Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 4 de octubre de 2015

Libro "Cooperativas y Socialismo. Una mirada desde Cuba", El Ché Guevara:Tema 5 Las cooperativas y la economía política de la transición al socialismo


Por Helen Yaffe

 En el 2006, las muy esperadas notas críticas sobre la economía política de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) del Ché, escritas fuera de Cuba entre 1965 y 1966, fueron publicadas en La Habana,1* después de haber permanecido guardadas bajo llave por 40 años. Podría decirse que las notas son su contribución más importante a la teoría socialista.** Es fácil entender por qué el análisis del Ché fue considerado demasiado polémico o controvertido para su publicación hasta recientemente. Aplicando un análisis marxista al Manual de economía política de la URSS,*** el Ché concluyó que el sistema de dirección económica “híbrido”, el socialismo con elementos capitalistas, estaba creando las condiciones para el retorno del capitalismo.

Un punto central de esta conclusión fue su evaluación del papel de las cooperativas agrícolas en la URSS, conocidas como koljós, las cuales en su criterio estaban introduciendo una superestructura capi-talista dentro la sociedad socialista. Esto podría sorprender a aquellos que consideran las cooperativas como parte integral del propio socia-lismo, porque fueron parte del andamiaje del la sociedad soviética. Desde 1960, los koljoses fueron la única forma de cooperativa agrícola en la URSS y las notas del Ché sobre ellos son sus únicos comentarios conocidos sobre la forma de producción cooperativa.* Sin embargo, es importante evitar superponer los conceptos de cooperativas más nuevos al análisis concreto del Ché sobre los koljoses.

1*   Las notas de referencia aparecen al final del tema.

**  Introducidas en Cuba por Aleida March después de su visita clandestina al Ché en el extranjero, las notas fueron entregadas a Orlando Borrego, el colaborador más cercano del Ché durante los años en que dirigió la industria en Cuba.

***   De ahora en adelante referido como el Manual.

No obstante, podemos afirmar que el Ché vio la propiedad estatal como necesaria para asegurar el proceso de transición socialista contra las contradicciones que podrían surgir. Para que la propiedad “estatal” llegase a ser propiedad “social”, era necesario el control cada vez más descentralizado y democrático por parte de los trabajadores sobre la producción. Entre 1961 y 1965 el Ché ideó un aparato dentro del Ministerio de Industrias (MININD) para promover este proceso.

Este trabajo comienza con una discusión sobre la operación de la ley del valor en el período de transición socialista, vinculándola con el énfasis del Ché en la necesidad de aumentar simultáneamente la productividad y la conciencia durante la transición al socialismo. Después se ofrece un resumen de sus observaciones sobre los koljoses, tomadas de sus críticas al Manual de la URSS. Además, se examinan las políticas implementadas por el Ché para colectivizar la dirección y promover la participación de los trabajadores a través del Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF), el sistema de dirección económica desarrollado dentro el MININD.

La ley del valor

La economía burguesa promueve el mito de que los precios mercantiles son determinados por la oferta y la demanda (el cual presupone las relaciones capitalistas existentes). Sin embargo, Marx demostró que los precios del mercado son en última instancia determinados por la operación de la ley del valor, la cual es una expresión de las relaciones sociales de producción imperantes. La ley de valor surge con la propiedad privada y la producción para el intercambio, lo que requiere de una creciente división social del trabajo. Todas las sociedades adoptan un método con el que regulan la distribución del producto social. La ley del valor es el mecanismo social mediante el cual se impone el principio de un intercambio equivalente entre los propietarios privados. Marx demostró que la ley del valor tiene una función peculiar y paradójica. Como ley económica, precede al capitalismo pero es bajo este sistema que se desarrolla, de manera que su funcionamiento es inicialmente transparente pero después se hace oscuro. No obstante, es la ley reguladora del movimiento del capitalismo en el cual encuentra su expresión más desarrollada.

*   Conocida por la autora.


La propia actividad humana —la fuerza de trabajo— debe convertirse en una mercancía para que la producción capitalista pueda desarrollarse. Las mercancías son el producto de una labor humana en concreto, pero su constante y complejo intercambio le proporciona al trabajo humano empleado un particular carácter “abstracto”, social. Esta cualidad abstracta es por tanto una característica histórica. Marx demostró que bajo la ley del valor la cantidad de trabajo humano abstracto incorporado en las mercancías es la base de su intercambio. La mercancía tiene que ser deseada en el intercambio (que tenga un valor de uso) y el tiempo de trabajo incorporado tiene que ser socialmente necesario, es decir, que sea consistente con las condiciones promedio de producción.

El papel de la ley del valor en las “economías en transición” está al centro de la cuestión sobre la factibilidad de construir el socialismo en un país sin un modo de producción capitalista plenamente desarrollado, donde el desarrollo haya sido impedido por la explotación imperialista. El asunto es integral a los problemas de producción, distribución, inversión y relaciones sociales en la transición socia-lista. La noción de una eventual fase comunista requiere de una sociedad altamente productiva en la que existan condiciones políticas para que la producción social sea dirigida hacia las necesidades de las masas en lugar de la generación de ganancias privadas; implica sociedades con grandes acumulaciones de riqueza y tecnología que la clase trabajadora se apropiaría para liberarse de la explotación. “De cada cual según su capacidad a cada cual según sus necesidades” —la esencia del comunismo— implica que el socialismo ya ha sido construido y que los productos de la sociedad ya no están sujetos a racionamiento a través de los mecanismos del mercado. El comunismo bloqueará de manera permanente la reaparición de la ley del valor.

Sin embargo, los países que ya han experimentado con el socialismo han carecido de la base productiva necesaria para completar este proceso y crear la abundancia material garantizada por el comunismo. Bajo dichas condiciones, el problema de cómo organizar y encauzar el uso del producto social está intrínsicamente vinculado al problema del subdesarrollo y la escasez.

Una solución a este problema que surgió en el campo socialista en la década del cincuenta era utilizar métodos de producción y distribución que permitieran el funcionamiento de la ley del valor por medio de los procesos de intercambio espontáneos y fuera de la regulación central, con el objetivo de acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas. Esta preocupación material inaplazable fue considerada como una precondición para el desarrollo de la conciencia socialista. El Ché advirtió que la dependencia en la ley del valor para fomentar el desarrollo socavaría la conciencia colectiva, obstruyendo así la construcción del socialismo y del comunismo. Los países socialistas debían encontrar palancas alternativas para desarrollar las fuerzas productivas, tales como el plan nacional, la inversión en investigación y tecnología, mecanismos administrativos (análisis económico, supervisión e inspección, y controles para los costos, presupuestos, inventarios, inversiones y calidad) y la propia conciencia socialista.*

El Ché reconoció que la ley del valor todavía funcionaba en Cuba socialista porque tras la revolución continuaba existiendo la producción mercantil y el intercambio mediante un mecanismo de mercado. El producto social continuaba siendo distribuido sobre la base del tiempo de trabajo socialmente necesario. Sin embargo, refiriéndose al análisis de Marx, afirmó que: «esta ley tiene su forma de acción más desarrollada a través del mercado capitalista y que las variaciones introducidas en el mercado por la socialización de los medios de producción y los aparatos de distribución, conlleva cambios que impiden una inmediata calificación de su acción».2


El estado socialista es el dueño del banco y de sus ingresos, de las fábricas y los bienes que produce. De acuerdo con la estipulación de Marx de que el intercambio mercantil implica un cambio de propiedad, el Ché insistió en que los productos transferidos entre las empresas estatales no constituyen mercancías debido a que no hay ningún cambio de la propiedad. Las relaciones de intercambio mercantil entre las unidades de producción, incluyendo las cooperativas, creaban riesgos de retornar al capitalismo, a través del “so-cialismo del mercado”. Dado que la ley del valor no opera en el intercambio entre unidades de producción estatal, los propios trabajadores deben decidir qué políticas económicas socialistas, no orientadas al valor, debían buscarse para salvaguardar la sociedad contra la restauración del capitalismo y lograr la abundancia económica.

*  Yaffe (2009) contiene análisis detallados sobre los mecanismos administrativos, además de la promoción de educación y capacitación, ciencia y tecnología, conciencia y psicología dentro del MININD bajo la dirección del Ché. (H. Yaffe: Ché Guevara: The Economics of Revolution. Palgrave Macmillan, London, 2009).


Cuba, argumentaba el Ché, debe ser considerada como una gran fábrica. Esto no implica que todas las decisiones deban ser tomadas e impuestas por una burocracia central. Significa que, liberada de la anarquía del mercado capitalista, la economía debe ser dirigida según un plan que permite la organización conciente de la economía nacional en la búsqueda de objetivos políticos. El Ché concebía el plan como un contrato social, un producto democrático diseñado teniendo en cuenta las discusiones de los trabajadores. Sin embargo, una vez que el plan era acordado, había que instrumentar mecanismos para garantizar su cumplimiento. Estos mecanismos constituían el control administrativo y debían incluir procedimientos de contabilidad computarizados para así transmitir información en tiempo real.

Los críticos del Ché adoptaron la opinión soviética de que la producción mercantil, la ley del valor y el dinero, desaparecerían solamente al llegar al comunismo, pero para llegar a esa etapa: «es necesario desarrollar y utilizar la ley del valor y las relaciones monetario-mercantiles durante el período de construcción de la sociedad comunista».3 El Ché no estuvo de acuerdo:

¿Por qué desarrollar? Entendemos que durante cierto tiempo se mantengan las categorías del capitalismo y que este término no puede determinarse de antemano, pero las características del período de transición son las de una sociedad que liquida sus viejas ataduras para ingresar rápidamente a una nueva etapa. La tendencia debe ser, en nuestro concepto, a liquidar lo más vigorosamente posible las categorías antiguas entre las que se incluye el mercado, el dinero y, por tanto, la palanca del interés material o, por mejor decir, las condiciones que provocan la existencia de las mismas.4

El Ché consideraba que la tarea de un país socialista no era utilizar y ni siquiera mantener bajo control la ley del valor, sino definir con precisión la esfera de funcionamiento de la ley y lograr avances en dichas esferas para socavarla. El objetivo era trabajar en pos de su abolición y no de su limitación:

Negamos la posibilidad del uso consciente de la ley del valor, basado en la no existencia de un mercado libre que exprese automáticamente la contradicción entre productores y consumidores […] La ley del valor y el plan son dos términos ligados por una contradicción y su solución; podemos, pues, decir que la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria.5

Él reconoció solo: «la posibilidad de usar elementos de esta ley para fines comparativos (costo, rentabilidad expresada en dinero aritmético)».6

El socialismo es un fenómeno de productividad y conciencia

Marx caracterizó la manifestación filosófica y psicológica de las relaciones sociales capitalistas como alienación y antagonismo; resultantes de la mercantilización de la fuerza de trabajo y el funcionamiento de la ley del valor. La competencia capitalista impulsa el incremento de la productividad a través de las innovaciones tecnológicas y la intensificación de la tasa de explotación. La alienación y el antagonismo aumentan con la productividad.

Para el Ché, el reto era reemplazar la alienación individual del proceso productivo y el antagonismo generado por las relaciones de clase, con la integración y la solidaridad, desarrollando una actitud colectiva ante la producción y el concepto del trabajo como un deber social.

Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía.7

El Ché reconocía que el subdesarrollo de las fuerzas productivas y la consecuente escasez de materiales, más el hecho de que la conciencia del pueblo cubano había sido condicionada por el capitalismo, implicaban la necesidad objetiva de ofrecerles estímulos materiales.* Pero él se opuso a su uso como el principal instrumento de motivación porque se convertirían en una categoría económica por derecho propio y se impondría la lógica individualista y competitiva en las relaciones sociales de producción:

Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida […] Entre tanto, la base económica adoptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia.8
  
Según el análisis del Ché, por la dependencia de los estímulos materiales, competencia y acumulación privada, el sistema de los koljoses en la URSS amenazó con reimponer relaciones sociales capitalistas y socavar el desarrollo de la conciencia socialista. Este subvirtió los conceptos que él promovía de trabajo como deber social y la noción del Estado como una empresa colectiva. El socialismo debe desarrollar un sistema de dirección económica que encuentre la armonía entre ambos objetivos: fomentando la producción y la conciencia de manera simultánea: «Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo».9


Para alejarse de las leyes del movimiento capitalista, la sociedad socialista tiene que distribuir el producto social de forma tal que no se base en el intercambio equitativo en términos de la cantidad de tiempo de trabajo humano. ¿Cómo, entonces, deben ser los trabajadores compensados por su labor? ¿Cómo se debe promover el incremento de la productividad? ¿Cómo se vence la dicotomía entre el trabajo físico y el mental? ¿Cómo se distribuyen las inversiones entre los bienes de capital y de consumo? Para el Ché, estos proble-mas tenían que ser resueltos a través de la acción consciente de los trabajadores cuyo objetivo era construir una sociedad socialista.

*  Pagar un salario monetario en sí es un estímulo material porque el individuo trabaja con la condición de recibir el pago. Sin embargo, aquí se refiere al uso de pagos monetarios adi-cionales para sobrepasar normas de producción. Ver Yaffe (2009) (nota de p. 129, Capítulo 3 para un resumen de la discusión teórica en el Gran Debate sobre los estímulos, y el capítulo 8 para la historia de cómo el Ché desarrolló diferentes estímulos morales y materiales dentro del MININD).


