Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 8 de abril de 2019

La ciencia y la tecnología en Cuba una década después

Autor(es):
Luis A. Montero Cabrera
01-Montero.pdf











Resumen: 
Se hace una consideración acerca de la situación de la actividad científica, tecnológica y de innovación en Cuba según su evolución de los últimos años, señalándose los éxitos y los problemas que está presentando. Adicionalmente se proponen acciones que pueden ayudar a hacer avanzar un logro alcanzado y evitar su pérdida mediante su actualización y su proyección al futuro.
Abstract: 
In this paper we review the recent evolution of science, technology and innovation in Cuba, highlighting the achievements and the difficulties. Further, we will propose a number of actions for pushing forward with what has already been achieved and ensuring the achievements are not lost through their modernization and future projection.
La importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación en Cuba se fundamenta claramente en muchas citas de Fidel Castro. En uno de sus discursos más medulares —para muchos  un resumen de sus ideas políticas al final de su vida—, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, afirmaba:
Y el país tendrá mucho más, pero no será jamás  una sociedad de consumo, será una sociedad de conocimientos, de cultura, del más extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse, desarrollo de la cultura, del arte, de la ciencia, y no para armas químicas, con una plenitud de libertad que nadie puede cortar. Eso lo sabemos, no hay ni que proclamarlo, aunque sí recordarlo. (Castro Ruz, 2005)
Casi todos los fines de año envío un «regalo electrónico» a mis amigos y conocidos: un  poema de Nicolás Guillén. Hace más de una década, en 2007, envié «La muralla», uno muy hermoso, devenido canción. Eran tiempos de reflexión durante cambios importantes en el gobierno revolucionario. El 31 de diciembre de ese año, algunos colegas de    la ciencia cubana recibieron también un mensaje,  en el que remarcaba, esencialmente, cuatro puntos problemáticos de nuestra realidad científica: a) la muy notable ausencia de una gestión central fidelista, ágil, ajena a procedimientos burocráticos, que promoviera las nuevas iniciativas en la ciencia; b) la necesidad   de un cambio en la gestión de los recursos humanos para la ciencia en un inevitable escenario global y abierto del mercado laboral; c) la desconexión entre el sector que crea directamente valor en la economía y el que crea conocimientos; d) la escasa penetración de las ideas científicas en nuestra conciencia social  y superestructura política, con tradiciones ajenas a ello, y donde el propio liderazgo de Fidel constituía una de las pocas excepciones en todo el ámbito iberoamericano de los últimos quinientos años.
Un lustro más tarde apareció en la revista Temas un artículo titulado «Visión de la ciencia y la tecnología: problemas actuales», en el que algunas de esas ideas se desarrollaban más en extenso y se actualizaban (Montero Cabrera, 2012: 4-11). Hoy, transcurridos casi doce años, la apreciación general de un lector ajeno a la realidad cubana, y del que la conoce, es esperanzadora, aunque inevitablemente preocupante.
Como se comentará posteriormente, una frase en el mensaje de 2007 —«depende de cómo actuemos para que la  aceleración sea negativa o  positiva en  el futuro»— lamentablemente ha apuntado a la desaceleración del desarrollo científico del país, en un lapso nada despreciable, en el que muchos avances han ocurrido en la cotidianidad de las personas en todo el mundo, gracias a la ciencia y la tecnología.
Además, en 2012, se desarrolló una acción sin precedentes en el seno de la Academia de Ciencias  de Cuba (ACC). Dentro de las tareas esenciales del mandato académico renovado de ese año,  estuvo la elaboración del informe «Estado de la ciencia en Cuba», bajo de la dirección del vicepresidente Dr. Carlos Rodríguez Castellanos, texto que fue expuesto en el seno del Consejo de Ciencia y Tecnología de la Comisión de Implementación de los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (ACC, 2012a: 32). Este conjunto de documentos, y sus aproximaciones desde todas y cada una de las secciones de la Academia, constituye una expresión inédita de evaluación sabia, colectiva y revolucionaria de un problema social que en ese momento urgía resolver. Por tanto, el presente ensayo pretende evaluar las argumentaciones anteriores a la luz de la situación actual. En particular, se refiere al resumen ejecutivo del anexo elaborado por la Sección de Ciencias Naturales y Exactas (ACC, 2012b).

¿De qué estamos tratando?

Ya en el citado artículo de Temas intentaba delimitar las principales características de la actividad de investigación y desarrollo tecnológico. Hoy, podemos revisitar las definiciones de entonces y adicionar alguna elaboración que pueda facilitar la comprensión de su trascendencia.
Cuando nos referimos a la investigación científica y tecnológica en un país eso implica:
  • La realización de un trabajo intenso y especializado de estudio y generación de información, antes desconocida o no accesible, acerca de un  objeto o un sistema de objetos de interés, a partir de los conocimientos que al respecto ya se tienen en todo el mundo. Con ello se crean nuevos conocimientos en los sujetos que lo llevan a cabo. Así estos se apropian también de todo el saber que existe globalmente en torno a tal objeto, cuando estudian la literatura necesaria para hacer la investigación. Se trata de un proceso esencialmente humano de aprendizaje convertido en una actividad social devenida imprescindible para nuestro mantenimiento como especie.
  • La publicación y diseminación, cada vez más inmediata y ubicua, de las nuevas informaciones obtenidas en la investigación, después de ser debidamente procesadas. Esta información pasa por una revisión crítica por parte de especialistas anónimos, con el fin de obtener juicios lo más confiables posibles. Con su divulgación se logra que estén al acceso de todos y que puedan ser reproducidas, y probada su veracidad de forma independiente. Así participamos en la gran corriente del saber que se genera actualmente en torno a todos los objetos investigativos de interés. Los beneficios devienen tanto locales como globales.
  • La eventual conversión de esas informaciones publicadas, resultantes de las investigaciones en conocimientos particulares por los potenciales utilizadores locales, mediante la consulta de revistas especializadas, patentes, sitios web, etcétera. Así podemos dominar la tecnología y las formas de hacer que se generan tanto por nuestros especialistas como por otros, en cualquier parte del mundo, pues siempre pasan por la asimilación de las ideas de todos, gracias a la información compartida, y su puesta en práctica para nuestro bienestar.
Por definición, los resultados de la investigación científica y tecnológica son de uso universal. Esto hace que la participación de nuestro potencial científico en la red mundial no solo pone en otras manos lo que cada uno pueda ofrecer, (que al final es solo un modesto aporte al conocimiento humano, dado el reducido tamaño de Cuba), sino que su importancia está en que el sistema globalizado actual permite apropiarnos también de muchísimo de lo que se hace en cada campo de investigación y desarrollo tecnológico a nivel mundial. Así, la eficiencia de la producción de nuevos conocimientos se multiplica.
Lo más importante de contar con un grupo cubano que investigue, por ejemplo, en fuentes renovables de energía, no está solo en lo que este pueda generar; sino en el conocimiento y el dominio que tenga de lo más avanzado del mundo en ese campo. Ello debería estar enlazado con una capacidad de emprendimiento que permita desarrollar producciones y servicios que incrementen la creación de valor en el país, para el bien de la sociedad y de las individualidades involucradas. Cuba puede beneficiarse de todos los conocimientos, si sabe indagarlos y asimilarlos, dondequiera que  se produzcan, y si desarrolla la capacidad para su producción. Ellos forman parte de la riqueza de la humanidad y su publicación constituye el vehículo de acceso y verificación.
De no haber un documento público,  incluidas las patentes de invención, que avale y describa un resultado en términos prácticos, este no sería confiable o simplemente no existiera. La historia de los países cuyo desarrollo se ha disparado en las últimas décadas demuestra que su avance se debe sobre todo a la asimilación del saber mundial y a su implementación tecnológica de forma irrestricta, y en modo alguno    a un desarrollo autárquico de aplicaciones del saber propio.
En los últimos años, entre los científicos se han afianzado las visiones internacionales más comunes del concepto «innovación». Este aspecto de nuestra actividad creativa había estado confinado a acciones encaminadas a resolver problemas en la bloqueada   e ineficiente gestión económica productiva cubana. Sin embargo, su presencia como una nueva idea para la creación de valor, o un dispositivo o proceso más efectivo, está requiriendo, y requerirá aún más, de su internalización en la conciencia social para que la innovación sea encaminada y estimulada como el debido motor de desarrollo, progreso y bienestar. Además, puede verse como la aplicación  de mejores soluciones para nuestros problemas, que puedan satisfacer requisitos, carencias sociales,   o requerimientos aparentes en el mercado. Las innovaciones se convertirían en nuevos y más efectivos productos, procesos, servicios, tecnologías o ideas, disponibles rápidamente para la sociedad, incluidos el gobierno y el mercado.

Evolución hasta 2018

Una mejor proyección política

En cuanto a los problemas planteados anteriormente, desde 2007, el gran avance ideológico experimentado hasta ahora está en que hoy estos son objeto de amplia discusión pública en los entornos académicos. Recientemente, el debate nacional del Proyecto de Constitución de la República de Cuba ha favorecido la formulación colectiva de conceptos para su inclusión en la ley de leyes. Incluso, la prensa cubana ha transitado de una descripción obligadamente triunfalista de cualquier acción indizada centralmente como políticamente correcta —como es el caso de  muchos de nuestros logros biotecnológicos—, a permitir visiones más objetivas y promotoras de discusión. En este sentido, debe señalarse el impacto positivísimo de un órgano digital tan popular como Cubadebate, que en foros abiertos ha promovido la publicación y amplio intercambio de artículos de fondo, escritos por autores cubanos expertos y por los aportes muchas veces brillantes de sus lectores en los respectivos foros de comentarios. Como resultado evidente de todo lo anterior, las proyecciones más positivas están contenidas en los documentos producidos a partir del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. La ciencia, la tecnología y la innovación forman parte nuevamente del lenguaje de vanguardia de nuestros medios políticos.
Sin embargo, a la altura del tercer trimestre de 2018, los problemas esenciales permanecen sin resolver.

