Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 8 de junio de 2018

CAPACIDAD REDISTRIBUTIVA: EL TAMAÑO IMPORTA, PERO EL MODELO TAMBIÉN

Hace no mucho, Olga Cantó publicó un excelente artículo en este mismo medio explicando que, como ocurre en todos los ámbitos de la vida, en el de las políticas públicas el tamaño también importa, y mucho. Nuestro objetivo en este post no es responder a aquel post, porque estamos de acuerdo con todo lo que dice. Es más bien dar continuidad a un debate sobre la agenda de la socialdemocracia que dejamos apuntado aquí y que tiene que ver con los modelos de Estados de Bienestar (y su evolución). El texto se divide en dos partes. La primera caracteriza los dos grandes modelos y traza brevemente sus orígenes históricos. En la segunda, analizamos sus efectos en dos áreas: la eficacia contra la pobreza y la justicia intergeneracional.

Como ocurre con la libertad, hablar del Estado de Bienestar así en general es poco informativo porque existen diversos modelos. Pero en lugar de fijarnos en la clasificación canónica de los tres mundos (Esping-Andersen), lo vamos a hacer en dos personajes: Otto von Bismark y William Henry Beveridge. En lo que aquí nos interesa, Bismarck introdujo en Alemania una serie de leyes a lo largo de la década de 1880 que tendrían como resultado el primer sistema completo de lo que hoy conocemos como Seguridad Social. Los sistemas bismarckianos se caracterizan por financiarse con cargo a cotizaciones sociales que, a su vez, se basan en los salarios de los trabajadores. El objetivo del modelo es asegurar así cierto nivel de vida ante determinadas contingencias que nos impiden obtener rentas en el mercado laboral (rompernos una pierna, cumplir la edad de jubilación), que el sistema ajustará en función del que nos procura nuestro sueldo. Este modelo tiene una cara y una cruz. La cara es para aquellos que tienen un buen empleo; la cruz, para quienes los que no lo tienen o, teniéndolo, es muy precario. En efecto, el modelo ‘bismarckiano’ actúa como un espejo, reproduciendo todas las (des)igualdades de los mercados laborales.
El sistema de William H. Beveridge es aún más moderno y tiene su origen en un informe que éste presentó al Parlamento en 1942, donde fijó las bases del Estado de Bienestar británico que se construye tras la Segunda Guerra Mundial. Los sistemas ‘à la Beveridge’ se caracterizan por financiarse con cargo a impuestos, no a contribuciones, por lo que típicamente cubren (de manera potencial) a toda la población. El objetivo no es garantizar cierto nivel de vida acorde con la posición que tuvimos en el mercado de trabajo, sino garantizar un mínimo vital a todo el mundo, y quizá incluso algo más.
Tras esta introducción a la arqueología del bienestar, volvamos a 2018.
Hoy, ningún país desarrollado responde al 100% a esos dos modelos aunque es cierto que países como Alemania, Austria y Francia se parecen más al modelo de Bismarck, otros como Reino Unido e Irlanda encajan mejor en el de Beveridge. Pero entonces, ¿dónde quedan España y los países nórdicos, por ejemplo? ¿No habría sido mejor seguir a Esping-Andersen y dejarse de historia(s)? La Tabla 1 resume las fuentes de financiación de la protección social de una muestra de países europeos.
Tabla 1. Fuentes de financiación de la protección social. Porcentaje sobre el total de recursos
Pueden extraerse dos conclusiones. La primera es que, aun sin ser un caso puro,  España responde razonablemente al modelo ‘bismarckiano’ –más de un 50% de los recursos provienen de contribuciones sociales–. La segunda es que los países nórdicos, aun no siendo tampoco casos puros, responden razonablemente al modelo de Beveridge –los porcentajes son muy similares a los de Reino Unido e Irlanda–. ¿Qué consecuencias tiene esto? El gráfico siguiente muestra la eficacia de los Estados de Bienestar europeos al reducir la pobreza.
Gráfico 1. Impacto de las transferencias sociales en la reducción de pobreza. Total de la población. En porcentaje
El gráfico muestra que en la lucha contra la pobreza sí hay ‘tres mundos’. El primero está conformado por los Islandia, Finlandia, Dinamarca, Noruega e Irlanda, todos ellos con valores superiores al 50%. Esto es escasamente sorprendente porque, como decíamos, el objetivo del modelo de Beveridge es garantizar que nadie se quede (demasiado) atrás, con independencia de su situación laboral. El segundo lo forman Alemania, Bélgica, Francia, Holanda y, en general, la mayoría de países continentales europeos, con valores de entre el 40% y 45%. El tercer grupo está compuesto por Grecia, España, Portugal e Italia, con valores muy inferiores que en ningún caso sobrepasan el 25%.
Como decía Olga Cantó en su artículo, el tamaño importa. El diseño del bienestar francés no es muy distinto del español, pero su mayor tamaño hace que sea más eficaz a la hora de combatir la pobreza. Pero siendo importante, no es todo lo que importa. Irlanda es uno de los países que más pobreza elimina, y su gasto social no es que no sea comparable al danés, es que es (bastante) inferior a la media europea y de la OCDE.
Pero adoptar un modelo u otro no tiene implicaciones sólo en términos de lo eficaz que sea un Estado de Bienestar en lograr uno de sus objetivos esenciales –erradicar o, al menos, mitigar la pobreza–, sino también en términos de justicia intergeneracional.
Es precisamente en esos términos donde la fractura se ha hecho más latente en la mayoría de países europeos. Por un lado, como hemos visto arriba, los recursos necesarios para financiar el Estado de Bienestar ahora provienen en mayor medida de la parte impositiva que de la contributiva. Es decir, se han hecho más beveridgianos por el lado de los ingresos. ¿Cuál es el problema? Pues que de alguna forma se produce una descompensación de objetivos entre los ingresos –recursos– y los gastos –transferencias–. En un sistema con un claro sesgo bismarckiano (sí, como el español), una buena parte de las transferencias monetarias que realiza el Estado las reciben aquéllos que durante su vida laboral ya han tenido más suerte. Pero la otra parte de la población que no logra esa estabilidad, y que cada vez parece más numerosa, se queda fuera. Es ahí donde quizá deba entrar, en la práctica, la concepción teórica del modelo de Beveridge para evitar que nadie se quede atrás.
Para ver las consecuencias de tener un sistema poco asistencial nos puede ayudar el segundo gráfico. Aquí hemos representado las diferencias relativas en las tasas de riesgo de pobreza por grupos de edad y países entre 2007 y 2016. Están ordenadas de mayor a menor incremento sobre el grupo de menor edad para facilitar su visualización. Hay dos cosas que destacar.
Gráfico 2. Diferencia en las tasas de riesgo de pobreza entre 2007 y 2016 después de transferencias sociales por grupo de edad. En porcentaje.
Lo primero que podemos ver es que existe un patrón común en todos los países hacia un incremento del riesgo de pobreza de los jóvenes (barra más clara) y un descenso de la de los mayores (barra más oscura) durante la última década. Ya, pero es que esos años son los de la crisis. Sí y no. La crisis es una de las causas, seguro, pero no la única. Si miramos el conjunto de países de la OCDE, el riesgo de pobreza desde los años 80 del siglo pasado ha virado de los mayores a los jóvenes.
La segunda apreciación, aunque menos directa, es que los países en los que las transferencias provenientes del Estado de Bienestar son más contributivas han sufrido un incremento mayor de la tasa de riesgo de pobreza de los jóvenes. En un contexto de caída de rentas y desempleo como el que ha supuesto la crisis, tener una pensión contributiva ha servido como seguro de vida y de estabilidad; lo contrario a tener un empleo y ser joven. El caso español es el ejemplo perfecto para ilustrar esto: la tasa de pobreza de los jóvenes ha aumentado un 80%, mientras la de los mayores se reducía a la mitad. El corolario es sencillo: protegemos mucho a algunos y desprotegemos mucho a otros. Tendremos que buscar un equilibrio.
De cualquier forma, nuestra intención con estos datos no es fomentar ningún conflicto intergeneracional. Es una muy buena noticia que tengamos un Estado de Bienestar que proteja de forma tan efectiva a nuestros mayores; sólo queremos que proteja igual de bien a la población más joven. Al mismo tiempo, defender un aumento de las pensiones (que, por lo que hemos visto, no son los más vulnerables en la actualidad) porque muchos pensionistas “han sostenido a familias enteras con su pensión y han evitado más pobreza”, aunque tenga algo de cierto, no debería suponer un argumento válido para ningún político. Ni la razón de ser ni el objetivo de las pensiones es proteger a familias enteras. Además, esa afirmación evita abordar el problema real, que implica mayores recursos y la creación de nuevos instrumentos contra la pobreza. Las carencias de todo tipo que sufren, y han sufrido, muchos niños durante los últimos años pueden tener repercusiones importantes para su desarrollo personal, psicológico y profesional a largo plazo. Y eso es algo que exige una intervención rápida y efectiva por parte de los poderes públicos.
Vamos concluyendo. En un informe publicado en octubre de 2017 y titulado Preventing Ageing Unequally, la OCDE afirmaba que en sus países el sistema de pensiones reproduce, en promedio, dos terceras partes de la desigualdad salarial. En España, esa transmisión es casi perfecta –se transmite un 95%– por dos motivos. Primero, por el estrecho vínculo entre cotizaciones y prestaciones. Segundo, porque España –dice la OCDE– no tiene un sistema de garantía de ingresos mínimos (safety net) fuerte y con capacidad para redistribuir, al contrario de lo que ocurre en muchos países de la OCDE. A diferencia de las pensiones, las rentas mínimas sí redistribuyen rentas desde la parte superior a la inferior de la distribución, con el objetivo de garantizar una calidad de vida mínima. Si queremos un Estado de Bienestar que proteja a todo el mundo, y no sólo a quienes han tenido la suerte de tener una carrera laboral larga y estable, necesitamos una última red que aporte la seguridad que algunos no encuentran ni en el mercado laboral ni en unos estados de Bienestar que funcionan como una empresa pública de seguros (y donde si no has pagado la prima/cotización, no hay protección). Pero de eso os hablaremos otro día.
Autores


