Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 12 de junio de 2020

Grupo Gran Caribe define los primeros hoteles que reabrirá en La Habana en etapa pospandemia

Por: Lissett Izquierdo Ferrer, Abel Padrón Padilla

 
Arbona Hardy, delegada del Grupo Gran Caribe en La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Gran Caribe define actualmente los hoteles que reabrirá en la primera fase de recuperación prevista en el país, en la cual las ofertas estarán dirigidas solo al mercado interno, según comentó a Cubadebate Isabel Arbona Hardy, delegada del grupo en La Habana.
La directiva explicó que se reactivarán las instalaciones más demandadas por los nacionales, amantes de la modalidad de sol y playa, aunque esto no significa que se descarten hoteles ubicados en la ciudad.
Gran Caribe cuenta en La Habana con 12 hoteles, de ellos está en zona de playa (en Santa María del Mar) el complejo hotelero Atlántico-Villa Los Pinos-Villa Mirador del Valle. También perteneciente a este grupo se encuentra en Mayabeque, en playa Jibacoa, el complejo Villa Trópico-Villa Loma.
Arbona Hardy precisó que esas instalaciones son muy solicitadas por el turismo nacional, que creció el pasado año en más de 600 000 clientes con respecto al 2018, de acuerdo con cifras oficiales.
La delegada de Gran Caribe en La Habana dijo que en estos momentos perfeccionan la estrategia que establece el protocolo a seguir para la estancia en los hoteles, “muy diferente en lo adelante”.
El Gobierno cubano dio a conocer que el turismo internacional iniciará en la segunda etapa, “de forma gradual y en función de la demanda, únicamente en la cayería norte y sur del archipiélago”. A cada visitante se le aplicará un PCR y se tomará la temperatura. En tanto, en los hoteles se establecerá una vigilancia clínico-epidemiológica, por un equipo de especialistas”.
De cara a la reapertura, todas las instalaciones de Gran Caribe, como las del resto del sector turístico, han convertido en oportunidad la ausencia de turistas debido a la COVID-19 para ejecutar labores de renovación y mejora de los productos.

Hoteles Plaza y Sevilla: El objetivo es estar listo para la reapertura

Hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
El Hotel Plaza, enclavado en La Habana Vieja, emplea esta pausa obligatoria para recuperar la mayor cantidad de habitaciones fuera de orden y alistar las áreas de servicio ante la necesidad de acondicionarlas para el turismo pospandemia, una vez arranque en la capital.
“Habrá una serie de protocolos que deberemos cumplir”, asegura su director general, Adamis Rodríguez. En los restaurantes —detalló— los servicios estarán dispuestos de forma tal que se garantice el distanciamiento físico, así como el bufet deberá ser asistido.
Geles desinfectantes y señaléticas con información al cliente estarán disponibles en este hotel, donde prevén agilizar el check-in —que se realiza en algunos casos de manera digital—para evitar las aglomeraciones.
Igualmente, se mantendrá el médico y enfermera que normalmente laboran en la instalación, añadió Rodríguez y destacó las acciones para profundizar en la higienización de las habitaciones y las áreas de gastronomía.
Adamis Rodríguez, director general del hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
El joven directivo pronostica que el Plaza, de 188 cuartos, deberá reabrir con el 50 por ciento de su capacidad, teniendo en cuenta además que en la actualidad hay unas 40 habitaciones fuera de orden.
Durante 21 días este hotel alojó a 200 clientes que llegaron de casas de renta. “Esa experiencia nos permitió poner en práctica el cambio de las rutinas de trabajo”, acotó.
Cercano al Plaza está el hotel Sevilla, cerrado desde el 4 de marzo. “Este periodo se ha aprovechado para desarrollar acciones de mantenimiento, a partir de la disponibilidad de recursos”, dijo su director general, Juan Carlos Colina Ordaz.
Las tareas se concentran en las áreas comunes: restaurantes, bares, lobby, carpeta, incorporación de equipos nuevos en la cocina, limpieza de las redes de evacuación del hotel y mantenimiento de los equipos de clima.
Asimismo las 178 habitaciones serán objeto de mejoras y adaptación a los nuevos requerimientos, añadió Colina Ordaz y precisó que también tienen previsto la separación entre las mesas, entre otras medidas higiénico-sanitarias. Por ejemplo, “hemos pensado proteger la carpeta con acrílicos”.
“Nuestra tarea es estar listos para cuando suceda la reapertura”, resumió el directivo.
La parálisis del turismo en Cuba ha implicado una reducción sensible de los ingresos. “Una economía con cero turismo y arreciamiento del bloqueo, no puede seguir trabajando normalmente y que nada pase”, advertía a inicios de mayo el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil.
Juan Carlos Colina Ordaz, director general del hotel Sevilla. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.

En fotos, las labores de mantenimiento

Mejoras en la habitación donde se hospedó "Babe" Ruth, en el Hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Mantenimientos en el Hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Lobby del hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Áreas pintadas en el hotel Plaza. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Hotel Sevilla. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Hotel Sevilla. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Las tareas de mantenimiento en el hotel Sevilla. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Montaje de nuevos equipos en la cocina del hotel Sevilla. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Hotel Sevilla. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Hotel Sevilla. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.

