Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 29 de marzo de 2016

¿«Cubanólogos» o cubanistas?

Por Profesor Carmelo Mesa Lago

Resumen: 

Se rebaten varios puntos de la crítica de Emily Morris, se identifican distorsiones y ofuscaciones (puntos cruciales que ella omite), incongruencias en su análisis entre los dos períodos que trata su artículo « How Exceptional is the Cuban Economy?», y comparaciones difusas y alternativas estrechas.

[El autor es responsable de lo que aquí se dice, pero agradece los valiosos comentarios de Jorge Pérez López, Omar Everleny Pérez Villanueva y Antonio Santamaría García].

Entre 1983 y 1985 sostuve un debate con José Luis Rodríguez, entonces miembro del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial del Consejo de Estado de Cuba. Él me presentó como director, desde la Universidad de Pittsburgh, de la «cubanología» —por primera vez este término era usado en Cuba—, integrada por los académicos cubanoamericanos que desde los Estados Unidos estudian la Isla. Mi respuesta fue publicada en Temas de la Economía Mundial (La Habana), y el artículo de Rodríguez, con mi réplica, apareció en Cuban Studies (Pittsburgh). Esa polémica enriqueció lo político y lo académico, pues permitió un intercambio público de puntos de vista diversos; involucró a un asesor del gobierno cubano, más tarde ministro de Economía y Planificación, y arquitecto de las reformas que sacaron a Cuba de la crisis de los años 90, y divulgó mi obra entre los cubanos. La discusión se amplió con artículos críticos de los economistas Claes Brundenius y Andrew Zimbalist; mi réplica, en coautoría con Jorge Pérez López, apareció en Comparative Economic Systems. Virtualmente, todas las críticas fueron refutadas y quedó claro que el término «cubanología», cargado ideológicamente, era parte de la Guerra fría; los académicos que profesionalmente trabajamos sobre Cuba adoptamos el vocablo neutral de «cubanistas» (Pérez-Stable, 1991: 239-250). Como resultado del debate, muchos de nosotros entablamos o expandimos intercambios con economistas cubanos, logramos consensos y respetamos puntos de discrepancia.

Tres décadas después, Emily Morris revive el estigmatizado término y la emprende contra los «cubanólogos» —«como se definen a sí mismos», afirma erróneamente (Morris, 2014: 5-45).[1] De forma indiscriminada y estereotipada, los tilda de «profundamente hostiles al régimen de La Habana» (4).[2]Vuelve a colocarme entre los líderes de la «cubanología», según ella asentada en la Universidad de Pittsburgh, aunque el equipo de estudios sobre Cuba de dicha universidad desapareció hace años. Se refiere a un «eje Pittsburgh-Miami» que solo existe en su imaginación, pues ha habido notables diferencias de pensamiento entre los cubanistas de las dos ciudades —al igual que dentro de Miami entre un grupo moderado de cubanistas en la Universidad Internacional de la Florida (que realiza las encuestas a cubanoamericanos, las cuales demuestran que la mayoría rechaza el embargo) y otro muy crítico en la Universidad de Miami. Además, acusa a todos los cubanistas (especialmente a los que escriben con diversos puntos de vista en Cuba in Transition), de proponentes de la «reestructuración de la economía de la Isla siguiendo patrones capitalistas», neoliberales que apoyan las reformas impuestas en América Latina por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) basados en el Consenso de Washington (5).

La versión en castellano del artículo de Morris ha sido elogiada por el editor del blog La Pupila Insomne como «lo mejor […] sobre la economía cubana en los últimos 25 años» (es obvio que ha leído muy poco):

[Este artículo] demuestra de manera aplastante las enormes debilidades de algunos enfoques sobre la economía cubana que gozan del apoyo de la maquinaria mediática académica cómodamente financiada desde Europa y los Estados Unidos, a través de publicaciones, invitaciones y eventos que incluso han llegado a realizarse en nuestro país [Cuba]. Quienes son puestos en ridículo por la autora fueron tratados entonces como portadores de la palabra divina; un «icono gigante admirado y querido, en la distancia, por muchísimos jóvenes que siguen su obra», se ha dicho del más citado de ellos. (Sánchez, 2014: 1).

Esto último parece mi «retrato» y un claro intento de difamación hacia los académicos que en los Estados Unidos estudiamos Cuba de manera profesional y equilibrada.[3]

La primera parte del artículo de Morris sobre las políticas anticrisis y posteriores bajo Fidel Castro (1990-2006), tiene veinte páginas incluyendo las notas, mientras que la relativa a las reformas de Raúl Castro (2006-2014) tiene solo siete. La autora pone excesivo énfasis en el pasado y da poco espacio a las reformas claves del presente. El análisis hasta 2006 se basa en un texto suyo publicado en 2007 (Morris, 2007) y la segunda parte actualiza aquel trabajo.[4] Su reflexión inicial es mucho más objetiva, equilibrada y documentada que la actual, hace una crítica racional, es menos apologética y no menciona la «cubanología». Luego notaremos otros cambios y contradicciones.

Concuerdo con varios puntos importantes que plantea Morris y que he analizado en muchos de mis libros y artículos: 1) la razón por la que el régimen cubano no colapsó después de la caída de la URSS y el campo socialista; 2) el éxito de las políticas en la primera mitad de los años 90 para detener la caída en picada de la economía, recuperar parcialmente el crecimiento, reducir notablemente el déficit fiscal y apuntalar la moneda; 3) la diferencia entre las políticas de Cuba para enfrentar la crisis y, en general, con las aplicadas en las «economías en transición»; 4) la necesidad de las reformas de Raúl Castro, y 5) el juicio de la autora sobre la unificación monetaria y las divisiones sociales. Aquí rebato varios puntos de la crítica de Morris, identifico distorsiones y ofuscaciones (puntos cruciales que ella omite), incongruencias en su análisis entre los dos períodos que trata en su artículo, y comparaciones difusas y alternativas estrechas.

Distorsiones y ofuscaciones

Es irónico que Morris me tache de neoliberal, cuando es frecuente que círculos de la derecha me acusen de izquierdista; mi análisis de las reformas de Raúl ha sido tachado de «benigno» o de un «optimismo poco justificado», incluso por economistas moderados. Contrario a sus insinuaciones, en mi obra siempre he dejado claro que deben ser preservados los sistemas públicos de educación, salud y pensiones, pero con cambios que los hagan más eficientes y sostenibles (Mesa-Lago, 2012: 304-6; Mesa-Lago y Pérez López, 2013: 244-96). Por otra parte, mi obra de cincuenta y cinco años sobre protección social en América Latina, Europa y Asia, se ha caracterizado por la crítica a las políticas del Banco Mundial y el FMI. Fui el primero que en libros y prestigiosas revistas internacionales (Revista Internacional de Seguridad Social,World Development, Revista de la CEPAL, Revista Internacional del Trabajo) criticó a fondo la reforma privatizadora de las pensiones por Pinochet en Chile y otras similares en la región. Mis trabajos más recientes analizan el regreso del rol del Estado en las pensiones de seguridad social en el mundo a través de las re-reformas de sistemas antes privatizados. En entrevistas publicadas en varios países, he calificado mi enfoque como neokeynesiano e institucionalista y opuesto a la mayoría de las políticas neoliberales.