Profesor de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Madrid....


Economista

Licenciado y doctorando en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, y máster en International trade, Finance and...

Cuba y la UE escriben una nueva página en sus relaciones

La Habana y Bruselas firmaron, en diciembre de 2016, el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, lo cual permitió la eliminación de la posición común, que durante dos décadas dificultó los vínculos cubano-europeos.



Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, se da la mano con Rodrigo Malmierca , ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba, en un encuentro en La Habana en enero de este año.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

LA HABANA, 7 jun 2018 (IPS) – Cuba y la Unión Europea (UE) avanzan en sus relaciones políticas y de cooperación, en una nueva etapa que podría llevar a esta nación caribeña a repensar su ingreso al Acuerdo de Cotonou, eje de la colaboración entre Bruselas y la Asociación de países de África, Caribe, Pacífico (ACP).

En entrevista con IPS, el embajador de la UE ante La Habana, Alberto Navarro, dijo que este país puede solicitar su incorporación a esa asociación y beneficiarse de sus ventajas comerciales. “Hay tiempo todavía para que Cuba lo piense. El nuevo convenio debe estar en vigor para febrero 2020, que es cuando termina el actual”, señaló.

Sin embargo, especialistas cubanos desestiman que el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre La Habana y el bloque comunitario, vigente desde noviembre de 2017, abra el paso per se a la perspectiva de una adhesión de Cuba a ese convenio, ni está entre las prioridades bilaterales locales.

El Acuerdo de Cotonou, suscrito en esa ciudad de Benín en 2000, enmarca el intercambio comercial y de asistencia al desarrollo, en especial en la reducción de la pobreza, entre la UE y 79 Estados de la ACP. El acuerdo reemplazó a la Convención de Lomé, vigente entre 1975 y 2000 entre Bruselas y antiguas colonias anglófonas y francófonas en el Sur en desarrollo.

“En cualquier caso, no se conoce ninguna disposición expresa del gobierno cubano de adherirse a la Convención de Cotonou, un asunto que, repito, parece estar fuera de agenda por el momento, a la vez que no parece existir tampoco una propuesta oficial concreta por parte de la UE”, opinó a IPS el investigador y experto en el tema Eduardo Perera.


Alberto Navarro, embajador de La Unión Europea ante La Habana, durante una entrevista exclusiva con IPS en la delegación del bloque europeo en la capital de Cuba.

Foto: Cortesía de la UE/Cuba

Reconoció que esa asociación traería a la isla varias ventajas, entre otras, negociar con la UE como parte del Caribe, cuyos Estados insistieron particularmente en la incorporación cubana al proceso original a fines de la década de los 90, frustrado por presiones adversas de algunos Estados miembros de la UE.

Cuba retiró su solicitud de ingreso en esa época, tras la amenaza de algunos países miembros de la UE de aplicar la cláusula democrática. En 1996, el gobierno español del derechista José María Aznar (1996-2004) logró imponer la llamada posición común, que condicionaba la cooperación a cambios políticos que La Habana rechazó.

Entre los inconvenientes, Perera mencionó que la forma de organización de este convenio a través de los llamados Acuerdos de Asociación Económica, esquemas de libre comercio que “entrañan complejidades y desventajas para las economías ACP debido a las asimetrías entre sus mercados y los de la UE”.

“Queremos acompañar, en la medida en que así lo desee el pueblo y gobierno cubano, sin ningún tipo de interferencia y siempre desde la base del respeto mutuo, su marcha para una mejora de las condiciones de vida y su plan para avanzar en los objetivos de desarrollo sostenible”: Alberto Navarro.

El embajador Navarro insistió en que Cuba “ha comenzado a hablar de una posible liberalización comercial o de cooperación y sin dudas la UE estaría encantada de apoyar”. Pero “lo ideal sería que entrara en el Acuerdo de Cotonou, porque ahí lo tiene todo”, incluido el acceso al Fondo Europeo de Desarrollo (FED)”, indicó.

Perera, especialista en las relaciones cubano-europeas, consideró ventajoso que a diferencia de los acuerdos bilaterales, el convenio de Cotonou “dispone de un protocolo financiero cuya ejecución puede mejorar las condiciones de acceso”. El FED es el instrumento de financiación de la UE con los países de ACP.