La crítica del Ché al Manual de economía política de la URSS

Entre 1965 y 1966, el Ché tomó notas sobre el Manual de la URSS, aplicando sus argumentos expuestos en Cuba durante el Gran Debate* a esas notas. Esto incluyó sus críticas al uso de mecanismos capitalistas como palancas económicas para el desarrollo: estímulos materiales, ganancias, créditos, intereses, préstamos bancarios, intercambio de mercancías, competencia, dinero como forma de pago y control financiero (expresiones de la ley del valor). «“Todos los residuos del capitalismo son utilizados al máximo para eliminar el capitalismo”, se quejaba el Ché. “La dialéctica es una ciencia no una jerigonza. Nadie explica científicamente este contrasentido».10

El Ché reconocía el valor de la asistencia soviética y sentía un gran respeto por las hazañas de la URSS. Sus críticas tenían una intención constructiva. Él creía que al realizar una crítica cabal del sistema so-viético de dirección económica, conocido en Cuba como el sistema de autofinanciamiento (SAF), podría resaltar de manera indiscutible los peligros inherentes a un sistema “híbrido”: socialismo con elementos capitalistas. Los soviéticos no habían liquidado las categorías capitalistas ni las habían reemplazado con nuevas categorías de un carácter más alto, declaró:

El interés material individual era el arma capitalista por excelencia y hoy se pretende elevar a la categoría de palanca de desarrollo, pero está limitado por la existencia de una socie-dad donde no se admite la explotación. En estas condiciones, el hombre no desarrolla todas sus fabulosas posibilidades pro-ductivas, ni se desarrolla él mismo como constructor conscien-te de la sociedad nueva.11

*  En el Gran Debate, de 1963-65, se discutió cuál sistema de dirección económica era el apropiado para Cuba. Este tomó la forma de artículos en revistas escritos por un grupo de autores a favor del sistema de autofinanciamiento de la URSS y otro grupo que apoyaba el sistema presupuestario de financiamiento creado por el Ché en el MININD. Ver Deuts-chmann y Salado (2003), referencia 2, para los artículos principales y Yaffe 2009 (nota p. 129) para un análisis del Gran Debate.

El Ché aspiraba a convencer a los otros países socialistas a revertir la tendencia prevaleciente hacia el socialismo de mercado.


En 1921, las circunstancias obligaron a Lenin a introducir la Nueva Política Economía (NEP), la cual impuso una superestructura capitalista en la URSS. La NEP no se instala contra la pequeña producción mercantil, afirmó Ché, sino como una exigencia de ella. La pequeña producción mercantil contiene las semillas del desarrollo del capitalismo. El Ché creía que si Lenin hubiera vivido más tiempo habría revertido la NEP. Sin embargo, sus continuadores «no vieron el peligro y así quedó constituido el gran caballo de Troya del socialismo, el interés material directo como palanca económica».12 Esta superestructura se había arraigado en la sociedad; todo el andamiaje legal-económico de la sociedad soviética contemporánea tenía sus orígenes en la NEP, «influenciando cada vez en forma más marca-da las relaciones de producción»13 y creando un sistema híbrido que inevitablemente provocaba conflictos y contradicciones que fueron resolviéndose cada vez más a favor de la superestructura capitalista. En resumen, el capitalismo estaba regresando al campo socialista.14

Las cooperativas agrícolas en la URSS —los koljoses

El koljós fue una forma de granja colectiva establecida a finales de los años veinte en la Unión Soviética. Los koljoses tenían uso gratui-to a perpetuidad de tierras nacionalizadas, y los edificios, equipos y animales eran explotados colectivamente. Los miembros de las granjas, los koljosianos, recibían como pago una parte del producto y la ganancia de la granja, según el número de jornadas labora-les invertidas. Esto era diferente de los sovjós, las granjas estatales, donde los trabajadores recibían un sueldo. Los koljosianos tenían derecho a poseer su casa y hasta la mitad de una hectárea de terreno adyacente con ganado y equipos; cuyo producto era su propiedad privada. Las parcelas privadas apaciguaron la resistencia tradicional del campesinado a la integración en las cooperativas, proporciona-ron una fuente flexible de oferta agrícola para los mercados urbanos y aliviaron al estado de la necesidad de garantizar un salario mínimo a los koljosianos.15

Los koljoses estaban sujetos a una planificación estricta, cuotas obligatorias de ventas al estado a precios a menudo por debajo de los costos de producción, impuestos sobre los ingresos y pagos en especie. La productividad fue generalmente más alta en las parcelas privadas que en las granjas colectivas, lo que sugiere que los koljosianos estaban motivados más por intereses individuales que por colectivos. En 1938, por ejemplo, 3,9 % del total de la tierra sembrada eran parcelas privadas, pero en 1937 su producto representó 21,5 % de la producción agrícola bruta.16

Reformas liberalizadoras fueron introducidas en 1958 y profundizadas en 1965, cuando el Ché escribía sus críticas.* Las reformas hicieron que los koljoses estuvieran sujetos a un plan de ventas obli-gatorias (eliminando el plan de producción), los productos vendidos al estado por encima de la cuota eran pagados en precios entre 50 a 100 % más altos, los impuestos fueron reducidos, se cancelaron las deudas anteriores a 1965, les concedieron acceso directo al crédito bancario y estimularon en ellos actividades no agrícolas, desde pro-yectos de infraestructura a empresas artesanales.

El sector koljós había llegado a ser considerado como «un elemen-to autónomo de la actividad económica nacional cuyo desarrollo debe ser estimulado a través de un sistema de incentivos materia-les».17 Además, según la analista francesa, Marie Lavigne: «una po-lítica más favorable era adoptada hacia las parcelas privadas indi-viduales […] Esto equivale a un reconocimiento implícito del valor económico de las propiedades privadas en la agricultura».18 La tasa de ganancia en los koljoses se elevó a 20 % en 1964, 27 % en 1965 y 35 % en 1966. Las políticas agrícolas en todos los demás países socialistas de Europa siguieron patrones similares a medida que la planificación estatal y las directivas fueron sustituidas por los procedimientos contractuales y la producción estimulada a través del mecanismo de precios.

El Ché tenía dos argumentos principales de desacuerdo en relación con la formulación del Manual sobre los koljoses. Insistía en que el sistema del koljós: «es característica de la URSS, no del socialismo»,19 quejándose de que: «habitualmente en este libro se confunde la noción de socialismo con lo que ocurre prácticamente en la URSS».20 Además, sostenía que las cooperativas no constituyen una forma socialista de propiedad pues imponen una superestructura con relaciones de propiedad y palancas económicas capitalistas.


*  En 1965 había 36 300 koljós de un promedio de 6 100 ha comparadas con 11 700 sovjós de un promedio de 24 600 ha.

El Manual afirma que los koljoses son libres de explotación y contradicciones antagónicas. El Ché se refiere a denuncias en la prensa soviética de un koljós que contrataba fuerza de trabajo para cosechas específicas y cuestionaba: «Si es considerado como un caso aislado o se puede mantener esas explotaciones ocasionales de mano de obra dentro de un régimen socialista».21* Para el Ché, la propia estructura del koljós creaba un antagonismo en las relaciones de producción, porque: «el sistema koljosiano permite una forma de propiedad que necesariamente debe chocar con el régimen establecido, y hasta con la misma organización, del koljós, ya que lo que el campesino trabaje para sí le pertenece y tratará de restar trabajo a la colectividad en su provecho».22

El Ché citaba la afirmación de Lenin de que el campesinado genera capitalismo.23 El propio Manual cita el planteamiento de Lenin de que la pequeña producción engendra capitalismo y la formación de una burguesía, constantemente, espontáneamente y en masa.24 Concluía que el Manual no puede negar que las cooperativas generan capitalismo: «Aunque tiene tendencias colectivas, es una colectividad con contradicciones frente a la gran colectividad. Si no es un paso hacia formas más avanzadas desarrolla una superestructura capitalista y entra en contradicción con la sociedad».25 El gran colectivo es la nación y las formas más avanzadas se refieren a la propiedad social de los medios de producción; la cual elimina las relaciones de intercambio mercantil entre unidades de producción porque deja de haber transferencia de propiedad en el intercambio, de manera que la ley del valor es socavada.

El Manual cita a Lenin cuando dice: «El régimen de cooperadores cultos bajo la propiedad social de los medios de producción, bajo el triunfo de la clase del proletariado sobre la burguesía, es el régimen del socialismo».26 El Ché lo niega:

Hay, en el principio una cuestión semántica […] ¿qué es una cooperativa? Si es considerada como tal una agrupación de productores, propietarios de sus medios de producción, frente al capitalismo es un adelanto, en el socialismo un atraso, ya que coloca a estas agrupaciones frente a la sociedad propietaria de los otros medios de producción. En la URSS la tierra es propiedad social pero no los otros medios de producción que pertenecen al koljós; sin contar con la pequeña propiedad koljosiana que suministra cantidades crecientes de alimentos básicos y ahonda la brecha entre la sociedad y el koljosiano, si no monetariamente, sí ideológicamente.27

*  Asunto de renovada importancia en Cuba actualmente donde desde el otoño de 2010, se ha permitido que trabajadores por cuenta propia empleen a quienes no son miembros de familia ni convivientes en 83 actividades (ver referencia 21).


Según el Ché, incluso si la propiedad privada dentro del koljós fuera eliminada quedaría una contradicción entre la propiedad colectiva individual y la propiedad social de todo el pueblo.28 Como evidencia de esto, el Manual esboza contradicciones que surgieron entre el koljós y las Estaciones de Máquinas y Tractores (EMT) que prestaron equipos a las cooperativas. En la medida en que se eleva-ron los ingresos monetarios de los koljosianos, estos pudieron comrar tractores y otra maquinaria agrícola, lo que creó presión sobre las EMT para que vendieran sus equipos técnicos a los koljoses. Como consecuencia, las EMT fueron reorganizadas como centros de reparación de equipos.29 El Ché afirmaba que: «Esto es un ejemplo palpable de contradicciones quep se van haciendo antagónicas entre la propiedad social y la de la colectividad individual. Las EMT podrían tener muchos vicios de burocratismo, pero la superestruc-tura impuso su solución: mayor autonomía más riqueza propia».30 La superestructura era el sistema del koljós. Sus advertencias fueron validadas por un informe de 1969 que observaba: «ciertos koljós encontraron su actividad auxiliar tan gratificante que se olvidaron de su función principal».31

El Ché tenía una gran conciencia de las condiciones concretas que hicieron necesaria la implementación de la NEP y de los posteriores sistemas de dirección económica. No obstante, su preocupación era que estas medidas fueran abiertamente comprendidas como concesiones a dichos problemas, no paradigmas para la transición socialista. Para el Ché el sistema de pago del koljós indica: «el carácter atrasado del sistema del koljosiano, solución de compromiso en un estado que construía solitariamente el socialismo rodeado de peligros. El tiempo fue dando fuerza a la superestructura creada».32 Al observar que los koljoses tenían ingresos diferenciales según su tamaño y productividad, el Ché comentaba: «uno tiene el derecho de preguntarse, ¿por qué?, ¿es imprescindible? La respuesta es: no».33

El Ché sugería que: «quizás, sería mejor considerar el koljós como una categoría presocialista, del primer período de transición»,34 insistiendo en que «la propiedad cooperativa no es una forma socialista».35

Para el Ché, el mayor reto de la transición socialista era precisamente: «cómo transformar la propiedad colectiva individualizada en propiedad social».36 Esta fue la esencia del problema y no esta-ba siendo confrontada en el socialismo existente. Sin resolver esta contradicción, continuarían los antagonismos de clase, impidiendo la transición hacia el comunismo, una sociedad sin clases.

El Manual describía a los koljosianos y a la clase trabajadora como dos clases en la sociedad socialista con relaciones amigables, pero posiciones diferentes en la producción social. El Ché respondía que: «Si los campesinos koljosianos son considerados clase aparte es por el tipo de propiedad que tienen, propiedad que no debe ser considerada como característica del socialismo sino de la sociedad soviética».37 El Manual concluía que: «La forma cooperativo-koljosiana de relaciones de producción responde por entero al nivel y las necesidades de desarrollo de las actuales fuerzas productivas en el campo. No solo no ha agotado sus posibilidades, sino que puede todavía servir durante largo tiempo al desarrollo de las fuerzas de producción de la agricultura».38 Pero el Ché creía que una confrontación entre esta forma colectiva y la propiedad social de los medios de producción era inevitable y alertaba que: «cuando choquen (y puede que no sea en un futuro muy lejano) la superestructura tendrá fuerza para exigir más “libertad”, es decir imponer condiciones, vale decir, regresar hacia formas capitalistas».39 Además de sus argumentos teóricos acerca de las contradicciones en las relaciones de producción, el Ché también refutó la afirmación soviética de que «el sistema del koljosiano ha demostrado su indiscutible superioridad sobre la agricultura capitalista», siendo mayor y más mecaniza-da del mundo.40 Él señalaba que: «La productividad norteamericana es extraordinariamente más alta, debido a las inversiones efectuadas en la agricultura». En 1963, una crisis interna de producción obligó a la URSS a comprar trigo de los Estados Unidos al precio del mercado mundial. En referencia a este hecho, el Ché añadió que la afirmación soviética de superioridad parecía como una burla: «después de las enormes compras de trigo, es una burla o el intento de tapar la verdad con palabras».41

Aunque el Ché escribió poco sobre la producción cooperativa, su crítica del Manual de la USSR deja clara su posición: la propiedad cooperativa y el sistema del koljós generan una superestructura capitalista que choca con la propiedad estatal y las relaciones sociales socialistas, imponiendo de manera creciente su propia lógica sobre la sociedad. El sistema del koljós era progresista en relación con las formas capitalistas de propiedad, pero también retardaría el desarrollo de las formas socialistas. El asunto no era simplemente en manos de quién estaba la propiedad legal (si la tierra de la cooperativa era arrendada del estado o había sido concedida por el mismo), sino también quién controla la distribución del excedente y quién se beneficia de él.

  
La colectivización de la producción y la participación de los trabajadores en Cuba

Los puntos de vista del Ché estuvieron influenciados por la forma histórica de relaciones sociales y de propiedad que la Revolución cubana heredaba y generaba. En 1953, el 43 % de la población cubana era rural, la mitad del porcentaje en Rusia cuando triunfa la Revolución bolchevique. La industria nacional, la producción agrícola y el comercio internacional eran dominados por el sector azucarero. La miseria, el desempleo y el subempleo eran aspectos inherentes a la economía cubana dominada por el azúcar, que obligaba a un ejército de trabajadores desempleados a vender su fuerza de trabajo de manera barata como cortadores de caña. Significativamente, solo el 3 % de los cubanos que vivían en el campo eran dueños de la tierra que trabajaban. Es decir, en Cuba no existía una clase significativa de pequeños agricultores (campesinos) con su apego tradicional al terreno privado y hostilidad hacia la colectivización de su producto. La mayoría de los cubanos rurales vendían su fuerza de trabajo por un salario de subsistencia, eran mejor descritos como proletariado rural u obreros sin tierra.

