Lugar: Centro Fidel Castro Ruz, La Habana
Fecha: miércoles 14 de octubre de 2026
“¿creo en el marxismo? ¡Creo absolutamente en el
Marxismo! ¿Creía el Primero de Enero? ¡Creía el Primero de Enero! ¿Creía el 26
de Julio? ¡Creía el 26 de Julio!” (1)
Esta declaración del propio
Fidel se demuestra en La Historia Me Absolverá pues únicamente un marxista
podía redactar ese documento presentado como su defensa en el juicio por los
acontecimientos del 26 de julio de 1953. En su texto se recoge la
interpretación más cabal de la situación económica y social de Cuba y las
causas más profundas de los problemas que enfrentaba el pueblo en aquellos
momentos, proclama el Programa más avanzado para superarlos y señala el método
de la insurrección armada de las masas populares para alcanzar la victoria en
la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista. La Historia Me Absolverá es el
documento marxista y leninista más importante del Siglo XX cubano y, por
extensión, de toda la historia de Cuba.
Lo mismo puede decirse de
la Segunda Declaración de La Habana proclamada el 4 de febrero de 1962 en
Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba. En este caso más proyectada hacia
toda la región latinoamericana. Considero que La Historia Me Absolverá y la
Segunda Declaración de La Habana constituyen los documentos fundacionales de la
Revolución Cubana y a ellos se debe retornar constantemente ante las nuevas condiciones
históricas que surjan en el camino del
pueblo cubano.
Junto a las concepciones
del marxismo y el leninismo asimiladas desde antes del Asalto al Cuartel
Moncada en 1953, Fidel Castro portaba las ideas políticas y filosóficas
auténticamente cubanas del nacionalismo revolucionario, que tiene sus
antecedentes más lejanos en la prédica del presbítero José Agustín Caballero cuando
escribió su libro FILOSOFÍA ELECTIVA en 1797, cuyo contenido lo divulgó
ampliamente su sobrino don José de la Luz y Caballero. En sus AFORISMOS, cuyas
primera edición se publicó en 1856, José de la Luz incluye la síntesis que
mejor explica de lo que trata esa filosofía electiva al decir: “Todas las escuelas, y ninguna escuela. He
ahí la escuela”. Con ello indica el gran enciclopedista cubano que en las
ciencias sociales hay que estudiar todas las escuelas de pensamiento y acción
sin aferrarse de manera absoluta a una de ellas rechazando las demás. Se trata
de identificar lo que puede aportar cada una a la solución del problema a superar.
Carlos Marx en su obra El Capital aplicó esta misma metodología
de Luz y Caballero. Marx investigó primero minuciosamente los autores y las
doctrinas económicas anteriormente existentes que luego fueron publicadas en el
IV Tomo de esa obra bajo el título
Historia de las Doctrinas Económicas. Escogiendo lo que cada una de esas
doctrinas estudiadas podía aportar, Marx formuló sus descubrimientos al
respecto, que se concentran en el doble carácter de la mercancía y del trabajo,
así como en la teoría de la plusvalía que explica claramente el contenido y la
forma de la explotación del hombre por el hombre.
La filosofía electiva
cubana es una concepción dialéctica que rechaza el dogmatismo y el sectarismo y
resulta distinta al criterio proclamado por ciertas tendencias de que solamente
con el marxismo-leninismo es suficiente para interpretar los problemas
económicos y sociales surgidos y hallarles solución sin la intervención de
otras consideraciones teóricas y prácticas. Incluso éstas se consideraban
perjudiciales al curso de los acontecimientos, criticándose de manera absoluta
a la socialdemocracia, a la democracia cristiana, a la economía social de
mercado, al Estado de Bienestar y a otras concepciones no marxistas sin
considerar que estas corrientes de pensamiento tienen elementos positivos para
ser tomados en cuenta en la construcción del
socialismo.
La filosofía electiva es la
base del nacionalismo revolucionario que luego se va a manifestar en el
pensamiento y la acción política desde Félix Varela y Carlos Manuel de Céspedes
hasta José Martí en el siglo XIX, pasando por Julio Antonio Mella, Antonio
Guiteras y Eduardo R. Chibás en el siglo XX, para mencionar solo sus más
destacados exponentes. Fidel Castro es la cúspide de esa corriente en la época
contemporánea que inscribe en sus banderas de lucha la independencia nacional,
la justicia social, el humanismo, el comportamiento ético, el desarrollo
económico, la acción de las masas populares como factor decisivo en el rumbo
nacional, el incremento del nivel de vida material y espiritual del pueblo, la
libertad política, la solidaridad internacional antiimperialista y la República
democrática “con todos y para el bien de todos” como la quería Martí.