La Habana y Bruselas firmaron en diciembre de 2016 el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, lo cual permitió la eliminación de la posición común, que durante dos décadas dificultó los vínculos cubano-europeos.

La primera reunión del Consejo Conjunto UE-Cuba, celebrada el 15 de mayo en Bruselas, dio luz verde a la agenda de trabajo de los próximos meses, que incluye el inicio de cinco diálogos políticos sobre áreas de interés mutuo: la no proliferación de las armas de destrucción masiva y el control de las armas convencionales.

Abarcan además la solución a las medidas coercitivas unilaterales, la aplicación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y los derechos humanos. Se realizarán de manera alterna en La Habana o Bruselas entre octubre de 2018 y marzo de 2019. “Hemos acordado fechas y sitios, pero aún no las modalidades”, dijo Navarro.


Un hombre fotografía un modelo a escala de un generador de energía eólica durante la inauguración de las Ferias Energías Renovables, en La Habana, en enero de este año. El desarrollo de energías limpias en el país caribeño es uno de los sectores de cooperación de la Unión Europea con Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

“Queremos acompañar, en la medida en que así lo desee el pueblo y gobierno cubano, sin ningún tipo de interferencia y siempre desde la base del respeto mutuo, su marcha para una mejora de las condiciones de vida y su plan para avanzar en los objetivos de desarrollo sostenible”: Alberto Navarro.

Al anunciar en Bruselas la realización de estos diálogos, la alta representante de Relaciones Exteriores y Seguridad de la UE, Federica Mogherini, explicó que se acordó institucionalizar el diálogo sobre derechos humanos, “como un pilar clave de nuestra relación. Nos basaremos en nuestras consultas informales, iniciadas en 2015 en esta área”.

Al respecto, el embajador Navarro amplió que se discuten tres aspectos “fundamentales”, elevar el nivel de los jefes de las delegaciones, la presencia de los estados miembros de la UE y las modalidades de participación de la sociedad civil, “algo complicado en Cuba donde hay una tolerada y otra que no”.

El diplomático descartó que la diferencia de enfoques en el tema de los derechos humanos y frente a Venezuela, puedan poner en riesgo las relaciones mutuas. “No tenemos las mismas posturas, pero eso no impide que sigamos hablando de todo y tener excelentes relaciones”, aseguró.

“Nos centramos con Cuba en las cosas en que tenemos la misma línea, apoyo a Naciones Unidas, al desarrollo sostenible, energías renovables, el apoyo al sistema multilateral y a la integración regional en América Latina, buscar los puntos de encuentros más que los de desencuentro”, agregó.

En la actualidad, la UE es el primer socio comercial de Cuba, el primer inversor y su principal socio de desarrollo. Se espera por ello que el Acuerdo base aporte nuevas oportunidades para más inversión y mayor intercambio comercial, que en 2017 superó los 2.500 millones de euros (2.850 millones de dólares).

Como parte del apoyo europeo al proceso cubano de reformas económicas y sociales y contribución a su desarrollo sostenible, en la primera reunión del Consejo Conjunto UE-Cuba se firmó un nuevo programa de cooperación en energías renovables, por un valor de 18 millones de euros (20,5 millones de dólares).

Con ese financiamiento, la UE contribuye a los planes cubanos de elevar sostenidamente el uso de portadores renovables de energía. También se financiará un proyecto de 21 millones de euros (23,9 millones de dólares) sobre seguridad alimentaria y agricultura sostenible, otro de los programas gubernamentales priorizados.

“Queremos acompañar, en la medida en que así lo desee el pueblo y gobierno cubano, sin ningún tipo de interferencia y siempre desde la base del respeto mutuo, su marcha para una mejora de las condiciones de vida y su plan para avanzar en los objetivos de desarrollo sostenible”, indicó Navarro.

“Cuando decimos acompañar lo hacemos con asistencia técnica, proyectos, financiación”, remarcó el embajador, para quien “hay muchos puntos de coincidencia con Cuba para avanzar en una cooperación y diálogo político reforzado”. No obstante, ese camino no está exento de riesgos, sobre todo externos.

En ese sentido, admitió que el retroceso en las relaciones de Cuba con Estados Unidos, bajo la presidencia del republicado Donald Trump, impone nuevos desafíos al reacercamiento de los 28 con La Habana. “El embargo sigue vigente y complica en muchas ocasiones las operaciones comerciales y de inversión”, comentó.

La crisis de la globalización: ¿una guerra inevitable?

La falsa ilusión de la globalización tal y como la concibió hace veinte años gente muy insensata es insostenible

James K. Galbraith, CTXT

En su libro más reciente, Kari Polanyi Levitt señala que la palabra “globalización” no aparece en los diccionarios de lengua inglesa Oxford Shorter English anteriores a 1994 ni en los programas correctores ortográficos de la época. Surgió de la nada en ese momento por una razón: para arrojar cierta luz de benigna inevitabilidad sobre el proyecto de hegemonía occidental que se ofrecía como futuro tras la disolución de la URSS.

Hoy, mientras escribo en el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, este proyecto no ha estado a la altura, y quizá se tambalee y esté a punto de sufrir su propia disolución. Hay tres motivos principales: uno es China; el segundo es Rusia; y el tercero, y más importante, es la mala gestión financiera de Estados Unidos y Europa.

La gran idea de la década de 1990 era que un orden mundial liberal, abierto y unificado, dominado por los bancos, podría llevar democracia y prosperidad al Este. Esta idea, ciertamente, se había puesto a prueba en el hemisferio sur desde comienzos de la década de 1980 y la experiencia se denominó la “Década Perdida”. Sin embargo, en el Este era novedoso –además de ser, hasta cierto punto, algo en lo que se confiaba fielmente en los vertiginosos momentos en que se producía la desaparición de un socialismo mediocre en Europa.

La ilusión no duró mucho tiempo. En Rusia se vio frustrada por los tanques de Yeltsin en 1993 y después por la descarada corrupción de su reelección en 1996. Entretanto, la promesa de la prosperidad se desvaneció en una orgía de privatizaciones, alzamientos de bienes, sustracción de salarios y pensiones y desastres demográficos. A finales de la década de 1990, el engaño había quedado totalmente al descubierto, había que tomar medidas correctivas y el coqueteo ruso con la democracia “occidental” llegó a su fin.

China, entretanto, escogió un camino distinto: un kadarismo de dimensiones épicas. Recordemos al primer ministro húngaro que instalaron los soviéticos tras la derrota de la revolución de 1956, que entonces declaró: “Si no estáis contra nosotros, estáis con nosotros” y encontró el modo de lograr una liberalización social y cultural y una economía basada en el consumo sin llevar a cabo una reforma política. Elevémoslo a una escala exponencial y tenemos a China. Una prudencia crucial impidió, a mediados de la década de 1990, la liberalización de los controles del capital, de modo que en 1997 China se libró de la crisis financiera asiática. Posteriormente, el crecimiento chino de la década de 2000 provocó un boom mundial de los productos básicos que hizo posible el verano sudamericano y que llevó cierto grado de democracia social sostenible a dicho continente por primera vez.