La revolución tomó medidas radicales que la llevaron hacia un ca-mino socialista: las nacionalizaciones, la introducción de la planificación y de servicios sociales integrales (salud, educación, viviendas, empleo, deportes, cultura, etc.). Hubo una rápida transferencia de la propiedad privada a propiedad estatal. 

A dos años de la toma del poder, todas las instituciones financieras, el 83,6 % de la industria, incluyendo todos los ingenios azucareros y el 42,5 % de las tierras fueron nacionalizadas. La tierra se redistribuyó a más de 100 000 cubanos en el campo para trabajar como agricultores individuales o cooperativas. Sin embargo, como Ministro de Industrias, el Ché se molestaba por las confabulaciones de los intereses comerciales priva-dos que quedaban en Cuba, quienes especulaban y manipulaban los precios y el abastecimiento, socavando el plan socialista. Estos factores históricos influyeron en la crítica del Ché y fortalecieron su convicción de la necesidad de la socialización de los medios de producción.

En el socialismo, el plan tiene que ir reemplazando de manera creciente a la ley del valor en la determinación de las decisiones de producción y consumo. Sin apoyarse en palancas capitalistas, en particular los estímulos materiales individuales, deben encontrarse nuevos mecanismos para estimular un mayor esfuerzo por parte de los trabajadores y crear incentivos para la innovación y la racionalización de la producción. El plan establece las normas de producción del trabajador basado en el tiempo de trabajo social-mente necesario, pero para incrementar la eficiencia económica los trabajadores tienen que sobrepasarlas.

En el socialismo, el reto está en transformar el valor agregado a la producción por el trabajador (por encima de su propia subsistencia) de la plusvalía, lo que sucede en el capitalismo, al plus producto e ir de la producción para el intercambio a la producción para su uso. En el capitalismo, el excedente de los trabajadores es resultado de la explotación porque no les pertenece. El excedente en el socialismo, constituye una contribución a la producción social, ellos trabajan para sí mismos como parte de una sociedad colectiva. El excedente es distribuido según el criterio determinado por el plan. Para que los trabajadores lleguen a ser dueños de los medios de producción es esencial que dirijan sus propias unidades de producción, participando de manera colectiva en el diseño del plan y en las decisiones cotidianas relacionadas con la producción y el consumo.

El Ché buscaba formas de preparar la clase trabajadora para el con-trol cada vez más directo y descentralizado de la producción, para aprovechar la energía creativa de los trabajadores a fin de encontrar soluciones a los problemas diarios en la producción y desarrollar las fuerzas productivas —racionalizando la producción, disminuyendo los costos, elevando la productividad y haciendo innovaciones tec-nológicas— forjando el concepto de Cuba como una gran fábrica y el trabajo como deber social. A la larga, todo esto buscaba imprimirle al socialismo el carácter democrático y participativo necesario para preparar a la sociedad para la transición hacia el comunismo.

Había importantes condiciones objetivas a vencer: el subdesarrollo y la dependencia; el éxodo de profesionales y técnicos que habían dirigido la economía antes de la Revolución; el bajo nivel educacio-nal de la población; el sabotaje y ataque por la contrarrevolución y el bloqueo de EE.UU. En este contexto, fue necesario seleccionar los trabajadores para dirigir las unidades de producción entre quie-nes tenían mayores capacidades administrativas combinadas con el compromiso revolucionario. Sin embargo, en principio, el Ché prefería que los trabajadores eligieran sus propios representantes. Por ejemplo, prefirió más las Comisiones de Justicia Laboral, formadas por trabajadores elegidos, que los sindicatos, donde la dirigencia era propuesta por el Partido (Partido Unido de la Revolución Socialista, PURS) y «en realidad no ha habido ningún proceso de selección por parte de la masa».42

El avance se veía obstaculizado también por las tendencias economicistas prevalecientes antes de 1959 dentro del movimiento sindical: los años de lucha por arrebatarle algunas migajas a la mesa capitalista habían erosionado la conciencia de clase. El éxito dependía de la capacidad de la Revolución para cambiar la actitud de los trabajadores hacia los jefes y el proceso de producción. La clase trabajadora estaba tan acostumbrada a que se les impusiera el proceso de producción que resultaba difícil convencerles de que ellos eran los dueños de los medios de producción y que estaban en capacidad de influir sobre las decisiones tecnológicas y de dirección. Tras haber sido esclavizados por el trabajo, los trabajadores tenían ahora que liberarse a través de su propio trabajo. Esta indisposición se manifestaba en la forma de inercia, o una lenta interiorización por parte de los trabajadores de que ellos tenían un interés en el desarrollo del país.

La dirección por parte de los trabajadores significaba la descen-tralización del control de la producción. Pero ese proceso tenía que estar acompañado de una nueva conciencia colectiva y unas nuevas relaciones sociales, o de lo contrario el resultado sería la reproduc
ción del antagonismo y el interés personal de la economía capitalis-ta: «Nosotros planteamos […] considerar el conjunto de la economía como una gran empresa y tratar de establecer la colaboración entre todos los participantes como miembros de una gran empresa, en vez de ser lobitos entre sí, dentro de la construcción del socialismo».43 Por consiguiente la centralización resultaba necesaria hasta que la clase trabajadora hubiera adquirido tanto la nueva conciencia como pericia técnica. La consigna del Ché era «centralizar sin obstruir la iniciativa y descentralizar sin perder el control».44

Es importante no confundir un plan central con la centralización de la toma de decisiones. El plan se construye con las aportaciones de las entidades descentralizadas. La descentralización de toma de decisiones aumentará con la conciencia y la experiencia administra-tiva de los trabajadores.

Las políticas establecidas dentro del MININD para colectivizar la producción y la participación de los trabajadores pueden ser organi-zadas bajo tres categorías:

1.  Políticas para impulsar la cohesión ideológica y organizativa.

2.   Políticas que promueven los esfuerzos de los trabajadores por mejorar los medios de producción.
3.  Políticas que fomentan la integración de los trabajadores en la dirección, evitando la burocratización y la separación entre trabajo manual y administrativo. Estas medidas eran adicionales a las organizaciones de masas y los sindicatos.

No es posible analizar en este trabajo otras importantes políticas promovidas por el Ché para vincular la conciencia con la producti-vidad a través del trabajo voluntario y la emulación socialista; para combatir el ausentismo mediante la comprensión del trabajo como un deber social; así como para mejorar las condiciones de trabajo de los trabajadores.*


1. Políticas para impulsar la cohesión ideológica y organizativa.

En el MININD se tomaron medidas para promover en los trabajado-res el interés por el desarrollo de la economía nacional, para facilitar la comunicación y la colaboración entre las entidades de la industria, para elevar el entendimiento de la economía política del socialismo, para vincular la educación a la producción, y para difundir información sobre innovaciones tecnológicas.

*   Todas estas medidas y políticas son analizadas en Yaffe (2009), ver en p. 129.


Bajo la dirección del Ché, en el MININD se desarrollaron reuniones bimestrales entre enero de 1962 y diciembre de 1964. Asistían hasta 400 personas, incluyendo el Consejo de Dirección y todos los directores del aparato central. Los directores podían proponer temas de discusión. Las transcripciones de las reuniones demuestran que los dirigentes del ministerio usaban esta oportunidad para plantear sus propias ideas, consultas o quejas.45

Además, el MININD tenía tres publicaciones para facilitar la cohesión ideológica y organizativa. Nuestra Industria desde 1961,

Nuestra Industria Tecnología desde 1962, y Nuestra Industria Económica desde 1963. Estas publicaciones les proporcionaban al Ché y sus colaboradores un medio para comunicar sus ideas acerca de la transición socialista a los trabajadores que no participaban en las reuniones bimensuales, así como para elevar de manera general su comprensión política.

Nuestra Industria forjó una identidad colectiva entre las grandes y diversas unidades de producción del ministerio. Cada edición ofrecía una descripción detallada del proceso tecnológico de diferentes fábricas y los problemas productivos y administrativos dentro del ministerio y sus empresas. La revista estaba llena de reconocimientos y premios otorgados a trabajadores y técnicos ejemplares por invenciones de equipos, racionalización de los procesos de producción o por alta productividad y consagración extraordinaria.

La página posterior estaba cubierta por un diagrama con flechas que iban desde el Ministro, el primer viceMinistro, el viceMinis-tro de producción, el director de la rama, el director de la empresa consolidada (EC)* llegando hasta la fábrica y finalmente hasta un hombre vestido con un overol con las palabras: «Tu centro de trabajo es un sólido eslabón en la gran cadena de producción del Ministerio de Industrias».46

Nuestra Industria Tecnología fue una revista para técnicos e ingenieros. El contenido refleja el creciente nivel tecnológico dentro del ministerio, la colaboración con técnicos del campo socialista y los esfuerzos para mantenerse actualizados sobre los acontecimientos en los países capitalistas. Nuestra Industria Económica fue el espa-cio para los artículos teóricos que formaban parte del Gran Debate. Contenía artículos sobre salarios, inversiones, sistemas financieros y métodos matemáticos dirigidos a contadores y economistas.
  
*  Las empresas consolidadas fueron constituidas por unidades de producción de los mis-mos sectores agrupados bajo una dirección central. Fue una de las medidas adoptadas por el Ché para enfrentar la falta de personal administrativo.

El Manual para administradores de fábricas impulsa la cohesión operativa al recopilar directivas del ministerio sobre procedimientos para el control de los costos, la contabilidad y la supervisión en dos volúmenes, junto a conceptos de economía política. Publicado en junio de 1964, el mismo hacía énfasis en la importancia de la pro-ducción colectiva y la participación de los trabajadores con una guía práctica sobre cómo lograr esto.

Esta publicación afirmaba que el administrador debe: «estar bien convencido de la fuente incalculable e inagotable de ideas, inventivas, conocimientos prácticos, etc., que está latente en cada uno de los trabajadores de la fábrica, y establecer el sistema más adecua-do y efectivo, a fin de aprovechar debidamente estos recursos».47 El éxito en la reducción de los costos de producción: «dependerá fundamentalmente de la comprensión y convencimiento de todos los trabajadores de la fábrica, de la necesidad de esta actitud y los beneficios colectivos que se derivarán de los mismos».48 El respeto a las aspiraciones y críticas de los trabajadores en toda forma de comunicación fomenta la emulación, estimula a los trabajadores a sentirse parte de la dirección, les ayuda a aceptar cambios sobre el sistema anterior, evita que la falta de conocimiento sea una excusa para el no cumplimiento de las tareas, garantiza la uniformidad en la aplicación y permite hacer proyecciones hacia el futuro.49

2. Políticas que promueven los esfuerzos de los trabajadores por mejorar los medios de producción.

En una de las reuniones bimestrales, el Ché les dijo a los directo-res: «debemos ir entonces hasta las fábricas. Allí conversar con todo el mundo, investigar los males que hay, promover las discusiones abiertas, libres, sin ninguna clase de coacción; críticas absolutamente. Recoger con toda honradez todas las críticas».50 A fin de facilitar discusiones libres y abiertas, los directores y administradores tenían que estar en contacto con los trabajadores en el lugar de la producción. Esto era vital para poder evitar su burocratización, para mejo-rar su conocimiento acerca del funcionamiento y los problemas en las unidades productivas, así como para estimular el interés de los trabajadores por perfeccionar el proceso productivo.

Dada la importancia de desarrollar las fuerzas productivas en Cuba socialista, el Ché creía que los trabajadores que se comprometían con el aumento de la productividad y el desarrollo tecnológico ejemplificaban cualidades de liderazgo revolucionario, a diferencia de los burócratas que estaban lejos del proceso de producción.

Los Comités de Piezas de Repuesto y la campaña “Construye tu propia máquina”

En la década de los años cincuenta, el 95 % de los bienes capitales en Cuba y el 100 % de las piezas de repuesto eran importadas de Estados Unidos.51 Esto condujo a una aguda crisis en el contexto del bloqueo estadounidense y la transferencia del 80 % de comercio de Cuba de EE.UU. hacia el campo socialista. El hecho de que en 1960 los Comités de Piezas de Repuesto fueran los primeros comités de trabajadores en ser creados en la industria es una prueba de cuan rápido la ausencia de piezas de repuesto se convirtió en un problema urgente.

Según Orlando Borrego, el entonces viceministro del MININD: «Entre los logros que el Ché podía reconocer ante el pueblo estaba el resultado alcanzado en la producción de piezas de repuesto, objetivo que fue posible gracias a los Comités de Piezas de Repuesto que, organizados desde la base hasta el Ministerio y por medio de una emulación entusiasta, habían resuelto los problemas más graves presentados en la industria evitando su paralización».52

En agosto de 1961, el Ché declaró que los Comités representaban para el MININD: «el primer contacto realmente efectivo con las masas obreras», y que «la primera campaña de emulación organizada dio resultados realmente maravillosos». Esto trajo la movilización, que había sido tan exitosa en la esfera política y social, a la esfera económica en la industria. Dijo el Ché: «con la emulación de todos y con el trabajo de todos los obreros de todas las fábricas del país, se han resuelto numerosos problemas […] es el logro de la comu
nión con la masa obrera, de hacer que la participación de la masa obrera sea fundamental para la conducción del país».53

La campaña “Construye tu Propia Máquina”, realizada por el MININD a partir de 1961, elevó el reto técnico de los Comités de Pie-zas de Repuesto a un peldaño más alto. En 1963, casi todas las ediciones de Nuestra Industria mostraban equipos inventados por los traba-jadores. En febrero de 1964, el Ché declaró que: «El futuro de toda la industria, y el futuro de la humanidad, no está en la gente que llena papeles, está en la gente que construye máquinas […] Está en la gente que estudia los grandes problemas tecnológicos, los resuelve».54

El Movimiento de Inventores e Innovadores

A partir de 1959, decenas de trabajadores presentaron sus inven-ciones, modeles e ideas en las oficinas del Ché para su evaluación.55 Estas revelaban la ilimitada imaginación de la población y el grado de pérdida de talentos por falta de capacitación técnica. En febrero de 1961, cuando el MININD fue establecido, este tenía un Departa-mento de Invenciones e Innovaciones. Este Departamento habría de guiar y coordinar el desarrollo del movimiento de inventores e innovadores y su aplicación industrial, en coordinación con las empresas consolidadas y las organizaciones sindicales. Los núcleos de cuadros de fábricas incluían un trabajador responsable de registrar todas las invenciones logradas por los trabajadores, decidiendo las que tenían aplicación industrial general y sistematizando su in-clusión en los planes industriales.56

El Manual para administradores… afirmaba que este trabajo: «es de vital importancia para el desarrollo técnico de las fábricas, por lo que constituye una de las bases en la que debe apoyarse el Administrador para lograr aumentar la producción y productividad de la fábrica.57 De hecho, las innovaciones en la industria cubana han representado millones en ahorros por la vía sustitución de im-portaciones y la producción maquinaria en el país.58

Para el Ché, había poca distinción entre las tareas técnicas y po-líticas, elevar la productividad y eficiencia constituían actos revo-lucionarios. La experimentación de esos trabajadores reflejaba su compromiso por mejorar las fuerzas productivas. La utilidad social de esas invenciones fue aumentada por la ausencia de mecanismos de mercado, como las leyes de patentes y los derechos de propiedad intelectual, que habrían incrementado los costos sociales de la investigación y de su aplicación práctica. Los innovadores esta-ban motivados por los estímulos morales: su reconocimiento social y estatus de vanguardia.

