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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 14 de junio de 2021

El Che y el gran debate sobre la economía en Cuba

Por Fernando Martínez Heredia. Julio 2003

“La publicación de este libro es un acontecimiento en la guerra cultural que se está librando en la actualidad entre dos sociedades y dos concepciones de la vida y del mundo: las del capitalismo imperialista y las de los que se le enfrentan, o al menos se niegan a ser absorbidos o aplastados por él. El gran debate nos devuelve una polémica que tuvo una importancia extraordinaria en la historia de nuestras ideas, y nos sitúa, al menos parcialmente, en el ambiente histórico de la creación de una sociedad diferente –y no sólo opuesta— al capitalismo, ese sentido básico de los años 60 que, a mi juicio, permitió que la revolución cubana continuara y se afirmara, y que mediante un proceso maravilloso y angustioso las personas la hicieran suya de manera permanente, hasta hoy.

Es cierto que ellos discutieron sobre organización económica –centralización o descentralización--, los niveles de decisión, las políticas de retribución al trabajo, el papel de la banca, el crédito, costos de producción, precios, relaciones entre las empresas estatales. Pero esa identificación del debate sería completamente insuficiente. Ante todo, en los primeros años 60 se jugaban al mismo tiempo –en la apuesta tremenda de toda revolución-- la existencia y el alcance del nuevo poder, la capacidad de hacer cambios trascendentales y de reproducir la vida social, la defensa frente a sus enemigos, la creación de nuevas relaciones e instituciones y la formulación de un proyecto que estuviese a la altura de los ideales y los sacrificios.

A ese contexto más general se sumaba la alianza con la URSS, que pronto tuvo un peso enorme. El triunfo y la liberación cubanos se habían burlado totalmente de la geopolítica, pero esta iniciaba ahora una venganza que duró 30 años. Cuba tuvo que enfrentar la agresión sistemática de la potencia mayor de la historia, el imperialismo norteamericano, y evitar en lo posible el peso de los aspectos negativos de su relación con la URSS. Esto último era muy importante en el campo que nos ocupa, que es el de la transición socialista, porque existían evidentes tensiones y contradicciones entre el ideal comunista, los procesos de socialización, el poder revolucionario y los ideales internacionalistas de la revolución cubana socialista de liberación nacional, por una parte, y el sistema soviético y su ideología teorizada, que sin embargo eran la fuerza mayor que en el mundo actuaba y hablaba en nombre del socialismo y el marxismo.

Lo que estaba detrás de aquel debate, en el terreno de las ideas, era el problema, la urgencia y la necesidad de desarrollar un pensamiento de la Revolución cubana. El Che tuvo un papel fundamental en esa elaboración en aquellos años, siempre unido a Fidel, como en toda su actividad, aquí y en los frentes internacionalistas en que peleó después como comandante cubano. Pero la mayor parte de lo que se consumía en Cuba con el nombre de marxismo leninismo, y la Economía Política del Socialismo, eran pesos muertos, más que instrumentos, o tan siquiera una ayuda para pensar la revolución, y por tanto para llevarla hacia adelante. Pesos muertos en la espalda, la garganta y la mente de los revolucionarios, porque parecían insoslayables, y porque su nexo aparente con el socialismo le daba lustre nuevo a los viejos argumentos de la dominación: que existe una naturaleza humana inmutable y toda acción está limitada por ella; que el egoísmo es el motor fundamental de cada individuo; que las leyes de la economía son independientes de la voluntad humana; y así otros. Lo verdaderamente grave es que esa ideología y ese cuerpo teóricos eran propuestos, y aceptados, como los que correspondían a una revolución socialista. El dogmatismo no era un defecto corregible, porque a la dominación en nombre del socialismo le eran necesarias ideas fijas e imposiciones a las mentes. Si sólo se asomaba uno a la historia de la teoría y la elaboración de sus conceptos podía advertir enseguida que en las décadas recientes ellos habían sido desnaturalizados, como una consecuencia más de la deformación monstruosa de la realidad respecto a la revolución bolchevique y al proyecto comunista.

La causa inmediata del debate fueron las diferencias de criterios en el seno de la revolución acerca de la conducción de la economía. Eso ofrece una primera dimensión al análisis que hacemos hoy, pero enseguida nos conduce a otras cuestiones: ¿Cómo entendían lo que se hacía y lo que era necesario hacer los diferentes integrantes del régimen revolucionario? Y a otras preguntas, entre ellas una que es central: ¿cómo se relacionaban el poder y el proyecto en el seno de la revolución? Todos los cubanos participantes en el debate eran a la vez participantes con responsabilidades en las tareas de la revolución. Todos aspiraban al desarrollo económico de Cuba en el marco de su revolución. No era entonces un enfrentamiento entre adversarios, sino un debate entre compañeros. Pero el debate entre los revolucionarios era --y es siempre-- un ejercicio indispensable para la vida del socialismo, porque la nueva sociedad hay que crearla, exige invenciones, intuiciones, y una combinación rara de rigor y audacia, de principios y herejía, de fidelidad y ejercicio del criterio propio. Discutieron entonces en las revistas habaneras acerca de problemas muy importantes, expresando sus divergencias, y eso no debilitó para nada al régimen socialista: todo lo contrario. Esa es una lección histórica, y el Che tuvo una participación ejemplar en ella.

La controversia no se limitó a la conveniencia de la autogestión o el Sistema Presupuestario de Financiamiento, a las relaciones entre estímulos materiales y morales, a temas de la práctica económica como el papel de la banca, los costos de producción, las relaciones entre empresas estatales, y otros. El debate abarcó el carácter y los papeles de la ley del valor y del plan en el período de transición socialista, el problema de una correspondencia obligada entre el "nivel" asignado a las fuerzas productivas económicas y las relaciones de producción existentes o a establecer, y el alcance del trabajo con la conciencia en la construcción socialista. Por primera vez en América, involucró a conceptos fundamentales del marxismo, de la Economía Política, de los sistemas de dirección económica socialista posibles, puestos en relación con ideas más generales de política económica, en un debate entre dirigentes de un país socialista y de organismos centrales de su economía, en el que terciaron economistas teóricos conocidos de Europa Occidental.

En l962 había comenzado en la URSS un debate a partir del artículo de E. Liberman "Plan, beneficio, primas", alrededor del criterio de rentabilidad, el alcance del plan central y la estimulación a las empresas a buscar más eficiencia mediante más autonomía, el interés material y una política de incentivos a los trabajadores. Aquel debate fue un paso hacia la reforma económica soviética en l965, y reformas análogas, aunque con sus especificidades, que sucedieron en otros países de Europa oriental. Como es natural, esas ideas iban llegando a nuestro país.