Cimientos vacíos

En Occidente, George W. Bush y Dick Cheney demostraron la obsolescencia y futilidad del poder militar moderno en Afganistán e Iraq. Al mismo tiempo, tras la ampliación de la OTAN y Kosovo, agotaron lo poco que quedaba de respeto en el Este –así como entre una parte importante de la opinión europea– por la idea de que los valores occidentales eran un principio rector en vez de un eslogan vacío. La globalización se convirtió en sinónimo de la aceptación de que un país, que funcionaba por su propio interés y sin tener en cuenta a nadie más, establecería los términos por los que se gobernaba el mundo, lanzando su fuerza militar incluso mucho después de que se hiciera evidente, a ojos de cualquier observador imparcial, hasta qué punto los beneficios eran inferiores a los costes.

Así, al final de la era Bush, la gran crisis mostró al mundo entero los cimientos vacíos de las finanzas de Occidente. En la década posterior, la consecuencia derivada de las doctrinas económicas reaccionarias y de unos legisladores obstinados e incompetentes ha sido hacer trizas el gran proyecto constructivo de la era neoliberal, concretamente la Unión Europea. De este modo, una década después de que Wall Street siguiera el camino de la URSS –aunque fue rescatado y apuntalado, a diferencia de los soviéticos, manteniéndolo en modo zombi bajo la administración de Obama–, tenemos un mundo envejecido, una potencia hegemónica cansada y una alianza tambaleante que provoca peleas y que, de repente, se sorprende al comprobar que en realidad no puede ganar una guerra nuclear.

En Siria, Rusia ha puesto fin al proyecto de cambio de régimen, cuyos efectos se extenderán a Ucrania, el Cáucaso y finalmente al corazón de Europa. En África y Asia occidental, China está al frente de la ingeniería de desarrollo. Estos fenómenos carecen de contenido ideológico; no tienen nada que ver con Marx, Lenin o incluso el socialismo –únicamente con la consolidación de una política de interés nacional no dominada por Estados Unidos–. En Sudamérica, por el momento, los regímenes neofascistas enfocados hacia EE.UU. van en aumento, pero no pueden durar mucho. Y cuando los oprimidos se rebelan de nuevo, los líderes de esos países tendrán que cuestionarse quién interfiere en sus asuntos políticos y quién no.

Guerra o depresión

De modo que sí, crisis de globalización. Una crisis con una posibilidad razonable de acabar mal, bien en una catastrófica guerra o –más probablemente– en una Gran Depresión en Occidente, junto con una consolidación de estrategias de desarrollo nacional en el continente euroasiático. Al fin y al cabo, China realmente no necesita a Estados Unidos. Y, al fin y al cabo, Rusia, puede forjar las alianzas que necesita con sus vecinos geográficos cercanos, incluidas algunas zonas de lo que alguna vez se consideró Europa “occidental”. Estos procesos, a menos que se vean interrumpidos por una guerra o revueltas internas, probablemente se opondrán a una ruptura procedente del exterior.

Para Occidente todo esto plantea una cuestión profunda y difícil. Si has dilapidado la reputación de poseer valores superiores, si has degradado la democracia a favor de las finanzas, si has mostrado desprecio por las estructuras del derecho internacional de posguerra y, al mismo tiempo, has demostrado que Mao no iba desencaminado cuando acuñó el logrado “tigre de papel”; después de hacer todo eso, ¿cómo restituyes tu reputación y posición en el mundo?

Un poco de humildad, de reconocer que la falsa ilusión de la “globalización” tal y como la concibió hace veinte años gente muy insensata es insostenible, y que la creación de un programa de reconstrucción nacional y regional centrado en los problemas más urgentes –sociales y los derivados del cambio climático– podría ser la forma correcta de empezar.
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Este artículo se publicó en inglés en Social Europe. Jaque al Neoliberalismo
Traducción: Paloma Farré.

A buen paso proyecciones de la agricultura en Las Tunas

Publicado por: Yenima Díaz Velázquez 8 junio, 2018 


La empresa avícola mejora su estructura para aumentar la producción de huevos.

Las Tunas.- El cumplimiento de todos los programas del encargo estatal, aun cuando muchos de ellos no garantizan el abastecimiento de la población, es el principal resultado que exhibe la delegación de la Agricultura de la provincia de Las Tunas, al finalizar el quinto mes del año.

Omar Pérez López, principal dirigente del sector, dijo que se mejora la infraestructura de la Empresa Avícola para incrementar las producciones de huevos durante el próximo año y crear las condiciones, de modo que en el 2019 el territorio se autoabastezca, con unos 80 millones de posturas.

En un encuentro con los delegados a la Asamblea Provincial del Poder Popular, Pérez López puntualizó que marchan bien los programas de las carnes vacuna y porcina, el arroz y el frijol, así como el maíz para alimento animal, que fue el único renglón priorizado que se incumplió el pasado calendario.

Añadió que Las Tunas debe llegar a las 13 mil 500 toneladas de carbón vegetal para consolidarse como la provincia más productora del país, y que los apicultores locales se esfuerzan para superar el récord de 514 toneladas de miel, obtenidas en 2016, teniendo en cuenta el comportamiento favorable del clima para esa actividad.

Sobre el tabaco, el delegado de la Agricultura explicó que se intenta cumplir el plan en medio de las situaciones climáticas que han afectado pues las lluvias de enero dañaron unas 200 hectáreas, que luego se volvieron a sembrar, y se trabaja para recuperar hasta la última hoja por lo mucho que ese rubro exportable le aporta al país.

Otras prioridades del sector son el enfrentamiento a los puntos ilegales de venta de productos agropecuarios, la recuperación de infraestructuras y viales de las comunidades rurales, un reparto más equitativo en los ocho municipios y la consolidación de los 31 polos productivos establecidos en el territorio.

En ese sentido, puso de ejemplo las 300 hectáreas de marabú que se desbrozaron en el municipio de Jobabo, un programa emergente de siembra de boniatos y los avances en Jesús Menéndez, donde se impulsa la siembra desde que la presa Juan Sáez recuperó su volumen de agua.

Por último, Pérez López se refirió al mercado El Mambí, el cual debe vender más de cien toneladas de productos por jornada, y a la planta procesadora de granos que asimilará diariamente 60 toneladas de maíz o frijol y que se proyecta esté lista en el mes de diciembre del actual 2018.

/mdn/

jueves, 7 de junio de 2018

Disrupción tecnológica y trabajo, ¿disrupción también en el ámbito de las relaciones laborales?


Aun cuando nuestra percepción del presente sugiera que nuestras vidas —como las de buena parte de la Humanidad— están impregnadas e influidas por el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, condicionando hábitos, comportamientos y relaciones personales, no hay que desconocer que ese mismo hoy vive un proceso tendencialmente disruptivo sustentado en la inteligencia artificial y la robótica: el impulso, a partir de la automatización y la digitalización auspiciadas por los avances tecnológicos (impresión en 3D, vehículos autónomos, nuevos materiales, robótica avanzada, el Internet de las cosas, etc.) de una cuarta revolución industrial. La lógica de este proceso, que se antoja a priori imparable, lo perfila como un acontecimiento más acelerado que cualquiera de las otras revoluciones industriales. Asimismo, sus repercusiones no se focalizan exclusivamente en el terreno de la producción de bienes y la prestación de servicios, sino que abarcan de manera global todos los aspectos de la vida humana y de su organización económica y social. No hay más que ver algunos ejemplos de los que Schwab denomina puntos de inflexión y las posibilidades de que se produzcan antes de 2025, como que un primer gobierno sustituya su censo poblacional por uno basado en Big Data (82,9%) o que un billón de sensores estén conectados a Internet (89,2%) [1].