3. Políticas que fomentan la integración de los trabajadores a la dirección.
La integración o incorporación de los trabajadores a la dirección fue un proceso dialéctico difícil. Esto significaba varios retos: descentra-lizar el control a trabajadores habituados al antagonismo y la aliena-ción del sistema capitalista, y esperar que ellos se hiciesen cargo de la dirección subordinando sus intereses individuales al bienestar de la sociedad, así como aumentando el esfuerzo del trabajo y la eficacia sin depender de estímulos materiales y otras palancas capitalistas. Estos retos, añadido a los ataques de EE.UU. y una bien financiada contrarrevolución, limitaron la factibilidad de la auto dirección por parte de los trabajadores en Cuba. Como consecuencia, el Ché desa-rrolló políticas para integrar a los trabajadores a la dirección de sus empresas y el aparato central del MININD, así como para asegurar que la nueva dirigencia (compuesta principalmente de trabajado-res y revolucionarios, no de los anteriores burócratas profesionales) mantuviera su vínculo orgánico con los trabajadores.

Visitas a las fábricas

Tal fue la importancia que el Ché le dio a las visitas a las fábricas, que pasó por una fábrica en medio de la Crisis de Octubre de 1962.59 Los directores de las empresas consolidadas y los viceministros del MININD estaban obligados a visitar una fábrica, planta o taller cada dos semanas como parte de la batalla contra el burocratismo y para mantener un vínculo vivo con la masa de trabajadores.

Durante las visitas, ellos se reunían con el administrador, los je-fes de producción y los jefes económicos, así como los represen-tantes de las organizaciones de masas: el Partido (PURS), la Unión de Jóvenes Comunistas, los sindicatos, y cualquier otra organización. Discutían los problemas y las iniciativas con los trabajadores y los técnicos. Inspeccionaban los inventarios, los almacenes y las instalaciones de los trabajadores. Tras cada visita, se entregaba un informe analizando la situación de la unidad productiva visitada que incluía recomendaciones.

Las visitas a las fábricas ofrecían la oportunidad para que miles de trabajadores se reunieran y discutieran directamente con el personal administrativo del MININD, incluyendo al Ministro. Harry Villegas, previamente guardaespaldas del Ché, decía que: «este vínculo con las masas le permitía al Ché tener un dominio muy exhaustivo de la realidad que estaba palpando de la actividad en la esfera que dirigía».60 Las charlas del Ché en las reuniones bimensuales están salpicadas de alusiones a sus experiencias y encuentros durante estas visitas.

Este procedimiento fue también establecido en la base de la producción. El Manual para administradores… orientaba a los administradores de fábricas que visitaran los talleres y secciones dentro de sus unidades productivas «con el fin de obtener de las visitas nuevas ideas para el mejoramiento de las actividades y escuchar con calma e interés las sugerencias o críticas de los trabajadores». (Manual para administradores…, sección 7, asunto 2, p. 10) Las visitas le permitía a la dirección aprender del proceso de producción, de los principales índices económicos, de los problemas de higiene y segu-ridad del trabajo, de la calidad; ayudándole a los administradores de buró a comprender la realidad existente tras los informes y las estadísticas.

  
Comités técnicos asesores

Tras las nacionalizaciones y el éxodo de profesionales de Cuba, los administradores de las nuevas entidades estatales fueron asig-nados teniendo en cuenta su compromiso con la revolución. Como resultado: «prácticamente ningún administrador poseía nivel técnico o experiencia en la producción de la fábrica que dirigía».61 La prio-ridad fue impedir las interrupciones en la producción. El Ché buscó formas institucionales para garantizar la ayuda a estos administradores por parte de los trabajadores con años de experiencia en los procesos de producción.

En 1961, se creó el Comité Técnico Asesor (CTA) en todos los cen-tros de trabajo y cada empresa consolidada del MININD, para cumplir esta función. Los administradores o directores seleccionaron tra-bajadores destacados para que les asesoraran en medidas prácticas para aumentar la productividad y la sustitución de importaciones. Un promedio del 10 % de los trabajadores podían estar en el CTA; y en centros de trabajo más grandes fueron organizados en subcomi-tés centrados en problemas específicos. Borrego explicaba:

Su función principal estaba orientada a descubrir todas las re-servas productivas posibles para acelerar la producción […] en proponer ideas para mejorar las condiciones de trabajo y de seguridad de las fábricas, en propiciar una relación más estre-cha entre los trabajadores y la dirección de la producción y en general, ayudar a resolver los complicados problemas que se presentaban como resultado del cerco imperialista y el bloqueo impuesto a la economía del país.62

El Ché creía que seleccionándolos a partir de los trabajadores más abnegados y de mayor conocimiento, además de mejorar las condiciones de trabajo y la productividad, los comités técnicos asesores constituirían una vanguardia revolucionaria. Ellos promoverían en los trabajadores tanto el compromiso con la producción como sus capacidades de autodirección. El Ché los describió como «el laboratorio experimental donde la clase obrera se prepara para las grandes tareas futuras de la conducción integral del país».63

Asambleas de producción

La idea de establecer las asambleas de producción surgió de los debates entre el Ché y el Ministerio del Trabajo, bajo la dirección de Augusto Martínez Sánchez, en la búsqueda de un vehículo para la comunicación entre la administración y los trabajadores.64 Según el Ché: «La asamblea de producción representa una especie de cá-mara legislativa que enjuicia la tarea propia y la de todos los emplea-dos y obreros».65 El establecimiento de las asambleas comenzó en el MININD, y en enero de 1962 adquirieron carácter obligatorio en todo centro de trabajo nacionalizado o de propiedad mixta en Cuba.

En cada centro de trabajo, todos sus trabajadores, incluyendo ase-sores, técnicos, ingenieros y administradores, se reunían mensual y trimestralmente. La propia asamblea seleccionaba los trabajadores 
para presidir y actuar como secretarios durante la reunión, levantando las actas, certificando acuerdos y resoluciones. A finales de 1961, el Ché explicaba su visión:

Las asambleas de producción serán parte de la vida de las fá-bricas, y serán el arma que tenga toda la clase obrera para la fiscalización del trabajo de su administración, para la discu-sión de los planes, para el control del plan, para el estableci-miento de nuevas normas técnicas, organizativas de todo tipo, para toda clase de discusiones colectivas o todo el núcleo de la fábrica, o todos los trabajadores de la fábrica.66

El Ché creía que las asambleas servían para educar a los adminis-tradores en la necesidad del análisis crítico de su propio trabajo ante una plenaria de todos los trabajadores, ayudándoles a mejorar la eficiencia de la administración: «La crítica y autocrítica serán funda-mento del trabajo diario pero llevadas a su máximo en la asamblea de producción, donde se ventilarán todos los problemas referentes a la industria, y donde el trabajo del administrador estará sujeto a los interrogatorios y crítica por parte de los obreros que dirige».67

Según el Manual para administradores… los objetivos de la Asam-blea de Producción eran: motivar a los trabajadores a participar en la dirección de la producción; contribuir al beneficio del colectivo; aplicar el principio del centralismo democrático; facilitar que los tra-bajadores expresen dudas e ideas que el administrador debe analizar y aclarar; crear un espíritu de interés colectivo en el desarrollo de la fábrica; e inspirar el interés en la emulación individual y colectiva.68

El Ché insistía en que estas reuniones no se hicieran burocráticas. Él retaba a los directores del MININD: «Las asambleas de producción tienen que ser una cosa viva. Es una responsabilidad de ustedes que sea una cosa viva».69 También alertaba contra la posibilidad de convertirlas en mítines de agitación distraídos por exigencias economicistas que ignoraban los intereses nacionales; en su lugar, ellas eran para discutir lo que debe producirse y cómo producirlo.70 Ché afirmaba que la participación se elevaría si a los trabajadores se les informaba de los resultados de sus quejas y proposiciones, y a qué nivel organizativo estaban siendo tratadas, de manera que «los obre-ros empiezan a sentir que participan en la administración».71

Comités de industrias locales

Los comités de industrias locales (CILO) fueron creados en 1962 para forjar la integración productiva y administrativa de la industria al nivel local que el SPF había institucionalizado a nivel nacional. Eliminaron mecanismos financieros en el intercambio de recursos (como equipos; pero no los bienes de producción) entre las empre-sas convirtiendo las decisiones sobre su asignación en decisiones políticas. Los administradores de cada centro de trabajo dentro de un área local se reunían quincenalmente para analizar sus necesidades materiales y organizar la reasignación de recursos. Los bienes no eran intercambiados como regalos, sino con documentos oficiales y ajustes de contabilidad e inventarios. Por ejemplo, la EC del Pe-tróleo entregó dos escritorios excedentes a un administrador de la EC del Calzado que estaba escribiendo sobre sus rodillas.72 El Ché explicó:

[…] entre las empresas socialistas no puede haber tránsito de mercancía, porque no hay cambio de propiedad. Lo que pasa es que la utilización de estos utensilios o medios de produc-ción en otros casos más racionales, por parte de otra empresa, nada más, sin tránsito real de propiedad, de contracto jurídico, de mercancía que va de un lugar a otro simplemente […] nos juntamos, discutimos y resolvemos.73

Los comités de industrias locales evolucionaron para asumir fun-ciones más complejas: coordinar los planes industriales con otras autoridades locales; sugerir nuevas inversiones territoriales; discutir leyes, directivas, regulaciones y normas emitidas por niveles superiores y organizar la asistencia a los cursos de superación para ad-ministradores.74 El Manual para administradores… afirmaba que: «La complejidad creciente del desarrollo industrial, así como la necesidad de utilizar más racionalmente nuestros recursos hacen necesaria la coordinación sobre bases territoriales» (Manual para administradores… sección 16, asunto 1, p. 1).

Cada área que comprendía entre 15 y 20 centros de trabajo del MININD eran organizados en un CILO que se reunía de manera quincenal. Solo en La Habana había 20 CILO. La presidencia era ro-tativa, dándole experiencia a todos los administradores. También era rotativo el local de la reunión, lo que permitía la familiarización con 
otros centros de trabajo. Los Comités elaboraban informes oficiales de sus reuniones y acuerdos, los cuales no podían contradecir las di-rectivas de sus empresas consolidadas. Los administradores estaban obligados a participar y cumplir los acuerdos.

El Ché consideró que estos comités estaban “preparando las con-diciones para los pasos futuros”’: la construcción del socialismo y la transición del socialismo a comunismo. Él planteó: «la autogestión (no la autogestión financiera), a medida que vamos preparando las condiciones se va elevando la conciencia, va aumentando, es decir, creando aquello que es la base del comunismo; el trabajo como una necesidad social; no el trabajo como una obligación, que hay que cumplir para comer […] El CILO debe ir resolviendo los problemas locales».75

En septiembre de 1964, el Ché afirmó: «Los CILOs han sido un intento, creemos que bastante afortunado, para crear la conciencia de una sola fábrica».76 Estos comités tenían el potencial para resolver problemas y contradicciones (mala asignación de los recursos o la falta de coordinación en los planes de inversión) a nivel local que simplemente no debían existir en una sociedad socialista (donde la producción se determina racionalmente en interés colectivo) y que, no obstante, existían por razones burocráticas (falta de comunica-ción entre las unidades de producción y de preocupación por las condiciones de otras unidades).

 El Plan Especial de Integración

En septiembre de 1964, el Ché les presentó a los directores del MININD su más imaginativa e innovadora propuesta para enfren-tar la tendencia hacia la burocracia, la división entre el trabajo intelectual y manual, y la ausencia de integración entre empresas en diferentes ramas de la producción: el Plan Especial de Integra-ción. Leyendo del Plan el Ché dijo: «Hace mucho tiempo, hemos planteado la necesidad de una integración real entre el trabajo pro-ductivo y el trabajo intelectual, cosa que se viene realizando a través del trabajo voluntario de tipo productivo, que ahora se ha plasmado en un plan de nivel nacional».77

El Plan Especial de Integración, una «serie de medidas renovado-ras de la actitud de los funcionarios frente al trabajo»,78 comprendía tres elementos: el Plan de democión, el Plan de integración, y la Promoción del trabajo manual entre los trabajadores administrativos. Este se puso a prueba a partir de noviembre 1964. El Plan de democión, la medida principal y obligatoria, se le aplicaba al mi-nistro, seis viceministros, ocho directores de rama, 82 directores de empresas consolidadas, oficinas e instituciones del MININD. Estos tenían que pasar un mes al año trabajando en un puesto inferior en un nivel subordinado al suyo propio, preferiblemente dos niveles. Para facilitar la estabilidad de la dirección, fue establecido que den-tro de un mes no se podía demover a más del 25 % de una jerarquía determinada.79 El trabajo del directivo podía ser cubierto por uno de sus compañeros de trabajo, al tiempo que él trabajaba junto a sus subordinados.