Una prueba de esa conducta nacionalista revolucionaria de Fidel se manifiesta cuando aspiró a un escaño en el Congreso de la República en las elecciones de 1952 y decidió su ingreso al Partido del Pueblo Cubano (ortodoxo), que dirigía Chibás, para postularse por ese Partido.
En La Historia Me Absolverá
Fidel Castro define las clases y grupos sociales de la estructura multiclasista
a la que dirige su prédica para
convocarla a realizar la Revolución. Se refiere Fidel a: “… a los seiscientos mil cubanos
que están sin trabajo…a los quinientos mil obreros del campo…a los
cuatrocientos mil obreros industriales y braceros…a los cien mil agricultores
pequeños…a los treinta mil maestros y profesores…a los veinte mil pequeños
comerciantes…a los diez mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros,
abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas,
pintores, escultores, etcétera.” (2)
Aquí están presentes no
solo los obreros y los campesinos, sino, en apretado haz, los intelectuales y
la pequeña y mediana burguesía. Fidel solo deja fuera del movimiento
revolucionario a la gran burguesía nacional vinculada a los explotadores
extranjeros de los recursos nacionales, al decir: “El porvenir de la nación y la solución de sus problemas no pueden
seguir dependiendo del interés egoísta de una docena de financieros, de los
fríos cálculos sobre ganancias que tracen en sus despachos de aire
acondicionado diez o doce magnates.” (3)
Curiosamente, después que
Cuba transitó por una época de estrecha vinculación con la Unión Soviética
donde prácticamente las únicas clases sociales en Cuba eran los obreros y los
campesinos, hoy observamos que nuestra estructura de clases se está conformando
en forma similar a la existente en los tiempos cuando se redactó La Historia Me Absolverá.
En la Segunda Declaración
de La Habana se formula esta misma amplia concepción multiclasista y unitaria
en la participación de las clases y grupos sociales en el movimiento
revolucionario, como se aprecia en el texto siguiente: “En la lucha antimperialista y antifeudal es posible vertebrar la
inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación que unan el esfuerzo de la
clase obrera, los campesinos, los trabajadores intelectuales, la pequeña
burguesía y las capas más progresistas de la burguesía nacional (…) Ese
movimiento podría arrastrar consigo a
los elementos progresistas de las fuerzas armadas”. (4)
Sobre la base del marxismo,
el leninismo, el nacionalismo revolucionario y otras influencias que componen
sus ideas y acciones, el Comandante en Jefe Fidel Castro articula su ejecutoria
en la gestión pública cuando asume la más elevada responsabilidad al frente de
la Revolución Cubana ya en el poder.
El elemento principal que
sirve de base a las concepciones y la actuación del Comandante en Jefe es su ilimitada
confianza en el pueblo como fuerza revolucionaria. La participación directa de
las masas populares fue, es y siempre será decisiva en la lucha por el
establecimiento y desarrollo de la Revolución Socialista en Cuba. Esta
consideración fue la que permitió que de un núcleo de solo 5 combatientes y
siete fusiles que se agruparon después del revés sufrido en el primer combate
rebelde en Alegría de Pío en diciembre de 1956, en solo 25 meses después el
ejército popular revolucionario dirigido por Fidel y apoyado masivamente por el
pueblo, había derrotado en forma aplastante a las fuerzas del dictador Batista
que contaba con más de 30 mil soldados entrenados, abastecidos y fuertemente
armados por el gobierno de los Estados Unidos.
Otra manifestación de su fe
en el pueblo es la oportuna, amplia y veraz información que el propio Fidel brindaba
en todo momento a la ciudadanía. Son bien conocidas las largas intervenciones
de Fidel Castro mediante la radio y la televisión para poner a consideración
del pueblo todos los pormenores y características de los problemas nacionales e
internacionales, y las vías para su solución.
Asimismo, basta recordar
varios juicios penales especialmente sensibles cuyas sesiones se difundieron
íntegramente en vivo y en directo por la radio y la televisión, así como los contradictorios
momentos de la Crisis de Octubre en 1962 al establecerse acuerdos entre los Estados
Unidos y la Unión Soviética, sin la participación de Cuba que fue sorprendida
al respecto, para dar fin a la amenaza de guerra nuclear. En este caso, el
Comandante en Jefe explicó personal y públicamente por todos los canales
informativos los pormenores de las discrepancias existentes en aquellos
momentos con la dirección soviética y orientó cuál debía ser la posición del
pueblo cubano ante los problemas surgidos.