Morris afirma que atribuí la crisis de1990-1993 en la Isla a «las características antimercado de la política cubana [...] como una mera extensión de su estrategia de rectificación antimercado de 1986» y que ataqué las reformas de 1994 (de hecho 1993-1996) por ser «a medias» y «medio cocinadas». Alega también que di «importancia secundaria a los factores externos» (Morris, 2014: 5, 8). Mi verdadera interpretación —analizada en los «ciclos ideológico-pragmáticos» citados en el artículo de Morris— es que la crisis fue provocada por una combinación de factores externos e internos (en ese orden). Es cierto que critiqué el Proceso de Rectificación de 1986-1990 porque provocó una recesión justo antes del colapso de la URSS, lo cual debilitó a Cuba para enfrentar la crisis; pero nunca en mis trabajos he mantenido que las reformas de 1993-1996 fuesen una continuación del ciclo idealista de la Rectificación: probé que ellas abrieron un nuevo ciclo pragmatista. Sistemáticamente, mi obra incluye la variable externa para explicar los cambios de ciclos; de modo que en la crisis de los años 90 analizo los mismos factores exógenos que Morris: el fin del comercio con el campo socialista, la ayuda y los subsidios de precios de la URSS y del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), y las leyes Torricelli y Helms-Burton que endurecieron el embargo norteamericano. Mis textos también saludan las reformas de los años 90 y les atribuyen la recuperación económica parcial; pero identifican sus limitaciones y recomiendan ampliarlas, a la par que lamentan la reversión que se hizo desde 1996 porque causó efectos adversos (Mesa-Lago, 2012: 34-41; Mesa-Lago y Pérez López, 2013: 12-7).

Ignorando la amplia literatura existente, Morris afirma que «es notable que los estudios comparativos [«entre el curso de Cuba y los de las economías de transición»] realmente son relativamente raros», lo cual «refleja una tendencia general entre los cubanólogos para centrarse exclusivamente en su isla natal» (Morris, 2014: 7). Es posible citar más de setenta comparaciones de Cuba con economías en transición, la mayoría hecha por cubanistas.[5]

Agrega Morris: «Los debates internos sobre la política económica han sido en gran medida invisibles para los observadores externos, incluyendo los cubanólogos», para los cuales no ha existido discusión en absoluto; pero «ha habido debates entre los economistas [cubanos]» (Morris, 2014: 6). En buena medida, como resultado del debate de los años 80, he mantenido relaciones fructíferas con economistas y científicos sociales cubanos, intercambiando publicaciones, enviándoles borradores de mis trabajos a ellos y comentando o reseñando los suyos, escribiendo artículos en común o en compilaciones, participando con ellos en seminarios dentro y fuera de Cuba, y publicando en dos revistas cubanas. En mis libros he analizado los diversos enfoques de las autoridades nacionales y, en los más recientes, el debate público sobre las reformas, lo que constituye el primer resumen integrado del pensamiento de los economistas y otros científicos sociales cubanos, sus posiciones de cara a las reformas y los consensos alcanzados (Mesa-Lago, 2012: 221-36, 169-81; Mesa-Lago y Pérez López, 2013: 172-81).

Según Morris, los cubanólogos consideran a Cuba «una mera dependencia de Venezuela» (Morris, 2014: 5); una seria tergiversación de lo que hemos mantenido no solo los cubanistas y otros expertos extranjeros, sino también los propios dirigentes y académicos cubanos: que Cuba tiene una fuerte dependencia de Venezuela y esto constituye un gran riesgo debido a la crisis económica venezolana. De hecho, ella después reconoce dicha dependencia: «Las ganancias de la venta de servicios profesionales a Venezuela han superado la de todas las exportaciones de bienes combinados desde 2005»; «la dependencia de un solo socio ha aumentado una vez más: en 2012, Venezuela representó no solo 45% de las exportaciones de bienes debido al petróleo refinado en Cienfuegos, sino también muchos de los servicios no turísticos de Cuba» (17-8). En su texto de 2007, Morris estimó la «enorme contribución [venezolana] a los recursos del gobierno cubano» en 750 millones de dólares (Morris, 2007: 50); mi estimado del total de la relación económica de Cuba con Venezuela ascendió a 12 900 millones de dólares (42% de lo cual fue en compra de servicios profesionales) o 21% del PIB de Cuba en 2010 (Mesa-Lago, 2012: 134-41, 152-4; Mesa-Lago y Pérez López, 2013:98-102, 114-5). Si Venezuela suspendiese esa relación, Cuba sufriría una crisis severa, aunque no tanto como la de los años 90; esto indica la importancia que tiene para La Habana el restablecimiento de relaciones económicas con los Estados Unidos.

En su artículo, Morris sugiere que el sector industrial ha seguido desarrollándose (como antes de la crisis): «la inserción de Cuba en la economía mundial ha sido liderada por un puñado de industrias»; las políticas se han centrado «en el desarrollo de nuevas industrias de exportación, lo que reduce la dependencia de las importaciones de alimentos» (Morris, 2014: 15-6) (lo primero no determina lo segundo). Detalla el proceso de desindustrialización citando una caída de 16% en la producción industrial entre 1989 y 2005 (45). Según estadísticas oficiales, el índice de producción industrial en 2013 estaba 45,4% por debajo de su nivel en 1989. Solo tres de veinticuatro líneas de la industria manufacturera lo superaban (fármacos, muebles y bebidas); el resto estaba muy por debajo: maquinaria y equipos (-99%), equipos de transporte (-96%), fertilizantes (-93%), textiles (-90%), azúcar (-79%). En minería, después de un aumento, la producción de gas y de níquel cayó 18%, y la de petróleo, 12%. La importación de alimentos cubre 70% del consumo interno y creció de 1 000 a 2 057 millones de dólares en 2005-2014; las exportaciones de bienes en 2013 todavía eran 2, 2% inferiores a las de 1989 (ONEI, 2014: cuadros 8. 3, 10. 4, 11. 1, 11. 4; Rodríguez, 2015).

Las políticas alabadas por Morris han tenido a largo plazo un efecto negativo en el crecimiento, un tema al que ella dedica apenas tres líneas: «Desde la crisis financiera global, [el crecimiento anual del PIB] ha sido más débil que lo esperado, con un promedio de menos de 3% […] peor que la media de los países “en transición” desde 2008» (Morris, 2014: 22-3). De acuerdo con cifras oficiales, el promedio anual en 2009-2014 fue 2,1% y el cumplimiento de las metas bajó de 90% en 2011 a 54% en 2014; en el último año, la tasa oficial fue de 1,3% (versus una meta de 2,2%) pero la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) lo estima en 1,1%, el quinto inferior entre 35 países de la región (ONEI, 2010-2014; CEPAL, 2014: cuadro 1).

Los efectos sociales de dichas políticas tampoco han sido beneficiosos a largo plazo. Morris presenta el «valor de cien [pesos cubanos] como un múltiplo del salario mensual promedio», calculado de manera opaca y sin discusión en el texto. Ella menciona medidas para «restaurar el valor real del salario», pero admite que «los [salarios] nominales estatales no han subido en línea con el costo de la vida» (Morris, 2014: 20, 25). La Figura 1 presenta la evolución del salario medio real (ajustado a la inflación) en el sector estatal en 1989-2013. A pesar de su aumento nominal desde 1990, el salario real en 2013 equivalía a solo 27,3% de su nivel de 1989, o sea, que su poder adquisitivo cayó 72,7%. Algunos autores truncan la figura y parten de 1993 en su punto más bajo (10% del nivel de 1989), lo que crea la ilusión de un aumento salarial real sostenido.


