográfica que tiene el país creemos que esta forma o modalidad del pluriempleo se debe aprovechar. Aunque ahora se ve en mayor medida, hay trabajadores por cuenta propia que también son trabajadores estatales, por lo tanto esa es una modalidad de pluriempleo.

Hay otra modalidad que aprobamos que nos dejó la pandemia a nosotros y a todos los países del mundo, que es la aplicación del teletrabajo y el trabajo a distancia.

En Cuba logramos que desde el 2021 el Código de Trabajo reconoce que el empleador y el empleado pueden pactar el lugar de trabajo. Desde julio del 2021 se emitió la resolución del reglamento para el teletrabajo y el trabajo a distancia.

Queremos lograr que esta modalidad no se utilice solo a partir de una cobertura energética o una emergencia de salud, sino que sea algo sostenible en el tiempo. Estamos discutiendo con los diferentes ministerios cuales son los cargos que se pueden definir en esta modalidad y que se registren en los convenios colectivos de las entidades cubanas para que el trabajador desde que se contrate pueda saber que su cargo lo puede desempeñar de esta forma y que a partir de eso defina cómo hacerlo.

El trabajo a distancia puede representar también una ventaja para que las personas puedan pluriemplearse y distribuir mejor su tiempo.

Aquí llamamos la atención, tratar de que estas contrataciones sean solo por 4 horas. Nosotros no queremos que el pluriempleo en Cuba sea para que las personas trabajen 16 horas diarias.

En Cuba hemos luchado mucho para lograr esa jornada de 8 horas, por lo tanto, el deseo ahora -aunque queremos que las personas aumenten sus ingresos-, no puede tener el pluriempleo en Cuba un carácter neoliberal, dos empleos y trabajar 16 o 20 horas como pasa en otros países del mundo. Sabemos incluso que los propios cubanos que viven en el exterior muchos trabajan a ese ritmo.

Deseamos que aumente esa modalidad de trabajo y que las personas perciban mayor ingreso, pero también queremos que la gente tenga su descanso, sin explotación.

En la concepción de la Cuba que queremos no puede existir la explotación, por qué luchó Antonio Guiteras, por una jornada de 8 horas. Una jornada de más de 8 horas sería un retroceso no un avance.

Trabajo digno y empleo de calidad, es el propósito de la nación.

Foto: Syara Salado Massip.

(*) Las cifras ofrecidas en la entrevista son las utilizadas por el MTSS para el balance y manejo de las políticas de implementación. Las cifras oficiales correspondientes al año 2022 serán publicadas por la Oficina Nacional de Estadística e Información.

Foto de portada: Syara Salado Massip

Fuente: Resumen Latinoamericano Corresponsalía Cuba.

Sobre la aceptación de dólares por bancos cubanos

Por Dr. Oscar Fernandez Estrada

Aceptar dólares en las instituciones financieras es un pequeño paso en la dirección correcta. Nunca debió restringirse. Hoy se reconoce tácitamente. Las razones que se dieron entonces permanecen intactas. Las que se dan ahora guardan escasa relación, más bien son un insulto a la inteligencia si se les compara con aquellas. Aceptar, por parte de los servidores públicos, sus errores con honestidad, es el único modo de demostrar respeto hacia los servidos. Todo lo demás es inadmisible.

 Ahora, volvamos a la medida.

 La primera condición para soñar con un incremento productivo de cualquier naturaleza es poner un poco de sentido común en este entuerto monetario-cambiario tan absurdamente distorsionado, resultado de una política monetaria pasiva, errática e incoherente durante los últimos años, "ordenamiento" incluido.

Esta medida tiene que ser la antesala de un esfuerzo por comenzar a gestionar el mercado cambiario informal. Pero, para ello, algunas cosas tienen que cambiar. Por ejemplo, hay que vender casi tantos dólares como los que se compren, para empezar a tener política monetaria. Dominar la tasa de cambio del mercado por las autoridades monetarias, algo no imposible, es la primera meta.

 Pero, de lo contrario, si la idea está prevista como un mecanismo para captar divisas, dadas las tensiones y las urgencias ya sabidas, en poco tiempo todo se irá por la borda nuevamente. Se reforzará la dinámica inflacionaria con las emisiones de pesos y las opciones de recuperación productiva continuarán alejándose.

 Por otra parte, si el plan es simplemente crear el mecanismo para que las concesiones de mercado interno otorgadas a empresas extranjeras puedan cobrar por sus mercancías importadas, ojalá esté prevista una política rigurosa para fomentar las ventas de la industria nacional en esos supermercados. De lo contrario, la dependencia externa nos seguirá devorando hueso a hueso, una vez aniquilado lo poco que queda de la producción nacional.

 Por último, en un contexto tan severo como el que enfrentamos -supongo que nadie discute que esta crisis es igual o más recia que la de los noventa- las medidas de política económica no pueden aparecer aisladamente de año en año. Tiene que haber un programa integral.

 Es urgente que la dirección del país comprenda que no se puede continuar postergando un programa para estabilizar la macroeconomía, junto con una decidida política de fomento productivo. No hay tiempo para consensos institucionales. No hay tiempo para que las fincas nos bloqueen con sus prácticas anárquicas.

 Aunque, también podemos seguir diluidos y dispersos en torno a cuán buenas o malas son las Pymes. Podemos continuar entretenidos con cada nueva contra campaña que, curiosamente, emergen lo mismo desde espacios oficiales internos que desde los medios acérrimos enemigos... como si no hubiera otros asuntos medulares que amenazan la supervivencia misma de la nación.


lunes, 10 de abril de 2023

Marxismo y geopolítica de la dominación imperialista: Estados Unidos desde una perspectiva teórica1

Por Jorge Hernández Martínez1 * http://orcid.org/0000-0001-7264-6984


1 Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU). Universidad de La Habana, Cuba.