Durante su democión temporal, los directores debían: no buscar errores sino aprender y enseñar; no cambiar los métodos de trabajo y los sistemas establecidos sin una discusión colectiva; asumir la responsabilidad total de esa función sin dejar tareas incumplidas; cumplir todas las obligaciones de la nueva función sin usar la jerar-quía que su función real le otorgaba.80 Además del fortalecimiento del trabajo administrativo y de liderazgo de sus subordinados, ese Plan también implicaba que los demovidos podían observar si era posible aplicar las regulaciones orientadas desde los niveles superio-res, experimentar las condiciones sociolaborales de la fábrica, de la cafetería y comedor de los trabajadores, las instalaciones sanitarias, los equipos de protección física, etcétera.

El Ché afirmaba: «Que el Ministerio fundamentalmente es un ente administrativo, incluso en su aspecto técnico. Está sujeto a una metodología. Esa metodología es muy distinta observada desde un nivel o desde otro nivel […] se pueden ir observando allí las fallas en la metodología, fallas en los métodos de trabajo e incluso las fallas personales».81 El Plan de democión también aseguraba que los líderes se relacionaran directamente con la masa de trabajadores y comprendieran sus problemas, aprendiendo acerca de las dificultades operativas y sobre la tecnología del proceso de producción, todo lo cual podía ser útil cuando regresaran a su puesto oficial. Además, servía para recordarles que sus cargos de dirección no eran fijos para toda la vida y que los directores podían regresar a la base de la producción.82

Para promover la integración entre las empresas de ramas diferentes, el Plan de integración establecía brigadas de trabajo de especialistas formadas por trabajadores destacados para prestar asis
tencia en todo el Ministerio. Ángel Arcos Bergnes, Director General de Personal en MININD, explicaba: «Este plan se aplicó también como: A. Plan de ayuda mutua entre direcciones de empresas, o inter-administradores de fábricas; B. Plan de brigadas especializadas de trabajo; C. Plan de brigadas de métodos de trabajo».83 Este fue un caso de integración horizontal: los directores, jefes económicos y de producción de las empresas consolidadas más fuertes ayuda-rían a las más débiles, y los administradores harían lo mismo.

El Ché dijo que las brigadas estarían organizadas para ocho ta-reas fundamentales del MININD, entre ellas la seguridad del trabajo, la organización del transporte y la mecanización de la contabilidad. Ellas auxiliarían al personal del Ministerio de la misma especialización.84 Las propias empresas crearían brigadas en las áreas en que eran fuertes para ayudar a las empresas débiles. La participación en las brigadas era voluntaria y solo los trabajadores que hubieran sobrecumplido los objetivos de su trabajo podían ser incorporados. Una escala de salario especial sería transferida junto con ellos mien-tras viajaban a través de las provincias para enseñar sus métodos de trabajo. También se planificaron equipos técnicos para manteni-miento e ingeniería eléctrica.85 La aspiración era tener especialistas de muchas áreas para guiar las empresas más débiles.86

El Ché ponía énfasis en el espíritu de cooperación de estos inter-cambios, que tenían una función tanto política como técnica:

Los compañeros que realizan cualquiera de estas tareas de ase-soramiento, no deberán presentar informes […] para preveer y conservar el espíritu de una ayuda desinteresada y cálida de un grupo de gentes o de personas individuales a otras, de manera que todas las debilidades sean analizadas con el solo objeto de superarlas y que no sirva de ninguna manera como antecedente para tomar acciones futuras. Es decir que no haya ningún “chivatazo”, digamos, pues enseguida la gente débil va a empezar a ver a los compañeros como leones hambrientos. Mejor es que toda esta tarea se realice en una forma de ayuda completamente extraministerial para los efectos de la informa-ción, salvo naturalmente en que hayan y se detectan cosas gra-ves de índole fuera de lo administrativo.87

El tercer elemento del Plan Especial de Integración era promover que los directores y trabajadores administrativos llevaran a cabo trabajo voluntario en las fábricas durante sus vacaciones (Guevara [12 de septiembre 1964] 1966, p. 515) No todos estuvieron de acuerdo con el Plan, revelaba el Ché, incluyendo a miembros del gobierno nacional a cuyo nivel no había sido aprobado. Pero él aprovechó la independencia institucional que le había sido conferida para experi-mentar con el SPF, aplicando políticas novedosas, como estas, para así poner a prueba su factibilidad y analizar sus resultados antes de determinar si continuaba o no con ellas.

En abril de 1965, el Ché salió secretamente de Cuba hacia el Congo en una misión internacionalista. El MININD, para entonces una institución gigantesca, fue dividido en diferentes ministerios. El Plan Especial de Integración, como muchas otras políticas del MININD, fue abandonado.


Consideraciones finales

La crítica del Ché sobre las cooperativas agrícolas (koljoses) en la URSS y las políticas que él desarrolló dentro del MININD para colectivizar la producción e integrar los trabajadores a la dirección formaban parte de su búsqueda de soluciones a la problemática de la Revolución: cómo desarrollar las fuerzas productivas en un país subdesarrollado, dependiente del comercio exterior y bloqueado, y cómo hacerlo fomentando de manera simultánea una nueva con-ciencia y relaciones sociales para la transición al socialismo. Este continúa siendo el reto hoy en Cuba.

El enfoque del Ché era dialéctico y nuestra comprensión de sus opiniones debe serlo también. Él consideró las cooperativas como progresistas en comparación con la propiedad privada, que es fundamental para las relaciones sociales capitalistas, pero regresiva comparada con la propiedad estatal socialista, en donde los antago-nismos de clase son resueltos a favor del proletariado en el proceso de construir la sociedad sin clases.

El Ché entendía el desarrollo de la conciencia como un proceso dia-léctico: se elevaría con la experiencia de los cambios materiales en el nivel de vida y las transformaciones en las relaciones de produc-ción que, a su vez, se reflejarían de nuevo en la conciencia; creando así más potencialidades para una autodirección de los trabajadores. Pero estos trabajadores no deben estar motivados principalmente por los estímulos materiales, sino por la conciencia colectiva y el concepto del trabajo como deber social. Esto es esencial para transformar la plusvalía (en el capitalismo) en plus producto (en el socialismo), y la producción para el intercambio en la producción para su uso.

No obstante, esto no debe ser interpretado de manera simplista para argumentar que el Ché se hubiera opuesto a los cambios que ocurren actualmente en la estructura del empleo en Cuba para fo-mentar el empleo por cuenta propia y las cooperativas de trabajo en sectores no estratégicos. El contexto histórico y los problemas que enfrentó el Ché fueron muy diferentes. En la década de los sesentas un tercio de la población mundial vivía en países socialistas y las luchas de liberación nacional estaban desafiando el dominio impe-rialista sobre el mundo subdesarrollado. Hubo entonces un gran po-tencial para realizar avances dentro el campo socialista.

Además, el Ché era marxista, no idealista. Aunque él hizo hinca-pié en la importancia de la conciencia y la educación para crear un compromiso con el proceso revolucionario, él entendía que ambas son abstractas si el nivel de vida no mitiga las preocupaciones dia-rias de supervivencia. El punto clave es la convicción del Ché de que las mejoras materiales necesarias se deben lograr, tanto como sea posible, no promoviendo el intercambio de mercado ni a la empresa privada, sino mediante controles administrativos (plan, presupues-to, supervisión, auditoría y democracia obrera); la inversión estatal en la formación de habilidades, en la educación, en la investigación científico-técnica; la explotación de recursos endógenos; fomentan-do la industria y diversificando la producción agrícola.

El debate contemporáneo en Cuba comprende temas enfrentados pero no resueltos por el Ché en los años sesenta, y que confronta-dos de nuevo durante el período de Rectificación de 1986 a 1990. El socialismo es un proceso dialéctico dirigido por quienes lo vi-ven. El reto es resolver la contradicción entre el plan y el mercado, elevando la productividad y la conciencia de manera simultánea, y determinando un equilibro de responsabilidad entre el individuo y el estado, cómo deben ser mediados los antagonismos de clase que aún existan, cómo garantizar la disciplina en el uso de los re-cursos y en el trabajo, cómo distribuir la riqueza de la sociedad, cuánto control y centralización resultan adecuados. Estas cuestiones son abordadas en Cuba ante un brutal bloqueo, sabotajes y ataques terroristas. 
La política se formula dentro de los límites existentes: por un lado, el compromiso político con las prestaciones del bienestar socialista, la economía planificada y el dominio de la propiedad estatal, y, por el otro, las restricciones económicas como el bloqueo, la dependencia del comercio exterior, los bajos niveles de desarrollo técnico (fue-ra de las empresas mixtas y la industria biotecnológica), y la dificul-tad para obtener créditos. El Ché proporcionó una metodología para la construcción socialista dentro de estos límites.

El objetivo de los cambios actualmente consiste en restablecer el equilibrio macroeconómico por medio de ajustes fiscales y el au-mento de la productividad, pero el reto sigue siendo cómo hacer esto mientras se limita la dependencia de mecanismos capitalistas. Mediante los debates nacionales y en el Congreso del Partido en abril de 2011, el pueblo cubano está buscando soluciones a estos retos. Es esencial considerar la contribución del Ché en el pasado mientras Cuba se prepara para asegurar y fortalecer su desarrollo socialista en el futuro.



Referencias bibliográficas

1     Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política. Centro de Estudios de Ché Guevara y Ocean Press, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

2     Ernesto Ché Guevara: “Sobre la concepción del valor”, octubre de 1963. En David Deutschmann y Javier Salado (eds.): El Gran Deba-te: Sobre la economía en Cuba 1963-1964, Ocean Press, La Habana, 2003, pp. 38-9.
3     Manual, citado por Guevara, en “Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento”, febrero de 1963. El Gran Debate: Sobre la econo-mía en Cuba 1963-1964. Ocean Press, La Habana, 2003, p. 98.

4     Ídem.

5     Ibídem, p. 99.

6     Ernesto Ché Guevara: “La planificación socialista, su significado”, ju-nio de1964, El Gran Debate: Sobre la economía en Cuba 1963-1964,
Ocean Press, La Habana, 2003, p. 122.

7     __________: El socialismo y el hombre en Cuba. Ed. Abril, La Habana, 2007, pp. 19 y 20.

8     Ibídem, p. 13.

9     Ibídem, pp. 13 y 14.
10   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p. 188.

11   Ibídem, p.10.

12   Ibídem, p. 112.

13   Ibídem, p. 27.

14   Ídem.

15   M. Lavigne: The Socialist Economies of the Soviet Union and Europe.

Martin Robertson & Co., London, 1975, pp. 113-4.

16   R. D. Laird: Collective Farming in Russia: A Political Study of the Soviet Kolkhozy. University of Kansas Publications, Kansas, 1958, p. 121 (en nota al pie 16).

17   M. Lavigne: ob. cit., pp. 119 y 120.

18   Ibídem, 120.

19   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p. 166.

20   Ibídem, p. 140.

21   Ibídem, pp. 54-5.

22   Ibídem, p. 55.

23   Ídem.

24   Manual, citado por Guevara, en Ernesto Ché Guevara: Apuntes críti-cos de la economía política…, p. 57.
25   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p. 104.
26   Vladímir I. Lenin, citado por el Manual, en Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p. 107.
27   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p. 108.

28   Ibídem, p. 168.

29   Manual, citado por Guevara, en Ernesto Ché Guevara: Apuntes críti-cos de la economía política…, p. 168-9.
30   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p. 169.

31   M. Lavigne: ob. cit., p. 121.

32   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p. 170.

33   Ibídem, p. 171.

34   Ibídem, p. 116.

35   Ibídem, p. 119.

36   Ibídem, p. 180.

37   Ibídem, p. 182.

38   Ibídem, p. 187.

39   Ídem. 
40   Manual, citado por Guevara, en Ernesto Ché Guevara: Apuntes críti-cos de la economía política…, p.110.
41   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política…, p.111.

42   _________: “Reuniones bimestrales” (1961-1964). En El Ché en la Revolución cubana: Ministerio de Industrias, t. VI, MINAZ [5 de diciem-bre 1964], La Habana, 1966, p. 579.

43   Ibídem [21 de diciembre 1963], p. 413.

44   J. Valdés Gravalosa: Entrevista. 22 de febrero de 2006.

45   Ernesto Ché Guevara: Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos de la economía política...
46   Nuestra Industria: Ministerio de Industrias, año 3, No. 1, enero, La Habana, 1963.
47   Manual para administradores de fábricas (10 de junio 1964). 2da. ed., sección 5, asunto 10, Ministerio de Industrias, La Habana, 1988,

p.  1.

48   Ídem.

49   Ibídem, sección 10, asunto 1, pp. 1-3.

50   Ernesto Ché Guevara: “Reuniones bimestrales” (1961-1964)…, [10 de marzo 1962], p. 176.
51   A. Guzmán Pascual: “La acción del Comandante Ernesto Ché en la Campo Industrial”. En Revista Bimestre Cubana, 8: 29, 1998, p. 29.
52   O. Borrego Díaz: Ché: El camino del fuego. Imagen Contemporánea, La Habana, 2001, p. 164.

53   Ernesto Ché Guevara: “Discurso de la Primera Reunión Nacional de Producción del MININD” (27 de agosto 1961). En Ernesto Ché Gue-vara: escritos y discursos, t. 5, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, p. 218.

54   __________: “Comparecencia televisada en el programa Información Pú-blica” (25 de febrero 1964). En Ernesto Ché Guevara, ciencia, tecnología

y sociedad (1959-1965), Ed. Academia, La Habana, 2003, p. 188.

55   O. Borrego Díaz: ob. cit., p. 12.

56   Manual para administradores de fábricas (10 de junio 1964),… sección 9, asunto 3, p. 1.

57   Ibídem, sección 9, asunto 3, p. 1.

58   O. Borrego Díaz: ob. cit., pp. 12 y 13.

59   A. Arcos Bergnes: Método y estilo de trabajo de Ché, 40 Aniversario Ministerio de Industrias. Ed. Política, La Habana, 2001, p. 149.
60   H. Villegas Tamayo: Entrevista. 22 de marzo de 2006.

61   T. Sáenz, E. García Capote y L. Gálvez: El papel del Ché en el desarrollo científico y tecnológico de Cuba, 40 Aniversario Ministerio de Indus-trias. Ed. Política, La Habana, 2001, p. 79.