El ritmo y profundidad de las transformaciones económicas, políticas, sociales y humanas (incluso biológicas: implantes y prótesis sustitutivos) que todo ello puede suponer resaltan, tanto la entidad e intensidad de los cambios que se avecinan, como la aparente ausencia de un debate político y social, a todos los niveles. No deja de ser llamativo que, a la par que progresa con mayor o menor intensidad el proceso disruptivo, el asunto vaya abriéndose camino en los medios de comunicación social y en las redes sociales, mientras la dimensión política del debate es, hoy por hoy, insignificante; de hecho, no se han proporcionado a estas alturas datos que permitan reconocer los potenciales efectos de esta revolución industrial en un futuro muy relativamente próximo así como deliberar sobre qué enfoques regulatorios son los adecuados para afrontar los retos subyacentes y prevenir al máximo los efectos negativos que puedan comportar [2].

Una de las preguntas que puede formularse a partir de la constancia del efecto disruptivo de la tecnología y la digitalización es si este proceso, sobre todo en su dimensión productiva de bienes y prestacional de servicios, va a generar o no una disrupción en el ámbito de las relaciones laborales, comportando una ruptura de los fundamentos bajo los cuales se ha organizado el factor trabajo y, a su vez, si aquellos paradigmas político-jurídicos que han encauzado durante las últimas décadas las relaciones laborales y su regulación pueden en este contexto seguir estando vigentes.

Por de pronto, parece lógico pensar que las repercusiones en el ámbito laboral vayan a depender de factores tales como el ritmo y nivel de penetración de la automatización y la digitalización, pero también de las políticas públicas que se implementen a los efectos de disminuir y/o encauzar sus potenciales efectos negativos sobre el empleo y las condiciones de trabajo (por ejemplo, la proactividad y la disponibilidad de recursos para el desarrollo de políticas que potencien la educación y la calificación profesional). En consecuencia, se traza un panorama que, aunque pueda expresar algunos parámetros tendenciales compartidos, perfila escenarios distintos para cada grupo de países e, incluso, para cada país. De cualquier manera, a la vista de los distintos estudios existentes en lo concerniente al impacto de la tecnología sobre el empleo [3], parece claro que existen tipologías de ocupaciones que están más expuestas que otras a desaparecer, o a ver disminuir sensiblemente el número de trabajadores que las desempeñan (por ejemplo, aquellas que, debido a su carácter repetitivo, son más susceptibles de ser objeto de automatización). Los potenciales efectos negativos sobre el nivel de empleo de esta tendencia se podrán ver más o menos compensados por la aparición de nuevos puestos de trabajo vinculados a las nuevas necesidades productivas de bienes y de prestación de servicios surgidas de la cuarta revolución industrial. Nada permite apriorísticamente anticipar a ciencia cierta el alcance a corto y medio plazo del desempleo tecnológico, ni de la capacidad de la nueva economía de generar puestos de trabajo alternativos o, en esta dirección, del ritmo real de sustitución de las viejas actividades laborales por las nuevas. Tampoco hay que eludir enfocar este asunto desde otra posible derivada: la posibilidad de que la disrupción tecnológica implique una reducción del total de horas de trabajo que deban cumplir para ejecutar sus tareas los trabajadores (humanos). Esta hipótesis, que podría ser abordada desde perspectivas filosóficas (sentido del trabajo), psicológicas (cambio de conducta del ser humano) o sociales (uso de excedente de tiempo), sugiere el tratamiento político-jurídico de aspectos tales como el reparto y compartición o no del tiempo de trabajo, la repercusión en los salarios de las opciones adoptadas y/o la articulación de medidas sociales compensatorias para los trabajadores que puedan ver afectadas sus condiciones de vida por este motivo.

La cautela que demanda la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al analizar estas cuestiones de futuro no se antoja descabellada, siempre que se desee huir del alarmismo, aunque tampoco debe la contención servir para eludir la preocupación que pueden suscitar los datos ofrecidos por los modelos señalados [4]. No en vano, el modo de producción predominante y sus principales parámetros de gobernanza global actuales no parecen llamados a sustentar una aproximación en exceso optimista: los derechos de los trabajadores no se encuentran precisamente en el centro de la agenda mundial ni son una prioridad para los actores privados económicos susceptibles de pilotar los cambios en los procesos productivos y prestacionales.

A pesar de lo expuesto, sí pueden perfilarse algunos de los riesgos que entraña, sea cual sea su intensidad y rapidez, la transición económica y laboral, como son el aumento temporal o más permanente del desempleo o la polarización del mercado de trabajo, abierto a una mayor brecha salarial y a la diferenciación de las condiciones laborales (en detrimento de quienes mantengan su trabajo en sectores y puestos de trabajo menos cualificados conforme a los parámetros de los cambios económicos). En suma, la transformación también de las relaciones laborales, en un sentido regresivo, que cuestione, en virtud de las nuevas necesidades empresariales, tanto los derechos laborales, como el mantenimiento del equilibrio jurídico que compensa la inevitablemente desigual relación real entre empleador y trabajador. Los perfiles de una todavía mayor fragmentación del mercado de trabajo y el aumento de la desigualdad son, pues, consecuencias que tanto las partes sociales como las políticas públicas deberían, si existe voluntad para ello, abordar y corregir.

Insistiendo en la factibilidad de la transformación de las relaciones laborales, tampoco resulta fuera de lugar pensar que la cuarta revolución industrial puede coadyuvar a extender modelos de relación laboral presentes o nuevos modelos de relación laboral que potencien la dilución (¿disrupción?) del modelo de relaciones laborales basado en el trabajador por cuenta ajena, tal y como este es jurídicamente entendido, partiendo de que este en los últimos años ha estado sometido a constante erosión y regresión, entre otras cosas, como herramienta de mejora de la competitividad normativa que han venido mantenido los Estados para hacer más atractivo su mercado de trabajo y su sistema económico frente al resto de países.

No resulta nada extraño que pueda entreverse, dentro de estas coordenadas, la hipótesis inicial de un mayor grado de externalización de las actividades humanas dentro de la producción de bienes y la prestación de servicios, que comporte —como de hecho se vislumbra en el trabajo dentro de la economía colaborativa [5]— una mayor flexibilidad e independencia en la realización de la actividad laboral, debilitándose así el tradicional vínculo de subordinación característico del trabajador por cuenta ajena. Sin embargo, tampoco la aparente atenuación de su subordinación debe necesariamente implicar per se su desaparición y su catalogación general como trabajadores por cuenta ajena. Junto a ello, es probable que parte de los trabajadores cambien muchas veces de puesto de trabajo o que ejerzan su actividad laboral vinculada a varias empresas [6] (por ejemplo, realizando para varias de ellas determinadas tareas especializadas). Estos escenarios parecen plantear una razón práctica para regular jurídicamente espacios de ultra-flexibilidad [7], dirigidos a generar plantillas flexibles, como sucede por ejemplo con la disponibilidad de trabajadores a demanda, aun admitiendo que propendan por su naturaleza a “introducir nuevas condiciones de trabajo con menores costes y la erosión de las condiciones de trabajo” [8]. Las tendencias sucintamente apuntadas perfilan el difícil encaje de muchas modalidades de desempeño de la actividad laboral en la figura del trabajador por cuenta ajena protegido por el Derecho laboral, de modo que, junto al recurso a modalidades de contratación civil o a su posible consideración como trabajadores por cuenta propia, se sugiere también que se busquen formulaciones normativas específicas para quienes desarrollan actividades laborales bajo fórmulas atípicas [9].