Un incipiente vínculo sistémico entre creación y utilización del conocimiento para la creación de valor

En la actualidad, son demasiado escasas las evidencias de componentes científicos y tecnológicos endógenos en las nuevas iniciativas de desarrollo e inversiones anunciadas. No obstante, comienzan a vislumbrarse acciones desde el campo de creación  de valor (o «productivo») que están estableciendo estos vínculos. El caso del sector biofarmacéutico es paradigmático. La persistente ausencia de mecanismos económicos que favorezcan o al menos permitan la contratación de transferencia de conocimientos entre el llamado sector «presupuestado», al que pertenecen los  mayores  centros  de  sabiduría del  país,  y el «empresarial», ha obligado a buscar nuevas iniciativas. Así, el consorcio estatal BioCubaFarma está invirtiendo en laboratorios completos para su uso común con las universidades y la generación conjunta de resultados científicos. Los casos más recientes implican tanto laboratorios para los universitarios en instalaciones empresariales, como los de estas en las universidades, con personal de nivel superior para su operación. Algo parecido ha ocurrido con los servicios de orden interior, y con la industria de la energía. Se trata de un camino inicial que puede dar frutos muy valiosos, a pesar de la rigidez estructural de nuestra actual organización económica.
Sin embargo, también tenemos situaciones indeseables. Una importante y novedosa inversión del gobierno central en un centro de investigaciones de proyecciones avanzadas hacia las nanociencias, con equipamiento relativamente actualizado, no ha podido estar debidamente respaldada por los recursos humanos requeridos. La rigidez administrativa y sectorial se ha manifestado mostrando su lado oscuro.
Mientras las universidades están subequipadas, a pesar de disponer del casi inagotable potencial de jóvenes estudiantes de pre y posgrado para utilizar los equipos ya instalados, ellos permanecen esencialmente inactivos en el nuevo centro de investigaciones. Este centro fue asignado a otra organización que, aun expresando una voluntad positiva al respecto, encuentra un escenario que no favorece el vínculo. Ha faltado la decisión revolucionaria necesaria para resolver esta situación. La dinámica de innovación parece mantenerse en la rama biotecnológica, gracias a los esquemas de «ciclo cerrado», que pueden ensayarse en producciones muy limitadas y de alto valor como las de este tipo. Pero los problemas en los que la integración entre la producción de conocimientos y el sector productivo tienen una incidencia en muchas organizaciones ministeriales, como los del transporte, la producción de alimentos, la  infraestructura constructiva o  el  comercio,  se mantienen huérfanos de soluciones integrales.
Claros ejemplos de esto son la construcción de   un megapuerto en El Mariel y el anunciado plan de reanimación del ferrocarril cubano. En el primer caso, en un país como Cuba, cuyos ingenieros y arquitectos han sido capaces de diseñar y construir en muchos países, y en el propio, todo tipo de obras civiles muy modernas, se optó por una propuesta brasileña. Una alternativa podría haber sido recurrir a grupos multidisciplinarios, con la participación de universidades y centros científicos cubanos, para analizar todos sus aspectos, desde el geológico hasta el macroeconómico y el político, pasando por los diseños constructivos y demográficos, antes de tomar una decisión final sobre su instauración. Según la información pública disponible, no resulta evidente que los resultados estén a la par de las expectativas que se tenían cuando se decidió la obra.
Estos juicios puedenestarerrados, dadalaescasísima información pública comprobable y no publicitaria que se divulga acerca de este macroproyecto. En noviembre de 2018, su página web reporta un volumen de inversión de 1 663 millones de dólares,[1] por diecinueve países, en un lustro de funcionamiento desde su apertura legal, por un decreto de 2013 (ZDMariel, 2018).
Por otra parte,  siempre  según lo  divulgado por la prensa, la decisión cubana de contratar  a  Rusia un nuevo sistema ferroviario permitiría ilustrar la desconexión de nuestra sabiduría con la toma de decisiones en inversiones en las que debe primar la tecnología de más alto nivel. Contratar íntegramente el diseño y proyección del sistema ferroviario nacional a un consorcio extranjero, cuando Cuba ya dispone potencialmente de más de 10% de su población con nivel universitario, debería requerir una mayor explicación (Cubasi, 2017; Rozin, 2017).
En tiempos en los que, gracias a Internet, el acceso a información novísima sobre lo más avanzado en este tipo de sistemas es mayor que nunca antes en la historia de la humanidad, esta decisión refleja el tipo de desajustes estructurales para la gestión del conocimiento y los conocedores que nos aqueja; y que se caracteriza por implicaciones de mayor alcance, dado que un sistema ferroviario también es transversal a la industria, la construcción, la geografía, la demografía y muchas otras disciplinas.
Sobre la base de la limitada información pública, se podrá sospechar que las inversiones «llave en mano», a crédito, típicas de un subdesarrollo técnico que no deberíamos tener, son muchas más que las deseables. Vivimos en uno de los países cuya población es más culta, pero con uno de los índices más bajos del mundo en utilización de las tecnologías contemporáneas para desarrollar y expandir la cultura y el conocimiento.

El potencial humano y la producción de conocimiento

Los datos disponibles oficialmente del potencial científico humano nacional para la ciencia y la tecnología son confusos y de difícil utilización para cualquier análisis serio. La revisión de los anuarios estadísticos cubanos suele ser contradictoria. Hasta hace unos años, las cifras de personas incorporadas   a la investigación excluían la educación superior, que es sin dudas la de mayor potencial a priori. Recientemente, incluyeron esas cifras de profesionales en las universidades, pero sin una consideración adecuada de cuántos realmente están incorporados   a la investigación científica, o a labores docentes únicamente. Tampoco aparece indicador alguno acerca de los estudiantes de pre y posgrado que están investigando, a pesar de que significa un componente importantísimo de la producción de conocimientos científicos.
Por ello, solo nos quedan algunos parámetros confiables para evaluar la presencia del potencial humano de investigaciones en Cuba. Entre ellos, podemos referir el de la producción de conocimientos en términos de documentos citables anualmente, según se viene realizando por Scimago desde 1996. Tomando en cuenta esas cifras, en términos comparativos con otros países, es posible aproximarse a valores confiables, pues se puede presumir que los defectos que tenga en su captación sean similares para todos ellos. Así llegamos a un gráfico, relativo al lugar que la Isla ocupa en el mundo en este índice (Gráfico 1).

Este indicador muestra un comportamiento oscilante entre 2005 y 2014; pero a partir de ese último año, en el posicionamiento de la ciencia y la tecnología cubanas marca una tendencia indeseable hacia lo negativo. En la que Cuba superaba a muchos países, ahora estos muestran un comportamiento notablemente mejor. Dado que nuestra población es bastante estable desde entonces, en el mejor de los casos puede asumirse que al menos diecinueve países, en los últimos cuatro años, lo han hecho mejor que Cuba, o han ganado potencial científico, o nosotros lo hemos perdido, o todos estos factores a la vez; cada uno con su debida contribución. Esta caída libre de nuestra producción científica es alarmante, no solo por lo que significa en sí misma, sino por todo lo que se puede presumir tras ella. Confirma, además, que la inflexión de la curva con la que comenzamos este artículo no se enfrentó hacia lo positivo en el momento adecuado, sino todo lo contrario.
Eso es lo que dicen las cifras. Pero el que está en el día a día en su puesto de trabajo científico puede relatar una imagen más desoladora.
Por otra parte, desde todos los puntos de vista, la inversión de la Revolución cubana en el sistema educativo ha sido y es magnífica. Los jóvenes talentosos, motivados, estudiosos, trabajadores y con ambiciones de llegar a lo cimero de la ciencia no son escasos; están presentes entre nuestros estudiantes y han soportado embates durísimos como los de los peores tiempos de la crisis de los 90. Lo que es lamentable es nuestra incapacidad de retención y asimilación de ellos para las metas que probablemente harían de Cuba un país envidiable por muchos, digno de los sueños de nuestros próceres, y en particular de Fidel Castro. Ciertamente, cada vez es más temprano el momento en el que después de la graduación, no continúan trabajando en el país, y buscan otras metas que les permitan resolver satisfactoriamente o vislumbrar la solución de sus planes de vida y familia, al nivel de las personas cultas que son.
Hasta hace unos años esperaban hasta obtener  el doctorado. Sin embargo, está ocurriendo que en número mayor ni siquiera llegan a esa etapa, y si tienen aspiraciones académicas parten al extranjero para culminarlas, muchas veces en lugares de élite, donde suelen ser muy capaces y competitivos con respecto a sus coetáneos de otras latitudes, incluso del llamado mundo desarrollado. En suma, si ni siquiera hacen   el doctorado en Cuba, las investigaciones que esta formación exige tampoco ocurren aquí.
Cada día más el potencial humano que formamos para la ciencia se convierte en una donación unilateral a otras naciones, a costa del desmembramiento, completo o parcial, de muchas de nuestras instituciones de investigación. Este es un fenómeno que también se manifiesta globalmente, pero es particularmente grave en nuestro caso, porque carecemos de política o acción alguna para recuperar ese potencial o utilizarlo desde el extranjero. Más bien se manifiestan prejuicios para ello, derivados de situaciones completamente diferentes a las que afrontamos en el siglo xx, y que siguen gravitando en muchas subjetividades. Los países grandes suministradores de talento para las redes científicas mundiales también los absorben procediendo de cualquier otra nacionalidad. Para ellos, se trata de un intercambio que puede ser enriquecedor, igual que le ocurrió a nuestra propia Patria con las importantes inmigraciones de principios del xx.

