Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 17 de octubre de 2026

Panel sobre la impronta de Fidel Castro en la gestión pública en la sociedad cubana




Panelista: Fidel Vascos González*

Lugar: Centro Fidel Castro Ruz, La Habana

Fecha: miércoles 14 de octubre de 2026

Para comprender a cabalidad la impronta de Fidel Castro en la gestión pública en la sociedad cubana comienzo por una aproximación a las concepciones políticas y filosóficas del Comandante en Jefe las cuales informan su original pensamiento transformador y su decisiva acción en el movimiento revolucionario. El marxismo y el leninismo es parte fundamental de su concepción y accionar. Fidel era marxista y leninista desde antes del Asalto al Moncada. Así lo manifestó a principios de la Revolución en una comparecencia en la Universidad Popular al decir:

“¿creo en el marxismo? ¡Creo absolutamente en el Marxismo! ¿Creía el Primero de Enero? ¡Creía el Primero de Enero! ¿Creía el 26 de Julio? ¡Creía el 26 de Julio!” (1)

Esta declaración del propio Fidel se demuestra en La Historia Me Absolverá pues únicamente un marxista podía redactar ese documento presentado como su defensa en el juicio por los acontecimientos del 26 de julio de 1953. En su texto se recoge la interpretación más cabal de la situación económica y social de Cuba y las causas más profundas de los problemas que enfrentaba el pueblo en aquellos momentos, proclama el Programa más avanzado para superarlos y señala el método de la insurrección armada de las masas populares para alcanzar la victoria en la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista. La Historia Me Absolverá es el documento marxista y leninista más importante del Siglo XX cubano y, por extensión, de toda  la historia de Cuba.

Lo mismo puede decirse de la Segunda Declaración de La Habana proclamada el 4 de febrero de 1962 en Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba. En este caso más proyectada hacia toda la región latinoamericana. Considero que La Historia Me Absolverá y la Segunda Declaración de La Habana constituyen los documentos fundacionales de la Revolución Cubana y a ellos se debe retornar constantemente ante las nuevas condiciones históricas que surjan en  el camino del pueblo cubano.

Junto a las concepciones del marxismo y el leninismo asimiladas desde antes del Asalto al Cuartel Moncada en 1953, Fidel Castro portaba las ideas políticas y filosóficas auténticamente cubanas del nacionalismo revolucionario, que tiene sus antecedentes más lejanos en la prédica del presbítero José Agustín Caballero cuando escribió su libro FILOSOFÍA ELECTIVA en 1797, cuyo contenido lo divulgó ampliamente su sobrino don José de la Luz y Caballero. En sus AFORISMOS, cuyas primera edición se publicó en 1856, José de la Luz incluye la síntesis que mejor explica de lo que trata esa filosofía electiva al decir: “Todas las escuelas, y ninguna escuela. He ahí la escuela”. Con ello indica el gran enciclopedista cubano que en las ciencias sociales hay que estudiar todas las escuelas de pensamiento y acción sin aferrarse de manera absoluta a una de ellas rechazando las demás. Se trata de identificar lo que puede aportar cada una a la solución del problema a superar.

Carlos Marx en su obra El Capital aplicó esta misma metodología de Luz y Caballero. Marx investigó primero minuciosamente los autores y las doctrinas económicas anteriormente existentes que luego fueron publicadas en el IV  Tomo de esa obra bajo el título Historia de las Doctrinas Económicas. Escogiendo lo que cada una de esas doctrinas estudiadas podía aportar, Marx formuló sus descubrimientos al respecto, que se concentran en el doble carácter de la mercancía y del trabajo, así como en la teoría de la plusvalía que explica claramente el contenido y la forma de la explotación del hombre por el hombre.

La filosofía electiva cubana es una concepción dialéctica que rechaza el dogmatismo y el sectarismo y resulta distinta al criterio proclamado por ciertas tendencias de que solamente con el marxismo-leninismo es suficiente para interpretar los problemas económicos y sociales surgidos y hallarles solución sin la intervención de otras consideraciones teóricas y prácticas. Incluso éstas se consideraban perjudiciales al curso de los acontecimientos, criticándose de manera absoluta a la socialdemocracia, a la democracia cristiana, a la economía social de mercado, al Estado de Bienestar y a otras concepciones no marxistas sin considerar que estas corrientes de pensamiento tienen elementos positivos para ser tomados en cuenta en la construcción del  socialismo.