Pero la discusión cubana tenía sus propios puntos de partida. Y fue un extraordinario adelanto de las ideas marxistas, una consecuencia de la victoria de la revolución y el socialismo en Cuba, premisa necesaria que no hubiera sido, sin embargo, suficiente, de haber faltado la extraordinaria conjunción de factores favorables que se dieron aquí. Una cultura política que desde hacía siglo y medio relacionaba el mantenimiento o cambio de los regímenes con las estructuras económicas de producción y las relaciones sociales a defender o atacar, y formulaba argumentaciones sólidas en uno u otro sentido. Una historia de un siglo de luchas revolucionarias de extraordinaria riqueza política e ideológica, que construyó una nación y dio carta de ciudadanía al patriotismo popular unido al radicalismo político, relacionó el antimperialismo con las ideas y la lucha por la liberación nacional, y a estas con las representaciones de lucha por la justicia social y de la clase trabajadora. Un arraigo del marxismo y las ideas socialistas desde la Revolución del 30. El tipo de revolución iniciado en el Moncada, que supo reunir toda la fuerza popular acumulada y descargarla contra los enemigos más visibles y los enemigos fundamentales más solapados de la nación y del pueblo, en una sucesión ininterrumpida de luchas, transformaciones y victorias. Y la personalidad revolucionaria de Fidel Castro, conductor de la revolución armada popular, gestor máximo de la unidad revolucionaria, dirigente de todos los cambios importantes, pensador socialista profundo y creador, una fuerza él mismo de gran alcance.

Y a la vez, las resultantes sumamente desventajosas de una historia de colonialismo y neocolonialismo, y de muy estrechos nexos con su metrópoli, convertida por la liberación en su enemigo mortal. Todos esos factores exigían que el socialismo cubano desarrollara su pensamiento propio, pensara con su cabeza su circunstancia y su proyecto, utilizara el marxismo como instrumento de su acción revolucionaria, o no habría socialismo en Cuba. El debate económico de l963-64 fue una formulación teórica de aquella exigencia. Lo primero que resalta es la profundidad y el rigor alcanzados en el tratamiento de sus asuntos, y el más destacado en esas cualidades, y en la creatividad y fuerza de sus ideas y de sus exposiciones, fue el Che, guerrillero devenido dirigente y ministro. En realidad lo que se ventilaba era la elección de una política económica, a su vez inscrita en decisiones más generales acerca del camino del socialismo en Cuba. La opinión de que lo necesario es realmente "perfeccionar" el sistema llamado del cálculo (autogestión, prefiere llamarle el Che), no busca solamente una modalidad de obtención de la eficiencia económica: es la creencia en que en la transición socialista el progreso del sistema económico pasa por el logro de que "la economía se construya a sí misma", esto es, de que las relaciones económicas gocen de autonomía a un grado tal que garantice su funcionamiento mediante sus regulaciones, su control, sus estimulaciones, sus iniciativas y sus balances económicos.

Esa posición, y su contraria, discuten en realidad cuestiones tales como: ¿hasta dónde pueden intervenir con su voluntad los actores calificados en la construcción económica del socialismo? ¿cuál es el papel real del Estado, del Partido y de la ideología en esa construcción económica? ¿las "leyes económicas" deben dictar el rumbo a seguir, y los resultados económicos dictarán las etapas del socialismo y la conducta a seguir en cada una de ellas? Esas preguntas atañen a la naturaleza que tendrán las palancas principales de la construcción socialista, y por tanto también a cómo marchar, a qué velocidad marchar y, esto es decisivo, hacia dónde marchar.

Llegamos entonces a la encrucijada: ¿Cuba debe cubrir etapas "intermedias" que le faltarían antes de "construir el socialismo", o lo que se exige es avanzar simultáneamente en un complejo y prolongado proceso comunista de lucha por echar bases para la liquidación de toda forma de dominación, desde el inicio de la construcción socialista? Y esto, ¿no es un caso particular de una disyuntiva general, que con sus especificidades nacionales debe regir para todo el socialismo en el mundo? Es válida la generalización teórica, porque el marxismo desde su origen ha concebido el comunismo como el resultado de la acción proletaria en un plano histórico mundial. Y la práctica de aquellos años venía confirmando ese planteo, con la internacionalización rápida y creciente de los procesos revolucionarios. No había ocurrido como lo esperaba Marx, pero los países del llamado Tercer Mundo --el mundo del colonialismo y el neocolonialismo capitalista-que se liberaban realmente, veían en el socialismo su único camino, aunque desde puntos de partida y realidades nacionales muy diferentes.

En el fondo del debate económico --sin desconocer la gran verdad de que ningún debate de esta naturaleza se explica totalmente si sólo se investigan sus temas, y los argumentos utilizados- - aparecen concepciones diferentes del desarrollo social y del carácter de la revolución. Y ellas están relacionadas con el predominio, dentro de las posiciones marxistas, de una concepción determinista o de una concepción basada en la praxis. Hechas, como es obligado, todas las salvedades del caso: en su larga historia, el marxismo aparece ligado siempre a luchas políticas y sociales, a organizaciones y a poderes estatales, a articulaciones internacionales de aspiración mundial, a complicadas implantaciones en cada cultura nacional y a discutibles transculturaciones, entre otros factores, que condicionan la presencia de una gran riqueza de matices en cada caso particular.

El Che defiende una concepción marxista acerca de la revolución que privilegia el papel de la acción consciente y organizada, y lo hace con el rigor de quien ha meditado y estructurado sus aspectos y relaciones internas fundamentales. En sus textos se hace claro el sentido de aquella advertencia temprana, hecha a sus compañeros de Industrias: el Sistema Presupuestario de Financiamiento es solamente parte de una concepción general del desarrollo de la construcción del socialismo, es expresión de una política económica inscrita en esa concepción general. Es por tanto, más que un sistema organizado rigurosamente (y lo es), una parte en un conjunto de acciones socialistas y comunistas para la transición socialista, incomprensible para un análisis que se restrinja a aspectos técnicos, e inaplicable si no es como parte de una totalidad conceptual y de acción determinada. Esa concepción es la que fundamenta sus planteos claves, como el de que la vanguardia revolucionaria, influida cada vez más por el marxismo, puede llegar a prever en su conciencia los pasos a dar y así forzar la marcha de los acontecimientos históricos, "dentro de lo que objetivamente es posible". Afirmación que el Che expone con rigor, en su núcleo y en sus determinaciones, durante la polémica, pero que ha estado, expresa o implícita, en sus escritos e intervenciones de los años precedentes.

La posición filosófica que privilegia la praxis es la que le permite trascender el falso dilema que clasifica en materialistas o idealistas a quienes acepten o no el determinismo social de las llamadas fuerzas productivas, fijo en sus normas y rector de una abstracta evolución de la humanidad. Y es la que permite al Che recuperar la comprensión dialéctica, en este caso de la revolución y de la época de transición del capitalismo al comunismo, y entender como norma de todo el período histórico el carácter dominante del polo subjetivo en la contradicción existente entre la reproducción de la formación social y su transformación.

Es cierto que su concepción implica no reconocer el papel rector de la economía en la revolución y la transición socialista, ni siquiera como "última instancia". Pero no es cierto que el Che contraponga "conciencia" a "economía": juzgarlo así es no entenderlo, aunque es comprensible que se llegue a esa dicotomía cuando se permanece dentro de una concepción determinista de lo social.

Che muestra que es el poder la fuente del mando ejercido sobre la economía, poder revolucionario que tiene que ser capaz de crecer una y otra vez, y convertirse en poder de los trabajadores y el pueblo organizados. La fuerza y el entusiasmo desatados, sistematizados por la vanguardia política y por los instrumentos del nuevo Estado y la nueva sociedad, vueltos a desatar y organizar a niveles superiores cada vez, son decisivos para lograr el propósito que se tiene, que es nada menos que hacer que las fuerzas productivas y las relaciones de producción dejen de ser medios para perpetuar la dominación, y al mismo tiempo lograr la más profunda transformación de los individuos y del conjunto de la vida y la sociedad que vienen del capitalismo. La conciencia que guía la acción organizada y planeada debe ser fundamental, precisamente por los objetivos a alcanzar, los medios que se movilizan permanentemente para lograrlos, y los obstáculos reales que hay que combatir: las relaciones mercantiles, el subdesarrollo, las deformaciones propias y el capitalismo mundial.