RESUMEN

El ensayo reflexiona, desde una perspectiva teórica marxista, sobre las consecuencias de las crisis que vive Estados Unidos y las implicaciones actuales para la dominación geopolítica norteamericana, hegemónica o no. El análisis se organiza en tres partes: la primera expone las premisas o presupuestos de partida, la segunda sintetiza las consideraciones fundamentales desde las que se enlaza teóricamente, en términos objetivos y subjetivos, la dominación y el poder como ejes de la visión dialéctica aplicada y la tercera presenta el entramado conceptual en el que se integra la hegemonía -cual expresión superlativa de la dominación clasista interna y externa-, que complementa y completa el uso de la fuerza con el consenso, como expresión ideológica que añade el poder simbólico ejercido a través de los instrumentos culturales, al de los económicos, financieros, militares y diplomáticos. Se destaca la importancia de asumir como claves interpretativas la teoría y la epistemología marxista con sentido dialéctico en las investigaciones específicas.

Palabras clave: capitalismo norteamericano; crisis; dialéctica; pensamiento crítico; poder

INTRODUCCIÓN

A la memoria de Héctor Castaño, con respeto, admiración y agradecimiento, por su legado al estudio de la hegemonía y a la enseñanza del marxismo

Las estructuras y tramas que han acompañado al desarrollo capitalista en Estados Unidos han condicionado una gran capacidad adaptativa del imperialismo allí, el cual ha sido capaz de realizar reacomodos que le han permitido absorber y superar los efectos recurrentes de sus propias crisis, entre recaídas y recuperaciones, en medio de un debate inconcluso en el plano teórico acerca de su declinación hegemónica y de un posicionamiento global renovado, en el orden práctico, de su sistema de dominación.

A partir de ese contexto, el presente ensayo reflexiona sucintamente, desde una perspectiva teórica marxista, sobre las consecuencias de las crisis que vive Estados Unidos, asumidas solo en calidad de antecedente, referente y contexto, no como objeto o texto del trabajo. Sobre esa base se examinan de modo abreviado las implicaciones actuales para la dominación geopolítica norteamericana, hegemónica o no. El análisis se organiza en tres partes: la primera expone las premisas o presupuestos de partida, la segunda sintetiza las consideraciones fundamentales desde las que se enlaza teóricamente, en términos objetivos y subjetivos, la dominación y el poder como ejes de la visión dialéctica aplicada, mientras la tercera presenta el entramado conceptual en el que se integran la hegemonía -cual expresión superlativa de la dominación clasista interna y externa-, que con el consenso complementa y completa el uso de la fuerza, como expresión ideológica que añade el poder simbólico ejercido a través de los instrumentos culturales, al de los económicos, financieros, militares y diplomáticos. En su unidad analítica, los tres apartados configuran una unidad lógica de lectura progresiva y holística que procura dejar clara la importancia de asumir como claves interpretativas la teoría y la epistemología marxista con sentido dialéctico en las investigaciones específicas. Un texto conocido, como El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, muestra que el análisis del proceso de reconstrucción de la lucha de clases en Francia en el período de referencia realizado por Marx, refleja el ascenso de lo abstracto a lo concreto y la definición de lo concreto pensado, sin que su aproximación sea principalmente económica, sino política (Marx, 1981). Por otra parte, en la famosa obra, El capital, Marx sigue también el proceso de lo abstracto a lo concreto -ante un objeto como el concerniente en Inglaterra al movimiento de la economía, su ciclo, auge y crisis productiva, industrial y comercial, involucrando a las clases-, pero esta vez privilegiando el enfoque económico, variando las contextualizaciones y el abordaje que le lleva al establecimiento de las determinaciones explicativas (Marx, 1996). Como plantea Engels (1962) en el prólogo a El dieciocho brumario…, las luchas históricas son expresión de la lucha de clases y están condicionadas por el grado de desarrollo de la situación económica, pero el elemento fundamental de la explicación radica en las clases y las categorías que reproducen las contradicciones entre la explotación y la dominación, de un lado, y la resistencia y la lucha, de otro. En la acción y reacción de esas clases, opresoras y oprimidas, intervienen múltiples factores, no solo económicos, sino políticos e ideológicos. Expresado teóricamente en los términos más convencionales de la perspectiva marxista -la del materialismo histórico y la economía política-, a riesgo de esquematizar, bastaría con remitir al lector solamente a un par de obras breves, los prólogos realizados a la Contribución a la crítica de la economía política (Marx, 1973) y a Trabajo asalariado y capital (Marx, 2019), respectivamente: se trata de las interrelaciones entre base/superestructura /formas de la conciencia social, o entre capital/trabajo. Y apelando a Estadística y sociología, un escrito poco referido, tan conciso como los que acaban de citarse, pero con una enorme significación metodológica, en el que Lenin (1978) advierte sobre lo imperioso que resulta al interpelar la realidad en las indagaciones empíricas, considerar los hechos con objetividad, sin sacarlos de su contexto, y apreciarlos en sus concatenaciones y movimiento con una mirada totalizadora.