Incongruencias

El artículo de Morris carece de una integración y un seguimiento consistentes en temas claves entre los dos períodos históricos, así como un análisis de cómo las políticas anticrisis obligaron después a la reestructuración conducida por Raúl. Ella no evalúa sistemáticamente los costos de esas políticas, aunque incluyó una sección sobre esto en su texto citado (2007: 42-5): el muy bajo nivel de inversión doméstica, el descenso de la productividad, la desaceleración del crecimiento, la escasa atracción de capital extranjero. En ambos trabajos ella plantea que ocurrió una caída en la inversión debido a que el gobierno no renunció a su control sobre las inversiones extranjeras (por ejemplo, la ley de 1995 autorizaba al inversionista foráneo a tener 100% de la participación; pero en la práctica rara vez sobrepasó 49%), y a que rechazó muchas propuestas inversionistas (Morris, 2014: 15). Añade que «el costo de los subsidios [a empresas y precios] consumió fondos que de otro modo podrían haber sido utilizados para la inversión» (21). Por otra parte, alaba políticas sin discutir sus serias secuelas económicas (13): el impuesto sobre la renta fue rechazado (a pesar de que la estructura tributaria era muy regresiva); no se impuso «un paquete de austeridad de recorte de gastos» (con lo cual se disparó el gasto social); «el compromiso de prevenir el desempleo se mantuvo intacto» (pero esto engrosó el desempleo oculto); y los precios «de los bienes básicos se mantuvieron fijos muy por debajo de su costo, sin tener en cuenta las implicaciones fiscales» (lo que disparó el déficit fiscal). Los efectos de estas políticas obligaron a Raúl a impulsar reformas estructurales: la tributaria, que incluye el impuesto progresivo sobre la renta; el recorte de los servicios sociales (Figura 2); la eliminación del empleo estatal excedente; y una ley de inversión extranjera más laxa que la 1995, aunque aún mantiene limitaciones —algunas de las cuales se han ido desmontando por regulaciones sucesivas del gobierno.

En contraposición con la política social de las economías en transición y la terapia de choque auspiciada por el Banco Mundial y el FMI, Morris sostiene que durante la crisis de los 90, Cuba conservó el estado de bienestar y combinó la protección social con la reducción del déficit fiscal. Ella nota que actualmente los más pobres son los que dependen de las pensiones del Estado o de asistencia social, sin ayuda familiar [...] las pensiones son apenas suficientes para la subsistencia, por lo que los servicios sociales tienen que completarlos donde no hay familia o la familia es demasiado pobre. (Morris, 2014: 24)

Y reafirma que en «la fase de ajuste de Raúl», la red de protección social «permanece en su lugar» y que los «servicios públicos son sin duda mejores que antes», pues los sistemas de salud y educación siguen incólumes (25, 26). De hecho, la red mínima de protección social se ha contraído, mientras la población vulnerable se ha expandido, en parte por reformas con lógica económica pero que causan efectos sociales adversos: la reducción del gasto social; la extracción de alimentos del racionamiento para su venta a precios de mercado (tres veces superiores al precio subsidiado de las raciones); el aumento de precios en los mercados agropecuarios, en las tiendas estatales que venden en divisas (con una ganancia de 230%)y en las tarifas de servicios públicos; el incremento del desempleo «abierto» de 1,6% a 3,4% de la fuerza laboral ocupada en 2008-2013 (sigue siendo uno de los menores en la región, pero con matices que veremos más adelante); y la caída en la pensión real a la mitad de su nivel en 1989.

En 2007-2013, el gasto social se recortó de 55% a 51% del presupuesto y de 37% a 27% del PIB. Se han cerrado miles de sedes universitarias municipales, las escuelas secundarias en el campo, los comedores en los centros de trabajo y 42% de los hospitales y clínicas; los médicos de familia han mermado a la mitad por su exportación, y se ha despedido a 16% del personal sanitario (ONEI, 2006-2013; Mesa-Lago, 2014a). También se redujo el presupuesto de educación en 3,3 puntos porcentuales del PIB y el presupuesto para vivienda en 1,6 puntos, así como 72% de la matrícula universitaria. Los beneficiarios de asistencia social disminuyeron de 5,3% a 1,5% de la población total en 2006-2013 y de 2,2% a 0,3% del PIB (Figura 2). En 2011, el Congreso del Partido acordó terminar la asistencia a los beneficiarios con familiares que puedan ayudarlos. Es lógico eliminar del programa a los que no requieren asistencia social, pero la reducción hecha fue desproporcionada y de espaldas a la expansión de la población vulnerable.


Morris destaca que no creció el desempleo abierto durante la crisis y que, al contrario, aumentaron los puestos de trabajo. Las estadísticas oficiales ratifican que el desempleo abierto bajó de 7,9% en 1989 a 6,2% de la fuerza laboral en 1993, el peor año de la crisis. Pero lo que ella no dice —o ignora— es que, según estimados de la CEPAL, el desempleo «oculto» (contratación de empleo estatal innecesario para controlar el «abierto» a costa de reducir la productividad laboral y los salarios), saltó de 7, 9% a 34% en el mismo período, o sea, que en 1993 el desempleo total equivalía a 40% de la fuerza laboral (Mesa-Lago y Pérez López, 2013: 119-23). Dos economistas cubanos argumentan que la política de mantener el pleno empleo a toda costa (el desempleo abierto alcanzó un récord mundial de solo 1,6% en 2008), no cerrar empresas estatales irrentables y aumentarles los subsidios, provocó un déficit fiscal que rebasó 30% del PIB, un alza de precios en nueve veces, y la ya explicada reducción de salarios reales en 70% (Vidal Alejandro y Pérez Villanueva, 2010). Esto hizo más difíciles las políticas de Raúl para despedir el empleo estatal superfluo, que se estima oficialmente en 1,8 millones de trabajadores, 37% de la fuerza laboral.

Comparaciones difusas y alternativas estrechas

Un aspecto importante del artículo de Morris es su comparación, entre 1990 y 2010-2013, de una serie de indicadores (PIB per cápita, mortalidad infantil, esperanza de vida) en los que Cuba se coloca por encima de la mayoría de las economías en transición. Desgraciadamente, esto lo hace solo al comienzo (salvo comparaciones superficiales de políticas), y cae en el mismo defecto que ella imputa a los «cubanólogos»: concentrarse excesivamente en la Isla.

Al final de su trabajo, se pregunta si hay una alternativa a las economías en transición (privatización, liberalización, recortes del gasto social) y cuestiona: «¿por qué debemos suponer que el Estado abandonará su papel dominante en la economía o que el enfoque actual de la política deba conducir a un camino de transición hacia el capitalismo?»(2014: 26). Aparentemente, para ella hay solo dos vías: la neoliberal-capitalista dura, con el Estado en rol de subsidiario, y la de predominio del Estado (planificación central más propiedad dominante estatal) con una función subsidiaria del mercado y el sector privado. En la realidad, que se escapa a Morris, hay muchas vías intermedias entre esos dos polos extremos, como en los países escandinavos, que han logrado combinar óptimamente ambos instrumentos y generar crecimiento sostenido con equidad social. Más aún, ella coloca a todas las economías en transición en una misma categoría; otro enfoque irreal pues hay un amplio abanico entre ellas; por ejemplo, la Comunidad de Países Independientes (CIS) y el resto de los países bálticos de Europa central y del sur (CSB), que ella explica en su capítulo (2007: 56, nota 2). Igualmente, existen notables diferencias entre las economías latinoamericanas: por ejemplo, hay un mayor rol estatal en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay y Venezuela que en Colombia, Honduras, Guatemala, Panamá, Paraguay y Perú. El caso de Chile es ilustrativo: bajo Pinochet, fue el modelo de políticas neoliberales para la región; pero se ha transformado en la sucesión de cuatro gobiernos socialistas que han introducido reformas sustanciales en el sistema tributario, lo que lo ha hecho más redistributivo, así como en la salud y las pensiones en las que se ha reforzado el papel estatal,[6] y ahora se enrumba a una reforma educacional enfocada en el nivel terciario para hacerla más universal y gratuita.