Cuba: siete gráficos para descifrar la capacidad de un plan de recuperación

Por Pedro Monreal, El Estado como tal

El inminente anuncio de un plan de recuperación económica post COVID-19 en Cuba probablemente contiene objetivos, medidas y plazos. No queda claro si también incluirá indicadores precisos para evaluar el cumplimiento del plan en la medida en que transcurran sus diversas fases y etapas. Medir es importante. Un plan cuyos resultados no se miden, no es un plan “operacional”.
Me limito a comentar aquí algunos posibles objetivos de un plan de recuperación, específicamente dos objetivos que considero que son cruciales: mejorar la disponibilidad de alimentos y alcanzar tasas de crecimiento adecuadas del Producto Interno Bruto (PIB).
Por mejorar la disponibilidad de alimentos debe entenderse alcanzar la seguridad alimentaria del país, lo cual exige satisfacer tres condiciones simultáneas: a) alimentos suficientes (cantidad y calidad que garanticen una nutrición adecuada), b) alimentos accesibles (debe existir disponibilidad estable de la oferta), y c) alimentos asequibles (todos los ciudadanos, especialmente los de menores ingresos, deben ser capaces de alimentarse de manera sana).
Por tasas de crecimiento adecuadas del PIB debe entenderse un rango de incremento anual de aproximadamente 5% (o superior) de manera estable. Existe un consenso relativamente amplio en Cuba acerca de que, si no se logra ese nivel, no sería posible avanzar hacia el desarrollo. Obviamente, crecimiento y desarrollo son dos procesos relacionados, pero diferentes. Sin embargo, en medio de una recesión no es en ese plano en el que debería enfocarse la discusión sobre el crecimiento. Lo urgente ahora es hacer crecer la economía de la manera más vigorosa posible.  
Entender en qué pudiera consistir el eventual éxito o fracaso de un plan de recuperación económica en Cuba pudiera visualizarse gráficamente mediante algunas curvas que deberían ser “levantadas” por el plan de recuperación.
Durante la crisis de la COVID-19 se popularizó el uso de curvas epidemiológicas. Ojalá se comience a prestar mayor atención a las curvas económicas.
Seguridad alimentaria
Las dificultades con la seguridad alimentaria existen en Cuba desde antes del COVID-19. Con los datos oficiales disponibles hasta 2018 y con los estimados para 2019 realizados por especialistas, es posible identificar que, en 2019, la producción nacional de un surtido de importantes alimentos nacionales cayó en “diving”.
En el caso de los alimentos de origen animal seleccionados en la muestra del Gráfico 1, no todas las dinámicas habían sido similares desde 2013, pero la caída experimentada en 2019 transformó todas las trayectorias en curvas descendentes.
Gráfico 1. Alimentos de origen animal: ¿en caída libre?
Gráfico elaborado por el autor. Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2018, tablas 9.18, 9.19, 9.21 y 9.23. Los estimados de 2019 tienen como fuente: Armando Nova “Agricultura: Urgen medidas descentralizadoras”, Progreso Semanal, 13 de mayo de 2020 https://progresosemanal.us/20200430/agricultura-urgen-medidas-descentralizadoras/
En el caso de tres alimentos agrícolas fundamentales, la situación ha sido más complicada, pues mientras que las hortalizas habían permanecido relativamente estancadas entre 2013 y 2018, el arroz y el maíz habían registrado un sostenido deterioro. En el año 2019, las curvas se desplomaron.
Gráfico 2. Productos agrícolas: una larga agonía
Gráfico elaborado por el autor. Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2018, tabla 9.10. Los estimados de 2019 tienen como fuente: Armando Nova “Agricultura: Urgen medidas descentralizadoras”, Progreso Semanal, 13 de mayo de 2020 https://progresosemanal.us/20200430/agricultura-urgen-medidas-descentralizadoras/
En el caso de los productos cárnicos, existe uno de ellos -la carne de pollo- que es fundamentalmente importado. La evolución de la oferta de cárnicos entre 2013 y 2018 indica un predominio de la carne de cerdo (nacional), seguida por el pollo (importado), y finalmente la carne bovina (nacional).
Aunque todavía no se dispone de datos oficiales para 2019 (solamente los estimados de Armando Nova), los datos indicarían que en 2019 pudiera haber ocurrido un evento anómalo: la carne de pollo importada habría desplazado a la carne de cerdo nacional del primer lugar de la oferta de cárnicos. Es algo que habría que confirmar cuando se disponga de datos completos, pero la información parcial parece indicar que la caída de la producción de carne de cerdo iniciada en 2019 se ha agravado en 2020. Colegas como Juan Triana han analizado recientemente el tema (1).
Gráfico 3. Algo inusual en la oferta de carne

Gráfico elaborado por el autor. Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2018, tablas 9.19 y 9.21. Los estimados de 2019 tienen como fuente: Armando Nova “Agricultura: Urgen medidas descentralizadoras”, Progreso Semanal, 13 de mayo de 2020 https://progresosemanal.us/20200430/agricultura-urgen-medidas-descentralizadoras/ En el caso de las importaciones de carne de pollo la fuentes es el Anuario Estadístico de Cuba, ediciones de 2015 y 2018, tabla 8.12. La fuente de los datos de importación de 2019 es la base de datos “Trade Map” del International Trade Centre (ITC) https://www.trademap.org/
 
Los datos no oficiales más recientes de importación trimestral de carne de ave (principalmente carne de pollo) indican una notable caída en el último trimestre de 2019, que luego incrementó ligeramente en el primer trimestre de 2020, pero que se mantiene en niveles muy inferiores al registro trimestral normal desde 2018.

No solamente se trata de otra curva que cayó en “diving”. Pudiera tener un impacto significativo en la seguridad alimentaria, pues si los niveles de importación de carne de pollo no logran recuperarse debido a las restricciones de divisas, no podrá compensar la reducción actual de la producción nacional de carne de cerdo.

En una perspectiva de mediano y largo plazo, la curva de importaciones de carne de pollo debería ser “aplanada” como parte de un proceso de sustitución de importaciones, pero en plazos inmediatos no es razonable asumir que se produzca un “salto” en la producción nacional de cerdo o de pollo en los próximos dos meses que permitiera prescindir de las importaciones de carne de pollo, de la que EEUU es el primer suministrador.

Es decir, la curva de importaciones de pollo debería ser “levantada” en el corto plazo y si ello no pudiera lograrse, al menos habría que mantenerla a su nivel actual, asumiendo que existiría una escasez de oferta de carnes en el país.

De nuevo, el objetivo a mediano plazo debe ser sustituir las importaciones de pollo con producciones nacionales de cárnicos, pero en plazos inmediatos tal sustitución no va a producirse y por tanto una reducción de las importaciones de carne de pollo agudizaría el déficit actual, de por sí muy notable, en la oferta de carnes.