De ahí que el marxismo explique, a través de aproximaciones sucesivas, con particularidades en el método, en consonancia con las especificidades del objeto, las condiciones materiales -no solo económicas- de existencia y dinamismo de las clases y grupos sociales que permiten entender sus comportamientos, más allá de lo coyuntural, penetrando en lo estructural y reteniendo lo histórico.2 Considérese esta puntualización como ilustración del tipo de aproximación que con una perspectiva marxista hace suya este ensayo, desde su título. Ella supone la superposición y exclusión mutua de las tres dimensiones implicadas: coyuntura, estructura e historia.

Por eso, convendría mirar en el presente a Estados Unidos, trascendiendo lo fenoménico, desde una perspectiva teórica transdisciplinaria, afincada en la concepción materialista de la historia, la economía política, la teoría leninista del imperialismo y los aportes a las ciencias sociales del pensamiento crítico contemporáneo, sobre todo latinoamericano.3 Bajo la mirada plural y holística implicada no se excluyen otras aproximaciones enriquecedoras que perfeccionen un marco interpretativo, con un sentido dialéctico, capaz de discernir entre enfoques burgueses u occidentales, presentes en determinados estudios actuales en nuestros medios que ni mencionan al imperialismo y tratan con ligereza las cuestiones mencionadas. El efecto de tal déficit epistemológico lo resume con acierto Pérez (2021) al señalar que «la falta de totalidad, desde y hacia el marxismo, se expresa también desafortunadamente en los proyectos de investigación, los procesos de formación profesional y en los procesos de difusión del marxismo, entre otros».

PRESUPUESTOS TEÓRICOS

Las siguientes consideraciones fijan la perspectiva aludida y los principales referentes teóricos:

  1. Se parte de la noción de imperialismo y se retiene la comprensión marxista desarrollada según la definición que hizo Lenin hace más de un siglo, referida al contexto histórico de la Primera Guerra Mundial y a los años siguientes, cuando este fenómeno adquiría visibilidad y plenitud multidimensional, como resultado de la monopolización y del nacimiento del capital financiero que dejaban atrás la época del capitalismo de libre competencia. Como precisó en su conocida obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, cuyo título resumía lo fundamental de su comprensión, el análisis se enfocaba sobre un periodo histórico específico, era principalmente teórico y se limitaba a sus rasgos económicos fundamentales, sin contemplar otros aspectos importantes, con lo cual indicaba que su aproximación no era exhaustiva, si bien fijaba en términos esenciales la fenomenología de un patrón histórico, que entonces apenas se prefiguraba (Lenin, 1973a). Por eso, al no tratarse de una conceptualización acabada ni ambiciosa, sino más bien metodológica, ha seguido siendo válida como marco de referencia y guía para ulteriores indagaciones. A la vez, su caracterización estructural expuesta en El imperialismo y la escisión del socialismo ha mantenido vigencia para entender la articulación económica global del imperialismo, que como todo fenómeno histórico, se ha transformado (Lenin, 1973b). Hoy su expresión es transnacional y global (Robinson, 2013).

  2. Resulta imperioso retomar esa mirada. Como se señalara, al producirse el llamado «fin» de la Guerra Fría a comienzos de la década de 1990, ante la pujanza del pensamiento único cuya formalización inician Fukuyama y Huntington, y la prosiguen otros ideólogos y estrategas neoconservadores, el término de imperialismo había prácticamente desaparecido del lenguaje periodístico, académico, partidista y gubernamental (Borón, 2004). Y cuando se le utilizaba, se desnaturalizaba su esencia, con interpretaciones unilaterales, economicistas, del enfoque leninista. Se evidenciaba, así, según se advirtiera oportunamente, que no pocos de los teóricos que utilizaban en Europa, Estados Unidos y América Latina la noción de imperialismo, recurrían a un tipo de reduccionismo económico que minimizaba o ignoraba las dimensiones políticas e ideológicas y sacaban de contexto categorías como las de inversiones, comercio y mercados, las cuales se presentaban como entidades alejadas de sus condicionamientos históricos reales (Petras y Veltmeyer, 2012). La narrativa prevaleciente, bajo la confluencia de la globalización neoliberal, el posmodernismo, y un renovado irracionalismo filosófico, se centraba más en visiones apocalípticas distópicas sobre el fin del mundo que en el fin del capitalismo. Con ello se dejaba a un lado al imperialismo como algo anacrónico.

  3. Es necesario no perder de vista que en Estados Unidos el sistema de dominación sufre los efectos de las conmociones sucesivas, determinadas por la propia lógica del imperialismo, acentuadas en la década en curso, la tercera del presente siglo, en un contexto de profundización de la crisis capitalista, palpable en un grueso rango de contradicciones y definida no solo por problemas y dificultades de carácter económico, sino por un complejo de contradicciones que abarca lo político, lo social, lo ideológico, lo cultural, lo ecológico, lo estratégico, manifiestas en una escala internacional cual crisis de restructuración, en vías de adquirir la envergadura de una crisis sistémica, en la medida en que forma parte esencial de la propia dinámica de constante reajuste de la modernidad capitalista que lleva consigo el imperialismo contemporáneo (Harvey, 2013). Ello incluye la recesión económica, los daños provocados por la pandemia de la COVID-19, que la reforzaría, junto a la polarizada contienda electoral de 2020, en una nación signada por la incertidumbre, la crisis de credibilidad y legitimidad de los partidos y los candidatos a la presidencia, todo esto unido a un desgaste de la tradición política liberal y de una sostenida espiral ideológica conservadora, con ribetes incluso fascistas.