Aunque la automatización y la digitalización no den lugar en los actuales mercados laborales a tendencias totalmente novedosas (solo alguna de ellas puede ser tenida por tal), contribuyen a mediatizar la figura del trabajador por cuenta ajena, así como del haz de derechos laborales propios de su posición jurídica. La perspectiva de que la tecnología disruptiva extienda aún más estas prácticas y abarque relativamente a un mayor número de integrantes (humanos) de la fuerza laboral puede concitar la idea de una necesidad o aparente necesidad de cambio legal, con el argumento de que la nueva realidad económica y laboral derivada de la automatización y la digitalización exige una respuesta adecuada, ya que es un fenómeno inevitable que no hay más remedio que regular. Es decir, dar respuesta a los retos de la nueva sociedad mediante la consolidación normativa de nuevas formas de trabajo y de contratación. La cuestión es si, pese a que pueda pensarse en favorecer que estos trabajadores dispongan de algún tipo de cobertura conforme al Derecho laboral, esta posibilidad no tendrá un efecto disruptivo sobre el marco de relaciones laborales existente, fragmentándolo de nuevo y perfilando modelos de contratación y de protección que presionen aún más a la baja el estatus del trabajador por cuenta ajena. El interrogante adicional es el siguiente: ¿es imposible que quienes realicen su actividad laboral conforme a estas nuevas formas de trabajo puedan aspirar a ser tratados jurídicamente como los trabajadores por cuenta ajena?

Tampoco está de más reflexionar sobre si las nuevas realidades del trabajo en la era de la automatización y la digitalización van a permitir a escala nacional cumplir las expectativas que sugiere el lanzamiento universal por la OIT a finales del siglo XX del concepto político-jurídico de trabajo decente. Además de ser asumido generalmente por las organizaciones internacionales cuyas finalidades tienen una dimensión socioeconómica, su implementación responde de manera pluridimensional a las aspiraciones de todo trabajador, no solo de disponer de un trabajo con unas condiciones de trabajo dignas, sino también de un salario digno, de seguridad en el trabajo y de un mínimo de protección social, así como del fortalecimiento del diálogo social.

La automatización y la digitalización perfilan, además, otras consecuencias de dimensión social, entre otras: un aumento temporal del desempleo o la consolidación de un nivel de desempleo estructural significativo que genere necesidades de protección social más amplias, dado el número de personas afectadas por el proceso disruptivo; el incremento de las desigualdades salariales y, por tanto, respecto a los integrantes (humanos) de la fuerza laboral cuyos salarios se ubiquen en las franjas inferiores; el incremento de los recursos económicos precisos para articular políticas sociales mínimamente compensatorias que permitan satisfacer las necesidades de estas personas, siempre que este acabe siendo un objetivo política y socialmente asumido; el potencial detrimento de los recursos financieros para asegurar las pensiones públicas; o el incremento de las necesidades de gasto público en materia educativa, incluida la formación profesional.

En definitiva, lo que se infiere es que la disrupción puede llevar adicionalmente a que se traslade al Estado de forma significativa la responsabilidad de asegurar el bienestar general, bajo un sistema productivo en proceso de transformación o intensamente transformado que favorece el aumento de la productividad y los beneficios empresariales. Ello significa abordar el tema de la disponibilidad de recursos financieros suficientes para mantener las políticas sociales adecuadas para abordar los problemas generados, y hacerlo en contextos como los de los países más desarrollados, donde tales tendencias se solapan con otras ya presentes, como puede ser el envejecimiento de la población. Aunque también otros escenarios, en que el Estado declina frente a la potencialidad reguladora del mercado, son posibles.
Estos extremos perfilan el debate político-jurídico sobre otros asuntos que es preciso tener presentes, tales como: la imposición de tasas, impuestos y/o cotizaciones sociales por el empleo de los robots —y el interrogante de si es factible hacerlo igualmente respecto a la inteligencia artificial operativa desde ordenadores, tabletas o móviles—; la adopción de políticas sociales compensatorias significativas, como pueda ser la extensión de la renta mínima garantizada; o la toma en consideración de la extraterritorialidad como factor a tener presente en la regulación de las actividades propias de la automatización y la digitalización.

Para acabar, empero, quizá quepa realizar una reflexión sobre la significación profunda de las consecuencias de la disrupción tecnológica en la vida de los seres humanos. No solo en lo que concierne a la conciencia de la potencialidad transformadora de la sociedad, haciendo referencia a ideas como la de una sociedad del ocio o de un hombre liberado del trabajo, o de su reverso negativo, el de una sociedad sin trabajo para la mayoría, sino el ahondamiento en la dilución de dos premisas apuntadas por ARENDT en una sociedad de trabajo: que las manos guiadas por el cerebro humano representen el máximo de eficacia y “que las cosas que nos rodean del mundo deben depender del diseño humano y construirse de acuerdo con los modelos humanos de utilidad o belleza” [10]. La pregunta, entonces, es si, en una sociedad de trabajadores, a punto de liberarse en parte o en todo de “las trabas del trabajo”, este proceso disruptivo no puede resultar socialmente contraproducente, ya que esta sociedad “desconoce esas otras actividades más elevadas y significativas por cuyas causas merece ganarse” esa liberación [11], y, por supuesto, si no puede resultar demasiado acelerado para que el hombre adquiera en un período transitorio suficientemente rápido las capacidades y habilidades para asumir esas otras actividades alternativas. Eso sí, partiendo de que la disrupción, sea al nivel que sea, parece inexorable.