Otra alternativa es la de China y Viet Nam, cuyas reformas estructurales han creado un modelo mixto («socialismo de mercado») en el que el mercado, la inversión extranjera, el sector privado interno y una planificación descentralizada tienen un papel crucial, más avanzado que en las reformas cubanas (comparando períodos similares), al tiempo que mantienen el control del Partido. En cuatro líneas de su artículo, Morris despacha esta alternativa, objeto de un profundo debate dentro y fuera de Cuba que ella pasa por alto. Primero afirma que hay características distintivas entre el camino de Cuba y los de China y Viet Nam, para luego afirmar que la estrategia cubana «tiene comparación con el sistema de China de la «doble vía» en el que se mantiene el camino «planeado», mientras que el camino del «mercado» se desarrolla a su vez» (2014: 26). Al modelo chino-vietnamita dedico una sección en mis dos libros más recientes y lo comparo con las reformas más importantes cubanas, como la agraria; en mi último ensayo, expando las comparaciones a siete de las reformas estructurales claves (Mesa-Lago, 2012: 225-8; 2014b; Mesa-Lago y Pérez López, 2013: 173-5). Sobre esto existe una creciente literatura comparativa de alto nivel escrita por cubanos residentes en la Isla, que ella igualmente ignora (Pérez Villanueva, 2012; 2014; Vidal Alejandro, 2012). Morris se contradice y no aporta nada nuevo al debate.

Termina su artículo con esta frase: «Visto sin ideas preconcebidas, el caso cubano sugiere que otra manera es posible» (2014: 27). ¿Pero cuál de los modelos cubanos es el que ella propone como ideal?: ¿el que se usó en la crisis de los 90 y continuó hasta 2006 (al que evalúa de manera apologética), o el que está forjándose desde entonces por las reformas estructurales de Raúl Castro, que intentan corregir los problemas que se acumularon por casi medio siglo de socialismo así como errores del primer modelo? Esto es fundamental porque los excesos previos generaron a largo plazo desaceleración económica y gasto social financieramente insostenible, una cuestión que tanto los cubanistas como otros estudiosos serios de Cuba plantearon décadas atrás.

Conclusión

Es difícil explicar por qué, después de treinta años, Emily Morris ha resucitado la roída «cubanología»; ella no es José Luis Rodríguez, y el productivo debate de los años 80 ahora se torna estéril y no aporta nada nuevo a la anterior polémica, por lo que se queda en las críticas infundadas que aquí refuto. La autora podría haber infundido un aire fresco si hubiese analizado de forma sistemática cómo los efectos indeseables de las políticas de los 90 y años siguientes obligaron a las reformas estructurales de Raúl. Su diatriba es contrapuesta por la positiva recepción en Cuba de mis trabajos sobre dichas reformas, varios publicados en la Isla (tres de ellos en Temas) y estudiados por economistas y científicos sociales cubanos. Mirando al futuro, lo más valioso no son alabanzas sin adecuada evaluación profunda de las reformas en proceso, sino ofrecer opiniones mesuradas, con respeto y documentación, sobre lo que funciona y lo que debe ser mejorado para el bien de la nación y de su pueblo.

Notas

[1]. Traducido al castellano en Cuba como «Cuba inesperada» (La Pupila Insomne, 2014: 1-31).

[2]. En 2013, Morris me invitó al Instituto de las Américas, Universidad de Londres, a presentar una ponencia sobre re-reformas de pensiones antes privatizadas en América Latina, así como mi libro sobre las reformas de Raúl Castro. Creía que Morris conocía bien mi filosofía y mis dos áreas de estudio, pero su artículo demuestra lo opuesto.

[3]. Entre 1978 y 1990 viajé cuatro veces a Cuba para participar en debates con académicos y funcionarios; me negaron la visa en 2003 a raíz de publicar un libro en el que comparo las economías de Cuba, Costa Rica y Chile. En 2010, después de veinte años de ausencia, me dieron visa para asistir a un seminario sobre política social auspiciado por la Iglesia católica. En 2013 y 2014, tras publicar mi libro sobre las reformas de Raúl, me negaron la visa para asistir a un evento de la Brookings Institution y la Universidad de La Habana y para un homenaje por mi obra de 55 años sobre Cuba.

[4]. Raúl recién había remplazado a Fidel y ella no pudo discutir las reformas del primero.

. Sesenta y cuatro de ellos, publicados en Cuba in Transition entre 1991 y 2014, comparan Cuba con Albania, Bulgaria, Estonia, Hungría, Latvia, Polonia, Rusia, Europa Central-Oriental, China, Viet Nam, economías en transición, etc. (75% escritos por cubanistas). Véanse también Pérez-López, 1994; Brundenius y Weekes, 2001; Radu, 2003; Ratliff, 2004; Burki y Erikson, 2004); y Pérez-Stable, 2007. [5]

[6]. La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, me nombró en 2014 miembro de la Comisión presidencial que estudia una segunda re-reforma de pensiones para corregir fallas que subsisten de la primera, en la cual también participé.


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Yellen, prudente con las subidas de tipos: "La Fed procede con cautela"

ELECONOMISTA.ES / BLOOMBERG
29/03/2016 - 18:41


La presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, ha mostrado su lado más "paloma" y ha dicho hoy que el banco central debe "proceder con cautela" a la hora de subir los tipos de interés, puesto que la economía global tiene cada vez mayores riesgos.

En un discurso ante el Economic Club de Nueva York defendió que "considero apropiado que el comité proceda con cautela a la hora de ajustar la política". "Esta cautela esta especialmente garantizada porque, con los tipos de interés tan bajos, la capacidad de la Fed para utilizar la política monetaria convencional para responder a los problemas económicos es asimétrica", añadió Yellen.

En su última reunión de este mes, el banco central estadounidense dejó los tipos de referencia entre el 0,25%-05% mientras que revisó a la baja el número estimado de subidas de tipos de este año, de las cuatro que calculaba en diciembre a tan solo dos.

Más herramientas

Además, la presidenta recordó que sigue teniendo más herramientas: "Aunque puedan tener algunos riesgos y costes que no tienen los tipos de interés, las usamos de manera efectiva para reforzar la recuperación de la Gran Recesión y lo volveremos a hacer si es necesario".

Entre los riesgos globales, Yellen hizo referencia a dos. Por un lado, el crecimiento de China, que se está ralentizando y genera cierta incertidumbre la capacidad de las autoridades para gobernar la transición de una economía centrada en las exportaciones hacia otra con mayores fuentes de crecimiento internas.

El segundo riesgo que citó expresamente fue la caída de las materias primas en general y del petróleo en particular. Una caída mayor del crudo podría tener "efectos adversos" en la economía global, dijo la presidenta de la Fed.

Sobre los precios, Janet Yellen insistió en que confía en que la inflación vuelva gradualmente a acercarse al objetivo del 2%, aunque actualmente hay riesgos tanto al alza como a la baja.

lunes, 28 de marzo de 2016

Los pollos son cada vez más grandes, pero también más duros de masticar



Pollos maduros en un criadero de Iowa, Estados Unidos. PHOTO: SCOTT SINKLIER/AGSTOCK IMAGES/CORBIS
Por 
KELSEY GEElunes, 28 de marzo de 2016 19:54 EDT

En su carrera por criar pollos cada vez más grandes para satisfacer la creciente demanda de carne blanca, la industria alimentaria se ha topado con un problema inesperado.

No se trata del tamaño, ya que el típico pollo para asar —criado por su carne y no para que ponga huevos— puede producir un par de filetes de pechuga más pesados que un ave entera de hace unas décadas. El problema es que una proporción cada vez mayor de esos cortes posee tejidos duros en una condición conocida como “pechuga de madera”. No plantea riesgos para la salud humana, pero degrada la textura de la carne.