  4. Debe quedar claro el significado de «geopolítica», pues su mención es prácticamente constante, pero a menudo, sin mayores referencias. Desde la concepción original clásica, se entiende como una expresión del expansionismo imperialista, es decir, como una geopolítica de la dominación, que remite al ejercicio del poder en determinados espacios, considerados inicialmente en términos geográficos. pero entendido hoy más allá de lo territorial, marítimo y aéreo, también en términos de los espacios productivos, comerciales, financieros, culturales, simbólicos, diplomáticos, astrales y cibernéticos, atendiendo a su significación política. Supone la concepción y la práctica instrumental orientada a garantizar intereses clasistas y a promover acciones de influencia ideológica y política de la democracia burguesa representativa, el modelo de economía neoliberal y la militarización como medios de la dominación imperialista. El caso ejemplar es el de Estados Unidos como Estado que se ha apropiado de los principales espacios internacionales a través de una conjugación de fuerza e influencia, con el fin de controlar territorios, recursos naturales y energéticos. Como contraste, la geopolítica crítica, concebida como una geopolítica de la emancipación, deconstruye la teoría geopolítica clásica; pues muestra sus funciones políticas e ideológicas para el imperialismo; concibe al espacio geográfico cual construcción social compleja que incorpora componentes físicos, históricos y culturales; atiende a su carácter clasista, y propone opciones teóricas y prácticas a la dominación (Valdivia, 2016). De ahí que las contribuciones de Marx y Engels al estudio de las clases sociales y la lucha de clases, las de Lenin a la teoría del imperialismo y las de Gramsci acerca de la hegemonía sigan siendo una base indispensable para la comprensión de la geopolítica imperialista, que es la predominante en el mundo actual signado por el neoliberalismo, retada hoy por la nombrada geopolítica emancipatoria, alternativa o contrahegemónica, que no termina de abrirse paso. Recuérdese que las ideas y prácticas dominantes en un sistema, bien sea una formación social nacional o la realidad internacional, son las que la clase dominante produce, adopta, difunde y establece. Esa relación es extensiva, desde luego, a las contradicciones del presente siglo en la arena geopolítica (Ramonet, 2014 y 2022).

DOMINACIÓN Y PODER

Desde la perspectiva marxista, viene al caso destacar la cuestión del poder y, en particular, del poder político, si se comprende a partir de las relaciones de clase, de los intereses y objetivos que le dan sentido a su ejercicio, y de la lucha de clases (Montbrun, 2010). Desde este punto de vista, y en su acepción tal vez más básica y elemental, el concepto de poder aparece ligado siempre -en su expresión a través de sujetos sociales individuales- a la capacidad de unas personas de imponer determinadas conductas a otras, aún contra la voluntad de estas, en función de alcanzar determinados propósitos o proteger ciertos intereses, lo cual se extiende a los sujetos colectivos que trascienden la acción personal e involucran a instituciones de connotación política (vinculadas a las relaciones clasistas). El poder no es algo que se posee como un objeto, sino que expresa una relación, palpable, en su ejercicio. Poder es la capacidad de superar resistencias, a fin de imponer voluntades, de introducir cambios a pesar de la oposición que exista (Foucault, 2001). La relación de poder es asimétrica, supone una jerarquía: es decir, existe una persona o instancia, grupo, clase, que manda y una que obedece y se subordina, tomando como referencia una estructura social y clasista dada, sobre la base de relaciones de propiedad y control de los medios de producción. Al entender la política como expresión concentrada de las relaciones económicas y de clases, se comprende la esencia del poder político (Lenin, 1973c).

Para Weber (1993), poder es «la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad» (p. 43). Según su visión, el ejercicio efectivo del poder se traduce en un marco de relaciones de dominación que sigue el esquema asimétrico aludido, que establece relaciones del tipo «mando y obediencia», pero incorpora como variable central de esa relación el concepto de legitimidad, entendida genéricamente como la coherencia entre las decisiones de poder y el sistema de valores de los que deben obedecerlas. De esta idea se concluye que la dominación implica un elemento adicional: la autoridad, que implica una relación subjetiva, es decir, de aceptación de la dominación por los subordinados. Justamente, así radica su criterio, cuando valora como legítima determinada relación de dominación. La autoridad para Weber se define a partir de la combinación de poder y de legitimidad y, en el caso opuesto, sería necesario el uso de la fuerza a fin de garantizar la dominación. La propuesta weberiana resulta útil, aunque su concepción teórica se ve limitada por el desconocimiento del factor clasista, lo cual contrasta con su posicionamiento práctico, como ideólogo clásico del pensamiento burgués, ya que su obra es un definido instrumento de legitimación clasista del capitalismo en ascenso, en contrapunto con la concepción materialista de la historia.

Hannah Arendt considera lamentable que la ciencia política perdiera la capacidad para distinguir los conceptos de poder, autoridad y fuerza, al extremo de que aparecieran en esa disciplina, en su opinión, como sinónimos. Para esta autora, cuya lectura crítica de Marx es bien conocida, si bien polémica, el poder es la capacidad humana de actuar concertadamente. Señala que la autoridad es el poder que ejercen unos pocos con el reconocimiento de aquellos a quienes se les pide obedecer y que no necesita del miedo ni de la coerción. Para ella, el poder solo puede ser realmente efectivo, si incluye el consentimiento de los gobernados (Arendt, 1993). En esa medida, su visión no es desestimable, como contribución compatible con la interpretación, destacada a menudo por Engels, acerca del papel activo del factor ideológico (Engels, 1974). Con base en esta consideración, se comprende que dicho factor sea determinante en la articulación del consenso que establece la clase dominante, incorporando la aceptación de los dominados.