Educación, coerción social, normación, deber social, combinaciones de estímulos, relativa falta de desarrollo de la conciencia social, emulación, trabajo voluntario, son palabras que aparecen a lo largo de todos los escritos económicos del Che, perfectamente relacionadas con producción, planificación, trabajo, mercancía, costos de producción, valor, precios, finanzas, sistema de dirección económica. En el trabajo, por ejemplo, la conciencia debe poder medirse, y medirse técnicamente. Conciencia es también, por su parte, la comprensión que los hombres van alcanzando de los hechos económicos, y el grado en que los dominan. Por todo ello, puede llegarse a la definición de planificación centralizada del Che, que suena tan extraña a los oídos habituados al mecanicismo: "es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de la sociedad comunista".

No se trata entonces de desprecio a la economía, sino de que esta debe ser dirigida de manera consciente, porque su nueva meta carece de continuidad alguna con sus metas anteriores, a pesar de que su materia proceda de la economía mercantil generalizada y dirigida a la ganancia: se trata del objetivo más ambicioso que se ha soñado jamás. Por ser tan importante la economía es que el Che se ocupa de ella con tanto esfuerzo y tanta pasión, y la estudia y protagoniza una polémica acerca de ella antes que sobre otros aspectos de la transición socialista. Hay que impedir que se repita una y otra vez, y arraigue entre nosotros, el error de pretender construir el socialismo tomando prestadas las armas del capitalismo. Por tanto, hay que acudir también a la profundización del análisis, a la teoría, y al debate de las ideas económicas y sociales, como parte de la lucha socialista.

El Che explica en el debate puntos débiles de la práctica de sus posiciones, y recuerda más de una vez que faltan demostraciones necesarias de muchas de sus ideas. Pero sostiene con argumentos y tenacidad todos los aspectos importantes de su posición, muestra una gran confianza en la capacidad de los seres humanos en revolución para mover el mundo, y es intransigente en cuanto a la necesidad de analizar, conectar la teoría con la práctica en la situación concreta, y ser creativo: "la tarea de la construcción del socialismo en Cuba debe encararse huyendo del mecanicismo como de la peste".

"La planificación socialista, su significado", en su breve docena de páginas, es un pequeño clásico de economía marxista, por el valor de su tesis central, por la brillantez con que ataca a la argumentación contraria e integra los elementos de su discurso, por su claridad y hondura al fijar los problemas centrales de la economía de la transición socialista, y por la calidad y riqueza de su prosa sintética. Tan apegado al marxismo originario como antidogmático y creador, Che ataca en ese artículo una deformación fundamental contraída por el marxismo y mantenida durante décadas. Y relaciona eficazmente la economía real con el análisis del conjunto de la formación social y de sus condicionantes, al pensamiento económico con el conjunto del pensamiento social, y a los hechos y el pensamiento con su propia historia.

La economía de la transición socialista tiene un lugar cardinal en la concepción del Che del socialismo y del comunismo, pero no un lugar independiente. A ella le dedicó cientos de páginas y muchas intervenciones, profusas meditaciones y propósitos de educación y de divulgación. Al contrario de los que piensan que sustituyó el realismo de la economía por el idealismo de la conciencia, Che comprendió la máxima importancia de los hechos económicos en las sociedades y la urgencia ineludible de lograr un desarrollo económico de tipo radicalmente nuevo, socialista. Lo comprendió tanto, y vio tan bien lo que el socialismo se juega en ello, que pensó, argumentó, defendió y practicó la tesis de que, para avanzar al socialismo y al comunismo, la economía debe ser gobernada conscientemente.

Termino con una pregunta del Che: "¿por qué pensar que lo que 'es' en el período de transición, necesariamente 'debe ser'?", y con una invitación suya: "no desconfiar demasiado de nuestras fuerzas y capacidades". Ambas pertenecen a aquella polémica, pero siguen vigentes. Buscando hace quince años un epígrafe apropiado para colocar al inicio de un libro en que traté de exponer la concepción y la batalla intelectual del Che, encontré esta frase de José Martí que me sigue pareciendo ideal para retratarlo: "El único hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana."

¿Es viable releer la teoría en la complejidad económica de Cuba?

No es tan importante el tema de la propiedad, como sí el de los pasos a dar para convertir a las empresas en rentables y eficientes.


El universo empresarial no tiene carácter físico, sino social.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

En este mundo cambiante, con crisis económicas cada vez más profundas, algunos gobiernos intentan aplicar cierto empirismo, a merced de intentar resolver la situación en que se encuentran. Pero no es ocioso, en sus tiempos libres, revisar ciertas teorías escritas en la historia moderna.

La diversidad de temas económicos analizados por Carlos Marx (1818-1883) y Federico Engels (1820- 1895) fue muy amplia y eso no es casual, según la concepción de que “la anatomía de la sociedad hay que buscarla en la economía política” (en “Prefacio de la Contribución a la crítica de la economía política”).

Los clásicos del marxismo desarrollaron  nuevas teorías o reformularon algunas, como la teoría del valor-trabajo, o de la plusvalía, o la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Se pudiera decir que, de todas las teorías y conceptos económicos del marxismo, hay especialmente dos que mayormente tuvieron que ver en la implantación del modelo económico de la URSS y, posteriormente, en el resto de los países socialistas, aunque muchas veces con variadas características entre una nación u otra.

Ellos fueron la teoría de la plusvalía y el concepto de la eliminación de las crisis periódicas del capitalismo, mediante la planificación.

Mucho se ha escrito sobre el proceso de creación de la plusvalía en la producción, donde el salario no es el precio del trabajo desarrollado por los obreros, sino de la fuerza de trabajo; de manera que los obreros trabajan para sí durante una parte de la jornada laboral y, durante el resto de la jornada laboral, trabajan para los dueños de los medios de producción.

Esa parte del trabajo, apropiada por los dueños, constituye la plusvalía;o sea, que la plusvalía –o beneficio en la producción– el dueño la extrae del trabajo obrero impagado. 

Socializar medios de producción-debates


Muchas discusiones económico-políticas se centran en defender o bien la propiedad de los bienes de producción en manos de privados, o en manos del Estado. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Entonces, para acabar con esa apropiación, se esgrimió la idea de que era necesario socializar los medios de producción. Si los obreros pasasen a ser los propietarios de los medios de producción, recuperarían en bienes la totalidad del trabajo realizado. Pero ahí comenzaron los debates y las variantes de solución: ¿todos los medios de producción, o solo los medios fundamentales de producción? ¿“Socializar” significa pasar los medios de producción solo a manos del Estado, o también es válido el traspaso de estos medios de producción a los trabajadores concretos de cada centro de trabajo, creando cooperativas en manos de los trabajadores?

¿Qué pasa si los medios socializados comienzan a dar menos beneficios y a pagar menos impuestos que cuando estaban en manos de particulares? ¿Hay que privatizar las empresas irrentables, que no se consideran esenciales o priorizadas? Y, como estas, muchas otras preguntas. Por ejemplo, al crearse empresas mixtas entre el Estado y capitalistas foráneos, ¿sigue existiendo “apropiación del trabajo del trabajador”, expresada en la parte de la ganancia que obtienen los inversionistas extranjeros?