“Esta carne es más dura y también más elástica, por lo que hay que dedicar más energía al masticarla”, explica Massimiliano Petracci, tecnólogo alimentario de la Universidad de Bolonia, quien dice que la condición también ha aparecido en Brasil, España, Reino Unido y otras partes. El científico añade que entre 5% y 10% de la carne de pechuga deshuesada vendida en el mundo está afectada por esta condición.

Los efectos de la pechuga de madera pueden ser tan sutiles que los que cocinan en casa pueden pasarlos por alto. Se desconoce la causa, pero Petracci y otros investigadores sugieren que un factor podría ser la tendencia de varias décadas de favorecer aves cada vez más grandes y de crecimiento más rápido.

“No se trata tanto del peso final, sino de cuán rápido el ave llega a ese punto”, insiste Sacit F. Bilgili, profesor emérito de la Universidad de Auburn que lleva más de cinco año estudiando esta clase de anormalidades musculares.


Para procesadores de pollo, como Sanderson Farms Inc., Perdue Farms Inc. y Wayne Farms LLC, la pechuga de madera es uno de varios trastornos musculares que han surgido en los últimos años. Esto coincide con la creciente demanda por parte de los consumidores de animales criados con más cuidado y un menor uso de antibióticos y otros fármacos. Analistas dicen que la pechuga de madera podría reducir los ingresos de los productores si se ven obligados a vender esta porción con grandes descuentos o si los clientes exigen que las empresas críen aves más pequeñas.

Brett Hundley, analista de BB&T Capital Markets, dice que, aunque sea más rentable vender un ave más grande que contenga más carne, podría provocar un “rendimiento decreciente” más adelante. “¿Vale la pena producir más kilos y perder negocios porque su cliente no quiere consumir más esa pechuga de madera?”, pregunta Hundley, quien agrega que el efecto en los resultados de las empresas aún no es lo suficientemente importante para tratar de cuantificarlo.

Mike Cockrell, director financiero de Sanderson Farms, dice que la empresa se enteró del asunto hace aproximadamente un año por quejas de clientes minoristas y restaurantes. Cockrell señala que la compañía tiene empleados en sus plantas de procesamientos que comprueban con el tacto si sus pechugas deshuesadas y sin piel tienen esa condición, aunque el costo de lidiar con este problema es irrelevante.

“Se siente como mi muslo cuando me da un calambre jugando al tenis; hay un nudo en la carne”, explica Cockrell. “Creo que probablemente todos hemos comido pollo que tiene pechuga de madera en un momento u otro”.

En caso de hallarse, la carne se retira de la línea, se vende con descuento y luego se procesa o se muele para ser usada en productos como salchicha de pollo, dice Cockrell, y agrega que la pechuga de madera se encuentra en menos de 5% del suministro de carne de pechuga deshuesada de sus plantas.

Alan Sterling, un vocero de Wayne Farms, dijo: “Estamos manejando este asunto junto con todas las compañías que producen aves más grandes. El problema es esporádico, la causa específica es desconocida e impacta un porcentaje muy pequeño de aves”.

La pechuga de madera es similar a otros trastornos que la industria ha luchado para contener, entre ellos las “estrías blanquecinas”, que aparecen en líneas paralelas pálidas de grasa en los filetes.

La “enfermedad del músculo verde” (o miopatía pectoral profunda) que causa una descoloración debido a hemorragias en el músculo, también ha aparecido con más frecuencia en pechugas de pollo y pavo. Los filetes de pechuga afectados no plantean un riesgo para los consumidores, pero no se venden, señalan investigadores.

Los procesadores de carne avícola de todo el mundo usan principalmente líneas de aves de sólo tres criaderos —Aviagen Inc. y Cobb-Vantress Inc., ambas de EE.UU., y Hubbard, filial de la francesa Groupe Grimaud— que hacen énfasis en rasgos similares, como un alto rendimiento de la carne de pechuga.

Derek Emmerson, vicepresidente de investigación y desarrollo de Aviagen, afirma que la empresa está al tanto de las preocupaciones sobre la pechuga de madera y trabaja para “desarrollar soluciones al problema”.

Un vocero de Cobb-Vantress, propiedad de Tyson Foods, no respondió a pedidos de comentarios. Sean Holcombe, director de ventas de las operaciones en EE.UU. y Canadá de Hubbard, dijo que la compañía reconoce que puede haber un componente genético en la pechuga de madera.

Tyson Foods aseguró que no tiene problemas con la pechuga de madera en sus operaciones de pollos vivos, mientras que un portavoz de Perdue, también de EE.UU., dijo que es una de varias cuestiones de calidad que examina.

Durante los últimos 50 años, el peso promedio de las aves en EE.UU. se ha casi duplicado, mientras que el tiempo de crecimiento se ha reducido a la mitad. En 1965, un ave de 1,6 kilos tardaba 63 días en llegar al mercado. En 2015, el ave promedio alcanzaba 2,8 kilos en 48 días, si bien muchas empresas están criando pollos de más de 4,5 kilos, según la consultora Agri Stats Inc. y el Consejo Nacional del Pollo de EE.UU.

La condición del músculo rígido tiende a empeorar en las camadas de pollos más viejos y pesados y el problema es difícil de detectar en los animales vivos, ya que aparece sólo cuando se matan, se cortan y se deshuesan, dicen investigadores y empresas. No queda claro si las aves están llegando a los límites biológicos de sus genes de rápido crecimiento o si las condiciones se deben a temas de nutrición o cría, según científicos.

En Brasil, que es el mayor exportador de carne de pollo del mundo con ventas de 4,3 millones de toneladas en 2015, la condición de la pechuga de madera se detectó hace unos cinco años.

Amaryllis Romano, economista de alimentos de la firma consultora Trends Consulting, dice que la mayoría de las exportaciones brasileñas son cortes diferentes a la pechuga, lo que debería reducir al mínimo el efecto que pueda tener este tipo de carne en las ventas del producto al exterior.

— Eduardo Magossi contribuyó a este artículo.

domingo, 27 de marzo de 2016

La respuesta de los 50 000

Por Luis Raúl Vázquez Muñoz (Juventud Rebelde) Foto: Osvaldo Gutiérrez Gómez (ACN)Categoría: Economia 

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Con dificultades acumuladas y con una responsabilidad inmensa, la agricultura comienza a recibir el financiamiento necesario para su paulatina recuperación. La cara del campo cubano puede cambiar, aseguran los directivos del sector, pero para lograrlo se necesitan manos nuevas

Desde la presidencia preguntaron: "¿Ricardo, cuánto tú ganaste el año pasado al terminar la campaña del tabaco y repartirse las utilidades?" Ricardo Leal, un muchacho moreno y fornido, de laUnidad Básica de Producción Cooperativa UBPC) Batalla de las Guásimas, en Artemisa, no lo dudó mucho. "¿Yo? —respondió—. Bueno, me faltaron 300 pesos para llegar a 50 000."

En las últimas hileras de asientos algunos pegaron un brinco. Un invitado se inclinó hacia la persona que estaba sentada a su lado: "¿Oye —susurró—, cuánto..., cuánto fue que dijo...?" El compañero, impávido, lo ratificó: "Que se ganó 49 700 pesos."

Entre los invitados y los 100 delegados al Activo Nacional de Jóvenes Agropecuarios primero se levantó un murmullo y luego se oyeron risas. Ricardo abrió los brazos: "¡Oigan, no se rían!" Y las risas aumentaron. "Ganarse eso no es fácil. Yo me sacrifico: tengo que levantarme todos los días a las 5:00 de la mañana y el trabajo se las trae. ¿Quieren hacer la prueba?"