Gráfico 4. La curva que debe ser “levantada” antes de “bajarla”
Gráfico elaborado por el autor. Fuente: “Trade Map” del International Trade Centre (ITC) https://www.trademap.org/
Recuperación del crecimiento económico: ¿En forma de “V” o como el logo de Nike?
Uno de los debates económicos que se produce en muchos países es el relativo a la forma gráfica que tendría el proceso completo de entrada y de salida de la crisis económica asociada al COVID-19. En general se mencionan cuatro formas que se identifican con cuatro letras: “V”, “U”, “W” y “L”.
Explicado de manera sucinta, una recuperación en forma de “V” se corresponde con una entrada fulminante en la crisis y con una recuperación relativamente rápida y dinámica, mientras que una recuperación en forma de “U” indicaría casos en los que la afectación económica sería amplia y por tanto el “largo de la pista” en el fondo de la crisis -antes de entrar en recuperación- debería ser mayor.
En una recuperación de tipo “W”, pudiera darse el caso de que un primer momento de recuperación se vería interrumpido, por ejemplo, debido a la necesidad de regresar a una cuarentena, y luego de entrarse de nuevo en recesión, se produciría una segunda recuperación. También la interrupción de la recuperación inicial pudiera derivarse de otros factores, como, por ejemplo, la ruptura de cadenas de abastecimiento.
Finalmente, una recuperación en “L” sería aquella en la que una caída brusca de la economía pudiera implicar un nivel considerable de destrucción del tejido productivo con eventuales impactos negativos en la productividad, una situación en la que el nivel de actividad económica crecería de manera moderada durante la recuperación y la economía se mantendría en una fase de bajo crecimiento del PIB durante un tiempo prolongado. Hay economistas que identifican la recuperación tipo “L” con una recuperación con la forma del “logo de Nike”. 
Una recuperación de tipo “L” pudiera incluir lo que algunos economistas denominan una “zombificación” de la economía, es decir, un incremento de las entidades que funcionan de manera ineficiente y que por tanto bajan la tasa general de crecimiento y retardan la recuperación.
Usualmente se trata de empresas “viejas”, con irrentabilidad y con pocas probabilidades de ser rentables en el futuro.
El incremento del peso relativo de entidades “zombies” afecta negativamente la productividad, la eficiencia en la asignación de recursos para invertir y crea barreras de entrada a nuevas entidades que pudieran operar de manera más eficiente, con un efecto positivo en la renovación del tejido económico nacional.
En el caso de Cuba, el calificativo de “zombies” no se aplicaría únicamente al área de las empresas estatales, sino también a la esfera de los emprendimientos privados y cooperativos. En estos momentos, existe una gran incertidumbre acerca de la futura viabilidad de “modelos de negocios” privados que funcionaron hasta antes del COVID-19. Por otra parte, la ausencia de una reforma sustantiva de la empresa estatal, unida a la distorsión en la tasa de cambio, han creado un grupo de empresas que ya funcionan como “zombies” y otras que pudieran pasar a esa condición, por ejemplo, cuando se produzca la devaluación del peso cubano (CUP) frente a las divisas.
¿Qué forma tendría la recuperación post COVID-19 en Cuba?
Es muy difícil evaluar el tema a partir de la información oficial pues sencillamente no se ha proporcionado un estimado oficial actualizado sobre el crecimiento del PIB cubano.
En ocasiones, se menciona el estimado de contracción de PIB de 3,7% en 2020 informado por CEPAL en el mes de abril, pero esa es una proyección desactualizada. Desde entonces hasta hoy, todas las entidades que hacen pronósticos han revisado “hacia la baja” los pronósticos hechos al inicio de la crisis.
En el caso de Cuba, se dispone de las estimaciones realizadas por la entidad The Economic Intelligence Unit (IEU), que actualiza periódicamente sus pronósticos. El estimado más reciente de EIU de finales de mayo revisó sustancialmente “hacia la baja” su pronóstico de decrecimiento del PIB de Cuba en 2020, proyectando una caída de 8,3%, en vez de la reducción de 4,7% que había sido estimada en el mes de abril.
Una característica interesante de los informes periódicos sobre Cuba realizados por EIU es que extiende el pronóstico anual hasta el año 2024, lo que facilita la exploración de la probable “forma” que pudiera tener la recuperación de la economía cubana, a partir de 2020.
Es importante aclarar que simplemente se trata de cifras estimadas, las cuales obviamente pudieran modificarse, pero asumiendo esa incertidumbre como parte del proceso de análisis, el economista debe trabajar con los datos disponibles y esos son los que hay por el momento. Ojalá que se divulgaran informes oficiales en Cuba sobre el tema, pero eso no se hace, ni parece que ocurrirá ahora.
Según las proyecciones de EIU, pudiera decirse que la recuperación económica en Cuba sería del tipo “logo de Nike”.
Al finalizar 2021, el primer año de la esperada recuperación, el nivel del PIB sería no solamente inferior al valor previo inmediato antes de la recesión, sino incluso menor al que existía en 2016.
Según los estimados de crecimiento de EIU, no sería hasta bien avanzada la recuperación, después de 2023, cuando se recuperarían los niveles del PIB anteriores a la crisis.