El modelo soviético, establecido desde la época de Stalin (1878-1953) una vez abolida la “NEP” (“nueva política económica”, en ruso) de la época de Vladimir Lenin (1870-1924), fue el preponderante para responder estas preguntas, aun cuando existieron diferencias en su aplicación en cada país.

Desde entonces, muchas discusiones económico-políticas se han centrado en defender o bien la propiedad de los bienes de producción en manos de privados, o en manos del Estado.

Estas discusiones suelen olvidar que, en la economía moderna, los dueños mayormente no administran, sino que son beneficiarios de la utilidad neta de las empresas que poseen, después de pagar los impuestos a la sociedad. Se suele poner en primer orden el tema de la propiedad cuando, antes de obtener la utilidad, en las empresas previamente hay una ilimitada cantidad de procesos técnicos, administrativos, financieros, gerenciales y de otro tipo, que harán que sean más o menos rentables y eficientes.

¿De qué valdría que las empresas fuesen del pueblo, si de ellas apenas se obtienen beneficios? Antes de repartir las utilidades a favor del dueño, primero hay que crear esas utilidades. No se puede pensar en sancionar a los que logren dividendos superiores a la sociedad, si son privados, como aparece en la constitución cubana y en otros documentos.

 En busca de eficiencia

No es tan importante el tema de la propiedad, como sí el de los pasos a dar para convertir a las  empresas en rentables y eficientes.

En primer lugar, porque si el Estado deja de controlar los medios fundamentales de producción (que no son todos, como se quiere defender), equivaldría a un cambio del sistema socialista, que no es lo refrendado en la Constitución de la República, ni representaría el sentido de lo aprobado por el país en las consultas populares desarrolladas en los últimos tiempos (cambios a la Constitución, discusión y aprobación de los “Lineamientos”, etc.).

En segundo lugar, en los propios países capitalistas desarrollados han existido empresas públicas –o sea, pertenecientes al Estado–, pero compitiendo en el mercado, a la par que las empresas privadas, y no por ello esos países han dejado de ser capitalistas.

No es la propiedad en manos del Estado lo que ha provocado que muchas empresas no sean muy rentables, o sus manufacturas estén muy por debajo de su capacidad de producción, o se conviva permanentemente con escasez e insuficiente producción.

Los debates debieran centrarse en analizar cómo lograr la menor intromisión posible del dueño (el Estado) en la administración de sus empresas; cómo profesionalizar la gerencia de esas empresas, la gestión de sus recursos materiales, financieros y humanos, en búsqueda de la rentabilidad y el incremento de la producción.

En la actualidad se intenta responder a esas dificultades con las 15 medidas aprobadas para el sector empresarial estatal cubano; esperemos los resultados, para ver si ya son esas o no las medidas y si no harían falta medidas adicionales.

 Nuevos conceptos de la empresa     


Obreros laboran en los talleres de la estatal Empresa de Servicios Técnicos Industriales de Santiago de Cuba, destinada a dar soporte técnico y de servicios a la industria azucarera, con el fin de sustituir las importaciones en el sector. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Muchos mencionan que solo se puede ser eficiente si los medios de producción tienen un dueño absoluto, una persona que vigile y controle el proceso productivo y a los trabajadores. Los que así piensan, de forma absoluta, siguen creyendo en el establecimiento pequeño de principios del siglo XX.

Aun cuando las pequeñas y medianas empresas (pymes) puedan reaccionar con mayor dinamismo a las necesidades del mercado, o emplear a una gran cantidad de personas, una parte del producto interno bruto en los países desarrollados es creado tanto por las pymes, como por las grandes empresas y por las transnacionales; y allí no se observa al dueño trabajando al lado de los trabajadores.

Muchas veces los trabajadores ni conocen quiénes son los dueños de la gran empresa donde laboran, ya que muchas son sociedades anónimas, que cotizan o no en bolsas, con decenas de propietarios, donde una parte de la propiedad cambia de mano en mano, casi a diario. Estas empresas son eficientes, aunque no tengan a ningún dueño exigiéndoles para que trabajen.

El mundo moderno ha demostrado que no pocas de esas empresas son, en muchas ocasiones , tan eficientes como los negocios pequeños privados y, con su tamaño, generan economías de escala y mejor utilización de los recursos.

La propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción está para que esos medios brinden beneficios a la sociedad; no solo utilidad social en forma de mercancías producidas, sino buenos salarios para sus trabajadores, impuestos para la sociedad y utilidad a favor del dueño (el pueblo).

 Entre planificación y mercado

En cuanto al segundo tema, la parte de la teoría marxista que más pudo haber incidido en los resultados económicos de los países socialistas tuvo que ver con la interpretación dada para introducir en la sociedad los conceptos de la planificación, la voluntad de organizar y dirigir la sociedad de tal modo que no existan crisis de sobreproducción, ni otras crisis periódicas del capitalismo.

Y la pregunta es: ¿qué es la planificación? Pudiéramos intentar responder esta pregunta basándonos en criterios recogidos en algunas obras, como la de Peter F. Drucker (1909-2005), uno de los pilares del pensamiento administrativo moderno. Lo curioso es que sería mejor definir qué no es la planificación.

La planificación no es cuantificación. La construcción de modelos o la simulación pueden ser útiles, pero no es planificación. La planificación no es un pronóstico. No se puede predeterminar el futuro, porque el futuro es impredecible. Cualquier intento en ese sentido es absurdo, como no tiene sentido culpar a una mala planificación de ser la causa de que los planes no se hayan cumplido.

La planificación no se refiere a decisiones a tomar en el futuro. Tampoco es un intento de eliminar el riesgo; ni siquiera es un intento de minimizarlo. En el planeamiento estratégico, las preguntas más importantes pueden ser –por ejemplo– las que se refieren al carácter actual o futuro de la empresa. Es la aplicación del pensamiento, el análisis, la imaginación y el juicio.

Es responsabilidad, más que técnica, en la que se puede partir de tres preguntas esenciales: ¿qué es la empresa? ¿Qué será? ¿Qué debería ser? De ahí pueden desprenderse otras preguntas, como: ¿qué actividades actuales debemos abandonar? ¿Cuáles deben pasar a segundo plano? ¿Cuáles debemos impulsar, con el aporte de nuevos recursos? ¿Qué cosas nuevas y diferentes debemos hacer y cuándo las haremos?

Un pronóstico intenta hallar el curso más probable de los hechos, o de las probabilidades. Pero el universo empresarial no tiene carácter físico, sino social. El empresario debe promover hechos o innovaciones que transformen la situación económica y social; debe modificar las probabilidades, que son la base de las predicciones, para procurar empresas futuras diferentes.

El planeamiento estratégico es el proceso continuo de adoptar decisiones empresariales ahora (asunción de riesgos), sistemáticamente, y con el mayor conocimiento posible de su carácter de futuro. Es organizar los esfuerzos necesarios para ejecutar estas acciones y medir los resultados de esas decisiones, comparándolos con las expectativas.

Indistintamente, se ha mencionado “planificación” y “planeamiento estratégico”. No son lo mismo, pero deben estar estrechamente ligados, teniendo en cuenta que mediante el planeamiento estratégico se define la estrategia, la visión para el futuro; mientras que la planificación operativa establece cómo llegar allí, diariamente o semanalmente. Ambos conceptos describen los planes de la empresa para alcanzar un futuro, pero en diferentes contextos.