El ministro de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, puso el punto final a las risas. "No se rían, es verdad —dijo—. La agricultura en Cuba tiene muchos problemas, aunque también comienza a tener otras caras. Su rostro puede ser otro, como el del lugar donde trabaja Ricardo. Pero, para lograrlo no solo se necesita dinero, hace falta trabajar duro, inteligencia y relevo joven."

I

El Activo Nacional de Jóvenes Agropecuarios, celebrado en la UEB Tres Marías, de la Empresa de Cultivos Varios de La Cuba, en Ciego de Ávila, agrupó a la máxima dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en el país y a un grupo de delegados, seleccionados entre los jóvenes más destacados del sector Agrícola en la Isla.

El encuentro sirvió para hacer presente la mirada joven sobre el campo cubano. Allí se habló de experiencias y resultados. También —y sin muchos pelos en la lengua— se mostraron preocupaciones y trabas que lastran las posibilidades de incrementar la producción de alimentos y que limitan la presencia de los jóvenes en el surco y los potreros.

Y los números ponen a pensar. De acuerdo con el informe presentado, de las 100 000 personas a quienes les han entregado tierras ociosas en el país, más de 50 000 son jóvenes. Es un número halagüeño, sobre todo si se tiene en cuenta la tendencia al despoblamiento del campo cubano; pero en su labor no faltan tensiones.

II

Varios ejemplos de esas tensiones se escucharon en el Activo. Uno de ellos es el de Frank Reyman Guevara, campesino del municipio de Amancio Rodríguez en la provincia de Las Tunas. A él le otorgaron 1,6 hectáreas de tierras infestadas de marabú. Las limpió a mano, las puso a producir; luego pidió más y hoy en ellas se obtienen alimentos.

Su principal cultivo es el arroz, con rendimientos de 6,5 toneladas por hectárea. Sin embargo, detalló: "Los insumos valían 117 pesos y ahora cuestan cerca de 800. En cambio, el precio del arroz lo bajaron. No entiendo eso. En los tiempos de cosecha las combinadas llegan tarde y debemos cortar el arroz a mano y venderlo húmedo. Con todo eso tenemos pérdidas o no recuperamos lo suficiente la inversión. El campesino tiene que ver el resultado de su trabajo."

Otras preocupaciones están relacionadas con aspectos de las legislaciones vigentes. A ello se refirió Aliesky Peña, presidente de la CCS Antonio Reyes, en Cumanayagua, Cienfuegos. Habló de la llegada tarde de insumos y medios de trabajo como botas y limas. No obstante, su unidad tiene resultados y jóvenes de la zona se han incorporado al trabajo.

Solo que el ingreso de esa membresía pudiera ser mayor. Según precisó Aliesky, el Decreto-Ley 300, que ha otorgado mayor agilidad a los trámites agrícolas, dispone que la afiliación a una cooperativa de créditos y servicios (CCS) solo puede hacerse por disposición de los directivos de la Agricultura, lo cual debía revisarse —señaló—, para facilitar el ingreso de los jóvenes que se acercan a una CCS con deseos de trabajar y ser útiles.

III

Sin hacer mucha bulla, la Agricultura ha aplicado cambios estructurales. La premisa ha sido prepararse para cuando lleguen las inversiones y el capital. Un ejemplo de eso ha sido convertir los centros de inseminación en unidades de servicio, donde el trabajador vea el resultado de su esfuerzo.

Ese enfoque posibilita dejar atrás el criterio estático del sueldo fijo de 400 pesos, y permitir que el inseminador gane cerca de 2 000. Si se tuviera un motor —y no un caballo con alforjas y el termo de inseminación— la productividad pudiera ser mayor y con ello el salario. El vehículo puede llegar.

No obstante, los jóvenes señalaron la carencia de una estrategia para el obrero calificado. En muchas ocasiones, muchachos recién egresados de los politécnicos, con deseos de ir al campo, se deben ir al Servicio Militar. Al cumplir el tiempo, sus intereses son otros: una novia en otro lugar, otras fuentes de empleo, probar suerte en otros lados... El caso es que se van y las unidades agrícolas pierden personal calificado.

La propuesta de los participantes consistió en buscar las alternativas para que ese joven, sin dejar de cumplir su compromiso con la defensa de la Patria, pueda sentirse motivado a continuar en la agricultura. Una variante, expresaron, pudiera ser que se evaluara la posibilidad de permitirle realizar su Servicio Militar en una unidad productiva donde a la vez se prepare para la defensa y ejerza su profesión.

IV
En el Activo se constató que la motivación en el joven campesino puede ser posible. Solo hace falta atenderlo y que él vea el resultado de su esfuerzo. También que los reclamos de la UJC y la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), relacionados con la mayor vinculación de los estudiantes con las prácticas docentes, no caigan al vacío.

Sin ser perfecta, esa vinculación muestra resultados en Ciego de Ávila y Camagüey. En esta última provincia los universitarios se han insertado en el estudio de variedades resistentes a la sequía en varios territorios.

Ese aporte es más que necesario. Diríamos que urgente, y algunas vivencias lo indican, como se constató en el debate. Por ejemplo, el país cuenta en la actualidad con un fondo de tierras de 10 millones de hectáreas. De ellas, seis millones se dedican a los cultivos y tres millones a la ganadería. En su contraparte están los 2 000 millones de dólares que todos los años se deben gastar para adquirir alimentos en el exterior.

Una de las estrategias adoptadas consiste en buscar créditos a mediano y largo plazos, con facilidades de pago, para adquirir equipamientos y tecnologías que permitan incrementar las producciones, sustituir los alimentos importados, y con ese ahorro pagar el dinero prestado.

Según informó el Ministro de la Agricultura, hoy domingo entran los recursos. Unidades que antes debían arar con bueyes o con vehículos muy deteriorados, ya tienen tractores modernos con su equipamiento. La ganadería debe entrar en una paulatina inyección de capitales. Ya se tienen seleccionadas las primeras 33 empresas para realizar inversiones integrales y no repetir el error de antaño, de invertir solo en una parte de esas unidades.

También se encuentran en montaje 100 nuevos despulpaderos de café, más eficientes y ecológicos, y que solo utilizan el 20 por ciento del agua requerida por las viejas instalaciones.

"Todo eso se llama tecnología y preparación para que ella pueda ser explotada eficientemente —explicó Rodríguez Rollero—. Por eso es decisivo el papel de los jóvenes. Si existe una proyección de desarrollo, entonces el capital humano es fundamental y ahí entra a desempeñar el papel de la juventud. El joven es un agente vital para la agricultura en Cuba."

Las reservas internacionales de Rusia crecen casi 6.000 millones de dólares en una semana

Las reservas de oro y divisas extranjeras de Rusia han constituido casi 387.000 millones de dólares hasta el 18 de marzo.

Leonhard Foeger / Reuters

Las reservas de oro y divisas internacionales de Rusia han aumentado 5.800 millones de dólares o 1,5% en una semana, reza un comunicado publicado por el Banco Central de Rusia. Desde los 381.100 millones de dólares al 11 de marzo, las reservas se han incrementado hasta los 386.900 millones de dólares el 18 de marzo.

"En la semana del 11 al 18 de marzo, las reservas internacionales han crecido 5.800 millones de dólares o 1,5% bajo la influencia de retasación positiva del curso y el mercado, así como por la devolución de fondos en moneda extranjera al Banco de Rusia por parte de bancos residentes", reza el comunicado del organismo financiero citado por RIA Novosti.