Notas:
[1] SCHWAB, K. La cuarta revolución industrial, Debate, Barcelona, 2016, p. 43.
[2] Sin perjuicio de que, por ejemplo, en 2016, el informe económico de la presidencia de los EE.UU. hiciese un breve análisis de la cuestión (THE WHITE HOUSE, Economic Report of the President together with The Annual Report of the Council of Economic Advisers. Transmitted to the Congress, February 2016, pp. 236-239, disponible en:http://www.presidency.ucsb.edu/economic_reports.php, última consulta realizada el 2 de mayo de 2018) o que, en el contexto del debate sobre la interrelación entre la robótica y el Derecho Civil, el Parlamento Europeo señalase, primero, que el desarrollo de “la robótica y de la inteligencia artificial tiene potencial para transformar el modo de vida y las formas de trabajo”, pudiendo transformar el mercado de trabajo, y, segundo, que “es probable que los empleos menos cualificados en sectores intensivos en mano de obra sean más vulnerables a la automatización” (Preámbulo de la Resolución P8_TA-PROV(2017)0051 del Parlamento Europeo, de 16 de febrero de 2017, Normas de Derecho Civil sobre robótica, con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica (2015/2103(INL)).
[3] INTERNATIONAL LABOUR ORGANIZATION, Inception Report for the Global Commission on the Future of Work, International Labour Office, Geneva, 2017, p. 25.
[4] INTERNATIONAL LABOUR ORGANIZATION, “Technological Changes and Work in the Future: Making Technology Work for all”, The Future of Work Centenary Initiative, Issue Note Series, 1, 2016, p. 7, disponible en:http://www.ilo.org/global/topics/future-of-work/WCMS_534201/lang--en/index.htm(última consulta realizada el 2 de mayo de 2018).
[5] Un informe encargado por el Parlamento Europeo señala la existencia de un vínculo fuerte entre el trabajo en las plataformas de la economía colaborativa y la precariedad, de modo que la mayor dependencia del trabajo en este entorno implica un más bajo nivel de protección social (DIRECTORATE GENERAL FOR INTERNAL POLICIES, “The Social Protection of Workers in the Platform Economy. Study”,Document IP/A/EMPL/2016-11 - PE 614.184, November 2017, pp. 12-13).
[6] Pudiendo trabajar por proyectos “en nuevos ecosistemas laborales colaborativos (hubs laborales) sin necesidad de ir a la oficina” (DE LA TORRE, C., “Contribución al debate sobre el futuro del trabajo. Iniciativa del centenario de la OIT”, p. 2, disponible en: http://www.ilo.org/madrid/fow/trabajo-y-sociedad/WCMS_548581/lang--es/index.htm, última consulta realizada el 2 de mayo de 2018).
[7] Ibíd.
[8] Ibíd. p. 4.
[9] En el ámbito de la economía colaborativa, TODOLÍ SIGNES postula una cláusula de escape en la normativización del contrato de trabajo —con objeto de dar cierta protección— para “prestadores personales de servicios que, (…), tiene[n] su autonomía de la voluntad mermada debido a su débil posición negocial” (TODOLÍ SIGNES, A., El trabajo en la era de la economía colaborativa, Tirant lo Blanch, Valencia, 2017, p. 149).
[10] ARENDT, H., La condición humana, Editorial Paidós, Barcelona, 1993, p. 170.
[11] Ibíd. p. 17.
Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-169/notas/disrupcion-tecnologica-y-trabajo-disrupcion-tambien-en-el-ambito-de-las-relaciones

Congresistas republicanos: Mayor comercio agrícola sería bueno para Cuba y EEUU

En este artículo: Comercio, Cuba, Estados Unidos, Relaciones Cuba Estados Unidos
7 junio 2018

Para los congresistas estadounidenses, es tiempo de eliminar las restricciones que dificultan el comercio. Foto: Prensa Latina
Cuatro legisladores republicanos afirmaron este jueves en Washington que un mayor comercio agrícola bilateral sería beneficioso tanto para Cuba como para Estados Unidos, y consideraron que es necesario eliminar las restricciones que actualmente impiden avanzar en esa dirección.
Durante un panel titulado “Fomentar las capacidades agrícolas y económicas bilaterales”, el senador John Boozman (Arkansas) y los representantes Rick Crawford (Arkansas), Tom Emmer (Minnesota) y Roger Marshall (Kansas) destacaron que el libre comercio agrícola entre naciones vecinas genera beneficios recíprocos.
“Es tiempo de poner la política a un lado y hacer lo correcto”, dijo Marshall durante el evento, celebrado en la firma McDermott Will & Emery.
En referencia al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington al país caribeño hace más de 55 años, el representante republicano estimó que cuando se levante ese cerco y haya relaciones normales habrá una ganancia para las dos partes.
Boozman, por su parte, recordó que los agricultores norteamericanos están en una situación difícil, cuando todos los precios de sus mercancías son bajos y en Cuba existe un mercado que se puede proveer de productos estadounidenses, dada su alta importación de alimentos.
El senador por Arkansas opinó que es preciso hacer algo diferente acerca de la relación con el país caribeño, con lo cual coincidió Emmer, quien sostuvo que es descabellado hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.
De acuerdo con el representante por Minnesota, en el tema del bloqueo a Cuba el gobierno estadounidense ha estado del lado equivocado de la historia. “Pensé que la idea era ayudar al pueblo cubano”, dijo, y reconoció que eso no es lo que hace en realidad esa política fallida, sino dañar a las personas.
Existe un alto apoyo bipartidista a la existencia de mejores vínculos y de un cambio de política, “pero, desafortunadamente, un grupo muy pequeño dentro del Congreso aún tiene el peso principal”, dijo.
Emmer consideró que en la actualidad hay un gran impulso a favor de un nexo más estrecho con Cuba, pero lamentó que la administración de Donald Trump escuche a un número pequeño de voces en lugar de a una mayor cantidad de miembros del Congreso.
Por su parte, Crawford se refirió a lo inadecuado del requisito que obliga a la Isla a pagar por adelantado y en efectivo los productos agrícolas estadounidenses.
En ese sentido, estimó necesario permitir el financiamiento privado para el otorgamiento de créditos, como recoge su proyecto Ley de Exportaciones Agrícolas a Cuba, que cuenta actualmente con 64 copatrocinadores.
A su vez, el embajador cubano en Estados Unidos, José Ramón Cabañas, destacó la significación de conversar con personas que realmente conozcan Cuba, que no hablen de ella desde la distancia, pues los legisladores participantes en el panel la han visitado en varias ocasiones.
El diplomático cubano afirmó que han trabajado mucho para fortalecer las relaciones agrícolas entre los dos países, y apuntó que los agricultores no hablan inglés o español, sino el lenguaje común de cómo producir o comerciar.
Cabañas: Los agricultores no hablan inglés o español, sino el lenguaje común de cómo producir o comerciar. (Foto: Prensa Latina)
(Con información de Prensa Latina)

'Conversando con Correa': Juan Manuel Santos

Actúa con rigor Aduana ante casos de tráfico ilegal de mercancías



La Habana, 6 jun (ACN) La Aduana General de la República (AGR) concede prioridad a la detección de casos de tráfico de mercancías enviadas por agencias de paquetería ilegales desde el exterior, los cuales suman 113 en lo que va de año, informaron fuentes del órgano.

José Luis Muñoz Toca, director de Técnicas Aduaneras, dijo en rueda de prensa que hasta la fecha se han efectuado cuatro denuncias por contrabando asociado a ese fenómeno, y fueron decomisadas más de tres toneladas de productos de diversos tipos que trataron de introducirse al país mediante dichas redes. 

Muñoz Toca afirmó que se han identificado 29 agencias radicadas en Estados Unidos, las cuales operan de manera no autorizada en el envío de artículos para terceros a la Isla, mediante viajeros que aceptan traerlos a cambio de pago o compensación.

El coronel Wiliam Pérez González, vicejefe de la AGR, agregó que se trata de agencias que no tienen contratación oficial con empresas cubanas autorizadas para realizar estas operaciones.

Tales oficinas, puntualizó, utilizan la vía de encomiendas a pasajeros, acción que supone un alto riesgo pues en ocasiones éstos desconocen el contenido de los paquetes y pueden incurrir en casos de tráfico de drogas y de otros materiales ilícitos. 

Precisó que este factor genera los mayores hechos de corrupción en la AGR, además de mostrar rasgos de organización e impunidad, a partir de las cadenas desarrolladas en el país para la comercialización de los bienes.