Por otra parte, Manuel Castells se ha aproximado al asunto en varias ocasiones, con una mirada teórica marxista. En uno de sus textos afirma que «definimos las relaciones de poder como relaciones entre clases sociales y las clases sociales como combinaciones de lugares contradictorios definidos en el conjunto de la estructura social, concibiendo al poder como la capacidad de una clase o fracción de clase para realizar sus intereses objetivos, a expensas de las clases, o conjunto de clases, contradictorias, con quienes están en contradicción» (Castells, 1972, p. 289). En otro trabajo apunta que «la política designa el sistema de relaciones de poder. El lugar teórico del concepto de poder es el de las relaciones de clase. Se entiende por poder la capacidad de una clase social para realizar sus intereses objetivos específicos a expensas de las otras. Por intereses objetivos entendemos el predominio de los elementos estructurales (que definen, por su combinación, una clase) sobre los otros elementos que están en contradicción» (Castells, 1973, p. 169). Y en otro texto, añade:

Puesto que, como es sabido, el poder no es un objeto, un atributo, una entidad material que se pueda apropiar, sino una relación social, una capacidad de realizar los intereses de clase […] Pero tal situación no puede desorientar sino a quienes desligan el análisis del poder del análisis de los intereses de las clases en lucha. En cambio, si se parte de la estrecha relación entre unos y otros, si el poder no es dominación, sino dominación para realizar intereses objetivos anclados en la estructura económica, entonces la respuesta puede ser dada a través del análisis de la lucha de clases en las principales contradicciones que caracterizan una sociedad, en particular en aquellas relativas a las relaciones de producción y a la apropiación del producto por ellas determinada. (Castells, 1974, p. 151)

Las ideas expuestas anteriormente muestran las posibilidades de llevar a cabo un análisis teórico fecundo del poder y la dominación con el prisma de la concepción marxista, sin desconocer la posibilidad de incorporar, con un sentido dialéctico y ecuménico, contribuciones que -desde el pensamiento burgués- sean capaces de fertilizar o enriquecer la mencionada concepción. Convendría avanzar desde una óptica semejante en el estudio específico de la realidad norteamericana actual, retomando las tempranas indagaciones de la realidad empírica capitalista europea (en Francia e Inglaterra) que llevaron a cabo Marx y Engels, y que aportan excelentes referencias metodológicas que trascienden sus caracterizaciones sobre las relaciones de poder y la lucha de clases. De la misma forma repercuten las reflexiones teóricas de Lenin en el contexto de la Revolución Rusa, las que también meditaban acerca de dinámica clasista y la lucha por el poder (Marx, 1979 y 1981; Engels, 2020; Lenin, 1977 y 1981). Como ejemplos saltan a la vista los estudios que, concentrados en coyunturas, penetraron en las estructuras y en la perspectiva histórica.

Sobre los aspectos relacionados con la temática examinada, pero referido específicamente a Estados Unidos -el principal y primer referente teórico con trascendencia para ulteriores indagaciones- con una visión que toma elementos del marxismo, no puede obviarse el libro La élite del poder, del sociólogo crítico norteamericano Charles Wright Mills. Sus tesis, si bien no reconocen explícitamente una filiación marxista ni utilizan las nociones clasistas en el mismo sentido que la emplea tal perspectiva, constituyen intentos avanzados de penetrar en el estudio del poder y los procesos políticos en Estados Unidos, y donde se entiende que esos procesos consistían en luchas por el dominio y el prestigio. Habla de «clase altas», de sectores de «cuello blanco» y «azul», aludiendo a la clase media y obrera, y de élites. Con ello fertiliza con creatividad y sentido de compromiso crítico la caracterización de las desigualdades en la sociedad estadounidense, y establece así una bisagra funcional o vaso comunicante con la visión marxista (Mills, 1969).

Asimismo, Valdés (2009) ha insistido, con razón, en que el análisis de la dominación capitalista debe realizarse teniendo en cuenta sus dimensiones económica, política, social, educativa, cultural y simbólica. En ese sentido, señala:

El campo económico y social del capital completa su fortaleza con su conversión en capital simbólico, lo que ha hecho de la enajenación mediático-cultural la norma de la vida contemporánea en las sociedades capitalistas, generando a la vez ilusiones y tensiones insolubles tanto en el centro como en la periferia del sistema. La hegemonía se presenta como lo que es: una praxis y un modo de pensamiento, de subjetividad, que se elabora desde las matrices ideológicas de los dominadores. (pp. 12-13)

A partir de esas reflexiones, ese autor propone una interesante y fecunda aproximación teórica, la cual constituye un funcional referente. Ademas considera que «con la categoría de sistema de dominación múltiple podremos visualizar el conjunto de formas de dominio y sujeción, algunas de las cuales han permanecido invisibilizadas para el pensamiento crítico» (Valdés, 2009, p. 14). En su concepción, este sistema abarca las prácticas de explotación económica y exclusión social; la opresión política en el marco de la democracia formal; la discriminación étnica, racial, de género, de edades, de opciones sociales, por diferencias regionales, entre otras; la enajenación mediático-cultural; así como la depredación ecológica.