Gráfico 5. Como el “logo de Nike”
Nota: Los niveles de PIB a precios constantes (base 1997) para el período 2020-2024 fueron calculados por el autor a partir de las tasas de crecimiento anual pronosticadas por el informe de EIU Cuba Country Report, May 2020. Los datos del PIB de 2013 a 2018 fueron tomados de ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2018.
Cuando se adopta un periodo de análisis extendido, puede apreciarse claramente que -según los estimados de EIU- la crisis actual tendría el efecto de haber “sacado” la futura dinámica del PIB (2020- 2024) de la trayectoria “lineal” del PIB (identificada en el siguiente gráfico con una línea discontinua roja) y la habría colocado en una trayectoria más baja, como se si hubiese bajado un escalón en la trayectoria del crecimiento a largo plazo.
Gráfico 6. Bajando un escalón
Nota: Los niveles de PIB a precios constantes (base 1997) para el periodo 2020-2024 fueron calculados por el autor a partir de las tasas de crecimiento anual pronosticadas por el informe de EIU Cuba Country Report, May 2020. ONIEI. Los datos del PIB de 1996 a 2018 fueron tomados de ONEI. Series Estadísticas Cuentas Nacionales 1985- 2018.
El aspecto más complicado de la recuperación es probablemente el efecto que habría tenido la reciente crisis de acabar de darle un aplastante “empujón” hacia abajo a la trayectoria del PIB de Cuba, la cual había entrado en un sendero declinante a partir de 2011, algo que es verificable mediante la identificación de las tasas promedio anuales de crecimiento del PIB en diferentes periodos.
Gráfico 7. La curva “terrible”
Nota: Tasas de crecimiento para cada periodo -hasta 2018- calculadas por el autor a partir de los datos de PIB tomados de ONEI. Series Estadísticas Cuentas Nacionales 1985- 2018. La tasa promedio 2019- 2014 tomó como fuente el informe de EIU Cuba Country Report, May 2020.
El gráfico revela que la actual crisis económica asociada al COVID-19, y la propia salida de esta, lo que hacen es agravar una pérdida de dinamismo económico que venía produciéndose durante la última década y cuyas causas poco tienen que ver con eventos de corto plazo. Incluso pudiera ayudar a adoptar una perspectiva más centrada en factores internos, especialmente los de tipo institucional (“reglas del juego”), pues el declive del decrecimiento habría tenido lugar a pesar de haberse producido variaciones notables en el entorno internacional en que se desenvuelve la economía cubana, como pudieran ser los casos de las relaciones con Venezuela, con EE.UU y el endeudamiento externo.
Resumiendo,
  • La recuperación debería transitar desde el enfoque inicial de aseguramiento físico de un nivel básico de alimentos mediante esquemas administrativos centralizados –algo “forzado” por la emergencia- hacia un enfoque de seguridad alimentaria basado en mecanismos descentralizados y de mercados regulados, pero no asfixiados (oficialmente se les denomina en Cuba mecanismos “económicos”), complementado con medidas de equidad social.
  • La reforma del sistema agropecuario cubano debe priorizar una transformación sustantiva en el plano institucional, tanto en la producción como en la comercialización. Precios, créditos, inversiones, e insumos debe ir acompañados de autonomía en materia de decisiones en el sector privado y cooperativo, que es donde se garantiza la oferta de alimentos en Cuba. Se necesita la modificación del sistema de contratos, la reducción de barreras de entrada a las actividades productivas y de comercialización, y la adopción de un marco competitivo con un papel limitado de Acopio.
  • Laposible “zombificación” de una parte de las entidades económicas funcionaría como un lastre de la recuperación. Se necesita no solamente un “rescate” del tejido económico sino su renovación y eso exige colocar el acento en el plano institucional. Reforma sustantiva del funcionamiento del sector privado: flexibilización del trabajo por cuenta propia y establecimiento de pequeñas y medianas empresas (PYMES), antes de proceder a una reforma de la empresa estatal en gran escala, para poder disponer de capacidad de absorción de los trabajadores excedentes. Inicio de la reforma de la empresa estatal desde ahora, aunque sea en forma de un programa “piloto” para un grupo de entidades. No es razonable esperar hasta que se apruebe la ley de empresas prevista para 2022.
  •  La narrativa fragmentada sobre las medidas actuales no ofrece una base de evidencia aceptable para el análisis. La recuperación es un programa de escala nacional y se necesita de datos agregados, de calidad y que sean comparables en el tiempo. El análisis debe nutrir un debate abierto. Lo que está en juego es el futuro del bienestar de los ciudadanos.
  • La alternativa a no poder “levantar” las curvas de alimentos y de crecimiento del PIB equivale a la probabilidad de que la economía general funcione en modalidad “zombie”. Disponer de algunas “estrellas” empresariales no resolvería el problema, como tampoco lo ha resuelto hasta ahora.
Nota
1 Juan Triana Cordoví, “Buscando al mamífero nacional. ¿Qué pasa con la producción porcina en Cuba?”, On Cuba, 4 de mayo de 2020, https://oncubanews.com/opinion/columnas/contrapesos/buscando-al-mamifero-nacional-que-pasa-con-la-produccion-porcina-en-cuba/