166                                  Parte 2 Las cooperativas y los pensadores socialistas

62   O. Borrego Díaz: ob. cit., pp. 110 y 111.

63   Ernesto Ché Guevara: “Discusión colectiva; decisión y responsabili-dad única” (julio de 1961).En Ernesto Ché Guevara: Obras 1957-1967, t. 2, Casa de Las Américas, La Habana, 1970, p. 127.

64   O. Borrego Díaz: ob. cit., p. 196.

65   Ernesto Ché Guevara: “Discusión colectiva; decisión y responsabili-dad única” (julio de 1961)…, p. 131.
66   Guevara, citado por O. Borrego Díaz: ob. cit., pp. 196-7.

67   Ernesto Ché Guevara: “Discusión colectiva; decisión y responsabili-dad única” (julio de 1961)…, p. 131.
68   Manual para administradores de fábricas (10 de junio 1964), sección 2, asunto 4, p. 1.

69   Ernesto Ché Guevara: “Reuniones bimestrales” (1961-1964)…, [9 de marzo 1963], p. 351).
70   O. Borrego Díaz: ob. cit., p. 187.

71   Ernesto Ché Guevara: “Reuniones bimestrales” (1961-1964)…, [22 de febrero 1964], p., 444.
72   Ibídem [14 de julio 1962], p. 301.

73   Ídem.

74   Manual para administradores de fábricas (10 de junio 1964),…, sec-ción 16, asunto 1, p. 1.

75   Ernesto Ché Guevara: “Reuniones bimestrales” (1961-1964)…, [14 de julio 1962], p. 300.
76   Ibídem [12 de septiembre 1964], p. 515.

77   Ibídem, p. 514.

78   Ídem.

79   Ídem.

80   A. Arcos Bergnes: ob. cit., pp. 27-8.

81   Ernesto Ché Guevara: “Reuniones bimestrales” (1961-1964)…, [12 de septiembre 1964], p. 519.
82   A. Arcos Bergnes: ob. cit., pp. 27-8.

83   Ibídem, p. 28.

84   Ernesto Ché Guevara: “Reuniones bimestrales” (1961-1964)…, [12 de septiembre 1964], pp. 515-6.
85   Ibídem, pp. 516-8.

86   Ibídem, pp. 535 y 542.

87   Ibídem, p. 517.

sábado, 3 de octubre de 2015

La dependencia de las materias primas en América Latina

Principales exportaciones

El vudú nunca muere

Las políticas económicas republicanas tienen como objetivo que los ricos sean más ricos


Donald Trump ha dado a conocer por fin su programa fiscal. Resulta que se prodigará en rebajar los impuestos a los ricos sin, con ello, disparar el déficit.

Esto contrasta con el programa de Jeb Bush, que se prodigará en rebajar los impuestos a los ricos sin, con ello, disparar el déficit, y con el plan de Marco Rubio, que también se prodigará en rebajar los impuestos a los ricos sin, con ello, disparar el déficit.

Por si sirve de algo, parece que el programa de Trump produciría un agujero en el presupuesto aún mayor que el de Jeb. Jeb justifica su plan afirmando que multiplicaría por dos la tasa de crecimiento de Estados Unidos; por su parte, Trump trumpetea (ejem) que él multiplicaría por tres la tasa de crecimiento. Pero, de verdad, ¿para qué entrar en detalles? Todo es vudú. La pregunta interesante es por qué todos los candidatos republicanos sienten el impulso de tirar por este camino.

Se podría pensar que hay argumentos económicos que justifican la obsesión por rebajar impuestos a los ricos. Es decir, uno podría pensar eso si se hubiese pasado los 20 últimos años en una cueva (o en una fundación republicana). En caso contrario, uno sería consciente de que los entusiastas de las rebajas tributarias tienen una curiosa trayectoria: se han equivocado en todo, año tras año.

Algunos lectores recordarán las previsiones de catástrofe económica, allá por 1993, cuando Bill Clinton subió el tipo máximo del impuesto sobre la renta. Lo que se produjo, de hecho, fue un auge económico prolongado, que superó al de la época de Reagan en todos los aspectos.

Inasequibles al desaliento, esas mismas personas predijeron grandes acontecimientos como consecuencia de las rebajas fiscales de George W. Bush. En cambio, lo que hubo fue una lenta recuperación, seguida de una crisis económica catastrófica.

Más recientemente, los sospechosos habituales volvieron a pronosticar cosas terribles para 2013, cuando los impuestos que paga el 1% de la población con más dinero subieron drásticamente por el vencimiento de algunas de las rebajas fiscales de Bush y por los nuevos impuestos que sirven para pagar la reforma sanitaria. Lo que tuvo lugar, de hecho, fue un crecimiento del empleo a un ritmo que no se había conocido desde la década de 1990.

Luego están las pruebas procedentes de los distintos Estados. Kansas rebajó drásticamente los impuestos, en lo que su gobernador de derechas describió como un "experimento real" de política económica; el crecimiento del estado se ha ido rezagando desde entonces. California tomó el rumbo opuesto, y subió los impuestos; últimamente, ha sido la primera del país en crecimiento del empleo.

Es cierto que existen autoproclamados expertos económicos que afirman haber encontrado pruebas generalizadas de que los tipos impositivos bajos fomentan el crecimiento económico, pero dichos expertos siempre resultan estar a sueldo de los grupos de presión de derechas (y tienen la curiosa costumbre de hacer mal las cuentas). En los estudios independientes acerca de la correlación existente entre los tipos impositivos y el crecimiento económico, por ejemplo los del Servicio de Investigación del Congreso, nunca se ha hallado la más mínima relación. No hay argumentos económicos serios que justifiquen la obsesión por las rebajas tributarias.

Aun así, bajar los impuestos sigue siendo una medida política popular, ¿verdad? Pues no, al menos en lo que respecta a las rebajas de impuestos para los ricos. Según Gallup, solo el 13% de los estadounidenses cree que los individuos con rentas más altas pagan demasiados impuestos, mientras que el 61% cree que pagan demasiado poco. Incluso entre los que se consideran republicanos, el número de los que afirman que los ricos deberían pagar más supera, en una proporción de dos a uno, al de quienes dicen que deberían pagar menos.

De modo que todos los candidatos republicanos a la presidencia se adhieren a una política que, además de haberse probado que es económicamente negativa, es profundamente impopular. ¿Qué está pasando?

Bueno, piensen en la trayectoria de Marco Rubio, que ahora mismo podría ser el candidato republicano con más posibilidades. El año pasado, apoyó un plan de reducción de la presión fiscal ideado por el senador Mike Lee que supuestamente estaba pensado para los pobres y la clase media. En realidad, sus ventajas recaían considerablemente en las rentas más altas; pero, aun así, recibió duras críticas de la derecha por dar demasiado a las familias de a pie, mientras que no reducía lo bastante los impuestos que pagaban los más ricos.

De modo que Rubio volvió con un plan que eliminaba los impuestos sobre los dividendos, las plusvalías y la riqueza heredada, lo que proporcionaba unos enormes ingresos inesperados a los muy ricos. Y, de repente, se empezó a convertir en la comidilla de los donantes republicanos. El nuevo plan sumaría billones de dólares al déficit, por el que los conservadores afirman preocuparse, pero qué más da.

En otras palabras, es sencillo y bastante evidente: los republicanos apoyan las grandes rebajas fiscales para los ricos porque eso es lo que quieren los donantes ricos. No cabe duda de que la mayoría de estos donantes ha logrado convencerse a sí misma de que lo que es bueno para ellos es bueno para Estados Unidos. Pero, en el fondo, se trata de gente rica que apoya a políticos que les harán más ricos. Todo lo demás es pura racionalización.

Por supuesto, una vez que los republicanos elijan a su candidato, un ejército de mercenarios se movilizará para ocultar esta cruda realidad. Oiremos afirmaciones de que, en realidad, se trata de una rebaja fiscal dirigida a la clase media, que será muy beneficiosa para el crecimiento económico, y fíjense, ¡mensajes de correo electrónico! Y dadas las convenciones del periodismo de declaraciones, esta campaña de confusión podría funcionar.

Pero nunca olviden que, en realidad, se trata de una guerra de clases de arriba abajo. Puede parecer simplista, pero así es como funciona el mundo.

Paul Krugman es Premio Nobel de Economía de 2008.

© The New York Times Company, 2015.

Traducción de News Clips.

Valoraciones externas sobre la inversión extranjera en Cuba (I)

Imagen de jose
Por José Luis Rodríguez
1 Oct 2015 - 10:29am
Terminal de contenedores de Mariel
Una de las transformaciones de mayor trascendencia en la política económica de Cuba en años recientes ha sido la revalorización de la inversión extranjera directa (IED) como factor de impulso al desarrollo económico del país.
Si bien la presencia del capital extranjero en Cuba se inició a finales de los años 80 en el sector del turismo, no fue hasta el Período especial cuando se aprueba la reforma constitucional de 1992 y una ley específica en 1995 que ordenaría esta forma de financiamiento externo.
No obstante, la presencia del capital foráneo se concibió durante todos esos años como un elemento complementario para la recuperación económica del país, por lo que la inversión extranjera más significativa se concentró en un número limitado de sectores y el volumen de recursos comprometidos se estima que solo llegó a entre 4 200 y 5 000 millones de dólares.
Con la aprobación en abril de 2011 de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, la inversión extranjera directa continuó siendo valorada como complemento del esfuerzo inversionista nacional. Sin embargo, ya la IED había sido determinante en la expansión de actividades como la extracción de petróleo, la producción de níquel, la gestión del turismo internacional y el desarrollo de las telecomunicaciones.
El impulso a la IED con un mayor alcance se materializaría a partir de septiembre de 2013 con la apertura de la Zona Especial de Desarrollo en Mariel, a la que seguiría la aprobación de una nueva Ley de Inversión Extranjera por la Asamblea Nacional en marzo de 2014 y la presentación de una Cartera de Oportunidad de Negocios en noviembre de ese mismo año, que incluiría 246 proyectos por más de 8 700 millones de dólares.
Estas decisiones colocarían la captación de capital extranjero bajo una nueva óptica, especialmente cuando se dio a conocer que el país requiere entre 2 000 y 2 500 millones de dólares anuales de inversión externa para estabilizar una tasa de acumulación de entre 20 y 25%, con el objetivo de alcanzar ritmos de crecimiento económico superiores al 5%.
Ese enfoque y la necesidad de acelerar los cambios a introducir se entienden mejor si se toma en cuenta que la tasa de formación bruta de capital bajó de 10,9 a 7,6% en los últimos cinco años, al tiempo que se hacía inaplazable liquidar una deuda externa vencida en el 27% de su valor total, según estimados internacionales.
Es por ello que, como un elemento clave para el avance del proceso inversionista, se ha venido trabajando intensamente por mejorar la posición financiera externa del país, particularmente en lo referido al pago de la deuda externa. En este sentido, se han reducido los préstamos vencidos y se han logrado renegociar adeudos importantes, anteriormente con China y Japón y más recientemente con Rusia y México, al tiempo que se han iniciado las conversaciones con los acreedores del Club de París en medio de favorables perspectivas.
De no menor importancia ha sido el proceso iniciado para la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y su influjo en la creación de un ambiente favorable para las relaciones económicas externas, aun cuando no se ha modificado el bloqueo contra nuestro país.
Pudiera decirse -además- que existen potencialidades aún no aprovechadas en términos de otras fuentes financieras externas, como pueden ser el desarrollo de nuevas modalidades de inversión en cartera, el crecimiento de la cooperación internacional (especialmente con la Unión Europea) y una captación institucionalizada más eficiente de las remesas que ingresan al país como capital del sector privado y cooperativo.
Este favorable panorama no debe conducir a la idea de que la expansión de la inversión extranjera en Cuba sea un proceso explosivo y de corto plazo, y en ello concurren un conjunto de elementos que resulta conveniente analizar.
Lo primero que interesa destacar es que la apertura a la inversión extranjera en Cuba no transcurre como parte de un proceso de privatización de la propiedad estatal, ni de apertura incondicional a las leyes del mercado capitalista. Se trata de un proyecto dirigido a crear mejores condiciones para el desarrollo de una economía socialista, en la que continuarán siendo determinantes la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y la planificación.
Desde luego, un proceso de esa naturaleza transcurrirá necesariamente en medio de inevitables contradicciones y deberá enfrentar importantes obstáculos para cumplir sus objetivos. Probablemente sea la diferencia entre los objetivos y los medios para alcanzarlos donde se aprecien ya algunas contradicciones entre aquellos que reclaman una reforma de mercado muy similar a la llevada a cabo en los países ex socialistas europeos y la actualización del modelo económico socialista, donde habrá necesariamente un reconocimiento a la acción del mercado, pero bajo control social tal y como lo conciben los dirigentes cubanos. 

(Continuará)
* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.
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viernes, 2 de octubre de 2015

Beneficio ecológico del café ahorra agua en Santiago de Cuba

Creado el Viernes, 02 Octubre 2015 08:35 | María Antonia Medina Téllez| Foto de Archivo

Santiago de Cuba, 2 oct (AIN) La caficultura en la provincia de Santiago de Cuba ahorra cada vez más agua, gracias a la instalación y funcionamiento de nuevas tecnologías para el beneficio del café al servicio de los productores.

A las 24 despulpadoras ecológicas, sumaron para la actual cosecha del grano, una nueva en la zona de Magueyal, municipio de Segundo Frente que ahorra un volumen del líquido similar a tres o más convencionales.

Denis Dinza, especialista de industria en el Centro de Gestión de la Agricultura de Montaña en el territorio, informó hoy que los equipos de las nuevas Unidades Compactas de Beneficio Ecológico (UCBE) de tecnología colombiana, están situados en los principales macizos cafetaleros.

Las mismas, aseguró, ahorran agua, aumentan la calidad del grano y no contaminan el entorno, la localidad más avanzada en el programa de cambio tecnológico es Tercer Frente que tiene 20 benefactoras y a las siete ecológicas sumará también otros centros, al igual que en Segundo Frente.

De las 77 UCBE que operan en la actual cosecha, 25 están modernizadas y es uno de los propósitos esenciales en esta actividad, según indican los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en el VI Congreso.