La utilización de la categoría propuesta facilita el análisis integral de las prácticas de dominación en las condiciones del capitalismo transnacional actual. Su esencia coincide con la formulación que hace Meszárov (2002) para caracterizar lo que llama la «civilización del capital». En sus palabras, «el capital no es simplemente un conjunto de mecanismos económicos, como a menudo se le conceptualiza, sino un modo multifacético de producción metabólica social, que lo abarca todo y que afecta profundamente cada aspecto de la vida, desde lo directamente material y económico, hasta las relaciones culturales más mediadas». La concepción dialéctica concibe, como elementos inseparables, la economía y la política. Lenin definía la segunda como expresión concentrada de la primera, en términos histórico-genético, y en términos de funcionalidad, que la segunda es determinante con respecto a la primera. Sobre la importancia teórica de no olvidar ese nexo, Kohan (2011) advertiría sobre las consecuencias que ha tenido la infiltración del pensamiento dicotómico burgués de los siglos XVII y XVIII en el pensamiento social del siglo XX, incluido el de fundamento marxista. La más conocida y nociva de esas dicotomías ha sido, justamente, la separación entre economía y política, derivada de las lecturas simplistas y de la vulgarización de la metáfora de Marx sobre la relación entre la base y la superestructura, que propicia las visiones deterministas y mecanicistas, ajenas a la concepción materialista de la historia. La comprensión de las relaciones de poder y dominación, incluyendo la hegemonía en las condiciones del imperialismo contemporáneo exige no perder de vista la dialéctica entre esas dos esferas, como base de un enfoque totalizador. Por eso conviene, una vez más, destacar la importancia del concepto de imperialismo.

HEGEMONÍA E IDEOLOGÍA

La hegemonía, como se conoce, es una de las cuestiones centrales en los estudios sobre la realidad imperialista norteamericana, que aparece y reaparece en todo tipo de literatura especializada, con tratamientos disímiles. En opinión de Kohan (2005), se ha vuelto algo tan común en el lenguaje académico y político en los últimos años que, a menudo, la palabra misma parece correr el riesgo de trivializarse. Si bien la hegemonía adquiere una renovada presencia en el pensamiento social, a veces se desdibujan sus contornos teóricos, y se le asume más desde el punto de vista terminológico que conceptual (Poulantzas, 1975). En otras ocasiones, se aborda la hegemonía desde una perspectiva reduccionista, mecanicista, simplificadora, que remite al positivismo y al marxismo dogmático. En ambos casos se pierden de vista tanto la esencia de la misma como alguna de sus diversas dimensiones. Y también se suele obviar el entramado de cuestiones en el que ella se inserta, sin cuya consideración su análisis se empobrece o mutila. La hegemonía no puede comprenderse sino en su entrelazamiento dialéctico con otras cuestiones, como las concernientes a la legitimidad y el consenso, configurando fibras de un mismo tejido ideológico y político.

Castaño (2008) enunció este tema casi de modo gráfico:

La formulación del concepto de hegemonía presupone la inclusión de los aspectos cualitativos del conflicto de poder que subyace en las relaciones económicas capitalistas […]. El concepto de hegemonía es fundamental para la crítica del capitalismo, al referirse al contexto de las relaciones de poder desde el punto de vista de las actividades que resultan esenciales para la reproducción del sistema capitalista, cuyo control implica el mantenimiento del liderazgo económico a nivel internacional. (p. 12)

A fin de clarificar más sus ideas, Castaño (2008) agrega:

La recuperación del concepto de hegemonía resulta fundamental para explicar la situación actual. La hegemonía es una construcción social que tiene en la coerción y en el consenso sus medios generales de acción. La hegemonía está constituida por tres dimensiones principales: la político-militar, la económica y la cultural. Lo anterior posibilita evitar los enfoques reduccionistas no solo de la economía convencional, sino también de buena parte de la producción teórica crítica, que tienden a no considerar la importancia de las relaciones de poder en sus análisis de los procesos económicos. (p. 12)

Las reflexiones de Castaño son de las que más tempranamente clarifican el asunto bajo un lente metodológico marxista, desde la economía política, pero con derivaciones para la sociología y la ciencia política.

Por su parte, para Gandasegui (2007) la hegemonía es un concepto de vieja presencia en el pensamiento social, que recibe tratamientos heterogéneos. En sus palabras, se trata de un asunto que «tiene una larga historia que se inicia con los griegos antiguos y pasa por Lenin […]. La noción de hegemonía no puede desentenderse, en la actualidad, de conceptos como globalización y neoliberalismo. Estas nociones han dominado los trabajos teóricos de los científicos sociales en los últimos decenios. Igualmente, el concepto de imperialismo ha retornado con fuerza al estudiar el mundo a principios del siglo XXI (p. 17).

Desde el pensamiento crítico ha ido ganando cuerpo el enfoque que hace suyo el significado de la dimensión cultural cuando se aborda el estudio de la hegemonía. Con esa perspectiva, se retoma la interpretación gramsciana, al advertirse que el ejercicio hegemónico se completa precisamente en la esfera de la cultura y al destacar la importancia de la legitimación ideológica -especialmente simbólica- del consenso, que refuerza al resto de las dimensiones o esferas, como la económica, la política o la militar.

En su definición tradicional, Gramsci (1974) distingue entre dominio y hegemonía. Concibe el primero expresado en formas directamente políticas, que en tiempos de crisis se tornan coercitivas; y el segundo como una expresión de la dominación, pero desde un complejo entrecruzamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales, donde la ideología actúa como factor unificador. La ideología constituye un sistema de significados, valores y creencias relativamente formal y articulado; en su definición, se parte de una abstracción que la concibe como una concepción universal o una perspectiva de clase. El concepto de hegemonía constituye el soporte, desde el punto de vista teórico, cuando se trata de penetrar el grueso tejido que recubre la sociedad norteamericana y que se expresa mediante la cultura política (Williams, 1980).