 Mercado y asignación de recursos


Que el mercado deba tener un mayor peso en la economía, no equivale a que el Estado se desentienda de todo o no pueda influir en la economía. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La planificación no puede significar fijar precios y salarios para toda la sociedad, de acuerdo a cálculos “científicos” de unos “burócratas” sentados en unos ministerios. La planificación puede y debe ayudar a concentrar recursos en líneas estratégicas aprobadas; pero no significa que los recursos se obtengan solo por asignaciones centralizadas, muchas veces en un divorcio total con las preferencias del mercado. Tampoco significa hacer pronósticos de cifras y guiarnos ciegamente por ellas, como si fuesen una camisa de fuerza. La vida es más rica en sucesos que cualquier planificación.

Hasta ahora, la asignación de recursos en la economía –lo mismo para nuevas inversiones que para compras de materias primas y otros activos circulantes–, mundialmente, solo se observa desde el Estado, por asignaciones y en base a una planificación centralizada; o mediante el mercado, con un papel preponderante de los precios en esa distribución y asignación de los recursos.

Como bien mencionan otros economistas, en particular Pedro Monreal, “la crítica a los precios de la planificación centralizada no equivale a negar la función de la regulación estatal, ni que se considere que el precio de mercado sea un mecanismo ‘óptimo’, ni que el modelo a seguir debería ser algo a lo que, de manera imprecisa, se le llama ‘libre mercado’”.

O sea, aun cuando el mercado deba tener un mayor peso en la economía, eso no equivale a que el Estado se desentienda de todo o no pueda influir en la economía, con una variada aplicación de instrumentos de política monetaria, inversiones, controles (por ejemplo: salarios mínimos, cuidado al medio ambiente y otros), de aplicación de impuestos y muchas otras variadas herramientas que no solo busquen eficiencia económica, sino también una mejor distribución de la riqueza y una adecuada justicia social, conforme a la construcción del socialismo.

Pero, en sentido general, el mundo no ha conocido un mejor método de asignación de recursos que el que se obtiene por el mercado, por la valoración de los productos y servicios que hagan los propios consumidores.

Ese ha sido el método principal aplicado por China y Vietnam. Al margen de las diferencias entre ambos –o entre ellos y Cuba–, no han dejado de ser países socialistas, con un único partido comunista como fuerza rectora de la sociedad.

 Socialismo sin dogmas


Se ha permitido la ampliación de la actividad por cuenta propia y no por ello se considera que hemos dejado de ser un país socialista. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Algunos temen porque la adopción de determinadas medidas o prácticas impliquen abandonar el socialismo y ese es el slogan que tratan de vender. Identifican el sistema con ciertos dogmas, olvidando que la historia demuestra que en cada momento siempre se han tenido que adoptar determinadas decisiones, aunque no siempre coincidan con los paradigmas establecidos hasta ese momento; así como que el marxismo no es partidario de dogmas.

Por ejemplo, en 1992 se consideró que era más importante que las personas religiosas pudiesen entrar al Partido Comunista, si tenían las mismas concepciones humanistas, de justicia social y el mismo interés de defender la Patria frente a agresiones externas, sin importar si la concepción de las personas religiosas sobre la génesis de la tierra era idealista y no materialista.

En 1993 se despenalizaron las divisas extranjeras y las personas con fuentes de acceso a ellas mejoraron su calidad de vida, en comparación con el resto de la sociedad, lo que generó diferencias sociales. No por ello se puede decir que se abandonó el socialismo. Se ha permitido la entrada de capital externo, tanto en empresas mixtas como en otras totalmente de capital extranjero. Se ha permitido la ampliación de la actividad por cuenta propia y no por ello se considera que hemos dejado de ser un país socialista.

Hoy, por los factores conocidos (bloqueo más intenso, covid-19, problemas de liquidez, etc.), hubo que crear tiendas en moneda libremente convertible (MLC), las cuales se incrementan cada día, aun cuando se sabe que una gran parte de la población no gana MLC ni puede adquirirla a precios oficiales. Esto crea diferencias significativas en la sociedad; sin embargo, no se deja de decir que se sigue avanzando en el modelo económico socialista.

La concepción sobre lo que significa la “planificación”, así como la asignación de recursos, los precios, los salarios y otros aspectos vinculados al existente concepto de la planificación, tendrán que cambiar algún día. Y no por ello el país, automáticamente, dejará de ser socialista.

La propiedad social sobre los principales medios de producción, la justicia social de la mano de una redistribución de los ingresos de la sociedad, el Partido Comunista como fuerza rectora de la sociedad y otros atributos pueden garantizar la permanencia como estado socialista.

Pero en modo alguno eso significa que las empresas estatales –o sea, pertenecientes a todo el pueblo– tengan que regirse por aprobaciones centralizadas, ajenas al mercado, para fijar precios, salarios, inversiones, controlar sus recursos financieros y pagos de sus obligaciones, entre otros elementos

Mientras más rentables y eficientes sean las empresas estatales, mayores recursos podrán brindar a sus trabajadores y por el bien de toda la sociedad.

Los clásicos del marxismo no pudieron profundizar en estos temas del funcionamiento de la sociedad socialista y, aunque lo hubiesen hecho, lo habrían escrito en otras condiciones históricas.

Tenemos una concepción dialéctica que reconoce cambios y confrontaciones con la realidad, que reconoce que la práctica humana es la comprobación decisiva de nuestros conocimientos. No es posible atarse a conceptos económicos creados hace un siglo, por la práctica seguida en la ex URSS, cuando han demostrado con creces que no llevan a la eficiencia, ni al incremento de la productividad del trabajo, ni de la economía.

El camino cubano tiene que seguir otras prácticas más exitosas, demostradas a lo largo de la historia. (2021)

Desarticulan en Sancti Spíritus casas almacenes, fábricas ilegales y contrabando informal de productos

Al cierre de mayo la Policía Nacional Revolucionaria ha radicado más de un millar de denuncias por actividad económica ilícita, acaparamiento, infracción de las normas de protección al consumidor y tráfico de divisas. Se han decomisado productos agropecuarios, de aseo, cajas de cigarros y carne de res y de cerdo




En los primeros cinco meses del año se impusieron 278 multas con un importe que supera los 900 500 pesos. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Como parte del enfrentamiento al acaparamiento y reventa de productos, desde enero y hasta el cierre de mayo la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) ha radicado más de 1 050 denuncias por los delitos de actividad económica ilícita, acaparamiento, infracción de las normas de protección al consumidor y tráfico de divisas, con los mayores números en la cabecera provincial y Jatibonico.

Según revela un informe de la PNR al cual Escambray tuvo acceso, en las más de 60 casas almacenes que fueron desarticuladas en ese periodo se ocuparon desde productos agropecuarios, frutas, maíz, arroz, cárnicos… hasta considerables cifras de artículos de aseo, limpieza y ferretería.

Igualmente se desactivaron 19 fábricas ilegales en las que se elaboraba ron, refrescos, dulces, tabaco, pan, así como tres talleres ilegales destinados a la chapistería y pintura.