Dentro del Programa de Rehabilitación cafetalera del país hasta el 2020, ese proyecto es un fuerte impulso a la caficultura ecológica y ante eventuales períodos de escasez del recurso hídrico, como ahora, garantiza la continuidad de la producción del grano, subrayó Dinza.

Eudel Almira, director de UCBE Mícara en Tercer Frente, identificó su centro entre los que alcanzan una disminución significativa del gasto de agua, el incremento de la calidad del beneficio, y la no contaminación del entorno, al no generar líquidos residuales, caracterizados por la acidez y abundancia de sólidos orgánicos.

Con esa experiencia mejoró, también, la calidad de las aguas de ríos, arroyos y fuentes subterráneas en las serranías.

Otras ventajas son el bajo costo al beneficiar el grano, poca fuerza de trabajo en la operación del sistema y pequeña infraestructura para la instalación que incluye, además, la construcción de cajas de cáscaras, tanques sépticos y filtros biológicos.

También modernizaron la Procesadora de Café Rolando Ayub, de Contramaestre donde benefician casi el 70 por ciento del grano para el consumo nacional y la exportación, allí emplazaron dos mesas desimétricas y un selector electrónico del cerezo para tener un ciclo cerrado al favorecer ese renglón económico

El oro se beneficia cuando se para la Reserva Federal

Publicado: 2 oct 2015 06:36 GMT | Última actualización: 2 oct 2015 07:21 GMT
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Oro / Reuters

Los analistas de RBC Capital Markets revelaron que la reciente alza en los precios del oro se debe en parte a la decisión de la Reserva Federal de EE.UU. de no elevar la tasa de interés de los fondos federales.

Los analistas compararon las expectativas del mercado de una tasa, derivada de una fórmula con el uso de los futuros de 30 días de los fondos de la Fed, y el precio del oro. Encontraron que a medida de que se hacía menos probable un alza, los precios del oro se hacían mayores, y viceversa, según el portal 'Business Insider'.

"Durante el último mes, hemos visto un modesto repunte en el precio del oro desde menos de 1.100 dólares por onza en agosto hacia el nivel de 1.150 dólares por onza (…) después de la reunión de septiembre de la Fed la semana pasada, donde las tasas se mantuvieron sin cambios", escribió RBC Capital Markets en una nota a sus clientes.

"El precio del oro se ha mantenido relativamente apoyado a ese nivel, ya que una visión más pesimista de la Fed ha reducido las expectativas de un alza antes de que finalice el año", reza la nota de RBC Capital Markets.

No obstante, este aspecto positivo para el metal precioso puede pronto llegar a su fin, ya que los analistas de RBC todavía esperan que la Fed suba las tasas en diciembre, causando así la bajada del precio de oro.

$EL SOCIO$ capitulo #7 "SUPERATE CON DIOS, EN IURD TABASCO"

jueves, 1 de octubre de 2015

'The Economist': "Se acaba la época dorada de las corporaciones occidentales"

Publicado: 1 oct 2015 10:39 GMT
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'The Economist': "Se acaba la época dorada de corporaciones occidentales" / Aly Song / Reuters

El periodo histórico marcado por las enormes ganancias de corporaciones occidentales ha terminado. El debilitamiento de las multinacionales estadounidenses podría cambiar para siempre el modelo de "negocio de éxito" a nivel global e incluso dar lugar a una nueva forma de capitalismo, afirma un analista de 'The Economist'.

"Muerte y transfiguración". Así describe 'The Economist' el futuro de las multinacionales occidentales. La revista explica que las condiciones históricas que permitieron a las grandes corporaciones actuales convertirse en monstruos económicos (la globalización de los mercados y la reducción de gastos posterior) han cambiado.

Según la investigación del Instituto Global McKinsey, el número de empresas multinacionales actual es el doble que en 1990, lo que sugiere un aumento de la competencia en el mercado mundial. Los analistas de McKinsey opinan que los beneficios corporativos pueden caer dentro de una década del 10% del PIB mundial al 8% y regresar, de esa manera, al nivel de hace 30 años.

Además, las empresas occidentales se ven obligadas a competir con los mercados emergentes. En la lista de las mayores multinacionales desde 1980 hasta 2000 elaborada por la revista 'Fortune' tan solo había un 5% de compañías de esos países. Actualmente, las empresas de los países en desarrollo representan el 26% de las compañías de la lista. Durante la última década las mayores empresas de los mercados emergentes han duplicado sus ganancias. 

El desarrollo de la tecnología, por su parte, amenaza la hegemonía de las multinacionales. Gracias a Internet, múltiples empresas jóvenes están ganando mercados nuevos, actualmente accesibles tanto para los gigantes económicos como para las compañías pequeñas. 

El entorno político también se hace más hostil para las grandes empresas. Por un lado, los políticos populistas atacan su "avaricia corporativa". Por otro, las presionan interminables reguladores que las amenazan con cuantiosas multas. Las leyes que obligan a las corporaciones a asegurar un salario mínimo también están eliminando algunas condiciones para que las multinacionales continúen obteniendo ganancias desorbitadas.

Importantes acuerdos de cooperación económica con Vietnam

"Estamos seguros de que habrá más empresarios vietnamitas con interés de venir a Cuba", sostuvo Truong Tan Sang, presidente de esa nación asiática

En presencia de TruongTan Sang, presidente de Vietnam, fueron firmados seis nuevos documentos de cooperación económica entre entidades vietnamitas y cubanas, como parte del Foro de Negocios bilateral efectuado en el Hotel Nacional de Cuba.

• Acuerdo de colaboración entre las Cámaras de Comercio de los dos países.

• Memorandum de entendimiento para las oportunidades de cooperación en la exploración, producción, y el incremento de la producción y recuperación de petróleo y gas en la Isla.

• Acuerdo de cooperación entre el Banco Nacional de Cuba y el Banco de Agricultura y Desarrollo Rural de Vietnam (Agribank).

• Acuerdo de cooperación entre el Banco Internacional de Comercio (Bicsa) y el Banco de Agricultura y Desarrollo Rural de Vietnam

• Acuerdo de constitución de una empresa mixta para la construcción y comercialización de un hotel cinco estrellas en La Habana.

• Cronograma de trabajo para el desarrollo de un proyecto de empresa mixta en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), destinada a la producción y comercialización de detergente en Cuba.

El presidente vietnamita señaló que la ZEDM y la Ley 118 han creado condiciones muy favorables para la inversión extranjera en la mayor de las Antillas. "Estamos seguros de que habrá más empresarios vietnamitas con interés de venir a Cuba", sostuvo.

Asimismo, el jefe de Estado convocó a los ministerios y demás organismos implicados, a que sigan incrementado la coordinación y el intercambio de informaciones, sobre todo para determinar las potencialesactividades de colaboración, y juntos encontrar la manera más eficiente de desarrollar e impulsarla.

El cronograma de actividades oficiales incluyó una visita a los arrozales donde se aplica la cooperación productiva entre los dos países, en pos de que la Isla reduzca las importaciones del cereal.

"Algunos empresarios vietnamitas están interesados en impulsar la colaboración con Cuba en sectores como la construcción de infraestructura turística, así como la producción de artículos de consumo, entre otros", refirió el presidente.

Ricardo Cabrisas, vicepresidente del Consejo de Ministros, señaló que la presencia de la delegación oficial vietnamita constituye estímulo en pos de hacer prosperar las relaciones económicas y comerciales, hasta llevarlas al excelente nivel de los vínculos políticos entre ambas naciones.

De igual forma, se refirió al sector biotecnológico como uno de los que cuenta con mayores posibilidades de exportaciones al mercado vietnamita. "El grupo BioCubaFarma y sus empresas asociadas, y el Centro Estatal de Control de Medicamentos y Diagnosticadores (Cecmed), trabajan coordinadamente en una estrategia que permita avanzar con las autoridades y empresas vietnamitas hacia ese objetivo común", dijo.

Orlando Hernández Guillén, presidente de la Cámara de Comercio de la República de Cuba, anotó que esta visita se celebra en el marco del aniversario 55 del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países.

Es por ello que se han realizado varias actividades encaminadas a la promoción del comercio y las inversiones, por ejemplo, la sexta sesión del Comité Empresarial Cuba-Vietnam, efectuada en Hanoi meses atrás.

Hernández Guillén adelantó que durante la próxima edición de la Feria Internacional de La Habana, FIHAV 2015, "tendremos el honor de contar con la participación de más de 20 empresas organizadas por la Agencia de Promoción del Comercio y las Inversiones de Vietnam, VieTrade".

La nación asiática constituye el segundo socio comercial de Cuba en ese continente. Durante el primer semestre de 2015, el comercio bilateral creció más de 9 % respecto a igual período del año anterior.

"Con satisfacción percibimos que crece el interés de las empresas vietnamitas en invertir en Cuba, al amparo de las garantías e incentivos que brindan las nuevas legislaciones. Las potencialidades de trabajo común son ilimitadas, contamos con el aval que otorgan los excelentes lazos de amistad y colaboración", aseveró el presidente de la Cámara cubana.

Por su parte, Vu Tien Loc, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Vietnam, comentó que la inserción internacional de la Isla, el proceso de restablecimiento de relaciones con Estados Unidos y la actualización del modelo económico, son factores que abren nuevas oportunidades para la colaboración entre empresarios de ambas naciones.

Vietnam cuenta con un crecimiento económico de 6,78 %, y muestra resultados favorables en varios renglones, con incrementos notables en la agricultura (21 %), industria (41 %) y servicios (38 %). Entre sus exportaciones fundamentales se encuentran el petróleo, ropa, calzado, arroz y café.

El país dispone de una amplia infraestructura de carreteras, ferrocarriles y puentes, además de aeropuertos y servicios de abastecimiento de agua, telecomunicaciones, tratamiento de desechos y energía.

Aerolíneas de EE:UU ansiosas por negociación en marcha

Amarradas solo a la oportunidad de vuelos chárter, las compañías aéreas de EEUU aguardan expectantes las conversaciones entre los gobiernos de su país y Cuba, para programar viajes comerciales regulares.

Cinco grandes aerolíneas estadounidenses operan vuelos chárter desde EEUU, a la espera de un acuerdo comercial entre ambos gobiernos que les permita regularizar los viajes.
Cinco grandes aerolíneas estadounidenses operan vuelos chárter desde EEUU, a la espera de un acuerdo comercial entre ambos gobiernos que les permita regularizar los viajes.
Las aerolíneas estadounidenses aspiran a tender un puente aéreo regular hacia Cuba antes de que concluya el año. El restablecimiento de vuelos comerciales programados entre ambos países depende de negociaciones gubernamentales que cerraron un segundo capítulo la última semana de septiembre en La Habana.
“Las partes abordaron temas relativos al transporte aéreo, la seguridad operacional y la seguridad de la aviación, entre otras cuestiones de interés mutuo”, informó un comunicado del Ministerio cubano de Relaciones Exteriores, que definió como “respetuoso, profesional y constructivo” el ambiente de una reunión realizada en La Habana los días 28 y 29 de septiembre.
Según el texto, las delegaciones de Cuba y Estados Unidos coincidieron en la importancia de dar continuidad a estos intercambios”.
Un funcionario estadounidense cercano a las conversaciones comentó la posibilidad de alcanzar un acuerdo antes del próximo año. Ambas partes planean reunirse de nuevo, posiblemente antes de finalizar 2015 y seguramente en Washington, dijo a la prensa, bajo condiciones de anonimato. “Una reunión más podría ser suficiente para sellar un arreglo”, opinó.
En el encuentro de septiembre participaron seis agencias del gobierno de Estados Unidos y homólogos del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba, de acuerdo con esa fuente.
Cinco aerolíneas estadounidenses, incluidas varias de las más importantes, han expresado en algún momento su propósito de sellar un pacto comercial con Cuba: American Airlines, United, JetBlue, Southwest y Delta. Las negociaciones comenzaron apenas anunciaron los presidentes Raúl Castro y Barack Obama el 17 de diciembre pasado el inicio de negociaciones públicas para normalizar relaciones.
En aquel momento, el diario The New York Times había estimado que en menos de un año dichas empresas podrían lograr su meta. Sin embargo, expertos citados por ese periódico alertaron entonces sobre lo impredecible que resulta saber hasta qué punto llegan las provisiones del Congreso norteamericano de entorpecer una medida de este tipo.
Los ciudadanos estadounidenses tienen prohibido viajar a Cuba por motivos turísticos; la bloqueo solo les permite hacerlo con fines familiares, educativos, religiosos, relacionados con el periodismo o actividades oficiales, investigación, presentaciones artísticas y otros.
Los ciudadanos estadounidenses tienen prohibido viajar a Cuba por motivos turísticos; la bloqueo solo les permite hacerlo con fines familiares, educativos, religiosos, relacionados con el periodismo o actividades oficiales, investigación, presentaciones artísticas y otros.
La conclusión del período vaticinado parece próxima. Pero por ahora los nexos no pasan de vuelos chárter de EEUU a Cuba autorizados por Washington desde hace más de dos décadas. American Airlines ampliará los viajes de ese tipo con un nuevo enlace desde California a partir de diciembre próximo. Como el bloqueo económico de EEUU prohíbe a compañías como American Airlines vender directamente los tickets, lo hará a través del turoperador Cuba Travel Services. Pese a las restricciones, la aerolínea prevé 22 travesías semanales desde Miami, Tampa y Los Ángeles a varios destinos de Cuba.
Otras compañías como Delta, Sky King y JetBlue operan vuelos de similar índole; C&T Charters se enganchó a esa oportunidad con un viaje semanal sin escalas desde Chicago a La Habana, que planea incrementar a dos vuelos a partir de enero. JetBlue, una de las más activas, lo hace también desde Nueva York.
La aerolínea Swift Air, de conjunto con el touroperador Island Travel&Tours, es la anotación más reciente de la lista. Este 30 de septiembre inauguró otra puerta de salida desde Baltimore-Washington, estado de Maryland, hacia La Habana.
Los vuelos chárter cumplen con los criterios de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) y la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos.
Entretanto, avanzan conversaciones intensas para negociar un acuerdo informal que permitiría a los viajeros reservar viajes directamente con las aerolíneas. Después de acordarlo, ambas partes se han propuesto actualizar el pacto de aviación civil, en vigor actualmente, pero obsoleto ya pues data de 1953.
La reunión de esta semana habrá dado importantes pasos en temas fundamentales como la cooperación en seguridad y vigilancia, dijo el funcionario.
El bloqueo económico a Cuba prohíbe a los ciudadanos estadounidenses viajar a la mayor de las Antillas por motivos turísticos. Las medidas más recientes de Obama solo alivian dichas restricciones. Ciertas personas pueden hacerlo con autorizaciones especiales, pero fue suficiente para un salto de más de un 60 por ciento de viajes de estadounidenses a Cuba: más de 100.000 visitantes hasta el 20 de septiembre.
Expertos estiman que el flujo crecería con más fuerza aún cuando desaparezca el bloqueo o si el Congreso de Estados Unidos levanta al menos la prohibición al turismo. Las aerolíneas, que se declaran ansiosas por el acuerdo, se suman, por tanto, a las presiones empresariales sobre el legislativo. (2015).