Un significativo aporte de
Fidel Castro a las ciencias políticas que ratifica su confianza infinita en las
masas se refleja en la organización de las elecciones a los cargos electivos
del Estado refrendados por las correspondientes Constituciones y Leyes
Electorales vigentes en el período que se inicia en 1976. Prácticamente en
todos los países del mundo son los partidos políticos los que postulan a los
candidatos a ocupar mediante elecciones los escaños estatales en los distintos
niveles territoriales. En Cuba se ha definido que el partido político único no
postula candidatos a las elecciones sino que es el pueblo el que lo hace. En el
caso de los delegados municipales al Poder Popular son los propios electores
quienes se reúnen en sus barrios y a viva voz y a mano alzada postulan
directamente a los candidatos que luego eligen mediante el voto libre, igual, directo
y secreto en boleta abierta con no menos de dos ni más de ocho postulados por
cada cargo a elegir.
En el caso de los diputados
a la Asamblea Nacional del Poder Popular corresponde a una Comisión de
Candidatura integrada con representantes
de las organizaciones de masas la encargada de formular la propuesta de
candidatos a partir de una amplísima lista de precandidatos propuesta por
dichas organizaciones.
Esta forma de democracia
directa electoral aplicada en Cuba donde es el pueblo el que postula a los candidatos
a los puestos electivos del Estado, y no es el partido político el que postula,
es única en el mundo y pudiera aplicarse no solo ante la existencia de un solo partido
sino también en un régimen multipartidista, con lo que el legado de Fidel
Castro a este tema conduciría en su perfeccionamiento a reconsiderar el papel
de los partidos políticos y el contenido de su labor en la sociedad.
Teniendo en cuenta esta
proyección y que en el próximo año 2027 tendrán lugar las elecciones generales
a los distintos órganos territoriales del Estado cubano, y con vistas a
continuar avanzando en la puesta en práctica de la concepción de Fidel Castro
de que es el pueblo la fuerza que determina el rumbo revolucionario, formulo
por esta vía dos propuestas al Consejo Electoral Nacional y demás órganos
competentes para aplicar en las mencionadas elecciones del 2027.
Primera: establecer que, en
el caso de los diputados nacionales, las Comisiones de Candidatura no presenten
boletas cerradas con el mismo número de candidatos que número de escaños a
ocupar en el parlamento, sino que presenten dos o tres candidatos por cada
asiento parlamentario a cubrir y que resulten electos los candidatos que más
votos obtengan según la circunscripción electoral que corresponda. Así, los
electores tendrían mayores opciones para escoger al candidato de su
preferencia.
Segunda: en el perfeccionamiento de la labor organizativa y de funcionamiento de la Asamblea Nacional del Poder Popular, propongo que los miembros del Consejo de Ministros (Primer Ministro, Viceprimeros ministros, ministros, ministro-presidente del Banco Central de Cuba, presidentes de Institutos Nacionales) no sean diputados en el parlamento ni candidatos al mismo. Con esta propuesta pretendo evitar que la Asamblea Nacional como órgano supremo del poder del Estado sea “juez y parte” en su función de control sobre el gobierno el cual está responsabilizado con las funciones ejecutivas del Estado.
*(La Habana, 1939) Doctor en Ciencias Económicas,
Profesor Titular, Ministro-Presidente del Comité Estatal de Estadísticas de
Cuba (1976-1994), Vicepresidente Ejecutivo de Economía y Finanzas del Grupo de Comercio
y Turismo Internacional CUBANACÁN, S.A. (1995-2000), Embajador de Cuba en la
República de Chipre (2007–2012), Presidente de la Sociedad Económica de Amigos
del País (2015-2018), Miembro de Número y Miembro de Mérito de la Sociedad Económica
de Amigos del País.
(2) Castro Ruz, Fidel; “LA
HISTORIA ME ABSOLVERÁ”; Edición Anotada; Oficina de Publicaciones del Consejo
de Estado, página 45, La Habana, 2005.
(3) Ibidem, página 51.
(4) “CINCO DOCUMENTOS”, La
Segunda Declaración de La Habana; Editorial de Ciencias Sociales, Instituto del
Libro, página 168, La Habana, 1971.

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