La conciencia social de la ciencia

La presencia de una manera de pensar y razonar de acuerdo con lo que ha avanzado la humanidad desde que el Homo Sapiens aprendió a leer y escribir hace unos seis mil años se manifiesta hoy en términos del llamado pensamiento científico. Esto se ha perfeccionado tanto que incluso corre de forma paralela a las creencias, que de un modo u otro, matizan nuestra existencia y desenvolvimiento en sociedad, en muchas dimensiones.
Durante la última década, resulta muy difícil expresar en cifras el avance o retroceso en cuanto a  la conciencia social de la ciencia, la tecnología y la innovación en Cuba. El discurso público de los políticos y los documentos rectores pueden ser un indicio, y en este caso sería indudablemente positivo. La referencia a la ciencia y la tecnología, y a la universidad científica, está presente, casi sin excepción, en las informaciones que aparecen, motivadas por las apariciones públicas, o en reuniones de trabajo, de nuestro actual equipo presidencial. Sin embargo, son muchos los colegas académicos que manifestamos preocupación por lo muy penetradas en creencias no científicas que están muchas esferas de la vida social e intelectual en Cuba, incluso fuera de los templos y lugares de culto, allí donde no debería aparecer otra cosa que la verdad científica incontestada.
Casos como los de la medicina natural y tradicional, que puede ser una utilísima fuente de saber si se enfoca responsable y científicamente, suelen aparecer sin base científica alguna, sustentados en suposiciones o creencias inexplicables, con todos los riesgos que esto implica para potenciales tratamientos a dolencias graves. A veces se exponen en los medios masivos públicos supuestas verdades en torno a curaciones que, sin dudas, pertenecen a prácticas de «brujos» o son típicas estafas de charlatanes para engañar a incautos  necesitados, a la luz del saber universal incontrovertible en el    siglo xxi. Las llamadas terapias «florales» y «homeopáticas», desechadas en muchas partes del mundo y en la literatura científica por ser incompatibles con los descubrimientos contemporáneos y porque no es posible su comprobación y reproducción independientes, han ganado espacio incluso en medios oficiales.
Una  verdadera educación científica, y el culto a  la verdad contrastable no están presentes siempre en nuestra educación ni en los medios de comunicación de todo el pueblo. Y eso va creando erosiones éticas que a la larga conducen a la inacción tecnológica, al conformismo situacional y a muchos vicios con los que una sociedad no puede desarrollarse correctamente.
Los avances tecnológicos más recientes, con la más alta penetración y presencia en la vida de la humanidad, se basan en las infocomunicaciones —Uber, Airbnb, mercadeo en la red, etc.—; en este aspecto, un momento destacado fue la declaración del actual presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en febrero de 2015, donde promueve un amplio, imprescindible e irrestricto desarrollo en este campo (Díaz-Canel Bermúdez, 2015). Desafortunadamente, muchos de estos avances aún no existen o tienen un ínfimo desarrollo en la Cuba de 2018, con respecto a los estándares internacionales. Mucho se ha hecho a partir de lo poco que teníamos en 2015, pero la situación sigue siendo precaria e incomparable, lo que sitúa al país en los escalones más bajos del mundo. Ello es irónico, ya que, dados sus niveles de escolaridad, Cuba sería uno de los países que mayor ventaja podría sacar de la informatización universal de la población. Con un nivel adecuado en este frente, cualquier estimación de cómo crecería nuestro producto interno bruto puede quedar pálida.

Posibles soluciones

Las soluciones a los problemas señalados no se han evidenciado en el lapso transcurrido. El propio diagnóstico que se hace, que tiene una alta coincidencia con el informe citado de la ACC (2012b), puede dar un conjunto importante de soluciones recomendables y plantear otras que permitan la sostenibilidad:
  • Los jóvenes interesados en dedicarse a la creación científica y tecnológica deben tener un amplio espectro de posibilidades para educarse como doctores, que es igual que formarse como investigadores independientes. La dedicación a la vida académica debe significar un futuro prometedor para un joven en Cuba, donde pueda satisfacer su vida espiritual y creativa y disfrutar también de un bienestar material que le permita cubrir sus necesidades progresiva y honrosamente.
  • Es tan importante hacer inversiones en una infraestructura informática como en cualquier otro de los sectores priorizados del país. Estas se cubren siempre, directa o indirectamente, con los aumentos de eficiencia en la gestión de todas las actividades, y suelen autofinanciarse con creces, y dar ganancias directas inmediatas muy notables. Además, se tiene la ventaja de que el propio progreso tecnológico en este campo reduce considerablemente los precios de muchos dispositivos que tendrían extraordinarias prestaciones.
  • El mercado mayorista y minorista de los medios de infocomunicaciones debe estar abierto completamente a todos sus ciudadanos, y seguir los comportamientos internacionales, de forma competitiva. Debe favorecerse la adquisición por parte de la población de los mejores y más convenientes medios y servicios, a través de políticas socialistas de reducción de impuestos en aquellos que sean los más convenientes para el desarrollo social e individual.
  • Debería procederse a una revisión profunda de nuestro sistema de enseñanza general y superior con el fin de implantar modificaciones que garanticen la actualización de contenidos y métodos, y permitir que esto se pueda autogenerar en el tiempo, teniendo en cuenta y utilizando al máximo posible el extraordinario dinamismo contemporáneo de la penetración de las infocomunicaciones y el acceso a la información. Debemos tener un sistema educativo capaz de una permanente adaptación al rápido progreso del conocimiento, la sociedad y las tecnologías informativas.
  • La gestión de la economía nacional debería flexibilizarse para lograr que las herramientas de planificación sean realmente efectivas y aceleradoras, y nunca un obstáculo, para el único propósito licito en el socialismo, que es el creciente bienestar de todos y cada uno de los cubanos. La planificación central tradicional característica de fracasados sistemas autodenominados socialistas debe ser transformada radicalmente para convertirse en un instrumento de permanente y continuo progreso social.
  • La competencia debe desarrollarse como herramienta económica al servicio de las ideas y de una sociedad que persigue objetivos socialistas. El papel promotor de la ciencia, la tecnología y la innovación a partir de la competencia, en sus formas más humanas y eficientes, es insustituible para el progreso.
  • Es preciso incorporar a la gestión de todas las esferas de la sociedad el criterio de «iniciativa» y de «éxito», como factores para la evaluación de desempeño y promoción de los jefes y líderes.
  • Tanto la creación de conocimientos, como la inventiva y la innovación rentables, deben ser premiados, y los autores justamente retribuidos por la sociedad, para así alcanzar un nivel de vida en correspondencia con su rendimiento. A cada cual según su trabajo y aporte social.
  • La globalización de la ciencia debe de aprovecharse en beneficio de los intereses de Cuba.
La gestión de la actividad científica del país debería reestructurarse completamente. Es preciso más «gestión» y  «facilitación» que «dirección» o «rectoría» de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Conclusión

La actividad científica es, en sí misma, una oportunidad de riqueza, quizás la más noble, para nuestra nación contemporánea. Por  definición, la ciencia en Cuba es un producto genuino de la Revolución cubana y de nuestras ideas socialistas. Y es el propio proceso revolucionario, en su evolución, el que debería garantizar que no se pierda lo que se ha ganado y que, en cambio, contribuya aún más,     y decisivamente, al bienestar de la sociedad, que es también su principal propósito, tal como expresara el ex presidente Raúl Castro Ruz (2015).
El tiempo perdido no se puede recuperar, pero una toma de conciencia y una inflexión imprescindible  en nuestras tendencias y escenarios actuales hacia el progreso son obligados por parte de una generación revolucionaria responsable.




[1] En la fecha en que se edita este ensayo (enero de 2019), el sitio web ZDMariel actualizó la cifra en 2 136 700 millones de dólares. Véase <http://www.zedmariel.com/es> [N. de la E.].
ACC (Academia de Ciencias de Cuba) (2012a) «Análisis del estado de la ciencia en Cuba de cara al cumplimiento de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución».  En: Estado de la ciencia en Cuba. Sección de Ciencias Naturales y Exactas. La Habana.
______ (2012b) «Resumen ejecutivo del análisis del estado de las ciencias naturales y exactas de cara al cumplimiento de los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba». En: Estado de la ciencia en Cuba... Ob. cit.
Castro Ruz, F. (2005) «Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna   de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre» [en línea]. Disponible en <https://bit.ly/1mrQl2q> [consulta: 1 diciembre 2018].
Castro Ruz, R. (2015) «En nombre de este noble pueblo, le doy la más calurosa bienvenida». Granma, 20 de septiembre. Disponible en <http://www.zedmariel.com/es> [consulta: 1 diciembre 2018].
Cubasi (2017) «Rusia modernizará infraestructura ferroviaria cubana», 27 de septiembre. Disponible en <https://bit.ly/2RamaC8> [consulta: 17 diciembre 2018]
Díaz-Canel Bermúdez, M. (2015) «El derecho de todos a Internet supone deberes en relación con su uso adecuado» [en línea]. Cubadebate. Disponible en <https://bit.ly/2EmkJtF> [consulta: 17 diciembre 2018].
Montero Cabrera, L. A. (2012) «Visión de la ciencia y la tecnología: problemas actuales». Temas,  n. 69, enero-marzo, 4-11.
Rozin, Í. (2017) «Rusia participará en la modernización de los ferrocarriles cubanos» [en línea]. Rusia Beyond ES, 10 de marzo. Disponible en <https://bit.ly/2PLh5M9> [consulta: 17 diciembre 2018].
Scimago Journal and Country Rank (2018) Scimago Lab. Disponible en <https://www.cimagojr.com/countryrank.php> [consulta: 1 diciembre 2018].
ZDMariel (2018; 2019) Disponible en <http://www.zedmariel.com/es> [consulta: 16 enero 2019].

Envases y embalajes: en camino de cubrir la demanda nacional

Creado el Lunes, 08 Abril 2019 15:44 | Fidel Rendón Matienzo | Foto: Cubadebate

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 La Habana, 8 abr (ACN) Aunque la producción de envases y embalajes en Cuba ha tenido en los últimos años un crecimiento sostenido, todavía está bien distante de satisfacer las necesidades del país, y muestra de ello es que en 2018 solo logró cubrir el 52 por ciento de la demanda nacional.