Las inequidades de Donald Trump


OPINIÓN
JUNIO 2020

Por Carmelo Mesa Lago, NUSO

El presidente estadounidense ha impuesto la «Ley del Embudo», ancho para los ricos y poderosos, y estrecho para los pobres y desprotegidos, ha dejado al país desprotegido frente a la pandemia de coronavirus y amenaza con un fuerte retroceso democrático.

La vida de Donald Trump se ha caracterizado por una búsqueda persistente de la fortuna, el poder y su beneficio personal, sin importarle un bledo las consecuencias nefastas de sus acciones. Es el perfecto ejemplo de la «ley del embudo»: ancho para los ricos y poderosos y estrecho para los pobres y desprotegidos, lo cual es una severa violación de la equidad. Este ensayo aporta abundante evidencia de las inequidades de Trump y sus partidarios republicanos y de cómo estas han agravado las desigualdades socioeconómicas de los estadounidenses, fragmentados por ingreso, poder, ideología, raza, género, edades, ciudadanía y estados. Se divide en siete secciones: 1) la política económica del embudo, focalizada en la reforma tributaria de 2017; 2) la tardía, caótica y aciaga política del presidente sobre la pandemia; 3) su concentración inconstitucional de tener poder total frente a los estados; 4) el paquete de rescate económico y la lucha de los demócratas por hacerlo más equitativo; 5) los beneficios que Trump, sus aliados y las corporaciones han extraído del covid-19; 6) el triaje que da preferencia a los blancos ricos mientras que sacrifica a los pobres, ancianos, hispanos y afroamericanos; y 7) la reacción de los estadounidenses a las políticas trumpistas sobre covid-19 y sus potenciales efectos en la reelección.
1) La política económica del embudo. Fiel a su propósito de vida, a través de todo su gobierno, las políticas de Trump han favorecido a los ricos. El mejor ejemplo es la reforma tributaria de 2017, que benefició al 1% más opulento, los que ganan anualmente cinco millones de dólares o más, el cual concentró 83% de todo el recorte impositivo. La excusa fue que esa enorme rebaja se invertiría en la economía y eso financiaría el déficit subsecuente, algo que no ocurrió, porque los favorecidos se tragaron las ganancias o aumentaron los dividendos a sus accionistas. Por una parte, la reforma duplicó la deducción individual a todos los contribuyentes, pero también impuso duros límites a otras deducciones, tales como el impuesto inmobiliario, los tributos estatales y municipales, y los pagos hipotecarios, así que para la mayoría de la clase media estas limitaciones causaron una pérdida superior a la duplicación de la deducción individual. En 2025, 53% de todos los contribuyentes pagarán más impuestos que en 2017.
Como si esto fuese poco, en mayo de 2020 Trump y los republicanos maquinaban una segunda reforma tributaria que recortaría más impuestos a los ricos, incluyendo: una reducción o eliminación del impuesto a las ganancias; el descuento al impuesto de todas las inversiones presentes y futuras hechas por las corporaciones; la suspensión del impuesto a la nómina que pagan los empleadores (para financiar parte de las pensiones, el desempleo y la salud de los trabajadores); una expansión de la deducción por los gastos corporativos en comidas y entretenimiento y la imposición de límites a la responsabilidad legal por daños y perjuicios de las empresas. También se hace permanente la reforma de 2017 que por ley debe expirar en 2025. Por el contrario, como analizaremos después, los republicanos se han opuesto al auxilio federal tanto a decenas de millones de desempleados como a los estados que tienen la carga de enfrentar la pandemia.
Añádase que la ejecución tributaria ha mermado drásticamente. Para comenzar, Trump afirma que está exceptuado del cumplimiento de la ley tributaria; así, se ha negado a revelar sus declaraciones del impuesto a la renta, como era tradicional entre sus predecesores; varios tribunales federales han sentenciado que debe hacerlo y este pleito debe decidirse en la Corte Suprema. En 2018, el departamento de recaudación tributaria anunció que no inspeccionaría a los multimillonarios debido a una reducción de su presupuesto en 3.000 millones de dólares por parte del gobierno federal, y la consiguiente pérdida de decenas de miles de empleados, por lo que esa agencia cuenta con menos auditores que hace 67 años. Las grandes empresas y los que ganan más de 10 millones de dólares al año eran antes auditados anualmente, ahora tienen dos veces más probabilidades de escapar al escrutinio: el 0,5% de los más ricos representa 20% del ingreso que es ocultado a los recaudadores, equivalente a 50.000 millones de dólares anuales. Por el contrario, los recaudadores aumentaron las auditorías a la clase media, usando ordenadores y detonadores que detectan posibles incumplimientos. Un tercio de todas las auditorías se concentra en el «crédito tributario» a los pobres, los cuales deben probar que son elegibles. La inequidad trumpista es doble: mientras que él y los ricos han recibido una fortuna y raramente son objeto de auditorías, los grupos de ingreso medio y bajo pagan más impuestos y son inspeccionados más que antes.
La fortuna concedida a los ricos aumentó el déficit fiscal, que pasó el billón de dólares de dólares en 2018 y se amplió aún más en 2020 con los paquetes de rescate económico, como se verá después. Para compensarlo, Trump comprimió la parte estrecha del embudo proponiendo un recorte de dos billones de dólares a programas para los pobres y la clase media: cupones de alimentos a los necesitados (aduciendo que son un incentivo para no trabajar), almuerzos gratuitos a niños en las escuelas, préstamos a estudiantes universitarios, asistencia social sanitaria a los pobres, pensiones de seguridad social a grupos medios y el programa de incapacidad. También estableció un máximo a las pensiones de seguridad social: cuando ese máximo se excede, hay que pagar impuestos de entre 50% y 85% de los beneficios, lo cual perjudica al grupo de ingreso medio con varios hijos.
2) El embudo bajo el covid-19. A petición del Consejo Nacional de Seguridad (CNS), en septiembre de 2019, economistas de la Casa Blanca publicaron un estudio que pronosticaba que la pandemia podría ser capaz de matar a 500.000 estadounidenses y destruir la economía; advirtieron que no debería comparase con la influenza común. Con su mezcla habitual de arrogancia e ignorancia, Trump no solo desdeñó ese estudio, sino que aseguró que el covid-19 era similar a la gripe, la cual incluso causaba más muertes; además, pospuso dos meses las medidas contra la pandemia, predijo que se evaporaría de forma milagrosa cuando llegara el verano y culpó a las fake news (medios de comunicación críticos) y a los demócratas de exagerar el peligro para perjudicarlo. Los primeros en establecer restricciones obligatorias fueron los gobernadores de estados severamente afectados por el virus, como Nueva York, una estrategia que ha logrado reducir los nuevos casos. Para justificar sus errores, Trump declaró que no era responsable de la política contra la pandemia y que esta era competencia de los estados.