La hegemonía es expresión de la capacidad de dominación a través de la ideología que se ejerce mediante los aparatos ideológicos del Estado. De modo que incluye a la ideología, si bien no se reduce a ella. Se refleja en niveles de consenso que legitiman, según lo explica De Sousa (2009), a través de representaciones simbólicas difundidas por las escuelas, los medios de comunicación, las publicaciones académicas, las instituciones culturales y religiosas, los intereses de las clases dominantes.

Es imperioso repensar el arsenal teórico del marxismo como herramienta cognoscitiva y metodológica, en función del conocimiento objetivo de la nueva dinámica de la dominación y el poder, mirando hacia dentro de Estados Unidos, con una brújula que permita distinguir lo utilizable y lo descartable entre la amplia y diversa literatura de las ciencias sociales, en el camino hacia la verdad atendiendo al desarrollo histórico-concreto del capitalismo allí. Como ha planteado Pérez (2021):

La ofensiva teórica de la acumulación del capital, en su versión neoliberal, viene realizando con «éxito» un renombramiento de fenómenos y procesos; es como si se estuviera hablando de los mismos problemas, pero en otra lengua. Ha sido un proceso de alfabetización para las ciencias sociales desde la lógica del capital. Es esta una lengua silenciosamente ideológica y positivista, describe la realidad tal cual, logra ser atractiva por su descripción de parte de ella y, por lo tanto, es de rápida difusión. (p. 2)

La noticia positiva es que ya existe la conciencia del problema a superar; la negativa es que -como han mostrado Piaget (1980) y Freire (1985) con sus respectivas contribuciones a la psicología cognitiva y la educación popular- aprender a desaprender es un difícil proceso educativo y epistemológico). En determinados campos de disciplinas en la academia cubana se registra con nitidez, y de manera a veces alarmante, la situación descrita. En los estudios sobre Estados Unidos, por ejemplo, en ocasiones se le atribuye la connotación de polarizaciones a meras diferenciaciones, y se obvian las contradicciones, como noción dialéctica; se consideran posturas de izquierda a posiciones de las habitualmente identificadas como liberales, que en realidad son expresiones de la ideología burguesa; se habla de sistema social en la versión del estructural-funcionalismo, en lugar de utilizar el concepto de formación económico-social, y lo mismo ocurre con la teoría de la estratificación social, empleada como sustituto de la de lucha de clases. 4 En determinados casos, la atención unilateral a la coyuntura subestima lo estructural o lo histórico, así como el énfasis en lo formal y fenoménico descuida el contenido y lo esencial. En otros, la prioridad otorgada a procesos políticos, como los electorales y los relativos a la política exterior, pierden de vista los nexos con las determinaciones económicas.

En otro sentido, ciertos estudios que no son considerados patrimonio de un pensamiento marxista, como los de Bourdieu (2000) y Thompson (1991), podrían revalorizarse desde el punto de vista epistemológico. Algo similar ocurre con los trabajos de Laclau y Mouffe (1987), exponentes de la corriente denominada posmarxista, dada su potencialidad como complementos en el análisis de la geopolítica imperialista, desde una perspectiva marxista creadora. Se trata de avanzar con una advertencia como la que formula Medina (2021) al alertar sobre cierta «pluralidad de discursos sobre el tema a partir de diferentes puntos de partida, formalizados en diversas perspectivas teóricas […] unido a la tendencia al eclecticismo teórico, conducente a una supuesta convergencia donde parece conciliarse los intereses de todos los implicados», acompañado de «un discurso multiclasista», que en realidad a donde lleva es a determinados «retrocesos teórico-prácticos». Lo señalado constituye un oportuno llamado de atención, cuya consideración requiere tanto de una profunda comprensión del sentido dialéctico que debe acompañar la indagación en la temática tratada, que garantice que no se incurra en las distorsiones descritas, como de un no menos hondo conocimiento de la producción académica reciente, la cubana incluida.

CONSIDERACIONES FINALES

El análisis expuesto no deja lugar a dudas acerca de urgencias y pertinencias. Exponentes de la tradición actual del marxismo y de un pensamiento crítico alejado del dogmatismo que se nutre de ella o que de forma selectiva utiliza al menos algunas de sus herramientas teóricas y metodológicas en diferentes latitudes, evitando verdades absolutas y mecánicas leyes universales, han alertado y llamado a la necesidad de repensar el fenómeno imperialista, relegado como objeto de las ciencias sociales hasta hace unos años o abordado con visiones limitadas, desde la perspectiva de Marx, Engels, Lenin, Gramsci. Con ello se intenta recuperar, actualizar y reformular, según el caso, referentes conceptuales de esta perspectiva, cual es el caso de cuestiones como la geopolítica, la hegemonía, las contradicciones del sistema, la dinámica clasista. 5 En ese empeño se ha contado con contribuciones significativas a la investigación y la docencia de profesionales e instituciones cubanas, cuyo reconocimiento, en opinión del autor de este trabajo, no ha estado en correspondencia con el alcance de su obra escrita y de la labor cotidiana frente al aula universitaria, que a menudo ha transcurrido durante décadas, con la sencillez y modestia de sus protagonistas.6

En tal sentido, la reciente convocatoria partidista y gubernamental a revitalizar el estudio y aplicación del marxismo en Cuba define un oportuno contexto para asumir esa tarea epistemológica e ideológica. 7 Dar continuidad al esfuerzo de quienes en nuestros medios ya desbrozaban el camino -y lo han proyectado hacia el entorno internacional, comenzando por el de Nuestra América, donde existen espacios institucionales y voluntades individuales, si bien no mayoritarios, que enfrentan al neoliberalismo prevaleciente en centros científicos y de educación superior- es una urgencia intelectual y política.