Más de 400 millones de dólares aportaron las producciones en esas ramas, importantes para el desarrollo económico e industrial de la Isla, en particular de los sectores agroalimentario y farmacéutico, en tanto se destinaron 261 millones de dólares a la adquisición de envases, sobre todo de aquellos que no se tiene la tecnología para fabricarlos, no obstante representar este monto una reducción respecto al de 2017.
Como declaró a la Agencia Cubana de Noticias Yamilín González Milián, viceministra de Industrias, hoy día la demanda nacional rebasa los 700 millones, cuando hasta hace poco fluctuaba entre 300 y 400 millones, es decir, ha crecido y sobre todo el déficit principal está en los recipientes de vidrio, por lo cual urge modernizar las industrias locales en aras de sustituir importaciones y de promover las exportaciones.
Por eso la funcionaria ve con buenos augurios la aprobación, desde septiembre pasado, de la empresa mixta ítalo-cubana Vidrios Mariel S.A. en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, donde establecerá una planta dedicada a la producción de envases de vidrio para bebidas, conservas y otros usos.
Según la página oficial de la ZEDM, ello permitirá satisfacer el 70 por ciento de las necesidades de recipientes de este material de las industrias alimentarias.
La vicetitular del Ministerio de Industrias (Mindus) explicó a la ACN que se trabaja en proyectos como el de Envases Flexibles, tan demandados por sus favorables características organolépticas y en el que se tiene su socio definido con el Grupo Empresarial de la Industria Ligera (Gempil), en San José de las Lajas, y con vistas a la producción de aluminio, para lo cual se buscan nuevos inversionistas foráneos.
Otra de las medidas adoptadas por el organismo con el fin de revertir la actual coyuntura se relaciona con el funcionamiento del Centro Nacional de Envases y Embalajes, institución que al decir de González Milián pretenden potenciar con fuerza.
Un impulso a todos estos propósitos debe darlo el Salón Internacional de envases, embalajes y artes gráficas, conocido por Pacgraf Cuba, que desde este martes 9 y hasta el jueves 11 tendrá lugar en el recinto Pabexpo, bajo los auspicios del Mindus, de Fira de Barcelona Internacional (firma española especializada en eventos) y del Grupo Empresarial Palco.
En opinión de sus organizadores, se trata de la única plataforma oficial para entrar en el mercado cubano, de ahí que además de la exhibición de maquinarias, tecnologías y materias primas, y de intercambios científicos y tecnológicos, el programa contemple un foro de inversiones -con la presentación de la Cartera de Oportunidades para la Inversión Extranjera en este sector- y rondas de negocios coordinadas por la Cámara de Comercio de Cuba.
Asistirán unas 40 firmas locales, de España (con el mayor número -13-), de Alemania, Francia, Colombia, Portugal, Guatemala, Panamá y China, y con la mencionada cita, ahora en su segunda versión, la Isla busca diversificar el catálogo de proveedores extranjeros de equipos y materiales de envases, embalajes y de artes gráficas.
Con ello el país pondrá al día a sus empresas productoras de todo tipo de bienes, que necesitan el packaging para impulsar su actividad.
Uno de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el 188, se refiere a la necesidad de impulsar las industrias productoras de envases y embalajes a partir de una concepción integral, y de priorizar lo demandado por otras actividades como la exportación, la agroalimentaria, la biofarmacéutica y la venta de materiales de construcción.
Para cumplir con ese mandato, se ha elaborado una política que plantea acelerar el crecimiento de tales producciones sobre bases competitivas, establecer patrones en aras de su utilización eficiente, así como proponer el diseño institucional y regulatorio más favorable con vistas a la conducción de la estrategia estatal en esta materia.

Con el crecimiento sostenido de la producción nacional de envases y embalajes, aunque aún distante de lo deseado, ya empiezan a verse sus primeros frutos.


 

La izquierda y Lenin, sobre imperialismo y explotación de países

Por Rolando Astarita

A raíz de las discusiones sobre la situación en Venezuela, una vez más se puso en el centro de mis diferencias con la mayor parte de la izquierda la cuestión de la “liberación nacional de la explotación imperialista”. Es que lo que sustenta el programa nacionalista de la izquierda es la idea de que Argentina es explotada por EEUU, y otras potencias; y que Venezuela pasaría a ser explotada (o sería más explotada) por EEUU (y otras potencias, pero no China o Rusia) en caso de que cayera el régimen chavista.

En oposición a estas ideas, en notas anteriores (por ejemplo, aquí; también en Economía política del subdesarrollo y la dependencia) planteé que países como Argentina no son explotados por las potencias capitalistas. Los explotados son los trabajadores, no “el país”. La explotación se da en términos de clases sociales, y en los capitales nativos no están sometidos a alguna forma de explotación “colonial”.
Preciso que la explotación colonial es aquella que describía Hobson (1902), y sobre la cual Lenin decía –en El Imperialismo fase superior del capitalismo, p. 75- que se asentaba la explotación del capital financiero, y la inversión capitalista en los países atrasados. Esa explotación colonial adoptaba diversas formas: producción y transporte con uso compulsivo de mano de obra –trabajadores de plantaciones, portadores de cargas en África, etcétera-; economía de trata, que consistía en el monopolio comercial del país dominante sobre monocultivos; impuestos sobre los campesinos y artesanos; y acaparamiento de la tierra por parte de los colonos. A las clases burguesas o pequeñoburguesas nativas –comerciantes y artesanos- no se les permitía comerciar con otras potencias o países en mejores términos; no podían tomar decisiones políticas, económicas, diplomáticas, con un mínimo de autonomía.
Por lo tanto, en referencia a ese tipo de extracción vía del excedente, tiene sentido hablar entonces de explotación de países por parte de otros países. Pero actualmente ese tipo de relación colonial prácticamente ha desaparecido. Los capitalistas de los países atrasados (Argentina, por caso) participan en la explotación de “su” clase obrera en asociación (o en competencia) con capitalistas extranjeros. Y de la explotación de la clase obrera de otros países, incluidos los adelantados, en asociación (o en competencia) con los capitalistas de esos países. Esto es así, tanto cuando invierten en desarrollos productivos, como cuando colocan sus plusvalías en los centros financieros internacionales.
Naturalmente, esta situación intenta ser negada por parte de la izquierda nacionalista (incluido el marxismo nacional). Para eso, realizan todo tipo de piruetas discursivas. Por ejemplo, si una empresa chilena invierte en Argentina, esa relación no es imperialista (o sea, no hay explotación “de Argentina por Chile”). Sin embargo, si invierte en Argentina, en las mismas condiciones que la chilena, una empresa estadounidense, ahí sí se dirá que la misma forma parte de la explotación de Argentina por parte de Estados Unidos. De manera similar, si capitales de la India invierten en Gran Bretaña; o capitales mexicanos lo hacen en Estados Unidos, la explotación será presentada en términos de clase. Pero si la inversión ocurre a la inversa, el nacionalista denunciará la explotación “de mi patria”. Esto será así aunque las condiciones económicas de las operaciones sean las mismas. Por eso la insistencia en reemplazar los conceptos asociados de explotación capitalista y plusvalía, por los de saqueo, robo, pillaje, despojo (véase aquí).
Lenin: el acento en el parasitismo y la explotación de países
En varias ocasiones en que he planteado mi crítica al nacionalismo, hubo izquierdistas que me hicieron el cargo de dejar de lado la teoría leninista sobre el imperialismo. Y tienen razón en que la dejo de lado. No solo la dejo de lado, sino que la rechazo. Y la rechazo no solo porque la explotación colonial ha prácticamente desaparecido, sino también porque muchas de las afirmaciones que hace Lenin en su clásico folleto ya no se correspondían con la realidad del capitalismo de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Para entender por qué, repasemos algunos de los principales conceptos contenidos en el famoso folleto El imperialismo… .
La primera cuestión que marco en esta nota es su tesis de la tendencia al estancamiento en los países centrales. Según Lenin, la determinación monopólica de los precios hacía desaparecer el impulso al cambio tecnológico en los países centrales: “…como todo monopolio, el monopolio capitalista engendra inevitablemente una tendencia al estancamiento y la decadencia” (p. 61). El otro factor que llevaría al estancamiento es el exceso de capital (o sobreproducción permanente). El mismo se debería a que las masas trabajadoras y campesinas están empobrecidas y no tienen poder de consumo.
La segunda cuestión se refiere a la idea del “parasitismo”. Es que, según Lenin, la respuesta del capital a la tendencia al estancamiento en los países centrales era la conquista de la periferia y la explotación colonial (que incluía la inversión de capital y el dominio del capital financiero). Y esta explotación era la base del “parasitismo” de los países adelantados. Esto significaba que los países adelantados vivían de la explotación de los países atrasados. En palabras de Lenin: “La exportación de capital… imprime un sello de parasitismo a todo el país, que vive de la explotación del trabajo de unos cuantos países y de las colonias de ultramar” (p. 61; énfasis agregado).
Pero además, y en tercer término, el parasitismo no solo enriquecía a la clase dirigente de las potencias imperialistas, sino también (Lenin cita a Hobson) permitía “sobornar a las clases inferiores a fin de que guarden silencio”. Agrega: “…para que ese soborno, al margen de cómo se realice, sea económicamente posible se requieren unos altos beneficios monopolistas” (p. 62).
Con lo cual llegamos al cuarto punto que queremos destacar: la suma de “parasitismo” y “soborno de una parte de la clase obrera de los países adelantados” da como resultado que la explotación sea presentada en términos de países, no de clases sociales. Para mostrarlo, hacemos un repaso de las menciones a la explotación contenidas en su folleto:
En p. 7 sostiene que “el capitalismo se ha transformado en un sistema mundial de opresión colonial y de estrangulamiento financiero de la aplastante mayoría de la población del planeta por un puñado de países avanzados”.
En p. 39 la explotación es “de la mayoría de los países por un puñado de Estados ricos”.
En p. 53 se refiere a las naciones que participan “de la explotación gigantesca del globo”.
En p. 61 (ya lo citamos) escribe sobre el “parasitismo” de los países que viven “de la explotación del trabajo de unos cuantos países y colonias de ultramar”.
En p. 63 afirma que el imperialismo significa el reparto del mundo “y la explotación de otros países, además de China, que significa altos beneficios monopolistas para un puñado de países muy ricos…”.
En p. 65 sostiene que “un puñado de Estados” explota una parte del “mundo entero”.
En p. 72 reitera que India, Indochina y China, colonias y semicolonias con una población de entre 600 y 700 millones de habitantes “están sometidas a la explotación del capital financiero de varias potencias imperialistas: Gran Bretaña, Francia,  Japón, EEUU, etcétera”.
En p. 78 de nuevo se refiere a la explotación de cada vez más naciones pequeñas y débiles por un puñado de las naciones más ricas y poderosas.