La filosofía electiva es la base del nacionalismo revolucionario que luego se va a manifestar en el pensamiento y la acción política desde Félix Varela y Carlos Manuel de Céspedes hasta José Martí en el siglo XIX, pasando por Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras y Eduardo R. Chibás en el siglo XX, para mencionar solo sus más destacados exponentes. Fidel Castro es la cúspide de esa corriente en la época contemporánea que inscribe en sus banderas de lucha la independencia nacional, la justicia social, el humanismo, el comportamiento ético, el desarrollo económico, la acción de las masas populares como factor decisivo en el rumbo nacional, el incremento del nivel de vida material y espiritual del pueblo, la libertad política, la solidaridad internacional antiimperialista y la República democrática “con todos y para el bien de todos” como la quería Martí.

Una prueba de esa conducta nacionalista revolucionaria de Fidel se manifiesta cuando aspiró a un escaño en el Congreso de la República en las elecciones de 1952 y decidió su ingreso al Partido del Pueblo Cubano (ortodoxo), que dirigía Chibás, para postularse por ese Partido. 

En La Historia Me Absolverá Fidel Castro define las clases y grupos sociales de la estructura multiclasista  a la que dirige su prédica para convocarla a realizar la Revolución. Se refiere Fidel a: “… a los seiscientos mil cubanos  que están sin trabajo…a los quinientos mil obreros del campo…a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros…a los cien mil agricultores pequeños…a los treinta mil maestros y profesores…a los veinte mil pequeños comerciantes…a los diez mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera.” (2)

Aquí están presentes no solo los obreros y los campesinos, sino, en apretado haz, los intelectuales y la pequeña y mediana burguesía. Fidel solo deja fuera del movimiento revolucionario a la gran burguesía nacional vinculada a los explotadores extranjeros de los recursos nacionales, al decir: “El porvenir de la nación y la solución de sus problemas no pueden seguir dependiendo del interés egoísta de una docena de financieros, de los fríos cálculos sobre ganancias que tracen en sus despachos de aire acondicionado diez o doce magnates.” (3)

Curiosamente, después que Cuba transitó por una época de estrecha vinculación con la Unión Soviética donde prácticamente las únicas clases sociales en Cuba eran los obreros y los campesinos, hoy observamos que nuestra estructura de clases se está conformando en forma similar a la existente en los tiempos cuando se redactó  La Historia Me Absolverá.

En la Segunda Declaración de La Habana se formula esta misma amplia concepción multiclasista y unitaria en la participación de las clases y grupos sociales en el movimiento revolucionario, como se aprecia en el texto siguiente: “En la lucha antimperialista y antifeudal es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación que unan el esfuerzo de la clase obrera, los campesinos, los trabajadores intelectuales, la pequeña burguesía y las capas más progresistas de la burguesía nacional (…) Ese movimiento  podría arrastrar consigo a los elementos progresistas de las fuerzas armadas”. (4)

Sobre la base del marxismo, el leninismo, el nacionalismo revolucionario y otras influencias que componen sus ideas y acciones, el Comandante en Jefe Fidel Castro articula su ejecutoria en la gestión pública cuando asume la más elevada responsabilidad al frente de la Revolución Cubana ya en el poder.

El elemento principal que sirve de base a las concepciones y la actuación del Comandante en Jefe es su ilimitada confianza en el pueblo como fuerza revolucionaria. La participación directa de las masas populares fue, es y siempre será decisiva en la lucha por el establecimiento y desarrollo de la Revolución Socialista en Cuba. Esta consideración fue la que permitió que de un núcleo de solo 5 combatientes y siete fusiles que se agruparon después del revés sufrido en el primer combate rebelde en Alegría de Pío en diciembre de 1956, en solo 25 meses después el ejército popular revolucionario dirigido por Fidel y apoyado masivamente por el pueblo, había derrotado en forma aplastante a las fuerzas del dictador Batista que contaba con más de 30 mil soldados entrenados, abastecidos y fuertemente armados por el gobierno de los Estados Unidos.

Otra manifestación de su fe en el pueblo es la oportuna, amplia y veraz información que el propio Fidel brindaba en todo momento a la ciudadanía. Son bien conocidas las largas intervenciones de Fidel Castro mediante la radio y la televisión para poner a consideración del pueblo todos los pormenores y características de los problemas nacionales e internacionales, y las vías para su solución.