En la mira del accionar policial han estado tanto el sector estatal como el no estatal, de ahí que tras las inspecciones realizadas a centros de Comercio y de Gastronomía, Mercados Agropecuarios Estatales, puntos de la Agricultura Urbana y trabajadores por cuenta propia se ha multado a más de 280 personas y 73 han sido apercibidas.

Aun cuando, fundamentalmente, se han detectado violaciones en el gramaje y mala elaboración de los productos, adulteración de precios, incumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias, en algunos casos se han procesado también denuncias a causa de incurrir en diferentes delitos.

De acuerdo con la PNR, la mayor incidencia ha estado en Sancti Spíritus, Trinidad y Cabaiguán, lugares donde se ha radicado el número más alto de denuncias, sobre todo, por incurrir en actividad económica ilícita —más de un centenar—, acaparamiento, infracciones de las normas de protección al consumidor y receptaciones.

Desde enero y hasta el cierre de mayo, a causa del accionar policial se realizaron 187 decomisos, los cuales conllevaron a la ocupación de 534 007 libras de cebolla, 22 554 de tomate, 17 844 de arroz, 2 872 de ají, 2 426 de frijol, 1 814 de papa y 1 100 de boniato.

Asimismo, se decomisaron más de 1 290 libras de carnes de res y de cerdo y otros productos como 36 462 cajas de cigarros y 7 828 unidades de artículos de aseo.

Con el propósito de acorralar todas aquellas conductas que infrinjan las normas establecidas y afecten, a la postre, a la población el actuar de la PNR también se ha enfilado contra quienes violentan el Decreto 30 de 2021 del Consejo de Ministros que establece las contravenciones a la política de precios.

Si bien fue marzo el mes donde más decretos se aplicaron, en los primeros cinco meses del año se impusieron 278 multas con un importe que supera los 900 500 pesos.

El enfrentamiento ha estado dirigido a coartar todas aquellas conductas transgresoras y los delitos que afecten tanto a la economía de la nación como al bolsillo de los ciudadanos.

Irán autoriza el uso de emergencia de su primera vacuna local contra la covid. Cuba colabora.

Este contenido fue publicado el 14 junio 2021 - 13:5514 junio 2021 - 13:55

Teherán, 14 jun (EFE).- Las autoridades iraníes han autorizado el uso de emergencia de su primera vacuna local contra la covid-19, COVIRAN Barekat, que todavía no ha finalizado la tercera fase de ensayos clínicos, informó hoy el ministerio de Salud.

El ministro iraní de Salud, Said Namakí, explicó que ya se ha emitido el permiso para esta vacuna, cuyas sus dosis se empezarán a administrar en la campaña de vacunación general "a partir de la próxima semana".

Según Namakí, este paso se ha dado después de que las fases primera y segunda de los ensayos clínicos dieran buenos resultados y tras "pasar un tiempo" prudencial desde el inicio de la tercera fase.

COVIRAN Barekat, del tipo de virus inactivo y desarrollada por el organismo estatal Ejecución de la Orden del Imán Jomeiní, comenzó su fase 3 de estudio el pasado 25 de abril con 20.000 voluntarios.

Los investigadores de esta vacuna aseguran que tiene escasos y leves efectos secundarios y que funciona frente a las distintas variantes del nuevo coronavirus, aunque no han revelado su porcentaje de eficacia.

Con su uso en la inmunización general, Irán pretender acelerar una campaña que avanza con lentitud debido a la escasez de vacunas recibidas, principalmente la rusa Sputnik V, la china Sinopharm y la británica-sueca AstraZeneca.

Irán tiene varios candidatos vacunales y, además de COVIRAN Barekat, otros dos están en el proceso de ensayos clínicos, aunque menos avanzados: Razi Cov Pars y Fajra.

También coopera con La Habana en el desarrollo de la candidata cubana Soberana 02, cuya fase 3 de estudio se está desarrollando simultáneamente en Cuba y en Irán.

Esta candidata, denominada en Irán Pasteur, también va a ser autorizada en breve para su uso de emergencia en la vacunación de la población, adelantó el ministro iraní de Salud.

"Pasteur, que es una de las mejores vacunas con la tecnología en común de nuestro país con Cuba, obtendrá el permiso para su uso de emergencia a principios de la próxima semana", afirmó Namakí.

Un total de 4.354.445 iraníes han recibido la primera dosis de una vacuna de la covid-19, y más de 850.000 la pauta completa, de una población de más de 80 millones.

En las últimas 24 horas, se detectaron en el país 10.715 nuevos contagios, lo que eleva el total de casos a más de 3 millones; y fallecieron otras 119 personas, con lo que el balance de decesos desde el inicio de la pandemia se sitúa en 82.217. 

EFE


Historia y Teoría. Las dosis exactas CAPITALISMO Y SOCIALISMO EN TIEMPO REAL

Por Jorge Gómez Barata

El capitalismo, no es una forma de gobierno, sino un modo de producción, una manera de hacer las cosas que en la economía resulta altamente eficiente. El socialismo de estado ha pretendido ser ambas cosas y mas.

Gracias a su plasticidad, el modo de producción capitalista que florece mejor en ambientes liberales, es compatible con cualquier forma de gobierno: monarquía y república, dictadura y democracia, incluso con la teocracia. Capitalistas son Suiza e Irán, Bélgica y Haití, Israel y Palestina, Estados Unidos y Rusia. Allí donde ha dado lugar a los estados de bienestar y a la economía social de mercado, el capitalismo armoniza con el socialismo.

Debido a fenómenos casuales, en los siglos XVIII y XIX, el modo de producción fundado en las relaciones entre el capital y el trabajo, el empleo masivo de máquinas, la concentración de la producción y otros factores, avanzaron más rápidamente que la organización estatal basada en el liberalismo y la democracia que no aplicó a tiempo las regulaciones necesarias, permitiendo que se desatara el “capitalismo salvaje”.

Al percatarse que la desaforada explotación de los trabajadores a que la desregulación dio lugar y a las tensiones y rupturas sociales que ello generaba, los estados, unos más que otros, se apresuraron a establecer normas y aplicar políticas que evitaran malestar y explosiones sociales. Las mismas fuerzas que en Europa separaron la Iglesia del Estado, segregaron también las funciones públicas, especialmente el gobierno, de la economía. A propósito, Lenin explicó que: “…Bajo el capitalismo, el estado representa a la burguesía en su conjunto y no a una parte de ella…”

La absoluta desregulación beneficiaba a los dueños de fábricas, minas, astilleros y otras actividades empresariales, pero, al provocar descontento y rupturas, perjudicaba a otras esferas, era contrario al credo de quienes ejercían profesiones liberales y a los intereses de los políticos, así como a la gobernabilidad que, en las democracias, necesitan de rangos de apoyo o como mínimo tolerancia popular.

Raras veces se repara en el hecho de que la “aventura atlántica” que llevó al descubrimiento de América y la colonización ibérica fueron empresas estatales financiadas y organizadas por las coronas de España y Portugal. Las Compañías de Indias en Inglaterra y Holanda nacieron como entidades estatales o mixtas. El rey inglés Jorge, el mismo que concedió licencia a los colonos que desembarcaron en América del Norte era accionista de la Compañía de Indias.

Está descrito el anómalo proceso mediante el cual en los países europeos primero y luego en los Estados Unidos, el dinero proveniente de la actividad económica privada y del saqueo colonial, se imbrican con la política, llegando a influir decisivamente en la actividad de los poderes públicos y en el desempeño de los estados, lo cual es particularmente notable en Iberoamérica.