Una ausencia llamativa: la teoría marxista de la plusvalía
El eje no está puesto, evidentemente, en la relación capital – trabajo, esto es, en la contradicción de clase. Es expresivo de esto que la noción de la plusvalía relativa está desaparecida. Pero se trata de una categoría fundamental para explicar por qué puede ocurrir que, con el desarrollo de las fuerzas productivas, pueda aumentar la tasa de explotación de los obreros de los países adelantados, y al mismo tiempo mejoren sus salarios en términos reales.
Sin embargo, cuando Lenin habla de “superbeneficios” (significativamente, en el texto no emplea las expresiones plusvalía, o plusvalor), los mismos están asociados a la explotación de los países atrasados por parte de los adelantados (véase, por ejemplo, p. 65); y a la corrupción de sectores de la clase obrera. Así, en pp. 9 y 10, los superbeneficios obtenidos de la inversión en las colonias permiten “corromper a los dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera”. Afirma también que esos “superbeneficios” serían mayores que los beneficios que los capitalistas obtendrían de sus propios trabajadores (o sea, de los países adelantados). La noción de plusvalías extraordinarias, obtenidas en los países adelantados a partir de la innovación tecnológica, apenas está aludida (p. 13) en una cita de Hilferding, y en referencia a las ventajas que obtienen las combinaciones monopolistas.
En el resto de los pasajes, los grandes beneficios se obtienen por control de mercado y precios (p. 15; p. 17; p. 33); o por especulación financiera (p. 32; p. 33). Incluso en p. 38 explica que “en los países atrasados los beneficios suelen ser altos, dado que el capital es escaso, el precio de la tierra es relativamente pequeño, los salarios son bajos y las materias primas son baratas”. Llama la atención que un marxista explique los elevados beneficios por “escasez de capital”.
Por otra parte, deja de lado la cuestión fundamental de las diferencias en el desarrollo de las fuerzas productivas, y la generación de valor y plusvalor relacionada con ese desarrollo. Por caso, los salarios en un país atrasado tecnológicamente pueden ser bajos (en relación a una canasta salarial de un país adelantado), pero esto no dice nada acerca de las diferencias en la tasa de explotación que pueda haber entre países. Cuestiones que se aclaran sencillamente a partir de la teoría marxista de la plusvalía. Pero la teoría marxista de la plusvalía (también la teoría marxista de la acumulación, como veremos enseguida) parece estar ausente en el folleto.
Inversión en el extranjero y parasitismo: el caso británico
En el escrito de Lenin la tendencia “al estancamiento y la decadencia” es considerada “inherente al monopolio” (p. 61) pero no presenta prueba empírica, a nivel de la economía global, de ese “estancamiento y decadencia”.
Pues bien, empecemos diciendo que, con respecto a Gran Bretaña, entre 1870 y 1913 el producto bruto interno por habitante creció un 54% (cálculo propio sobre datos de Maddison, 1992). Si bien fue menor que el de sus competidores Estados Unidos y Alemania, y que el promedio de los países desarrollados (véase más abajo), no se entiende que un crecimiento del producto por habitante de más del 50% en 43 años sea considerado “estancamiento”.
Sin embargo, lo que más nos interesa ahora es la inversión británica en el extranjero, que era la más importante a principios del siglo XX: según los datos que presenta Gilles (2004), en 1913 Gran Bretaña poseía el 43% del total de los capitales mundiales invertidos en el extranjero (le seguían Francia y Alemania; entre los tres países, tenían el 76% de los capitales mundiales invertidos en el extranjero). En el cuadro que presenta Lenin (p. 39), la inversión británica era el 50% del total de lo invertido por Francia, Alemania y Gran Bretaña. Por otra parte, se ha calculado que entre 1871 y 1913 entre el 4% y el 8% del producto nacional británico era enviado al extranjero por los inversores (datos que tomamos de Goetzmann y Ukhov, 2005; también para lo que sigue). De acuerdo a algunos estudios, la cantidad de inversión extranjera directa británica era, aproximadamente, igual a la que se reinvertía en Gran Bretaña. Según Hobson, el porcentaje de la inversión en el extranjero conformaba el 28% de la inversión total.
Estos datos nos están diciendo que una parte importante de la plusvalía generada por los trabajadores británicos era acumulada en el exterior por los capitalistas británicos. Esto es, así como había un flujo de beneficios hacia Gran Bretaña, existía una salida de capitales hacia otros países. Y en todos los casos, se trataba de operaciones capitalistas. No era “el país” el que invertía en otro país, sino capitalistas que invertían en otro país. Y esto ocurría porque había una explotación de trabajadores británicos que generaba la plusvalía que se apropiaban los capitalistas, y que utilizaban –vía inversión en el extranjero- para explotar a los trabajadores de otros países. Lo cual generaba más plusvalía para extender la explotación capitalista a nivel mundial.
Por otra parte, es necesario subrayar que no toda la inversión extranjera del capital británico se dirigía hacia las colonias y dominios. El 20%, aproximadamente, estaba en Estados Unidos; otro 20% en Latinoamérica (el principal destino era Argentina, que no era una colonia); un 15% en países europeos. La inversión en las colonias y dominios británicos representaba la mitad de la inversión total. Entre ellos se encontraba Canadá, que no estaba sometida a explotación colonial. En este punto se requiere una precisión: Lenin caracteriza a Canadá como “colonia británica” (p. 39). Pero desde la conformación del Dominio del Canadá, en 1867, no se puede hablar de una relación colonial. A fines del siglo XIX Canadá tenía su parlamento y leyes; y había desarrollado una política propia de expansión y consolidación, a pesar de que formalmente seguía bajo el gobierno de la Corona británica.
De manera que en casos como este, se trató de inversiones realizadas en las condiciones económicas y políticas propias del modo de producción capitalista. Esto es, inversiones de plusvalía arrancada a los trabajadores británicos; y en las que el capital británico se asociaba con capitalistas de los países extranjeros en igualdad de condiciones. Por ejemplo, el 65% de las acciones de la Canadian Pacific Railway estaban en manos de inversores británicos, asociados con inversores canadienses y de otros países. Todos participaban de la explotación del trabajo de los obreros ferroviarios canadienses. De la misma manera, inversores británicos también adquirían títulos para financiar empresas mineras en España, Estados Unidos y Sudáfrica. O compraban títulos emitidos por gobiernos europeos, de Norte y Sudamérica; por Japón; por China (que era una semicolonia); además de los emitidos por los gobiernos bajo el dominio colonial. Por eso, no siempre se puede englobar todas estas formas de inversión extranjera bajo el rótulo “explotación de un país por parte del capital financiero imperialista”. Existía la explotación colonial por parte del capital financiero, pero esta era una parte de la explotación más general del trabajo –en los países adelantados y en el “tercer mundo”- por parte del capital.
¿Estancamiento y parasitismo de Estados Unidos y Alemania?   
Es indudable que entre fines de siglo XIX y principios de siglo XX se produjo, en las principales potencias, un acelerado proceso de concentración del capital, a través de adquisición de empresas y fusiones, además de la formación de carteles y trusts. Los datos presentados por Lenin, entre otros estudios, son ilustrativos. Sin embargo, ello no implicó una tendencia al estancamiento. En particular, entre 1870 y 1913 no hubo estancamiento de las economías de Estados Unidos y Alemania. Hubo sí fuertes crisis periódicas, pero globalmente no hubo estancamiento. Entre 1873 y 1913 la economía de Estados Unidos creció a una tasa anual del 4,8%; y Alemania al 3,9%. Según los datos que presenta Maddison (1992), el crecimiento del producto bruto por habitante de Estados Unidos, entre 1870 y 1913, fue del 116%; el de Alemania, del 100%. Señalemos que, dado el menor crecimiento de Gran Bretaña, varió la participación de los países industrializados en el total de la industria mundial. Entre 1881-85 y 1913 la participación británica pasó del 27% al 14%; la de Alemania pasó del 14% al 16%; y la de Estados Unidos del 29% al 38% (Gilles). Por lo tanto, no se pueden pasar por alto los datos del crecimiento de Alemania y Estados Unidos a la hora de evaluar la tendencia más general del capitalismo de entre fines de siglo XIX y principios del XX.
Pero además de las cifras de crecimiento, hay que tomar en cuenta el desarrollo cualitativo de fuerzas productivas y la fabricación de nuevos productos. En aquellas décadas que arrancan en 1870 se asistió, entre otros, al desarrollo de la industria química y la producción de aluminio; la sustitución del hierro por el acero; el inicio y desarrollo de la producción del automóvil; el inicio y desarrollo de la aeronáutica; la difusión de la electricidad (las bombillas de luz, la generación y transmisión de electricidad, el motor eléctrico); la expansión de los tranvías en las ciudades; de los teléfonos y telégrafos; la creación de la microbiología y el impulso de la industria farmacéutica; el desarrollo urbanístico (rascacielos, con lo que ello implicaba para la industria del acero y del concreto, entre otras), con la caída de la participación de las poblaciones rurales en el total de la población (véase Mandel, 1997, y Gilles, 2004). Un crecimiento que fue de la mano del taylorismo, primero, y del uso de la cadena de montaje, después. Es paradójico que en momentos en que Lenin planteaba que las economías de los países adelantados tendían al estancamiento, entre otras razones, por la debilidad del consumo, la producción de automóviles Ford T pasaba de 170.000 unidades en 1912, a un millón en 1919.
No hay manera de explicar semejante aumento de la producción (y de la productividad) con la tesis del “parasitismo”. Pero además, y esto es lo más importante en relación a nuestro debate con el nacional marxismo, esos desarrollos ponen en el centro de la escena la explotación del trabajo de los obreros que trabajaban al interior de los países capitalistas. Lo cual es explicado por la teoría de Marx de la acumulación (incluidos los esquemas de la reproducción ampliada); que a su vez es fundamental para dar cuenta de por qué, periódicamente, el sistema se precipita en crisis de sobreproducción, o sobreacumulación.
En este marco, la explotación colonial, y las inversiones en el extranjero, seguramente contribuyeron a esta acumulación, pero es insostenible seguir con la tesis de que los países industrializados eran parásitos de las colonias; o afirmar que los trabajadores en Estados Unidos o en Alemania, recibían salarios más elevados que los trabajadores del Tercer Mundo porque Estados Unidos o Alemania explotaban a los países del Tercer Mundo.
Agreguemos que otros países capitalistas también experimentaron un elevado desarrollo. Así, y de nuevo según los datos que proporciona Maddison (1992), entre 1870 y 1913 el producto bruto por habitante en Francia creció un 74%; y el de Japón aumentó 80%. La media para los países de la OCDE fue un aumento del 76%. De conjunto, según Mandel, la tasa anual de crecimiento de la producción física por habitante a escala mundial fue, entre 1895 y 1913, del 1,75%. De nuevo, no hay forma de sostener que todo este crecimiento se debió al saqueo o los superbeneficios coloniales; o que fue mero “parasitismo” posibilitado por la explotación colonial. Es un planteo que está incluso reñido con el más elemental criterio materialista. No hay forma de que con el escaso desarrollo, a principios del siglo XX, de las fuerzas productivas en el Tercer Mundo, se pudiera generar una riqueza tal que alimentara esas tasas de crecimiento en los países industrializados.
Por otra parte, esa acumulación acelerada generó los mercados para los nuevos productos. En consecuencia, también creció el comercio mundial: entre 1891 y 1913 su volumen aumentó a una tasa anual del 3,7%. Repito el punto central: estas evoluciones no encajan en la tesis del “parasitismo”; tampoco se pueden explicar con el enfoque subconsumista; o repitiendo que el monopolio de principios de siglo ahogó el cambio tecnológico.
A modo de conclusión política
En cualquier caso, y al margen de las valoraciones que hagamos de la pertinencia del análisis de Lenin con respecto al capitalismo de principios de siglo XX, lo más importante es superar el enfoque asentado en las tesis leninistas sobre el imperialismo (enfoque que aceptaron los partidos comunistas, incluidos los maoístas; los trotskistas; guevaristas; castristas; incluso, al menos  parcialmente, la “izquierda nacional”). Esas tesis alimentan el nacionalismo en una era en que el nacionalismo ya no cumple ningún rol progresivo a nivel global. La realidad es que no hay manera de seguir sosteniendo, por ejemplo, que China o Brasil son explotados por Estados Unidos o Alemania. O que los salarios de los obreros estadounidenses o alemanes son superiores a los salarios de los obreros chinos o brasileños porque China o Brasil son explotados por Estados Unidos o Alemania.
La contradicción fundamental de nuestra época es la contradicción entre el capital y el trabajo. La idea –en la tradición leninista- de que la explotación es entre países, hoy solo alimenta la conciliación de clases y el apoyo a regímenes burocráticos, o de capitalismo de Estado, que han llevado a la clase obrera y a las masas populares a la derrota.
Textos citados:
Gilles, P. (2004): Histoire des crises et des cycles économiques, Paris, Armand Colin.
Goetzmann, W. N. y A. D. Ukhov (2005): “British Investment Overseas 1870-1913: A Modern Portfolio Theory Approach”, (Working Paper No. 11266) [Electronic version]. Cambridge, MA: National Bureau of Economic Research, http://scholarship.sha.cornell.edu/articles/369.
Hobson, J. A. (1902): Imperialism. A Study, Londres, Allen and Unwin.
Lenin, V. I. (s/fecha): El imperialismo, fase superior del capitalismo, Madrid, Fundación Federico Engels.
Mandel, E. (1997): Le troisieme âge du capitalisme, Paris, Les Éditions de la Passion.
Maddison, A. (1992): “La croissance économique mondiale. Les leçons du long terme”, Population, 6, pp. 1555-1566.