En este marco resulta pertinente y sugerente traer al caso una anécdota referida en alguna entrevista por Adolfo Sánchez Vázquez, para quién, como se sabe, el marxismo conllevaba una filosofía de la praxis, inseparable de sus funciones ideológica, política, gnoseológica, crítica y autocrítica. Relataba alarmado ese consecuente pensador marxista que constató, al participar en la década de 1990 en un Encuentro Internacional de la revista Vuelta -organizado por Octavio Paz, entonces ya definido como crítico severo del socialismo, la izquierda y la Revolución Cubana-, que en todo el encuentro no se empleó ni una sola vez la palabra «capitalismo» ni otra equivalente (Echeverría, 2009). Aunque la situación no es la misma, lo que simboliza sí lo es. Su preocupación no está superada hoy. Treinta años después resuena aquel eco en América Latina y en Cuba. En este último caso, la situación se agrava por el hecho de que la secuela nociva de las concepciones que florecieron durante buen tiempo, a través de la docencia y las publicaciones -con efectos en la formación política y académica, incluyendo a cuadros, estudiantes y profesionales que asistían a cursos, fuesen de capacitación o de carácter universitario, en formatos diurnos, nocturnos o dirigidos, a distancia-, dejarían huellas de mecanicismo, simplificación y manualismo que no se han borrado y atentan contra la asimilación de la teoría y la metodología dialéctica (Castaño, 2002). Este reconocimiento refuerza la urgencia de actuar, retomando el desvelo de Sánchez Vázquez.

El estudio de Estados Unidos requiere de las contribuciones del pensamiento crítico, con una mirada marxista actualizada, complementada, renovada, para entender la geopolítica de la dominación imperialista contemporánea y desarrollar una geopolítica de la emancipación comprometida con la transformación del capitalismo y la construcción de un mundo mejor, que es posible.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Arendt, H. (1993). La condición humana. Editorial Paidós. [ Links ]

Borón, A. (2004) (comp.). Nueva hegemonía mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales. CLACSO/Libros. [ Links ]

Bourdieu, P. (2000). Intelectuales, política y poder. Eudeba. [ Links ]

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NOTAS ACLARATORIAS

11 Este trabajo resume ideas, como avance investigativo del autor, que forman parte del resultado del proyecto del centro en que labora, asociado al Programa Nacional de Ciencia e Innovación Tecnológica (PNCT) sobre ciencias sociales, con financiamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

22 El análisis gira en torno a los principios epistemológicos o metodológicos utilizados por los clásicos marxistas, ajenos al esquematismo, en sus estudios sobre la dinámica clasista como trasfondo de las contradicciones económicas políticas que entrañan las relaciones de poder (dominantes o hegemónicas), adquierendo formatos diferentes y dependiendo del objeto de estudio. Esa distinción se aprecia en un caso como El Capital, cuyo foco responde a un objeto estructural,y en otro como El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, en el que el foco difiere al ser propio de un objeto distinto, conformado por una coyuntura política. Los sujetos o actores que intervienen son diferentes: en este último son más concretos que en El Capital, pues aquí solo eran las clases sociales, en tanto que en El dieciocho brumario…, además de las clases, aparecen otros sujetos sociales, como el ejército, el clero o bien, fracciones de clase de la burguesía industrial, financiera.

33 El contenido de este trabajo forma parte de un estudio más amplio, que se relaciona con ideas plasmadas en anteriores publicaciones del autor (Hernández, 2020, 2021 y 2021a).

44 En tal sentido, Díaz-Canel (2021) expresó en una intervención en el en el debate del Pleno del CC-PCC, efectuado en diciembre de 2021, que «se han identificado en todos los debates que hemos estado realizando en varios espacios, una cantidad de términos, una cantidad de conceptos, que se han asimilado en determinados ámbitos, de manera automática, por falta de ejercer un pensamiento crítico desde el marxismo y la economía política, que son propios del liberalismo, del positivismo y del neoliberalismo».

55 Entre los pensadores marxistas, se encuentran los latinoamericanos Theotonio Dos Santos, Pablo González Casanova, Atilio Borón, Marco A. Gandásegui, Claudio Katz, Néstor Kohan y de otras partes del mundo como Francois Houtart, Samir Amin, William Robinson, James Petras, István Meszárov, Manuel Castells, David Harvey e Ignacio Ramonet, entre otros.

66 Entre las más trascendentes, no es posible omitir la referencia a las Facultades de Economía y Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, al área de Ciencias Sociales y Estudios Latinoamericanos de la Universidad Central de Las Villas, desde donde se han realizado aportes descollantes al marxismo, especialmente en el campo de la economía política.

77 El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, señaló en una sesión del Pleno realizado en diciembre de 2021, la necesidad de «incorporar, de la manera más natural, el método científico que nos aporta el Marxismo desde el materialismo histórico, desde el materialismo dialéctico, desde la economía política a lo cotidiano, a nuestro país, a la vida cotidiana, al análisis cotidiano que desde la Revolución tenemos que hacer de todos los procesos que estamos enfrentando en lo político, en lo económico y en lo social» (Puig, 2021).

Recibido: 15 de Marzo de 2022; Aprobado: 23 de Mayo de 2022

* Autor para la correspondencia: jhernand@cehseu.uh.cu