De acuerdo con un listado divulgado por la Aduana, entre la veintena de agencias ilegales establecidas en EE.UU. están XAEL Habana, Va Cuba, Cubamax Travel, Viajes Coppelia, Habana Air, Blue Cuba Travels y Central America Cargo.

Según refiere la ARG en su sitio web (aduana.gob.cu), pese a reiteradas advertencias, se continúan detectando casos de pasajeros que, sin conocerlo, transportan artículos prohibidos como parte de sus equipajes, con lo cual incurren en violaciones o delitos sancionados en la legislación vigente.

Insiste, además, en que al recibir los paquetes -en ocasiones ya embalados o despachados por la línea aérea en la nación de embarque- los viajeros no dominan el carácter de los productos, e incluso el destinatario en Cuba.

Añade la alerta que, al tratarse de artículos enviados para terceros por agencias, “su importación adquiere un carácter comercial”, lo cual está prohibido por las regulaciones aduaneras cubanas vigentes y “sujeto a la sanción administrativa de decomiso, si no existiera delito más grave”.

También en octubre de 2017, el referido sitio digital actualizó la relación de clientes que tienen contrato de paquetería y de servicios con la Agencia Aduanal y Transitaria de Palco, para el envío de carga no comercial de lícito comercio y procedencia, así como las navieras con las cuales mantienen relación contractual. 


Vietnam y Cuba: llevar a mayor altura los nexos comerciales


Cinco acuerdos suscribieron en varios sectores Vietnam y Cuba como muestra del interés de ambas partes por fortalecer las relaciones económicas y comerciales hasta elevarlas al mismo nivel que los tradicionales, firmes e históricos vínculos políticos, de solidaridad y hermandad entre los dos países.

La rúbrica de los nuevos convenios se realizó durante la Conferencia para la Promoción de la Inversión, el Comercio y el Turismo de Ciudad Ho Chi Minh, efectuada en el capitalino hotel Meliá Habana, con dirigentes y representantes del empresariado de los dos países.

Los nuevos convenios impulsan el intercambio de productos y servicios entre entidades y compañías de las dos naciones como el pactado por los centros de promoción de inversión y comercio de ambas naciones, más otros en el campo del turismo y la industria. 

Orlando Hernández Guillén, presidente de la Cámara de Comercio de la República de Cuba, exaltó el positivo incremento del intercambio económico con esa nación, que es el segundo socio comercial de la Isla en la región de Asia y Oceanía y nuestro principal suministrador de arroz.

Hoy se aprecia una creciente diversificación del comercio bilateral y son numerosos y reconocidos entre la población cubana los productos vietnamitas, caracterizados por una buena relación calidad- precio.

Ambas partes trabajan intensamente para materializar importantes proyectos de inversión de interés mutuo, en los que intervienen prestigiosas compañías de Vietnam como Viglacera, Tin Thanh, Hanel y Thai Binh, entre otras.

Se trata de negocios que beneficiarán a sectores priorizados en los planes de desarrollo socioeconómico cubanos como la agricultura, las energías renovables, la construcción, la industria y el turismo, por lo que hoy el país asiático se ubica entre los principales inversionistas de esa región en la Mayor de las Antillas.

Reiteró la voluntad del Gobierno y el pueblo cubanos de continuar promoviendo y diversificando el intercambio comercial bilateral y las inversiones conjuntas ante el gran potencial para expandir las mismas, las cuales aún distan de lograr los niveles alcanzables.

La delegación del país asiático que viajó a La Habana está representada por directivos de más de 20 compañías y presidida por Nguyen Thanh Phong, miembro del Comité Central del Partido y vicesecretario del Comité provincial del Partido en la Ciudad Ho Chi Minh.

El también presidente del Comité Popular de Ciudad Ho Chi Minh destacó los históricos y tradicionales nexos de amistad, solidaridad fraternal y cooperación integral entre ambas naciones, promovidos por sus máximos dirigentes desde el pasado siglo.

Subrayó que la colaboración crece mejor y armónicamente en todas las áreas, y este año en particular es muy significativa porque se cumplen 45 años de la primera invitación a Vietnam al líder histórico de la Revolución, Fidel Castro; y recordó que en marzo pasado tuvo lugar la visita a nivel de Estado a Cuba del Secretario General del Partido Comunista del país asiático, Nguyen Phu Trong.

Explicó Nguyen Thanh Phong que actualmente junto a las relaciones políticas, la cooperación económica y comercial entre Vietnam y Cuba continúa su avance con pasos importantes.

Ejemplificó con la Ciudad de Ho Chi Minh, cuya facturación total de exportaciones a la nación caribeña en 2017 alcanzó 60 millones de USD, un 45 % más que en 2016 y, particularmente en el primer trimestre del presente año fue de 12, 8 millones, equivalente a un aumento del 5 %, en comparación con igual período precedente.

Señaló entre los productos más comercializados hacia la Isla fueron café, cerámica, compuestos químicos y otros derivados del papel y se prevé que el valor total del intercambio mercantil entre Ciudad Ho Chi Minh y Cuba muestre un crecimiento positivo en 2018, pero -subrayó el dirigente vietnamita- aún el mercado en la Mayor de las Antillas tiene un gran potencial para fomentar las inversiones.

Citó entre los sectores cubanos más atractivos y demandados el turismo, la agricultura, las telecomunicaciones, la alimentación, los bienes de consumo, el calzado, textiles, y destacó el potencial del país caribeño en biotecnología, farmacéutica, salud, construcción, además de considerarla como una puerta de entrada al comercio al abrir oportunidades de cooperación entre su país y América Latina y el Caribe.

Detalló el compromiso del Gobierno de crear condiciones favorables para ayudar a exportar, comercializar e invertir en sus empresas, al igual que a las entidades cubanas interesadas en el intercambio de provecho mutuo, para lograr que los productos de ambas partes se tornen más diversos y conocidos, respectivamente.

Manifestó su confianza en que junto a los esfuerzos y la determinación de los gobiernos de ambos países y la pronta entrada en vigor de un nuevo Acuerdo Comercial bilateral, los vínculos económicos tendrán avances en el futuro, contribuyendo favorablemente a la carrera de la construcción nacional y la soberanía de las dos naciones, a partir de la profundización de las relaciones de hermandad, transparencia, firmes, solidarias e históricas.

Durante el encuentro, expertos y representantes de instituciones y compañías de los dos países expusieron sus experiencias y promovieron las oportunidades para acrecentar el intercambio y la cooperación en varias esferas, entre estas la biofarmacéutica, las energías renovables, la construcción, el turismo y la hotelería, el sector inmobiliario, entre otros.

Asistieron al foro Nguyen Hu Thang, embajador de la República Socialista de Vietnam en La Habana; Déborah Rivas, directora de Inversión Extranjera del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, y funcionarios, ejecutivos y directivos de compañías y entidades de ambas partes.

En este encuentro se recordó que en el contexto de la visita a Cuba del Secretario General del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong, que transcurrió del 28 al 30 de marzo último, también sesionó en La Habana un Foro Empresarial entre ambos países en el que se suscribieron varios acuerdos como muestra del interés por reforzar los nexos en la esfera económica al nivel de los inmejorables lazos alcanzados en lo político.