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domingo, 7 de abril de 2019

La batalla por la alimentación del futuro


¿Cómo vamos a asegurar la alimentación de una población de 8 mil 500 millones de personas para 2030? La mayoría de la población piensa que la única forma de lograrlo es mediante la agricultura comercial de gran escala, que hoy domina el mercado mundial de alimentos. Esa es la respuesta equivocada.
La lucha por los alimentos de mañana comienza hoy. La forma de producirlos en la actualidad afecta la producción de una alimentación nutritiva y un medio ambiente saludable en el futuro. La agricultura comercial de gran escala, intensiva en capital y en insumos agroquímicos, no solamente no es la respuesta a las necesidades de producción y conservación, sino pone en peligro el abasto alimentario mundial del futuro. Es urgente revalorizar la agricultura que se rige por los principios de la producción agroecológica.
En Estados Unidos se ha publicado un libro de gran valor por el investigador Timothy A. Wise. Su título es Eating tomorrow y es el resultado de cinco años de investigaciones en México, Estados Unidos y varios países africanos (Zambia, Malawi y Mozambique). La línea conductora del análisis es la pregunta sobre los sistemas agrícolas para alimentar a una población mundial en crecimiento. La respuesta se orienta de manera convincente hacia la agricultura de pequeña escala, que hoy sigue dominando la producción mundial de alimentos (70 por ciento de los producidos en el planeta proviene de la agricultura campesina). Esta actividad productiva se desarrolla en unidades pequeñas, y aunque con frecuencia se trata de tierras que no son de la mejor calidad las técnicas de manejo de suelos, agua y recursos genéticos de estos pequeños productores les permiten obtener rendimientos suficientes para satisfacer las necesidades familiares y llevar excedentes al mercado.
Las técnicas de producción de esos productores pobres descansan en un saber campesino milenario basado en la agrobiodiversidad. Esa forma de producción va contra casi todos los principios de la producción capitalista, que prefiere la uniformización (monocultivo), la mecanización y el uso intensivo de agroquímicos (fertilizantes y plaguicidas). La producción comercial en grandes unidades es la que mejor se presta para aplicar los principios que privilegian la generación de ganancias antes que la de alimentos. Pero esa rentabilidad del complejo agrícola capitalista está dejando un rastro tóxico en el medio ambiente. El mejor ejemplo es el estado de Iowa, en Estados Unidos, que Wise califica de epicentro de una catástrofe ecológica y social.
Las corporaciones que dominan la producción agrícola y ganadera en Estados Unidos manejan las unidades productivas como si fueran una fábrica de telas. Lo que importa es la rentabilidad. Pero el complejo de la agroindustria sigue degradando acuíferos con nitratos, plaguicidas, patógenos, desechos farmacéuticos y hormonas. Un resultado es la llamada zona muerta, en el Golfo de México, producida por el escurrimiento de nutrientes provenientes de la agricultura comercial de gran escala. Además, las prácticas de roturación y monocultivo siguen teniendo un impacto que deteriora las propiedades productivas de la tierra. En ese esquema la producción agrícola se encuentra entrelazada con gigantescas fábricas de carne, en las que millones de cerdos y pollos son objeto de un proceso de hacinamiento extremo con una huella tóxica de dimensiones bíblicas.
El problema no es sólo ambiental. Aunque muchas unidades de producción siguen siendo propiedad de una familia, la verdad es que esos propietarios no controlan el proceso productivo. La mezcla de producto (agrícola y ganadero), así como los insumos necesarios, así como cuándo llevar todo el producto al mercado, son decisiones que las familias no controlan: son las grandes corporaciones las que determinan las líneas de producción y la combinación de insumos.
Esas grandes corporaciones dominan los mercados de semillas, granos, carne, fertilizantes y plaguicidas. Están integradas horizontal y verticalmente, y los nombres de estos gigantes son bien conocidos: Monsanto, Dupont, Syngenta, Cargill, Archer Daniels, Tyson, Smithfield. Las familias propietarias de granjas se han convertido en una especie de vasallos medievales de estas corporaciones. Y aunque el american dream tiene un lugarcito bucólico para las familias dueñas de un predio, la verdad es que hoy la mayor parte de esas familias recibe ingresos anuales insuficientes para cubrir el costo de operación bajo los parámetros impuestos por estas grandes corporaciones. Muchas familias viven por debajo de la línea de pobreza y han perdido sus tierras. Estados Unidos tiene ya desde hace años un problema agrario de grandes dimensiones.
El análisis de Tim Wise muestra cómo la política agrícola tiene años castigando la pequeña agricultura y otorga privilegios exorbitantes a las grandes corporaciones. El costo puede ser muy alto, pues está en juego la sustentabilidad de la producción de alimentos en todo el planeta.

Economista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente:
https://www.jornada.com.mx/2019/04/03/opinion/020a1eco

La planificación en Cuba: ¿Por qué hacerla fácil si se puede hacer difícil?

Por Pedro Monreal

Rediseñar el sistema de planificación en Cuba requiere extraer del proceso todo lo que pudiera representar un “peso muerto”, por ejemplo, estructuras burocráticas que estuvieran basadas en supuestos improbables desde el momento en que se adoptaron y que no hubieran logrado superar la prueba de la realidad. (1)

Ese parecería ser el caso de las OSDE, las cuales se han incrustado en el proceso de planificación actual del país como una especie de segundo anillo ubicado entre las empresas y los ministerios.

El problema no es que existan grupos empresariales y uniones de empresas en el sector estatal cubano. Estos han existido de manera justificada, con anterioridad al experimento de las OSDE, porque hay factores técnico- productivos, financieros y comerciales que hacen conveniente que determinados segmentos de las empresas estatales adopten formas de organización y de gestión “supra” empresariales.

Ese es el caso, por ejemplo, del grupo empresarial BioCubafarma que integra investigación, innovación, producción y comercialización (surgido como un desarrollo de anteriores agrupaciones empresariales como QUIMEFA y el Polo Científico) y de las tres uniones empresariales del país (Unión Eléctrica, Unión Cuba- petróleo y Unión de Ferrocarriles) que se encargan de infraestructuras “transversales” y técnicamente complejas que solamente son eficientes cuando se gestionan integralmente a escala nacional.