Siempre dudé que un hombre de las luces de Karl Marx abogara por la destrucción del modo más eficiente de producir generado por la civilización, lo cual nunca ocurrió. Como el científico que era, investigó el capitalismo y, en el curso de sus investigaciones, descubrió que, debido a factores endógenos, esa formación social, como aquellas que la precedieron era perecedera.

Tales conclusiones dieron lugar a una metodología para estudiar y comprender la historia y su crítica al modo de producción, abarcó al sistema en su conjunto, lo cual resultó ser, además, un hallazgo político que lo convirtieron en el primer y en realidad único líder socialista mundial.

Por razones coyunturales, avanzando por un atajo, el proceso llamado de construcción socialista se inició en Rusia en circunstancias que Marx no había ni imaginado, asumiendo una posición nihilista que incluyó no solo la institucionalidad política, incluidos los partidos, las prácticas parlamentarias, el derecho y la democracia que fueron barridas, sino también las bases del modo de producción, cuestionando la propiedad, el mercado, el dinero y todo lo demás. En los ámbitos culturales la anécdota del proletkult y el fusilamiento de Dios son antológicas.

Apreciados en su conjunto las interpretaciones erróneas de las tesis de Marx, las acciones en respuesta a la contrarrevolución y al acoso del imperialismo mundial, así como los errores en el manejo de la economía y en la política, especialmente el estalinismo, caracterizado por el rechazo visceral a las reformas y a cualquier forma de ejercicio privado de la economía, a las ideas asociadas al mercado, la competencia, el dinero, que privaron al socialismo en la URSS y el resto de los países ex socialistas de herramientas eficaces e ideológicamente irreprochables.

China y Vietnam, al menos en el terreno económico han comenzado a cambiar las reglas, por cierto, no les va nada mal. Entre tanto, Cuba deshoja margaritas. Allá nos vemos.

14/ 06 / 2021
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Publicado por el diario ¡Por esto! 

domingo, 13 de junio de 2021

Cuba. Homenaje al Che Guevara en el 92 aniversario de su natalicio

 Por. Tony López R. (*)

Jun. 13/21.- En ocasión de conmemorarse el próximo 14 de junio, el aniversario 92 del natalicio del comandante Ernesto Che Guevara, y en homenaje a su vida y obra, los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, en su proyecto Historia Viva, en coordinación con la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. Municipio Plaza, entrevistaron al General de División ® Rogelio Acevedo González, uno de los protagonistas de esta historia de valentía y admiración por el guerrillero heroico.

Entrevista realizada el pasado 27 de mayo, por la estudiante Yelissa Agüero Rodríguez miembro del Movimiento de Corresponsales de la Facultad de Derecho, de la Universidad de La Habana. A continuación, el texto de la entrevista.

Entrevistadora: ¿Cómo fue su incursión en la guerrilla del Che?

Entrevistado: Yo soy un veterano guerrillero jubilado. Ya cumplí 80 años ahora en abril y durante un grupo de meses estuve en la guerrilla con el Che y con Fidel.

En el libro “Tan solo con 16” aparecen las vivencias que surgieron desde el Golpe de Estado de Batista el 10 de marzo, cómo se fueron inculcando en mi cabeza y la de mi hermano las ideas para luchar contra aquella férrea dictadura, sanguinaria, brutal, que nos golpeaba; el ataque al Moncada; la lucha de Fidel en la prisión y después su preparación en México y la gran noticia de la llegada a Cuba con el Desembarco del Granma.

En ese momento queríamos unirnos a Fidel porque en el pueblo, como verás en el libro, cada día era más la presión que existía de la dictadura contra los jóvenes en el bachillerato, pero nadie nos orientaba cómo irnos, cómo hacer, con quién hablar, qué práctico nos llevaría, etc. Y en esas condiciones, pues, sencillamente decidimos irnos para la Sierra Maestra. Salimos de Remedios, a 600 km de la Sierra, sin práctico, guía o alguna información. Precisamente, un día como hoy 27 de mayo. En total fueron 69 días para poder encontrar a los guerrilleros.

Cuando llegamos, después de mucho andar, nos encontramos con una tropa guerrillera, el 3 de agosto de 1957. Esta columna guerrillera, no estaba dirigida por Fidel -nosotros queríamos unirnos a Fidel que era el jefe indiscutible de la Revolución- sino por un desconocido argentino al que le decían el Che. Fidel había hecho en julio otra columna y había ascendido a Comandante al Che después del Uvero dándole el mando de esta columna No.4.

Junto con él estaba Ramiro Valdés y Ciro Redondo, ambos combatientes del Moncada. Nos costó mucho trabajo entrar porque nos decían que éramos muy muchachos; aunque nos pusimos más años de edad, pero descubrieron que realmente éramos unos vejigos. Enrique tenía 14 años y yo 16. Nosotros queríamos estar de todas maneras con Fidel y teníamos en mente que tan pronto nos encontráramos con él trataríamos de hablarle para pasarnos para su columna. En definitiva, nos encontramos después.

Haciendo un resumen de estos diecisiete meses: con el Che estuvimos once meses, primero cuatro, desde agosto hasta noviembre. Con Fidel luego seis meses, de diciembre hasta mayo del 58 y en mayo volví otra vez con el Che. Ya Enrique estaba con él.

La primera etapa fue muy difícil y al final el Che nos disparó para la escuadra llamada de los Descamisados. Ahí estaba la gente que no servía, los que lloraban porque tenían hambre o porque les tiraban los aviones. Dos veces deploraron aquella escuadra y nos quedamos nosotros. Luego el Che empezó a ver en nosotros a dos pichones de revolucionarios que podían ser útiles, sabía que no teníamos familiares ni amigos o alguien que conociéramos en aquellas montañas o en aquella columna.

Con Fidel sí fui un mejor soldado. En tres meses uno se acostumbra a las montañas aquellas; empecé a caminar mejor, a sentirme mejor. Y en esas condiciones un día sin proponérmelo Fidel me hizo teniente y con el grado de teniente empecé en la columna No.1. Me enteré que el Che había formado otra columna después de haber estado herido en un pie. Lo fui a ver para saludarlo porque realmente sentía mucha admiración por él, y me preguntó que dónde estaba, qué hacía. Me dijo: ¿quieres estar con nosotros? Le dije que era teniente y que tenía un arma automática, y me respondió: te aseguro las dos cosas.

Así empecé a formar parte de la gente que, una vez terminada la ofensiva del ejército de Batista en la Sierra Maestra, formaron parte de la invasión y así vine en la invasión como un teniente más de la retaguardia del Che.

Entrevistadora: ¿Qué cualidades admiraba del Che?

Entrevistado: En primer lugar, no siendo cubano, luchaba como el mejor en aquella guerrilla nuestra y lo veía como algo similar a lo que hizo el generalísimo Máximo Gómez en nuestra Patria. A mí me causó admiración que una persona que no hubiera nacido en Cuba estuviera jugándose el pellejo y pasando las dificultades que existían; como conocen, él era asmático y, sin embargo, tenía una voluntad de hierro.

 Era además un hombre muy valiente, yo diría que temerario. Temerario es aquel que hace lo que tiene que hacer sin pensar en el miedo, o sobreponiéndose al miedo; miedo siempre tiene uno. El Che siempre estaba en la primera línea, en la etapa del desembarco como soldado, después fue el primero que capturó un fusil. Siempre dispuesto a la misión más riesgosa. Yo recuerdo ver como actuaba ante la aviación, ante los morteros, ante una emboscada.