El camino de Perú hacia el éxito económico


(Versión en English)
Peru Book
La transformación de la economía peruana durante el último cuarto de siglo ha sido notable. Perú es un excelente ejemplo de cómo poner en práctica un programa de estabilización conjuntamente con un plan integral de reforma estructural para mejorar de modo significativo los niveles de vida de la población.

En un nuevo libro del FMI, Perú: Manteniéndose en el camino del éxito económico (publicado con motivo de las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial que se celebrarán en Lima la próxima semana), presentamos los notables logros de Perú durante las últimas dos décadas y media. Si bien se ha logrado mucho en Perú, aún queda mucho por hacer.
Grandes resultados
Esta notable transformación se sintió en la totalidad de la economía peruana.
• Crecimiento. Si bien la economía de Perú se contrajo aproximadamente un 25% en los tres años previos a la adopción del programa de estabilización a principios de los años noventa, poco después la economía tuvo un crecimiento robusto y registró la segunda tasa de crecimiento económico de América Latina en la última década.
• Inflación. El banco central pudo controlar la hiperinflación de principios de los años noventa mediante un hábil manejo de los agregados monetarios, y luego logró generar el índice de inflación más bajo de América Latina durante la última década empleando un régimen de metas de inflación moderno.
• Deuda pública. Una política fiscal bien concebida redujo la deuda pública de alrededor del 70% del PIB a principios de los años noventa (cuando el país entró en cesación de pagos con todos sus acreedores, incluido el FMI) a aproximadamente el 20% en la actualidad (con calificación crediticia de grado de inversión y acceso irrestricto a los mercados de capitales). Además, el sector público acumuló activos equivalentes a alrededor del 15% del PIB. Todo esto se vio facilitado por la adopción de un marco fiscal sólido y reglas fiscales que limitaron el crecimiento del gasto corriente.
• Reservas internacionales. Las reservas crecieron de un nivel negativo en cifras netas a principios de los años noventa a aproximadamente el 30% del PIB en la actualidad. Los shocks positivos de los términos de intercambio y la afluencia de capitales fueron administrados con vistas a fortalecer la posición de reserva del banco central.
• Pobreza. Si bien los datos no son precisos, se estima que el índice de pobreza a principios de los años noventa se encontraba por encima del 60%, y hoy se ubica un tanto por encima del 20%, gracias a un crecimiento económico robusto y a políticas sociales que mitigaron la pobreza (incluida la creación del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social).
• Trabajo conjunto con el FMI. Todos estos notables resultados fueron de la mano de una continua participación del FMI, que incluyó programas durante las (casi) dos décadas posteriores a la estabilización de principios de los años noventa y un enorme programa de asistencia técnica. La relación de Perú con el FMI cambió radicalmente: de tener atrasos en sus pagos al FMI (y estar inhabilitado para recibir préstamos), Perú pasó a tener acceso a los préstamos del FMI, a saldar todo su crédito del FMI pendiente de reembolso, y luego a contribuir a las reservas del FMI en calidad de acreedor.

La historia hasta ahora
La historia del exitoso desempeño de Perú comienza con un amplio programa de estabilización durante 1990–92, que abordó numerosos problemas macroeconómicos e inició un largo proceso de reformas estructurales que sentaron las bases para un fuerte crecimiento económico en el futuro. El programa contribuyó a unos cuantos logros: i) reducción drástica del déficit presupuestario; ii) eliminación de los controles de precios y liberalización de los mercados financieros; iii) apertura a la actividad económica; iv) fortalecimiento del marco para la ejecución de la política monetaria, y v) refuerzo de la supervisión financiera y la regulación prudencial.
El período 1993–98 marcó la reanudación del crecimiento sostenido, algo que no se observaba desde principios de los años setenta. Sin embargo, este período también incluye 1998, el único año de contracción económica en el período posterior a la estabilización, y un recordatorio de las vulnerabilidades de Perú ante los shocks externos. Durante este período se adoptaron unas cuantas reformas estructurales adicionales (que incluyeron la reforma tributaria, la reestructuración del sistema de pensiones, la privatización de empresas públicas y el fortalecimiento del sistema financiero). Además, Perú finalmente normalizó relaciones con todos sus acreedores externos.
Los nueve años siguientes (1999–2007) coincidieron con una desaceleración temporal del crecimiento, un giro positivo en las cuentas fiscales, mejoras en las condiciones externas y una profundización de las reformas. En particular, el proceso de reforma continuó con dos hitos macroeconómicos: i) la introducción de una regla fiscal en 1999, y ii) la adopción de un régimen de metas de inflación en 2002. La economía creció en promedio a una tasa anual de 4½%, en tanto que finalmente se logró reducir la inflación a niveles similares a los observados en economías avanzadas, con un promedio del 2½%.
A principios de 2008, Perú estaba experimentado un período de auge, pero había señales claras de sobrecalentamiento, con un nivel de inflación de casi 6%, pese a que el superávit fiscal era uno de los más elevados de la historia. La deuda pública presentaba una continuada trayectoria descendente y en el primer semestre de 2008 Perú recibió el grado de inversión (el tercer país de la región en obtenerlo). No obstante, el mundo cambio en septiembre de 2008 con el comienzo de la crisis financiera mundial. Afortunadamente, el contagio financiero de la crisis mundial fue limitado gracias a la rapidez con que se adoptaron las medidas de respuesta, que incluyeron un vigoroso estímulo monetario y fiscal.
La eficacia de la respuesta contracíclica y la rápida recuperación económica pronto hicieron que el debate sobre las políticas girara en torno al ritmo óptimo de retiro del estímulo en el período posterior a la crisis financiera mundial. El PIB real creció en promedio en un 6¾% durante el período 2010–13, en tanto que la inflación básica se mantuvo bajo control. Para evitar riesgos de sobrecalentamiento, las autoridades dieron inicio al ciclo de ajuste en 2010–11. Sin embargo, el problema de la afluencia de capitales tuvo un final abrupto después de que la Reserva Federal de Estados Unidos anunciara en mayo de 2013 un posible repliegue gradual de la política monetaria no convencional. La noticia generó incertidumbre en los mercados y la magnitud de las entradas de capital disminuyó de modo sustancial. En el primer semestre de 2014, la economía peruana experimentó su más pronunciada desaceleración desde la crisis financiera mundial. El PIB real creció 2½% en 2014 debido a incertidumbres acerca de las condiciones externas en vista de que el crecimiento de la economía mundial era mediocre. Se prevé que el crecimiento del PIB real en 2015 continúe siendo moderado.
Consolidar el éxito
Para pasar a una etapa más avanzada de desarrollo, Perú debe preservar la estabilidad macroeconómica y profundizar sus reformas estructurales a fin de mejorar la competitividad y potenciar la productividad. En tal sentido, sería importante eliminar los abundantes trámites burocráticos para continuar fomentando un entorno atractivo para la inversión. Los mercados laborales deben ser más flexibles para facilitar una asignación de recursos y reducir la informalidad, en tanto que los mercados de capitales tienen que continuar desarrollándose para apoyar a la inversión. Si la adopción de políticas en el pasado es un presagio del futuro, no hay duda de que Perú continuará en su camino hacia el éxito.

Cadenas hoteleras de EE.UU. están más interesadas en Cuba por alivio de restricciones


"Cuando se nos permita hacerlo legalmente, todos queremos estar listos en la línea de partida", dijo Ted Middleton, vicepresidente senior para desarrollo en América Latina de Hilton.
Los hoteleros estadounidenses no tienen permitido invertir en Cuba en la actualidad y la isla oficialmente sigue siendo un lugar prohibido para los turistas del país a menos que cumplan con ciertos criterios.

El interés de los ejecutivos de las principales cadenas hoteleras de Estados Unidos por Cuba ha aumentado en los últimos meses, con conversaciones informales con funcionarios cubanos a medida que Washington relaja las restricciones a las firmas estadounidenses que operan allí.

Ejecutivos de Marriott International, Hilton Worldwide y Carlson Hospitality Group, que administra la cadena Radisson, dijeron a Reuters que han conversado con funcionarios cubanos en los últimos meses.
"Todos estamos muy interesados", dijo Ted Middleton, vicepresidente senior para desarrollo en América Latina de Hilton. "Cuando se nos permita hacerlo legalmente, todos queremos estar listos en la línea de partida", agregó.
Estados Unidos y Cuba restablecieron relaciones diplomáticas en julio tras décadas de hostilidad.
Washington flexibilizó aún más el embargo comercial de medio siglo este mes, al permitir que algunas empresas establezcan filiales o asociaciones en Cuba y puedan abrir oficinas, tiendas y depósitos en la isla.
Estados Unidos quiere llegar a un acuerdo que permita a las aerolíneas domésticas realizar vuelos regulares a Cuba tan pronto como sea posible, dijo un funcionario del Departamento de Estado la semana pasada, en medio de especulaciones de que la prohibición para que los turistas estadounidenses visiten la isla caribeña podría flexibilizarse.
Los hoteleros estadounidenses no tienen permitido invertir en Cuba en la actualidad y la isla oficialmente sigue siendo un lugar prohibido para los turistas del país a menos que cumplan con ciertos criterios, como ser cubanoestadounidense o participar de viajes especiales culturales o educativos.
Las compañías extranjeras deben asociarse con una entidad cubana para hacer negocios y los hoteleros estadounidenses creen que deberán hacer lo mismo si es que se levantan las restricciones.
Mientras esperan que los políticos resuelvan sus diferencias, los ejecutivos hoteleros llevan adelante misiones de investigación en La Habana y mantienen reuniones informales con funcionarios del Gobierno en Cuba y en varias ciudades europeas.
Esta semana, Middleton, junto con ejecutivos de Carlson y Wyndham Worldwide Corp., que opera la cadena Ramada, se reunieron con el viceministro de Turismo de Cuba, Luis Miguel Díaz, en una conferencia de la industria en la capital peruana, Lima.
En la década de 1950, Cuba era el destino favorito para celebridades estadounidenses como Frank Sinatra y Ava Gardner, así como turistas comunes que viajaban en masa en vuelos baratos y barcos desde Miami.
Una reciente flexibilización de algunas restricciones para viajeros ayudó a que más de 106.000 estadounidenses visitaran Cuba en lo que va del año, más de los 91.254 de todo el 2014, según datos recopilados por el profesor de turismo José Luis Perelló de la Universidad de La Habana.
En general, la llegada de turistas aumentó casi un 18 por ciento este año tras un récord de 3 millones de visitantes en 2014, cifra que convirtió a Cuba en el segundo destino más popular del Caribe detrás de República Dominicana.
Los hoteleros estadounidenses esperan que los visitantes del país norteamericano se disparen si se levantan todas las restricciones de viaje.
"Cuando y si se levanta la prohibición. Estimamos que tendremos más de 1,5 millones de viajeros estadounidenses por año", dijo Laurent de Kousemaeker, presidente de desarrollo para América Latina y el Caribe de Marriott.
De Kousemaeker acompañó a otros ejecutivos de Marriott, entre ellos al presidente ejecutivo Arne Sorensen, a La Habana en julio para reunirse con representantes de compañías administrativas y funcionarios del Gobierno.
HOSPITALIDAD, LA PALABRA CLAVE
Incluso si las sanciones se levantan en el corto plazo, Cuba ha sido tradicionalmente lenta en aprobar proyectos de inversión extranjera, lo que hace poco probable que aparezcan de inmediato hoteles estadounidenses en el paisaje de la isla.
Rivales de Canadá y Europa han aprovechado la oportunidad, operando e invirtiendo en hoteles y centros turísticos junto a socios cubanos durante años.
La cadena española Meliá Hotels International SA pretende tener 15.000 habitaciones en Cuba para 2018. Actualmente cuenta con 13.000 a través de 27 asociaciones.
London + Regional Properties Ltd, una empresa hotelera y de bienes raíces de Reino Unido, firmó un acuerdo este verano boreal para un proyecto de un campo de golf de 18 hoyos, un hotel y un condominio con la compañía estatal de turismo, Palmares SA, que tiene una participación del 51 por ciento en el plan.
Pero incluso con los planes del Gobierno de sumar 4.000 nuevas habitaciones hoteleras cada año durante los próximos 15 años, la isla no está preparada para un significativo aumento del turismo.
La infraestructura turística de la isla decayó en las décadas siguientes a la revolución de 1959. Hoteles cinco estrellas, buenos restaurantes y un acceso económico a internet son escasos.
Cuando y si ambos gobiernos dan la luz verde, los ejecutivos dijeron que las cadenas hoteleras estadounidenses posiblemente ofrezcan asociaciones de marca y administración para socios del Gobierno cubano como Palmares y el Grupo Turístico Gaviota, la entidad turística oficial más grande de Cuba.
El objetivo será asegurar contratos de largo plazo en proyectos de desarrollo de centros turísticos, que es como las autoridades cubanas generalmente operan con hoteles extranjeros.
Pero por el momento, los hoteleros estadounidenses no pueden mencionar al turismo cuando se reúnen con sus pares cubanos, y menos hablar sobre contratos. En cambio, la palabra clave es "hospitalidad".
A de Kousemaeker le gusta usar una analogía del béisbol, un deporte muy popular en ambos países, para describir la situación.
"Estamos aprendiendo, y tomando lecciones de bateo, pero estamos en el banco", dijo
.