El cuestionamiento a la forma específica (OSDE) que han asumido recientemente los grupos empresariales y las uniones de empresas no tiene que ver con el plano de la gestión económica de las empresas. El problema radica en otra parte: en el plano de la planificación.

Las OSDE se convierten en un problema cuando al conjunto de ese tipo de entidades (83 en la actualidad) se le otorga el estatus institucional que le permite funcionar como un nivel jerárquico de la planificación, por encima de las empresas.

He comentado antes que oficialmente se ha reconocido la separación que existe entre los supuestos bajo los que se crearon las OSDE y el mundo real en que estas (dis)funcionan: comportamiento como “mini- ministerios”, estructuras sobredimensionadas, incrementos en los presupuestos de gastos, demasiadas reuniones y trámites, y una excesiva centralización de funciones, actividades y aprobaciones de competencia empresarial. (2)

Sin embargo, cabría hacerse las preguntas siguientes: ¿son esas deficiencias la consecuencia de la mala aplicación de un enfoque que esencialmente sería adecuado?, o ¿Sería acaso el propio enfoque lo que estaría equivocado?

Sugiero intentar ubicar el tipo de evidencia que pudiera ofrecer algunas pistas para tratar de responder esas preguntas mediante la revisión de dos aspectos: la viabilidad de algunos supuestos claves para la adopción de las OSDE y la “viscosidad” que las OSDE pudieran estar aportando al proceso de planificación.

Control y orientación, pero … ¿y la autonomía empresarial?

Probablemente una “falla de origen” de las OSDE consiste en haberse adoptado la premisa de que la OSDE es una especie de equivalente socialista del holding empresarial de otros modelos económicos, asumiendo como válida la idea de que, si una entidad cubana adoptase una serie de atributos formales de un holding, eso la haría compartir la característica de ser una entidad “supra” empresarial, o casa matriz, que controla las empresas y que supervisa las decisiones de estas, pero sin intervenir en la gestión diaria de las empresas.

El problema es que, aunque ciertamente deben existir organizaciones de tipo holding en Cuba, ello no significa necesariamente que deban funcionar –como conjunto de entidades- en calidad de escalón superior jerárquico de las empresas en el marco de la planificación.

Pero fue precisamente esa misión jerárquica con la que se concibieron las OSDE en Cuba. Sus dos principales funciones, claramente establecidas en el Decreto No. 335/2017, son las de “dirección y control con respecto a las entidades que la integran”. (3)

Simultáneamente, las dos premisas operativas básicas sobre las que se apoyaría el cumplimiento de esas funciones son: a) no intervenir en la gestión de las empresas, con estricto respeto a la autonomía de estas, y b) las OSDE cuentan con una estructura de dirección reducida.

Respecto a la función de dirección, el Decreto 335 indica que “La gestión de dirección se centra en cuestiones estratégicas vinculadas a la definición y cumplimiento de objetivos, evaluación y aprobación de planes, sistema de trabajo con los cuadros, cumplimiento del objeto social, creación de reservas provenientes de las utilidades retenidas, así como en el desarrollo, investigación y obtención de nuevos productos y servicios”. (4)

En cuanto a la función de control, se establece que “El control se ejerce, prioritariamente, en los resultados integrales de toda la organización, así como en el uso de los recursos asignados centralmente por el Gobierno”. (5)

Un análisis de las OSDE debería comenzar por evaluar si los supuestos adoptados (las dos funciones y las dos premisas operativas) son racionales en el contexto institucional cubano.

¿Es razonable pensar que, en el marco de una tradición de planificación altamente centralizada como la de Cuba, una entidad de nivel jerárquico superior con facultades para la aprobación de planes y para la distribución de las utilidades va a hacer algo distinto que no sea intervenir en la gestión de las empresas?

¿Qué tipo de autonomía empresarial puede existir, exactamente, cuando es la OSDE y no la empresa el nivel donde se define el trabajo con los cuadros?

¿De qué manera la función de control de las OSDE no es redundante cuando se considera que también existen sistemas de control “hacia abajo” (en las empresas y unidades empresariales de base), sistemas de control “hacia arriba” (por parte de los ministerios) y sistemas de control de fiscalización superior como los que hace la Contraloría General de la República?

¿Qué brechas del sistema de control del sistema de planificación cubano harían imprescindible el funcionamiento de la OSDE como una entidad de control?

Una circunstancia que también parece explicar la creación de las OSDE fue la consideración de su eventual función de “sustentar la separación de las funciones estatales de las empresariales”. En otras palabras, aligerar el trabajo de los Organismos de la Administración Central del Estado para facilitar que estos se concentrasen en tareas de la política estatal.

Sin embargo, otro decreto, esta vez el No. 336/2017, norma la manera en que funcionan las OSDE que son atendidas por un vicepresidente del Consejo de Ministros o por un ministro. Se especifica que en los casos de OSDE supervisadas por un ministro, la atención a la OSDE es “ejercida por este y no por la estructura del Ministerio que dirige”. (6)

No queda claro, de qué modo asignarles a altos cargos del gobierno la “supervisión” de determinadas OSDE contribuya a separar las funciones estatales de las empresariales.

Siendo las OSDE un nivel relativamente alto de planificación, se ha adoptado una curiosa disposición que no parece sugerir claramente un entorno de trabajo priorizado de supervisión, en la medida en que se establece que “el Ministro o el cuadro designado cuenta con un reducido equipo de trabajo, integrado por especialistas que podrán simultanear esta tarea con otras que desempeñen”. (7)

¿Son las deficiencias de las OSDE mencionadas en la edición del Granma del 2 de abril el resultado de una mala aplicación del diseño, o son, por el contrario, derivaciones predecibles de un diseño defectuoso? (8)

Los comentarios de los lectores de medios digitales de alcance masivo, como Cubadebate, no dejan espacio para las dudas respecto a la prevalencia de opiniones negativas sobre las OSDE, algunas expresadas con gran detalle, como fue el caso de los comentarios a los artículos “Sistema empresarial cubano: Cambios necesarios” (1 de febrero de 2019) y “Cuba en Datos: Panorama empresarial cubano”, publicado el 28 de febrero pasado. (9)

Naturalmente, no es posible tomar esas opiniones como evidencia científica, pero pudiera ser útil considerar esos comentarios a los efectos de tener una visión general de la percepción problemática, para decirlo amablemente, que parecen tener las OSDE. Correspondería a los investigadores que tengan acceso a esos datos hacer una investigación sobre el tema.

De hecho, se conoce que el Área de Perfeccionamiento de Entidades de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos realizó un diagnóstico sobre la base del funcionamiento de 26 de las 83 OSDE existentes actualmente en el país, aunque el documento no ha sido publicado. (10)

¿Le imprimen las OSDE ligereza o viscosidad a la planificación?

El enfoque tradicional de planificación centralizada contaba esencialmente, a nivel operativo, con dos niveles (dos anillos) de jerarquía institucional: los ministerios y las empresas.

Con la introducción de las OSDE, se ha adicionado un nuevo anillo intermedio entre los ministerios y las empresas. En realidad, también debería poder representarse en un gráfico un cuarto anillo formado por las unidades empresariales de base (UEB), pero la estadística oficial que se publica no ofrece información sobre este tipo de unidades en las series de datos relativas a la organización institucional.

De hecho, no fue hasta hace menos de un año que la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) incluyó por primera vez a las OSDE en esas series de datos. Ello ocurrió en la edición de julio- septiembre de 2018 del boletín trimestral de la ONEI “Organización institucional. Principales entidades”. (11)

Si se toma una muestra de entidades –principalmente industria, construcción y agricultura- es posible hacer una comparación aproximada de las diferentes visualizaciones de la estructura jerárquica del proceso de planificación, tomando como puntos de referencia 2018 y 2010, cuando todavía no se habían extendido las OSDE. (12)

Entre ambos periodos se registró una reducción notable en el número de empresas estatales: de 2810 en 2010 se pasó a 1776 empresas en 2018, una reducción del 37%. (13)

El primer gráfico representa la estructura -para la muestra seleccionada- con dos anillos integrados por 6 ministerios y 1406 empresas (la mitad de las empresas existentes entonces).

GRAFICO 1


Fuente: ONEI “Organización institucional. Principales entidades”, diciembre 2010, http://www.one.cu/ryc/organizacioninstitucional/orginst_1012.pdf

En aquellos momentos, el Ministerio de la Agricultura no solamente tenía el trabajo ministerial más “pesado” en cuanto al número de empresas que se le subordinaban directamente (37% del total de las empresas de la muestra) sino que también realizaba el trabajo más complejo atendiendo al gran número de entidades que, con diversas formas de propiedad y de gestión, interactuaban con las empresas estatales: 750 cooperativas de producción agropecuaria (CPA), 2771 cooperativas de créditos y servicios (CCS) y 1565 unidades básicas de producción cooperativa (UBPC).

El segundo gráfico permite visualizar una estructura de tres anillos que incluye las OSDE y en el que se incluyen 4 ministerios, 18 OSDE y 716 empresas que aproximadamente abarcan la misma actividad reflejada en el primer gráfico.

GRAFICO 2


ONEI “Organización institucional. Principales entidades”, octubre- diciembre de 2018, http://www.one.cu/ryc/organizacioninstitucional/orginst_1812.pdf

Nota: La OSDE no rotulada en el diagrama y que abarca 7 empresas de la agricultura es el Grupo Empresarial de Flora y Fauna.

Visto superficialmente, pudiera pensarse que, debido a la reducción del número de empresas, se habría producido un aligeramiento de la “carga” que tendrían los dos niveles superiores (ministerios y OSDE) en cuanto a la gestión empresarial.

Teóricamente, los ministerios no estarían ocupándose ya de supervisar empresas, algo que pudiera discutirse, mientras que las OSDE estarían dirigiendo y controlando un número mucho menor de empresas, supuestamente sin intervenir en la gestión diaria empresarial. Vale recordar que es plausible asumir que un número determinado de antiguas empresas fueron transformadas en unidades empresariales de base (UEB), pero sobre el número y distribución ramal de estas no existe información pública.