Desde enero, Trump había sido informado del peligro del virus por varios consejeros de salud, los cuales propusieron acciones rápidas, pero él estaba ensimismado en el impeachment y el acuerdo comercial con China que lo ayudaría en su reelección (la subida de aranceles al país asiático y la guerra comercial fueron su obra y el tratado ahora está en un limbo). Por otra parte, los consejeros económicos pronosticaron un daño severo a la economía, otra fortaleza para su reelección.
La administración trumpista estaba fragmentada respecto a la política a seguir, y esto era agravado por la caótica conducta de Trump, quien sigue sus instintos en lugar del consejo científico. Como es su costumbre, el presidente intentó distraer a la opinión pública de su fracaso acusando a China de fabricar el virus en un laboratorio (algo rechazado por la comunidad científica) y a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de demorar el aviso y la acción contra el covid-19, aunque eso es precisamente lo que hizo él. A inicios de marzo, Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, advirtió que los cierres devastarían la economía; fueron el colapso de la bolsa de valores, la caída de su fortuna y el peligro de perder la reelección los que hicieron reaccionar al presidente y aconsejar (no obligar) al distanciamiento social hasta el 15 de abril.
El dilema entre el dinero y la muerte fue planteado crudamente por el principal asesor económico, Larry Kudlow: «la cura no puede ser peor que la enfermedad», un lema que de inmediato adoptó Trump. Un profesor de leyes de extrema derecha justificó de manera cruel que el virus solo mataría «a los débiles y los viejos, lo cual no afectaría a la economía». Un congresista republicano ratificó: «en la disyuntiva entre la pérdida de nuestro medio de vida y la pérdida de vidas, siempre tenemos que escoger la última». Pero las 100.000 muertes proyectadas, que podrían elevarse a dos millones, y la advertencia de expertos respecto a que levantar las restricciones tempranamente agudizaría la crisis y el descalabro económico, a par de que haría más difícil controlar el virus, forzaron a Trump a posponer las medidas hasta fines de abril. Sin embargo, el agravamiento de la crisis económica lo llevó, el 10 de abril, a plantearse la reapertura, alegando que solo habría 60.000 muertes en vez de 100.000 (ocultó que la disminución se debía a las restricciones impuestas por los estados); de hecho, los decesos ya superaron la barrera de los 100.000. Las secretarías de Salud y Seguridad Interna advirtieron que terminar las restricciones después de 30 días podría provocar una segunda ola de contagios y muertes peor que en la primera ola, así como una recesión más fuerte.
3) El presidente declara tener poder total. Trump asumió los poderes que otorga la Ley de Defensa de la Producción cuando hay una emergencia nacional, pero ha fracasado en: a) diseñar un plan efectivo para enfrentar la crisis e iniciar la apertura minimizando las muertes; b) crear un comando unificado federal para coordinar todas las medidas; c) usar desde el principio la reserva federal de medicinas y equipo para combatir la pandemia, porque «esa reserva es nuestra» y el problema debe ser resuelto por los estados, lo cual provocó competencia entre ellos y una escalada de precios. Además, a) mintió al asegurar que los exámenes de diagnóstico estaban disponibles para todos los que lo solicitaran; b) demoró la compra de suministros adicionales y el mandato a las empresas privadas que los fabricasen, hasta que la pandemia alcanzó niveles alarmantes; c) acusó a varios gobernadores (especialmente al de New York) de exagerar las necesidades; y d) finalmente comenzó a enviar los ventiladores y máscaras a cuentagotas.
El 13 de abril, al anunciar su intención de reapertura económica, Trump declaró con soberbia: «el presidente de los EEUU tiene autoridad total […] y los gobernadores lo saben”.Esta afirmación era una obvia contradicción con su declaración anterior afirmando que él no era responsable de frenar el covid-19 sino los propios estados. Al ser interrogado sobre las bases de su afirmación, Trump mencionó «numerosos preceptos legales» sin citar uno. La Constitución dispone que los estados, no el gobierno federal, tienen la autoridad para responder a una crisis de salud y decidir cuándo terminar las restricciones.
El gobernador de New York Andrew Cuomo tildó de ilegal la declaración de Trump porque violaba la X enmienda constitucional y señaló que, por tanto, resistiría una orden presidencial de reabrir el estado. Seguidamente, diez gobernadores (nueve de ellos demócratas) que habían establecido medidas restrictivas acordaron decidir cuándo y cómo ellos (no el presidente) levantarían las restricciones. Irritado frente a la resistencia, Trump la tachó de «motín».
Ante esta fuerte oposición y careciendo de apoyo legal, Trump dio marcha atrás el 16 de abril, concediendo que los estados decidirían cuándo y cómo hacer la reapertura; solo dio unas guías vagas y no obligatorias sobre los pasos a tomar. Pero los gobernadores han reclamado que es necesario hacer test masivos antes de reabrir sus estados para lo cual requieren la ayuda federal. No solo Trump ha rehusado hacer esto, sino que ha exhortado a sus fanáticos seguidores a que hagan demostraciones demandando la apertura, propiciando así el contagio y ahondado aún más la división en el país. Ya han ocurrido agresiones, perpetradas por los que protestan, de personas que usan máscaras o de policías que piden a los descubiertos que se las pongan. Todos esto a pesar de que las encuestas muestran que entre 70% y 90% del país apoya las restricciones, incluso si estas requieren suspender temporalmente ciertas libertades y causan daño económico.
El 4 de mayo, 27 estados reabrieron sus economías siguiendo la exhortación pública de Trump de «¡liberad los estados!». Varios gobernadores republicanos han obedecido al presidente a pesar de que las circunstancias de sus estados son adversas. En el segundo estado más populoso, Texas, con 30 millones, el teniente gobernador Dan Patrick exhortó a los ancianos a arriesgar su salud en favor de la economía: «regresemos al trabajo […] aquellos con 70 o más años nos cuidaremos, pero no sacrifiquemos al país». El gobernador de Georgia Brian Kemp, decidió reabrir, aunque las infecciones y muertes por el virus están en ascenso. El gobernador de Florida está abriendo la parte norte del estado a pesar de que sólo 2% de la población se ha sometido a exámenes de diagnóstico; estadísticas de los examinadores mostraron que las muertes por el virus son más numeras de lo que indican los datos oficiales y el gobernador las prohibió. Además, los visitantes de los estados norteños que residen temporalmente en Florida durante el invierno y mueren del covid-19 son reportados como fallecidos en sus estados de origen.