Las reservas de oro y divisas internacionales son activos extranjeros altamente líquidos que están a disposición del Banco de Rusia y el Gobierno ruso. Las mismas se forman a partir de las reservas de oro del país, los activos extranjeros de la nación, los derechos especiales de giro y la posición de reserva en el Fondo Monetario Internacional.

Estados Unidos regresa a Cuba

Jeffrey D. Sachs, Professor of Sustainable Development, Professor of Health Policy and Management, and Director of the Earth Institute at Columbia University, is also Special Adviser to the United Nations Secretary-General on the Sustainabile Development Goals. His books include 

Hannah Sachs is studying Cuban history at Yale University.

BEIJING – La visita de Barack Obama a Cuba es la primera que realiza un presidente norteamericano desde Calvin Coolidge en 1928. Inversores norteamericanos, expatriados cubanos, turistas, académicos y timadores llegarán detrás de Obama. La normalización de la relación bilateral planteará oportunidades y peligros para Cuba, y será una gigantesca prueba de madurez para Estados Unidos.
La Revolución Cubana liderada por Fidel Castro hace 57 años fue un profundo agravio para la psiquis estadounidense. Desde la fundación de Estados Unidos, sus líderes han reclamado el derecho al excepcionalismo norteamericano. Tan convincente es el modelo estadounidense, según sus líderes, que todo país decente debe, sin dudar, optar por seguir el liderazgo de Estados Unidos. Cuando los gobiernos extranjeros son tan tontos de rechazar el estilo norteamericano, deberían esperar un castigo por perjudicar los intereses estadounidenses (vistos como alineados con los intereses universales) y amenazar así la seguridad de Estados Unidos.
Shanghai skyline

The Contradictions of Chinese Capitalism

Introducing PS On Point. 
Making sense of a world of conflict and conflicting ideas.
Con La Habana a apenas 145 kilómetros de los Cayos de la Florida, la intromisión estadounidense en Cuba ha sido incesante. Thomas Jefferson opinó en 1820 que Estados Unidos “en la primera oportunidad que se le presentase, debía tomar Cuba”. Finalmente lo hizo en 1898, cuando Estados Unidos intervino en una rebelión cubana contra España para reivindicar una efectiva hegemonía económica y política de Estados Unidos en la isla.
En los enfrentamientos que vinieron después, Estados Unidos tomó Guantánamo como base naval y reivindicó (en la hoy infame Enmienda Platt) un derecho futuro a intervenir en Cuba. Marines estadounidenses en repetidas ocasiones ocuparon Cuba después, y los norteamericanos rápidamente se apropiaron de la mayoría de las lucrativas plantaciones de azúcar de Cuba, el objetivo económico de la intervención de Estados Unidos. El general Fulgencio Batista, que finalmente fue derrocado por Castro, fue el último de una larga lista de gobernantes represores instalados y mantenidos en el poder por Estados Unidos.  
Estados Unidos mantuvo a Cuba bajo su absoluto control y, según los intereses de los inversores estadounidenses, la economía de exportación se mantuvo limitada esencialmente a plantaciones de azúcar y tabaco durante la primera mitad del siglo XX. La revolución de Castro para derrocar a Batista apuntaba a crear una economía moderna y diversificada. Sin embargo, dada la falta de una estrategia clara, el objetivo no se alcanzó.
Las reformas agrarias y la nacionalización de Castro, que comenzaron en 1959, alarmaron a los intereses azucareros norteamericanos y llevaron a Estados Unidos a introducir nuevas restricciones comerciales. Estas escalaron hasta convertirse en recortes en las exportaciones permitidas de azúcar de Cuba a Estados Unidos y un embargo a las exportaciones de petróleo y alimentos de Estados Unidos a Cuba. Cuando Castro recurrió a la Unión Soviética para llenar el vacío, el presidente Dwight Eisenhower emitió una orden secreta a la CIA para derrocar al nuevo régimen, lo que derivó en la desastrosa invasión de Bahía de Cochinos en 1961, en los primeros meses del gobierno de John F. Kennedy.
Más tarde, la CIA recibió luz verde para asesinar a Castro. En 1962, el líder soviético Nikita Khrushchev decidió frustrar otra invasión estadounidense –y enseñarle una lección a Estados Unidos- instalando subrepticiamente misiles nucleares en Cuba, desatando así la crisis de los misiles de Cuba de octubre de 1962, lo que llevó al mundo al borde del aniquilamiento nuclear.
Por la admirable restricción tanto por parte de Kennedy como de Khrushchev, y por una dosis no menor de buena suerte, la humanidad se salvó; los misiles soviéticos fueron retirados y Estados Unidos prometió no lanzar otra invasión. En su lugar, Estados Unidos redobló la apuesta en cuanto al embargo comercial, exigió la restitución de las propiedades nacionalizadas y empujó irrevocablemente a Cuba a los brazos abiertos de la Unión Soviética. El monocultivo del azúcar de Cuba se mantuvo en pie, aunque su producción ahora se dirigía a la Unión Soviética en lugar de a Estados Unidos.
El medio siglo de una economía al estilo soviético, exacerbado por el embargo comercial de Estados Unidos y otras políticas relacionadas, se cobró un precio muy alto. En términos de poder adquisitivo, el ingreso per capita de Cuba sigue siendo aproximadamente una quinta parte del nivel de Estados Unidos. Sin embargo, los logros de Cuba en cuanto a fomentar el alfabetismo y la salud pública son sustanciales. La expectativa de vida en Cuba es igual que en Estados Unidos, y es muy superior que en la mayor parte de América Latina. Los médicos cubanos han desempeñado un papel importante en el control de las enfermedades en África en los últimos años.
La normalización de las relaciones diplomáticas crea dos escenarios muy diferentes para las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. En el primero, Estados Unidos revierte sus malos hábitos de antes y le exige a Cuba que tome medidas draconianas a cambio de relaciones económicas bilaterales “normales”. El Congreso, por ejemplo, podría exigir inflexiblemente la restitución de la propiedad que fue nacionalizada durante la revolución; el derecho ilimitado de los norteamericanos a comprar tierra y otras propiedades cubanas; la privatización de empresas estatales a precios de liquidación, y el fin de políticas sociales progresistas como el sistema de salud pública. La cosa podría tornarse desagradable.
En el segundo escenario, que significaría romper con los antecedentes previos, Estados Unidos ejercería el autocontrol. El Congreso restablecería las relaciones comerciales con Cuba, sin insistir con que Cuba se reinvente a la imagen de Estados Unidos u obligar a Cuba a revisar las nacionalizaciones post-revolución. Tampoco se obligaría a Cuba a abandonar la atención médica financiada por el estado o abrir el sector de la salud a inversores privados norteamericanos. Los cubanos aspiran a una relación así, de mutuo respeto, pero se encrespan ante la perspectiva de un  servilismo renovado.
Esto no quiere decir que Cuba debería avanzar en la aplicación de sus propias reformas lentamente. Cuba debería actuar con celeridad y hacer su moneda convertible para el comercio, expandir los derechos de propiedad y (con sumo cuidado y transparencia) privatizar algunas empresas. 
Estas reformas basadas en el mercado, combinadas con una sólida inversión pública, podrían acelerar el crecimiento económico y la diversificación, protegiendo al mismo tiempo los logros de Cuba en el área de la salud, la educación y los servicios sociales. Cuba puede y debe apuntar a una democracia social al estilo de Costa Rica, en lugar del capitalismo más crudo de Estados Unidos. (El primero de los autores de este artículo creía lo mismo respecto de Polonia hace 25 años: debería apuntar a una democracia social al estilo escandinavo, en lugar del neoliberalismo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher).
La reanudación de las relaciones económicas entre Estados Unidos y Cuba es, por lo tanto, una prueba para ambos países. Cuba necesita reformas significativas para explotar su potencial económico sin poner en peligro sus grandes logros sociales. Estados Unidos necesita ejercer un autocontrol sin precedentes e inusual, a fin de darle a Cuba el tiempo y la libertad de maniobra que necesita para forjar una economía moderna y diversificada que esté esencialmente dirigida y operada por el propio pueblo cubano y no por sus vecinos del norte.
https://www.project-syndicate.org/commentary/cuba-america-relationship-tests-by-jeffrey-d-sachs-and-hannah-sachs-1-2016-03/spanish