Asimismo, basta recordar varios juicios penales especialmente sensibles cuyas sesiones se difundieron íntegramente en vivo y en directo por la radio y la televisión, así como los contradictorios momentos de la Crisis de Octubre en 1962 al establecerse acuerdos entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, sin la participación de Cuba que fue sorprendida al respecto, para dar fin a la amenaza de guerra nuclear. En este caso, el Comandante en Jefe explicó personal y públicamente por todos los canales informativos los pormenores de las discrepancias existentes en aquellos momentos con la dirección soviética y orientó cuál debía ser la posición del pueblo cubano ante los problemas surgidos.

Un significativo aporte de Fidel Castro a las ciencias políticas que ratifica su confianza infinita en las masas se refleja en la organización de las elecciones a los cargos electivos del Estado refrendados por las correspondientes Constituciones y Leyes Electorales vigentes en el período que se inicia en 1976. Prácticamente en todos los países del mundo son los partidos políticos los que postulan a los candidatos a ocupar mediante elecciones los escaños estatales en los distintos niveles territoriales. En Cuba se ha definido que el partido político único no postula candidatos a las elecciones sino que es el pueblo el que lo hace. En el caso de los delegados municipales al Poder Popular son los propios electores quienes se reúnen en sus barrios y a viva voz y a mano alzada postulan directamente a los candidatos que luego eligen mediante el voto libre, igual, directo y secreto en boleta abierta con no menos de dos ni más de ocho postulados por cada cargo a elegir.

En el caso de los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular corresponde a una Comisión de Candidatura  integrada con representantes de las organizaciones de masas la encargada de formular la propuesta de candidatos a partir de una amplísima lista de precandidatos propuesta por dichas organizaciones.

Esta forma de democracia directa electoral aplicada en Cuba donde es el pueblo el que postula a los candidatos a los puestos electivos del Estado, y no es el partido político el que postula, es única en el mundo y pudiera aplicarse no solo ante la existencia de un solo partido sino también en un régimen multipartidista, con lo que el legado de Fidel Castro a este tema conduciría en su perfeccionamiento a reconsiderar el papel de los partidos políticos y el contenido de su labor en la sociedad.

Teniendo en cuenta esta proyección y que en el próximo año 2027 tendrán lugar las elecciones generales a los distintos órganos territoriales del Estado cubano, y con vistas a continuar avanzando en la puesta en práctica de la concepción de Fidel Castro de que es el pueblo la fuerza que determina el rumbo revolucionario, formulo por esta vía dos propuestas al Consejo Electoral Nacional y demás órganos competentes para aplicar en las mencionadas elecciones del 2027.

Primera: establecer que, en el caso de los diputados nacionales, las Comisiones de Candidatura no presenten boletas cerradas con el mismo número de candidatos que número de escaños a ocupar en el parlamento, sino que presenten dos o tres candidatos por cada asiento parlamentario a cubrir y que resulten electos los candidatos que más votos obtengan según la circunscripción electoral que corresponda. Así, los electores tendrían mayores opciones para escoger al candidato de su preferencia.

Segunda: en el perfeccionamiento de la labor organizativa y de funcionamiento de la Asamblea Nacional del Poder Popular, propongo que los miembros del Consejo de Ministros (Primer Ministro, Viceprimeros ministros, ministros, ministro-presidente del Banco Central de Cuba, presidentes de Institutos Nacionales) no sean diputados en el  parlamento ni candidatos al mismo. Con esta propuesta pretendo evitar que la Asamblea Nacional como órgano supremo del poder del Estado sea “juez y parte” en su función de control sobre el gobierno el cual está responsabilizado con las funciones ejecutivas del Estado. 

*(La Habana, 1939) Doctor en Ciencias Económicas, Profesor Titular, Ministro-Presidente del Comité Estatal de Estadísticas de Cuba (1976-1994), Vicepresidente Ejecutivo de Economía y Finanzas del Grupo de Comercio y Turismo Internacional CUBANACÁN, S.A. (1995-2000), Embajador de Cuba en la República de Chipre (2007–2012), Presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País (2015-2018), Miembro de Número y Miembro de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País.

 Notas

 (1) Castro Ruz, Fidel; “CREO ABSOLUTAMENTE EN EL MARXISMO”, tres fragmentos de la comparecencia de Fidel Castro en la Universidad Popular; Instrucción Minfar, página 5.

(2) Castro Ruz, Fidel; “LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ”; Edición Anotada; Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, página 45, La Habana, 2005.

(3) Ibidem, página 51.

(4) “CINCO DOCUMENTOS”, La Segunda Declaración de La Habana; Editorial de Ciencias Sociales, Instituto del Libro, página 168, La Habana, 1971.

 

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