Una proyección en parte basada en data del Centro de Control de Enfermedades y Prevención indicó que, al final de mayo, de los 30.000 casos diarios actuales, la apertura provocaría un aumento a 200.000 mientras que las muertes ascenderían de un total de 60.000 a 134.000, pero los expertos dicen que estas cifras son muy optimistas porque no cuentan todos los casos y muertes reales, por lo que se multiplicarán diez veces. El miembro más prominente del equipo nacional para luchar contra el covid-19, Anthony Fauci, ha declarado que antes de reabrir, los estados deben mostrar un declive de los casos confirmados durante dos semanas, hacer exámenes masivos de diagnóstico, poseer suficientes ventiladores y unidades hospitalarias de cuidados intensivos, y poder trazar los contactos de los que se te contagian. Pero, de los 27 estados que han reabierto, solo 19 cumplen esos criterios y el resto todavía sufren un ascenso en las infecciones diarias; solo el estado de Nueva York experimenta una disminución de los casos y el gobernador está siendo muy cauteloso en la reapertura.
Para fines de mayo, Estados Unidos se acercaba a los dos millones de casos confirmados, el mayor número del mundo, mientras que el número de muertos ya supera a todos los fallecidos en las guerras de Vietnam, el Golfo Pérsico, Afganistán e Iraq. En medio del agravamiento de la crisis sanitaria, el presidente cambió abruptamente de opinión. Primero declaró la victoria contra la pandemia y dijo que iba a cambiar el equipo técnico de lucha contra el covid-19. Al día siguiente, debido a la reacción negativa a dicho anuncio, adujo que había descubierto lo popular que era su equipo, así que decidió mantenerlo, pero alterando su objetivo: ya no se centraría en la pandemia sino en la reapertura económica. Lo que no cambió fue su designio de priorizar la reelección sobre las muertes masivas. Para no dejar dudas, el referido equipo había desarrollado un plan detallado de las precauciones que era conveniente tomar en el proceso de reapertura y la Casa Blanca lo rechazó alegando que era demasiado restrictivo y podría causar daño a la economía.
4) La lucha por un paquete de rescate equitativo. El Congreso aprobó un paquete de rescate económico por un valor de 2,3 billones de dólares (casi tres veces el monto del paquete de 2009 para enfrentar a la Gran Recesión); inicialmente priorizaba a las grandes corporaciones y fueron los demócratas en ambas cámaras los que consiguieron fondos para los desempleados, las pequeñas empresas, los hospitales, los trabajadores de la salud, la asistencia alimentaria y el ingreso de emergencia que cobrarán millones de estadounidenses. También reclamaron que hubiese una supervisión en la distribución de los fondos a fin de evitar que se usen para aumentar la paga a los ejecutivos o la recompra de acciones como ocurrió con el paquete de 2009. La senadora Demócrata Elizabeth Warren clamó: «No estamos aquí para crear un fondo que ayude a Donald Trump y su familia o al Departamento del Tesoro para darle dinero a sus amigos». El Republicano Líder del Senado Mitch McConnell, acusó a la oposición de entrar en juegos políticos y Trump alentó el rechazo a las propuestas demócratas y tomar una decisión rápida. El pago de 600 dólares por semana a los desempleados, adicional a los beneficios financiados por los estados, fue rechazado por republicanos como el multimillonario senador de Florida Rick Scott, quien alegó que eso sería un desincentivo para regresar al trabajo. Pero la urgencia de aprobar el paquete y una retirada temporal de las negociaciones de los demócratas consiguió concesiones aunque eso no evitó que la mayor ayuda se otorgue a las grandes corporaciones. Los más necesitados no han recibido ayuda ya sea porque no se dirige a ellos o no saben que existe o cómo llenar las solicitudes; en la eventual recuperación económica ellos serán los últimos que se beneficiarán.
5) Beneficiándose de la pandemia. El ex presidente Barack Obama ha calificado la actuación de Trump en el covid-19 como «absolutamente caótica, un desastre, porque lo que se ha buscado es en qué puede beneficiarme y al diablo con todo lo demás». Hay numerosos ejemplos del embudo. Trump ha publicitado una medicina contra el paludismo (hidroxicloroquina) como preventiva o curativa del covid-19, aunque un estudio reciente de 368 pacientes en hospitales de veteranos de guerras probó que la droga estaba asociada con muertes por complicaciones cardiacas y la oficina federal para el control de medicinas advirtió del riesgo mortal de usarla. Más de 40.000 profesionales de la salud recetaron la medicina respondiendo a un 90% de la población que la solicitó y las ventas crecieron 46 veces, todo lo cual provocó una escasez mundial de la droga que dejó desamparados a millones de enfermos de malaria, lupus y artritis reumática.
Se reportó que el presidente había invertido en las acciones de la empresa farmacéutica que produce la medicina. El director del equipo biomédico de la secretaría de salud, Rick Bright, denunció que había sido despedido por criticar la promoción por Trump de la hidroxicloroquina y oponerse a presiones políticas para otorgar contratos lucrativos a compañías conectadas con amigos de Jared Kushner, el yerno y asesor clave del presidente. Kushner organizó un equipo para conseguir máscaras, ventiladores, etc. a fin de enviarlos a aliados poderosos y familiares de Trump, interfiriendo con la agencia federal para enfrentar desastres que debería adquirirlos para mandarlos a los estados y hospitales más necesitados.
Trump también ha procurado un acuerdo entre los grandes productores de petróleo en el mundo para revertir la caída en su precio inducida por la pandemia; este acuerdo no beneficia a los consumidores ni a los exportadores estadounidenses, sino a la industria petrolera, el 90% de cuyas contribuciones políticas va a Trump y al Partido Republicano. Varias grandes corporaciones han tomado préstamos destinados a pequeños negocios, entre ellas la cadena de hoteles de lujo Ashford Inc. que recibió 40 millones de dólares, mientras que la mayoría de pequeños empresarios que han solicitado los préstamos no los han recibido (esta inequidad agotó el fondo en solo 13 días y hubo que aprobar otro adicional).
Una de las compañías de seguro de salud mayores del país ha reportado un crecimiento de sus ganancias en el medio de la crisis, debido a la posposición de cirugías selectivas. La industria de los cruceros continuó enviando barcos después de recibir la advertencia de no zarpar y conocer de contagios y muertes en sus barcos, los cuales mantuvieron en secreto. Estos ejemplos de robo, corrupción y avaricia cunden entre gente amoral que acapara papel higiénico y otros productos, mientras que el mercado sube los precios de forma exorbitante (algunos hasta 1.662%) a los ventiladores, las máscaras y los desinfectantes.