Sin embargo, el gráfico permite identificar rápidamente algunas cuestiones que llaman la atención:
Las tres OSDE de la construcción subordinan 127 empresas mientas que una sola OSDE en la industria alimentaria subordina un numero parecido de empresas (122 empresas).
Tres de las cuatro OSDE del Ministerio de Industrias subordinan un número pequeño de empresas (entre 13 y 21).
A pesar de haberse reducido el número absoluto de empresas de la agricultura (de 520 a 349), creció hasta el 48% el peso de las empresas de la agricultura en la muestra.
La agricultura tiene la estructura de planificación con el mayor número de OSDE (9) no solo dentro de la muestra seleccionada, sino a nivel de todas las actividades.
Las OSDE de la agricultura son muy diversas, abarcando desde algunas que son muy grandes, con más de 70 empresas subordinadas, hasta algunas pequeñas, con diez o menos empresas.

Harían faltan más datos para poder hacer una discusión detallada, pero el caso de la estructura actual de la planificación de la agricultura es demasiado llamativo. Existe un amplio dispositivo institucional en los niveles superiores (el ministerio y 9 OSDE) que subordinan un conjunto de 349 empresas estatales que, en rigor, son productores minoritarios en muchas categorías de productos agropecuarios.

No es adecuado minimizar las variadas funciones claves que desempeñan algunas empresas estatales en el sector agropecuario, como en los casos de la investigación, la producción de semillas, oferta y gestión de infraestructura, tecnología, aseguramiento, almacenamiento y comercialización. No obstante, el peso de la empresa estatal en la agricultura es menor, en muchos renglones importantes, que el que aportan de manera combinada los productores del sector no estatal. Por ejemplo, las empresas estatales solamente producen 7,8% de las frutas, 10,4% de las viandas, 12,2% de los frijoles, 12,8% de las hortalizas, 19% del arroz, y 21,6% de la carne de ave nacional. (14)

Es el tipo de circunstancia que justificaría hacer preguntas como las siguientes:

¿No es demasiado “viscosa” una estructura jerárquica que interpone 9 OSDE entre un ministerio y un número de empresas que se ha reducido notablemente y que, además, son empresas que funcionan como productores secundarios de un considerable número de producciones agropecuarias?

¿No sería más efectivo facilitar relaciones horizontales -vía un mercado regulado- en el sector de la economía cubana (la agricultura) que presenta la mayor diversidad en cuanto a formas de propiedad y de gestión?

Resumiendo

Si se asume -como estipula el documento de la “Conceptualización”- que la reforma económica en Cuba debe incluir, por una parte, un número menor de empresas estatales con mayor autonomía y, por la otra, un peso creciente de formas de propiedad y de gestión no estatales, entonces lo que necesita la planificación de la red de entidades que debe ser creada –para poder facilitar encadenamientos y eficiencia- es una institucionalidad horizontal, es decir, basada en una función activa del mercado.

La verticalidad -incluyendo la transmisión de los parámetros de funcionamiento del modelo que no estén subordinados al mercado- debe concentrase en regular (normar) el mercado y no en añadir niveles burocráticos de jerarquía vertical.

La gestión de la empresa estatal debería apoyarse en la operación horizontal de ese mercado regulado, tanto para las relaciones entre las propias empresas estatales como para las relaciones entre estas y el sector no estatal.

Por supuesto que la articulación de un sistema de planificación es mucho más compleja que la “geometría” del proceso que sintéticamente se ha mencionado más arriba, pero conviene tomar en cuenta que tratar de “simplificar la complejidad” debe ser parte del proceso de rediseño del sistema de planificación y que, en ese sentido, es importante tener en cuenta que la verticalidad -y todo lo que la refuerce- es precisamente la dimensión que debe ser más radicalmente transformada para poder avanzar hacia un nuevo modelo económico.

Notas
1 No utilizo aquí el término burocracia de manera peyorativa, sino para identificar un tipo de sistema organizativo que se utiliza por el Estado para racionalizar fenómenos y gestionarlos centralizadamente de manera estandarizada.
2 Ver, “La planificación en Cuba y las “organizaciones superiores”: ¿atascados en la verticalidad?”, El Estado como tal, 3 de abril de 2018, https://elestadocomotal.com/2019/04/03/la-planificacion-en-cuba-y-las-organizaciones-superiores-atascados-en-la-verticalidad/
3 Decreto No. 335/2017 “Del sistema empresarial estatal cubano“, http://juriscuba.com/legislacion-2/decretos-2/decreto-no-335/
4 Ibidem.
5 Ibidem.
6 Decreto No. 336/2017 ”Sistema de relaciones de las organizaciones superiores de dirección empresarial”, http://juriscuba.com/legislacion-2/decretos-2/decreto-no-336/
7 Ibidem.
8  Ver, “El eslabón esencial del modelo económico cubano está en la empresa estatal socialista””, Granma, 2 de abril de 2019, http://www.granma.cu/cuba/2019-04-02/el-eslabon-esencial-del-modelo-economico-cubano-esta-en-la-empresa-estatal-socialista-02-04-2019-22-04-53
9 Lissett Izquierdo Ferrer, “Sistema empresarial cubano: Cambios necesarios”, Cubadebate, 1 de febrero de 2019, http://www.cubadebate.cu/cuba/2019/02/01/sistema-empresarial-cubano-cambios-necesarios/#.XKHdEaSxU-U , y Oscar Figueredo Reinaldo, Lissett Izquierdo Ferrer, y Edilberto Carmona Tamayo , Cubadebate,“Cuba en Datos: Panorama empresarial cubano”, 28 febrero 2019, http://www.cubadebate.cu/especiales/2019/02/28/cuba-en-datos-panorama-empresarial-cubano-infografias/#.XKYtRKSxU-V
10 Ver artículo de Lissett Izquierdo Ferrer, “Sistema empresarial cubano: Cambios necesarios”, Cubadebate, 1 de febrero de 2019,
11 ONEI. “Organización institucional. Principales entidades”. http://www.one.cu/ryc/organizacioninstitucional/orginst_1809.pdf
12 La parte de la muestra relativa a la industria no incluye una importante:  la farmacéutica. La razón es que, aunque en 2018 puede identificarse con precisión el número de empresas subordinadas a BioCubafarma, no fue posible precisar el numero de empresas de esa rama en 2010 cuando estaban directamente subordinadas a un Organismo de la Administración Central del Estado.
13 ONEI “Organización institucional. Principales entidades”, diciembre 2010, http://www.one.cu/ryc/organizacioninstitucional/orginst_1012.pdf ; y ONEI “Organización institucional. Principales entidades”, octubre- diciembre de 2018, http://www.one.cu/ryc/organizacioninstitucional/orginst_1812.pdf
14 En otros renglones, el sector estatal alimentos tiene un peso mayoritario en la producción nacional de alimentos: 64% de la carne vacuna, 67,3% de la carne de cerdo, 77,7% de los huevos y 84,2% de la leche, alimentos que son muy importantes que presentan déficits de oferta nacional. Ver, ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2017. Sección 9 “Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca”, http://www.one.cu/aec2017/09%20Agricultura%20Ganaderia%20Silvicultura%20Pesca.pdf

Campesinos avileños con altos rendimientos de papa

Creado el Domingo, 07 Abril 2019 12:33 | Julio Juan Leandro
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 Ciego de Ávila, 7 abr (ACN) Con un rendimiento promedio por encima de las 20 toneladas de papa por hectárea, los campesinos de tres cooperativas de producción agropecuaria del municipio de Baraguá, en Ciego de Ávila, lograron buenos resultados sin concluir aún la cosecha.

    Los colectivos radican en la zona del poblado de Pesquería y están integrados a la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), donde disponen en total de 201 hectáreas sembradas y con riego de agua por goteo, maquinarias,  suministro de fertilizantes,  productos químicos e insumos suministrados por la Delegación Provincial de la Agricultura.

   Las tres agrupaciones de “anapistas” se denominan Paquito González, Revolución de Octubre y 26 de Julio, enclavadas también en tierras que rodean a la Empresa de Cultivos Varios La Cuba y forman uno de los polos que más alimentos aportan para Ciego de Ávila y otros territorios.

   José Alberto González, presidente de la "Paquito González", ponderó el ejemplo de su agrupación, entre las más destacadas de Cuba al registrar en esta temporada nada menos que 30 toneladas del tubérculo por hectárea en su recta final, a pesar de una semana con lluvias en el mes de marzo.

    Durante los próximos días los labriegos de las tres CPA sobrepasarán las cuatro mil toneladas del tubérculo programadas para la presente recogida, lo que significa aproximadamente casi la cuarta parte de las 13 mil 120 toneladas planificadas en toda la provincia, precisó Frank Güemes Alonso, presidente de la ANAP en Ciego de Ávila.

    El dirigente elogió el esfuerzo realizado por esas tres agrupaciones de campesinos, a las cuales se sumaron, además, siete Unidades Empresariales de Base y las entidades Arnaldo Ramírez, Agropecuaria Integral, Cubasoy y La Cuba, que se ayudan mutuamente unas a las otras.

   Raúl Monguía Rodríguez, especialista en el sector agropecuario, expresó que la limitante mayor ha sido con el herbicida, que elimina las plantas indeseables de hoja fina, como el Don Carlos y la Sancaraña, aunque los técnicos de la provincia utilizan convenientemente las sustancias indicadas para mejorar la calidad y rendimiento de las plantaciones.

   Luego de concluida la cosecha de papa, en esas hectáreas está previsto un plan de rotación con cultivos de ciclo corto, entre los cuales predominará el maíz con el objetivo de sustituir importaciones en la producción de comida para animales, sobre la base de desperdicios de boniato, calabaza, pepino y otros tubérculos.

    Según expertos, la batata ocupa el cuarto cultivo en importancia en la alimentación mundial, después del arroz, el trigo y el maíz, y es parte importante en la dieta de los habitantes de más de 130 países.