En Santa Clara un 31 de diciembre, el último día de la guerra, el Che montado en un tanque fue a preguntarme cuándo se caía la Audiencia. Ya habíamos tomado la cárcel. Me dio pena porque llevábamos tres días haciendo de todo y recuerdo que me dijo: No te preocupes que esta gente no tiene escapatoria, no tomes las cosas muy a pecho y sigue combatiendo como están que esta gente dura poco. Al otro día se rindió el ejército y se fue Batista de Cuba.

Admiraba a los combatientes por su valor personal, por encima de su nivel, si era universitario o no. Está el caso de Silverio Blanco, del que hablo en el libro y que fue soldado mío, después teniente de la columna No.8 y al morir en Cabaiguán, una semana antes de terminar la guerra, el Che lo hizo Capitán siendo analfabeto; pero era este un hombre de valor temerario como Julio de la Iglesia, José Ramón Silva. Alrededor de quince hombres eran temerarios así, otros eran valientes en un momento determinado o valientes obligados porque tenían que demostrar el valor a pesar de tener bastante miedo.

Admiraba la justicia con que distribuía todo. El Che no comía mejor que nosotros. Pero además había justicia a la hora de repartir las botas, los abrigos, las cosas que llegaban, las armas; el que se ganaba un arma peleando era suya. Tu veías gente muy barbuda y peluda con una escopetica y veías a otros casi sin pelo, pero con un garand y decías: Este es un tipo valiente porque se ganó ese fusil arrancándoselo al enemigo.

De esa manera era con los grados. Había que sudar tinta para ganarse el grado de teniente o de Capitán con el Che. Era muy exigente y poco dado a recibir elogios. A cualquiera le decía guataca, aunque lo quisiera realmente. Tú hacías una cosa bien y para él era normal. Creía que las cosas había que hacerlas bien. Y cuando las hacías mal, los pescozones que te daba y los señalamientos críticos eran tremendos.

Muy inteligente y audaz, sin haber pasado una escuela militar, salvo la que pasó en México con el General Bayo. En los casos de la invasión indicaba hacer cosas como pasar una línea o pensar en cómo un barco iba a dar al centro de las Villas; o en Santa Clara, después de tomado Caibarién y Remedios nunca pensé atacar Santa Clara que tenía cerca de tres mil soldados y nosotros éramos cuando más quinientos y sin embargo decidió atacarla porque el enemigo estaba en su momento más crítico.

Tenía un gran corazón, a pesar de ser un tipo duro. Su atención a los campesinos curándolos, sacando muelas, campesinos que tal vez nunca habían visto un médico. El trato a los guardias enfermos o heridos en combate a los cuales curaba también. Por otro lado, era una persona muy sencilla. Nunca quiso que lo llamaran Ernesto Guevara de la Serna o Comandante. La mayoría de las veces decíamos el Che o argentino. Así es como lo conocí en la guerra.

Entrevistadora: ¿Cómo fue su relación después de terminada la guerra?

Entrevistado: Después de terminada la guerra, entre el 59 y el 64, nos tocó vivir un grupo de momentos importantes. En la Cabaña estuvimos juntos varios meses. En el libro relato las relaciones con él allí, yo como Capitán, Jefe de un batallón de la Cabaña y las actividades que realizábamos. Después se formaron las fuerzas tácticas y fuimos a dar a las Villas, al centro del país. Aunque él estaba ya en el Banco, iba a visitarme de vez en cuando.

Por último, recibí la instrucción suya de ser el Jefe de las fuerzas que irían a construir la Ciudad Escolar del Caney, hoy Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos. Allí nos visitó en seis meses, dos o tres veces por mes, incluso hizo trabajo voluntario con nosotros un 11 de noviembre. Se tiraba en una avioneta y no sé si estaba practicando aviación o quería vernos, pero se tiraba en un terraplén con Eliseo de la Campa de piloto.

Después un día me planteó la tarea de que fuera Director Nacional de Milicias. Había sido trazada por Fidel la idea de crear las milicias el 22 de octubre del año 59. Yo le dije que no tenía capacidad para aquello pero me dijo que él me ayudaba. Y me convenció. Salí de Oriente a trabajar en toda la formación de las milicias y pude participar junto a Raúl y Fidel quien me daba instrucciones directas mientras el Che me daba seguimiento. Me citaba a las dos o tres de la mañana en el Banco Nacional y allí me chequeaba; había que prepararse bien porque los señalamientos críticos eran duros.

Algo curioso que me demostró su sencillez, era como los billetes que hizo como Presidente del Banco no los firmó como Ernesto Guevara de la Serna sino como Che; sus escritos igual los firmaba como Che. Luego de las Milicias pasé al Ejercito Occidental y me llamaba de vez en cuando. Yo fui a su casa a visitarlo varias veces. En realidad, le tenía cariño y no quería demostrárselo mucho para que no pensara que era un guataca.

También recuerdo que nos citaba a cualquier hora de la madrugada a algunos combatientes que habíamos luchado junto a él para leernos escritos redactados a propia mano para la Revista Verde Olivo y a los cuales realmente no había nada que agregarle. En ocasiones alguien decía algo. Recuerdo que una vez alguien dijo: Che, hay que poner ahí que fulano corrió en ese combate. Y no respondió nada. Como a los cinco minutos volvió el amigo: Che, no puso que fulano corrió en ese combate, a lo que respondió: Cállate vos que tú también tenés tu historia.

Sin saber un día, me citó al Ministerio de Industrias como a la una de la mañana y me pidió que reuniera a todos los invasores de la columna No. 8 que quedaban vivos, él se encargaría con Sergio del Valle y William Gálvez de reunir a los que quedaban de la columna de Camilo. En la finca de recreo Las Mercedes en La Habana, nos reunimos el 13 de septiembre del 64. Allí estuvo Raúl, Dorticós, Ramiro, Sergio del Valle y los padres de Camilo. Recorrió así todos los pelotones; de los ciento cuarenta y dos combatientes que salimos quedaban unos cien y de la columna de Camilo –que eran unos 75- quedaban unos cincuenta más o menos.

Luego de pasar revista a las dos columnas, habló a todos y fue algo muy bonito por ser el quinto aniversario de haber salido de la invasión. Nadie se imaginaba que sería la última vez que veríamos físicamente al Che. Era una despedida.

El Che a mi juicio era un ejemplo de revolucionario y combatiente a imitar. Hay que estudiar, sin dudas, su pensamiento en sus discursos y escritos. Leyéndolos hoy, a 54 años de su partida física, vemos que tienen una actualidad tremenda. Como dijo Fidel: “las viejas y nuevas generaciones tienen mucho que aprender del pensamiento y el escrito del Che”.


Muchas gracias por esta entrevista.
Te deseo éxitos en tu carrera.

Fin de la entrevista. Así mostraba con su modestia de siempre, el General Acevedo, a quien fue su jefe en la guerra y las relaciones que mantuvo con él, después del triunfo de la Revolución. “Con solo 16” es el titulo de un apasiónate libro de la autoría de Acevedo, que muestra la heroicidad de la juventud cubana y la identidad de ella con su máximo líder Fidel Castro Ruz y con el Che.


(*) Periodista, politólogo y analista internacional.