6) La inequidad del triaje. El triaje se utiliza en situaciones de graves desastres o enfermedades, para maximizar recursos insuficientes dando prioridad a los pacientes según su grado de necesidad, comparado con la probabilidad de beneficiarse o sobrevivir. Teóricamente, la decisión de quién tiene acceso a exámenes de diagnóstico de covid-19, ventiladores y unidades de cuidados intensivos debe ser objetiva y ética, nunca influenciada por riqueza, raza, poder, género, edad o conexiones, pero precisamente estas son las razones en el mundo trumpista que desdeña a los pobres, las mujeres, los ancianos y los inmigrantes. Políticos, empresarios, atletas y celebridades han tenido acceso inmediato al diagnóstico de covid-19: Trump, Pence y miembros del staff de la Casa Blanca reciben la prueba diariamente, así como congresistas a través de la oficina médica financiada por impuestos que los atiende exclusivamente, igualmente los alcaldes de Miami y del Condado de Dade, junto con sus esposas; todo esto a costa de personas infectadas que necesitan desesperadamente dicho examen.
Los hispanos y los afroamericanos enfrentan el doble de la probabilidad de los blancos de sucumbir al virus. En Nueva York, los hispanos representan el 34% de los muertos versus 29% de su población, mientras que las cifras de los afroamericanos son 28% y 22% respectivamente; similar desproporción se ha documentado en la capital y en el estado de Maryland. Las razones son obvias: sufren una mayor incidencia de pobreza, disparidades económicas (ingreso menor al promedio, hacinamiento en la vivienda y déficit alimentario), una mayor proporción de ellos trabaja en ocupaciones de alto riesgo y tienen menor acceso a la atención de salud.
Mientras que los hospitales privados tienen grandes reservas y contactos políticos para obtener equipos de forma rápida, los hospitales que atienden a los más necesitados carecen de lo más indispensable. Se reporta que el virus afecta más a los hombres que a las mujeres, pero la mayoría de los trabajadores de salud son enfermeras y estas se encuentran más expuestas. Otra consecuencia ominosa de la crisis es el incremento de la desnutrición entre los pobres por la escasez de los bancos de alimentos frente a la demanda creciente, mientras que los granjeros destruyen sus cosechas por falta de transporte y demanda. Una encuesta encontró que una quinta parte de las madres se queja que sus hijos no tienen alimentos suficientes, tres veces más que en 2008 en la cima de la Gran Recesión, pero los republicanos se oponen acérrimamente a expandir el programa para que los pobres reciban alimentos gratis.
7) El impacto de las políticas de Trump en su reelección. Con su habitual altanería, Trump se vanaglorió: «El pueblo americano cree que he manejado muy bien el virus, vean las encuestas». La aprobación del presidente, como ha sido usual en crisis nacionales previas, aumentó de un 44% a un 52%, pero aun así, es menor que el apoyo del 85% al 90% que gozaron tres presidentes previos en crisis similares, como la del 11 de septiembre de 2001. Más aún, a mediados de abril la aprobación a Trump descendió a 46%. Esto se debió sobre todo a dos razones: el incremento del desempleo a 15% de la fuerza laboral (a fines de mayo llegó al 25%) y la advertencia de la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, de que esta crisis será peor que la de 2008-2009. La segunda razón son las comparecencias televisivas diarias del presidente en las que critica a gobernadores y alcaldes que disienten con él, alimenta la polarización del país en lugar de procurar la unidad frente al peligro común, se autoelogia pavonándose de sus altos ratings televisivos en medio de la mortalidad creciente, comete errores factuales, se contradice constantemente e incurre en disparates que revelan su vasta ignorancia, como cuando sugirió que la posibilidad de tomar o de inyectarse desinfectantes que irían a los pulmones y matarían al virus.
Cuatro encuestas en la primera quincena de abril (antes de que los candidatos presidenciales Bernie Sanders y Elizabeth Warren apoyasen a Joseph Biden y le pasaran sus votos) mostraban que Biden triunfaría por 11 puntos sobre Trump. Las encuestas también indican que los candidatos republicanos al senado están a la zaga de sus contrincantes demócratas y que pueden perder las dos cámaras. Antes, los republicanos apoyaban de forma servil a Trump porque de lo contrario podrían perder las elecciones, ahora están preocupados que el descenso presidencial en el apoyo popular sea una rémora para mantener sus bancas.
Una pregunta clave es si habrá una recuperación económica lo suficientemente rápida y fuerte para ayudar al mandatario. Un creciente número de economistas cree que, aún si hubiese una reapertura pronta y no sobreviniera una segunda ola del virus, la recuperación sería lenta y oscilante; el jefe del Banco de la Reserva Federal Jerome Powell sostiene que muchos empleos nunca se recuperarán y la oficina presupuestal del congreso proyectó que podría tomar años la recuperación plena, asumiendo que el crecimiento retornase en 2020. Además, la conducta cautelosa de los consumidores precedió a las restricciones impuestas por los estados y municipios, lo cual se manifestó en el aumento del desempleo, clausura de restaurantes y cines, así como autodistanciamiento. Esto significa que la exhortación de Trump y los estados a la reapertura no va dar los resultados rápidos que ellos esperan. Información preliminar indica que no ha ocurrido un incremento substancial del consumo y la afluencia a restaurantes y tiendas. Si siguiese esta tendencia, se demoraría la recuperación y sería adverso a la reelección presidencial. En el peor escenario, que una reapertura demasiado temprana provocase un rebrote del virus, las consecuencias para la salud, la economía y para Trump serían nefastas.
Si a pesar de este pronóstico negativo el presidente fuese reelegido, Paul Krugman vaticina, basado en una analogía con el dictador húngaro Viktor Orbán, que en su segundo periodo Trump se convertirá en un autócrata. Castigaría a todo el que se le opusiera, restringiría la libertad de prensa, purgaría a todos los funcionarios públicos que no lo apoyaran, aumentaría la división del país para su propio beneficio, trataría de imponer su voluntad sobre los estados, y todo ello con el apoyo de los obedientes republicanos, sectas religiosas ultraderechistas, racistas y misóginas, grupos de predominio blanco y neonazis. Y habría un recrudecimiento de la ley del embudo aupada por una autocracia que no se sabe cuándo terminaría. El propio Trump ha augurado que bajo las reglas normales, tendría que dejar la Presidencia en 2024, pero que quizás busque un tercer periodo.