sábado, 26 de marzo de 2016

La irreductible ignorancia

Se acuerdan de Paul Ryan? Antes, los medios de comunicación adoraban al presidente de la Cámara de Representantes, lo trataban como si fuera el epítome del conservadurismo serio y sincero (sin importar que algunos nos fijásemos de verdad en las cifras de sus presupuestos y llegásemos a la conclusión de que era un embaucador). Ahora, claro está, ha quedado en segundo plano por el Trumpocalipsis que se avecina. Pero, aunque Donald Trump pueda llegar a la Casa Blanca —o sufrir una derrota tan aplastante que hasta nuestro sesgado sistema de distritos electorales, que favorece enormemente al Partido Republicano, ponga la Cámara en manos demócratas—, lo más probable es que, cuando llegue enero, Hillary Clinton sea presidenta y Ryan siga presidiendo la Cámara. Por eso me interesaba leer lo que Ryan dijo durante una entrevista concedida hace poco a John Harwood. ¿Qué ha aprendido de los últimos acontecimientos? La respuesta es nada.

Como casi todos los demás integrantes de la cúpula republicana, Ryan se niega a admitir la realidad sobre las raíces del trumpismo, sobre hasta qué punto el partido cultivó el odio y la violencia racial, y acabó perdiendo el control sobre el monstruo que había creado. Pero lo que me ha llamado la atención de manera especial son sus comentarios sobre la política fiscal. Ya sé que es aburrido, pero permitan que me detenga en ello. Hay una moraleja más general.

La visión del mundo de los republicanos convencionales es igual de estrecha de miras que la de Trump

Se podría pensar que los líderes del pensamiento republicano estarían inmersos en una especie de examen de conciencia sobre la obsesión de su partido por bajarles los impuestos a los ricos. ¿Por qué unos candidatos que arremeten contra los males del déficit presupuestario y la deuda federal se sienten obligados a proponer unas rebajas fiscales para las grandes fortunas —mucho mayores que las de George W. Bush— que reducirían la recaudación en billones de dólares? Y, dejando a un lado la economía, ¿por qué ese apego a una política que nunca ha gozado de gran apoyo, ni siquiera entre las propias bases del partido, y que, desde una perspectiva política, resulta aún más sospechosa en un momento de auge del populismo?

Pero esto es lo que ha dicho Ryan sobre esas rebajas fiscales para el 1% que más dinero gana: “No me gusta la idea de tragarme esas tablas de distribución. Usted se refiere a lo que nosotros denominamos distribución estática. Es una idea ridícula”. Ajá. El zombi de la movilidad de ingresos contraataca.

Desde que la desigualdad de las rentas inició su pronunciado aumento durante la década de 1980, una de las excusas favoritas de los conservadores ha sido que eso no significa nada, porque la posición económica cambia continuamente. La gente que es rica este año podría no serlo el que viene, de modo que la diferencia entre los ricos y los demás carece de importancia, ¿no es así? Bueno, es verdad que la gente sube y baja por la escala económica, y a los que hacen apología de la desigualdad les encanta citar estadísticas que muestran que muchas personas que en un determinado año se encuentran entre el 1% con más ingresos ya no pertenecen a esa categoría al año siguiente.

Pero un análisis más atento de los datos pone de manifiesto que esa observación tiene menos consistencia de lo que parece. Hoy en día, se necesitan unos ingresos de unos 400.000 dólares anuales para situarse entre el 1% más rico, y la mayor parte de las variaciones de rentas que vemos corresponde a gente que pasa de, pongamos, 350.000 a 450.000 dólares o viceversa. Como afirma un amplio estudio sobre el tema, “la mayor parte de la movilidad económica tiene lugar en intervalos bastante pequeños de la distribución”. Las rentas medias a lo largo de varios años están distribuidas casi con tanta desigualdad como las rentas en cualquier año concreto, lo que significa que las rebajas fiscales que benefician sobre todo a los ricos están, de hecho, destinadas a un pequeño grupo de personas, no a los ciudadanos en general.

Y esta es la cuestión: esta observación no es nueva. Se da la circunstancia de que yo, personalmente, analicé el mismo argumento que utiliza Ryan —y demostré que era erróneo— hace casi 25 años. Sin embargo, el hombre al que todos consideran líder intelectual del Partido Republicano sigue diciendo lo mismo de siempre. Vale, puede que yo esté dando rienda a mi indignación al centrarme en este asunto en concreto. Pero la pervivencia del zombi de la movilidad de ingresos, al igual que la del zombi del crecimiento propiciado por las rebajas fiscales (zombis que deberían haber muerto, de una vez por todas, tras los desastres de Kansas y Louisiana), forma parte de un patrón.

Puede que los horrorizados republicanos clamen contra la ignorancia arrogante de Donald Trump. Pero ¿hasta qué punto son diferentes los dirigentes convencionales del partido? Su visión del mundo, tan estrecha de miras, tiene un barniz de respetabilidad y puede que vaya acompañada de una apariencia reflexiva, pero en realidad es igual de inmune a las pruebas fehacientes (puede que incluso más, porque tiene el poder del pensamiento grupal tras ella). Esta es la razón por la que no deberían lamentar el estrepitoso fracaso político de Marco Rubio. Si Rubio hubiese triunfado, se habría limitado a hacer creer a su partido que lo único que necesita es un cambio de imagen cosmético (un rostro más joven y fresco que siga vendiendo la misma ortodoxia caduca). Ah, y un cambio de tornas de última hora que beneficiase a alguien como John Kasich tendría, a su manera, consecuencias similares.

Lo que hemos conseguido a cambio es, al menos, la posibilidad de que se produzca una catarsis purificadora, un periodo en el desierto político que acabe obligando al sistema republicano a replantearse sus premisas. Eso es algo positivo, o lo sería, si no fuese también acompañado del riesgo de que Trump llegue a presidente.

Paul Krugman es Premio Nobel de Economía.

© New York Times News Service, 2016.

Asciende número de visitantes foráneos a Jardines de La Reina

buceo jardines de la reina
El grupo de la Marina Marlin Azulmar, ubicado en el archipiélago Jardines de la Reina al sur de Ciego de Ávila, incrementa cada año sus operaciones con el arribo a la flota turística de más de 2 400 clientes.

Llegan hasta el poblado de Júcaro, visitantes de México, Argentina, Checoslovaquia, Rusia y en particular de Estados Unidos, para disfrutar del turismo especializado en la pesca deportiva y el buceo contemplativo, dos de las atracciones más solicitadas, aseguró José Miguel Fleitas, jefe de los supervisores en la instalación extrahotelera.
La flota de Azulmar, que opera mayormente en esa área marina del litoral sureño, cuenta para la modalidad de vida a bordo con ocho embarcaciones y el hotel flotante Avalon Tortuga, varado en el canal de Caballones con un servicio integral al turista durante los seis días de hospedaje.
José Miguel Fleitas, supervisor de la entidad, agregó que Azulmar pertenece a un grupo nacional y tiene operaciones en Jardines de la Reina, en Cayo Largo del Sur, en Nueva Gerona, Pinar del Río y Cayo Coco, utilidades inherentes a unos 800 000 dólares cada año.